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El apoyo mutuo y la respuesta urbana a la pandemia de Covid-19.

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Abstract

En Bolivia, el apoyo mutuo a través de redes barriales ha sido una estrategia exitosa aunque poco visibilizada de respuesta a la pandemia de Covid-19. Esta experiencia ha movilizado a miles de personas alrededor del mundo y ha logrado salvar una serie de vicisitudes generadas por el virus y por la forma de respuesta de los gobiernos. Este artículo, resultado de un estudio desarrollado en el área metropolitana de Cochabamba durante la primera etapa de la pandemia, presta atención y expone formas notables de gestión de la pandemia y estrategias solidarias desarrolladas por barrios caracterizados por el trabajo mancomunado. In Bolivia, mutual support through neighborhood networks has been a successful-albeit little publicized-strategy in response to the Covid-19 pandemic. This experience has mobilized thousands of people around the world and has managed to overcome a series of vicissitudes generated by the virus and by the response of governments. This article, the result of a study conducted in the metropolitan area of Cochabamba during the first stage of the pandemic, focuses on the remarkable forms of pandemic management and solidarity strategies developed in neighborhoods where joint work is common.
El apoyo mutuo y la respuesta
urbana a la pandemia de Covid-19
Mutual support and urban response to the Covid-19 pandemic
J E. C  M A. P-M
* La presente investigación se ha desarrollado en Italia durante los meses de febrero y diciembre de
2015. Durante dicho periodo han sido realizadas 11 entrevistas en profundidad con diversos actores
implicados en el proyecto Campagna Amica, sobre todo técnicos, dirigentes de Coldiretti y agriculto-
res, las cuales fueron grabadas en su totalidad. Su transcripción y análisis de contenido se llevó a cabo
mediante software específico (programa ).
Resumen: En Bolivia, el apoyo mutuo a través
de redes barriales ha sido una estrategia exitosa
—aunque poco visibilizada— de respuesta a la
pandemia de Covid-19. Esta experiencia ha movi-
lizado a miles de personas alrededor del mundo y
ha logrado salvar una serie de vicisitudes genera-
das por el virus y por la forma de respuesta de los
gobiernos. Este artículo, resultado de un estudio
desarrollado en el área metropolitana de Cocha-
bamba durante la primera etapa de la pandemia,
presta atención y expone formas notables de ges-
tión de la pandemia y estrategias solidarias desa-
rrolladas por barrios caracterizados por el trabajo
mancomunado.
Palabras clave: apoyo mutuo, autogestión
urbana, Covid-19, Cochabamba.
Abstract: In Bolivia, mutual support through
neighborhood networks has been a successful
— albeit little publicized— strategy in response
to the Covid-19 pandemic. This experience has
mobilized thousands of people around the world
and has managed to overcome a series of vicissi-
tudes generated by the virus and by the response
of governments. This article, the result of a study
conducted in the metropolitan area of Cocha-
bamba during the first stage of the pandemic,
focuses on the remarkable forms of pandemic
management and solidarity strategies developed
in neighborhoods where joint work is common.
Keywords: mutual support, urban self-
management, Covid-19, Cochabamba.
Escuchar y narrar la guerra:
experiencias emocionales
de periodistas colombianos1
Listening and narrating the war:
Emotional experiences of Colombian journalists
J P A-R
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Bolivia es el país con mayor nivel de organización y movilización
social en la región (Ciudadanía, 2014). La debilidad y la ausencia
histórica del Estado han implicado la conformación de diferentes orga-
nizaciones e instituciones de corte autogestionario para la satisfacción
de necesidades comunes y defensa de intereses. En el área metropolitana de
Cochabamba existen antecedentes importantes del alto impacto que pue-
de tener la organización social en varios ámbitos, incluyendo el desenla-
ce de conflictos políticos —por ejemplo, el escenario de la Guerra del Agua
en el año 2000— y de enfrentamientos que determinaron el curso de las
protestas sociales en 2019, culminando en la renuncia de Evo Morales. Esta
capacidad y disposición para la organización y movilización jugó un rol
importante en la gestión de la crisis sanitaria por la pandemia de Covid-19
durante 2020, como lo verifica la presente investigación.
En la sociedad boliviana existen numerosos ámbitos e instancias de
deliberación y denición de acción colectiva, y la misma es a menudo
necesaria para la producción de soluciones a necesidades compartidas,
fundamentalmente aquellas de orden material, aunque no en pocas oca-
siones también de orden simbólico o político (Chávez, 2013; Linsalata,
2014). En el ámbito urbano, y en la ciudad de Cochabamba en particular,
estas lógicas son altamente dinámicas, diversas y a menudo conictivas
(Antequera, 2007; Ramoneda Martí, 2019; Walnycki, 2015); no obstante,
esta activación de los principios de la cooperación y la autoorganización
para la obtención de nes comunes hace del apoyo mutuo un marco ade-
cuado para el análisis del fenómeno que se documenta. Partiendo de la
obra de Piotr Kropotkin publicada por primera vez en 1902, y siendo esta
vertiente teórica nutrida por varios autores en lo posterior, entendemos el
apoyo mutuo como la comprensión y la práctica de la acción colectiva y
solidaria como crucial para la supervivencia de las especies desde la bio-
logía, y cuya persistencia en el ser humano inuye de forma determinante
en la dimensión política-organizativa de las sociedades.
Esta investigación sistematiza y analiza las dinámicas de apoyo mutuo y
solidaridad observadas durante el connamiento de marzo a julio de 2020
en 17 barrios de los municipios de Cochabamba, Sacaba y Quillacollo del
área metropolitana de Cochabamba, donde se evidenciaron procesos de pro-
ducción de respuestas comunes y particulares al connamiento gestionados
por organizaciones barriales. Estos procesos han intervenido en diferentes
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aspectos, como el control y la prevención del contagio, la atención en salud,
la compra o dotación de víveres, o la solidaridad con personas vulnerables.
Tomando en cuenta lo indicado, el artículo se divide en seis partes.
La primera propone una revisión teórica alrededor del apoyo mutuo y las
lógicas de solidaridad. La segunda reexiona sobre el contexto boliviano
y la forma de gestión de la pandemia, precisando las prácticas de apoyo
mutuo. La tercera parte exhibe las características generales de Cochabamba
metropolitana y acentúa dos de las principales características de esta urbe:
la autoproducción del escenario urbano y la capacidad de las organizaciones
sociales de denir casi todas las condiciones de la ciudad. La cuarta parte
describe el proceso metodológico seguido por la investigación. La quinta
parte muestra los resultados de la investigación a través de la descripción de
las características de los barrios y del conjunto de prácticas de autogestión
de la pandemia. La conclusión ofrece una reexión sobre el impacto de
estas prácticas en la lucha contra la pandemia y la radical importancia del
trabajo colaborativo en la gestión urbana de esta metrópoli.
A    
    
El apoyo mutuo, tesis fundamental de Kropotkin, opuesta a la interpreta-
ción dominante de la tesis darwiniana de la “supervivencia del más apto”,
propone que, sin negar aptitudes, el apoyo y la cooperación son los factores
fundamentales de la evolución de la humanidad, y no la competencia. Kro-
potkin estaba convencido de que la solidaridad y la espontaneidad creativa
de la gente, más que la individualidad, fueron los factores más importantes
para la supervivencia de los grupos humanos. Con sus estudios biológicos,
mostró que en la naturaleza opera la cooperación y que las especies con
mayor grado de soporte mutuo entre sus miembros tenían más posibilidades
de preservar, ya que la lucha por la existencia es una lucha contra circuns-
tancias adversas más que entre individuos de la misma especie.
Hoy, esta posición es compartida por Frans de Waal (2005), Yuval Ha-
rari (2011) y otros, quienes arman que la cooperación es consustancial
a la vida mucho más que la competencia, y es precisamente esta práctica a
gran escala, unida al lenguaje, el dispositivo que logró relaciones sociales.
Los autores cuestionan el hecho de que, siendo la cooperación una estrate-
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gia obligatoria de supervivencia para animales gregarios, entre los que se
encuentra el ser humano, la misma esté bien establecida desde la biología,
pero poco reconocida desde la ciencia social.
El apoyo mutuo a lo largo de la historia ha sido un patrón común de
conducta, una práctica que se multiplica y transforma, adaptándose a los
paisajes locales. Es, en palabras de Carlos Crespo (2020), “una estrategia
de vida frente a las relaciones de dominación en cualquiera de sus formas.
La solidaridad designa una cualidad emancipadora de las relaciones socia-
les que pregura el mundo en el que se desea vivir”. La cooperación es
opuesta al sometimiento al Estado, la Iglesia, el capital o a la servidumbre
voluntaria a los mismos. Como apunta Gustav Landauer (en D’Angelo,
2019), el Estado sólo mantiene su dominación sobre sus súbditos a causa
de la pasividad de éstos, más que por el uso de la fuerza o la coerción.
Sin embargo, este dispositivo no necesariamente tiene o ha tenido un
carácter altruista, sino que ha sido usado en la historia también como factor
de dominación, pudiendo ser funcional a intereses o propósitos particula-
res. Gracando este razonamiento, una de las formas institucionales de
la cooperación es la cooperativa, pero no siempre la más feliz. Richard
Sennett (2018) deende esta forma como una alternativa al capitalismo, y
señala ejemplos exitosos como la cooperativa John Lewis en Inglaterra. Sin
embargo, en oposición, Mike Davis (2014) sugiere que la cooperación y
el apoyo mutuo supondrían un avance del capitalismo hasta el corazón de
la organización social; similar a las posiciones de Cuadernos de Negación
(2018), que arman que el apoyo mutuo, la cooperación y la autogestión
son parte del modo de producción capitalista, aunque con otra fachada.
Al tratar las dinámicas de organización de las relaciones de intercambio
social y económico en los grupos humanos, se manejan constantemen-
te tres conceptos que distinguimos: 1) reciprocidad, 2) cooperación y
3) solidaridad.
La reciprocidad es un comportamiento desarrollado por las diferentes
sociedades durante miles de años. Consiste en el intercambio entre indi-
viduos o comunidades para obtener un benecio: uno recibe algo del otro
(Crespo, 2017; Calvo, 2020). Marshall Sahlins (1972) hace la distinción
entre reciprocidad generalizada, equilibrada o negativa, todas con un im-
portante papel en la supervivencia y la evolución de las sociedades. Hacia
afuera del grupo, los individuos construirán relaciones de reciprocidad como
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medio para alcanzar acuerdos con sujetos de mayor poder; por ejemplo,
el pacto de reciprocidad entre el Estado boliviano y los ayllus dirigido a
reconocer desde el Estado los derechos colectivos de los mismos sobre
la tierra, recibiendo en contraparte un tributo (Platt, en Barragán, 2015). La
participación del Estado puede calicarse como asimétrica, porque tiene
el poder de denir unilateralmente los términos del intercambio (Crespo,
2017).
La cooperación puede ser instrumental y altruista (Sahlins, 1972), pero
también una acción política que se da como búsqueda de alternativas al
modelo capitalista (De la Cuadra, 2017). Tomando las ideas de Elinor Os-
trom (1990), a través de la cooperación se puede prescindir del Estado e
instituir la cooperación como método organizativo a la reciprocidad como
forma de relacionamiento social.
Por su parte, la solidaridad, como la dene la Real Academia Española,
es una adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros; es decir,
constituye una expresión material o simbólica del apoyo a una causa o
interés de algún otro, no del mío. La solidaridad no implica la obligación
de reciprocidad (Temple, 2003).
Élisée Reclús (en Homobono, 2009) dice que la ciudad como invento
humano es fruto de la solidaridad y a la vez escenario y detonante de
nuevas formas de cooperación, cuya evidencia se encuentra en los casos
de coproducción de servicios e infraestructuras urbanas. Sin embargo, la
cooperación o la solidaridad sólo en pequeños grupos deviene también
en formas de exclusión, explotación o clientelismo (Poupeau et al., 2019;
Cabrera, 2018).
El apoyo mutuo y los tres conceptos se han manifestado durante la pan-
demia que aún se vive, y se han desencadenado una serie de prácticas que,
más allá de sostener sistemas de respuesta a necesidades colectivas, han
revelado, como sugeriría Kropotkin, la esencia de la lucha por la existencia
en condiciones de adversidad. Algunos trabajos de investigación que des-
tacan estas prácticas son Viralizar la esperanza en la ciudad. Alternativas,
resistencias y autocuidado colectivo frente al Covid-19 y a la crisis so-
cioambiental, de Jorge Regalado, Alice Poma y Tommaso Gravante (2022);
El apoyo mutuo en tiempos de crisis. La solidaridad ciudadana durante la
pandemia Covid-19, de Oriol Nello, Ismael Blanco y Ricard Gomà (2022);
Solidaridades de proximidad. Ayuda mutua y cuidados ante la Covid-19,
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de José Luis Fernández, Javier Fernández y Nerea Ramírez (2022), entre
otros. Estos exponen decenas de acciones colectivas solidarias en diferentes
regiones de América Latina y Europa, así como un panorama del impacto
de la pandemia en ciudades, junto con la evidencia de las vulnerabilidades
sociales a este tipo de fenómenos, en los que la colaboración resulta el
mecanismo más efectivo para salvar las vicisitudes de esta pandemia.
L       B
Los primeros casos positivos de Covid-19 en Bolivia fueron confirmados el
10 de marzo de 2020. Inmediatamente después, el gobierno nacional declaró
emergencia sanitaria y confinamiento desde el 21 de marzo de ese año y
determinó restricciones a la circulación de personas, reducción de horas la-
borales, modalidades virtuales para varias actividades, suspensión de clases
en escuelas y universidades, proscripción de reuniones y concentraciones
hasta el día 31 del mismo mes, aunque el 14 de abril el gobierno amplió
la medida porque el nivel más alto de casos llegaría en ese plazo. El 29 de
mayo el confinamiento se amplió una vez más y desde el 11 de mayo la
medida fue “dinámica”, es decir, que se permitió el retorno de actividades
con condiciones, por ejemplo: jornada laboral de seis horas, desplazamiento
por caminata, moto o bicicleta, restricciones a la circulación de menores
de edad y adultos mayores una hora por día, atención de mercados de 6:00
a 15:00 horas, límites a la circulación de vehículos por número de placas,
etcétera. En junio, el sistema de salud del país colapsó y hospitales públicos
y privados llegaron al límite de su capacidad, lo que ocasionó la muerte
de centenares de personas, incluso en calles de Cochabamba y Santa Cruz.
Además de los connamientos, el gobierno nacional determinó el cierre
de fronteras, la suspensión de vuelos, cancelación de eventos deportivos,
prohibición de reuniones y actividades culturales. Hasta el momento en
que se escribe este artículo, la distancia física de un metro y medio entre
personas, el uso de mascarillas, lavado de manos y protocolos de biosegu-
ridad están todavía vigentes.
Sin embargo, los aspectos que también sobresalieron en este escenario
fueron el uso de plantas medicinales, la automedicación y principalmente el
desarrollo de prácticas de apoyo mutuo. Sobre el uso de plantas y productos
naturales, el Ministerio de Salud emitió la Guía de medicina tradicional
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para el abordaje del Covid-19, que inuyó en el uso generalizado de yerbas
y tratamientos. Sobre la automedicación, resaltó el uso de Ivermectina y el
dióxido de cloro. El primer medicamento fue utilizado libremente bajo la
hipótesis de que prevendría el contagio, mientras que el dióxido de cloro
supuso un debate por la masiva promoción de su consumo sin respaldo
cientíco, incluso desde el gobierno nacional, que a través de una ley de
octubre de 2020 incentivó la comercialización, el suministro y el consumo
de este químico para la prevención y el tratamiento del Covid-19. Respecto
al apoyo mutuo, principal interés de este artículo, la pandemia y, principal-
mente, las limitaciones de los Estados para soportar las necesidades de la
población durante la crisis incentivaron la cooperación en Bolivia (Roque,
2020) y en una gran cantidad de países.
Las iniciativas y las prácticas de apoyo mutuo que fueron ejecutadas
durante la pandemia fueron más de 20 (Roque, 2020). La más importante
habría sido Bolivia Solidaria, una plataforma nacional dirigida a lograr co-
nexión entre personas que deseaban ayudar, ofreciendo información sobre
lugares de acopio de alimentos y entregas. De estas prácticas distribuidas por
ciudades, resalta en La Paz la iniciativa Personas Encerradas pero Solidarias,
que organizó 21 puntos de acopio de alimentos y vituallas; también el grupo
Tener Hambre no es Delito, que organizó 26 puntos de acopio de alimentos
y la correspondiente distribución; asimismo, la olla común de alimentos del
grupo anarcofeminista Mujeres Creando, que también ofreció instalaciones
desinfectadas para cobijo; y el grupo Mesa Solidaria, cuyo objetivo fue la
colecta de alimentos y su distribución. Esta última iniciativa fue extendida
a Tarija, Oruro y Potosí. En Tarija sobresalió la Mesa Solidaria menciona-
da, también las ollas comunes tarijeñas en esa ciudad y en Yacuiba, donde
activistas colectaron provisiones y alimentaron a familias con reducida
capacidad adquisitiva. En Santa Cruz sobresalió la iniciativa Corazones So-
lidarios, conformada por 120 mujeres que recaudaron alimentos que habrían
hecho llegar a más de 5 000 familias, lo mismo que el barrio Ferbo, cuyos
vecinos habrían ofrecido también alimentos en ollas comunes y distribución
de dinero proveniente de bonos estatales que algunos recibieron. Destacó la
organización vecinal de ollas comunes, cuyos promotores habrían llegado a
más de 20 barrios con alimentos y vituallas. En Sucre resaltó la iniciativa de
vendedores de repuestos de motos, quienes se organizaron para recolectar
víveres y luego repartir en barrios periféricos de esa ciudad. En Oruro se co-
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nocieron las mesas solidarias, con el mismo n que las mencionadas, así
como la donación de 275 grandes sacos de hortalizas desde la comunidad
campesina Huayña Pasto para municipios rurales y con menores condicio-
nes de acceso a productos agrícolas. En Cochabamba destacó la iniciativa
Pañuelos Blancos, cuyos miembros recolectaron alimentos no perecederos
para entregarlos en distintos barrios. Finalmente, fueron relevantes también
las iniciativas Aiquileños Solidarios y Olla Común Zona Sur, que instalaron
mesas para la colecta de alimentos y la entrega a población campesina y
vecinos con recursos reducidos (imagen 1).
Imagen 1
Cartel de actividades de colecta de donativos para zona sur de Cochabamba
Fuente: Roque, 2020.
De acuerdo con Abigail Roque (2020), el trueque, la organización de ollas
comunes, las mesas de colecta y la distribución de alimentos fueron las prin-
cipales formas de solidaridad y apoyo. El trueque adquirió fuerza a través de
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redes sociales; por ejemplo, la iniciativa Koraso Tuicha, el mercadito digital
del trueque, o los espacios de intercambio en comunidades campesinas de
Cochabamba y Potosí. Las ollas comunes organizadas fueron desarrolladas
según distintos formatos: alimentos preparados y suministrados a domicilio
para evitar contagios; en otros casos, entrega de platos de comida a una
sola persona por familia, para evitar aglomeraciones.
Por su lado, las principales respuestas del gobierno central, además de
las restricciones, fueron la otorgación de bonos económicos a algunos es-
tratos sociales y el congelamiento de pago de créditos, entre otros, mientras
que los gobiernos municipales entregaron canastas de alimentos y, en algún
caso, artículos de bioseguridad y medicamentos base.
Hasta el n de julio de 2022, la mayoría de las iniciativas indicadas se
redujeron o dejaron de practicarse debido a la eliminación de restricciones
desde la mitad de 2021, cuando el inicio de la vacunación determinó una
suerte de normalidad en el país. Hasta mayo de 2022, poco más de 50%
de la población había accedido a una dosis de vacuna, 45% aproximada-
mente alcanzó el esquema completo y poco más de 10% de los bolivianos
recibieron al menos una dosis más de refuerzo.
Al séptimo mes de 2022 se alcanzaron aproximadamente 1.02 millones de
contagios, más de 22 000 muertes y cinco olas de diferente impacto. La tasa de
letalidad hasta abril de 2022 fue de 2.43% y la tasa de recuperación de 93.25%.
En el mismo plazo, el departamento de Cochabamba había alcanzado
más de 175 000 casos positivos y alrededor de 3 500 decesos; en el área
metropolitana se presentaron 150 000 casos positivos y aproximadamente
2 500 muertes (Servicio Departamental de Salud Cochabamba, 2022).
C,   
Cochabamba, urbe donde se realizó el presente estudio, es la tercera región
metropolitana de Bolivia y está compuesta por siete ciudades conurbadas:
Cochabamba, Quillacollo, Sacaba, Vinto, Sipe Sipe, Tiquipaya y Colcapi-
rhua (mapa 1). Su población conjunta alcanza aproximadamente 1.2 mi-
llones de habitantes (
ine
, 2020) y su huella urbana es de aproximadamente
23 000 hectáreas al año 2022. El municipio de Cochabamba es la capital
del departamento y cobija alrededor de 36 % de la población, mientras que
la urbe metropolitana alberga 67% (2020).
Mapa 1
Área metropolitana de Cochabamba y barrios estudiados
Fuente: Elaboración propia, 2022, con base en trabajo de campo.
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Al igual que en ciudades de otros países de la región, el proceso de urbaniza-
ción en Bolivia ha sido vertiginoso, y los instrumentos urbanísticos vigentes
poco hicieron para regular de alguna forma los procesos de ocupación,
mucho menos de dotación de servicios e infraestructura, pues se trataba
de instrumentos normativos poco compatibles con los escenarios socio-
urbanos (Prado, 2008). Hoy en día parece existir una clara desconexión
entre la intención expresada en las disposiciones del Estado en todos sus
niveles, y las prácticas reales que producen ciudad y territorio, de forma
que, si en algún momento las lógicas autogestionarias podían explicarse
exclusivamente con la ausencia del Estado, hoy en día existen sistemas y
redes muy complejos y robustos que determinan el funcionamiento de los
componentes urbanos, en cuyo tejido el Estado muy poco ha participado
y muy poco puede regular.
De esta forma, en Bolivia priman lógicas y formas de producción del
espacio o producción social del hábitat (
hic
) a través de las cuales grandes
sectores de la población producen respuesta a varias de sus necesidades
comunes sin mediación del Estado (Blanc et al., 2022). Gran parte del
proceso de urbanización de Cochabamba metropolitana es y ha sido pro-
ducto de procesos autogestionados de organizaciones territoriales y sectores
especícos. Para gracar la importancia de estos procesos, describiremos
algunas referencias de autoproducción urbana muy inuidas por lógicas de
apoyo mutuo y solidaridad, pero también por intereses de pequeños grupos
cuyas necesidades de control territorial conguran escenarios fragmenta-
dos (Cabrera, 2018). Se exponen aquí los casos del agua y del transporte,
sin olvidar que ámbitos como seguridad, saneamiento, infraestructuras de
pequeña escala, algunos servicios públicos y sociales, están también auto-
producidos en gran medida.
La gestión urbana y social del servicio de agua
Entre los servicios urbanos producidos a través de lógicas autogestionarias,
el caso del agua en Cochabamba es emblemático. Juan Cabrera (2018)
estima que sólo entre 25% y 30% de la población del área metropolitana
de Cochabamba accede al servicio a través de algún operador público, lo
que implica que la población restante es cubierta por la oferta comercial
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privada de camiones cisterna o por una diversidad de sistemas organizados
alrededor de pozos de agua.
La tipología de estos sistemas es diversa en términos de arreglos institu-
cionales, estructuras de gobernanza y denición de derechos, resultados en
la aplicación y sanción de normas, y grados de horizontalidad y legitimidad
en sus procesos de planicación y gestión. La naturaleza orgánica de estas
organizaciones no implica necesariamente un funcionamiento ideal: en
ocasiones las mismas han sido espacios excluyentes o clientelares a partir
de alianzas con el poder político.
La magnitud de la infraestructura producida a través de estos sistemas
no es una cuestión menor. Carmen Ledo (2013) estimaba que, en 2005, la
inversión de los residentes de la zona sur de Cochabamba en sus sistemas
a través de aportes en efectivo, compras de material o mano de obra, era
valuable en un monto aproximado de 16 millones de dólares.
Ya que estas organizaciones se originan en la ausencia de Estado, han
desarrollado varias estrategias de funcionamiento que las convierten en
un importante actor territorial cuyo impacto trasciende la simple dotación
del servicio. Por un lado, al movilizar un volumen importante de recursos
y representar un gran benecio al posibilitar el acceso al agua, existe una
permanente preocupación por asegurar que todo beneciado haya invertido
un esfuerzo equiparable al del resto del grupo y así evitar la aparición de
“polizones”. De esta manera, se han desarrollado normas y prácticas con-
suetudinarias más o menos efectivas de coerción que, más allá del agua,
se usan también para movilizar a las bases sociales en defensa de otros
intereses, haciendo del agua un factor de poder político (Dwinell, 2014;
Linsalata, 2014; Marston, 2014).
Por otro lado, al funcionar bajo sistemas comunitarios o cooperativos,
los ingresos por concepto de aliación o uso del servicio generan excedentes
de los que nadie puede apropiarse individualmente ni generar lucro, así que
es común que estas organizaciones gestionen con estos recursos algunos
servicios sociales para las personas aliadas, como seguro de salud o seguro
mortuorio, o que inviertan en infraestructura pública para el barrio. Así, las
organizaciones autogestionarias del agua pueden ser consideradas agentes
de desarrollo urbano, aunque debido al carácter físico-espacial de los
sistemas, condicionados por las posibilidades técnicas y la disponibilidad
del recurso, suelen ser también un agente de fragmentación y segregación
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al distribuir este desarrollo de forma desigual y dentro de una frontera
socioespacial limitada (Cabrera, 2018).
El transporte público autogestionado
El servicio de transporte público en Cochabamba metropolitana es también
una prestación autogestionada por una cantidad desconocida de pequeñas
organizaciones de transportistas que desde 1985 han constituido uno de
los sectores laborales más grandes del país; para su funcionamiento han
adoptado las formas de sindicatos, cooperativas y asociaciones, entre otras
(Cabrera y De Marchi, 2022). Aunque en los últimos dos años han sido
afectadas por la pandemia, las organizaciones tienen dos fines: 1) prestar
el servicio de transporte dentro y fuera de la urbe y 2) mantener y proteger
sus organizaciones, las cuales no sólo garantizan su actividad laboral, sino
una serie de prestaciones conexas también autogestionadas.
El servicio de transporte es posible a través de la utilización de cuatro
tipos de vehículos automotores: taxitrus, trus, coasters y micros, con ca-
pacidades de entre seis hasta 40 pasajeros. El servicio se caracteriza también
por intentar ocupar y mantener de forma permanente la mayor cantidad de
vías de la ciudad y conformar rutas de exclusividad (Cabrera y De Marchi,
2022), porque el usufructo de éstas garantiza sus ingresos económicos.
Las organizaciones están compuestas por choferes asalariados, choferes/
propietarios, empresarios y dirigentes que se encargan de la negociación
política y administran fondos sectoriales. Algunas organizaciones han
evolucionado y conforman empresas privadas medianas que brindan otros
tipos de servicios de transporte, como carga o mudanza.
Al igual que el servicio de agua, formar parte de estas organizaciones
autogestionadas implica un pago que alcanza hasta 15 000 dólares estadou-
nidenses, según la línea, la ruta y la ubicación de esta, en conocimiento de
que el emplazamiento permite mayor o menor ujo de pasajeros (Alemán,
2009; Gobierno Autónomo Municipal de La Paz, 2019). Desde una pers-
pectiva operativa, los aliados se agrupan según tres elementos principales:
rutas de servicio, propiedad de los vehículos y tarifas (2019). Las rutas son
las vías consideradas propiedad común de cada organización y su ocupación
es resultado de la disputa con otras organizaciones y también negociaciones
con gobiernos municipales, que ceden derechos de explotación. La tarifa
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de pasaje que paga el usuario es determinada por el gobierno a través de
negociaciones con los transportistas. La sinergia entre estos tres elementos
permite que las organizaciones se amplíen o reduzcan, generen más o menos
benecios para sus socios, conformen suborganizaciones o macroorganiza-
ciones municipales, departamentales y nacionales. En Cochabamba están
agregadas en la Federación de Autotransporte Departamental y la Federa-
ción de Transporte Libre. Son macroorganizaciones en disputa por rutas e
ingreso a los centros de las ciudades de la metrópoli.
De los aspectos mencionados, uno de los más importantes es el benecio
que supone formar parte de las organizaciones de transporte. En función
del tipo de organización, tamaño y antigüedad de los operadores, para los
aliados la asociación implica acceso a prestaciones como seguro social,
seguro de accidentes, seguro de sepelios, apoyo nanciero, acceso a ser-
vicios e infraestructuras especícas de las organizaciones, como servicios
educativos para dependientes, infraestructura para deporte o cultura, entre
otros, todo, gestionado por los operadores de transporte. Estas prestaciones
y la posibilidad de mantener la actividad como fuente laboral sin dependen-
cia estatal, y más aún, con la capacidad de denir su oferta casi de forma
irrestricta, dejan ver el peso y el impacto de este servicio autoproducido.
Así, este servicio autogestionado está conformado por aproximadamente
43 000 vehículos (
ine
, 2020), es una signicativa fuerza económica y po-
lítica, corresponde al 16% del Producto Interno Bruto (
pib
) departamental
(Dapro, 2020) y tiene representantes en todos los niveles de gobierno.
Estos datos dejan ver la importancia estructural de la autogestión en
Cochabamba. No se trata sólo de aspectos concretos y pequeños, sino de
infraestructuras y servicios a gran escala, producidos por pequeños opera-
dores que denen las condiciones de la ciudad.
L 
En consonancia con el contexto referido, el objetivo de la investigación,
base de este artículo, fue la exposición y caracterización de las lógicas de
solidaridad, apoyo mutuo y gestión urbana en una serie de barrios en Cocha-
bamba metropolitana durante la etapa crítica de la pandemia de Covid-19.
En conocimiento de la capacidad de la población organizada para
responder a sus necesidades, la pesquisa buscó indagar cómo los barrios
85Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
cochabambinos activaron sus capacidades de gestión social y urbana para
lograr respuesta a la crisis causada por la pandemia y a las restricciones
que el Estado dispuso.
Para este fin, la investigación se desarrolló en dos etapas: durante
la primera, en julio de 2020, un grupo de estudiantes de la Universidad
Mayor de San Simón recolectó información general y especíca sobre
17 barrios; en la segunda etapa, en septiembre de 2021, estudiantes de la
Universidad Privada Boliviana precisaron información sobre los mismos
barrios y lograron mayores detalles. En la primera etapa, el trabajo fue
desarrollado en un escenario de enclaustramiento, a través de plataformas
virtuales y con recorridos reducidos. En la segunda etapa, y gracias a la
caída en el número de contagios y al levantamiento de restricciones, los
estudiantes, junto con los investigadores, pudieron visitar los barrios para
la recolección de información precisa. El estudio se centró en los meses
de marzo a julio de 2022.
De forma especíca, las actividades que permitieron la consecución de
nes fueron:
Elección de barrios: en la primera etapa se elaboró un mapa que
exponía la ubicación de los barrios de residencia de los estudiantes.
Sobre este documento, se eligieron 17 barrios previendo su ubica-
ción en el centro y la periferia de los municipios (mapa 1).
Colecta de información: para lograr el objetivo previsto, se diseñó
un formulario de recolección de datos con preguntas y aspectos es-
pecícos relacionados con las condiciones de los barrios y la evolu-
ción cronológica de las actividades de apoyo mutuo como respuesta
al Covid 19 y a las necesidades de los vecinos. Por la restricción de
desplazamientos, se usó como fuente principal los grupos de Whats-
App de los barrios, junto con entrevistas con dirigentes y vecinos a
través de plataformas de comunicación remota y/o llamadas telefó-
nicas. La recopilación de información se completó con recorridos de
barrios, previendo el menor contacto posible con terceras personas.
La novedad metodológica fue el análisis de conversaciones de veci-
nos en grupos de la red social indicada. Las conversaciones, una vez
descargadas y organizadas según fechas, permitieron la construc-
ción de líneas de tiempo de actividades, preocupaciones, intereses y
86 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
otras referencias relacionadas con el objeto de estudio. La segunda
etapa, desarrollada un año después, implicó el diseño de un formu-
lario dirigido a recolectar datos acerca de actividades de gestión de
los barrios y las acciones urbanas especícas de respuesta a la pan-
demia.
Sistematización y análisis de información: la información colectada
en ambas etapas fue trasladada a tablas y cuadros diseñados para su
fácil sistematización y clasicación. Los resultados fueron cuidado-
samente organizados de acuerdo con sus dimensiones y también de
forma cronológica entre marzo y julio de 2020. La sistematización
se realizó a través del uso de herramientas como hojas de cálculo,
sistemas de información geográca y cotejo de resultados.
Redacción de documentos de investigación y difusión: como resul-
tado de las actividades indicadas, se desarrollaron artículos y presen-
taciones en diferentes escenarios. Una revisión especial y la actua-
lización de algunos datos ha permitido la redacción de este artículo.
Tomando en cuenta lo expuesto, se presentan a continuación los resultados
de la investigación.
L    C     
Este acápite expone los resultados de la investigación según el objetivo
principal. La primera parte describe las condiciones urbanísticas de los
barrios estudiados y, luego, las formas de respuesta a la pandemia a través
de las lógicas de solidaridad y apoyo mutuo.
Caracterización de los barrios
En la Cochabamba metropolitana no existe una base de datos de la cantidad
de barrios en esta jurisdicción. Una parte importante de los vecindarios
reconocidos por los gobiernos municipales, denominados Organizaciones
Territoriales de Base (
otb
), están articulados en Federaciones de Juntas
Vecinales (Fejuve) municipales, las cuales tampoco pueden dar un número
aproximado de barrios, porque sólo incluyen a vecindades reconocidas que
87Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
deseen su inclusión. La dinámica urbanizadora y de expansión supone que
nuevos barrios se crean cada día.
Tomando en cuenta esa referencia, la muestra de 17 barrios no representa
al total de los vecindarios de la metrópoli, pero cobija aproximadamente
a 38 256 habitantes, equivalentes al 3.18% de la población, y sus juris-
dicciones alcanzan 374 hectáreas en total, es decir, 1.8% de la supercie
metropolitana.
Los barrios se encuentran en los municipios de Cochabamba, Sacaba
y Colcapirhua. Poseen poblaciones que varían de 600 habitantes en Santa
Rosa, Villa Guadalupe o Villa Barrientos, hasta 12 000 habitantes en Villa
Moscú. El resto de barrios posee poblaciones de alrededor de 3 000 habi-
tantes. El cuadro 1 expone esa y otras características.
Cuadro 1
Características y principales problemas de los barrios muestra
Nombre
de barrio Población Superficie Densidad Ubicación Tipo
(OTB o JV) Servicios básicos
Mineros
San Juan
2 072 36 57.6 Cochabamba
(Cbba) / D 8
OTB Agua por cisterna y
energía eléctrica
San Pedro 1 560 17 91.8 Cbba / D 11 OTB Agua de red pública,
energía eléctrica y
alcantarillado
Tupuraya 1 200 9 133.3 Cbba / D 1 OTB Agua de pozo y
energía eléctrica
Valle
Grande
850 7 121.4 Cbba /
D 6
OTB Agua de pozo y
energía eléctrica
Mineros
San Juan
2 956 38 77.8 Cbba /
D 8
OTB Agua de pozo y
energía eléctrica
Villa
Guadalupe
651 9 72.3 Cbba /D 13 OTB Agua por cisterna y
energía eléctrica
Villa Moscú 12 526 60.5 207 Cbba /D 1 OTB Agua red pública y
pozo, alcantarillad,
energía eléctrica
Villa
Sebastián
Pagador
3 214 20 160.7 Cbba / D 14 OTB Agua de pozo y
energía eléctrica
Villa
Barrientos
650 7 92.9 Cbba /D 1 OTB Agua de red pública,
Alcantarillado,
electricidad
88 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
Nombre
de barrio Población Superficie Densidad Ubicación Tipo
(OTB o JV) Servicios básicos
Salomón
Klein
1 545 18 85.8 Cbba / D 12 OTB Agua de red pública,
alcantarillado,
energía eléctrica,
gas domiciliario
Olivos del
Norte
1 444 29 49.8 Sacaba/ D 2 OTB Agua de pozo,
energía eléctrica,
alcantarillado
Miraflores
Sur
1 793 15 119.5 Sacaba/
D 1
OTB Agua por pozo y
energía eléctrica
Canal Pata 1 005 34 29.6 Sacaba-D
Lava Lava
OTB Agua por cisterna y
energía eléctrica
Colcapirhua
Sud
2 487 28.8 86.4 Colcapirhua/
D C
OTB Agua red pública,
alcantarillado,
energía eléctrica
Villa
Montenegro
2 819 23.28 121.1 Cbba /
D 12
OTB Agua de red pública,
alcantarillado,
energía eléctrica,
gas domiciliario
Santa Rosa
Catavi
607 5 121.4 Colcapirhua /
D B
OTB Agua de pozo,
energía eléctrica y
Alcantarillado
La Pradera 877 17 51.6 Colcapirhua /
D C
OTB Agua por cisterna y
energía eléctrica
Fuente: Elaboración propia.
Según el cuadro, todos los barrios estudiados son
otb
, razón por la cual
acceden a recursos del erario público distribuidos a través de programas
operativos anuales. Sin embargo, sólo seis de los 17 barrios acceden a
servicios de agua a través de operador público; de los 11 restantes, cuatro
dependen de camiones cisterna y el resto depende de pozos propios alrede-
dor de operadores vecinales de agua. Todos los barrios cuentan con energía
eléctrica, mientras que sólo siete cuentan con sistemas de saneamiento. El
resto acude a cámaras sépticas o pozos ciegos y otros.
Respecto a los equipamientos, tres barrios no cuentan con ningún esta-
blecimiento de servicio colectivo y la mayoría accede a campos deportivos
de diferente envergadura, nanciados con recursos del sector público, al
igual que mercados, centros de salud o establecimientos educativos. Las
plazas o parques barriales, sedes e infraestructura de espacio público, son
normalmente resultados de procesos autogestionados.
89Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
En cuanto a problemas más allá de la pandemia, resaltan la ausencia de
servicios básicos, falta de áreas verdes, congestionamiento vehicular, malas
condiciones del transporte público, espacios públicos decientes y ausencia
de seguridad principalmente en la periferia. Los problemas relacionados
con los servicios básicos no son relevantes, dada la capacidad para salvar
estos servicios a través de lógicas autogestionarias que se ha expuesto.
La respuesta autogestionada al Covid-19
Las restricciones causadas por la pandemia de Covid-19 modificaron
temporalmente los patrones de uso y ocupación del espacio, así como el
comportamiento social, relacionados con maneras de sociabilidad y de
organización. Las más destacadas de la sociabilidad fueron la generación
o el reforzamiento de dispositivos de apoyo mutuo en barrios de pequeña
y mediana escala.
A continuación, se describe la situación de los 17 barrios durante el
connamiento, así como se revisan las acciones de respuesta social y
apoyo mutuo.
Según los estudios realizados y su enfoque cronológico, en la primera
etapa de la pandemia, los problemas principales eran los servicios básicos
y la sostenibilidad económicas. Estos se desenvolvieron de la siguiente
manera:
En marzo, luego de la declaratoria de connamiento general, la pre-
ocupación de la población de los barrios fue el abastecimiento de
alimentos y agua, más que los contagios de Covid-19, dado su redu-
cido nivel.
En abril, las necesidades de conexiones a Internet y servicios de sa-
lud se hicieron más evidentes, pero la preocupación principal de las
familias fue la imposibilidad de realizar actividades económicas.
En mayo, los casos de Covid-19 aumentaron, se saturaron los cen-
tros de salud y la población exigió mayores medidas de seguridad.
Esto supuso la necesidad de más agua, situación que puso en conic-
to a una serie de organizaciones vecinales y al Estado. Comenzaron
actividades económicas en el interior de los barrios.
90 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
En junio, los casos de Covid-19 llegaron al cenit y junto con la basu-
ra fueron la preocupación principal de vecinos, lo que se sumó a las
reducidas conexiones de Internet que impedían muchas actividades.
Algunas empresas privadas y organizaciones no gubernamentales
entregaron alimentos, artículos de bioseguridad, materiales para fu-
migado y otros.
En julio se mantuvo la necesidad de servicios de Internet y agua,
así como hubo preocupación por los casos de Covid-19 y los consi-
guientes fallecimientos. Las opciones de medicina tradicional o uso
de dióxido de cloro fueron constantes. Se consolidaron iniciativas
económicas en los barrios.
Como se ve, sobresalen los problemas relacionados con el servicio básico
de agua y la necesidad de actividades económicas de sostenibilidad. El
problema del agua fue resultado de la mayor demanda relacionada con el
lavado frecuente de manos y el “Quédate en casa”, que afectó principalmen-
te a barrios que dependen de camiones cisterna. El barril de agua aumentó
de precio y la frecuencia del servicio se redujo. Los barrios atendidos por
el operador público Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado
(Semapa), ubicados en áreas centrales y más consolidadas, aumentaron
su consumo, situación que devino en fallas técnicas del operador y mayores
costos. Los barrios con operadores locales a través de pozos en algunos
casos debieron reducir sus horas de servicio por la demanda, mientras que
en otros casos se redujeron los costos de la prestación, en solidaridad con
la precaria situación socioeconómica. Junto con el agua, los servicios de
Internet fueron de demanda constante y no lograron mejorar su situación
en el plazo del estudio, mientras que un problema importante fue el cie-
rre del relleno sanitario como medida de presión de barrios contiguos al
botadero contra autoridades municipales. Esta medida impactó más a los
barrios centrales del municipio capital, por la acumulación de desechos en
las esquinas de las calles.
En cuanto a la crisis económica, la reducción del ingreso para las fa-
milias fue un hecho casi generalizado. Tomando en cuenta que el nivel de
población autoempleada en Bolivia alcanza 84.9% (
oit
, 2020), la pande-
mia y el connamiento impidieron el desarrollo de actividades laborales.
Una encuesta del Centro de Investigaciones de Arquitectura y Urbanismo
91Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
(
ciau,
2020), realizada al nalizar la primera ola, conrmó que la población
autoempleada fue la más afectada por el connamiento y que 34% se vio
obligada a desarrollar estrategias económicas vinculadas con las prácticas
de apoyo mutuo, como veremos más adelante.
Otros problemas en esta etapa fueron el alto grado de incumplimiento
del connamiento y, en algunos casos, la negación de la existencia del
virus, pues se armaba que la situación era invención “de la derecha” que
ese momento gobernaba el país. Por ejemplo, en el barrio Canal Pata de
Sacaba la población declaró “la no existencia de la enfermedad” y optó por
la promoción de esta noción en otros barrios. Recuérdese que en octubre de
2019, un conicto político postelectoral nacional determinó la imposición
de un gobierno de transición con una línea diferente al gobierno de Evo
Morales, hecho que devino en un problema de gobernabilidad importante.
Más allá de ese hecho, es importante indicar que el reducido apoyo de
los gobiernos municipales fue más notorio en los barrios centrales, mien-
tras que los barrios periféricos recibieron algún apoyo del gobierno central
principalmente.
Las prácticas de apoyo mutuo
Ante la reducida capacidad del Estado para responder a las necesidades
de la población, así como la evidencia de las amplias capacidades de los
barrios para la autogestión, el apoyo mutuo y la colaboración entre vecinos
fueron la principal estrategia para enfrentar la pandemia de Covid-19. El
cuadro 2 expone, según el mes, las principales prácticas identificadas por
la investigación; posteriormente se describen en forma cronológica.
Cuadro 2
Evolución de las prácticas principales de apoyo mutuo
en barrios de Cochabamba
Marzo
Abastecimiento de alimentos
Constitución de mercados móviles
Colecta de alimentos para ancianos
Definición de áreas de servicio de tienda
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Abril
Pago compartido de servicios de Internet
Donación de ropa, mascarillas, insumos bioseguros
Venta organizada de insumos diferenciados
Brigadas juveniles de atención a ancianos
Acuerdos colectivos con productores agrícolas
Cierre coordinado de barrios
Mayo
Organización de ollas comunes
Reducción de costos de servicios de agua
Ayuda a animales en barrios
Reparto de alimentos a personas con discapacidad
Brigadas juveniles de delivery
Junio
Centros de aislamiento barriales
Instalación de antenas para Internet
Fumigación de calles y espacio público
Promoción de huertos urbanos
Compra colectiva de medicamentos
Contratación de servicios médicos colectivos
Conformación de grupos de delivery
Julio
Control colectivo de restricciones
Apoyo educativo colectivo
Establecimiento de comisiones médicas
Brigadas de salud comunitaria
Fuente: Elaboración propia.
En marzo, la población de los barrios se organizó para el abasteci-
miento conjunto e individual de alimentos, agua y artículos de bio-
seguridad. Para este n, algunos dirigentes y vecinos gestionaron la
constitución de mercados móviles y/o contactaron con productores
del área rural para acceder directamente a productos agrícolas. De
igual forma, aunque con poco éxito por el difícil acceso, algunas di-
rigencias intentaron la compra masiva de artículos de bioseguridad.
Resalta también en este mes la colecta de alimentos para ancianos
del barrio San Pedro, ante el desabastecimiento. Sobresale también
el barrio Villa Barrientos, que reorganizó su espacio urbano en sec-
tores de circulación alrededor de las tiendas vecinales. Es decir, cada
tienda podía vender sólo a habitantes a dos cuadras a la redonda, de
forma que se redujeran los contactos físicos.
En abril, ante la consolidación del connamiento rígido y la moda-
lidad de clases educativas virtuales, se corroboró que los vecinos
se organizaron para compartir pago y servicios de Internet, dada la
altísima demanda de nuevas conexiones y la lentitud de respuesta.
También se comprobaron acciones dirigidas de donación de ropa,
93Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
mascarillas, insumos de limpieza y desinfección. Algunos vecinos
con mayor capacidad económica pusieron insumos a disposición pú-
blica. Las organizaciones, en coordinación con vecinos especícos,
generaron espacios de venta de productos diferenciados en sus juris-
dicciones.
Respecto a las prácticas concretas en barrios, este mes fue relevan-
te la conformación de brigadas juveniles para el abastecimiento de
víveres a adultos mayores en el barrio Villa Montenegro, así como
la oferta de vituallas a través de grupos de WhatsApp especialmente
creados para este n. Sobresale el barrio Canal Pata, cuya organi-
zación vecinal logró un vínculo directo con productores agrícolas
para asegurar su abastecimiento. En el barrio Minero San Juan, la
organización no gubernamental Proyecto Horizonte repartió víveres,
mientras que grupos de vecinos se organizaron para ayudar a ancia-
nos con la dotación de alimentos. En el barrio Colcapirhua Sud se
cerraron sus calles para evitar recorridos y el ingreso de personas ex-
trañas. En el barrio San Pedro, una vecina fue desalojada por deudas
de alquiler y muchos vecinos reaccionaron cobijándola.
En mayo se hizo clara la crisis económica, razón por la cual se orga-
nizaron ollas comunes, distribución de alimentos y centros de acopio
vecinales. Se redujeron los costos de algunos servicios vecinales;
por ejemplo, en Colcapirhua Sud se redujo la cuota mensual del ser-
vicio de agua, se eliminaron las multas y otros pagos. Resaltó la
ayuda organizada a animales en algunos barrios, los cuales habían
sido abandonados. Destacó la organización de grupos de reparto de
alimentos a familias con miembros discapacitados en el barrio Mi-
nero San Juan. En el barrio Canal Pata, la organización dirigencial
logró acceder a frutas de la zona amazónica y la misma fue repartida
a vecinos, con énfasis en ancianos. En el barrio Colcapirhua Sud se
organizaron brigadas juveniles de delivery internas, bajo la consigna
“Todos nos ayudamos”. En el barrio Santa Rosa Catavi se realizó un
censo general con el objetivo de conocer el estado de la situación y
lograr apoyo sin distinción. En el barrio San Pedro sobresalieron las
acciones colectivas en favor de los animales de la jurisdicción.
En junio fue clara la saturación de los centros de salud con casos de
Covid-19, por lo cual muchos barrios decidieron crear sus propios
94 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
centros de aislamiento a través de la adecuación de sus sedes vecina-
les. Para este n, los jóvenes se organizaron para el cuidado y el se-
guimiento de los aislados. Destaca el barrio Canal Pata, cuyo centro
de aislamiento fue asistido con la dotación de medicinas, remedios
caseros, cuidados y otras acciones. Resalta también en este barrio la
instalación de antenas Wi-Fi para servicio de Internet colectivo. El
alza de casos indicado implicó, en barrios como Villa Pagador, la
clausura de campos deportivos (muchos jóvenes continuaban usán-
dolos), así como la fumigación de calles y espacios públicos, entre
otros. En el barrio Minero San Juan sobresalió la promoción de huer-
tos urbanos para garantizar el acceso a productos básicos. En Villa
Barrientos se organizaron comisiones para la búsqueda y compra
de medicamentos, dada la escasez. Aunque sin éxito, en el barrio
Colcapirhua Sud se organizó una comisión y se aportaron recursos
para comprar tres respiradores articiales que serían utilizados por
los vecinos; sin embargo, no se logró el cometido, dada la escasez de
estos equipos. En el barrio San Pedro se logró contratar servicios de
médicos que diagnosticaran a todos los vecinos. Respecto a activi-
dades económicas, sobresalieron los servicios de delivery vecinales,
que constituyeron pequeñas empresas que en numerosos casos se
extendieron más allá de las jurisdicciones y resultaron una opción
para conseguir ingresos económicos.
En julio continuaron las actividades anteriores, pero resaltaron di-
versas acciones de control de restricciones, oraciones comunitarias y
organización de dispositivos de cuidados de salud y grupos de seguri-
dad con diferentes mecanismos, dado el aumento de la delincuencia.
En otros temas, sobresalieron el barrio Minero San Juan, que logró
apoyo educativo para niños y niñas a través de una organización no
gubernamental. En el barrio Colcapirhua Sud se estableció una comi-
sión médica para ayudar a posibles casos. En el barrio Villa Pagador
se organizaron listas de donadores de plasma hiperinmune para los
vecinos y se organizaron brigadas móviles de salud comunitaria diri-
gidas a capacitar a los vecinos en asistencia médica (imagen 2).
95Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
Imagen 2
Cartel de convocatoria a reunión virtual para conformación de brigadas
Fuente: página de Facebook del barrio Villa Sebastian Pagador, 2020.
96 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
Finalmente, un análisis diferenciado entre barrios centrales y de periferia
dejó ver que en los centros las organizaciones vecinales tuvieron como
principales actividades la contribución de alimentos, la organización de
comisiones para la identificación de familias necesitadas, para conseguir
alimentos, para gestionar los mercados móviles y para controlar que la ba-
sura se quedara en casa. La oferta de productos fue organizada en esquinas,
pequeños gimnasios y tiendas. En algunos casos se definieron acuerdos de
compra exclusiva en algunas tiendas de barrio, asegurando la sostenibilidad
de la oferta.
En los barrios de periferia resaltaron las medidas para limitar la propa-
gación del Covid-19 y la organización de comisiones para la prevención e
identicación de donantes de plasma hiperinmune, así como la constitución de
centros de aislamiento, la conformación de comisiones para la recepción
de la canasta familiar y para la alerta por temas de seguridad. Respecto a
la oferta de productos dirigidos a la sostenibilidad económica, resaltaron la
venta de alimentos y las iniciativas juveniles de entrega de productos o
delivery, que hasta la fecha se han mantenido y consolidado.
C
Se ha observado una similitud en los problemas experimentados en cada
barrio (debido al carácter global-nacional de las condicionantes de la
pandemia): primero la generación de recursos, luego los servicios (agua,
Internet, posteriormente basura) y manejo de la pandemia (salud preventi-
va y curativa, que a la vez presionó el sistema de agua). El clima político
vivido en Bolivia en ese entonces, compuesto de una muy baja legitimidad
del gobierno nacional y la movilización circunstancial de intereses muy lo-
calizados, como los descritos en los barrios contiguos al relleno sanitario de
la ciudad capital, acrecentó la crisis. Todo ello es evidencia de la presencia
y la actuación muy limitadas del Estado boliviano, tanto de su presen-
cia histórica como de su capacidad coyuntural. Incluso se hizo evidente la
desconfianza en los mecanismos asociados con la gestión pública, pues se
cuestionó a algunas dirigencias vecinales consideradas como parte de la
institucionalidad oficial.
Un posible detonante de la acción barrial fue el impacto del conna-
miento en un universo laboral informal y precario, pues el mismo obligó
97Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
a mucha gente a buscar oportunidades alternas de ingresos restringidas al
barrio o zona (delivery, traslado, venta o servicios). Las diferencias en el
nivel y la necesidad de involucramiento directo entre centro y periferia son
evidentes: mientras los primeros tienen en algunos casos la posibilidad de
contratar un determinado servicio (por ejemplo, fumigación), los otros lo
hacen por cuenta propia o con apoyo de organizaciones no gubernamen-
tales, acaso por una mayor tradición organizativa o a causa de la mayor
desatención del Estado.
Las prácticas de apoyo mutuo no se activaron de forma inmediata, aun-
que hubo un importante despliegue de formas de cooperación y solidaridad
en su proceso; por ejemplo: esfuerzos conjuntos para aprovisionarse de
víveres, o acceder a servicios médicos o Internet, por un lado, y por otro
la dotación de alimentos a quienes se hallaron en mayor vulnerabilidad
como resultado del connamiento. Esto revela que las acciones no siem-
pre estuvieron dirigidas a la satisfacción de necesidades propias a través
de la asociatividad, sino que se practicó la solidaridad sin expectativa de
recompensa. La movilización de grupos de jóvenes merece atención, pues
denota la conciencia de una condición individual que posibilita la acción
(la juventud conlleva energía y vigor) frente a la desprotección de un otro
(ancianos o personas con discapacidad). También sobresale la capacidad de
desplegar acciones colectivas para responder a necesidades que surgieron
de forma posterior a un primer momento de organización, pues corrobora la
noción de que el capital social se incrementa en tanto más es usado (Prieto
y Fabelo, 2009; Stone, 2001).
Sobresalen iniciativas que revelan una comprensión especíca de ciertos
temas, como la asignación de tiendas de barrio para el abastecimiento a
determinadas personas en función de su lugar de residencia, lo que cons-
tituye una estrategia de prevención muy coherente con el conocimiento
sobre las formas de transmisión del virus combinada con un fuerte sentido
de gobierno territorial y toma de decisiones sobre el uso del espacio. Estas
lógicas de “gobierno del espacio” están presentes también en la apropia-
ción del espacio público o infraestructura barrial para nes colectivos, a
través de ollas comunes, lugares de acopio y venta de víveres y donaciones
o centros de aislamiento; asimismo, se evidencian en prácticas de exclusión,
como la prohibición de circulación a personas ajenas al vecindario o del
uso de campos deportivos.
98 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. especial (enero, 2023): 71-101.
La dimensión espacial también se expresa en otra escala, y es que la
naturaleza de las acciones colectivas ha sido inuida por la ubicación del
barrio, que a su vez es un indicador de presencia de la regulación estatal:
en los barrios centrales la mayor relación con el gobierno municipal y el
control policial sobre la circulación y la presencia en el espacio público
permitieron concentrar los esfuerzos en algunas necesidades, mientras que
en la periferia ha sido necesario el esfuerzo comunitario para el control
del espacio público, y así tratar de reducir comportamientos de contagio
o reducir la inseguridad, sin negar que el gobierno nacional se acercó más
a estas zonas.
El carácter autogestionario de los servicios posibilitó la toma de me-
didas solidarias de forma orgánica y autónoma, pues la decisión sobre las
tarifas del agua, por ejemplo, dependió únicamente de los mismos vecinos
con derecho a voto en la institucionalidad de los servicios, no del Estado.
Lo documentado en el presente trabajo de ninguna manera romantiza la
autogestión y las lógicas de apoyo mutuo, pero sí evidencia la debilidad o
el poco interés del Estado en cumplir con sus nes. En cuando a las lógicas
comunitarias, se pone de maniesto su presencia y la manera en que son
estimuladas ante situaciones de crisis, lo que implica la activación también
de sus atributos positivos (por ejemplo, solidaridad y conciencia de grupo)
y negativos (por ejemplo, fragmentación socioespacial y clientelismo). Esto
no indica una validación o un rechazo de la organización social de base,
sino que muestra su carácter dinámico y su potencia, lo que se deriva de
una tradición organizativa fuerte dada por la ausencia del Estado no como
regulador, sino como un actor casi desconectado de los procesos de pro-
ducción y ocupación del espacio y de lo común.
B
Alemán, Luis (2009). “Empresarios al volante. La producción del transporte público
en la ciudad de La Paz-Bolivia: el caso del grupo ʽHito 45ʼ del sindicato mixto de
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Juan E. Cabrera
Doctor en Urbanismo por la Universidad de Liege, Bélgica. Director del Cen-
tro de Investigaciones en Arquitectura y Urbanismo, Universidad Privada
Boliviana. Temas de especialización: suelo, coproducción de servicios de
agua, paratránsito, sistemas de planificación, informalidad urbana. :
0000-0003-1471-7427.
Marcelo A. Pérez-Mercado
Arquitecto urbanista maestrante por la Universidad Mayor de San Simón.
Centro de Investigaciones en Arquitectura y Urbanismo, Universidad Privada
Boliviana. Temas de especialización: coproducción del agua, economía y
gestión del suelo urbano. : 0000-0002-8681-9855.
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Los textos de Viralizar la Esperanza ponen en evidencia por un lado la necesidad de superar el sistema capitalista neoliberal que se ha construido y fortalecido gracias a la difusión de una cultura individualista, basada en la sospecha, en el miedo hacia los diversos, en la culpa siempre direccionada hacia otros individuos, en el deprecio a la vida humana y no humana, en la felicidad medida en bienes de consumo y visibilidad social, etc. Por otro lado, evidencia el potencial de construcción colectivo necesario no solo para superar esta pandemia, sino también las demás crisis que a la par estamos enfrentado, como la crisis climática y socioambiental. A pesar de décadas de cultura neoliberal, los actores que protagonizan estos textos quieren testimoniar que, no obstante, la destrucción de los tejidos urbanos todavía es posible construir un mundo donde la compasión, la solidaridad y apoyo mutuo, el respeto, sean hacia todos los seres vivientes humanos y no humanos, y donde la culpa, la rabia, la indignación sean dirigidos hacia quienes priorizan la riqueza y el crecimiento económico antes que la vida de los otros. Viralizar la esperanza no solo es posible, más bien, es necesario.
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La siguiente investigación es el resultado de un estudio sobre la gestión del agua en el municipio de Cochabamba (Bolivia), a 19 años de la Guerra del Agua. En concreto, se analiza si tal movimiento social sirvió para reavivar la idea de gestionar el agua bajo los principios de bien común, a la vez que se expone cómo ha ido evolucionando esta gestión y cuáles son los retos actuales. Los resultados apuntan a un resurgimiento de la idea de agua gestionada como bien común durante la Guerra del Agua, la cual se va perdiendo con el tiempo hasta llegar a desaparecer por completo en el momento actual. En gran medida, la razón por la que se diluye resulta de una pérdida de influencia por parte de los movimientos sociales y sociedad civil frente a los órganos de toma de decisión formales.
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Resumen: Durante las últimas décadas, la capacidad reciprocadora de los seres humanos ha despertado el interés de politólogos, sociólogos y economistas por sus efectos positivos en el desarrollo de los diferentes ámbitos de actividad humana. Se trata de un comportamiento que permite la emergencia de diversas formas de cooperación entre dos o más personas para la satisfacción de objetivos compartidos y altamente beneficiosos para todas las partes en relación. Sin embargo, tal y como muestran diversos estudios, tras la emergencia y potenciación de la reciprocidad subyace una dimensión ética y emocional. En este sentido, el objetivo de este estudio es proponer una posible reconstrucción de las condiciones de posibilidad de la reciprocidad. Palabras clave: ética, reciprocidad, cooperación, comunicación, afectos. Ethics of reciprocity: the communicative and affective dimension of human cooperation During the last decades, the reciprocating capacity of human beings has aroused the interest of political scientists, sociologists and economists for their positive effects on the development of different areas of human activity. It is a behavior that allows the emergence of various forms of cooperation between two or more people for the satisfaction of shared objectives and highly beneficial for all parties in relation. However, as several studies show, an ethical and emotional dimension underlies the emergence and enhancement of reciprocity. In this sense, the objective of this study is to propose a possible reconstruction of the conditions of possibility of reciprocity.
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Given the limited capacity of the public sector in Bolivia to provide basic services and infrastructure, within the metropolitan area of Cochabamba, multiple neighborhood organizations have developed practices and strategies aimed at self-management of different services, including water supply for human consumption. Strategies around self-management of the water service are developed by a series of small-scale local operators, small neighborhood organizations whose main purpose is to guarantee access to water services through the administration of local water systems and networks. Their actions allow equitable and permanent access to water, however, these strategies evolve in urban fragmentation where strong processes of social dislocation, loss of solidarity between neighbors and the division of the city into hundreds of fragments take place. ..... Ante la limitada capacidad del sector público en Bolivia para dotar de servicios básicos e infraestructuras al interior del área metropolitana de Cochabamba, decenas de organizaciones vecinales desarrollan prácticas y estrategias dirigidas a la autogestión de diferentes servicios, entre ellos el agua para consumo humano. Estas estrategias alrededor de la autogestión del servicio de agua son desarrolladas por una serie de operadores locales de pequeña escala, pequeñas organizaciones barriales cuyo fin principal es garantizar el acceso a servicios de agua mediante la administración de pequeños sistemas y redes de servicio de agua. Su acción permite el equitativo y permanente acceso al recurso; sin embargo, sus estrategias devienen en escenarios de fragmentación urbana donde cunden fuertes procesos de dislocación social, con pérdida de solidaridad entre vecinos y la división de la ciudad en centenares de fragmentos.
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El presente artículo es una reflexión teórica en torno a la capacidad mostrada por diversos colectivos y comunidades para emprender en conjunto actividades de carácter solidario y colaborativo, desmintiendo aquellas visiones que pretenden imponer la idea de que la naturaleza de las personas es intrínsecamente egoísta y racional, otorgando primacía al autointerés por sobre las otras acciones de tipo cooperativo. Haciendo un breve examen de dichas teorías, el estudio aborda seguidamente aquellas corrientes que enfatizan el perfil fraternal, colaborativo y altruista de la humanidad, a pesar de todas las presiones y contradicciones a las que estamos expuestos en la vida cotidiana.
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Resumen El propósito de este articulo de investigación, es analizar el Liderazgo y Capital Social, y como las redes se convierten en herramientas para el Desarrollo sos-tenible. En este orden de ideas, se presenta el liderazgo social como el proceso de construcción de un país, la búsqueda del diálogo como forma participativa de la sociedad, la promoción de la necesidad de una visión de largo y mediano plazo, Por su parte, en el paradigma del capital social para la construcción del desarrollo sostenible, el liderazgo se convierte en un asunto de florecimiento de habilidades y destrezas adquiridas en un proceso de aprendizaje social. La metodología utili-zada en el presente articulo estuvo enfocada en una revisión bibliográfica, sopor-tada por los enfoques de la cual permitió concluir que se requieren meca-nismos presentes en el liderazgo social que propicien aún mas la participación co-52 Recibido: Septiembre 2008 •
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In cities with water sectors characterised by high degrees of informality, implementing the human right to water poses certain practical and political challenges. Drawing on research undertaken between 2009 and 2014, this paper reflects on how the Bolivian government has sought to develop more inclusive water governance arrangements that incorporate informal urban water providers, in an attempt to universalise access and realise the right to water. This paper considers how reforms have been contested by community water providers in low-income peri-urban settlements in Cochabamba. Informal community water providers could become significant actors in service provision for low-income settlements, with sufficient technical support and political recognition. However, they cannot replace the state as guarantor of the right, particularly for the poorest households and communities.
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Spatial governance and planning systems empower the public authority to steer and control spatial development. Whereas most comparative studies on how this occurs focus on the European continent, less knowledge is available on the global South incre-mental urbanisation. The cases of three Latin American countries-Bolivia, Ecuador, Peru-are here discussed, highlighting the role played by the logic of necessity (and the resulting necessity-market) as the main driver of plot-by-plot urbanisation. The analysis shows that, in the three countries, spatial governance and planning systems are scarcely capable to address societal needs ex-ante and limit their activity to ex-post regularisation actions.
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El autor subraya la importancia que tienen los aspectos institucionales y de gestión en la formulación y definición de las estrategias de desarrollo urbano a cargo de los municipios, destacando que por sus imbricaciones con las variables políticas y sociales, la calidad de gestión casi siempre es la clave para determinar el éxito o el fracaso de un Plan de Desarrollo.
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The governance of natural resources used by many individuals in common is an issue of increasing concern to policy analysts. Both state control and privatization of resources have been advocated, but neither the state nor the market have been uniformly successful in solving common pool resource problems. After critiquing the foundations of policy analysis as applied to natural resources, Elinor Ostrom here provides a unique body of empirical data to explore conditions under which common pool resource problems have been satisfactorily or unsatisfactorily solved. Dr Ostrom uses institutional analysis to explore different ways - both successful and unsuccessful - of governing the commons. In contrast to the proposition of the 'tragedy of the commons' argument, common pool problems sometimes are solved by voluntary organizations rather than by a coercive state. Among the cases considered are communal tenure in meadows and forests, irrigation communities and other water rights, and fisheries.