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Tele-trabajo: ¿perfilar o perfilarse? 1

Authors:
Tele-trabajo: ¿perfilar o perfilarse?
1
Ps. Roberto Balaguer Prestes, Ps. Miguel Carbajal Arregui
2
Trabajo presentado en la V Jornada de ADEPTRU Nov 2001, Montevideo, Uruguay
Introducción
Para realizar este trabajo, nos hemos reunido infinidad de veces, sin embargo esta es la
primera que estamos trabajando esta temática presentes en un mismo ámbito físico.
Esta ponencia por tanto, es producto de lo que se ha dado en llamar “tele-trabajo”, o
trabajo a distancia, una modalidad tan nueva en su actual dimensión como vieja en su
creación. El mundo ha venido desarrollando el tele-trabajo desde épocas muy anteriores
a las comunicaciones mediadas por computadora (CMC). La idea es simple, y compleja a
la vez; realizamos un trabajo desde un lugar distante al lugar de llegada del producto,
sea éste algo material o simplemente información.
Una de las variables a considerar en estas nuevas modalidades es la abolición del
transporte físico para la llegada del producto. Desde el Reglamento de Indias, hasta las
producciones comercializadas o importadas desde Europa, hemos sido atravesados por
el tele-trabajo, quizás sin conciencia total de este hecho.
Todos los imperios a través de la historia, necesitaron realizar un tele-trabajo para
controlar sus colonias, sus posesiones, ordenar y legislar. En tiempos anteriores las
tecnologías del transporte terrestre, marítimo, luego aéreo, fueron disminuyendo las
distancias y acortando los tiempos de llegada de la producción, lo que mantenía la
“natural” sensación de distancia y separación. La CMC introduce la supuesta abolición
de la distancia, del “aquí por el ahora” (Virilio, 1997) que llevaría en su germen la posible
desaparición de la separación y por tanto de las fronteras entre los espacios público-
privado, laboral-íntimo (Levy, 1995).
“Por primera vez desde la Revolución Industrial, el hogar, que había quedado relegado
al espacio y al tiempo extra-laboral (proceso acentuado por el "zoning" funcionalista),
vuelve a integrar las funciones de producción, gestión y reproducción. En cierta forma,
el teletrabajo representa un regreso al pasado vehiculizado por las tecnologías de un
1
Este trabajo ha sido realizado entre los meses de agosto y setiembre de 2001. Muchos de
los conceptos expresados en él seguramente tienen “fecha de caducidad” debido a la
rapidez con que se va modificando la realidad de las actividades vinculadas con las
Tecnologías de Información o Comunicación (TICs) que son objeto de esta comunicación.
2
Roberto Balaguer Prestes e-mail: : rbalaguer@pro-red.com" rbalaguer@pro-red.com
Miguel Carbajal Arregui e-mail: :carbacua@adinet.com.uy" carbacua@adinet.com.uy
futuro que ya llegó. Como el artesano de la alta Edad Media, el teletrabajador opera
desde su hogar, al que le llega la materia prima que procesará, empleando horarios
flexibles y enviando su producción al comanditario. La producción vuelve a estar
descentralizada, con la diferencia de que en vez de transportar los productos rurales en
carretas hasta los centros urbanos o los mercados, la materia prima que le llega y sobre
la que trabaja es información, y la "carreta" es la supercarretera informática y los
servicios derivados de ella “(Puente, 1998) (Finquelievich, 1998).
Podríamos decir entonces que en realidad la concepción actual de trabajo es una
concepción moderna, signada por la producción serial, fabril de la era industrial (Levy,
1995 ; Giddens, 2000). El tele-trabajo en este sentido sería entonces una vuelta a ubicar
el trabajo en coincidencia con el hogar, como en la pre-modernidad cuando las
actividades se realizaban dentro del mismo espacio físico.
Algunas viñetas ilustrativas para reflexionar sobre el tele-trabajo
Una paciente, que llamaremos Marta dice: “el trabajo en sí no me cansa. Me cansa, me
estresa, me angustia eso otro, estar ahí, esas cosas que pasan ahí y te hacen sentir mal,
las injusticias, los reproches, los chismes He pensado en cambiar de trabajo varias
veces, sobre todo cuando me enferma, o me hace llorar al llegar a casa”.
Un adolescente que llamaremos Mario, llegó a la consulta derivado por una colega dada
su pasividad y dificultad para salir de su casa, conjuntamente con crisis de pánico en
lugares públicos. Luego de unas entrevistas comienza un tratamiento analítico bisemanal
con uno de nosotros. Entre su incertidumbre con respecto al futuro, la idea de trabajar
como diseñador de ropas desde su casa, como su ídolo, era una idea que le daba cierta
esperanza, una salida frente a su problemática. Como plantea Françoise Dolto “si el
adolescente tiene un proyecto, incluso a largo plazo, está salvado. El hacer cosas para
alimentar ese proyecto le hace soportable el purgatorio de la juventud en ese estado de
impotencia y de dependencia económica”. (Dolto, 1991) Por otro lado cabe preguntarse,
¿qué pasa con una salida de este estilo, que es al mismo tiempo una no-salida, una
permanencia que puede ser canalizada tanto endo como exogámicamente?
¿Cómo se entrelaza a su vez esta salida en la adolescencia con la “moratoria social” de
Erikson (1968 ) donde la preparación no pasa por ingresar al mundo adulto, si no más
bien por intentar no ser tan adulto como para quedar fuera del circuito laboral?
Veamos una última viñeta. Una colega es consultada por un juez para realizar una pericia
judicial de una joven arrestada por conducir un auto reportado como robado. Cuando le
pregunta a la joven sobre las causas de su arresto ella comienza un relato que bien
podríamos interpretar como un delirio paranoide. Cuenta que está siendo perseguida
por una organización delictiva que mediante un programa antivirus puede acceder a
todos los sistemas informáticos del país y así lograr alterar los distintos registros y
manipular los sistemas. Relata que con ese método su nombre ha sido cambiado y han
llegado a crearle un historial delictivo. Comenta con mucha ansiedad que en las últimas
horas han alterado también la historia clínica de su psiquiatra provocándole la muerte
en un sanatorio. Dice a la psicóloga “Piénselo, toda nuestra vida está en las
computadoras, ahí adentro. Todos los registros: la tarjeta de crédito, nuestra historia
clínica, todos nuestros datos personales. Todo... todo está almacenado ahí. Es como una
sombra electrónica sobre cada uno rogando que alguien la manipule. Y si me lo hicieron
a mí, se lo pueden hacer a usted” Luego de realizar esta afirmación reitera con
convencimiento que han cambiado todos sus datos: “ Yo no soy quien todos creen”.
Asegura asimismo que no puede probar su identidad ya que su psiquiatra ha muerto y
su madre, su única familiar, se encuentra aquejada desde hace tiempo de Mal de
Alzheimer y es incapaz de reconocerla. Ni siquiera sus vecinos la identifican ya que nunca
ha hablado con ellos y casi no la ven salir, ya que desde que ella se mudó a la ciudad
proveniente de un pequeño pueblo del interior, sólo ha trabajado en su casa. Se
especializa en probar software antes de que comience a usarse masivamente. Se dedica
a encontrar y arreglar las frecuentes fallas de los programas. Se comunica
telefónicamente con quienes la contratan, y devuelve su trabajo de la misma forma que
lo recibe: por correo electrónico, fax o correo privado. Ella es una trabajadora con base
en su propio domicilio, realiza tele-trabajo asistida por CMC y quienes la contratan nunca
la han conocido personalmente.
Para Marta “asistir” al trabajo, “estar allí” y tener que lidiar con los movimientos
institucionales es la causa de su estrés; no las tareas que desarrolla en su lugar de
trabajo.
Para Mario, la mejor salida al mundo adulto era la posibilidad de no salir de su casa y
desde allí permanecer a salvo de los “peligros” reales y fantaseados del trabajo tal como
lo concebíamos hasta el momento y tal como lo exponen Marta o Mario. La joven mujer
que fue arrestada, en cambio, es un personaje de ficción, es la protagonista de la película
“La red”, una mujer que trabaja en su casa y cuya vida social ha estado restringida, en
forma casi exclusiva, a largas horas de chateo nocturno en un salón donde coinciden
personas de varios continentes que, por supuesto, no conoce. Hasta aquí entonces estas
viñetas; nada originales -excepto la última-, hablan de las dificultades de trabajar en una
institución social llamada trabajo. Una institución hasta ahora, encuadrada por un lugar
físico y un tiempo determinado. Elementos producto de la modernidad, muy marcados
por las lógicas fabriles; pero amenazada por el tele-trabajo, que introduce las dificultades
de dejar de “estar ahí”, al menos en un sentido físico.
¿Perfil de tele-trabajador o perfilarse hacia el tele-trabajo?
Las viñetas anteriores reales y ficticias nos permiten adentrarnos en el tema que hoy nos
ocupa. Desde la lógica laboral actual Marta y Mario sufren por estar en el trabajo y
preferirían guardar distancia de él, sin por ello desear renunciar a llevar a cabo sus
actividades. Su sufrimiento pasa por el contacto no con el mundo del trabajo, sino con
los contextos de trabajo, lo que es cualitativamente distinto. Innumerables autores se
han referido y enumerado las dificultades de los contextos institucionales trabajando
sobre el sufrimiento generado dentro de las instituciones (Bleger, 1974; Kaes, 1996).
Para la protagonista de La Red, en cambio, su sufrimiento pasa no por “estar ahí”, sino
por no haber estado nunca ahí. En este ejemplo - ficticio hoy, posible mañana - la CMC
no sólo genera la abolición de la distancia, sino la ominosa extinción de la identidad que
queda sujeta a las manipulaciones más impensables.
Hemos incorporado en los últimos años infinidad de tecnologías que nos han ido
acercando más al tele-trabajo en forma silenciosa. Desde el telégrafo de Morse, pasando
por el teléfono de Bell, el fax, el contestador automático, distintas tecnologías han sido
incorporadas para beneficio de nuestro trabajo. Cada avance tecnológico en
comunicaciones, ha presentado algunas dificultades iniciales.
Algunas tecnologías como pueden ser el teléfono, el contestador automático o inclusive
el correo electrónico, se han vuelto un requisito imprescindible para desarrollar nuestras
tareas. Cada día más nos iremos enfrentando a la necesidad de incorporar algunas
habilidades vinculadas con la comunicación mediada por computadora como parte de
los nuevos contextos del trabajo. Del mismo modo los avances vertiginosos actuales nos
confrontan con nuevas modalidades laborales que originan crisis, ya que nos enfrentan
a la posibilidad de no estar más ahí, de que nuestra presencia pueda no ser más
necesaria, lo que sin duda moviliza intensos afectos, llevados al extremo por la
“despersonalización” sufrida por la protagonista de La Red. Despersonalización que suele
llevar a algunos críticos a una consideración de las nuevas modalidades vinculadas con
las redes informáticas, como promotores de una especie de pérdida identitaria, de una
suerte de disolución en la masa, siguiendo el esquema de Freud (1921) y aplicándolo a
las redes ; como si éstas fueran capaces de erigirse en símbolos (Romano, 2000);
perdiéndose entonces la dimensión humana.
Ante los cambios que se vienen perfilando comenzamos a preguntarnos :¿Es posible
pensar en el perfil del tele-trabajador como un “perfil” a delinear? (Marta y Mario), o es
más productivo, comenzar a pensar en un nuevo contexto social en donde más que un
perfil , será una nueva-vieja forma a la que comenzar a perfilarse ¿De ser así que
habilidades debería tener una persona para ir incorporando el tele-trabajo a su vida?
En la transición hacia el tele-trabajo
Al pensar en la transición que estamos viviendo en estos años, y visualizando el futuro
a corto o mediano plazo, iremos integrando algunos aportes fruto de investigaciones
realizadas en Gran Bretaña acerca del crecimiento de esta nueva-vieja modalidad laboral
http://www.eto.org.uk/faq/faqpsyo1.htm
www.eto.org.uk/faq/faqpsyo1.htm
El tele-trabajo es una alternativa tentadora para quienes disfrutan del trabajo en
situaciones de relativo aislamiento. Los individuos que, por diversos motivos, necesitan
del intercambio cotidiano con sus compañeros de trabajo, vivirán el tele-trabajo como
una alternativa empobrecedora. El trabajo, con su organización tradicional, aún es un
espacio privilegiado de socialización para amplios sectores de adultos que encuentran
en él un medio para enriquecer su vida social. Muchos individuos dependen, además, de
la interacción con sus compañeros para sostener la motivación necesaria para desarrollar
actividades laborales que no siempre les resultan placenteras.
Quienes necesitan una disciplina externa se desempeñarán mejor en un ambiente de
trabajo tradicional donde sean supervisados por sus superiores para no postergar o
evitar sus actividades laborales, ya que el tele-trabajo exige contar con una autodisciplina
relativamente severa. En el otro polo hay individuos que, al trabajar en su hogar sin
horarios, pueden llegar a volverse verdaderos adictos al trabajo. Quienes presentan
dificultades para alejarse de su trabajo se ven beneficiados por los limites externos
representados por una oficina con horarios claramente definidos que los ayuda a
discriminar los tiempos laborales de su vida privada.
El trabajo en redes, conjuntamente con la conexión a la World Wide Web (www),
genera situaciones en donde se hacen más permeables y menos rígidos los usos
laborales, sociales y lúdicos (Turkle, 1995). Se ha señalado en otro lugar, las cuestiones
relativas a lo que se ha dado en llamar “adicción a Internet” (Balaguer, 2001 a) que
guarda relación con la accesibilidad 24 hrs. de la redes. El trabajo en pantalla suele no
limitarse a los aspectos estrictamente laborales, lo que ha generado cuestionamientos y
varios intentos de regulación. El “mundo de las ventanas” es un mundo donde alternan
elementos que hacen que la autodisciplina sea importante a la hora de privilegiar las
distintas opciones en pantalla.
La edad del trabajador es una variable que debe tenerse en cuenta. Podría pensarse que
el tele-trabajo puede ser contraindicado como primer empleo para un sector importante
de jóvenes que necesitan de la oportunidad de participar de espacios de trabajo
tradicionales que operen como instancias formativas donde adquirir habilidades sociales
necesarias para forjar una autodisciplina y donde puedan aprender a lidiar con las
diversas dificultades que se plantean en le mundo del trabajo. Sin embargo estas
consideraciones, pueden relativizarse frente al impacto social que tienen los entornos
de redes. Los entornos interactivos proveen a sus usuarios de oportunidades de
relacionamiento social muy intensos, sólo que en general en forma textual. Al pensar
sobre este punto se deberá considerar, entonces, el efecto del trabajo a distancia en
cada joven en función de sus recursos internos.
En otro orden, la edad puede incidir en la preferencia de los sujetos por el tele-trabajo:
una persona joven, soltera puede preferir desempeñarse en un empleo donde, debido
a la interacción con sus compañeros o por su ubicación territorial, abunden las ocasiones
de vida social y de nuevos contactos humanos. Una persona de mayor edad puede
preferir trabajar en casa adaptando sus horarios en función de las necesidades de su
familia.
Las investigaciones desarrolladas han demostrado que la gran mayoría de las personas
toleran bien este tipo de trabajo y que la inclinación o no al tele-trabajo es sobretodo
una cuestión personal. Como bien resume Susana Finquelievich: “algunas personas
pueden encontrar en el tele-trabajo ventajas que para otros serían serios
inconvenientes. Algunos hallan más fácil concentrarse en el trabajo sin las distracciones
de un activo y ruidoso ambiente de oficina, mientras otros pueden necesitar del mismo
para estimularse. Algunas personas optimizan su producción cuando pueden trabajar en
los tiempos que más les convengan, ya sea al alba o durante la noche, mientras otras
necesitan de una rutina horaria y de límites externos para comenzar y terminar sus
tareas. Asimismo, algunos aprecian el tiempo que se ahorran por el hecho de no viajar a
sus oficinas, mientras a otros les gusta el deber diario del viaje y lo toman como un
mecanismo de transición entre la vida laboral y la vida privada”. En el caso del tele-
trabajo, la “transicionalidad” quedaría concentrada en la conexión a la red de trabajo, lo
que obviamente hace más fácil este acceso, pero menos visibles los cortes y las fronteras
entre un lugar y otro. La accesibilidad se separa del transporte, y ya no es uno quien debe
desplazarse por el mundo, sino que el mundo es desplazado hacia nosotros, siguiendo
una lógica parecida; pero de mayor alcance ahora; a la de la tele-visión que nos trae
cualquier rincón del planeta a nuestro hogar.
Pensemos un instante en el desarrollo urbano de nuestra capital hacia el este y las
dificultades que ha ido generando a nivel del transporte, concomitantemente con la
desterritorialización de la urbe. El tele-trabajo reconfiguraría, como ha sucedido a través
de la Historia, el mapa de las fuerzas laborales, su ubicación en el espacio físico,
permitiendo una mayor diseminación de la población en el territorio conectado a través
de las redes.
Los factores ya considerados “sugieren que no existe una personalidad de tele-
trabajador "correcta" o "incorrecta". y que las diferencias, actitudes y preferencias
individuales sólo pueden ser consideradas en el conjunto particular del contexto de
tareas, ambiente hogareño y cultura organizacional” (Finquelievich, 1998).
Posibles contribuciones para estos tiempos de transición.
Diversos estudios muestran que la tendencia mundial lleva a que las personas
comiencen a desarrollar una parte de sus actividades laborales mediante el tele-trabajo.
Estudios realizados en países centrales plantean que quienes realizaban actividades de
tele-trabajo durante más de 35 horas por semana eran, a fines de siglo, cerca del 20%
del total de los trabajadores. Veamos, con un ejemplo, como se va dando la progresión
del crecimiento: la empresa Find/SPV aseguraba en 1998 que el número de tele-
trabajadores en Nueva York era de 9 millones -el doble que en 1990- y estimaba que
para el 2000 llegaría a 11 millones. Más allá del número de tele-trabajadores que
actualmente haya en nuestro país, podemos afirmar que éste irá creciendo en los
próximos años, ya que todos los estudios coinciden en consignar que en todas partes del
mundo el crecimiento de este tipo de actividades es lento pero sostenido. Creemos que
desde la psicología del trabajo es posible desarrollar acciones que acompañen, desde el
punto de vista profesional, el desarrollo del tele-trabajo.
Nuestra intervención debería comenzar en el momento en que las organizaciones se
enfrentan ante la disyuntiva de implantar o no el tele-trabajo.
Es fundamental tener en cuenta al analizar la situación : el sentido de la implantación
del tele-trabajo, su potencial contribución a mejorar los resultados y el tipo de tareas
que se piensan realizar mediante esa metodología. La incorporación de costosa
tecnología, sobre todo en el área de las comunicaciones, puede asociarse con el
desarrollo de una empresa o institución, sin embargo a la hora de tomar ciertas
decisiones se debe analizar con detenimiento el para qué de éstos cambios.
Otro aspecto que se debe analizar es el contexto organizacional donde se pretende
implantar el tele-trabajo. El tele-trabajo pareciera funcionar mejor en organizaciones
flexibles donde existe el trabajo en red y donde, con mayores niveles de autonomía, los
empleados pueden actuar y tomar decisiones por sí mismos, y se los evalúa por el
resultado de su trabajo y no por su asistencia. Sin embargo en una organización
burocrática donde hay un gran control sobre los trabajadores, una estructura de tele-
trabajo tendrá serios problemas para desarrollarse. La introducción de este tipo de
innovaciones supone cambios organizacionales, reorganizaciones internas donde las
estructuras preexistentes de poder pueden verse cuestionadas. (Karol, 1998) En
organizaciones fuertemente jerárquicas los sectores de poder (pueden) podrían
presentar dificultades para adaptarse a los cambios o a la redistribución de tareas. A su
vez, esas resistencias pueden generar crisis institucionales que con un adecuado
seguimiento podrían prevenirse.
Debe considerarse también que es tan importante el perfil de personalidad de los
potenciales tele-trabajadores como el de quienes supervisarán la tarea. Un supervisor
autoritario, rígido o muy inseguro de mismo y de sus subalternos, va a tener serias
dificultades con esta modalidad laboral. Para una persona con estas características es
muy importante el control visual y la autoridad ejercida por la interacción cotidiana
dentro del ámbito laboral. Por el contrario, si un supervisor no encuentra dificultades
para manejarse con niveles de supervisión flexibles pero efectivos, en una organización
donde no se considera riesgoso que los empleados actúen en forma autónoma, el tele-
trabajo se podrá instaurar sin grandes dificultades. Creemos que para esta modalidad
de trabajo resultan de gran utilidad los niveles previos de confianza que posibilitan que
quienes tienen tareas de conducción en las organizaciones se manejen con controles
más flexibles.
Sin duda que algunos aspectos del perfil de los futuros tele-trabajadores deberán ser
tenidos en cuenta, pero como ya vimos, estos no difieren demasiado de los que
consideraríamos ante cualquier tipo de trabajo. Proponemos, sin embargo, que se tomen
muy en cuenta la familia y la vivienda del candidato. Para trabajar en ese sentido quizás
debamos realizar algunas tareas comunes para los trabajadores sociales, pero novedosas
para los psicólogos que no trabajan en ámbitos comunitarios, como pueden ser las
visitas para conocer la familia del trabajador, ver como interactúa y relevar el espacio
físico con que efectivamente cuenta para realizar tareas laborales con niveles mínimos
de independencia. Uno de los aspectos a evaluar es en qué medida el trabajador puede
defender un espacio de trabajo dentro de su casa. También deberá estudiarse si la familia
puede llegar a entender que el tele-trabajador durante su tiempo de trabajo estará
“físicamente disponible pero mentalmente ausente”. Considerar a la familia como una
de las variables que incide en el tele-trabajo llevaría a considerar las ventajas de una
capacitación conjunta trabajador-familia al implementar esta modalidad de trabajo que
en poco tiempo avanzará a la velocidad de la luz.
Nuestra tarea será entonces en los próximos años, la de pensar en la organización que
va a instaurar el tele-trabajo, en las tareas que se van a procesar de esa forma, en el
perfil de los futuros tele-trabajadores y en el de quienes tendrán a su cargo la supervisión
de las tareas; conjuntamente con una evaluación concienzuda del nuevo ámbito laboral-
familiar.
¿De que forma el tele-trabajo está incidiendo en nuestra práctica profesional?
Analizar que está pasando en nuestro medio nos va a permitir ubicarnos sobre qué tan
lejos estamos de lo que se ha llamado tele-trabajo. Al comenzar a trabajar en esta
ponencia hemos ido tomando conciencia de cómo en estos años ha ido variando la
realidad de nuestras actividades laborales. Un ejemplo de esto son las tareas
desempeñadas por uno de nosotros en el área de recursos humanos de una
organización. En los dos últimos años éstas han tenido un desarrollo peculiar. Por la
dinámica de trabajo de dicha institución se han comenzado a desarrollar actividades que
bien podrían ser definidas como de tele-trabajo. De las tareas vinculadas con la
selección de personal, con el trabajo grupal con los equipos técnicos o el trabajo de
evaluación de desempeño que desarrollamos, el ochenta por ciento son realizadas fuera
de la institución. Es importante tener en cuenta que este tipo de trabajo ha sido posible
porque la organización ha ido implementado con éxito el trabajo en red electrónica
(correo electrónico, boletines y bibliotecas electrónicas) Por supuesto, lejos se está de lo
planteado en la película “La red”, donde todo el trabajo era realizado fuera de la
empresa, ya que hay mucho trabajo de equipo que no se realiza tele-trabajando. Sin
embargo, esta modalidad es distinta a la que ambos desarrollamos en otras instituciones
donde el trabajo en red se va acrecentando más lentamente. La multiplicación de este
tipo de actividades, hace necesario que tomemos conciencia de que en el desarrollo
profesional de los psicólogos que trabajamos en instituciones, las actividades laborales
a distancia van a ir teniendo un crecimiento sostenido.
En la era actual los cambios, a veces imperceptibles, generados por el uso de las
Tecnologías de Información o Comunicación, “cuestionan nuestras identidades al punto
que van surgiendo otro tipo de referencias”. Como plantea la socióloga Verónica Devalle
“ya no se trata sólo de ir asumiendo quienes somos, sino de asumir el modo en que nos
construimos”. (Devalle, 2001) Debemos, en tiempos signados por la incertidumbre,
enfrentar el desafío de reflexionar colectivamente sobre cómo los cambios nos van
afectando y, sobretodo, forjando casi sin que podamos percibirlo.
El trabajo en red, y específicamente el tele-trabajo, nos afecta. Afecta nuestra
producción, e inclusive a la organización de los sistemas productivos. El tele-trabajo nos
aleja cada vez más de paradigmas tecnológicos como el taylorismo con su estricta
separación entre la planificación de los procesos productivos y la ejecución de las tareas
estandarizadas- o el fordismo -con su mecanización con tiempos estrictamente
cronometrados-. Nos aleja de esos paradigmas que reinaron en la época industrial para
acercarnos a organizaciones del trabajo en donde la ruptura del modelo de “línea de
montaje” posibilita a los equipos trabajar cooperando en multilíneas de trayectoria
complejas. A partir de la consolidación en los países centrales, a mediados de los
ochenta, de las redes de ritmo flexible, los nuevos contextos laborales permiteron el
abandono de la linearidad en la ejecución de las actividades para introducir la
simultaneidad de las tareas como en las propuestas de Reingeniería (Hammer &
Champy, 1993) Las redes informáticas, hoy por hoy, permiten que esta simultaneidad
tenga un alcance aún mayor por su contribución a la desterritorialización de los antiguos
contextos laborales. Este cambio pone en jaque al presentismo como un valor con
correlato recompensatorio, resignificando el para qué del estar ahí. Los ojos de la
supervisión dejan de focalizarse en el “ver trabajar” -inclusive en el eventual “hacer como
si”-, para dirigirse directamente al producto final del trabajo.
Este último aspecto, el de la valoración del producto, no es un aspecto menor, ya que
conlleva en su concepción elementos correspondientes a la productividad que acercan
lo humano a lo maquinal subrepticiamente, haciendo menos visibles las fronteras entre
las máquinas y el hombre, en la cuarta discontinuidad planteada por Piscitelli (1995).
Buena parte del discurso tecnofílico actual por momentos olvida que a pesar del
sinnúmero de avances, las investigaciones todavía marcan que la CMC es mejor cuando
es utilizada como un medio más de comunicación y no el único (Wynn y Katz, 1997) por
lo que es de esperarse que si bien los contextos cambiarán, las viejas formas de
comunicación se mantendrán presentes, siendo bastante improbable la desaparición
absoluta del contacto personal. Sin embargo, lo anterior no excluye la posibilidad de una
evolución que lleve a que en el ámbito laboral sean los contactos personales, “la
modalidad alternativa”, una vez que el tele-trabajo vaya introduciéndose y
consolidándose en la red social.
Para finalizar y sólo a modo de enunciación, relacionado con nuestras prácticas a nivel
de la psicología en la educación, nos hemos referido en otro lugar (Balaguer, 2001 b) a
los posibles nuevos contextos de trabajo, en donde la idea de “aulas sin muros”
imaginada hace décadas, poco a poco va tomando, paradójicamente cuerpo,
cuestionando también la presencia física como elemento necesario en el desarrollo del
aprendizaje formal. El “aula sin muros” en lo educacional, encuentra su correlato en las
“oficinas virtuales”, ya funcionando en la actualidad en distintos ámbitos laborales,
especialmente los profesionales.
Por último, la otra área, la clínica, comienza también a ser interpelada por la CMC que va
generando modalidades de consulta a distancia, por correo electrónico, a través de los
chats, con trabajos grupales en red, que retoma aspectos conocidos del cara a cara y los
reconfigura a través del texto o en sus alternativas de videoconferencia. Probablemente
ésta sea una de las dimensiones más movilizadoras, la cual de por sí ameritaría un
abordaje que excede ampliamente este espacio de comunicación que a diferencia del
tele-trabajo se encuentra acotado por un tiempo y un espacio estipulados, que a la vez
que nos limita, nos permite discriminar entre el tiempo de la presentación y el del
intercambio, entre este cierre y la apertura a un diálogo presencial que nos enriquezca
en el día de hoy.
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Article
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Futurist sensationalism, journalistic attention, constructivist theory, and appeal to technical determinism all make the genre of literature on cyberspace, described as postmodern, visible and possibly influential. This article takes issue with assertions in this literature that Internet communication alters cultural processes by changing the basis of social identity and that it provides alternative realities that displace the socially grounded ones of everyday synchronous discourse. A main theme of the postmodern perspective is that Internet technology liberates the individual from the body and allows the separate existence of multiple aspects of self that otherwise would not be expressed and that can remain discrete rather than having to be resolved or integrated as in ordinary social participation. The concepts under review presume a prior definition of self as a psychological unity, when the term is open to many definitions including the one that the self is a product of varying social contexts and is normally managed to accommodate them. Arguments from phenomenological hermeneutics are available to counter the plausibility of programming multiple selves, as the postmodern literature suggests can be done. The notion of fragmentation contradicts a substantial body of theory in social interaction based in the premise of coconstruction. Evidence of the socially grounded nature of interaction exists everywhere in cyberspace. Empirical examples include list discourse that illustrates the situated significance of authentic identity in Internet professional groups, secondary research suggesting that electronic communication is most successful as one genre in a communication repertoire, cases of home page self-presentation mediated through socially defined links, and evidence that the ''virtualness'' and alleged anonymity of Internet are illusory and therefore could not over time support a plausibly disembodied, depoliticized, fragmented ''self.''
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