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Abstract

La pandemia de COVID-19 ha significado una crisis importante para el Ecuador. Afectó gravemente a la situación económica de la población e implicó decisiones inmediatas en materia educativa, así como incertidumbre y expectativas negativas en lo laboral. Como experimento social involuntario, mostró los quiebres en tres tipos de conocimientos: el conocimiento práctico y cotidiano de la población, el conocimiento científico y sobre la ciencia, y el conocimiento emocional. La formación de estos conocimientos facilita a la difusión de información falsa, la incomprensión de la ciencia, y la confusión emocional. Para esto, el artículo se basa en una encuesta de alcance nacional a más de 2.000 hogares en el Ecuador, levantada entre mayo y julio de 2020. Estos datos permiten una revisión de los impactos sociales de la pandemia, incluyendo las estructuras pre-existentes que los hicieron posibles.
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Verdades y mentiras sobre la COVID-19 en
Ecuador: ruptura de conocimientos y sus
efectos sociales
Verdades e mentiras sobre a COVID-19 no Equador:
ruptura de conhecimentos e seus efeitos sociais
Truths and lies about COVID-19 in Ecuador: knowledge
breakdown and its social effects
Philipp Altmann
Universidad Central del Ecuador, Quito, Ecuador
paltmann@uce.edu.ec
Rafael Polo
Universidad Central del Ecuador, Quito, Ecuador
rafaspolob@yahoo.com
Katiuska King
Universidad Central del Ecuador, Quito, Ecuador
kkking@uce.edu.ec
María Rosario Maldonado
Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España
rmaldona@hotmail.com
Resumen: La pandemia de COVID-19 ha signicado una crisis
importante para el Ecuador. Afectó gravemente a la situación económica
de la población e implicó decisiones inmediatas en materia educativa,
así como incertidumbre y expectativas negativas en lo laboral. Como
experimento social involuntario, mostró los quiebres en tres tipos de
conocimientos: el conocimiento práctico y cotidiano de la población, el
conocimiento cientíco y sobre la ciencia, y el conocimiento emocional.
La formación de estos conocimientos facilita a la difusión de información
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falsa, la incomprensión de la ciencia, y la confusión emocional. Para
esto, el artículo se basa en una encuesta de alcance nacional a más de
2.000 hogares en el Ecuador, levantada entre mayo y julio de 2020. Estos
datos permiten una revisión de los impactos sociales de la pandemia,
incluyendo las estructuras pre-existentes que los hicieron posibles.
Palabras clave: Conocimiento. Emociones. Ciencia. Estado. Economía.
Resumo: A pandemia da COVID-19 signicou uma grande crise para
o Equador. Afetou gravemente a situação econômica da população e
envolveu decisões imediatas em questões educacionais, bem como
incerteza e expectativas negativas em questões trabalhistas. Como um
experimento social involuntário, mostrou rupturas em três tipos de
conhecimentos: o conhecimento prático e cotidiano da população, o
conhecimento cientíco e sobre a ciência e o conhecimento emocional. A
formação desses conhecimentos facilita a disseminação de informações
falsas, a incompreensão da ciência e a confusão emocional. Para tanto, o
artigo se baseia em uma pesquisa de âmbito nacional com mais de 2.000
domicílios no Equador, realizada entre maio e julho de 2020. Esses dados
propiciam uma revisão dos impactos sociais da pandemia, inclusive das
estruturas pré-existentes que os tornaram possíveis.
Palavras-chave: Conhecimento. Emoções. Ciência. Estado. Economia.
Abstract: The COVID-19 pandemic has meant a major crisis for Ecuador.
It seriously aected the population’s economic situation and involved
immediate decisions in educational issues, as well as uncertainty and
negative expectations in labor issues. As an involuntary social experiment,
it showed three types of knowledge breakdown: the population’s practical
and everyday knowledge, scientic knowledge and knowledge about
science, and emotional knowledge. Building these knowledge types
makes things easier to spread false information, misunderstanding of
science, and emotional confusion. To do this, the article is based on a
nation-wide survey with over 2,000 households in Ecuador, carried out
between May and July 2020. These data enable a review of the pandemic’s
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social impacts, including the pre-existing structures that made them
possible.
Keywords: Knowledge. Emotions. Science. State. Economy.
Data de recebimento: 07/10/2020
Data de aprovação: 23/02/2021
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Introducción
La crisis social causada por la COVID-19 signica por varias
razones una ruptura fundamental de la sociedad y su funcionamiento.
Las ciencias sociales aún no han sido capaces de renovar sus
esquemas de interpretación para adaptarse a esta nueva realidad.
Aún no lograron responder al hecho de que la COVID-19 representa
un “breaching experiment” garnkeliano natural (SCAMBLER, 2020)1
que muestra lógicas básicas del funcionamiento de la sociedad
justamente a través de su ruptura. Según esta perspectiva, somos
testigos de cómo se rompe el “entendimiento común como un
acuerdo compartido sobre asuntos sustantivos” (GARFINKEL,
2001, p. 96). Eso hace posible investigar los “logros contingentes de
prácticas comunes organizadas” (GARFINKEL, 2001, p. 99) –y, con
eso, partes relevantes de la sociedad que aparecen naturalizadas.
El conocimiento juega un rol central en esto a través de varias
dimensiones: en cuanto al conocimiento práctico, que orienta el hacer
cotidiano y el día a día de los individuos, en cuanto al conocimiento
cientíco, que lucha para adaptarse a la nueva realidad, buscando
capturar una lógica de los comportamientos sociales, y en cuanto
al conocimiento emocional, la vivencia subjetiva de percepción de
un mundo natural (HUSSERL, 2015), impactado por el choque de la
pandemia. Estas tres dimensiones de conocimiento se despliegan
con la ruptura de la COVID-19, la denen parcialmente, y son
inuenciadas por la crisis social. El acercamiento al conocimiento
parte de la sociología fenomenológica y corrientes anes. Esta
base conceptual tiene la ventaja de no enfocarse en primer lugar
en preguntar si el conocimiento es correcto o falso, sino en cómo
se constituye como tal a nivel social. Eso permite profundizar en
la constitución de las prácticas e instituciones sociales, incluyendo
aquellas que se basan en información falsa según los estándares
del conocimiento cientíco.
1 Los experimentos de ruptura, o breaching experiments, de Harold Garnkel, son experimentos sociales en los cuales algunos
actores rompen o ignoran a propósito determinadas reglas en determinadas situaciones con el n de hacerlas visibles y de
probar la reacción a esta ruptura.
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A pesar de ser un tema muy actual, ya existen algunos
trabajos interesantes sobre la pandemia de COVID-19. Más allá del
sorprendente número de reexiones losócas que acompañaron
a la pandemia, por ejemplo Žižek (2020), salieron textos relevantes
que insisten en la importancia de la perspectiva y del trabajo global
en la sociología (PLEYERS, 2020) y la relevancia geopolítica de la
pandemia (BRINGEL, 2020). De especial interés para nuestro trabajo
son los estudios que ya a partir de una base de datos relevante
emprenden reexiones sobre los impactos sociales (ABRAMS y
SZEFLER, 2020) o que logran integrar esta nueva experiencia en un
panorama teórico establecido (ARNOLD, PIGNUOLI y THUMALA,
2020).
Este texto se basa en una encuesta parcialmente aleatoria
de alcance nacional con una muestra de 2.132 hogares de todas
las provincias del Ecuador, aunque no es representativa a nivel
nacional. En un contexto de movilización restringida, donde la
recolección de información en campo no podía ejecutarse de
forma tradicional, los desafíos metodológicos para levantar
información no eran menores. Por ello, se consideraron distintas
aproximaciones para el relevamiento de la información de tal
forma de garantizar un levantamiento adecuado sin sesgos de
muestras autoseleccionadas (TRIOLA y LOSSI, 2018).
Se optó por utilizar una aplicación a través de mensajes de
celular vía WhatsApp, respetando las normas de uso de la misma.
Para una parte de la muestra se utilizó un método de muestreo
aleatorio estraticado con ajación proporcional, por tanto según
la clasicación de Couper (2000) para esa parte de la muestra el
método sería probabilístico con muestras basadas en listas.
El levantamiento de información de la encuesta utilizada
permitió llegar a la conclusión que es indispensable establecer
relaciones de conanza para que la encuesta tenga credibilidad y
pueda ser llenada. En el contexto del connamiento, en Ecuador
aparecieron varias encuestas de distinta índole por lo que fue
importante mantener información sobre el carácter académico
del proceso estadístico a través de una página web del proyecto
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(www.covid19uce.com). Esto, así como el envío de mensajes
ociales, facilitó el relevamiento y mejoró la conanza y la tasa de
respuesta entre los informantes del hogar entrevistados (KING y
MALDONADO, 2020).
La crisis social, política, y económica producida por la COVID-19
y las medidas asociadas tuvieron un impacto fuerte en la sociedad
ecuatoriana y lo siguen teniendo, dadas las perspectivas futuras
económicas de reducción de la actividad económica que el propio
Banco Central del Ecuador (2020) estima entre -7.3% y -9.6% como
decrecimientos esperados en el año 2020 y que a nivel de América
del Sur, la CEPAL (2020) estima un decrecimiento del 9.4% para la
región. Un factor central en eso es el alto nivel de informalidad –que
también imposibilita seguir a las medidas de restricción (ABRAMS
y SZEFLER, 2020).
La información recabada en la encuesta muestra una
afectación económica tanto en el ámbito remunerado como en el
no remunerado. En la primera, en el 37% de todos los hogares
al menos una persona en relación laboral asalariada sufrió
un impacto económico por reducción de la jornada laboral,
suspensión temporal de contratos o desempleo por la COVID-19.
El principal impacto fue la reducción del tiempo de trabajo durante
la pandemia. Mientras que, en el segundo ámbito de la economía
del cuidado, la encuesta, indica que para el 44% de los hogares
estas tareas se concentran en una sola persona, probablemente
la mujer.
En el ámbito laboral, las expectativas no son alentadoras, ya
que el 39% considera que la situación laboral luego de la pandemia
empeorará, el 15% piensa que irá al desempleo, y el 6% se dedicará
a tareas del hogar. El desglose se presenta en el Gráco 1. Esto
se podría agravar de mantener la aplicación de políticas de ajuste
estructural (KING y SAMANIEGO, 2020). La incertidumbre en
materia laboral es del 21%.
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Gráco 1. Expectativa de cambio de la situación laboral luego de la pandemia
Fuente: Elaborado por los autores.
Las perspectivas futuras no eran alentadoras en la medida que
la respuesta inicial del gobierno a la pandemia estuvo marcada
por el caos en la ciudad de Guayaquil, donde no solo se produjo un
mal manejo de los contagiados iniciales, sino que representó una
crisis sanitaria y funeraria al punto que existieron cuerpos que no
fueron identicados.
Sin embargo, es en términos educativos que el 38% de los
hogares ya tomaron decisiones sobre la educación de algunos
de sus miembros. La respuesta principal a la afectación fue que
el 33% iba a esperar las clases presenciales, el 3% realizaría un
retiro temporal, y el 2% realizaría un cambio de establecimiento.
Mientras que el 9% tenía incertidumbre futura sobre la educación
de sus hijos.
El presente artículo revisa cada tipo de conocimiento
denido arriba de forma individual. Comienza con una revisión
del conocimiento práctico y sus impactos. Después, profundiza
en el conocimiento cientíco y las cuestiones epistemológicas.
Y, nalmente, se enfoca en la relación entre conocimiento y
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emociones. Eso signica que no vamos a analizar sistemáticamente
la política del gobierno y sus efectos sobre la crisis. Para aquello,
recomendamos la página del Observatorio Social del Ecuador
(https://www.covid19ecuador.org/).
Información, conocimiento y creencia
Ya desde hace algún tiempo, cambió el régimen de formación
y legitimación de conocimiento en la sociedad. Los mecanismos
establecidos se ven bajo ataque, otros mecanismos alternativos se
establecen. Los mecanismos de explicitación en los mundos de vida
de la gente llegan a su límite. La nueva experiencia de la COVID-19
estalla la “validez ‘hasta nuevo aviso’” (SCHÜTZ y LUCKMANN,
2003, p. 29) típica de cómo se procesan experiencias nuevas. Si
seguimos la pista de Berger y Luckmann (2001), podemos detectar
una renovada competencia entre instituciones que conlleva una
competencia entre conocimientos. El conocimiento, así entendido,
es el mecanismo socialmente formado para entender el mundo,
“‘programa’ los canales en los que la externalización produce
un mundo objetivo; objetiviza este mundo a través del lenguaje
[…]. Se internaliza de nuevo como verdad objetivamente válida
en el curso de la socialización” (BERGER y LUCKMANN, 2001,
p. 87). En breve, la verdad se dene a partir del conocimiento
que se determina por la institución a la cual pertenece. El factor
clave para defender al conocimiento no es una verdad objetiva,
comprobable en relación con el “mundo real”, sino la legitimación
como mecanismo de integración institucional. Eso signica que no
es de inmediata relevancia que un conocimiento sea correcto o
falso a nivel objetivo, sino que es entendido como producto de un
contexto social en el cual cumple un rol importante. Obviamente,
eso aplica igualmente a los resultados del conocimiento –van a ser
interpretados dependiendo del contexto particular, incluyendo
resultados desastrosos.
Desde siempre hubo el “problema de proporcionar signicados
integradores que abarquen la sociedad y provean un contexto
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total de sentido objetivo para la experiencia social fragmentada
y el conocimiento del individuo” (BERGER y LUCKMANN, 2001, p.
108). No obstante, todo indica que este problema se agravó en las
últimas décadas, en parte por las estrategias de deslegitimación
de ciertos mecanismos de producir conocimiento (KAPANTAI et
al., 2021), especialmente a través de la desinformación (HWANG,
2020). Simplicando, se podría decir que parece que la ciencia y
la educación son atacadas por la política y la religión. La sociedad
de la “post-verdad”, donde las pequeñas narrativas reemplazan
a las grandes, produce desorientación y desconexión y hace
complicada la diseminación de reglas claras (SCAMBLER, 2020). La
“post-verdad” se deja, por lo tanto, entender como una instancia
donde se asume que el individuo existe más allá del lazo social y del
mundo de las estructuras que lo denen y lo condicionan, donde la
fuerza de la argumentación desaparece en benecio del parecer,
de la opinión o, simplemente, de la mirada moral (FOLLARI, 2017).
De esta manera, las institucionalizaciones anticientícas pueden
imponerse más fácilmente, dado que las institucionalizaciones
cientícas se debilitan por su falta de visibilidad y su complejidad
inherente. Eso se da en un contexto donde “la relación entre el
conocimiento y su base social es dialéctica […] el conocimiento
es un producto social y un factor de cambio social” (BERGER y
LUCKMANN, 2001, p. 111-112). Por lo tanto, no se trata de una
simple divergencia de ideas –se trata de la creciente legitimación
de un conocimiento que produce una sociedad determinada.
Eso está vinculado a la persistente heteronomía y su producto
inmediato: una población considerable de personas poco reexivas
y con tendencias autoritarias. El capitalismo contemporáneo se
dene hoy, como hace 50 años, por “[l]a presión de lo general
dominante sobre todo lo particular [que] tiende a desintegrar
lo particular e individual así como su capacidad de resistencia”
(ADORNO, 1998, p. 81). Eso produce una “[g]loricación de la
autoridad per se sin ninguna idea especíca del objetivo para el que
sirve esta autoridad” (HORKHEIMER, 2003, p. 160) –una proporción
importante de la sociedad busca alguna autoridad, la que sea,
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para poder seguir su vida. Al mismo tiempo, tienen una profunda
desconanza de explicaciones abstractas y personas consideradas
como élite (MUKHTAR, 2021, p. 115). Es ahí cuando explicaciones
más simples, típicamente defendidas por personas en posiciones
de poder político y apelando al “sentido común”, pueden vivir una
coyuntura sorprendente.
Podríamos expresar de manera radical que la COVID-19
se topa con una sociedad marcada por la oposición de dos
formas de conocimiento. Existe un conocimiento comprobado
sistemáticamente, o conocimiento que salva. Es el conocimiento
de las reglas básicas de higiene, distancia física, y el uso de
mascarillas. Opuesto a este conocimiento podemos encontrar el
conocimiento anticientíco, o conocimiento que condena. Eso es el
conocimiento del poder curativo del cloro, el conocimiento sobre
los efectos dañinos del 5G y sobre el rol de George Soros, Bill
Gates, y demás conspiradores. El segundo tipo de conocimiento
está explícitamente contrapuesto al primero –y se difunde mucho
más que aquel. Esto reemplaza una reexión constante y basada
en estudios cientícos con una seudo-reexión que rechaza a ‘los
medios’, ‘los poderosos’, lo siempre ya sabido. La oposición de
estos dos conocimientos corresponde, por lo tanto, a una oposición
entre una aceptación crítica del orden social vigente y su rechazo
acrítico e irracional.
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Gráco 2. Medio por el que recibió información sobre COVID-19
Fuente: Elaborado por los autores.
En el caso ecuatoriano, el conocimiento que condena predomina:
la fuente de información más consumida (con 70%) es una de
las menos conables (20,8% de los encuestados expresan no
conarla) según la encuesta –los medios de comunicación de masa
nacionales. Algo parecido ocurre con la fuente menos conable,
el WhatsApp (30,3% de los encuestados desconfían), que con
un consumo de 32% se ubica aún por delante de la fuente más
conable, la Organización Mundial de la Salud (OMS) (con un 26,2%
de encuestados que expresan conanza), que es consumida por
31% de la población encuestada. El WhatsApp, como red social, es
en este caso la entrada más fácil para la desinformación (KAPANTAI
et al., 2021). Eso signica que el conocimiento que salva tiene pocas
posibilidades de contrarrestar al conocimiento que condena: un
porcentaje importante de la población se informa por canales que
son considerados como poco conables. Los resultados son claros,
el conocimiento que salva no se difunde. Solo el 39% de hogares
sabe por qué se instalaron las medidas de connamiento. Por lo
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tanto, su constante irrespeto no se reduce a la necesidad de ganar
dinero (AGUILERA, 2020) o, como las autoridades dicen, a una falta
de respeto a la ley. Se trata más bien de un conocimiento que no
es vinculado con el conocimiento tan ampliamente difundido:
el conocimiento que condena. Por lo tanto, el conocimiento
comprobado es considerado como conspiración, falso o engaño.
Otro dato llamativo es él que solo el 23% de los hogares ha oído
hablar del factor de reproducción (R0) del virus. Eso signica que
carecen de la idea más básica para poder entender la difusión del
virus o la necesidad de protegerse.
Corresponde con la teoría que los que expresan conar en el
gobierno tienen un conocimiento signicativamente inferior de la
razón de connamiento. Entre ellos, solo un 28% sabe por qué no
pueden salir normalmente. En la población que desconfía al gobierno,
este número es mucho mayor, con 42%. Estos datos comprueban
que una parte considerable de la población carece de capacidad
de autorreexión crítica. Simplemente hacen lo que les dicen, sin
preguntarse por qué, sin, ni siquiera, informarse bien por qué.
Gráco 3. Conocimiento de la razón del connamiento cruzado por la
conanza en la gestión del gobierno durante la pandemia
Fuente: Elaborado por los autores.
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Este panorama oscuro se rompe con la evidencia de la
importancia de la educación formal. Resulta que los hogares que
más conocen las razones del connamiento son aquellos hogares
encabezados por jefes de hogar con nivel educativo superior, así
como aquellos que se informan a través de la OMS. A medida que
el nivel educativo aumenta se encuentra un mejor conocimiento
de la razón del connamiento y los hogares buscan fuentes de
información más conables. Quizá la educación no sea la cura,
pero parece que, al menos en este caso concreto, puede funcionar
como vacuna en contra del conocimiento que condena.
Conocimiento, ciencia, epistemología
Los individuos y sus mundos perceptivos son,
fundamentalmente, fenómenos históricos. Esta es una armación
de lugar común en que todos convergen, sin embargo, hay que
realizar precisiones. La relación de los individuos con el mundo
al que pertenecen está conectada por medio de una multitud
de mediaciones. Estas mediaciones son el lenguaje, el campo
instrumental y técnico, las tramas institucionales, y los múltiples
sistemas simbólicos culturales que les dotan de un horizonte de
sentido. Las sociedades fabrican la individualidad, las subjetividades
compartidas y las corporeidades con el proceso de subjetivación
capaces de garantizar la reproducción de su forma social
(POLO BONILLA, 2020). Este proceso tiene como mecanismo la
internalización de lo social como categorías de lo subjetivo. No hay
subjetivación al margen de los procesos de racionalización técnica
del mundo de la vida (MARTUCCELLI, 2007). La subjetivación genera
en el individuo la sensación de naturalidad y de familiaridad con el
mundo de la vida en la que vive. Al ser él mismo una construcción
histórica, olvida la materialidad histórica en la que se sitúa, un
campo de posibilidades estructurales potencialmente realizables.
El individuo adquiere conocimiento y reconocimiento en su
relación con el mundo de modo constante. Es, por una parte, un
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conocimiento heredado (en forma de esquemas, habitus, rutinas,
prácticas tradicionales, etc.) en permanente activación en la vida
cotidiana como un lugar de despliegue de lo histórico naturalizado
y convertido en actos, gestos o prácticas, es lo que podríamos
denominar como el campo del reconocimiento; y, por otro lado,
se crea un nuevo conocimiento con la investigación cientíca. El
conocimiento no se produce solamente en el encuentro entre
un cuerpo sensible y un campo de objetos, ambas dimensiones
están cargadas de historicidad, sino en el campo de las prácticas.
El individuo percibe e intuye con las categorías culturales,
sociales, etc. adquiridas en el proceso de subjetivación que se
han hecho cuerpo, gesto, desplazamiento prosémico, es decir,
están corporizadas. Ningún conocimiento en el mundo humano
puede reducirse solamente a su condición biológica, el individuo-
cuerpo es una materialización de relaciones sociales, es un haz de
relaciones históricas, es, por tanto, un ser que activa en la repetición
la posibilidad de la diferencia. Podemos decir que, para producir
conocimiento, es necesario que se realice un encuentro entre el
individuo-cuerpo y los objetos en un espacio de relaciones sociales
e históricas, encuentro ya de por sí mediado por la dimensión
técnica, por el lenguaje, y por la memoria histórica (ECHEVERRÍA,
2010).
La praxis del conocimiento es, en primer lugar, una
objetivación en la conciencia de la situación en la que se existe
como ser social. Conocer, en este primer punto, es reconocer
el mundo y las categorías con los cuales ese mundo ha sido
construido. En este sentido, el conocimiento no es un reejo o
una recepción pasiva, en la conciencia; es una composición social
de un mundo subjetivo categorial y un orden de la experiencia.
Otros han identicado el ejercicio del reconocimiento como el
espacio del mito, de los imaginarios sociales, de las ideologías, de
las categorías socioculturales y sociohistóricas. Por tanto, nuestras
primeras representaciones de lo que nos acontece operan en este
segmento constituido por un mundo de precomprensiones desde
los cuales otorgamos sentido a nuestras prácticas y emociones.
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Reconocer es activar las categorías interiorizadas en mundo
de operaciones práctico materiales, es decir, en las prácticas y
racionalidades que generan objetos, subjetividades, instituciones,
relaciones éticas –mi relación con el otro es, en principio, una
relación ética como sugiere Lévinas (2015). La idea de conocimiento
como reconocimiento es de origen platónica que, sin embargo,
para nosotros es útil en la medida en que nos permite comprender
las respuestas inmediatas y mediatas a lo que nos sucede como
individuos sociales y los signicados históricos sociales de los
lenguajes y las prácticas. No comprendemos de modo inmediato el
acontecer fáctico, lo percibimos, lo sentimos, sin embargo, damos
una respuesta inicialmente desde el reconocimiento. Es lo que
podríamos llamar una respuesta desde la vivencia espontánea,
en la que es necesario reconocer el carácter histórico de las
categorías de comprensión y percepción desde la que se realiza
una “interpretación”.
La “vivencia espontánea” de la pandemia está cargada
de valoraciones religiosas. El temor y la ira van asociados a la
incertidumbre (en lo laboral y lo educativo) como emociones y
actitudes que se materializan en actualizar fronteras étnicas y
sociales previas. Según nuestra encuesta, un 36% siente miedo y
un 9%, ira. Un 21% tiene incertidumbre en lo laboral, un 9% en
lo educativo. En este grupo resalta que la incertidumbre laboral
predomina en aquellos hogares liderados por mujeres o personas
de la tercera edad. El dar forma a una vivencia no está desligado de
las inscripciones sociales y culturales de los individuos, las cuales
se ven potenciadas y exacerbadas en momentos de crisis social.
Ésta promueve un tiempo extraordinario, donde lo habitual por
momentos ha perdido sus horizontes de signicaciones. Lo habitual
cotidiano se desdibuja. Se vive un reordenamiento de los vínculos
entre familiares, amigos, espacios laborales; también se está
constreñido a tomar decisiones que afectan los destinos previos
a la pandemia, ya irremediablemente resquebrajados, como el
trabajo, los lugares de estudio, o las relaciones afectivas. En los
momentos extraordinarios, como lo es la vivencia en pandemia, los
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códigos, por medio de los cuales un mundo histórico dota de una
forma determinada a su proceso de reproducción, entran en un
proceso de re-conguración (ECHEVERRÍA, 2010). Los momentos
extraordinarios son aquellos donde una comunidad política, un
mundo civilizado, entra en peligro, vive una “zona límite”, por lo
que se ve obligada a replantearse sus valores, creencias, y rutinas.
Se ve obligada a inventarse otra normalidad (ECHEVERRÍA, 2010).
En esta perspectiva, conocer es elaborar el concepto de lo que
acontece, como sus reglas, lógicas y condiciones de posibilidad.
El conocimiento no se produce al margen del campo institucional
(CERTEAU, 2010), pues los enunciados que genera la ciencia en su
praxis no lo realizan al margen de las reglas que hacen posible
la formación de objetos y producción de problemas. Se realiza al
interior de un paradigma. Al respecto Kuhn (2004, p. 48) señala:
“ninguna historia natural se puede interpretar en ausencia de al
menos algún cuerpo implícito de creencias teóricas y metodológicas
entrelazadas que hagan posible la selección, la evaluación y la
crítica”. La ciencia, como se sabe, construye sus problemas como una
rejilla de visibilidad e inteligibilidad. El espacio del reconocimiento,
el mundo familiar en que vive sumergido el individuo, es aquello
que la producción de la ciencia tiene que destruir para hacer
posible la aparición del concepto que traduce la lógica de lo real.
El reconocimiento opera como un obstáculo epistemológico
(BACHELARD, 1978). Obstáculo que, a su vez, impone una mirada,
una valoración en la comprensión de los objetos, los fenómenos,
las percepciones sensibles. El obstáculo nos impone un modo de
percibir los objetos. Desde esta perspectiva no debemos confundir
el objeto, el fenómeno, con el concepto que construimos social
e institucionalmente de él. Las diversas medidas tomadas para
mantener la cuarentena, como medida de protección de los
individuos por parte de los Estados, no pueden confundirse con
la seguridad, menos aún con una cura; son acciones biopolíticas
basadas en el discurso médico que diagrama lo social desde las
nociones de prevención, cuidado, inmunización.
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La información que circula debe ser valorada en los circuitos
en los que se despliega. El reconocimiento, como una narrativa ya
aceptada, naturalizada y legitimada, hace posible que los diversos
enunciados no contrastados circulen activando una marcada
inscripción religiosa. Recordamos que solamente el 39% de los
encuestados saben por qué se instalaron las medidas de protección.
La teleología pragmática de la salvación, propia de las religiones
populares barrocas, emerge como un mecanismo interpretativo en
ausencia de un conocimiento cientíco vericado y objetivo, para
dar respuestas a las inquietudes existenciales de la población en un
momento de quiebre de las rutinas de reconocimiento cotidianas.
El temor y el miedo, como la ira y la tristeza, son propios de una
sensibilidad barroca que hace suya la tragedia desde el juego y
desde la esta de la salvación. En la praxis cotidiana se produce
una mezcla, una yuxtaposición, de “programas de interpretación”
que operan en ausencia del conocimiento cientíco.
Romper con la “comprensión inmediata”, con la “vivencia
espontánea”, cuyas representaciones son correlativas al despliegue
de los programas interpretativos, es tarea de una investigación
reexiva que use las herramientas técnico-metodológicas capaces
de garantizar una aproximación adecuada y oportuna de datos que
nos permita una comprensión cualitativa de lo que se encuentra
aconteciendo. El conocimiento en ningún momento, pese a las
aspiraciones del realismo contemporáneo, es una imitación de
lo real, sino un esfuerzo sistemático, litigioso (RANCIÈRE, 2012),
polémico (pues tiene que enfrentar las resistencias de las creencias
y de las autoridades tradicionales), por captar, traducir, las fuerzas
que estructuran un campo de experiencias. La producción del
conocimiento no escapa al litigio objetual.
La producción cientíca no es descripción sino explicación de
los fenómenos por medio de teorías, de diagramas conceptuales.
En general, en los distintos campos del conocimiento se opera con
paradigmas, los que permiten dar un orden en la generación de
comprensiones, de programas, o de racionalidad acerca de los
fenómenos. La ciencia opera al interior de un campo institucional
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que, en rigor, es lo que permite y prohíbe investigar (CERTEAU,
2010). Lo que permite y prohíbe es una relación compleja entre
lo epistémico y lo político. Sin embargo, en algunos casos, como
en el declarado estado de excepción en el Ecuador, se establecen
censuras por medio de prohibiciones sutiles, imponer un criterio
de un campo como el único camino válido, como puede ser el caso
de reducir la investigación de la COVID-19 a una mirada médica,
biomédica o genética, ya que responde a una voluntad institucional
y estatal, y limitar de este modo los estudios de los efectos sociales
y económicos (SISA, MENA y TERAN, 2021; TUBAY, 2020) que se
pueden realizar desde otros discursos cientícos. Hay una censura
de hecho cuando una investigación de corte sociológico debe pasar
por un aval institucional médico.
En la ciencia necesitamos de un objeto-problema de
investigación que nos conduzca en la producción de conocimientos.
Trabajamos desde un espacio que produce visibilidad/
inteligibilidad de lo fenoménico, que Kuhn (2004) identicó como
paradigma (AGAMBEN, 2018). No partimos de una observación
cotidiana o de las informaciones que nos pueden transmitir las
instituciones, como por ejemplo los diversos noticieros nacionales
(tanto estatales como privados) cuya tarea es informar desde los
requerimientos de la política estatal, cuya credibilidad en nuestro
país es reducida (un 20,8% expresa desconanza), siendo, sin
embargo, la vía de información más consumida por los hogares
ecuatorianos, con un 70%. En una sociedad del espectáculo,
los noticiarios forman parte de los consumos culturales y su
“interpretación” se da desde los esquemas del reconocimiento.
Los fenómenos poseen sus órdenes, y una tarea de la ciencia es
hacerles inteligibles. No partimos de la propaganda que se arma
en las mitologías cotidianas de la salvación, o de la fuerza de las
prácticas mágicas, como el dióxido de cloro, o, simplemente, de
las respuestas étnico-religiosas, sino que partimos de problemas
cientícos construidos para resolver, o al menos para describir,
trayectorias y problemáticas sociales.
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Este panorama está relacionado con el alto porcentaje de
personas que se pueden considerar como indiferentes políticos.
Un 19% de los encuestados preere no opinar sobre lo que hace
el gobierno. Y un 7% de los hogares no cree que pueda inuir de
ninguna manera en la política. Este grupo se podría considerar
como personas sin voz. Son los indiferentes y los sin voz que
renunciaron a una relación crítica con su entorno social. Podemos
esperar que, para ellos, las mitologías cotidianas cumplan una
importante función de seguridad y de previsibilidad del futuro.
Romper con las mitologías cotidianas de la salud es una
tarea urgente y necesaria de toda interrogación reexiva. Una de
ellas, el consumo de dióxido de cloro, se soporta en la voluntad
sedimentada de la salvación religiosa de los cuerpos. Las mitologías
operan regularidades en las conductas y en las argumentaciones,
distribuyen los espacios, y disciplinan los comportamientos. El
enunciado ocial del gobierno ecuatoriano, “disciplina para volver” a
la “nueva normalidad”, impone las pautas de comportamiento desde
una mirada biomédica de lo social y de las fronteras de inmunización
de lo social. La sociedad de la hiperaceleración requiere mitos, más
necesitados cuando se encuentra en fase de “reposo”.
Las narrativas son importantes para regular y llevar a cabo
una taxonomía de los comportamientos sociales. Las narrativas
imponen argumentaciones, hacen ver lo que ocurre, pero de
modo fundamental, dan sentido a lo que acontece. La narrativas
del reconocimiento, o del sentido común, otorgan un sentido a
la problemática de la COVID-19, un valor desde “el umbral de la
conciencia empírica constituido” (MOREY, 1988) por el discurso de
la salud de las últimas décadas. Las narrativas no son exteriores
al mundo de las prácticas sociales, sino que forman parte de su
estructura. Por esa razón, la manera en cómo contamos los efectos
sociales y económicos de la COVID-19 se presenta como un campo
de batalla por su verdad.
Las narrativas que acompañan las praxis cotidianas, como los
mitos o la moral, no buscan el conocimiento de una ley objetiva,
o de un principio activo, o de una condición de posibilidad,
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sino que traducen la repetición de las rutinas, de la iterabilidad
cotidiana de las acciones que garantizan la continuidad de una
forma de reproducción social. Estas narrativas se inscriben
fundamentalmente en el campo del “cómo hacer” y del “cómo
valorar”, es decir, en la pragmática de lo útil y de lo bueno visto
de la moral y desde las lógicas pragmáticas de la reproducción de
una forma de vida. Una conciencia empírica que opera armando
actualizaciones, en cada una de sus acciones, de un pasado que
se asienta en las mitologías de la salvación cuya sedimentación
viene dada desde el siglo XVIII en Ecuador (ECHEVERRÍA, 2017) y
cuyo síntoma fue el proyecto religioso que sostuvo la idea de una
fuerza redentora que se opera en el terreno cotidiano, en la idea
de que el milagro es un asunto cotidiano “[p]orque su pretensión
aventurada (y en muchos casos hasta loca) de sustituir la acción
‘objetiva’ del capital con la acción ‘subjetiva’ del creyente sólo
podía alcanzarse mediante un trabajo en el plano de lo imaginario,
mediante la secularización –o incluso la popularización– de la
mística, de la experiencia vertiginosa” (KURNITZKY y ECHEVERRÍA,
1993, p. 32). La importancia de la subjetividad religiosa está
asociada a la posibilidad de una modernidad católica, que habría
tenido dos momentos de lanzamiento: durante el largo siglo XVII
con el programa de la compañía de Jesús (ECHEVERRÍA, 2006, p.
54-55) y en el momento republicado en los años de 1860 a 1875
con el programa de construcción de un Estado nacional. Sin
embargo, la Iglesia Católica como institución social que regula
comportamientos y subjetividades tendrá presencia signicativa en
momentos de crisis social y política, prolongando la idea, nacida en
el siglo XVII en la pretensión jesuítica del milagro terrenal. En estas
narrativas se resiste a la discursividad de la ciencia, especialmente
cuando el orden de lo cotidiano se encuentra amenazado por un
acontecimiento que nos llena de incertidumbre. Se refugia en las
mitologías de la salvación. En ese sentido y desde esas mitologías
se vuelve imperativa la defensa de los principios de valorización
cotidianos, expresadas en esas narrativas, de lo social frente a una
amenaza que aparece como externa, la peste, y de la intervención
autoritaria de una declaratoria de estado de excepción, que vuelve
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cotidiana y temible la amenaza de la experiencia de la muerte. En
este sentido, se encuentran dos lógicas de salvación cuyo terreno
es lo cotidiano conducido desde un ánimo religioso.
Uno de los conceptos más frecuentados en las últimas décadas
es el de incertidumbre que va asociado a la des-fundamentación.
Comprendemos que, a pesar de los logros en el campo cientíco,
no podemos tener una dominación técnica de lo natural de
modo integro, pues siempre algunas de sus variables se escapan
al campo de la ciencia y de la técnica. La incertidumbre forma
parte de la experiencia de la inteligibilidad de la ciencia desde
su formulación en el campo de la física (FOLLARI, 2000; POLO
BONILLA, 2020). La des-fundamentación va asociada a la pérdida
de las esencias, de los centros, y de reconocer que el conocimiento
es objetivar las relaciones que se articulan en la producción de un
fenómeno. No hay centros, hay articulaciones, “puntos nodales”
(ARDITI, 1991). Una de las preocupaciones es como la COVID-19
se articula con los cuerpos, la muerte, la salud, y la política en la
sociedad contemporánea. En denitiva, el desafío que se tiene es
pensar la política y lo político en el que se despliega este acontecer
pandémico. Es necesario para dar respuesta a esta articulación
practicar una epistemología de la discontinuidad, es decir, pensar
e investigar “en términos de no-fundamento, de no asunción de
principios apodícticos” (FOLLARI, 2002, p. 111), sino comprendiendo
que los paradigmas mutan por medio de la investigación.
Las evidencias cotidianas conforman una ontología, un mundo,
un sistema de creencias que operan de modo espontáneo, que no
se muestran sino en momentos de crisis social. La pandemia es una
forma de crisis social, puesto que rompe toda articulación rutinaria
de encuentro y de vínculo entre los sujetos, las instituciones, y
el marco de creencias. Se vive un momento de des-rutinación.
La pandemia vive en el tiempo extraordinario, puesto que re-
estructura la vivencia postpandemia desde su propia inmanencia.
Las evidencias son instituidas en algún momento y luego
rutinizadas, convertidas en soporte de lo cotidiano, generalmente
con el olvido del momento de su instauración como respuesta a
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una problemática. No son arbitrarias, sino suelos estructurales. No
olvidemos que las evidencias, como dice Balibar, “son disposiciones
del pensamiento incorporad[a]s a la percepción y a la intuición
intelectual” (BALIBAR, 1995) y que se repiten en múltiples formas.
La valoración salvadora y mesiánica del dióxido de cloro es un claro
ejemplo. De ahí la importancia de la destrucción de las mitologías
actuales que acompañan los discursos de la epidemia, como los
de la salud. La época actual del individuo del rendimiento y de la
sociedad de la transparencia (BYUNG-CHUL, 2013) está asociada a
la vitalidad de las adicciones, incluso pueden estas tomar la forma
de amenaza permanente a la vida. Si la segunda mitad del siglo
pasado fue el temor a la guerra atómica, la vida contemporánea
vive bajo la amenaza de pandemias cada vez más virulentas.
Conocimiento y emoción
Las relaciones que los seres humanos establecemos con
el mundo de la vida social e histórica no se reducen solo a las
actividades prácticas e institucionales, reguladas desde los diversos
horizontes normativos o estructurales, sino que las relaciones
están cargadas de vinculaciones emocionales. El ser humano
habita de modo anímico el mundo, este le emociona, le espanta,
le da placer, o le llena de terror. Las emociones estructuran la vida
política, afectiva, y moral de un mundo (CAMPS, 2010). La emoción
no es un dato meramente natural, biológico, sino que su modo
de experimentarlo está ligado a las mutaciones históricas de las
categorías perceptivas. En este sentido, toda trama social en la que
los agentes participan activamente tiene una atmósfera emotiva
valorativa. Las emociones son también fuente de conexión o
desconexión entre los agentes sociales; como al mismo tiempo
vehículos de inscripción en creencias, valoraciones, y deseos. El ser
humano, como lo sostiene el psicoanálisis y otros saberes, es, ante
todo, un ser del deseo (LORDON, 2018).
En este punto podemos recordar la propuesta losóca de Baruj
Spinoza y su noción de conatus. Spinoza sostuvo que los afectos, o
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“emociones del alma”, son parte constitutiva de lo humano, como
lo es el lenguaje, la técnica, la razón. Sin embargo, los afectos
varían con el mundo histórico y el ritmo de los acontecimientos.
No podemos comprender el mundo al margen de los afectos y de
su potencialidad, pues estos son fuerzas creadoras. Los afectos,
como son la tristeza o la alegría, son modos de perseverar en
el ser, es decir, la capacidad que cada uno posee para darse un
destino desde una forma creadora (KAMINSKY, 1998). Deleuze
(1984, p. 27-28) recuerda que Spinoza repetía que “no sabemos
ni siquiera lo que puede un cuerpo” como un nuevo principio
de comprensión del pensamiento y de las acciones humanas,
que rompe con el dualismo cartesiano. Para nosotros, estas
referencias son importantes, puesto que la pandemia es también,
fundamentalmente, un modo de existencia histórico y afectivo.
Las emociones, por tanto, las corporeidades, son lugares de
encuentro y entrecruzamientos de la dimensión histórica con
el soporte biológico. Las emociones no son solo una respuesta
biológica a las situaciones sociales, pues en el proceso de
subjetivación los agentes han adquirido, por el mecanismo de la
socialización e internalización, las categorías de la percepción y de
lo sensible –por tanto, las referencias de los mundos imaginarios
muchas veces se encuentran alejados del conocimiento–, sino, al
contrario, que “solo” existen respuestas emocionales en un mundo
de prácticas y de esquemas de comportamientos socio-históricos
y culturales.
Las referencias “pragmáticas”, los habitus sociales, culturales, y
corporales, que operaban en la “normalidad” con anterioridad a la
aparición de la COVID-19 en el connamiento, no se pueden activar
en su despliegue pleno. Hay una suerte de pausa performática que
no implica un regreso a la normalidad previa. Se vive una suerte
de desconexión, desanclaje, entre los esquemas cognitivos y
subjetivos propios de nuestra cotidianidad de la modernidad, con
el peso de una pandemia que rompe con cualquier modo de rutina
cotidiana y nos impone una asociada a la lógica administrada
de la “sobrevivencia” desde mecanismos biopolíticos. “Lo que
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en el presente vemos con claridad es que la epidemia se está
convirtiendo en el nuevo terreno de la política, el campo de batalla
de una guerra civil mundial…” (AGAMBEN, 2018, p. 76). Hoy la vida,
como ha mostrado Giorgio Agamben en varios de sus trabajos,
forma parte de los cálculos del poder y de los juegos políticos.
Los esquemas prácticos, los comportamientos rutinizados
se han visto des-ordenados, salidos de sus reglas habituales, y
se encuentran, por ahora, sometidos a la lógica de la biopolítica
donde predomina fundamentalmente un discurso médico que,
incluso, puede, en algunos casos, determinar las lógicas y los
métodos de la investigación social. Discurso que impone nuevas
categorías como lo es el distanciamiento social, y con él, nuevas
reglas de asociación y reconocimiento.
Las reglas del uso del tiempo cotidiano, de las rutinas
cotidianas, se han interrumpido y han dado paso a un gobierno
médico-político en el empleo del tiempo de la reproducción
social. Punto importante para indicar un síntoma: la excepción
se ha vuelto una regla cotidiana administrada desde el Estado y
los medios. Sin embargo, la salud no puede ser reducida a una
dimensión solamente física o psíquica. Resulta importante incluir
la dimensión de la pérdida de un horizonte histórico, un mundo de
expectativas que se quiebra, aunque sea de modo temporal pero
que, sin embargo, lo redene, para las existencias individuales
y familiares. Este se va a convertir en un punto de retorno de
modos sensibles de la religiosidad popular expresada en fórmulas
lingüísticas cotidianas como “Dios proveerá”. En este sentido, el
miedo se inscribe en un contenido religioso. Cuando el miedo,
que es una emoción adaptativa, se vuelve excesivo, puede tener
efectos a nivel individual y colectivo agravados por los problemas
de información (MUKHTAR, 2021). En una cultura atravesada
de cabo a rabo por la dimensión dramática de la subjetividad
cristiana, la resignación es una respuesta esperable, sin embargo,
esta tendrá una activación importante. El miedo ha sido, y es, un
factor de gobierno, pero sobre todo sus alegorías que generan
la oportunidad de regular comportamientos ligados al castigo, la
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disciplina, y la condena. La incertidumbre, ligada al desdibujamiento
de las expectativas, se va convirtiendo en la sensibilidad social más
importante. Pues, la posibilidad del individuo, y de los diversos
grupos familiares y sociales, de hacerse cargo de sí mismos se ve
debilitada: las expectativas al encontrarse en “pausa” multiplican
la carga subjetiva en una situación de connamiento.
Las emociones son modos de vivenciar que los individuos dan
a situaciones sociales. En este sentido, las actividades pragmáticas
de los días comunes se han interrumpido, esto es, se vive una suerte
de desconexión, des-vinculación entre los esquemas cognitivos y
subjetivos que operan en una cotidianidad “normal” ante el ritmo
temporal extraordinario que rompe con cualquier modo de rutina
cotidiana. Así, nos podemos preguntar por la forma en que se
ha impuesto una lógica de la “sobrevivencia”. En este punto se
encuentra la respuesta emocional de la ira, en un 9% de los hogares
encuestados. Puesto que, al dejar de existir los referentes de los
días comunes, normales, cotidianos, se ven lanzados a otra lógica
a la cual debe aprenderse en cada momento. En el Gráco 4 se
presentan las emociones predominantes entre los encuestados.
Gráco 4. Emoción predominante entre los encuestados
Fuente: Elaborado por los autores.
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Los esquemas prácticos, los comportamientos rutinizados,
se han visto des-ordenados, salidos de sus reglas habituales,
y se encuentran, por ahora, lo que se muestra en la sorpresa,
un 9% importante, que tienen las personas ante una situación
absolutamente inédita. Toda trama social en la que los participan
activamente los agentes está cargada por una atmósfera emotiva,
y, por tanto, valorativa. Las emociones son también fuente de
conexión y de desconexión entre los agentes sociales; como al
mismo tiempo vehículos de inscripción en creencias, valoraciones,
y deseos. La sorpresa también puede ser valorada como un
momento de perplejidad e incertidumbre ante la fuerza de la
aparición de la pandemia de COVID-19.
No existe una actividad práctica en la esfera cotidiana sin
sentimientos ni emociones. Al desarticularse la praxis cotidiana,
su tempo de conexión entre las diversas prácticas, se produce un
quiebre en los vínculos y en las relaciones sociales que abre un
espacio a la incertidumbre. Se presenta así una pérdida de un
horizonte histórico en la forma de pérdida de expectativas, que,
aunque sea de modo temporal, para las existencias individuales
y familiares. Los índices del miedo, un 36%, y de la tristeza, un
34%, van asociados a la situación de incertidumbre y de desajuste
cognitivo. Estas emociones también aumentan la tendencia de
creer en noticias falsas, desinformación, y teorías de conspiración
(KAPANTAI et al., 2021).
Conclusiones
La pandemia de COVID-19 ha golpeado duro al Ecuador. Afectó
gravemente a la situación económica y educativa de muchos y
produjo inseguridad e incertidumbre en cuanto a las posibilidades
de retornar a una normalidad. Todos están esperando qué va a
pasar. Este contexto de incertidumbre es agravado por un manejo
estatal ineciente –medidas que se contradicen, datos incompletos,
leyes que pretenden ayudar a superar la crisis, pero la agravan.
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Aunque la pandemia y la crisis que está produciendo no eran
previsibles, se toparon con una realidad social que predenió
algunas de sus formas elementales. La economía ecuatoriana ya
era vulnerable por su alto nivel de informalidad, los avances en la
educación dependen fuertemente de los ingresos y la seguridad
económica de las familias. Menos obvios eran los problemas a nivel
de los tres conocimientos que distinguimos en la introducción:
conocimiento práctico, conocimiento cientíco, y conocimiento
emocional. Cada uno de estos conocimientos prepara el camino
a la crisis. La falta de institucionalización de la sociedad, el
debilitamiento del conocimiento que salva, y sus instituciones
y la constitución de un conocimiento que condena vinculado
a la heteronomía diculta la difusión y adecuada aplicación
de información sobre la enfermedad. Eso agrava la situación
económica y educativa por medidas tardías o innecesarias y el
pánico generalizado –pero también afecta a la capacidad de la
ciencia para producir información y las emociones de la población.
La posición débil y los constantes ataques a la ciencia complican
hasta la ayuda técnica que podría prestar en esta crisis –es más,
debilita a la sociedad que se enfrenta a pandemias y riesgos
difusos. El conocimiento emocional carece de claridad. Mientras
que la tristeza y el miedo tienden a agravarse por su propia fuerza
–por la tendencia a teorías de conspiración, por ejemplo–, la ira y el
desprecio no tienen canales para convertirse en algo socialmente
productivo.
Se podría decir que el breaching experiment garnkeliano de la
COVID-19 ofrece, al menos, una gran oportunidad para aprender y
para adaptar a las instituciones a la nueva normalidad del peligro
constante. No obstante, la grave afectación de los conocimientos
necesarios para ello hace dudoso que haya realmente lecciones
aprendidas en todo esto.
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Article
Full-text available
Este estudo tem como objetivo prospectar as inovações tecnológicas apresentadas em feiras virtuais para a aquicultura e identicar os segmentos que mais se destacam para subsidiar a produção em cativeiro de camarões e peixes. O estudo prospectivo foi desenvolvido a partir da compilação de informações coletadas em duas feiras virtuais realizadas em 2020: Aqua Expo El Oro Online e International Fish Congress Brasil Digital. Dentre os resultados obtidos, identificaram-se segmentos que ofertaram produtos com alto know-how direcionados às novas tendências de cultivos. Destacou-se o segmento de nutrição e saúde animal, com uma ampla oferta de insumos, bem como tecnologias voltadas para alimentação automatizada em viveiros, demonstrando a importância nutricional para o enfretamento de enfermidades na produção aquícola. Ainda, os eventos apresentaram palestras com importantes profissionais da área da aquicultura que relataram os impactos da pandemia de Covid-19 no comércio internacional para o setor.
Article
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Misinfodemics related to COVID-19 have negatively impacted people’s lives, with adverse health and psycho-sociopolitical outcomes. As the scientific community seeks to communicate evidence-based information regarding misplaced preventive strategies and misinformed help-seeking behaviors on global multifaceted systems, a secondary risk has emerged: the effects of misinfodemics on the public. Published articles on PubMed, EMBASE, Google Scholar and Elsevier about COVID-related misinfodemics have been considered and reviewed in this article. This review examines the mechanisms, operational structure, prevalence, predictive factors, effects, responses and potential curtailing strategies of misinfodemics of COVID-19. The present article shows that the popular variants of COVID-19 misinfodemics could be the joint product of a psychological predisposition which is either to reject information from experts or perceive the crisis situation as a product of misinfodemics mechanisms and partisan ideological motivations. The psychological foundations and political disposition of misinfodemics have implications for the development of strategies designed to curtail the negative consequences on public health.
Article
The scale, volume, and distribution speed of disinformation raise concerns in governments, businesses, and citizens. To respond effectively to this problem, we first need to disambiguate, understand, and clearly define the phenomenon. Our online information landscape is characterized by a variety of different types of false information. There is no commonly agreed typology framework, specific categorization criteria, and explicit definitions as a basis to assist the further investigation of the area. Our work is focused on filling this need. Our contribution is twofold. First, we collect the various implicit and explicit disinformation typologies proposed by scholars. We consolidate the findings following certain design principles to articulate an all-inclusive disinformation typology. Second, we propose three independent dimensions with controlled values per dimension as categorization criteria for all types of disinformation. The taxonomy can promote and support further multidisciplinary research to analyze the special characteristics of the identified disinformation types.
Article
In this brief paper, I argue that the coronavirus pandemic is functioning like an ethnomethodological ‘breaching experiment’. In short, it is putting a gigantic spanner in the works of neoliberal governance, in the process exposing the widening cracks and fissures of what I have called the ‘fractured society’. I begin by recalling Garfinkel’s notion of the breaching experiment and by listing the principal attributes of the fractured society. I then explore the response to the coronavirus in the UK, from the government’s initial commitment to ‘herd immunity’ to its present policy of ‘muddling through’. The bulk of the remainder of this contribution addresses precisely how this global health crisis shines a harsh and unforgiving searchlight on the strategies and policies pursued by governments in the UK since 2010, and most especially after the passing of the Health and Social Care Act of 2012. In the closing paragraphs, I examine possible scenarios for a post-fractured society, making particular use of Fraser’s concepts on ‘reactionary’ versus ‘progressive populism’, and conclude with a comment on sociology and engagement.
Article
Este artículo analiza la geopolítica de la pandemia de COVID-19 a partir de tres ejes interrelacionados que permiten observar las respuestas y recomposiciones del poder y de las resistencias: condicionantes geopolíticos, representaciones geopolíticas y escenarios post-pandemia. En el primer caso, se discuten críticamente los antecedentes y las causas de la pandemia, a partir de diferentes coordinadas espacio-temporales, enmarcándola dentro de una crisis civilizatoria más amplia y de los limites ecosistémicos. En el segundo, se propone un cuadro de reorganización espacial con representaciones geopolíticas que subrayan el caos global, la fragilidad política de los bloques regionales y la centralidad adquirida por la acción estatal y las iniciativas locales con arraigo comunitario y territorial. Por fin, se dibujan tres escenarios post-pandemia en disputa: el de la “recuperación”, basado en la lógica del business as usual y del crecimiento económico; el de “adaptación”, con propuestas de reformas del capitalismo frente a la emergencia climática; y, finalmente, el cambio de paradigma hacia una nueva matriz ecosocial, guiada por el anticapitalismo y la justicia ambiental y social.