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Hacia la comprensión y la búsqueda de estrategias frente al "corto y pego" de los jóvenes estudiantes

Authors:
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Hacia la comprensión y la búsqueda de estrategias frente al
“corto y pego” de los jóvenes estudiantes
(Towards comprehension and search for strategies regarding
the students usual “cut and paste”)
Roberto Balaguer Prestes
Artículo presentado en el Seminario Cut & Paste del Programa link.spc, SPC-PUC,
25 de julio, 2009, Montevideo
Palabras clave:
cut & paste, sobreinformación, digitalidad, jóvenes, estrategias pedagógicas
Resumen
En el presente trabajo nos ocupamos de la actividad hoy conocida como “corto y pego”
(cut & paste en inglés). Llevando a cabo un recorrido por las lógicas pedagógicas detrás
de esa actividad, abordamos algunas cuestiones que subyacen a la misma, para intentar
desentrañar su posible utilidad en el contexto actual sobresaturado de información.
Tras un breve recorrido histórico, nos referimos al contexto de saturación de
información, que hace que los jóvenes intuitivamente desarrollen nuevas estrategias que
ponen en juego la navegación y el escaneo como formas cognitivas de manejarse con la
información.
Abordamos las consecuencias cognitivas de la participación en la Red, el paso de la
lectura a la navegación y los nuevos desafíos en la búsqueda de información
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Finalmente delineamos dos estrategias frente al problema del “corto y pego” que
denominamos: 1) Evangelización reforzadora de la lectura y 2) Inmersión en la nueva
cultura de búsqueda, que pretenden tanto contemplar las formas de transmisión de saber
tradicionales, como tomar en cuenta los nuevas estrategias cognitivas necesarias para
navegar en las aguas informacionales.
Abstract
In this paper we analyse the activity known today as cut & paste”.
We will explore the pedagogical logic behind that activity, going through some issues
that underlie the task, in order to understand its practicity in an overwhelming
information context. After a short historical overview, we will refer to the new
informational context that fosters the development of new cognitive strategies such as
scanning and surfing, as coherent ways of dealing with information.
We will study the cognitive consequences of the participation in the web, the change
from reading to surfing, and the new challenges in the search of information.
Finally, we will propose two strategies to face the cut & paste issue. We name them:
1) Reading reinforcement 2) Inmersion in the new culture of searching, that try to take
into account not only the traditional forms of teaching but also the new strategies in
dealing with the information flow.
Key words:
cut & paste, information overload, digitality, youth, pedagogical strategies
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Hacia la comprensión y la búsqueda de estrategias frente al
“corto y pego” de los jóvenes estudiantes
Roberto Balaguer Prestes
“La inteligencia es la capacidad para adaptarse a un mundo en incesante cambio”
John Dewey
Introducción
En el presente trabajo nos ocuparemos de una de las cuestiones que resulta más
controvertida dentro del campo educativo. Nos referimos a esa actividad hoy conocida
como “corto y pego” (cut & paste en inglés). Convengamos desde el comienzo que esta
actividad que no fue inventada ahora- surge siempre en respuesta a determinados
pedidos de la institución educativa que analizaremos aquí.
Los docentes como estrategia didáctica- solicitan periódicamente a sus estudiantes que
busquen información sobre diferentes temas. Es por eso que vista la inteligencia del
punto de vista de la cita de Dewey que elegíamos al comienzo, pareciera que continuar
pidiendo a los alumnos desde las instituciones educativas información sobre distintos
tópicos, se asemeja a una conducta más bien estéril, ritualística, obsoleta,
descontextualizada, en definitiva: bastante poco inteligente en su capacidad adaptativa.
El mundo ha cambiado, y sin embargo no siempre las estructuras se adaptan a los
nuevos contextos. Por eso, a pesar de que el mundo es otro y el contexto informacional
sin dudas también, día tras día, maestras y docentes siguen solicitando a sus estudiantes
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conseguir materiales sobre distintas temáticas... ¿para qué? ¿Cuál es el cometido de
dicha tarea?
Castellón y Jaramillo (2004) comentan que encuestados los docentes acerca de los
objetivos perseguidos en la solicitud de búsqueda de información, las respuestas que se
obtienen son vagas. Justifican tales pedidos aludiendo a la supuesta capacidad de
síntesis que se pondría en juego en la selección de los contenidos.
Desde mi propia experiencia, el docente busca que los alumnos y las alumnas, primero
que nada, lean los materiales. En segundo lugar, intenta que a través de la tarea de
búsqueda, piensen y hagan suyos los conceptos encontrados, para así lograr en un tercer
tiempo que sinteticen la información encontrada.
Si esto es lo que se pretende que el estudiante logre, no es lo que habitualmente sucede
cuando se le pide que busque información.
Aun así, día tras día, ese ritual sigue presentándose, buscándose esperanzadamente
nuevas respuestas que no aparecen ya desde hace años. Los alumnos ni leen, ni
procesan, ni sintetizan. Hoy los alumnos bajan la información, la cortan, la pegan y
listo, realizando una suerte de “simulación” de la tarea solicitada (Corea & Lewcowicz,
2004). A la hora de evaluar esa tarea, los docentes muchas veces también llevarán a
cabo el simulacro de haber leído el material presentado.
A jóvenes acostumbrados a la TV cable, Google, blogs, mp·3, Youtube y videoclips, se
les sigue requiriendo desde las estructuras educativas que busquen información sobre
diferentes temáticas. Acorralado por las solicitudes, el joven se maneja entre la
esquizofrenización y el simulacro. Acorralado por los requerimientos, el docente oscila
entre la seducción, la vista gorda y el autoritarismo.
Enfrentados hoy al adolescente: ¿cómo entendemos a este joven que
“inexplicablemente” no dedica tiempo a leer ese material que simplemente cortó y
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pegó? La posmodernidad implica la coexistencia de subjetividades que generan
desorientación e intentos de acomodamiento mutuos. La subjetividad pedagógica
coexiste con la informacional y no son menores los cambios que esto implica.
Son diversas y variadas las razones para detenerse en la “inexplicabilidad” de esas
conductas actuales que ciertamente abren a interrogantes, desafíos y a respuestas que
provengan no tanto de la ausencia sino de la presencia. Es decir, podemos encontrar
quizás más y mejores respuestas a esta cuestión si nos centramos en lo que
efectivamente hacen, en lugar de seguir quejumbrosamente observando y criticando lo
que han definitivamente dejado de hacer. En ese plan de respuestas es que esbozaremos
sobre el final dos distintas maneras de encarar el problema, que pueden operar como
alternativas frente a esta realidad que rompe los ojos y rompe también con las
expectativas docentes.
Cambios en las fuentes de información
Para comenzar, uno de los cambios que se han suscitado -mucho más allá de las
voluntades y planificaciones originales- ha sido el de hallar que el mayor número de
computadoras y por ende de información, tiene hoy como emplazamiento el hogar. Este
se encuentra, en muchos de los casos, más tecnificado que los propios ámbitos
educativos. Este es un primer aspecto: no hay necesidad de salir para obtener ni la
tecnología ni la información; cambio sustancial en el paradigma educativo. El hogar es
capaz de abastecer por sí mismo de la información que la institución escolar solicita.
Este punto anterior inclusive ha generado intensos debates en torno a las posibilidades
de la educación virtual (Battro & Denham, 1997; Pérez Tornero, 2000) en el corto y
mediano plazo. Nos hemos referido en otro lugar (Balaguer, 2005) a algunos aspectos
relacionados con la educación virtual, que ponen en cuestión el modelo escolar
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tradicional, aunque el “aula sin muros” parezca aún una utopía igualable a la “oficina
sin papel”.
Desde la aparición de la navegación por Internet, el panorama se ha complejizado aún
más, dado que el invento de Tim Berners Lee, la World Wide Web, permite a través de
sus millones de páginas navegar en un caudal de información ciertamente increíble. Los
tiempos de las pesquisas en Bibliotecas van quedando atrás y al mismo tiempo se
profundiza enormemente el proceso de búsqueda de información. Las distintas bases de
datos mundiales son accesibles a las nuevas generaciones, que están absorbiendo un
caudal de información de una forma impensable hace tan sólo 10 años atrás. La
información que recibe hoy un niño de nueve años es la misma que un campesino inglés
del siglo XVIII conocía a lo largo de toda su vida. La duplicación del conocimiento se
da cada tres años (Maglio, 2000) y las posibilidades de su manipulación se tornan cada
vez más complejas (1). Claro está que esa información ahora accesible, puede ser de
todo tipo y las consecuencias de ese acceso pueden ser tanto positivas como negativas,
dependiendo del caso (2).
Dice Castells (1997) que al buscar información en la Red lo crucial es: si está o no, no
dónde se encuentra. Lo que está en la Red es inmediatamente accesible, lo que no está
accesible simplemente no existe, lo que a su vez hace pensar en el poder que pasan a
tener motores de búsqueda como Google (que ostenta más del 90 % de las búsquedas)
en la selección de la información, como ha señalado el presidente de la Biblioteca
Nacional de Francia Jean-Noël Jeanneney.
Quizás por ello la RAE y su diccionario está online y la Enciclopedia Británica ha
puesto sus cuarenta y cuatro millones de palabras online y el Oxford English
Dictionary ha hecho lo propio con sus correspondientes sesenta millones de palabras.
Junto a ellos, la Enciclopedia Encarta y la menos “formal” Wikipedia se han
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transformado en salvavidas del joven al que se le ha solicitado información para el aula,
mientras Youtube avanza a pasos agigantados en su camino a convertirse en el nuevo
oráculo juvenil multimedia.
A comienzos de los noventa con el nacimiento del HTTP, sólo existían 150 mil páginas
en la Web. Hoy hablamos de un caudal de información de miles de millones de páginas.
El motor de búsqueda Google recibe más de 200 millones de consultas diarias, con un
índice de 8168 millones de páginas web.
Sumado a esto, hace ya algunos años, el estudio sobre la "Web Profunda": The Deep
Web: Surfacing Hidden Value (2000), elaborado por la compañía Bright Planet,
marcaba la existencia de 550.000 millones de páginas web a las cuales los motores de
búsqueda generalistas no logran acceder. La web profunda esconde más de 100.000
bases de datos como ser el sitio de patentes de IBM, genoma humano, registros
genealógicos, estadísticas históricas, deportivas, publicaciones biomédicas, casos y
decisiones judiciales, etc.. Hablamos de 7.500 terabytes con excelente calidad, que
quedan a los ojos de muchos como inexistentes. Se requieren determinados
conocimientos para llegar hasta esas zonas por lo que salvo para los hackers, crackers y
los propios cyberpunks que navegan las aguas profundas, para la mayoría de los
usuarios esa información no es accesible desde la web conocida. Las vías para ingresar
a la "Web Profunda" se pueden dividir en tres: la primera con los software de
metabúsqueda, como LexiBot, Copernic o WebFerret; la segunda es conociendo las
URL a través de los foros de discusión o los tablones de noticias; y la tercera es a través
de la mera navegación.
La relación con la ciencia y las tecnologías, es hoy diferente a la que fue en el siglo
pasado y los anteriores. Hasta no hace mucho, la gente fuera del mundo académico
asumía que las opiniones de los expertos eran verdaderas. Hoy por hoy, los legos están
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bien informados y muchas veces pueden llegar a ser parte fundamental en cuestiones
tales como un diagnóstico médico. Las relaciones asimétricas comienzan a tornarse más
horizontales y los profesionales han debido adaptarse a tal contexto. En el campo
específico de la medicina, existen a esta altura variados ejemplos y anécdotas de cómo
la gente recurre a los sitios de la Red para obtener información sobre tratamientos,
diagnósticos y por encima de todo, sostén social de aquellos que han pasado por una
situación similar (Suriá, 2004).
El tránsito del conocimiento
Originará el olvido en las almas de cuantos la hayan aprendido, a causa de la falta de
práctica en el empleo de su memoria, ya que la escritura les hará depender de signos
externos, en lugar de los provenientes de su propio espíritu; habéis descubierto un
elixir, no para la memoria, sino para el recuerdo. Dais a vuestros discípulos un
simulacro de sabiduría, no su realidad; habiendo oído mucho, pero no verdaderas
enseñanzas, parecerá que saben mucho cuando en realidad no saben nada, y serán
difíciles de soportar, porque habrán adquirido la apariencia de la sabiduría en lugar
de la propia sabiduría.
Platón
El alfabeto era lo condenado por Platón. Las nuevas formas que tomarían la cognición,
la interioridad cuestionada, la memoria, sus capacidades, el olvido, el recuerdo, eran las
preocupaciones de uno de los grandes pensadores de la humanidad. Hoy nos
enfrentamos a una situación en parte similar. Nuevas tecnologías suponen nuevamente
amenazas cognitivas para la interioridad, la memoria, el saber.
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Los innumerables lenguajes que el hombre ha desarrollado sobre la faz de la Tierra, han
sido desde su aparición, la forma privilegiada a través de la cual la humanidad ha
intercambiado información considerada importante.
En los albores de la humanidad, la información se transmitió oral y colectivamente. Los
mitos, las leyendas antiguas nos recuerdan a los sabios, los oráculos, quienes siempre en
forma oral brindaban la información pertinente para cada ocasión.
Ese conocimiento transmitido a través de la palabra, luego se exteriorizó en superficies
(del papiro al papel) y el número de lectores y por ende de quienes manejaban la misma
información se multiplicó exponencialmente, aunque hubiera que esperar varios siglos
para que eso sucediera.
Algunos pocos miles de años antes de Cristo, apareció la escritura convirtiéndose en un
gran paso en el camino del avance del conocimiento. Poder plasmar, registrar, habilitó a
conservar la memoria de acontecimientos pasados sin necesidad de la presencia y de la
oralidad. La memoria se vio ampliada, externalizada y como consecuencia -tal como
temía Platón- liberada para otros menesteres.
Posteriormente la imprenta de Gutenberg fue el recurso tecnológico que permitió
descentrar el saber apropiado por una minoría, cuando dadas las condiciones políticas y
sociales (para no caer en un ingenuo determinismo tecnológico) se procuró la
alfabetización. Esto trajo aparejado la aparición primero de lectores-oradores para luego
llegar entre los siglos XV y XVI a la creación de “lectores silenciosos", con una
interioridad a llenar. La relación pasó a ser del lector con la letra diacrónica. En medio
de todo ese tránsito, entre los siglos XVII y XIX apareció la figura del autor como
importante en relación a la letra y sus derechos sobre ella, dejando de ser un
intermediario de la divinidad (Saenger, 1997).
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El libro, con ese impulso de democratización del saber, (con las reservas en cuanto a lo
democrático de la edición y publicación) hizo accesible al mundo letrado el registro
escrito, aunque para ello se debió esperar hasta casi el siglo XX. En ese siglo donde se
consolidaba la lectura, la llegada de la TV fue preparando el terreno para importantes
cambios cognitivos. La imagen comenzó a ganar importancia y la escritura y la lectura
pasaron poco a poco a quedar ubicadas en un segundo plano.
Ya sobre finales de siglo XX surge Internet y con ella una inagotable fuente de
información, una especie de cerebro externo en donde se puede acceder a la información
desde cualquier sitio. De esos sujetos con interioridad, portadores de información
(gracias a la lectura), pasamos a un contexto diferente, regido por varios factores entre
ellos el acceso, que cada vez se torna más importante frente a la ubicuidad de la
conexión. Ese conocimiento que en los últimos siglos aparecía como individual; es decir
información manejada por individuos que habían leído y conocían de ese tema, pasa a
tener un estatuto y ubicación diferente. Trascendiendo lo individual, hablamos entonces
de inteligencias colectivas, conectivas (Levy, 1995, De Kerckhove, 1995, 1997)
inteligencias en red, nodos que se des/conectan e información que no necesariamente se
encuentra dentro, sino que está ahí afuera para ser encontrada y conocida ubicuamente.
Con el advenimiento de la Web 2.0 y el proceso de irse paulatinamente desprendiendo
de la información “guardada” en la propia máquina e ir pasando a la conformación del
“cloud computing”, la información cada vez está más “fuera” del sujeto. Las promesas
de una Web 3.0 y otra 4.0, agregan a la memoria externalizada nuevos procesos
cognitivos de búsqueda, categorización y selección con criterio de la información
necesitada.
Por todo esto, el proceso anterior activo de leer para informarse, es suplantado por un
proceso si se quiere algo más pasivo en el cual se descansa tranquilo en la medida que la
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información está ahí, fuera, disponible al acceso y altamente cambiante. El contexto
informacional anterior habilita a trabajar solamente con la memoria que podríamos
denominar de trabajo; la información se encuentra en otro lado, en un lugar
generalmente accesible y en mutación permanente. Las capacidades cognitivas se
amplifican con las herramientas de la mente (Jonassen, 1998) y las folcsonomías y
categorías de los otros nodos de la red a través de sitios como del.icio.us.
Continuar pidiendo información
Gerardo de Cremona, uno de los más importantes traductores del árabe al latín, debió
establecerse en España en 1140 en busca de Almagesto de Ptolomeo, un libro que no
pudo localizar en ningún otro sitio. Finalmente halló una copia en Toledo.
Cuánta distancia hay entre esa anécdota y la experiencia de los jóvenes de la actualidad
que no necesitan ni siquiera salir de sus casas para obtener la información. Ella está
disponible y en exceso como señala Roy Ascott quien se ha referido a nuestra época
como la del segundo diluvio, esta vez un diluvio “informacional” (Levy, 2001).
Los jóvenes poseen cierto conocimiento (in)consciente de lo poco acertado de las
búsquedas de información que solicitan aun los docentes. A través de un buscador se
accede a los sitios, páginas donde se encuentra referida la información en cuestión.
Generalmente el número de referencias es pasmosa, inabarcable, un encuentro con la
limitación de nuestro ser pensante, mnémico y reflexivo. Cuando se utiliza un software
como Soovle esto complica aun más las cosas.
¿Podría entonces entenderse el “corto y pego” como una especie de reconocimiento
implícito de parte de los jóvenes de la inabarcabilidad de la información, de la
incapacidad para manejarla dentro? ¿Qué significa esto? ¿Qué efectos tiene o
consecuencia de qué es esto?
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Los adolescentes ya formados en esta era, los famosos nativos digitales (Prensky,
2001, 2006) consideran la Red como el lugar (cual oráculo antiguo) hacia el cual
dirigirse para obtener la información que necesitan. La Real Academia Española ya
debate acerca del verbo googlear. Muy sueltos de cuerpo, los jóvenes no se preocupan
por interiorizarla, poseerla, ya que saben fehacientemente que ésta se encuentra ahí,
disponible. Sólo es necesario conocer los mecanismos de acceso a ella, los recodos de la
búsqueda y selección de información. El punto clave es saber acceder a ella, y ver si
está disponible. Tal como anticipara Platón, se libera la memoria para otros fines menos
académicos. Internet es la memoria a largo plazo, los jóvenes funcionan en memoria de
trabajo, pero conectados a la máquina, continuando el proceso de externalización de la
memoria comenzado en la escritura.
La calculadora, en el plano matemático, introdujo años atrás una cuestión similar.
Diversos problemas dejaron de ser “pensados” y los avances científicos igual
continuaron y exponencialmente. Las empresas informáticas brindan servicios en donde
el material no tiene una locación fija sino que es accesible desde distintos lugares. La
tercerización, el famoso outsourcing gerencial, no está presente sólo en el plano laboral
y de los servicios, sino también en aspectos cognitivos. La web 2.0 se basa justamente
en ese compartir contenidos donde las fronteras se diluyen completamente. La
externalidad del conocimiento se vuelve patente y queda atrás aquel individuo que sólo
leyendo conocía. Si la máquina corrige la ortografía, no hay razón para conocer las
reglas que rigen el lenguaje escrito. Si con una calculadora pueden hacerse en segundos
cálculos larguísimos, vuelve a no haber razón para hacerlo a mano. Si los traductores
de texto son capaces de traducir simultáneamente a varios idiomas lo que se escribe, no
hay razón para aprender ese idioma. Las herramientas amplificadoras están a la mano y
sólo se necesita ejecutarlas.
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No es infrecuente la queja de los docentes que señalan que en muchos de los casos los
jóvenes no procesan la información que obtienen de esas fuentes digitales.
Es cierto, pero ... ¿es eso lo importante en un mundo saturado? ¿Es acaso inteligente
procesar un instante de lluvia en el diluvio informacional constante?
Los adolescentes enfrentados a una tarea de búsqueda de materiales, conocen los
mecanismos a través de los cuales obtener la información necesaria. El procesamiento
de esa información, la forma en que lo llevan a cabo, las diferencias entre información y
saber, entre datos y conocimiento, etc. son temas controversiales. Todos estos elementos
resultan cruciales para el afinamiento de los usos de la computadora a nivel educativo
en la llamada “sociedad de la información” y para una mejor comprensión de las nuevas
formas de estar en el mundo.
¿Qué consecuencias cognitivas acarrea este fenómeno?
Ciertas interpretaciones bastante descontextualizadas -pero no por eso ausentes-
ubican a Internet como una suerte de “madre Internet”. La Red aparece como la
poseedora de información, madre omnipotente, omnisapiente, veinticuatro horas
disponible, todos los días del año. Siguiendo esa hipótesis psicologicista y
reduccionista, estaríamos hablando de un modo de conocer que deja a un joven
discapacitado, dependiente de ese ser externo portador de información. Vale la pena
por tanto, hacer algunas precisiones con respecto a las consecuencias cognitivas que
tiene la saturación de información del mundo multimedia actual.
Lo que ha cambiado es la lógica del contexto. No es una lógica de escasez la que
rige el campo de la información, en donde haya que intentar hallar, encontrar, sino
una lógica de saturación donde de lo que se trata es de discernir entre todos los
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posibles. La información está afuera y de sobra. Encontrarla no es ya un desafío
cognitivo; por eso continuar pidiendo información se ha transformado en un ritual
obsoleto. Más que como opción o moda, nos encontramos día a día con la necesidad
de apelar al escaneo y al zapping para sobrevivir en el diluvio informacional en el
que nos encontramos.
La economía de tiempo debe ser reconocida como necesidad actual. Si la
información sobra y el tiempo falta, hay que utilizarlo y reconocerlo como recurso
escaso y limitado, a diferencia de la información que abunda. Esta problemática del
tiempo atenta directamente contra la lectura que proviene de un mundo inverso:
poca información, mucho tiempo.
Ya no se trata del lector silencioso con una interioridad a ser llenada. Hay
claramente una trascendencia de lo individual, para pasar a otra situación de
manejo de la información, en donde una vez más los continentes, los límites se
disuelven, las fronteras se borran. La información no sólo está contenida sino
que está ahí afuera para ser leída, interpretada. La lectura más que un acto de
incorporación se transforma en una actividad de deslizamiento sobre superficies
de información, con pequeñas inmersiones breves y temporales cual manejo con
hipervínculos.
Por haber nacido en esta nueva era, con estructuras jerárquicas, ya desde la
familia, más aplanadas, el adolescente es menos permeable y más refractario al
saber adulto.
Al no estar implicada a su vez la interioridad, no se deja penetrar tan fácilmente
por el conocimiento.
El estilo exploratorio que se pone en práctica a punto de partida de la tecnología
digital, la búsqueda de información que se lleva a cabo, está muy relacionada con
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los propios intereses de la persona. Existe una mayor autonomía en la construcción
del conocimiento, con los riesgos que implica el quedar inmerso en un mundo sólo
de opiniones, sin referentes que ordenen y guíen.
Cambiado el desafío en relación al manejo de la información debemos saber cuál es
éste y allí las respuestas son varias. Desde nuestra perspectiva se entiende que los
mecanismos fundamentales para manejarse en la saturación son:
saber con qué buscar
saber dónde buscar
saber cómo buscar
saber hacer una lectura tipo escáner de lo encontrado
saber clasificar aquello encontrado
escaneando, encontrar la pertinencia de lo encontrado
llevando a cabo una “metalectura”, seleccionar lo más adecuado
leer lo seleccionado finalmente
procesar lo leído
Para todo lo anterior se deben necesariamente poner en juego estrategias de lectura
diferentes (por necesidad y economía intelectual) que son hijas del zapping, la
navegación y el escaneo. Como se observa más arriba, la mera lectura no alcanza
para manejarse adecuadamente en un contexto informacional. Se busca a través de
estas nuevas modalidades de acercamiento a la información, poder darse cuenta de
la información que se encuentra debajo. Las páginas se escanean en busca de
palabras clave que den muestras de si ése es el lugar indicado o no. Esas palabras
brindan contexto y permiten decidir entre permanecer en esa página, canal o seguir
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navegando, haciendo zapping. Esto es lo que denomino una “metalectura”, una
suerte de actividad a mitad de camino entre escanear y leer.
Sobremodernidad y sus excesos
El antropólogo Marc Augé (2000) ha denominado sobremodernidad a nuestra época
que ubica atravesada por excesos de información, de imágenes y de individualismo, con
los tres elementos estrechamente vinculados entre sí. El yo está saturado decía hace
veinte años Gergen (1997) al ver la enormidad de relaciones a las que día a día
debíamos enfrentarnos los sujetos modernos de finales de siglo XX. La
sobremodernidad y sus acciones conducen a una suerte de saturación y si estamos
saturados entonces: ¿qué hacer? ¿Qué consecuencias trae la saturación? ¿Apatía?
¿Desgano? ¿Falta de atención? ¿ADD? ¿Burn out? ¿Zapping intelectual? Quizás un
poco de todo eso y más aun, sin llegar al extremo de lo planteado por Mark Baeuerlein
(2008) y la “estupidización” generada por el mundo digital. La vida llamada a ser
vivida como un espectáculo (Sibilia, 2008), con su consecuente toma de distancia
afectiva, quizás sea reflejo de esa especie de síndrome de burn out informacional al que
estamos sometidos.
Tanto la apatía, la indiferencia, como el desinterés, forman parte del desolante paisaje
escolar actual. Con música de fondo constante, televisión acompañante, la radio en
Internet, el joven chatea y actualiza su Facebook mientras estudia o viceversa. Ninguna
información causa hoy asombro. El asombro, la experiencia de la novedad, es una
experiencia poco frecuente. “Si nuestro cónyuge nos anuncia que está pensando en
divorciarse, no nos vamos a quedar mudos de asombro: ya hemos asistido a este drama
tantas veces en la televisión y en el cine que cualquier ocasión nos encuentra
preparados. Como ya lo hemos visto todo, nos aproximamos a un estado de tedio. A
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medida que pasan los años, el yo de cada cuál se embebe cada vez más del carácter de
todos los otros, se coloniza. Ya no somos uno, ni unos pocos, sino que, como Walt
Whitman, “contenemos multitudes” (Gergen, 1997: 103).
El ruido de fondo es permanente, constante. El silencio se transforma en una
experiencia desconocida y aterrorizante. Es el vacío, la angustia de estar por fuera del
mundo, una vivencia de desconexión, de separación y aislamiento. Es el encuentro con
el límite, con la materialidad del cuerpo, con la dificultad de “estar a solas con uno
mismo”. Este último punto será crucial para la lectura y su interioridad individual
contrapuesta a la interconexión, a la compañía de la televisión y la computadora.
El silencio de la Biblioteca moderna contrasta con el mundo multimedia que rodea al
adolescente actual. El silencio era compañero inseparable de la letra escrita que
“entraría” con sangre o sin ella, pero hacía al menos el intento de penetrar la mente. Al
joven actual parece no entrarle la letra. La musicalidad del entorno atenta contra la
internalización y la mente, más que un reservorio, un continente, parece una superficie
que refracta el saber adulto. “No me entra, no me queda” son repetidas quejas actuales
de los estudiantes, partiendo de una lógica de la interioridad, de un sujeto cognoscente
cargado y a ser más cargado de contenidos.
El chat es un experimento constante con la lengua viva, con textos que distan miles de
kilómetros de las cartas de antaño, con símbolos que transmiten vivencias, emociones,
sentimientos. Pero es un experimento ruidoso y terriblemente informal. El lenguaje que
allí se utiliza se aleja cada vez más del lenguaje de la escuela, del académico. Las reglas
son otras y el tempo de las comunicaciones es rápido; las palabras fluyen. La
comunicación electrónica está pautada por la velocidad y no por la reflexión. Tanto en
el chat como en el MSN, la idea debe ser clara, concisa, sintética. Como en muchos
videojuegos, en el chat no hay tiempo para el despliegue reflexivo. Debe haber
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conexión y capacidad de mantener la atención ajena, ya que en caso contrario puede
significar el fin de la charla o del juego. Cada palabra debe “tocar”, ser pertinente,
llamativa, convocante, capaz de mantener la atención tan escasa en estos tiempos. La
gramática, la sintaxis, la ortografía, pierden relevancia en este contexto. El lenguaje está
vivo, en mutación en el ciberespacio. Lo crucial es transmitir y ser capaces de ser
comprendidos, ya sea con palabras, con íconos, emoticones o con cualquier simbología
disponible. Más no es mejor y más cuidado y prolijo, es igual a más lento. Esa es la
lógica en el discurso en la Red, una lógica muy diferente a la escolar y sus tiempos.
Surge a partir de estos contextos electrónicos una subjetividad que se define en una
reafirmación del instante, del ahora, del presente. Evidentemente esto opera contra la
expresión reflexiva. Lo que se busca es la conexión, el estar ahí, la satisfacción de la
cercanía con los otros.
Leer: la tarea obsoleta
“The truth is out there” X Files
La verdad está ahí afuera, la información también y la mente... también. Los jóvenes se manejan
de una forma que exaspera a sus docentes: buscan, copian, seleccionan, imprimen y pronto. En
esta nueva lógica queda por fuera la lectura reflexiva, profunda. Como decíamos, lo que se lleva
a cabo es un escaneo de la información buscando su pertinencia con el pedido inicial. A veces
este requisito se completa seleccionando un material con una relación con el tema original
apenas contingente. Para esta nueva lógica lo que importa es saber cómo y dónde acceder a la
información. Es la lógica acorde con la saturación. No es más posible leer en un contexto de
saturación de la información; leer se ha transformado en una tarea obsoleta. En la era actual,
como hemos señalado, no hay tiempo material para la lectura. El número de variables de
la complejidad lleva a que sea imposible manejarlas en
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su totalidad. Pareciera haber un conocimiento (in)consciente de lo innecesario de leer
todas las informaciones que se puedan encontrar acerca de una temática. Pero esa
intuición juvenil choca con las demandas de la institución educativa que no asume los
cambios cognitivos de las nuevas generaciones y que aún está atravesada por los
paradigmas modernos. Solicitar a los estudiantes información, es un modus operandi
heredado de la vieja escuela cuyo sentido se ha visto jaqueado en los contextos actuales
de saturación de información. El nuevo paradigma de búsqueda podría ser sintetizado
por Google. Subjetividad de la búsqueda, ordenamiento, clasificación, pertinencia. El
desafío de la vieja escuela era hallar la información. En el pasado, encontrar material era
el desafío. Algunos no encontraban o directamente no iban a la Biblioteca. Otros,
conseguían mucho y bueno; eran los mejores estudiantes, los más aplicados. El mejor
era aquel que conseguía buen material y armaba la mejor carpeta con los contenidos.
Eran tiempos de escasez. El desafío allí era encontrar, conseguir, recortar y pegar. Hoy
lo desafiante es que la información sea veraz, pertinente, actualizada, de fuentes
confiables, correcta en sus contenidos y fuentes.
Quizás sea eso lo que debemos enseñar. Seguimos pidiendo materiales, generando y
fomentando el “corto y pego” cuando lo importante no es hallarlo sino saber elegirlo,
ordenarlo. El problema antes era acceder a la información, tenerla o no -por eso
pedíamos carpetas, cartulinas- pero en un tiempo donde todos o casi todos tenemos
acceso: ¿Qué pedir? ¿Cuál es hoy el desafío?... ¿Encontrar material?
Sin duda que no. Cualquiera medianamente tecnificado puede hacerlo. El desafío es
que lo lean, lo procesen. El paradigma de la búsqueda no corre más en estos tiempos. El
paradigma ahora es el del acceso y la selección. Esa es una de las habilidades
posmodernas diferenciales por excelencia. Google no sólo busca sino que encuentra,
ordena y presenta. Google Scholar agrega la vertiente académica -pervertida por la red-
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sumando el valor agregado del número de citas de cada artículo encontrado. Con ello se
pretende diferenciar lo importante, lo verdadero de lo falso, ilusorio, engañoso. La
problematización del saber pasa por esos carriles. Esa es la problemática que aun no
logramos enfocar adecuadamente desde el ámbito educativo. Ese es el dilema que no
halla respuesta por parte de la educación. Hemos pasado de la lógica de la escasez y la
búsqueda, a la lógica actual de la saturación, la atención y el ordenamiento. En ese
contexto, la lectura se torna antieconómica, un imposible. Sin embargo admitir que no
es más posible leer y, que es poco económico leer todo, está en el debe de la institución
escolar, aunque sus integrantes en la vida cotidiana funcionen de esa manera por
necesidad de supervivencia. De hecho, muchas veces los docentes en las propias
evaluaciones, escanean la información, hacen el simulacro de su lectura debido a la
creciente escasez de tiempo.
Hacia la futura externalización de la mente
De cada acto que se ejecuta en la pantalla queda un registro. La memoria que había
comenzado algunos miles de años antes de Cristo con la invención de la escritura, su
proceso de externalización, continúa inexorable en ese camino. Con el avance del
“cloud computing” esto se acelera aun más.
La realidad es repetible, replicable. El replay como mecanismo cognitivo está al alcance
del mouse, del control remoto. A las palabras se las sigue llevando el viento, pero el
diálogo en pantalla queda registrado, externo, grabable, repetible (si no preguntarle a
Facebook y los problemas que está teniendo Mark Zuckerberg con esto). Las normas de
ortografía, sintaxis quedan fuera también. Son los propios programas quienes se
encargan de alertar sobre los errores o pueden ser la ayuda final para la adecuada
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presentación del material. La conciencia ortográfica ha emigrado al exterior de la mente
y esto se ve en las producciones escritas. Como temía Platón, la memoria se ha
externalizado y agregamos ahora también buscadores externos como ayudas cognitivas
de nuestra memoria evocativa. Favoritos en los exploradores es el paradigma de
registrar, ordenar, archivar la información navegada. El Historial permite revisar los
pasos dados, rememorar la información navegada, el camino recorrido. Mis documentos
de Windows es la manera de ordenar, acceder a los documentos/conocimientos
archivados. Windows y sus ventanas esquematizan una mente externalizada en carpetas,
archivos, diálogos, íconos, imágenes. Del.icio.us hace accesible a todos mis preferencias
y con software como Ares y e-mule otros entran en mi máquina y uno entra en la de
otros para compartir recursos.
Hacia posibles salidas concretas a la saturación y al “corto y pego”
Las posibles salidas al “corto y pego” deben necesariamente pasar por reconocer que
nos encontramos en un momento histórico signado por el choque entre dos culturas.
Ambas culturas han crecido en dos lógicas informacionales distintas, dos lógicas
diferentes en la solicitud de materiales: la de la escasez y la de la saturación. En la
primera, buscar información era pertinente, en la segunda, un despropósito. Nos
referimos a dos formas, dos transparencias, dos esquemas o esqueletos con los que
mirar lo que sucede frente a la búsqueda de información.
1. Lectoescritura (moderna y lineal)
2. Búsquedas y selección (posmoderna y multitarea)
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Ambos esquemas son válidos. La escuela no debe renunciar a enseñar la lógica del
saber, ya que en caso contrario, siglos de cultura escrita quedarían perdidos, pero debe
también ver qué cosas concretamente hacen los jóvenes en la actualidad.
El discurso en general, tiende a ver los modos juveniles como bárbaros, salvajes,
incultos. Lo cierto es que la escuela no fue pensada para estos jóvenes. Para evangelizar
con el saber tradicional, con la lectoescritura, la reflexión y la interioridad que ella
implica, hay que conocer a los “bárbaros”, esos venes que se mueven en la lógica de
la saturación. Esta generación de “nativos digitales” (Prensky, 2001, 2006) ya ha nacido
en la cultura de la saturación y la multitarea, está embebida de ella. Los adultos estamos
llamados a sobrevivir en la saturación, pero habiendo nacido en la escasez y la
linealidad; de ahí el choque cultural que se da. Nacimos en el siglo XX, enseñando a
jóvenes del siglo XXI dentro de una institución del siglo XIX.
Opción 1 Evangelización reforzadora de la lectura
Es una salida que pretende funcionar como instauradora de la vieja subjetividad
pedagógica. En lugar de pedir material como si estuviéramos en la lógica de la escasez,
pareciera más adecuado plantear una pregunta, un problema que necesite encontrar
respuestas y por tanto resulte ineludible leer el material y pensar. Parece perogrullesco,
un simple matiz, pero sin embargo eficaz para sortear el mero “corto y pego”. Lo que se
persigue es hacerle un rodeo a la búsqueda de material sin lectura. Hay que complicarle
la vida a los buscadores de textos en Encarta o sitios como rincóndelvago.com o
monografías.com, obligándolos a leer. La cuestión pasa por empujar a los jóvenes a
desplazarse de la información al conocimiento a través del planteo de problemas,
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interrogantes que obliguen a la reflexión propia de la lectura. Cuanto más específicas
sean las preguntas, menores posibilidades habrán de llevar a cabo “corto y pego”.
Opción 2 Inmersión en la nueva cultura de búsqueda
Esta opción implica un reconocimiento de la diferencia cultural y su validación como
una nueva forma de estar en el mundo, en un mundo que no es el de antes. Se trata de
una salida que busca profundizar en lo metacognitivo de las destrezas de búsqueda y
archivo y poder desprenderse del escriturocentrismo. A través de ello se puede observar
quiénes lo hacen bien y quiénes lo hacen mal. Algunos jóvenes han entendido cómo es
que funciona la búsqueda y logran llegar a las respuestas, al saber. Otros no lo logran,
no han desarrollado las estrategias adecuadas para manejarse en la saturación, aun
siendo jóvenes. Esta segunda opción se plantea profundizar en lo metacognitivo, en el
conocimiento acerca de cómo intentamos conocer en la lógica de la saturación.
Algunas de las preguntas que guían esta opción son las siguientes:
Estrategias para encontrar respuesta a la pregunta:
¿Dónde buscaste? ¿Cómo? ¿Por qué?
Luego, entrando en mayor detalle preguntamos:
¿Qué motores de búsqueda usaron? ¿Qué palabras ingresaron en el motor de
búsqueda? ¿Por qué? ¿Qué criterios utilizaron para elegir esas palabras? ¿Cuántas
entradas había? ¿Qué palabras dieron mejores resultados? ¿Por qué? ¿Cuáles son
los mejores sitios para ese tema? ¿Cuáles son las mejores páginas? ¿Cómo
encontraron los mejores sitios? ¿Qué descubrieron durante la búsqueda?
¿Qué criterios utilizaron para indexar la información encontrada? ¿Qué criterios de
confiabilidad de la información obtenida utilizaron?
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El lugar docente
El lugar docente en la primera opción es bien claro. Es un rol cercano al tradicional con
una población nueva, diferente, pero adaptable a la estructura escolar. Las jerarquías se
mantienen. La pregunta que sigue es: ¿cuál es el rol docente en la segunda modalidad?
¿Implica esta modalidad transformarse en informáticos, bibliotecólogos, arquitectos de
la información? ¿Tienen que aprender un nuevo rol? La respuesta: sí. Cada tecnología
revolucionaria jaquea el rol presente llevando necesariamente al cambio o a la
obsolescencia. Salirse del lugar del saber se les vuelve intolerable a muchos docentes y
desconocer cuál es el propio rol más aun. Navegar en la incertidumbre resulta
atemorizante. Paradójicamente esta actitud no es exactamente lo que uno definiría como
una “linda y saludable” actitud frente al no-saber. El docente se ha formado en general
en el imaginario de la omnisapiencia y se le hace difícil tolerar aprender de los alumnos.
La escuela monopolizó la transmisión del saber hasta la llegada de los medios masivos,
la informática, Internet, etc. que se han tornado importantes transmisores de
información y conocimiento. La asimetría del vínculo “quien sabe” y “quien no sabe” se
rompe y el docente cae a una situación mucho más peligrosamente simétrica con los
alumnos y las alumnas. Educando y docente ya no están enfrentados; sus miradas se
posan sobre un mismo objeto: la pantalla y su objetivo es el mismo: construir
conocimiento.
Martín Barbero (2002) señala que: “De ahí que las transformaciones en los modos como
circula el saber constituyan una de las más profundas mutaciones que una sociedad
puede sufrir. De ahí que sea disperso y fragmentado cómo el saber escapa de los lugares
sagrados que antes lo contenían y legitimaban, y de las figuras sociales que lo
detentaban y administraban”. Esos lugares que por otra parte adolecen de lo que Perez
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Tornero (2000) denomina escriturocentrismo es decir: centramiento en el libro como
único referente de la cultura. El saber se sale ante todo del que ha sido su eje durante los
últimos cinco siglos: el libro. Las nuevas tecnologías han contrapuesto sus saberes-
mosaico a los saberes lectivos propios de la escuela (Martín-Barbero, 2002). En ese
proceso transformador varios conceptos se vuelven materia de polémica. El propio
concepto de autor, concepto también con su propia historia, se encuentra jaqueado en la
actualidad por todos los movimientos peer-2-peer, los intercambios masivos de datos y
el cloud computing. Cambia entonces el contexto, que se vuelve saturado, fragmentado,
disperso, descentrado y colaborativo. Se abrevian y modifican los tiempos
abreviándose y conduciendo indefectiblemente a desarrollar estrategias que permitan
sobrevivir en la saturación. Esa es la situación que la escuela hoy debe enfrentar.
Notas
(1) Pensar en un sujeto capaz de manejar y estar al tanto de los avances científicos de su
tiempo como pudo ser un Leonardo Da Vinci es hoy descabellado.
(2) El ejemplo más publicitado y notorio ha sido el del acceso de los niños a material
pornográfico, lo que ha generado fuertes críticas y una amplia preocupación por parte de
organizaciones de padres, así como los primeros intentos de regulación como el Acta de
Decencia de Clinton en 1996.
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Book
Uno de los primeros libros en español de Psicología, sobre el desarrollo de los vínculos en tiempos de Internet. Contenido: Primera parte. Vínculos mediatizados por la pantalla - Segunda parte. Nuevos contextos, nuevo pensamiento - Tercera parte. Psicoanálisis, psicología y nuevas tecnologías. Cuarta parte. El cuerpo en las redes - Epílogo. Un Rorschach en el futuro.
Sobremodernidad. Del mundo de hoy al mundo de mañana
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