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Reflexiones sobre el aborto, el infanticidio y la eutanasia en Peter Singer

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Abstract

Una de las notas más llamativas del pensamiento de Singer es el con-traste entre la compasión dispensada a los animales y la inmisericordia que se reserva a algunos seres humanos. El "proyecto gran simio" 1 , por ejemplo, contiene llamativas manifestaciones de esta compasión con los animales. Ahora, vamos a ocuparnos de la inmisericordia hacia algunos seres humanos. Para Singer, «todos los animales son iguales». Amparado en esta esen-cial igualdad, Singer rechaza el llamado principio de la santidad o sacrali-dad de la vida humana. Como el mismo autor se pregunta: «¿Por qué la vida humana habría de tener un valor especial?» 2. Singer distingue entre ser humano y persona, afirmando que no a todo ser humano (como miem-bro de la especie Homo sapiens) le corresponde la dignidad de ser persona, mientras que ciertos animales no humanos, sobre todo los grandes simios, serían personas. «Los dos sentidos [de "ser humano", es decir, el biológi-co y moral] se solapan, pero no coinciden. El embrión, el feto en los últi-mos estadios, el niño intelectualmente discapacitado en grado profundo, • Leopoldo Prieto López es sacerdote, licenciado en Derecho, en Teología y doctor en Filosofía. 1 Cf. CAVALIERI, P., y SINGER, P., El proyecto gran simio, Trotta, Madrid 1998. 2 SINGER, P., «¿Qué hay de malo en matar?», en Una vida ética: escritos, Tau-rus, Madrid 2002, p. 157.
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Reflexiones sobre el aborto, el infanticidio y
la eutanasia en Peter Singer
LEOPOLDO PRIETO LÓPEZ
Una de las notas más llamativas del pensamiento de Singer es el con-
traste entre la compasión dispensada a los animales y la inmisericordia
que se reserva a algunos seres humanos. El “proyecto gran simio” 1, por
ejemplo, contiene llamativas manifestaciones de esta compasión con los
animales. Ahora, vamos a ocuparnos de la inmisericordia hacia algunos
seres humanos.
Para Singer, «todos los animales son iguales». Amparado en esta esen-
cial igualdad, Singer rechaza el llamado principio de la santidad o sacrali-
dad de la vida humana. Como el mismo autor se pregunta: «¿Por qué la
vida humana habría de tener un valor especial?» 2. Singer distingue entre
ser humano ypersona, afirmando que no a todo ser humano (como miem-
bro de la especie Homo sapiens) le corresponde la dignidad de ser persona,
mientras que ciertos animales no humanos, sobre todo los grandes simios,
serían personas. «Los dos sentidos [de “ser humano”, es decir, el biológi-
co y moral] se solapan, pero no coinciden. El embrión, el feto en los últi-
mos estadios, el niño intelectualmente discapacitado en grado profundo,
Leopoldo Prieto López es sacerdote, licenciado en Derecho, en Teología y
doctor en Filosofía.
1Cf. CAVALIERI, P., y SINGER, P., El proyecto gran simio, Trotta, Madrid 1998.
2SINGER, P., «¿Qué hay de malo en matar?», en Una vida ética: escritos, Tau-
rus, Madrid 2002, p. 157.
RELIGIÓN Y CULTURA, LVI (2010), 209-224
sueltos
3Ibíd., p. 159.
4Ibíd., p. 161.
incluso el recién nacido, todos son indiscutiblemente miembros de la espe-
cie Homo sapiens, pero ninguno de ellos es autoconsciente»3, o, lo que es
igual, ninguno de ellos es persona.
Tres juicios, típicamente singerianos, acerca del valor de la vida de los
miembros de la especie Homo sapiens, confirman esta idea. El primero
dice así: «La maldad de infligir daño a un ser no puede depender de la
especie a la que pertenece ni tampoco la incorrección de matarla». Segun-
do: la razón del principio anterior es que «los hechos biológicos sobre
los que se traza el límite de nuestra especie no tienen significación
moral». Tercero: en consecuencia, «dar preferencia a la vida de un ser
simplemente porque éste es miembro de nuestra especie nos pondría en
la misma posición que los racistas, que dan la prioridad a quienes son
miembros de su raza» 4.
Los tres juicios son, en realidad, claramente inexactos. El primero,
porque la maldad de la acción de dañar o de matar no depende de la
especie biológica del miembro sobre el que dicha acción recae, sino del
bien que la acción destruye. Matar a una persona (y ningún animal es
persona) es incomparablemente más grave que matar a un animal.
Únicamente la persona es un bien en sí mismo. El segundo, porque el
hecho de ser biológicamente hombre implica necesariamente ser persona,
no siendo posible lo primero sin lo segundo. Dicho de otra manera: la
distinción que Singer realiza entre el ser humano biológico y el ser huma-
no persona distorsiona profundamente la unidad del ser humano. La per-
sonalidad no descansa en la autoconciencia, sino en la naturaleza huma-
na, de manera que todo sujeto portador de la naturaleza humana es, por
este sólo hecho, persona humana. El tercero, porque la preferencia debi-
da a la vida del hombre no se apoya en razones biológicas, sino en el
hecho de que solamente el ser humano entre todos los animales es per-
sona. La apelación al racismo es completamente improcedente.
Con estas ideas de trasfondo, nos disponemos a analizar la cuestión
sobre la licitud moral del aborto, infanticidio y eutanasia.
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REFLEXIONES SOBRE EL ABORTO, EL INFANTICIDIO Y LA EUTANASIA EN PETER SINGER
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1. LA POLÉMICA ENTRE CONSERVADORES Y LIBERALES SOBRE
EL ABORTO
Con un lenguaje poco técnico, más propio del debate político que
del análisis filósofo, comienza Singer esta investigación enunciando las
posiciones que llama conservadora yliberal. El principal argumento con-
tra el aborto (es la posición llamada conservadora) se expresa en el siguien-
te silogismo: 1. premisa mayor: es malo matar a un ser humano inocen-
te; 2. premisa menor: un feto humano es un ser humano inocente; 3.
conclusión: luego es malo matar a un feto humano.
Según nuestro autor, tanto conservadores como liberales concuerdan
en la premisa mayor. Sin embargo, los segundos impugnan la premisa
menor, dado que, en su opinión, el feto humano no es un ser humano.
Por tanto, en lo esencial la polémica sobre el aborto se limita a deter-
minar si el feto es o no un ser humano; más en concreto, en la deter-
minación de cuándo comienza la vida humana. Ahora bien, como reco-
noce el propio Singer, bajo este aspecto «es difícil minar la posición con-
servadora», dada la continuidad interrumpida entre el óvulo fecundado
y el niño recién nacido. El conservador, seguro de la superioridad de su
tesis, desafía al liberal a que señale en qué estadio de este proceso gra-
dual se produce el paso de una vida no humana a una vida humana que
pudiera ser utilizado como límite moral para la justificación del aborto.
En el caso de no encontrarse un límite de discontinuidad, habría de
adoptarse una de las dos siguientes opciones: o bien elevar el estatuto
del embrión al del niño (lo que implica la posición de condena rotun-
da del aborto) o bien rebajar el estatuto del niño al del embrión (lo que
implicaría la aceptación del infanticidio y la derogación de la premisa
mayor). Ante este callejón sin salida los partidarios del aborto vacilan y
buscan otro tipo de argumentos (indirectos), que veremos después.
Pero ahora analicemos brevemente los intentos realizados por los
defensores del aborto para demostrar la discontinuidad entre la vida no
humana y la vida humana del embrión, lo que desmentiría nuestra pre-
misa menor, y, consiguientemente, la ilicitud del aborto. El intento de
esta demostración se reduce a determinar un momento en el cual se halle
un límite moralmente significativo para la diferenciación entre el óvulo
LEOPOLDO PRIETO LÓPEZ
5SINGER, P., «Quitar la vida: el embrión y el feto», en Una vida ética: escritos,
o.c., p. 180.
6Sentencia en apelación del Tribunal Supremo de los EEUU del 22 de enero
de 1973.
fecundado y el niño recién nacido. Los candidatos propuestos para ocu-
par el momento de la diferenciación son los cuatro siguientes: el naci-
miento, la viabilidad (fuera del claustro materno), el comienzo del movi-
miento y el comienzo de la conciencia.
1. El nacimiento. Difícilmente podrá sostenerse que el nacimiento es
el momento en el cual algo hasta entonces no humano comienza a ser
humano. Singer afirma, con razón, que el nacimiento es la frontera de
la visibilidad, y que por tanto coincide con nuestros sentimientos, pues
«nos conmueve menos la destrucción de un feto que nunca hemos vis-
to que la muerte de un ser que todos pueden ver, oír y abrazar» 5. Pero
es claro que el nacimiento no puede ser el momento de la humanización de
algo hasta entonces no humano. En realidad, el embrión o el feto no cam-
bian de naturaleza por hallarse dentro o fuera del cuerpo de la madre. El
nacimiento no cambia más que la ubicación. Admitir lo contrario impli-
caría que el cambio de lugar opera una transformación en la naturaleza
del feto, lo cual es absurdo. El argumento del nacimiento, pues, apela a
los sentimientos, a la vez que desafía a la lógica. Por otro lado, si se asu-
miera este criterio podría llegarse al contrasentido de aprobar el aborto
de un feto muy desarrollado (pongamos de ocho meses), pero que aún
no ha abandonado el cuerpo de la madre, y de condenar la muerte pro-
curada a un feto de seis meses, mucho menos desarrollado, por tanto,
por el sólo hecho de haber nacido ya (aunque prematuramente), es decir,
de haber salido del cuerpo de la madre.
2. La viabilidad. Si el momento del nacimiento no opera una trans-
formación esencial en el feto (de no humano a humano), tampoco pare-
ce que la pueda operar el momento de la viabilidad. Sin embargo, para
sorpresa nuestra, una sentencia de la Corte suprema de justicia de los
EEUU, pronunciada como resolución del caso Roe contra Wade 6,esti-
maba que el momento de la viabilidad establecía una línea válida de
demarcación entre el aborto lícito y el ilícito. El razonamiento del tribu-
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REFLEXIONES SOBRE EL ABORTO, EL INFANTICIDIO Y LA EUTANASIA EN PETER SINGER
7Cf. SINGER, P., «Quitar la vida: el embrión y el feto», en Una vida ética: escri-
tos,o.c., p. 180.
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nal era poco convincente. La Corte suprema sostenía que el Estado tie-
ne un interés legítimo en la protección de la vida potencial y que dicho
interés se convertía en apremiante cuando el feto alcanzaba «la capacidad
para una vida significativa fuera del útero materno», o lo que es igual,
alcanzado el momento de la viabilidad. Como bien replica Singer, el
defecto en la motivación de la sentencia estaba en que omitía la indica-
ción de por qué la capacidad para vivir fuera del útero materno debería
marcar una diferencia en la protección jurídica de la vida potencial, pues
tan vida humana potencial es la del feto viable como la del no viable 7.
Por otro lado, adoptar como criterio para la demarcación temporal
de la licitud del aborto la viabilidad del feto abocaría a soluciones para-
dójicas. La viabilidad del feto en nuestrosas depende mucho más
del desarrollo de la técnica de la pediatría que de la capacidad del feto
de sobrevivir por sí mismo fuera de su ámbito natural. Establecer de
tal modo el momento de la viabilidad como límite de la licitud del
aborto conduciría a absurdos como autorizar el aborto en lugares téc-
nicamente atrasados (donde el feto no resultaría viable) y rechazarlo
en lugares donde hay técnicas de pediatría avanzada (donde es viable).
Igualmente conduciría a enjuiciar hoy como lícitos abortos realizados
en el pasado (cuando no se disponía de tales técnicas), pero a tenerlos
por ilícitos hoy. Como puede verse, el criterio de la viabilidad no es
menos extrínseco que el del nacimiento. Allí era el lugar del feto; aquí
es el estado de la técnica pediátrica el que determinaría la licitud o no
de un aborto.
3. La movilidad. Ni el nacimiento ni la viabilidad comportan una
diferencia en el proceso de desarrollo del embrión y del feto que pueda
tener relevancia moral en la cuestión sobre la licitud del aborto. Menos
aún parece serlo el momento de la movilidad del feto en el seno de la
madre, sobre todo porque se trata del movimiento que la madre puede
percibir y no del movimiento mismo del embrión o del feto. El feto está
vivo y se mueve antes de que la madre perciba sus movimientos. De
LEOPOLDO PRIETO LÓPEZ
8Cf. ibíd., p. 183.
hecho, investigaciones con ultrasonidos demuestran que el embrión
comienza a moverse a partir de la sexta semana, mucho antes de que sus
movimientos sean percibidos por la madre. Y desde luego ni la capaci-
dad para el movimiento físico ni su incapacidad confieren o deniegan a
nadie el derecho a seguir viviendo. El argumento de la movilidad no
demuestra más que el momento en que la madre es capaz de percibir el
movimiento del feto.
4. La conciencia. Un último criterio de posible discontinuidad en el
desarrollo del embrión ha sido rastreado en el momento de adquisición
de la conciencia. Pero los partidarios del aborto (que son los obligados,
por la carga de la prueba, a demostrar la existencia de un momento de
transformación de algo no humano en algo humano) han abandonado
este argumento, porque les parece poco generoso en el tiempo disponi-
ble para abortar. El criterio del inicio de la conciencia podría postular la
licitud del aborto sólo hasta la séptima semana de la fecundación del
óvulo, momento en el que al parecer comienza la actividad cerebral del
embrión y con ella la posibilidad de sentir dolor.
Recusados, pues, los cuatro candidatos propuestos por los defenso-
res del aborto a favor de un límite temporal entre lo no humano y lo
humano, hay que considerar fracasado el intento liberal –en expresión
de Singer– de desmentir la validez de la segunda premisa (es decir, que
el feto humano es un ser humano). De este modo –es el propio Peter Sin-
ger quien lo afirma– el conservador se asienta sobre tierra firme cuando
insiste en que el desarrollo desde el embrión hasta el niño es un proce-
so progresivo sin interrupciones 8.
2. EL RECURSO A LOS ARGUMENTOS INDIRECTOS PARA LA
ADMISIÓN DEL ABORTO
Rechazados los argumentos que podrían contradecir la segunda pre-
misa, a los partidarios del aborto no les queda más solución que la de
insistir en que, a pesar de todo, la práctica del aborto es, si no lícita, al
214
REFLEXIONES SOBRE EL ABORTO, EL INFANTICIDIO Y LA EUTANASIA EN PETER SINGER
215
menos no punible. Se trata, pues, ahora de introducir una especie de
sub-premisa menor en virtud de la cual, aunque se admita que el feto es
un ser humano (dado que no se ha podido demostrar lo contrario), el
aborto puede ser despenalizado. Los argumentos aducidos (es decir, las
sub-premisas menores introducidas) han sido varios.
1. Argumento sociológico. Se dice que las leyes punitivas del aborto no
erradican su práctica, sino que la hacen clandestina, con el consiguien-
te riesgo para la salud y la vida de la mujer. El argumento fue aceptado,
por ejemplo, por la Real comisión canadiense sobre el estatuto de las muje-
res, que aseguraba: «Una ley que tiene más malos efectos que buenos no
es una buena ley […] En la medida en que exista en su forma presente,
miles de mujeres la vulnerarán».
Como puede verse, el argumento es indirecto:recae sobre la ley,no
sobre la moralidad del aborto. Es preciso, por ello, distinguir cuidado-
samente la ley contra el aborto del aborto mismo, así como también
hay que distinguir la oportunidad legislativa de la primera y la licitud
moral del segundo. La cuestión es importante. El argumento socioló-
gico pretende ser una demostración de la inoportunidad de las leyes
punitivas del aborto y no tanto una razón contra la idea de que el abor-
to es malo. Sin embargo, oportunidad legal (de una ley despenalizado-
ra) y la licitud moral (de la práctica del aborto) se encuentran en pla-
nos muy distintos. Una persona podría, por tanto, sostener ambas ide-
as coherentemente: por ejemplo, considerando oportuna una legisla-
ción despenalizadora del aborto, a la vez que continuaba considerando
el aborto una práctica inmoral (aunque no ilegal). Pero el argumento
resulta endeble. Frente a la maldad intrínseca de causar la muerte a un
ser humano inocente, las condiciones sociales de aplicabilidad de las
leyes punitivas del aborto y las condiciones procesales de su persegui-
bilidad no pueden alterar la naturaleza gravemente ilícita de tal tipo de
conducta. Una acción de tal modo inmoral como es el aborto no pue-
de ser ni moralmente justificada ni legalmente admitida apelando a
razones sociales.
El argumento, por tanto, no es convincente, y queda resuelto en el
mismo momento en que se presta atención a su naturaleza indirecta, es
LEOPOLDO PRIETO LÓPEZ
9Cf. ibíd., p. 185.
decir al hecho de que el objeto central del argumento es de naturaleza
legal o procesal, pero no moral.
2. Argumento del orden público. Sentando inicialmente la premisa de
que la práctica del aborto es una cuestión que atañe únicamente a la
moralidad privada, algunos han pretendido que ésta debería escapar a la
jurisdicción de las leyes, cuya misión no es custodiar la moralidad de las
personas, sino velar por el mantenimiento del orden público y de las
condiciones indispensables para la vida en común. Se trata, de nuevo,
como se ve con facilidad, de un argumento sobre la ley,no sobre la mora-
lidad del aborto. El argumento consiste, como sostenía J. S. Mill en On
Liberty, en que el único campo legítimo de aplicación de las leyes puni-
tivas es evitar el perjuicio causado a los demás y no la salvaguardia de la
moralidad privada. El argumento, que puede llamarse del rechazo de los
crímenes sin víctimas, se suele aplicar a delitos como la prostitución, el
juego, el consumo de drogas, etc. Entre estas conductas querría incluir-
se el aborto. Se dice en tal sentido que ningún grupo social debe inten-
tar forzar a los demás a hacer propia una determinada concepción moral
y que en una sociedad pluralista se debe dejar en manos de la mujer inte-
resada la decisión sobre la prosecución o la interrupción del embarazo.
Ahora bien, pretender que el aborto es un crimen sin víctima es una fala-
cia que ni siquiera convence a los que la proponen. En realidad, la debi-
lidad del argumento del orden público –como reconoce Singer– está en
que da por supuesto lo que es su obligación demostrar, a saber, que con
el aborto no se daña a otro 9.
3. Argumento feminista. En ambientes feministas es frecuente oír que
la mujer tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que le plazca. Es el tercer y
último argumento indirecto. Tampoco niega este argumento que el feto
sea un ser humano. Se trata de que, aun siéndolo, se debe preferir la libre
decisión de la mujer a la vida del embrión. La cuestión en el fondo no
es difícil de dilucidar: el feto está en el cuerpo de la madre, pero no for-
ma parte de él. Únicamente está albergado en él. De manera que tam-
poco este argumento, bastante pobre, puede justificar que, a pesar de
todo, el aborto sea admisible.
216
REFLEXIONES SOBRE EL ABORTO, EL INFANTICIDIO Y LA EUTANASIA EN PETER SINGER
10 Cf. ibíd., p. 188.
217
3. «NO ES MALO EN TODO CASO MATAR A UN SER HUMANO
INOCENTE»
Es el momento de recapitular. Los liberales (siguiendo la nomencla-
tura de Singer), no habiendo podido desmentir la afirmación conserva-
dora según la cual el feto es un ser humano inocente, han fracasado tan-
to en el intento de establecer una línea divisoria moralmente significa-
tiva entre el recién nacido y el feto (que pudiera justificar la práctica del
aborto en cuanto acción de quitar la vida a algo no humano), como en
el de justificar indirectamente el aborto por medio de razonamientos de
índole legislativa y jurídico-penal 10.
Hasta ahora los argumentos de Singer podrían ser suscritos por cual-
quier filósofo (e incluso teólogo) moral de buen sentido. Pero adviérta-
se que toda la discusión ha estado centrada hasta este momento en la
validez de la premisa menor. Los argumentos de los partidarios del abor-
to fracasan si se colocan en el plano de la premisa menor, pero triunfan
si se dirigen contra la premisa mayor. Pero, como sabemos bien, Singer
es un filósofo provocador: acepta sin dificultad la premisa menor, pero
rechaza la mayor. En otras palabras: acepta sin dificultad que «un feto
humano es un ser humano inocente»; pero no tiene reparos en rechazar
que «es malo matar a un ser humano inocente». Es indiscutible en su opi-
nión que el feto es un ser humano, pero es perfectamente discutible que
«sea malo matar a todo ser humano». Más aún, no es sólo discutible, es
falso. Ya lo sabíamos, en realidad. Negando el principio de la sacralidad
de la vida humana, no hay dificultad en negar igualmente que, como
dice la premisa mayor de nuestro razonamiento, «es malo matar a un ser
humano». Ambas negaciones son una misma cosa. Repitamos: No se tra-
ta –según Singer– de negar que el feto sea un ser humano, pues es innega-
ble que lo es. Se trata de que, aunque sea un ser humano, no por ello tiene
un derecho incondicionado a la vida. En definitiva, matar a un ser huma-
no no es malo en todo caso. Por el contrario, como cree Singer, que hay
casos en que hacerlo puede ser, si no bueno, al menos correcto. Embara-
zos no deseados, por medio del aborto; nacimientos de niños con graves
patologías físicas o psíquicas, por medio del infanticidio; vidas que care-
LEOPOLDO PRIETO LÓPEZ
11 Ahora bien, la premisa sería falsa sólo en el caso de interpretar el término
persona en el sentido de Locke, no en el sentido clásico.
12 SINGER, P., «Quitar la vida: el embrión y el feto», en Una vida ética: escri-
tos,o.c., p. 189.
cen de la calidad mínima para merecer ser vividas, por medio de la euta-
nasia: he aquí tres casos en que es correcto matar a un ser humano.
Ya sabemos, por otro lado, dónde se esconde la falacia de la que se ha
valido Singer para llegar a esta conclusión: en separar los dos aspectos pre-
sentes en el ser humano, como son el aspecto biológico y el aspecto moral
(o personal). Como dice el propio Singer, «una vez que se disecciona el
término [“ser humano”] de esta forma, la debilidad de la premisa mayor
se hace patente». «Si “ser humano” es tomado como equivalente a “perso-
na”, la segunda premisa del argumento es falsa 11, pues no se puede plau-
siblemente aducir que un feto es racional o autoconsciente. Si, por otro
lado, definimos al “ser humano” simplemente como miembro de la espe-
cie Homo sapiens, entonces […] la primera premisa es falsa» 12.
Ahora bien, si lo que es falso es la premisa mayor (es decir, el principio
según el cual «es malo matar a cualquier ser humano inocente») y no la
menor, la discusión sobre el aborto tomado aisladamente no tiene sentido.
La cuestión conduce de inmediato al infanticidio y a la eutanasia.
4. ABORTO E INFANTICIDIO
La vida de un embrión humano no tiene más valor –dice Singer– que
la de un animal no humano con un nivel similar de racionalidad. Sin-
ger no aclara nunca qué entiende por racionalidad de los animales. Se
limita únicamente a remitir a tratadistas que intentan probar que los ani-
males poseen capacidades racionales. Dejamos ahora de lado la cuestión
de la racionalidad de los animales. En cualquier caso, Singer cree que,
puesto que el embrión humano no es persona (según lo anteriormente
dicho), no tiene el mismo derecho a la vida que los animales no huma-
nos racionales (que para nuestro autor suelen coincidir con los mamífe-
ros). Ahora bien, lo que se dice del embrión en relación con el aborto, se
218
REFLEXIONES SOBRE EL ABORTO, EL INFANTICIDIO Y LA EUTANASIA EN PETER SINGER
13 Ibíd., p. 194.
14 Cf. ibíd., p. 196: «Merece la pena considerar otra posibilidad: que debe
haber al menos algunas circunstancias en las que un derecho legal completo a la
vida surge, no con el nacimiento, sino sólo transcurrido un plazo corto después
de aquél, tal vez un mes».
219
aplica igualmente al recién nacido en relación con el infanticidio y al dis-
capacitado mental profundo en relación con la eutanasia.
Para nuestro autor, un niño recién nacido no es persona, porque no
es racional ni autoconsciente. Pero si el feto humano no tiene derecho a
la vida porque no es persona, tampoco la tiene el recién nacido porque,
siguiendo tal criterio de personalidad, tampoco lo es. «La vida de un
recién nacido es de menor valor para él que la vida de un cerdo, un perro
o un chimpancé lo es para el animal no humano», nos dice Singer con
su característico estilo 13. De hecho, desde el punto de vista moral, hay
una sustancial identidad entre aborto e infanticidio. Como ya sabemos,
el nacimiento no es más que el cambio de lugar del feto. Y un cambio de
lugar no puede hacer que sea ilícito lo que antes de tal cambio era supues-
tamente lícito. Si el aborto es lícito, el infanticidio lo es también. No es
la colocación del feto lo que determina la inmoralidad de aborto e infan-
ticidio, sino la posesión o carencia de la personalidad.
Singer se adelanta a asegurar que no pretende declarar la impunidad
de cualquier desalmado o psicópata que quiera matar niños recién naci-
dos. Naturalmente, las condiciones dentro de las que el infanticidio podría
ser legal, serían establecidas rigurosamente. En su opinión, deberían ser
tres: gravedad de la enfermedad física o psíquica del recién nacido, pla-
zo de un mes posterior al nacimiento para su práctica y consentimien-
to de los padres. En primer lugar, el infanticidio sería admisible sólo en
el caso de enfermedades graves (físicas o psíquicas) que hicieran la futu-
ra vida del recién nacido “indigna de ser vivida”. En segundo lugar, sólo
sería admisible dentro de un período de tiempo lo suficientemente bre-
ve para permitir percatarse, tras el nacimiento, de que la enfermedad del
niño (que de ordinario no habría podido ser detectada durante el emba-
razo) es del tipo de las indicadas arriba. Singer hace diferentes estima-
ciones de cuál debería ser este período de tiempo 14. En varias ocasiones
LEOPOLDO PRIETO LÓPEZ
15 Cf. ibíd., p. 197: «Así, el infanticidio se puede equiparar con el aborto sólo
cuando aquellos más próximos al niño no quieren que viva».
16 Ibíd., p. 197.
17 Ibíd., p. 197.
afirma que el plazo de un mes tras el nacimiento sería un tiempo razo-
nable. Finalmente, en tercer lugar, siempre debería contarse con el con-
sentimiento de los padres 15.
La condena sin paliativos que el cristianismo ha hecho desde su ini-
cio del infanticidio es uno de los motivos de la antipatía no disimulada
que Singer experimenta hacia el mismo. El dogma de la santidad de toda
vida humana y la proscripción del infanticidio son actitudes típicamente
cristianas, nos advierte. «Merece la pena recordar que nuestra actual pro-
tección absoluta de las vidas de los menores es una actitud típicamente
cristiana, más que un valor ético universal. El infanticidio ha sido prac-
ticado en sociedades que van geográficamente desde Tahití a Groenlan-
dia, y que varían culturalmente de los nómadas aborígenes australianos
a las sofisticadas comunidades urbanas de la antigua Grecia o a la Chi-
na mandarín. En algunas de estas sociedades el infanticidio no era sólo
meramente permitido, sino, bajo ciertas circunstancias, era juzgado
como moralmente obligatorio. No matar a un menor deforme o enfer-
mo era considerado frecuentemente como malo, y el infanticidio fue
probablemente la primera, y, en varias ocasiones, única forma de con-
trol de población» 16.
Después de las críticas dirigidas al dogma de la santidad de la vida
humana y al cristianismo, Singer manifiesta su entusiasmo ante al pen-
samiento y la práctica del infanticidio en la Antigüedad. «Podemos pen-
sar que simplemente somos más civilizados que estos pueblos primitivos
[…] Romanos, como Séneca, cuyo sentido moral compasivo estremece
al lector moderno (o a mí, en cualquier caso) como algo superior al de
los escritores cristianos tempranos y medievales, también pensaba que
el infanticidio era la solución natural y humana al problema suscitado
por los bebés deformes y enfermos» 17.
220
REFLEXIONES SOBRE EL ABORTO, EL INFANTICIDIO Y LA EUTANASIA EN PETER SINGER
221
5. INFANTICIDIO Y EUTANASIA
Admitir la licitud del infanticidio como moralmente idéntico al abor-
to es una consecuencia del rechazo de la premisa mayor y del principio
de la santidad de toda vida humana. Estos rechazos son ocasionados tan-
to por la noción empirista de persona como por la filosofía utilitarista
(materialista, en última instancia) que Singer ha hecho propias. La base
de fondo de su pensamiento es una concepción materialista de la reali-
dad. Ahora bien, los fundamentos materialistas de su pensamiento (por
más que se presenten como utilitarismo, por un lado, y darwinismo, por
otro) le obligan a mantener una cierta coherencia con las implicaciones
y consecuencias que derivan de estos fundamentos. Una de estas conse-
cuencias es aplicar a todos los momentos de la vida humana, y no sólo
a su inicio, la famosa separación de sentidos del concepto ser humano.
Pues bien, el embrión, el feto y el recién nacido no son personas por-
que carecen de conciencia. Pero éste también es el caso de los enfermos
mentales profundos. Luego tampoco ellos son personas. Ahora bien, ¿qué
diferencia hay entre quitar la vida a los primeros antes, o hasta un mes
después, del nacimiento que quitársela a aquellos enfermos incurables
en un estado avanzado de su vida? Desde luego ninguna diferencia esen-
cial. Si el lugar (dentro o fuera del claustro materno) no es criterio váli-
do para determinar la ilicitud de aborto e infanticidio, el tiempo tam-
poco debe serlo en la práctica de la eutanasia en los casos de seres huma-
nos que, aunque adultos, no poseen el ejercicio de las facultades de las
que, según Singer, depende la personalidad.
Naturalmente en estos casos de patologías mentales graves la lógica
materialista abogaría por tomar la decisión de quitar la vida en el
momento mismo del nacimiento (o antes si fuera posible) y no pospo-
nerla inútilmente. Según esta mentalidad, lo más acertado sería en rea-
lidad –como siempre ha postulado la eugenesia– la decisión de impedir
la procreación a aquellos seres humanos transmisores de tan triste enfer-
medad. En términos de filosofía utilitarista y de minimización del dolor,
la esterilización es preferible al aborto, así como el aborto es preferible al
infanticidio y el infanticidio a la eutanasia. Es importante notar que se
trata siempre de un mismo iter. Intervenir evitando o eliminando la vida
LEOPOLDO PRIETO LÓPEZ
18 HAECKEL, E., Die Lebenswunder: Gemeinverständliche Studien über biologis-
che Philosophie, Alfred Kröner Verlag, Stuttgart 1905, p. 136.
19 Ibíd., p. 136. La cursiva es mía.
del ser humano que no es persona no debe plantear problemas morales si
ello se realiza en una forma indolora.
Concluimos este artículo mostrando el estrecho iter progresivo que
une infanticidio y eutanasia en un autor como Ernst Haeckel. En prin-
cipio, el infanticidio siempre es preferible a la eutanasia. Ernst Haeckel
y Peter Singer coinciden en ello.
Haeckel, que aplica la lógica materialista con toda consecuencia, se
expresa en términos laudatorios sobre el infanticidio, una práctica que
–en su opinión– aseguró al pueblo espartano su bienestar y su pujanza
física. Oigamos mejor a Haeckel. «Los antiguos espartanos debieron en
gran medida sus virtudes, como la fuerza corporal, la belleza física, la
energía espiritual, etc., a la vieja costumbre de eliminar a los recién naci-
dos débiles o deformes [...] Pero cuando en 1868 hice mención en una de
mis obras de las ventajas de la selección espartana y su contribución al
mejoramiento de la raza, un torbellino de violentas críticas se abatió sobre
mí desde las publicaciones piadosas”, como suele ocurrir siempre que
la sola razón se atreve a desafiar los prejuicios imperantes y los princi-
pios de la fe que dominan la opinión pública» 18. Así, pues, el infantici-
dio –piensa Haeckel– es la mejor solución. Pero siempre queda la posi-
bilidad (incluso deseable, como cree el mismo autor) de quitar piadosa-
mente (es decir, indoloramente) la vida, en los casos de graves enferme-
dades incurables y hereditarias. Prosigue diciendo Haeckel: «Sin embar-
go, me pregunto qué provecho obtiene la humanidad permitiendo que
miles de inválidos, sordomudos, cretinos, etc., sobre los que gravan
enfermedades incurables y hereditarias [que por tanto transmitirán a su
descendencia, incrementando exponencialmente el número de tarados]
sean artificialmente sostenidos y criados hasta edad avanzada. ¿Qué pro-
vecho sacan esas mismas miserables criaturas de su vida? ¿No sería acaso
mejor y más racional terminar desde el inicio mismo con esas vidas que arras-
tran una inevitable miseria?»19.
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REFLEXIONES SOBRE EL ABORTO, EL INFANTICIDIO Y LA EUTANASIA EN PETER SINGER
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Difícilmente se encontrará un texto que exponga con mayor lucidez
la relación que une, según la mentalidad materialista, infanticidio y euta-
nasia. La lógica del materialismo es implacable: el estado en que se
encuentra la vida (avanzada o apenas iniciada) no cambia el valor de
aquellas miserables criaturas. Si no había diferencia esencial entre abor-
to e infanticidio, tampoco la puede haber entre infanticidio y eutanasia.
Precisamente de esto trata con amplitud Ernst Haeckel en quien desa-
fortunadamente parece inspirarse Peter Singer.
LEOPOLDO PRIETO LÓPEZ
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