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Por el derecho a la locura. La reinvención de la salud mental en América Latina

Authors:
  • Centro de Estudios Locos

Abstract

La presente publicación reúne a diez activistas en primera persona en salud mental de América Latina, quienes analizan de manera crítica la realidad de la salud mental de México, Colombia, Uruguay, Argentina, Paraguay, Perú, Nicaragua, Costa Rica, Brasil y Chile en base a un relato personal, como personas expertas por experiencia. Cada uno de los capítulos, presenta una narrativa propia y singular de cada autor(a), en un formato de libre expresión, con la finalidad de dar a conocer sus saberes y experiencias para reinventar la salud mental en Latinoamérica.
POR EL DERECHO
A LA LOCURA
La reinvención de la
salud mental en América Latina
Juan Carlos Cea Madrid (ed.)
Daniela Sánchez
Alberto Vásquez
Rodrigo Fredes
Olivia Cano
Juan Bernasconi
Lola Perla
María Isabel Cantón
Alan Robinson
Silvana Borges
Manuel Rodríguez
POR EL DERECHO A LA LOCURA
La presente publicación reúne a
diez activistas en primera persona
en salud mental de América
Latina, quienes analizan de
manera crítica la realidad de la
salud mental de México,
Colombia, Uruguay, Argentina,
Paraguay, Perú, Nicaragua, Costa
Rica, Brasil y Chile en base a un
relato personal, como personas
expertas por experiencia. Cada
uno de los capítulos, presenta una
narrativa propia y singular de cada
autor(a), en un formato de libre
expresión, con la finalidad de dar
a conocer sus saberes y
experiencias para reinventar la
salud mental en Latinoamérica.
Este libro se inscribe en las formas
de organización y movilización
social en primera persona en el
campo de la salud mental que han
surgido en América Latina en los
últimos años. Su edición asume el
compromiso de promover los
conocimientos que nacen desde
estos espacios de organización
colectiva, con la finalidad que se
integren al ámbito académico y los
espacios universitarios en un
marco de enriquecimiento mutuo
y valoración recíproca. Esperamos
que estas páginas inspiren y
motiven a las nuevas generaciones
de estudiantes y profesionales a
conformar una voluntad común
por el derecho a la locura en
nuestro continente.
Juan Carlos Cea Madrid
(1988) Psicólogo, diplomado en
Psicología Clínica, Universidad
de Santiago de Chile. Magíster en
Psicología, mención Psicología
Comunitaria, Universidad de
Chile. Investigador militante del
Centro de Estudios Locos y
activista del colectivo “Locos por
nuestros derechos”. Coordinador
del “Manual de derechos en
Salud mental”, Escuela de Salud
Pública, Facultad de Medicina,
Universidad de Chile (2014).
Coordinador del primer
Encuentro Latinoamericano
Salud mental y Movimientos
Sociales, Santiago de Chile (2018).
El Tranco del Pueblo
Alternativas políticas de
la izquierda revolucionaria
Gabriel Salazar
Estrategia y Táctica
Las tareas de la izquierda
para transformar la sociedad
John Rees
Insurgencias Invisibles
Resistencias y militancias
en Estados Unidos
Luis Martín-Cabrera
Apuntes sobre Feminismos y
construcción de Poder Popular
Luciano Fabbri
(co-edición con
Tiempo Robado Editoras)
POR EL DERECHO
A LA LOCURA
La reinvención de la salud mental
en América Latina
Juan Carlos Cea Madrid (ed.)
Por el derecho a la locura
La reinvención de la salud mental en América Latina
Cea Madrid, Juan Carlos (editor)
Primera edición: diciembre 2018. Santiago, Chile
Segunda edición: septiembre 2019. Santiago, Chile
ISBN: 978-956-9725-04-3
Ilustración de portada:
Catalina Cartagena
Diseño de portada:
Pablo Abufom y Francisca Núñez N.
Diseño interior:
Francisca Núñez N.
Editorial Proyección
Santiago, Chile
Contacto:
centrodeestudioslocos@gmail.com
Tanto el editor como la editorial de este libro permiten y alientan
la reproducción y difusión de esta obra, independientemente de
los medios técnicos por los que se realice y siempre que se cite
autor y edición de origen.
POR EL DERECHO
A LA LOCURA
La reinvención de la salud mental
en América Latina
Juan Carlos Cea Madrid (ed.)
Daniela Sánchez
Alberto Vásquez
Rodrigo Fredes
Olivia Cano
Juan Bernasconi
Lola Perla
María Isabel Cantón
Alan Robinson
Silvana Borges
Manuel Rodríguez
Índice
Presentación
El derecho a la locura en América Latina
Juan Carlos Cea
Yo comencé a sanar el día que me volví loca.
Rompiendo la etiqueta desde Nicaragua
María Isabel Cantón
La perspectiva neurodivergente en el arte argentino
Alan Robinson
El sueño que se sueña despierta puede ser realidad.
La voz de una “loucotora” brasileña
Silvana Borges
Un Gato Loco en Costa Rica
Manuel Rodríguez
Psicosis y Depresión como medios para encontrar la verdad
interior. Cómo se vive con Trastorno bipolar en Colombia
Daniela Sánchez
La reforma de la legislación sobre salud mental en el Perú:
una promesa a medias
Alberto Vásquez
6
8
16
29
42
52
64
74
El derecho a la locura en Chile.
Construyendo desde los márgenes y en las grietas del sistema
Rodrigo Fredes
Desde adentro: Ensayo autoetnográfico de una paciente
internada en el Hospital Psiquiátrico de Asunción, Paraguay
Olivia Cano
La experiencia uruguaya sobre salud mental y la lucha por
los derechos humanos, una visión personal, en el marco de
una historia de vida
Juan Bernasconi
Descolonización de la locura y arte transfeminista en México
Lola Perla
Locura latina en movimiento
Rodrigo Fredes
Declaración de Lima
Redesfera Latinoamericana de la
Diversidad Psicosocial - Locura Latina
Sobre los autores
Organizaciones colaboradoras
Agradecimientos
91
109
125
135
154
165
168
174
176
6 | Por el derecho a la lo cura
Presentación
Este libro nace como una iniciativa del equipo organizador del
primer Encuentro Latinoamericano de Salud mental y Movimientos
Sociales celebrado en Santiago de Chile en mayo del 2018, iniciati-
va que se desarrolló con el apoyo institucional del Departamento
de Postgrado y Postítulo, Vicerrectoría de Asuntos Académicos de
la Universidad de Chile, en el marco del programa “Estímulo para
proyectos académicos de estudiantes de postgrado” de la mencionada
casa de estudios.
Al calor de la revolución feminista por una educación no sexista en las
universidades chilenas, en el Encuentro se reunieron alrededor de 250
personas de diversos países de Latinoamérica para compartir nuevas
formas de pensar la salud mental, teniendo como eje de reflexión
los alcances de la acción política de organizaciones sociales que han
denunciado abusos psiquiátricos en el espacio público, con el objetivo
de subvertir las relaciones de poder y las representaciones sociales y
culturales instauradas en torno a la locura en América Latina.
El Encuentro tuvo por objetivo socializar y poner en común expe-
riencias de investigación social crítica y trabajo comunitario en el
campo de la salud mental en Latinoamérica, desarrollando lazos
de colaboración entre investigadores militantes, activistas y actores
sociales vinculados a la temática de diversos países de la región. En
base a un diálogo colaborativo, se analizaron diversas experiencias
de participación social en salud mental que han permitido ampliar
y fortalecer identidades colectivas en un marco de valoración y
reconocimiento de las diferencias en el campo de la subjetividad en
nuestro continente.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 7
La presente publicación reúne a diez activistas en primera persona en
salud mental de América Latina, quienes analizan de manera crítica
la realidad de la salud mental de México, Colombia, Uruguay, Argen-
tina, Paraguay, Perú, Nicaragua, Costa Rica, Brasil y Chile en base
a un relato personal, como personas expertas por experiencia. Cada
uno de los capítulos, presenta una narrativa propia y singular de cada
autor(a), en un formato de libre expresión, con la finalidad de dar a
conocer sus saberes y experiencias para reinventar la salud mental en
Latinoamérica.
Este libro se inscribe en las formas de organización y movilización
social en primera persona en el campo de la salud mental que han
surgido en América Latina en los últimos años. Su edición asume el
compromiso de promover los conocimientos que nacen desde estos
espacios de organización colectiva, con la finalidad que se integren
al ámbito académico y los espacios universitarios en un marco de
enriquecimiento mutuo y valoración recíproca. Esperamos que estas
páginas inspiren y motiven a las nuevas generaciones de estudiantes
y profesionales a conformar una voluntad común por el derecho a la
locura en nuestro continente.
8 | Por el derecho a la lo cura
El derecho a la locura
en América Latina
Juan Carlos Cea
Históricamente, el término “loco” se ha usado para menospreciar o
descalificar a personas que viven experiencias inusuales o se relacio-
nan con el mundo de manera diferente. En la actualidad, las viven-
cias de las personas consideradas “locas” son comprendidas por la psi-
quiatría a través de etiquetas diagnósticas y las causas de la “locura”
se atribuyen a un origen biológico, desligando estas experiencias del
contexto social y cultural en el que se enmarcan. Junto con ello, en
la sociedad contemporánea los imaginarios y representaciones de la
locura se encuentran cargados de matices negativos: la locura sería
una condición que hace a las personas irracionales, impredecibles
y peligrosas, representaría una diferencia insoportable que provoca
sufrimiento o malestar. De esta forma, ser “loco” se erige como un
atributo o característica que a nadie le gustaría tener. Así, muchas
personas intentan desechar la palabra “loco” para referirse a sí mis-
mas, otras se sienten ofendidas al ser denominadas de esa manera,
manifestando un rechazo a que sus experiencias sean inscritas en el
sospechoso terreno de la “locura”.
En este contexto, hablar abiertamente de la locura y pensarla como
un derecho, es una idea que puede sonar muy extraña. Sin embargo,
la reflexión sobre la locura en estos términos posee un amplio desa-
rrollo social y cultural. A mediados de los años 90 nace en Canadá el
movimiento “Mad pride” [Orgullo loco], que es la expresión política
más reciente de un movimiento social de amplia trayectoria lidera-
do por “ex pacientes” o “sobrevivientes de la psiquiatría” que tuvo
su origen en Estados Unidos a principios de la década de los 70. El
movimiento “Orgullo loco” reivindica el derecho a ser diferente y
valora como algo distintivo y positivo el hecho de ser, estar y volverse
“loco o loca”, subvirtiendo el sentido de una etiqueta que original-
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 9
mente dañaba, recuperando la palabra “locura” para liberarla de sus
connotaciones negativas. En base a la consigna del “Orgullo loco”,
las personas que han sido etiquetadas con diagnósticos psiquiátricos
confrontan la vergüenza que les ha hecho sentir la sociedad sobre
sus historias y experiencias, afirmando que tienen formas únicas de
experimentar el mundo y construir su identidad, y al estar orgullo-
samente locos de su forma de ser, señalan que merece ser exhibida y
celebrada libremente.
De acuerdo a este legado, la conmemoración del día del “Orgullo
loco” se ha extendido a diversos países. En Chile, Costa Rica y Brasil,
se han organizado las primeras marchas del “Orgullo loco” en Amé-
rica Latina con la finalidad de visibilizar esta perspectiva en nuestro
continente. Lo(as) participantes de esta iniciativa han desarrollado
actividades de libre manifestación en el espacio público, expresando
la rebeldía y creatividad de la locura de forma abierta a la ciudadanía.
Junto con ello, la emergencia de organizaciones comunitarias que
tienen como eje central la participación social y defensa de derechos
de las personas que han recibido etiquetas diagnósticas por parte del
sistema de salud mental, ha sido clave para fortalecer sus capacidades y
recursos comunitarios para hallar soluciones a sus problemas compar-
tidos, principalmente hacer frente a situaciones de abuso psiquiátrico.
De esta manera, estas novedosas formas de movilización social y
organización comunitaria en primera persona, han generado nuevas
condiciones bajo las cuales la salud mental ha expresado continuidades
y rupturas de lo institucional hacia lo participativo en Latinoamérica.
Si bien en diversos países de la región se han implementado leyes na-
cionales de salud mental desde una perspectiva de derechos y se han
desarrollado programas de atención desde un enfoque comunitario,
a pesar de estas transformaciones institucionales, la persistencia del
modelo asilar continua vigente de forma predominante en todos los
países de América Latina. Por otra parte, en el ámbito de la sociedad
civil, si bien se han desarrollado diversas manifestaciones públicas
orientadas a sustituir las lógicas manicomiales bajo la consigna del
“derecho a la salud mental”, las principales demandas y reivindicacio-
nes han estado lideradas por gremios profesionales y trabajadora(es)
de la salud mental. Estos actores sociales han monopolizado las accio-
nes colectivas en torno a la temática, sin mayor presencia de orga-
10 | Por el derecho a la locur a
nizaciones conformadas por personas etiquetadas con diagnósticos
psiquiátricos como sujetos protagonistas y agentes de cambio social.
De esta manera, el nuevo de ciclo de luchas sociales en torno a la
defensa de derechos en salud mental que ha nacido en los últimos
años en América Latina, ha planteado una superación de las consig-
nas tradicionales de los movimientos antimanicomiales centrados en
demandar procesos de reforma psiquiátrica, teniendo al Estado como
eje de transformación de la salud mental. Por el contrario, las luchas
y alternativas que han liderado los activistas en primera persona, han
observado críticamente las limitaciones del enfoque comunitario en
el marco de las políticas públicas. De forma muy asertiva, diversos
representantes de este movimiento han sostenido que el eventual cie-
rre de los hospitales psiquiátricos se asociaría con un incremento de
las ganancias de la industria farmacéutica, en base la extensión de las
prácticas psiquiátricas en el territorio y la creciente medicalización de
la subjetividad en un contexto neoliberal.
Al respecto, cabe señalar que la sobremedicación, las prácticas de in-
ternación involuntaria y tratamiento psiquiátrico forzoso, aplicación
de electroshock, medidas de contención física, aislamiento social,
abandono, sobreprotección, tortura y tratos abusivos, entre otras vio-
laciones a los derechos humanos en el campo de la salud mental, son
cotidianas en Latinoamérica a pesar de los avances en la implemen-
tación de regulaciones normativas y políticas públicas con enfoque
comunitario en este ámbito. Por otra parte, desde una perspectiva
crítica, las voces y experiencias de las personas que han recibido
diagnósticos psiquiátricos han manifestado que el discurso comuni-
tario en el marco del Estado ha contribuido a la expansión masiva del
manicomio químico y el asilo farmacológico en la comunidad. En
diversos países, es posible constatar que esta ha sido la respuesta pre-
ferencial del gremio psiquiátrico que ha liderado la implementación
de los procesos de reforma psiquiátrica en Latinoamérica.
En este contexto, los nuevos movimientos sociales en primera per-
sona expresan una cultura política diferente que permite enriquecer
la agenda regional en el campo de la salud mental. Estos colectivos
sociales han comenzado a elaborar contenidos y propuestas alterna-
tivas de forma democrática y participativa, orientadas a garantizar
la libertad y autonomía de las personas que han sido etiquetadas
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 11
con diagnósticos psiquiátricos en diversos países latinoamericanos.
En particular, estos nuevos movimientos sociales representan una
alternativa novedosa y relevante que permite, por primera vez, dejar
hablar a la locura con su propia voz. Esta perspectiva busca tejer
lazos solidarios en torno a las experiencias de diversidad en el campo
de la subjetividad, interviniendo sobre el imaginario social y ponien-
do en circulación otros sentidos respecto a la locura, más allá de los
intereses del Estado y el mercado como instituciones dominantes en
el campo de la salud mental en América Latina.
En este escenario, las personas que han sido etiquetadas con diag-
nósticos psiquiátricos y se declaran “orgullosamente locas” y partici-
pan del movimiento “Orgullo loco”, expresan un enorme potencial
para desmontar los imaginarios negativos sobre la locura y desafiar
el estigma, los prejuicios y la discriminación que ha promovido la
psiquiatría en el contexto latinoamericano. Pero debido al mismo
poder e influencia de esta institución, afirmar que la locura es una
forma válida de ser en el mundo y que todos los que desean vivir
su locura tienen derecho a hacerlo, suena doblemente “loco”. Si
bien, muchos locos y locas han asumido ese desafío, corriendo el
riesgo de verse doblemente delirantes para la sociedad, estos nuevos
movimientos sociales aún tienen un largo camino por recorrer para
que estas “locas ideas” puedan permear las instituciones públicas y
los espacios universitarios, así como asentarse en el sentido común y
en las relaciones cotidianas. Sin embargo, es relevante visualizar los
cambios graduales y las pequeñas alternativas que ya han iniciado
este camino, prefigurando formas de emancipación de las diferencias
subjetivas en el presente.
En diferentes contextos geográficos, las comunidades locas de Améri-
ca Latina han comenzado a manifestar de forma plural y diversa que
la locura es una forma válida de expresión, aunque reconocen que
puede haber personas que se sientan ofendidas con el uso del término
“loco(a)” y se hacen cargo de eso. En esta línea, este colectivo social
asume que esta identidad es sólo una de las múltiples que el mo-
vimiento social puede expresar, siendo necesario unirse en base a obje-
tivos comunes, evitando la división con otros grupos y organizaciones
que no desean utilizar el término “locura” o “loco” para dar cuenta
de sus experiencias. Así, los que no están locos o no quieran serlo (o
12 | Por el derecho a la locur a
estarlo), también pueden ser parte de este movimiento. De esta forma,
el activismo loco ha abierto una invitación al conjunto de la ciudada-
nía para reflexionar sobre el sentido de la locura en nuestra sociedad.
Por otra parte, cabe considerar que al igual que otros movimientos
sociales que han sido oprimidos por sus diferencias, ya sea étnicas,
de género o clase social, el activismo de los locos y las locas también
hoy puede ser ignorado y desacreditado por los poderes dominantes.
Al respecto, el movimiento loco también ha interpelado a los y las
activistas profesionales en salud mental, a que no sean cómplices
de esta situación y se posicionen como aliados de este movimiento,
visibilizando sus demandas y contribuyendo a sus acciones colec-
tivas. En esta línea, los y las activistas profesionales también son
bienvenidos a sumarse a sus luchas, con la finalidad que este movi-
miento pueda levantarse y reclamar por sus derechos ampliando su
identidad colectiva, comunicarse con miembros de otras comunida-
des que también son oprimidos en su diversidad, para unir fuerzas y
transformar la sociedad.
Durante mucho tiempo, el activismo profesional en salud mental
ha antepuesto sus intereses gremiales por sobre las propuestas de
cambio que surgen desde las comunidades. Este nuevo tiempo de
rebeldía que nace desde las personas etiquetadas con diagnósticos
psiquiátricos, en base a la solidaridad, el compromiso, el compañe-
rismo y el liderazgo en primera persona, representa un oportunidad
para que el intelectual militante sepa escuchar y pueda sumarse a
las acciones colectivas que desarrollan los y las activistas por mano
propia como protagonistas del cambio. Por primera vez los profe-
sionales “cuerdos” de la salud mental pueden sentirse parte de la
transformación social sin tener que imponer su supuesta “experticia”
en el campo de la subjetividad.
El nuevo movimiento loco en América Latina también representa
una plataforma de encuentro entre personas que han vivido expe-
riencias compartidas en el sistema psiquiátrico. Un lugar de reconoci-
miento de las personas que presentan diferencias subjetivas, para que
pueden sentirse reflejadas en su experiencia, en su hacer y hacerse.
Esta política del encuentro, tiene por finalidad construir puentes,
generar diálogos, ampliar dichas vivencias comunes y hacerlas cir-
cular en un entorno de valoración mutua. También busca favorecer
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 13
la organización, la formación y el actuar colectivo para subvertir la
salud mental en América Latina, poniendo en valor la experiencia
del pensamiento crítico, la igualdad en las diferencias y la unidad en
la diversidad.
Un elemento importante que ha logrado visibilizar el movimiento
loco es que las personas etiquetadas con diagnósticos psiquiátricos
muchas veces no quieren ser incluidas en esta sociedad construida
desde y para las personas “cuerdas”. Por el contrario, muchas de ellas
desean construir un mundo distinto desde la locura, lo que tiene
mucho sentido si aceptamos que en nuestros países no son considera-
dos plenamente ciudadanos y no son plenamente reconocidas como
sujetos de derechos, por más decretos que se pongan en el papel. En
este sentido, las personas “cuerdas” –entre las que me incluyo, ya que
como afirmaba Julio Cortázar no cualquiera se vuelve loco, esas cosas
hay que merecerlas– tendremos que decidir si nos aferramos al viejo
mundo de la normalidad establecida o nos comprometemos con este
nuevo mundo que está naciendo desde la locura.
Ese camino de liberación colectiva, orientado a la sustitución del
paradigma cuerdista y manicomial, sin duda será complejo y estará
plagado de tensiones. La producción de subjetividad en el campo de
la salud mental expresa aquellas contradicciones en la actualidad. Las
personas que asisten a los servicios de salud mental y se identifican
como usuarios en lugar de pacientes psiquiátricos, han desarrollado
acciones para romper las relaciones de desigualdad con los equipos
profesionales que se erigen como poseedores del saber y el derecho
de controlar sus vidas, constituyendo un avance relevante para dejar
de ser tratados como seres necesitados de compasión e incapaces de
tomar decisiones. En este escenario, aumentar la capacidad de deci-
sión de las personas usuarias de servicios de salud mental para exigir
información, colaborar activamente en la elaboración de su diag-
nóstico y elegir su plan de tratamiento, son acciones relevantes para
superar los desequilibrios de poder en el campo de la salud mental en
nuestra región.
Sin embargo, otros actores sociales, bajo los principios de la solida-
ridad grupal y el apoyo mutuo, se han orientado a reformular los
imaginarios principales en torno a los cuales se comprende la salud
mental y las identidades que la conforman en el marco del modelo
14 | Por el derecho a la locur a
comunitario. En particular, la constitución de nuevas formas de sub-
jetividad en torno a las identidades de ex usuario(as) o sobrevivientes
a la psiquiatría, emergen como respuesta a una serie de experiencias
negativas que vivieron durante su etapa como pacientes/usuario(as) y
que los han llevado a cuestionar la verdad de la psiquiatría que antes
parecía indiscutible. Estas nuevas formas de subjetividad que se desa-
rrollan con autonomía de los espacios institucionales, han originado
diversas expresiones de desborde y contrapoder que no necesariamen-
te se pueden controlar ni administrar desde la institucionalidad de
la salud mental. Al respecto, el reconocimiento y valoración de los
saberes y experiencias que ha desarrollado este colectivo social para
recuperar su bienestar, equilibrio emocional y calidad de vida en el
camino de liberación de los fármacos psiquiátricos es un aspecto
primordial y relevante a profundizar en nuestros países.
De esta manera, la emergencia de estas nuevas formas de subjetivi-
dad, se posicionan como una tercera fuerza frente a los procesos de
reforma psiquiátrica y los movimientos de lucha antimanicomial,
constituyendo un novedoso referente de transformación radical de la
salud mental en América Latina. Para dar orientación y continuidad
a este ciclo de movimientos, reorganización social y de movilización
política que ha crecido en paralelo a las reformas institucionales,
cabe preguntarse ¿Con qué mecanismos, cómo se construyen y en
qué ámbitos se desarrolla este nuevo ciclo de luchas sociales? Estas
son preguntas abiertas que este libro no busca responder de forma
exhaustiva y sistemática. Por el contrario, la presente publicación
tiene por finalidad dar a conocer el pluralismo y la diversidad de
alternativas que han surgido de las narrativas críticas en primera
persona y del activismo loco en nuestro continente.
¿Es la locura un derecho? Esta idea seguirá sonando extraña en
nuestra realidad latinoamericana, esperamos que cada vez menos.
Las transformaciones necesarias, serán consecuencia del trabajo y el
esfuerzo cotidiano de las comunidades. Una nueva cultura solo se
puede dar a conocer, haciendo con otros y otras. No se puede trans-
mitir sin estar presente, sin estar inmerso en las luchas que la hacen
posible. Las personas que han sido etiquetadas con diagnósticos psi-
quiátricos han iniciado por sí mismas un proceso de emancipación y
el cambio es imparable. Esperamos que este libro sea una invitación a
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 15
conocer sus luchas, a compartir experiencias para el trabajo conjunto,
a fortalecer las relaciones de horizontalidad y reciprocidad, a generar
espacios de colaboración e intercambio bajo los principios de la auto-
gestión y la autonomía en el campo de la salud mental.
Sabemos que los poderes dominantes son muy fuertes. La alianza
de la psiquiatría biológica y la industria farmacéutica representa un
poder enorme a nivel global. Pero el movimiento que se está cons-
truyendo espera revertir este proceso al proporcionar a las personas
que han vivido experiencias de abuso psiquiátrico, diversas formas
de reconocimiento social y organización colectiva. Al desarrollar
estas alternativas, los nuevos movimientos sociales están ayudando a
muchas personas etiquetadas psiquiátricamente a iniciar un proceso
de valoración de su identidad y recuperación de su dignidad, aceptan-
do que es válido sentirse creativamente inadaptado ante una sociedad
enloquecedora. En el siglo XXI, nuevamente la voz de América Lati-
na se escucha en todo el mundo: sin locos y locas no hay revolución.
16 | Por el derecho a la locura
Yo comencé a sanar el día que
me volví loca. Rompiendo la
etiqueta desde Nicaragua
María Isabel Cantón
Las crisis y psiquiatrización
En 2014, a los 32 años y con un bebé de 7 meses, experimenté por
primera vez lo que la psiquiatría define como “Psicosis Aguda; ese
episodio “psicótico” se repitió dos veces más dentro de un período
menor a dos meses.
En las semanas previas a lo que prefiero llamar mi primera crisis, el
estrés asociado a una situación delicada en mi trabajo me quitó el
sueño por las noches; dormía muy poco, más bien creo que es justo
decir que no dormí nada esos últimos 3 o 4 días. De ese período
recuerdo que mi mente no paraba, percibía coincidencias a cada
momento, mi percepción de la realidad estaba amplificada, hablaba
mucho y muy rápido; físicamente, sentía hormigueo constante en
las manos y los brazos, y la comida estaba pasando muy rápido y
frecuentemente por mi sistema digestivo.
También desarrollé pensamientos paranoicos. El miedo principal era
de que alguien secuestrara a mi hijo mientras yo estaba en el trabajo;
también me daba miedo caminar sola por las calles –aunque habien-
do tenido un acosador por 2 años y vivir en esta sociedad machista,
esto último no parece ser un miedo tan irracional después de todo.
El día de mi desconecte, estando en el trabajo, llamé a mi esposo
para asegurarme que él estaba con mi hijo; cuando me dijo que había
salido al banco entré en un estado de pánico total porque yo tenía la
certeza de que alguien –no tenía idea quién– había secuestrado a mi
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 17
hijo. Al escuchar mi estado por teléfono, mi esposo fue a recogerme
y me llevó a la casa. Desde ese momento hasta aproximadamente una
semana después, mi mente dejó de estructurar los pensamientos en
forma lineal; entraba y salía de la realidad consensual y atravesé inter-
namente lo que sólo puedo describir como una muerte/renacimiento
espiritual/emocional, tal como si alguien hubiera apretado el botón
‘Reiniciar’. No entraré en detalles sobre TODO lo que experimenté,
porque he aceptado que nada de eso tiene que tener sentido para
nadie más que para mí.
Fui hospitalizada por cuatro días como resultado de esta experien-
cia. Esos cuatro días sólo me dejaron un trauma que me ha sido
más difícil de integrar que la experiencia misma. Mi mente tomaba
cualquier información que el contexto del hospital me proporcio-
naba y la convertía en imágenes terroríficas. Como un ejemplo
concreto, había un bebé llorando en Emergencias en el momento
que yo ingresé, y al escucharlo yo supe que ese llanto era el de mi
hijo, que alguien lo estaba desollando, y que yo no podía hacer
nada porque personas a mi alrededor me sujetaban, y aunque repe-
tían que mi niño estaba bien, yo no les creía porque no me dejaban
verlo. Eso yo lo viví en mi mente y para mí fue tan real en ese
momento como lo es escribir estas palabras hoy, pero nadie a mi
alrededor entendió. Ni mi familia, ni el personal de enfermería, ni
la psiquiatra que me atendió pudieron darme la empatía, confianza
y seguridad que desesperadamente necesitaba en ese momento,
porque no sabían cómo.
En el hospital me administraron neurolépticos que popularmente
son mal definidos antipsicóticos y otros fármacos para hacerme
dormir; después de que mi cerebro hubo recibido el sueño repa-
rador que necesitaba, comencé a regresar a esta realidad, aunque
totalmente des- conectada de mis emociones y en un estado que solo
puedo describir como autómata. La psiquiatra, al darme de alta, me
prescribió antidepresivos además de los tranquilizantes y antipsicóti-
cos. Le expresé vehementemente que no estaba deprimida, pero ella
me aseguró que los necesitaba. No estuve conforme con la prescrip-
ción de antidepresivos, así que no me los tomé. Dejé de tomar los
otros fármacos en cuanto pude porque no quería destetar a mi hijo
todavía, no estaba emocionalmente preparada; para mí la lactancia
18 | Por el derecho a la locur a
materna era una cuestión de suma importancia y los momentos com-
partidos con mi hijo me llenaban mucho emocionalmente. Nadie a
mi alrededor comprendió eso.
Cabe mencionar que al salir del hospital no hice ningún cambio en
mi vida y mi entorno, nadie recomendó algún tipo de terapia y a mí
no se me ocurrió buscar; tenía el estrés de regresar cuanto antes a
mi trabajo y estaba lidiando con pensamientos invasivos, sincronici-
dades, percepciones amplificadas y mucha información de mi niñez
que había emergido en esta primera crisis; todo esto mientras estaba
rodeada de personas que no podían entender lo que yo estaba pasan-
do y me instaban a “dejar de considerar”, “dejar de ponerle atención”
a las cosas que estaba experimentando, siempre con un tono de mie-
do, y sin nadie que estuviera dispuestx a escuchar sin juicios, lo que
al final terminó contagiándome de miedo y me llevó a cuestionar si
alguna vez iba a poder funcionar nuevamente en la sociedad.
Dos semanas después tuve mi segunda crisis. Después de esta “recaí-
da” tuve que admitir que estaba lidiando con algo que superaba mis
habilidades y conocimientos, y aunque no quería, me vi forzada por
mis circunstancias a ir por la vía de los fármacos que me prescribió
la segunda psiquiatra –nunca me sentí cómoda con la primera. En
esta prescripción también fueron incluidos los antidepresivos, con
mi consiguiente objeción, pero decidí tomarlos porque finalmente
asumí -muy en mi perjuicio- que la psiquiatra sabía mejor que yo lo
que iba a funcionar en mi caso, porque ella era la “profesional”.
Pasé dos semanas con extrema ansiedad física y mental –a causa
de los efectos secundarios de los fármacos que estaba tomando– y
sintiéndome anímicamente peor que nunca, porque seguía lidiando
con los mismos pensamientos, percepciones y experiencias, y me
decía a mí misma, “estás peor a pesar de que te estás tomando las drogas
que supuestamente te componen”. Terminé en un tercer “episodio” que
fue causado por los antidepresivos que siempre supe que no necesi-
taba. La psiquiatra inmediatamente me retiró el antidepresivo, me
diagnosticó con Trastorno Bipolar, y en ningún momento mencionó
que los antidepresivos pueden ocasionar brotes psicóticos, y que
probablemente este tercer “brote” era resultado de su incapacidad de
escucharme y su consiguiente prescripción errónea.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 19
Después de un tiempo con un cambio drástico de entorno y de
rutina -mi esposo es extranjero y propuso pasar un tiempo fuera de
Nicaragua. La psiquiatra dio el visto bueno y mi empleador en ese
entonces me respaldó totalmente y me aseguró que mi trabajo me iba
a esperar el tiempo que fuese necesario; pude recordar una voz que
escuché meses antes de volverme loca, en un momento de medita-
ción muy trascendental que me hizo perder el miedo a la muerte, me
llevó a experimentar un momento de gratitud y unión cósmica, y que
para describirlo siempre me quedo corta de palabras pero marcó un
antes y un después en mi vida, y cambió mi percepción de eso que
llamamos “realidad”. La voz me dijo “Maria Isabel, no tenés nada de
qué preocuparte, no tenés nada de qué preocuparte, no tenés nada de qué
preocuparte”. Me acordé de ese momento, y entonces decidí hacerle
caso a la voz, comenzando a reconectar con mi intuición y dejando
atrás la errónea suposición de que los psiquiatras sabían más que yo
de lo que me afectaba.
Empecé a informarme mucho y decidí dejar de tomar los fármacos
tan pronto tuviera luz verde de mi esposo y de la psiquiatra, ya que
después de todo no es tan recomendable dejar este tipo de químicos
de una sola vez; se tiene que hacer gradualmente para que el orga-
nismo tenga tiempo de readaptarse y tuve que ceder porque sabía lo
difícil que había sido para mi esposo; sabía que tenía un bebé y que
debíamos operar en equipo, como familia, buscando soluciones con
las que todxs nos sintiéramos cómodxs.
Cuando estuve libre de fármacos –un año después– y pude finalmente
recuperar mi agilidad mental, comencé a tomar pasos conscientes para
planificar cómo iba a integrar todo lo que había sucedido en mi vida;
cómo iba a explorar la información que había emergido, cómo iba a
trabajar en cuestiones que sabía que tenía que atender a nivel interno, y
los pasos que iba a tomar para aprender a practicar higiene emocional
y hábitos de vida que promueven el bienestar en general.
No fue un periodo fácil, y es un trabajo que continuará hasta el fin
de mis días si decido seguir haciéndolo; no porque considere tener
una condición crónica, sino porque la sociedad en la que vivimos no
propicia estilos de vida saludables y estar consciente en medio de
tanto estímulo e información es una labor titánica.
20 | Por el derecho a la l ocura
Mis perspectivas y posición respecto a la Salud Mental son producto
de mi historia familiar
Considero que es relevante mencionar que yo nací en una familia
con narrativa de enfermedad mental. Mi padre fue diagnosticado
con depresión endógena a los 17 años y medicado con antidepresivos
y carbonato de litio desde esa edad. Los fármacos nunca aliviaron la
depresión, y su vida transcurrió entre crisis depresivas, hospitalizacio-
nes y terapias de electroshock.
A los 50 años mi padre experimentó su primer brote psicótico. Sos-
pecho que debido a años de ingesta de antidepresivos. Fue hospita-
lizado y diagnosticado con ‘Trastorno Bipolar’. Por esta nueva ‘en-
fermedad’ fue tratado por varios psiquiatras en tres diferentes países
(El Salvador, Costa Rica y Nicaragua); consumió 19 tipos diferentes
de fármacos psiquiátricos (entre ellos: haloperidol, clomipramina,
amitriptilina, hidroxicina, diazepam, imipramina, carbamazepina,
midazolam, fluoxetina, bromazepan, nortriptilina), algunos de
los cuales muchas veces me encargué de triturar y esconder en sus
comidas y bebidas, porque en mi familia creíamos que era la única
forma de lidiar con la situación.
Asumo que mi padre nunca recibió ningún otro tipo de tratamiento
por una mezcla de factores. Los psiquiatras nunca le recomendaron
terapia psicológica ni de ninguna otra clase. Eran otros tiempos, él
era una persona muy conservadora por lo que no me lo imagino bus-
cando algún tipo de terapias alternativas, y muy probablemente, en
su época el estigma asociado a estas etiquetas diagnósticas era peor
de lo que vivimos en la actualidad.
Aunque su vida fue una cadena interminable de crisis, entre las que
siempre lograba retornar a la ‘normalidad’, o sea, volver a su trabajo y
funcionar nuevamente como un miembro ‘productivo’ de la socie-
dad, lo cierto es que mi padre nunca dejó de sufrir. Lo que cargaba
en el corazón y en el espíritu se lo llevó a la tumba porque nadie a su
alrededor preguntó ni supo escuchar. No sabíamos cómo. Pasó los
últimos once años de su vida en cama, con un deterioro cognitivo y
físico tremendo, producto de tres derrames cerebrales, y de los efec-
tos de todos esos fármacos que tenía grabados en su cuerpo.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 21
Esto me dio la experiencia y perspectiva familiar de personas con sufri-
miento psíquico. Y aunque en ese entonces no me había tocado vivir lo
mío, no tardé mucho en estar clara de que los fármacos no le soluciona-
ron nada a mi padre y fueron la causa principal de la pobre calidad de
vida durante sus últimos años y de su eventual muerte en 2013.
Ahora a manera de consuelo, he decidido asignarle un propósito a
todo el sufrimiento que a él le tocó experimentar. Y es que, si yo no
hubiera contado con la experiencia de primera mano al vivir de cerca
su situación, probablemente hubiera caído en la trampa de la narrati-
va de enfermedad mental y hubiera terminado psiquiatrizada de por
vida, al igual que él.
Vivir de cerca los últimos años de mi padre me dio la oportunidad
de recibir una tremenda educación sobre los terribles efectos que los
fármacos psiquiátricos tienen a largo plazo y me llenó de la determina-
ción y el coraje necesarios para no sólo dejar de consumirlos en cuanto
mis circunstancias lo permitieran –desoyendo las recomendaciones de
lxs especialistas– sino también de explorar la información y la parte
subjetiva que había emergido en mis crisis y comenzar un proceso de
liberación y sanación personal y familiar, que dudo hubiera podido
experimentar de no haberme vuelto loca.
La situación de la Salud Mental en Nicaragua
En Nicaragua hasta hace dos años (2016) virtualmente no se hablaba
de Salud Mental, los pocos intentos de sensibilización que habían
hasta entonces por parte de medios escritos y de profesionales de
la Salud, siempre se habían realizado desde la narrativa biomédica
reduccionista, enfocándose más en estadísticas y haciendo crítica del
poco presupuesto que se destina a la Salud Mental en el país.
Me atrevo a decir que por la globalización y nuestra cercanía geográ-
fica e ideológica con EEUU y su capitalismo (aunque en su discurso
nuestra actual dictadura -Mayo 2018- se autoproclame socialista y de
izquierda), hemos caído en el juego mercadológico de las grandes far-
macéuticas, que nos venden su mercadeo como ciencia. En el sistema
de salud en Nicaragua, tanto en la parte privada como pública, impera
la narrativa de patología y el mito del desbalance químico corregible
con la prescripción de psicofármacos es una verdad asumida.
22 | Por el derecho a l a locura
Tenemos una Ley de Protección de los Derechos Humanos de las
Personas con Enfermedades Mentales (Ley No. 650). Sin embargo,
esta ley presenta muchos problemas, siendo el principal que parte de
la premisa de uno de los derechos de las personas con enfermedad
mental es recibir tratamiento en las unidades de salud –lo que llaman
hospitales psicosociales; es decir, que si yo me rehúso a recibir trata-
miento y mi familia acude a las autoridades, cualquier otro derecho
es automáticamente eliminado en pro del derecho al tratamiento, que
en las unidades de salud es meramente tratamiento farmacológico.
Entonces a nuestra ley le hace falta mucho trabajo.
Hasta la fecha el país cuenta con dos “hospitales psicosociales” –léase
manicomios–, donde terminan las personas con diversidad psíquica
y neurológica que han sido rechazadas por sus familias, comunidades
y todo un sistema. Las condiciones de estos lugares son lamentables y
no sabemos a ciencia cierta qué tipo de vejámenes se cometen en con-
tra de las personas recluidas, porque no hay acceso para el público a
estos centros y mucho menos para los medios de comunicación.
Socialmente todo el tema del sufrimiento psíquico y emocional es
todavía tabú y causa de mucha vergüenza no sólo para las personas
que lo padecen, sino para sus familiares, porque aquí todavía vivimos
muy preocupados por el qué dirán y es muy importante guardar
las apariencias. Esto hasta cierto punto yo lo veo como una oportu-
nidad, porque aunque hay una que otra asociación de familias de
personas con “trastorno mental”, no hay una figura líder que dirija la
conversación respecto al tema en el país.
La necesidad de hacer algo desde mi experiencia con sufrimiento psíquico
El haber pasado por mis crisis me sensibilizó en extremo hacia los
problemas de justicia social que se viven en mi país; me hizo abrir
los ojos a todos los tipos de opresiones que experimentan la mayo-
ría de las personas a diario y me hizo plenamente consciente de
cuánto y cuán desproporcionado ha sido el privilegio del que he
gozado toda mi vida.
Aunque soy mujer en una sociedad machista, recibí una buena edu-
cación –y no me refiero sólo al tipo de adoctrinamiento en el capita-
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 23
lismo que solemos llamar “educación”, sino a la capacidad de desa-
rrollar pensamiento crítico y consciencia ecológica y social–; siempre
he tenido mis necesidades económicas satisfechas y más; hablo dos
idiomas que me facilitan acceso a más información; gozo de una
familia y comunidad mente abierta que siempre me ha apoyado, y
en el campo personal y subjetivo, he tenido experiencias espirituales
y de locura que me han dado el valor y el coraje para deshacerme de
muchos de los miedos y vergüenzas con los que la familia, la socie-
dad y la cultura nos programa al crecer.
Al año de mi primera crisis mis entrañas me hablaban y me decían
que yo tenía que hacer algo respecto a lo que había vivido en lo
personal, porque sentía un compromiso y responsabilidad con otras
personas que se encontraban en condiciones menos ventajosas que
las mías. No tenía muy claro el qué, pero si cargaba con esa inquie-
tud. Mientras tanto, surgió una gran insatisfacción con mi situación
laboral, porque sabía que todavía me hacía falta mucho por sanar y
explorar mis experiencias.
Desde que nació mi hijo me quedó claro que ser madre era el trabajo
más importante que iba a realizar en este mundo, y la naturaleza de
mi trabajo –hotelería– demandaba mucho de mi tiempo, por lo que
tenía que priorizar el estar con mi hijo dejando relegado el tema de
la introspección personal y auto-exploración. Después de hablarlo
con mi esposo, decidimos que debía renunciar para enfocarme en mi
autodenominado “proceso de transformación” y en ser una madre
tiempo completo para nuestro hijo, que es lo que el corazón me
había pedido desde un principio.
Cuando dejé de trabajar por un salario –ahora trabajaba en mi casa,
cocinando, limpiando, lavando ropa, etc.– me di cuenta que disponía
de un tiempo precioso. Comencé a construir una relación consciente
y cercana con mi hijo; cumplía con mis compromisos con el hogar y
tenía cabeza y energía para pensar en otras cosas.
Así fue que después de algún tiempo de buscar –sin suerte– otrxs
locxs que quisieran abrir un blog colectivo, decidí abrir un blog per-
sonal desde el cual relataría mi experiencia con sufrimiento psíquico
y mis diferentes perspectivas respecto a varios aspectos relacionados
con el tema de la Salud Mental. Así nació Rompiendo La Etiqueta (la
24 | Por el derecho a la lo cura
etiqueta diagnóstica en principio, y la etiqueta social, aquella que nos
dice que no debemos hablar de estos temas) en Septiembre 2016.
Luego de ese primer post “Sin miedo ni vergüenza –Psicosis y Yo”
mucha gente conectó conmigo por medio de correos y mensajes
por Facebook, compartiendo sus historias con sufrimiento psíquico
y poco a poco el blog personal se convirtió en blog colectivo, donde
otrxs nicaragüenses relataban sus crisis, usando su propio lenguaje
y perspectivas.
Confieso que nunca tuve un “plan maestro” para Rompiendo La
Etiqueta. Mi única idea era contar mi historia y compartir mis
puntos de vista. Al día de hoy el sitio web tiene un Blog; una sección
de Directorio de Proveedores de Salud Mental en Nicaragua, donde
se comparte información de servicios exclusivamente con enfoque
holístico, humanístico y alternativo –no biologicista–; una sección
de Recursos donde se han colgado varios documentos y traducciones
de documentos de apoyo para personas que estén atravesando una
crisis; una sección de Traducciones, donde se comparten artículos de
interés traducidos del inglés al español, y una sección de Organizacio-
nes de Salud Mental en Nicaragua, que por el momento, es la que se
encuentra menos desarrollada por falta de tiempo y recurso humano.
Lo bueno de no tener un plan maestro, es que he podido mante-
nerme abierta a las oportunidades que se han ido presentando. En
marzo 2017, tuve la oportunidad de ver el documental CrazyWise
(Sabia Locura), dirigido por el cineasta estadounidense Phil Borges.
En cuanto lo vi, supe que tenía que presentar el documental en
Nicaragua. La organización CrazyWise me dio los derechos para
hacer presentaciones del mismo en el país a cambio de hacer los
subtítulos en español, que todavía no tenían. Así, pude planificar
dos presentaciones para Julio 2017, una en Granada (+120 personas)
y otra en Managua (+200 personas).
Para las presentaciones de dicho documental conté con el apoyo de
ex-colegas de mis tiempos de hotelería para hacer una gira de medios
(TV, radio, prensa escrita), el apoyo de mi esposo que no objetó cuan-
do propuse cubrir los locales y materiales a distribuir con nuestros
fondos familiares; el apoyo de mis amigas que sirvieron de edecanes
en ambos eventos y el apoyo de miembros del colectivo Rompiendo
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 25
La Etiqueta, que se animaron a participar en los paneles de Expertxs
por Experiencia, que siguieron al documental.
A raíz de esas dos presentaciones, surgieron oportunidades de hacer
4 presentaciones más en diferentes partes de Nicaragua (Masatepe,
Matagalpa, Managua y Granada), ahora con el apoyo de diferentes
personas para la coordinación de los locales y la convocatoria a nivel
comunitario en cada localidad.
He de mencionar que estas presentaciones fueron experiencias in-
tensas y maravillosas. El documental por si mismo hace un excelente
trabajo de articular un tema muy complejo desde una perspectiva
holística y humanista; los paneles de expertxs por experiencia anima-
ron a la audiencia a levantarse y compartir asuntos muy personales,
frente a muchísimas personas desconocidas, facilitando una especie
de catarsis colectiva para algunxs de los que ahí estuvimos. También
ayudaron mucho a ampliar la red de contactos y el colectivo de Rom-
piendo La Etiqueta, repartir materiales de apoyo para las personas
que atraviesan sufrimiento psíquico, como el Manual de Derechos de
Salud Mental (Locos por Nuestros Derechos), Saldremos de Esta (Ja-
vier Erro), Comprender la Psicosis y la Esquizofrenia (Anne Cooke) y
Descontinuación del Uso de Drogas Psiquiátricas (e Icarus Project
& Freedom Center).
El resto del año trabajamos un par de traducciones, entre ellas los
“Mapas Locos” de e Icarus Project, que sabemos que fue de mucha
utilidad para la comunidad loca hispano hablante y que publicamos
a principios de 2018. El siguiente gran avance que logramos en 2018,
fue el establecimiento de Grupos de Apoyo Mutuo, para lo cual
basamos el formato de nuestros GAM en algunos de los parámetros
y lineamientos establecidos en la guía para formación de Grupos de
Apoyo Mutuo que Activament Catalunya Associació publicó por in-
ternet. Hasta el momento se han creado dos GAM, uno en Granada y
uno en Managua, se realizaron dos sesiones con el GAM de Granada
y solamente una con el GAM de Managua.
Las sesiones quedaron suspendidas debido a la inseguridad de circula-
ción nocturna que se vive en el país a causa de la violenta represión
que la población nicaragüense ha estado sufriendo a manos de la
Policía Nacional y fuerzas de choque a partir de Abril 2018 (el hora-
26 | Por el derecho a la lo cura
rio de reunión de los GAMs es a las 6PM, para que las personas que
salen del trabajo a las 5PM o 5:30PM puedan asistir).
Al momento de escribir este texto, estoy cuidando de mi hija recién
nacida, (4 de Mayo 2018), y como el resto de nicaragüenses, me en-
cuentro viviendo una revolución popular en mi país y apoyando un
paro generalizado, que es la única salida que como pueblo vislumbra-
mos para derrocar este régimen de forma pacífica.
Mi activismo en Salud Mental ha evolucionado de forma orgánica,
aprovechando las oportunidades que se han presentado y poniendo
atención a las señales y sincronicidades que nosotras las locas conoce-
mos muy bien.
Sé que hay mucho por hacer en mi país, entre las acciones principales
que me gustaría concretar en el futuro, por considerarlas necesarias
están: a) Constitución legal del colectivo de personas con experien-
cia vivida Rompiendo La Etiqueta; b) Estudio de la ley 650 “Ley de
Protección de personas con enfermedad mental”, y elaboración de
propuesta de modificación y reglamentación que garantice el respeto
de los Derechos Humanos y que evite las internaciones y tratamien-
tos coercitivos; c) Difusión e instauración de los GAMs en la mayor
parte del territorio nacional; d) Continuar con actividades de sensi-
bilización del público cuerdo y empoderamiento de las personas con
experiencia vivida con el fin de demostrar que podemos cuidarnos y
apoyarnos de humanxs a humanxs, que no hacen falta profesionales
para guardar espacio para el sufrimiento de la otra persona.
En resumen, lo que deseo para las personas que experimentan su-
frimiento emocional y psíquico en Nicaragua, es una sociedad que
presente todo el abanico de opciones de apoyo, tratamiento y na-
rrativas posibles, para que las personas en estado de angustia tengan
verdaderamente la libertad de escoger cuál es el apoyo que les ayuda,
el tratamiento que desean y la narrativa que más les edifica.
Estoy en contra de cualquier imposición y reconozco que hay
muchas personas que le han encontrado –por una razón u otra– , el
beneficio al tratamiento psicofarmacológico y a las que la narrativa
de enfermedad mental les ayuda a lidiar con la culpa, pero también
sé que muchas otras preferimos vivir nuestras crisis en lugar de su-
primirlas, y ver por nosotras mismas todo ese dolor y sufrimiento que
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 27
viene a ser reflejo de las cosas que tienen que cambiar en nosotras
mismas, nuestras familias, culturas y sociedades, tomando esa viven-
cia y transformándola en un camino de liberación personal y toma
de conciencia.
Identidad Latinoamericana de la Locura
Basándome en mi experiencia, creo que las vivencias de locura son un
universo que refleja la historia personal y familiar, las creencias espi-
rituales, la cultura y condicionamientos sociales de la persona que las
vive. Para concebir la identidad Latinoamericana de la locura debemos
pensar en lo que nos une como región, pero principalmente lo que
nos diferencia como pueblos, porque es ahí donde reside la clave para
poder recibir y extender el respeto a la locura de cada nación.
Me gustaría proponer los siguientes valores que podrían ser conside-
rados como parte de la identidad Latinoamericana de la locura:
Respeto a la diversidad -en el sentido más amplio- de nuestros
pueblos;
Apoyo basado no en juicios dualísticos -lo que se considera
‘bueno’ vs. lo que se considera ‘malo’-, sino más bien basado en
aquello que le proveerá de más libertad a la persona loca;
Conciencia de todas las heridas que la región Latinoamericana
carga y que han sido causadas por la colonización, el mestizaje,
el patriarcado, el capitalismo, regímenes dictatoriales, guerras,
desastres naturales, extractivismo, etc., porque conociendo nues-
tras heridas podemos empezar a sanarnos individual y colectiva-
mente y así transformar nuestra región.
Creatividad para construir significado de las experiencias de
sufrimiento psíquico y adherir un propósito a nuestros estados
no ordinarios de conciencia que nos trascienda como personas.
Comunidad radical que acepta e incluye.
Humildad para mantener al ego colectivo -y los individuales- a raya.
28 | Por el derecho a la l ocura
Movimiento por el Derecho a la Locura en América Latina
El movimiento por el derecho a la locura en Latinoamérica debe ser
liderado por personas locas de la región. Las personas locas somos las
que debemos establecer la manera en la que queremos que la socie-
dad reciba nuestras experiencias, siempre con una visión crítica a
todas las formas en las que nuestra civilización no apoya el bienestar
humano y principalmente el bienestar de nuestro colectivo.
No debe faltar en nuestros países un marco jurídico que proteja los
derechos humanos de las personas locas, en especial la libertad de
conciencia y la autodeterminación.
También creo que es sumamente necesario extraer eso que llamamos
“Salud Mental” del contexto médico, y trasladarlo a lo social, político
y comunitario, porque todas estas dimensiones afectan e influyen
para que exista o no la “Salud Mental”.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 29
La perspectiva neurodivergente
en el arte argentino
Alan Robinson
1. Cómo descubrí que era artista.
Hasta el cuarto grado de la escuela primaria me aburría muchísimo.
Toda la forma en que la escuela estaba organizada me resultaba ajena
y hasta absurda. Claro que mis recuerdos son más bien sensaciones,
dado que a mis 8 años aún no sabía cómo estaban organizadas las
instituciones educativas ni cuáles eran sus métodos objetivos. La
memoria, como el cuerpo, crece, cambian y atraviesan crisis.
Pero en cuarto grado sucedió algo que no solo cambiaría mi relación
con la escuela, sino con mi realidad en aquel año de 1986. Teresa, la
maestra de lengua nos dio la tarea de escribir un cuento. Cuando lle-
gué a casa estaba entusiasmado y sentía algo que ninguna de las otras
materias me hacía sentir: libertad. Yo podía escribir lo que quisiera
en un cuento y la maestra Teresa lo iba a leer. Íbamos a comunicar-
nos de una manera completamente nueva y distinta. Estaba muy
entusiasmado y decidí escribir sobre unos “extraterrestres buenos
que me llevaban de viaje a otro planeta.
Mi primera relación con el arte fue mediante la literatura. Luego, en
ese mismo año, actué por primera vez en mi vida como “El Presen-
tador” de un acto. Por lo cual la actuación, fue el impulso definitivo
para sentir que “eso” que pasaba durante la creación era lo que me
apasionaba en la vida. En la escuela primaria armamos un grupo de
teatro y nos presentamos hasta séptimo grado en todos los actos. De
esa manera al cumplir catorce años, comencé mi primer taller de
teatro, descubriendo allí que disfrutaba tanto de actuar como de dar
devoluciones a los compañeros. Por suerte o por destino, se fue dan-
30 | Por el derecho a l a locura
do en mí, un fuerte sentido de lo grupal en el arte que me permitió
soltar la estupidez de la “egolatría artística” para comprender con el
paso del tiempo y la experiencia el valor de la autoestima y la capaci-
dad autocrítica en nuestro trabajo artístico.
Para aquella época en la que cursaba la escuela secundaria ya com-
prendía un poco mas cuales eran las reglas de mi colegio secundario
y que eran las instituciones. Escribía, leía y actuaba fervorosamente.
Empezaban mis primeras lecturas sobre anarquismo las cuales sigo
profundizando al día de hoy con “El apoyo mutuo”.
A mis 16 años, salí del aula de mi colegio sin permiso. También en
este caso, por suerte o por destino, la psiquiatría descubrió que yo
era un joven demasiado alborotador y decidió descargar toda su
furia sobre mí, torturándome en una celda de aislamiento. La marca
que dejó la tortura en mí es indeleble, pero gracias a la literatura y
al teatro aprendí a mostrar esa cicatriz invisible. La gran mayoría
de las personas que fueron torturadas por la psiquiatría viven en la
más solitaria exclusión. Desde ese lugar, mi condición de artista me
dio un lugar de visibilidad y mi historia personal despertó el interés
de muchísimo público. Eso me coloca en un lugar de privilegio en
relación a mi pasado tortuoso. Yo tuve oportunidad de reparar el
dolor por diversos motivos, pero la inmensa mayoría de las personas
psiquiatrizadas no tienen las oportunidades y derechos que tuve. Sin
embargo la experiencia de la tortura, marcó un antes y un después
en mi vida.
A pesar de verme obligado a consumir drogas psiquiátricas pude cur-
sar una licenciatura en arte dramático en la cual descubrí que me iba
a dedicar a dirigir obras de teatro y a escribir. Me recibí de licenciado
y profesor. Empecé a dar clases y dirigir de forma “normal” como lo
podría haber hecho cualquier otro joven que quisiera dedicarse a un
camino artístico. Pero yo no estaba conforme y no me sentía artista.
Había algo que no terminaba de funcionar y tenía que ver estricta-
mente con verme obligado por los profesionales que presionaban a mi
familia, a consumir drogas psiquiátricas. Mi vida era una buena vida
porque trabajaba de lo que me gustaba, tenía amigos y familia. Pero yo
no estaba conforme, porque había algo que estaba mal. Muy mal.
Tuve paciencia. Mucha paciencia.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 31
Esperé hasta mis 36 años y publiqué mi primer libro “Actuar como
loco”. Todo cambió. En ese proceso creativo pude resolver un mon-
tón de problemas y sobre todo liberarme de las cadenas de la salud
mental. Me di cuenta también que había sobrevivido y finalmente
estaba libre. El primer efecto de la publicación de mi primer libro
fue dejar de consumir drogas psiquiátricas. El segundo efecto de la
publicación fue que se me abrieron muchas puertas laborales en mi
camino como escritor, profesor y director. El tercer efecto fue que
naturalmente me comprometí con el activismo, y la participación en
espacios que pretenden transformar el sistema de salud mental. Mi
compromiso con el activismo de la locura, no fue ni por culpa, ni
por moral burguesa, sino por la necesidad inconsciente de estar junto
a quienes habían vivido o estaban viviendo lo que yo viví. Necesitaba
estar junto a esas personas. Era una necesidad irracional y loca.
Terminé por darme cuenta que en mi vida todo estaba relacionado.
Mi obra estaba relacionada con la locura, y mi locura relacionada
con mi obra. No de una forma explícita, sino de una forma muy
sutil. Cuando hice público que había sobrevivido a la tortura en un
loquero, comprendí que final y sutilmente yo estaba entregado a un
destino artístico. La cultura anti psicótica con sus agentes, habían
pretendido debilitarme y frenar el valor de mi obra. Finalmente, mis
lectores y el público fueron quienes dieron su apoyo a mi obra, la
cual en su fase temprana, el sistema de salud mental quería controlar
y condicionar obligándome a consumir drogas psiquiátricas. Para
que pueda entenderse quisiera ejemplificar. A mis 16 años, mientras
estaba detenido en el loquero realicé una serie de dibujos que son
parte de mi obra. Estos dibujos fueron secuestrados por los “trabaja-
dores de la salud mental” y quedaron en la “historia clínica” consi-
derados como “síntomas de esquizofrenia”.
Sin embargo, luego de muchos años de defender mi obra, logré
mantener su potencia viva a pesar de los intentos del sistema de salud
mental argentino de transformar mi obra en síntomas de enferme-
dad mental.
Gracias al público y mis lectores descubrí que tenía un compromiso
ético, poético y estético con el arte. Si no hubiese tenido los comenta-
rios y las devoluciones críticas del público y lectores, no podría haber
seguido adelante.
32 | Por el derecho a la l ocura
2. Una mirada desde la neurodivergencia y la locura.
La ley nacional de salud mental y adicciones Argentina garantiza
que “todas las personas con padecimiento mental tienen derecho a
conocer y preservar su identidad”. Esta legislación permite en unas
pocas situaciones defender la soberanía mental. Entonces, me pre-
gunto ¿Qué pasaría si en verdad todas las personas con padecimiento
mental conocieran su verdadera identidad?
Las personas del amplio colectivo denominado como “género y di-
versidad sexual” coinciden que no “eligieron” su identidad, sino que la
descubrieron en un momento de sus vidas. Es decir que, se descubrie-
ron, por ejemplo, como gay o trans.
En este sentido creo que el amplio colectivo de las personas neurodi-
vergentes, tenemos una oportunidad histórica de descubrir nuestra
identidad. El concepto de “neurodivergencia” fue acuñado por la
comunidad de personas autistas, quienes lo han tomado como una
posición política para describir su condición y de esa manera defen-
der sus propios derechos. Considero que el concepto de “neurodiver-
gencia” es una forma que tenemos las personas locas, de resistirnos a
todos y cada uno de las etiquetas que pretenden transformar nuestra
identidad en una “enfermedad mental”, “padecimiento”, “diagnósti-
co” o “trastorno”.
Las personas neurodivergentes, a diferencia de las personas neuro-
típicas, hemos recibido un diagnóstico psiquiátrico y la psicóloga
o el psiquiatra nos explicó que la esquizofrenia, la bipolaridad o el
autismo son trastornos que hay que tratar con drogas psiquiátricas.
Pero ¿Qué pasaría si ellos se equivocaron? ¿Qué pasaría si los diag-
nósticos en vez de ser trastornos, fuesen identidades? ¿Estaríamos dis-
puestas a vivir una vida libre de la seguridad que puede dar la pastilla
psiquiátrica? ¿Estaríamos dispuestas a vivir libres de la contención
que da un tratamiento psicológico?
Por supuesto que hay tantas respuestas posibles, como personas. Todas
nuestras experiencias son diversas y amplias. En mi historia personal
hubo una etapa en que pensarme como una “persona esquizofrénica
libre de drogas psiquiátricas” me ayudó un montón a liberarme de la
dependencia de la psiquiatría y la psicología, o sea en definitiva a ser
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 33
una persona con más autonomía y libertad. Hoy en día, esta posición
es una postura política en defensa de la diversidad mental. Estoy
convencido que todos los denominados “trastornos mentales” son en
realidad “identidades neurodivergentes”, “identidades no binarias”
o “identidades disidentes” porque proponen una forma diferente de
vivir la experiencia mágica y maravillosa de la vida.
Descubrí mi identidad y hoy la preservo. Creo que una vez que una
persona descubre su verdadera identidad automáticamente deja de
“tener padecimiento mental”. El “padecimiento mental” es el sufri-
miento, algo inherente a todas las personas, sea cual sea su condición
y no hay forma de evitarlo. Todas las personas tenemos derecho a
conocer nuestra identidad y preservarla. Si la cordura es una imposi-
ción de este sistema, que la locura sea la forma de liberarnos.
Hace varios años estoy involucrado en Argentina con el movimiento
de la locura. Me ha tocado viajar a varios países latinoamericanos
a dar talleres, conferencias y presentar mis libros. Me considero un
defensor del derecho al delirio/alucinación, defensor de la soberanía
mental, defensor de la diversidad mental y estoy en pleno proceso de
transformación individual y social. Mi lenguaje, mi forma de hablar,
y comprender la locura, cambia cada vez que aprendo de otras expe-
riencias neurodivergentes.
Considero a la locura, como un derecho y una identidad. Un derecho
tiene un encuadre jurídico, cultural y social. La locura por su parte
está en la naturaleza de una persona, o no. En cambio, el delirio/
alucinación, algún día deberían ser un derecho, y todas las personas
deberíamos hacer algo para que este derecho exista en todas las
sociedades. Para esto, por mi parte empecé a dar un taller de prime-
ros auxilios en salud mental, que entre sus objetivos se encuentra
enseñarles a las personas cuales son las mejores formas de reaccionar
frente a una persona que se encuentra en estado delirante/alucinante.
Creo que aun somos muy pocas personas en Latinoamérica que
creemos en la locura como una identidad y un derecho. En Argenti-
na la comunidad de personas transgénero luego de muchos años de
activismo social, lograron la sanción de la ley de identidad de género,
que les garantiza a las personas trans, puedan ser identificadas según
el nombre con el que se perciben a sí mismas. Si uno piensa en este
34 | Por el derecho a l a locura
enorme logro cultural, social y jurídico, en comparación a la pobla-
ción de personas locas, tiene que aceptar que es posible lograr gran-
des cambios socioculturales, pero que aún nos falta mucho camino
por andar.
En el año 2010 se sancionó en Argentina la ley 26657 que entre uno
de sus artículos más reformistas, expresa que para el año 2020 se de-
ben cerrar todos los hospitales o clínicas monovalentes, es decir que
se deben cerrar todos los loqueros. Se cierren o no se cierren, trans-
formar la cultura anti psicótica es un proceso mucho más profundo
y que trasciende el año 2020. Se podrían cerrar todos los manicomios
pero el estigma y la discriminación hacia las personas locas, podrían
aumentar. Hoy día en nuestro país, el miedo a las personas locas, la
psicofobia es el mayor miedo que padece nuestra sociedad. No puedo
pensar al sistema de salud mental de mi país, por fuera de lo ideo-
lógico. Es decir, como propone la psicóloga y académica canadiense
Bonnie Burstow, creo que el debate no debería ser regional sino
global. La pregunta en cuestión que nos propone Burstow, es si los
sistemas de salud mental deben abolirse o reformarse.
¿No es acaso la salud mental una nueva forma del capitalismo para
controlar y someter a las personas? ¿Tener una vida “normal” no es
equivalente a tener una vida “productiva” para el sistema capitalista?
¿A mayor sanidad mental, no aumenta la adaptación y funcionalidad
a dicho sistema?
Argentina tiene una histórica tradición de compromiso con los
derechos humanos. Muchísimas personas participan en diversas
causas vinculadas con los derechos humanos, pero al mismo tiempo
esto ha provocado cierta liviandad en algunos casos, sobre todo con
la aparición de la “militancia” en las redes sociales, y cierta partici-
pación motivada por la culpa burguesa de quien es un privilegiado y
no se reconoce como tal. El progresismo argentino, ha puesto a los
derechos humanos en carteles luminosos, y la reacción de los conser-
vadores ha sido denostar a los derechos humanos.
Sin embargo, podemos identificar específicamente cuales son los
derechos humanos que se violan en los loqueros. Toda actividad
“labor terapéutica” en la cual una persona internada en contra de
su voluntad produzca un bien o un servicio, significa someter a esa
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 35
persona a la servidumbre. Pero según la declaración universal de los
derechos humanos:
Artículo 4: Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre,
la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus
formas.
Cuando una persona recibe una inyección sedante, cuando una per-
sona es sujetada mecánicamente, o cuando una persona es encerrada
en una celda de aislamiento, y se pretende hacer pasar esas conductas
como un “tratamiento en salud mental”, se viola el siguiente artículo:
Artículo 5: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crue-
les, inhumanos o degradantes.
Sin embargo, desde una perspectiva neurodivergente y respetuosa
de los derechos humanos, resulta sorprendente las contradicciones
entre los tratamientos en salud mental y la locura. Podemos pensar al
delirio y la alucinación simplemente como estados de la conciencia.
Entonces si los derechos humanos nos garantizan la libertad de con-
ciencia, creer que uno es “el mesías” es un derecho, y no un síntoma,
como se expresa en el artículo 18.
Artículo 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamien-
to, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de
cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifes-
tar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en
público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y
la observancia.
Pero como si esto no fuese suficiente, si uno cree ser “el mesías” tiene
el derecho humano de predicar su palabra entre todas las personas
sin ser molestado, ni internado, ni drogado psiquiátricamente, como
lo expresa el artículo 19.
Artículo 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y
de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de
sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones,
y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio
de expresión.
36 | Por el derecho a la l ocura
Cabe destacar finalmente que la “declaración universal de los dere-
chos humanos” es un acuerdo neurotípico, entre personas neuro-
típicas, que ellas mismas no pueden lograr que se respete. Por este
motivo la historia viene demostrándonos que la locura es la última
esperanza de la humanidad.
3. Liderazgos neurotípicos como límite de un movimiento emergente.
En la Argentina se ha planteado desde la década del 70 del siglo XX
la lucha antimanicomial. Esta lucha ha planteado la relación entre
derechos humanos y salud mental, en la cual han participado pa-
cientes psiquiátricos, siempre coordinados por personas neurotípicas.
Los referentes que han trascendido de estas experiencias ganando
popularidad y visibilidad social, son todas personas neurotípicas
varones como Enrique Pichón Riviere, Alfredo Moffat, Alberto Sava,
o Alfredo Olivera. Las experiencias en las que ellos han participado
fueron conocidas como la “Peña Carlos Gardel”, “Frente de artistas
del Borda”, “Radio La Colifata” o “Cooperanza”.
Por lo general estas experiencias sucedieron dentro del manicomio
sosteniendo la idea de estar luchando contra el manicomio. Estas
experiencias siempre fueron presentadas por sus coordinadores como
experiencias “expresivas o artísticas”, pero sus coordinadores no eran
especialistas en arte sino en ciencias de la salud como psicología o
psiquiatría, por lo cual no parecerían estar capacitados para distinguir
las diferencias especificas de un trabajo artístico, de uno artesanal o
de uno laborterapéutico. Hasta ahora el único manicomio que se ha
cerrado en Argentina fue la granja de rehabilitación “San Camilo” gra-
cias al libro de investigación “La comunidad” de Pablo Galfré.
Las buenas intenciones, no son suficientes para lograr una obra de
arte. Los loqueros no hacen de sus personas internadas “artistas
libres”, solo por el hecho de haberlos encerrado. Esto lo expresa per-
fectamente la poeta Marisa Wagner:
Tengo la suerte que no han tenido otras personas, de que además
de loca soy poeta, dos cosas que no tienen nada que ver, la locura
no hace poetas ni los poetas necesariamente se vuelven locos.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 37
Es importante ser claros y comprender en qué momento y lugar de
la historia se ubica el movimiento de la locura. La lucha en favor
de la locura, no es la lucha antimanicomial ni la antipsiquiátrica.
El movimiento de la locura es muy anterior. Erasmo de Rotterdam
cuando publica su libro “Elogio de la locura” marcaba un hito, de
nuestro movimiento de la locura. Cuando Elizabeth Packard le gana
el juicio de insania a su marido que la había encerrado tres años en
un psiquiátrico, genera otro hito para el movimiento. La publicación
del libro “Van Gogh, el suicidado por la sociedad” es otro de los hitos
del movimiento de la locura. La primera marcha del movimiento del
orgullo loco en los Estados Unidos, también representa un hito para
nuestra movilización social. Cuando expresamos que “luchamos en fa-
vor de la locura” lo hacemos en el lenguaje neurotípico para que se nos
pueda leer o comprender, pero en realidad no luchamos en favor de la
locura, sino que nos dejamos llevar por nuestro destino en la locura.
Creo que hay distintas formas de ejercer el activismo. Como explica-
ba anteriormente, creo que el verdadero activismo no es una posición
ideológica, sino una necesidad física. Es mi cuerpo el que alcanza
algo de paz luego de realizar alguna actividad vinculada con el
activismo de la locura. Las actitudes o acciones activistas de la locura,
no las pienso. Nunca puedo tomar la decisión de realizar una acción
activista, sino que más bien el impulso de reaccionar aparece en mi
cuerpo y tengo que interrumpir mi actividad laboral para realizar
algún tipo de actividad loca.
He logrado cierta organización, porque de lo contrario no podría
trabajar como artista. Por ejemplo tengo la rutina de participar en mi
GAM (grupo de apoyo mutuo) y dedicar tiempo a difundir sus encuen-
tros en redes sociales. Para mí el activismo, es la necesidad de darle
visibilidad a la locura, y específicamente aparece en mi cuando siento
que en la sociedad hay una fuerte presencia de la cultura anti psicótica.
En Argentina existen muchas agrupaciones sociales en las que partici-
pan pacientes psiquiátricos o usuarios, vinculadas a la anti psiquiatría
y la desmanicomialización. Sin embargo existe un movimiento locali-
zado en la ciudad de Buenos Aires, que es el GAM del cual soy uno de
sus fundadores. Este grupo de apoyo mutuo, nació en el año 2015 y ha
logrado liberar a varios de sus miembros del uso de drogas psiquiátricas.
38 | Por el derecho a l a locura
Hay muchas asambleas, radios, grupos de arte, emprendimientos
productivos y agrupaciones recreativas integrados por pacientes
psiquiátricos y usuarios, pero el denominador común de éstos es
que son coordinados por personas neurotípicas, con la excepción de
algunas experiencias como por ejemplo la Asamblea de Rosario, o
el GAM.
Creo que cuando una persona neurotípica está en la coordinación de
alguno de estas agrupaciones impide la emergencia de un elemento
político ideológico. Me refiero a que es distinta una coordinación que
concibe a la locura como una identidad y al delirio/alucinación como
un derecho a una coordinación que no lo hace. Cuando participaba
en la APUSSAM (asamblea de usuarios y sobrevivientes de la salud
mental) la coordinación era neurotípica, y me fui de esa asamblea al
reconocer que la coordinación no tenía la necesidad de que la locura
fuese una identidad, en cambio en la coordinación del GAM esa
necesidad se presenta siempre en la coordinación de la actividad por
una persona neurodivergente.
4. Identidad Latinoamericana de la locura
¿Cuáles serían las características propias de la locura en nuestro
continente? En mi opinión no es posible definir a la locura más que
desde las personas que han atravesado la experiencia de la locura.
No hay un consenso en ninguna parte del mundo acerca de qué es la
locura. Puedo asegurarlo, porque estudio metódicamente las expre-
siones estéticas de artistas que han atravesado como yo, la experiencia
de la locura. No hay un consenso sobre qué cosa es la locura, ni lo
habrá. Algunas personas la ven como una enfermedad, otras como
una experiencia indeseable, como una discapacidad social, como una
identidad o como un derecho.
Entonces, considerando esta salvedad no se puede asociar a la locura
con un territorio denominado “Latinoamérica”, pero lo que sí se pue-
de hacer es destacar determinadas expresiones culturales de la locura,
como lo son el carnaval, la pasión por el fútbol o algunas expresiones
rituales del sincretismo. El único territorio de la locura es el cuerpo
de las personas.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 39
Sobre el movimiento por el derecho a la locura en América Latina,
no considero que la locura pueda ser un derecho, dado que implica-
ría que las personas que deciden cuales son los derechos reconozcan
el derecho a la belleza, o el derecho a la empatía. Es impensable para
el estado actual de la cultura humana, en términos generales luchar
por el derecho a la locura. Pero no solo es válido, sino también nece-
sario. Las personas trans han atravesado la experiencia de la locura,
y han conseguido en Argentina que se reconozca jurídicamente a la
transexualidad como identidad. En ese camino también están mu-
chas personas autistas. A estos procesos concretos me refiero cuando
describo el movimiento latinoamericano de la locura.
Mi relación más concreta con el movimiento es desde la publicación
de libros y dirección de espectáculos teatrales, con perspectiva neuro-
divergente sobre las temáticas abordadas.
5. El arte de la locura como un camino.
La gran mayoría de los artistas logran separar su obra de su vida.
Pero hay una pequeña minoría, entre los cuales vida y obra son parte
del mismo fenómeno. En estos casos las líneas que separan verdad de
mentira, o ficción de realidad, son casi invisibles o directamente no
existen. Borrar estos límites, en las grandes ciudades puede ser riesgo-
so, dado que si el interlocutor o el público no tienen una formación
cultural, puede confundir la obra del artista con un brote psicótico
del sujeto, y solicitar la intervención represiva del sistema de salud
mental. En esas zonas grises, donde se borran los limites, es donde se
puede reflexionar comprometidamente sobre ética, poética y estética.
Es muy común que en los movimientos artísticos aparezcan nuevas
categorías por el afán de lucro o por el afán de fama. Hoy día la
categoría “performance” al menos en la ciudad de Buenos Aires ha
perdido la frescura, honestidad, fuerza y potencia que tenía en la
década del 70 del siglo XX. Esto se debe a que la cultura rápidamente
fagocita, devora y vuelve funcional al sistema todo aquello que la
pone en crisis, o ella no puede controlar. Hablo de una cultura como
un ser vivo monstruoso, con vida propia. Me refiero a la cultura neu-
rotípica, neuronormativa y anti psicótica, aquella que logra que todo
se quede inmóvil, en su lugar y sin transmutarse.
40 | Por el derecho a l a locura
En una ocasión que tuve de viajar a dar un taller y una conferencia
a una universidad chilena, el canal de televisión que cubrió mi visita
mencionó que “Alan Robinson, quien tiene esquizofrenia, visitó
nuestro país donde dio una conferencia en la universidad…”. Más allá
del impacto que esto puede tener en uno, la anécdota me hizo pensar
como me refiero a mi mismo cuando lo hago públicamente para evi-
tar que se reproduzcan estos mecanismos culturales que no hacen más
que perpetuar el estigma, y afirmar la discriminación. Por este motivo
hoy hago referencia, a que mi obra solo intenta ser obra de arte.
En este sentido, la búsqueda del verdadero arte siempre se escapa de
los cánones sociales, políticos, psicológicos o culturales. Es el arte
con sus procedimientos de empatía, el que logra siempre reaccio-
nar ante el mal y la oscuridad. Por esto, mi experiencia en la locura
siempre ha sido una brújula y el arte un mapa, que me han guiado en
mi camino.
6. Recomendaciones.
Páginas:
1. Web Alan Robinson: www.alanrobinson.com.ar
2. GAM Buenos Aires:
https://www.facebook.com/Apoyo.Mutuo.Salud.Mental/?ref=settings
Libros:
1. Kropotkin, Piotr. El apoyo mutuo. Heinemann. Londres. 1902
2. Robinson, Alan. Actuar como loco, experiencias del teatro y la
locura. Los Hermanos. Buenos Aires. 2013.
3. Bolomo, Albano, Bogojevich, Erquiaga, Robinson. La ley de la
locura. Los Hermanos. Buenos Aires. 2013.
4. Robinson, Alan. Jorgino. Los Hermanos. Buenos Aires. 2017
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 41
Notas:
1. Artículo del diario BBC sobre la académica Bonnie Burstow:
http://www.bbc.com/mundo/noticias-40095602
2. Entrevista a Marisa Wagner por revista La Guacha. 2001:
http://www.moffatt.com.ar/marisa.htm
Videos:
1. Documental “In my language”. Escrito, actuado y producido
por A. M. Baggs: https://www.youtube.com/watch?v=JnylM1hI2jc
2. Paul Beatriz Preciado sobre la diversidad funcional:
https://www.youtube.com/watch?v=JBNnfYmgaaY
5. Documental “Comunidad terapéutica”, escrito y dirigido por
Ana Cutuli https://www.youtube.com/watch?v=_Yr9C00yiDo
42 | Por el derecho a la lo cura
El sueño que se sueña despierto
puede ser realidad. La voz de una
“loucotora” brasileña1
Silvana Borges
Mi historia en la salud mental comienza cuando cumplí mis 22 años
de edad en 1987, antes de la REFORMA PSIQUIÁTRICA. Pero antes
de comenzar propiamente este marco en mi vida, tengo que relatar
lo que me llevó a iniciar mi camino en la salud mental.
Desde los 15 años de edad he tomado varias medicaciones, anfeta-
minas para adelgazar, porque la sociedad siempre con sus etiquetas,
discriminaba a las personas que no estuvieron en su peso ideal. Yo
vivía aquel efecto de adelgazamiento y subir de peso y al revés.
Con altos y bajos, seguí estudiando hasta completar la enseñanza
media y hasta hice inscripción para la prueba de Publicidad y propa-
ganda en la Universidad (PUC-Campinas de San Pablo).
Pero en esta época yo estaba tomando las tales anfetaminas y empecé
a mezclar con la bebida alcohólica y el efecto fue desastroso.
Más algunos hechos precedieron el día de la prueba para la univer-
sidad y tuve mi primera crisis psiquiátrica fuerte. Las alucinaciones
fueron fortísimas y el psiquiatra que me atendió en la época intentó
hacer un tratamiento ambulatorio, pero era época de Navidad y mi
finada madre hizo licor casero de menta y yo resolví tomar junto
1 Infinitos agradecimientos a la activista Doris Furini por su colaboración en la
traducción al castellano de este texto, originalmente escrito por Silvana en portugués.
Gracias a su escucha atenta y apoyo incansable, Brasil pudo ser parte de este libro
(nota del editor).
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 43
con el Haldol, empeorando gravemente mi estado psíquico. El caso
es que mi psiquiatra también trabajaba en el Hospital Psiquiátrico
Américo Bairral, en la ciudad de Itapira- SP, así que fui internada por
primera vez en ese Hospital. Para mí es una fecha que nunca olvidaré
porque fue en 24/12. Fui internada en un lugar totalmente cerrado,
dividido en varios sectores particulares y el Edificio Central reservado
a los pacientes SUS (servicio público de salud), donde me quedé. Este
estaba dividido por grados de “LOCURA” y yo, me quedé “alojada” en
el cuarto piso, donde quedaban los más lúcidos. Los tratamientos de
la época, antes de la REFORMA PSQUIÁTRICA2, tenían métodos de
impregnación medicamentosa donde el paciente se hacía más fácil de
tratar. YO tuve la infelicidad de pasar por la “CAMISA DE FUERZA
en este período, por lo menos una vez. Las marcas que quedaron mu-
chos años después fueron PSICOLÓGICAS que posteriormente apare-
cieron en mi VIDA.
En la misma época a finales del año 1988 yo estaba en tratamiento am-
bulatorio en el Hospital Celso Pierro / PUC / CAMPINAS y percibía
2 La Reforma psiquiátrica en Brasil, se firmó con la Ley nº 10.216, de 6 de abril de 2001,
que dispone sobre la protección y los derechos de las personas portadoras de tras-
tornos mentales y re direcciona el modelo asistencial en salud mental. La Ley indica
una dirección para la asistencia psiquiátrica y establece los derechos de las personas
portadoras de trastornos mentales; regula las internaciones involuntarias, colocándolas
bajo la supervisión del Ministerio Público, órgano del Estado guardián de los derechos
indispensables de todos los ciudadanos brasileños. La Reforma Psiquiátrica es entendi-
da como un proceso social complejo, que implica el cambio en la asistencia de acuerdo
con los nuevos presupuestos técnicos y éticos, la incorporación cultural de esos valores
y la convalidación jurídico-legal de este nuevo orden. La reestructuración de la asisten-
cia, principal pilar de la Reforma, contaba desde 1990 con la Declaración de Caracas,
documento orientador de las políticas de Salud Mental. Los tres niveles gestores del
Sistema Único de Salud buscaron soluciones efectivas para esta área, sustentadas
por un vigoroso movimiento social y con directrices pactadas en las conferencias
nacionales de 1987, 1992, 2001 y 2010. Los datos de la Coordinación Nacional de Salud
Mental, Alcohol y otras Drogas apuntan que el movimiento de deshospitalización de
los portadores de trastornos mentales continúa en curso. Entre 2002 y 2012 hubo una
caída en el número de camas psiquiátricos de 51.393 a 29.958 y una reducción del por-
centaje de gastos con la red hospitalaria del 75,24% para el 28,91%. Por otro lado, la
cantidad de Centros de Atención de Atención Psicosocial (CAPS) subió de 424 a 1.981
y el porcentaje de gastos extrahospitalarios aumentó del 24,76% al 71,09%. En 2012
hubo aún una importante inversión financiera en los CAPS, que pasó de 460 millones
el año anterior, a 776 millones, representando un aumento del 68%.
44 | Por el derecho a l a locur a
que los medicamentos no estaban resultando bien para mí, me sentía
como un conejillo de indias, entonces yo misma decidí buscar el mis-
mo Hospital de Itapira a pesar de todo lo que ya había vivido allí. Una
vez más hice la inscripción para la prueba de PUBLICIDAD y de nuevo
no llegué a prestarlo. Y a principios del año 1989, nuevamente tuve la
infelicidad de pasar por el mismo lugar de internación, pues no cono-
cía otro lugar y de cierta forma me daba seguridad. Pero nuevamente
pasé por la “CAMISA DE FUERZA”, quedé internada más de 90 días.
Era muy difícil, con apenas 22 años con ganas de iniciar una univer-
sidad y siendo internada en un “MANICOMIO”. Recibía la visita de
mis padres que estaban vivos en esa época, cuando podían, y de otros
familiares era más difícil.
Este fue sólo el primero de los muchos lugares que pasé por interna-
ción, donde los pacientes no eran tratados con el debido respeto y
dignidad que todo ser humano merece. Pero con el paso del tiempo
FELIZMENTE mi VIDA ha ido mejorando y a pesar de los altos y
bajos de la BIPOLARIDAD, me quedé mucho tiempo en tratamiento
ambulatorio en un Centro de Salud, cerca de mi casa.
Al principio de mi tratamiento, mi diagnóstico fue confundido con
ESQUIZOFRENIA. Yo nunca acepté ese diagnóstico (tal vez algunos
síntomas fueran parecidos) más cuando realmente me diagnosticaron
en aquella época se decía P.M.D. (PSICOSIS MANIACO DEPRE-
SIVA). En mi primera crisis percibí que entré más en MANIA pues
aproveché la tarjeta de crédito y compré varias ropas, bañadores y
hasta un bata de baño, además fui donde una mujer que comerciali-
zaba ropa y compré 8 blusas iguales sólo de colores diferentes, todo
en exageración.
No percibía que no era una actitud usual.
Me bañé, lavé el pelo y gritaba con mi madre diciendo que no me
había bañado. Sentía los nervios literalmente a flor de piel. En esta
época yo trabajaba en el mercado formal, como auxiliar de oficina,
en una gráfica, luego perdí el trabajo y creo que eso también agravó
mi situación.
En esa época yo no sabía lo que la REFORMA PSQUIÁTRICA cam-
biaría en la atención a los pacientes pues ésta aún no había llegado. En
las instituciones hemos sido tratados sólo como un número más en la
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 45
facturación y creo que por eso cuanto más tiempo permaneciéramos,
más financieramente se beneficiaría. Los trabajos de Terapia Ocupacio-
nal hechos en esas instituciones no eran revertidos financieramente a los
pacientes y sí la a propia institución aumentando aún más sus beneficios.
Los días eran siempre iguales, pues la rutina era siempre la misma,
con sus horarios predeterminados para todas las actividades desde la
alimentación, como la permanencia en las salas de terapia ocupacional.
Las visitas de mi familia cuando no aparecían me dejaban aún más
aprehensiva, pues no sabía el motivo y me ponía triste, angustiada. A ve-
ces tardaba algún tiempo para poder recibir visitas y me quedaba muy
preocupada, siempre pensando lo peor. Cuando salí del INSTITUTO
AMÉRICO BAIRRAL por segunda vez, inicié mi tratamiento en el am-
bulatorio y por mucho tiempo corrió todo bien. Volví a trabajar y toma-
ba mis medicaciones, más desafortunadamente eso no significó que no
tuviera futuras internaciones. A pesar de no mezclar las medicaciones
con bebida alcohólica, eso no garantizaba el éxito del tratamiento, pues
faltaba algo más para que todo cambiase en mi VIDA.
En el año 1996, en la ciudad de Itamogi / MG, tuve algunas pérdidas
importantes de seres queridos, mi hermano FRANCISCO falleció en
1996 como consecuencia de cirrosis causada por mucha bebida alco-
hólica y en esta época mis padres decidieron vender la casa donde
vivíamos e ir a vivir con mi hermano LUIZ CARLOS en la ciudad de
Itamogi / MG. Yo permanecí viviendo en CAMPINAS / SP justamen-
te porque aquí podría continuar mi tratamiento psiquiátrico, pues
siendo una ciudad muy pequeña Itamogi / MG no había acogida
psiquiátrica. En la época me quedé medio perdida sin mis padres, y
fui acogida por una amiga. Estaba desempleada y salía todos los días
de lunes a viernes para buscar un empleo pues no podía quedarme
viviendo sin ayudar financieramente. Finalmente conseguí trabajo
como vendedora de puerta a puerta de la televisión por cable y conse-
guía ayudar en los gastos de la casa.
Me quedé con ella por dos años y medio, hasta volver a estar sin
trabajo, cuando todo se puso difícil y decidí ir donde mi hermano.
Cuando llegué él había alquilado una casa, amueblada y dijo que
estaba difícil para su actual esposa de la época, cuidar de mis padres
ancianos. Por lo tanto, ellos vinieron a vivir conmigo.
46 | Por el derecho a l a locura
Además de cuidar de los quehaceres de la casa, hacer comida, lavar la
ropa, tenía que cuidar íntegramente a mis padres. Les daba medica-
ciones y cuidaba con todo el cariño.
Pero me había olvidado de mí. También necesitaba atención. Y fui
dejando de lado toda asistencia psiquiátrica que necesitaba. Resulta-
do: con treinta días en esa rutina, tuve un brote psiquiátrico que ne-
cesitó nuevamente de internación. Mi hermano, al pasar conmigo en
el auto al lado del cementerio de la ciudad, me bajé, ahí él dijo, creo
que se está volviendo loca.
Esperó pasar la final COPA DEL MUNDO de 1998 y me llevó a la
ciudad de Passos / MG, donde me internó en el Hospital OTTO
KRAKAUER, donde permanecí unos 120 días. Era un hospital don-
de sólo se comía derivados de la soja. Y las visitas de mi hermano
fueron muy pocas. Mientras yo estaba internada él colocó a mis
padres en el ASILO de la ciudad pues dijo que no tenía condiciones
de continuar el cuidado de ellos. Cuando yo recibí alta y regresé,
ya era otra casa, sin la presencia de mis padres. Me vi sola, toma-
ba las medicaciones que el médico había indicado e iba a dormir
muy temprano.
El remedio era Litio, yo nunca había tomado, creo que no encajó mu-
cho conmigo. Tan pronto salí, comencé a tener un comportamiento
medio liberal y a mi hermano claro no le gustaba esas actitudes. Visi-
taba mis padres en el Asilo, algunas veces a la semana y ayudaba a mi
hermano en el trabajo que consistía en vender ropa casi-nueva en las
ciudades vecinas.
Pero un día que hubo una fiesta agrícola en la ciudad y volví por la
mañana, a mi hermano no le gustó mi actitud y decidió llamar a mi
hermana BEATRIZ y acordó que yo volvería a vivir aquí con ella. Él
le dijo a mi hermana que era mujer y sería mucho más fácil cuidar de
mí. Cuando volví hacia aquí y vine a vivir con mi hermana ella no
tenía ningún conocimiento sobre lo que podría ser una enfermedad
psiquiátrica y creía que mi problema era espiritual. El resultado, ade-
más de haber tirado todos mis remedios, me mandaba todos los días
a una Iglesia Evangélica. Claro que la tendencia era sólo empeorar,
mi hermana no entendía, pues fue mi madre que me acompañaba
en el psiquiatra cuando era necesario. Pero ahora ella estaba lejos
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 47
y viviendo en un asilo con mi padre. Con el paso del tiempo mi
hermana viendo que no mejoraría con mis idas al culto evangélico,
resolvió llevarme en el Pronto Socorro del Hospital Celso Pierro /
PUC - CAMPINAS.
Llegando allí estaba una confusión total pues el Hospital estaba en
huelga y no había atención adecuada. Había muchos guardias priva-
dos tratando de no permitir la entrada a las personas que buscaban
una acogida en el Pronto Socorro. No estaba entendiendo lo que
estaba pasando y resolví preguntar a un reportero el motivo de la
huelga, etc. Después de que él me explicó me preguntó si me gustaría
dar una entrevista y fue allí que pronto fui internada en el pronto
socorro / psiquiatría. Más yo estaba en el brote, por lo que se mantu-
vo en silencio y quería fumar (soy fumadora) y decidí pasar al lado de
la sala de emergencia clínica y empecé a quitar el suero de todos y dar
de alta a las personas que se encontraban en observación (de hecho,
no me acuerdo mucho de eso, pero me fue relatado, posteriormente).
Esto terminó haciendo que fuera realmente internada en el extinto Edi-
ficio 7 de PSIQUIATRIA del Hospital Celso Pierro - PUC / CAMPINAS.
Fue durante ese período que estaba allí internada que ocurrió pri-
mero el fallecimiento de mi PADRE. Mi hermana vino a visitarme,
vestida de negro y lloraba mucho, pregunté si todo estaba bien con
mis padres, ella dijo que sí, pero él ya había fallecido. Yo no asistí al
velorio, pues el psiquiatra dijo que no estaba en condiciones psíquicas
para acompañar ese momento.
En realidad, me acuerdo de haberlo visto a él, vestido de negro y
haciendo muecas de dolor, en el pasillo donde yo estaba internada.
No creo que fue una alucinación, sino una despedida. Después de su
fallecimiento, mi madre cayó en una depresión profunda y fue inter-
nada en el Hospital de Itamogi / MG. Mi psiquiatra resolvió darme
el “alta” para que yo pudiera visitarla. Al llegar a la ciudad, fuimos
a casa de mi hermano y poco después del almuerzo él me dijo que
nuestro PADRE había fallecido y que íbamos a visitar nuestra MA-
DRE que estaba muy mal en el Hospital. Llegó allí donde mi madre,
estaba prácticamente inconsciente, alimentándose por sonda, pero
cuando mi hermana dijo que yo estaba presente, si ella había entendi-
do que parpadeara el ojo y ella parpadeó.
48 | Por el derecho a l a locura
Acabé por permanecer en la ciudad, pues mi madre, necesitaba una
persona para estar con ella y mi cuñado necesitaba volver con mi
hermana. Se pasaron unos días y mi madre tuvo una cierta mejoría
y volvió al asilo, me quedaba casi todo el día en su compañía. Pero
para mí era muy difícil ver la cama y la silla de ruedas vacía, que
pertenecía a mi padre, al lado en la habitación que mi madre se que-
daba. Ella no se comunicaba apenas se quedaba quieta y yo empecé a
llorar mucho y caer en depresión, busqué al médico y me recomendó
volver a CAMPINAS / SP, volver a mi tratamiento psiquiátrico, pues
la voluntad de mi madre era de fallecer y yo no podría cambiar eso,
sería mejor que yo me cuidara.
Fue así que volví a acá y fui nuevamente internada para dar continui-
dad en mi tratamiento.
En esa nueva internación, mi MADRE murió, veinte y pocos días
después de mi Padre y de nuevo no asistí al velorio.
Durante el período que estaba internada a través de la PSICÓLOGA
que me atendía yo me enteré del NOT (Núcleo de Talleres y Trabajo)
Asociación Cornelia Vlieg. Se me ofreció, con el consentimiento del
tratamiento, asistir a esta INSTITUCIÓN CÁNDIDO FERREIRA y
después poder iniciarme en el PROYECTO DE LAS OFICINAS, que
tenía una bolsa taller para cada oficinista, dependiendo de su desem-
peño, y de sus horas en el taller.
La misma ambulancia que llevó a un paciente de aquí que necesitaba
tratamiento clínico y fue hasta la PUC me trajo para acá, para iniciar
el tratamiento psiquiátrico. El sector de internación se llamaba Agu-
dos y después de quince días de internación, ya inicié una “etapa” en
la Oficina Gráfica. Mi rutina consistía en despertar, tomar mi café y la
medicación, después yo empezaba mis quehaceres en el taller y luego
almorzaba, después volvía al taller y me quedaba hasta las quince ho-
ras, y regresaba al sector de internación y tomaba mis medicaciones,
baño, cenaba y regresaba el otro día al taller. Y con más treinta días ya
recibí alta y fui definitivamente insertada en el Taller Gráfica.
La Asociación Cornelia Vlieg tiene unos 25 años, con más de 320
talleristas que trabajan con artesanía y taller agrícola. Y todos tienen
sueldos por su trabajo. Los productos confeccionados son vendidos
en esta antigua área de internación, hoy donde se encuentra la tienda
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 49
ARMAZÉM DE LAS OFICINAS, y a través de ventas para las tiendas
de decoración en todo Brasil. Se venden online y se envían a través
de las compañías a todo o país. Y así fue como inicié mi trabajo aquí
en el SERVICIO DE SALUD CÁNDIDO FERREIRA. He disfrutado
todas las oportunidades que me han ofrecido y he aprendido mucho
de ello, creo que fue un gran cambio lo que sucedió.
Hace 16 años fue creado por el periodista Reginaldo Moreira (Régis)
un proyecto de radio / revista que fue presentado en la Radio Munici-
pal Educativa FM. Y fue aprobado. Yo fui invitada a participar desde el
inicio de ese proyecto, siendo la primera voz femenina del programa.
Un programa muy democrático hecho totalmente por los usuarios de
salud mental, desde la elección de la pauta, los cuadros y quien qui-
siera participar en cada uno de ellos. Las canciones del programa se
eligen de acuerdo con el tema del programa y cada semana se hace la
audición, antes de enviar a Radio Educativa FM, que yo considero lo
más importante, pues tenemos que tener calidad en nuestro progra-
ma y el tiempo de duración es 1 hora.
Nos reunimos todos los jueves y la publicación del programa es el
primer miércoles de la semana siguiente, a las 10 de la mañana. El
programa MALUCO BELLEZA, nos ha proporcionado íntegramente
participaciones en conferencias en las Universidades de Campinas
y Región. Varias carreras nos invitan hasta hoy, como Psicología,
Periodismo, etc. Hemos tenido algunas participaciones importantes
también en el FÓRUM SOCIAL MUNDIAL en Curitiba / PR y en el
FÓRUM SOCIAL BRASILEÑO en Belo Horizonte / MG. Desde que
empecé a participar en el programa de radio era como un SUEÑO
QUE SE HACE REALIDAD, pues estaba de alguna manera trabajan-
do con lo que más quería, estar dentro del área de comunicación.
A partir del momento que vine al Cándido también me inicié en la LU-
CHA ANTIMANICOMIAL, como militante activa, participé de varios
encuentros a nivel municipal, estadual y federal. La Radio MALUCO
BELLEZA surge para dar VOZ Y LIBERTAD a los muchos que se
callaron en los antiguos MANICOMIOS. Con la Radio, surge la opor-
tunidad de ser reconocidos, por el gobierno brasilero como PUNTO
DE CULTURA MALUCO BELLEZA. Hace 8 años el Régis envió un
proyecto para el Ministerio de la Cultura y pasamos así a recibir recur-
50 | Por el derecho a l a locura
sos financieros para tener aquí, talleres en el área audiovisual, para hacer
una sala de edición, un estudio de radio y una sala de informática.
Todos los talleres son impartidos por profesores capacitados y con
certificados, no sólo para personas con problemas con salud mental,
sino también abiertos para la comunidad. Entre estos talleres el de
fotografía, filmación, edición de video, guion, teatro, varios otros. Yo
aproveché bien todos los talleres, pues estaba trabajando en este sector
como recepcionista y LOUCUTORA (expresión que invente juntando
la palabra louco+ locução). Cuando empezó a funcionar el PUNTO
DE CULTURA MALUCO BELLEZA, tuvimos la oportunidad tam-
bién de crear nuestros propios programas. Empieza así la RADIO ON-
LINE MALUCO BELEZA y yo empiezo mi PROGRAMA DE PESO
– QUE ME DEJA LEVE. Un programa diversificado con canciones y
entrevistas presentadas por mí y que me hace muy feliz.
La experiencia de la comunicación insertada no como un medica-
mento, sino como una forma de tratar con mucha SUPERACIÓN, lo
que vivimos en el pasado, trae una NUEVA MIRADA, UN NUEVO
CAMINO, para nosotros que sufrimos las molestias de los MANI-
COMIOS. Cada semana que nos reunimos para dar formato a un
PROGRAMA DE RADIO, siempre es una alegría, suelen decir que
el MALUCO BELLEZA se ha convertido en una gran familia y que
a través de los programas de RADIO ONLINE, nuestros horizontes
no tienen fronteras pues podemos alcanzar el MUNDO que antes no
nos conocía, ni sabía que nosotros existíamos.
Quiero agradecer a todos los que confiaron en mí, me dieron la oportu-
nidad de mostrar lo que más deseaba, si en el pasado no he estado en las si-
llas de una universidad, hoy sé que la práctica me hizo ser una periodista.
Pues aquí también participo con artículos escritos en el “Jornal Candura”.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 51
Me gustaría terminar el texto con una de las poesías de mi autoría:
LIBERTAD
QUIERO GRITAR MI GRITO DE LIBERTAD
QUIERO GRITAR PARA TODO MUNDO OÍR
QUIERO GRITAR PARA SU COMUNIDAD
QUIERO GRITAR PARA SU SOCIEDAD
Pero no me deje de oír
PORQUE CUANDO HABLO
HABLO A LOS CUATRO VIENTOS
QUE SOY MÁS UNO
SOY MÁS DOS
SOY MÁS MIL
SOY MAS! LA VERDADERA VOZ DE LA…. LIBERTAD
52 | Por el derecho a la lo cura
Un Gato Loco en Costa Rica
Manuel Rodríguez
Mi nombre es Manuel, desde el comienzo fui diferente y aunque de
mi niñez no recuerdo mucho, lo que sí me viene a la mente son los
constantes accidentes, caídas, raspones y cortadas que me ocurrían,
además de que era muy sensible a mi entorno; también recuerdo
borrosamente que en algún momento estuve por poco tiempo en
una escuela diferente recibiendo clases especiales debido a que yo era
muy lento en clase y a que tenía constantes problemas de atención. A
pesar de ello, las imágenes que más recuerdo son de alegría, fue una
etapa feliz.
Lamentablemente, la historia fue muy diferente al concluir la pri-
maria, mi secundaria y luego vocacional en la que me especialicé en
mecánica automotriz me generaron, cambios bruscos, mi forma de
ser sensible e introvertida causaba que casi todo el resto de compañe-
ros me apartara y excluyera, juzgándome y tratándome de retrasado
mental y de extraterrestre. Poco a poco me sentía más y más mal y
empecé a maltratarme principalmente de manera psicológica cons-
tantemente; deseando que mi familia me odiara para poder liberarlos
de mi carga.
Pronto en mi mente comenzaba a tomar control una fuerza en la que
sentía que todo esto ocurría como pruebas y lineamientos específicos
para dirigirme hacia una realidad ajena a ésta y a la cual yo realmen-
te pertenecía, mi mente comenzaba a asimilar que mi procedencia
realmente era extraterrestre, sentí que debía ser fuerte porque a mis
18 años vendría una nave espacial a recogerme y llevarme a mi verda-
dero hogar, sabía y estaba convencido de que algo mágico sucedería
en mi vida que haría que cambiara todo, pensaba que yo era Jesús,
pensaba que era alguien ajeno a este mundo y a mi mundo.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 53
Simplemente ya no podía seguir adelante y sentía que estaba en el
fondo del abismo por lo que pensé que la única solución era regre-
sar en el tiempo, así que me encaminé con decisión a volver en el
tiempo, agarré mi bicicleta y simplemente avancé y avancé hasta
alejarme más de 100kms lejos de mi casa durante varios días, hasta
que comencé a buscar la forma de regresar en el tiempo, y esa forma
era, según yo, forzándome a detener el tiempo para atentar contra
mí mismo; lo intenté de cinco formas diferentes sin éxito, al final mi
desnutrición, intoxicación por pastillas y el fracaso de mi vuelta en el
tiempo me obligó a regresar a la casa, e inmediatamente me llevaron
a emergencias del hospital de mi provincia. Me egresaron a la semana
después, sin embargo, me sentía como muerto, en ese momento de
mi vida llegó mi primer hijo: Mis papás para intentar animarme me
trajeron un gatico a quién llamé Basty, sin embargo mi malestar llevo
a que me emborrachara y producto de ello estallé en furia, una furia
incontrolable que me duró por muchas horas según me han contado,
y que ni la policía pudo contener por algún tiempo hasta que al final
lo lograron y seguidamente me sedaron luego de ello al día siguiente
desperté en el Hospital Nacional Psiquiátrico atado de pies y manos.
Mis primeros días de internamiento en el hospital psiquiátrico
fueron muy confusos, la droga que me inyectaron para calmarme
fue muy fuerte y los primeros días no sabía dónde estaba; mi mente
estaba muy adormecida y no podía coordinar mis ideas, mi cuerpo
también lo estaba, pero aún peor que eso desde mi frente hasta
mis dedos de los pies sentía un enorme dolor ya que mis músculos
estaban completamente magullados; por muchos días pensaba que
estaba en otro país, o en algún mundo extraño porque no sabía ni
entendía donde me encontraba; sin embargo al pasar los días y luego
de que me comenzaran a explicar y contar mis papás y familiares lo
que había ocurrido fue que comencé a entender que me encontraba
internado en un hospital psiquiátrico.
En un principio no me sentí cómodo estando dentro, las personas
que estaba ahí aparte de ser desconocidas eran personas que mos-
traban muy intensamente sus sentimientos, se escuchaban gritos,
llantos, muchos buscaban constantemente de cigarros y de otras dro-
gas, otros daban la impresión de ser rudos o peligrosos, sin embargo
aunque sentía mucha desconfianza a quienes me rodeaban (lo que
54 | Por el derecho a l a locura
causó que yo tuviera una actitud muy estricta con esa realidad), algu-
nos de ellos buscaron acercárseme para dialogar, y poco a poco estas
personas y sus historias empezaron a conmoverme y por sobre todo,
a mostrarse a sí mismos de una manera sorprendentemente com-
prensible para mí, esto fue encendiendo en mi corazón un haz de luz
reconfortante que tenuemente comenzaba a aplacar la agonizante
soledad de mi alma, aunque no lo supiera, de manera increíblemente
certera mi desesperado arrastre por encontrar la salida del estrecho
agujero en el que me encontraba finalmente daba sus frutos. Por más
de un mes estuve internado en el hospital psiquiátrico y aunque al
principio mi rigidez buscaba mantener una mente estable, para los
oídos de los médicos que me valoraban una vez por semana; al acer-
carse la semana de conclusión de mi internamiento, me comenzaba a
sentir muy a gusto en ese pequeño planeta llamado Hospital Nacio-
nal Psiquiátrico Manuel Antonio Chapuí.
Luego de mi etapa de internamiento inició una de las etapas más
grandiosas de mi vida: La etapa de padre; cuando estuve dentro
conocí personas llenas de carencias especialmente de apoyo, amor y
comprensión; esto me hizo sentir mucha empatía y deseo de ayudar-
los, sin embargo, uno de ellos cautivó mi corazón no solo porque él
en particular estaba en completo abandono sino también por su for-
ma de ser tan llena de inocencia y pureza de corazón en ese momen-
to de su vida, y a pesar de sus sufrimientos. Al poco tiempo después
de salir del hospital, él quién su nombre es Jeremy, y yo volvimos a
estar en comunicación telefónica sin embargo después de algunos
días comenzó a llamarme en las madrugadas descompensado, me
preocupé por él, especialmente luego de que las llamadas cesaron y
me enteré que había vuelto al hospital así que comencé a visitarlo;
visitas en las cuales acordamos que cuidaría de él, así que al concluir
su internamiento y apenas dos días después, en los que los pasó sin
siquiera tener que comer, tomé la decisión forzosa de alquilar un
apartamento e irme con él.
Así inició mi hermosa etapa de padre, él tenía en ese momento
27 años cronológicos, sin embargo, su mente era la de un bebé de
apenas unos años, así que tuve que encargarme de él en casi todas las
formas que se cuidaba de un bebé, a la vez tenía que trabajar, así que
fue una etapa complicada y llena de apuros por su salud, así como
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 55
preocupaciones y problemas laborales; pero con muchísimas satisfac-
ciones y lindos momentos vividos. A pesar de los logros alcanzados,
entre ellos su compensación a través del afecto, amor, comprensión,
escucha y libertad de su pensamiento; luego de seis meses de cuidar
de él, la perdida de mi empleo causó que tuviéramos que separarnos,
y por año y medio se fue donde una tía por lo que no volvimos a
comunicarnos. Aunque luego de concluido ese tiempo, debido nue-
vamente a problemas intrafamiliares retomamos la comunicación y
finalmente mi responsabilidad por él.
Durante ese tiempo de incomunicación un buen día vi en el periódi-
co que un título decía “la radio los deja salir” en el cual comentaba
sobre un proyecto radiofónico reciente de nombre Podemos Volar,
realizado en el hospital nacional psiquiátrico en el que su intención era
darnos voz a personas como yo y que fue creada por los estudiantes de
psicología Andrés Dinartes y Adrián Solís; así que, súper emocionado,
busqué crearme un perfil en facebook y comunicarme con ellos, y de
esa manera logré asistir e integrarme al programa de radio desde su
segundo programa y fielmente durante poco más de un año. Recuer-
do que mi gran alegría y sentimiento de pertenencia causó a veces la
extrañeza de algunos de los locutores de la radio que al presentarnos
por primera vez mi reacción era abrazarlos como si los conociera des-
de siempre; el enorme afecto que sentía por las personas con similar
condición a la mía, me hizo sentir tal calor espiritual de familia que a
partir de ese momento hasta la actualidad, cuando me refiero a ellos y
ellas lo hago como: hermanitos y hermanitas.
En estos enriquecedores programas de radio se han hablado de temas
muy variados y libres, desde temas sobre nuestros sentimientos y
experiencias traumáticas, hasta temas políticos, a su vez han llegado
invitados/as igualmente variados/as desde padres y madres de familia
hasta la misma directora del hospital; quién por cierto recuerdo
haber debatido con pocos argumentos de mi parte en contra del elec-
troshock como “terapia” en ese centro médico, mientras ella defendía
su barbárica práctica.
En uno de los programas de radio más recientes nos visitó un pro-
fesor de filosofía de Chile llamado Carlos Pérez, y recuerdo que
hablamos de temas muy interesantes como por ejemplo la industria
farmacéutica, sobre lo cual yo pienso en dos razones que la llevan al
56 | Por el derecho a l a locura
éxito: Una es el hecho de que la psiquiatría como rama es muy subje-
tiva y que dado el hecho de que la ciencia tiene problemas con lo que
no es tangible, como lo espiritual; el hecho de no poder medir con
un gran porcentaje de veracidad sus estudios, remiten los resultados
hacia los medicamentos como una forma fácil y cómoda de solu-
cionar el problema de nuestras condiciones. Además de esto no hay
que apartar el hecho de que también les dejan suculentas ganancias
en muchos casos, lo cual abre el portillo para muchos “médicos
especialistas” e industrias que desean llenar sus bolsillos a costa de
nuestras complejas condiciones; situaciones que en muchísimos casos
deja estragos en nuestra salud. Sumado a este hecho está, por nuestro
ámbito, el temor a lo desconocido de nuestra condición, que muchas
veces no nos permite encontrar explicaciones comprensibles tan fá-
cilmente, como cuando las comparamos a las condiciones físicas; por
lo que al estar enormemente motivadas por el peso de una sociedad,
que a través de su miedo e incomprensión nos presionan a buscar
esconder y actuar con una normativa de falsa perfección, causan que
los fármacos aparezcan como una fórmula mágica de curación para
solucionar nuestros “problemas” y con ello lograr meramente tapar el
sol con un dedo.
Paralelamente a esto no me gusta el hecho de que muchas veces las
personas remiten la sabiduría a un título, en otras palabras, la gente
suele pensar que porque una persona es titulada con una hoja firma-
da y sellada que diga que dicha persona es profesional en un ámbito
determinado, ya le da la potestad de creer que su conocimiento es la
ley respecto a dicho ámbito, y si bien no quiero decir que esta per-
sona en realidad no tenga conocimientos en la materia que estudió;
nos olvidamos de un factor vital que antecedieron a los estudios, y a
los papeles firmados y sellados; y esto es la experiencia. Ya que han
sido las experiencias las que les dieron el conocimiento al ser huma-
no para formar las academias y las especialidades, así como formar
nuestra realidad.
Por todo lo anterior es que yo como Persona Loca que ama y defien-
de nuestra condición, me considero también un profesional en esta
materia; y me considero a mí a otros hermanitos/as, más profesio-
nales, que muchos de los que se consideran y los consideran como
profesionales solo por su título; pero que lo único que buscan es un
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 57
medio para subsistir ellos mismos, y no son personas realmente com-
prometidas en buscar que tengamos una vida mejor.
Por todo esto, años después, comprendí que las soluciones que plan-
tea la psiquiatría y la farmacéutica muchas veces manchadas por el
dinero no son la mejor solución hacia nuestra problemática actual de
tener una vida digna y respetada a nuestra visión; de acuerdo a esta
lucha es que surge en mí el apoyo hacia la antipsiquiatría, movimiento
que buscaba desde mucho antes que naciera, generar conciencia de
que no somos trozos de carne infectados que necesitan segregarse y
curarse, sino que somos seres vivos que manifestamos nuestra inteli-
gencia de maneras diferentes a lo que la sociedad y la economía nos
quiere imponer, y valemos y podemos dar mucho, desde una perspec-
tiva incluso más humana que la misma sociedad muchas veces; porque
nuestra condición le recuerda a la misma, que su miedo y su ficticio
mundo de perfección no existe, que es inalcanzable y que en reali-
dad son nuestras imperfecciones las que nos hacen crecer como seres
humanos y mejorar.
Durante el tiempo en que estuve en la radio, noté que a pesar de
los esfuerzos de personas responsables y que de corazón buscan un
bienestar para nosotros/as; en el sistema de salud mental de este país,
desde la perspectiva hospitalaria, se debe de abrir más la participa-
ción y la conciencia ciudadana, además los hospitales psiquiátricos
deben rendirle cuentas a todos/as, pero especialmente hacia noso-
tros por las ocasiones en que hermanitos/as han sufrido desprecio y
abusos físicos, psicológicos y sexuales, dentro de los centros médicos;
así como también se les debe aplaudir sus aciertos en momentos en
que ayudan a hermanitos/as cuyas vidas peligran. Sin embargo yo en
el ambiente del hospital constantemente sentía un sinsabor y hasta
mucho enojo cuando constantemente veía actitudes de los terapistas,
médicos y demás, poco comprensivas y en contra nuestra, especial-
mente porque de verdad consideraba a los usuarios e internos como
familia, y siempre he sentido mucho interés de cuidar de los demás
especialmente de los que más lo necesitan, incluso por encima de mí;
por lo que mi motivación para ir al hospital siempre era interactuar
con mis hermanitos/as.
Poco a poco también conocí otras radios comunitarias en Amé-
rica Latina y España estrechando lazos con otros hermanitos/as
58 | Por el derecho a l a locura
y reconociendo junto a Podemos Volar que existe una identidad
hacia la locura, que nos mostraba que no debemos tener miedo a
empoderarnos sobre nuestros derechos y sobre nuestra condición;
aunque claro está, existiendo un arduo y extenuante camino por
recorrer para crear más conciencia entre las personas con nuestra
condición y demás, de que podemos ser autónomos y merecemos
respeto sobre nuestras decisiones; así como continuar la búsqueda
de formas para motivarnos y empoderarnos, para que tengamos
vos propia y nos superemos para nuestro propio beneficio y el de
todas y todos. Por mi parte todo esto comenzó a formar y estimular
en mí una mirada más crítica, y a darle un poco más de objetivi-
dad a mi forma de ser siempre rebelde, en la búsqueda de generar
conciencia en el mundo sobre la distorsionada visión social hacia
nuestra condición y para ayudar a otros hermanitos/as a tener una
vida más digna.
Esa visión para continuar interactuando y buscando apoyar a herma-
nitos/as más la presión de mis padres por las dificultades económi-
cas, generó que buscara nuevamente otro empleo, sin embargo, los
trabajos siempre me han supuesto una gran dificultad: No me gusta
la forma en que se dan las relaciones laborales con los compañeros,
ya que para mí son muchas veces difíciles de comprender; en estos
ambientes impera el machismo, las conversaciones sexuales estaban
siempre a la orden del día degradando a la mujer como un objeto
sexual, mientras que los compañeros buscaban obligarme a utilizar el
mismo lenguaje soez y la misma perversidad para hablar sobre ellas;
muchas veces por buscar “calzar” e intentar mantener una vida de
empleo estable recurrí a mi capacidad de asimilación para actuar de
la misma forma que los demás, sin embargo, debido a mi forma de
ser idealista y al hecho de mi pobre apetito sexual no podía seguirles
el ritmo a los compañeros por lo que les mencionaba mi desdén por
sus actitudes irrespetuosas y su falta de conciencia lo cual daba como
resultado de que me trataran hasta de homosexual. Por esta forma
de ser, además del hecho de que por mi condición necesito dormir
más que los demás, incluso llegando a dormir 12 horas debido a los
medicamentos; y por mi lentitud psicomotora (lentitud física), he
tenido muchos problemas laborales y he pasado por muchos empleos
distintos en los que he durado muy poco.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 59
Luego de tantas malas experiencias de trabajo comencé a buscar
empleo como persona con discapacidad, sin embargo al intentarlo
golpeé con otra gran barrera ya que personeros de varias institucio-
nes públicas me discriminaron de manera opuesta pero igual de
desmoralizante al no considerarme una persona con discapacidad,
según ellas porque mi condición se anulaba al tomar medicinas y
comparando mi situación a la de una persona que sin anteojos se
vuelve una “persona con discapacidad”; debido a tantas negativas
busqué desesperado consejos con amigos que me llevaron a contactar
con una personera del gobierno con discapacidad, con un amplio
conocimiento y activismo sobre nuestros derechos quién me ayudó a
interesarme también en las leyes sobre discapacidad.
Todo esto más mi poco éxito en la búsqueda de empleo me motivó a
crear un grupo de personas con discapacidad y por ende cree un gru-
po y una página de facebook internacionales, con el fin de motivar el
empoderamiento social y legal de los hermanitos/as y a la vez darnos
un espacio de interacción, de auxilio y de escucha sobre nuestra locu-
ra, y en aquellos momentos en los que más lo necesitáramos. Con las
interacciones que se lograron en el grupo, la página y otros lugares
de la red social; me dispuse a crear un video sobre lo que representa
la locura para nosotros con la meta de motivar a más hermanitos/
as y otras personas cuerdas a no temerle a este término de locura, así
como darnos reconocimiento y mostrar algunos ejemplos de actitu-
des que realmente nos ayudan a superarnos:
Al darle un nuevo aire a nuestro neo-término de locura, lo lla-
mé: Quienes son los Autoproclamados Personas Orgullosamente
Locas; influenciado con el término más reciente de persona con
discapacidad dado por la convención internacional de los derechos
de las personas con discapacidad; que dice que ante todo somos
Personas, y que además dice en palabras simples que son la socie-
dad y el entorno los que nos discapacitan y no la condición. En el
video hablé sobre la persona loca, quién es aquella que no desea
adaptarse al régimen y estructura de la sociedad, ni que desea
suprimir sus sueños ni su mundo propio; por el supuestamente
perfecto mundo que la sociedad tantas veces impone; por lo que
no desea “curarse” de su locura, especialmente porque no es una
enfermedad lo que tenemos sino una condición de vida, y porque
60 | Por el derecho a l a locura
la locura es una decisión que tomamos de visión de mundo que
también debe ser respetada.
Otro tema del que hablé fue sobre el hecho de que la solución a nues-
tros verdaderos problemas resultantes de descompensaciones, abuso
de drogas y perjuicios hacia nosotros mismos y/o los demás; están
en acciones que se pueden resumir en una sola palabra, “la visibili-
zación” ya que lo que sentimos muchas veces es producto del aban-
dono, las presiones superficiales, la incomprensión, el miedo, entre
otros; y es por esto que la solución a nuestros problemas no está en
visualizarnos como enfermos sino reconocer que tenemos una con-
dición que nos hace diferentes, y que esa diferencia así como tiene su
lado negativo también tiene su lado positivo; al igual que todos los
seres humanos que tienen cada uno sus propias diferencias y su lado
negativo y positivo; por lo que la solución está en comprender que
cuando enfermamos (que es muy diferente a ser enfermos) es porque
nuestra condición nos da una característica general, y esa es que nos
vuelve sensibles; por lo que los eventos que llevan a nuestra descom-
pensación, de tipo perjudicial, son eventos traumáticos o pesados de
alguna u otra manera para nosotros.
Quienes están a nuestro alrededor lo perciben como algo malo, a lo
que no debemos hacerle mucho caso o que por su desconocimiento o
temor debe ser ignorado hasta que se solucione solo. Sin embargo es
por medio de abordar, de escuchar, de acompañar, de dar afecto, de
invertir tiempo, de comprender y de identificar y buscar soluciones
a los problemas ambientales de la persona afectada, que logramos
encontrar que esta persona a pesar de ser diferente puede recuperar-
se y estar saludable mentalmente, así como también tiene derecho
a querer llevar una vida como la de la mayoría de las personas o a
elegir otro camino en su vida, como por ejemplo lo es el de acoger y
aceptar positivamente su condición como lo mencionaba anterior-
mente, y disfrutar de sus beneficios y encaramiento de sus retos; por
lo que es una decisión que debe ser respetada por los demás, pero
a la vez debe ser asumida de manera responsable por cada persona,
como cualquier otra persona que en algún momento de su vida debe
asumir las responsabilidades de su propia existencia
Poco tiempo después de concluir el video se acercaba el 10 de octu-
bre, día internacional de la salud mental, y yo desde tiempo atrás
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 61
deseaba hacer una marcha del orgullo por la locura; por ende junto
con el colectivo de Podemos Volar creamos dos marchas unidas: La
Marcha de la Persona Orgullosamente Loca y la Marcha de la Salud
Mental; siendo esta la primera marcha a nivel nacional defendiendo
la salud mental y la locura. A raíz de esta marcha hubo respuestas
positivas, y de apoyo; incluso cuando había comenzado la marcha
algunas personas en la calle, desconociendo sobre esta, se sumaron a
la caminata; pero también hubo respuestas negativas y hasta respues-
tas de invisibilización de parte de los medios, que solo mostraron la
marcha de la salud mental en sus artículos.
Las personas que respondieron negativamente lo hicieron en base al
término de locura, ante nuestra visibilización de que lo que tenemos
no es una enfermedad sino una condición de vida; y que en vez de
buscar su cura, buscamos aceptarla y ver su lado positivo. También
respondieron negativamente hacia las pancartas que incentivaban el
afecto sobre la medicación, ya que lo tomaron como una irresponsa-
bilidad y degradaron el apoyo real, la comprensión, la escucha y de-
más valiosos apoyos, meramente a una categoría de “romanticismos”.
Luego de alcanzar esta meta creé un nuevo grupo nacional de herma-
nitos/as con la intención de hacer reuniones sobre nuestra condición,
pero a pesar de mis intentos, ninguna de estas se pudo concretar o
no hubieron asistencias a la misma; mientras que a la vez otro grupo
de psicólogos y estudiantes, organizaron por su parte reuniones a las
que yo y mi hijo sí asistimos, sin embargo, igualmente se realizaron
pocas y estas también se pausaron. A pesar de mis intentos el peso de
la insatisfacción recayó sobre mí, así que por mi cuenta y por conse-
jos de amigos y profesionales busque centrarme nuevamente en mí
y mi familia, por lo que solicitamos un nuevo apoyo para buscar in-
dependizarme con mis hijos en un apartamento y busqué continuar
con mi superación cumpliendo el sueño convertirme en chofer por lo
que hasta hacía poco tiempo, mi activismo había quedado pausado.
Gracias a los eventos que me llevaron a estar internado en el hospital
psiquiátrico no solo comprendí que era lo que sucedía conmigo sino
que mi vida dio un giro rotundo positivamente; además, a través de
esta experiencia he conocido muchísimas buenas personas, hermani-
tos/as, psiquiatras y psicólogos/as comprometidos con ayudar y crear
conciencia; así como personas que nos han brindado la mano a mí
62 | Por el derecho a la lo cura
y a mi hijo Jeremy para que podamos salir adelante. Aun así desde
la perspectiva social considero que nuestro mundo apenas comienza
a hacer conciencia sobre nuestra condición y sobre la locura, por lo
que queda muchísimo camino por recorrer para alcanzar nuestra
meta, de respeto, comprensión y vida digna.
Desde la perspectiva legal se necesitan más herramientas para poder
aplicar las leyes vigentes y más concientización especialmente hacia
las instituciones públicas para que se nos respete y se nos dé un trato
con equidad; aunque poco a poco se dan pasos pequeños en pro de
nuestros derechos. Por ejemplo, recientemente se aprobó una ley muy
importante para nosotros acá en Costa Rica, la cual es la ley de la pro-
moción de la autonomía personal; con la que se eliminó la curatela (la
cual eliminaba legalmente a la persona afectada, y todas esas respon-
sabilidades quedaban en manos de un curador) y se sustituyó por la
figura del asistente personal, quien cuida de nuestra integridad pero de
manera consciente por parte de la persona solicitante, y de la figura del
garante que nos aconseja en materia de las acciones legales en nuestra
vida cotidiana; incluso yo y mi hijo participamos en la revisión y regla-
mentación de esta, desde la perspectiva de nuestra condición.
También recientemente estuve presente en el primer Encuentro
Latinoamericano de Salud mental y Movimientos sociales realizado
en Santiago de Chile, en el cual entre las presentaciones y propues-
tas de personas de diferentes países latinoamericanos sobre locura
y salud mental la gran mayoría de estas fueron hechas por expertos
por experiencia, por lo que se nos dio una gran empoderación a
personas con experiencia psiquiátrica; así como también un espacio
importante a la mujer con experiencia psiquiátrica y al movimiento
feminista. Inclusive se gestó también por primera vez las bases de una
red latinoamericana de expertos por experiencia.
Esta red la formamos un grupo de hermanitos/as que en su mayoría
han acogido abiertamente la locura como manera de vivir destacán-
donos como personas que deseamos libertad de vivir dicho estilo de
vida sin las imposiciones del sistema médico o social, a la vez desea-
mos generar conciencia del respeto por personas con nuestra diversi-
dad mental y nuestro derecho al delirio, e inclusive el respeto a otras
diversidades; a su vez buscamos crear espacios alternativos al modelo
médico de apoyo mutuo y finalmente también deseamos denunciar
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 63
los abusos y crímenes cometidos contra personas como nosotros/as y
buscar el cambio de nuestra realidad en la que nos vemos afectados
como personas sensibles y complejas que somos por el régimen social
de subsistencia y normas, los cuales en muchos casos hayamos estig-
matizantes, discriminatorios e incluso inhumanos.
Por todo esto deseamos consolidar nuestro encuentro en un movi-
miento social y político, en el cual en este momento se está prepa-
rando un segundo encuentro; y en el que deseo generar aportes que
considero importantes en pro de la locura como motivar que existan
espacios de influencia política y también social; así como crear espa-
cios preferiblemente naturales de apoyo en los momentos difíciles
nuestros, a la vez de acompañamiento a personas como nosotros que
se encuentren de alguna forma asiladas y/o en abandono, y espacios de
construcción donde se puedan intercambiar respetuosamente ideas y
pensamientos que fomenten el crecimiento mutuo, entre otros.
Para concluir, debido a todo esto espero poder retomar en algún
momento mi proyecto de agrupación de hermanitos/as expertos por
experiencia para mejorar su calidad de vida y empoderarnos jun-
tos desde el ámbito social y legal acá en Costa Rica, ya que en este
momento creo que solo existe una organización muy aislada en el
hospital nacional psiquiátrico de hermanitos/as, los cuales buscan la
reinserción de personas psiquiatrizadas en la sociedad. Y es gracias
a la valiosísima experiencia resultante del encuentro en Santiago de
Chile y a la formación de una red latinoamericana pionera en ser
gestada por expertos por experiencia, que siento una gran motivación
para continuar y retomar nuevamente el activismo en pro de los
derechos de la persona con discapacidad psicosocial y de la persona
orgullosamente loca.
64 | Por el derecho a l a locura
Psicosis y Depresión como
medios para encontrar la verdad
interior. Cómo se vive con
Trastorno bipolar en Colombia
Daniela Sánchez
Me llamo Daniela Sánchez, nací en Bogotá, Colombia y tengo 39
años. Fui diagnosticada como paciente bipolar cuando estaba termi-
nando mis estudios universitarios. El diagnóstico afectó seriamente
el curso de mi vida de ahí en adelante.
Mi experiencia con el activismo en derechos humanos inició luego
de finalizar una internación debida a una aguda crisis psicótica. El
interés en el activismo comenzó con la reflexión y la investigación
que hice por cuenta propia para procurar entender la complejidad
de todo lo que me había pasado. Desde esa actividad personal sur-
gieron en mí la necesidad y la decisión de informar y concienciar a
los demás acerca de nuestros derechos como personas con discapa-
cidad psicosocial.
En este camino he conocido diferentes tipos de personas, unos han
sido excelentes ejemplos a seguir y otros han sido seres aleccionadores
respecto a la realidad del ambiente del activismo en derechos huma-
nos y discapacidad psicosocial en Colombia.
Primero formé parte de una asociación de pacientes, creada bajo el
auspicio de una exclusiva y reconocida clínica psiquiátrica de Bogotá
y patrocinada por los laboratorios farmacéuticos que operan en Co-
lombia. Después fui voluntaria de una fundación que afirmaba repre-
sentar a la población con discapacidad psicosocial, y luego de renun-
ciar a esta entidad me vinculé a diferentes proyectos relacionados con
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 65
el tema, en los que he podido desplegar una mayor actividad como
investigadora, creadora de contenido y tallerista. Contribuí con mi
testimonio en la elaboración del Informe Sombra 2016, el cual fue un
logro conjunto que tuvo un impacto significativo en el Comité de la
CDPD de la ONU, y también en Colombia, porque señaló la enorme
distancia que hay entre la acción estatal y la situación real de las per-
sonas con discapacidad. Actualmente sigo participando en la cons-
trucción de informes sobre monitoreo del cumplimiento de la CDPD
y en acciones de incidencia en derechos humanos y discapacidad.
En 1998 me asignaron la etiqueta psiquiátrica de trastorno bipolar,
en un examen que duró unos cuantos minutos, yo estaba en medio
de mi primer brote psicótico. Desde entonces estoy bajo tratamiento
con fármacos, lo cual ha afectado el funcionamiento de mi glándula
tiroides y de mis riñones. Ante estos hechos los psiquiatras nunca
han admitido nada sobre los efectos secundarios de la medicación
que me hicieron tomar, sólo me han remitido a endocrinología, para
que allí arreglen lo que ellos ya dañaron. Jamás me han apoyado para
reducir o dejar las drogas, a pesar de que lo he solicitado varias veces.
Cuando tenía 14 años acepté ir a psicoterapia por exigencia de la
directora del colegio, pues según ella mi comportamiento era poco
sociable, yo era demasiado retraída. Mi madre no estaba de acuerdo
porque temía que me metieran en la cabeza ideas que desafiaran su
autoritarismo. Esta experiencia me resultó muy dañina porque la
psicóloga resultó ser una persona maltratante, claramente insensible
hacia el sufrimiento de otros, que usaba ese espacio para abusar del
poder que ostentaba sobre los consultantes. La comunicación nunca
fue fluida pues ella manipuló su autoridad y mi temor desviando la
conversación hacia terrenos que nada tenían que ver con mis verda-
deros problemas. Inventó explicaciones absurdas derivadas del psi-
coanálisis, pero siempre reforzando en mí la culpabilización que me
atormentaba, juzgándome e incluso agrediéndome para que aceptara
la supuesta responsabilidad por lo malo que pasaba en mi familia. Yo
estaba inmersa en la dinámica abusiva y controladora de mi madre y
no me daba cuenta de nada de esto, me sentía incapaz de reaccionar.
Mi padre era un hombre con discapacidad, ya pensionado. Vivía con
nosotras, aislado e inmerso en la depresión, por lo tanto no podía
contar con él.
66 | Por el derecho a l a locura
Pasaron tres años tratando en vano de ser escuchada y siendo mani-
pulada por la psicóloga, mientras que los problemas en casa aumen-
taban por el comportamiento de mi madre. Ingresé a la Universidad
no porque quisiera, pues en el fondo de mí no sabía quién era ni
mucho menos qué quería, ni tampoco me sentía capaz de lograr
nada. No pude adaptarme al ambiente, al punto que me hice blanco
de acoso, se me señalaba como inmadura y estúpida. No volví a cla-
ses, y por vez primera empecé a sentir depresión mayor con deseos
de suicidarme, inducida por la indiferencia cruel de mi madre hacia
mi situación y por la muy agresiva reacción de la psicóloga, quien me
insultó gravemente y de nuevo reforzó la culpabilidad que yo sentía
por todo lo malo que sucedía en mi familia, está claro que ella temía
ser denunciada por mala práctica. Ese grave episodio de abuso en te-
rapia no pude comentarlo en el servicio de salud porque tenía miedo
de que me agredieran nuevamente, la médica general creyó todas las
mentiras que la psicóloga dijo sobre mí, y me recetó Mutabon D para
la depresión; años después, consultando en Internet en un sitio sobre
bipolaridad, me enteré de que esa droga favoreció en mí la psicosis.
Mi madre no hizo nada para exigir una explicación siquiera. Sólo
hasta ahora tengo claridad sobre lo que realmente me pasó en esa
época, lo cual me ha ayudado a lidiar con el dolor que se me infligió,
dejar de herirme por lo que salió mal y entender la soledad y despro-
tección que estaba enfrentando en ese entonces.
Busqué en lo espiritual un apoyo, así que me uní a un grupo de jó-
venes católicos, lo que también sirvió para romper el aislamiento al
que me tenía sometida mi madre. Por un tiempo estuvo bien, pero el
dolor por lo ocurrido y algunos inquietantes recuerdos más antiguos
emergían de vez en cuando. A veces me emocionaba mucho por
cosas que no tenían tanta importancia para los demás. Hoy en día
me he dado cuenta de que esas reacciones no correspondían a lo que
llaman manía, sino al hecho de haber vivido en un total aislamiento,
con la estricta prohibición de tener amigos, lejos del contacto con pa-
rientes en los que hubiera podido confiar, de conocer cómo se mueve
la gente, la sociedad, la vida, y además recibiendo la ansiedad, rabia
e inseguridades de mi madre. Por lo tanto, las cosas más simples me
resultaban agobiantes. Lo más común y necesario a veces me llena-
ba de ansiedad exagerada. No podía soportar las críticas, la menor
muestra de rechazo me hería demasiado.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 67
Me alejé del ambiente religioso por discrepancias personales con esa
comunidad. Tuve a mi primer hijo, pero me rehusé a casarme. Mis
padres ya habían muerto, había iniciado otra carrera en la Universi-
dad y creía que podría empezar de cero con mi compañero. Pero la
vivencia de unos duelos difíciles en los que no podía resolver nada y
continuaba un profundo malestar, más diferentes sucesos tensionan-
tes con la familia de mi compañero, que era muy religiosa, me afec-
taron demasiado y además quedaba pendiente establecer el origen de
los recuerdos angustiosos que mencioné anteriormente. Afectivamen-
te siempre he tenido problemas, pero eran más agudos en ese enton-
ces porque me deprimía con mayor frecuencia. Ahora entiendo que
todo lo que he descrito como el comportamiento de mi madre y sus
secuelas en mi mente y mis emociones aún no lo tenía esclarecido, es
decir, no era consciente de que había vivido una infancia y adolescen-
cia llenas de abusos. Me parecía que el malestar se manifestaba como
si fuera una entidad autónoma, porque así me lo habían hecho creer
mi madre, la psicóloga y posteriormente los psiquiatras.
La cultura latinoamericana rodea a la figura materna de un halo de
santidad colocándola por encima de todo cuestionamiento. La seve-
ridad se confunde con buena crianza, el abuso físico está totalmente
justificado y el abuso psicológico y emocional son categorías inexis-
tentes en la mentalidad popular, están invisibilizadas y naturalizadas.
Hoy en día forman parte de algo más grande, la llamada violencia de
género. Esa es la verdadera causante del sufrimiento mental que me
ha afectado desde la niñez.
Debo decir que el servicio de atención psicológica en las universida-
des públicas era bastante deficiente. Los profesionales eran cínicos y
dudaban de la seriedad de lo que uno relatara en la entrevista inicial,
llegando al extremo de la burla. Los practicantes no sabían escuchar,
supe que algunos incluso irrespetaban al consultante. La falta de con-
tinuidad de las sesiones con una misma persona afectaba todo el hilo
de lo que se pretendía comunicar, pues el terapeuta nuevo ni siquiera
había leído el expediente y tocaba explicar todo otra vez. Me harté de
soportar todo esto y decidí no volver a tomar psicoterapia, por mal
que me sintiera.
Enfrenté situaciones personales desagradables que agudizaron las
depresiones. Mi rendimiento académico se resintió. Vivía como
68 | Por el derecho a l a locura
anestesiada, sin energía ni motivación y en los peores días volvían
las ideas suicidas. Llegué a sentirme totalmente desconectada de
mis estudios y de una vocación. Buscaba la soledad hasta llegar al
extremo de no querer hablar con nadie, si lo hacía me sentía incó-
moda, como culpable de algo. A pesar de que me gustaba aprender
y había sido capaz de poner todo el entusiasmo al comienzo de la
carrera, ahora sólo sentía una enorme angustia y todo me parecía
difícil de lograr. En mi entorno se me repetían las consabidas frases
de superación personal, acerca de compararse con otros en peor
situación que la mía, todo ese imaginario sobre lo que se posee y no
se utiliza. Yo sólo sentía un peso enorme que me empujaba hacia
abajo sin que pudiera contenerlo.
Llegó el final de la carrera. Lo que para muchos es fuente de emo-
ción y esperanzas por el reto profesional que se acerca, para mí en
cambio era una agonía silenciosa. Hacer la monografía de grado fue
un ejercicio de procastinación que me conducía a pasar horas en la
biblioteca perdida entre libros de autores como Julio Cortázar, Án-
geles Mastretta, Ernesto Sábato, y leer sobre contenidos angustiantes
y desabridos. Me preguntaba constantemente qué había pasado con
mi afición por aprender, dónde se había quedado ese gusto y por q
no podía recuperarlo. Me reprochaba constantemente por mi bajo
rendimiento durante la carrera, por haber incurrido en situaciones
personales poco favorables y también quería dedicarme a otra cosa,
pero no podía discernir qué era lo que realmente deseaba hacer con
mi vida. Aun así, me gradué.
En casa había dificultades, una pariente de mi compañero que cola-
boraba con el cuidado de mis dos hijos pequeños se portaba mal
conmigo, ejercía una influencia negativa sobre mi pareja hacia mí
y se valía de los niños para crearme problemas y hacerme ver como
una madre inadecuada. Todo lo hacía como retaliación por negarme
a contraer matrimonio católico y por afirmar mis propias conviccio-
nes. Me quejaba por todo eso, pero no era escuchada. Las expecta-
tivas laborales se cerraban para mí, máxime en una época de crisis
económica y desempleo masivo. La desesperación iba en aumento y
cada vez me sentía más agobiada por todas esas situaciones.
De pronto, todo cambió, como cuando se sube el nivel en un video-
juego. Empecé a dejar de dormir, las obsesiones por todas estas cosas
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 69
se hicieron más vehementes y poco a poco, sin darme cuenta, empecé
a formar un discurso superpuesto, exaltado, hilando constantemente
de un tema hacia el otro. Con el paso de los días dejé de comer y la
fantasía se volvió más violenta, tenía miedo de que algo muy malo
me sucediera. Era mi primera psicosis.
Me llevaron a la Clínica Nuestra Señora de la Paz, en la noche. El
médico no quiso escuchar a mis familiares el relato sobre mi vida ni
sobre mi historia familiar, con arrogancia los hizo callar. Luego del
brevísimo examen y diagnóstico emitido por el psiquiatra de turno,
dos enfermeros me pusieron una camisa de fuerza. Recuerdo muy
bien su actitud burlona hacia mí y hacia mi familia, a quienes les
aseguraron que yo iba a estar muy bien en tono risueño. Diez días
después de permanecer muy sedada, amarrada a la cama de forma
violenta y rodeada de otros internos, algunos de ellos personas agre-
sivas que me inspiraban más miedo aún que el hecho de estar en ese
lugar, los mismos dos enfermeros en medio de risas me llevaron a
una sección aislada de cuidados intensivos que no tenía puertas ni
ventanas y daba hacia las duchas. Yo sólo registraba los hechos en mi
memoria, pero no podía evaluar lo que estaba pasando, ni siquiera
tenía la más mínima noción de estar corriendo peligro, ciertamente
estaba a merced de estos dos individuos. Efectivamente, ambos su-
jetos querían violarme, aprovechando que me encontraba bajo los
efectos de fuertes medicamentos y que no podía oponer resistencia.
Me salvé de milagro porque escucharon un ruido de alguien que se
acercaba, así que desistieron. Nunca pude denunciar los hechos por
carecer de testigos ni de una instancia judicial en donde mi palabra
tuviera valor.
De acuerdo con mi experiencia, en Colombia las mujeres con disca-
pacidad psicosocial desconocemos totalmente nuestros derechos,
cuáles son los códigos de ética profesional para los psicólogos y psi-
quiatras y las instancias disciplinarias para denunciar los abusos. Es
difícil hacerlo porque no existen medios para probar los hechos, el
testimonio por sí mismo no es válido y una se expone a ser ridiculi-
zada y revictimizada. Es así como suceden vulneraciones frecuentes
dentro de los consultorios y de las instituciones.
Unos años después, me sometí a psicoterapia de nuevo porque
sentía mucha ansiedad, y los resultados fueron desastrosos para mi
70 | Por el derecho a la loc ura
salud mental porque el psicólogo demostró ser una persona total-
mente carente de ética. Debido a las características de mis proble-
mas, que incluían variables como violencia de género, exposición
a abusos sexuales en la infancia y negligencia dentro de mi núcleo
familiar, estuve muy sola la primera vez, cuando era adolescente
y el maltrato que soporté en consulta me causó depresión mayor.
Esta segunda ocasión, el psicólogo deliberadamente se saltó todos
los lineamientos de ética profesional para manipularme emocio-
nalmente y tratar de convencerme de ingresar a la secta llamada
Cienciología, contrariando mi voluntad. Él no gestionaba la terapia,
detrás de todo había un oscuro personaje, que actualmente se pro-
mueve como motivador profesional y que ha tratado de localizarme
por redes sociales. Este otro individuo tenía acceso a mi expediente
y a toda mi información generada en sesiones sin que yo lo hubiera
autorizado expresamente; con ese conocimiento sobre mis proble-
mas y vulnerabilidades dirigía las tácticas para doblegarme y hacer-
me pertenecer a su secta. Me hacían firmar formatos en los que yo
afirmaba una supuesta conformidad con los tratamientos recibidos,
previamente a la firma de éstos papeles aplicaban en mí ejercicios
de sugestión para inducirme un estado de ánimo eufórico. Tam-
bién el psicólogo me presionaba para que le escribiera por email
con frecuencia, diciéndome que eso formaba parte de la supuesta
terapia, mientras me incomodaba con sus actitudes salidas de tono.
Los manejos del psicólogo, que incluyeron sugestión por hipnosis e
hipnosis profunda, me ocasionaron una muy fuerte crisis e interna-
ción. Ambos individuos, de común acuerdo y con premeditación,
habían decidido poner en riesgo mi salud mental y también mi vida
a cambio de ganarme para su culto engañoso. Los documentos que
me hicieron firmar y las comunicaciones por email tenían clara-
mente la función de deslegitimar cualquier posible demanda por
mala práctica.
Estos señores se infiltraban en diferentes asociaciones de pacientes
para ganarse la confianza de sus integrantes y escoger a sus posibles
víctimas, ya que sabían que encontrarían personas altamente vulne-
rabilizadas. Ambos esgrimían el discurso antipsiquiátrico con el que
confunden al público, pero con el fin de someter a las personas a un
nuevo dominio insidioso, el de su secta.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 71
La asociación de pacientes a la que pertenecía fue indiferente a mis
solicitudes de apoyo para desenmascarar y denunciar a estos delin-
cuentes, pese a que tenían conocimiento de lo que ellos también les
habían hecho a otras personas. La indiferencia que mostraron frente
a unos hechos tan graves que los involucraban, todavía me resulta
aberrante. Si hubiera respaldado las denuncias, su imagen hubiera
resultado fortalecida por haber brindado apoyo a sus miembros más
afectados, en lugar de esconder e ignorar los hechos para evitar una
supuesta mancha en su reputación.
De nuevo me hospitalizaron en la Clínica La Paz, de forma volun-
taria, y a pesar de eso también afronté violencia física al soportar
contención mecánica desde la primera noche, más violencia verbal y
actitudinal por parte del personal. Los enfermeros eran despectivos,
todo el tiempo me hablaban a los gritos así yo no estuviera enojada,
y hubo algunos que se permitían dirigir frases alusivas al físico de las
internas. Sentía una enorme rabia de estar allí soportando todo esto,
por momentos el enojo era incontenible, pero a nadie le importaba,
pues tenían toda la potestad para abusar e irrespetar a los internos, y
ante la menor muestra de desafío empleaban la sobremedicación y la
contención mecánica para imponer su “ley”. Caso aparte son las bar-
baridades que consignaron en mi historia clínica, la que hoy leen los
psiquiatras y le dan más crédito que a mis acciones del presente.
Yo temía que trataran de cometer nuevamente abuso sexual contra
mí, así que pedí que dejaran de bañarme enfermeros hombres (¿por
qué no me asignaban mujeres?). Lo hacían así porque, según ellos,
eso prevenía una supuesta autoagresión. Exigí contundentemente que
dejaran bañarme sola, y como lo conseguí, me humillaron ante los
demás internos negándose a pasarme mi ropa para vestirme.
A lo largo de esa internación soporté contención mecánica varias
veces como represalia, una noche se atrevieron a amarrarme entre
varios enfermeros y dejarme atada en un cuarto de aislamiento, grité
y lloré exigiendo ayuda con todas mis fuerzas durante toda la noche,
al amanecer otras internas acudieron para soltarme.
Soporté el robo continuado de mis pertenencias sin que a ningún
miembro del personal le importara controlar esa situación. Perma-
necí virtualmente incomunicada, puesto que sólo había un viejo
72 | Por el derecho a la loc ura
teléfono que no funcionaba bien casi. Extrañaba a los míos y para
colmo, cuando lograba comunicarme con mi casa, la pariente de mi
compañero me despachaba de mala manera, sin dejarme hablar con
mis hijos, quienes, por su parte, constantemente preguntaban por
mí. No entiendo de qué forma tanta acumulación de miseria puede
contribuir a restablecer la salud mental de una persona.
En la Clínica Nuestra Señora de la Paz estuvieron a punto de hacer-
me electroshocks sin mi consentimiento informado ni el de mi
familia, a mis familiares nadie les informó sobre lo que planeaban
hacerme. Reaccioné, según los psiquiatras y no fue necesario some-
terme a electroshocks.
Conocí a diferentes clases de personas, vi mujeres internas de forma
permanente y con signos de descuido en lesiones físicas importantes.
Conocí a una jovencita esterilizada a la fuerza y privada de cuidar
de su hija por decisión de su familia y de una iglesia protestante, la
dopaban cada vez más, pero su delirio empeoraba. Otra joven fue
internada por depresión, sin ostentar un comportamiento antisocial,
a los pocos días, luego de ver tanta brutalidad su estado realmente
empeoró. Los hombres permanecían en estado de alerta permanente,
su pabellón, según algunos me relataban, era más una cárcel antes
que un lugar para recuperarse de una crisis. Las personas gritaban sus
problemas, transformados en delirio, en angustia y terror, frente a
esto el personal era frío, insensible, despectivo y con frecuencia vio-
lento. Los sacerdotes posaban de buena gente, pero eran totalmente
indiferentes ante a toda esa violencia institucional.
Mi natural respuesta a la agresión verbal intencional, a las provoca-
ciones y al irrespeto por parte de los enfermeros hacia mi pudor, a
mi propia dignidad, eran patologizados. La contención mecánica es
un castigo terrible e injusto, la realizan para aplastar la dignidad de
la persona, no tiene valor terapéutico. A nadie le importó saber qué
pensaba ni cómo me sentía, jamás tuve la menor participación en las
decisiones sobre los procedimientos que me hicieron. Para esa gente
yo no era una persona.
La estigmatización que he afrontado durante años ha sido más da-
ñina que la enfermedad. Algunos miembros de mi familia y vecinos
han demostrado actitudes de burla y de desprecio hacia mí, calificán-
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 73
dome de loca sin que haya lugar en mi comportamiento para decir-
me eso. Cuando acudí a la policía nunca me ayudaron en nada,
incumpliendo con su obligación. Un abogado experto en derechos
humanos me ayudó a remediar esta situación con buenos resultados.
Mis amigos que tienen el diagnóstico no hablan sobre estos temas,
por vergüenza e impotencia.
En el aspecto laboral tuve que afrontar acoso en el lugar de trabajo y
una constante tensión debido al temor de que se dieran cuenta de mi
diagnóstico y eso reforzara las agresiones. En ese entonces, año 2000,
no existía legislación antidiscriminación ni se consideraba el acoso
laboral como una falta. Actualmente las circunstancias no han mejo-
rado pese a la existencia de las leyes 14821 y 17522, que pretenden pro-
tegerme contra la discriminación. Cuando he querido volver a encon-
trar trabajo, no lo he conseguido por mi edad, la poca experiencia
laboral y un enorme temor a ser discriminada por mi condición, que
me impide trabajar bajo estrés. No existen adaptaciones ni ajustes
razonables para personas con discapacidad psicosocial en el trabajo.
Todo ese sufrimiento y tortura brutal que debemos afrontar a partir de
un diagnóstico psiquiátrico puede reducirse drásticamente si se ofre-
cen alternativas para gestionar el malestar y el sufrimiento lejos de los
cánones psiquiátricos, que están basados en la opresión, la violencia,
el sometimiento y la anulación total de las facultades de pensamiento
y opinión de una persona. Una psicosis, tal como yo la viví y como la
presencié en otras personas, es un estallido en el que la mente busca
encontrar el significado único para quien lo experimenta. La agresi-
vidad es fruto del miedo, de la soledad y la respuesta ante la violencia
solapada o explícita que la persona recibe del personal de salud. El
trato respetuoso y honesto produce una reacción consecuente,
haciendo totalmente innecesaria la violencia. Lamentablemente
no se ha instituido otra forma de tratamiento en Colombia.
1 Ley 1482 de 2011 antidiscriminación
http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley_1482_2011.html
2 Ley 1752 de 2015 por medio de la cual se modifica la ley 1482 de 2011 para sancio-
nar penalmente la discriminación contra personas con discapacidad https://www.
ramajudicial.gov.co/documents/573203/887553/Ley+1752+de+2015+%28Sanciones+p
enales+contra+la+discriminaci%C3%B3n+de+las+personas+con+discapacidad%29.
pdf/14883eb7-957d-48ef-a691-d4cba6b463fe
74 | Por el derecho a la locura
Los progresos en la comprensión de las causas de mis problemas aní-
micos los debo al diálogo con otras mujeres que vivieron circunstan-
cias similares a las mías. La retroalimentación que hice después me
hizo despejar todas mis dudas y superar la negación ante la realidad
de lo que me había sucedido, había llegado el momento de que yo
admitiera la contundencia de los hechos. La gestión de las emociones
que surgieron después la hice por mi cuenta, mediante la escritura
y el diálogo con personas prudentes de mi mayor confianza. Ya no
deseo volver a confiar en psicólogos ni en psiquiatras.
Este testimonio prueba la importancia de impulsar estrategias
comunitarias de apoyo entre pares alejadas de los esquemas tera-
péuticos ya conocidos, que suministren a las personas afectadas
emocionalmente las herramientas necesarias para superar situacio-
nes traumáticas y buscar ayuda legal si enfrentan violencia dentro
de sus familias.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 75
La reforma de la legislación
sobre salud mental en el Perú:
una promesa a medias
Alberto Vásquez
Introducción
El sistema de salud mental en el Perú viene experimentando una
transformación importante en los últimos años. La reforma en curso
apunta hacia la implementación de un modelo de atención de salud
mental comunitario que tiene como pilares: la reestructuración de los
servicios de salud mental en la atención primaria y secundaria; la crea-
ción de nuevos servicios basados en la comunidad; la ampliación de
la cobertura de aseguramiento en salud mental; y la disponibilidad de
medicamentos psiquiátricos desde el primer nivel de atención.1
Aunque las semillas de este proceso se remontan más de una década
atrás, a los informes de la Defensoría del Pueblo denunciando la
situación de la salud mental en el Perú,2 el punto de inflexión fue
la adopción de la Ley 29889, “Ley que modifica el artículo 11 de la
Ley 26842, Ley General de Salud, y garantiza los derechos de las
personas con problemas de salud mental”, adoptada en el año 2012.3
Considerada como una norma histórica, esta ley tuvo como objetivo
primordial restituir a las personas con discapacidad psicosocial y a las
personas usuarias de los servicios de salud mental el pleno ejercicio
de sus derechos y, como parte de este esfuerzo, impulsar un proceso
de reforma de la atención de salud mental con el fin de implementar
un modelo de atención comunitario.
1 Toyama M. et al. Peruvian Mental Health Reform: A Framework for Scaling-up
Mental Health Services. Int J Health Policy Manag 2017, 6(9), pp. 501–508.
2 Ver Informes Defensoriales 102 y 140, en: https://www.defensoria.gob.pe/informes-
publicaciones.php
3 Ley 29889, Ley que modifica el artículo 11 de la Ley 26842, Ley General de Salud, y
garantiza los derechos de las personas con problemas de salud mental, publicada el
24 de junio de 2012.
76 | Por el derecho a la locura
En este contexto, el presente capítulo busca analizar el contenido, el
alcance y el impacto de la Ley 29889 de 2012 desde un enfoque ba-
sado en los derechos humanos. El énfasis se pone en el análisis de la
compatibilidad de la ley con el marco internacional de los derechos
humanos, así como de sus fortalezas y debilidades para hacer reali-
dad los derechos de las personas con discapacidad psicosocial en el
país. Para su elaboración se han consultado diversas publicaciones,
artículos y documentos oficiales. Además, habiendo participado del
proceso de adopción de la ley, como ex asesor parlamentario, el texto
también refleja mis recuerdos del proceso y mis propios puntos de
vista sobre las motivaciones de algunas de las acciones emprendidas.
1. Problemas que son oportunidades
El 6 de julio de 2011 se publicó la Ley 29737, “Ley que modifica el
artículo 11 de la Ley 26842, Ley General de Salud, referido a la salud
mental; y regula los procedimientos de internamiento de las personas
con trastornos mentales”. Esta norma, aprobada sin la participación
ni la consulta de las personas usuarias de los servicios de salud men-
tal, introdujo en la legislación peruana la posibilidad del interna-
miento involuntario de “pacientes con problemas de salud mental”.
De acuerdo con la ley, el reglamento fijaría los procedimientos apli-
cables al internamiento involuntario. Además, la norma facultó a los
familiares de “personas que sufren algún grado de adicción” a autori-
zar su internamiento cuando se nieguen a firmar el consentimiento
“dado al estado de inconciencia de su enfermedad”. En ambos casos,
la detención estaría sujeta a una revisión periódica por parte de un
comité conformado por profesionales del establecimiento de salud y,
eventualmente, por un juez.
La Ley 29737 provocó el rechazo inmediato de las instituciones de
derechos humanos y organizaciones de personas con discapacidad.
La Defensoría del Pueblo resaltó que la ley vulneraba el principio de
legalidad al delegar al reglamento la determinación de los supuestos
de privación de libertad.4 Por su parte, diversas organizaciones de la
4 Nota de Prensa N° 206/OCII/DP/2011, 7 de julio del 2011, disponible en:
http://www.defensoria.gob.pe/modules/Downloads/prensa/notas/2011/NP-206-11.pdf
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 77
sociedad civil hicieron notar que la ley se contraponía a la Conven-
ción sobre Derechos de las Personas con Discapacidad de las Nacio-
nes Unidas (CDPD), ratificada por el Estado Peruano, que garantiza
el derecho de las personas con discapacidad a recibir atención médica
sobre la base de un consentimiento libre e informado.5 Tanto la De-
fensoría del Pueblo como la sociedad civil demandaron la inmediata
derogación de la Ley 29737.
Ante esta situación, el Grupo Parlamentario Nacionalista presentó
el 21 de octubre de 2011 el Proyecto de Ley No 418/2011-CR, “Ley que
modifica la Ley 26842, Ley General de Salud, y que garantiza los
derechos de las personas con discapacidad psicosocial o mental”. La
propuesta contó con el respaldo de la Defensoría del Pueblo, el repre-
sentante local de la OMS/OPS, organizaciones de personas con disca-
pacidad y una coalición de profesionales y activistas trabajando por la
reforma del sistema de salud mental en el país (Grupo Impulsor de la
Reforma en Salud Mental). Aunque inicialmente se pensó en propo-
ner una ley de salud mental que regulara los distintos aspectos de la
atención de la salud mental, la propuesta final mantuvo la regulación
de la salud mental dentro de la Ley General de Salud. Esta decisión se
tomó a sugerencia de líderes del movimiento de personas con disca-
pacidad psicosocial, quienes consideraron que una ley de salud men-
tal, al estar al margen de las normas generales de salud, facilitaría la
introducción de excepciones en el ejercicio de sus derechos.
La propuesta fue derivada a dos comisiones ordinarias del Congreso
de la República para su consideración y dictamen. Aunque la Comi-
sión de Inclusión Social y Personas con Discapacidad aprobó un dic-
tamen favorable sin mayores modificaciones, la Comisión de Salud y
Población incorporó una disposición admitiendo la posibilidad del
internamiento involuntario de personas con dependencia a las dro-
gas, “cuando su capacidad de juicio esté afectada y sea determinado
por Junta Médica”. Con base a este último dictamen, el Pleno del
Congreso aprobó la propuesta el 24 de mayo de 2012 y el Ejecutivo la
promulgó el 24 de junio de ese mismo año.
5 “Exigimos la derogatoria de la Ley 29737 que permite internamientos involuntarios
en establecimientos de salud mental”. Pronunciamiento del 13 de julio de 2011,
disponible en: https://xa.yimg.com/kq/groups/10836661/1017591530/name/
PRONUNCIAMIENTO+(2)+LEY+29737.doc
78 | Por el derecho a la locu ra
La Ley 29889 contiene apenas tres artículos y dos disposiciones com-
plementarias finales. El artículo 1 modifica el artículo 11 de la Ley
General de Salud referido a la salud mental estableciendo que:
• Toda persona tiene derecho a gozar del más alto nivel posi-
ble de salud mental, sin discriminación
• El Estado garantiza la disponibilidad de programas y servi-
cios para la atención de la salud mental en número suficien-
te, en todo el territorio nacional; y el acceso a prestaciones
de salud mental adecuadas y de calidad, incluyendo inter-
venciones de promoción, prevención, recuperación y rehabi-
litación.
• La atención de la salud mental se realiza en el marco de un
abordaje comunitario, interdisciplinario, integral, participa-
tivo, descentralizado e intersectorial.
• La atención de la salud mental se realiza preferentemente de
manera ambulatoria, dentro del entorno familiar, comunita-
rio y social.
• El internamiento es un recurso terapéutico de carácter ex-
cepcional. Se realiza por el tiempo estrictamente necesario y
en el establecimiento de salud más cercano al domicilio del
usuario.
• El tratamiento e internamiento se realizan con el consenti-
miento informado, libre y voluntario del usuario, salvo en
situaciones de emergencia.
• La revisión médica periódica de los diagnósticos e informes
que recomiendan el internamiento de pacientes. El interna-
miento tendrá una segunda opinión médica.
• Los usuarios de los servicios de salud mental, incluidas las
personas con discapacidad mental, mantienen el pleno ejerci-
cio de sus derechos durante su tratamiento e internamiento.
• Las personas con adicciones gozan de los mismos derechos y
garantías que se reconocen a los demás usuarios de los servi-
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 79
cios de salud. Su tratamiento e internamiento involuntario
no requiere de su consentimiento informado cuando su
“capacidad de juicio esté afectada”, lo cual debe ser determi-
nado por una Junta Médica.
El artículo 2, numeral 1, establece que las “personas con discapacidad
mental” -término propuesto por la sociedad civil con el objetivo de
englobar tanto a personas con discapacidad psicosocial como intelec-
tual- tienen los mismos derechos que los demás, sin perjuicio de las
medidas específicas establecidas en la legislación para promover su
igualdad. Asimismo, establece que el Estado garantizará a las perso-
nas con discapacidad mental el apoyo necesario para el ejercicio de
su capacidad jurídica y la defensa de sus derechos.
El artículo 2, numeral 2, reconoce que las personas con discapaci-
dad mental tienen derecho a vivir de forma independiente y a ser
incluidas en la comunidad. El Estado deberá garantizar el acceso a
servicios de asistencia domiciliaria, residencial y otros servicios de
apoyo en la comunidad para facilitar su inclusión social y evitar su
aislamiento, institucionalización y abandono.
El artículo 3 establece que el Ministerio de Salud regula y supervisa
permanentemente el pleno respeto de los derechos de los usuarios de
los servicios y programas de salud mental, y establece procedimientos
sencillos para la interposición de quejas.
La Primera Disposición Complementaria Final dispone que, en el
marco de lo establecido en la ley y los instrumentos internacionales de
derechos humanos, el Ejecutivo impulse un proceso de reforma de los
servicios de salud mental para implementar un modelo de atención
comunitario. Dicha reforma debe considerar la reestructuración de
los hospitales generales; la conformación de redes de atención comu-
nitaria de carácter multidisciplinario; el desarrollo de infraestructuras
intermedias para la atención de la salud mental (centros de salud co-
munitaria, hospitales de día, programas dirigidos a personas en situa-
ción de calle, entre otros); la incorporación de la salud mental en la
formación de profesionales y técnicos de la salud; el acceso universal y
gratuito al tratamiento de la salud mental; la disponibilidad de psico-
fármacos en los establecimientos de salud, a partir del primer nivel de
atención; y la desinstitucionalización de personas con discapacidad.
80 | Por el derecho a l a locura
Finalmente, la Segunda Disposición Complementaria Final deroga la
Ley 29737 que regulaba los procedimientos de internamiento de las
personas con trastornos mentales.
2. El lado bueno de las cosas
Sin lugar a duda, la Ley 29889 representó una mejora significativa en el
reconocimiento de los derechos humanos en el contexto de la atención
de la salud mental. Entre los cambios introducidos por esta ley, tres
destacan por su importancia: i) la eliminación del internamiento y tra-
tamiento involuntarios; ii) la introducción de un enfoque comunitario
en la atención de la salud mental; y iii) el reconocimiento de la capaci-
dad jurídica de las personas con discapacidad psicosocial e intelectual.
En efecto, un primer aspecto a destacar de la Ley 29889 es la deroga-
ción de la Ley 29737, que institucionalizó el internamiento y trata-
miento involuntarios en la legislación peruana. Si bien la Defensoría
del Pueblo había denunciado que los servicios de salud mental no
respetaban sistemáticamente el derecho al consentimiento libre e
informado de los usuarios de los servicios de salud mental, la Ley
General de Salud no regulaba de manera específica el internamiento
voluntario e involuntario en establecimientos de salud mental hasta
la adopción de la Ley 29737.
Es importante recordar que, históricamente, las leyes de salud mental
han respaldado y legitimado el tratamiento involuntario de las perso-
nas con discapacidad psicosocial. Por muchos años, la Organización
Mundial de la Salud abogó por la adopción de legislación en salud
mental que regule el tratamiento voluntario e involuntario en los ser-
vicios de salud mental.6 De igual modo, el derecho internacional ha
denegado sistemáticamente el derecho al consentimiento libre e infor-
mado de las personas con discapacidad, particularmente de aquellas
con discapacidad psicosocial. Por ejemplo, los Principios para la Pro-
tección de los Enfermos Mentales y el Mejoramiento de la Atención de
la Salud Mental (Principios EM), adoptados por las Naciones Unidas
en 1991, admitían el internamiento involuntario en caso de “riesgo
6 Ver: OMS, Manual de Recursos sobre Salud Mental, Derechos Humanos y Legisla-
ción, 2016.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 81
grave de daño inmediato o inminente” para la persona o para terce-
ros.7 Asimismo, ciertos órganos de tratados y expertos independientes
de las Naciones Unidas han justificado el uso de la coerción en la aten-
ción de la salud mental, incluyendo el tratamiento y la hospitalización
involuntaria, el aislamiento y el uso de sujeción física, sobre la base de
nociones como la “peligrosidad” o la “necesidad médica”.8
Es recién con la adopción de la CDPD que podemos hablar de un
cambio importante en la regulación de las practicas coercitivas en los
sistemas de salud mental. La CDPD reconoce que todas las personas
con discapacidad disfrutan de todos los derechos humanos y libertades
fundamentales en igualdad de condiciones con las demás. Asimismo,
establece expresamente la obligación de los Estados Partes de “exigir
a los profesionales de la salud que presten a las personas con discapa-
cidad atención de la misma calidad que a las demás personas sobre la
base de un consentimiento libre e informado” (art. 25, inc. d)); una
obligación que se refuerza con el reconocimiento universal de la capa-
cidad jurídica de las personas con discapacidad (art. 12) y la prohibición
absoluta de la privación de libertad basada en la discapacidad (art. 14).
El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
de las Naciones Unidas, órgano que hace seguimiento de la imple-
mentación de la CDPD, ha hecho hincapié en que el tratamiento
forzoso por parte de profesionales de la psiquiatría y otros pro-
fesionales de la salud constituye una violación de una serie de
derechos como al igual reconocimiento como persona ante la ley,
a la integridad personal, a la protección contra la tortura y a la
protección contra la violencia, la explotación y el abuso.9 Asimis-
mo, ha reiterado que la existencia de una discapacidad no puede
ser una justificación válida para la privación de libertad de una
persona, incluida la hospitalización involuntaria.10 Otros expertos
7 Principios EM, Principio 16.
8 Por ejemplo, Comité de Derechos Humanos, Observación general Nº 35 (2014),
para. 19; e Informe del Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles,
inhumanos o degradantes, A/HRC/22/53, paras. 68-69.
9 Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, Observación General
No 1 (2014), para. 42.
10 Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, Lineamientos sobre
el artículo 4 de la CDPD (2015), para. 10.
82 | Por el derecho a l a locura
y agencias de las Naciones Unidas se han sumado a su llamado a
eliminar las prácticas coercitivas en la provisión de servicios de
salud mental.11
En el caso concreto del Perú, en el año 2012, el Comité expresó su
preocupación de que la legislación peruana permita el internamien-
to forzoso de personas con “problemas de salud mental”, incluidas
aquellas con discapacidad psicosocial, discapacidad intelectual y con
dependencia a las drogas o el alcohol (consideradas por el Comi
como personas con discapacidad percibida).12 Frente a ello, exhortó al
Estado peruano a que derogue la Ley 29737 con el fin de prohibir la
privación de libertad de una persona por motivos de discapacidad.13
En este orden de ideas, resulta claro que la Ley 29889 ha contribuido
al cumplimiento de las obligaciones internacionales en materia de
derechos humanos del Perú al derogar la Ley 29737 y reiterar que el
tratamiento e internamiento debe realizarse previo consentimiento
informado, libre y voluntario del usuario. Además, la ley ha precisa-
do que el internamiento en contexto de los servicios de salud mental,
incluso cuando es voluntario, debe ser considerado como un recurso
terapéutico de carácter excepcional y que la atención de la salud men-
tal se realiza preferentemente de manera ambulatoria.
Un segundo aspecto por destacar es la contribución de la Ley 29889
al reconocimiento del derecho a la salud, promoviendo el acceso a
servicios de salud mental comunitarios ajustados a los estándares
internacionales de derechos humanos.
El derecho al más alto nivel posible de salud física y mental es un
11 Ver: Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Informe sobre
salud mental y derechos humanos (A/HRC/34/32); Grupo de Trabajo sobre la De-
tención Arbitraria, Principios y Directrices Básicos de las Naciones Unidas sobre los
Recursos y Procedimientos relacionados con el Derecho de Toda Persona Privada de
Libertad a Recurrir ante un Tribunal (WGAD/CRP.1/2015); Informe del Relator Es-
pecial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud
física y mental (A/HRC/35/21); y Informe de la Relatora Especial sobre los Derechos
de las Personas con Discapacidad sobre la capacidad jurídica y la toma de decisiones
con apoyos (A/HRC/37/56).
12 Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, Observaciones fina-
les al Informe del Estado Peruano, CRPD/C/PER/CO/1, 16 de mayo de 2012, para. 28.
13 Ibíd., para. 29.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 83
derecho humano fundamental reconocido en numerosos instru-
mentos internacionales. Se trata de un derecho que abarca tanto
libertades como derechos.14 Los Estados están obligados a asegurar
establecimientos, bienes, servicios y programas públicos de salud en
un número suficiente; financiera y geográficamente accesibles, sin
discriminación. Igualmente, deben asegurar servicios y programas
respetuosos de la ética médica, culturalmente apropiados y sensibles
a los requisitos de género y el ciclo de vida; y apropiados desde el
punto de vista científico y médico, y de buena calidad.15 El derecho a
la salud exige también la participación de la población en la toma de
decisiones públicas relacionadas con la salud.
Asegurar el cumplimiento de estos elementos esenciales del derecho
a la salud demanda la implementación de servicios basados en la
comunidad. Un enfoque comunitario en la prestación de servicios
de salud no solo asegura una mayor disponibilidad de servicios y
programas, sino que hace posible que las comunidades desempeñen
un papel importante en su diseño, implementación y evaluación.
Además, como ha señalado la Relatora Especial sobre los derechos de
las personas con discapacidad, los enfoques comunitarios facilitan la
prestación de servicios culturalmente adecuados en las comunidades
en que viven las personas, aprovechando las redes sociales y los recur-
sos comunitarios existentes.16
Al respecto, la CDPD impone a los Estados una obligación de prestar
servicios de salud lo más cerca posible de las comunidades de las per-
sonas con discapacidad, incluyendo las zonas rurales (art. 25, inc. c).
La CDPD también reconoce a las personas con discapacidad el dere-
cho a vivir de manera independiente y a ser incluidas en la comuni-
dad, con acceso a una variedad de servicios de asistencia domiciliaria,
residencial y otros servicios de apoyo en la comunidad, incluida la
asistencia personal que sea necesaria para facilitar su inclusión en la
comunidad (art. 19). La CDPD busca prevenir, entre otras cuestiones,
14 Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Observación general Nº 14
(2000), para. 8.
15 Ibíd, para. 12.
16 Informe de la Relatora Especial sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad sobre apoyos para personas con discapacidad basados en derechos (A/
HRC/37/56), para. 61.
84 | Por el derecho a l a locura
el aislamiento y la institucionalización de las personas con discapaci-
dad, incluyendo su segregación en hospitales psiquiátricos.
Es importante notar que, a nivel regional, la Declaración de Caracas
puso en cuestión desde los años noventa la atención de salud mental
convencional centrada en el hospital psiquiátrico, proponiendo la
implementación de respuestas alternativas centradas en la comuni-
dad. La Declaración, de manera pionera, estableció un vínculo crítico
entre los servicios de salud mental y los derechos humanos, conclu-
yendo que los servicios de salud mental convencionales ponen en
peligro la recuperación y los derechos de los usuarios. Frente a ello,
se propuso la reestructuración de la atención psiquiátrica ligada a la
atención primaria y el ajuste de las legislaciones para asegurar el res-
peto de los derechos humanos.
Como puede verse, la Ley 29889 es tributaria de los estándares in-
ternacionales de derechos humanos en relación con el derecho a la
salud. Además, la reforma del sistema de salud mental propuesta por
dicha ley supone también un avance importante en la obligación del
Estado peruano de desarrollar servicios basados en la comunidad. De
manera significativa, la ley va más allá de proponer servicios de salud
mental comunitarios y también ordena la implementación de servi-
cios de asistencia domiciliaria, residencial y otros servicios de apoyo
en la comunidad, en la línea de lo dispuesto por la CDPD.
En tercer lugar, la Ley 29889 aborda el reconocimiento de la capacidad
jurídica de las personas con discapacidad. La capacidad jurídica implica
tanto la posibilidad de ser titular de derechos y obligaciones como la de
ejercer tales derechos y obligaciones por uno mismo. Se trata de un de-
recho esencial en el contexto de los derechos humanos, pues es la puer-
ta de entrada para el pleno ejercicio de todos los derechos y libertades.
Lamentablemente, en casi todos los sistemas jurídicos las personas
con discapacidad -particularmente aquellas con discapacidad psico-
social e intelectual- enfrentan diversas barreras para el ejercicio de su
capacidad jurídica. Así, en la mayoría de los países, las personas con
discapacidad pueden ser declaradas judicialmente incapaces para el
ejercicio de sus derechos, de manera plena o parcial, lo que supone la
pérdida del derecho a decidir sobre una serie de aspectos de la vida,
desde la posibilidad de consentir o rechazar un tratamiento, hasta
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 85
votar o contraer matrimonio. En estos casos, el ejercicio de su capaci-
dad jurídica es delegado a una tercera persona, denominada curador
o tutor, dependiendo del sistema jurídico, quien estará a cargo de
tomar todas las decisiones en su mejor interés. Además, en muchos
ordenamientos legales la incapacidad de las personas con discapaci-
dad se presume, afectando el ejercicio de su capacidad jurídica aún
cuando ésta no haya sido formalmente restringida por la vía judicial.
La CDPD, adoptando una visión universalista de los derechos huma-
nos, requiere a los Estados reconocer que las personas con discapaci-
dad tienen capacidad jurídica en igualdad de condiciones con las de-
más, en todos los aspectos de la vida (art. 12 num. 2). Esto supone re-
conocer la capacidad jurídica universal de todas las personas con dis-
capacidad, incluidas las que necesitan un apoyo más intenso, así como
abolir y prohibir todos los regímenes de sustitución en la adopción de
decisiones tales como la tutela, la curatela y las leyes de salud mental
que permiten el tratamiento y el internamiento involuntarios.17
Además, para garantizar el ejercicio efectivo de la capacidad jurí-
dica de las personas con discapacidad, la CDPD exige a los Estados
proporcionar acceso a las personas con discapacidad a regímenes de
apoyo y establecer salvaguardas para evitar el abuso en la provisión
de tales apoyos (art. 12, num. 3 y 4). Estos apoyos para la toma de
decisiones pueden ser de distintos tipos e intensidades, oficiales y
oficiosos.18 Estos incluyen, por ejemplo, los convenios de apoyo, las
redes de apoyo, los grupos de apoyo entre pares, los defensores inde-
pendientes y las directivas anticipadas. De lo que se trata es de apoyar
a las personas con discapacidad en el ejercicio de su capacidad jurídi-
ca en lugar de establecer limitaciones a su ejercicio.
A nivel nacional, el Código Civil peruano admitía hasta hace muy
poco la posibilidad de restringir la capacidad jurídica de distintos
grupos de personas, incluyendo a personas con discapacidad psi-
cosocial e intelectual. Así, se consideraba a los “privados de discer-
17 Informe de la Relatora Especial sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad sobre la capacidad jurídica y la toma de decisiones con apoyos (A/
HRC/37/56), para. 26.
18 Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, Observación general
Nº 1 (2014), para. 19.
86 | Por el derecho a l a locura
nimiento” como “absolutamente incapaces” (art. 43, inc. 2) y a los
“retardados mentales” y los que “adolecen de deterioro mental” como
relativamente incapaces (arts. 44, inc. b y c). En este sentido, la Ley
29889 creó una contradicción con el Código Civil peruano al esta-
blecer que “las personas con discapacidad mental tienen los mismos
derechos que las demás” y que el Estado debe garantizar “el apoyo
necesario para el ejercicio de su capacidad para obrar y la defensa de
sus derechos”. Esta contradicción fue recientemente resuelta por el
Decreto Legislativo 1384, publicado el 4 de setiembre, que reconoce
la capacidad jurídica plena de todas las personas con discapacidad.
Se puede argumentar que la Ley 29889 fue pionera al poner en tela
de juicio el modelo de toma de decisiones sustitutivo establecido en el
Código Civil, optando por un modelo de apoyo en toma de decisiones.
Los trabajos preparatorios de la Ley 29889, basado en el cambio de
paradigma del artículo 12 de la CDPD, respaldan esta interpretación.
3. En cualquier batalla pierden tanto los vencedores como
los vencidos
Como se ha señalado, la CDPD ha planteado la necesidad de re-
pensar las leyes de salud mental. El limitado enfoque de tales leyes
-preocupadas principalmente en regular el tratamiento voluntario
e involuntario de las personas con discapacidad psicosocial- ha sido
cuestionado por el cambio de paradigma respaldado por este nuevo
tratado. Los principios de igualdad, inclusión y participación de la
CDPD requieren la adopción de un enfoque de derechos humanos
en la atención de la salud mental que afirme los derechos huma-
nos y libertades fundamentales de las personas con discapacidad
psicosocial e intelectual. Las leyes de salud mental, sin embargo, se
han desarrollado tradicionalmente como “leyes correctivas” -frente
a posibles abusos del sistema- pero sin el propósito de promover
positivamente los derechos de los usuarios. Por ello, algunos exper-
tos proponen la eliminación definitiva de las leyes de salud mental
dado que al establecer salvaguardias lo que hacen es legitimar la
coerción en los sistemas de salud.19
19 Minkowitz T, ‘Abolishing Mental Health Laws to Comply with the CRPD’. En:
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 87
En este contexto, la reforma legislativa peruana en salud mental re-
sulta a primera vista prometedora. Su objetivo es reconocer la igual-
dad de derechos para las personas usuarias de los servicios de salud
mental, incluidas las personas con discapacidad psicosociales; elimi-
nar el tratamiento involuntario en la atención de la salud mental; y
asegurar la provisión de servicios basados en la comunidad. Además,
a diferencia de otros países como Argentina o Brasil, la Ley 29889 as-
pira a incorporar la atención de salud mental en la regulación general
de la política de salud, incluyendo disposiciones relacionadas con la
salud mental directamente en la Ley General de Salud. Esto favorece
una mayor coherencia del sistema jurídico, permitiendo que los dere-
chos de los usuarios de los servicios de salud mental sean considera-
dos a la par de los demás.
Sin embargo, como se ha discutido anteriormente, las disposiciones
de Ley 29889 tienen sus propios límites y riesgos.
En primer lugar, la Ley 29889 permite el tratamiento involuntario de
las personas con dependencia a las drogas o al alcohol. De acuerdo
con la ley, su tratamiento e internamiento involuntario no requiere
de su consentimiento informado y se realiza a solicitud de la familia
“cuando su capacidad de juicio esté afectada”, lo cual debe ser deter-
minado por una Junta Médica. Como ha señalado Human Rights
Watch, este criterio es “impreciso y susceptible de abuso” y contri-
buye a la percepción equivocada de que las personas que consumen
drogas carecen de la capacidad para consentir el tratamiento, agra-
vando la situación de desprotección en la que se encuentran.20 Más
aún, la mayoría de los estudios indican que el tratamiento involunta-
rio en el caso de usuarios de drogas es contraproducente. El Relator
Especial sobre el derecho a la salud, por ejemplo, ha destacado que
el tratamiento involuntario de las personas con adicciones es, en ge-
neral, ineficaz, ya que muchas veces provoca recaídas y desalienta a
Bernadette McSherry and Penelope Weller (editores), Rethinking Rights-Based Men-
tal Health Laws, Hart Publishing, 2010.
20 Human Rights Watch, Carta al Congreso de Perú sobre el Internamiento Involun-
tario de Personas con Discapacidades (2 de abril de 2012). En: https://www.hrw.org/
es/news/2012/04/02/carta-al-congreso-de-peru-sobre-el-internamiento-involuntario-de-
personas-con
88 | Por el derecho a l a locura
los pacientes.21 En consecuencia, el inciso g) del artículo 11 de la Ley
General de Salud, modificado por la Ley 29889, contradice el espíritu
de la reforma.
En segundo lugar, la prohibición que hace la Ley 29889 del trata-
miento involuntario en la atención de la salud mental no es lo sufi-
cientemente clara. Aunque la ley señala que el tratamiento e interna-
miento se realizan con el consentimiento informado, libre y volunta-
rio del usuario, establece una excepción en el caso de “situaciones de
emergencia”. Es cierto que, como regla general, las legislaciones sue-
len incluir dicha excepción más allá de la salud mental. No obstante,
en el caso particular de la atención de la salud mental, las emergen-
cias suelen interpretarse de manera menos restrictiva, desnaturalizan-
do el propósito de la excepción. Además, la inclusión de referencias
a “revisiones médicas periódicas” y “segundas opiniones médicas”,
importadas de la legislación comparada, parecen reforzar la idea de
que la ley sí prevé la posibilidad del tratamiento involuntario.
Los temores de la sociedad civil fueron confirmados con la adopción
del Reglamento de la Ley 29889 publicado en 2015.22 Por un lado,
las emergencias psiquiátricas son definidas de manera amplia, como
cualquier “alteración mental que pone en riesgo la integridad del
paciente y/o de terceros, determinada por el médico evaluador” (art.
3, num. 5). Por el otro, se establece que, en el caso de emergencias
psiquiátricas “en que por su condición clínica el paciente no se en-
cuentre en capacidad de discernir”, un familiar directo o la Fiscalía
de turno pueden firmar los documentos de autorización pertinentes
(art. 16). Es decir, a través del reglamento se han ampliado los supues-
tos “excepcionales” en que una persona puede ser atendida sin su
consentimiento informado.
En tercer lugar, aunque la reforma de la salud mental es bienvenida,
el énfasis se ha puesto en la ampliación de la cobertura de la atención
de la salud mental antes que en la transformación del enfoque de la
atención. Como se ha señalado, la reforma ordenada por la Ley 29889
21 Informe del Relator Especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más
alto nivel posible de salud física y mental, A/64/272, para 89.
22 Aprobado mediante Decreto Supremo 033-2015-SA, publicado el 6 de octubre de
2015.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 89
ha priorizado el reforzamiento de la atención de la salud mental en la
atención primaria y secundaria, la creación de centros de salud men-
tal comunitarios, la ampliación de la cobertura de aseguramiento y la
disponibilidad de medicamentos psiquiátricos. De lo que se trata es
de llevar la atención de la salud mental a la comunidad con el fin de
reducir la brecha de atención y hacer el sistema más eficiente.
Sin embargo, como ha puesto de manifiesto el Relator Especial sobre
el derecho a la salud, no basta con extender la cobertura de la aten-
ción en salud mental, se necesita cambiar el paradigma de atención
y repensar el rol de la psiquiatría en ese proceso.23 Antes que una
“carga global de enfermedad”, lo que existe es una alarmante “carga
global de obstáculos” que limita la implementación del derecho a
la salud mental. Estos obstáculos incluyen el predominio del “mo-
delo biomédico”, la asimetría de poder entre los profesionales de la
salud mental y los usuarios, y el uso sesgado de los datos empíricos
en salud mental para justificar determinadas intervenciones.24 Las
consecuencias de este modelo -más leyes de salud mental, más diag-
nósticos, más especialistas, más medicación psicotrópica- han creado
una brecha más grande de exclusión en el ejercicio de derechos, in-
cluyendo la perdida de la autonomía e independencia, y la amenaza
permanente del abandono, los tratamientos forzados y la institucio-
nalización. Además, la poca atención prestada a los determinantes de
la salud ha agravado la percepción de una “crisis de la salud mental”,
reforzando en la opinión pública de que la solución es la creación de
más servicios.
El proceso de reforma iniciado a partir de la Ley 29889 apunta -co-
rrectamente- a la implementación de servicios comunitarios, inclu-
yendo acciones claves como el desarrollo de experiencias de desinsti-
tucionalización y el desarrollo de hogares protegidos. No obstante,
es imprescindible que se retome el vínculo con la sociedad civil, par-
ticularmente las organizaciones de personas con discapacidad psico-
social, de modo que las preocupaciones del colectivo alrededor de los
modelos de atención y el respeto de los derechos humanos también
puedan ser priorizadas.
23 Informe del Relator Especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más
alto nivel posible de salud física y mental, A/HRC/35/21, paras. 69-83.
24 Ibíd., paras. 16-29.
90 | Por el derecho a l a locura
Conclusiones
La CDPD nos obliga a reconsiderar las leyes de salud mental a fin
de formular un marco normativo coherente para garantizar los de-
rechos y las libertades de las personas con discapacidad en la aten-
ción de la salud mental. Sin embargo, como ha destacado Gooding,
existe el riesgo que los esfuerzos actuales para introducir la CDPD
en las legislaciones referidas a la atención de la salud mental solo
quede en accesorio.25
Debe notarse que la ley es un proceso de decisión social. Como recal-
ca Reisman, es necesario distinguir el “sistema del mito” y el “digo
operativo” de un sistema legal; es decir, entre lo que se supone que se
aplica y lo que realmente se aplica.26 Desde esta perspectiva, es indis-
pensable comprender el código operativo de la política de salud men-
tal, incluso en sistemas legales efectivamente organizados. Cualquier
reforma legal, por tanto, debe enfocarse en el código operacional,
no en “embellecer” el sistema del mito. Cuando no se garantiza una
congruencia mínima entre el contexto sociopolítico y las presun-
ciones sociopolíticas de la legislación, la ley se convierte en una “lex
simulate” (ley simulada).
El proceso de adopción de legislación en materia de salud mental y
derechos humanos ha puesto de relieve las limitaciones inherentes de
la ley como agente de cambio social, subrayando la importancia de
considerar el contexto y la cultura en los que se aplican las leyes. Por
ello, creemos que la efectividad de cualquier reforma legal en materia
de salud mental en la protección de los derechos humanos depen-
derá de cómo la nueva legislación responda al contexto social al que
apunta cambiar. La abolición de las leyes de salud mental es un paso
importante, pero no necesariamente garantizará este resultado. La
reforma de la legislación de salud mental en el Perú nos muestra que
permanecer en el nivel del mito puede ser engañoso.
25 Gooding, Piers, A New Era for Mental Health Law and Policy Supported Deci-
sion-Making and the UN Convention on the Rights of Persons with Disabilities, 2017,
p. 253.
26 W. Michael Reisman, ‘Myth System and Operational Code’ (1977), Faculty Scho-
larship Series, Paper 721. En: http://digitalcommons.law.yale.edu/fss_papers/721
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 91
El derecho a la locura en Chile.
Construyendo desde los
márgenes y en las grietas
del sistema
Rodrigo Fredes
Mi nombre es Rodrigo Fredes. El nombre que me dio mi padre y mi
madre. En ese orden, porque vengo de una familia machista. Eso en
cuanto al nombre que me dieron porque también me considero un
ser espiritual que encarnó hace una buena porrada de años atrás. Por
lo mismo, considero que me encuentro prisionero de este mundo
material para vivir experiencias que seguramente necesito para
acercarme a la plena expresión de lo que esencialmente soy. En esta
existencia he vivido un montón de experiencias y me ha tocado des-
empeñar diferentes roles: hermano, padre, hijo, compañero, pareja.
Siempre digo que creo que he vivido más de una vida dentro de una
sola porque mi vida ha sido tan interesante como intensa. Una de
mis últimas experiencias ha marcado mi vida a modo de hito. Esta
experiencia es la de haber vivido la psiquiatrización, la patologiza-
ción de un proceso personal y es lo que ahora voy a contar desde mi
visión y posición de activista loco.
Siempre he tenido la idea de que cada uno tiene que hacer algo con
las experiencias que tiene por difíciles que sean. Siendo consecuente
con esta postura de vida, es que me transformé en un activista por
los derechos humanos en salud mental. Después de haber vivido años
de psiquiatrización, tomar drogas psiquiátricas, haber tenido opor-
tunidades de formación y conocer otras realidades, tomé la decisión
de convertir mi experiencia para ayudar y acompañar los procesos de
otros, para informarles, para que en lo posible no tengan que vivir
todo el sistema opresor, excluyente, vertical, abusador, que propone
92 | Por el derecho a la l ocura
el sistema en general y, en particular, el sistema psiquiátrico mal
llamado biomédico.
Me considero loco porque es la manera en que entendí mi forma de ser
Descubrí la locura a partir de la psiquiatrización, después de vivir
el modelo de la patologización, después de la desmedicalización,
después de conocer el modelo de derechos humanos y después de
conocer el modelo de la discapacidad. Después de haber conocido y
vivido todo eso, hubo algo que no me hizo sentido. Eso me obligó
a repasar mi historia de vida y, al hacerlo, me di cuenta de que yo
siempre he sido distinto a lo común, siempre he tenido otras inquie-
tudes, otra sensibilidad, otros intereses. No digo especiales, digo no
comunes. Dentro de una familia de cinco hermanos, por ejemplo,
yo soy el raro. Yo soy la oveja negra… o blanca, el que siempre ha
hecho cosas diferentes, el que se ha salido de la norma y de las reglas.
Después, al relacionarlo con los términos que se usan para entender
la realidad y la diferencia, la lógica me dice que soy anormal porque
no soy normal. Incluyendo la experiencia última de la psiquiatriza-
ción y la patologización, el término y el concepto que es más afín
a todo esto, es identificarme con la locura. Por eso digo que yo soy
loco de fábrica, lo que cobra pleno sentido para una forma distinta
de ser y de sentir, de relacionarse. Además una forma distinta y más
abierta a otras realidades, no solo de las que pueden ver, sentir y oír
la mayoría de la personas. Yo tengo la certeza de otras realidades,
de otras experiencias, de otros seres, de otros mundos y de otras
dimensiones. Y eso es la locura, eso es ser loco. Creo que es mucho
más entretenido y enriquecedor que ser normal, estándar, promedio,
ordinario. Y lo digo sin el acento peyorativo de lo que eso significa.
Postulo eso sí que no es un requisito para ser reconocido como loco
o loca haber vivido la experiencia de la psiquiatrización y, al revés,
también. Conozco personas que han vivido la experiencia de la
patologización de su forma de ser o de sus manifestaciones, algunas
han sido patologizadas y medicalizadas incluso, pero cuando uno las
conoce; cómo son, cómo se comportan, qué valores tienen, qué sensi-
bilidades, qué criterios, qué conceptos… yo no los asimilo a los locos.
Entonces, quiero decir que se puede ser loco sin haber estado nunca
psiquiatrizado y se puede haber estado psiquiatrizado toda la vida y
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 93
no ser loco o loca. No tiene que ver con eso. Es bastante común, que
las personas distintas, excéntricas, creativas o sensibles, dependiendo
de la cultura, sean diagnosticadas, encerradas y medicalizadas, pero
no es un requisito. Entonces, no me vengan con el cuento de que
todos estamos un poco locos porque no es así. Yo creo que se es loco
o no se es loco. Lo que se entiende por estar loco son estados transito-
rios, valoraciones que la gente le da a estados más o menos creativos,
más o menos sensibles, pero son estados. La locura es una forma de
ser, una forma distinta, una más de las diferencias naturales entre los
seres humanos hasta donde conocemos, porque puede ser que hayan
animales locos también, pero sabemos muy poco de eso y pensamos
que sabemos mucho. Esto es otra cosa de los normales.
El lado feo de la locura, pero por el concepto errado y secuestrado
que tiene la psiquiatría, me tocó vivirlo después.
¿Desde cuándo soy loco?
Mi experiencia con la locura en la amplitud antes señalada, es desde
chico. Desde chico me gustaban cosas que a la gente no le gustaban o
interesaban. Nunca calzó conmigo ninguna de las creencias religio-
sas que rondaban en la familia. No me hacía sentido pensar en esas
cosas segmentadoras, diferenciadoras, descalificadoras unas de otras.
Siempre pensé que había algo más y en algún momento de mi vida
encontré algunas respuestas, caminos que he estado siguiendo rela-
cionados con otras formas de creencias más universales, más holísti-
cas de lo que es la espiritualidad más que la religiosidad. También el
no sentirme solo parte de la familia sanguínea donde nací. Eso desde
chico. Siempre pensé que yo no era de ahí, que no pertenecía a ese
grupo. Que estaba ahí, que tenía vínculos de afecto con mis proge-
nitores, mi mamá, mi papá, con los hermanos, pero no me sentía de
ahí. Entonces creo que una parte de la locura es esta forma de saberse
un ser más universal, cada vez con menos limitaciones, con menos
fronteras. Por ejemplo las fronteras de la familia ampliarlas a la fron-
tera social o de humanidad. O esto del nacionalismo “soy chileno,
soy santiaguino”, eso nunca me calzó a mí. Por eso me considero un
ciudadano universal, no creo en las fronteras geopolíticas. Esos son
intereses económicos, de poderes. Siempre fui muy creativo también,
94 | Por el derecho a la locu ra
con mucha energía, siempre estoy pensando en hacer cosas, siempre
creando. Soy de tomar riesgos, de lanzarme a la vida, de abrir oportu-
nidades, de ir más allá, de creer que tenemos capacidades y potencia-
lidades ilimitadas como seres humanos. Creo que por eso en algunos
espacios de participación a veces me toca asumir cierto liderazgo. El
idealismo, la utopía, es parte de la locura, pero no como construcción
mental, teórica, académica, sino que como práctica en la vida. ¿Cómo
llegué a la locura? Cuando he sentido secuestrada mi libertad me he
revelado o he tenido manifestaciones contrarias. Todas esas veces he
tenido de vuelta un diagnóstico, un tratamiento, hasta la última vez
que viví plenamente lo que el sistema ofrece: la internación, la droga-
dicción, la contención física, el aislamiento, el estigma, la infantiliza-
ción, la incomprensión. En la actualidad la experiencia es colectiva,
al reconocerme yo como loco y a otros como locas y locos, amplié el
horizonte. Es reconfortante reconocer a otras personas, saber su histo-
ria de vida, ver en qué nos parecemos, saber qué tan sensibles son. Eso
ha sido muy enriquecedor. Como que mi grado de locura se ha ido
enriqueciendo con el grado de locura de los demás.
Pero mi experiencia no es única ni singular ni apartada. Es sistemática
y le pasa a la mayoría de las personas que tienen algún tipo de manifes-
tación, de externalización de un malestar, de experiencias traumáticas,
de abusos, abandono, descontento social, estrés, explotación, inseguri-
dad. Uno comete el error de hacer un símil entre la salud física y salud
mental. Entonces como cuando uno va al médico físico para que le dé
algo, un nombre a lo que le pasa, un diagnóstico y le da un tratamien-
to, uno va donde esta gente buscando lo mismo: que le dé un nombre,
una explicación de lo que le pasa y que le den algo para que se le pase.
Pero la psiquis no es el cerebro. La psiquis, la mente (que no es física),
el alma, ánimo, modelos, comportamientos y un montón de cosas
más, definitivamente no funcionan así.
Farmacologización para eso que nos pasa
Entonces, viviendo un proceso doloroso, difícil, yo recibí de vuel-
ta varios diagnósticos psiquiátricos y tratamiento farmacológico.
Porque eso es lo que ofrece hoy el sistema con muy pocas variaciones.
Estuve casi 9 años tomando drogas psiquiátricas. Pasé por varios
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 95
psiquiatras, una montonera de psicólogos que también son cómplices
del sistema opresor, estuve internado tres veces, intenté suicidar-
me otras varias, me contuvieron mecánicamente, me aislaron, me
inyectaron y si no hubiese sido que tuve la oportunidad de conocer
otras visiones, experiencias, empezar a tener el apoyo de algunas
personas para seguir un camino distinto, estaría como la mayoría
de las compañeras y compañeros que están en el sistema: altamente
medicados, aislados, sin participación social, sin proyecto de vida, sin
una vida realmente, esclavos del sistema, porque eso es lo que hace la
psiquiatría. Hay cárceles físicas, cárceles psiquiátricas y también están
las cárceles químicas, personas que están prisioneras de las drogas
psiquiátricas que ya está ultra estudiado que lo único que producen
es daño, daño y más daño.
El sistema como tal, el sistema sociopolítico, económico, tiene inte-
reses que van en contra de los propios intereses de los seres humanos
porque se relaciona más bien con los intereses de unas pocas personas,
codiciosas, ambiciosas. Por eso no les importa el daño que producen
las drogas psiquiátricas. Dentro de este sistema, históricamente, el
diferente, el raro, el anormal, ha tenido una carga negativa ya que a
estas cúpulas de poder les interesa que esta minoría se someta. Cuando
esto no ocurre, el raro, el anarco, el diferente, el que no se somete,
es señalado, apuntado, separado y combatido, cuando no encerrado,
torturado y muchas veces asesinado. Hablo de un montón de gente
rara, la gran mayoría anónimos, que ha luchado por ideales. Uno en la
historia conoce a algunos personajes solamente, pero está lleno de gen-
te que ha hecho luchas tremendas por ideales. En el ámbito de la salud
mental, la psiquiatría tiene la función algo así como la policía médica,
las fuerzas de orden que se encargan de mantener la paz social. En
nombre de la seguridad social someten, encierran, apresan, castigan
y torturan porque es absolutamente funcional a los intereses de los
opresores. Es así como uno puede ver que la psiquiatría tiene todos
los componentes, sociales, ideológicos, dogmáticos de estos poderes
fácticos y económicos. Las principales religiones del mundo tienen
intereses económicos y acá también la psiquiatría tiene una mafia con
las farmacéuticas que también son de las grandes corporaciones. El
modelo psiquiátrico es hegemónico, es violador de derechos humanos,
está contra las personas, no es pro salud porque es un negocio.
96 | Por el derecho a la locu ra
Ahí hay una reflexión importante dentro del activismo porque el
sistema está hecho para reproducirse. El sistema por sí solo no va a
generar algo distinto. Eso distinto hay que generarlo fuera del siste-
ma. Afuera del sistema se puede liberar a las personas físicamente,
moralmente, intelectualmente para que hagan con sus vidas lo que
quieran, para que no estén secuestradas por miedos, por la ignoran-
cia, por las farmacéuticas, por los intereses de los psiquiatras, de los
psicólogos, y todas las capas medias de profesionales que administran
a este sector. Esto en Chile y en el mundo, en Chile con más fuerza
porque es un laboratorio de ensayo de lo que pasa en Estados Unidos.
Se importa desde el modelo económico hasta el psiquiátrico: allá se
compra completo y acá se implementa a la chilena.
Activismo y derechos humanos en “salud mental”
Salud mental entre comillas porque en los sistemas de salud mental,
en lo que se entiende por salud mental desde la OMS con su bajada a
los diferentes países, en ese sistema, se violan los derechos humanos.
En ese sistema de salud mental, en los protocolos, programas, disposi-
tivos, practicas, se violan los derechos humanos. Es una cuestión que
cuesta mostrar porque en este país politizado en extremos, cuando uno
habla de derechos humanos siempre se piensa en la dictadura clásica
aunque ahora estamos en la dictadura del capital. Se habla de derechos
humanos e inmediatamente la gente piensa en detenidos desapareci-
dos, violaciones, tortura. Y todo eso está muy bien, pero los derechos
humanos van mucho más allá. A los locos y a las locas históricamente
se le han violado los derechos humanos desde la familia, los dispositi-
vos y los profesionales quienes, supuestamente, están para cuidarlos,
tratarlos, terapiarlos y sanarlos. Entonces, el activismo en derechos
humanos y salud mental consiste primero es denunciar que el sistema
de salud mental así como está y seguramente como se mantendrá por
muchos años, es un sistema vulnerador de derechos. Lo primero es
hacer esa denuncia. Lo segundo, es que la gente conozca cuáles son sus
derechos, que sepa que los tiene más allá de los derechos con los que
cuenta como paciente común y corriente en cualquier sistema de salud.
Ojala pase de paciente a impaciente, a consciente, que sea un actor
activo y no pasivo en lo que está pasando con su vida. Que sepa de su
tratamiento, de qué se trata su diagnóstico, por qué esas drogas y esas
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 97
marcas, por qué en esas combinaciones, por qué esas dosis, qué efectos
tiene a corto, mediano y a largo plazo, qué derechos tiene a disminuir
esas dosis, a cambiarlas, a cambiarse de médico, a tener apoyo de otros
profesionales, qué otros apoyos tiene en su vida que no tienen que ver
con lo que se entiende como su salud mental, en lo social, en lo fami-
liar, educacional, laboral, qué pasa con su participación social, política,
con su vida sexual, son su proyecto de vida. Que sepa que tiene todo
el derecho a equivocarse, a correr riesgos. Las personas que están en
el sistema de salud mental están infantilizadas, sobreprotegidas, bajo
el supuesto de que tienen que ser cuidadas y protegidas. Entonces son
negadas, por lo que no tienen derecho a tomar acciones, a proponerse
un plan de vida, un trabajo: “porque hay que cuidar que no se frustren,
hay que cuidar que no se descompensen, que no se desborden emocio-
nalmente”, una serie de nanaiterapias como les llamamos, de concep-
tos de cuidadores que son tremendamente nocivos porque estamos
hablando de personas adultas. Podrán tener una manera distinta de
ser, podrán tener singularidades, podrán tener ciertas fragilidades más
que otras, pero eso no los invalida para atreverse y tomar a decisiones.
Otro derecho clave es el de estar informado. Hay mucha información
disponible pero el sistema se encarga de difundir lo que le conviene.
En este ámbito, como en muchos otros, el conocimiento está secues-
trado por un grupo económico, en este caso, por los intereses de las
farmacéuticas. Existe información alternativa, creencias, cosmovisio-
nes, pero que la gente no las conoce y no las va a encontrar porque
el sistema se encarga de que no se difundan. El derecho a la informa-
ción variada, completa, diversa, se debe reforzar también.
El activismo entonces también tiene que ver con que la persona se
emancipe, autodetermine, empodere, personal y colectivamente.
Tiene que ver con una visión personal y colectiva porque en la medi-
da que se va rescatando la comunidad, lo común, lo colectivo, lo de
clan, lo de grupo, la persona se va recuperando. Lo que no se puede
solo se puede en grupo. La mayoría de las personas pierden víncu-
los sociales y las habilidades para cultivar esas relaciones. Entonces
quedan en un circuito cerrado de la casa al dispositivo y no tienen
una vida real, no tienen oportunidades, no tienen participación,
interacción. El activismo tiene que ver con eso también, con rescatar
a la persona a un escenario de comunidad, colectivo.
98 | Por el derecho a la lo cura
Sobre cómo llegué al activismo
Es lo que la vida me pone. La vida me ha puesto las experiencias y
las personas, para conocer, para apoyarme. Yo en el sistema era un
paciente modelo. Yo creía en la enfermedad mental, en los sínto-
mas. Que me faltaba o sobraba un neurotransmisor, yo creía que
tenía que tomar drogas para andar bien. Entonces era un paciente
modelo porque tenía conciencia de enfermedad y tenía adheren-
cia al tratamiento, dos pilares fundamentales que la psiquiatría se
encarga de fortalecer o imponer a como dé lugar. Por supuesto con
la complicidad de psicólogos, terapeutas y toda la gente que son los
lacayos de la psiquiatría.
Es interesante mi mutación porque de ser paciente modelo pasé a
convertirme en el enemigo del sistema. Las primeras motivaciones
fueron el reflexionar sobre las experiencias prácticas de lo que significa
seguir el modelo, porque como yo era el “paciente modelo” medicado
y con higiene del sueño y todo eso. Pero pasado algunos años, comen-
cé a notar que tenía problemas que se suponía no debería de tener o,
que por lo menos, nadie me dijo que iba a tener. Como por ejemplo
graves problemas de memoria, disfunciones sexuales, una subida de
peso enorme, problemas de concentración y habilidades cognitivas,
de habilidades sociales, retraimiento y un montón de cosas que van
asociadas. Entonces hice una comparación: “si yo me estoy tomando
estos medicamentos -porque no le decía drogas en esos momentos-,
¿por qué me están pasando estas cosas? ¿De dónde vienen?”, y empecé
a buscar información, a leer, a pensar y ahí se sembró una duda. En
paralelo, conocí a la compañera que tengo hoy día, con la que se me
abrió un mundo en lo que se entiende por derechos humanos, me re-
fiero a la convención de Naciones Unidas sobre discapacidad donde se
presenta otra forma de ver la situación de la psiquiatría, de los pacien-
tes mentales. Ahí le ponen el nombre de “persona con discapacidad
psicosocial o discapacidad de origen psíquico”. Al comienzo parecía lo
mismo con distinto nombre, pero igual sonaba interesante porque te-
nía un origen distinto, una parada más reivindicativa, una mirada más
social que no solo ponía la mirada en la persona. Empecé a ver cómo
había enorme diferencia entre los sordos, ciegos y los locos. Si la gente
con discapacidad era invisible en la sociedad, estigmatizada, vulnera-
da, discriminada, infantilizada, los locos dentro de eso más todavía. Y
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 99
como ese tipo de cosas siempre más que aplanarme me han motivado,
entonces me fui llenando de fuerzas y ganas de hacer algo con eso. En
ese proceso, además, empecé a pensar que era una buena idea desme-
dicalizarme, disminuir las dosis de las drogas psiquiátricas que estaba
tomando hasta dejar de tomarlas. Y comencé a buscar información y,
como la vida me lleva la vida me trae, conocí otros grupos radicales
contra los medicamentos. Al principio puse resistencia pero me atreví
a hacer el proceso. Con la ayuda de mi compañera, la Toñi, pude
lograrlo en el plazo de un año y medio, dejando de tomar las 4 drogas
psiquiátricas que tenía de base con el consentimiento y ayuda del psi-
quiatra que me atendía en esa época. La ayuda del psiquiatra fue solo
al principio porque la verdad es que él no sabía hacerlo y tampoco le
interesaba, sin embargo yo tenía que pagarle cada vez que lo iba a ver.
Así que terminé haciéndolo solo, por mi cuenta, gradualmente, algu-
nas cosas más rápido, otras más lentas y pagando las consecuencias
de eso también. Y hoy día voy a cumplir cinco años libre de drogas
psiquiátricas y con una vida con mucho más sentido, más interesante,
rica, amplia, que la vida que tenía no solo en el proceso de desmedi-
calización sino también de antes. Ahora soy una persona mucho más
feliz, íntegra. He crecido, he aprendido, he podido colaborar con otras
personas. Estoy contento con el activismo.
Mi experiencia como activista
Como activista y como defensor de derechos humanos, yo le agre-
garía promotor, porque hay que hacer la diferencia. El activismo es
como un montón de acciones prácticas pero hay tareas específicas
relacionadas con el difundir, poner el conocimiento a disposición de
las personas y esto es promoción. Defender los derechos humanos es
distinto porque implica acciones mucho más concretas, como accio-
nes legales, sociales, intervenciones con la persona, en los entornos
de las personas, a veces en contra de los intereses de la familia donde
están esas personas. Defender los derechos humanos de las personas
que están en los sistemas de salud mental implica mucho tiempo,
harta energía, pero para mí que vale la pena mil veces.
Lo que no sirve ni corresponde hacer ni como promotor, ni defen-
sor, ni activista, ni difusor, es tomar las decisiones por la persona.
100 | Por el derecho a l a locura
No podemos asumir el rol de reemplazar a la persona. No se puede
reemplazar la voluntad de la persona. Los procesos son individua-
les. Hay tiempos, hay recursos, contextos, hay pre-procesos que la
persona tiene que vivir, que su entorno tiene que desarrollar para
que a la persona se le dé la posibilidad de realmente liberarse de la
psiquiatría, del modelo de la enfermedad mental, del diagnóstico.
No podemos suplantar la voluntad de la persona, sino haríamos lo
mismo que hace la psiquiatría, imponernos sobre la persona. Y suena
sencillo decirlo pero cuesta bastante hacerlo porque uno se entusias-
ma. Quiere ver a la persona bien. Entonces hay que hacer un acompa-
ñamiento, un apoyo, un “apañe” decimos en los grupos. Y el respeto
que nosotros exigimos también tiene que existir para las personas
que apoyamos y esa es la autodeterminación. La persona es la que
tiene que hacer el camino. Uno puede sugerir, aconsejar, pero el ca-
mino es de la persona. Así se va construyendo: la persona da un paso
y uno va apoyando, luego da otro y uno vuelve a apoyar. Lo hemos
visto, yo lo he visto en un montón de compañeros y compañeras. Al
caminar juntos veo los pasos que dan, cómo se van emancipando. Yo
soy un convencido de que todos pueden hacer cambios. No hay nin-
guna persona que no pueda hacer un cambio de su situación. Puede
ser que haya algunas que no puedan dejar las drogas psiquiátricas de
por vida, puede ser, aunque yo creo que sí se puede. Puede ser que la
persona decida tomar menos drogas para estar más despierto, para
ser más funcional, ser más sensible, ser capaz de sentir, de relacionar-
se, de comunicarse. Pero todo ese abanico de posibilidades el sistema
nunca lo ofrece y nunca lo va a ofrecer. El sistema ofrece que uno no
tenga síntomas o, mejor dicho, lo que ellos califican como síntomas.
No hay ningún sistema que te ofrezca inclusión laboral, inclusión
social. Son un rotundo fracaso, la gente se inserta, se incluye por
otras vías o mezclando lo poco que recibe del sistema con otras cosas
particulares. A veces porque encontró una religión, porque encontró
un apoyo de otro tipo, porque se motivó por otra situación, pero el
sistema propiamente tal no lo entrega.
Hay que respetar otros tiempos y ritmos, la naturaleza trabaja con
otros tiempos. Yo miro a compañeras y compañeros, los miro y me
los imagino sin medicación. Sin esas mochilas que andan trayendo
de lo que el sistema les ha impuesto. Son personas que están semi-
destruidas, aplastadas por el sistema, pero en latencia hay tremendos
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 101
potenciales y con eso trabajamos, con los sueños y capacidades de las
personas. No estamos ni ahí con el diagnóstico, no nos interesan, no
nos asustan ni los validamos, nos importan las personas, sus sueños,
proyectos, capacidades, miedos también si los quiere compartir, sus
inseguridades, sus debilidades, como comunidad.
El sistema de salud mental en Chile
El sistema de salud en general está basado en el síntoma, es decir, no
es un “sistema de salud”, es un sistema de medicamentos y procedi-
mientos. Además, está mercantilizado y el sistema de salud mental
es una de las ramas de ese sistema. Entonces todo lo que se pueda
medir, parametrizar y transformar en metas y objetivos económicos:
presupuestos, bonos, cobertura, prestaciones, canasta, obedece a una
lógica mercantil. La gente piensa que en los dispositivos de salud está
la salud y la verdad es que en los dispositivos de salud están las pres-
taciones que al sistema le interesa entregar a las personas para reparar
la salud quebrantada. Lo que en realidad hace es atenuar síntomas o
manifestaciones. Lo que debería hacer el sistema de salud es invertir
las prioridades. Un sistema de salud mental, por ejemplo, debería es-
tar pensando en invertir en mejorar las relaciones entre las personas,
en más recreación, más ocio, más cultura, en más deporte, porque
eso es pensar en salud. No es salud mental más prestaciones, más
camas psiquiátricas, medicamentos, especialistas, más enfermeras
o más psicólogos. Tú levantas una piedra y salen veinte psicólogos.
Engrupidos como ellos solos que van a sanar a la gente. No necesita-
mos más de eso, ya llevamos demasiado tiempo haciendo lo mismo.
En general en salud, debería hacerse mucho más en promoción y
prevención que en tratamiento y en salud mental lo mismo. Pero
como los incentivos perversos están puestos al otro lado, entonces se
invierte más en tratamiento y por eso los hospitales están llenos, las
consultas llenas. La gente consulta al médico por puras tonteras, por
cosas que podría solucionar en la casa con una hierba, una venda, un
agua caliente, con un componedor de huesos. Como el sistema tradu-
ce todo en prestaciones y hace sus estadísticas, sigue igual y la gente
consume, pide más de eso, ¡cuán consumo de bienes y servicios! La
salud se ha convertido en un bien mercantil y eso no es la salud, la
salud es algo que nos pertenece a nosotros. La salud mental incluida,
102 | Por el derecho a la loc ura
es un bien común y personal que es el resultado de lo que yo hago,
de lo que yo ingiero. Y me refiero a ingesta en todo sentido: nutriti-
va, emocional e intelectual. Es decir, tienen que ver con lo que leo,
escucho, qué tan sano como, cuánto deporte hago, cómo me relacio-
no con las personas, cómo resuelvo mis conflictos, cómo colaboro.
No tiene que ver con consumir, ser exitoso, competir y todo lo que el
sistema promueve.
En Chile, no ha habido avances en el tema de la salud mental. Abso-
lutamente no. Institucionalmente cada vez el modelo se profundiza
más. Lo que hacen los psiquiatras, tecnócratas, los abogados y los po-
líticos que se mueven en las esferas de poder, es maquillar el sistema.
Hay un montón de gente especialmente de la Nueva Mayoría1 que se
juran progresistas que hablan de salud mental comunitaria, psiquia-
tría social, pero es maquillaje. Lo único que está detrás de eso es lo
mismo: más medicamentos, más prestaciones. Han prometido un
montón de veces cerrar los manicomios en Chile, por ejemplo, no lo
han hecho y no lo van a hacer, porque la lógica manicomial psiquiá-
trica va a estar ahí, en esos dispositivos. Lo que ellos entienden como
salud mental comunitaria lo llevan a las casas, a los territorios. Hay un
montón de gente preparada supuestamente como monitor o agente
comunitario en salud mental y lo que hacen es reproducir el sistema:
perseguir a la persona, ir a crearle conciencia de enfermedad, ir a ur-
girla a la misma casa para que vaya al dispositivo, para que le suban las
dosis, para que adhiera al tratamiento, entonces el modelo psiquiátri-
co se profundiza, lo que pasa es que se maquilla, por eso que quieren
crear una ley de salud mental porque no quieren pasar vicisitudes.
Quieren tener presupuestos y cargos asegurados, sueldos asegurados.
Yo creo que somos el país más enfermo o bien uno de los más enfer-
mos del mundo porque el modelo neoliberal caló profundo. Leen las
cifras que a ellos les interesan. Les interesa hablar de que hay índices
de depresión tremendos, segundo lugar en suicidio infanto-juvenil
en los OCDE. Creo que es el país más depresivo de la OCDE, pero
nunca van a hacer el vínculo con el estrés, con la explotación, con
la mala alimentación, porque la gente podrá comer mucho, pero
1 Coalición política que agrupa a un conjunto de partidos de centroizquierda que en
marzo del año 2014 se transformó en gobierno tras la asunción de Michelle Bachelet
en la presidencia de la República de Chile.
la reinvención de l a salud mental en américa l atina | 103
ahora pero come pura basura. Con la cantidad de mugre que tragan
de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión, como es
la publicidad, la violencia y todo eso, es basura contaminante que el
sistema defensivo del ser humano, el biológico y el psicoafectivo, lo
devuelve como manifestación. Igual como el cuerpo físico se infla-
ma, se afiebra, se infecta, el sistema psicoafectivo también devuelve
eso y lo devuelve con manifestaciones del tipo que no tienes ganas
de vivir, que no te quieres levantar, que piensas que la vida no vale
la pena. U otras manifestaciones más distintas como separarse de
esta realidad, ver cosas que otros no ven, escuchar cosas que otros no
oyen, construir realidades paralelas porque el mundo duele, por-
que la realidad es insoportable y es parte del sistema inmunitario y
psicoafectivo, pero el sistema lo lee como una enfermedad y le pone
un nombre y lo trata con drogas. Entonces estamos enfermos, pero
de esa enfermedad, del consumo, de la basura que consumimos y de
la falta de conciencia de lo que es esencial, importante, de lo que es la
salud, que la salud es un bien que hay que cuidar y que se construye
día a día y no con un tratamiento. Está bien, si estas en un cuadro, si
tienes una fractura, toma algo que te pueda ayudar, que acompañe
tu proceso físico, como un analgésico, en lo psicoafectivo también. Si
tienes una manifestación acompañemos ese proceso, pero no lo cor-
temos, no lo diagnostiquemos, no lo interrumpamos y por ningún
motivo lo empeoremos con las drogas psiquiátricas, con la basura del
electroshock, la internación, amarrar a una persona o esterilizarla,
eso es tortura y en Chile se sigue practicando. Esa es la peor cara de
los derechos humanos en la salud mental.
Por eso nosotros estamos en la resistencia y seguimos creciendo.
Diría que directamente proporcional y espero que podamos superar
el índice de crecimiento que tienen ellos. Tienen el poder, tienen el
monopolio y los recursos. Claramente es una lucha desigual, pero
con la convicción y amor que tenemos, estamos dando una buena
lucha y una buena pelea. De ahí que debemos construir el activismo
más allá de lo indiv