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Un diálogo fructífero entre teoría de sistemas y fenomenología: la propuesta teórico-empírica del sistema vivienda

Abstract and Figures

A finales del siglo 20 se desarrolló en Chile una perspectiva teórico-metodológica–donde confluyen la teoría de sistemas y la fenomenología–para comprender e investigar el hábitat residencial. Proponemos que la teoría de sistemas contribuyó con la semántica sistema-entorno a la definición de los niveles y dimensiones del sistema vivienda (también sistema o hábitat residenciales) en la propuesta desarrollada por Instituto de la Vivienda de la Universidad de Chile. Dicha propuesta mantuvo una apertura conceptual a la noción de ‘lugar’, la cual es una referencia clave en la teoría de la arquitectura. Este artículo concluye describiendolas bases teóricas de la noción experiencia del habitar la vivienda y destacando su compatibilidad con la teoría de sistemas.
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MAD 42 (2020): 4555
DOI: 10.5354/0719-0527.2020.59350
© CC BY-NC 3.0 CL
Un diálogo fructífero entre teoría de sistemas y fenomenología:
la propuesta teórico-empírica del sistema vivienda
A fructiferous dialogue between systems theory and phenomenology: the theorical and
empirical proposal of the housing system
Fernando Campos-Medina
Departamento de Sociología, Universidad de Chile.
Iván Ojeda
Departamento de Sociología, Universidad de Chile.
RESUMEN: A finales del siglo 20 se desarrolló en Chile
una perspectiva teórico-metodológica donde
confluyen la teoría de sistemas y la fenomenología
para comprender e investigar el hábitat residencial.
Proponemos que la teoría de sistemas contribuyó con
la semántica sistema-entorno a la definición de los
niveles y dimensiones del sistema vivienda (también
sistema o hábitat residenciales) en la propuesta
desarrollada por Instituto de la Vivienda de la
Universidad de Chile. Dicha propuesta mantuvo una
apertura conceptual a la noción de lugar, la cual es
una referencia clave en la teoría de la arquitectura. Este
artículo concluye describiendo las bases teóricas de la
noción experiencia del habitar la vivienda y
destacando su compatibilidad con la teoría de
sistemas.
ABSTRACT: At the end of 20th century was developed
a theoretical-methodological perspective in Chile
where systems theory and phenomenology converge
to conceptualize and research residential habitats. We
propose that systems theory contributed with the
system/environment semantics to the definition of
levels and dimensions of the so-called housing system
(i.e. residentials or habitats systems) in the proposal
developed by the Instituto de la Vivienda of the
Universidad de Chile. This proposal was conceptually
opened to the notion of ‘place, which is a key
reference to the architecture theory. This article
concludes by describing the theoretical basis of the
notion of experience of inhabiting houses and
highlighting its compatibility with systems theory.
PALABRAS CLAVE: sistema vivienda; semántica
sistema/entorno; sentido; lugar; experiencia del
habitar
KEYWORDS: housing system; system/environment
semantics; meaning; place; inhabiting experience
INTRODUCCIÓN
Para evaluar la calidad de una vivienda es fundamen-
tal conocer la experiencia que tienen las personas que
habitan en ella. A pesar de ser obvia, esta proposición
no siempre ha sido evidente para las políticas habita-
cionales chilenas. Durante los años 1980 y 1990 la ca-
lidad habitacional apareció vinculada al cumpli-
miento de estándares constructivos, en directa rela-
ción con el predominio de la semántica económica
descrita por Azocar (2016). En palabras sencillas, la
1
A pesar de que concordamos con Azocar (2016) respecto a la ocu-
rrencia de una transformación desde una semántica económica ha-
cia una perspectiva de inclusión socio-urbana, diferimos en su no-
ción temporal del fenómeno. En tanto, a pesar de que desde los
finalidad de esas evaluaciones fue asegurar que los re-
cursos asignados a cada unidad habitacional siempre
escasos se gastaran, precisamente, en lo que la nor-
mativa indica. Por ejemplo, en cuanto a la materiali-
dad de los muros, estos deben ser construidos con-
forme a lo especificado en la normativa, sin utilizar
materiales de menor calidad o formas constructivas
deficientes.
A fines de la década de los 1990
1
se hizo evi-
dente que los mecanismos de evaluación y control
desplegados durante el período de la semántica
1990 se comienzan a esbozar críticas a la semántica económica, no
será hasta los años 2000 en que los programas de política pública
territoriales transfieren la hegemonía teórica hacia el foco de inte-
gración socio-urbana. Para más información ver Pelli (1997).
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Fernando Campos-Medina e Iván Ojeda
económica fueron insuficientes para evaluar la cali-
dad de vida de las personas en las viviendas y la capa-
cidad de inclusión socio-urbana de la política habita-
cional. Lo que aquí se destaca es la insuficiencia y no
la total inadecuación de este tipo de evaluaciones. Por
ejemplo: para todos es fácil reconocer que una vi-
vienda adecuada requiere de muros sólidos y aislan-
tes, pero es igual de sencillo reconocer que unos bue-
nos muros no bastan para asegurar una vivienda ade-
cuada. En términos abstractos, los criterios de calidad
constructiva son condición necesaria pero no sufi-
ciente para identificar la calidad de una vivienda.
Al enfocarnos en el momento histórico en que
se da el traspaso desde la semántica económica a la
semántica de la integración socio-urbana (Azocar
2016), es posible identificar diferentes perspectivas
evaluativas que, desde el mundo académico y desde
la institucionalidad urbano-habitacional, buscaron
mejorar las formas de análisis existentes. En una enu-
meración no exhaustiva, podemos identificar: i) la
evaluación objetiva y subjetiva de elementos físico-
espaciales; ii) la evaluación arquitectónico-urbana del
espacio público y su ocupación en conjuntos habita-
cionales, y iii) la evaluación de la capacidad de inte-
gración social y económica de las familias que han re-
cibido soluciones habitacionales. Estas tres evalua-
ciones están en completa sintonía y hacen parte de
los instrumentos que permitieron identificar el éxito
cuantitativo y el fracaso cualitativo de la política ha-
bitacional chilena (Ducci 1997; Hidalgo 2004; Ru-
giero 2011).
En el primer tipo de evaluaciones encontramos
una serie de documentos y normativas que describen
e informan estándares constructivos (Ministerio de
Vivienda y Urbanismo 2004; Greene 2004; Prat et al.
1990; Sepúlveda y Carrasco 1991). Hacen parte del
segundo tipo de evaluación textos que entregan
orientaciones de diseño para la vivienda social y los
conjuntos habitacionales (Jirón et al. 2004; Jirón
2000; Rugiero 1994). Mientras que, en el tercero, re-
sultan emblemáticos los trabajos de Tironi (2003) y
Rodríguez y Sugranyes (2005). En este último tipo de
evaluación, la premisa sociológica señala que en el
Chile de los años 1990 la pobreza no se explica por
la falta de desarrollo de un grupo tradicional y reza-
gado. Por el contrario, es el mismo proceso de mo-
dernización social y económica, el cual, pese a
2
Este caso refiere a la situación de un conjunto de viviendas so-
ciales construidas en el gobierno del presidente Eduardo Frei Ruiz-
Tagle y que, luego de las primeras lluvias en el invierno del año
1997, tuvieron que ser cubiertas de plástico por las filtraciones que
presentaban. El caso se resuelve, finalmente el año 2015, cuando
los vecinos de la nueva Villa Jesús de Nazareth de Puente Alto tras
18 años de espera celebraron sus nuevas viviendas (Cooperativa
2015).
3
La propuesta del Instituto de la Vivienda no mantiene una con-
sistencia estricta respecto del nombre dado a algunos conceptos.
prometer la integración, mantiene a dicho grupo al
margen de la ciudad y la sociedad (Bengoa 1994).
A fines de los años 1990 existían todas las con-
diciones para pensar en un giro decidido hacia la ca-
lidad de vida en las viviendas y la capacidad integra-
dora de las viviendas sociales, sin embargo, el bullado
caso de las Casas COPEVA
2
alertó por la necesidad
de mantener una estricta vigilancia sobre las caracte-
rísticas constructivas de las unidades habitacionales.
En cualquier caso, la tendencia a generar evaluacio-
nes más comprensivas de la calidad habitacional se
encuentra presente durante toda esta década. Aquí
destacan i) la centralidad que se da al rol de los habi-
tantes en la mejora de las viviendas (Sepúlveda y Ara-
diti 1991; Sepúlveda et al. 1992; Martínez 1993); ii) la
reflexión sobre las tipologías habitacionales progresi-
vas como una forma de adecuación a los ciclos de
vida de las familias (Sepúlveda et al. 2005; Haramoto
et al. 1994; Sepúlveda y Carrasco 1989); iii) la seguri-
dad residencial a nivel barrial y su vínculo con las di-
námicas comunitarias y las estructuras espaciales (Se-
púlveda et al. 1999; Ruguiero 1994), y iv) los estudios
sobre satisfacción residencial que, en su gran mayo-
ría, fueron promovidos en Chile desde el gobierno
central (Ministerio de Vivienda y Urbanismo 2001;
Hidalgo y Saldías 1998)
Desde nuestra perspectiva, este nuevo tipo de
evaluaciones está conceptualmente basada en dos
progresos analíticos. Primero, el reconocimiento de
que los conjuntos habitacionales pueden ser descritos
como sistemas residenciales,
3
entendiéndose como
sistemas que siempre involucran una dimensión fí-
sico-espacial y una dimensión psico-social (Hara-
moto 1990). Segundo, que este sistema presenta dife-
rentes escalas donde la dimensión físico-espacial y la
psico-social se acoplan, pero ambos, a su vez, consti-
tuyen sistemas con formas estructurales propias. De
lo anterior se desprende, como corolario, que mien-
tras una de estas dimensiones es observada y selec-
cionada como “el sistema”, la otra se vuelve “el en-
torno” y viceversa (De la Puente 1992). En un ejem-
plo sencillo, si pensamos en la progresividad habita-
cional, esta ya no se puede definir solo como una
realidad material, pues ella requiere del compromiso
de las familias para materializarse. De modo similar,
la seguridad residencial que se manifiesta al nivel ba-
rrial puede ser abordada mediante mejoras físicas, en
Por esta razón, hemos utilizado aquí sistema habitacional o sis-
tema residencial para referir al sistema socio-territorial mayor que
vincula las dimensiones psico-social o del habitante y la físico-es-
pacial del hábitat. Lo que nosotros llamamos sistema residencial o
habitacional es consignado en algunos textos como sistema vi-
vienda o hábitat residencial. Sin embargo, esto puede llevar a
confusión en tanto vivienda y hábitat, en las mismas definiciones
del INVI, refieren solo realidades físico-materiales y no psico-so-
ciales.
Un diálogo fructífero entre teoría de sistemas y fenomenología: la propuesta teórico-empírica del sistema vivienda
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términos de protección de las viviendas y luminarias
en el espacio público, así como también a través del
fortalecimiento de lazos comunitarios entre vecinos.
Si bien estos progresos analíticos están presen-
tes de manera tácita en numerosas investigaciones,
nuestro interés está en relevar el caso del Instituto de
la Vivienda de la Universidad de Chile (INVI), cuya
propuesta metodológico-conceptual sobre el sistema
residencial fue un esfuerzo explícito en esta direc-
ción. En el INVI se desarrolló, desde inicios de la dé-
cada de los 1990, una fructífera conceptualización y
operacionalización del sistema residencial a través la
integración de la teoría de sistemas abrazada por los
profesionales de las ciencias sociales que allí trabaja-
ron y la fenomenología del lugar pieza fundamen-
tal en la teoría de la arquitectura y la formación de los
arquitectos de la Universidad de Chile.
En este contexto, nuestra investigación tiene
por objetivo hacer explícita la complementariedad
entre la teoría de sistemas y la fenomenología del lu-
gar a partir de la propuesta del INVI entre los años
1990s - 2000s. Esto es relevante, pues, en estricto ri-
gor, la propuesta del INVI introduce la teoría de sis-
temas en un campo disciplinar como es la teoría de
la arquitectura y el urbanismo donde la perspectiva
fenomenológica tiene preponderancia. Por esta ra-
zón, los esfuerzos teóricos de los profesionales de las
ciencias sociales aparecen, en primera instancia, con-
centrados en difundir la teoría de sistemas entre los
profesionales de la arquitectura y el urbanismo para
dejar en segundo plano la necesidad de explicitar las
relaciones teóricas que fundamentan la incorpora-
ción de la perspectiva. Es a esta tarea a la que colabo-
raremos con esta investigación.
Este artículo se organiza en seis secciones.
Luego de la introducción, la sección siguiente pro-
pone una breve contextualización. Las dos secciones
posteriores reconstruyen las bases conceptuales y los
progresos analíticos que constituyen la comprensión
del hábitat desde la semántica sistema/entorno y
desde el lugar como unidad de sentido. En la sec-
ción siguiente se introduce brevemente la perspectiva
de la experiencia del habitar como fruto del diálogo
entre la teoría de sistemas y la perspectiva fenomeno-
lógica. Finalmente, entregamos las conclusiones y
describimos futuras líneas de investigación.
CONTEXTUALIZACIÓN
El texto que mejor desarrolla la forma en que la teoría
de sistemas aborda el estudio de los conjuntos habi-
tacionales es de Patricio de la Puente (1992). Según
este autor, las aproximaciones al estudio de los hábi-
tats residenciales pobres han tendido a aislar la di-
mensión físico-espacial respecto de la dimensión so-
ciocultural. Esto, haciendo eco de la división entre las
disciplinas que estudian a la ciudad y su población:
por un lado, arquitectura, con los estudios urbanos y
la geografía; por otro lado, la psicología, la sociología
y el trabajo social. Esta división conlleva que los mar-
cos teóricos de la arquitectura y el urbanismo se man-
tengan desligados de los marcos teóricos usados por
la ciencias sociales o humanas y viceversa. Sin con-
tradecir los avances que esta distinción analítica ha
reportado, lo cierto es que esta tal distinción resultó
poco efectiva para los estudios urbano-habitacionales
de finales de los 1990 en Chile, cuando la intención
era dar cuenta del vínculo entre forma construida y
relaciones sociales (De la Puente 1992).
En este sentido, la propuesta sistémica encuen-
tra puntos de convergencia con las aspiraciones cien-
tíficas de algunas variantes del urbanismo francés de
finales de los 1970. Esto es importante, pues los so-
ciólogos formados en la teoría de sistemas que traba-
jaron en el INVI requerían de un hilo conductor que
les permitiera aplicar las capacidades analíticas de la
propuesta luhmanniana al estudio del hábitat residen-
cial; este hilo lo encuentran en el urbanismo francés,
que ya interpretaba la ciudad como un sistema. Así,
si bien no es novedoso que el urbanismo distinga di-
ferentes funciones urbanas vinculadas a territorios
específicos de la ciudad elaborar esta relación, sin
caer en una perspectiva mecanicista respecto a las
partes y adscribiendo a una visión sistémica, donde la
premisa implícita es que el sistema es más y menos
que la suma de las partes (Luhmann 1991), resulta un
avance. En un nivel mayor de detalle, el aporte sisté-
mico, desde la perspectiva francesa, es la descripción
de la ciudad con bases en: i) una multiplicidad de re-
laciones entre partes de un sistema, ii) atributos espe-
cíficos y diferenciadores entre estas partes, y iii) rela-
ciones constantes entre el sistema y su entorno.
Esto queda de manifiesto en el trabajo de fran-
cés Baillay (1978: 202):
Las ciencias sociales, en contra de lo que sucede con las
ciencias físicas, no presentan grandes teorías generales; pero
¿no cabe, en cierta medida, aprovecharse de los esquemas
teóricos de estas últimas? Esto es lo que pensó B. Harris
(), cuando comenzó a utilizar la teoría general de los sis-
temas. Pero su obra no fue pionera en este sentido, puesto
que, ya a partir de los años cincuenta, se venían celebrando
una serie de coloquios en Chicago, bajo los auspicios del
Comité de las Ciencias del Comportamiento (…), y desde
1956 existía una revista titulada, precisamente, General Sys-
tems.
La ciudad, pongamos por caso, es un sistema
que solo se puede comprender por medio de la situa-
ción y del papel desempeñado por cada uno de los
elementos en el interior del todo. El sistema residen-
cial está formado por las viviendas y por la gente que
en ellas vive. Se trata, por consiguiente, de demostrar
que los elementos del conjunto ciudad son efectiva-
mente interdependientes, y de encontrar su estruc-
tura. En efecto, determinados elementos (los
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Fernando Campos-Medina e Iván Ojeda
habitantes, por ejemplo) pueden formar parte de va-
rios sistemas, y las interacciones entre los sistemas
son importantes. Remy (1974) afirma, a este respecto,
que el paso a la urbanización implica, además de cier-
tas incidencias sobre el sistema social y cultural, una
transformación del sistema de la personalidad. La
ciudad solo puede ser concebida como un sistema
abierto que está en interacción con el entorno exte-
rior. Efectivamente, son numerosas las organizacio-
nes (elementos del sistema ciudad) que, aun cuando
forman parte de una ciudad, poseen objetivos que no
tienen nada que ver con los del organismo urbano.
En este sentido, es posible establecer una compara-
ción con un sistema energético: la ciudad absorbe
materias primas, capital y trabajo (inputs), y los trans-
forma en productos elaborados o semielaborados
que, finalmente, vende al entorno (outputs). Estas ven-
tas suponer entradas de dinero que hacen posible la
adquisición de nuevos inputs. Se trata de una gigan-
tesca tabla de input-output, en la cual tienen que inter-
venir no solo los elementos económicos, sino tam-
bién los factores sociales y de organización.
Ahora bien, desde Baillay (1978), de la Puente
tomará la perspectiva de la ciudad como sistema
abierto para vincularse al trabajo de von Bertalanffy
(1976); sin embargo, de la Puente criticará la ontolo-
gía sistémica de estas variantes, pues éstas dan por
descontado que la existencia del sistema se debe a la
mantención de la estructura, olvidando considerar
que la propuesta luhmanniana es de un funcional-es-
tructuralismo y no de un estructuralismo-funcional
que supone que la estructura debe ser mantenida por
las funciones del sistema. Por el contrario, la pro-
puesta de Luhmann señala que la función antecede a
la estructura (Arnold y Rodríguez 1990) y que, por lo
tanto, la estructura no tiene una primacía ontológica.
Es importante destacar que De la Puente
(1992), así como otros sociólogos sistémicos vincula-
dos a los estudios urbanos a finales de los 1990, no
desarrolla una explicación específica respecto a cómo
los conceptos sistémicos permiten abordar los estu-
dios urbanos y habitacionales. Por el contrario, su tra-
bajo puede interpretarse más como una difusión de
la teoría de sistemas que como una explicación de
ella. Por esto, no es de extrañar que lo que encontra-
mos con mayor recurrencia en los apartados teóricos
de los textos del INVI (Sepúlveda et al. 1992; De la
Puente 1992; Haramoto 1990) es la descripción de
conceptos de la teoría de sistemas de Luhmann y no
su interpretación para esta aplicación específica. A ni-
vel operativo, el enfoque de este trabajo fue proponer
una descripción analítico-funcional del sistema resi-
dencial desde el cruce entre dos dimensiones la del
habitante y la del hábitat y en tres escalas de vincu-
lación (a nivel-micro, nivel-meso y nivel-macro). De
esta forma, a nivel del sistema social encontramos a
la familia, los vecinos y la comunidad, mientras que a
nivel espacial encontramos la vivienda, el entorno in-
mediato y el conjunto habitacional o el barrio (Sepúl-
veda et al. 1992).
Figura 1: Enfoque Integral de la Vivienda como Sistema
Fuente: Edwin Haramoto, FAU U. de Chile. Instituto de la Vi-
vienda, 20/07/2000 (Toro et al. 2003:13)
LA SEMÁNTICA SISTEMA/ENTORNO PARA COMPREN-
DER LA REALIDAD SOCIOESPACIAL DEL HÁBITAT
La incorporación de la semántica sistema/entorno al
estudio del hábitat residencial y de esta manera a los
estudios habitacionales y urbanos se puede conside-
rar como uno de los progresos teóricos más signifi-
cativos de los estudios urbanos chilenos. Esta refle-
xión teórico-metodológica, junto al trabajo sobre los
movimientos de pobladores como sujeto político de
la década de los 1970 (Castells 1974, 1983; Van-
derschuren 1971) es, sin lugar a duda, la principal
contribución de Chile al debate urbano internacional.
Lamentablemente, ambas propuestas han sido sola-
mente desarrolladas en lengua española, logrando di-
fusión hispanoamericana, pero perdiendo posibilida-
des de impacto en América del Norte y en el resto de
Europa.
En términos concretos, el proceso de incorpo-
ración de la semántica sistema/entorno a los estudios
urbanos implica la posibilidad de un giro multidisci-
plinar al estudio del hábitat (Sepúlveda et al. 1992).
Esto quiere decir que la semántica sistema/entorno
permite superar la antigua discusión respecto a la pre-
dominancia de las variables materiales sobre las per-
ceptuales (o bien, psico-sociales sobre físico-materia-
les) en la constitución del territorio y el lugar. En este
sentido, la teoría de sistemas permitió consolidar una
visión integradora del hábitat en sus diferentes di-
mensiones y escalas. Esto queda de manifiesto al ver
la coherencia que la perspectiva sistémica tiene con la
tradición fenomenológica del lugar. Lo que el teó-
rico español Josep Muntuñola (1996) plantea para el
Un diálogo fructífero entre teoría de sistemas y fenomenología: la propuesta teórico-empírica del sistema vivienda
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lugar es lo mismo que los científicos sociales del
INVI pensaban sobre el sistema residencial.
La noción de lugar constituye [...] un concepto
suficientemente amplio para establecer nexos
teóricos entre variables arquitectónicas y socia-
les, e identificar relaciones en diversos niveles
analíticos. Por otra parte, es de utilidad para
abordar problemáticas urbanas de distinto or-
den, superando interpretaciones restrictivas ba-
sadas exclusivamente en factores objetivos y
cuantificables (Muntuñola, en De la Puente
1992: 5)
En específico, la propuesta del INVI recurrió a
la noción de sistemas, partiendo de las ideas de siste-
mas abiertos propuestas por von Bertalanffy (1976)
para luego concentrarse en el desarrollo teórico de
sistemas socioculturales autopoiéticos de Niklas Luh-
mann (Arnold 1988). La noción luhmanniana plantea
la existencia de una relación constante entre los siste-
mas y su entorno contiguo [Umwelt], lo que, desde la
perspectiva del INVI, permite comprender la rela-
ción entre las dimensiones psico-sociales y lo físico-
espacial del hábitat. Cabe mencionar aquí que los sis-
temas sociales se encuentran compuestos por comu-
nicaciones generadas por la existencia de un sentido
compartido (Rodríguez y Arnold 1991). Por lo tanto,
lo físico-espacial entra en los sistemas sociales como
comunicaciones recursivas sobre el territorio y el lu-
gar o bien, comunicaciones posibilitadas por la expe-
riencia que permite el lugar. En este sentido, al igual
que los sistemas psíquicos, los sistemas territoriales
no son parte del sistema social sino una condición de
posibilidad de los primeros. Desde esta perspectiva,
aun cuando la investigación del INVI no lo señaló, el
sistema físico-espacial ha coevolucionado junto a los
sistemas psíquicos y sociales, dado el acoplamiento
estructural que existe entre ellos.
Así, teóricamente, se mantiene una de las prin-
cipales características de la teoría de sistemas en los
tres sistemas identificados (sociales, psíquicos y fí-
sico-espaciales). A saber, no son delimitados estruc-
turalmente por el entorno, sino que poseen la capaci-
dad de establecer sus propios límites y comprender la
realidad circundante mediante la reducción de su
complejidad (Luhmann 1973).
De esta forma, los estudios nacionales integra-
ron el enfoque sistémico al fenómeno habitacional
logrando complementar las dos dimensiones que
componen el hábitat residencial y que muchas pers-
pectivas plantean como antagónicas. En este sentido,
el hábitat es una relación dinámica y de interacción
constante entre una dimensión psico-social (referida
al habitante) y una dimensión físico-espacial (referida
al hábitat). Como señalamos antes, desde la perspec-
tiva de los sistemas, esta complementariedad nunca
desconoce la “determinación estructural” de los sis-
temas autopoiéticos (Corsi et al. 2006), que, en pala-
bras sencillas, significa que los sistemas son influen-
ciados por el entorno solo en la medida que su es-
tructura lo permite.
De lo anterior se desprende otra ganancia con-
ceptual del hecho de describir a la vivienda desde la
semántica sistema/entorno, que tiene que ver con la
capacidad de selección, independencia y complemen-
tariedad investigativa. El cruce de dimensiones y ni-
veles construye espacios analíticos específicos, donde
una realidad es relevada como sistema y el resto como
entorno. Esto puede operar a nivel de: i) una de las
categorías, como, por ejemplo, el entorno inmediato
o la familia; ii) una dimensión, por ejemplo, la psico-
social o la físico-espacial, o iii) un nivel, como puede
ser el macro-sistema o el meso-sistema. Esto significa
que las distintas disciplinas pueden realizar su inves-
tigación tradicional seleccionando una categoría, di-
mensión o nivel, o bien, privilegiando la exploración
multidisciplinar, al describir la vinculación de las dis-
tintas dimensiones en un nivel.
Lo problemático de esta esquemática concep-
tual es que, aun permitiendo selecciones, no logra dar
cuenta de la forma en que interactúa cada elemento,
pues por la misma operación de selección estos ele-
mentos se convierten en sistema, dejando al resto
como su entorno. Haciéndose cargo de esta limita-
ción, la investigación del INVI profundiza en el con-
cepto luhmanniano de acoplamiento estructural,
donde se destaca la capacidad de mantener la adapta-
ción mutua entre sistemas, sin la existencia de una in-
tervención directa. Esto ocurriría mediante lugares fí-
sico-sociales denominados interfaces donde interac-
túan los distintos sistemas. Ejemplos simples de in-
terfaces son: las banquetas de un espacio público, los
lugares de compra de un conjunto habitacional, las
plazas, los centros deportivos y las sedes vecinales,
entre otros (Haramoto et al. 1992). Nuestra perspec-
tiva dado que esto no fue explicitado por las inves-
tigaciones del INVI propone que las interfaces, en
tanto lugares físico-sociales de interacción, se en-
cuentran articuladas, no por el espacio ni tampoco
por la sociedad, sino por la experiencia de habitar.
Antes de avanzar en la descripción de este concepto,
es necesario recuperar la propuesta sistémica de una
semántica sistema/entorno para comprender la
forma en que el hábitat residencial incorporó la no-
ción de lugar.
LA APERTURA SISTÉMICA A LA FENOMENOLOGÍA
DEL LUGAR COMO SENTIDO
En Chile, la teoría de sistemas de Niklas Luhmann
tuvo gran repercusión. Sin embargo, esta influencia
se puede reconocer más bien vinculada a un nivel teó-
rico o al espacio de las consultorías. Esto quiere decir
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Fernando Campos-Medina e Iván Ojeda
que la apertura de espacios de aplicación coherentes,
en términos teórico-empíricos, es más bien limitada.
Una explicación la podemos encontrar en el hecho
de que los discípulos directos de Luhmann en Chile
que continuaron su obra a nivel empírico lograron
menor visibilidad que aquellos dedicados a la docen-
cia. En este sentido, no es extraño que la perspectiva
sistémica del Instituto de la Vivienda (INVI), uno de
los adelantos teóricos más relevantes de los estudios
urbano-habitacionales en Chile de finales del siglo 20,
permanezca desconocida incluso para investigacio-
nes actuales sobre la construcción del territorio y la
integración socio-urbana.
En esta sección, nuestro interés está en relevar
un elemento de la perspectiva del INVI en el que
poco se ha reparado pero que resulta de la mayor im-
portancia. Esto es la incorporación de la noción de
lugar como el sentido del hábitat residencial. Esta
operación se basa en uno de los elementos menos ex-
plorados por la sociología sistémica a nivel nacional
pero ampliamente desarrollado por la filosofía euro-
pea desde los años 2000: las bases fenomenológicas
de la teoría de sistemas. Comúnmente, en la teoría
sociológica la propuesta luhmanniana de sistemas so-
ciales autopoiéticos se posiciona en la misma línea
que la propuesta parsoniana del sistema social (Par-
sons 1951) y, con ello, en la vereda opuesta a los tra-
bajos de Alfred Schütz o Harold Garfinkel.
Nuestra propuesta en este apartado es com-
prender la incorporación de la dimensión territorial
del sistema residencial (o bien, sistema vivienda)
como una referencia de sentido en la noción de lugar,
puesto que, para Niklas Luhmann, la noción de sen-
tido tiene una de sus bases teóricas en la tradición fe-
nomenológica de Edmund Husserl Esto, aun cuando
en el nivel práctico, la aproximación a la noción de
lugar, en la perspectiva del INVI, se desarrolló desde
la influencia fenomenológica propia de la teoría de la
arquitectura, ya sea en referencia al trabajo del arqui-
tecto noruego Norberg-Schütz o del español Josep
Muntuñola Thornberg.
Cuando observamos la lógica explicativa vincu-
lada al concepto de lugar en la propuesta del INVI
encontramos tres orientaciones: i) la condición rela-
cional del espacio, ii) la formación experiencial del lu-
gar y iii) la construcción de sentido espacial de los sis-
temas psíquicos y sociales. Ahora bien, es importante
señalar que estas tres lógicas son un esfuerzo analí-
tico, pues ellas no presentan una delimitación tajante
a nivel conceptual o empírico. Lo anterior significa
que en los trabajos del INVI estas tres orientaciones
tienden a vincularse.
La condición relacional del espacio es planteada
por Muntuñola (1973) y García (1986) como una
forma de separarse de las interpretaciones, sean ab-
solutas o abstractas del espacio (Werlen 2010). “La
extensión infinita existe solo en potencia, puesto que
el espacio no surge sin cuerpos que lo definan, ni
tampoco sin la presencia de un sujeto que interprete
esos límites de extensión” (De la Puente 1992: 10).
Como se puede ver en la cita anterior, la interpreta-
ción que los autores hacen del espacio, como condi-
ción de posibilidad del lugar, aúna dos visiones dis-
tintas. Por un lado, su condición relacional en tanto
el espacio es lo que aparece como lo no ocupado por
objetos en relación de contigüidad, cercanía o lejanía-
o bien, su estatus experiencial, en tanto el espacio re-
sulta posible solo desde la operación de observación
de un observador.
Desde esta última consideración, se logra un
piso seguro para avanzar hacia la semántica sis-
tema/entorno, cada vez que se refiere al espacio
como a una operación de selección contingente “no
existe una delimitación absoluta del espacio válida
para todos los observadores, sino que en el caso de
los sistemas sociales surge como producto de selec-
ciones compartidas en torno a elementos escogidos
como delimitadores” (Sepúlveda et al. 1992: 40). Sin
embargo, antes de avanzar en la perspectiva sistémica
identificada como la tercera orientación conviene
dar cuenta de la definición arquetípica del lugar (para
la arquitectura) como espacio vivido.
Para muchos arquitectos de habla española, el
espacio es una noción abstracta del territorio o bien,
de lugares que no pueden ser sino experienciados, vi-
vidos o habitados. Así, el espacio se reserva para re-
ferir a la perspectiva cartesiana de un espacio organi-
zable, medible y, por lo tanto, estructurable de ma-
nera lógica y con independencia de cualquier obser-
vador o actor. Esta distinción se encuentra en el tra-
bajo de Muntuñola (1973), cuando señala que el
tiempo en el espacio es el que constituye el lugar. Lo
que no es otra cosa que hablar de la experiencia de
un sujeto en el espacio. Entonces, “lugarización” se-
ría la asignación de sentido con base en la experiencia
de las y los sujetos. De igual manera, García (1986)
señala que el espacio no es únicamente físico o natu-
ral, porque siempre es vivido por alguien y de esta
manera, sus atributos resultan conocidos. Es impor-
tante destacar que, desde estas perspectivas, el espa-
cio cartesiano aparece como estructura lógica que
opera como la abstracción de la realidad físico-social.
Dicho de otro modo, no hay espacio cartesiano en el
mundo físico-social o en la realidad experienciable.
De modo similar, no existe la posibilidad de asigna-
ción de sentido originaria al espacio pues este siem-
pre ha estado disponible en o para la experiencia de
alguien durante el transcurso del tiempo. Así, aun
cuando las teorías arquitectónicas del lugar no lo ex-
plicitan, la asignación de sentido al espacio es siempre
una reasignación.
Los significados atribuidos al espacio no solo
son experimentados por sujetos aislados;
Un diálogo fructífero entre teoría de sistemas y fenomenología: la propuesta teórico-empírica del sistema vivienda
51
también tienden a organizarse en experiencias
comunes, pues tienen como marco un determi-
nado contexto cultural que influye en sus for-
mas de pensar, actuar y sentir. Y este es porque
todo grupo social genera pautas de comunica-
ción para intercambiar significados, sin los cua-
les sería imposible la generación de normas, el
sentido de pertenencia y la integración social
[en determinados territorios socio-territoriales].
(Sepúlveda et. al. 1992: 11)
La última cita destaca la asignación de sentido
al espacio como proceso social. Esta reflexión en-
trega las bases para lo que hemos señalado antes
como la construcción de sentido espacial de los siste-
mas sociales. De esta forma, las experiencias de los
sujetos, que nunca son aisladas sino más bien colec-
tivas, van modelando el comportamiento y al mismo
tiempo, la comunicación entre las personas. En este
contexto, el lugar como experiencia colectiva (Sepúl-
veda et. al. 1992) se vuelve tanto contenido de las co-
municaciones como clausura espacial para el desarro-
llo de nuevas comunicaciones, como puede ser, por
ejemplo, el sistema familiar.
Así la casa, que es el espacio significativo para
la interacción familiar, se transforma en vi-
vienda a partir de un proceso de lugarización, lo
que implica generar un referente espacial que
permite situar la comunicación. Como sistema
la familia clausura su comunicación en torno a
su propio sentido, así como la puerta de la casa
se cierra para aislar la vivienda del ambiente ex-
terno. (Sepúlveda et. al. 1992: 43)
La cita anterior gráfica muy bien el proceso de
la asignación de sentido a un espacio delimitado por
parte de un sistema psico-social. Ocurrirá de igual
manera a lo descrito para la familia y la vivienda con
respecto al entorno inmediato para el sistema psico-
social de los vecinos y para el conjunto habitacional
o barrio con relación al sistema psico-social comuni-
dad. Si bien en la propuesta del INVI no fue explici-
tado, se puede asumir esta misma relación para la me-
trópolis con relación al sistema psico-social de la so-
ciedad. Siguiendo, así, la ya canónica explicación de
Georg Simmel (1964) que tanta influencia tuvo en la
escuela de Chicago (Grafmeyer y Joseph 2009).
LA EXPERIENCIA DEL HABITAR COMO RESULTADO
DEL DIÁLOGO SISTÉMICO FENOMENOLÓGICO
Nuestra perspectiva, dado que esto no fue explicitado
por las investigaciones del INVI a finales de los 1990,
propone que las interfaces, en tanto lugares físico-so-
ciales de interacción, no se encuentran articuladas por
una condición espacial inherente válida para todos
los observadores (Sepúlveda et. al. 1992: 40) ni tam-
poco por un sistema psico-social que desarrolle sus
comunicaciones en él o en referencia a él. Por el con-
trario, el elemento articulador es lo que denominare-
mos “experiencia de habitar las viviendas” (Campos-
Medina 2004 y Yávar 2004; Campos-Medina y Yávar
2007).
En su conocido texto Construir, habitar y pensar,
Heidegger (2015 [1952]) desarma el sentido común
alrededor de las nociones de habitar y construir, mos-
trando la insuficiencia de nuestras definiciones coti-
dianas. Así, el texto se inicia con una aseveración fácil
de aceptar pero que luego él rebatirá. Pareciera que al
habitar llegamos por medio del construir, en tanto
construimos las edificaciones que luego habitaremos.
¿Qué más sencillo, para el pensamiento, que aceptar
que la casa que habitamos tuvo que ser construida
por alguien antes de que la ocupáramos y que, si ella
no existiera, tendríamos un serio problema de habi-
tabilidad?
Sin embargo, esta idea esconde la posibilidad de
una distinción más sutil. El conductor de un camión
habita la autopista que cruza de igual manera que una
obrera pareciera considerar a la fábrica donde trabaja
como su morada. En este sentido, si nos quedamos
en la idea que construir y habitar están relacionados
en la forma de medio/fin, entonces perderemos de
vista la esencia tanto del construir como del habitar.
Habitar y construir en el lenguaje y en particular en
el alemán están unidos ya que construir [bauen] se
encuentra como parte de muchas palabras que refie-
ren a habitar’ [wohnen], este es el caso de vecino’ [Na-
chbar] y la menos utilizada quien habita en proximi-
dad[Nachgebauer]. Desde esta perspectiva, se puede
plantear, con cierta certeza, que el habitar humano es
un construir. Así, el argumento de Heidegger conti-
núa identificando que la palabra construir [bau] se
encuentra alojada en el mismo verbo ser, que en ale-
mán reúne las nociones españolas de ser y estar.
Podemos decir, entonces, que la modalidad en la que
el ser humano está en el mundo es el habitar y que
éste, a su vez, es siempre un construir significativo,
ya sea en sus acepciones lingüísticas de construir
como en cuidar y edificar.
Heidegger (2015 [1952) cierra esta reflexión se-
ñalando que: “El construir como el habitar, es decir,
estar en la tierra, para la experiencia cotidiana del ser
humano, es desde siempre, como lo dice tan bella-
mente la lengua, “lo habitual”. La palabra usada para
referir a lo habitual en el texto original es Gewohnte,
donde la referencia a habitar [wohen] es más que evi-
dente. Nuestra breve interpretación del inicio del
texto de Heidegger (2015 [1952]) nos permite propo-
ner que lo habitual del ser humano es desde siempre
el habitar. Del habitar no se puede escapar. Siempre
se está habitando.
52
Fernando Campos-Medina e Iván Ojeda
En consonancia con la interpretación filosófica
expuesta en los párrafos anteriores, la noción expe-
riencia de habitar la vivienda supone tres cosas: i) que
el habitar es una condición humana omnipresente
siempre se está habitando y no se puede escapar de
ello; ii) el habitar se puede referir como una expe-
riencia, algo que deja una suerte de impronta posi-
ble de conocer y exponer; y iii) conectado con los dos
puntos anteriores, ya que siempre se está habitando,
es posible diferenciar y seleccionar esferas del habi-
tar en tanto ellas son experienciadas por las perso-
nas.
Esta es la base teórico-fenomenológica con que
investigadores sociales del INVI propusieron la no-
ción de experiencia de habitar la vivienda a princi-
pios de los años 2000 (Campos-Medina 2004). En
términos metodológicos, esto implicó superar la idea
de espacios o lugares de interfaz para pensar en el ha-
bitar y, de este modo, expandir la idea de habitar a la
experiencia completa de las personas en sus viviendas
y barrios y luego también en las ciudades. Desde
esta perspectiva encontramos un hilo conductor para
superar el enclaustramiento físico-espacial del sis-
tema de vivienda, que se divide en: i) vivienda, ii) en-
torno inmediato, y iii) conjunto habitacional. Con
este hilo conductor se puede acceder a experiencias
fundamentales para las personas que no se resuelven
en un espacio acotado, sino que vinculan, por ejem-
plo, a la vivienda con el entorno inmediato o al en-
torno inmediato con el barrio. Este es el caso de la
privacidad o la intimidad, ya que ambos suponen una
vinculación/separación selectiva entre la vivienda y
su entorno. Algo parecido ocurre con la estigmatiza-
ción, que es una relación que media entre el barrio y
la ciudad.
Como planteamos en el apartado anterior, el
habitar accede a la formulación sistémica para dar
cuenta, desde el observador, de la totalidad del sis-
tema vivienda y, gracias a ello, como una referencia
de sentido de los sistemas psíquicos y sociales. En
concordancia con la perspectiva luhmanniana, el sen-
tido puesto en la experiencia del habitar permite: i)
mantener la noción de sentido como una forma de
reducción de complejidad del mundo presente tanto
para las comunicaciones de los sistemas psíquicos
como de los sistemas sociales, y ii) al explicitar la no-
ción de experiencia, pone de manifiesto la tensión en-
tre actualidad y potencialidad de los sistemas auto-
poiéticos. Por consiguiente, la propuesta teórico-me-
todológica del sistema de vivienda se enriquece, con-
siderando la condición habitacional como una reali-
dad contingente posible de ser transformada. Una
condición que se construye a partir de múltiples vi-
vencias y también a partir de las expectativas para el
futuro de cada persona.
CONCLUSIONES
En este artículo buscamos profundizar la propuesta
teórico-metodológica del sistema residencial del Ins-
tituto de la Vivienda de la Universidad de Chile
(INVI) como un caso exitoso de vinculación entre la
teoría luhmanniana de sistemas sociales y la fenome-
nología del lugar. Dicha propuesta, si bien resultó
fructífera en términos metodológicos, aportando al
desarrollo de un importante número de investigacio-
nes sobre calidad habitacional, satisfacción residen-
cial y seguridad urbana entre otras, desde nuestra
perspectiva, presenta tres limitaciones: i) no explicita
en qué sentido el sistema vivienda, más allá de sus
componentes, dimensiones y escalas, es un sistema
desde la perspectiva de la teoría de sistemas luhman-
niana; ii) de igual modo, no entrega una narrativa
coherente respecto a cómo la tradición fenomenoló-
gica del lugar entra en diálogo con la teoría de siste-
mas, y iii) carece de un mecanismo teórico-metodo-
lógico explícito para articular fenómenos socio-espa-
ciales que se encuentran en la interfaz entre diferentes
elementos, escalas y dimensiones del sistema vi-
vienda. Esto último resulta fundamental para explicar
las bases conceptuales que sustentan la incorporación
de la noción de experiencia de habitar la vivienda en
esta discusión.
Señalamos al principio de este artículo que
desde inicios de la década de los 1990 en el INVI se
desarrolló una fructífera conceptualización y opera-
cionalización del sistema vivienda a través de la inte-
gración de la teoría de sistemas y la fenomenología
del lugar. Sin embargo, la mayor cantidad de referen-
cias a la teoría de sistemas es realizada, simplemente,
para proponer el uso de conceptos tales como dis-
tinción sistema/entorno, sistemas autopoiéticos o
acoplamiento estructural. Lo anterior, dejando de
lado una explicación más profunda del sentido y uso
práctico de dichos conceptos, así como también, sos-
layando el tránsito que hacen dichos conceptos desde
las definiciones sistémicas generales a un espacio teó-
ricamente propio y empíricamente particular.
En esta misma línea, no se puede desconocer el
gran avance interpretativo que supone la descripción
del sistema vivienda en sus diferentes escalas (micro,
meso y macro), así como dimensiones (físico-espacial
y psico-social). De igual modo, no se puede descono-
cer el potencial interpretativo que permite el aisla-
miento de un elemento, una dimensión o una escala
como sistema, dejando al resto como entorno. Bus-
cando explicitar esta potencialidad del sistema vi-
vienda es que recurrimos a la idea de una semántica
sistema/entorno’, donde se explicita la coevolución
de los sistemas psíquicos y sociales dentro de un sis-
tema vivienda autopoiético y, abordando la noción de
acoplamiento estructural, se destaca la no
Un diálogo fructífero entre teoría de sistemas y fenomenología: la propuesta teórico-empírica del sistema vivienda
53
determinación del sistema por su entorno, sino ex-
clusivamente por las posibilidades que su estructura
permite.
Ahora bien, un elemento que queda completa-
mente subrepresentado en la propuesta teórica del
INVI es el ingreso de la fenomenología del lugar al
sistema habitacional. De hecho, en los trabajos revi-
sados no existe alusión a la noción luhmanniana de
sentido y sus bases fenomenológicas. Pareciera que
la división disciplinar de los profesionales del INVI
fue tajante a este respecto. Por un lado, los científicos
sociales se restringieron a la operacionalización de los
sistemas habitacionales como una serie de distincio-
nes dinámicas; por otro lado, los arquitectos dotaron
a este esquema de un contenido significativo en la
tradición fenomenológica del lugar. En este con-
texto, no hubo un mayor diálogo entre ambas co-
rrientes de pensamiento.
Nosotros, por el contrario, sostenemos que el
habitar ingresa al sistema vivienda como el sentido
de la experiencia de los sistemas psíquicos y sociales
en el territorio. De esta manera, los lugares como es-
pacios físicos no determinan comunicaciones o pen-
samientos específicos, pero sí han coevolucionado
permitiendo conversaciones, por ejemplo, aquellas
basadas en la familia y la privacidad del espacio do-
méstico. Estas interacciones comunicativas basadas
en la relación familiar no deben suponerse como úni-
camente positivas o amorosas. Por ejemplo, desde
nuestra perspectiva, la violencia intrafamiliar, que
ocurre mayoritariamente en la casa, es parte de esta
coevolución de los sistemas psico-sociales en el espa-
cio residencial. Pues es aquí en estos lugares donde
se encuentra la posibilidad de intimidad-aislamiento
que se requiere para la realización de esta forma de
violencia, evitando ser vista y denunciada por otros.
Por último, es fundamental resaltar la propuesta
de experiencia de habitar la vivienda que se realiza
a principios de los 2000 en el INVI (Campos-Medina
y Yavar 2004, 2007; Campos-Medina y Larenas
2003). Esta propuesta viene a suplir la condición es-
tanca de los elementos, las dimensiones o las escalas
del sistema vivienda. La noción de experiencia del ha-
bitar es una reflexión basada en la fenomenología hei-
deggeriana que busca dar cuenta de realidades socio-
espaciales que no se limitan a un espacio específico o
a un grupo social determinado. En concordancia con
una noción de habitar que es constitutiva de los seres
humanos y que dota de sentido al sistema vivienda, la
referencia a la experiencia busca construir un conti-
nuo, tanto espacial como temporal, para el habitar.
Así, se accede a la vinculación de elementos territo-
riales y, al mismo tiempo, a la dimensión temporal de
la experiencia en el territorio, donde actualidad y po-
tencialidad aparecen como dominios de investigación
conceptual y empírica.
Nuestra investigación ha querido relevar un diá-
logo posible entre la teoría de sistemas sociales y la
fenomenología. Dos teorías que parecen ser más
contrapuestas en las explicaciones de sus interpreta-
dores que en su construcción original. Al menos este
parece ser el caso para el estudio de las realidades so-
cio-territoriales. En futuros artículos desarrollaremos
con más detalle el alcance y el potencial explicativo
de la noción de experiencia del habitar. Ahora bien,
con este trabajo hemos querido contribuir a una me-
jor explicación del sistema vivienda y a una revalori-
zación de su potencial investigativo. Esto, sin lugar a
duda, es de gran ayuda a la hora de investigar las ex-
periencias de personas y familias en sus viviendas y
barrios. Situación que, en la actual emergencia sanita-
ria, reviste el mayor valor.
RECONOCIMIENTOS
Este artículo fue realizado con el apoyo del Programa
de Estímulo a la Excelencia Institucional (PEEI) de
la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de
Chile mediante su Concurso de Fortalecimiento de
Productividad y Continuidad de Investigación
(FPCI) 2019-I.
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Recibido: mayo 2020
Aceptado: septiembre 2020
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En el transcurso del siglo pasado, el Estado chileno ejecutó una serie de acciones para dar solución al problema de la vivienda, el cual afecta con especial rigor a los grupos sociales de más escasos recursos. Desde el mo- mento en que la solución de las condiciones habitacionales de estos secto- res dejó de ser un asunto de caridad, las actuaciones oficiales en esa materia fueron dejando su herencia inconfundible en las ciudades chilenas. Tales acciones han abarcado desde la provisión de una vivienda terminada has- ta la entrega de suelo semiurbanizado, pasando por soluciones interme- dias consistentes en una unidad básica de tamaño mínimo, con los respectivos servicios de urbanización. Todas estas alternativas han ido cons- truyendo una sección considerable de las áreas urbanas del país, y en es- pecial de las grandes áreas metropolitanas como Santiago, y han contribuido a configurar los límites del espacio social de las ciudades. En ellas, además, se han materializado los anhelos de gobernantes y poblado- res por satisfacer una necesidad básica como es la vivienda. La ciudad de Santiago constituye un modelo con ejemplos de cada una de las intervenciones realizadas durante la centuria pasada por el Estado para aproximarse a la solución del déficit de viviendas. Desde la primera ley que hizo referencia directa al problema de la habitación popular en 1906, hasta nuestros días, importantes superficies de nuestra capital han sido producto de dichas acciones. Sobre este punto el presente documento pretende dar una visión general, considerando los actores principales que han participado en ese proceso y algunas de las consecuencias espaciales que ha tenido durante la segunda mitad del siglo veinte.
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The study of public policy has been addressed mainly from technical and theoretical perspectives that paid special attention to the results and processes under which they are designed. This paper analyzes how the State constructs its social problems on the basis of semantic formulations that condense orientations and meanings originated in multiple social spheres. The approach is developed through the analysis of the Chilean case of housing policy. Results indicate that four periods can be identified, each representing substantive changes in the State construction of the housing problems: from dwelling place to house, from the semantics of deficit to the juridification of housing, from juridification to the economic semantics, and finally, to the semantics of social inclusion through housing. The methodological strategy bases on the revision of acts and laws, which condenses and legitimates decision-making processes that shape public policy.
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Este proyecto surge de un convenio entre la Federación Nacional de Cooperativas y Servicios Habitacionales FENACOVI Ltda. y nuestro Instituto. La Federación tiene el fuerte propósito de revitalizar su sector y debido a esta necesidad nos encarga un proyecto para sus cooperados en la Región Metropolitana, con el fin de ofrecerles una alternativa superior en calidad a las que ofrece el mercado, por un valor de 150 UF de subsidio habitacional, más 24 UF de ahorro previo de cada familia. Nuestro Estudio parte con la convicción de que la solución más acertada para vivienda social en Chile, se da a través del “desarrollo progresivo de la vivienda” en el tiempo de acuerdo a la capacidad económica y a los cambios que van surgiendo en la familia; condición que es muy compatible con el trabajo colectivo de las cooperativas.
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The critique of the successfui housing Chílean policy presentes here, propose the urgency to revise, not only the evident achievements through the systems of financing and asignation that has made of it an model for other developíng countries, but the problems beíng faced by its beneficiarias. Acknowiedging that for the first time in Chílean history the housing deficít is beíng confrontes and díminished, there is a seríous concem about some themes that have to be faced to attain a real improvement of the less advantaged. Between them are the kind of urban envíronment that is being created for the poor, the low quality of the solutions, the ímpossibilíty of improvement, the disruption of the social networks due to the assignment system, the generalization of gangs, víolence and unsafeness related with mental problems such as drogadíction and alcoholims in men and anguish and depression in women. Perhaps the main significance of thís analysis ís based that Chilean housing polícy has appplied successfuly the strateggies proposed by the multilateral agencies in the last decades and some adjusments are needed before its applícation in other countries to avoid future serious social costs.