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Una modesta proposición para clasificar las teorías de los argumentos

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Abstract

Propongo clasificar las teorías de los argumentos (o lógicas, en un cierto sentido) atendiendo a tres oposiciones: atomismo vs. holismo, generalismo vs. particularismo, e inferencismo vs. razonismo. Las dos primeras provienen de la teoría de las razones normativas y la tercera es de elaboración propia, aunque la necesidad de hacer alguna distinción similar ha sido defendida por varios autores. Finalmente, describiré el modelo holista, particularista y razonista de la dialéctica de los argumentos, contrastándolo con los modelos atomistas, generalistas e inferencistas predominantes.
D.R. 2022 © Aitías. Revista de Estudios Filosócos, Vol. 2, No. 3, enero-junio 2022,
es una publicación semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a
través del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías,
Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León,
México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533. https://aitias.uanl.mx Editor
Responsable: Dr. José Luis Cisneros Arellano. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo
04-2022-020214040400-102, ISSN 2683-3263, ambos ante el Instituto Nacional del
Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza, Biblioteca
Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia
Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última modicación
de 01 julio de 2022.
Rector / Dr. Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / Dr. José Javier Villarreal Álvarez-Tostado
Director de Historia y Humanidades / Lic. Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / Dr. César Morado Macías
Director de la Revista / Dr. José Luis Cisneros Arellano
Coordinadores del Dossier: “Los horizontes de la lógica y su losofía. La
diversicación de esquemas y tipos de argumentos en contextos de incertidumbre”
/ Dr. Jesús Jasso Méndez (UNAM / UACM), México, Dr. José Luis Cisneros
Arellano (UANL), Nuevo León.
Autores
Dr. Dmitry Zaitsev
Dr. Hubert Marraud
Dr. Franklin Galindo
Dr. Randy Alzate
Dr. Otávio Bueno
Dr. Raymundo Morado
Dr. Omer Buatu Batubenge
Dr. Juan Carlos Hernández Pineda
Dr. Luis César Santiesteban Baca
Editor Técnico / Mtro. Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Mtro. Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Lic. Enrique Alejandro González Cuevas
Revisión Bibliográca / Lic. Briseida Rodríguez Cerda
Se permite la reproducción total o parcial sin nes comerciales, citando la
fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad de
sus autores y no reejan, necesariamente, la opinión de Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo León. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México
Aitías
Revista de Estudios Filosócos
http://aitias.uanl.mx/
Una modesta proposición para clasicar las teorías de los
argumentos
A modest proposal for classifying theories of argument
Hubert Marraud
https://orcid.org/0000-0003-4039-1010
Universidad Autónoma de Madrid
Madrid, España
Editor: José Luis Cisneros Arellano Dr., Universidad Autónoma
de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey,
Nuevo León, México.
Copyright: © 2022. Marraud, Hubert. This is an open-access
article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.
DOI: https://doi.org/10.29105/aitias2.3-29
Recepción: 28-02-22
Fecha Aceptación: 14-06-22
Email: hubert.marraud@uam.es
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las teorías de los argumentos
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Una modesta proposición para clasicar las
teorías de los argumentos1
A modest proposal for classifying theories of
argument
“Nomina si nescis, perit et cognitio rerum”.
Carl Linnaeus, Philosophia Botanica (1751).
Resumen. Propongo clasicar las teorías de los argumentos
(o lógicas, en un cierto sentido) atendiendo a tres oposiciones:
atomismo vs. holismo, generalismo vs. particularismo, e
inferencismo vs. razonismo. Las dos primeras provienen de la
teoría de las razones normativas y la tercera es de elaboración
propia, aunque la necesidad de hacer alguna distinción similar
ha sido defendida por varios autores. Finalmente, describiré
el modelo holista, particularista y razonista de la dialéctica de
los argumentos, contrastándolo con los modelos atomistas,
generalistas e inferencistas predominantes.
Palabras clave: garantías, holismo, inferencias, modelo de
Toulmin, razones.
1 Esta investigación ha sido nanciada por FEDER/ Ministerio de Ciencia,
Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación, dentro del Proyecto
Prácticas argumentativas y pragmática de las razones (Parg_Praz), número de referencia
PGC2018-095941-B-I00.
DOSSIER
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Abstract. I propose to classify the theories of argument (or
logics, in a certain sense) according to three oppositions: atomism
vs. holism, generalism vs. particularism, and inferencism vs.
reasonism. The rst two come from the theory of normative
reasons and the third is of my own, although the need to make
some similar distinction has been defended by many authors.
Finally, I will describe a holistic, particularist and reasonist
model, contrasting it with the dominant atomist, generalist and
inferentialist models.
Keywords: holism, inferences, reasons, Toulmin model, warrants.
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Introducción
Voy a discutir y proponer algunos criterios para clasicar las teorías
de los argumentos. Esos criterios resultan de tres oposiciones:
− atomismo vs. holismo,
− generalismo vs. particularismo,
− inferencismo vs. razonismo.
Las dos primeras provienen de la teoría de las razones normativas,2
y la tercera es de elaboración propia, aunque la necesidad de hacer
alguna distinción similar ha sido defendida por autores como
Gilbert Harman o John Woods,3 si bien la variación terminológica
de unos autores a otros puede confundir.
El plan del artículo es el siguiente. Primero explicaré qué
entiendo por argumento y por teoría de los argumentos y después
iré exponiendo y explicando cada una de esas oposiciones,
reriéndolas a las teorías de los argumentos. Finalmente, esbozaré
un modelo holista, particularista y razonista de argumento, y
describiré sus diferencias con los modelos atomistas, generalistas
e inferencistas predominantes.
Aunque mis simpatías están con el holismo, el
particularismo y el razonismo, mi exposición será relativamente
neutral, puesto que mi propósito es esclarecer las distintas
opciones, sin debatir en profundidad las ventajas o inconvenientes
de cada alternativa.4
2 Vid. Jonathan Dancy, Ethics without Principles (Oxford: Clarendon Press,
2004), y Ralf Bader, “Conditions, Modiers and Holism,” en Weighing Reasons, eds.
Errol Lord y Barry Maguire (Oxford: Oxford University Press, 2016).
3 Gilbert Harman, “Internal Critique: A Logic is not a Theory of Reasoning
and a Theory of Reasoning is not a Logic,” en Handbook of the Logic of Argument
and Inference, eds. Dov M. Gabbay, R. H. Johnson, H. J. Ohlbach y John Woods
(Amsterdam: North Holland, 2002), y John Woods, “The fragility of argument,” en The
Psychology of Argument, eds. Fabio Paglieri, Laura Bonelli y Silvia Felletti (Londres:
College Publications, 2016).
4 Sobre las ventajas e inconvenientes de esas opciones vid. Hubert Marraud,
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Teoría de los argumentos
El objeto de la teoría de la argumentación son las prácticas
argumentativas; es decir, las prácticas en las que pedir, dar y
examinar razones es una parte fundamental. Según una denición
ampliamente aceptada, una razón es una consideración que
favorece una determinada posición. Argumentos y razones están
estrechamente ligados porque argumentar es presentar, para su
examen, algo a alguien como una razón para otra cosa.
Cuando existen concepciones enfrentadas de una
disciplina, como aquí sucede, es difícil dar deniciones neutrales
de las nociones centrales. La denición previa de argumentar es
razonista, por más que sea citada, de forma poco congruente,
por muchos autores inferencistas. Para evitar una toma de
partido prematura, se podría denir argumentar como aducir
consideraciones destinadas a apoyar una conclusión.5
La teoría de los argumentos es la parte de la teoría
de la argumentación que estudia los argumentos. Según
una caracterización bastante extendida, los argumentos son
productos de la acción o del proceso de argumentar. Aunque
esta caracterización puede resultar engañosa, ver la teoría de
los argumentos como una parte de la teoría de la argumentación
supone analizar los argumentos como componentes de esas
prácticas, o, por lo menos, hacerlo en el contexto de esas prácticas.
“La teoría de los argumentos es un componente de la teoría de la
argumentación, del mismo modo que el argumento es una parte
de la práctica de la argumentación”.6
La denición anterior de la teoría de los argumentos está
“Holismo y atomismo en teoría de los argumentos,” Diálogo losóco, no. 111 (2021):
401-418, y “Cuatro modelos de argumento,” Quadripartita Ratio 6, no. 11 (2021): 17-40.
5 Como hace Simon Blackburn en la entrada ‘Argument’ de The Oxford
Dictionary of Philosophy, 2a ed. (Oxford: Oxford University Press, 2005).
6 Ralph H. Johnson, Manifest Rationality. A Pragmatic Theory of Argument
(Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum, 2000), 31; (traducción propia).
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tomada casi literalmente de Ralph H. Johnson.7 Si la comparamos
con la descripción de la perspectiva lógica que hace Joseph Wenzel,
podemos concluir que la teoría de los argumentos coincide con la
teoría de la argumentación vista desde la perspectiva lógica.
La lógica trata de los argumentos como productos. Piense en un
argumento como en una mercancía: alguien la produce y se la
ofrece a otro. La persona a quien se la ofrece elige ‘comprarla’
o no. Del mismo modo que evaluamos los productos que
nos ofrecen en el mercado comercial, evaluamos también
los argumentos y las ofertas que nos ofrecen en el mercado
de las ideas. Aquí es donde entra en juego la lógica en el
campo de la argumentación, para ayudarnos a evaluar los
argumentos como construcciones intelectuales ofrecidas para
su aceptación. […] La pregunta última en cada caso particular
es: ¿debemos aceptar esta tesis por las razones aducidas para
sustentarla?8
Para responder a la pregunta lógica por excelencia de Wenzel es
necesario segmentar la argumentación, separando unas razones
de otras, y es entonces cuando aparecen las razones simples
“una razón simple es la mínima cantidad de información que por
misma conere alguna credibilidad a una posición”9―, y los
argumentos simples que son la mínima unidad autónoma de
argumentación, formada por una consideración y aquello para lo
que aparece como una razón.10
La armación de que los argumentos son los productos de
7 Johnson, Manifest Rationality, 30.
8 Joseph Wenzel, “Three Perspectives on Argument. Rhetoric, Dialectic,
Logic,” en Perspectives on Argumentation: Essays in Honor of Wayne Brockriede,
eds. Robert Trapp y Janice Schuetz (Nueva York: International Debate Education
Association, 2006), 16; (traducción propia).
9 J. Anthony Blair, Groundwork in the Theory of Argumentation (Dordrecht:
Springer, 2012), 148; (traducción propia).
10 Hubert Marraud, En buena lógica (Guadalajara: Editorial de la Universidad
de Guadalajara, 2020), 31.
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la argumentación se puede interpretar de dos maneras distintas.
Según la primera, quien presenta algo como una razón para otra
cosa, produce un argumento, de manera que los argumentos
son el resultado de un determinado tipo de movimiento en un
intercambio de razones. Según la segunda, el argumento es el
producto de todo el proceso de pedir, dar y examinar razones. Una
razón es una consideración aducida dentro de un intercambio, que
favorece, en ese contexto, una posición sobre la cuestión debatida.
Podemos extraer de ese entramado la consideración y la posición
que favorece, y el resultado de esa operación es un argumento en
el sentido lógico tradicional. Pero eso no debe hacernos olvidar
que la consideración en cuestión solo favorece esa posición en
el contexto del intercambio en el que es aducida. Si es así, los
argumentos resultan más bien del examen crítico conjunto de las
pretensiones de razonabilidad. Una diferencia signicativa es
que conforme a la primera interpretación es el proponente quien
produce el argumento como respuesta a una petición del oponente,
mientras que conforme a la segunda el argumento captura, como
una especie de instantánea, un momento en la interacción del
proponente y el oponente.
Atomismo vs holismo
Entenderé por propiedades lógicas aquellas propiedades de los
argumentos que son pertinentes para responder a la pregunta
de Wenzel y pueden describirse sin aludir ni a los efectos de
la consideración aducida sobre el auditorio ni a las reglas
convencionales de los intercambios argumentativos. Esto no
pretende ser una denición de las propiedades lógicas, sino tan
solo una aproximación que pueda servir como punto de partida
para la discusión. Entre otras, son propiedades lógicas las
siguientes:
• Un argumento es deductivamente válido si y solo si por la
disposición de sus partes es imposible que sus premisas
sean verdaderas y su conclusión falsa.
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• Un argumento es sólido si y solo si es deductivamente
válido y sus premisas son verdaderas.
• Un argumento es inductivamente fuerte si y solo si la
verdad de sus premisas hace improbable la falsedad de su
conclusión.
• Un argumento es compelente (cogent) si y solo si sus
premisas son aceptables, pertinentes para la conclusión y
le dan suciente apoyo.
• Un argumento correcto es el que resiste a las objeciones
y recusaciones.
• Un argumento válido es el que resiste a las recusaciones y
a las refutaciones.
• Un argumento concluyente es el que el que resiste a
cualquier posible contraargumento.
Las nociones de argumento correcto, argumento válido y
argumento concluyente remiten a la distinción de tres formas
básicas de contraargumentación.11
• Una objeción a un argumento A es un argumento B cuya
conclusión es incompatible con alguna de las premisas de A.
• Una recusación de un argumento A es un argumento B
cuya conclusión es incompatible con el condicional
asociado del argumento A. El condicional asociado del
argumento P1,…,Pn por tanto C es ‘si P1 y…y Pn entonces
C’, que interpreto como ‘P1 y…y Pn es una razón para C’.
• Un argumento B es una refutación de un argumento A si
los dos argumentos son tenidos por correctos, en el sentido
anterior, y B se considera tan o más fuerte que A.
Mientras que las objeciones y las recusaciones señalan defectos en
el argumento, y por tanto tienen que ver con la pregunta ‘¿Es ese un
11 Marraud, En buena lógica, 73-97, y “On the Logical Ways to Counter an
Argument: A Typology and Some Theoretical Consequences,” en From Argument
Schemes to Argumentative Relations in the Wild, eds. Frans H. van Eemeren y Bart
Garssen (Cham: Springer, 2020).
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buen argumento?’, las refutaciones comparan argumentos correctos,
y tienen que ver con la pregunta ‘¿Es ese el mejor argumento?’.
Para el atomismo las propiedades lógicas de un argumento
quedan completamente determinadas por las propiedades de sus
partes y las relaciones entre ellas (relaciones intraargumentativas),
mientras que para el holismo dependen también de elementos
contextuales que no forman parte del argumento. En este sentido,
se puede decir que para el atomismo las propiedades lógicas son
propiedades intrínsecas de los argumentos, mientras que para
el holismo son propiedades extrínsecas. Así, en principio y con
arreglo a las deniciones precedentes, ser deductivamente válido,
sólido o inductivamente fuerte son propiedades intrínsecas de
los argumentos, mientras que ser concluyente es una propiedad
extrínseca, ya que depende de la relación del argumento evaluado
con otros argumentos (relaciones interargumentativas).
Un ejemplo ayudará a entender lo que aquí está en juego.
Esteban José Paños, portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento
de Toledo, argumentaba en una entrevista el julio de 2018 que
la alcaldesa, Milagros Tolón, del Partido Socialista, tendría
que haber diseñado en el primer año de su mandato un plan
de renovación del Polígono industrial, porque lo prometió.12
Parece que la promesa de Milagros Tolón de diseñar un plan de
renovación del Polígono en su primer año de mandato solo apoya
la conclusión de que debería haberlo hecho si, entre otras cosas,
la promesa no fue hecha bajo coacción y, en las circunstancias del
año 2015, era factible hacerlo. Eso quiere decir para un atomista
que o bien son premisas implícitas en el argumento de Paños,
o bien no lo son y el argumento es deciente. Por su parte, un
holista puede mantener que no son premisas del argumento de
Paños, sino factores contextuales pertinentes para evaluarlo, sin
que eso lo invalide.
12 “Paños: «¿Dónde van los impuestos? ¿A aumentar el superávit?»,” La
Tribuna de Toledo, Julio 8, 2018, https://www.latribunadetoledo.es/Noticia/zcde7ad5c-
a843-6183-bd227813af417e84/201807/Panos-Donde-van-los-impuestos-A-aumentar-
el-superavit.
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La noción de parte de un argumento tiene que ver, ante
todo, con la identidad de los argumentos, puesto que parece
razonable asumir una especie de principio de extensionalidad,
conforme al cual A es el mismo argumento que B si y solo si A
y B tienen las mismas partes dispuestas del mismo modo. Este
principio expresa una intuición básica sobre las partes de un
argumento: las partes de un argumento son aquellos elementos
que lo diferencian de los demás argumentos. El atomismo vincula
además las partes de un argumento con su evaluación por medio
de otro principio:
Principio atomista. Toda la información contextual
pertinente para determinar si se puede sacar la conclusión
de las premisas de un argumento se reere a las propiedades
de sus partes.13
Como ya se ha dicho, el principio atomista convierte a las
propiedades lógicas de los argumentos en propiedades intrínsecas.
Otra consecuencia del principio atomista es que las propiedades
lógicas de un argumento son las mismas en cualesquiera dos
situaciones en la que las premisas tengan las mismas propiedades.
En esa medida, las propiedades lógicas pueden considerarse
independientes del contexto.
Generalismo vs particularismo
Esta segunda distinción se reere a cómo pueda justicarse
que entre las premisas y la conclusión de un argumento se da la
relación apropiada. En ética el generalismo es la tesis de que los
razonamientos y juicios morales son posibles porque disponemos
13 El principio atomista es similar al requisito PC (Premisas-Conclusión)
criticado por Don Levi, que exige que todos los aspectos del contexto retórico que
sean relevantes para determinar lo que se está argumentando se incorporen en la
reformulación del argumento como partes de una secuencia premisas-conclusión (Levi,
“The Case of the Missing Premise,” Informal Logic 17, no. 1 [Winter 1995]: 80.)
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de un surtido de principios morales, tesis que el particularismo
rechaza. Trasladado a la teoría de los argumentos, el generalismo
mantiene que la posibilidad de los juicios lógicos sobre la
calidad de los argumentos depende de la existencia de principios
generales. El paradigma de tales principios generales son las
garantías de Toulmin: “enunciados generales, hipotéticos, que
pueden funcionar como puentes y autorizar pasos como aquél con
el que nos compromete nuestro argumento particular” y funcionan
como “estándares prácticos o cánones de argumento”.14 Toulmin,
de hecho, se declara explícitamente generalista:
A menos que en un campo de argumentación determinado
estemos dispuestos a trabajar con algún tipo de garantías,
será imposible someter en ese campo a los argumentos a
evaluación racional.15
Como la asunción de que, en última instancia, la relación entre
las premisas y la conclusión de un buen argumento solo puede
explicarse recurriendo a algún principio general no obliga a incluir
ese principio entre las partes del argumento, el generalismo puede
ser atomista u holista. En el primer caso, los principios generales
que conectan las premisas con la conclusión se consideran partes
del argumento y en el segundo no.
La analogía y el precedente son las principales alternativas
a los principios generales para dar cuenta del paso de las premisas
a la conclusión.16 En el caso de la analogía, la idea es que los
argumentos parecidos se comportan lógicamente de maneras
parecidas y que, por ello, lo único que necesitamos para distinguir
los buenos de los malos argumentos es captar ese parecido. La
14 Stephen E. Toulmin, The Uses of Argument, ed. rev. (Cambridge: Cambridge
University Press, 2003), 91.
15 Toulmin, The Uses, 93.
16 Vid. Grant Lamond, “Precedent and Analogy in Legal Reasoning,” en The
Stanford Encyclopedia of Philosophy, Stanford University, 1997-, artículo publicado
Junio 20, 2006, https://plato.stanford.edu/archives/spr2016/entries/legal-reas-prec/.
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identidad de forma lógica puede entenderse como una forma
extrema y sistematizada de semejanza. Si fuera así, las teorías de
los argumentos inspiradas en la lógica formal serían particularistas
y atomistas, puesto que las propiedades lógicas de los argumentos
quedarían totalmente determinadas por su forma lógica.
Generalismo y particularismo interpretan de maneras
distintas la analogía entre argumentos. Para el generalista
la analogía es una manera de descubrir o señalar una garantía
implícita común en varios argumentos. Esto es, para el generalista
dos argumentos son análogos porque tienen una garantía del
mismo tipo. Para el particularista, las garantías aparecen cuando
se intenta explicar las semejanzas que los hablantes perciben
entre los argumentos. Dicho de otro modo, para el particularista
dos argumentos tienen el mismo tipo de garantía porque son
análogos, y por tanto las analogías preceden y son independientes
de las garantías. En ética, uno de los argumentos de los defensores
del particularismo es, precisamente, que el generalismo no puede
explicar cómo distinguimos los principios válidos de los inválidos.
Desde luego no podemos esperar que los principios salgan de
nuestros juicios sobre casos particulares, porque se supone
que ese tipo de juicios se basan en principios. Si el juicio
es subsuntivo, necesita partir de principios, que no pueden
proceder de ulteriores juicios so pena de regreso. Pero ¿de
qué otra manera podemos distinguir los principios verdaderos
de los falsos? No resulta atractivo suponer que los principios
verdaderos lo llevan impreso en la cara, de modo que basta con
mirarlos jamente para darse cuenta de que son verdaderos.
Tampoco es atractivo suponer, como hacen las opciones
subsuntivas, que los casos particulares nunca pueden servir
para contrastar los principios.17
En teoría de la argumentación jurídica, la argumentación basada
en reglas (o subsunción) se opone a la argumentación basada en
17 Dancy, Ethics without Principles, 5; (traducción propia).
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la ponderación de todas las razones pertinentes (o ponderación),
asociando así así el particularismo con el razonismo a través
del concepto de ponderación. Eso le permite a María Cristina
Redondo trasladar la distinción generalismo vs particularismo a
la argumentación jurídica y explorar sus consecuencias (aunque
ella preere ‘universalismo’ a ‘generalismo’).18
Inferencismo vs razonismo
Ahora la discrepancia se reere a la naturaleza del vínculo entre
las premisas y la conclusión de un buen argumento logico sensu.
Para el inferencismo esa relación consiste en que la conclusión
se sigue o inere lógicamente, de las premisas, mientras que para
el razonismo consiste en que las premisas expresan una buena
razón para la conclusión o la favorecen. Como ya se señaló en su
momento, denir argumentar como presentar, para su examen, algo
a alguien como una razón para otra cosa es obviamente razonista.
Una denición inferencista diría más bien que argumentar es
presentar algo como una consecuencia lógica de otra cosa.
Si seguirse de y ser una razón para son cosas distintas,
el inferencismo va en contra de la intuición ―que expresa la
pregunta lógica por excelencia de Wenzel― de que un buen
argumento es el que da una buena razón para la conclusión para
la que se ha aducido. Como es bien sabido, que la conclusión
se inera lógicamente de las premisas no es ni una condición
necesaria ni una condición suciente para que estas expresen una
razón para aquella. Pero lo que me interesa destacar ahora es que
el hecho de que A sea una razón para B no autoriza, dado A, a
concluir B, puesto que puede haber otras razones para no B, por
lo que extraer una conclusión depende de un proceso complejo de
escrutinio y ponderación de razones.
El término ‘conclusión’ se usa tanto para referirse a
una parte de un argumento, como para referirse a la decisión
18 María Cristina Redondo, “Razones y normas,” Discusiones, no. 5 (2005): 29-66.
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a la que se llega en un proceso de escrutinio y ponderación
de razones. En una deliberación, por ejemplo, se consideran y
discuten las consecuencias probables de varios cursos de acción
alternativos para elegir el más conveniente. Que una acción
tenga probablemente consecuencias positivas o negativas es
una razón para elegirla o para rechazarla, respectivamente. La
fuerza del argumento Si se hace A, probablemente sucederá B,
por tanto es aconsejable hacer A depende de la probabilidad de
que la realización de A tenga esos efectos, y de la intensidad y
benecencia de esos efectos. Sin embargo, la conclusión de la
deliberación no puede ser Es aconsejable hacer A, puesto que la
deliberación tiene una pretensión de determinación o efectividad
resolutiva,19 sino más bien Debemos hacer A o Hagamos A,
que no coincide, por tanto, con la conclusión de ninguno de los
argumentos examinados en su curso.
Antes de seguir delante conviene distinguir entre razones
prima facie, razones pro tanto y razones concluyentes.
Una razón prima facie es una consideración que se presenta
como una razón para algo, y que por consiguiente parece
una razón, aunque después pueda no serlo.
Una razón pro tanto favorece una determinada posición, y por
ello es digna de consideración, aunque puede ser superada
por otras razones opuestas.
Una razón concluyente es una razón no superada por otras
razones opuestas.
19 Luis Vega Reñón, “Deliberando sobre la deliberación. Una revisión,” Lógoi.
Revista de Filosofía 22, no. 38 (julio-diciembre 2020): 172.
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Cuando argumentamos presentamos algo como una razón para
otra cosa, y por ello ese algo se convierte en una razón prima
facie. Cuando alguien aduce que hacer A tendrá probablemente
una consecuencia positiva C, está dando una razón prima facie
para hacer A. Si comprobamos que, efectivamente, es probable
que tenga esa consecuencia y que es signicativamente benéca,
será una razón pro tanto. Si nalmente concluimos que la
probabilidad de que se esa consecuencia y el balance entre
sus efectos positivos y negativos es más favorable que el de las
acciones alternativas, será una razón concluyente. De este modo,
la nalidad del examen crítico de una razón prima facie por medio
de argumentos y contraargumentos es establecer, sucesivamente,
si es una razón pro tanto y si es una razón concluyente.
Una buena razón puede ser una razón pro tanto o una razón
concluyente, dependiendo de en qué fase de la evaluación nos
encontremos. Obsérvese que cuando se trata de determinar si una
razón prima facie es una razón pro tanto los contraargumentos
relevantes son las objeciones y las recusaciones, mientras que
cuando se trata de determinar si es una razón concluyente son las
refutaciones.
También se puede decir que la principal diferencia entre las
razones (favorece) y las inferencias lógicas o implicaciones (se
sigue) es que las razones son ponderables y las inferencias lógicas
no. Si C se sigue de P, dado P, podemos concluir C, aunque esa
autorización sea provisional y revisable. Pero si P es una razón
para C, no podemos concluir C directamente de P, puesto que
puede haber razones de peso para concluir lo contrario. Esta
manera de hablar puede inducir a error, puesto que sugiere que
cada argumento tiene un determinado peso y que la argumentación
es un proceso de escrutinio y ponderación de razones que tiene
por objeto elegir el argumento más fuerte de los aducidos. Como
veremos a continuación, esa no es una posición razonista.
Finalmente, si un buen argumento es el que da una razón
concluyente y una razón pro tanto es concluyente dependiendo de
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que no concurran otras razones pro tanto en contrario tan o más
fuertes, el razonismo lleva naturalmente al holismo. Para evitarlo
habría que asumir que entre que las premisas del argumento
guran tanto las consideraciones como las contra consideraciones
relevantes. Así lo hace, por ejemplo, Wellman, el padre del
razonamiento conductivo:
Una premisa es cualquier consideración (es decir, cualquier
cosa que se pueda considerar o entender) que cuenta o se piensa
que cuenta. a favor o en contra de la conclusión. La conclusión
es algo que aparentemente debe aceptarse sobre la base de las
premisas.20
Inferencias revisables y razones ponderables
Las inferencias pueden ser revisables, pero una inferencia revisable
no se comporta exactamente igual que una razón ponderable.
Recurriendo al consabido ejemplo de las lógicas por defecto,
de Piolín es un ave se puede concluir Piolín vuela mientras no
se pueda inferir de la información disponible que Piolín es un
pingüino. Cuando se puede inferir de la información disponible
que Piolín es un pingüino, no se puede inferir Piolín vuela de
Piolín es un ave. Así, Piolín no es un pingüino es una condición
necesaria de la inferencia de Piolín vuela a partir de Piolín es
un ave. Aquí no hay ninguna comparación o elección entre dos
argumentos con conclusiones opuestas, y por consiguiente no hay
ponderación.
En un planteamiento razonista, Piolín es un ave es
una razón para creer que Piolín vuela, mientras que Piolín es
un pingüino es una razón para creer lo contrario. El n de la
ponderación es determinar cuál es la conclusión que puede
extraerse de la consideración conjunta de esas dos razones, no
cuál de ellas es una razón genuina y cuál es tan solo una razón
aparente. No obstante, la revisibilidad puede funcionar como
una alternativa a la ponderación, si se incluye sistemáticamente
20 Carl Wellman, Challenge and Response: Justication in Ethics (Carbondale, IL:
Southern Illinois University Press, 1971), 90; (traducción propia).
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la condición mientras no haya ninguna razón de más peso para
pensar otra cosa. Esta maniobra, en el mejor de los casos, permite
dar cuenta de los intensicadores, pero no de los atenuantes (ver
sección siguiente).
En algunas lógicas del razonamiento por defecto se intenta
modelizar el razonamiento introduciendo reglas de prioridad.
Por ejemplo, adaptando y adoptando el requisito de máxima
especicidad de Hempel, podríamos atribuir mayor peso a la
razón Piolín es un pingüino que a la razón Piolín es un ave, puesto
que la categoría pingüino es más especíca que la categoría
ave. De esta manera, la mayor especicidad funcionaría como
una regla de segundo orden. Los modelos con reglas variables,
que no establecen una jerarquía ja de reglas de inferencia por
defecto, pueden parecer razonistas, ya que. “las conclusiones
sobre prioridades entre reglas por defecto también pueden
variar, dependiendo de las conclusiones que saque el agente
que razona”.21 Pero hablando con propiedad, los modelos de
razonamiento por defecto de prioridad variable son holistas con
respecto a la ponderación, que depende de factores contextuales.
Incluso en los modelos de razonamiento por defecto de
prioridad variable hay una diferencia importante con respecto a
la ponderación de razones. He argumentado que ‘conclusión’ se
reere tanto a una parte de un argumento como a la decisión o
determinación que se alcanza en un proceso de argumentación
y contraargumentación. En los modelos inferencistas ―y entre
ellos en los modelos de prioridad variable―, la conclusión del
proceso es siempre la conclusión de uno de los argumentos que
aparecen en él. Son muy reveladores de esta manera de pensar los
sistemas de argumentación abstractos:
Un sistema de argumentación abstracta es un conjunto de
“pruebas rebatibles”, llamadas argumentos, que está parcialmente
ordenado por una relación que expresa la diferencia de fuerza
21 John Horty, “Reasoning with Precedents as Constrained Natural Reasoning,”
en Weighing Reasons, eds. Errol Lord y Barry Maguire (Oxford: Oxford University
Press, 2016), 200; (traducción propia).
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conclusiva. […] La incompatibilidad y la diferencia de fuerza
conclusiva provocan la derrota de los argumentos. El objetivo
de la teoría es averiguar qué argumentos resultan nalmente
invictos. Estos argumentos se consideran vigentes.22
En los modelos razonistas, por el contrario, la conclusión del
proceso puede no coincidir con la de ninguno de los argumentos
considerados, como ya he mostrado.
Un modelo holista, particularista y razonista
Para dar una idea más precisa de las diferencias entre las
distintas variedades de modelos de argumento voy a analizar
una argumentación usando el modelo de la dialéctica de los
argumentos.23
Los modelos de argumento premisas-conclusión,
inspirados en la lógica formal, son atomistas, inferencistas y,
según he argumentado, particularistas. Los modelos basados en
el modelo de Toulmin son holistas, generalistas y probablemente
inferencistas, como argumentaré más adelante. El modelo
de la dialéctica de los argumentos es holista, particularista y
razonista, y en él se distinguen cinco elementos en la evaluación
de un argumento: premisas o datos, conclusión o tesis, garantía,
condiciones y modicadores (intensicadores y atenuantes). Solo
los dos primeros se consideran partes del argumento; el resto son
consideraciones contextuales relevantes para su evaluación.
En el 2018, [el excongresista fujimorista] Reátegui declaró
como testigo protegido que Fujimori creó una contabilidad
falsa de su campaña electoral del 2016 simulando aportes
individuales de simpatizantes para ocultar grandes donaciones
de empresas que no declaró.
22 Gerard A. W. Vreeswijk, “Abstract Argumentation Systems,” Articial
Intelligence 90, no. 1-2 (February 1977), 225.
23 Vid. Hubert Marraud, En buena lógica, y Fernando M. Leal y Hubert
Marraud, How Philosophers Argue. An Adversarial Collaboration on the Russell-
Copleston Debate (Cham: Springer, 2022).
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El testimonio corrobora la hipótesis del scal, que logró
identicar un presunto donativo no declarado por Fujimori de
un millón de dólares de la constructora brasileña Odebrecht
y otro de US$ 3.65 millones de Credicorp, la mayor entidad
nanciera de Perú.
Según contó Reátegui como parte de su colaboración
ecaz (delación premiada), Fujimori estaba al corriente de
las operaciones para crear una contabilidad cticia y fue
presuntamente ella quien le ordenó blanquear dinero de
supuesto origen ilícito.24
En este pasaje podemos identicar, siguiendo el modelo de la
dialéctica de los argumentos, los elementos siguientes.
(1) Premisa: Rolando Reátegui declaró que Keiko Fujimori
creó una contabilidad falsa de su campaña electoral de
2016 simulando aportes individuales de simpatizantes
para ocultar grandes donaciones de empresas que no
declaró.
(2) Conclusión: Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa
de su campaña electoral de 2016 simulando aportes
individuales de simpatizantes para ocultar grandes
donaciones de empresas que no declaró.
(3) Modicador (intensicador): La declaración de Reátegui
es consistente con los presuntos donativos no declarado
por Fujimori de un millón de dólares de la constructora
brasileña Odebrecht y de 3,65 millones de dólares de
Credicorp.
(4) Modicador (atenuante): La declaración de Rolando
Reátegui es una declaración ecaz (delación premiada).
24 Agencia EFE, “Poder Judicial desestima pedido de Keiko Fujimori que
pretendía anular testimonio de Rolando Reátegui,” Gestión Política, Octubre 26,
2020, https://gestion.pe/peru/politica/keiko-fujimori-caso-odebrecht-poder-judicial-
desestima-pedido-de-keiko-fujimori-para-desestimar-testimonio-de-rolando-reategui-
noticia/.
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A estos cinco elementos podríamos añadir otros dos, que, aunque
no están presente en el pasaje, se pueden entender a efectos de la
exposición que están sobreentendidos:
(5) Condición: Por la posición que ocupaba en Fuerza
Popular, Rolando Reátegui puede tener conocimiento de
la nanciación de la campaña electoral de Fujimori.
(6) Garantía: La declaración de un testigo es un medio de
prueba.
Con arreglo a la dialéctica de los argumentos, dado que solo (1)
y (2) son partes, el argumento contenido en el pasaje analizado es
el siguiente:
A1 Rolando Reátegui declaró que Keiko Fujimori creó una
contabilidad falsa de su campaña electoral de 2016 simulando
aportes individuales de simpatizantes para ocultar grandes
donaciones de empresas que no declaró
Por tanto
Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de su campaña
electoral de 2016 simulando aportes individuales de
simpatizantes para ocultar grandes donaciones de empresas
que no declaró
La dialéctica de los argumentos distingue la consideración que se
presenta como una razón prima facie de aquello que explica por
qué es una razón. En el modelo de Toulmin, lo primero corresponde
a los datos y lo segundo a la garantía (de la que Toulmin dice
que es accesoria y explicativa.25 El modelo de la dialéctica de
los argumentos es particularista, porque (6) es solo una de las
posibles respuestas a la pregunta “¿Por qué (1) es una razón para
creer que (2)?”. No se trata solo de que pudieran invocarse otros
principios para conectar las premisas con la conclusión, sino de
que también podría responderse “Rolando Reátegui tiene buenas
razones para decir la verdad” o “Porque los jueces lo creen”, sin
remitir a ninguna regla o principio general. Cualquiera que fuera
25 Toulmin, The Uses, 93
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la respuesta, se estaría analizando el mismo argumento.
(5) no es por misma una razón para creer que (1) sea
una razón para (2), aunque es una condición para que lo sea. Si
Reátegui no hubiera ocupado una posición desde la que podía
tener conocimiento de la nanciación de la campaña electoral de
Fujimori, su declaración de que esta fue irregular no sería una
razón para creer que lo fue.
En el modelo de Toulmin tienen cabida las condiciones,
que él explica en términos generalistas como condiciones de
aplicación de las garantías: “puede que la garantía se aplique a
casos como el actual solo en ciertas condiciones”.26 Por otra parte,
en ese modelo, las excepciones o condiciones de recusación
parecen ser consideraciones contextuales que no forman parte del
argumento.
En segundo lugar, nos jaremos en cómo se deja margen para
las condiciones y las excepciones en la presentación crítica y la
discusión de tesis o argumentos. […] En particular, tendremos
que prestar una atención especial a la noción de recusación.27
Muy a menudo presentamos argumentos que tenemos razones
para creer que son fuertes, pero no enunciamos explícitamente
todas las condiciones y asunciones en las que se apoya esa
seguridad. Simplemente por tener razones para creer que
las condiciones se dan, tenemos derecho a presumir que la
conclusión de nuestro argumento es verdadera.28
Si fuera así, el modelo de Toulmin sería generalista, por el papel
atribuido a las garantías, y holista, por el estatus de las excepciones.
Finalmente, la presencia de los modicadores convierte
al modelo de la dialéctica de los argumentos en razonista.
26 Stephen E. Toulmin, Richard Rieke y Allan Janik, Una introducción al
razonamiento, trad. José A. Gascón (Lima: Palestra, 2018), 131.
27 Traduzco ‘rebuttal’ por recusación, apartándome solo en este punto de
la traducción de Gascón (quien lo traduce como salvedad) en consonancia con mi
clasicación de los tipos de contraargumento.
28 Toulmin, Rieke y Janik, Una introducción al razonamiento, 131.
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Los modicadores son consideraciones que, sin ser razones,
afectan al peso de una razón. Hay dos tipos de modicadores:
los intensicadores, que aumentan el peso de una razón, y los
atenuantes, que lo disminuyen. Como es fácil que esta manera de
hablar induzca a error, conviene aclarar que eso quiere decir que
(1) es una razón de más peso para creer que (2) en una situación
en la que se da (3) que en una situación en la que no se da, ceteris
paribus.
Según la dialéctica de los argumentos en el pasaje
analizado solo hay una razón, y por ende un argumento, y la
función de consideraciones como (3) y (4) es mostrar cuál
es la fuerza de ese argumento en esa situación especíca. En
concreto, los intensicadores (3) y (4) muestran que el argumento
basado en la declaración de Reátegui es más fuerte o más débil,
respectivamente, de lo que podría parecer a primera vista. La
alternativa a esta manera de entender los modicadores sería
mantener, como hace Ralph Bader, que hay tres argumentos
distintos, que corresponden a una razón no modicada y a dos
razones modicadas:29
A1 Rolando Reátegui declaró que Keiko Fujimori creó una
contabilidad falsa de su campaña electoral de 2016 simulando
aportes individuales de simpatizantes para ocultar grandes
donaciones de empresas que no declaró
Por tanto
Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de su campaña
electoral de 2016 simulando aportes individuales de
simpatizantes para ocultar grandes donaciones de empresas
que no declaró
29 Bader, “Conditions, Modiers and Holism,” 40-42. Quizá, desde los
presupuestos de Bader, habría que añadir una cuarta razón modicada, que resulta de
combinar los dos modicadores con la razón no modicada.
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A2 Rolando Reátegui declaró que Keiko Fujimori creó una
contabilidad falsa de su campaña electoral de 2016 simulando
aportes individuales de simpatizantes para ocultar grandes
donaciones de empresas que no declaró. La declaración de
Reátegui es consistente con los presuntos donativos no declarado
por Fujimori de un millón de dólares de la constructora brasileña
Odebrecht y de 3,65 millones de dólares de Credicorp
Por tanto
Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de su campaña
electoral de 2016 simulando aportes individuales de
simpatizantes para ocultar grandes donaciones de empresas
que no declaró
A3 Rolando Reátegui declaró que Keiko Fujimori creó una
contabilidad falsa de su campaña electoral de 2016 simulando
aportes individuales de simpatizantes para ocultar grandes
donaciones de empresas que no declaró. La declaración
de Rolando Reátegui es una declaración ecaz (delación
premiada)
Por tanto
Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de su campaña
electoral de 2016 simulando aportes individuales de
simpatizantes para ocultar grandes donaciones de empresas
que no declaró
La idea de que la adición de un modicador genera un nuevo
argumento, con un peso mayor o menor que el del argumento
original, es el resultado de una confusión. En primer lugar,
convierte a los modicadores en partes del argumento, puesto que
lo único que diferencia a los argumentos A1, A2 y A3 entre sí son
los modicadores. En segundo lugar, esa interpretación desgura
la noción de ponderación y es incompatible con la idea de que la
evaluación de razones y argumentos es siempre contextual, como
deja claro el siguiente pasaje:
La razón no modicada puede ser evaluada abstrayendo
del contexto, mientras que es la razón modicada la que
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identicamos cuando evaluamos la consideración en cuestión
en el contexto en el que la encontramos.30
Bader intenta salir del atolladero declarando que abstraer del contexto
es situar a la razón no modicada es un contexto peculiar, pero esto
me parece poco más que un juego de palabras. Que la declaración de
Reátegui sea consistente con los presuntos donativos y que sea una
delación premiada muestra cuál es el peso de esa declaración como
razón para creer que Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de
su campaña electoral de 2016. Mi posición es que los modicadores
vienen a cuento cuando se compara, implícita o explícitamente,
la fuerza de dos o más argumentos, y el “aumento del peso”
mencionado en su denición debe entenderse, guradamente, en ese
contexto. Dicho de otro modo, un modicador es una respuesta a una
refutación, actual o potencial, o a un intento de refutación.
Cuando se distingue entre condiciones y modicadores
resulta más fácil entender la diferencia entre revisabilidad y
ponderabilidad. Las condiciones dan cuenta del carácter revisable del
razonamiento, mientras que los modicadores lo hacen del carácter
ponderable de las razones. He argumentado en la sección precedente
que las condiciones pueden formar parte de una teoría inferencista de
los argumentos, a diferencia de los modicadores, que están ligados
a la ponderación, y por tanto al razonismo.
Los inferencistas podrían sentirse tentados a tratar los
modicadores como condiciones. Eso obligaría a mantener que
solo puede inferirse de las declaraciones de Reátegui que Keiko
Fujimori creó una contabilidad falsa de su campaña electoral de
2016 a condición de que esas declaraciones sean consistentes con
los presuntos donativos no declarados identicados por el scal. Esa
maniobra resulta todavía más forzada con los atenuantes, puesto que
habría que mantener que solo podría inferirse de las declaraciones
de Reátegui que Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de su
campaña electoral de 2016 a condición de que la suya no fuera una
declaración ecaz, lo que contradice abiertamente los procedimientos
penales peruanos.
30 Bader, “Conditions, Modiers and Holism,” 40; (traducción propia).
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Conclusión
La nalidad declarada al presentar el modelo de la dialéctica
de los argumentos y mostrarlo en funcionamiento era permitir
al lector hacerse una idea más cabal de las diferencias entre los
distintos modelos de argumento. Partiendo del modelo de la
dialéctica de los argumentos, que acabo de pergeñar, se pueden
formular tres reglas prácticas (y por tanto sujetas a excepciones)
de clasicación de los modelos de argumento.
- Los modelos que admiten condiciones, y por tanto
excepciones, son holistas.
- Los modelos que admiten modicadores, y por tanto la
ponderación de argumentos, son razonistas.
- Los modelos en los que cualquier argumento presupone
una garantía son generalistas.
Según estos criterios, como ya se ha dicho, el modelo de
Toulmin sería holista y generalista. ¿Es además razonista? Es
decir, ¿contempla algo parecido a los modicadores? Creo que
no hay una respuesta concluyente. Desde luego ni en Los usos
de la argumentación ni en Una introducción al razonamiento
se mencionan elementos cuya función sea alterar la fuerza de
un argumento. Sin embargo, Toulmin parece distinguir dos
tipos de calicadores modales. Por un lado, están los que, como
presumiblemente, indican que la aplicación está sujeta a ciertas
condiciones, y, por otro, los que, como probablemente, indican
que lo está a la fuerza de la correlación entre los datos, la garantía,
el respaldo y la tesis.31 Los calicadores del primer tipo parecen
apuntan a las condiciones, mientras que los del segundo tipo
parecen apuntar a los modicadores. En todo caso, Toulmin no
profundiza mucho más en este contraste, y dada la ausencia de
cualquier mención a las relaciones interargumentativas, tanto
en Los usos de la argumentación como en Una introducción al
razonamiento, me inclino a pensar que su modelo no es razonista.
31 Toulmin, Rieke y Janik, Una introducción al razonamiento, 82, 87, 96.
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Conference Paper
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Propongo una clasificación de los diálogos basada en la complejidad estructural de la argumentación desarrollada en el transcurso del diálogo en su conjunto. La nueva clasificación me servirá para profundizar en una teoría razonista de los argumentos. El estudio de los argumentos se puede abordare desde una perspectiva inferencista o desde una perspectiva razonista. Para el inferencismo, argumentar que A por tanto B es aducir que B puede inferirse o se sigue de A, mientras que para el razonismo es aducir que A es una razón para B. Una diferencia fundamental es que, dado A, el hecho de que B se sigue de A, permi-te directamente aseverar B, mientras que, en las mismas condiciones, el hecho de que A sea una buena razón para B, no autoriza sin más a aseverar B, puesto que puede haber razones tan buenas o mejores para lo contrario. Esta diferencia se refleja en los distintos sentidos de ‘conclusión’. Esa palabra tiene un sentido inferencista cuando se habla de la conclusión de un argumento (p.ej., un argumento está formado por un conjunto de premisas y una conclusión) y un sentido razonista cuando se habla de la conclusión de un diálogo o intercambio argumentativo (p.ej., tras deliberar, llegaron a la conclusión de que…). Otra manera de decirlo es que para el inferencista, pero no para el razonista, el argumento A por tanto B autoriza a sacar la conclusión B. Desde una perspectiva razonista, la conclusión es siempre el resultado de la consideración de un con-junto de razones.
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Introducción En la filosofía moral contemporánea existe un profundo debate acerca del carácter particular o universal de las razones justificativas. En la base de esta discusión se encuentran no sólo concepciones incompatibles acerca del alcance de las razones sino, sobre todo, visiones opuestas acerca de la racionalidad práctica en general y de lo que caracteriza un modelo plausible de toma de decisiones. En la primera parte de este trabajo, presentaré los dos modelos de razones para la acción propuestos respectivamente por el universalismo y el particularismo. Al respecto, intentaré mostrar cómo ellos se relacionan con la noción de norma y de razonamiento práctico basado en normas. Para empezar, distinguiré tres sentidos en los que la idea de "universalidad" puede ser relacionada con las normas y las razones. Sobre la base de esta distinción criticaré aquellas teorías que reducen la contraposición entre razones universales y particulares a una discusión meramente lógica -acerca del carácter derrotable o inderrotable de las normas que las expresan -o exclusivamente semántica -acerca de la mayor o menor abstracción de los contenidos normativos-. Por mi parte, intentaré defender que la diferencia fundamental entre una posición universalista y otra particularista radica en el alcance de la relevancia (universal o particular) ° Agradezco a Ricardo Caracciolo y a Eugenio Bulygin quienes discutieron una versión preliminar de este trabajo y me hicieron importantes sugerencias.
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My aim here is to give an adequate definition of counterargument, establishing a suitable typology of counterarguments grounded on Toulmin’s model. An argument structure is a combination of arguments with an explicit argumentative orientation, positive, negative or neutral. Counterarguing involves conjoining the criticized and the critical argument into a single argumentation. Therefore, counterargumentation produces argument structures, and a classification of counterarguments is by itself a classification of argument structures.
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This paper suggests that the flaw in the enthymeme approach to argument analysis is in the requirement, as I come to formulate it, that an argument be restated as a premises-and-conclusion sequence. The paper begins by investigating how logicians show that there are problems with the enthymeme approach. That investigation reveals a failure on the part of logicians to appreciate the importance of the rhetorical context of an argument. This failure, it is argued, is a consequence of what I refer to as the Premise-Conclusion Requirement.
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The book is in three parts. The first part discusses the nature of contributory reasons, set in the more general context of normative theory. It introduces and defends a distinction between reasons and enabling conditions, and considers some other roles that considerations that are morally relevant but not reasons might play. It also asks which meta-ethical positions have the tools necessary to capture the role of contributory reasons. The second part uses these results to argue for holism in the theory of reasons, and to construct an argument from that holism to particularism in ethics, which is characterised as the view that moral thought and judgement in no way depend on a suitable provision of moral principles. There is also a chapter on the epistemology of moral reasons, from a particularist point of view. The third part is concerned with the theory of value, in particular with a form of holism there which is analogous to holism in the theory of reasons. There is a final chapter on holism in the theory of choice.
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A central theme throughout the impressive series of philosophical books and articles Stephen Toulmin has published since 1948 is the way in which assertions and opinions concerning all sorts of topics, brought up in everyday life or in academic research, can be rationally justified. Is there one universal system of norms, by which all sorts of arguments in all sorts of fields must be judged, or must each sort of argument be judged according to its own norms? In The Uses of Argument (1958) Toulmin sets out his views on these questions for the first time. In spite of initial criticisms from logicians and fellow philosophers, The Uses of Argument has been an enduring source of inspiration and discussion to students of argumentation from all kinds of disciplinary background for more than forty years.