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Reseña Corporalidad, temporalidad, afectividad: perspectivas filosófico-antropológicas

Authors:
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Corporalidad,
Temporalidad,
Afectividad:
perspectivas filosofico-
antropologicas
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ROCÍO RIESTRA CAMACHO
BOOK REVIEWS
Universidad de Oviedo
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n medio de los aún candentes debates sobre la
dualidad mente-cuerpo, actualmente recobra-
dos por corrientes como el Nuevo Materialismo
(Dolphijn y van der Tuin, 2012), Corporalidad,
Afectividad, Temporalidad: perspectivas losó-
co-antropológicas, enmarca las corrientes losócas hoy
en concordia con la integración denitiva de las dos
esferas de la existencia humana clásicamente separadas.
Con una base en la antropología fenomenológica moder-
na, bien heideggeriana, bien interaccionista, el volumen
edita, a lo largo de 12 capítulos, las recientes visiones en
materia de corporeidad, así como de los nuevos estudios
llamados “del afecto” y de temporalidad, hacia donde
parece haber virado últimamente la academia, aleján-
dose de las ya más asentadas investigaciones sobre el es-
pacio.De hecho, el cuerpo no es considerado por nadie
aquí “un espacio” que meramente habitamos. Siguien-
do, en cambio, la psicología evolucionista y las ciencias
cognitivas actuales, que hilan perfectamente estas tres
áreas disciplinarias, somos en la medida que estamos
mediados por la experiencia humana de nuestro propio
cuerpo y sus emociones en un tiempo también humano.
Tras una introducción a cargo de los editores que brilla
por su capacidad de pincelar la coherencia interna del
volumen, Javier San Martín consigue poner el dedo en
la llaga sobre la relación entre fenomenología y ciencias
cognitivas, por cierto, ausente en la literatura de España,
ya en el primer capítulo. Incorporando la distinción or-
teguiana entre vida biográca, psicológica y biológica a
las propias teorizaciones de Husserl, San Martín postu-
la que también es necesario que la neurología parta
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poral y lo humano es abordada justo después por José
Ángel García Landa. En “George Herbert Mead y la
complejidad del tiempo humano”, Landa plantea dimen-
siones del tiempo propiamente humanas que de hecho
denen la experiencia de la especie. Desenmarañando
la consiliencia disciplinaria de Mead, el autor recoge
cómo lo que los humanos hacemos, o nuestros proyec-
tos, en consagración de nuestra identidad personal, es
interpretable desde el interaccionismo simbólico como
dimensiones no atemporales que son interpersonales
y retrotraíbles siempre a un entorno presente, pues “si
existen pasado y futuro es dentro del presente y en rel-
ación a nes interaccionales y comunicativos” (157). In-
cluso la historia integra lo que inscribe en un presente,
lo que de hecho demuestra un sistema cognitivo muy
diferente al del animal, incapaz de concebir pensami-
ento simbólico, lenguaje o instituciones constituyentes
de un orden social que, por otra parte, nosotros mismos
creamos y esperamos. Mediando la temática de los dos
anteriores, “La subjetividad en la temporalidad nómada
de Rosi Braidotti” es el capítulo elaborado por Arán-
zazu Hernández Piñero a partir de un recorrido por la
obra de la poshumanista y su gradual cesión a elaborar
el nomadismo identitario desde las coordenadas local-
izadas —siguiendo a la feminista Adrianne Rich— de
lo temporal, y no ya de lo espacial. Pensarnos en poten-
cialidades múltiples y sincrónicas, e incluso recordarnos
así por la memoria, suscita una interesante conceptu-
alización de la subjetividad que, coincide Piñero, “nos
exige tanto rigor conceptual como creatividad” (190). A
la memoria y su potencialidad hermenéutica intersubje-
tiva para empatizar con el otro, incluso un otro mediado
por la narrativa, dedica Beatriz Penas Ibáñez el siguiente
capítulo, tomando como referencia las obras ccionales
y autobiográcas de Salman Rushdie, e Last Moor’s
Sigh (1995) y Joseph Anton: A Memoir (2012). Para ello,
Penas Ibáñez reúne la tradición hermenéutica con la
más actual teoría literaria cognitiva y su tratamiento de
la empatía en sus diferentes niveles entre autor(es)-nar-
rador implicado y audiencia.
Los cuatro últimos capítulos se enmarcan en los re-
cientes estudios sobre la afectividad, cerrando así las tres
disciplinas que el volumen cubre. Falta quizás profundi-
dad en delimitar que la tendencia a la que se adscriben
tanto el capítulo de Elvira Burgos, “Amurallar Afectos”,
centrado en una revisión de la vulnerabilidad constru-
ida desde la feminización y siguiendo la obra de Judith
Butler y Wendy Brown, así como en el de Gemma del
Olmo Campillo, titulado, “Afectividad y diferencia”,
por su parte centrado en la política identitaria de la dif-
erencia de Audre Lorde, es a la más discursiva de au-
toras como Sara Ahmed (2002) frente a la cognitivista
de otros como Brian Massumi (2015). Probablemente
adquiriría mayor coherencia temática con el resto del
volumen si se hubiesen pincelado algunas teorizaciones
también desde esta segunda perspectiva. Sí que se inscri-
ben los dos restantes, elaborados respectivamente por
Pedro Luis Blasco y Juan Velázquez, “Amor y perfección
humana. El conocimiento interpersonal” y “Fenome-
nología del amor y afectividad”, en la tradición de la
de una descripción rigurosa de la vida, aunque sea
la psicológica. El hecho de que la conciencia, como su
objeto de estudio, “acontezca” en el cerebro, no supone
olvidar que ésta es un nivel fenoménico simplemente
con un modo de darse diferente al que pueden tener los
sentidos. Como San Martín, Rodríguez Valls en “Afec-
tividad e intencionalidad del cuerpo” toma también los
niveles fenoménicos de la experiencia, esta vez el de las
emociones, como parte de una naturaleza integradora
y en ocasiones integrante de lo exclusivamente huma-
no, como la cultura, sin anular un ápice de la base -
siológica y evolutiva de las mismas. Valls subraya aquí
que la fenomenología ha contribuido a evitar caer en el
reduccionismo del constructivismo cultural o del mate-
rialismo radicales en esta compleja teorización sobre las
emociones humanas, poniendo de maniesto cómo és-
tas operan a través de la intencionalidad del cuerpo. En
su apertura al medio, al que no se opone sino con el que
se interrelaciona continuamente, el cuerpo se anticipa al
mismo, en aras de cumplir proyectos vitales.
En el siguiente capítulo, “Corporalidad y existencia
en Heidegger”, Luisa Paz Rodríguez Suárez analiza los
Seminarios de Zollikon para investigar cómo el autor
alemán no solo aborda la corporalidad, sino que de
manera crucial proporciona en ellos las bases para una
antropología losóca postmetafísica. Ésta no está ya
anclada en una metafísica cartesiana de la substancia,
que superpone los planos óntico y ontológico de la ex-
istencia y escinde al ser humano en res extensa y res
cogitans. Al contrario, la existencia no es ni la psique
ni el cuerpo visible objeto de estudio de las ciencias
naturales; ambos son modos de ser. Así, la lectura de
Heidegger, concluye Rodríguez, suprime la dualidad
mente-cuerpo y la consideración de la corporalidad en
cuanto fenómeno óntico, pues ésta, destaca siguiendo
al fenomenólogo alemán, es uno ontológico que es en
cada caso de cada quien. “Ser cuerpo” es precisamente el
tema abordado brillantemente por Felipe Johnson en el
siguiente capítulo, donde desentraña, también a raíz de
una armación venida por los Seminarios de Zollikon,
cómo esto Heidegger ya lo anunciaba con sus lecturas
de los conceptos forma y materia aristotélicos. Johnson,
a través de una elaboración a través de lo corpóreo a
camino entre lo delimitado y lo delimitante de la exist-
encia, acota materia y forma al ámbito de lo vivo y lo
humano, de un sôma “comprendido en el horizonte de
la propia psyché humana” (122) que se autoproduce en
su apertura al mundo, incluido a través de lo público del
lenguaje (lógos).
También muestra esa apertura al mundo el cuerpo ves-
tido, al que, con el capítulo “El vestir o el cuerpo como
nómada” de Lazar Koprinarov, se entiende también
como autoproducido en un intermezzo de permanente
cambio, “de un lugar respecto a sí mismo” “a otro lugar
respecto a sí mismo” (128) a través de la temporalidad
fascinante de modas, consideraciones de clase social y
poder, de a dónde queremos llegar, sin llegar nunca a
asentarnos en un ahí, un entonces o en un nosotros dado,
como nómadas que somos. La complejidad de lo tem-
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antropología del conocimiento o la propia fenome-
nología, en ambos casos respecto a conceptualizaciones
existenciarias del amor en sus diferentes vertientes per-
fectivas, apareciendo así en mayor consonancia con el
resto de los temas tratados en el volumen. Así planteado,
Corporalidad, Temporalidad, Afectividad no deja indifer-
ente en las más recientes investigaciones a ninguna de
las “dos culturas” (Snow, 1959), humanidades y ciencias
puras.
Ahmed, S. 2002. e Cultural Politics of Emotion. Nueva York y Londres: Routledge.
Dolphjin, R. & I. van der Tuin. 2012. New Materialism: Interviews and Cartographies. Open Humanities Press:
University of Michigan Library.
Massumi, B. 2015. Politics of Aect. Cambridge: Polity Press.
Rushdie, S. 1995. e Last Moor’s Sigh. Nueva York: Vintage International.
—. 2012. Joseph Anton: A Memoir. Londres: Jonathan Cape.
Snow, C. P. 1959. e Two Cultures. Nueva York: Cambridge University Press.
OBRAS CITADAS
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Afectividad no deja indiferente en las más recientes investigaciones a ninguna de las "dos culturas
  • Corporalidad Planteado
planteado, Corporalidad, Temporalidad, Afectividad no deja indiferente en las más recientes investigaciones a ninguna de las "dos culturas" (Snow, 1959), humanidades y ciencias puras.
  • B Massumi
Massumi, B. 2015. Politics of Affect. Cambridge: Polity Press.
The Last Moor's Sigh. Nueva York: Vintage International
  • S Rushdie
Rushdie, S. 1995. The Last Moor's Sigh. Nueva York: Vintage International. -. 2012. Joseph Anton: A Memoir. Londres: Jonathan Cape.