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En este trabajo se presenta un análisis arquitectónico y material de la escalera monumental que preside el patio del yacimiento de Casas del Turuñuelo. El análisis de los escalones inferiores nos ha permitido documentar la primera evidencia de la fabricación de un mortero de cal de manera antrópica empleado para la producción de bloques paralelepípedos, a modo de sillares. El trabajo recoge una visión histórica del hallazgo, así como una valoración acerca del impacto que supuso la adopción de esta tecnología y las ventajas funcionales de la misma. Así mismo, se presentan los resultados de los análisis arqueométricos realizados sobre cinco de los escalones mediante los que poder afirmar que nos encontramos ante el primer mortero de cal empleado para la elaboración de sillares en la protohistoria de la Península Ibérica.
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* Instituto de Arqueología (CSIC-Junta de Extremadura), Plaza de España 15, 06800 Mérida.
esther.rodríguez@iam.csic.es, https://orcid.org/0000-0002-5813-9035; scelestino@iam.csic.es
https://orcid.org/0000-0002-2050-7090
** Departamento de Prehistoria y Arqueología, Universidad de Granada, Campus Universitario
de la Cartuja, 18071 Granada. doradoalejos@ugr.es https://orcid.org/0000-0003-0351-7550
*** School of Archaeology and Ancient History, University of Leicester. Mayor’s Walk, LE1
7RH, Leicester, United Kingdom. mgrodriguez@ugr.es http://orcid.org/0000-0003-2045-1493
Fecha de recepción: 26-05-2020. Fecha de aceptación: 11-07-2020.
http://dx.doi.org/10.30827/CPAG.v30i0.15419
“STAIRWAY TO TARTESO’S HEAVEN”:
LA ESCALERA MONUMENTAL DEL YACIMIENTO
DE CASAS DEL TURUÑUELO (GUAREÑA, BADAJOZ,
ESPAÑA). PRIMERAS EVIDENCIAS DE LA
FABRICACIÓN DE BLOQUES CON MORTERO DE CAL
EN LA PENÍNSULA IBÉRICA
“Stairway to Tarteso’s Heaven”: the monumental staircase of the archaeological
site of Casas del Turuñuelo (Guareña, Badajoz, España). First evidences of the
manufacture of blocks with lime mortar in the Iberian Peninsula
ESTHER RODRÍGUEZ-GONZÁLEZ *, SEBASTIÁN CELESTINO PÉREZ *,
ALBERTO DORADO-ALEJOS ** y MARIO GUTIÉRREZ-RODRÍGUEZ ** ***
RESUMEN En este trabajo se presenta un análisis arquitectónico y material de la escalera mo-
numental que preside el patio del yacimiento de Casas del Turuñuelo. El análisis
de los escalones inferiores nos ha permitido documentar la primera evidencia de la
fabricación de un mortero de cal de manera antrópica empleado para la producción
de bloques paralelepípedos, a modo de sillares. El trabajo recoge una visión histórica
del hallazgo, así como una valoración acerca del impacto que supuso la adopción
de esta tecnología y las ventajas funcionales de la misma. Así mismo, se presentan
los resultados de los análisis arqueométricos realizados sobre cinco de los escalones
mediante los que poder afirmar que nos encontramos ante el primer mortero de cal
empleado para la elaboración de sillares en la protohistoria de la Península Ibérica.
Palabras clave: Tarteso, Casas del Turuñuelo, Arquitectura, Escalera, Mortero de cal,
Estudio macroscópico, Petrografía.
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ABSTRACT This work gives a new architectural and material analysis of the monumental staircase
that presides over the courtyard of the archaeological site of Casas del Turuñuelo. The
analysis of the lower steps has allowed us to document the first evidence of a lime
mortar manufacture used to produce parallelepiped blocks, as ashlars stones. The work
offers a historical vision of the finding, as well as an impact assessment resulting from
the adoption of this technology and its functional advantages. Moreover, the results of
the archaeometric analyses carried out on five of the steps are also presented. Through
these analyses we can affirm that we are faced with the first lime mortar used in the
Protohistoric Iberian Peninsula.
Keywords: Tartessos, Casas del Turuñuelo, Architecture, Staircase, Lime Mortar,
Macroscopic Study, Petrography.
INTRODUCCIÓN
Tarteso, una cultura cuyo origen se emplaza en las costas del suroeste peninsular
entre los siglos VIII-V a.C., surge como resultado de la unión entre la población
fenicia llegada a la península a finales del siglo IX a.C. y la población indígena
que ocupaba estos territorios (Celestino y López Ruiz, 2016), una mezcla que
convierte a Tarteso en una cultura de gran originalidad. El sustrato local que forma
parte del proceso de hibridación favorece su pluralidad, de modo que Tarteso no
es una cultura homogénea en todo el territorio por el que se extiende, lo que la
dota de una variada personalidad. Así, aunque el núcleo de Tarteso se localiza en
el valle del Guadalquivir y Huelva, tal como las fuentes clásicas nos han transmi-
tido, son los yacimientos del valle medio del Guadiana los que mejores resultados
están dando a nivel arqueológico para su conocimiento, dado el excelente estado
de conservación que presentan (Rodríguez González 2018a, 2018b). Yacimientos
como Cerro Borreguero (Zalamea de la Serena, Badajoz), la necrópolis de Medellín
(Badajoz) o el primer santuario de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz),
certifican la llegada del influjo de Tarteso a las tierras del interior desde principios
del siglo VII a.C., un paisaje en el que esta cultura vive una etapa de esplendor
hasta su desaparición a finales del siglo V a.C. a causa de un proceso que, hasta la
fecha, todavía desconocemos, pero del que participan todos los asentamientos que
caracterizan el poblamiento de este territorio durante la I Edad del Hierro, pues la
fecha de abandono e incendio de los enclaves es común a todos ellos (Celestino
y Rodríguez, 2017).
Dentro del elenco de yacimientos tartésicos del valle medio del Guadiana
se inscribe el túmulo de Casas del Turuñuelo (Guareña, Badajoz), cuyas exca-
vaciones se iniciaron en el año 2014 (Rodríguez y Celestino, 2017) (fig. 1). Se
trata del yacimiento construido en tierra mejor conservado de la Protohistoria del
Mediterráneo Occidental, pues hasta la fecha es el único que conserva en pie sus
dos plantas constructivas. Así, su excelente preservación ha permitido conocer el
empleo de materiales y técnicas constructivas hasta la fecha inéditas en la arqueo-
logía protohistórica peninsular, hasta el punto de que la aparición y adopción de
muchas de ellas estaba directamente relacionada con el proceso de romanización.
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Hasta la fecha apenas se ha concluido la excavación de un 20% de la super-
ficie del túmulo que oculta el edificio de Casas del Turuñuelo; sin embargo, se
ha completado la excavación de dos de las estancias del piso superior, la estancia
100 o principal, ubicada en el punto más elevado del túmulo y hasta ahora la de
mayores dimensiones (Rodríguez y Celestino, 2017) y la estancia S-1 o también
conocida como habitación del banquete dada la naturaleza de los materiales
que contenía (Rodríguez y Celestino, 2019). Por su parte, la última campaña de
excavación desarrollada en el año 2018 se centró en la apertura y excavación del
sector oriental del túmulo, donde se documentó un extenso patio presidido por una
escalera monumental (Celestino y Rodríguez, 2019), cuya arquitectura y materia-
les empleados para su construcción son objeto de análisis en este estudio, pues
Fig. 1.—Mapa de localización, fotografía aérea y fotogrametría del yacimiento de Casas del Turuñuelo
(Guareña, Badajoz, España). (©Construyendo Tarteso).
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se trata de una obra arquitectónica única dentro de la protohistoria mediterránea
y la primera construcción en la que se detecta el uso de mortero de cal fabricado
de manera antrópica para su ejecución, lo que la convierte en un elemento arqui-
tectónico significativo.
Para la caracterización del material empleado en la fabricación de los bloques
hemos desarrollado un protocolo de análisis cuyos resultados quedan recogidos
en este trabajo. Entre el elenco de analíticas realizadas se encuentra el análisis
macroscópico y petrográfico, la difracción de Rayos X y el análisis con microscopio
electrónico de barrido; unas herramientas necesarias de cara tanto a confirmar la
materia prima empleada, como a determinar la técnica de fabricación, para con ello
justificar la importancia tecnológica del hallazgo. Los resultados obtenidos nos
permiten realizar una posterior valoración acerca del impacto social que supuso el
hallazgo de este tipo de material y su empleo dentro del yacimiento, comparándolo
con las soluciones técnicas empleadas en otras regiones peninsulares donde el uso
de este tipo de materiales sigue, por el momento, ausente. Frente a estos datos,
podemos considerar que el yacimiento de Casas del Turuñuelo es el primer enclave
de la arqueología del Mediterráneo occidental donde hay constancia del empleo
de cal para la producción de sillares.
LA ESCALERA DE CASAS DEL TURUÑUELO
La escalera se localiza en la fachada occidental del patio, un extenso espacio
cerrado de 125 m2, localizado en la planta inferior del edificio (fig. 1). Al contrario
de lo documentado en otros ejemplos de la arquitectura tartésica del Guadiana,
caso del santuario de Cancho Roano, el patio excavado en Casas del Turuñuelo se
encuentra flanqueado por muros en sus cuatro lados, constituyendo así un espacio
cerrado. Estos paramentos están construidos a partir de potentes zócalos de 1,20
m de altura media sobre los que se disponen alzados de adobe que posteriormente
fueron enlucidos de rojo, una característica común heredada de la arquitectura
oriental, presente en un destacado número de edificio occidentales (Arruda y
Celestino, 2008). Esta disposición se mantiene en los paramentos norte, sur y
este, pues los muros occidentales encargados de flanquear la escalera tienen una
estructura de torre maciza, de casi 3 m de anchura media, con su cara vista en
talud y un alzado que supera los 4 m de altura. En total, el patio cuenta con tres
accesos, dos localizados en el muro norte, en ambos extremos, y un tercero en el
este, en eje con la escalera, con la que se comunica a través de un pasillo de lajas
de pizarras de grandes dimensiones (fig. 2).
A pesar de ser el elemento arquitectónico más singular del edificio, la escalera
no se localiza en el centro del patio, sino que está ligeramente desplazada hacía el
sector norte, debido a la existencia de una caja de pizarra rectangular que parece
funcionar con el sistema hidráulico que recorre el patio bajo el pasillo de pizarras
hasta perderse en su perfil norte (Celestino y Rodríguez, 2019:348). A falta de
completar la excavación del pavimento de arcilla apisonada del extremo sur del
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patio, todos los datos arqueológicos recuperados hasta el momento parecen indicar
que la construcción de la caja es anterior, razón que explicaría por qué la escalera
no ocupa el centro de la fachada.
El excepcional estado de conservación que presenta la escalera se debe al
cuidado y esmero con los que fue amortizada. Al igual que el resto de edificios
tartésicos ocultos bajo túmulo excavados, el yacimiento de Casas del Turuñuelo
fue rellenado y amortizado para quedar oculto bajo un túmulo artificial. En ese
proceso de amortización se inserta la cobertura de la escalera, sobre la que se dis-
puso una espesa capa de arcilla amarilla, muy plástica, a modo de rampa, que, sin
duda, favoreció el reparto de las cargas y la conservación de la misma, evitando su
deterioro y su posible hundimiento tras cientos de años sepultada bajo un espeso
relleno de tierra (Celestino y Rodríguez, 2019:349).
La estructura conserva las siguientes medidas: 2,94 m de altura, 3,14 m de
profundidad, 2,34 m de ancho y una pendiente de 35 grados. Está articulada en dos
Fig. 2.—Planimetría de la sección y la planta del patio del yacimiento de Casas del Turuñuelo (Gua-
reña, Badajoz, España). (Diseño: C. Lapuente / ©Construyendo Tarteso).
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cuerpos. El inferior, compuesto por seis peldaños, está fabricado a partir del uso
de sillares paralelepípedos de mortero de cal, colocados en seco, con la finalidad
de imitar el granito. El superior, de cinco escalones, está construido a partir de un
módulo macizo de bloques de adobe, coronados por parejas de grandes y gruesas
losas de pizarra que cubren las huellas de los escalones y las protegen del deterioro.
La regularidad que presenta la estructura solo se ve alterada en la diferencia de
altura detectada en la contrahuella de los escalones, pues mientras los peldaños de
sillares alcanzan los 0,27 m, los de pizarra no sobrepasan los 0,22 m (Celestino y
Rodríguez, 2019:350-351) (fig. 3).
El método empleado para la construcción de los cinco peldaños superiores
parece claro, pues se repite en otros elementos arquitectónicos secundarios docu-
mentados en las excavaciones del edificio, caso del banco corrido o del pedestal
que soporta la bañera, ambos en la estancia 100 del yacimiento (Rodríguez y
Celestino, 2019:185-186), donde la pizarra es un material recurrente en este tipo de
construcciones, empleada principalmente por su capacidad aislante. Sin embargo,
el cálculo de los escalones fabricados con bloques presenta mayores dificultades, al
no existir un patrón regular de medida en los mismos, pues la única medida que se
mantiene constante es la altura de los mismos, que oscila entre los 0,25-0,27 m. La
diversidad que presentan las dimensiones de los bloques en anchura y profundidad
nos ha llevado a establecer un promedio de 0,65 m para el ancho y 0,61 m para la
profundidad, considerando la posibilidad de que los bloques estén fabricados en
amplias cajas rectangulares y cortados antes de finalizar el proceso de fragua, lo
Fig. 3.—Fotogrametría y planimetría de la escalera monumental del patio de Casas del Turuñuelo
(Guareña, Badajoz, España). (Diseño: C. Lapuente / ©Construyendo Tarteso).
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que requeriría de un trabajo de alisado/lijado posterior para darle regularidad a los
mismos (Celestino y Rodríguez, 2019:351).
Paralelos peninsulares y mediterráneos
Hasta la fecha, la escalera del Turuñuelo constituye un ejemplo arquitectónico
único en la Península Ibérica e, incluso, en el Mediterráneo occidental, tanto por sus
dimensiones, como por la técnica y los materiales empleados en su construcción.
Hasta su hallazgo, en el valle medio del Guadiana solo el santuario de Cancho
Roano presenta varios ejemplos de este tipo de estructura; sin embargo, su fac-
tura es mucho más modesta. El primer caso de estudio se localiza en el patio del
edificio A de Cancho Roano, concretamente en la entrada del mismo (Celestino,
2001:32). Se trata de cinco escalones de 1,85 m de ancho y con una media de 0,64
m de huella, construidos con piedra de medio tamaño que salvan el desnivel entre
la cota del patio y la primera estancia o H1 (1,40 m de altura). En esta primera
habitación (H1), identificada como un vestíbulo, se localizan las segundas esca-
leras de Cancho Roano. Están ubicadas en la esquina nororiental de la habitación
y se encargan de comunicar el vestíbulo con la terraza. Estas escaleras de adobe
y enlucidas de rojo están compuestas por seis escalones que alcanzan 1,80 m de
altura (Maluquer, 1981:240; Celestino, 2001:34). Por último, en la estancia H-7 del
santuario A de Cancho Roano se aprecia el arranque de una escalera, también de
adobe, que comunicaría este espacio con el piso superior; sin embargo, la escalera
fue amortizada en el último momento y apenas conocemos su estructura original
(Maluquer, 1983:137; Celestino, 2001:38) (fig. 4).
El segundo ejemplo documentado en el Guadiana Medio se localiza en el yaci-
miento de La Mata (Campanario, Badajoz). Se trata de una estructura localizada en
el extremo sur del corredor E4 interpretada por sus excavadores como la escalera
que comunicaría la primera planta con el segundo piso del edificio (Rodríguez y
Ortiz, 2004:143); a pesar de tratarse de una evidencia muy débil, pues apenas se
pueden observar restos del primer escalón, con unas dimensiones de 1,40 x 0,50 x
0,20 m, y el arranque del segundo, el hallazgo ha permitido calcular la existencia
de una escalera construida en adobe que contaría con dos tramos y, al menos, tres
fases constructivas (Rodríguez y Ortiz, 2004:214) (fig. 5).
La escasez de ejemplos de este tipo de estructuras conocidas en el resto del
mediterráneo complica la tarea de determinar su origen. No obstante, no parece
que quepan muchas dudas sobre su localización en el Próximo Oriente, como así
lo ha certificado el reciente hallazgo realizado en el enclave de Tell Hazor (Israel),
donde durante la campaña de excavación del año 2018 se procedió a la intervención
en uno de los sectores del área M3, un gran patio empedrado de más de 180 m2.
En el lado oeste del patio se localizó el arranque de una escalera de la que des-
graciadamente solo se conoce una parte, pues el resto se pierde bajo el perfil y
será objeto de excavación en campañas futuras. Dado que se trata de un hallazgo
reciente apenas contamos con datos que nos permitan analizar estructuralmente
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Fig. 4.—Plano de localización de los diferentes tramos de escalera documentados en el yacimiento
de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz, España). a) Escalera de H7. b) Escalera de
acceso al edificio desde el patio. c) Tramos de escalera conservado en H1. (Diseño: C. Lapuente /
©Construyendo Tarteso).
esta escalera, pues la información de la que disponemos procede del diario de
excavación publicado por el equipo de excavación 1. Así, podemos apuntar que la
escalera conserva 7 peldaños de 4,50 m cada uno y está fabricada a partir de losas
de basalto que reposan sobre una estructura de adobe (fig. 6). Fechada en el s. VIII
a.C., la localización y magnitud de la estructura ha llevado a sus excavadores a
resaltar su papel a la hora de dotar de monumentalidad a la construcción, como
un elemento de propaganda que refleja el poder ostentado por el palacio, un hecho
que bien puede reflejarse en el caso de la escalera de Casas del Turuñuelo.
Los paralelos en los asentamientos fenicios de la Península Ibérica son tam-
bién limitados, aunque se presupone la existencia de estructuras de madera que
funcionarían como escaleras en algunas de las tramas urbanas de colonias como
es el caso de Morro de Mezquitilla (Vélez-Málaga) (Díes, 1995:225). El único
ejemplo constatado hasta la fecha se localiza en la colonia fenicia de Toscanos
(Vélez-Málaga) (Schubart, 2002; Niemeyer, 1985; Díes, 2001:82). Se trata de dos
1. http://www.hazor-excavations.org/tel-hazor-2018/ consulta realizada el 24 de abril de 2020.
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tramos de escalera, separados por un pequeño rellano, que salvan el desnivel de la
ladera conectando dos alturas de uso o calles dentro de la trama urbana. El primer
tramo se documentó en las excavaciones de 1967 y consta de cuatro peldaños
que separan los edificios A/B y C. Con una desviación de 2 m hacía el sureste
se documenta el segundo tramo, excavado en 1971, compuesto de siete peldaños
que separan los edificios H y C (Schubart, 2002:65-66). A nivel técnico, ambas
escaleras presentan el mismo diseño, pues los escalones están construidos a partir
de dos sillares de piedra labrada contrapuestas y dispuestos en seco, uno de mayor
longitud y otro menor, reproduciendo un sistema de soga y tizón irregular. Así
mismo, los sillares presentan los cantos redondeados y desgastados en la cara de
la huella como consecuencia de su uso (fig. 7).
Nuestro interés se centra en el estudio y descripción del segundo de los tramos,
el de mayores dimensiones, dadas las concomitancias que guarda con la escalera
de Casas del Turuñuelo. Conserva una altura de 1,60 m y un ancho de 1,06 m,
inferiores a nuestro caso de estudio, pues debemos tener presente que las escaleras
de Toscanos no separan dos pisos, sino que comunican dos niveles de uso dentro
de la estructura viaria del poblado. La huella de los sillares presenta una media de
0,30 m y la contrahuella de 0,22 m. En lo que respecta al basamento de la escalera,
Fig. 5.—Hipotética localización y posible reconstrucción de la escalera documentada en el yacimiento
de La Mata (Campanario, Badajoz, España) (a partir de Rodríguez Díaz y Ortiz, 2004).
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Fig. 6.—Fotografías de la escalera de piedra localizada en el yacimiento de Tell Hazor (Israel).
(Fuente: http://www.hazor-excavations.org/tel-hazor-2018/).
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los detalles observados en las fotografías cedidas por el Instituto Arqueológico
Alemán de Madrid, permiten observar que estaría fabricado a partir de piedras de
mediano tamaño trabadas con arcilla, con el objetivo de darle consistencia.
La misma funcionalidad que la escalera de Toscanos presentan las gradas
documentadas durante la campaña de 1980-1981 en el Sector VII, Área A0 del
yacimiento de Peña Negra (Crevillente, Alicante) (González Prats, 1982:314). Se
trata de una pequeña escalera, fechada entre los siglos VII-VI a.C., compuesta por
cinco peldaños construidos con piedra encargada de salvar un pequeño desnivel.
A pesar de las diferencias técnicas entre la escalera de Peña Negra y la de Casas
del Turuñuelo, su presencia se suma a otra serie de paralelos materiales, princi-
palmente cerámicos, que demuestran la conexión existente durante la I Edad del
Hierro entre el levante peninsular y los yacimientos tartésico del interior (González
Prats, 1982:380-381).
Solo un ejemplo procede del ámbito tartésico, concretamente de la localidad
de Huelva. Durante las excavaciones de urgencia en los solares 7 y 9 de la calle
Palacios se documentaron los restos de una estructura escalonada compuesta por
4 peldaños que cubren una superficie de 5 × 1,78 m, fabricados con grandes lajas
de pizarra cuadrangulares ensambladas con barro amarillo y forradas con arcilla
rosácea, un procedimiento similar al documentado en los extremos de la escalera
del Turuñuelo, enlucidos de arcilla roja (fig. 8). Aunque la estructura no se conserva
Fig. 7.—Planimetría de los tramos de escalera documentados en el yacimiento de Toscanos y fotografía
de detalle correspondiente al tramo inferior. (Diseño realizado por C. Lapuente a partir de materiales
cedidos por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid y el Prof. Schubart).
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Fig. 8.—Fotografía de detalle de los peldaños de pizarra de las escaleras documentadas en los solares
7 y 9 de la Calle Palacios (Huelva). (Fotografías de J. de Haro/Archivo G.I.R.H.A., SC).
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completa, pues se pierde bajo uno de los perfiles y se vio afectada por la construc-
ción de un pozo moderno, parece comunicar dos niveles marcados por la presencia
de sendos pavimentos de arcilla roja apisonada. Los escalones conservan una altura
que oscila entre los 0,16 y los 0,24 m y un ancho variable, pues el segundo de los
peldaños alcanza los 5 m de longitud, mientras que el primero de ellos conserva
2,70 m. La magnitud de la construcción y la asociación de la escalera a muros de
considerable tamaño ha llevado a sus excavadores a plantear que se trate de un
edificio público de destacada importancia dentro del urbanismo tartésico de la
ciudad onubense; sin embargo, la vista parcial que tienen de la estructura no les
permite definir si realmente se trata de una escalera que separa dos niveles de uso
o una posible grada. En cuanto a la cronología de la construcción, aunque está pen-
diente la publicación del estudio de los materiales asociados, el análisis preliminar
permite fechar el edificio en momentos finales del siglo VII a.C. o comienzos del
siglo VI a.C., lo que constituye un antecedente de la escalinata documentada en el
yacimiento de Casas del Turuñuelo.
El último ejemplo objeto de análisis se localiza en las tierras del interior, con-
cretamente en la campiña cordobesa, en el término municipal de Montemayor. Se
trata del yacimiento de El Convento, un edificio rectangular construido con adobes
que tras su amortización fue cubierto por un túmulo artificial de tierra, siguiendo
el mismo esquema que el detectado en yacimientos como Cancho Roano o Casas
del Turuñuelo; sin embargo, presenta una gran diferencia con estos enclaves, pues
mientras los ejemplos del Guadiana fueron amortizados con todo su material y
acompañados de un gran ritual, el edificio cordobés fue completamente vaciado,
lo que complica la lectura cronológica y funcional del mismo, pues carece de
materiales arqueológicos significativos que permitan corroborar su fecha de uso
o momento de amortización. A pesar de ello, el edificio ha sido datado en el siglo
VII a.C. a partir de las analogías formales que presenta su arquitectura con yaci-
mientos como Cancho Roano o El Carambolo. No obstante, no podemos desechar
la posibilidad de encontrarnos ante un yacimiento de cronología muy posterior
(Gómez Lara, 2010:649).
Nuestro interés por la construcción de El Convento reside en la presencia de
una escalinata monumental orientada al Este que comunicaría con la parte superior
del edificio (fig. 9). Se trata de una estructura de diez peldaños que conserva unas
dimensiones de 3,60 m de largo por 3,40 m de anchura, fabricada a partir de adobes
que posteriormente se revistieron de cal y arcilla roja, según los datos aportados
por los análisis realizados a la misma (Gómez Lara, 2010:650; Gómez y Salmoral,
2010:15). A pesar de la relación que pueda existir entre esta estructura y el ejemplo
documentado en el yacimiento de Casas del Turuñuelo, tanto por sus dimensiones
como por los materiales empleados en su construcción, el ejemplo de El Convento
no se puede considerar un antecedente del Turuñuelo, pues, al contrario, tanto la
estructura como los escasos materiales que la acompañan, entre los que se men-
cionan cerámicas pintadas a banda, invitan a pensar que nos encontramos frente a
un yacimiento de cronología turdetana.
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Fig. 9.—Planta del edificio y sección de la escalera del yacimiento de El Convento (Montemayo,
Córdoba). (Diseño: C. Lapuente a partir de Gómez Lara y Salmoral, 2010).
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La existencia de diversos paralelos tanto en el valle del Guadiana, como en el
ámbito tartésico y colonial, así como en el Próximo Oriente, son un claro ejemplo
de que estas estructuras son bien conocidas en todo el ámbito mediterráneo, aunque
bien es cierto que solo la escalera de Toscanos se acerca, dentro del ámbito penin-
sular, a la monumentalidad que representa la escalera del Turuñuelo. Sin embargo,
si por algo destacada esta última, más allá de su estructura, es por el material
empleado en la fabricación de los seis peldaños inferiores, la primera evidencia
peninsular de la fabricación de un mortero de cal producido de manera antrópica.
LOS ANÁLISIS ARQUEOMÉTRICOS DE LOS SILLARES DE LA ESCALERA
DE CASAS DEL TURUÑUELO: MATERIALES, MÉTODOS Y RESULTADOS
Entorno geográfico y geológico
El yacimiento de Casas del Turuñuelo se ubica en la margen izquierda del río
Guadiana sobre un fondo de depósitos cuaternarios, formados en el Pleistoceno
Inferior e identificados como cantos de naturaleza cuarcítica, de tamaño variable
(1 a 15 cm de diámetro), soportados por una matriz de tipo arcillo-limosa de tonos
ocres y rojizos (ITGE, 1990). Hacia el este, el norte y el oeste, el sitio se encuentra
rodeado por depósitos de origen eólico, de tonos pardos y grano muy fino, los
cuales se vinculan a arenas procedentes de las antiguas terrazas de los distintos
cursos fluviales de la zona y del mismo Guadiana (ITGE, 1990). Estos sedimentos
actualmente se encuentran en el fondo del valle y conforman importantes depósitos
de gravas y arenas, mayoritariamente cuarcíticos, redondeados y con un tamaño
que alcanza los 15 cm, que se identifican con depósitos de tipo sand-flat dentro
de un sistema fluvial de tipo braided (Allen, 1965; Gregory y Walling, 1976),
esto es, un curso de agua ancho y con poca profundidad que se divide en varios
brazos dejando islas, isletas o barras emergentes que se intercalan para unirse
aguas abajo, tal y como actualmente se mantiene el río Guadiana a esta altura de
su curso fluvial (ITGE, 1990).
Aguas arriba encontramos la Sierra de Yelbes, con una cresta rocosa formada
por pizarras negras intercaladas con cuarcitas negras altamente fracturadas. Las
pizarras presentan matriz sericítica (90%) junto a cuarzos (5%) y otros elementos
accesorios (5%) como clorita, mica blanca y óxidos de hierro. El metamorfismo
de contacto ha generado además la presencia de cordierita, mineral que ha podido
ser identificado en algunas producciones del sitio (Celestino et al., 2018). Estos
paquetes se encuentran cubiertos por depósitos de ladera de espesor y extensión
variable en los que los bloques y cantos de cuarcitas se acumulan sin apenas matriz.
Hacia el sur, en la margen contraria del río Guadiana nos encontramos con
una complejidad litológica radicalmente diferente. En el entorno del municipio
de Guareña, término municipal al que pertenece el sitio, afloran una serie de
rocas ígneas como granodioritas y leucogranito porfídico de grano variable que
mineralógicamente se compone por cuarzo, feldespato potásico, plagioclasa, bio-
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tita y moscovita. Como minerales accesorios aparecen apatito, circón, turmalina y
cordierita (ITGE, 1990).
En relación a los materiales calcáreos que puedan tener conexión con el tipo
de material estudiado, los afloramientos más cercanos los encontramos al sur del
Turuñuelo, cerca de la población de Guareña. Se trata de costras carbonatadas y
caliches formadas en el Cuaternario (Hernández Pacheco, 1960), que aparecen
exclusivamente como carbonatos, que se articulan como matriz y cementante de
materiales detrícticos siliciclásticos. Estos materiales son de origen dolomítico y
han sufrido un proceso de micritización. Presentan pisolitos y, en algunos casos, las
dolomías han sido sustituidas por calcita. Además, existe otra fuente de materiales
carbonatados al noroeste del Turuñuelo, compuesta por calizas recristalizadas sin
microfósiles y un 20% de fracción arena. Estos materiales datan del Ordovícico
Superior-Silúrico (ITGE, 1990).
No obstante, y a pesar de que existe este pequeño núcleo de afloramientos,
la presencia de materiales cálcicos es escasa en el entorno del yacimiento. Otros
dos afloramientos los encontramos al norte de Mérida, donde aparecen una serie
de metacalizas y mármoles de forma aislada que reposan sobre granitos, dioritas
y ortoanfibolitas. Por último, aguas arriba del río Guadiana, al oeste de las pobla-
ciones de La Coronada y Campanario, existen dos topónimos que nos acercan a
afloramientos de calizas: Las Caleras y Caleras de Ventura. Estos depósitos se
relacionan con calizas recristalizadas de tonos rojizos y pardos, con intercalacio-
nes pizarrosas, y presentan proporciones bajas de cuarzo mono y policristalino de
tamaño limo y, de forma accesoria, biotitas y micas claras (ITGE, 1990).
Materiales y metodología
La toma de muestras para la realización de los análisis plantea una serie de
problemas, dada la singularidad de la escalera. Al tratarse de análisis destructivos,
consideramos que el muestreo no debía alterar en modo alguno la estructura. El
objetivo, era obtener muestras de diferentes módulos para determinar la composi-
ción del mortero y su método de fabricación, así como el material identificado en
las juntas que separan los bloques centrales para consolidar la estructura. Por ello,
se han obtenido muestras de los cinco primeros escalones y de diferentes partes de
los mismos aprovechando la unión entre bloques, grietas y lascas tomadas de los
laterales de alguno de los módulos (fig. 10). A pesar de la limitación en la toma de
muestras, los fragmentos obtenidos nos han permitido realizar una serie de consi-
deraciones en torno al proceso de fabricación de estos bloques manufacturados a
partir de un mortero que, hasta la fecha, no ha sido documentado en otros puntos
de la península Ibérica.
La metodología empleada para el estudio ha sido la desarrollada por S. Feneuille
et al. (2016) y Jover et al. (2016), este último para el caso de la Península Ibérica.
La primera fase del estudio ha consistido en una descripción macroscópica a partir
de una lupa estereoscópica Leica M80, con cámara EZ-350 e imágenes adquiridas
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Fig. 10.—Fotografía de la escalera y localización de los puntos donde fueron tomadas las muestras
objeto de análisis (©Construyendo Tarteso).
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mediante el sistema de adquisición de datos Las Interactive Measurement Module
V.4 de Leica. Esta primera observación ha permitido identificar los desgrasantes
empleados o las capas que conforman las muestras, obteniendo una primera apro-
ximación acerca de la técnica empleada para la fabricación de la escalera.
Además, se tomaron dos muestras consolidadas y orientadas, de la esquina de un
sillar de las escaleras y del material entre las juntas de los sillares respectivamente,
con el fin de realizar un análisis petrográfico de las mismas (Karkanas, 2007:776).
Las muestras se impregnaron bajo vacío con resina de poliéster (Palatal P4-01),
estireno monómero y catalizador MEK. Las láminas delgadas fueron analizadas
bajo luz polarizada plana (PPL), polarizada cruzada (XPL) e incidente oblicua
(OIL). Los estándares descriptivos utilizados fueron Karkanas (2007), Macphail y
Goldberg (2010), así como Stoops et al. (2017). Finalmente, las láminas delgadas
fueron escaneadas a c. 43.000 ppp con un software de MWSI (Manual Whole Slide
Image), que adquiere imágenes directamente desde el microscopio (http://www.
microvisioneer.com/) (Gutiérrez-Rodríguez et al., 2018).
La caracterización mineralógica ha sido determinada a partir de difracción de
Rayos X (DRX). Para ello se ha empleado un difractómetro Bruker D8 Advance, con
detector rápido (Lynxeye), radiación Cu Kα (configuración θ-2θ, Δθ=0,04° con 1 s por
paso, 2θ = 5-70°) y en condiciones ambientales mediante polvo (Moore y Reynolds,
1989). Para ello las muestras fueron molidas en mortero de ágata hasta obtener la
granulometría óptima (60µ) y los difractogramas obtenidos fueron comparados con
la base de datos PDF2 del ICDD con el programa XPowder (Martín, 2006) mediante
el método Reference Intensity Ratios normalizado (Chung, 1974; Martín, 2004).
Finalmente, se ha realizado una caracterización microestructural mediante un
Microscopio Electrónico de Barrido de Alta Resolución GEMINI (FESEM) Carl
Zeiss, dotado de una fuente de electrones por emisión de campo tipo Schottky
(cátodo caliente) que permite la obtención de imágenes de alta calidad y resolu-
ción a bajos voltajes de operación y la realización de análisis químicos por EDX
mediante el programa de adquisición de datos de Oxford Instruments.
Resultados
Las muestras se han agrupado en dos conjuntos según los resultados obtenidos
mediante las distintas técnicas analíticas aplicadas. Por un lado, el material de con-
solidación de las juntas (Grupo 1) que muestra una matriz de arcilla identificada
como palygorskita y una gran cantidad de inclusiones de cuarzo heterométrico
como desgrasante; y, por otro lado, las muestras obtenidas directamente de las
escaleras (Grupo 2) con un alto contenido de CaO y fragmentos de piedra caliza
utilizados como aglutinante.
Un primer análisis realizado mediante estereoscopía permite observar cómo
las escaleras muestran diferencias en términos de composición. Por lo tanto, las
muestras TU-M-1, 3 y 6 (Grupo 1 - Material de consolidación en juntas) tienen
una matriz arcillosa con inclusiones de cuarzo (fig. 11a), con una morfología
generalmente redondeada y heterométrica, que oscila entre 0,5 y 2 mm y cuya
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distribución y orientación no responden a un patrón, lo que atribuimos al hecho
de que las materias primas no se amasaban profusamente. De hecho, al observar
la relación entre las inclusiones y la matriz, se observa la presencia de una serie
de poros y estrías que nos permiten inferir que estos bloques se realizaron a partir
de la aplicación de lechadas de mortero que luego se apisonaban para asegurar
su compacidad (fig. 11b). Este grupo incluye la muestra TU-M-3, que difiere en
cierta medida de los demás, con inclusiones identificadas como cuarzo y micas,
con una granulometría más fina de menos de 0,5 mm y que están orientados caó-
ticamente. Como en los casos anteriores, tiene varias capas que son el resultado
de la aplicación de lechadas de mortero apisonadas, aunque en este caso las capas
que hemos podido identificar son más delgadas (fig. 11i).
Las muestras TU-M-2, 4 y 5 (Grupo 2 - Sillares) muestran diferencias de
composición con respecto al material de la junta. Este grupo muestra una matriz
cálcica con pequeños fragmentos de piedra caliza como inclusiones (fig. 11c-e), que
muestran una distribución heterogénea, junto a pequeños aglutinantes (fig. 11f-h).
Fig. 11.—Microfotografías de las diferentes muestras correspondientes al Grupo 1 (A, B y I), material
de consolidación en juntas, y al Grupo 2 (C-H), los sillares. (Las flechas rojas muestran las capas,
las flechas verdes muestran la presencia de nódulos de CaCO3 y las flechas azules muestran los
aglutinantes) (©Construyendo Tarteso).
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Como en el caso anterior, observamos una serie de capas horizontales que fueron
generadas por la aplicación continua de lechadas de mortero (fig. 11g).
En cuanto al análisis petrográfico, la muestra TU-M-6 (Grupo 1 - Material de
consolidación en juntas) 2 está compuesta por una arena de cuarzo moderadamente
clasificada con arcillas con un patrón fibroso y paralelo como material fino. La
fracción mineral gruesa se compone de cuarzo subangular a subredondeado y con
tamaños limo a arena (50%); cuarcita redondeada tamaño arena (10%); microclina
subredondeada tamaño arena (5%) y moscovita de tamaño limo a arena (2%).
La fracción mineral fina contiene arcillas y tiene una distribución relacionada
de materiales gruesos-finos de tipo quitónica (fig. 12a). Esta muestra contiene
poros de cámaras y microestructura de masiva a pelicular y de cámara, así como
un tejido-b granoestriado. La orientación de la arcilla muestra películas en torno
a los granos minerales, especialmente visible en aquellos más gruesos (fig. 12a).
Por el contrario, la muestra TU-M-5 (Grupo 2 - Sillares) 3 tiene diferencias
significativas tanto en términos de composición como de estructura. Esta muestra
tiene un cemento de carbonato cálcico masivo, mientras que la fracción mineral
gruesa se compone de cuarzo subangular de tamaño de limo (5%) y fragmentos
de caliza micrítica (20%). La fracción mineral fina contiene carbonato de calcio
y tiene una distribución relacionada de materiales gruesos-finos de tipo mónico.
El cemento de carbonato tiene una porosidad compleja compuesta de vesículas,
fisuras y cámaras. Al mismo tiempo, tiene una pedalidad débilmente desarrollada,
mostrando agregados en bloques subangulares no acomodados.
El análisis XRD ha demostrado similitudes y diferencias mineralógicas entre
los dos grupos identificados. Todas las muestras analizadas presentan algunas fases
cristalinas que son comunes a ambos grupos, como el cuarzo o la mica moscovita,
aunque en diferentes cantidades (fig. 13), variaciones que se corresponden con los
dos grupos definidos en el muestreo y las observaciones binoculares y petrográ-
ficas realizadas. Por lo tanto, las muestras TU-M-1, 3 y 6 (Grupo 1 - Material de
consolidación en juntas) se caracterizan por bajas concentraciones de filosilicatos,
definidos como palygorskita (3%) y moscovita (4%). Además, el cuarzo es la fase
cristalina más abundante (81%). Del grupo de feldespatos sólo se han identificado
dos tipos, feldespato potásico (6’60%) y plagioclasa sódica (3’60%). Por otro lado,
este grupo se define por la ausencia de CaCO3 (fig. 13; tabla 1).
El segundo se compone por las muestras TU-M-2, 4 y 5 (Grupo 2 - Sillares).
Una vez más, estos se caracterizan por contener valores bajos de filosilicatos,
definidos como clorita (1%) y moscovita (4%). Los valores de cuarzo son mucho
más bajos que el grupo anterior (10%), al igual que ocurre con el feldespato potá-
sico (2%) y la plagioclasa sódica (1%), siendo la fase cristalina más abundante el
CaCO3 (77%) (fig. 13; tabla1).
2. Haga clic aquí para visualizar un escaneo dinámico de alta resolución de la lámina delgada
en PPL: https://goo.gl/PhXXMY y XPL: https://goo.gl/5YfpAu
3. Haga clic aquí para visualizar un escaneo dinámico de alta resolución de la lámina delgada
en PPL: https://goo.gl/6jRb1Y y XPL: https://goo.gl/o45nfC
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Fig. 12.—Análisis petrográfico. A) Muestra TU-M-6 (Grupo 1-Material de juntas): arena de cuarzo
moderadamente clasificada con arcillas con un patrón fibroso y paralelo como material fino. B-E)
Muestra TU-M-5 (Grupo 2-Sillares). B) Fragmento de piedra caliza con límites difusos con el cemento
de cal, como resultado de una calcinación incompleta y la reacción entre el temple y el aglutinante
(flechas naranjas). C) Huecos planares desarrollados durante la fragua del mortero (flechas rojas),
proceso que dio lugar a un sistema de fracturas por contracción levemente desarrollado en la matriz.
Además, anillos incoloros o de color beige claro con muy bajo relieve y casi ópticamente isotrópicos
en torno a poros (flecha naranja) son indicativos de cal viva parcialmente reaccionada. D) La porosidad
de este material está además compuesta por vesículas, indicativas de aire atrapado durante la descarga
de lechadas sobre el molde (flecha naranja), así como cámaras con bordes curvilíneos y globulares,
atribuibles a la cristalización de la cal apagada coloidal hidratada (flecha roja).Los grumos de cal de
color beige claro con muy bajo relieve y casi ópticamente isotrópicos en torno a poros (flecha verde)
son muy comunes e indicativos de cal viva parcialmente reaccionada. E) la distribución horizontal
de componentes gruesos es indicativa del proceso de compactación de las distintas lechadas de agua,
cal viva y lechadas de árido en el molde de madera (flechas naranjas). (©Construyendo Tarteso).
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TABLA 1
RESULTADOS SEMICUANTITATIVOS OBTENIDOS POR DIFRACCIÓN DE RAYOS X DE LAS
DIFERENTES MUESTRAS DE MORTERO DE CASAS DEL TURUÑUELO
(GUAREÑA, BADAJOZ, ESPAÑA). Chl = Clorito; Plg = Paligorskita; Ms = Moscovita; Qz =
Cuarzo; Mc = Microclina; Ab = Albita; Cal = Calcita. (©Construyendo Tarteso)
Muestra Grupo
Min
Chl Plg Ms Qz Mc Ab Cal
TU-M-1 1 0 4’10 6’00 79’70 6’60 3’60 0
TU-M-2 24’90 5’90 3’40 11’90 8’20 5’00 60’60
TU-M-3 1 0 5’20 3’80 77’80 6’40 6’70 0
TU-M-4 2 0 0 5’20 10’30 0 0 84’50
TU-M-5 2 0 0 5’00 7’80 0 0 87’20
TU-M-6 1 0 3’30 3’70 86’10 3’60 3’40 0
Fig. 13.—Difractogramas representativos de los Grupos 1 y 2 a partir de las muestras obtenidas de la
escalera de Casas del Turuñuelo (Guareña, Badajoz, España) (Plg = Palygorskita; Ms = Moscovita;
Qz = Cuarzo; Mc = Microclina; Ab = Albita; Cal = Carbonato Cálcico). (©Construyendo Tarteso).
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Por su parte, el estudio microestructural realizado mediante SEM ha permitido
observar los diferentes componentes de los morteros según se corresponden a uno
u otro grupo. Por lo tanto, en las muestras asignadas al primer grupo, se ha obser-
vado la alta presencia de arcilla de palygorskita, un aluminosilicato de magnesio
hidroxilado e hidratado, que se definió a partir de su estructura fibrosa (Fernández
et al., 1999) (fig. 14a-b). Este mineral ha tenido varios usos tradicionales, junto
con la sepiolita, como agente antiaglomerante, absorbente de suelos industriales,
rellenos o como absorbente ambiental (Murray 1995, 2000). A nivel textural,
se puede ver cómo las inclusiones, generalmente identificadas como cuarzo y
pequeñas micas, están perfectamente embutidas en la matriz arcillosa, lo que nos
lleva a creer que formaban parte de las materias primas que componen el mortero,
además del consecuente amasado de esas materias primas. En este sentido y con
respecto al origen geográfico de las materias primas, se ha destacado la presencia
de depósitos de palygorskita en la cuenca alta y media del río Guadiana (Pozo y
Martín, 1989; Galán et al., 1994) que, por otro lado, sugieren la recolección local
de estos recursos abióticos para su uso en la construcción de la escalera de Casas
del Turuñuelo.
En cambio, las muestras TU-M-2, 4 y 5 tienen una estructura diferente, como
se indica sobre la base de los datos obtenidos de los análisis anteriores (fig. 14c-
d), pues presentan una matriz rica en CaO con inclusiones más pequeñas. En este
sentido, la estructura de estas muestras y la naturaleza de los bloques de los que
fueron tomadas nos han llevado a proponer un origen antrópico, obtenido a partir
de rocas calizas (Goren y Goldberg, 1991).
DISCUSIÓN
Caracterización de las materias primas y cadena técnico-operativa
Este estudio muestra dos poblaciones diferentes en las muestras de las esca-
leras de Turuñuelo, con diferencias significativas composicionales, mineralógicas
y tecnológicas. Como se muestra en el análisis estereoscópico y petrográfico,
las muestras TU-M-1, 3 y 6 pueden identificarse como arenas de cuarzo con una
matriz arcillosa. El análisis de DRX permite identificar la fracción de arcilla con
palygorskita, un filosilicato de aluminio hidroxilado fibroso. En este sentido, se
ha identificado la palygorskita en diferentes lugares de la cuenca del Guadiana, lo
que sugiere un origen local (Pozo y Martín, 1989; Galán et al., 1994). Esta arcilla,
la fracción fina de estas muestras, se utilizó como material de cementación de la
arena de cuarzo. Teniendo en cuenta que estas arcillas son muy homogéneas y
que la fracción mineral está casi compuesta de cuarzo, podemos interpretar que
la selección y el tratamiento de la materia prima fueron muy meticulosos. Quizá,
y a falta de muestras de referencia de depósitos arcillosos del área de estudio, la
microestructura pelicular alrededor de los granos de cuarzo tan característica pudo
formarse por la mezcla de arcilla con arena y agua de cuarzo. Este material arenoso
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Fig. 14.—Microfotografías y espectros EDX obtenidos, usando el microscopio electrónico de barrido
del Grupo 1 en el que se pueden ver las fibras de la palygorskita en las muestras TU-M-1 (A)y TU-M-6
(B); y microfotragrías de la muestra TU-M-4 (C-D) del Grupo 2 en las que se observa el alto contenido
de Ca. (©Construyendo Tarteso).
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para las juntas contribuyó a la mejora de la resistencia mecánica de la estructura de
la escalera. Además, el análisis estereoscópico muestra capas, reflejo del proceso
técnico de realización.
La segunda población está compuesta por muestras TU-M-2, 4 y 5, correspon-
diente con los bloques calcáreos de la escalera. Los diferentes análisis reflejan cómo
estos bloques están realizados empleando mortero de cal. Composicionalmente,
el análisis de XRD muestra un gran contenido en Ca. Este cemento se mezcla con
un árido de fragmentos de piedra caliza de tamaño arena, agregados para mejorar
la resistencia mecánica de los bloques. La proporción de cemento/aglutinantes
es 60-40%. Con respecto a esta segunda población, la mayoría de los enlucidos
y morteros prehistóricos y protohistóricos consisten en cantidades muy pequeñas
de cal y caliza quemada mezclada con debris de materiales antropogénicos, tierra
y sedimentos (Karkanas, 2007:775). Sin embargo, el mortero identificado en El
Turuñuelo es muy homogéneo e incorpora únicamente cal y minerales, lo que
implica una selección cuidadosa de las materias primas empleadas, con el objetivo
de realizar una mezcla específica.
Sin embargo, el origen litológico de los materiales carbonatados empleados
en la producción de cal es difícil de evaluar por el momento, ya que las litologías
de piedra caliza no son comunes en el entorno circundante del Turuñuelo. En este
sentido, y como destacamos en la sección de entorno geográfico y geológico de
este trabajo, las litologías calizas solo están presentes en las calizas recristaliza-
das Ordovícico-Silúricas al norte del sitio, así como en costras carbonatadas tipo
caliche al sur del Turuñuelo. Dada la escasez de los materiales carbonatados en el
área, no se puede descartar la posibilidad de una captación de recursos a media y
larga distancia.
A pesar de ello, el material muestra características muy concretas que podemos
relacionar con gestos técnicos muy concretos y puede decodificarse el modo en
que los bloques se produjeron. Así, como resultado de la calcinación incompleta
y la reacción entre el temple y el aglutinante, se formaron dos rasgos específicos
visibles mediante petrografía. Por un lado, los fragmentos de piedra caliza a veces
muestran un límite difuso con el cemento de cal (fig. 12b). Según Gourdin y Kingery
(1975), estos son fragmentos de piedra caliza quemada de forma incompleta, con
bordes transformados en cal viva. Esta característica ha sido observada en caliza
calcinada y yeso de cal preparados experimentalmente (Karkanas, 2007; Goren y
Goring-Morris, 2008). Por otro, las láminas de las escaleras del Turuñuelo muestran
fisuras internas en los fragmentos de roca caliza debido a una combustión incompleta
(fig. 12c) (Canti, 2017). Al mismo tiempo, este material muestra rasgos propios
de la cal viva parcialmente reaccionada, como grumos de cal, y zonas incoloras y
de color beige claro con muy bajo relieve y casi ópticamente isotrópicas (fig. 12c-
d) (Karkanas, 2007). De acuerdo con estudios experimentales, los grumos de cal
pueden ser atribuibles a una baja cantidad de agua utilizada (escaso apagamiento)
y a la mezcla cruda con el aglutinante mineral (Karkanas, 2007:781). De todas
estas características, podemos concluir que el proceso de combustión de la roca
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caliza no fue homogéneo, y resultó en una cal viva mal reaccionada, así como con
una mezcla insuficiente.
En cuanto a otros gestos técnicos, la presencia de un cemento de cal homo-
géneo y denso, así como la distribución horizontal de componentes gruesos y la
observación frecuente de vesículas, son indicativos de la descarga de agua, cal viva
y lechadas de árido en un molde de madera y de una posterior compactación (fig.
12e). Este proceso favoreció la aparición de vesículas, debido al aire atrapado en
el proceso de compactado (fig. 12d). Finalmente, esta muestra se caracteriza por
la presencia de un sistema de fracturas por contracción levemente desarrollado en
la matriz. En este sentido, la porosidad está compuesta de huecos planares y es
indicativa de la contracción del cemento de cal al secarse (fig. 12c). Además, este
material muestra cámaras con bordes curvilíneos y globulares, que pueden atri-
buirse a la cristalización de la cal apagada coloidal hidratada (fig. 12d) (Karkanas,
2007:785-786).
Una vez fraguado el material en los moldes, habrían sido extraídos de los mismos
y cortados según las necesidades (Celestino y Rodríguez González, 2019:353), lo que
ha supuesto que las medidas de los sillares varíen ligeramente unos respecto a otros.
Este trabajo de reducción de dimensiones y trabajado de superficies es visible en la
diversidad de tamaños que presentan los sillares, así como en las marcas técnicas
presentes en sus diferentes caras, respectivamente. Estos cortes pudieron suponer
probablemente variaciones en la regularidad de los bloques, fundamentalmente en
la base, donde hubo que aplicarse —como en las juntas de los sillares del centro
de la estructura— el material arcilloso que configura el grupo 1 junto a pequeños
calzos de pizarra cuyo fin es dotar a la escalera de una mayor solidez y resistencia
mecánica al paso del tiempo, además de la consecuente nivelación que con ello se
pretende. Como hemos señalado, estas pizarras pudieron fácilmente obtenerse a los
pies de la cara sur de la cercana Sierra de Yelbes (Dorado et al., 2017) o al norte del
río Búrdalo, concretamente a 8 km del yacimiento, en un área actualmente seccio-
nada por el paso del canal de riego de Orellana (Celestino y Rodríguez González,
2019:352), donde se han localizado dos importantes afloramientos.
El estudio de la cadena técnico-operativa fruto de la cual se produjeron estos
sillares de mortero está lejos de estar concluido, constituyendo una línea de trabajo
futura muy prometedora. En este sentido, el estudio de las marcas técnicas presentes
en las superficies de los sillares, así como una caracterización de las áreas fuente
del material empleado para estos morteros son algunas de las líneas de futuro para
la caracterización de esta estructura tan monumental y excepcional.
El empleo de la cal como material constructivo
La cal es un material versátil empleado como conglomerante en la construcción
de distintos tipos de fábrica, dado que favorece el agarre o unión entre los diferentes
materiales empleados y aporta resistencia y protección frente a la humedad. Por esa
razón, el mortero de cal fue utilizado para la fabricación tanto de estructuras como
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para el revestimiento de paramentos y pavimentos desde la Antigüedad (Alejandre,
1998; Álvarez et al., 1995).
Sin embargo, la polémica sigue girando en torno a la fecha de su descubri-
miento y el proceso por el cual se obtuvo el primer mortero de cal, pues, aunque
se ha detectado la presencia de hornos, todavía se desconoce la técnica empleada
para la obtención de la misma (Álvarez et al., 1995:52). Las primeras evidencias
proceden del área de la actual Turquía, concretamente del yacimiento Neolítico de
Çatalhöyük, en Anatolia, a la que se suman enclaves como Jericó u otros asenta-
mientos del Mediterráneo Oriental (Ortega, 1993), de donde se considera que pro-
ceden los primeros vestigios del uso de cal como material constructivo (Alejandre,
1998:79); sin embargo, el uso dado a la cal en estos enclaves orientales difiere del
empleado en la fabricación de los bloques de la escalera de Casas del Turuñuelo.
De ese modo, los ejemplos documentados hacen referencia a la confección de
enlucidos y decoraciones murales o pavimentos, así como al empleo del mortero
de cal como aglutinante que favorece la adhesión de materiales, caso de su uso en
las fábricas de ladrillo, pero difiere mucho de la fabricación de auténticos bloques
cuya técnica, acabado y finalidad se acercan más a las posteriores producciones
de opus caementicium romano.
El uso generalizado de la cal en la Península Ibérica como elemento construc-
tivo siempre ha sido atribuido a la llegada de los colonizadores fenicios (s. IX a.C.)
dado que se trata de un elemento empleado en las tareas de copelación de la plata
(Díes, 2001:94); sin embargo, esta hipótesis ha sido recientemente puesta en duda
tras considerar el posible uso de la cal como elemento constructivo, principalmente
como revestimiento de enlucidos y pavimentos, en momentos avanzados del III
Milenio a.C. en el área del levante peninsular (Jover et al., 2016:13).
A pesar de ello, determinar el uso de la cal en yacimientos arqueológicos resulta
una tarea compleja (Karkanas, 2007), pues es difícil diferenciar procesos de trans-
formación y fabricación de cal viva de muestras de calcita natural (Affonso, 1996).
Tradicionalmente se ha aludido a la complejidad de elaborar la cal para justificar
su tardía aparición (Ferrer, 2010:277), pues se requiere de abundante mano de obra
para preparar la piedra caliza, así como de madera y de la presencia de hornos para
someter el mineral a altas temperaturas durante un tiempo prolongado. Sin embargo,
recientes trabajos experimentales ponen en duda esta complejidad en el método
proponiendo la posibilidad de producir cal fácilmente a partir del calentamiento,
a no más de 800° durante algunas horas, de material calcáreo blando (Karkanas,
2007:794). Este completo estudio petrológico ha permitido demostrar cómo ya en
la prehistoria griega la cal era un elemento constructivo utilizado habitualmente.
Dentro de la región geográfica que comprende el suroeste peninsular, no
existen abundantes trabajos que aborden el análisis de morteros procedentes de
asentamientos de la prehistoria y la protohistoria (Ferrer, 2010; Haro, 2012; Jover
et al., 2016), al igual que tampoco existen baterías de análisis que permitan rea-
lizar una síntesis sobre el uso de la cal como material constructivo, y por ende
comparar los resultados con los obtenidos en los bloques que componen la esca-
lera de Casas del Turuñuelo. Así mismo, debemos tener en cuenta que los análisis
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realizados a posibles muestras de cal, tanto en yacimientos de la prehistoria como
de la protohistoria peninsular, proceden generalmente de enlucidos de paredes o
restos de pavimentos donde la cantidad y la calidad del material conservado no
se acerca a la naturaleza de los restos documentados en la escalera del Turuñuelo
que aquí se presentan.
Sin embargo, el blanco es un color habitual dentro de las decoraciones detec-
tadas en los yacimientos adscritos a la cultura tartésica, lo que no quiere decir
que su procedencia derive de la producción antrópica de cal. Si nos centramos en
los restos documentados en el valle del Guadiana durante época tartésica, región
a la que pertenece el yacimiento objeto de estudio, tanto el edificio de La Mata
(Campanario, Badajoz) como el de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz),
presentan restos de decoración blanca en las paredes de sus estancias.
Los resultados de los análisis realizados a los enlucidos de Cancho Roano nunca
han sido publicados; sin embargo, existen referencias en las que se alude al uso de
caolín, concretamente de pirofilita, para decorar las paredes (Celestino, 2001:72).
En lo que respecta al yacimiento de La Mata, se presentaron los resultados de varios
análisis realizados a revestimientos blancos. Al igual que en el caso de Cancho
Roano, los resultados mostraron el uso de caolinita como mineral principal en la
mezcla empleada para enlucir las paredes de las estancias. Así mismo, se enfatiza
para este caso que “no parece haber sido utilizada la cal para dar consistencia a
la mezcla de arcillas —caolín e illita— que constituye en lo esencial el enlucido”
(Ponce de León, 2004:331).
Con estos datos, parece que, hasta el momento, solo el yacimiento de Casas
del Turuñuelo presenta evidencias del uso de la cal para la producción de sillares.
De hecho, los resultados obtenidos en los análisis del mortero de la escalera no
constituyen un caso aislado, sino que la cal también está presente en el revestimiento
de las paredes, en la pileta semicircular de la estancia 100, rellena a su vez con
nódulos de cal y arena o en la bañera ubicada en la misma estancia (Rodríguez y
Celestino, 2017).
Por último, un aspecto que debe ser tenido en cuenta para el procesado de la cal
es la presencia de hornos que permitan su fabricación. La existencia de un espacio
destinado a las actividades de producción y el artesanado en el entorno del edificio
de Casas del Turuñuelo ya ha sido planteada con anterioridad (Rodríguez y Celes-
tino, 2017:198), dado que no solamente afecta a la producción de cal, sino que el
yacimiento cuenta con una gran cantidad de material cerámico cuyas analíticas han
demostrado su fabricación con arcillas del entorno del yacimiento, así como la gran
cantidad de ladrillos y adobes producidos para la construcción del edificio, lo que
supone la existencia de áreas destinadas a este tipo de actividades y, por supuesto,
la presencia de varios hornos dedicados a tal fin; sin embargo, las alteraciones que
el entorno del yacimiento ha sufrido tras su adaptación al cultivo de regadío y el
añadido de tierras procedentes de otros puntos, complica sobremanera la localización
de estas áreas artesanales que sin duda atesoran una importante información sobre
los procesos de producción y los sistemas económicos y comerciales desarrollados
en los enclaves definidos como edificios tartésicos ocultos bajo túmulo.
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CONCLUSIONES
El excepcional estado de conservación que presenta el yacimiento de Casas
del Turuñuelo ha permitido que lleguen hasta nuestros días soluciones arquitectó-
nicas nunca antes documentadas en un yacimiento de la Protohistoria peninsular.
Así, el esmero puesto por los moradores del yacimiento en la cubrición y oculta-
miento del edificio ha favorecido la perpetuación de estructuras cuya existencia
no se había planteado con anterioridad ante la falta de evidencias arqueológicas
que permitiesen valorar la posible existencia de técnicas constructivas de cierta
complejidad estructural. De ese modo, es posible que muchos otros yacimientos
del ámbito tartésico contasen con este tipo de soluciones arquitectónicas, pero
que el estado en el que el yacimiento ha llegado a nuestros días no haya permitido
considerar su existencia.
El yacimiento de Casas del Turuñuelo supone una excepción y nos permite mirar
a la cultura tartésica desde una perspectiva arquitectónica, como si se tratase de un
elemento más de su cultura material. Igual que hasta la fecha hemos estudiado y
admirado su orfebrería, su toréutica o su eboraria, por vez primera podemos abor-
dar el análisis de Tarteso a partir de su evidencia arquitectónica, analizada como
un producto social más, reflejo de la comunidad que la piensa y la ejecuta. Así
mismo, la arquitectura constituye una pieza excepcional para analizar el impacto
y la asimilación del influjo oriental que dio como resultado a Tarteso, al mismo
tiempo que se valora la permeabilidad de la población local que habitaba estos
territorios ante la disposición a asimilar nuevas tradiciones; una influencia que va
más allá del elemento mueble.
Posiblemente la escalera de Casas del Turuñuelo sea el mejor ejemplo de la
capacidad social de los habitantes del entorno, pues constituye un elemento de
propaganda excepcional. Sus grandes dimensiones hacen que su función real,
como comunicante entre el patio y la primera planta, pasen a un segundo plano,
convirtiéndose en toda una tribuna que refleja la capacidad política del personaje
o personajes que ostentasen el control de este enclave, una cuestión que, por otra
parte, todavía nos resulta desconocida, pues hasta que no finalicen los trabajos de
excavación del túmulo resulta complejo definir la estructura social por la que se
regía el edificio. Un claro reflejo del papel que la escalera juega como elemento de
propaganda es la disposición, a los pies de la misma, de un conjunto de objetos de
importación griega, el más destacado del yacimiento hasta el momento, y un sacri-
ficio de animales que hemos caracterizado como una auténtica hecatombe resultado
del ritual mediante el cual se puso fin a la vida del edificio, elementos que enfatizan
la importancia que este espacio debió desempeñar en la articulación del territorio.
Uno de los aspectos por los que destaca la escalera del patio del Turuñuelo,
además de por sus dimensiones, es por la técnica empleada en su fabricación y el
dominio técnico que requiere su cálculo. El empleo de dos materiales bien podría
quedar explicado ante la posible existencia de dos fases constructivas, un hecho
que el estudio de los paramentos del patio nos permitirá determinar. El uso de la
pizarra no es un acto aislado dentro de la arquitectura de la protohistoria peninsular,
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pues existen múltiples ejemplos del uso de este material, siendo el suelo o pavimento
que une el final de la escalera con el acceso al patio en su cara este el ejemplo más
claro de ello. Por esa razón, nuestro interés se centra en los seis peldaños inferiores,
fabricados a partir de bloques de mortero de cal que bien han sabido sobrevivir
inalterados al paso del tiempo.
El empleo de la cal en el yacimiento de Casas del Turuñuelo (Guareña, Bada-
joz) no es un procedimiento aislado, como así lo demuestra la presencia de este
material en diversas construcciones del edificio, caso de la pileta semicircular de
la estancia 100, la bañera o los bloques que conforman la escalera; sin embargo, sí
parece tratarse de un hecho aislado su uso para la fabricación de sillares, tanto en
la Península Ibérica como en el resto del Mediterráneo, donde por el momento no
existen evidencias similares, pues su empleo como material constructivo se limita
a la composición de pavimentos o al revestimiento de los muros.
Así mismo, resulta especialmente llamativo el hecho de que este material no
se emplee en otros enclaves localizados en el Guadiana Medio que participan del
mismo horizonte cultural y presentan la misma cronología que el yacimiento de
Casas del Turuñuelo, caso de Cancho Roano o La Mata, yacimientos excavados
en extensión. Esta situación lleva a considerar el hallazgo del Turuñuelo como un
caso aislado dentro de la Protohistoria peninsular, que nos lleva a suponer la exis-
tencia de una mano de obra especializada, o quizás la presencia de un arquitecto
o ingeniero, cuya capacidad técnica permitió la aplicación de técnicas construc-
tivas nunca antes detectadas en yacimientos peninsulares, pues a la presencia de
la escalera se suma la existencia de una solución abovedada para la cubrición de
la estancia 100 del edificio, hasta la fecha un ejemplo único también dentro de la
Arquitectura protohistórica del Mediterráneo Occidental.
La fabricación de los bloques supone, por un lado, un dominio de los recursos
naturales del entorno y la capacidad de seleccionar las materias primas adecuadas
para la fabricación de los bloques; mientras que, por otro lado, requiere de un
dominio técnico de los materiales y de sus propiedades, un control que única-
mente se adquiere con el ensayo (acierto/error); un procedimiento que bien pudo
llevar a la creación del mortero de cal documentado en el yacimiento de Casas del
Turuñuelo, cuya utilidad, estabilidad y dureza llevó a que fuese empleado como
solución arquitectónica en múltiples escenarios.
En definitiva, las escaleras descubiertas en el yacimiento de Casas del Turuñuelo
constituyen hasta la fecha un ejemplo único dentro de la Protohistoria peninsular,
tanto a nivel arquitectónico y tecnológico, como material. Así mismo, los análisis
arqueométricos practicados en los bloques que componen los escalones inferiores
de la misma permiten determinar que nos encontramos ante la primera evidencia
de fabricación de un mortero de cal de forma antrópica para la realización de silla-
res, un proceso cuya expansión por el Mediterráneo había sido tradicionalmente
atribuida al mundo romano. Este hallazgo, al que podemos sumar otros ejemplos
arquitectónicos dentro del yacimiento, o el simple hecho de que la edificación
mantenga en pie sus dos plantas constructivas, inaugura un nuevo capítulo dentro
de la Historia de la Arquitectura.
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Agradecimientos
Este trabajo se inserta dentro del proyecto de investigación del Plan Estatal
de Investigación I+D “Construyendo Tarteso. Análisis constructivo, espacial y
territorial de un modelo arquitectónico en el valle medio del Guadiana” (HAR2015-
63788-P). Asimismo, reiteramos nuestro agradecimiento a la Dra. Marzoli y al Dr.
Schubart por poner a nuestra disposición toda la documentación de las excavacio-
nes desarrolladas en los años 1967 y 1971 en el yacimiento de Toscanos, que hoy
nos permite presentar una planimetría actualizada de la escalera allí documentada
que sin duda es de gran valor para un trabajo de estas características. También
agradecemos al equipo de arqueólogos de la empresa G.I.R.H.A, S. C. por poner
a nuestra disposición la documentación correspondiente a las memorias de exca-
vación de la Intervención Preventiva llevada a cabo en los solares 7 y 9 de la calle
Palacios de Huelva.
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Se presentan los primeros resultados de las excavaciones del patio del edificio de época tartésica de Casas del Turuñuelo (Guareña, Badajoz), resultado de las excavaciones llevadas a cabo en los años 2017 y 2018. En este trabajo se analiza tanto su arquitectura como las técnicas constructivas empleadas para conformar este espacio, donde destaca especialmente la presencia de una escalera monumental que salva la distancia entre las dos plantas conservadas del edificio; así mismo, se dan a conocer los materiales de importación mediterránea documentados en este ámbito. Por último, se ofrecen los primeros datos acerca de la hecatombe de animales documentada sobre el suelo del patio, dentro de la cual destaca la figura del caballo. Estos hallazgos convierten al yacimiento de Casas del Turuñuelo en un ejemplo único para abordar el estudio de los últimos momentos de la cultura tartésica en el valle medio del Guadiana, a finales del siglo V ane.
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En el año 2016, durante la II Campaña de excavaciones en el yacimiento de Casas del Turuñuelo, se procedió a la excavación del vestíbulo y la estancia S-1, comúnmente conocida como estancia del banquete. En este trabajo se analizan los hallazgos materiales y las estructuras arquitectónicas de este espacio, a través de cuyo estudio hemos podido determinar la funcionalidad de la estancia, diferenciando la existencia de dos actividades distintas pero continuas en el tiempo: la preparación y cocinado de los alimentos y su posterior consumo. Esto nos ha permitido reconstruir la secuencia completa y los elementos empleados en cada una de las fases del banquete celebradas en esta habitación.
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se presentan en este trabajo los resultados obtenidos durante la excavación de la estancia 100 del yacimiento de ‘Casas del Turuñuelo’ (Guareña). Para ello realizamos un recorrido a través de su arquitectura y de los elementos materiales documentados durante las excavaciones. A partir de su análisis planteamos una primera lectura del espacio, donde incluimos su funcionalidad y comparativa con otros ejemplos documentados tanto en el núcleo de Tarteso como en su periferia geográfica, el valle medio del Guadiana.
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Geoarchaeology, as a significant discipline within archaeology and the geosciences, operates at many different scales and encompasses several analytical methods and techniques, including what we highlight here: (ar- chaeological) soil micromorphology. Communication practices of micromorphological researchers have not evolved significantly or, at least, at the same rate as archaeology as a whole, which has recently experienced an explosion of technological applications related to documentation. This paper aims to explore and illustrate a new methodological proposal for thin section digitalization and for the presentation of micromorphological data in scientific articles. We started from a premise: micromorphology should be a discipline based on images, since they provide the essential data of micromorphological observation and inference. The proposal combines ex- isting tools and techniques, as well as those from other disciplines, to increase the standard quality of images used in scientific publications and produce dynamic and contextualized illustrations of research results in mi- cromorphology. The final goal of the workflow is to provide keys and tools that allow researchers, as producers of information, to present their data in a more effective, contextualized and informative way as article enrichments or linked illustrations in their papers. To illustrate the procedure, we use two samples from different archae- ological contexts: the Palaeolithic site of Roc de Marsal (France) and the Roman city of Baelo Claudia (Spain). The benefits of this proposal are multiple: a) access and objectivity to raw research data, b) improvement in the interaction among micromorphologists, c) spreading of the informative potential of micromorphology to the research community, and, finally, d) making the reader an active participant in the information. Although there are different eligible ways of image scanning and data sharing, the combination of gigapixel thin sections and article enrichments define a step forward in communicating research results and sharing raw data, an oppor- tunity that should be fostered and not be missed.
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Este trabajo reúne los resultados obtenidos del estudio del territorio realizado en el entorno del yacimiento de ’Casas del Turuñuelo’ (Guareña, Badajoz) para localizar las áreas de captación de los recursos empleados en la construcción del edificio.