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Bioética. El final del consenso

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Abstract

The Oviedo Convention proved in 1997 how difficult could be an international agreement concerning the regulation of biomedical research, particularly the limits of research on human embryos. Some bioethical issues show the plurality of doctrines and moral systems; moreover they could detect the end of the consensus's era. It could be the end of the pax bioetica, which determined the wide success of the discipline during three decades. Building bridges, building consensus had been a very valuable contribution of the bioethical discourse, and of the new bioethical experts, indeed. Since the seventies, Liberal principles and Pragmatic attitudes were the implicit core of their ideology, a kind of ,American' consensus to build frontiers against the political, or radical ideologies. Now the enlarged agenda of Bioethics and its international expansion are undermining the basic consensus, though. A political turn of Bioethics could probably offer some agreements around specific issues. That kind of consensus would adjust to citizens needs and to the new context, global and local; a «republican» consensus, so to say. The article analyses the transition from the consensus's era �the building of bridges, the common principles, the «thin» procedures� to the plural agreements �contextual, «thick�, taking account of the plurality in moral values and of the cultural frontiers. El Convenio de Oviedo, de 1997, demuestra la dificultad de llegar a acuerdos internacionales sobre cómo regular la investigación biomédica, en especial los límites de la investigación con embriones. Algunos temas de Bioética muestran la pluralidad de doctrinas y de sistemas morales; es más, pueden indicar el final de la era del consenso. El final de la pax bioetica, que tanto significó para el éxito de la disciplina a lo largo de tres décadas. Tender puentes, forjar consenso ha sido, en efecto, una de las contribuciones más valiosas del discurso bioético y de los nuevos expertos en Bioética. Desde los años setenta, los principios del Liberalismo y las actitudes pragmáticas han sido el núcleo de su ideología, un tipo de consenso �americano" para poner fronteras a las ideologías políticas o radicales. Sin embargo, la actual agenda ampliada de la Bioética, así su expansión internacional, están minando el consenso básico. Un giro más político de la Bioética podría, tal vez, ofrecer algunos acuerdos sobre temas específicos. Este tipo de consenso estaría también más cerca de los intereses de los ciudadanos, así como del nuevo contexto, global y social: sería un consenso .republicano�, por así decirlo. El artículo analiza la evolución desde la etapa del consenso �tender puentes, principios comunes, procedimientos "no densos�hacia los acuerdos plurales �contextuales, «densos"�, teniendo en cuenta la pluralidad de los valores morales y de las fronteras culturales.
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
Bioethics: the end of consensus
M.ª Teresa LÓPEZ DE LA VIEJA
Universidad de Salamanca
Biblid [(0213-356)10,2008,51-74]
Fecha de aceptación definitiva: 14 de noviembre de 2007
RESUMEN
El Convenio de Oviedo, de 1997, demuestra la dificultad de llegar a acuerdos
internacionales sobre cómo regular la investigación biomédica, en especial los lími-
tes de la investigación con embriones. Algunos temas de Bioética muestran la plura-
lidad de doctrinas y de sistemas morales; es más, pueden indicar el final de la era del
consenso. El final de la pax bioetica, que tanto significó para el éxito de la disciplina
a lo largo de tres décadas. Tender puentes, forjar consenso ha sido, en efecto, una
de las contribuciones más valiosas del discurso bioético y de los nuevos expertos en
Bioética. Desde los años setenta, los principios del Liberalismo y las actitudes prag-
máticas han sido el núcleo de su ideología, un tipo de consenso «americano» para
poner fronteras a las ideologías políticas o radicales. Sin embargo, la actual agenda
ampliada de la Bioética, así su expansión internacional, están minando el consenso
básico. Un giro más político de la Bioética podría, tal vez, ofrecer algunos acuerdos
sobre temas específicos. Este tipo de consenso estaría también más cerca de los inte-
reses de los ciudadanos, así como del nuevo contexto, global y social: sería un con-
senso «republicano», por así decirlo. El artículo analiza la evolución desde la etapa
del consenso –tender puentes, principios comunes, procedimientos «no densos»–
hacia los acuerdos plurales –contextuales, «densos»–, teniendo en cuenta la plurali-
dad de los valores morales y de las fronteras culturales.
Palabras clave: Bioética, Principios morales, Consenso, Expertos morales.
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
ISSN: 0213-3563
ABSTRACT
The Oviedo Convention proved in 1997 how difficult could be an international
agreement concerning the regulation of biomedical research, particularly the limits
of research on human embryos. Some bioethical issues show the plurality of doctri-
nes and moral systems; moreover they could detect the end of the consensus’s era.
It could be the end of the pax bioetica, which determined the wide success of the
discipline during three decades. Building bridges, building consensus had been a
very valuable contribution of the bioethical discourse, and of the new bioethical
experts, indeed. Since the seventies, Liberal principles and Pragmatic attitudes were
the implicit core of their ideology, a kind of «American» consensus to build frontiers
against the political, or radical ideologies. Now the enlarged agenda of Bioethics and
its international expansion are undermining the basic consensus, though. A political
turn of Bioethics could probably offer some agreements around specific issues. That
kind of consensus would adjust to citizens needs and to the new context, global and
local; a «republican» consensus, so to say. The article analyses the transition from the
consensus’s era –the building of bridges, the common principles, the «thin» procedu-
res– to the plural agreements –contextual, «thick»–, taking account of the plurality in
moral values and of the cultural frontiers.
Key words: Bioethics, Moral principles, Consensus, Moral experts.
Cuando la experimentación con embriones in vitro esté admitida por la Ley,
ésta deberá garantizar una protección adecuada del embrión» (Convenio relativo de
los Derechos Humanos y la Biomedicina, Oviedo 1997, art. 18).
La Bioética ha logrado una fuerte implantación entre los profesionales, tam-
bién en el ámbito académico y, lo que es más significativo, en la opinión pública.
Los temas e incluso el enfoque bioético han suscitado considerable interés. La Bio-
ética, disciplina surgida en los años setenta, ha logrado en apenas tres décadas una
expansión importante, primero en Estados Unidos, luego en Europa y, en la actua-
lidad, en casi todos los países que tienen que abordar dilemas morales importan-
tes, relacionados con la práctica clínica y con la investigación científica. Como es
sabido, el término «Bioética» fue utilizado en 1970 por van Rensselaer Potter
1
para
referirse a cuestiones fundamentales para la supervivencia de la especie humana y
para el futuro del ecosistema. Consciente de las peculiaridades y de la envergadura
que ya entonces tenían tales problemas, este autor proponía un enfoque interdis-
ciplinar: Bio-ética, una ética para orientar el desarrollo científico. Desde el
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1
POTTER VAN RENSSELAER, «Bioethics, the Science of Survival», Perspectives in Biology and Medicine,
1970, pp. 127-153.
comienzo, el objetivo de la disciplina ha sido éste, crear un ámbito de entendi-
miento entre la cultura científica y técnica y, de otro lado, los valores morales. Sin
embargo, la mediación entre lenguajes, tradiciones e intereses quedó pronto en un
segundo plano, con el predominio de todo lo relacionado con la salud y con la
investigación científica. El Instituto Kennedy y la Universidad de Georgetown se
decantaron por una noción técnica de la disciplina, frente a la noción amplia,
defendida por R. Potter. Por esa circunstancia, la Bioética ha sido durante bastante
tiempo sinónimo de Ética médica, siendo así que en principio abarcaba otros
aspectos más generales del progreso científico y técnico, ante la inquietud por el
futuro de la especie humana en su entorno social y natural.
Desde sus inicios la disciplina se presentó como una nueva ética, anclada en
el respeto por los derechos de los pacientes, de los ciudadanos y, por tanto, ale-
jada de una visión tradicional, paternalista, de la práctica clínica y de la investiga-
ción. Sin embargo, el protagonismo de los temas relacionados con la Medicina y
con la Biología, pese a estar muy acentuado en los años setenta, no afectó a la
voluntad de llegar a acuerdos, de «tender puentes». Al contrario, la especialización
ha sido desde entonces una tendencia que ha cohesionado a la disciplina, tanto en
su primera etapa como en las fases siguientes. La figura del experto, el «bioético»
pretendía facilitar los acuerdos en el ámbito profesional, al margen de las diferen-
cias que pudieran existir –que existen– en lo político, lo religioso, lo ideológico.
Tender puentes se reveló como una estrategia adecuada para la Bioética, realmente
útil en la fase en la que ésta aún no contaba con un estatus bien definido. Al mismo
tiempo, empezó a poner fronteras, ante el avance de los movimientos sociales,
frente a los debates políticos, incluso ante la complejidad de los análisis filosóficos
más elaborados, metaéticos. El objetivo de aquel doble esfuerzo –llegar a acuer-
dos, manteniendo las diferencias– era responder en modo apropiado a las dudas e
incógnitas que planteaban las nuevas tecnologías biomédicas. Respuestas prácticas,
aplicables, a la medida del «giro aplicado». Los efectos llegaron hasta la Filosofía
teórica, si bien fueron mucho más visibles en las éticas especiales, en la Bioética
sobre todo. Durante más de veinte años el equilibrio, la pax bioética –como la ha
llamado J. Moreno
2
–, ha resistido bastante bien las tensiones internas, las guerras,
a las que se han referido algunos conocedores del tema, como D. Clouser. El con-
senso ha sido fundamental, entendido como un procedimiento, un método para
conducir el debate sobre problemas morales difíciles y, además, ha sido un fin
valioso por sí mismo. Ahora bien, la etapa de los compromisos estables en Bioé-
tica parece haber concluido o estar a punto de hacerlo. Los desacuerdos ideológi-
cos, latentes o aplazados a lo largo de treinta años, resurgen ahora, con las fuertes
reacciones ante las técnicas biomédicas más nuevas. Con los avances en la repro-
ducción asistida que están cuestionando las ideas tradicionales sobre el comienzo
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2
MORENO, J., «The End of the Great Bioethics Compromise», Hastings Center Report, 35, January-
February 2005, pp. 14-15.
de la vida, con los tratamientos para intervenir en el final de vida. La falta de
acuerdo en estos temas se hace notar sobre todo en las discusiones en torno a la
investigación con células troncales, el uso de los embriones in vitro, las terapias
génicas, la clonación terapéutica y la reproductiva.
Desde finales de los años noventa, resulta arduo el consenso sobre éstas y
otras cuestiones de parecida dificultad y complejidad. Por eso resulta también sig-
nificativa la cautela con la que abordaba el Convenio de Oviedo, de 1997, el tema
de la investigación con embriones (art. 18). Era un avance de lo que ahora sucede:
los compromisos tienden a ser frágiles, pero necesarios, a la vez que éstos acen-
túan la diversidad de tradiciones, sistemas de valores, creencias. El Convenio remi-
tía a las normas de cada país sobre este tipo de investigación, a falta de unanimidad
sobre el asunto. ¿Indicaba el final del consenso? De ser así, la situación tendría con-
secuencias importantes para la disciplina, tal y como la conocíamos hasta ahora, de
estilo liberal, pragmático, de ideología «americana». Es más que probable que el
consenso de los expertos tenga que ser reemplazado por otro tipo de consenso,
con bases más amplias, más «republicanas», por así decirlo. Es decir, con mayor par-
ticipación de todos los afectados, sensible también a las diferencias y a las identi-
dades. Un consenso más cosmopolita, más cívico, en definitiva. Este nuevo tipo de
consenso será más modesto, provisional. Tal vez esté menos centrado en los aspec-
tos técnicos o en la opinión de los expertos, mucho menos ligado a una tradición
o a una cultura dominante, pero así favorecerá los acuerdos en la esfera pública.
En suma, será el consenso de los ciudadanos, sin otra autoridad que su compe-
tencia moral. Del nuevo equilibrio entre «tender puentes» y diferencias que sean
valiosas –«poner fronteras»– dependerá, con toda seguridad, la adaptación de la
Bioética a un contexto internacional y global. En las páginas siguientes se analiza
el proceso que ha llevado desde el consenso o pax bioetica hasta la eclosión del
pluralismo.
(1) La normalización de la disciplina en el espacio académico, su peso social
e institucional, siempre en ascenso, han sido posibles gracias a los acuerdos. Es
decir, a la elaboración de un lenguaje compartido por expertos de diferentes cam-
pos, a una agenda de temas comunes, a un tipo de argumentación centrada en lo
práctico. Además de esto, ha contado con la imparcialidad e incluso con cierta neu-
tralidad ideológica, reduciendo así las diferencias en aras de la «paz» bioética. El
consenso ha sido fundamental para la consolidación de la disciplina, sin duda. Ha
sido un medio y un fin para los comités de expertos, en los informes especializa-
dos. También en las declaraciones y en los documentos internacionales, que se han
venido ocupando del uso de las nuevas tecnologías biomédicas. El Informe Bel-
mont declaraba en 1979 que los principios son relevantes en la práctica, para la
investigación científica con seres humanos. Proponía tres criterios generales, con
validez universal: respeto por las personas, beneficencia y justicia. El contexto, las
situaciones concretas que motivaron directamente la elaboración del Informe
–treinta años de abusos, cometidos en Estados Unidos con sujetos de experimen-
tación, vulnerando todos los acuerdos y códigos– quedaban en un segundo plano.
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Sólo se recordaban las atrocidades cometidas durante la segunda guerra, y en otro
contexto
3
.
(2) La integración de perspectivas y el consenso facilitaron la toma de deci-
siones, sobre todo en el ámbito clínico. Los temas difíciles no han dejado de serlo,
si bien los procesos de deliberación han resultado más transparentes y más parti-
cipativos. En general, los acuerdos han reforzado un tipo de Bioética anclada en
los derechos individuales y, a la vez, receptiva hacia las necesidades prácticas. Es
decir, una Bioética liberal y pragmática. Entre el principio de autonomía y la bús-
queda de resultados concretos, fraguó un modelo que ha sido capaz de sortear con
relativo éxito las tensiones internas de la disciplina. Pax bioetica. Sin embargo, la
condición que la hizo posible, permitiendo «tender puentes» entre lenguajes, pun-
tos de vista, valores, consistía en obviar los debates ideológicos. Las controversias
políticas, que tanto peso tuvieron en los movimientos sociales y en la reforma de
las instituciones, se difuminaron en aras del consenso sobre temas de salud y
de investigación científica. De este modo la Bioética comenzó a poner fronteras,
señalando algunos límites. Límites que han sido necesarios en bastantes casos. Un
buen ejemplo de esto es la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Euro-
pea que, en el año 2000, prohibía que el cuerpo y los tejidos humanos sean objeto
de lucro (art. 3).
(3) En el 2005, una resolución del Parlamento Europeo rechazaba el comercio
de óvulos, saliendo así al paso de donaciones más que dudosas y de prácticas clí-
nicas rechazables. La Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos,
de la UNESCO, reconocía en ese mismo año el carácter transnacional que tiene hoy
la investigación científica (art. 21). A lo largo de la última década las fronteras rea-
les, geopolíticas, sociales y económicas, han cambiado de forma e incluso de lugar.
Los procesos de globalización han afectado a las instituciones, también a aquellas
instituciones y actividades relacionadas con la salud, con la investigación y con los
avances científicos. Por esta razón, con el nuevo siglo se han acentuado las críticas
al modelo liberal, así como hacia los excesos del enfoque pragmático, afectando
incluso a la figura del experto y del técnico. Los desacuerdos ideológicos son cada
vez más explícitos, una situación que ha influido en la Bioética de varias formas,
debilitando al modelo liberal, su principal apoyo. Es cierto también que la inter-
nacionalización de la disciplina ha sido una ventaja, pese a que esta apertura de
fronteras –también en sentido literal– exige otros planteamientos, más generales.
Más globales, también. En definitiva, la pluralidad moral, política, ideológica, ha
erosionado el consenso de los expertos, «científico» e ideológicamente neutral. Tal
vez sea el momento de explorar formas de acuerdo, más «densas», es decir, más
cercanas a la experiencia y a las necesidades reales de los ciudadanos. En 1997,
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3
«Ethical Principles y Guidelines for Research Involving Human Subjects», en: The National Com-
mission for the Protection of Human Subjects of Biomedical and Behavioral Research, The Belmont
Report, April 18, 1979.
el Convenio de Oviedo ya reconocía la diversidad cultural e ideológica; en el 2005
la Declaración Universal de la UNESCO confirmaba la tendencia hacia un espacio
bioético más abierto, internacional, global.
TENDER PUENTES
En los años setenta, la decisión de poner entre paréntesis la cuestión religiosa
fue –según ha explicado D. Callahan
4
– una de las principales bazas a favor de la
nueva disciplina. Es más, los esfuerzos por profesionalizar el debate moral, refor-
zando la figura del «bioético», formaban parte de aquel proceso de secularización,
acorde con las tendencias de la época. Sólo así pudo llegar al equilibrio entre
componentes tan heterogéneos: una actitud pragmática, los principios del Libera-
lismo, crítica radical de las teorías, el prestigio del conocimiento especializado. Los
compromisos, el consenso fueron el mejor exponente de la «ideología americana»,
producto tanto de la Nueva Frontera política de los años sesenta como del rechazo
de lo contracultural en los años setenta. Desde entonces, «tender puentes» fue un
objetivo fundamental, puesto que liberaba a la Bioética de otros compromisos
importantes, aunque onerosos desde el punto de vista social y político. Ponía entre
paréntesis las cuestiones de ideología política. El consenso era el procedimiento
más adecuado para ello, acortando las distancias entre los valores morales y la
aplicación de las nuevas técnicas, creando también un único lenguaje para espe-
cialistas de ámbitos distintos, Medicina, Biología, Derecho, Psicología, Filosofía. En
la construcción de ese espacio compartido, fueron decisivos: (1) los principios, (2)
un enfoque liberal, pluralista, (3) los procedimientos «minimalistas», (4) un modelo
profesional.
(1) A medida que el discurso bioético iba ganando en proyección, transfor-
mándose en una actividad social, con tareas institucionales –como ha recordado J.
Moreno
5
–, los análisis sobre problemas concretos requerían un marco normativo
de mayor amplitud. Debido a que las tradiciones y los valores morales al uso care-
cían de los elementos apropiados para evaluar los nuevos dilemas, surgidos con
los avances de la Medicina y de la Biología. Sin embargo, el entrenamiento de los
filósofos en la argumentación moral y en el análisis de conceptos no fue tenido
demasiado en cuenta en aquel momento de renovación teórica y práctica; una cir-
cunstancia que influyó luego sobre las expectativas y los malentendidos surgidos
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4
D. Callahan recordaba el momento en que la religión quedó fuera del debate bioético. La Ética
se ocupaba de temas delicados, lo suficientemente controvertidos como para evitar cualquier otro tipo
de confrontaciones. Por eso mismo, la disciplina se presentaba como un «camino intermedio», regu-
lando, tratando cuestiones delicadas pero casi siempre en términos que favorecieran el acuerdo. La
nueva disciplina tuvo bastante éxito en Estados Unidos, quizás por esta misma causa, «Why America
Accepted Bioethics», Hastings Center Report, 23, 1993, pp. 1-2.
5
MORENO, J., «Bioethics Is a Naturalism», en: McGEE, G., Pragmatic Bioethics, MIT, Cambridge,
2003, pp. 3-16.
en torno a la Bioética. Tal vez porque en los años setenta la Filosofía estaba en des-
ventaja frente a las demandas del «pragmatismo clínico»
6
, es decir, las demandas
concretas poco o nada relacionadas con los intereses teóricos. Además, la Filoso-
fía práctica estaba interesada, principalmente, en el análisis del lenguaje, en los
aspectos metaéticos, y no en cuestiones de carácter sustantivo. Por ambos motivos,
la presión de lo aplicado y la especialización de la Filosofía, el Informe Belmont
7
y el trabajo de T. Beauchamp y de J. Childress
8
fueron determinantes a la hora de
establecer un marco de principios fundamentales. Desde entonces, desde 1979,
éstos han sido el mejor criterio para evaluar la práctica clínica y la investigación
biomédica, contribuyendo efectivamente a mediar, a «tender puentes». El respeto
por las personas, la beneficencia –y la no maleficencia–, la justicia, han sido la
base de acuerdos duraderos en Bioética. Debido también a que tales principios son
coherentes con la cultura política y moral, vigente en Estados Unidos y en otros
países occidentales. Liberalismo y pragmatismo.
(2) El Informe Belmont comenzaba afirmando que la investigación científica
produce beneficios sociales, aunque también plantea importantes problemas mora-
les
9
. El precedente de la experimentación realizada durante la segunda guerra y los
juicios que tuvieron lugar en la posguerra demostraron la necesidad de contar con
normas claras. Ahora bien, los códigos pueden resultar inadecuados en situaciones
complejas –según el Informe–, de modo que el documento intentaba establecer los
principios y sus aplicaciones para la investigación. Lo fundamental debe ser el res-
peto por las personas. Este principio implica el reconocimiento de la autonomía y,
además, la protección de quienes carecen de ella
10
; a causa de alguna enfermedad,
problemas mentales o por cualquier otra circunstancia que pueda impedir una
acción libre, autónoma, consciente. El objetivo de lo segundo, la protección, es
impedir daños o consecuencias que sean negativas para los individuos. La aplica-
ción más importante de este principio era –y sigue siendo– el «consentimiento
informado»
11
, un requisito fundamental para cualquier investigación. Los sujetos
tendrán la oportunidad de decidir su participación voluntaria en experimentos y en
los tratamientos, sobre los que serán informados de manera suficiente. En cuanto
al principio de justicia, su objetivo es la distribución equitativa que, aplicada a la
investigación con seres humanos, significa el reparto igual de los inconvenientes
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6
J. Fins, M. Bacchetta y F. Miller se han referido a la práctica clínica y a la metodología, pensada
para llegar a soluciones razonables en los casos y en las situaciones particulares, «Clinical Pragmatism:
A Method of Moral Problem Solving», en: McGEE, G., Pragmatic Bioethics, pp. 29-44.
7
The National Commission for the Protection of Human Subjects of Biomedical and Behavioral
Research, The Belmont Report, April 18, 1979.
8
BEAUCHAMP, T.; CHILDRESS, J. H., «Morality and Ethical Theory», Principles of Biomedical Ethics,
Oxford University Press, New York, 1979, pp. 3-19.
9
«Ethical Principles y Guidelines for Research Involving Human Subjects», The Belmont Report.
10
The Belmont Report, Part B, 1.
11
The Belmont Report, Part C, 1.
así como el de los beneficios resultantes de la experimentación. Un criterio que no
fue tenido en cuenta en los estudios realizados con la población negra en Tuske-
gee, Estados Unidos
12
. El respeto por el agente individual, sus capacidades y
libertades
13
, ha sido y sigue siendo el núcleo del modelo liberal. En el Informe, el
principio de beneficencia
14
pretendía ir más allá del criterio de no causar daño –cri-
terio liberal–, introduciendo una perspectiva más ambiciosa: el bienestar, maximi-
zación de los beneficios. Por tanto, los principios creaban tan solo –o nada menos–
un marco para llegar a compromisos sobre la investigación científica. Sin embargo,
los principios –aquellos principios– eran algo más que un tipo de justificación o un
método para deliberar. Eran también la base de una cultura pública compartida.
Liberal.
(3) El hecho del pluralismo
15
constituía motivo suficiente como para que la
voluntad de «tender puentes» se ocupara de lo fundamental: los principios, los
procedimientos. Por esta razón, en Bioética el consenso básico se expresaba en tér-
minos «minimalistas», si así puede decirse. Las resonancias culturales, las preferen-
cias e identidades particulares, «densas», debían quedar al margen del debate, en
aras de un acuerdo razonable. Como todavía estaban recientes los enfrentamientos
suscitados por la cuestión de la eutanasia, sobre todo tras el caso de K. Quinlan en
Estados Unidos
16
, se imponía lo contrario, la voluntad de consenso. La reacción fue
muy parecida en el debate sobre el aborto
17
, primero en Estados Unidos, luego en
otros países. Aquella experiencia demostró que las sociedades secularizadas no
están ya en situación de resolver sus divergencias mediante un único sistema de
valores o a una autoridad moral, reconocida por todos. Pero todavía es posible
«tender puentes», siempre y cuando los acuerdos sean limitados. «No densos»
18
.
Según esto, los acuerdos exigen distancia con respecto a las tradiciones o a las cre-
encias particulares, a favor de un «consenso dinámico»
19
. Esto es, algo más que un
intercambio de puntos de vista: la responsabilidad compartida. Gracias a este enfo-
que constructivista, en Bioética cobraron valor los argumentos provisionales, plau-
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12
The Belmont Report, Part B, 3.
13
W
ALDRON, J., «Theoretical Foundations of Liberalism», The Philosophical Quarterly, 147, 1987, pp.
127-150.
14
The Belmont Report, Part B, 2.
15
El pluralismo razonable al cual se refería J. RAWLS, «Introduction», Political Liberalism, Columbia
University Press, New York, 1993, pp. XIII-XXIV.
16
Para los argumentos a favor y en contra del tema, López de la Vieja, M.ª T., «Eutanasia y auto-
nomía», en: Principios morales y casos prácticos, Tecnos, Madrid, 2000, pp. 51-99.
17
Un debate que llevó a una fuerte polarización política, según ha explicado L. Cahill, «The Status
of the Embryo and Policy Discourse», The Journal of Medicine and Philosophy, 22, 1997, pp. 407-414.
18
Según la terminología empleada por M. Walzer para referirse a lo diferente y a lo general en el
campo de la moralidad, «denso» (thick) «no denso» (thin), «Introduction», Thick and Thin, University of
Notre Dame Press, Notre Dame, 1994, pp. IX-XI.
19
MORENO, J., «Consensus by Committee: Philosophical and Social Aspects of Ethics Committees»,
en: B
AYERTZ, K., The Concept of Moral Consensus, Kluwer, Dordrecht, 1994, pp. 145-162.
sibles, revisable, ya que permitían una «reconstrucción cooperativa»
20
de los pro-
blemas. En suma, el consenso como método evitaba enojosas controversias de
índole teórica e ideológica, que no parecen deseables en el ámbito clínico. En
todos aquellos ámbitos en los que es preciso resolver situaciones difíciles en un
tiempo limitado, al margen de la diversidad de creencias y de tradiciones, por valio-
sas que sean. En cierta forma, el método del caso
21
fue una llamada de atención
sobre el excesivo rigor en los procedimientos y en los principios. En fin, las «reglas
aplicables en todo tiempo y lugar» –según la expresión de D. K. Clouser
22
– tenían
que ser reglas útiles.
(4) Debilitadas la autoridad moral y religiosa de tipo tradicional, los profesio-
nales de la salud –también los comités de ética, los legisladores y los responsables
de las políticas sanitarias– necesitaban contar con algún tipo de legitimidad moral.
Con algún tipo de «permiso»
23
o autorización que respaldara su forma de actuar, las
normas destinadas a regular una práctica o el tratamiento dado a una situación par-
ticular. Teniendo en cuenta que el ámbito de la salud está expuesto a muchas ten-
siones, era lógico que la cultura del consenso fuera bien aceptada desde el
principio. Solo que, en aras de una responsabilidad compartida, los acuerdos no
podían ser definitivos. Al contrario, habían de ser elaborados paso a paso, ajustán-
dose a las circunstancias y a los casos particulares. Con sus limitaciones y con toda
su provisionalidad, los acuerdos eran más necesarios, si cabe, en los grupos con
responsabilidades o con influencia sobre las políticas públicas. Sin embargo, ¿cómo
se podrían justificar las decisiones con una autoridad moral, cambiante o poco esta-
ble? ¿Cómo llegar a soluciones compartidas en una sociedad pluralista? La cuestión
de la autoridad moral ha sido planteada a menudo, ya que el fuerte sesgo prag-
mático de la Bioética no tiene por qué llevar a posiciones escépticas o relativistas.
El pluralismo no justifica la ausencia de criterios, aunque los hace más frágiles, más
limitados. ¿Hará falta recuperar creencias firmes? ¿Tal vez una «antropología
moral»?
24
. No parece necesario volver a planteamientos anteriores, ya que un
modelo liberal, secular y pluralista, es compatible con la existencia de principios
bien definidos. El Informe Belmont lo demostró. Ahora bien, la fuerza de los prin-
cipios, su autoridad, sólo puede ser una autoridad racional
25
. El problema era que
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20
De manera muy especial en el campo de la Medicina, como ha comentado J. MORENO, «Ethics
by Committee: The Moral Authority of Consensus», The Journal of Medicine and Philosophy, 13, 1988,
pp. 411-432.
21
S. Toulmin ha defendido que las reglas tengan un papel limitado y condicional, «The Tyranny
of Principles», Hastings Center Report, 6, 1984, pp. 31-39.
22
C
LOUSER, D. K., «Bioethics», REICH, W., Encyclopedia of Bioethics, pp. 115-125.
23
Según lo ha explicado este mismo autor, J. MORENO, «Analyzing Consensus», Deciding Together,
Oxford University Press, New York, 1995, pp. 39-54.
24
C
OHEN, E., «Conservative Bioethics y Search for Wisdom», Hastings Center Report, 36, January-
February, 2006, pp. 44-56.
25
En opinión de T. Engelhardt, no puede haber vacío de autoridad, a pesar de que no existan ya ni
una moralidad común ni una base religiosa. Por tanto, el consenso se fundará en argumentos racionales,
ésta ya no estaba representada por el filósofo, ni siquiera por el filósofo moral, por
lo cual la necesidad de analizar los casos y de aplicar los principios dio lugar a un
nuevo tipo de profesional: el «bioético». Éste tenía que estar familiarizado con las dos
vertientes, técnica y normativa, valorativa, favoreciendo el encuentro entre puntos
de vista y la colaboración entre especialistas con distinta formación e intereses.
Desde el comienzo, el bioético se asemejaba más al científico que al político
26
.
En cierto modo, respondía al interés de los movimientos reformistas de la época,
empeñados en desacreditar la política ideológica
27
y las tendencias contracultura-
les de los años anteriores. Consciente o no de ello, el discurso bioético se apartó
enseguida de ese tipo de discusiones, mas políticas que técnicas, adoptando el
modelo profesional. En la práctica, esto significaba que el «experto ético»
28
podría
tener la máxima cualificación, conocimientos adecuados, experiencia suficiente,
incluso habilidad para intervenir en situaciones de conflicto. A pesar de todo, sus
funciones se limitaban, han de estar limitadas, a la consulta y al asesoramiento. El
especialista o experto
29
puede ofrecer respuestas relativamente independientes,
neutrales, equidistantes tanto de los discursos más radicalizados como de los valo-
res tradicionales. No debe reemplazar, sin embargo, a los agentes que toman las
decisiones ni a quienes tienen la responsabilidad de legislar sobre una determinada
práctica. La tarea del experto consiste en mediar, «tender puentes», creando espa-
cios para el acuerdo.
2. P
ONER FRONTERAS
El consenso en Bioética estaba, por tanto, relacionado con varias circunstan-
cias: una suerte de «velo de la ignorancia» en torno a las creencias y a las prefe-
rencias de los agentes, buena aceptación de la autonomía y de otros principios
liberales, expansión del pluralismo en las formas de vida, el prestigio del saber
especializado. La Bioética se ocupaba, a todo esto, de problemas sustantivos, como
el comienzo y el final de la vida, el uso de las técnicas genéticas, la reproducción
asistida, las nuevas fronteras terapéuticas, etc. Todo ello en un marco de respeto por
las libertades individuales y por la autonomía. Por este motivo, existió una clara afi-
nidad entre el «giro aplicado» de los setenta y el modelo liberal. Los logros prácticos
60 M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
una de las promesas hechas por la cultura de la Ilustración; «Consensus Formation: The Creation of an
Ideology», Cambridge Quarterly of Healthcare Ethics, 11, 2002, pp. 7-16.
26
Según la tipología de WEBER, M., «Wissenschaft als Beruf», Gesamtausgabe, Mohr, Tübingen,
1992, Bd. 17, pp. 71-111.
27
En 1958, E. Shils ya había analizado la obsesión por la totalidad que formaba parte de la «polí-
tica ideológica», alienante y destructora del sistema; «Ideology and Civility». On the Politics of the Inte-
llectual», The Sewange Review, 66, 1958, pp. 450-480.
28
El experto ético y las limitaciones de su papel han sido analizados por WILDES, K., «Healthy Skep-
ticism: The Emperor Has Very Few Clothes», The Journal of Medicine and Philosophy, 22, 1997, pp. 365-371.
29
L
ÓPEZ DE LA VIEJA, M.ª T., «‹Expertos› en Bioética», 2003, Isegoría, 27, 2002, pp. 167-180.
de los «bioéticos» y su presencia institucional en los comités –también en los gru-
pos de expertos que asesoraban a la administración en temas de Ética y de inves-
tigación científica– reforzaron la cohesión interna. A lo largo de más de dos
décadas, el consenso fue el objetivo básico de quienes tuvieran responsabilidades
en comités, hospitales, institutos de investigación. Sin embargo, el excesivo prag-
matismo del giro aplicado –si así puede decirse– terminó por debilitar las bases de
este modelo liberal y profesional. Los desacuerdos empezaron a ser visibles en los
noventa, con los debates sobre las nuevas tecnologías genéticas. En especial, todo
lo relacionado con la investigación que requiera el uso de células embrionarias ha
sido motivo de preocupación y de profundos desacuerdos
30
. Tras una etapa de cre-
cimiento espectacular y de «tender puentes», la Bioética empezó entonces a «poner
fronteras». Su pragmatismo la había privado también de buena parte de los recur-
sos teóricos, filosóficos, que podrían haber despejado algunos malentendidos
importantes. Como, por ejemplo, la confusión entre la imparcialidad liberal y la
neutralidad en cuestiones prácticas. Los desacuerdos internos han terminado por
minar la paz bioética, las críticas externas han puesto de manifiesto las fronteras
del modelo liberal y pragmático.
– El imperativo de lo práctico ha jugado un doble papel en Bioética. Respon-
día al «giro aplicado», pero también formaba parte de una ideología difusa. Lo prác-
tico, la utilidad, eran el núcleo de una cultura en la cual éxitos o fracasos eran
valorados según criterios externos, como el interés público o los estándares socia-
les –problema señalado pronto por A. Gouldner
31
–, no según criterios técnicos. El
prestigio de lo útil estaba relacionado con el sentido común o, más bien, con un
«empirismo sin teoría» que hizo perder terreno al análisis filosófico, más abstracto.
Tal vez porque en los medios profesionales existía la idea de que los filósofos –los
filósofos profesionales– apenas se hacían eco de las necesidades de los agentes. En
cambio, los médicos, algunos teólogos y los nuevos bioéticos intentaban relacio-
nar de forma explícita lo teórico y lo práctico: la Ética tenía que ser aplicable, al
menos, relevante. El método tenía que responder a este mismo objetivo, dar res-
puesta a los dilemas, surgidos en la práctica clínica y en la investigación científica.
Sin embargo, la tendencia hacia la especialización fue reduciendo el debate inter-
disciplinar; por su parte, el desinterés por el análisis teórico o filosófico
32
simplificó
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA 61
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
30
En 1999, J. CHILDRESS comentaba que esta investigación suscitaba ya entonces gran interés, por
lo que prometía en Medicina y, a la vez, suscitaba preocupaciones éticas muy serias e incluso contro-
versias en el caso de los embriones sobrantes de las técnicas de reproducción asistida, Testimony Before
the Subcommittee on Labor, Health and Human Services, and Education of the Committee on Appro-
piations, United States Senate, November 4, 1999.
31
G
OULDNER, A. W., «Utilitarian Culture and Sociology», The Coming Crisis of Western Sociology,
Heinemann, London, 1972, pp. 61-87.
32
A pesar de que varios autores, como T. Beauchamp, han insistido en que el propósito de acor-
tar las distancias entre las éticas aplicadas y la teoría ética no tenía por qué llevar a un cambio de
en exceso los conceptos y el lenguaje moral. La Bioética era una ética aplicada,
pero un tipo de ética sin Filosofía moral, sin filósofos.
– El modelo profesional redujo el debate político, ideológico. Pero no carecía
de ideología: estaba comprometido con el Liberalismo. Con sus principios básicos,
la autonomía, la libertad individual. En su nombre, la Bioética asumió de forma
implícita que hay que poner límites a las instituciones, para que el Estado no inter-
fiera en las decisiones personales. Por esta misma razón, las instituciones no deben
promover ni imponer una determinada idea de moralidad
33
. La autonomía y la
racionalidad están por encima de cualquier otro principio. Son, además, la base del
consenso, ya que integran la cultura o «razón pública»
34
, aceptable para todos, al
margen de valores o creencias particulares. La Bioética combinó con éxito estos
elementos, la ideología de lo práctico y del compromiso con las libertades, apla-
zando otros debates que pudieran minar el consenso. Un consenso a la americana,
en el cual primaba la utilidad y la solución de problemas. Las orientaciones del Ins-
tituto Nacional de la Salud (NIH)
35
del año 2000 sobre la investigación con células
troncales estaban dirigidas a la protección de los donantes y al control de la cali-
dad de los procedimientos técnicos. Quedaba así pendiente otro tipo de debates,
más generales, sobre las formas de entender el final de la vida, el control de la con-
ciencia o la manipulación genética
36
. Por un lado, el modelo liberal exigía respeto
por los derechos individuales, manteniendo cierto grado de imparcialidad en el
enfoque de los problemas que han sido valorados de formas opuestas. Por eso
mismo debía «poner fronteras». Por otro lado, este modelo no era ni es neutral,
puesto que mantiene compromisos y valores propios, gracias a los cuales ha podido
abordar los aspectos morales y políticos de las cuestiones científicas y técnicas.
Desde hace algunos años, las preguntas no se refieren tan solo a lo útil, ni a
los derechos negativos, sino a otros aspectos más generales, como ¿qué diferencia
hay entre terapias y mejora de la especie?
37
¿Dónde está la línea que divide las prác-
ticas aceptables y aquellas que son dudosas o cuestionables? Esto es lo que sucede
con la clonación terapéutica y la reproductiva, uno de los temas que más debates
62 M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
método, cambios significativos sobre el punto de vista moral o sobre los principios. En su opinión, se
trataba en realidad de que variasen los contenidos, acercando la Ética a las conductas, a los ámbitos
profesionales, a las relaciones, etc. «On Eliminating the Distinction Bewteen Applied Ethics and Ethical
Theory», The Monist, 67, 1984, pp. 514-531.
33
McCLOSKEY, H. J., «Liberalism», Philosophy, 49, 1974, pp. 13-32.
34
B. W. B
ROWER analizaba el papel de las justificaciones públicas, la «razón pública», en el Libera-
lismo, «The Limits of Public Reason», The Journal of Philosophy, 1994, pp. 5-26.
35
National Institutes of Health, Guidelines for Research Using Human Pluripotent Stem Cells and
Notification of Request for Emergency Clearance, August 25, 2000.
36
Señalados por G. MAILANDER en su intervención en el Consejo que asesora al Presidente esta-
dounidense sobre temas de Bioética, In Search of Wisdom: Bioethics and the Character of Human Life,
The President’s Council on Bioethics, January 2002.
37
Mejora de la salud, mejora de la especie, uso equitativo de las técnicas, formas de entender la
vida humana, estos temas han sido comentados por SANDEL, M., What’s Wrong with Enhancement, The
President’s Council on Bioethics, December 2002.
ideológicos está suscitando. «Poner fronteras» en lo teórico y en lo político no es en
este caso la mejor estrategia en Bioética. La confusión entre «imparcialidad» y «neu-
tralidad» muestra por qué las éticas aplicadas han de contar con recursos teóricos
más elaborados y con una base normativa lo suficientemente definida. Incluso para
poner límites, para determinar qué prácticas son correctas, legítimas, y cuáles no
lo son, hace falta un marco normativo que sirva de referencia. Así sucede en la
Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea: en nombre de la dig-
nidad y de la integridad de los seres humanos, prohibía en el 2000 que el cuerpo
y los tejidos humanos sean objeto de lucro (art. 3).
2.1. La imparcialidad liberal
En el año 2005, una Resolución del Parlamento Europeo rechazaba el comer-
cio de óvulos. De esta forma pretendía asegurar la protección de las donantes,
impidiendo prácticas clínicas rechazables, así como el comercio y la explotación de
las donaciones. Un problema internacional, que ya había causado algunas dificul-
tades en las clínicas europeas
38
. Este ejemplo permite entender por qué no cabe la
indiferencia de las instituciones ante cuestiones de salud, demostrando además que
el enfoque liberal no carece de valores ni de compromisos. Sólo que hay, cuanto
menos, dos formas de entender la imparcialidad: (a) La versión maximalista, si así
se puede decir, restringe por completo la intervención de las instituciones, con la
intención de proteger las decisiones personales y la esfera privada. Es más que
imparcialidad, es neutralidad o indiferencia, una forma extrema de entender las
restricciones liberales. Por eso ha sido objeto de numerosas críticas, ya que debi-
lita la conexión entre el respeto por las libertades y la promoción de las libertades,
gracias a las garantías y a los bienes públicos. También debilita la relación entre
libertades individuales y justicia
39
. En suma, la neutralidad significa algo más que
«no intervención», ya que genera ausencia de compromiso, desinterés, indiferencia.
(b) La imparcialidad liberal no tiene por qué implicar neutralidad, sin embargo.
Significa respeto o equidistancia con respecto a los proyectos personales de vida,
siendo también compatible con la promoción de la justicia. Una actitud imparcial,
así entendida, no excluirá la intervención de las instituciones, ni el diseño de polí-
ticas públicas. Por lo tanto, el respeto por la autonomía individual no eliminará el
compromiso ni la solidaridad con quienes estén en situación de desventaja. Desde
esta perspectiva, ¿qué sentido tendrían las políticas «libres de valores»?
40
. Por todas
estas razones, conviene distinguir los niveles, separando las posiciones imparciales
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA 63
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
38
Parlamento Europeo, Resolución sobre el comercio de óvulos humanos, P6_TA-PROV (2005)0074.
39
B. B
ARRY se refería a la neutralidad generada por la justicia, «The Idea of Neutrality», Justice as
Impartiality, Clarendon Press, Oxford, 1995, pp. 139-159.
40
B. A. ACKERMAN ha señalado que la «neutralidad» es un término bastante controvertido, «What Is
Neutral about Neutrality?», Ethics, 93, 1983, pp. 372-390.
de las posiciones neutrales: la salud es uno de los ámbitos en los que mejor se apre-
cia la diferencia entre ambas versiones.
(a) En principio, son deseables la imparcialidad e incluso la neutralidad de lo
público ante los proyectos personales, ante las múltiples formas de ver el mundo
y ante las creencias. La neutralidad o posición equidistante favorece un trato igual
para todos, así como el respeto a la pluralidad, la tolerancia hacia lo diferente, etc.
La ausencia de vínculos o de compromisos particulares garantiza, al menos en teo-
ría, que todos los ciudadanos tendrán oportunidades y derechos iguales. Que todas
las formas de ver el mundo serán estimadas por igual, que todas las concepciones
del bien serán toleradas en idéntica medida. Ahora bien, este tipo de equidistancia
o neutralidad deja de ser una virtud
41
, revelando sus carencias cuando se entiende
como desinterés o ausencia de compromiso. Esta versión fuerte significa entonces
indiferencia, falta de responsabilidad, ausencia de valores. Una actitud neutral ser-
virá para proteger a los ciudadanos de la excesiva presencia del Estado y de las ins-
tituciones en la vida privada. Solo que lo contrario, la no intervención, resultará de
poca utilidad en el momento en que aparezcan los conflictos realmente importan-
tes: el Estado
42
no podrá quedar al margen, deberá regular los asuntos controver-
tidos, ejerciendo de árbitro, de garante de los derechos fundamentales. La
«neutralidad»
43
conduce, entonces, a la no intervención, en nombre de la libertad
individual. Pero las consecuencias podrían ser inaceptables para la mayoría de los
ciudadanos.
(b) La imparcialidad es también una forma de responsabilidad ante las con-
secuencias. La diferencia con respecto a la neutralidad se nota mejor cuando están
en juego la salud o la reproducción. Pues estas situaciones muestran de forma dra-
mática la distancia entre una actitud equidistante y, por otro lado, una actitud indi-
ferente ante los problemas. ¿Es posible ser realmente neutral ante los casos de
eutanasia, de suicidio asistido? ¿A quién beneficia una actitud indiferente en los
temas de salud sexual y reproductiva? En suma, la imparcialidad únicamente
requiere que las decisiones respondan a una actitud reflexiva, justificada, de la cual
se pueda dar razón, no requiere desinterés. En circunstancias de vulnerabilidad, de
gran sufrimiento personal, ¿qué sentido tendría mantener una posición de neutra-
lidad? El sufrimiento quizás no deje margen para respuestas generales
44
, pero sí
64 M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
41
A. Goodin y A. Reeve examinan ambas versiones, la neutralidad como virtud y, también, como
debilidad del Liberalismo, «Liberalism and Neutrality», GOODIN, R. y REEVE, A., Liberal Neutrality, Rou-
tledge, London, 1989, pp. 1-8.
42
JONES, P., «The Ideal of the Neutral State», en: GOODIN, R. y REEVE, A., Liberal Neutrality, pp. 9-38.
43
En el artículo citado, P. Jones se refería tanto a la versión «positiva» como a la versión «negativa» de
la neutralidad liberal, «The Ideal of the Neutral State», en: G
OODIN, R. y REEVE, A., Liberal Neutrality, pp. 9-38.
44
H. ENGELHART comentaba la imposibilidad de llegar a respuestas generales sobre la «buena
muerte», «Tractatus Artis Bene Moriendi Vivendique: Choosing Styles of Dying and Living», Abernethy;
V.: Frontiers in Medical Ethics, Bollinger, Cambridge, pp. 9-26.
requiere de un compromiso claro por parte de las instituciones, al servicio de los
ciudadanos y de sus necesidades.
En definitiva, algunas posiciones sobre temas de Bioética han llegado a ser
irreconciliables
45
, sin margen alguno para la neutralidad. En cambio, sí se puede
pedir que los agentes implicados y las instituciones adopten criterios de imparcia-
lidad, de acuerdo con un marco mínimo de principios y de procedimientos. El
ejemplo mencionado poco antes, la Resolución del Parlamento Europeo
46
sobre
donación de óvulos, indica que los compromisos y los acuerdos son posibles. Es
más, el respeto por la autonomía y la libertad individual es perfectamente compa-
tible con intervenciones desde la esfera pública, con objeto de evitar malas prácti-
cas y abusos con los pacientes. El análisis teórico contribuye, en tales casos, a que
los malentendidos y las críticas no interfieran en el consenso en torno a lo básico:
respeto por la autonomía individual y por los derechos fundamentales.
2.2. Las críticas
El uso de las técnicas de reproducción asistida y la interrupción del embarazo
son asuntos de índole privada, pero conciernen también a las instituciones y a
quienes tienen la responsabilidad de legislar en esta materia. Por tanto, ninguna
sociedad puede adoptar una actitud neutral, en sentido estricto. Es decir, una acti-
tud de indiferencia o de falta de compromiso sobre estos temas. Entre otros moti-
vos, porque la neutralidad –como indiferencia–, deja las cosas tal y como están; es
decir, no reduce las desigualdades ni el control indirecto sobre las decisiones.
Cuando el Estado y las instituciones son neutrales, indiferentes ante la distribución
desigual de las cargas y de los beneficios, las desigualdades van en aumento, tam-
bién en la vida privada. Este tipo de neutralidad beneficia a quienes ya están en
posición de ventaja, influyendo sobre la calidad de la vida y sobre la salud. Tam-
bién sobre la salud reproductiva, que tanto influye en la existencia de las mujeres.
¿Se puede ignorar que los mecanismos de distribución y de control sirven también
para controlar la salud y la reproducción? A la interrupción del embarazo y a la por-
nografía se ha referido precisamente C. Sunstein
47
, con objeto de señalar las for-
mas de explotación. Éstas no sólo desmienten la pretendida neutralidad sino que,
además, muestran la estrecha relación existente entre la distribución social, polí-
tica, y el ámbito de «lo natural».
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA 65
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
45
R. A. Strickland comentaba la situación en Estados Unidos durante las ultimas décadas, con posi-
ciones irreconciliables en torno a la interrupción voluntaria del embarazo, «Abortion: Prochoice versus
Prolife», TATALOVICH, R. y DAYNES, B. W., Moral Controversies in American Politics, Sharpe, New York,
1998, pp. 3-36.
46
Parlamento Europeo, Resolución sobre el comercio de óvulos humanos, P6_TA-PROV (2005)0074.
47
SUNSTEIN, C., «Neutrality in Constitutional Law (with Special Reference to Pornography, Abortion,
and Surrogacy)», Columbia Law Review, 92, 1992, pp. 1-52.
– Su objetivo era cuestionar la noción simple de libertad de elección
48
. El argu-
mento utilizado por este autor es que esta versión simple ha de ser contrastada con
lo que sucede en la realidad. Con las prácticas reales, en el campo de la salud, del
empleo, de la alimentación
49
, allí donde las desigualdades motivan una diferente
distribución de los recursos. Si a aquellas se suman los prejuicios, entonces la neu-
tralidad no fomentará la libertad. Al contrario, este tipo de actitud distanciada ter-
mina generando el resultado opuesto, la máxima parcialidad en las instituciones.
Por tanto, hay que admitir que la organización social y política configura las rela-
ciones entre los agentes, incluso las relaciones en la esfera privada. No prestar la
debida atención al trasfondo real ni a los sistemas de distribución ha sido uno de
los errores en que han incurrido, por regla general, las teorías modernas. Críticas
parecidas han sido hechas por las teorías feministas, con objeto de denunciar la
ceguera de las instituciones ante las injusticias y ante las diferencias. Éstas afectan
a la salud, en especial, a la salud reproductiva y, por tanto, a un aspecto impor-
tante en la vida de las mujeres. Sin embargo, las teorías liberales –sesgadas en
temas de género, androcéntricas– insisten en el valor de la autonomía y de la
imparcialidad, mientras la organización social y política sigue siendo desigual, par-
cial. La perspectiva de género evidencia así las limitaciones que tienen los princi-
pios liberales y la pretensión de neutralidad. ¿Es posible la imparcialidad cuando
existen relaciones tan asimétricas entre mujeres y hombres? ¿Qué clase de neutra-
lidad es aquella que ignora la discriminación? Las críticas del feminismo reiteran
que aún hay una distancia considerable entre libertad e igualdad y las desigualda-
des reales.
– En el ámbito de la salud reproductiva, se acentúan las contradicciones.
¿Quién tiene autonomía plena para decidir sobre la reproducción? ¿Qué condicio-
nes son necesarias para actuar con libertad? El modelo liberal no refleja ni responde
a la experiencia de las mujeres, alejadas todavía de las promesas de la cultura
moderna: libertad e igualdad. La Bioética liberal
50
ha mostrado escasa sensibilidad
hacia estos desajustes sociales y políticos, menos aún hacia las cuestiones de
género. Y eso que los temas relacionados con la reproducción han sido cruciales
para el desarrollo de la disciplina, empezando por el caso Roe vs. Wade que rea-
vivó el debate contemporáneo sobre el aborto. Lo mismo cabe decir del caso de
K. Quinlan y del debate sobre la eutanasia, todavía pendiente en la mayoría de los
países. Pese a ello, las diferencias que inciden en la salud reproductiva o las des-
ventajas que padecen las mujeres no han sido relevantes para la Bioética más «pro-
fesional», más especializada. Es cierto que la necesidad de poner fronteras a los
66 M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
48
SUNSTEIN, C., «Introduction», The Partial Constitution, Harvard University Press, Cambridge, 1993,
pp. 1-14.
49
S
UNSTEIN, C., «Gender, Caste, and Law», en: NUSSBAUM, M. y GLOVER, J., Women, Culture, and
Development, Clarendon Press, Oxford, 1995, pp. 332-359.
50
LÓPEZ DE LA VIEJA, M.ª T., «Bioética. Del cuidado al género», Estudios multidisciplinares de género,
n.º 3, 2006, pp. 107-127.
debates ideológicos separó al discurso bioético de los movimientos sociales y de
sus demandas. Sin embargo, en los años setenta ya eran conocidas las críticas del
feminismo hacia el modelo dominante, liberal y patriarcal. La Ética del «cuidado»
proponía una interpretación diferente sobre la moralidad y sobre las relaciones. En
los ochenta, la Crítica feminista hablaba ya con voz propia sobre la situación de la
mujer, así como sobre las responsabilidades de los individuos y de las institucio-
nes. Con un enfoque diferente sobre la salud y la enfermedad, planteaba «otro» dis-
curso bioético, más allá de la Ética del «cuidado». El pensamiento feminista ha
llamando la atención sobre aspectos centrales, como son los derechos de los
pacientes, la distribución de los recursos sanitarios, la organización jerárquica de
los sistemas de salud, el reparto asimétrico de los cuidados, la relevancia de las
identidades culturales
51
. En definitiva, ha insistido en el «valor de la libertad»
52
, esto
es, en las desigualdades de poder, de autoridad, en el acceso a los bienes.
– La perspectiva de género intenta ampliar el punto de vista sobre la salud y
la enfermedad, cambiando el modelo sobre el que se ha asentado la Bioética. Lo
personal es político
53
ha sido uno de los lemas del feminismo contemporáneo,
frente a la separación de esferas que han defendido la cultura moderna y el modelo
liberal. Frente al modelo profesional más estricto, la Bioética feminista pretende
integrar ámbitos y experiencias diferentes. Esto implica terminar, primero, con una
etapa de silencio e invisibilidad que ha afectado a las mujeres, también a otros gru-
pos marginados por su clase o por su etnia. Significa, además, que la Bioética ha
de tener presente el entorno social y político, ya que las relaciones de poder influ-
yen sobre la salud, la enfermedad, la calidad de vida, la reproducción. Esta nueva
frontera de la Bioética, ha de estar más centrada en el cuidado de la salud que en
la curación de enfermedades, en la distribución de la atención sanitaria y, en suma,
en las necesidades de los agentes. De todos los agentes. Por tanto, ha de asumir
una perspectiva internacional, global
54
: un nuevo marco para las responsabilidades
y, también, para los derechos. En consecuencia, las políticas sanitarias
55
tendrán
que ajustarse a la diversidad de culturas, identidades y, a la vez, a los recursos dis-
ponibles en el planeta. Si éstos han de ser para todos, entonces la justicia tendrá
que ser más que un principio formal
56
: el marco de las relaciones internacionales.
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA 67
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
51
SALLES, L. A., «Bioethics, Difference, and Rights», en: TONG, R. y DONCHIN, A., Linking Visions,
Rowman y Littlefield, Lanham, 2004, pp. 57-72.
52
Como ya había comentado N. Daniels, a propósito de la teoría liberal de R
AWLS, J., «Equal Liberty
and Unequal Worth of Liberty», en: D
ANIELS, N., Reading Rawls, Blackwell, London, 1975, pp. 253-281.
53
MANSBRIDGE, J. y MOLLER OKIN, S., «Feminism», en: GOODIN, R. y PETTIT, Ph., A Companion to Con-
temporary Political Philosophy, Blackwell, Cambridge, 1993, pp. 269-290
54
TONG, R., «Feminist Perspectives, Global Bioethics, and the Need for Moral Language Transla-
tion Skills», en: TONG, R. y DONCHIN, A., Linking Visions, pp. 89-102.
55
T
ONG, R., «Is a Global Bioethics Possible as Well As Desirable?», en: TONG, R., Globalizing Femi-
nist Bioethics, Westview, Boulder, 2000, pp. 27-36.
56
GLOVER, J., «The Research Programme Development Ethics», en: NUSSBAUM, M. y GLOVER, J.,
Women, Culture, and Development, Clarendon Press, Oxford, 1995, pp. 116-139.
La noción de «justicia global»
57
aporta, en efecto, una perspectiva distinta a la
Bioética actual. La autonomía sigue siendo básica, pero ha de ser completada con
otros principios, como la justicia, la solidaridad, la tolerancia. En un contexto cada
vez más plural y global, se impone un cambio de perspectiva que recupere el tras-
fondo político de las cuestiones morales y el compromiso –y no la «neutralidad»
58
con las necesidades de los agentes. Con ello también se reducen las oportunida-
des para el consenso en las sociedades plurales, sometidas a los procesos de glo-
balización. Sigue siendo un procedimiento y un objetivo deseable, pero el
consenso es limitado, provisional. La existencia de instituciones democráticas
59
garantiza, en todo caso, que los desacuerdos morales no impidan que se regulen
las prácticas que resultan más controvertidas. Valga como ejemplo de esto el
Informe
60
de 2003, con la posición del Consejo de Europa sobre el uso de embrio-
nes, procedentes de las técnicas de reproducción asistida: reconocía la existencia
de dos versiones opuestas sobre el estatuto que tienen y la protección que mere-
cen los embriones, recomendando que se permita la investigación; con fines tera-
péuticos, siempre bajo control y con determinadas condiciones, para garantizar el
consentimiento de los donantes y la protección de los embriones.
4. C
RISIS DE UN MODELO
Cuando la experimentación con embriones in vitro esté admitida por la ley,
ésta deberá garantizar una protección adecuada del embrión (Convenio relativo de
los Derechos Humanos y la Biomedicina, Oviedo, 1997, art. 18, 1).
El Convenio de Oviedo adoptaba un enfoque pluralista sobre la regulación del
uso de embriones procedentes de técnicas de reproducción, para investigar con
fines terapéuticos. Venía a demostrar que el principio de protección de la vida
humana es compatible con las legislaciones nacionales que permiten este tipo de
investigación, siempre bajo determinadas condiciones y con finalidad terapéutica.
El Convenio expresaba también un claro rechazo hacia la creación de embriones
con fines de experimentación (art. 18, 2), llegando así a cierto equilibrio entre los
desacuerdos en materia de protección de la vida humana en sus primeras fases y,
68 M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
57
MACKLIN, R., «The New Conservatives in Bioethics: Who They Are and What Do They Seek?, Has-
tings Center Report, 36, January-February, 2006, pp. 34-43.
58
SHERWIN, S. y BAYLIS, F., «The Feminist Health Care Ethics Consultant As Architect and Advocate»,
Public Affairs Quarterly, 17, 2003, pp. 141-158.
59
Es la tesis defendida por W
IESING, U., «Was tun, wenn man sich nicht einigen kann?», Deutsches
Ärzteblatt, 14, 2001, pp. 75-77.
60
Steering Committee on Bioethics, Report The Protection of Human Embryo in vitro (CDBI-CO-
GT3), 2003.
por otro lado, el consenso sobre los límites que ha de tener la experimentación
científica. La Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos, de la
UNESCO, ejemplifica también la voluntad de apoyar un marco universal de princi-
pios y de procedimientos, válidos para todos (art. 2) y, al mismo tiempo, el reco-
nocimiento de la diversidad cultural y el pluralismo (art. 12).
Ambos documentos indican que la diversidad en lo moral y en lo cultural no
es realmente un impedimento para llegar a acuerdos sobre buenas prácticas clíni-
cas y buenas prácticas en la investigación. La investigación con células troncales y
la clonación generan tensiones, que no sólo se deben a la existencia de valores
morales opuestos sino, ante todo, a los elementos ideológicos y emocionales
61
que
están tan presentes en el debate. El modelo profesional intentó eliminar estos fac-
tores, asociando a la Bioética con lo nuevo, la técnica, el prestigio de la Medicina,
el respeto por las libertades. Tampoco asumió la fuerte carga ideológica que
tenían el liberalismo y el pragmatismo, en aras del consenso entre expertos. La Bio-
ética ha asumido antes, y tal vez mejor que otras éticas especiales, los desafíos de
la nueva frontera científica y el giro aplicado. Pero ha dejado en un segundo plano
la frontera de los derechos sociales y políticos. El silencio ideológico marcó la
dirección a seguir por los expertos –los nuevos bioéticos–, para bien y para mal.
Por eso mismo la disciplina se ha centrado en el respeto por la autonomía, ocu-
pándose en menor medida del principio de justicia. Las críticas han llegado luego
desde varios ángulos, el republicanismo, el comunitarismo
62
, la crítica feminista. La
transformación política de la Bioética
63
también ha suscitado reservas. ¿Se puede
afirmar, entonces, que ha sido incompleto el giro de la disciplina hacia lo práctico?
1. Gracias a la voluntad de «tender puentes», la Bioética es hoy una disciplina
con fuerte presencia académica e institucional. Pero la ideología del consenso no la
ha hecho inmune a otros debates ideológicos, al contrario. Las tensiones entre cul-
tura liberal y contracultura han permanecido latentes durante un tiempo, en aras
del consenso «americano»
64
–una expresión que ya había usado el presidente J.
Kennedy–; pero las diferencias han aflorado en los últimos años, a raíz de los deba-
tes sobre las técnicas biomédicas. Las condiciones que permiten «jugar a ser Dios»
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA 69
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
61
H. Schott llamaba la atención sobre los elementos emocionales que forman parte de las con-
troversias sobre la investigación con embriones, «‹Ethik des Heilenes› versus ‹Ethik der Menschenwürde›»,
Deutsches Ärzteblatt, 25, 2002, pp. 122-125.
62
T. K
OCH se ha ocupado de algunas de las contracciones alternativas de la Bioética, desde el
Comunitarismo, el Pragmatismo, la casuística, «Bioethics as Ideology: Conditional and Unconditional
Values», Journal of Medicine and Philosophy, 31, 2006, pp. 251-267.
63
B
ISHOP, J. y JOTTERAND, F., «Bioethics as Biopolitics», Journal of Medicine and Philosophy, 31,
2006, pp. 205-212.
64
«But in time the basic good sense and stability of the great American consensus has always pre-
vailed», K
ENNEDY, J. F., discurso en Los Ángeles, 18 noviembre, 1961.
e incluso vislumbrar un futuro «posthumano»
65
crean incertidumbre en la opinión
pública. Por eso están también en el punto de mira del debate político. Sin olvidar,
además, que los dilemas morales presentan ahora múltiples variables, a considerar
desde una perspectiva holista
66
. Por último, las discrepancias en lo moral, en lo
jurídico, en lo político, han terminado afectando al modelo profesional, a la pax
bioetica. Las técnicas de reproducción asistida, los tests genéticos, los límites para
la investigación con embriones, son un motivo de fuertes enfrentamientos entre
conservadores
67
y liberales.
2. La Bioética ha tenido y tiene ideología
68
, aunque no siempre sea explícita.
Su enfoque liberal y pragmático está siendo ahora cuestionado, ante la presión de
los procesos globales que son, al mismo tiempo, procesos locales. El modelo pro-
fesional integra con dificultad las demandas que llegan desde contextos y con len-
guajes tan diferentes. La figura del experto o «bioético» ha estado asociada a trabajo
sistemático, procedimientos apropiados, independencia, imparcialidad. A un
modelo «científico», no político. Sin embargo, los cambios externos y la dimensión
internacional que ha cobrado la Bioética, hacen pensar que se impondrá la ten-
dencia opuesta. El modelo de expertos tendrá que dejar paso a otro enfoque más
participativo, más «republicano»; esto es, más abierto a la deliberación, sensible
también a las tensiones que afectan a la esfera pública. Estará más próximo a la
perspectiva de los agentes
69
, menos centrado en las cuestiones técnicas y, por lo
tanto, dependerá más de la participación de los afectados. Todos los afectados, los
profesionales de la salud, los responsables de las políticas públicas, los pacientes,
los ciudadanos en general. En un modelo de estas características –republicano
70
,
cívico
71
– las funciones a desempeñar por el experto o el bioético se parecerán más
70 M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
65
La ansiedad y el temor público hacia la perspectiva de deshumanización o, aún peor, de «super-
humanización», han sido reconocidos por K
ASS
, L., Beyond Therapy: Biotechnology and the Pursuit of
Human Improvement, The President’s Council on Bioethics, January 2003.
66
Para la perspectiva holista de la consulta ética, SHIYVE, P.; EMANUEL, L.; WINDSLADE, W. y
Y
OUNGNER, S., «Organizational Ethics», A
ULISIO, M. Arnold y YOUNGNER, S., Ethics Consultation: From
Theory to Practice, J. Hopkins University Press, Baltimore, 2003, pp. 143-146.
67
R. MACKLIN criticaba el movimiento conservador y su discurso sobre una nueva sabiduría en Bio-
ética, «The New Conservatives in Bioethics: Who They Are and What Do They Seek?», Hastings Center
Report, 36, January-February, 2006, pp. 34-43.
68
CALLAHAN, D., «Bioethics and Ideology», Hastings Center Report, 36, January-February, 2006, p. 3.
69
E. Beck-Gernstein ha analizado la relación entre dos perspectivas sobre los avances en el campo
de la salud: el determinismo técnico, la perspectiva de los agentes. Influida esta última por lo cultural,
por las normas y por los intereses, «Gesundheit und Verantwortung im Zeitalter des Gentechnologie»,
BECK-GERNSTEIN, E., Riskante Freiheiten, Suhrkamp, Fránkfurt, 1994, pp. 316-335.
70
Sobre la valoración que hace el Republicanismo de la participación y los procesos de delibera-
ción, SUNSTEIN, C., «Preferences and Politics», Philosophy y Public Affairs, 20, 1991, pp. 3-34.
71
LÓPEZ DE LA VIEJA, M.ª T., «La Bioética y los ciudadanos», en: LÓPEZ DE LA VIEJA, M.ª T. (ed.), Bio-
ética. Entre la Medicina y la Ética, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, 2005, pp. 41-60.
a la actividad de mediar y de formar opinión –una actividad pedagógica
72
– que a
la de toma de decisiones. La actividad de los comités de ética adquirirá mayor
diversidad, adoptando un modelo mixto
73
en su estructura y composición.
3. La cultura liberal, pragmática –y secular– favoreció el pluralismo en Bioé-
tica. El consenso no estaba al margen de las tradiciones, creencias e identidades,
pero sí aspiraba a la imparcialidad. Era un consenso minimalista, no denso. En la
actualidad, los análisis de la Bioética resultan cada vez más comprometidos, no
sólo por la complejidad que han adquirido los temas referentes a la salud o al uso
de las biotecnologías sino, ante todo, por el peso que han cobrado las diferencias
en lo cultural y en las creencias. Es posible que haya que pensar en formas de
acuerdo, más densas y menos duraderas, que no pongan entre paréntesis las expe-
riencias y a las necesidades de los ciudadanos. De hecho, el movimiento conser-
vador
74
intenta hablar con una voz propia, articulando un discurso fuerte sobre las
cuestiones relativas a Medicina, a la Biología, a la ciencia, siendo ahora más beli-
gerante sobre los temas de Bioética. En estas condiciones, cabe esperar acuerdos
no lineales, provisionales. Resultado de procesos de deliberación sobre aquellos
aspectos que han ido confluyendo en el debate bioético: el aspecto moral, cientí-
fico, jurídico, social y político.
Por todas estas razones, es probable que en lo sucesivo los acuerdos sean
construidos en la esfera pública –más políticos
75
que científicos–, y no sólo en el
ámbito profesional. Esta tendencia ha permitido que algunos países establezcan
normas
76
sobre temas muy controvertidos. Así ha ocurrido en España, con la Ley
14/2006
77
, que regula las técnicas de reproducción asistida y el uso de embriones
in vitro, para la investigación con fines terapéuticos. La normativa sobre el uso de
embriones sobrantes de las técnicas de reproducción sigue los criterios fijados en
años precedentes por el Consejo Europeo y por otras instituciones supranaciona-
les, señalando las condiciones y las formas de control que este tipo de investiga-
ción requiere. «Tender puentes», «poner fronteras», ambas estrategias parecen
necesarias en esta nueva situación, para que la legislación y, de manera general, la
© Ediciones Universidad de Salamanca Azafea. Rev. filos. 10, 2008, pp. 51-74
M.ª TERESA LÓPEZ DE LA VIEJA 71
BIOÉTICA. EL FINAL DEL CONSENSO
72
El cambio de funciones, de la normativa a la pedagógica, ha sido defendido por V. SHARPE y E.
PELLEGRINO, «Medical Ethics in the Courtroom: A Reapraisal», The Journal of Medicine and Philosophy, 22,
1997, pp. 373-379.
73
Sobre el modelo mixto de consulta ética, R
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74
C
OHEN, E., «Conservative Bioethics y Search for Wisdom», Hastings Center Report, 36, January-
February, 2006, pp. 44-56.
75
En el sentido de estar limitado a los debates en la esfera pública, «construido», según la termi-
nología usada por R
AWLS, J. «Introduction», Political Liberalism, p. XVII.
76
KING, P., «Embryo Research: The Challenge for Public Policy», The Journal of Medicine and Phi-
losophy, 22, 1997, pp. 441-455.
77
LEY 14/ 2006 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida.
Bioética responda en forma adecuada a las demandas de los ciudadanos. Ciuda-
danos que pertenecen a sociedades cada vez más plurales, más segmentadas.
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... El Consejo de Europa y el CDBI han buscado tender puentes mediante una normativa de alcance universal y poner fronteras para salvaguardar los derechos humanos y el respeto de las libertades fundamentales a las cuestiones bioéticas que se están desarrollando, pretendiendo adecuar la bioética a un contexto internacional, global y universal 91 . ...
... Hasta el momento, ningún científico la ha logrado y aún se debate si ésta es la técnica más apropiada para la investigación. [89][90][91][92][93][94][95][96][97][98][99]. ertas en 1998, 2 años más tarde de la apertura a firma de la convención y con ellas se abrieron grandes posibilidades en la terapia celular. ...
Article
Full-text available
Making an attempt to frame the controversial topic of bioethics within international law and with the aim of watching over the society, the Council of Europe elaborated the Convention for the Protection of Human Rights and Dignity of the Human Being with regard to the application of biology and medicine. The instrument, which came into force 12 years ago, is opened to all countries but only 29 states have ratified it. This legal document represents the base of a universal legislation on the subject. The present article examines the origin of the Convention, its process and evolution. It analyses the intense debates with regard to the human dignity, the freedom of science, the beginning of life, among others; equally it explores the interests at stake within the convention, whether political, moral, scientific, and economic, at the moment of its draft and in the present. Finally, the article analyses the possibility of the adoption of the Convention by the Mexican government. It concludes on the effectiveness of the international law of bioethics, and calls for the need that the Convention be used as a base for universal legislation.
Article
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Se presenta una propuesta de promesa para los profesionales de las ciencias animales en Colombia y el mundo. El juramento que plantea el artículo 9 de la ley 576 de 2000 no es suficiente y no cumple con las condiciones bioéticas que debe tener un profesional del siglo actual. Se describe la metodología utilizada para la nueva promesa y se desarrolla esta promesa teniendo en cuenta la virtud aristotélica y las relaciones que debe tener el hombre, como ser racional, con todos los seres vivos y el cuidado que debe prodigar a estos. Se describe uno a uno los postulados que se incluyen dentro de la propuesta y el por qué fueron considerados. DOI: http://dx.doi.org/10.22518/16578953.653
Article
Full-text available
The objective of the article is to reveal the contradiction between the plural and interdisciplinary character of bioethics and the figure of the bioethicist or expert. Applied ethics, of which bioethics is a very developed branch, appears toward the end of the 20 th century as a way of countering the challenges of new technologies in morally pluralistic societies. The core of bioethics is a civic ethic built on the basis of a deliberative process carried out in committees. This makes evident that moral competence is a concern of all agents, and contradicts the figure of the expert dedicated to resolving his own conflicts.
Chapter
A moral philosopher examining social reality finds himself confronted with a remarkable fact: while the occurence of consensus and agreement regarding central moral questions seems to be decreasing in society, the concepts of consensus and agreement are becoming increasingly attractive for ethical theory. In Anglo-Saxon moral philosophy the key role played by the concepts of consensus and agreement is chiefly attributed to contractualism. The renaissance of the contractualist approach can be traced to John Rawls, according to whom the basic principles of justice achieve moral viability due to the fact that they are established consensually in the original position and under certain conditions by the persons concerned. Following Rawls’ thesis “that the argument for the principles of justice should proceed from some consensus” ([14], p. 581), other authors have expanded upon the foundational function of consensus, beyond the principles of justice. According to T.M. Scan-Ion, for example, the validity of each moral principle must be attributed to a “hypothetical agreement” ([15], p. 44) which is entered into voluntarily by free and rational persons. The concept of consensus also plays a prominent role within German philosophy, most notably in the Diskursethik, developed by Karl-Otto Apel and Jürgen Habermas. This approach differs from contractualism through the two phases of its foundation program. The first phase of this program aims at the transcendental-pragmatic foundation of a criterion for moral Tightness: According to the Diskursethik a norm only has a claim to validity if all those potentially affected by that norm reach (or would reach) agreement as participants in a practical discourse that the norm is valid ([9], p. 76). On the basis of this principle concrete moral discourses are then required in order to discuss and consensually confirm (or not) the validity of individual material norms.
Chapter
The Belmont Report summarizes the basic ethical principles and guidelines identified by the commission to assist in the protection of human subjects in research. The report focuses on three main areas, (1) the boundaries between research and practice, (2) the basic ethical principles that should underlie the conduct of research (autonomy, beneficence, justice) and the protection of human subjects, and (3) the application of these principles into practice. The report outlines general recommendations regarding obtaining informed consent, the assessment of risk and benefit, and the recruitment of participants. The Belmont Report lays out many of the ethical considerations that, to this day, are used in formulating regulations and in ensuring the protection of human study volunteers.
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Consensus is commonly identified as the goal of ethics committee deliberation, but it is not clear what is morally authoritative about consensus. Various problems with the concept of an ethics committee in a health care institution are identified. The problem of consensus is placed in the context of the debate about realism in moral epistemology, and this is shown to be of interest for ethics committees. But further difficulties, such as the fact that consensus at one level of discourse need not imply consensus at another, oblige us to look more closely at the deliberative process itself. That yields two complementary methods of deliberation that have proven their worth. Finally, placing ethics committees in the context of Dewey's philosophy of social intelligence suggests that consensus should be regarded primarily as a condition rather than as the goal of inquiry.
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Following up on a 1989 paper on the subject, this essay revisits the question of ethical expertise in the court room. Informed by recent developments in the use of ethics experts, the authors argue 1) that the adversarial nature of court proceedings challenges the integrity of the ethicist's pedagogical role; 2) that the use of ethics experts as normative authorities remains dubious; 3) that clarification of the State's interest in “protecting the ethical integrity of the medical profession” is urgently required; and 4) that the expertise of the ethicist may be more appropriately used in advising the legislature than in influencing the court.