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Abstract

ABSTRACT – The objective of this article is to analyze the meaning of journalists’ voluntary turnover in the configuration of the space that they have historically occupied: newsrooms. Drawing on Auge’s concept of non-place and fieldwork in the leading newspapers of three northern Mexican states, it is discovered that the recurring recreation of turnover events transforms newsrooms from spaces of permanence into spaces of transition; that is, from places to non-places. The scope of this phenomenon transcends the entry and exit of a certain generation since it erodes the identitarian, relational and historical character of these spaces. RESUMO – O objetivo deste artigo é analisar o significado da rotatividade voluntária dos jornalistas na configuração do espaço que historicamente ocuparam: as redações. Com base no conceito de Augé de não-lugar e do trabalho de campo realizado junto aos principais jornais de três estados do norte do México, conclui-se que a recorrência de eventos de demissão transforma as redações, de espaços de permanência em espaços de transição; ou seja, de lugares em não-lugares. O alcance deste fenômeno transcende a entrada e saída de uma determinada geração, pois corrói a identidade, o carácter relacional e histórico destes espaços. RESUMEN – El objetivo de este artículo es analizar el significado de la rotación de personal voluntaria de los periodistas en la configuración del espacio que históricamente han ocupado: las salas de redacción. A partir del concepto de no lugar de Augé y trabajo de campo en los principales periódicos de tres estados del norte de México, se descubre que la recreación recurrente de los eventos de renuncia transforma a las redacciones de espacios de permanencia en espacios de transición; es decir, de lugares en no lugares. El alcance de este fenómeno trasciende la entrada y la salida de determinada generación, pues erosiona el carácter identitario, relacional e histórico de estos espacios.
Licença Creative Commons Atribuição SemDerivações-SemDerivados 4.0 Internacional
(CC BY-NC-ND 4.0).
Víctor Hugo Reyna
DOI: 10.25200/BJR.v17n2.2021.1394
ARTIGO
RESUMEN – El objetivo de este artículo es analizar el significado de la rotación de
personal voluntaria de los periodistas en la configuración del espacio que históricamente
han ocupado: las salas de redacción. A partir del concepto de no lugar de Augé y trabajo
de campo en los principales periódicos de tres estados del norte de México, se descubre
que la recreación recurrente de los eventos de renuncia transforma a las redacciones de
espacios de permanencia en espacios de transición; es decir, de lugares en no lugares. El
alcance de este fenómeno trasciende la entrada y la salida de determinada generación,
pues erosiona el carácter identitario, relacional e histórico de estos espacios.
Palabras clave: México. No lugares. Periodismo. Rotación de personal. Salas de
redacción.
REDAÇÕES COMO NÃO LUGARES
RESUMO – O objetivo deste artigo é analisar o significado da rotatividade voluntária
dos jornalistas na configuração do espaço que historicamente ocuparam: as redações.
Com base no conceito de Augé de não-lugar e do trabalho de campo realizado junto aos
principais jornais de três estados do norte do México, conclui-se que a recorrência de
eventos de demissão transforma as redações, de espaços de permanência em espaços
de transição; ou seja, de lugares em não-lugares. O alcance deste fenômeno transcende
a entrada e saída de uma determinada geração, pois corrói a identidade, o carácter
relacional e histórico destes espaços.
Palavras-chave: México. Não-lugares. Jornalismo. Rotatividade profissional. Redações.
LAS SALAS DE REDACCIÓN
COMO NO LUGARES
VÍCTOR HUGO REYNA
Universidad De La Salle Bajío, León – Guanajuato – México
ORCID: 0000-0001-8870-7067
DOI: 10.25200/BJR.V17N2.2021.1394
Recibido en: 11/01/2021
Desk Review en: 16/01/2021
Editor de Desk Review: Fábio Pereira
Revisado en: 01/03/2021
Aceptado en: 09/04/2021
1 Introducción
La recesión financiera de la industria periodística ha
contribuido a que la comunidad internacional de estudiosos del
periodismo le preste mayor atención a fenómenos como la satisfacción
laboral, el agotamiento profesional y la rotación de personal (Liu et
al., 2018; MacDonald et al., 2016; Reinardy, 2017). Más allá de la ola
de cierres y recortes que ha provocado este proceso, este cuerpo de
trabajos ha mostrado que la disminución de la actividad económica
de este sector productivo también se puede manifestar en la salud
mental y física de los periodistas, así como en sus intenciones de
renunciar al periodismo.
No obstante la relevancia de estos fenómenos, en América
Latina todavía son escasas las publicaciones acerca de ellos (Beza
& Gutiérrez, 2018; Mellado & Castillo, 2012; Reyna, 2019a). En su
lugar, predominan los estudios centrados en la cultura profesional
(Amado, 2017; Oller & Viera, 2019; Mellado et al., 2021). Con la
intención de contribuir al desarrollo del campo disciplinar de los
estudios del periodismo, en este artículo se propone no sólo analizar
el fenómeno de la rotación de personal, sino interrogar su significado
NEWSROOMS AS NON PLACES
ABSTRACT – The objective of this article is to analyze the meaning of journalists’
voluntary turnover in the configuration of the space that they have historically occupied:
newsrooms. Drawing on Auge’s concept of non place and fieldwork in the leading
newspapers of three northern Mexican states, it is discovered that the recurring recreation
of turnover events transforms newsrooms from spaces of permanence into spaces of
transition; that is, from places to non places. The scope of this phenomenon transcends
the entry and exit of certain generation, since it erodes the identitarian, relational and
historical character of these spaces.
Key words: Mexico. Non places. Journalism. Turnover. Newsrooms.
Víctor Hugo Reyna
en la configuración del espacio que tradicionalmente han ocupado
los periodistas: las salas de redacción.
Elaborando a partir del concepto de no lugar de Augé (2008) y
trabajo de campo en los principales periódicos del norte de México, se
descubre que la rotación de personal voluntaria está convirtiendo a las
redacciones de espacios de permanencia en espacios de transición; es
decir, de lugares en un sentido antropológico en no lugares. El alcance
del cambio trasciende la entrada y salida del periodismo de determinada
generación, pues erosiona el carácter identitario, relacional e histórico
de estos espacios y hace que las nuevas generaciones ingresen a ellos
con menos o sin incentivos para reestablecerlos.
En contraste, plataformas de micro-blogging y mensajería
instantánea como Facebook, Twitter y WhatsApp están surgiendo
como el lugar de los periodistas que aún no concretan sus intenciones
de renuncia. Semejante transformación deriva tanto de la reducida
capacidad de influencia que los periodistas perciben tener en sus lugares
de trabajo como de su necesidad por establecer relaciones horizontales
—entre sus pares— para sobrellevar cargas de trabajo intensas y poco
satisfactorias. Dicho de otra manera, como los periodistas sienten que no
son tomados en cuenta en las tomas de decisiones en sus redacciones-
organizaciones, se están refugiando donde sí se escuchan sus voces.
El artículo está organizado en tres apartados. En el primer
apartado se desarrolla un marco conceptual para el estudio del impacto
de la rotación de personal voluntaria en el carácter cambiante del
significado del espacio históricamente ocupado por los periodistas:
las salas de redacción. En el segundo apartado se describe el diseño
metodológico que se ha empleado. En el tercer apartado se presentan
los resultados de la investigación empírica que se ha realizado en las
redacciones de los principales periódicos de Baja California, Nuevo
León y Sonora, acentuando la erosión de su carácter identitario,
relacional e histórico.
2 Marco conceptual
Las salas de redacción han sido el lugar de los periodistas
desde mediados del siglo XIX. A partir de la industrialización y la
profesionalización del periodismo, fue en esa época cuando se
determinó que la redacción, la edición y la diagramación de las
publicaciones periódicas debía realizarse en un espacio exclusivamente
dedicado a ello. Para Nerone y Barnhurst (2003), las redacciones
tienen sentido una vez que el trabajo editorial (redacción, edición y
diagramación) es separado del trabajo mecánico (impresión), pues
hasta ese momento no existía una división entre el trabajo del editor
y el del impresor; en otras palabras, editor de un periódico era quien
imprimía un periódico.
A través de evidencia fotográfica de la década de 1930,
Hardt y Brennen (1999) encuentran similitudes estructurales entre
las salas de redacción y las maquiladoras textiles, con las máquinas
de escribir reemplazando a las máquinas de coser. Por ello, Nerone
y Barnhurst (2003) sostienen que las máquinas de escribir fueron
claves en la institucionalización de la redacción como el lugar de
trabajo de los periodistas, en tanto que fueron las tecnologías
para anclarlos a un escritorio. En este sentido, estos espacios son
desde su origen espacios heterónomos donde se intenta controlar la
producción periodística de manera vertical.
En México, las redacciones surgen a fines del siglo XIX,
entre las décadas de 1870 y 1880, cuando los periódicos inician su
transición de taller artesanal a industria (Del Palacio, 1995). Es en el
marco de esa transformación que se determina que los reporteros
—una figura emergente en el periodismo de la época— tienen que
realizar sus labores en una habitación junto a sus compañeros de
periódico. Este proceso no se desarrolla de manera uniforme en
todo el país, sino que se expresa de diferentes maneras a lo largo
del territorio nacional. Por ejemplo, en el norte inicia en el siglo XX,
cuando se vio la necesidad de reunir en un lugar de trabajo a los
periodistas (Cejudo, 2013).
Con la intención de contribuir al estudio del impacto de
la rotación de personal voluntaria en la configuración del espacio
tradicionalmente ocupado por los periodistas, este artículo elabora
a partir del concepto de no lugar de Augé (2008). Para este autor,
un no lugar es “un espacio que no puede definirse ni como espacio
de identidad ni como relacional ni como histórico” (p.83). Esta
denominación la emplea para conceptualizar espacios de paso,
de transición, como los aeropuertos, las carreteras, los centros
comerciales y los hoteles en contraposición con los lugares en un
sentido antropológico.
En sus estudios sobre la industrialización del periodismo
estadounidense, Wallace (2005, 2012) sostiene que el establecimiento
de los periódicos de Nueva York en altos rascacielos y en las principales
Víctor Hugo Reyna
avenidas de la ciudad no fue aleatorio, sino que tenía una intención:
comunicar el poder de la naciente industria. Esta intencionalidad
puede ser interpretada de dos maneras: por una parte, hay una
dimensión institucional orientada a advertir sobre la capacidad de
influencia societal del periodismo; por otra parte, hay una dimensión
organizacional enfocada en la atracción de talentos periodísticos.
De esta manera, mientras el exterior de los edificios de
los periódicos se convertía en una referencia urbana, su interior —
sobre todo sus salas de redacción— se constituía en referente para la
comunidad de profesionales del periodismo de determinada ciudad,
estado o país. Esto significa que, así como los turistas acostumbraban
a visitar las instalaciones de los periódicos para conocer un lugar
que consideraban identitario, relacional e histórico, los periodistas
aspiraban a estar en él para desarrollar carreras de larga duración.
Esto se mantuvo relativamente estable hasta la recesión 2008, cuando
el trabajo en los periódicos de referencia perdió parte de su aura.
Aunque el referente empírico de Augé (2008) son los
aeropuertos, las carreteras, los centros comerciales y los hoteles, su
teorización puede ser extrapolada al estudio de la transformación
estructural de las redacciones periodísticas. En ella plantea que un no
lugar “no existe nunca bajo una forma pura [porque] los lugares se
recomponen, las relaciones se reconstituyen” (p.84). ¿Esto quiere decir
que un lugar puede devenir en no lugar si, en algún punto, pierde su
sentido identitario, relacional e histórico? ¿O los lugares en un sentido
antropológico retienen su estatus por siempre? ¿Qué pasa con las
iglesias que, vaciadas de sentido, se convierten en centros culturales?
Nuestra interpretación del concepto de no lugar no es
ortodoxa. En primer lugar, procura conceptualizar las consecuencias
organizacionales y espaciales de la recreación recurrente de los
eventos de renuncia en las salas de redacción de los principales
periódicos del norte de México, no discutir si los aeropuertos, las
carreteras, los centros comerciales y los hoteles son o no son lugares
en un sentido antropológico. En segundo lugar, se interesa en el
cambio antes que en la continuidad del espacio que históricamente
han ocupado los periodistas para examinar la erosión de su carácter
identitario, relacional e histórico.
Desde una perspectiva organizacional, la caracterización de
los no lugares de Augé (2008) es relevante por hacer énfasis en el
carácter transitorio, prescriptivo, prohibitivo e informativo de este
tipo de espacios. La primera característica alude tanto al hecho de
que los aeropuertos, las carreteras, los centros comerciales y los
hoteles son espacios de conexión para llegar de un punto a otro como
al presentismo que predomina en ellos porque no hay un pasado
que rememorar ni un futuro que imaginar. La segunda característica
remite a su heteronomía, a la orientación constante a la que someten
a los pasajeros en tránsito.
Estas dos características corresponden con lo observado
en las redacciones de los periódicos de Baja California, Nuevo León
y Sonora durante nuestro trabajo de campo. En primer lugar, estos
lugares de trabajo han sido convertidos en espacios de transición
por una generación que se rehúsa a mantenerse en ellos. Por citar
la metáfora con la que Beck (1998, p.119) describe la fragilidad del
empleo en la sociedad contemporánea: “Es como en el metro. Subo
en una estación, bajo unas estaciones después. Al subir ya estoy
pensando en bajar”. La diferencia es que la rotación de personal
en cuestión es crecientemente voluntaria (renuncias) antes que
involuntaria (despidos).
En segundo lugar, una combinación entre estandarización,
individualización y déficit en el control del trabajo, así como
cultura del miedo y estrictos códigos de conducta y manuales de
estilo, han hecho de las salas de redacción espacios prescriptivos,
prohibitivos e informativos. En ellas, los periodistas tienen reducida
o nula capacidad de influir en las tomas de decisiones y con cierta
frecuencia se les recuerda que son prescindibles para la organización
mediante el discurso “Contigo y sin ti, el periódico seguirá saliendo”.
Esto contribuye a que se sientan como pasajeros en tránsito antes
que como habitantes de estos espacios, estableciendo un círculo
vicioso con el punto previo.
A Augé (2008) parece preocuparle la emergencia de los no
lugares no sólo como espacios de transición, sino como espacios de
“soledad y similitud” (p.107). Su mirada es nostálgica y se enfoca en
lamentar la paulatina erosión de la relación entre espacio y sociedad
que provoca la fase avanzada del capitalismo, lo que él conceptualiza
como “supermodernidad”. Es necesario tomar en cuenta que la edición
original de Los no lugares (Non-lieux: introduction à une anthropologie
de la surmodernité, en francés) remite a principios de la década de
1990. En esa época, en efecto, el acto de trasladarse de un punto a
otro podía ser en extremo solitario y carente de socialización.
Entre las décadas de 2000 y 2010, con la popularización
de los teléfonos inteligentes, esto empieza a cambiar. Los teléfonos
Víctor Hugo Reyna
inteligentes se hacen omnipresentes y la tecnología móvil permite
que sus usuarios se mantengan en contacto con sus familiares y
amigos incluso mientras transitan no lugares como los aeropuertos,
las carreteras, los centros comerciales y los hoteles. Aunque esto
no haya significado la transformación de los no lugares en lugares,
les ha quitado algo de soledad a sus transeúntes. En una entrevista
con Wahl-Jorgensen (2008, p.964), Benhabib plantea que eso puede
ser nocivo porque la gente anda con una “envoltura de burbujas
alrededor de sus cerebros”.
Con y contra Augé, Varnelis and Friedberg (2008) desarrollan
un nuevo concepto de lugar para dar sentido a los espacios
aumentados, móviles, virtuales y en red que surgen con el desarrollo
de los teléfonos inteligentes y sus plataformas de micro-blogging y
mensajería instantánea. En lugar de lamentar o celebrar la emergencia
de estos espacios, estos autores acentúan cómo la noción de lugar
es modificada por el acceso permanente a internet que produce la
tecnología móvil. Entonces, desafían el planteamiento de Augé (2008)
al hacer notar que los usuarios de estas tecnologías no sólo ocupan
o transitan por un espacio y que pueden —de manera virtual— estar
en varios a la vez:
Mucho ha cambiado desde los días de Augé. La proliferación de
los teléfonos móviles y la adopción generalizada de conexiones
a Internet de banda ancha siempre activas en hogares y
oficinas del mundo desarrollado significa que no estamos
necesariamente solos, incluso si no estamos interactuando con
aquellos que están cerca de nosotros. (Varnelis & Friedberg,
2008, p.20).
Esta conceptualización es clave para nuestro análisis
del carácter cambiante de las salas de redacción. Si siguiendo la
definición de no lugar de Augé (2008) podemos dar sentido a la
erosión del carácter identitario, relacional e histórico de estos lugares
de trabajo, la teorización de Varnelis y Friedberg (2008) nos permite
aproximarnos al refugio de los periodistas en las plataformas de
micro-blogging y mensajería instantánea como Facebook, Twitter
y WhatsApp. Así se pueden interrogar sus presencias y ausencias,
así como su movilidad e inmovilidad, para mejorar nuestro
entendimiento sobre las consecuencias organizacionales y espaciales
de la recreación recurrente de los eventos de renuncia.
3 Diseño metodológico
¿Cómo estudiar la erosión del carácter identitario, relacional
e histórico de las salas de redacción? La denominada etnografía de
las redacciones podría sugerir un abordaje antropológico, a partir
de una observación participante o no participante de las dinámicas
organizacionales de estos lugares de trabajo. Ello implicaría que el
investigador pudiese introducirse en una o en varias redacciones
para realizar su trabajo de campo durante un largo periodo, para así
generar una descripción densa de lo observado. Para evitar conflictos
éticos, el investigador debería tener permiso de los directivos de
tales redacciones-organizaciones.
En México, un trabajo de campo de estas características no
siempre es viable. Si encuestar y entrevistar periodistas es complejo
debido al sesgo de asentimiento y la falsificación deliberada en la que
suelen incurrir para cuidar su imagen y la de sus organizaciones, a la
observación in situ de sus actividades hay que agregarle las barreras
organizacionales. En este país, las organizaciones periodísticas
acostumbran a oponer resistencia a la investigación social porque
no la distinguen de la investigación periodística y temen que sus
secretos sean expuestos ante el público. Al menos en parte, esto
explica la escasez de etnografías de las salas de redacción mexicanas
(Escobedo, 2018; Merchant, 2017).
Al iniciar nuestro trabajo de campo en los periódicos del norte
de México, cuando aún no definíamos las técnicas de investigación
a emplear, se nos brindó acceso a la redacción de Milenio Monterrey.
Realizamos algunas entrevistas, efectuamos ciertos ejercicios de
observación e incluso tomamos fotografías. Al intentar replicar este
trabajo de campo en el otro periódico de referencia de Monterrey,
El Norte, encontramos barreras organizacionales: no sólo no se
nos proporcionó el acceso solicitado, sino que se le pidió cancelar
entrevistas a los periodistas con los que ya habíamos concretado un
encuentro cara a cara.
Por esta razón, nos vimos en la necesidad de apelar a
estrategias metodológicas alternativas como el muestreo no
probabilístico en cadena, mejor conocido como bola de nieve, y a
la técnica de investigación de la entrevista en lugar de encuestas u
observación. Como nuestro interés inicial era la rotación de personal
voluntaria en los periódicos del norte de México, en particular en
Baja California, Nuevo León y Sonora, y no el carácter cambiante
Víctor Hugo Reyna
del lugar de trabajo de los periodistas, consideramos prioritaria la
expresión de estos trabajadores en sus propios términos y optamos
por no proseguir con los ejercicios de observación iniciados en
Milenio Monterrey.
No obstante los obstáculos organizacionales y las decisiones
metodológicas, al interrogar a los periodistas y ex periodistas de
esta región sobre sus experiencias y percepciones empezamos a
entender que las salas de redacción estaban siendo transformadas
de espacios de permanencia en espacios de transición por una
generación que se rehusaba a mantenerse en ellas. Ello nos llevó
al concepto de no lugar de Augé (2008) y a prestar mayor atención
a la erosión del sentido identitario, relacional e histórico de estos
lugares de trabajo que estaba provocando la recreación recurrente
de los eventos de renuncia.
En total, realizamos 64 entrevistas, 36 a mujeres y 28 a
hombres. El desbalance a favor de las mujeres responde no sólo
a la creciente feminización de las redacciones periodísticas, sino
a que ellas son más proclives a la renuncia por diversos factores
socioculturales, y también al hecho de que los hombres presentaron
mayor propensión a cancelar las entrevistas pautadas. De estas 64
entrevistas, 20 se realizaron en Baja California y 22 tanto en Nuevo
León como en Sonora (Tabla 1). Esta muestra nos permitió alcanzar
una saturación de la información conforme los entrevistados
empezaron a ser reiterativos más allá de su organización o estado
de origen.
Tabla 1 – Distribución de periodistas y ex periodistas
entrevistados
Baja California Nuevo León Sonora
Mujeres 10 13 13
Hombres 10 9 9
Total 20 22 22
Fuente: elaboración propia.
Todas las entrevistas fueron grabadas y transcritas. Se
grabaron un total de 60 horas y 35 minutos de entrevistas,
siendo la más larga de 2 horas y 35 segundos y la más corta
de 21 minutos y 35 segundos. Para este artículo, se realizó una
codificación abierta para clasificar las experiencias y percepciones
de los periodistas y ex periodistas del norte de México bajo las
tres categorías de análisis del lugar y el no lugar de Augé (2008):
carácter identitario, relacional e histórico. También se efectuó
una codificación abierta para procesar aquello relativo al uso de
los teléfonos inteligentes y sus plataformas de micro-blogging y
mensajería instantánea.
4 Las salas de redacción como no lugares
De acuerdo con los periodistas y ex periodistas que hemos
entrevistado, las salas de redacción de los principales periódicos
del norte de México son espacios de transición. Para los que no se
quieren quedar, son espacios de transición porque no encuentran
satisfacción en sus condiciones, relaciones u organización del
trabajo, concretando sus intenciones de renuncia en cuanto les es
posible. Para los que sí se quieren quedar, son espacios de transición
porque la individualización y flexibilización del trabajo no les permite
desarrollar una carrera de larga duración en ellas, pudiendo ser
cesados en cualquier momento.
Para analizar sus experiencias y percepciones sobre el
carácter cambiante de estos lugares de trabajo, las clasificamos
a partir de las antes mencionadas categorías de análisis de Augé
(2008). Esto nos ha permitido examinar el amplio espectro de
la transformación según sus habitantes, ahora devenidos en
pasajeros en tránsito. En este caso, nos interesa dar cuenta de
la erosión del carácter identitario, relacional e histórico de las
redacciones, así como del desplazamiento de los periodistas que
aún no concretan sus intenciones de renuncia a las plataformas
de micro-blogging y mensajería instantánea como Facebook,
Twitter y WhatsApp.
4.1 La erosión del carácter identitario
Durante la mayor parte del siglo XX, el periodista fue
representado como un trabajador de tiempo completo que desempeñaba
tareas de editor, reportero o fotógrafo en una organización periodística
consolidada. Hasta 2019, la Real Academia Española (RAE) (2014,
p.6732) lo definía como una “[p]ersona profesionalmente dedicada en
Víctor Hugo Reyna
un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas
de información o de creación de opinión”. Con el cambio de siglo y
la flexibilización del trabajo en las organizaciones periodísticas, la
estabilidad del empleo en este sector productivo se resquebraja y, con
ella, el carácter identitario de las salas de redacción.
Si antes el periodista se definía a partir de la redacción-
organización en la que trabajaba, en el siglo XXI crecientemente
lo hace más allá de ella. En otras palabras, los periodistas ya no
sólo se presentan como trabajadores de determinada redacción-
organización porque sus identidades y trayectorias profesionales
están cada vez menos vinculadas a este tipo de lugares de trabajo.
Esto puede ser conceptualizado como la erosión del carácter
identitario de las salas de redacción y como la escisión del binomio
periodista-organización, pues espacial y ocupacionalmente los
periodistas han dejado de depender de una redacción-organización
para realizar su trabajo.
Entre los periodistas y ex periodistas que entrevistamos
en Baja California, Nuevo León y Sonora hay un contraste de
percepciones y experiencias que da cuenta de esta transformación.
Por una parte, los periodistas nacidos entre las décadas de 1950 y
1960 expresan una fuerte identidad con su redacción-organización
con frases como “soy una orgullosa imparcialera de aquella época
[fines de la década de 1980]” (Periodista 1, comunicación personal,
2016). Por otra parte, los periodistas nacidos entre las décadas de
1980 y 1990 declaran lo opuesto: “en cuanto podía, me quitaba el
gafete [de El Imparcial], no me gustaba” (Periodista 2, comunicación
personal, 2016).
Goyanes y Rodríguez (2021) plantean que la incertidumbre
laboral generada por la recesión financiera de la industria periodística
ha instalado al presentismo en las trayectorias profesionales de los
periodistas. Entendido como una propensión individual a centrarse
en el presente, en el aquí y en el ahora, el presentismo es observable
en las nuevas generaciones, quienes ingresan a las salas de
redacción sin la intención de permanecer en ellas. Este presentismo,
este estar hasta nuevo aviso, impide que los periodistas desarrollen
una identidad con su redacción-organización incluso cuando son
empleados por un periódico de referencia como El Imparcial, El
Norte o Zeta.
Los conceptos de presentismo e incertidumbre laboral
que emplean Goyanes y Rodríguez (2021) concuerdan con las
nociones de individualización y riesgo de desempleo que utiliza
Reyna (2019b), en tanto que dan sentido a la fragilidad del empleo
que provoca la institucionalización de las relaciones laborales
individuales, entre empleado y empleador. En el norte de México,
a estas transformaciones se suma el ingreso al mercado laboral de
una generación de periodistas con mayor consciencia sobre sus
derechos laborales, creando una combinación entre expectativas
y realidades que hace saltar por los aires las identidades con la
redacción-organización:
Ya no hay identidad con los medios o con las redacciones,
como les quieras llamar, porque [las organizaciones
periodísticas] son bien [abusivas], te tienen en una
precarización de… ¡no hay contratos…! Entonces, [antes que
parte de una redacción], pues te sientes como un reportero,
más bien, de tus temas, de tus proyectos o de tus reportajes,
y es lo que vas por ahí defendiendo y presumiendo. ¿Cómo
te vas a sentir parte de un medio, de una redacción, si no
te dan seguridad social, si no te dan [nada]? (Periodista 3,
comunicación personal, 2020).
Para los periodistas que renuncian a una organización
periodística pero no al periodismo, desarrollando carreras
proteanas al pasar de una organización a otra sin identificarse con
alguna de ellas o directamente empleándose como freelancers
para ofrecer su labor a destajo a una o varias organizaciones,
la identidad con su trabajo reemplaza a la identidad con la
redacción-organización. En cierto sentido, esto es lo que Beck
(1998) ha denominado como la individualización del empleo
y el desempleo, pero expresándose como una consecuencia
indeseada e impensada en la erosión del carácter identitario de
las salas de redacción.
Por su parte, para los periodistas que no aspiran a
desarrollar una carrera en el periodismo, la debilidad de su
identidad con la redacción-organización les permite concebir a
su empleo en un periódico como un empleo temporal, como un
escalón hacia la comunicación política o corporativa. Trabajar
uno o dos años en un periódico importante —racionalizan estos
profesionales— permite demostrarle a su siguiente empleador que
pueden trabajar bajo presión y con estrés. Con la entrevista de su
próximo empleo en mente, para ellos es clave renunciar antes de
que los despidan y recalcar que se apartaron del periodismo para
crecer como profesionales:
Víctor Hugo Reyna
Yo quería trabajar en El Norte porque sé que es un periódico
de renombre, no sólo en Monterrey, sino en el país… Y, pues…
yo lo quería para mi currículo, para tener como experiencia en
mi currículo. No entré con la idea de hacer carrera en El Norte,
no… Pasar muchos años ahí… pues no. La verdad es que no…
Yo entré con la idea de sacarle el mayor provecho, de verlo
como experiencia y aprendizaje. (Periodista 4, comunicación
personal, 2016).
Espacialmente, tanto el desplazamiento de la identidad con
la redacción-organización hacia la identidad con el trabajo propio
como la concepción del periodismo como empleo temporal vacían
de sentido identitario a las salas de redacción y las convierten en
espacios de transición, en lo que Augé (2008) ha conceptualizado
como no lugares. Si el personal no se identifica con su redacción-
organización y si la rotación de personal voluntaria e involuntaria
no permite que se desarrolle un sentido de pertenencia, ocurre una
reproducción social que no reestablece, sino desgasta aún más el
carácter identitario de las redacciones.
En este plano, la consecuencia organizacional y espacial de
la recreación recurrente de los eventos de renuncia en los periódicos
del norte de México es que sus salas de redacción pierden su aura
como referentes de la comunidad periodística de la región y dejan
de ser atractivas para los nuevos talentos. Lo reconocen tanto
los jóvenes periodistas que afirman que “es diferente [hacer] una
carrera en el periodismo a [hacer] una carrera en un periódico”
(Periodista 5, comunicación personal, 2016) como los veteranos
que admiten que los periódicos ya no están “generando la fidelidad
a la marca o a la organización de antes” (Periodista 6, comunicación
personal, 2016).
4.2 La erosión del carácter relacional
Desde sus orígenes, las salas de redacción han sido
espacios heterónomos para intentar controlar la producción
periodística de manera vertical. En los periódicos del norte de
México, el proceso de modernización iniciado durante la década de
1970 reforzó este carácter prescriptivo, prohibitivo e informativo
mediante el establecimiento de una serie de normas orientadas
a guiar a los periodistas, de principio a fin, en los procesos de
reporteo, redacción y edición. Estas normas se expresaron de
manera formal en códigos de ética y manuales de estilo, y de
manera informal a través de una cultura del miedo. Así se buscaba
vigilar la producción y castigar la desviación.
A pesar de este autoritarismo, los periodistas que fueron
parte de esa transformación estaban satisfechos y tenían una fuerte
identidad con su redacción-organización. Para ellos, esos lugares
de trabajo eran espacios de permanencia, no de transición, no sólo
porque estaban protagonizando un cambio histórico en el periodismo
mexicano, sino porque el carácter relacional de las redacciones de
la época los hacía sentirse parte de una familia y desear hacer una
carrera de larga duración en ellas. Este sentido de pertenencia era tan
poderoso que los hacía normalizar condiciones laborales adversas
como los horarios de trabajo extendidos:
Antes éramos parte de una familia, ahorita es una empresa […].
No hay el mismo ánimo en las salas de redacción, yo no veo
eso. No veo pasión. Yo creo que la palabra clave es ésa porque,
si algo te apasiona, no te importa que te chupe la vida […]. Las
nuevas generaciones ahorita quieren horarios. Antes, nosotros
no teníamos vida y no nos importaba. La redacción era nuestra
vida, era nuestra segunda familia. Mis compañeros de entonces
siguen siendo mis amigos porque creamos lazos muy fuertes.
Y, ahorita, [las nuevas generaciones] no… Ahorita, cada quien
está con su celular, con sus audífonos, escribiendo… Hacen sus
notas, terminan y se van […]. Ahorita, entre menos sepas de
mí, mejor. No hay fraternidad, no les interesa. (Periodista 1,
comunicación personal, 2016).
Además de los horarios, los periodistas nacidos entre las
décadas de 1980 y 1990 expresan descontento con el carácter
prescriptivo, prohibitivo e informativo de las salas de redacción,
pues consideran que reduce su capacidad de influir en las tomas de
decisiones y los convierte en meros reproductores de patrones de
conducta preestablecidos. Incluso cuando algunos reconocen haber
aprendido los fundamentos del oficio periodístico en una redacción-
organización, prefieren tomar distancia para desarrollar carreras
proteanas o emplearse como freelancers porque saben que en un
periódico jamás tendrán pleno control sobre su trabajo:
Una redacción te da retroalimentación todo el tiempo.
Tienes gente con mucha experiencia en cualquier cantidad
de temas que también te ayuda, pero llega un momento
en el que tú ya tienes tu voz, tienes tu identidad, tienes
tu mirada […]. Extraño, a veces, las redacciones ruidosas
y la pachanga que hay ahí, y el apoyo… pero no mucho,
la verdad. Prefiero tener, sentir que el texto que sale es
completamente mío, que no hay una cabeza que puso un
editor con la que yo no estoy de acuerdo, que no hay un
Víctor Hugo Reyna
último párrafo que me cortaron porque no había espacio,
que no se quitó tal nombre porque el director no quería,
sino que ahí todo lo que sale es completamente algo que yo
hice. (Periodista 7, comunicación personal, 2017).
A la insatisfacción con la capacidad de influir en las tomas
de decisiones organizacionales se suman factores como la paulatina
desviación de los ideales modernizadores de los periódicos y la
omnipresencia de los teléfonos inteligentes en el trabajo y en la vida
cotidiana de los periodistas, así como la institucionalización de la
cultura de la renuncia en los periódicos de Baja California, Nuevo
León y Sonora. Al haber una rotación constante del personal y al ser
cada vez más difícil la puesta en práctica de los ideales profesionales
de los periodistas, el carácter relacional de las salas de redacción
es erosionado y las plataformas de micro-blogging y mensajería
instantánea emergen como refugio.
En particular, la omnipresencia de los teléfonos en el trabajo y
en la vida cotidiana de los periodistas es clave en esta transformación
porque les permite estar y al mismo tiempo no estar en una redacción.
A su manera, esto es lo que lamentan los periodistas nacidos entre las
décadas de 1950 y 1960 cuando describen a las nuevas generaciones
como conectados a sus dispositivos, pero desconectados de su
entorno, de sus compañeros y de sus lugares de trabajo: “los jóvenes
viven en su mundo… usan sus audífonos, están metidos en sus
tabletas, están en sus celulares… no ven el mundo” (Periodista 8,
comunicación personal, 2016).
Más que reprochar a los periodistas nacidos entre las décadas
de 1980 y 1990 por vivir con una “envoltura de burbujas alrededor
de sus cerebros” (Benhabib en Wahl-Jorgensen, 2008, p.964), es
necesario analizar el significado de su desplazamiento del espacio
físico de las salas de redacción al espacio virtual de las plataformas
de micro-blogging y mensajería instantánea como Facebook, Twitter
y WhatsApp. De acuerdo con ellos, las redacciones como lugar de
trabajo han perdido sentido ahora que las tecnologías móviles han
hecho “más fácil estar en la oficina sin estar en la oficina, o estar en
la redacción sin estar en la redacción” (Periodista 4, comunicación
personal, 2016):
Creo que hay una sobrevaloración de la presencia física en
las redacciones. En El Imparcial, de nada servía estar en
la redacción si los canales de comunicación eran turbios y
burocratizados […]. Creo que las quejas de la vieja guardia sobre
que nosotros, los jóvenes, los “millennials ególatras conectados
a la tecnología 24/7” tiene un trasfondo algo perverso: la
presencia y el involucramiento en las redacciones, que antes
iban encaminadas a ir moldeando y permeando la ideología o
la postura del medio en los jóvenes periodistas. (Periodista 10,
comunicación personal, 2019).
Para esta generación, las plataformas de micro-blogging
y mensajería instantánea son herramientas de trabajo y espacios
de socialización. Más allá de su empleo, como plantean autores
como Boczkowski et al. (2017), si algo distingue a esta cohorte
es que no usan, sino habitan las redes. Entonces, si sus lugares
de trabajo tienen “un ambiente súper hostil, [con] todo muy
controlado” (Periodista 11, comunicación personal, 2016), para
ellos es natural refugiarse en el espacio virtual. Esto adquiere
aún más sentido si se toma en cuenta que sus identidades son
crecientemente con el producto de su trabajo antes que con sus
redacciones-organizaciones.
Siguiendo a Augé (2008), el carácter prescriptivo,
prohibitivo e informativo de estos lugares de trabajo erosiona
su sentido relacional y los convierte en no lugares, en espacios
de transición. En vez de intentar reestablecerlos, las nuevas
generaciones de periodistas se limitan a transitar a su siguiente
empleo habitando de manera simultánea el espacio virtual. Así,
incluso si no interactúan con aquellos que están físicamente cerca
de ellos, nunca están solos (Varnelis & Friedberg, 2008). Esto es
clave tanto para sobrellevar cargas de trabajo intensas y poco
satisfactorias como para la definición de su próximo paso en el
mundo del trabajo.
4.3 La erosión del carácter histórico
Durante las últimas décadas, las salas de redacción y los
periodistas de los periódicos del norte de México se han convertido
en escenarios y protagonistas involuntarios de una amplia gama de
actos de violencia. En Baja California, Zeta ha sufrido el asesinato de
uno de sus fundadores, Héctor “El Gato” Félix, y el atentado del otro,
Jesús Blancornelas, así como el asesinato de uno de sus editores,
Francisco Ortiz, y un sinfín de amenazas. En Nuevo León, El Norte
ha recibido múltiples ataques en sus instalaciones. En Sonora, El
Imparcial ha padecido la desaparición de uno de sus reporteros,
Víctor Hugo Reyna
José Alfredo Jiménez, y Expreso ha recibido coronas fúnebres a
manera de amenaza.
Estos eventos han marcado a la comunidad de periodistas
de esta región (Beza & Gutiérrez, 2018; Merchant, 2018; Reyna,
2014) y han contribuido no sólo a la rotación de personal voluntaria,
sino a la reducción de la matrícula de las escuelas de comunicación
y periodismo. A pesar de ello, al recorrer las redacciones de estos
estados, hallamos una ausencia de elementos que rememoren
estos actos de violencia. La excepción fue Zeta, que tenía un altar
en honor a Blancornelas en su recepción y la máquina de escribir
que él usaba en su sala de juntas. En el resto predominaban
las portadas de eventos históricos y las frases célebres de sus
fundadores y propietarios.
Si, como teoriza Augé (2008), los no lugares son espacios
sin historia, las salas de redacción de Baja, California, Nuevo León y
Sonora también lo son porque son lugares de trabajo en los que no
hay un pasado que rememorar ni un futuro que imaginar. En suma,
el presentismo se manifiesta tanto en el estar hasta nuevo aviso
de las nuevas generaciones de periodistas como en la supresión
de cualquier elemento que haga referencia a la memoria colectiva
de los periodistas. Esto favorece el deterioro de la identidad con la
redacción-organización y a que sus trabajadores se sientan como
pasajeros en tránsito.
En Sonora, la desaparición y probable homicidio de Jiménez
hizo que sus compañeros de redacción paulatinamente abandonaran
El Imparcial. En diversas entrevistas, estos periodistas y ex periodistas
enlistaron la pérdida del carácter hipotético del peligro y la inadecuada
respuesta por parte de la organización como disparadores de sus
intenciones de renuncia. Uno de ellos aseguró que tomó la decisión
de renunciar al periódico y al periodismo cuando se dio cuenta que la
prioridad de sus superiores era recuperar el equipo de Jiménez antes
que encontrarlo con o sin vida (Periodista 12, comunicación personal,
2017). Esta indiferencia hizo que él y sus compañeros confirmaran su
carácter imprescindible:
Aquí sólo hay memoria periodística del señor Healy, de
don José S. Healy, el padre fundador de El Imparcial, de su
legado como filántropo, como empresario del periodismo,
como hombre de familia ejemplar, católico, y de la
fundación que lleva su nombre. Ésa es toda la memoria que
hay: familiar, institucional, patriarcal, jerárquica, pero la
memoria periodística, el tributo o la presencia permanente
que debe de ser un recordatorio [para no] repetir errores del
pasado, no… Es condenar el destino de una organización
y de su personal… No existe, no hay una sola referencia
a Alfredo. No hay notas de Alfredo publicadas o pegadas
en las paredes, no hay un pasillo o una sala que diga “sala
de redacción Alfredo Jiménez”. No hay nada: es un edificio
frío, vacío, [que dice:] “aquí no pasó nada”. (Periodista 13,
comunicación personal, 2019).
Además de los eventos de violencia directamente dirigidos
a las salas de redacción y a sus periodistas, la cobertura de eventos
traumáticos como el incendio de la guardería ABC, en Sonora, o la
ejecución extrajudicial de dos estudiantes de posgrado del Instituto
Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), en Nuevo
León, también queda borrada de estos lugares. En algunos casos
porque los tomadores de decisiones determinan que la cobertura
debe interrumpirse para proteger sus intereses económicos y
políticos. En otros casos porque deciden que la cobertura debe
continuar no obstante el trauma de los periodistas que estuvieron
en el lugar de los hechos.
En Expreso, la cobertura del incendio de la guardería ABC, en
el que fallecieron 49 infantes, fue “un desgaste mental y emocional
tremendo [no sólo por] vivir y contar las historias de los papás [de
las víctimas, sino por] el debate ético sobre qué tanto debíamos
involucrarnos” (Periodista 14, comunicación personal, 2017). A
ese desgaste físico y mental, se sumó el trauma de la entrada
intempestiva a la redacción del dueño del periódico, Julio Luebbert,
para decretar la interrupción de esta cobertura. Esto vació a esta
redacción-organización de personal porque provocó una serie de
renuncias y la dejó sin la posibilidad de convertirse en un referente
para el periodismo de la región:
Todos estábamos muy afectados por el tema ABC en la
redacción. Entonces, [la decisión de censurar la cobertura
que tomó el dueño] fue un golpe muy fuerte dentro de la
redacción. Y nosotros pensábamos que era sólo un berrinche,
un arranque del momento y que lo iba a reconsiderar, pero
nunca lo reconsideró. De hecho, reconsideraron como un
año después… ¡o más!... quizá año y medio después se
atrevieron a publicar algo, y pequeño […]. A lo mejor, si lo
de Aristegui [su renuncia a MVS Radio para fundar Aristegui
Noticias después de un evento de censura] hubiera sucedido
en aquella época, hubiéramos agarrado así, como un ejemplo
a seguir… O no sé… Igual, nos faltó madurez o visión de
hacer algo así, fuerte, ¿no?... Quizá porque nos confiamos
en que creíamos que el lector iba a reaccionar, que la gente
iba a reaccionar… y no reaccionó la gente (Periodista 15,
comunicación personal, 2016).
Víctor Hugo Reyna
De esta manera, la naturaleza heterónoma de las salas de
redacción se fusiona con el déficit elementos de memoria periodística
y la disminución del sentido de pertenencia de los periodistas para
reforzar la transformación de estos lugares de trabajo en espacios
de transición, de entrada y salida. Al no haber memoria de los
eventos que han marcado a la redacción-organización, al hacer a
un lado el punto de vista de los periodistas en el proceso de toma
de decisiones organizacionales, se hace prácticamente imposible su
restablecimiento como lugares en un sentido antropológico y sus
nuevos incumbentes llegan a ellos desconociendo la historia del
espacio que ocupan.
Si los periódicos son incapaces de comunicarle a sus
empleados y a su público su carácter histórico y si no se esmeran
en refrendarlo día a día, en sus ediciones impresas y digitales, a
través de un periodismo socialmente relevante, inevitablemente
pierden el lugar que antes ostentaban. En el siglo XXI, ni los
grandes rascacielos en las principales avenidas de las ciudades
más importantes son suficientes para transmitir la capacidad de
influencia societal de la industria periodística o para atraer a los
nuevos talentos periodísticos. Sin una base social, sin un carácter
identitario, relacional e histórico, el futuro de las salas de redacción
pende de un hilo.
5 Conclusiones
En este artículo se analizó la transformación de las salas
de redacción de los principales periódicos del norte de México
de espacios de permanencia en espacios de transición. A partir
de entrevistas con periodistas y ex periodistas de Baja California,
Nuevo León y Sonora y haciendo énfasis en la erosión del carácter
identitario, relacional e histórico de estos lugares de trabajo, se
encontró que la combinación del desplazamiento de la identidad
con la redacción-organización a la identidad con el trabajo propio,
la intensificación de su naturaleza heterónoma y la ausencia de
elementos de memoria periodística los está convirtiendo en no
lugares y moradas laborales transitorias.
En contraste con los estudios sobre la satisfacción
laboral, el agotamiento profesional y la rotación de personal
en el periodismo (Liu et al., 2018; MacDonald et al., 2016;
Reinardy, 2017), este trabajo se centró en las consecuencias
organizacionales y espaciales de la recreación recurrente de
los eventos de renuncia. Aunque el estudio del impacto de este
fenómeno en las trayectorias profesionales de los periodistas
tornados ex periodistas es de gran relevancia para el campo
disciplinar de los estudios del periodismo, no nos permite
observar su expresión en la configuración del espacio que
tradicionalmente han ocupado los periodistas.
En el mismo sentido, más allá del énfasis en la
producción periodística legado tanto por la etnografía de las
salas de redacción como por la sociología de las noticias, en
este artículo se ha mostrado que hay una serie de fenómenos
que comúnmente ignora la comunidad global de estudiosos
del periodismo por adherir a las líneas de investigación y a
las perspectivas de análisis dominantes de nuestro campo
disciplinar. Esto coincide con la crítica que Wahl-Jorgensen
(2009) elevara en contra de la centralidad de las redacciones
en los estudios del periodismo, pues exhibe cómo estos estos
lugares de trabajo están perdiendo su carácter dado para las
nuevas generaciones de periodistas.
En términos conceptuales, tanto la noción de no lugar de
Augé (2008) como la teorización del espacio aumentado, móvil,
virtual y en red de Varnelis y Friedberg (2008) han sido extrapoladas
al estudio de la transformación estructural de las redacciones-
organizaciones periodísticas para dar sentido al vaciamiento
del espacio físico y al paulatino refugio de los periodistas en las
plataformas de micro-blogging y mensajería instantánea como
Facebook, Twitter y WhatsApp. Esta conceptualización abre
una línea de investigación en los estudios sobre la satisfacción
laboral, el agotamiento profesional y la rotación de personal en
el periodismo.
A partir de técnicas de investigación cualitativa como la
entrevista y la observación, futuros estudios podrían interrogar el
carácter cambiante de las salas de redacción no sólo en el norte de
México, sino en el resto del país, e incluso en otros países. Con el
surgimiento de las organizaciones periodísticas nacidas digitales
y su propensión a trabajar en red, las redacciones están perdiendo
su carácter dado. Aunque algunos académicos han hecho notar
algunas nuevas formas de organización del trabajo periodístico
(Anderson et al., 2014; Deuze & Witschge, 2020; Hepp & Loosen,
Víctor Hugo Reyna
2021), aún no han reparado en sus implicaciones identitarias,
relacionales e históricas.
Si bien este trabajo se ha enfocado en las redacciones
de los principales periódicos del norte de México, su perspectiva
de análisis puede ser empleada para interrogar lo que ocurre
en las estaciones de radio y televisión, así como en los portales
de noticias nacidos en o migrados al entorno digital. Durante la
pandemia de covid-19 iniciada en 2020, sobre todo los periódicos,
las televisoras y las estaciones de radio de México han obligado
a sus empleados a regresar a las salas de redacción y al trabajo
presencial no obstante el riesgo de contagio. En respuesta, una serie
de periodistas —entre ellos algunos de nuestros entrevistados—
han optado por renunciar a las organizaciones periodísticas que
los empleaban y en algunos casos al periodismo. En suma, se trata
de un fenómeno vigente.
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VÍCTOR HUGO REYNA. Profesor investigador de
tiempo completo en la Facultad de Comunicación
y Mercadotecnia de la Universidad De La Salle
Bajío. Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio
de Sonora y miembro del Sistema Nacional de
Investigadores, nivel 1. Se especializa en el
estudio sociológico de los fenómenos emergentes
del periodismo mexicano. Correo electrónico:
vreyna@delasalle.edu.mx
Se puede acceder a dos revisiones utilizadas en la evaluación
de este artículo en: https://osf.io/crqfm y https://osf.io/hd82q |
Siguiendo la política de ciencia abierta de BJR, los revisores autorizaron
esta publicación y la divulgación de sus nombres.
... Además, mostró cómo la rotación de periodistas convirtió a las salas de redacción, otrora consideradas lugares de construcción de identidades y desarrollo de trayectorias laborales, en lugares de transición (Reyna García, 2021a). Por último, el autor entiende que los periodistas tendrían que ser considerados como agentes de movilidad (Reyna García, 2021b). ...
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This article discusses how the evolution of media industry in Canada affects the construction of identities and careers in digital journalism. It is based on 17 in-depth interviews with professionals working in Canadian Anglophone and Francophone media. Based on an interactionist theoretical approach, this article underlines how journalists negotiate their career project in a scenario of precariousness and deterioration of the job market in Canadian journalism. In this regard it highlights the strategies of resistance and resilience adopted by some interviewees in contrast to the international discourses that aim to restructure their practices and identities. This results in a conservative approach to adapting to the professional identity in digital journalism-which in fact translates into segmentation and diversification of the status that comes with this profession.
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La enseñanza de tercer nivel en periodismo atiende a los contextos y demandas socio-históricas, culturales, económicas, políticas, mediáticas, tecnológicas y, principalmente, educativas en cada país en la que se encuentra inserta, respondiendo a los requerimientos formativo/profesionales de los futuros periodistas - y comunicadores sociales en el caso de Ecuador- que pretenden graduarse para ejercer la profesión periodística. En este proceso, según Oller et al. (2017), se establece una intercepción entre la academia, las dinámicas profesionales periodísticas, las políticas gubernamentales, los mercados laborales y la ciudadanía; modelando, de tal modo, los ideales, percepciones, actitudes, acciones y estructuras cognitivas que definen al profesional del periodismo en formación. El rol protagonista de la universidad como institución encargada de formar a los actuales y futuros periodistas en Ecuador ha llevado a los autores de este texto a estudiar la cultura periodística pre-profesional en este país a partir del análisis del perfil y la situación de los estudiantes de periodismo y comunicación social del país; sus percepciones de estas carreras y las motivaciones y expectativas acerca de su futuro profesional. Una investigación que forma parte del proyecto Culturas Periodísticas Pre- Profesionales llevado a cabo en Ecuador, Cuba y Venezuela desde mediados de 2015 y que está anclado al proyecto comparativo internacional Culturas Periodísticas.
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In this article, we investigate the effects of uncertainty on job expectations in a news organization (El Mundo) facing fierce financial turmoil and several redundancy plans. Drawing on in-depth material (27 interviews and non-participant observation), we show how the declining news and media landscape is hampering the configuration of good employment prospects. In order to manage this harsh reality, we argue that journalists draw upon emotional resources (specifically what we conceptualize as presentism, a form of limiting and defusing concern for prospects by focusing on the present) and social ones (in particular, support from their colleagues). By implementing these responses, journalists can navigate the turbulent waters of uncertainty and be focused on the development of their craft. Our findings address how the negation of future employment expectations, associated with the uncertain media environment, makes journalists naturalize their current professional conditions and, therefore, assume that their professional future should maintain the status quo (continuous orientation). That makes them reflect on the privilege of plying their trade in a prestigious newspaper and getting paid to do so despite the severe crisis in the industry (relativistic orientation).
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The digital network is pervasive in contemporary society. The proliferation of mobile phones and the growth of broadband in developed countries have increased the everyday accessibility, ubiquity, and mobility of technological networks. As a result, our concept of place has been dramatically altered, along with our sense of proximity and distance. This chapter examines both the networking of space and the spatiality of digital networks and looks at a series of key conditions ranging from the everyday superimposition of real and virtual spaces to the rise of a mobile sense of place and popular virtual worlds. It also considers the concept of telecocooning, RFIDs, and ubiquitous computing.
Article
En. The nuances and consequences of the structural precariousness of Mexican journalism vary with the region. Attacks on journalists by power groups (in- cluding public officials, politicians, and business and media owners) in the northwest of the country appear to be one of the many problems linked to its economic, socio-cultural and political instability. In Baja California, journalists practice their profession under constant threat of economic, ethical and psychological attack, obliging them to regard the phenomenon in one of two ways: as a naturalized aspect of their profession and there- fore inherent to it; or as a trigger for creating strategies to circumvent it, including adapting aspects of their professional journalistic lives. The topic is relevant because the classifica- tion and differentiation of attacks has not been explored by Mexican studies on the press and power, apart from identifying and defining the structural violence and investigating physical attacks against journalists (murders, assaults and “express kidnappings”). By way of a four-month ethnographic study of the union of journalists from the five municipalities of Baja California and 25 interviews with journalists, editors, heads of information, public officials, politicians and business owners, this paper analyzes the strategies employed by print journalists to cope with abuses. Having another job concurrently (within or without journalism); publicly proving who is trying to influence them; and maintaining union and solidarity among colleagues when publishing sensitive news are all strategies employed to counter attacks. In this journalistic world, those who employ these strategies become agents and not victims of the structural precariousness that has developed in Baja California over the better part of a century.
Book
Journalism’s Lost Generation discusses how the changes in the industry not only indicate a newspaper crisis, but also a crisis of local communities, a loss of professional skills, and a void in institutional and community knowledge emanating from newsrooms. Reinardy’s thorough and opinionated take on the transition seen in newspaper newsrooms is coupled with an examination of the journalism industry today. This text also provides a broad view of the newspaper journalism being produced today, and those who are attempting to produce it.
Article
Through a survey of 343 journalists from 5 metropolitan newspapers, this study explores the link between job satisfaction of journalists and their perceived work impact within the social context of China. The study shows that (a) Chinese journalists may not be happy about the current press system in China; however, this does not necessarily make them feel dissatisfied with their job; (b) In a controlled press system, journalists who find the system more acceptable tend to see the personal benefits offered by their job and to feel contented with their work environment; and (c) Journalists who find the existing press system acceptable are more likely to experience their personal impact on the news production process and perceive the significant influence of their newspaper. Such perceptions lead to greater satisfaction with their job.