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La diadema de Virgo: Una novela transmedia

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Abstract

La diadema de Virgo es la tercera entrega de la saga Los elegidos, serie de novelas mediante las cuales María Luisa Zorrilla hace una propuesta de interacción con la historia, que trasciende los límites físicos del libro-objeto, invitándolo a suplementar el acto de leer con otras formas de inmersión en la obra, a través de los medios digitales. Esta novela permite al lector seguir acompañando a su protagonista, Sara, en una nueva etapa de su viaje, después de lo develado en las dos primeras entregas, La flauta de Acuario y El abanico de Libra.
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
Esta obra literaria fue realizada con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y
Proyectos Culturales (FONCA), a través del Programa de Apoyo a Proyectos para Niños
y Jóvenes, emisión 2019.
María Luisa Zorrilla
LA DIADEMA DE VIRGO
UNA NOVELA TRANSMEDIA
María Luisa Zorrilla
Primera edición, julio de 2021
D.R. © 2021, María Luisa Zorrilla Abascal
D.R. © 2021 de la presente edición:
Universidad Autónoma del Estado de Morelos
Av. Universidad 1001
Col. Chamilpa
62209, Cuernavaca, Morelos, México
<publicaciones@uaem.mx>, <libros.uaem.mx>
Ilustración de portada e interiores: Maricarmen García, 2021
Diseño editorial: Maricarmen García
La presente novela en formato impreso forma parte de una obra transmedia,
cuyos otros componentes se encuentran en línea: Diario de Sara: diario.karmaq.mx;
Dúo digital: duo.karmaq.mx; Portal de la obra: karmaq.mx
Las características grácas y tipográcas de esta edición
son propiedad de la Dirección de Publicaciones y Divulgación
de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra,
por cualquier medio o procedimiento, sin la previa autorización por escrito de los titulares
de los derechos.
ISBN 978-607-8784-23-3 UAEM
Impreso en México
Zorrilla Abascal, María Luisa
La diadema de Virgo : Una novela transmedia / María Luisa
Zorrilla. - - México : Universidad Autónoma del Estado de Morelos,
2021.
309 p. : il.
La presente novela en formato impreso forma parte de una
obra transmedia, cuyos otros componentes se encuentran en línea:
Diario de Sara, diario.karmaq.mx; Dúo digital, duo.karmaq.mx;
Portal de la obra, karmaq.mx
ISBN 978-607-8784-23-3 UAEM
1. Literatura juvenil mexicana – Siglo XXI 2. Multimedia
interactiva
LCC PQ7298.436.077 F53 DC 863
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
Mi agradecimiento sincero
para Maricarmen, Bruno, Elia,
Norma, Ere y Sandra,
cuyas valiosas contribuciones hicieron posible
la creación de esta novela transmedia.
Para mis dos amores, Ricardo y Rafael.
También con especial cariño para tía Tere,
quien inspiró a tía Olive.
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
una novela
transmedia?
¿Por qué es ésta
Una obra transmedia, como la que tienes ante tus ojos,
es una creación que se desarrolla a través de varias plata-
formas mediáticas: impresas, audiovisuales, interactivas
en línea y todas las que pueda imaginar un autor.
En ella, no se trata de contar lo mismo en los diferentes
medios, sino de que cada uno haga su contribución distin-
tiva al todo, que es la obra completa, en la cual se articu-
lan sus diferentes partes.
Esta creación para jóvenes lectores es transmedia por-
que contempla tres soportes mediáticos: el libro impreso,
el diario en línea de Sara y el dúo digital.
En esta tercera entrega de la saga Los elegidos, encon-
trarás un libro impreso que podrías leer de principio a fin
sin explorar los textos que lo acompañan, pero no te lo
recomendamos. Tu lectura será mucho más rica si, en
paralelo, lees la novela y exploras el mundo más íntimo
y reflexivo de Sara en su diario en línea. En el dúo di-
gital, la versión en línea del verdadero dúo, encontrarás
que Sara ha depositado recuerdos de su propia vida como
Acuario, de Capricornio, de Libra y de Virgo.
El diseño contempla que la puerta de entrada a esta
obra sea el libro impreso, en el cual encontrarás las
claves para acceder a los contenidos del diario de Sara
y del dúo digital.
Además, el portal de la saga incluye recursos para la
inserción de las obras en experiencias educativas.
Te invitamos a leer el libro y a explorar los
contenidos en línea que lo acompañan:
Diario de Sara: diario.karmaq.mx
Dúo digital: duo.karmaq.mx
Portal de la obra: karmaq.mx
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
París, Francia, mayo 2007
Hola, me llamo Sara y tengo 13 años.
Vivo en París, en un apartamento, con mis padres, que se
llaman Fredo y Adele y mi hermano mayor, quien tiene 17
años y se llama David.
Aunque no es algo muy importante, me he dado cuen-
ta que la gente se fija en ello, y por eso te cuento que uso si-
lla de ruedas, ya que nací muy prematura y eso causó un
daño en la parte de mi cerebro que controla los movi-
mientos de mis piernas.
Mi mejor amiga se llama Helene.
El año pasado mi familia y yo pasamos el verano en
Cambridge, Inglaterra, por razones de trabajo de mi papá,
quien es fotógrafo. Nunca imaginé que en un verano mi
mundo cambiaría por completo. Si te preguntas por qué, te
contaré que descubrí que soy una de los doce elegidos. Tal
vez eso no te dice mucho, por lo que te recomiendo que veas
este video: https://youtu.be/I1I-rCfo-wQ.
Lo que nos hace especiales es que gracias a nuestros
dúos, que son la combinación de dos objetos mágicos, un
tablero de piedra y un cristal, podemos recuperar recuerdos
de nuestras vidas pasadas, pero sobre todo, los aprendi-
zajes de esas existencias, ya que en cada una cumplimos
una misión y sólo cuando la completamos podemos re-
nacer en el siguiente signo zodiacal.
El Zodiaco es la rueda de la vida: inicia con el signo de
Aries y termina en Piscis. Yo estoy muy adelantada, pues
mi signo actual es Acuario, es decir, en esta vida deberé
completar la onceava misión de mi ser, el cual está aso-
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
ciado al cristal ámbar, que se conoce como Elektron,
que literalmente significa ‘ámbar’ en griego. Eso impli-
ca que he pasado por diez signos zodiacales y cumplido
diez misiones.
Cada misión está representada por un dios griego y pue-
de tener diferentes significados para cada elegido, pues las
vidas y los dones de los dioses y las diosas son variados y
complejos.
En esta vida me corresponde cumplir el destino del dios
Hefesto y, poco a poco, estoy descubriendo cuál es.
Los elegidos no estamos solos en nuestras misiones, pues
por lo general contamos con la ayuda de los symmas, que
son nuestros aliados. También existen personas que pueden
recordar sus vidas pasadas sin ayuda de objetos mágicos, y
que no quieren que los elegidos completemos nuestras
misiones, por lo que siempre están buscando la forma de
despojarnos de nuestros dúos; a esas personas las llama-
mos cleftis, que significa ‘ladrones’ en griego.
Los elegidos nos distinguimos por tener una aura co-
lor violeta. Un aura es como un resplandor que rodea tu
cuerpo, pero sobre todo, tu cabeza. Los symmas tienen un
aura azul y los cleftis tienen un aura roja.
Los symmas pueden ver las auras desde que son pe-
queños, pero no cobran conciencia de su significado has-
ta que inician su trabajo de ayuda con el elegido a quien
deben apoyar, que puede ser su hermano, su hijo, su pa-
reja... es decir, alguien cercano.
Los elegidos vemos las auras sólo hasta después de la
primera vez que conectamos nuestro cristal y nuestro
tablero. Vemos nuestra aura en el espejo, las de los symmas
y las de los cleftis.
Los cleftis no pueden ver las auras.
Además de los dúos (tablero y cristal), cada uno con un
cristal de color diferente, existen dos tipos de objetos má-
gicos que también usamos los elegidos y de los que no saben
los cleftis:
Los mnemes, que son objetos que por su lugar y época de
creación nos pueden ayudar a evocar recuerdos de una vida
pasada. Un mneme de Egipto antiguo, por ejemplo, me pue-
de ayudar a recordar una vida pasada si yo viví en Egipto
en esa época, pero si no tuve una vida pasada en ese lugar
o época no me servirá, pero puede ser útil para otro elegido.
Hay doce mnemes que son muy poderosos y que se
conocen como ‘reliquias’. Cada uno corresponde a un sig-
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
no zodiacal y sirven para varios fines: a) te pueden conec-
tar con tu vida pasada de ese signo, si ya la viviste; b) puedes
activar en esta vida el don especial que recibiste en esa
existencia (cada dios griego concede un don); y c) puedes
aprender de tu misión si es que aún no completas la que
corresponde a ese signo. Por eso la flauta de Acuario, que es
la reliquia de la que me apoderé en mi viaje a Cambridge,
es tan importante para mí, porque me ayudará a enten-
der el destino de Hefesto.
En febrero tuve la oportunidad de conectar mi cris-
tal con otra reliquia, el abanico de Libra, y descubrí mu-
chas cosas acerca de mi vida bajo ese signo zodiacal. Me
llamé Xaman, fui un joven maya y mi vida transcurrió
entre los siglos XII y XIII de esta era.
Los symmas que he conocido hasta ahora son mi her-
mano David, el profesor Julien D’Arpez, a quien conocí en
Cambridge, y Florence, la mamá de mi mejor amiga.
La única clefti a la que he conocido es Rita Maaz, una
mujer muy perversa. Por su culpa, la persona que yo era en
una vida anterior, Alma Urquiza, murió y ella robó el cris-
tal y el tablero. Durante mi estancia en Cambridge los re-
cuperé, pero tuve que dejar escondido mi tablero (que
también se conoce como karmaq) en un sótano secreto
en la mansión de Blackdale Hall.
Ahora tengo en mi poder el cristal color ámbar y la flau-
ta de Acuario, y con ellos intentaré seguir adelante con la
misión que debo cumplir en esta existencia.
Te cuento por último que en Cambridge también cono-
cí a un amigo de David, quien es italiano y se llama Del-
ko. Sus papás lo mandaron a Cambridge a estudiar inglés
durante el verano y por eso lo conocimos. Durante las va-
caciones de Pascua de este año nos visitó con su amigo
Paulo, también italiano. Ahora no te voy a aburrir con
los detalles, pero el resultado de esa visita fue mi cora-
zón roto.
Llevo un diario digital en línea, en donde platico con
mi amigo imaginario a quien he llamado Elektron. A él
le confío muchas cosas que no le cuento a nadie. También
con la ayuda de David y Delko creamos la versión digital
del dúo, en donde voy almacenando recuerdos que ten-
go de vidas pasadas. Es un reemplazo temporal del ver-
dadero karmaq, que se quedó escondido en un sótano
secreto en Cambridge. He subido algunos recuerdos de
mi vida actual, y otros que recuperé de mis vidas bajo los
signos de Capricornio y Libra. Espero poder seguir descu-
briendo cosas importantes de mis vidas pasadas y de la
misión que debo cumplir como Acuario.
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
Índice
Reencuentro con Sappheiros
La marca de Virgo
Noches de luna llena
El rapto
El fuego de Hefesto
Viaje a Vinland
El reloj astronómico
de Praga
La flecha de Artemisa
Nuevos horizontes
Depredadores
19
37
51
67
81
95
109
123
137
153
El misterioso Mounkrávi
Doloroso rescate
Estrella de libertad
Amiga de las bestias
Lac Nipugt
Juicio y sentencia
en Yggdrasil
Tras las huellas de Kilian
Bahía de Santa Margarita
167
181
195
211
227
247
275
293
Un extraño al acecho
261
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
19
REENCUENTRO CON SAPPHEIROS
a
1
tu
lo
CReencuentro con
Sappheiros
Golfo de San Lorenzo, Canadá, agosto 2007
No podía dormir. Demasiadas emociones en tan poco tiem-
po hacían que su mente y su corazón burbujearan. Los vie-
jos maderos rechinaban con el tenue oleaje que mecía el
barco, pero su arrullo no producía efecto en ella. Las demás
dormían, o al menos pretendían hacerlo.
Llegó por detrás, silencioso e inesperado. Le tapó la bo-
ca para evitar que pidiera auxilio. La hoja afilada de una
navaja le rozó el cuello y una voz masculina le murmuró
al oído:
–Silencio…
El dormitorio estaba oscuro, pero Sara podía percibir
que se trataba de un hombre de mediana estatura; un halo
rojo resplandecía en torno a su cabeza. Era inútil resistirse.
Dos adultos batallaban cada noche para acomodarla en la
hamaca y una vez acostada le era imposible siquiera darse
la vuelta. Cortó los amarres de la cama colgante con su na-
vaja y se la echó a espaldas, como si fuera un costal. El co-
razón de la chica retumbaba desbocado y su mente proponía
y descartaba opciones a velocidad vertiginosa: quería gritar
pero el recuerdo de la hoja de acero en su garganta la de-
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
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REENCUENTRO CON SAPPHEIROSLA DIADEMA DE VIRGO
que Sara percibió en su piel las gotas de saliva que ex-
pulsó al proferirlas:
–¡Esta vez yo gano!
La levantó con facilidad y la arrojó al mar todavía en-
vuelta en la hamaca. El grito se extinguió al chocar su cuer-
po contra la olas.
París, Francia, junio 2007 (10 semanas antes)
Dejó atrás el mundo de Artemisa y todavía en trance viajó
al jardín de las Moiras, ese lugar misterioso que había visi-
tado en contactos previos con otras reliquias. Su cuerpo era
humano otra vez. Al pie del sauce llorón encontró una plu-
ma rayada, marrón y negra, una pluma de halcón. La re-
cogió y se la mostró a Elba.
–Son los recuerdos de nuestra existencia como Virgo…
fue una vida dura, pero gracias a ella has recibido un gran
don.
Se preguntó cuál sería el regalo especial de Artemisa.
Virgo la abrazó en un gesto de despedida y le susurró
al oído:
–La tierra te hablará,
el cielo, el mar, el río,
las flores, la hiedra y el rocío,
las bestias te escucharán.
Sintió como si se desplazara en reversa a gran velocidad,
succionada por una poderosa fuerza que la depositó en un
tenía. ¿Quién era ese hombre? ¿El atacante del bosque?
¿A dónde la llevaba? Kilómetros de mar rodeaban el bar-
co... no había a dónde ir.
Salió del alojamiento tan sigiloso como había entrado
y subió hábilmente por la escalerilla que comunicaba con
la cubierta del Fair Louise, sujetándose con la mano que
tenía libre.
Caminó decidido, como si tuviera la certeza de que nadie
lo vería. Entre la malla de la hamaca distinguió el cielo
nocturno moteado de estrellas y apenas percibió la brisa
que inflaba las velas. Escuchó el oleaje tranquilo golpear
los costados del barco y supo que había pocas cosas que el
hombre podía hacer con ella a esas horas de la noche y
en ese lugar, todas aterradoras.
–Desde que zarpamos lo has estado buscando –afirmó
con una voz apagada y burlona y continuó… –los observas
a todos, tratando de reconocerle, pero ninguno se le parece;
piensas que te dejó plantada –se rio apenas, con una ri-
sa contenida.
Sintió una sacudida, como si la recorriera una descar-
ga eléctrica y en un instante todo tuvo sentido.
Él depositó la hamaca sobre cubierta, que se abrió co-
mo una flor dejando a la vista su contenido, y por fin
pudo verlo a la luz de la luna. Se miraron a los ojos y re-
conoció a Einar en aquella mirada que desbordaba odio.
Arrancó de un tirón la cadena que rodeaba su cuello y de
la que pendía el cristal ámbar.
Estaba petrificada, entre la sorpresa y el terror, y su
cerebro aún buscaba desesperado un escape de aquella
situación imposible. La cargó en brazos y acercó su rostro
al de ella. Pronunció cuatro palabras, una a una, asegurán-
dose de que las entendiera, poniendo tal énfasis en ellas
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
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REENCUENTRO CON SAPPHEIROSLA DIADEMA DE VIRGO
las plantas y animales a su alrededor. El viento primave-
ral la acariciaba con delicadeza y, por primera vez en su
vida, se sintió en plena comunión con su entorno. Al tiempo
que disfrutaba su recién adquirido don, lo aprovechaba
para montar guardia, atenta a cualquier señal de intru-
sos. Pasaron unos 20 minutos y Agnes volvió de su trance,
con una mirada consternada.
–¿Y bien? –preguntó la chica.
–En otro momento te contaré. Ahora tenemos que re-
gresar, antes de que tu madre note tu ausencia.
Se percató de su existencia en la subasta de febrero pa-
sado. Fue la mujer que derrotó a Julien en la puja por el
abanico de Libra. Notó de inmediato su aura violeta,
pero salió de prisa, como si huyera. Para ella fue alentador
descubrir que había otra elegida en París y que su amigo
Julien parecía conocerla. Una persona mayor que segura-
mente sabía muchas cosas que podrían ayudarla en su in-
cipiente camino. Sin embargo había perdido toda esperanza
de que su mentor las pusiera en contacto, pues en las pocas
ocasiones que había intentado sacar el tema a colación él se
mostraba por demás cortante y evasivo.
Para su gran sorpresa la vio por segunda vez en el bos-
que. Sara visitaba con frecuencia la Biblioteca François-Mit-
terrand con su madre, quien tenía pase de investigadora
porque su trabajo le requería consultar toda clase de li-
bros. Habían suspendido sus excursiones el año pasado, des-
pués de que la chica rodara escaleras abajo en un aparatoso
“accidente” ocurrido en Cambridge durante el verano. Ya re-
santiamén en su punto de origen, sobre la manta de lana,
con la diadema de oro y el cristal ámbar en su regazo. Ag-
nes la observaba, atenta al momento en que concluyera
su trance. Sara parpadeó adaptando su enfoque a la oscu-
ridad que las rodeaba y escuchó con una nitidez inusual
el sonido del viento, el rumor de las frondas de los árboles
y las variadas voces de las aves nocturnas. Recorrió con su
mirada el firmamento y distinguió todas las constelaciones,
cuyos nombres conocía en forma inexplicable. La mujer
estaba impaciente por tomar su turno y la chica decidió no
compartir con ella, por ahora, las experiencias de su visi-
ta a Artemisa.
–Creo que todavía tenemos tiempo para que descubra
lo que me depara Acuario –declaró Agnes, al tiempo que
empataba la base de su cristal con la “x” grabada en la
pequeña flauta.
Nunca había visto otro cristal encendido. El de Agnes
era azul, Sappheiros era su nombre ancestral, ‘zafiro’ en
griego. En su interior, al igual que el de Sara, tenía una
esencia líquida que parecía ser el origen de su mágico bri-
llo. La flauta expedía un resplandor lunar que le confería
una apariencia fantasmal. El aura violeta de Agnes se in-
tensificó y sus ojos permanecieron abiertos, mirando al
vacío; su rostro era una máscara sin expresión. La joven
se preguntó si ella luciría igual cuando estaba en trance.
Mientras esperaba, exploró con cada uno de sus sentidos
el don de Artemisa. A pesar de la oscuridad, gozaba ahora
de visión nocturna, como la de los animales que cazan de
noche. Su audición se había aguzado y además podía dis-
tinguir y descifrar miles de sonidos nuevos; literalmente, la
naturaleza le hablaba al oído. Su olfato captaba un sinfín
de aromas, de todo tipo, que le revelaban información de
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
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REENCUENTRO CON SAPPHEIROSLA DIADEMA DE VIRGO
cuperada de sus lesiones y concluido el periodo vacacional
de Pascua, en fecha reciente habían retomado la rutina.
El recinto se encontraba muy cerca de su apartamento,
a diez minutos en auto y a media hora andando. Aunque
la biblioteca es de uso exclusivo para mayores de 16 años,
Sara, de apenas 13, y Adele, su madre, eran conocidas por
muchos miembros del personal y le permitían a la chica,
quien siempre llevaba un libro para entretenerse, esperar
a su madre en alguno de los espacios de lectura con vista al
bosque. Cuando acudían en sábado, domingo o período va-
cacional, no perdía oportunidad de visitar la Sala de Lite-
ratura Infantil y Juvenil donde casi siempre encontraba
alguna novedad de su interés.
Le maravillaba que quienes construyeron la biblioteca
hubieran decidido crear en su seno una pequeña réplica del
antiguo bosque de Fontainebleau. Rodeado por amplias
vidrieras de cristal, el bosquecillo era admirado por los mi-
les de usuarios de la biblioteca, pero inaccesible para todos,
como un mural en tercera dimensión, poblado de árbo-
les gigantes traídos de Normandía… migrantes extraña-
mente situados a sólo unos pasos del río Sena y rodeados
de moles de cristal y acero.
Un día, a principios de mayo, cuando admiraba el paisa-
je encapsulado frente a uno de los ventanales, vio a la mis-
teriosa mujer del aura violeta, muy entretenida con una
libreta en mano y unos binoculares colgados al cuello. Le
sorprendió mucho ver a un ser humano en el bosque pro-
hibido.
Se topó con ella por tercera vez en el baño de la biblio-
teca. En esa ocasión la mujer la miró con interés y fue evi-
dente que también percibía su aura. Con su silla de ruedas
la chica bloqueaba el paso y aprovechó para abordarla.
–Hola, yo te he visto antes, compraste el abanico de Li-
bra –le dijo en tono franco, abriendo por completo su juego
ante la primera elegida a quien conocía.
La mujer la observó intrigada, como intentando pene-
trar los ojos ambarinos con su profunda mirada azul.
–Es increíble... sólo he tenido dos encuentros con otro
elegido y ambos han sido contigo, Elektron… porque eres
Elektron, ¿no es cierto?
Asintió dudosa, pensando que se refería a la vez que se
habían visto en Sotheby’s, en la subasta, pero pronto des-
cubrió que estaba en un error.
–Nos vimos por primera vez en Praga, en mil ochocien-
tos sesenta y pico, tú eras un rico comerciante y yo un ar-
tista. Imposible olvidar el color de tus ojos y el gran favor
que me hiciste.
La chica trató de recolectar con prontitud lo que cono-
cía de sus vidas pasadas y supuso que la mujer se refería
al adinerado inglés propietario de Blackdale Hall, quien le
había legado la flauta de Acuario.
–¿Te refieres a Raymond Cornford? –la interpeló, no
queriendo parecer menos informada que su interlocutora.
La mujer sonrió enigmática, pero el don de Hermes, que
le permitía a Sara leer el lenguaje corporal, le confirmó
que en efecto aludía a Capricornio.
–Agnes Sauvage. ¿Y tú eres…? –preguntó, al tiempo
que le tendía la mano con franqueza.
–Sara Bauza –al contacto de su piel sintió una leve
descarga eléctrica.
A partir de ese día se encontraron en varias ocasio-
nes, siempre en la biblioteca. Agnes parecía saber en qué
momento visitaría el lugar y siempre se las arreglaba pa-
ra verse con ella a solas, aunque fuera por momentos.
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
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REENCUENTRO CON SAPPHEIROSLA DIADEMA DE VIRGO
Descubrió que era profesora en la Universidad y que
actualmente se dedicaba a levantar un censo de la flora y
la fauna del pequeño bosque enclavado en el corazón del
complejo arquitectónico que albergaba la biblioteca. Por esa
razón tenía acceso a él, a diferencia del resto del personal
y de los visitantes, a quienes les estaba vedado. Le comen-
tó que había abogado porque el bosque fuera abierto al
público al menos una vez al año, en el Rendez-vous aux
jardins que se celebraba en junio, gracias a lo cual nume-
rosos jardines privados abrían sus puertas.
–Este año será la primera vez que la gente entre al
bosque –le dijo orgullosa.
También le platicó que era activista y que había traba-
jado por años a favor de la igualdad de derechos entre
mujeres y hombres, así como en pro de la conservación
del medio ambiente. Le contó que había nacido bajo el sig-
no de Cáncer y se mostró sorprendida cuando supo que la
joven era Acuario. También le reveló que había comple-
tado su misión en esta vida, aunque no le explicó cuál
era y le confió que había recibido el don de Deméter, pero
tampoco quiso entrar en detalles.
–Por eso era tan importante para mí conseguir el aba-
nico de Libra. Es mi futuro y necesito prepararme... para ti
es pasado.
Al cabo de varios encuentros, Sara se armó de valor pa-
ra preguntarle cuál era su historia con Julien D’Arpez.
Había notado que a él le perturbó el encuentro en Sotheby’s
y se resistía a hablar al respecto.
–Nos conocimos en mayo de 1968… ¡Uf! Pronto se cum-
plirán cuarenta años. Estábamos atrincherados en el Ba-
rrio Latino. Arrancábamos con las manos los adoquines
de la calle, que usábamos como proyectiles o para cons-
truir trincheras. Era nuestra forma de luchar…
–¿Estaban en guerra? –preguntó la chica con ingenui-
dad. Agnes sonrió.
–Podría decirse que sí, contra el conformismo, contra la
atrofia mental y espiritual que había provocado el abur-
guesamiento de la sociedad –caviló, como mirando una
película antigua que se proyectaba en el aire.
–¿Aburguesamiento? –a pesar de sus muchas lecturas
no entendía los términos con que se expresaba la mujer.
–En 1968, muchos jóvenes en diferentes partes del mun-
do nos manifestamos porque queríamos cambiarlo. Pensá-
bamos que las personas se habían vuelto conformistas y que
eso había nulificado su curiosidad, su deseo de experimen-
tar cosas diferentes. Luchábamos contra el consumismo,
que desde entonces empezaba a dañar la naturaleza, que-
ríamos libertad, igualdad y amor verdaderos. Estábamos
en contra de las autoridades que favorecían a las élites, a
los ricos empresarios y desatendían a la clase trabajado-
ra, a la gente pobre.
Todo eso sonaba muy trascendente, pero Sara quería
conocer la historia con D’Arpez.
–¿Y qué pasó con Julien? –indagó con timidez. Agnes
bajó la mirada.
–Bueno... se enamoró de mí. Quería que compartiéra-
mos una vida juntos, no sólo porque le agradaba, sino por-
que creía haber hallado la razón de su existencia. Cuando
nos conocimos, él podía ver mi aura violeta y sabía que re-
presentaba algo importante en su destino, aunque yo en-
tonces no podía percibir su aura azul, que descubrí apenas
cuando nos topamos en Sotheby’s. Yo aún no sabía que era
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
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REENCUENTRO CON SAPPHEIROSLA DIADEMA DE VIRGO
una elegida y aunque el cristal azul ya estaba en mi poder,
no fue sino hasta años después que llegó a mis manos el
karmaq y que entendí muchas cosas.
–¿Y tú lo querías? –quiso saber la joven.
–Sí, lo quise mucho, pero como amigo. Le rompí el cora-
zón cuando le confesé que sólo podía amar a otra mujer
como él quería ser amado –ahora entendió que Agnes hu-
biera escapado de ellos el día de la subasta y que Julien
no quisiera seguirla.
–Al poco tiempo se fue a Inglaterra. Le dieron una beca
para el posgrado y creo que decidió quedarse allá –conclu-
yó la mujer.
–Sí, vive en Cambridge –confirmó la joven –si te sirve
de consuelo, encontró a su elegida unos años después y
ahora también es uno de los symmas que me ayuda a cum-
plir mi misión.
En uno de sus encuentros posteriores, la chica le pregun-
tó si había entrado en contacto con alguna otra reliquia,
además del abanico de Libra comprado en la subasta. Ag-
nes le confió que también tenía en su poder la diadema de
Virgo y le contó cómo llegó a sus manos.
Había nacido en París en julio de 1948. Era hija única
de una familia acaudalada. Su padre, quien ocupaba un
alto mando en el ejército francés, murió en Argelia cuando
ella apenas tenía siete años. Su madre se volvió a casar
dos años después y emprendió una prolongada luna de
miel, dejándola al cuidado de su nana, Simone.
La nueva pareja casi se olvidó de ella cuando nació su
hijo, Jérôme, quien al paso de los años habría de heredar la
mayor parte de los bienes familiares, incluida la fortuna del
padre de Agnes.
El primer viaje familiar en el que la incluyeron fue a
Estambul. Agnes tenía 12 años y los enigmáticos sueños
habían comenzado hacía pocos meses. Veía un cristal azul
luminoso clavado en una pulida superficie de piedra. A ve-
ces soñaba con una linterna antigua que la guiaba por los
oscuros y húmedos pasadizos de una cueva hasta el lugar
donde había escondido algo de gran valor.
–En la Mezquita Azul hallé mi destino. Simone me tomó
de la mano y me acercó a una mujer de cabellos grises. Am-
bas se miraron como si se reconocieran. La anciana acarició
mi mejilla y sus ojos y los míos se encontraron; luego de-
positó el cristal azul en mi mano y la cerró en un puño
que llevó a mi corazón. Pronunció la palabra ‘Sappheiros.
Tocó el hombro de Simone, se dio la vuelta y desapareció
entre la multitud.
Años después Simone le explicó que aquel día vio a una
symma por primera vez. Encontrarse con otra mujer que
tenía un aura azul como la de ella, dentro de la Mezquita
Azul, le pareció una señal importante y por eso no dudó en
acercarse a ella. Ni Agnes ni Simone entendieron entonces
el valor de aquel cristal, pero lo guardaron en secreto
por años.
–Cuando tenía 16 años me mandaron a estudiar a un
internado en Suiza, el Surval Mont-Fleuri, en Clarens, a
orillas del lago Ginebra, donde pasé tres años y conocí a mi
primer amor…
Se llamaba Sylvana y era un año mayor que Agnes.
Provenía de una familia aristócrata italiana radicada en
Lombardía. Su mutua atracción le resultó perturbadora al
principio, pero con el paso de los meses llegaron a ser las me-
jores amigas y más. Sylvana estaba desesperada porque a
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
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REENCUENTRO CON SAPPHEIROSLA DIADEMA DE VIRGO
su regreso a casa la esperaba un matrimonio arreglado. Su
ajuar de novia estaba listo, incluyendo la tiara que todas
las mujeres Girardi habían portado el día de su boda.
Corría 1967, Sylvana estaba por concluir sus estudios
y para despedirse la invitó a pasar el verano en su casa. Pa-
ra Agnes era doloroso separarse de alguien a quien tanto
amaba y aceptó con gusto, con la esperanza de que el re-
cuerdo de un verano con Sylvana englobara toda la felici-
dad que necesitaría para conformarse el resto de su vida.
En la confidencia de su habitación en la mansión Girar-
di, con lágrimas en los ojos, Sylvana le mostró su ajuar de
novia. Cuando Agnes miró la tiara por primera vez, sintió
un estremecimiento. La tomó entre sus manos con vene-
ración y la estudió a detalle. Era una diadema de oro cuya
estructura semejaba una enredadera que ondulaba con
suavidad entre flores, frutas, mariposas y aves de finísima
hechura; agazapadas entre las hojas, en diferentes sitios,
se descubrían las cabezas de un oso, de una cierva y de un
jabalí. La miró estupefacta, como hipnotizada por aquella
minúscula porción de naturaleza dorada.
–Es excesiva… ¿no crees? –le preguntó su amiga, entre
suspiros que mezclaban risa y llanto.
Agnes no respondió. Se despojó del cristal azul que pen-
día de su cuello y buscó afanosa el punto de contacto. Tuvo
que acercarse a una lámpara para distinguir la tenue mar-
ca apenas sugerida entre las nervaduras de una hoja. Ha-
bía visto en sueños cómo el cristal se encendía al contacto con
diferentes objetos, pero nunca lo había experimentado.
Su amiga la observaba intrigada.
Con suma cautela acercó el cristal a la marca en la hoja
y cuando la “x” en la base de la piedra se alineó y entró en
contacto con la marca idéntica sobre la hoja, irradió un
extraño fulgor azul que provenía de su interior y en el
acto viajó por su brazo una tibia marea que la arrastró a
otro mundo.
Sylvana estaba tan asustada que se quedó atónita. Ag-
nes permaneció inmóvil, mirando al vacío; la tiara en su
regazo lucía un halo espectral que la fundía con el lumi-
noso cristal. Ninguna supo cuánto tiempo transcurrió, pero
para ambas fue una eternidad. Al regresar de su trance
Agnes estaba confundida y temblorosa.
–Me habló Artemisa – balbuceó –dijo que cuidara de
sus creaturas.
Intentaron repetir la experiencia para Sylvana, pero
el cristal en sus manos permaneció frío y sin vida.
Durante el resto de su estancia la diadema se quedó
guardada en el estuche cuyo interior estaba forrado de ter-
ciopelo verde. Hablaron del extraño suceso, como si se tra-
tara de un sueño y sólo hasta que Agnes estuvo en el tren,
viajando de regreso a Suiza, descubrió el insólito souvenir
en su maleta de mano y asumió que se trataba de un ob-
sequio de despedida de su amiga.
En la mansión Girardi la noticia del robo fue un es-
cándalo. Se hicieron múltiples conjeturas… ¿habría sido
alguien de la servidumbre?, ¿acaso los trabajadores que
habían pulido los pisos?, ¿el excéntrico artista contrata-
do para retratar a la abuela antes de que muriera? Nadie
se atrevió a sugerir que la amiga de la señorita Sylvana
pudiera ser una ladrona, y la heredera nunca reveló que
se la había obsequiado. Fue así como la diadema de Vir-
go llegó a sus manos, mucho antes de saber que era
una elegida.
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
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REENCUENTRO CON SAPPHEIROSLA DIADEMA DE VIRGO
Al poco tiempo regresó a casa e ingresó a la Univer-
sidad de París, hoy conocida como Sorbona. Fue una de
las primeras mujeres en estudiar ciencias naturales y
filosofía. En ese tiempo conoció a Julien.
Cuando terminó sus estudios trabajó como profesora por
unos años y al morir su madre, en 1976, dejó la casa pa-
terna y decidió unirse a un naciente movimiento a favor
del medio ambiente… se llamaba Greenpeace.
–Ahora que lo recuerdo, me cuesta creer que fui parte
de la historia. ¡Pensar que estuve a bordo del Rainbow
Warrior en el 78 cuando contuvimos la masacre de focas
en las Islas Orcadas! –dijo sorprendida.
La joven no sabía de qué le hablaba, pero sí había es-
cuchado de Greenpeace y asintió fingiendo asombro para
no evidenciar su ignorancia.
–Como ecologista fue un gran logro, pero ese viaje a
Escocia fue mucho más para mí.
De regreso de su exitosa expedición en el norte, Agnes
decidió permanecer en Escocia. Una voluntad inexplicable
la guio en dirección suroeste, hasta el Castillo de Culzean
en el Fiordo de Clyde. En esos años los alrededores de la
majestuosa mansión ya estaban abiertos como parque pú-
blico. La red de cuevas marinas bajo el castillo estaba ce-
rrada, pero Agnes conocía en sueños un acceso secreto
desde los establos del castillo, que la llevó al lugar donde
su tableta estaba escondida. Esta historia hizo recordar a
Sara la cueva marina donde Xaman encontró su dúo.
Ella, a su vez, le contó cómo había entrado en contac-
to con el cristal ámbar y con su karmaq. También relató
cómo se había apoderado de la flauta de Acuario y con ver-
güenza confesó que había tenido que dejar escondida la ta-
bleta de piedra en el sótano secreto de Blackdale Hall.
Agnes estaba sorprendida de que una adolescente
de apenas 13 años ya supiera que era una elegida, hubiera
activado su karmaq, conociera su misión en esta vida y
tuviera en su poder una de las doce preciadas reliquias.
Fue así, después de reconocerse mutuamente, cuando
acordaron intercambiar el acceso a sus respectivas reli-
quias una noche de finales de mayo, en el bosque de la
biblioteca, aprovechando que Adele asistiría a la presen-
tación de un libro en uno de los salones, actividad que esta-
ba programada para terminar a las 9:00 de la noche, pues
incluía un brindis y la firma de ejemplares por el autor.
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
34 LA DIADEMA DE VIRGO
También podrás recuperar el recuerdo
de Acuario titulado “Artemisa”.
Fechas del diario de Sara que podrás
consultar después de leer este capítulo:
04/05/2007
09/05/2007
11/05/2007
16/05/2007
19/05/2007
21/05/2007
24/05/2007
02/06/2007
03/06/2007
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NOCHES DE LUNA LLENA 37
a
2
tu
lo
CNoches de luna llena
Dyflin,1 Ériu,2 septiembre 1006
Hoy cumple 12 años y las líneas de su cuerpo son todavía
las de una niña; larguirucha y muy delgada, siempre su-
cia y desaliñada. Su madre la obliga a usar harapos apes-
tosos y le frota barro en la cara y en los brazos cada vez
que su piel blanca asoma entre la suciedad. Elba entien-
de que es por su bien, es la forma en que sus padres la pro-
tegen de los hombres del norte3 quienes, a pesar de la
alianza entre el rey irlandés Brian Boru y el rey vikingo
Sigtrygg Barba Plateada, se atreven de cuando en cuan-
do a irrumpir en las aldeas para saquear y secues-
trar. Desde que se llevaron a su mellizo Kilian, cuando
apenas era un niño, sus padres se volvieron sobreprotec-
tores con ella y con sus hermanos.
Dyflin es el último gran reducto de los nórdicos en Ériu
y desde ahí operan su mercado de esclavos y de caballos, así
como otros lucrativos negocios. Las jóvenes son uno de sus
1 Hoy Dublín
2 Hoy Irlanda
3 Hoy conocidos como vikingos. En esos tiempos se les llamaba los
hombres del norte o nórdicos, y en su mayoría provenían de
Noruega y Dinamarca.
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NOCHES DE LUNA LLENA
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LA DIADEMA DE VIRGO
botines preferidos; su cabello corto, apelmazado y cenizo y
el cuerpo cubierto de una costra de barro quebradizo son la
mejor protección. Suerte que a Declan Byrne, su mejor ami-
go, no le importa su apariencia; es el único que no se burla
de ella y que luce casi tan sucio, quizás como una forma si-
lenciosa de mostrarle afecto.
Desde que amanece siente unas ganas inexplicables de
ir a la playa. Viven en las afueras de Dyflin, en una modes-
ta granja. En un día cualquiera le correspondería recoger
los huevos, alimentar a los animales, ir por la leña… pe-
ro hoy es su cumpleaños y sabe que sus padres se harán
de la vista gorda aun si se ausenta por unas horas durante
la mañana. No lo piensa demasiado, toma un trozo de pan
y dos manzanas de la alacena y los envuelve en un hatillo
con su pañuelo. En su camino hacia la costa está la granja
de los Byrne y sabe que Declan estará ordeñando las va-
cas. Tendrá que esperar un rato a que termine, pero reci-
birá como recompensa un vaso de deliciosa leche tibia. El
chico, un poco mayor que ella, es de mediana estatura y
vigoroso, de ojos aceitunados y cabello castaño rizado.
A los padres de Declan no les agrada su amistad con la
chica, por lo que se escabulle en silencio, después de dejar
la leche lista para el reparto, que es tarea de su herma-
no mayor.
–¿Por qué quieres ir la playa precisamente hoy? –le pre-
gunta, después de caminar un rato en silencio, disfrutando
la llegada del otoño que pinta de dorado y ocre las hojas
de los árboles.
–No lo sé… desde que desperté, siento que hoy tengo
que hacer algo importante.
El camino que baja hasta la playa discurre entre rocas
de variados tamaños. La brisa se respira fresca y la are-
na mojada es blanda y rasposa a la vez. El murmullo del
agua la llama; su piel cubierta de barro clama por un buen
chapuzón y no lo piensa dos veces. Se despoja de su grueso
vestido de lana, debajo del cual lleva un fondo largo de li-
no y corre jubilosa hacia las olas. Declan la sigue y reto-
zan despreocupados.
Cuando por fin se tumban sobre la arena para que el
sol los seque, él mira con sorpresa la piel blanca y pecosa
de su amiga y el cabello rojizo que contrasta con sus ojos
color miel. Comparten el pan y las manzanas y cuando
su ropa interior se ha secado, visten de nuevo sus atuen-
dos de lana, dispuestos a regresar.
–A tus padres no les gustará verte tan limpia –le ad-
vierte su amigo entre serio y bromista. Ella sonríe con
timidez, complacida de que él note que luce diferente.
–¿Y si caminamos hasta el naufragio? –propone entu-
siasta la chica.
Se trata de un antiguo barco que naufragó hace mu-
chos años y cuyos restos yacen entre rocas, sobre la playa,
en una ensenada que se encuentra a una hora andando
hacia el sur. Algunas personas afirman que data de los
tiempos de los romanos. Elba y Declan sólo han oído ha-
blar del barco a los chicos del pueblo, pero nunca lo han
visitado. Él duda por un momento, pues el paseo implica-
rá regresar tarde a casa y su padre de seguro lo reñirá, pero
consiente, recordando que ella cumple años.
Caminan descalzos, gozando de la brisa y del sol. En
nutridos grupos los frailecillos se lanzan en picada sobre
las olas y emergen con pequeños peces que se sacuden
indefensos apresados por sus gruesos picos anaranjados.
El trayecto es más largo de lo esperado y finalmente,
cuando el sol se acerca a su cénit, vislumbran a lo lejos la
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NOCHES DE LUNA LLENA
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LA DIADEMA DE VIRGO
ensenada que acoge los restos del barco. Para ser tan an-
tiguo como se dice, está bastante conservado, tal vez porque
el propio entorno donde encalló lo ha protegido. Es un navío
respetable, de unos 40 metros de largo, que reposa ladea-
do entre grandes rocas que lo acunan y sostienen. Ente-
rradas en la arena se adivinan algunas ánforas de barro
que contenían su carga. El naufragio ha sido saqueado por
años, pero los objetos que no han representado valor para
los ladrones permanecen como artículos de utilería que le
dan un sello de autenticidad.
Cuando se acercan, descubren que es relativamente fá-
cil abordarlo escalando entre las rocas a su alrededor. En
la popa, donde apenas quedan vestigios de la cubierta, se
vislumbran cabinas que quizás funcionaron como dormi-
torios. Con la ayuda de Declan, ella se descuelga al nivel
que habría estado bajo cubierta y penetra en la oscuridad de
uno de los camarotes. A él le toma más tiempo bajar, pero
finalmente lo consigue con la ayuda de una cuerda que tal
vez dejaron olvidada algunos ladrones en busca de botín.
Los ojos de ella se acostumbran gradualmente a la pe-
numbra y distinguen los restos de lo que habría sido un ca-
mastro y algunos entrepaños empotrados en la pared. Un
recuerdo lejano, casi ajeno, pero a un tiempo tan cierto y
tan suyo como si hubiera sucedido ayer, le revela la existen-
cia de un compartimento oculto en una de las repisas, un es-
belto cajón escondido en el propio espesor del tablón, que
sólo se puede abrir con la ayuda de algo delgado, como el
cuchillo que solícito le tiende Declan cuando la mira tratan-
do de jalarlo con las uñas. La madera está hinchada y se
resiste; cuando por fin cede, cruje al desacoplarla de su an-
gosto nicho, revelando en su interior un envoltorio plano y
rectangular. Ella lo extrae con sumo cuidado y lo deposita
en el piso, cerca del hueco de la puerta, por donde penetra
la claridad del día. Él se pone en cuclillas a su lado y obser-
va el objeto maravillado, sin saber cómo demonios supo ella
del cajón secreto.
Retira la funda de piel reseca que cubre el extraño ha-
llazgo, al tiempo que rueda un pequeño atadijo que lo
acompaña. El objeto más grande es un rectángulo de pie-
dra oscuro y liso, en cuya superficie hay múltiples y extra-
ños caracteres grabados. En el reverso, hay varios orificios
cuadrados que dibujan un círculo en cuyo centro se sitúa
un orificio igual. El objeto más pequeño, envuelto también
en piel, es un cristal color miel, como sus ojos, que tam-
bién presenta finos labrados en su superficie. Parece
un obelisco en miniatura, que contiene una misteriosa
esencia dorada.
Desconoce cómo llega a ella la certeza de lo que tiene que
hacer y sin dudarlo inserta el cristal en el orificio central del
rectángulo. Al momento de hacerlo, el cristal adquiere un
brillo mágico que se extiende al tablero trazando un cír-
culo dividido en doce partes que ostentan extraños sím-
bolos. Las líneas mágicas parecen trazadas por rayos de
plata. Casi la mitad del círculo presenta contornos defi-
nidos, pero la otra parte es difusa y latente, como si palpita-
ra. Ella sostiene el cristal entre sus dedos y percibe con
miedo y emoción un borboteo cálido que sube por su brazo.
Él la mira asustado y recuerda las palabras de su madre:
–No me gusta tu amistad con Elba Moore… será una
hechicera, como su madre.
De forma extraña, también comprende, por primera
vez, que el halo violeta que rodea la cabeza de la chica y
que fue lo que lo atrajo a ella desde que la conoció, es la
marca que indica su singularidad.
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
NOCHES DE LUNA LLENA
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LA DIADEMA DE VIRGO
Ella sostiene el cristal por minutos que parecen horas
y, cuando lo suelta, éste se apaga poco a poco y perma-
nece clavado e inerte sobre la superficie de piedra.
–¿Me puedes explicar qué fue eso? –la interroga su ami-
go, cuando finalmente recobra el habla.
Ella lo mira como si su pensamiento estuviera en otra
parte, y descubre, como en un segundo plano, que la cabe-
za de su amigo está rodeada de un inusual resplandor azul.
–No lo sé, te digo que hoy sentí que tenía que hacer algo
importante. Es como si hubieran despertado recuerdos
muy antiguos que me guiaron hasta aquí para recupe-
rar esto.
Él se queda pensativo por un momento, evocando cosas
que no sabía que estaban en su mente, pero que para su
sorpresa le dicen que aquello es un dúo, formado por kar-
maq y estaca, y que su querida amiga es alguien muy es-
pecial a quien debe proteger y ayudar.
Dyflin, Ériu, mayo 1009
La magia ha sido parte de su vida desde pequeña, pues su
madre es sanadora del cuerpo y del alma. Mezcla hierbas,
minerales y todo tipo de ingredientes secretos que vende
en frascos a los aldeanos para aliviar sus males. También
es partera y ha ayudado a llegar a este mundo a más de
la mitad de los chiquillos que juegan en las calles lodosas
de la villa. Había intentado iniciarla en sus artes mági-
cas, pero Elba parecía carecer del don y del interés.
Todo cambió con el hallazgo de las piedras que resplan-
decen, hace poco más de dos años. El don singular que tiene
la chica para hacer brotar luz de aquellas piedras mágicas
es motivo de orgullo para su familia. Toda la villa se ha en-
terado y sus habitantes han acudido en diferentes oca-
siones a admirar el inusual fenómeno. Muchas personas
piensan que es en el fulgor dorado donde lee los males que
atormentan sus cuerpos y la forma de remediarlos.
Nadie lo sabe, pero las piedras que resplandecen le han
traído no sólo la posibilidad de mirar en su mente escenas
de tiempos y lugares lejanos, sino que también, poco a poco,
han despertado en ella la habilidad para comunicarse con
la naturaleza. Le basta sentir el viento en su piel y olerlo,
para saber si lloverá más tarde, puede convocar a las bes-
tias, escuchar hablar a las plantas, al mar y al arroyo. Pue-
de descifrar las más sutiles señales de los cuerpos humanos
y animales, que parecen hablarle al oído de sus dolencias y
revelarle la forma de aliviarlas.
La gente cree que las piedras luminosas son las que le
hablan y sus padres están más que complacidos con el es-
pectáculo que han montado y que repiten cada noche de
luna llena, cuando la gente acude a consultarla. Ricos y
pobres, celtas y nórdicos, confluyen por igual desde la cer-
canía de Dyflin, hasta de ciudades alejadas como Lime-
rick y Wexford. Su fama se ha extendido y el acierto de sus
consejos es tal, que todos quienes la consultan la reco-
miendan con sus amistades y familiares.
Lo que más agrada a la joven de su nuevo rol en la fami-
lia, es que su fama creciente ha hecho bajar la guardia a
sus padres, quienes piensan que su notoriedad la protege
en caso de una incursión vikinga en la zona. Los nórdicos,
muchos avecinados en Dyflin, parecen menos amenaza-
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
NOCHES DE LUNA LLENA
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LA DIADEMA DE VIRGO
dores cuando llegan a consultarla montados en sus corce-
les, sin importarles que sea una granjera celta. Ahora sus
padres le permiten asearse con frecuencia y no la obligan
más a usar harapos malolientes, ni la cubren de barro. Su
cabello ha crecido y muestra amplias ondas de un tono
rojo oscuro que recuerda al color del vino añejo.
Se escabulle de vez en cuando con Declan para conver-
sar en su pequeño refugio, agazapados entre las ramas de
una enorme haya, o para hacerle compañía mientras cum-
ple sus tareas de ordeña, aunque cada vez es más difícil,
no sólo por sus nuevas ocupaciones, sino porque ahora que
sus poderes son del conocimiento público, la madre del chi-
co se muestra todavía más renuente a aceptar su amis-
tad. A menudo lo sermonea con voz enérgica y entorna
los ojos, tal vez imaginando que la madre y la hija los harán
víctimas de un conjuro el día que los jóvenes por alguna
razón se enemisten:
–Te lo dije, sabía que esa muchacha sería como su ma-
dre, una hechicera. ¡Te prohíbo que la veas!
Sin embargo, los jóvenes no están dispuestos a renun-
ciar a su cercanía, menos ahora que las piedras luminosas
han forjado un vínculo secreto entre ellos. Sólo a él le ha
confiado lo que ve y lo que siente cada vez que inserta el
cristal dorado en alguno de los orificios del tablero de pie-
dra y cómo la naturaleza y todas sus creaturas parecen
hablarle en una lengua que hasta hace poco le era desco-
nocida.
El aura azul que corona a Declan no ha desaparecido y
él ha admitido que la vio por primera vez en su reflejo en el
agua, cuando su padre lo llevó a pescar siendo niño. En ese
tiempo pensó que había sido víctima de algún encanta-
miento de hadas y sintió alivio cuando descubrió que nadie
más podía ver ese extraño resplandor. Cuando la conoció,
hace ya siete años, experimentó una conexión natural por-
que notó que ella también tenía un halo similar, aunque de
color violeta. Le pareció extraño que ella nunca lo mencio-
nara, hasta poco después de su visita al naufragio, cuan-
do por fin hablaron de sus auras.
Ahora saben, gracias a la recién descubierta sapiencia
de Declan, que el resplandor azul distingue a los symmas,
es decir los aliados, el violeta a los elegidos, y que hay seres
perversos que emanan un resplandor rojo. De alguna for-
ma misteriosa, el despertar de las piedras activó también
una memoria dormida de Declan, quien ahora recuerda
información que no sabe de dónde viene, pero que le ha ayu-
dado a ella a comprender que es un ser especial y que las
personas y los lugares que mira cada vez que enciende el
cristal, son recuerdos de existencias que ha vivido antes, en
otros cuerpos, en otros tiempos. A él le preocupa la visibili-
dad que han cobrado su amiga y el dúo ámbar, pues su ser
íntimo le advierte que deberían haberse guardado en secre-
to y que su fama tarde o temprano atraerá desgracias.
Cada noche de luna llena, la humilde morada de los
Moore, un galerón de madera con techo de paja, se ve aba-
rrotada de visitantes que acuden desde cerca y desde lejos,
a presenciar el misterio de la doncella sanadora que hace
resplandecer las piedras. Acaudalados nobles, artesanos y
granjeros por igual la visitan. Su madre la ha instruido en
el principio que toda sanadora debe aplicar para el cobro
de sus servicios: cada visitante deja en un cesto su contribu-
ción a cambio del servicio recibido conforme a su posición y
a la gravedad de su mal.
Mes a mes la recaudación crece en igual proporción a las
evidentes muestras de fatiga que ella presenta. Para que el
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
NOCHES DE LUNA LLENA
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LA DIADEMA DE VIRGO
dúo se ilumine, ella debe mantenerse en contacto con el
cristal dorado, y cada uno de esos contactos drena su ener-
gía y la inunda de nuevos recuerdos que hacen cada vez
más caóticos los pensamientos de su vigilia, así como
sus sueños, que a menudo se tornan en pesadillas.
Sus padres, deslumbrados con su buena fortuna, pare-
cen no notar que ella ha adelgazado y que las sombras
oscuras bajo sus ojos evidencian que no descansa lo sufi-
ciente por las noches.
El negocio ha sido tan próspero que su padre ha decidi-
do construir un galerón exclusivo para los servicios men-
suales, pues resulta muy inconveniente para la familia
que cada noche de luna llena su casa se vea invadida por
extraños que les impiden cenar en paz, incluso sentarse
cuando sus piernas se sienten entumecidas por tantas ho-
ras de pie. Otra desventaja es que han desaparecido varios
objetos, entre platos, peines y ovillos de lana, que, aunque
de poco valor, son indispensables para su vida cotidiana.
Ha llegado mayo, templado y lluvioso. Sus padres están
muy satisfechos con el nuevo recinto y, a pesar del clima
poco benigno, esperan que la afluencia de visitantes se
mantenga en esta noche de luna llena. Elba trata de des-
cansar durante el día, procurando guardar su energía pa-
ra acoplar la estaca al karmaq. Es un momento que a la vez
ansía y teme. El flujo de energía que parece inundarla es
tan poderoso como la resaca que experimenta una vez que
el contacto ha cesado.
Nunca sabe qué nuevas revelaciones se le presentarán
y, aunque sus padres insisten en que inserte el cristal en el
centro, porque es más vistoso el despliegue del círculo lu-
minoso completo, en ocasiones ella les desobedece y expe-
rimenta insertando el cristal en los orificios de la periferia,
que sólo encienden un sector del círculo y que convocan
recuerdos específicos de una vida pasada. Ha descubierto
que las secciones borrosas no tienen recuerdos almacena-
dos, pero todas las secciones que se dibujan con nitidez en
el tablero guardan recuerdos de hombres y mujeres que
existieron antes. Declan dice que recuperar sus experien-
cias, pero sobre todo los aprendizajes derivados de ellas,
le permitirá avanzar en el cumplimiento de su misión en
esta vida.
No han logrado descifrar cuál es esa misión, pero de al-
guna forma ella intuye que la respuesta está en el dúo y
que cada vez que lo activa hay una posibilidad de descifrar
el misterio.
Esta noche la multitud emana un tufo a humanidad hú-
meda. En el galerón se hacinan las personas que caben y
van circulando pausadamente, conforme les toca su turno,
mientras que afuera, quienes esperan impacientes avan-
zan con lentitud. El espectáculo montado por sus padres
requiere que la joven inserte el cristal en el tablero en
varias ocasiones y permanezca en trance por lapsos cor-
tos, aunque a veces se prolongan, pues ella no tiene control
de su duración. Después pasan por turno los visitantes y,
sin necesidad de que le expliquen nada, apenas los mira
con detenimiento, ella les dice cuál es su dolencia, si es cu-
rable y cómo tratarla. Los percibe como una gran masa
amorfa de rostros y cuerpos y los focaliza de manera indi-
vidual cuando se acercan a ella, uno a uno.
Esta noche es diferente: cuando regresa de su segundo
trance, distingue por un momento, al fondo del galerón,
un fulgor rojo que le provoca zozobra y miedo. Un hom-
bre alto, nórdico sin duda, la mira con intensidad por un
instante y abandona el lugar. Siente que cada vello en su
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
48 LA DIADEMA DE VIRGO
piel se eriza y pierde de foco a la mujer que tiene frente a
ella. Su cuerpo deja de sostenerla y se desvanece como si
fuera de trapo, probablemente a consecuencia de la fatiga
acumulada, o tal vez a causa de la gran impresión que el
nórdico le ha provocado.
Su padre y su hermano mayor se aprestan a levantar-
la, todavía inconsciente, mientras su madre se apresura a
recoger el dúo y el cesto de las donaciones. Esta vez la se-
sión ha terminado mal, pues la muchedumbre que espera
tendrá que retirarse sin haber consultado a la doncella y
deberá esperar un largo mes para regresar. Hay voces de
enfado en el exterior, especialmente de quienes vienen
de lejos, las cuales se atenúan cuando el padre sale del ga-
lerón con la joven exánime en brazos, y se dirige hacia su
casa a zancadas.
Elba no imagina que aquel instante es el principio del
fin de su mundo, de la vida que ha tenido con su familia,
de su amistad con Declan, de encontrarse completa y con-
forme con su modesta existencia. Hasta ahora se ha senti-
do especial y agradecida por haber hallado las piedras que
resplandecen, pero eso también cambiará. Ella está por des-
cubrir que el conocimiento que ganan los elegidos en cada
nueva vida, es, la mayoría de las veces, a costa de gran-
des sufrimientos.
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LA MARCA DE VIRGO 51
a
3
tu
lo
CCambridge, Reino Unido, junio 2007
La marca de Virgo
Después de mucho indagar, D’Arpez logró reconstruir
la historia del descubrimiento de los cristales falsos en
territorio canadiense.
En 1867 una pequeña expedición del Instituto de Cien-
cias de Nueva Escocia, comandada por el británico J. Mat-
thew Jones, tuvo a su cargo la excavación de un montículo
de conchas cerca de la Villa Francesa en la bahía de Santa
Margarita. El recuento de los hallazgos de dicha expedición
incluyó osamentas de aborígenes, huesos de aves y bestias,
utensilios y un envoltorio de cuero que contenía doce crista-
les multicolores. El propio Jones escribió: “El hatillo que
contenía los cristales resultaba fuera de lugar, como si al-
guien lo hubiera enterrado en fecha muy posterior a los
demás vestigios que hallamos; su manufactura es impe-
cable y en nada se asemejan a los objetos fabricados por
los aborígenes, lo que hace suponer una posible proceden-
cia europea”.
Los misteriosos cristales quedaron olvidados por déca-
das en las bodegas del actual Museo de Nuevo Brunswick,
el cual después los intercambió con el Museo del Hombre
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
LA MARCA DE VIRGO 53
52 LA DIADEMA DE VIRGO
en París, por diversos objetos de la cultura iroquesa. La
colección después pasaría al Museo del Muelle Branly,
abierto apenas en 2006.
D’Arpez escribió al Museo de Nuevo Brunswick en un
intento por establecer contacto con el curador o curadora
que había estado a cargo de los cristales. Su correo per-
maneció sin respuesta por un par de días. Se disponía a
llamar por teléfono, cuando un inesperado mensaje apare-
ció en su bandeja:
Apreciable Dr. D’Arpez:
Una colega del Museo de Nuevo Brunswick me con-
tactó hace unos días para comentarme que había un
profesor de Cambridge muy interesado en la historia
de los doce cristales hallados en Nueva Escocia.
Conozco poco de su origen, pero me siento en el
deber de informarle que cuando trabajaba como
curador en el museo, hace unos diez años, me visi-
tó un hombre que dijo llamarse Axel Krog, quien
estaba interesado en ver los cristales, de cuya exis-
tencia no supe cómo se enteró, pues nunca fueron
exhibidos.
Hicimos una cita al día siguiente, a la cual acu-
dió puntual, armado con una lupa de joyero. Tomó
entre sus dedos el cristal ámbar y lo analizó con
sumo detalle. Hizo lo mismo con dos o tres piezas
y se mostró muy satisfecho.
Aseguró con entusiasmo que se trataba, en efec-
to, de unas gemas que habían sido cortadas y ta-
lladas en un taller de Idar-Oberstein a mediados
del siglo XIX.
Dijo que era empleado de un descendiente del
hombre que había encargado el trabajo e insistió
que no dejara de contactarlo si alguien pregunta-
ba por los cristales. Todavía guardo su tarjeta.
Ahora que usted contactó al museo para inda-
gar acerca de los cristales, recordé la visita de Krog
y me sentí en la obligación de consultarle si tiene
algún inconveniente en que le notifique que usted
preguntó por ellos.
Quedo al pendiente de su amable respuesta.
Atentos saludos.
Logan Chase
D’Arpez se sintió complacido al confirmar dos de sus hi-
pótesis: 1) que los cristales databan del siglo XIX; y 2) que
habían sido manufacturados en Idar-Oberstein.
No obstante, el mensaje le pareció extraño y le inquie-
tó el interés del tal Krog por conocer si alguien indagaba
acerca de ellos. Respondió con prontitud a Chase agrade-
ciendo la información y le solicitó que no hiciera del conoci-
miento de terceros el interés que había manifestado por
la colección.
Mientras se preguntaba quién sería el misterioso em-
pleador de Axel Krog y cuáles eran sus motivos para in-
teresarse por cualquiera que preguntara por los cristales,
recibió un correo de Sara.
Querido Julien:
Estoy contando los días que faltan para que termi-
ne el ciclo escolar. Las vacaciones empiezan el 4 de
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
LA MARCA DE VIRGO 55
54 LA DIADEMA DE VIRGO
julio y adivina a dónde voy a viajar... ¡David y
yo nos vamos a Montreal! Pasaremos allá el verano
con la tía Olive y su familia, porque mis padres
se van a Perú por trabajo de papá. Tenemos bole-
tos para el sábado 7 y el domingo 8 ellos volarán
París-Ámsterdam-Atlanta-Lima... ¡Uf!, parece
que será un vuelo muy largo.
Papá dice que hará un levantamiento fotográ-
fico de uno de los descubrimientos arqueológicos
más importantes del año, el observatorio solar de
Chankillo (creo que así se escribe) ... tú debes saber
de eso, supongo. El lugar está en una montaña en
la costa, como a cuatro horas al norte de Lima.
Papá y mamá están tristes porque David y yo no los
acompañaremos y yo me siento culpable porque estoy
feliz de no hacerlo. No sabes lo mucho que me emo-
ciona viajar a Canadá por primera vez y poder con-
vivir con mis primos a quienes apenas conozco.
David también está entusiasmado, en especial
desde que supo que vamos a ir a un campamento de
verano que incluye varios días a bordo de un bu-
que de vela. Desde muy chico le encanta ayudar
con las maniobras en el yate del abuelo Alphonse.
No sabes lo eufórico que está porque recibirá en-
trenamiento como miembro de la tripulación.
Todavía no sé si me permitirán integrarme a la
fase del barco, porque al parecer no es accesible y
no contemplan la participación de tripulantes con
discapacidad, pero la tía Olive está negociando,
pues dice que es discriminatorio que yo no pueda
participar en todo el programa del campamento.
La verdad, a mí no me interesa demasiado em-
barcarme en el Fair Louise, pero agradezco el empe-
ño de la tía Olive en incluirme en el plan completo.
He dudado mucho si contártelo o no, pero ya
no puedo más y tengo que confesarte que he estado
viendo a Agnes desde hace poco más de un mes y
ayer intercambiamos reliquias y me permitió conec-
tar mi cristal a la diadema de Virgo. Pronto te com-
partiré un video que estoy haciendo para que te des
una idea de lo increíble que fue.
A David no le he platicado, porque de seguro
me regañará por no haberlo involucrado desde
que me topé con ella por casualidad en la biblio-
teca.
Luego te contaré con más detalle, pero por aho-
ra te digo que ya sé por qué no has querido plati-
carme de ella y te prometo que ya no insistiré.
No dejes de avisarme si descubres algo de los
cristales falsos.
Saludos cariñosos.
Sara
Agnes Sauvage; su corazón aún dolía al recordarla. París
era una ciudad grande, pero no lo suficiente para evitar
que dos elegidas se encontraran y compartieran sus re-
liquias. Se alegró por su joven protegida, quien estaba
ávida por conocer más del camino de los elegidos y no du-
dó que Agnes sería una buena maestra.
Su instinto le susurró que era una extraña coinciden-
cia que los cristales falsos hubieran sido descubiertos re-
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
LA MARCA DE VIRGO 57
56 LA DIADEMA DE VIRGO
lativamente cerca del lugar en el que Sara pasaría sus
vacaciones de verano.
Dudó si debía advertirle de la existencia de Axel Krog y
del interés de su empleador por cualquiera que pregunta-
ra por los cristales. Le parecía necesario ponerla al tan-
to del singular mensaje, pero, por otro lado, no deseaba
preocuparla, menos ahora que empezaba a sentirse a sal-
vo tras la detención de Rita.
París, Francia, junio 2007
Revisó el calendario y se percató de que sólo quedaban
dos fines de semana para los preparativos del viaje. Le
pediría a su madre que fueran de compras. La lista del
campamento incluía varios artículos que no tenía: panta-
lones cortos, una playera a rayas, un silbato y un saco de
dormir. También quería un nuevo corte de cabello, pues
estaba cansada de verse siempre igual.
Su madre no estaba contenta con la decisión, pero Sa-
ra se mostró firme. Llevaba doblada en el bolsillo una im-
presión del corte que quería. Había decidido que era tiempo
de darle un descanso a su larga y ondulada melena y op-
tar por algo más cómodo, ante la inminente llegada de los
meses calurosos del año. Después de una interminable
búsqueda en internet, le había gustado el cuadro al óleo
de una joven que tenía cierto parecido con ella, quien lle-
vaba su cabello corto con un flequillo casual.
Se miró a los ojos cuando la peluquera comenzó a cor-
tar y recordó la ocasión, hacía casi un año, cuando descu-
brió el rostro de Alma mirándole desde el espejo en aquel
salón de belleza estilo indio de Cambridge. Perdió la no-
ción del tiempo pensando en los muchos rostros que había
tenido en el pasado. Hasta ahora le habían sido revelados
los de Alma, de Xaman y de Elba, todos tan familiares co-
mo el suyo, tan parte de ella como los cuerpos que habían
albergado su alma en vidas pasadas.
–¿Así está bien? –la voz de la peluquera la trajo de vuel-
ta y miró complacida que ante ella había una jovencita
que se parecía a la del cuadro. Estaba encantada con su
nueva apariencia que la hacía ver menos niña. No pudo
evitar pensar en Paulo y lo mucho que le gustaba aspi-
rar el aroma de su cabello y se alegró de haberse quitado
de encima ese doloroso recuerdo.
Mientras retiraba la protección que había colocado so-
bre su ropa para evitar que cayera cabello sobre ella, la
peluquera le preguntó si no le había dolido mucho hacer-
se un tatuaje detrás de la oreja.
La chica disimuló su sorpresa y negó con la cabeza, de-
seando con cada poro de su piel que su madre no hubiera
escuchado.
Cuando llegó a casa le pidió a David que revisara el
supuesto tatuaje y confirmó que se trataba del símbolo
de Virgo, muy parecido a la letra “M” fundida con una la-
zada del lado derecho, similar a la que se usa para sim-
bolizar duelo. Ahora estaba segura de que cada reliquia
dejaba una marca en su cuerpo y buscó afanosa la hue-
lla de Acuario, que con ayuda de su hermano por fin des-
cubrió en la planta de su pie derecho. Para su fortuna,
las tres reliquias habían dejado marcas sutiles en lu-
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
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gares poco visibles, lo cual resultaba muy conveniente si
se consideraba la aversión que sentía su madre por los
tatuajes y las perforaciones.
Aunque estaban distanciadas, Helene no la había bloquea-
do en MySpace y Sara miró con nostalgia las fotografías de
las vacaciones de Pascua en las que todavía aparecían
juntas, muy risueñas en la playa. No le parecía justo que
un chico se interpusiera entre ellas, y mucho menos aho-
ra que Paulo era persona non grata para ambas.
El trayecto desde el acceso principal de la escuela has-
ta su salón le pareció más largo que de costumbre. Sentía
las miradas curiosas clavadas en su nuca, juzgando a favor
y en contra de su nuevo corte de cabello. ¿Por qué la gen-
te tiene que ser tan evidente respecto a la opinión que le
merece la apariencia de los demás? El don de Hermes
le permitía llevar casi un conteo de quienes pensaban
que lucía mejor y de quienes calificaban como desastrosa
la decisión de dejar ir su larga cabellera. Ella estaba com-
placida con su nueva apariencia, pero las miradas que refle-
jaban desaprobación hicieron flaquear su autoconfianza
y empezó a sentirse miserable y más sola que nunca, de-
seando que terminara el horario escolar, aunque apenas
iniciaba.
Helene, quien después de Pascua por lo general rehuía
su mirada, la vio con sorpresa y Sara se quedó intrigada,
pues no logró descifrar si su amiga aprobaba o no su nuevo
look. Lo que sí podía leer en su lenguaje corporal era que la
chica deseaba acercarse tanto como ella lo ansiaba, pero
ninguna tenía el valor de dar el primer paso, o ninguna
sabía cómo hacerlo. Sara se preguntaba: “¿Debo ofrecerle
una disculpa? ¿Me acerco y le hablo como si nada hubiera
pasado?”
Louane y Tiffany, siempre tan transparentes, se rieron
de ella a sus espaldas, aunque con toda la intención de que
lo notara y Tiffany abiertamente externó su opinión.
–Sacrificaste tu único atributo –le dijo en tono condes-
cendiente.
–¿Y quién te preguntó tu opinión? –salió Helene en su
defensa.
Sara sintió como si algo tibio se esparciera en su interior
y buscó la mirada de Helene, en un intento por expresarle
lo mucho que necesitaba su amistad. Su amiga miró en otra
dirección y se apartó. Aunque la había defendido ante las
críticas malintencionadas de Tiffany, parecía que tendría
que esforzarse por lograr una reconciliación.
A la hora del descanso compró el chocolate favorito de
su amiga en la máquina dispensadora y se acercó con
timidez a la chica que se sentaba solitaria desde que su
amistad se había enfriado. Le tendió el chocolate al tiem-
po que balbuceó:
–Gracias.
Helene levantó la mirada y aceptó el chocolate, pero
permaneció callada, con la golosina en su regazo.
–Sé que lastimé tus sentimientos, pero no lo hice a pro-
pósito. ¿Puedes perdonarme? –por fin logró decir lo que
había estado ensayando en su mente por semanas y, sin
poder controlarse, sintió lágrimas resbalar por sus me-
jillas.
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
LA MARCA DE VIRGO 61
60 LA DIADEMA DE VIRGO
Su amiga dejó el chocolate sobre la banca y se puso de pie
acercándose para darle un abrazo que dijo todo lo que Sa-
ra esperaba escuchar. El abrazo fue correspondido y las
dos lloraron felices. Cuando por fin dejaron de estrecharse,
Helene se sentó frente a ella, tomó el chocolate, retiró la
envoltura, lo partió en dos y le ofreció una mitad, al tiempo
que sonreía de oreja a oreja con los ojos todavía llorosos.
–Me gusta tu nuevo corte, te ves menos niña, más ado-
lescente...
–¿Verdad que sí? A mí también me gustó –respondió,
peinando su corta cabellera con los dedos.
No pudo contarle de las verdaderas intenciones con que
Paulo se acercó a ella y pensó que entrar en detalles acerca
de los besos que hubo entre ellos lastimaría a Helene, por lo
que en un pacto sin palabras decidieron evitar el tema del
chico que las enemistó y optaron por enfocarse en sus res-
pectivos planes para el verano.
Helene y su familia viajarían a España, a la región de
Cataluña. Sara le platicó de los planes familiares y de lo
mucho que ansiaba pasar el verano en Canadá con sus tíos
y primos. Acordaron que se mandarían correos y que publi-
carían fotos en sus respectivos espacios de MySpace.
Los últimos días del ciclo escolar, pese a los exámenes
finales, fueron mucho más llevaderos ahora que contaba
de nuevo con la amistad de Helene, pues sin ella el colegio
era un lugar solitario donde todo el mundo era amable,
pero nadie tenía el interés de acercarse para conocerla.
Así había sido por años, hasta que Helene apareció en su
vida y supo lo que era tener una mejor amiga, una única
amiga.
Percibía que la mayoría de sus compañeros y compa-
ñeras la veían como “la chica de la silla de ruedas”, como
si eso la hiciera diferente, como si la silla fuera el único
rasgo destacable de su persona, como si fuera su esencia,
lo que la definía. Por eso renunció a su intento por inte-
grarse al grupo de teatro, cuando madmoiselle Duval le
dijo con supuesta simpatía:
–Claro que puedes, querida, aunque lamento decirte
que las obras de teatro que montamos, por lo general, no
tienen personajes en silla de ruedas.
Era tan limitada que no podía entender que la silla de
ruedas no tenía por qué ser un rasgo del personaje, era in-
capaz de obviar la silla, parecía que era lo único que podía
ver. Las escuelas inclusivas se enfocaban en construir ram-
pas y agregar un cubículo accesible en los baños... también
instalaban bebederos más bajos, pero no se ocupaban de
construir rampas en las mentes, para que en realidad
se abrieran y les dieran acceso a las personas que, a pri-
mera vista, parecían diferentes.
Ni profesores, ni estudiantes se daban cuenta de que
ella, al igual que cualquiera de ellos, también necesita-
ba amigos y soñaba con que alguien la amara de esa for-
ma especial en que todos queremos ser amados. Parecían
no percatarse de que ella, como cualquier adolescente, tam-
bién se divertía yendo al cine, leyendo un libro o pasando
un día en la playa. Ignoraban que ella atravesaba por la
misma fase que ellos, ese tiempo en que cada uno busca
saber quién es, qué lo hace especial o diferente, definirse
como persona por dentro y por fuera.
Sin Helene, estaba muy sola. Nadie se acercaba para
conversar, ni se interesaba en saber de ella. Era paradó-
jico cómo todo el mundo conocía su nombre, pero, en reali-
dad, nadie la conocía, nadie excepto Helene, y aún para ella
tenía secretos. La vida había cambiado desde el verano
Ejemplar de muestra. Prohibida su distribución
LA MARCA DE VIRGO 63
62 LA DIADEMA DE VIRGO
Fechas del diario de Sara que podrás
consultar después de leer este capítulo:
05/06/2007
08/06/2007
09/06/2007
11/06/2007
13/06/2007
15/06/2007
18/06/2007
pasado, cuando, durante su estancia en Cambridge, había
descubierto que era una elegida y recuperado su dúo.
Los tres symmas que hasta ahora conocía, su hermano
David, el profesor D’Arpez y la propia madre de Helene,
Florence, le habían recomendado que guardara su identi-
dad en secreto y que no la revelara, ni siquiera a su mejor
amiga. Seguía sintiendo un gran afecto por ella, pero el
no poder contarle su secreto la hacía sentir mal, como si
traicionara su confianza, y ello se interponía como una
barrera invisible que la hacía anhelar una amistad ple-
na, en la que pudiera platicar con libertad de sus dudas,
de sus inquietudes.
Aunque podía hablar con los symmas, no era lo mismo
que tener un mejor amigo, un confidente con quien pu-
diera compartir cualquier cosa. Con Agnes sentía una cer-
canía especial, por tratarse de otra elegida, pero la diferencia
de edades no siempre facilitaba la comunicación.
Fantaseaba con la idea de conocer a un elegido o elegi-
da de su edad con quien pudiera compartirlo todo, que
entendiera lo que estaba viviendo y lo difícil que había
sido el último año, desde aquel día que se topó con el cris-
tal y el karmaq en el Museo Fitzwilliam.
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