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Lineamientos principales de la política exterior argentina hacia Venezuela durante el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) | Main guidelines of argentinian foreign policy towards Venezuela during Mauricio Macri’s government (2015-2019)

Authors:
Mural Internacional, Rio de Janeiro, Vol.12, e61179, 2021.
DOI: 10.12957/rmi.2021.61179| e-ISSN: 2177-7314
LINEAMIENTOS PRINCIPALES DE LA POLÍTICA EXTERIOR ARGENTINA
HACIA VENEZUELA DURANTE EL GOBIERNO DE MAURICIO MACRI (2015-
2019)
Main guidelines of argentinian foreign policy towards Venezuela during Mauricio
Macri’s government (2015-2019)
Mariana Calvento
1
Delfina Sol Campanella
2
1
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN), Centro de Estudios
Interdisciplinarios en Problemáticas Internacionales y Locales (CEIPIL), Tandil, Buenos Aires, Argentina.
E-mail: marianacalvento@yahoo.com.ar. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0257-3270.
2
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN), Centro de Estudios
Interdisciplinarios en Problemáticas Internacionales y Locales (CEIPIL), Tandil, Buenos Aires, Argentina.
E-mail: delficampanella@gmail.com. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5074-783X.
Recebido em: 19 jul. 2021 | Aceito em: 05 nov. 2021.
[2]
Esta obra está licenciada sob uma Licença Creative Commons Atribuição 4.0 Internacional.
Calvento, M.; Campanella, D. S.
Mural Internacional, Rio de Janeiro, Vol.12, e61179, 2021.
DOI: 10.12957/rmi.2021.61179| e-ISSN: 2177-7314
RESUMEN
El presente trabajo tiene como objetivo indagar y describir la política exterior argentina (PEA)
desarrollada durante la presidencia de Mauricio Macri en el periodo 2015-2019, enfatizando en
los vínculos adoptados con la República Bolivariana de Venezuela. A partir del año 2015, la
Argentina y la región latinoamericana evidenciaron una serie de cambios producto de la
conjunción de factores del contexto nacional, regional e internacional de entonces. En el país, el
2015 marca el final de la etapa kirchnerista y da inicio a la gestión macrista de la mano de la
coalición Cambiemos, cuya agenda tuvo profundos cambios en materia política, económica, social
y en la estrategia de inserción internacional y política exterior, lo que se materializó en la relación
con Venezuela. En dicho marco, el trabajo realiza un abordaje acerca de la política exterior (PE)
implementada por la administración macrista, destacando los principales aspectos de su
estrategia de inserción internacional.
Palabras claves: Política exterior. Argentina. Macri.
ABSTRACT
This article aims to investigate and describe the argentinian foreign policy during Mauricio Macri’s
government, in the period 2015-2019, emphasizing the links adopted with the Bolivarian Republic
of Venezuela. From 2015, Argentina and the Latin American region evidenced a series of changes
resulting from the conjunction of factors of the national, regional and international context at that
time. In the country, 2015 marks the end of the Kirchnerist stage and begins the macrista
administration led by the Cambiemos coalition, whose agenda had profound changes in political,
economic and social areas and in the strategy of international insertion and foreign policy, which
was materialized in the relationship with Venezuela. In this frame, this work makes an approach
about the foreign policy implemented by the macrista administration, highlighting the main
aspects of its international insertion strategy
Keywords: Foreign policy. Argentina. Macri.
INTRODUCCIÓN
En la Argentina, el año 2015 marca el final de los doce años de la etapa “kirchnerista” y da
inicio a la gestión de Mauricio Macri, que llega al gobierno de la mano de la coalición
“Cambiemos”. Desde el inicio de su mandato, éste buscó diferenciarse de la administración
anterior y diseñó una agenda con profundos cambios en materia política, económica, social y
también internacional. En este sentido, el nuevo gobierno trajo aparejado un cambio en la
estrategia de desarrollo que, por ende, tuvo su correlato en la política exterior (D´Alesio, 2019).
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En este marco, el presente trabajo establece como objetivo analizar la política exterior
argentina durante el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) que, por cuestiones de extensión,
se aboca a los lineamientos principales de la misma, dando cuenta cómo, a través de los vínculos
con Venezuela, se materializó una PEA de alineamiento a los Estados Unidos.
El enfoque de la investigación es fundamentalmente cualitativo y la problemática
planteada prevé un análisis de fuentes primarias, constituidas por discursos de los representantes
del Poder Ejecutivo nacional como así también por documentos oficiales de Cancillería Argentina.
Sumado a ello, se tuvieron en cuenta artículos e informes elaborados tanto por otras entidades
nacionales como ministerios, agencias, etc.- como también regionales. Este análisis permitió
detectar el posicionamiento argentino en términos de política exterior y los lineamientos referidos
a la vinculación con Estados Unidos, Venezuela, entre otros. En segundo lugar, en relación a las
fuentes secundarias, se realizó una búsqueda y análisis de documentos académicos, haciendo
hincapié en los estudios que abordan la cuestión. Además, se trabajó complementariamente con
material de fuentes periodísticas dada la contemporaneidad del objeto de estudio.
Para poder estudiar la política exterior argentina durante el gobierno de Mauricio Macri
(2015-2019), previamente es necesario hacer algunas aproximaciones a la temática. En términos
conceptuales, siguiendo a autores como Rubén Perina (1988), al hablar de política exterior se
entiende por ella al conjunto de decisiones y acciones tomadas por los gobernantes de un Estado-
nación, en respuesta a demandas y determinantes tanto internos como externos del mismo. Otra
definición es la que da Roberto Miranda (2014), quien la entiende como un instrumento estatal,
orientado hacia el desarrollo del universo de las relaciones internacionales del país. Además,
enuncia que “la política exterior es el resultado de la asociación entre la percepción que las clases
dirigentes tienen del mundo y los modos de inserción que estas clases pretenden para el Estado
en el marco internacional” (Miranda, 2005:4).
Como señala Luciano Tomassini (1987) cabe destacarse, además, que la política exterior
es una acción de política gubernamental, es decir una política pública, que comprende diferentes
dimensiones, entre ellas la económica, diplomática, y militar-estratégica. Celso Lafer (2002)
sostiene que la política exterior en tanto política pública debe guiarse por la meta de trabajar a
nivel internacional para contribuir a la solución de problemas, necesidades e intereses locales.
De esta manera, no hay una definición unívoca de política exterior. No obstante, en el
presente trabajo se entiende por ella al conjunto de acciones desarrolladas por un Estado-nación
hacia el medio externo, considerándola como una acción de política gubernamental y, por ende,
una política pública. Se analiza la política exterior como producto de la conjunción de variables
internas y externas, puesto que la mayoría de los estudios que tienen por objeto su análisis, tratan
a ésta como una variable dependiente, en gran medida del modelo de desarrollo del país y demás
condicionantes del Estado en cuestión. En este punto, cabe mencionar que en el análisis se
considera al modelo de desarrollo implementado por la gestión macrista como uno de los
condicionantes internos centrales incidentes en la formulación de la PE.
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Asimismo, Russell y Tokatlián (2013) tipifican dos lógicas predominantes en las políticas
exteriores latinoamericanas: aquiescencia y autonomía. Por un lado, la “lógica de la autonomía”
ha sido la más practicada en América Latina y la que ha contado con más apoyo y legitimidad por
parte de las fuerzas políticas y sociales. Por otro lado, la “lógica de la aquiescencia”, como
estrategia secundaria, resulta al igual que la primera- de la condición subordinada de América
Latina en el sistema internacional y de la pertenencia del país o países que la practican al área de
influencia de EEUU, pero se consiente y asimila de manera explícita o implícita- dicha condición.
Sus principales fines son: lograr el apoyo de EEUU para obtener dividendos materiales o simbólicos
en contrapartida por la deferencia; construir un marco de convivencia estable con Washington
confiando en su autorrestricción; y contar con su protección para sostener la coalición en el poder.
Para ello se utilizan medios diversos, desde militares hasta el uso de instituciones internacionales
para responder a los intereses norteamericanos. La opción estratégica proverbial que deriva de
esta lógica es el acoplamiento (Russell y Tokatlián, 2013).
De esta manera y en función de la caracterización esbozada anteriormente, coincidimos
con analistas como Busso (2017) al enmarcar la lógica de la aquiescencia como guía de la acción
externa argentina durante el gobierno de Mauricio Macri.
LINEAMIENTOS Y OBJETIVOS DE LA POLÍTICA EXTERIOR DEL GOBIERNO DE MAURICIO MACRI
Siguiendo a Anabella Busso (2017), desde el inicio del gobierno de Macri en diciembre de
2015 se privilegió la “inserción occidental”, la cual implicaba: encumbrar los vínculos con Estados
Unidos y países de Europa; aceitar las relaciones con los organismos multilaterales de crédito
(FMI, Banco Mundial) y otros espacios multilaterales (OMC, G20 financiero); recomponer los
contactos con el sector financiero internacional y empresas multinacionales; reorientar las
relaciones latinoamericanas hacia los países con una propuesta de inserción semejante y
reposicionar a otros países en la agenda de Política Exterior que también enriquecen la lógica de
una conducta pro-occidental independientemente de su ubicación geográfica, como Canadá,
Israel y Japón.
En esta línea, Simonoff (2016) señala que se desarrolla un giro de 180 grados” con
respecto a los vínculos con las potencias tradicionales como EEUU y Europa Occidental- y que
apuntaba a esos actores del poder mundial, en una construcción más “occidentalista” o
“globalista” que la llevada adelante por Cristina Fernández. De esta manera, se parte de una
postura crítica frente a la política exterior desarrollada por su predecesora, entendiendo que
durante los gobiernos anteriores el país se había aislado internacionalmente. Así, se buscó
reinsertar a la Argentina en el mundo y recomponer los vínculos que, bajo esta mirada, habían
sido descuidados en los años precedentes (Listrani Blanco y Zaccato, 2018).
Para numerosos autores, el eje económico fue el elemento de mayor peso en la política
exterior. Listrani Blanco y Zaccato (2018:173) señalan que la misma tuvo como axioma que las
relaciones exteriores estuvieran al servicio de las potencialidades económicas, de allí el carácter
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eminentemente económico de la diplomacia bajo la gestión de Macri: “el punto de partida fue un
movimiento de apertura incondicional hacia el mundo”. Partiendo del diagnóstico de que la
política exterior precedente había configurado a la Argentina como un país hostil a los ojos del
capital internacional, es que la política exterior macrista se propuso recuperar los lazos con
Estados Unidos y acercarse a los organismos multilaterales de crédito. También Míguez (2017)
entiende a la política exterior de Macri en “clave económica”, argumentando que la misma se
orientó a profundizar los lazos de dependencia económica y política respecto de las potencias,
basándose en la idea de “acoplarse”, pensada como la contrapartida del “aislamiento” –al cual se
creía que se había incurrido durante la época kirchnerista-.
Asimismo, cabe señalar que esto se explica por la incidencia del modelo de desarrollo en
la formulación e implementación de la política exterior. A modo de síntesis y en términos
económicos, el gobierno de Mauricio Macri adhirió a los postulados del modelo neoliberal, siendo
las grandes corporaciones económicas y los sectores financieros los grandes beneficiarios del
modelo. En términos políticos, el poder social -sectores económicos predominantes- coincidió con
el poder político, siendo su administración catalogada como “el gobierno de los CEOs”, debido a
la presencia en su gabinete de representantes de grandes empresas y sectores de finanzas. De
esta manera, la política exterior persiguió objetivos económicos, entendiendo que para solucionar
los problemas de la Argentina era necesario acceder a financiamiento externo, lo que explica la
prioridad de las relaciones con potencias centrales (fundamentalmente los EEUU, aunque también
Europa) y la recomposición de los vínculos con las instituciones financieras internacionales, como
se aborda en este trabajo.
Del mismo modo, Corigliano (2018) concibe a la política exterior de Macri bajo un concepto
denominado “híbrido liberal-desarrollista” o “alberdista-frondizista”. Por un lado, sostiene que el
gobierno de Macri compartió con el pensamiento de Alberdi “la concepción de la política exterior
como política económica y comercial por excelencia; la paz como presupuesto del desarrollo
económico; la multiplicación de acuerdos comerciales con todas las grandes naciones”. Asimismo,
entiende que la política exterior de Cambiemos comparte algunos elementos con el pensamiento
desarrollista de Arturo Frondizi:
“la inversión (del sector público y privado nacional y extranjero) como condición del
desarrollo económico y del mejoramiento de las condiciones de vida de la población […];
la política exterior como instrumento de atracción de capitales foráneos; y un activo rol
del Estado argentino en la orientación de las inversiones públicas y privadas, nacionales
y extranjeras, hacia tres áreas prioritarias internas: generación de oportunidades de
empleo, obras de infraestructura y autoabastecimiento energético” (Corigliano,
2018:68).
Esa concepción ilustra una visión optimista a largo plazo del proceso de globalización y sus
bondades para el desarrollo económico de la Argentina, aunque no obstante el ritmo de llegada
de las inversiones fue mucho más lento que el esperado por el gobierno (Tokatlián y Russell, 2017).
Como ya se adelantó, en vistas de la construcción “occidentalista” de la política exterior
(Simonoff, 2016), el gobierno argentino buscó privilegiar los vínculos con las potencias
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tradicionales. Con la Unión Europea, ejemplo de ello fue la firma del Acuerdo MERCOSUR-UE,
donde se buscó utilizar al MERCOSUR como un “trampolín” o “puerta de acceso” a mercados como
el de la Unión Europea o la Alianza del Pacífico.
Por su parte, la vinculación con Estados Unidos experimentó un cambio importante con la
llegada al poder de Mauricio Macri. En el marco de la concepción favorable del gobierno al proceso
de globalización, se proclamaría la necesidad de “volver al mundo” y desideologizar la política
exterior. De esta manera, la relación con Estados Unidos constituiría otra de las dimensiones más
notables del viraje en materia de política exterior (Frenkel, 2016) y sería una de las prioridades
reconstruir el vínculo con la potencia del norte (Mazzina y González Cambel, 2018).
En la mirada del gobierno de Cambiemos, el diagnóstico partía de la idea de que lograr el
beneplácito de la primera potencia facilitaría una mejor obtención de los dividendos de la
globalización, atraería capitales y coadyuvaría a una inserción competitiva en las cadenas globales
de valor (Frenkel y Azzi, 2018). Así, el gobierno de Macri no ahorró señales hacia el gran capital
financiero, pero sobre todo hacia los Estados Unidos (Morgenfeld, 2017).
Como señala Gullo Maraví (2018), los nculos con la administración de Barack Obama
estuvieron marcados por un alto grado de coincidencia ideológica entre ambos mandatarios, en
tanto compartían las creencias de un orden liberal internacional signado por la libertad comercial
y el multilateralismo. En 2016, la Argentina recibió la visita del mandatario norteamericano, que
fue la primera luego de diez años, cuando en 2005 George W. Bush había visitado Mar del Plata
para la Cumbre del ALCA. Tras la misma el vínculo con Washington se profundizó y se firmaron
diversos acuerdos bilaterales, fundamentalmente en materia económica y también de seguridad
y defensa (Frenkel y Azzi, 2018).
Por otra parte, desde el punto de vista económico-comercial, es preciso destacar varias
cuestiones. En primer lugar, cabe mencionar que a la visita del presidente Obama en 2016 también
se sumó el Secretario del Tesoro, con quien se concentró una salida negociada con los holdouts
obstáculo primordial durante los últimos años del kirchnerismo- (Listrani Blanco y Zaccato, 2018).
En segundo lugar, siguiendo a Frenkel y Azzi (2018), el gobierno de Macri se volvió un ferviente
impulsor de las agendas e iniciativas de libre comercio promovidas desde Washington o que
cuentan con su aprobación-: tal es así que la Argentina se incorporó como miembro observador
de la Alianza del Pacífico y manifestó también su intención futura de sumarse al Acuerdo
Transpacífico de Cooperación Económica (TPP). A ello igualmente se vinculan las apuestas a la
flexibilización del MERCOSUR y su vinculación con la región pacífica. Por último, se destacó la firma
de un Acuerdo Marco sobre Comercio e Inversiones (AMCI), entendido como un primer paso
previo a un acuerdo de libre comercio entre Argentina y los EEUU (Torino, 2016).
Algunos académicos comparan las relaciones con los EEUU durante la gestión de Macri
como una vuelta a la década de los noventa y a las relaciones carnales, principalmente en lo que
refirió al deseo de solucionar los conflictos con los organismos multilaterales de crédito y atracción
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de inversiones extranjeras para reactivar la economía. En esta línea, Leandro Morgenfeld (2017:1)
sostiene que el nuevo gobierno “sobreactuó el alineamiento con Washington” y que los vínculos
forjados entre Macri y Obama fomentaron un exitismo exagerado (Busso, 2017). Ello llevó a que
el presidente y la Canciller dieran por hecho el triunfo de Hillary Clinton, sucesora de Obama. Sin
embargo, las elecciones de noviembre de 2016 llevaron al republicano Donald Trump y sus
anuncios de proteccionismo a la Casa Blanca: “esto implicó barajar y dar de nuevo” (Busso,
2017:11).
La llegada de Donald Trump supuso un desafío para la relación entre la Argentina y los
EEUU: mientras Obama coincidía con Macri en la defensa del orden liberal internacional, su
sucesor tuvo una postura más nacionalista y reacia a la globalización y al multilateralismo
(Corigliano, 2018). No obstante, el mandatario norteamericano prometía que serían mejores
relaciones bilaterales y daba cuenta de conversaciones telefónicas con su par argentino, que,
según Malcorra, fueron entre “dos viejos amigos” (Mazzina y González Cambel, 2018).
Sin embargo, el vínculo bilateral no estuvo exento de algunas tensiones. Como señala
Castaño (2017a), la victoria de Trump no solo desterró el proyecto del TPP, sino que muchas de
éstas se derivaron de las restricciones estadounidenses sobre las exportaciones argentinas de
limones, carnes y biodiesel, algo a tono con las promesas del America First, que reeditó un
proteccionismo agrícola que históricamente afectó el acceso de productos argentinos al mercado
norteamericano.
En suma, entre los principales temas de agenda en materia de política exterior durante la
gestión macrista se pueden identificar la búsqueda de reforzar vínculos con poderes tradicionales
como los EEUU y la UE, la participación en instancias multilaterales, apertura de mercados,
enfatizando la dimensión económica de la política exterior, entre otros. Asimismo, el modelo de
desarrollo económico y político neoliberal, con una agenda de inserción internacional
marcadamente aperturista y pro-occidental explica la orientación de la política exterior y los
vínculos adoptados durante la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019).
La política exterior de Mauricio Macri hacia Venezuela
Los vínculos con Venezuela fueron uno de los ejes centrales de la política exterior argentina
durante la gestión de Mauricio Macri (2015- 2019). Ya desde la campaña electoral en 2015, la
política exterior de la etapa kirchnerista fue objeto de crítica y se expresaba la preocupación ante
la situación venezolana, denunciando la persecución a opositores y las violaciones sistemáticas de
los derechos humanos en Venezuela. En este sentido, se reclamaría la aplicación de la cláusula
democrática en el seno del MERCOSUR.
A partir de entonces, se iniciaría una escalada en el conflicto bilateral, con altibajos y
acusaciones cruzadas (Frenkel, 2016). Una de las constantes en la PE entre 2015-2019 fueron las
acusaciones que tildaban al régimen venezolano como antidemocrático. En numerosas ocasiones,
la Cancillería hizo referencia a “la importancia de la defensa y firme impulso de los valores y la
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plena vigencia de las instituciones democráticas y de la protección, promoción y respeto irrestricto
de los Derechos Humanos, para consolidar los procesos democráticos” (Comunicado conjunto de
los presidentes del MERCOSUR y Estados asociados- Cumbre de Asunción, 2015).
Por su parte, el gobierno de Caracas respondería denunciando la injerencia de la Argentina
y otros países de la región en sus asuntos internos. Tanto el presidente Nicolás Maduro como la
ministra de Relaciones Exteriores, Delcy Rodríguez, criticaron la preocupación de sus vecinos por
“incursos en delitos terroristas” haciendo alusión a la oposición- y repudiaron las “acciones en
contra de la Patria de Simón Bolívar a manos de los carteles de la derecha internacional”
(Página12, 2015).
Siguiendo a Frenkel (2016), esta confrontación con Caracas obedecería a dos razones
primordiales. Por un lado, dar cuenta de la nueva estrategia de inserción internacional argentina,
marcadamente aperturista y pro-occidental. Como señala Francisco Castaño (2017b), la búsqueda
de capitales externos por parte del gobierno de Macri ha ido de la mano con la condena esbozada
hacia Venezuela y el acercamiento con la potencia norteamericana. Por otra parte, la ofensiva
contra Venezuela también significaría correr a un potencial veto a la flexibilización del MERCOSUR,
impulsada por la Argentina y otros países de la región. Esta pretensión choca con la idea de una
profundización y ampliación de la integración en la región representada por Venezuela, idea que
comienza a ser combatida, y con ella el gobierno de Maduro (Quintanar y Cifuentes, 2016).
En esta línea, Dinatale (2015) expresa que, desde la mirada latinoamericana, Mauricio
Macri buscaría correr a la Argentina del eje bolivariano que construyeron los Kirchner con
Venezuela, Bolivia y Ecuador, respaldando fuertemente a la oposición venezolana. Ejemplo de ello
fue la vinculación con líderes opositores perseguidos por el chavismo como Leopoldo López
(Dinatale, 2015).
A partir de ello, se proceden a analizar algunos rasgos que dan cuenta de la confrontación
en los vínculos bilaterales entre Argentina y Venezuela, como así también ante distintos espacios
regionales y multilaterales.
A nivel bilateral, y en lo que respecta a los vínculos económicos, según datos del INDEC
3
,
se pueden dilucidar algunas variaciones en el intercambio comercial argentino con la RBV desde
finales de 2013, que se profundizan a lo largo de la administración de Macri. Según el organismo,
hasta 2015 Venezuela constituía, detrás de Brasil, uno de los países con el que se registraron
mayores intercambios en materia de comercio exterior en el MERCOSUR. No obstante, a partir de
2016, si bien persiste una balanza superavitaria, se comenzaron a registrar descensos en la
magnitud de los intercambios, pasando de un saldo de US$639 millones en 2016 a uno de US$351
millones en el año 2018. Para 2017, el comercio bilateral se ubicó en un setenta por ciento debajo
del récord de 2013, pasando Venezuela de ser el quinto mercado para la Argentina al vigésimo
3
Balanza comercial argentina con los países del MERCOSUR. Años 2014-2018, Sitio web oficial.
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tercero, según el INDEC. Para el 2019, los intercambios fueron muy atenuados. Sin embargo, cabe
aclarar que estas variaciones en la balanza comercial se dan en un contexto de recesión económica
de la Argentina, además de la agudización de la situación económica, política, institucional, social
y humanitaria de la RBV. De esta manera, a pesar de existir diferencias político-ideológicas entre
los gobiernos de Macri y Maduro, estas no explican por sí mismas la disminución del intercambio
comercial.
En cuanto a la vinculación diplomática, los contactos entre Argentina y Venezuela durante
el periodo fueron escasos. A lo largo de la administración de Macri, no se sustanciaron acuerdos
bilaterales entre ambos países. Por otro lado, cabe mencionar que no hubo prácticamente
intercambio de visitas entre altos funcionarios del Estado argentino y la RBV. Sólo en una ocasión
en 2016, la canciller Malcorra se reunió en secreto en Caracas con la ministra de Relaciones
Exteriores Delcy Rodríguez, buscando una alternativa de diálogo para afrontar la crisis (El Cronista,
2016).
Al asumir la presidencia en 2015, Macri ordenó extender hasta agosto de 2017 la misión
de Eduardo Porretti, diplomático de carrera, como Encargado de Negocios en la Embajada de la
República Argentina en Venezuela (Niebieskikwiat, 2017). Cumplido ese lapso, el presidente
sostuvo que la embajada en Caracas permanezca en el nivel de encargado de negocios. Como
señala Niebieskikwiat (2017), en materia diplomática ello constituye una demostración de frialdad
en un vínculo cuando existe algún conflicto, y efectivamente así lo fue.
En 2019, tras el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela,
Elisa Trotta Gamus (designada por la AN) fue reconocida como embajadora de la RBV. En dicha
ocasión, el canciller sostuvo que la Argentina no había roto relaciones con Venezuela, sino que
“los Estados mantienen relaciones entre sí, con independencia de los gobiernos”. Al igual que los
demás integrantes del Grupo de Lima, Argentina desconoció los documentos de los diplomáticos
emitidos por Maduro. En una conferencia de prensa, Faurie agregó que “el relacionamiento
comercial entre ambos países es prácticamente inexistente” y que “desde Argentina no tenemos
relaciones culturales de relieve ni otras de tipo social o deportivo” (Telam, 2019).
Asimismo, a lo largo de la administración de Macri, la diplomacia argentina también
profundizó una política exterior caracterizada por la condena al gobierno de Nicolás Maduro en
distintas instancias regionales, tales como el MERCOSUR, la OEA, y la UNASUR y PROSUR.
En lo que respecta al MERCOSUR, en 2017 el gobierno argentino se plegó a la decisión
conjunta con los países fundadores del bloque de suspender a Venezuela del organismo. Entre las
razones que se alegaron en dicha decisión, se mencionó la ruptura del orden democrático en la
RBV, obstáculo para la continuidad del proceso de integración. Como señala Frenkel (2016),
dentro de la reorientación neoliberal del MERCOSUR es que debe entenderse la suspensión, ya
que Venezuela significaba un obstáculo para el cumplimiento de los objetivos fijados por los
gobiernos que representan el cierre del ciclo progresista. Así, como argumenta Morgenfeld
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(2019), al buscar expulsar a Venezuela el gobierno de Macri hirió de muerte al organismo,
procurando transformarlo en una estructura más flexible, alejada de los objetivos de desarrollo
con inclusión.
Por otra parte, en el seno de la OEA, la diplomacia argentina se alineó a la estrategia de
Estados Unidos de aislamiento hacia Venezuela
4
, la cual ha seguido la tradicional política hacia
Cuba. Para ello, como señala Dithurbide (2018), el gobierno de Estados Unidos ha impulsado y
apoyado las iniciativas para la conformación de un “cerco de contención” conformado por los
países sudamericanos más afines políticamente. Este cerco se ha materializado, por ejemplo, en
la creación del Grupo de Lima
5
y en numerosas decisiones tomadas por la OEA. Se busca, por un
lado, evitar que la conflictividad social venezolana se expanda más allá de sus fronteras y genere
conflictos regionales, y por otro aislar al gobierno de Maduro para ejercer presión sobre éste.
En el seno del Grupo tuvo lugar el apoyo y reconocimiento brindado al autoproclamado
presidente interino de la RBV -en calidad de presidente de la Asamblea Nacional- Juan Guaidó. En
la reunión del 4 de febrero del 2019 realizada en Ottawa, los gobiernos de Argentina, Brasil,
Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paragua y Perú expresaron
que “acogen con gran satisfacción la solicitud del presidente encargado Juan Guaidó de incorporar
al legitimo gobierno de Venezuela al Grupo de Lima y le dan la bienvenida” (Declaración del Grupo
de Lima, 2019).
En el comunicado oficial
6
de Cancillería (2019b) y en conformidad con los integrantes del
Grupo, el gobierno de Cambiemos comunicó su decisión: “el gobierno de la República Argentina
reconoce al Diputado Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela. La Argentina
continuará apoyando el restablecimiento de la democracia, el pleno respeto de los derechos
humanos en ese país hermano y la recuperación de las condiciones de vida dignas para el pueblo
venezolano”. Asimismo, a través de una serie de twits, el presidente Mauricio Macri agregó que
confiaba en que dicha decisión contribuiría al “restablecimiento de la democracia a partir de
elecciones libres y transparentes, con plena vigencia de la Constitución y la participación de líderes
de la oposición” (Infobae, 2019a).
Finalmente, otra cuestión a destacar fue la decisión del gobierno argentino de suspender
su participación de la UNASUR y sumarse al PROSUR. A los fines del análisis, resulta central
destacar que el mecanismo idóneo para encontrar una solución política a la crisis venezolana sería
4
Cabe aclarar que este alineamiento a la potencia norteamericana es propio del período de Jorge Faurie como canciller, dado que
Susana Malcorra había manifestado una posición más ambigua.
5
El Grupo de Lima es un mecanismo de concertación política que tuvo su origen en la Declaración de Lima del 8 de agosto de
2017, y que surge debido a la imposibilidad de activar en la OEA la Carta Democrática Interamericana para suspender a Venezuela,
debido al bloqueo de votos por parte de los países caribeños, y en respuesta a la puesta en funciones de la Asamblea Nacional
Constituyente (Quintanar y López, 2019). Siguiendo a los autores, constituye un nuevo espacio sin sostén legal de ningún tipo, un
grupo de presión contra el gobierno de Maduro.
6
Comunicado de Cancillería argentina: “Reconocimiento del presidente encargado Juan Guaidó”. 23 de enero de 2019.
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la UNASUR, que desde 2009 funcionó como ámbito de resolución de diversos conflictos regionales
(Simonoff, 2019). No obstante, la decisión del gobierno argentino de suspender su participación
en abril de 2019, debido a la existencia de una agenda con un “alto contenido ideológico”
(Cancillería, 2019a), pone en tela de juicio su vocación de encontrar una solución a la situación
venezolana.
Paralelamente, el gobierno de Mauricio Macri decidió sumarse a la iniciativa del PROSUR,
calificado por numerosos analistas como el nuevo bloque regional que excluye a Venezuela
7
. En
palabras de Alejandro Frenkel (2019), la creación del PROSUR “no significó agregar una nueva sigla
al rompecabezas de la integración latinoamericana, sino reemplazar otra existente”: la UNASUR,
al haber abandonado la misma aduciendo al exceso de ideologismo y burocracia. En este sentido,
Frenkel exclama: “si la UNASUR contuvo diferentes formas de mirar al mundo, el PROSUR carece
de pluralidad” (Frenkel, 2019:2). De esta manera, se puede evidenciar nuevamente el desarrollo
de una política ideológica y de alineamiento a los intereses estadounidenses, al excluir a la RBV y
desechar la búsqueda de una solución negociada y pacífica a la crisis venezolana.
CONCLUSIONES
A lo largo del presente artículo se han indagado los principales lineamientos de la política
exterior argentina durante el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019).
En términos de política exterior y en el marco de una concepción favorable al proceso de
globalización, predominó la idea de “volver al mundo” sosteniendo que durante los últimos años
de los gobiernos kirchneristas el país se había aislado internacionalmente. Se entendía que para
solucionar los problemas económicos de la Argentina era necesario acceder a vías de
financiamiento externo, frente a lo cual se priorizaron las relaciones con las potencias centrales
como Estados Unidos y Europa- y la recomposición de los vínculos con las instituciones financieras
internacionales.
En ese sentido, y en el marco de una construcción madura e inteligente con los Estados
Unidos, los vínculos con la potencia del norte se erigieron como prioritarios. En este punto, se
concluye que la Argentina de Macri desarrolló un alineamiento a los intereses de la potencia del
norte, lo que se debió, a cuestiones fundamentalmente económicas y también políticas. Entre
ellas, el apoyo de la administración Obama al pago de los holdouts y la recomposición del vínculo
con el FMI. Por otro lado, y en términos políticos, Argentina se plegaría a las críticas y la estrategia
de aislamiento regional hacia Venezuela. De este modo, se sostiene que la política exterior
macrista se desarrolló bajo la llamada “lógica de la aquiescencia”.
7
Según su documento oficial, el PROSUR pone como barrera de entrada la plena vigencia de la democracia, de los respectivos
órdenes constitucionales y el respeto por los derechos humanos; condiciones que, según el mandatario chileno Sebastián Piñera,
no son cumplidas por el gobierno venezolano (El Espectador, 2019). No obstante, sí fue invitado a formar parte Juan Guaidó como
presidente de la Asamblea Nacional, reconocido también como el presidente encargado de la RBV. Si bien no asistió a la reunión
en Santiago, Guaidó elogió la iniciativa y la calificó como “el futuro de la integración suramericana” (Infobae, 2019b).
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De esta manera, entre los principales temas de la agenda de política exterior se pueden
identificar la búsqueda de reforzar vínculos con poderes tradicionales, la atracción de flujos de
inversión -enfatizando la dimensión económica de la política exterior-, la reinserción en el mundo,
el abandono del eje bolivariano, y una política de integración y apertura a nivel regional. En esta
línea, el canciller Jorge Faurie calificaría la estrategia perseguida como una “inserción inteligente”.
Por último, se emprendió una política confrontativa hacia la Venezuela de Maduro, siendo
uno de los ejes de la PE macrista correr a la Argentina del eje bolivariano construido por los
Kirchner décadas anteriores. Ello obedeció a dos objetivos primordiales: dar cuenta de una
estrategia de inserción internacional aperturista y pro-occidental, y debilitar a un potencial veto a
la flexibilización del MERCOSUR.
Así, a partir del análisis se evidenció el desarrollo de una política exterior confrontativa,
tanto a nivel bilateral como en espacios multilaterales. En términos de la relación bilateral, se
evidenció una marcada confrontación en términos político-diplomáticos, dado que durante el
periodo 2015-2019 no se suscitaron acuerdos, intercambios de visitas, se redujo el nivel de la
Embajada a encargada de negocios y se reconoció a Juan Guaidó y sus representantes; lo que se
combinó con intercambios económico-comerciales cada vez más escasos. Finalmente, lo mismo
se vislumbró en el plano multilateral, a partir de tres sucesos: la suspensión de Venezuela del
MERCOSUR, donde la Argentina optó junto a otros países por aplicar la cláusula democrática; el
accionar ante la OEA, a partir de su participación en el Grupo de Lima y el reconocimiento a Juan
Guaidó; y la creación del PROSUR como iniciativa que excluyó a Venezuela y la posterior decisión
de retirada de la UNASUR, organismo regional que hubiera constituido el espacio idóneo para la
búsqueda de una solución pacífica y negociada a la crisis venezolana.
Por último, se plantean futuras líneas de análisis a profundizar relativas a la incidencia de
las variables internas -entre ellas los actores y sectores domésticos participantes de la política
exterior, sus intereses, modelos de desarrollo implementados- y externas como el papel de los
Estados Unidos llegada una nueva administración demócrata a la Casa Blanca, el rol del continente
latinoamericano y organismos multilaterales como el MERCOSUR, específicamente-; como así
también la comparación de los cambios, rupturas y continuidades a partir de la gestión de Alberto
Fernández.
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Ocho países sudamericanos decidieron embarcarse en un nuevo proyecto de cooperación regional. Sin embargo, las visiones cortoplacistas y el carácter excluyente de la nueva organización dejan serias dudas sobre su utilidad para resolver los problemas de la región.
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This work provides a comparative analysis of Argentina and Brazil's foreign policy based on the Kirchner-Macri and Rousseff-Temer changes of government. Although there are differences between them, these governments have driven a rhetorical and practical transformation in the countries' outwards orientation, proposing, in contrast to their predecessors, a strategy that combines greater rapprochement with the US, increased trade openness, and a prerogative for insertion into global value chains. Nevertheless, the growing impugnation of the globalization process-expressed by phenomena such as Brexit and the victory of Donald Trump-would call to question the liberalization policies leading to new dilemmas in Itamaraty and Palacio San Martín. © 2018 Universidad de los Andes, Bogota Colombia. All rights reserved.
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El 10 de diciembre de 2015, el empresario Mauricio Macri ganaba las elecciones presidenciales en Argentina por medio de una alianza partidaria bautizada como “Cambiemos”. La victoria en las urnas marcaría no solo la tercera derrota del peronismo en 33 años de democracia sino que, además, sería la primera vez que el Poder Ejecutivo sería encabezado por un dirigente ajeno al Partido Justicialista y a la Unión Cívica Radical. Desde sus comienzos, el gobierno de Cambiemos buscaría diferenciarse de la gestión kirchnerista y trazaría un programa de gobierno que implicaba profundos virajes en materia económica, social y, también, en el marco de la política exterior. "Queremos volver a ser parte del mundo y cortar con el aislacionismo", diría Macri en un tono refundacional al participar como invitado en la reunión anual de la fundación Clinton Global Initiative (Macri, 2016c). En efecto, la premisa que recorre este trabajo es que el gobierno de Mauricio Macri tendría como característica distintiva la adopción de un cambio en materia de política exterior respecto de la gestión kirchnerista. Tanto en su manera de interpretar el escenario internacional como en la forma concebir y encarar la integración con los países vecinos20.
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The purpose of this paper is to analyse the relations of Argentina with its main commercial partners in order to determine the role that foreign policy achieve in these relations. For the study we selected two types of commercial partners, countries that were powers in this case Brazil, China and the United States and countries that were not powers and they belong to South America, that is to say Chile, Colombia, Peru and Venezuela. As a result we concluded that Argentinian foreign policy performed a limited international activism and in consequence the commercial relations were wasteful on one hand to reduce situations of dependence and on the other to recover the insertion of the country in the region.
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En el marco de un nuevo tiempo histórico a nivel regional, marcado por el afianzamiento de gobiernos liberal-conservadores, este trabajo pretende investigar las principales medidas políticas tomadas por el gobierno de Mauricio Macri que den cuenta de la llegada al poder de una “nueva derecha” y su impacto en la política exterior. El estudio se enfoca en los cambios que se producen en las agendas político-institucional, económica, social e internacional en los primeros tres años de gestión de la nueva administración. El análisis muestra que la llegada al poder en Argentina de una nueva derecha genera modificaciones en la política exterior, cuyas principales manifestaciones son un nuevo posicionamiento ideológico, un claro giro primermundista y la consideración de la agenda externa como una especie de instrumento para lograr la transición hacia una economía globalizada. Estas modificaciones marcan además una creciente articulación entre política doméstica y política exterior.
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Toda política exterior tiene fundamentos teóricos que la sostienen. En América Latina hubo teoría internacional que fue fuente de inspiración de las relaciones exteriores de varios países. A pesar de los numerosos cambios que impuso la posguerra fría y la globalización, algunos países conservaron y actualizaron esta inspiración. En otros países, como la Argentina, los enfoques destinados a impulsar las políticas exteriores prefirieron adaptar los viejos conceptos de la teoría latinoamericana a los paradigmas clásicos de las relaciones internacionales, como el realismo y el institucionalismo neoliberal. En este trabajo se analizan estas adaptaciones, y se deducen algunas conclusiones frente a la necesidad de la Argentina de contar con una concepción teórica para sostener la orientación de su política exterior
Reconocimiento del presidente encargado Juan Guaidó
  • Cancillería Argentina
Cancillería argentina (2019b): Comunicado "Reconocimiento del presidente encargado Juan Guaidó". 23 de enero. Recuperado de: https://www.cancilleria.gob.ar/es/actualidad/noticias/reconocimiento-del-presidenteencargado-juan-guaido