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«Un descubrimiento reserbado en la oscuridad de estos destinos…» Un fragmento de la historia natural y política de la frontera meridional del imperio hispano a fines del siglo XVIII

Authors:
  • Universidad Andrés Bello, Viña del Mar, Chile

Abstract

Este artículo muestra las relaciones que se dieron entre conocimiento y política a fines del s. XVIII en el reino de Chile. Los protagonistas de nuestra historia fueron un objeto y un fortuito acontecimiento. Sus peculiares historias quedaron estrechamente vinculadas. El primero un objeto, el llamado «pino de Chile», despertó el interés de naturalistas y políticos. El segundo un hecho particular: a fines de 1780 el navío de guerra San Pedro Alcántara, fondeado en la ciudad de Concepción, sufrió el ataque de un rayo mostrando la necesidad que en esos años se tenía de maderas. Este accidente provocó el descubrimiento de nuevos «pinares» en territorios del «país de indios». Su descubrimiento desencadenó y movilizó acciones cognoscitivas y políticas tanto en Madrid como en Chile provocando la actuación de actores locales. Este particular objeto y este imprevisto hecho mostraron no sólo la relación entre conocimiento y política también la importancia de la gestión local de lo imperial.
15/3/2021 «Un descubrimiento reserbado en la oscuridad de estos destinos…»
https://journals.openedition.org/mcv/14138 1/17
Mélanges de la Casa de
Velázquez
Nouvelle série
51-1|2021 (numéro ouvert)
Stratégies et procédures d’identification des étrangers
Miscellanées
«Un descubrimiento reserbado en
la oscuridad de estos destinos…»
Un fragmento de la historia natural y política de la frontera
meridional del imperio hispano a fines del siglo XVIII
«Un descubrimiento reserbado en la oscuridad de estos destinos…». Un fragment de l'histoire naturelle et politique
de la frontière sud de l'empire hispanique à la fin du XVIIIe siècle
«Un descubrimiento reserbado en la oscuridad de estos destinos…». A fragment of natural and political history of
the southern border of the Spanish empire at the end of the eighteenth century
FRANCISCO ORREGOGONZÁLEZ
p. 203-224
https://doi.org/10.4000/mcv.14138
Résumés
Español Français English
Este artículo muestra las relaciones que se dieron entre conocimiento y política a fines del s. XVIII
en el reino de Chile. Los protagonistas de nuestra historia fueron un objeto y un fortuito
acontecimiento. Sus peculiares historias quedaron estrechamente vinculadas. El primero un objeto,
el llamado «pino de Chile», despertó el interés de naturalistas y políticos. El segundo un hecho
particular: a fines de 1780 el navío de guerra San Pedro Alcántara, fondeado en la ciudad de
Concepción, sufrió el ataque de un rayo mostrando la necesidad que en esos años se tenía de
maderas. Este accidente provocó el descubrimiento de nuevos «pinares» en territorios del «país de
indios». Su descubrimiento desencadenó y movilizó acciones cognoscitivas y políticas tanto en
Madrid como en Chile provocando la actuación de actores locales. Este particular objeto y este
imprevisto hecho mostraron no sólo la relación entre conocimiento y política también la importancia
de la gestión local de lo imperial.
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Cet article montre la relation entre le savoir et la politique à la fin du XVIIIesiècle dans le royaume du
Chili. Les protagonistes décrits dans cet article sont un objet et un événement fortuit. Leurs histoires
particulières furent intimement liées. Le premier, un objet, le dénommé «pin du Chili», a suscité
l'intérêt des naturalistes et des hommes politiques. Le second est un événement particulier : à la fin
de 1780, le navire de guerre San Pedro Alcántara, ancré dans la ville de Concepción, subit une
attaque de foudre révélant le besoin de bois à cette époque. Cet accident a provoqué la découverte de
nouvelles forêts de pins dans les territoires du «pays des Indiens ». Sa découverte a déclenché et
mobilisé des actions culturelles et politiques tant à Madrid qu'au Chili, entraînant l’intervention des
acteurs locaux. Cet objet particulier et cet événement imprévu ont montré non seulement la relation
entre la connaissance et la politique, mais aussi l'importance de la gestion locale au niveau impérial.
This article shows the relationship between knowledge and politics at the end of the eighteenth
century in the kingdom of Chile. The focus of the article is an object and a fortuitous event. Their
peculiar stories were closely linked. The first is an object called «pino de Chile», which aroused the
interest of naturalists and politicians. The second, is a particular event: at the end of 1780 the
battleship San Pedro Alcántara, anchored in the city of Concepción, suffered a lightning attack that
demonstrated the importance of wood in this historical period. This accident led to the discovery of
new «pine forests» in the «país de indios». The discovery caused and mobilized cognitive and
political actions both in Madrid and Chile, resulting in those involved locally taking formal action.
This particular object and this unforeseen event showed not only the relationship between natural
knowledge and politics, but also the importance of local empire management.
Entrées d’index
Mots clés : Ambrosio O’Higgins, Chili, histoire naturelle, empire espagnol, Juan Ignacio Molina,
politiciens
Keywords: Ambrosio O’Higgins, Chile, natural history, Spanish empire, Juan Ignacio Molina,
politics
Palabras clave: Ambrosio O’Higgins, Chile, historia natural, imperio español, Juan Ignacio
Molina, política
Texte intégral
Un exjesuita naturalista y los árboles del
«Jardín de la América»
En 1782 se publicaba en Bolonia el Saggio sulla Storia Naturale del Cile escrita por el
naturalista y exjesuita chileno Juan Ignacio Molina (1740-1829)1. Era la primera historia
natural americana escrita por un criollo ajustada al lenguaje científico y sistema de
clasificación natural que dominaba entre los naturalistas en Europa tras la publicación en
1735 del Systema Naturae de Carlos Lineo (1707-1778). Desde su llegada a territorios
americanos los jesuitas fueron importantes conectores culturales que describieron e
interpretaron las nuevas realidades movilizando información y ampliando las fronteras del
mundo2. Es conocido el hecho que en la segunda mitad del s. XVIII, naturalistas como
Molina y otros debieron enfrentarse a los constantes ataques y desprecios sobre la
naturaleza y la historia americana venidos de filósofos europeos como el escocés Williams
Robertson (1721-1793), del abate francés Guillame Thomas Raynal (1713-1796) y,
especialmente, del alemán Cornelius De Paw (1739-1799)3. Para combatir las críticas de
estos y otros autores, Molina creó un relato sobre el pasado y la naturaleza chilena basado
en categorías científicas y una crítica historiográfica moderna acorde a los criterios
ilustrados4.
1
En el capítulo II de su Saggio, dedicado al estudio del reino vegetal, el exjesuita reparó
en las diversas especies que componen la naturaleza de Chile. Basándose en las
investigaciones del químico parisino, Pierre Joseph Macquer (1718-1784)5, Molina criticó
la teoría que sugería que la presencia de minerales en el suelo hacía que éste se volviese
2
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[Chile] presenta por todas partes la más vigorosa y abundante vegetación, luciendo en
los valles, en los llanos y en casi todas las alturas en bellísimos árboles que los visten
continuamente, y que por lo comun no pierden jamas el verde de sus hojas brillantes,
á que corresponden las inumerables plantas que en las estaciones correspondientes
cubren la superficie de todas las tierras con igual lozania7.
Su tronco, que tiene cerca de ocho pies de circunferencia, y setenta ú ochenta de alto
[…] Ya que ha adquirido la mitad de su natural incremento, echa las ramas durables,
que son paralelas al horizonte ú horizontales, y siempre de quatro en quatro,
formando cruz sobre un mismo plano, de manera que forman quatro angulos rectos.
Las quatro ramas que se siguen á estas, á quatro ó cinco pies de distancia, pero sobre
las mismas lineas, son mas cortas, y asi las siguientes por grados hasta llegar á la
cima, que remata en punta; y como las extremidades de todas estas ramas se
encorvan hácia arriba, resulta de ellas una perfecta piramide quadriangular12
estéril «á causa de los nocivos vapores que alli reynan continuamente6». Todo lo contrario,
Molina consideró que, en Chile, dada la presencia de diversos tipos de minerales en el
suelo, podían crecer una gran variedad de árboles con características poco comunes:
La descripción del naturalista chileno, en un primer momento, no parece muy científica.
Propone una representación del territorio que se define a partir de una sensibilidad y
estética natural propia. Particularmente, los árboles son el «ropaje» que viste y protege el
reino convirtiéndose en un elemento fundamental de su historia política y civil. Ahí está el
propósito científico. Los jesuitas fueron especialistas en describir el escenario natural en el
que se desempeñaban, pues de un buen reconocimiento del territorio dependía una buena
evangelización8. Con esto, Molina refleja su habilidad intelectual para dar forma a un
discurso patriótico en torno a un objeto tan único como representativo de la naturaleza: los
árboles.
3
El naturalista chileno vio en los árboles uno de los rasgos más particulares del territorio
que, cargado de gusto ilustrado, denominó como el «Jardín de la América9». En otras
palabras, naturaleza, información, política y patria. Esas fueron las nociones que
articularon el interés por los árboles del reino de Chile en este período. En el escenario
cultural y político en el que se desenvolvieron los jesuitas exiliados10, el naturalista chileno
mostró especial fascinación por una especie que él denominó pinus araucana o chilensis.
Un objeto natural que, como veremos a lo largo de este artículo, desencadenó gran interés
en las autoridades locales y metropolitanas. El propósito del exjesuita era reforzar la
imagen patria de la naturaleza a través de un discurso cultural centrado en un objeto
natural cuyas características fuesen excepcionales. El pinus chilensis del exjesuita, «que es
el más hermoso entre quantos se crian en Chile»11, era un verdadero portento natural:
4
Como se ve, la preocupación de Molina era dejar nítida evidencia de la extraordinaria
envergadura y belleza del pinus chilensis. Y para construir una imagen sublime de éste y de
todos los árboles, en una estrategia muy propia de la cultura ilustrada, el naturalista
chileno recurre a fuentes de información europeas y a una templada retórica13. Dichas
fuentes de información le dieron credibilidad cognoscitiva y política a su relato
convirtiendo la historia de un reino pequeño como el de Chile en información global
instalándola en la lógica cultural, geopolítica y comercial del mundo a través de la
descripción de materias primas atractivas y necesarias para las monarquías europeas14. La
información sobre los árboles de Chile entregada por el exjesuita no debía expresar
fogonazos descriptivos. Fue muy cuidadoso y, normalmente, se valió para sus
descripciones de expresiones como «yo he visto» y términos como «vestigios»15. Molina
interpretó los árboles como un objeto propio de una historia fronteriza muy útil para los
intereses del imperio hispano y también del resto de monarquías europeas.
5
Por tanto, Molina entendió que su narración sobre la historia de los objetos naturales de
Chile en general, y sobre los árboles en particular, era un problema sobre la creación y
transmisión del conocimiento junto a la constante presión política al que éste se vió
sometido en la cultura del absolutismo europeo16. Este hecho queda reflejado en el éxito
6
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Fuentes de información versus un
«precioso hallazgo»
editorial que tuvo la historia escrita por Molina que la llevó a traducirse casi
inmediatamente luego de su publicación en italiano al alemán (1786), español (1788),
francés (1789) e inglés (1808) convirtiéndose la obra y su autor en una fuente de
información ineludible para los representantes de los intereses metropolitanos. La historia
natural de Molina fue la más completa y precisa respecto de la información proporcionada
superando a cualquier otra. Por ejemplo, Felipe Gómez de Vidaurre (1740-1818), otro
exjesuita chileno exiliado en Italia, también escribió una historia natural y geográfica sobre
Chile en 1789 de la que la corona tuvo conocimiento a través de sus legados en la embajada
española en Roma17. No obstante, la obra de Vidaurre no tuvo gran éxito manteniéndose
sin editar hasta fines del siglo XIX18. La información aportada por Molina respecto al
llamado «pino chileno», por su utilidad geopolítica y comercial, es un punto de arranque
de la historia de un objeto cultural que bascula y relaciona, en un juego de escalas, los
intereses políticos, científicos, militares y comerciales metropolitanos con los intereses y
anhelos de actores locales.
¿Fue suficiente la información entregada por una historia natural y geográfica moderna
como la escrita por Molina sobre el reino de Chile para cubrir las necesidades de
información de la monarquía hispana en estos años por muy exitosa que fuese la historia
escrita por el naturalista chileno que le valió el premio de una segunda pensión? Para la
monarquía hispana los árboles eran un objeto natural relevante, pues, por esos años, la
idea de la escasez de este recurso era algo más que un rumor en Europa19. En la década de
1770 se desencadenaron fuertes polémicas en España sobre la calidad que poseerían las
maderas peninsulares, particularmente las destinadas a la construcción naval, frente a la
calidad de las maderas del Nuevo Mundo. Según autores como Francisco Gautier, en su
obra Estado de los Bosques en España (1772), «los bosques americanos eran el único
socorro al que los españoles podían recurrir para construir barcos20».
7
Para mediados del s. XVIII, tras los constantes conflictos navales anglo-españoles, la
capacidad del imperio español de poseer una flota permanente de navíos, abundante en
número como en su desarrollo tecnológico, mostraba un penoso panorama21. Muy pocos
barcos distribuídos en diversas flotas y en diversos océanos22. Por tanto, los nuevos
conocimientos científicos por una parte, y las materias primas por otra, eran piezas claves
del entramado que buscaba garantizar dos cosas: la seguridad del imperio y el resguardo
del comercio. El primer punto era mucho más sencillo de solventar. Así se aprecia, por
ejemplo, con la fundación de instituciones como el observatorio de Cádiz y Madrid y las
academias de ingenieros y artilleros entre otras acciones llevadas a cabo por los
gobernantes hispanos23. Lo segundo parecía más complicado, pues, en gran parte,
dependía del favor entregado por la naturaleza y la geografía.
8
Por ello, fue fundamental la información que pudiesen conseguir las autoridades locales
en el Nuevo Mundo sobre los diversos tipos de árboles. Las maderas americanas, como se
desprenden de las palabras de Gautier, representaban un particular tipo de tesoro. Los
problemas para manejar la falta de información siempre fue un inconveniente para la
configuración de un imperio transoceánico ¿Cómo lidiar con este dilema? La monarquía
hispana desarrolló estrategias intelectuales de naturaleza mixta para poder enfrentar este
problema. Por una parte, en estos últimos años del s. XVIII, recurrió a la valiosa información
proporcionada por las historias naturales del Nuevo Mundo escritas por los jesuitas
americanos exiliados en Italia como se ha dicho en el apartado anterior24. Por otra, y es un
hecho muy relevante, fue la actuación de los grupos locales para crear conocimiento nuevo.
Por ello, se debió recurrir a formas alternativas de administración más complejas y
dinámicas en las que diversos tipos de conectores y modelos de soberanía local tuvieran un
9
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Acompaño a V.S. copias de las Juntas Celebradas con estas Gentes en la Plaza de los
Angeles en Diziembre demil setecientos ochenta y uno y Enero pasado demil
setecientos ochenta y dos en las quales verá V.S. lo que en ellas setrato entre otras
cosas sobre Corte de Pinos, y de su Pacificacion General de estas Fronteras30.
rol fundamental para sostener con la mayor estabilidad posible los intereses
transnacionales de todos los territorios que conformaron la monarquía ibérica25.
La historia del reino de Chile en los tiempos modernos ha estado plagada de barcos que
naufragaron en sus costas26. No todas esas desventuras fueron iguales y casi ninguno tuvo
consecuencias felices. Eran vistos como verdadera falta de fortuna o castigos de Dios. Pero,
a nuestro juicio, es una cuestión de perspectiva, y de perspectiva histórica, es decir, de
hechos. Los hechos pueden convertir ese infortunio en un hecho prodigioso. A fines de
1780, el navío de guerra San Pedro Alcántara, de la Escuadra del Mar del Sur que se
encontraba fondeado en el puerto de Concepción, recibió un rayo en su mástil mayor
dejándolo casi completamente destruido necesitando de buena madera para repararlo. Fue
un hecho tan tormentoso para sus tripulantes como milagroso para las autoridades locales
y metropolitanas. En otras palabras, no fue un accidente catastrófico sino una desdicha
que provocó un «precioso hallazgo27». En las faldas de la «gran Cordillera Nevada»,
producto de esta fatalidad natural, se descubrió un particular tipo de pino del que no se
tenía mucha información. Un árbol que, en principio, parecía coincidir con el llamado
pinus chilensis del que hablaba Molina, Lineo y otros naturalistas en sus obras. Las
acciones de exploración para estudiar este nuevo árbol no fueron encomendadas a un
naturalista como podría esperarse. La tarea se entregó a un sagaz político de origen
irlandés al servicio de la monarquía hispana en la frontera meridional del imperio:
Ambrosio O’Higgins (1720-1801)28.
10
A inicios de 1781, O’Higgins comenzó las diligencias necesarias para comprobar la
existencia en el «país Araucano» de estos árboles que parecían ser el remedio al infortunio
sufrido por el San Pedro Alcántara. O’Higgins, con un convencimiento cargado de sentido
teologal y profético, consideró el hallazgo de este nuevo árbol como un hecho único y
excepcional cuyo descubrimiento estaba «reserbado a la oscuridad de estos Destinos hta.
Nuestro tpõ29». La exploración de las tierras cordilleranas, particularmente desde el río
Laja hasta el volcán Villarrica junto a las quebradas de la cordillera de Ralco y Nahuelbuta,
en pleno territorio pehuenche, fue una empresa muy delicada. El traspaso al «país de
indios», a pesar de los acuerdos con los indígenas, representaba siempre un constante
riesgo.
11
No obstante, ese riesgo podía ser una provechosa oportunidad para la política y el
conocimiento. Las reuniones con los «indios gentiles» no sólo fueron encuentros para
discutir la convivencia y comercio entre ambas partes. Los gobernantes locales como
O’Higgins, quien siempre aplicó una mirada ilustrada y estratégica a los asuntos de la
frontera meridional del imperio hispano, comprendieron que la proyección positiva de
estas reuniones iba más allá de acordar la paz. Estas reuniones fueron una fuente para
conseguir conocimiento geográfico y natural relevante. Así queda establecido en una carta
de 1783 de Ambrosio O’Higgins a Antonio Vacáro, general de la Escuadra del Sur, cuando
el primero señala lo siguiente:
12
Las noticias del descubrimiento de los pinares en estos territorios se extendieron
rápidamente por la gobernación de Chile llegando, incluso, al virreinato peruano
adquiriendo el asunto un carácter de interés monárquico. El virrey del Perú, antiguo
gobernador de Chile, Agustín de Jáuregui (1711-1784), entregó plenas facultades a
O’Higgins para que explotase el prodigioso recurso. La ubicación, el corte, la saca y la
conducción de los pinos al puerto de Concepción se convirtió en prioridad para las
autoridades locales, coloniales e imperiales. Por su parte, Antonio Vacáro también fue
instruido por el gobierno de Lima para que tomara las medidas necesarias para el
hallanamiento de los caciques «en cuias tierras están situados los pinos cercanos al rio
BioBio31». Es decir, como hemos señalado, no sólo fue un problema de recursos
13
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Peritos, credibilidad y negociación
fronteriza
económicos para la corona. Fue un problema más delicado dado que había que traspasar a
territorio indígena. Eso transformó este descubrimiento natural en una cuestión de estado
convirtiendo a los indígenas en conectores de realidades y agentes que transaban con el
conocimiento que resultaba útil a la monarquía. La vida en la frontera nunca había
impedido a los españoles internarse en territorios indígenas y realizar intercambios con
ellos32. Una empresa peligrosa, pero que valdría la pena si se conseguía dar con un tesoro
verde y natural. Sólo había que estar seguro de querer hacerlo y por un propósito que
valiese la pena y compensase el riesgo.
Los nuevos árboles estaban ubicados en las tierras orientales de la cordillera de los
Andes habitadas especialmente por pehuenches y huilliches. Éstos estaban situados cerca
de la Plaza de Santa Bárbara donde se hizo la primera tala de pinos33. Para ello, tanto
O’Higgins como Vacáro, formaron varias comisiones destinadas a realizar actividades de
búsqueda. Los enviados a estas labores de reconocimiento fueron fundamentalmente los
mismos integrantes de la Escuadra del Mar del Sur. Es decir, no naturalistas
especializados, sino «gente de mar». Gente de mar que, en un escenario de frontera,
pasaba a formar parte de improvisados tipos de agentes de conocimiento útil. En abril de
1781 el teniente de fragata Timoteo Pérez fue enviado a las cordilleras de Luanco y
Caramauida, que dividen la costa de Arauco con la de los llanos de Angol, a realizar
actividades de búsqueda y descripción de estos nuevos árboles. Posteriormente, Pérez sería
reemplazado por el teniente de navío Isidoro del Portigo. La comisión más importante
enviada a los territorios pehuenches estuvo a cargo de Luis de Benavente, comandante de
la Plaza de Santa Juana, y Joseph Rico el maestro mayor de carpinteros de la Escuadra del
Mar del Sur.
14
El reconocimiento de estos nuevos pinos, sin duda, generó admiración a los diversos
peritos. Los árboles poseían alturas de las que ya no se encontraban en ningún lugar de
Europa. Según las anotaciones realizadas por los integrantes de la comisión, se
reconocieron trescientos ochenta y siete pinos «muy hermosos» cuya altura estaba entre
18 hasta 35 varas de largo (es decir, entre 15 y 29 metros aproximadamente)34. Su grosor
tampoco dejó de impactar pues encontraron ejemplares que iban desde 18 hasta 32
pulgadas «de diámetro en su medianias35».
15
Lo que parecía distinguir la discusión sobre los llamados «pinos de Chile» era su
ubicación geográfica, su altura, su ancho y sus cualidades botánicas. Una altura portentosa
que expresaba toda la fuerza de la naturaleza. Por estos años la información respecto al
pino de Chile no era concluyente. Por ejemplo, Molina entrega medidas menos precisas
sobre estos árboles que estimaba su altura entre 70 y 80 pies36. Por tanto, no sólo se
presentaba un problema científico, sino también un problema administrativo dado que la
incertidumbre movilizaba diversos tipos de recursos para su comprobación. La
información para ser creíble debía ser precisa. Joseph Rico, carpintero mayor de la
Escuadra del Sur, fue el encargado por las autoridades hispanas de acreditar tan delicado y
deseado conocimiento.
16
El hallazgo de los nuevos árboles provocó que las exploraciones de reconocimiento
continuaran. Ambrosio O’Higgins encomendó a Pedro Andrés de Alcasar para reconocer
los montes y faldas de las cordilleras de Santa Barbara, Villacura y Tucapel37. O’Higgins,
tras negociar con los caciques de Angol, logró un acuerdo para que nuevas comitivas se
internaran hacia la Cordillera en las zonas de Callaqui, Luanco y Caramauida «â donde hay
numero inmenso de Pinos38». Esta vez la comitiva estuvo compuesta por carpinteros,
peonada y parte de la tropa llevándose todo tipo de víveres y herramientas que les
permitieran llevar a cabo la tarea encomendada con la mayor precisión posible. Hombres
17
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Por otra parte no se en qe. puede fundarse la resoluon. de embiar àl Callao el San
Pedro Alcantara desmenbrando en un tpo. tan critico la fuerza de la escuadra mar
trenièndo àqui los ausilios de este navio, no hay dificultad en sacarla de las
Cordilleras inmediàtas ha donde la hay con abundancia muy grande. Yo spre
persuadido de poderse verificar su existensia, y calidad, buena de estas, solisito como
tengo relasiondo. en los ofisios sobre ausilios proporciondos. para la Esqdra. se
hiciese un reconocimto. de peritos de ella, y havièndolo por fin consegdo. medte. la
condescendensia y Zelo del señor Vacàro, despachando pa. este efecto el Maestro
mor. de Carpinteria Jsph Rico, y [sic] ultimamte. por este acompañado del comte. de
Sta. Juana Dn. Luis de Benarte. y del subthte. de Dragnes. Dn. Pedro Andres de
Alcasar ambos nasidos en esta frontera, el de las Montañas, y Pinales […] no
desmeresen en calidad a los de [sic] querra decir los traidos dè los departamtos.
desde el Mar Baltico, porqe. en flandes no quedan pinos ningunos, y tan abundtes.
como se ve por los mesiondos. documentos39
… y van tocados tambien en esta última Carta los Obstaculos que pudiere, y devemos
esperar siempre de su parte hasta que llegue el tiempo de reducir enteramente á la
Obediencia de nuestro Monarca á estas Naciones especialmente las que poseen las
Cordilleras que dividen á este Reino de las Provincias de Buenos Ayres, y en cuias
faldas están situadas los Pinales inmensos43
de armas, nuevamente, convertidos en hombres de conocimiento. Había preocupación
entre las autoridades virreinales debido a que no se daba con la ubicación exacta de los
pinares. Aunque no se tenía claridad respecto de la ubicación y cualidades del nuevo árbol,
O’Higgins se empecinaba en la defensa de la calidad de su madera respecto a las especies
europeas:
El interés por la nueva especie aumentaba día a día. Comenzando el mes de marzo de
1781, Joseph Rico y Luis de Benabente, comandante de la Plaza de Santa Juana,
comisionados por O’Higgins, se internaron en la plaza de Nacimiento para poder
reconocer con mayor precisión la nueva especie de árbol descubierta. La misión de Rico y
Benabente era recabar la mayor cantidad posible de información para certificar la
veracidad de las noticias que circulaban sobre el pino descubierto por O’Higgins. Su
condición profesional de carpintero mayor de la Escuadra del Sur le otorgaba un grado de
credibilidad que el resto de los exploradores, hasta ese momento, no poseían. Joseph Rico
registró sus observaciones en un diario que describe el trabajo hecho durante los seis días
que pasó, junto a Benabente, en las tierras cordilleranas40.
18
En su diario, Rico entrega diversa información recolectada en cada día de exploración
con datos precisos sobre el número de ejemplares examinados, el largo obtenido y las
pulgadas de grueso de cada tipo de árbol que encontrase. Sin duda, datos morfológicos y
botánicos relevantes para la monarquía. Pero tan importante como esos datos, era
conseguir la información geográfica sobre la ubicación de los pinos. Durante todo el viaje,
Rico se encargó de señalar la distancia en leguas a la que se encontraban los pinares
respecto de la frontera del Bíobío. Recién salidos de Santa Juana, Rico señala, por ejemplo,
que «la distancia de este Parage a Biobio es el de dos Leguas su camino algo trabajoso por
la una quebrada qe. tiene qe. subir de una milla de largo, cuio parage tiene varios palos
para votalones41».
19
Ahora bien, el llamado «pino de Chile» es un árbol que posee un extraordinario valor
simbólico, cultural y material dentro de la cosmovisión de los indígenas de estos
territorios42. Por tanto, el ingreso al «país Araucano» en busca de un recurso preciado por
los naturales inevitablemente trajo disputas. Las actividades de exploración, a pesar de que
se realizaran en «tiempo de paz», no fueron fáciles para los peritos de los árboles. Las
hostilidades de los indígenas, como las dificultades propias de un territorio cubierto por
una infranqueable naturaleza, se mantuvieron como obstáculos constantes:
20
En 1781 Timoteo Pérez fue «repulsado, y insultado con toda su comitiva» por el cacique
Ancan y los pehuenches de Rucalgue44. La comitiva liderada por Isidoro García del
Postigo, teniente de navío, fue también atacada por indígenas cuando intentaban cortar y
21
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seria de justicia que V.S. sino hubiere inconveniente se sirviese tomar la molestia de
recomendar esta expresión delos Indios de Chile en sus oficios a la Corte como digna
de aprecio pues ellos han contribuido en realidad para la defensa del Estado de
aquellos pomposos subsidios y rasgos de lealtad que hemos visto brillar48
Esplendor, belleza y utilidad de la «nueva
madera»
… se hallaran en aquellas Cordilleras y Tierras de los Peguenches, un socorro precioso
inagotable pa. ntra. Marina Rl. que merese la mor. atencion afin de asegurar al Rey
pa. spre. este resorte tan estimable mas Ymportte. en muchas ocasiones qe. las Minas
mas ricas50
trasladar pinos hacia el río Bíobío. Tras el riesgo sufrido por la comisión encargada por
Vacáro a Pérez, O’Higgins se vio en la obligación de ir personalmente a tierras
fronterizas45. Aunque se habían producido reuniones en la Plaza de los Ángeles en
diciembre de 1781 y enero de 1782 entre pehuenches y españoles, la tensión entre las
partes creció a tal punto que Ambrosio de Benavides, gobernador del reino, ordenó el 12 de
marzo de 1783 que no se cortaran más pinos en tierras indígenas hasta consultar y obtener
acuerdo general con los naturales respecto a este asunto. Nuevamente la política se cruza
con la naturaleza. Benavides logró que se firmara un acuerdo con los pehuenches para que,
en posteriores comisiones, pudieran internarse a tierras indígenas que estuviesen al sur
del río Biobío.
El acuerdo se produjo en el Parlamento General de Lonquilmo que presidió Ambrosio
O’Higgins los primeros días de enero de 1784. De hecho, los «caciques fronterizos»
apoyaron las tareas de despeje desde las cordilleras de Santa Juana y Santa Bárbara para
llevar los pinos hasta el río Bíobío compromentiéndose al «resguardo de los vados y pasos
de esta barrera46…». Por último, se permitía la internación de las tropas españolas en el
«país de indios» con dirección a la plaza de Valdivia que era un enclave estratégico para la
defensa del reino y el imperio de los ataques extranjeros hechos por mar47. Toda una
expresión de política y diplomacia moderna. Sin duda, el apoyo de los indígenas, a pesar
de los conflictos que mantuvieron con los españoles, fue muy importante para que el
descubrimiento de los nuevos «pinos de Chile» fuera una empresa beneficiosa para el
imperio español en tierras australes. O’Higgins incluso pidió a Antonio Vacáro que,
22
Según las descripciones hechas por los peritos, la madera de los nuevos pinares
descubiertos en las «tierras de los confinantes» era perfecta para la elaboración de la
arboladura de las embarcaciones «tanto por su grueso como por su fibra49». Los peritos
establecieron que este tipo de madera era muy importante particularmente para la
construcción de la quilla y tablazón de navíos. Estos asombrosos árboles estaban casi
destinados a solventar con mucho acomodo y conveniencia las necesidades militares,
comerciales y también científicas del imperio español en estos territorios. De hecho, las
excelentes cualidades de la nueva madera no sólo fueron útiles para la construcción naval.
También fue un árbol útil para la medicina y las artes. El nuevo pino, como constataron los
diferentes observadores, poseía una resina que emanaba en gran abundancia. De los
indígenas, los europeos aprendieron las cualidades medicinales de esta resina que era
utilizada por ellos como bálsamo para cubrir las heridas. La fama que se habían ganado
estos árboles hizo que las autoridades comparacen sus maderas con metales preciosos. A
penas iniciadas las actividades de exploración, O’Higgins escribía al gobernador del reino
realizando la siguiente valoración:
23
Comprobar la prodigalidad y utilidad del descubrimiento para O’Higgins fue un asunto
de política y credibilidad cognoscitiva. El descubrimiento fue resistido por algunas
autoridades con lo cual O’Higgins debió fortalecer el rol de los testigos y la contundencia
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de la retórica testimonial. Alcanzar sus aspiraciones políticas también dependía de los
aportes que podía realizar en este asunto. El constructor del astillero del puerto de San
Vicente, Juan Vela, testificó sobre «la bondad de estas Maderas y […] al mesmo tiempo la
posibilidad de poderlas sacar de tierras de los Indios51». Frente a las dudas generadas en
torno a la calidad de la nueva madera, O’Higgins señalaba lo siguiente: «tengo el gusto que
ha todas [las objeciones] ha destruido la Constancia Acreditando â nuestra vista la mesma
experiencia la Utilidad y Calidad sobresaliente de los Pinos52».
Como hemos dicho, en la década de 1780 se desencadenó una creciente y constante
presión sobre la ubicación, recolección y envío de nuevas maderas por el agotamiento de
las maderas que provenían fundamentalmente de Flandes. Siguiendo la reflexión hecha
por Gautier, en esas décadas fue la gobernación de Guayaquil la que aportaba con gran
cantidad de maderas que normalmente eran enviadas a Lima y el puerto del Callao para
luego ser remitidas a España. Desde 1610, Guayaquil contaba con un astillero cuyos barcos
allí construidos gozaban de buena fama por la variedad, calidad y abundancia de maderas
con las que contaba en sus alrededores53. Luego del terremoto de 1766 que sufrió la ciudad
del Callao, que arrasó las instalaciones de la Real Armada y todos los buques de la Flota del
Mar del Sur, vio fortalecida su posición convirtiéndose en el más importante de la costa del
Pacífico entregando barcos para la Real Armada para de esta forma asegurar el comercio
marítimo54.
25
No obstante, a pesar de lo aportado por los bosques y el astillero de la gobernación de
Guayaquil su industria había entrado en crisis en la década de 1770 al disminuir la
construcción de navíos reales55. Las noticias de la escasez de maderas de Guayaquil habían
llegado por esos años hasta oídos de los gobernadores en Chile. Nuevamente, aquí la
historia natural se cruza con la política y la historia local con la imperial. Unos años antes
del descubrimiento, la expedición científica enviada al virreinato del Perú y Chile (1777-
1788), liderada por los botánicos españoles Hipólito Ruiz y José Pavón y el botánico
francés Joseph Dombey56, traía consigo la Instrucción de 1776 cuyo objetivo era «el
examen, estudio y adquisición de todas las producciones del Reyno vegetable» poniendo
especial énfasis en la búsqueda de «árboles raros o de los que se sabía poco en Europa»57.
26
Desembarcaron en el Callao en abril de 1778 y recorrieron las diversas provincias del
Perú describiendo maderas útiles para la construcción de edificios, obras de carpintería,
balsas, barcos y «varias obras»58. Luego de pasar a Chile, en diciembre de 1782, Hipólito
Ruiz, José Pavón, el botánico francés Dombey y los dibujantes José Brunete e Isidoro
Gálvez, comenzaron su viaje a la provincia de Rere y fuerte de Nacimiento en plena
frontera araucana. A llegar al lugar, Ruiz y sus acompañantes se encontraron con que las
autoridades chilenas, por real orden, estaban en labores de tala de los llamados «pinos
chilenos» dirigidos por el oficial de marina Isidoro Pontigo. Ruiz consideró que «… segun
el examen que hizimos los tres compañeros qe. unanimes convenimos en que era una
nueva Especie de este Género, y probablemte. la mas preciosa de todas las descubiertas
hasta el dia por su exquisita madera blanca de excelente beta para labrarse y servir para
arboladuras de Navios y otras infinitas obras59…».
27
El reconocimiento a la belleza del llamado «pino de Chile» hecho por los integrantes de
la expedición liderada por los botánicos Ruiz y Pavón no sólo quedó plasmado en la
descripción escrita, como evidencia la cita anterior cuando la caracterizan como «la más
preciosa de todas las descubiertas hasta el día». Todo discurso, en la ética y estética
ilustrada de trabajo de fines del siglo XVIII, necesitaba de algo más que palabras. Las
imágenes significaban mucho en el proceso de elaboración, ajuste y transmisión de
conocimiento de nuevos objetos desde el Nuevo al Viejo Mundo. La estrategia cognoscitiva
para dar a conocer nuevas especies en España y Europa consideró la realización de
imágenes representativas más el envío de muestras como trozos de madera, semillas,
plantas vivas y esquejes. Junto a las descripciones de Ruiz y Pavón de la nueva madera, el
dibujante de la expedición, José Brunete, realizó una sutil y elegante acuarela de estilo
«aguada» del «pino de Chile» como se ve en la siguiente imagen (fig.1). El propósito era
mostrar, con meridiana objetividad, la portentosa morfología del árbol chileno.
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FIG. 1. — «Pino del Reino de Chile», acuarela, siglo XVIII
Fuente: Col. Expedición Botánica Perú y Chile, ACN110B/003/05321, Archivo del Museo Nacional de Ciencias
Naturales, Madrid.
Solo añadiré aquí que se elevan los Pinos de Chile hasta 40-50 y 60 varas y que se
dilatan sus montes segun relacion de los Naturales mas de doscientas leguas desde los
36 grados hasta cerca del Estrecho de Magallanes y que habitan sus tierras los Indios
Pehuenches y Huliches. El P. Ignacio Molina en su Historia natural de Chile hace
descripcion de este Pino. El Cavallero Lamarck le ha separado del género Pinus y
llamado Dombeja [sic por Dombeya] y Anto. Lorenzo Jessieu Araucaria60.
Las investigaciones de la expedición de los botánicos españoles y franceses parecían
haber resuelto de buena forma el problema de la clasificación del «pino de Chile».
Lograron conciliar los datos que recopilaron con las fuentes de información que poseían
para guiarse en el estudio del nuevo árbol entre las que evidentemente, y en primer lugar,
se encontraba Molina:
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Yo Señor Exmo bien quise imponer â V.E. desde el principio y aun mucho antes que
hubiese pisado a este destino el Botanico Dombey delas diligencias que hise para
hacer ver la existencia de estos Pinos entierras de los Indios confinantes a esta
frontera de su importancia para Arboladura y otros auxilios dela Real Armada¸ lo
ejecuté puntualmente dando cuenta de este descubrimiento al Virrey del Perú,
participándolo igualmente por Marzo de 1781 al Precidente deeste Reyno, como Gefe
inmediato y delas contestaciones de âmbos y ôrden[e]s sobre imprehender cortes de
muchas Perchas para los Navios del Rey […] he formado un cuerpo de Documentos
autenticos, el que me tome la Libertad de pasar alas superiores manos de V.E. con
carta fecha en la Concepcion 22 de Junio ultimo61.
En Indias bien poco se acuerdan de la posteridad, y los Arboles útiles se acavan en
todos Paises, si no se cuida de su generacion, pero en estos Montes de Chile
particularmente los situados al Sur del Biobio tenemos con que suplir esta falta en
grande abundancia á cortísimo costo […] por manera que mediante estos acopios
hechos en Chile […] con prevencion de conducirlos despues al Callao, se ha de
ahorrar á la Hacienda Real sumas de dinero considerables, al paso que logramos se
conosca mas á fondo los productos naturales, y proporciones ventajosas que encierra
este Pais mas esenciales para la conservacion, y engrandecimiento de este Reino63.
Disputas y tránsitos de un objeto natural:
conocimiento, política y estatus socio-
profesional
En el suave ajuste entre fuentes de información y las evidencias encontradas por Ruiz,
Pavón y Dombey respecto al nuevo árbol, es decir, en la negociación entre discursos y
hechos, descansa la credibilidad de las investigaciones de los botánicos europeos. Sin
duda, el trabajo de los botánicos reales no fue del todo oportuno para las aspiraciones
imperiales de un actor local como el maestre de campo irlandés. O’Higgins debía
anticiparse a cualquier movimiento en este asunto. Su objetivo era controlar la
información. Así también controlaba los beneficios políticos. En esa disputa científica por
hacerse con la autoría del descubrimiento, sólo nuevos vestigios acompañados de una
consistente retórica política podían sostener la posición O’Higgins frente a la corona
española. Esta actitud queda reflejada cuando también escribe a José de Gálvez diciendo:
30
«Documentos autenticos». Allí estaba la clave de la estrategia cognoscitiva y política de
O’Higgins. Él como testigo daba crédito de todo lo expuesto y descrito. Según el irlandés,
las nuevas maderas también representaban un provechoso recurso para la hacienda real.
De acuerdo con los datos entregados por el maestre de campo, el costo de un palo
trinquete construido para el navío San Pedro Alcántara no ascendería a más de cuatro mil
pesos. Esto contrastaba diametralmente con los precios que se manejaban en el Callao
cuyo costo del palo mayor de una embarcación estaba alrededor de veintiún mil pesos62.
31
Con todo, la situación descrita refleja que los árboles descubiertos en Chile tuvieron una
relevancia superior para la monarquía española dada las dificultades para encontrar
maderas de las dimensiones extraídas en Chile en los almacenes del Callao y Guayaquil
cuyos montes, al igual que en Flandes, mostraban escasez de maderas. Por eso, O’Higgins
recordaba sagazmente en sus comunicaciones a José de Gálvez los problemas de
abastecimiento de madera que ya se comenzaba a vivir en el Nuevo Mundo:
32
Hemos visto en el desarrollo de este artículo como un objeto, en este caso un árbol, fue
capaz de articular y formar parte de un complejo entramado político y cultural de
proyecciones globales. Los árboles, nos parece, debiesen estudiarse como protagonistas
relevantes dentro de la articulación y desarrollo de la historia de una sociedad. Es
necesario, desde una historia cultural del conocimiento y la política, que se observe la
relación de éstos y los hombres más complejamente.
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Como muchas de las historias de objetos americanos comenzaban, transitaban y/o
concluían en las cortes e instituciones reales europeas. No fue distinto para el «pino de
Chile». En abril de 1781, O’Higgins decidió escribir al propio rey, CarlosIII, enviándole
noticias del descubrimiento. Al enterarse del «prodigioso hallazgo», por real orden de 28
de febrero de 1783, éste pidió expresamente que se enviaran a España piñas de los pinos y
tres plantas vivas en tinas de madera para poder injertarlos y propagarlos por la
península64. Se enviaron 20 tinas con 45 plantas vivas, entre ellas el pino de Chile junto
con 6 cajones de piñas del árbol. A su vez, por real orden de 14 de marzo del mismo año, se
reafirmaba la petición de envío de muestras de esta especie de árbol65. La estrategia de
O’Higgins, que buscaba el reconocimiento real, pareció tener efecto cuando, en 1784, se le
premió con el grado de Brigadier «reconociendo el celo, valor y prudenzia con qe V.S.
desempeña sus obligaciones me manda asegurarle desu gratitud […] y tendrà siempre
presentes sus serbicios para premiarlos oportunamente66».
34
La nueva especie de pino no podía ser sólo un símbolo de avance económico. Cómo
cualquier objeto que representa un tipo de realidad, tiene un valor y una vida social,
cultural, política e incluso artística. Para cualquier ilustrado del s.XVIII, pertenecer a las
diversas geografías del conocimiento como academias, gabinetes de historia natural, reales
jardines botánicos, sociedades privadas, entre otras, fue un verdadero reconocimiento de
sus cualidades intelectuales. En este sentido, los nuevos pinos del «país Araucano» no
podían quedar fuera de esta racionalidad político-cultural. Los diferentes agentes
científico-políticos se beneficiaron, directa e indirectamente, de su belleza, tamaño
portentoso y de la utilidad de sus maderas.
35
Los aportes que, desde Bolonia, realizó Molina al estudio de la naturaleza chilena, entre
los que se encontraba la descripción de su pinus araucana, le valió el premio de una
segunda pensión de parte de la monarquía67. Por su parte, luego del regreso a España de la
Real Expedición Botánica enviada al Perú y Chile, José Pavón, uno de los botánicos reales
y con una carrera aún por consolidarse, entendió el potencial científico y socio-profesional
del nuevo descubrimiento. En 1794, en un acto estratégico, Pavón presentó una memoria
sobre el nuevo pino descubierto en las tierras pehuenches para poder ser aceptado como
miembro de la Real Academia de Medicina en Madrid68. Por su parte, O’Higgins fue
nombrado virrey del Perú en 1796 por sus servicios prestados en Chile69. Como se ve, una
estrecha y ventajosa relación entre conocimiento, política y estatus socio-profesional.
36
Por tanto, el descubrimiento de los pinares en el «país Araucano» por parte de
autoridades locales del reino de Chile reflejó toda una cadena que se articuló en torno a los
problemas de recopilación, transmisión y negociación del conocimiento y la política.
Cuando Molina fue recompensado con una segunda pensión por escribir su historia sobre
la naturaleza y el territorio de Chile comienza una historia oficial sobre el «pino chileno»
convirtiéndose en un instrumento monárquico que fue validado por la utilización como
fuente de información para Ruiz y Pavón como lo muestra su Relación del viaje al
virreinato peruano y Chile. Por su parte, los informes elaborados y las acciones
desempeñadas por O’Higgins y sus acompañantes destinadas a precisar la ubicación de los
y calidad de las maderas de los pinares para su posterior extracción, muestraron que el
irlandés al servicio de la monarquía hispana en la frontera meridional del imperio quiso
generar y entregar una información más precisa que la entregada incluso por Ruiz, Pavón y
Dombey. Su interés, como se desprende de su correspondencia, es ganar la autoría del
descubrimiento y así granjearse el reconocimiento político de las autoridades virreinales y
metropolitanas con las que siempre buscó mantener estrecha comunicación.
37
En suma, un objeto presente en la naturaleza, tan característico, pero tan único y
magnífico como un árbol, fue capaz de arrastrar resueltamente el interés de autoridades
fronterizas, locales, virreinales y metropolitanas dentro del entramado político y cultural
de un imperio global como fue el español. Allí, a nuestro juicio, a través de la gestión
pública de un objeto como un árbol, bascula el juego de escalas entre lo local y lo global y
viceversa. Allí se produjo la tensa competencia entre los objetivos políticos, científicos,
38
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1 HANISCH, 1999; RONAN, 2002. Este artículo corresponde a resultados obtenidos en el proyecto
Fondecyt Regular 1171735. También es parte de la investigación del proyecto Res publica
Monárquica. La Monarquía hispánica, una estructura imperial policéntrica de repúblicas urbanas
(REXPUBLICA, PGC2018-095224—B-I00) de la Universidad Pablo de Olavide, ES-41013, Sevilla,
España financiado por el MINECO gracias a fondos FEDER de la UE. Por último, agradecemos a
l’École des Hautes Études Hispaniques et Ibériques (EHEHI)-Casa de Velázquez por apoyar una
estancia científica como Chercheur Résident en la que pudimos tener acceso a su biblioteca
especializada junto con consultar archivos pertinentes para elaborar este artículo.
2 BANCHOFF, CASANOVA (ed.), 2016.
3 GERBI, 1960; GUASTI, 2014, pp. 93-107; CAÑIZARES-ESGUERRA, 2007, pp. 405-440.
4 ORREGO, 2011.
5 MACQUER, Dictionnaire de Chymie.
6 MOLINA, Compendio de la historia geográfica, p. 125.
7 Ibid., p. 126.
8 ROMANO, 2007, pp. 56-71; PRIETO, 2011.
9 La bella metáfora «Jardín de la América» fue elaborada por Juan Ignacio Molina en su
propósito de reivindicar las bondades de la naturaleza y los árboles del Reino de Chile. Para ello
hablaba de las delicias de su clima, la prodigalidad y dones con los que fue bendecido el territorio,
carente de cualquier tipo de incomodidad. Su definición es la siguiente: «Este país es, por decirlo asi,
la Italia, ó mas bien el jardín de la América meridional, en donde brilla con misma perfección y
abundancia que en la Europa todo quanto se apetecer para disfrutar una vida cómoda». MOLINA,
Compendio de la historia geográfica, p. IV.
10 GUASTI, 2009, pp. 257-278.
11 MOLINA, Compendio de la historia geográfica, p. 196.
12 Ibid., p. 197.
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13 Por citar un ejemplo, una de las primeras, y más utilizadas fuentes de información a las que
recurrió Molina, fue la del viajero y fraile francés Louis Feuillée (1660-1732) quien estuvo en Chile
los primeros años del sigloXVIII. Recurriendo al Journal des observations physiques, mathematiques
et botaniques (1714-1725) escrito por Feuillé, Molina entrega la siguiente descripción sobre el árbol
conocido como Lithi: «… es un árbol sumamente á propósito para construir navios: córtanle con
mucha facilidad quando está verde; pero adquiere tal dureza quando está seco, que parece hecho de
acero, mucho más si entonces le sumergen en agua: de modo que serian incorruptibles los navios
que se construyesen de esta madera, que ahora sirve á los naturales para moblar sus casas…». Ibid.,
p. 189 (el subrayado es nuestro). La cita es relevante porque deja en evidencia el valor que los árboles
tuvieron para la monarquía hispana en este período y Molina, inteligentemente, pone énfasis en esa
información útil.
14 ORREGO, 2017.
15 Ibid., p. XV.
16 BIAGIOLI, 2008.
17 Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, §360, no26, «Sobre las obras delos
exjesuitas dn Juan Ignacio Molina, dn Miguel de Olivares, y dn Felipe Vidaurre. Item pretension de
este ala pension doble».
18 Archivo Real Academia de la Historia (Madrid), Felipe Gómez de Vidaurre (1789), «Historia
Geográfica, Natural y Civil del Reyno de Chile», ms. 9-4895.
19 CAMUS, 2006, p. 39.
20 VALVERDE, 2012, p. 228.
21 PADRELLS NADAL, 2006, p. 46.
22 DE LESTE, 2008, p. 69.
23 MARCHENA, CUÑO BONITO (eds.), 2018.
24 NAVIA MÉNDEZ-BONITO, 2005, pp. 225-250.
25 CARDIM et alii (ed.), 2014; HERRERO SÁNCHEZ, 2020, pp. 17-52.
26 BASCUÑÁN, EICHHOLZ, HARTWIG, 2011.
27 Archivo Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (AMNCN), Col. Expediciones
Científicas, doc.1, carta de Ambrosio O’Higgins a Ambrosio de Benavides, Gobernador y Capitán
General de este Reino, Concepción, 16 de marzo de 1781.
28 CHAUCA GARCÍA, inédita.
29 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.1, carta de Ambrosio O’Higgins a Ambrosio de
Benavides, Gobernador y Capitán General de este Reino, Concepción, 16 de marzo de 1781.
30 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc. 6, carta de Ambrosio de O’Higgins a Antonio
Vacáro Comandante General de la Esquadra del Sur, Concepción, 17 de mayo de 1783.
31 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc. 10, carta de Ambrosio de O’Higgins a José de
Gálvez, Concepción, 22 de junio de 1783.
32 VILLALOBOS, 1995, pp. 117-154.
33 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.6, carta de Ambrosio O’Higgins a Antonio Vacáro,
17 de mayo de 1783.
34 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc. 2, carta de Ambrosio O’Higgins a Agustín de
Jauregui, 20 de marzo de 1781. A la carta se adjunta un interesante documento titulado «Brebe
Descripción de los Pinares de Chile hecha por el Capitan del Brulote Dn Timotheo Perez, y por don
Vicente de Carballo capitán de Caballeria…», fos 4-8. Aunque no aparece fecha exacta el texto
adjunto parece ser de julio de 1781.
35 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc. 2, carta de Ambrosio O’Higgins a Agustín de
Jauregui, 20 de marzo de 1781.
36 MOLINA, Compendio de la historia geográfica, p. 196.
37 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc. 2, carta de Ambrosio O’Higgins a Agustín de
Jáuregui, Concepción, 20 de marzo de 1781.
38 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc. 2, carta de Ambrosio O’Higgins a Agustín de
Jáuregui, Concepción, 20 de marzo de 1781.
39 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.1, carta de Ambrosio O’Higgins a Ambrosio de
Benavides, Gobernador y Capitán General de este Reino, 16 de marzo de 1781.
40 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, «Diario del reconocimto. de Maderas para las
Arboladuras hecho en las montañas y Pinares dela Jurisdision dela Plaza de Sta. Juana…», Plaza de
15/3/2021 «Un descubrimiento reserbado en la oscuridad de estos destinos…»
https://journals.openedition.org/mcv/14138 16/17
Nacimiento, 11 de marzo de 1781. La fuente no consigna el número de documento, pero podría
tratarse del no46.
41 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, «Diario del reconocimto. de Maderas para las
Arboladuras hecho en las montañas y Pinares dela Jurisdision dela Plaza de Sta. Juana…», Plaza de
Nacimiento, 11 de marzo de 1781.
42 CORTÉS et alii, 2019.
43 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc. 10, carta de Ambrosio de O’Higgins a José de
Gálvez, Concepción, 22 de junio de 1783.
44 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.6, carta de Ambrosio O’Higgins a Antonio Vacáro,
Concepción, 17 de mayo de 1783.
45 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.6, carta de Ambrosio O’Higgins a Antonio Vacáro,
Concepción, 17 de mayo de 1783.
46 «Carta del Maestre de Campo Ambrosio Higgins al gobernador Ambrosio de Benavides», 8 de
enero de 1784, reproducida en PAYÀS, 2018, p. 469.
47 «Carta del Maestre de Campo Ambrosio Higgins al gobernador Ambrosio de Benavides», 20 de
febrero de 1784, en Ibid., p. 473.
48 O’Higgins se refería específicamente a la lealtad que mostraron los indígenas en la guerra
contra Inglaterra. AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.6, carta de Ambrosio O’Higgins a
Antonio Vacáro, Concepción, 17 de mayo de 1783.
49 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, carta de Ambrosio O’Higgins a Antonio Vacáro, 17 de
mayo de 1783.
50 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.1, carta de Ambrosio O’Higgins a Ambrosio de
Benavides, Gobernador y Capitán General de este Reino, Concepción, 16 de marzo de 1781.
51 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.9, carta de Ambrosio O’Higgins al Virrey del Peru
Agustin de Jauregui, Concepción, 15 de abril de 1783.
52 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.9, carta de Ambrosio O’Higgins al Virrey del Peru
Agustin de Jauregui, Concepción, 15 de abril de 1783.
53 LAVIANA CUETOS, 1987, p. 261.
54 DE LESTE, 2008, p. 76.
55 LAVIANA CUETOS, 1987, p. 280.
56 MORENO, 2017.
57 PELAYO, 1991, p. 162.
58 Ibid., pp. 163-165.
59 RUIZ, Relación del viaje, p. 218.
60 Ibid., p. 219.
61 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, carta de Ambrosio O’Higgins a José de Gálvez, Plaza de
los Ángeles, 15 de diciembre de 1783. La carta no proporciona el número de documento, pero podría
ser el 54. El subrayado es nuestro.
62 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, carta de Ambrosio O’Higgins a José de Gálvez, Plaza de
los Ángeles, 15 de diciembre de 1783.
63 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.10, carta de Ambrosio O’Higgins a José de Gálvez,
Concepción, 22 de junio de 1783.
64 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.162, carta de Ambrosio de Benavides a José de
Gálvez, Santiago, 18 de agosto de 1783.
65 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.91, carta de Ambrosio de Benavides a José de
Gálvez, Santiago, 2 de mayo de 1785.
66 AMNCN, Col. Expediciones Científicas, doc.65, «A Dn. Ambrosio Higgins. Que queda enterado
el Rey de los auxilios suministrados al Comandante dela Esquadra de la Costa de la Concepcion de
Chile durante la ultima Guerra, y del Descubrimiento de los Pinos que producen las tierras de Yndios
Ynfieles fronerizoa: cuyos servicios le ha premiado con el Grado de Brigadier», Pardo, 5 de marzo de
1784.
67 GUASTI, 2009, p. 272.
68 Archivo de la Real Academia de Medicina de Madrid, § 9, doc.617, José Pavón, «Disertación
Botánica sobre el Genero Araucaria, y sobre la reunión de otros, que Linneo publicó como distintos»,
noviembre de 1794.
69 CHAUCA, 2019, pp. 17-50.
15/3/2021 «Un descubrimiento reserbado en la oscuridad de estos destinos…»
https://journals.openedition.org/mcv/14138 17/17
Table des illustrations
Titre Fig. 1. — «Pino del Reino de Chile», acuarela, siglo xviii
Crédits Fuente: Col. Expedición Botánica Perú y Chile, ACN110B/003/05321, Archivo del
Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid.
URL http://journals.openedition.org/mcv/docannexe/image/14138/img-1.jpg
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Pour citer cet article
Référence papier
Francisco Orrego González, « «Un descubrimiento reserbado en la oscuridad de estos
destinos…» », Mélanges de la Casa de Velázquez, 51-1 | 2021, 203-224.
Référence électronique
Francisco Orrego González, « «Un descubrimiento reserbado en la oscuridad de estos
destinos…» », Mélanges de la Casa de Velázquez [En ligne], 51-1 | 2021, mis en ligne le 02 mars
2021, consulté le 15 mars 2021. URL : http://journals.openedition.org/mcv/14138 ; DOI :
https://doi.org/10.4000/mcv.14138
Auteur
Francisco Orrego González
Universidad Andrés Bello, Chile
Droits d’auteur
La revue Mélanges de la Casa de Velázquez est mise à disposition selon les termes de la Licence
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La araucaria (Araucaria araucana), o pewen en lengua mapuche, es un árbol nativo de Chile y Argentina con fuerte importancia cultural para las comunidades mapuche-pewenche del sur de los Andes. Mediante el uso de metodologías cualitativas y técnicas etnográficas, se evaluaron los distintos usos actuales y los aspectos económicos y comerciales asociados al piñón, semilla de la araucaria, en una comuna cordillerana del centro-sur de Chile. Las prácticas locales relacionadas con el piñón dan cuenta de la importancia intrínseca y material de esta semilla, tanto para actores pewenche como para colonos. Nuestros resultados indican que estas prácticas incluyen desde la recolección, pasando por la venta a granel de las semillas, hasta la comercialización de productos elaborados (con valor añadido) de piñón y una creciente oferta de experiencias turísticas que integran piñones, araucarias, cultura y paisajes locales. Concluimos que los procesos de recolección, uso y comercialización del piñón tienen dos componentes fundamentales que dialogan constantemente entre sí: un componente económico, en el sentido comercial y de subsistencia, y un componente biocultural, en el sentido espiritual, social, ecológico y alimentario.
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