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Gestión para restauración de ecosistemas nativos afectados por incendios forestales: una tarea pendiente

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Capítulo 1:
Gestión para restauración de ecosistemas nativos afectados
por incendios: una tarea pendiente
Ignacio C. Fernández1,2,*, Pablo I. Becerra3,4, Eduardo C. Arellano3,4, Narkis S. Morales1,2
1Centro de Modelación y Monitoreo de Ecosistemas, Facultad de Ciencias, Universidad Mayor, Santiago, Chile.
2Fundación Ecomabi, Santiago, Chile.
3Departamento de Ecosistemas y Medio Ambiente, Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal, Pontificia Universidad
Católica, Santiago, Chile.
4Center of Applied Ecology and Sustainability CAPES, Pontificia Universidad Católica, Santiago, Chile.
*ignacio.fernandez@umayor.cl
Cita sugerida: Fernández I.C., Becerra P.I., Arellano E.C. & Morales N.S. (2021). Gestión para
restauración de ecosistemas nativos afectados por incendios: una tarea pendiente. En: Camaño A.
(Ed.) Restauración de bosques: Lecciones y desafíos en un mundo cambiante. 17-28, Editorial
Universitaria, Chile.
Introducción
Aún existe controversia respecto al rol del fuego sobre los ecosistemas naturales
de Chile. Algunos autores postulan que el fuego pudo haber sido parte de la dinámica
natural de algunos ecosistemas previo a la llegada del hombre a estos territorios (Fuentes
& Espinoza 1986, Abarzúa & Moreno 2008). Incluso existen autores que sugieren que
algunas especies habrían desarrollado adaptaciones para resistir incendios de origen
natural, como es el caso de los provocados por erupciones volcánicas (Donoso 1993,
Veblen et al. 1995). Sin embargo, la escasa ocurrencia de incendios con causas naturales
la base de datos de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) señalan que en los
últimos 25 años menos del 0.5% de los incendios registrados tendrían origen natural-,
sugiere que los incendios no fueron suficientemente frecuentes como para generar
presiones evolutivas que promuevan adaptaciones de resistencia o tolerancia al fuego en
la vegetación (Montenegro et al. 2004). De hecho, en Chile los incendios forestales sólo
comenzaron a presentar una alta frecuencia tras la llegada de los colonos europeos,
quienes utilizaron el fuego como una herramienta para despejar tierras para fines
agrícolas (Sanhueza 2001, Lara 2003, Martinic 2006). Desde aquella época, y a medida
que la influencia del ser humano sobre los ecosistemas naturales se expandió, los
incendios forestales se hicieron cada vez más frecuentes (Holz et al 2012),
transformándose actualmente en uno de los principales agentes degradadores de los
ecosistemas forestales nativos de Chile (Fernández et al. 2010).
Si bien desde el año 1931 existe legislación que norma y restringe la utilización del
fuego en terrenos productivos (DS N° 4363 de 1931 del Ministerio de Tierras y
Colonización, DS N° 276 de 1980 del Ministerio de Agricultura), y que incluso el código
penal, en su artículo 476 numeral 3°, establece penas de cárcel para aquellos que causen
incendios forestales, los incendios forestales no han disminuido. Por el contrario, los
registros oficiales reflejan un importante aumento en la frecuencia de incendios forestales
en los últimos 50 años (Figura 1).
Si el número de incendios forestales es alarmante, más aún son los datos de las
superficies que éstos han afectado. En base a las estadísticas oficiales, y sin incorporar
una estimación de incendios no detectados, se calcula que desde el año 1964 hasta
terminado el verano de 2017 los incendios forestales habían afectado más de 3.135.000
hectáreas, lo que equivale a más del 8% de la superficie cubierta por vegetación del país.
Estos incendios han afectado mayoritariamente superficies con vegetación nativa y en
menor medida a plantaciones de especies exóticas. De hecho, tomando en cuenta los
datos desde el año 1985 (año en que se comenzó a separar por tipo de vegetación),
hasta la fecha alrededor del 70% de la superficie afectada por incendios forestales ha
correspondido a vegetación nativa.
Figura 1. Número de incendios forestales registrados por temporada en las bases de datos de la Corporación
Nacional Forestal (CONAF). Temporadas 1964 a 2017.
El impacto que estos incendios han tenido sobre los ecosistemas nativos de Chile
es difícil de dimensionar. Los efectos directos inmediatos (i.e. severidad) de un incendio
forestal sobre el componente vegetal dependerá de las complejas interacciones entre los
componentes bióticos (e.g. flamabilidad del material vegetal), abióticos (e.g. topografía y
clima), y de la disposición espacio-temporal de estos elementos en el paisaje (Bradstock
et al. 2010). A su vez, el efecto de los incendios en el largo plazo estará relacionado con
la capacidad natural del ecosistema para recuperarse, lo cual dependerá de múltiples
factores, incluyendo el estado previo de degradación del ecosistema, la severidad del
incendio, la capacidad de regeneración vegetativa y/o germinativa de las especies
afectadas, y la potencial recolonización de especies nativas o exóticas desde zonas
aledañas (Fernández et al. 2010).
En Chile, los estudios publicados referente a la capacidad de recuperación post-
fuego de los ecosistemas nativos sugieren un impacto negativo del fuego en las
dinámicas de recuperación de los ecosistemas (ver Armesto et al. 2009, Fernández et al.
2010 para una revisión). Esto se refleja en cambios en la composición y estructura de las
comunidades vegetales, invasión de especies exóticas, erosión y degradación del
sustrato, lo que finalmente se traduce en un empobrecimiento general del sistema (e.g.
Segura et al. 1998, Pauchard et al. 2008, Vidal & Reif 2011).
La catastrófica temporada de incendios del verano de 2017, la peor registrada
desde que se tienen registros oficiales en el país, pone de manifiesto la urgente
necesidad de desarrollar planes integrales de restauración post-fuego en Chile
(Fernández & Morales, 2017). Estos planes no sólo deben enfocarse en recuperar la
funcionalidad y estructura de los ecosistemas afectados, sino también en generar
medidas de planificación territorial y gestión de recursos monetarios y administrativos, con
el objetivo de disminuir la frecuencia de incendios de gran magnitud, y reaccionar rápida y
eficazmente para conservar, rehabilitar y restaurar los ecosistemas, una vez éstos han
sido afectados por el fuego.
En este capítulo analizamos la situación actual de la gestión para la restauración
ecológica post-fuego en Chile, y proponemos algunos elementos que podrían ser
utilizados para el desarrollo de estrategias que faciliten la implementación de acciones de
restauración en ecosistemas nativos afectados por incendios forestales.
Restauración ecológica post-fuego en Chile
Con la promulgación en el año 1994 de la Ley de Bases del Medio Ambiente, y la
posterior publicación en el año 1998 de la Política Ambiental para el Desarrollo
Sustentable, se ha puesto de manifiesto la necesidad que tiene el país de conservar los
ecosistemas nativos y recuperar aquellos que han sido degradados, de manera de
asegurar su permanencia para las futuras generaciones. Es así como actualmente existen
cuerpos legales que obligan a los particulares que generan impactos sobre ecosistemas
nativos a repararlos y/o restaurarlos (i.e. DS 40/2012 del Ministerio de Medio Ambiente),
así como también existen fondos destinados a bonificar acciones tendientes a la
recuperación de ecosistemas degradados en terrenos particulares (e.g. DL. 701, Ley
20.283). Si bien estos mecanismos constituyen un importante avance en lo que se refiere
a la recuperación de ecosistemas degradados, el foco de atención se centra en la acción
de particulares sobre predios privados, sin integrar las acciones en un plan estratégico de
recuperación que implique una visión a escala ecológica de las problemáticas. Este punto
es sumamente relevante en lo que se refiere a la restauración de ecosistemas
degradados por la acción del fuego, ya que los incendios que generan los mayores
impactos son aquellos de gran magnitud, y que por tanto afectan terrenos que están en
propiedad de diferentes propietarios (privados y estatales). En este sentido, la factibilidad
de restaurar ecosistemas afectados por el fuego, así como también otros afectados por
grandes perturbaciones, no sólo pasa por el desarrollo de conocimiento científico en torno
a cómo restaurarlos, sino que también se ve condicionada a la obtención de recursos, así
como a la voluntad de los dueños de los terrenos para desarrollar en sus predios acciones
de restauración.
Los proyectos de recuperación de ecosistemas post-fuego implementados en Chile
han sido escasos, y los pocos de los cuales se tienen antecedentes se han abordado
principalmente desde la perspectiva de la rehabilitación, y no de la restauración ecológica
propiamente tal (Fernández et al. 2010). En su mayoría, dichas iniciativas se han
enfocado en la rehabilitación de algunos procesos ecosistémicos (e.g. control de erosión,
control de escorrentía, infiltración), dejando en segundo plano la restitución de la
composición, estructura y resiliencia de los ecosistemas. Incluso, algunos de los
proyectos de rehabilitación post-fuego han utilizado especies exóticas para intentar
disminuir rápidamente la escorrentía superficial y controlar los procesos erosivos
(Fernández et al. 2010). Si bien estas iniciativas deben considerarse positivas como
primer paso para la recuperación de ciertas funciones de los ecosistemas, no han sido
seguidas de una etapa de restauración, y por tanto no aseguran la recuperación de la
trayectoria ecológica hacia la restitución de la salud, integridad y resiliencia de los
ecosistemas nativos en el largo plazo.
El motivo del por qué la restauración ecológica ha sido escasamente contemplada
dentro de las opciones para recuperar ecosistemas afectados por el fuego es incierto,
pero probablemente se deba a tres causas principales. La primera tiene que ver con el
desconocimiento del concepto de restauración ecológica fuera del ámbito de los
especialistas, principalmente Ministerio de Medio Ambiente, Agricultura e instituciones de
educación superior. Es así como muchas veces el concepto de restauración ha sido
incorrectamente empleado en proyectos cuyo objetivo es la rehabilitación y/o
reforestación de ecosistemas, pero no la restauración de éstos (Fernández et al. 2010).
Esto finalmente, afecta la aproximación hacia el diagnóstico inmediato de los principales
impactos ecológicos que ocurren inmediatamente después de un incendio, ya que no se
logra priorizar las zonas más frágiles que requieren intervención temprana (Alloza et al.
2014).
Una segunda causa podría ser la inexistencia de una institución centralizada que
fije las líneas de acción a seguir para la recuperación de los ecosistemas que son
afectados por incendios forestales. Si bien existen diversas instituciones públicas y
privadas con interés en restaurar ecosistemas incendiados, en este momento no existe
claridad respecto a qué institución estatal debiera liderar y fijar las acciones inmediatas a
seguir tras un incendio forestal. En el caso de los privados (e.g. empresas forestales con
patrimonio de bosque nativo a restaurar), son ellos mismos los que fijan sus líneas de
acción y protocolos de recuperación post-incendio para las distintas zonas del país, sin
existir directrices específicas en este ámbito por parte del Estado.
Finalmente, la tercera causa, y quizás la más relevante, es la falta de mecanismos
de gestión que permitan asegurar fondos públicos y/o privados permanentes para
implementar labores de restauración en el corto, mediano y largo plazo. Por ejemplo, tras
la temporada de incendios del verano 2017 el Ministerio de Medio Ambiente lanzó un
Fondo de Protección Ambiental específicamente orientado a la “Restauración Ecológica y
Social” de los ecosistemas afectados por dichos incendios. Pero este fondo se estipuló
como extraordinario, y sólo para ese año, sin proyectarlo como un fondo relacionado a
una política pública orientada a la restauración. De hecho, por el momento las iniciativas
de restauración post-fuego en Chile se han financiado principalmente a través de fondos
gubernamentales extraordinarios y/o cooperación internacional. Si bien estos fondos han
permitido desarrollar acciones de recuperación de corto plazo, han dejado inconclusas las
demás acciones proyectadas en los planes de restauración generados (e.g. Planes de
Restauración del Parque Torres del Paine para los incendios del año 2005 y año 2012).
Durante los últimos años la necesidad de avanzar en la temática de la restauración
ecológica post-fuego ha comenzado a tomar relevancia en Chile. En parte, esta tendencia
se ha generado por la notoriedad de los impactos causados por incendios de gran
magnitud en territorios altamente valorados por la sociedad civil (e.g. dentro del Sistema
de Áreas Protegidas del Estado). Pero también debido a los compromisos ambientales
suscritos por empresas privadas (e.g. certificación FSC), y a los compromisos firmados
por el Estado en lo que se refiere a la conservación y restauración de ecosistemas (e.g.
Convenio Sobre Biodiversidad Biológica, Reducción de Emisiones causadas por la
Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD+) y Neutralidad de la Degradación
de las Tierras (NDT)). Es así como actualmente tanto a nivel del mundo académico, como
del Estado, empresas privadas, y ONG´s, se ha comenzado a instalar la necesidad de
restaurar los ecosistemas nativos que son afectados por incendios forestales.
Principalmente aquellos afectados por incendios de gran magnitud como los ocurridos en
el Parque Torres del Paine el verano de 2012 (aprox. 17.000 hectáreas afectadas), y los
megaincendios ocurridos en la zona central de Chile durante el verano de 2017.
La inserción de la temática de la restauración ecológica post-fuego como tema
relevante fuera del contexto científico, es sin duda, un gran avance para el desarrollo de
estrategias que permitan implementar iniciativas de restauración en los ecosistemas que
se han visto degradados por la acción del fuego en Chile. Sin embargo, tomando en
cuenta la extensión de las superficies afectadas y los altos costos que puede implicar un
proyecto de restauración, se hace urgente trabajar en una estrategia nacional que permita
abordar de forma integral estos dos elementos. Para avanzar en ese sentido, proponemos
trabajar en base a los siguientes objetivos: (1) Generar una metodología que permita
priorizar sitios según urgencia de restauración para asignar eficientemente los recursos
donde más se necesite, y (2) Proponer mecanismos de gestión de recursos para poder
implementar de manera eficaz los planes de restauración en las áreas determinadas
como prioritarias.
Generación de un mecanismo de priorización de sitios a ser restaurados.
El cambio de uso de suelo para actividades agrícolas, forestales y desarrollos urbanos ha
generado una enorme pérdida de ecosistemas nativos en Chile. Además, los ecosistemas
remanentes se encuentran gravemente fragmentados y alterados por actividades de
origen antrópico, siendo los incendios forestales una constante amenaza a su
conservación. Esta sumatoria de factores ha llevado a que varios de estos ecosistemas
chilenos, algunos de ellos considerados como prioritarios a nivel mundial (Myers et al.
2000), estén desapareciendo a tasas alarmantes. Tomando en cuenta la enorme
superficie de ecosistemas nativos afectados por incendios forestales (1.250.000 hectáreas
entre los años 1985-2017, CONAF 2018), y que los recursos disponibles para desarrollar
iniciativas de restauración post-fuego en Chile son todavía limitados, es crucial avanzar en
una estrategia de priorización territorial que permita definir dónde implementar las
acciones de restauración en primera instancia.
En Chile ya existen propuestas que han permitido definir formaciones prioritarias
para la restauración post-fuego (i.e. Fernández et al. 2010) así como para la priorización
de áreas para la restauración de ecosistemas dominados por especies con problemas de
conservación (Fernández & Morales, 2016, Martínez-Tilleria et al. 2017). Sin embargo, la
escala espacial a la que se han abordado estos objetivos es aún demasiado extensa
como para definir específicamente cuáles son los sitios a escala local que deben ser
priorizados para ser restaurados. Junto con ello, las variaciones en las dinámicas
temporales de los incendios forestales (e.g. localización, extensión, magnitud) hacen que
los sitios potencialmente identificados como prioritarios puedan cambiar año a año, lo que
implica la necesidad de desarrollar una metodología que pueda actualizarse
permanentemente en función de las dinámicas de los incendios de la temporada anterior.
Por ello, el desafío ahora es avanzar en el desarrollo de metodologías que
permitan discernir entre cuáles, de los más de 5.000 incendios forestales que ocurren
cada año, se debe priorizar las acciones de restauración. El objetivo es poder determinar
cuáles son los sectores incendiados que requieren mayores esfuerzos para ser
restaurados, y cuáles son los que tienen mayores opciones de recuperarse por si solos
(Alloza et al. 2014). En este sentido, la eficiencia de la distribución de los recursos estará
dada por la efectividad en los resultados de las acciones de restauración (Higgs 1997).
Para avanzar en esa materia es vital comprender la importancia de integrar
elementos de la ecología del paisaje dentro de las iniciativas de restauración (Bell et al.
1997). Si bien por el momento, en Chile los estudios enfocados en relacionar el potencial
de recuperación de sectores perturbados en función de patrones espaciales son escasos,
las evidencias que resaltan la importancia de la configuración espacial para la
conservación de las especies (e.g. Fahrig 2003, Haddad et al. 2015) hacen presumir que
estas mismas teorías se podrían utilizar para predecir el nivel de éxito de los proyectos de
restauración. En términos simples, hay que tener en cuenta que el potencial de
restauración de un sector afectado por un incendio, no sólo dependerá del estado de
degradación en el que haya quedado después de la perturbación, sino también del
contexto espacial en el cual se inserta el sitio que se quiere restaurar (Kouki et al. 2012).
Así, ecosistemas afectados por incendios pequeños, de poca severidad, y en sectores
rodeados de ecosistemas bien conservados, probablemente requieran de menores
esfuerzos para recuperar su trayectoria ecológica. Mientras que aquellos sectores
afectados por incendios de gran magnitud, alta severidad y rodeados por ecosistemas
altamente perturbados, probablemente necesitarán la implementación de un completo
plan de restauración para poder recuperarse.
A nivel mundial, se han implementado distintos protocolos de evaluación de sitio
post incendio, siendo los implementados en la zona Mediterránea europea los más
interesantes para el caso chileno (e.g. Vallejo et al. 2012, Alloza et al. 2014, Vega Hidalgo
2016) Estos protocolos establecen medidas de acción inmediata para detener la
degradación de los sitios ya incendiados y establecen directrices para acciones de
mediano y largo plazo que se vinculen a un programa de restauración ecológica. La
estrategia de priorización de sitios a restaurar debe estar basada en un análisis en que se
integren las características del sitio a restaurar con los patrones de paisaje en el que se
inserta el sitio mediante evaluación de cartográfica y de sitio. Para ello es fundamental
desarrollar un modelo de priorización basado en las herramientas y teorías provenientes
de la disciplina de la ecología del paisaje (Turner 2005, Wu & Hobbs 2007), de manera de
integrar el cómo los patrones espaciales (o el contexto espacial) influencian la
estabilización de los procesos de degradación y el potencial de restauración de los sitios
incendiados. En este sentido, un área incendiada podría considerarse como un parche de
vegetación degradada, que se inserta en una matriz compuesta por una diversidad de
parches distintos en composición y forma, cada uno de los cuales, independiente o
conjuntamente, podría estimular o limitar la restauración del parche incendiado. De esta
manera un modelo de priorización bajo esta aproximación podría estar basado en un
análisis de paisaje que incluyera entre otros factores, la superficie incendiada, la forma del
área incendiada, el tipo de parches circundantes, el número y tamaño de parches de
hábitats remanentes, la distancia a los parches de hábitats remanentes, el número y
tamaño de parches conteniendo especies invasoras, y la distancia de éstos al área
incendiada. Sumado a esto también es posible incorporar elementos topográficos (e.g.
pendiente y exposición), y otros elementos que pueden ser relevantes a la escala de
cuenca, de manera de integrar los procesos de degradación o recolonización que podrían
afectar al parche incendiado.
Los avances tecnológicos en los ámbitos de la computación, teledetección,
softwares de información geográfica, y de análisis y modelamiento espacial, muchos de
ellos incluso disponibles gratuitamente, generan condiciones ideales para avanzar en el
desarrollo de un modelo de priorización de sitios a restaurar a nivel nacional. Junto con
ello, CONAF actualmente posee un completo catastro georreferenciado de los incendios
forestales que ocurren cada año. Es por esto que creemos que es posible, y al mismo
tiempo necesario, avanzar en este sentido. Para que este modelo de priorización pueda
tomar forma, será necesaria la colaboración de los diversos expertos que trabajan en la
materia, de manera de poder fijar las variables ecológicas a utilizar y definir los criterios de
selección (e.g Geneletti et al. 2011, Alloza 2014). La generación de dicho modelo
necesariamente requerirá de ajustes, y por sobre todo, el desarrollo de investigaciones
que permitan validar o rechazar los supuestos utilizados.
Mecanismos para incentivar la restauración de ecosistemas incendiados.
Recursos nacionales
Actualmente la legislación chilena incluye dentro de su normativa diversos mecanismos
con financiamiento definido por ley que podrían ser utilizados para gestionar recursos
para proyectos de restauración. Dentro de los principales mecanismos que se pueden
mencionar se encuentran el DL 701, la ley 20.283 (LBN), el DS 40/2012 (SEIA) y la ley
20.412 (SIRSD-S).
El Decreto de Ley 701 del año 1974 posee dentro de sus objetivos incentivar la
forestación y/o reforestación en suelos degradados. Para ello se estipulan bonificaciones
que pueden llegar hasta el 90% de los costos involucrados en las actividades realizadas,
la que variará dependiendo del tamaño de los predios y el estado de degradación de
éstos. Por su parte, la Ley de Bosque Nativo (LBN) N°20.283, promulgada el año 2008,
generó un fondo de investigación que permite desarrollar investigaciones tendientes a
aumentar el nivel de conocimientos existentes sobre la recuperación de ecosistemas
nativos. De manera complementaria, y en base al objetivo de este cuerpo legal, esta ley
también entrega subsidios para la implementación de acciones orientadas a la
recuperación y mejoramiento del bosque nativo.
El reglamento del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), normativa
que regula lo señalado en el título segundo de la ley de bases del medio ambiente del año
1994, estipula que las actividades que generen un impacto sobre ecosistemas nativos
deben estar asociadas a un plan de compensación o reparación de los daños causados.
Para ello, será responsabilidad de quien genere el daño de disponer de los recursos para
cumplir con estas obligaciones.
Por otra parte, el Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de
los Suelos Agropecuarios (SIRSD-S) del año 2010 incentiva la conservación y
recuperación de suelos degradados mediante la bonificación de actividades orientadas a
este fin. Si bien en dicha ley se explicita que los recursos serán destinados sólo a
sistemas agropecuarios (i.e. producción agrícola), bonifica obras de conservación que
pueden ser utilizadas en zonas agroforestales recientemente incendiadas.
Sin embargo, por el momento los instrumentos que actualmente existen en la
legislación vigente no se encuentran articulados de forma centralizada, y por tanto las
posibilidades de gestionar recursos de forma eficiente para proyectos de restauración es
aún escasa. Actualmente estos instrumentos dependen de distintas entidades del Estado
(i.e. CONAF, MMA, SAG), y por tanto la designación de los recursos entregados se hace
desde una perspectiva de los objetivos e intereses sectoriales, y no desde una visión
integral que permita focalizarlos de forma eficiente en un proyecto de restauración de
mediano y largo plazo.
Recursos internacionales
El país es parte de diversas convenciones y convenios internacionales que podrían
ayudar a generar recursos para acciones de restauración, por ejemplo, la Convención
Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, de la cuál es parte la estrategia de
Reducción de Emisiones causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques
(REDD+). Esta estrategia busca aumentar las reservas de carbono por medio de la
conservación de bosques y la reducción de suelos desnudos. Otro ejemplo, es la iniciativa
de Neutralidad de la Degradación de las Tierras (NDT), parte de la Convención de Lucha
contra la Desertificación (CNULD) de las Naciones Unidas, que busca un aumento o la
mantención de la cobertura boscosa, aumento de la productividad de las tierras y del
carbono orgánico en suelo.
Por ejemplo, las metas del país en termino de la estrategia REDD+ incluyen
reforestar 100.000 ha y manejar sosteniblemente otras 100.000 para el año 2030, y para
ello existirá un nuevo Fondo Forestal Ambiental que buscará asegurar el financiamiento
para estas iniciativas. Por otra parte, las metas NDT para Chile proponen la creación de
programas e iniciativas tendientes a reforestación y restauración de zonas degradadas,
especialmente zonas afectadas por incendios. El objetivo es cumplir para el año 2025 con
la meta de 140.000 ha reforestadas, 20.000 ha restauradas y 10.000 ha restauradas de
ecosistemas afectados específicamente por incendios. Se propone que estas iniciativas
sean financiadas por medio de la nueva Ley de Fomento Forestal, por un Programa
Nacional de Restauración Ecológica, y por financiamiento internacional.
Ambas iniciativas están a cargo de CONAF por lo que representan una
oportunidad única para establecer un financiamiento base para ambos programas y
favorecer actividades de restauración, especialmente post-fuego. El apalancamiento de
fondos para restauración significaría por un lado aumentar las reservas de carbono
(objetivo REDD+) y a su vez aumentar la cobertura boscosa (objetivo NDT). Por otro
lado, ambas iniciativas generan una gran cantidad de datos de información geográfica que
pueden ayudara a definir zonas prioritarias para restauración, ayudando así a planificar y
gestionar los recursos de mejor manera.
Recursos administrativos
En Chile existe la imperante necesidad de generar rápidamente acciones de
restauración en sitios que han sido incendiados. Por otro lado, y dado que de acuerdo a la
ley N° 20.283 y el Reglamento SEIA, cualquier eliminación de superficie de bosque nativo,
e incluso de ejemplares de especies en categoría de conservación generada por
proyectos de desarrollo, deben ser compensadas con reforestación de especies nativas,
es sensato entonces proponer que estas reforestaciones sean desarrolladas en los sitios
que a nivel nacional o regional tengan mayor prioridad para ser restaurados.
Para esto, sería necesaria la creación de alguna entidad centralizada, o la entrega
de atribuciones a instituciones ya existentes, que pudiera establecer y coordinar las
prioridades de restauración en una primera instancia. Esto significa establecer los sitios
que poseen mayor necesidad y urgencia, entre los cuales por cierto se incluirían los sitios
incendiados, y especialmente los identificados como de alta prioridad. En esta línea el
papel que actualmente le cabe a CONAF como punto focal de dos iniciativas
internacionales (REDD+ y NDT), ayudaría a generar la información necesaria, no solo
para cumplir con los objetivos de éstas, sino que también en ayudar a la elaboración de
catastros de los sitios prioritarios para ser restaurados a nivel país.
Una vez resuelta la pregunta de dónde restaurar, proponemos que una alta
proporción de las compensaciones forestales generadas de resoluciones ambientales, así
como plantaciones a ser desarrolladas en planes de manejo forestal exigidos por la LBN,
en particular las de obras civiles, sean desarrollados con un objetivo de restauración, y
que los sitios a restaurar sean aquellos que presenten mayor prioridad. Estos planes,
deben incluir las mejores técnicas de establecimiento y estar dentro de un contexto de
restauración de mediano y largo plazo. Esto no solo ayudaría a la restauración de
ecosistemas nativos, sino que también a cumplir con las metas de aumentar las reservas
de carbono y de aumentar la cobertura boscosa para 2030 y 2025 respectivamente.
Lo anterior implica, en primera instancia, que las compensaciones forestales o
planes de manejo ya no sean sólo plantaciones de especies nativas a niveles prediales,
sino programas reales y completos de restauración ecológica que incorporen una visión
del territorio a nivel ecológico (e.g. cuencas). En segundo lugar, esta propuesta implica
que algunas exigencias de estos planes de compensación sean flexibilizadas, por
ejemplo, en términos de la cantidad de años que las empresas poseen para cumplir con
las exigencias de sobrevivencia de plantas. En este caso, al integrar los planes de
compensación y de manejo en planes de restauración, el éxito de las estrategias de
restauración aplicadas requerirá ser evaluada y validada en plazos mayores,
probablemente bastante más que los dos años que establece la legislación vigente. Se
deberá desarrollar especificaciones para los distintos sistemas forestales nativos, de
manera de entregar indicaciones de plazos ajustados en base a evidencia científica.
Finalmente, los privados que implementen planes de compensación deberán
responsabilizarse por la restauración y protección de un área dada en base a evidencias
científicas de que el sistema no requiere reposición o intervenciones adicionales y esté en
vías de restauración, en el contexto de un sistema de referencia.
Para esto se requiere evaluar y cuantificar periódicamente variables indicadoras
del desarrollo y recuperación del ecosistema en cuestión, de manera de predecir si el
ecosistema llegará, probablemente en el futuro lejano, a restaurarse de la mejor manera
científica y logísticamente posible (Ciccarese et al. 2012). En definitiva, bajo esta
alternativa de gestión, los planes de compensación y manejo, ahora reemplazados por
planes de restauración, debieran basarse en ecosistemas de referencia ecológicamente
válidos, secuencias sucesionales de recuperación, y diferentes estrategias, medidas y
técnicas de restauración (Ciccarese et al. 2012).
Muchas veces las empresas que desarrollan proyectos que involucran la
eliminación de bosque nativo no poseen superficies disponibles para realizar estas
reforestaciones o compensaciones, y deben emplear fondos para obtener estas
superficies o arrendar sitios a otros propietarios. Así también, las empresas que se
adhieren a certificaciones forestales (e.g. FSC) pueden requerir implementar acciones de
restauración de bosque nativo en sus predios, lo que puede brindar oportunidades
adicionales para diseñar y coordinar planes de restauración a una escala mayor a la
predial. En este sentido, bajo esta propuesta, la distribución centralizada de sitios a
restaurar no sólo podría proporcionar a las empresas los sitios para desarrollar los planes
de compensación que exige la ley, sino también actuar como un eje articulador entre los
distintos privados que requieren implementar acciones de restauración.
Conclusión
Los incendios forestales son actualmente un importante factor degradador de los
ecosistemas nativos de Chile. Si bien los esfuerzos por prevenir los incendios forestales
se han incrementado en los últimos años, los efectos del cambio climático, el cambio de
uso de suelo, la fragmentación del paisaje y la irracionalidad humana, hacen difícil pensar
que los incendios forestales puedan disminuir ostensiblemente en el corto plazo. En
consecuencia, no sólo es importante invertir en la prevención de los incendios, sino
también en recuperar los ecosistemas (y sus servicios ecosistémicos) que seguirán
viéndose degradados por la acción del fuego.
Actualmente es primordial avanzar en la formulación de una estrategia nacional de
restauración de ecosistemas y sinergias con programas internacionales para abordar de
forma integral la urgencia de conservar y restaurar los ecosistemas nativos. Si bien la
priorización de sitios y gestión de recursos corresponde a una parte importante de esta
tarea, para poder implementar esta estrategia, será necesario también avanzar en otras
tareas como infraestructura (e.g. viveros), capacitación de personal, guías de evaluación
temprana y guías de procedimientos técnicos.
Finalmente, la decisión de qué sitios serán restaurados probablemente necesitará
una evaluación que integre también aspectos sociales y económicos, pero para que ello
pueda ocurrir necesariamente debemos evaluar primero el potencial que tiene cada sitio
para recuperar su trayectoria ecológica.
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Article
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We conducted an analysis of global forest cover to reveal that 70% of remaining forest is within 1 km of the forest’s edge, subject to the degrading effects of fragmentation. A synthesis of fragmentation experiments spanning multiple biomes and scales, five continents, and 35 years demonstrates that habitat fragmentation reduces biodiversity by 13 to 75% and impairs key ecosystem functions by decreasing biomass and altering nutrient cycles. Effects are greatest in the smallest and most isolated fragments, and they magnify with the passage of time. These findings indicate an urgent need for conservation and restoration measures to improve landscape connectivity, which will reduce extinction rates and help maintain ecosystem services.
Article
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An account is given of the evolution and characteristics of the settlement of Magallanes during the 20th century, a phenomenon that has been subject to the geographic, social and economic circumstances, and that has resulted in a notorius concentration of population in a few urban centers and in an under-popultaed rural sector. Information is also given of an attempt of reversing this traditional tendency by a policy of promoting the settlement of people that finally endeb by being insufficient. Questions are made about the advantages of maintaining the current settlement system given a future of integral regional development.
Article
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Landscape ecology focuses on the reciprocal interactions between spa-tial pattern and ecological processes, and it is well integrated with ecology. The field has grown rapidly over the past 15 years. The persistent influence of land-use history and natural disturbance on contemporary ecosystems has become apparent. Devel-opment of pattern metrics has largely stabilized, and they are widely used to relate landscape pattern to ecological responses. Analyses conducted at multiple scales have demonstrated the importance of landscape pattern for many taxa, and spatially medi-ated interspecific interactions are receiving increased attention. Disturbance remains prominent in landscape studies, and current research is addressing disturbance interac-tions. Integration of ecosystem and landscape ecology remains challenging but should enhance understanding of landscape function. Landscape ecology should continue to refine knowledge of when spatial heterogeneity is fundamentally important, rigorously test the generality of its concepts, and develop a more mechanistic understanding of the relationships between pattern and process.
Article
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The effects of weather, terrain, fuels on fire severity were compared using remote sensing of the severity of two large fires in south-eastern Australian forests. The probability of contrasting levels of fire severity (fire confined to the understorey vs. tree canopies consumed) was analysed using logistic regression. These severities equate to extremes of fire intensity (<1,500 vs. >10,000kWm−1), consequent suppression potential (high vs. nil) and potential adverse ecological impacts on vertebrate fauna and soils (low vs. high). Weather was the major influence on fire severity. Crown fire was absent under non-extreme weather and but more likely under extreme weather, particularly on ridges in vegetation unburnt for >10years. Crown fire probability was very low in recently burnt vegetation (1–5years) and increased at higher fuel ages. In all cases, fire severity was lower in valleys, probably due to effects of wind protection and higher fuel moisture in moderating fire behaviour. Under non-extreme weather, fires are likely to be suppressible and burn heterogeneously, due to the influence of topographic position, slope and fuel load. Under extreme weather, fires are influenced only by fuel and topographic position, and probability of suppression on accessible ridges will be low except in recently burnt (i.e. 1–5year old) fuels. Topographically imposed variation may mitigate adverse ecological effects on arboreal fauna and soil erosion potential. KeywordsFire intensity-Fire suppression-Fire regimes-Prescribed burning-Ecological effects
Article
The rapid rise of ecological restoration is forcing consideration of what good restoration entails. Defining an end point for restoration is as much an ethical matter as a technical one, but scientifically trained restorationists have largely ignored the former issue. I argue that good restoration requires an expanded view that includes historical, social, cultural, political, aesthetic, and moral aspects. This expanded definition is necessary at a practical level to guide practitioners in the pursuit of excellence and at a conceptual level to prevent restoration from being swamped by technological activities and projects that veer away from ecological fidelity. Ecological fidelity is based on three principles: structural/compositional replication, functional success, and durability. These principles produce effective restoration, which is a necessary but not a sufficient condition of good restoration. An examination of characteristic problems that emanate from technological practices—reverse adaptation, an attention to product at the expense of process, and the separation of actions from consequences—leads directly to an expanded, inclusive framework for restoration. The results of an inclusive restoration process set up conditions necessary for restoration to achieve both ecological fidelity and harmonious human relationships within ecosystems.
Estadísticas -Resumen Nacional Ocurrencia (Número) y Daño (Superficie Afectada) por Incendios Forestales
CONAF (2018) Estadísticas -Resumen Nacional Ocurrencia (Número) y Daño (Superficie Afectada) por Incendios Forestales 1964 -2017. Corporación Nacional Forestal, Chile. http://www.conaf.cl/incendios-forestales/incendios-forestales-en-chile/estadisticashistoricas (Accedido 27 Mar 2018).
El poblamiento rural en Magallanes durante el siglo XX
  • Martintc M
MARTINTC M (2006). El poblamiento rural en Magallanes durante el siglo XX. Realidad y Utopía. Magallánica 34:5-20.