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Prácticas letradas vernáculas y universitarias: una vinculación en la sociedad de la información

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Abstract

Los hábitos de lectura tradicional en la universidad se encuentran en descenso. Esta situación conlleva efectos negativos sobre lo que se espera de la literacidad académica de los estudiantes en la sociedad de la información. El objetivo de este trabajo es reflexionar sobre la importancia de las prácticas letradas vernáculas de universitarios en la lectura académica Para ello, se aborda la importancia de los textos digitales en las prácticas letradas universitarias. Se propone la pedagogía del acompañamiento docente para propiciar la formación crítica de los alumnos en la valoración de las fuentes de información que consultan en internet. Finalmente, se concluye que el conocimiento de las prácticas letradas vernáculas de los jóvenes universitarios representa un área de oportunidad para favorecer las actividades académicas en la escuela. In higher education institutions in Mexico, as we know, the use of academic texts among university students is scarce and reading habits are declining. This has negative effects on what is expected in the academic literacy of students in the information society. Thus, the objective of this paper is to describe the different ways of understanding reading in the university, based on the importance and relevance of literacy. In addition, the influence of the digital in university literate practices is analyzed, with emphasis on vernacular literacy practices, and the characteristics of these practices are summarized. Consequently, the method consisted of a documentary research in the literature and multimedia material of literate practices and literacy. Finally, strategies to bring the student closer to academic reading are critically noted.
Resumen
Los hábitos de lectura tradicional en la universidad se encuentran en
descenso. Esta situación conlleva efectos negativos sobre lo que se es-
pera de la literacidad académica de los estudiantes en la sociedad de
la información. El objetivo de este trabajo es reflexionar sobre la im-
portancia de las prácticas letradas vernáculas de universitarios en la
lectura académica Para ello, se aborda la importancia de los textos di-
gitales en las prácticas letradas universitarias. Se propone la pedagogía
del acompañamiento docente para propiciar la formación crítica de los
alumnos en la valoración de las fuentes de información que consultan
en internet. Finalmente, se concluye que el conocimiento de las prácti-
cas letradas vernáculas de los jóvenes universitarios representa un área
de oportunidad para favorecer las actividades académicas en la escuela.
Abstract
In higher education institutions in Mexico, as we know, the use of
academic texts among university students is scarce and reading habits
are declining. This has negative effects on what is expected in the
academic literacy of students in the information society. Thus, the
objective of this paper is to describe the different ways of understanding
reading in the university, based on the importance and relevance
of literacy. In addition, the inuence of the digital in university
literate practices is analyzed, with emphasis on vernacular literacy
practices, and the characteristics of these practices are summarized.
Consequently, the method consisted of a documentary research in the
literature and multimedia material of literate practices and literacy.
Finally, strategies to bring the student closer to academic reading are
critically noted.
Prácticas letradas vernáculas y universitarias: una
vinculación en la sociedad de la información
Literate vernacular practices and University: a linking in the
information society
Armando Ávila-Carreto *
Daniel Mocencahua Mora * *
Palabras clave:
lectura, alfabetización,
investigación sobre la
lectura, sociedad de la
información, docencia.
Keywords:
Reading, Literacy,
Reading research, Infor-
mation society, Teaching
profesión.
* Universidad Autónoma de Tlaxcala, México.
** Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México.
Fecha de recepción: 8 de noviembre de 2019
Fecha de aceptación: 10 de abril de 2020
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Introducción
En el siglo XXI, se experimenta una transformación de los estilos y
actitudes habituales de lectura. Los medios digitales han reformado
las actividades tradicionales del comportamiento lector y, con ello, trans-
gurado las necesidades e intereses de los actores académicos involucra-
dos en la enseñanza- aprendizaje de la lectura y la escritura (Ballester
e Ibarra, 2016; Luck, Lamp, Coldwell-Neilson y Craig, 2016). Internet
está presente en diversos lugares; la escuela no es la excepción. Como
arma Solano, (2018): «[...] Los avances tecnológicos han transformado
las formas de comunicación, con quién, y cuándo se hace» (p. 27).
El desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunica-
ción (TIC) ha propiciado la creación y presentación de textos escritos
acompañados con diferentes soportes digitales, que no representan un
simple apoyo a la lectura, sino que forman parte esencial del conteni-
do. En consecuencia, el acto de leer es ahora una actividad multimodal
(Aparicio y Castellá, 2009).
En las instituciones de educación superior (IES) en México, la lectura
forma parte de la formación de alumnos en la comprensión crítica de
textos. No obstante, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de
Lectura (CONACULTA, 2015), los universitarios leen en promedio
10.9 libros al año, una frecuencia de lectura escasa comparada con la
de lectores de naciones con un mayor nivel socioeconómico y cultural,
donde según Argüelles (2017), se leen en promedio veinte o más libros
por ciudadano.
No obstante la importancia de estos datos, debe recordarse que el desa-
rrollo de la lectura no se basa en solo incrementar el número de textos
leídos por persona, sino fundamentalmente en favorecer el desarrollo
de los aspectos intelectuales que propician una cultura lectora (Manre-
sa, 2009). Durante el acto de leer, además, el sujeto acepta intervenir
en una comunidad reexiva. Por ello, el lector trata no sólo de com-
prender un texto, sino de adquirir diversas formas expresivas de utilizar
esa información en determinados contextos sociales (Kalman, 2004).
Existen diferentes maneras de acercarse a la lectura de textos. En las
IES se preere la lectura sistematizada —académica y obligatoria— por
encima de las prácticas letradas vernáculas contemporáneas, que resal-
tan la importancia de distintos soportes, discursos y formas de abor-
dar los textos en internet. En las Escuelas Normales, por ejemplo, se
desaprovecha la riqueza de un currículo abierto a la lectura vernácula,
digital, actual y global (Díaz-Barriga, 2019), que son autorreguladas e
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independientes de los preceptos literarios tradicionales, así como de los
acuerdos implantados sobre géneros, recursos y estilo (Cassany, 2012).
Los textos académicos, sin duda, son fundamentales para la enseñanza
y el aprendizaje en la universidad. Conocer las prácticas letradas uni-
versitarias —que evolucionan según circunstancia y época— es esencial
para determinar estrategias que permitan un acercamiento a los estu-
diantes. El objetivo de este trabajo es reexionar sobre las prácticas le-
tradas universitarias en la sociedad de la información, cómo se lee en la
actualidad y cuáles son algunos factores que modican el acto de leer.
En torno a la lectura
La lectura es una actividad de relevancia consensuada en distintas es-
feras culturales, disciplinas académicas y sectores sociales, que adopta
características heterogéneas, cambiantes y diversas de acuerdo con el
contexto social de cada sujeto, el género discursivo y la disciplina pro-
fesional. El acto de leer no es ambiguo o vago, sino un instrumento
dirigido a obtener ciertos objetivos denidos por el lector (Peris, 2009).
La lectura académica es un acto heterogéneo porque permite vincular
la mente del autor con la del lector, con un objetivo en torno a conte-
nidos enlazados con alguna especialidad, en un contexto social deter-
minado (Cassany, 2006). En contraste, los objetivos de lectura fuera
de la academia no son un n en sí mismo; en otras palabras, el lector
no lee por obligación. Al contrario, la lectura es una forma de lograr
propósitos sociales y experiencias culturales distintas a las escolares
(Zavala, 2009).
El acto de leer no es un proceso sencillo. La lectura mantiene una re-
lación estrecha con la representación que hacemos del mundo y de no-
sotros mismos (Manguel, 2006). Es un ejercicio constructivista por el
que el ser humano se apropia del texto y dene su signicado (Morales,
2002; Paredes, 2006). Un lector logra apropiarse de un texto cuando
le adjudica su propia palabra y conocimientos previos. De acuerdo con
Morales (2002), los textos adquieren su propio signicado a través de
un proceso hermenéutico que el sujeto construye, a partir de sus habi-
lidades, experiencias e intereses (Lerner, 1985, 2001).
Al respecto, Lahire (2004) arma que la lectura es una realidad in-
trospectiva, inmaterial y única, difícil de analizar de manera racional,
con discordantes estilos de leer, orientados a la creación, análisis y
transformación de nuevos signicados (Espino, 2017). Según Sánchez
(2014), estos nuevos estilos a los que se enfrenta la enseñanza son con-
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secuencia de la cultura de la información, que apoya la lectura en un
contexto de multitarea. Por ejemplo, cuando un joven combina dife-
rentes actividades como leer, escuchar música, navegar por internet y
escribir en un celular, en un tiempo determinado. A esto se le denomi-
na prácticas letradas vernáculas, una transformación en la manera de
leer (Cassany, 2008).
Las prácticas letradas vernáculas, para Zavala (2009), se consideran
como las diferentes expresiones donde se utiliza la lectura y la escritura
en la vida cotidiana de cada individuo. Estas incluyen a los sujetos,
objetos, valores, destrezas y conocimientos que forman parte del acto
lector. También se reeren a las maneras de participación en la socie-
dad, no solo en el funcionamiento de esta, sino en cómo los sujetos
utilizan los textos para relacionarse con su entorno social, aprender y
contribuir activamente en ella.
Así, las prácticas letradas vernáculas se denen como las actividades
que realizan los estudiantes fuera de la escuela abarcan «el conjunto de
tareas letradas que ocurren en el ámbito privado y ocioso de la familia
y lo amigos, que hacemos por iniciativa propia, cuándo y cómo nos da
la gana y sin seguir norma o directriz alguna» (Cassany, 2012, p. 92).
Dicho de otra manera, estas prácticas se dan cuando el sujeto lee de
manera autónoma, sin la obligación de seguir las normas implantadas
por las comunidades que dictan qué es lo socialmente aceptable o for-
mal, como la escuela, la familia o las instancias de gobierno (Barton y
Hamilton, 1998). Las prácticas letradas vernáculas se reeren al acto
de leer y escribir para realizar las actividades de comunicación digital
de la vida diaria, sin la necesidad de seguir las prácticas dominantes de
redacción de un correo, un mensaje instantáneo o un chat. El principal
objetivo que buscan los locutores o autores vernáculos es ser expresi-
vos, originales e individuales, es decir, lograr mostrar su propio sello
particular en el momento de hablar o de escribir.
Existe, pues, una disparidad «entre las habilidades que promueve la es-
cuela y las que los estudiantes desarrollan con mayor motivación fuera
de ella, esto explica por qué muchos chicos no rinden en el sistema
escolar, aunque lo hagan muy bien fuera de esta institución» (Zavala,
2009, pp. 34-35). Pero de acuerdo con Pahl y Rowsell (2005), los jóve-
nes aprenden mejor cuando existe una prolongación entre las prácticas
académicas y las vernáculas.
Las prácticas académicas y la vernáculas se inscriben dentro del con-
cepto de literacidad. La literacidad hace referencia a todos los conoci-
mientos, habilidades, valores y prácticas relacionadas con el uso de la
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lectura y escritura (Cassany, 2008). Es un proceso cognitivo que los
lectores despliegan en diferentes situaciones y con disímiles objetivos
(Jones et al., 2009). El término proviene de la palabra anglosajona li-
teracy; en la literatura en castellano hay una escasa unanimidad en
la traducción. En la mayor parte de las investigaciones sobre el tema
se utiliza la palabra alfabetización —término comúnmente asociado
con ignorancia o incultura—. Por esta razón, Zavala (2002) propone
el neologismo literacidad, el cual carece de connotaciones peyorativas,
dado que esta palabra proviene de la raíz litera cercana en signicado al
adjetivo letrado. Cabe resaltar aquí que la literacidad también incluye
las habilidades y conocimientos relacionados con el uso de las Tecno-
logías de la Información y la Comunicación (TIC), que de acuerdo con
algunos autores, son esenciales para desarrollar actitudes que facilitan
la creación de bienestar personal, social y económico (Breivik, 2005;
Kellner, 2004).
Los textos digitales de las TIC representan nuevos desafíos porque
proyectan un impacto considerable en la capacidad del lector para
comprender lo que lee (International Reading Association, 2002). «Se
aproxima una revolución en la lectura gracias a la masiva proliferación
de tecnología móvil, y las futuras investigaciones deberían dirigirse a
evaluar, mejorar y facilitar esta revolución a medida que se desarrolla»
(UNESCO, 2015, p. 82).
Esta transformación se debe a que los textos impresos muestran sus
contenidos de manera cautiva, mientras que el internet brinda la po-
sibilidad de acercarse a la información de manera libre y global. No
obstante, «en internet convive la información rigurosa con la mani-
pulación; ante estos peligros, la red demanda una notable pericia en
la navegación y, de momento, requiere para el lector no experto más
capacidad crítica que ningún otro medio» (Cortiñas, 2009, p. 106). En
este sentido, es necesario considerar la importancia de la literacidad
informacional como práctica letrada de leer y escribir en internet, la
cual plantea que no basta con descodicar, verbalizar, comprender y
aprovechar un escrito, sino saber elegirlo de entre una sobresaturación
de información. La literacidad informacional se reere, además, a todo
tipo de instrumentos culturales que permitan al sujeto anticiparse de
manera independiente a los cambios en el entorno de la gestión de la
información. En otras palabras, se dene la literacidad informacional
como la capacidad de identicar necesidades informativas, buscar y
localizar respuestas y poder evaluarlas con éxito (Cassany, 2008).
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Perspectivas sobre la lectura
De la misma manera que cambian las necesidades y los deseos de los
seres humanos, conforme avanza el tiempo, de acuerdo con la disci-
plina, el enfoque de escuela en boga y el contexto cultural, también
cambia la forma de acercarse a la lectura —y a la escritura—. Hoy, por
esto, el acto de leer es diferente a como se hacía en el siglo veinte. En la
actualidad, los factores que transforman la lectura son la instauración
y el progreso de la democracia, la globalización, el internet y un ma-
yor énfasis en la ciencia (Cassany, 2013). Pero ¿quién determina que
un lector sea considerado ingenuo o lúcido? De acuerdo con Cassany
(2012), esta valorización se da a partir de referentes sociales e ideo-
lógicos, con mayor notoriedad en los discursos de la escuela a través
de los docentes, los intelectuales y la comunidad alfabetizada, quienes
señalan como buen lector al estudiante que trabaja con textos ociales
y académicos, mientras que el mal lector es al alumno que aprecia otros
textos más comunes o menos complejos (Cassany, 2012).
En el auge de la sociedad de la información, el aprendizaje y la enseñan-
za de la lectura se conciben en la escuela como actividades descontex-
tualizadas. Esto, tal vez se deba al imaginario escolar que trae consigo
desde el siglo pasado, un imaginario que concibe al acto lector como
una habilidad cognitiva y universal, es decir, que supone que todos los
seres humanos leen de manera semejante, homogénea. Una visión aná-
loga se observa en las pruebas estandarizadas para medir la competen-
cia lectora, por ejemplo, el Programa para la Evaluación Internacional
de Alumnos —mejor conocido como prueba PISA—, del cual no se po-
ne en duda la información que aportan, sino el enfoque de evaluación
centrado en actividades académicas tradicionales, lenguas ociales y
prácticas tradicionales de lectura. Además, a medida que se realiza un
mayor número de pruebas, se vuelve cada vez más importante la discu-
sión sobre cómo las diferentes opciones del formato de evaluación —en
línea, papel y lápiz o híbridas— afectan los puntajes de los estudiantes y
las propiedades psicométricas. Con todo, la información publicada por
la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OC-
DE, 2016), en la prueba PISA de 2015, destaca que, en el tema de lite-
racidad, México ocupaba el lugar 55 de 72 países miembros. Este dato
no ha sufrido alteración alguna desde 2009. Una forma de comprender
esta situación es reexionar sobre si debe considerarse una obligación
el acto de leer (Argüelles, 2017), si esta obligatoriedad propicia una
perspectiva que exhorta a memorizar textos, y gratica la calidad de los
trabajos con base en la cantidad de páginas escritas (Freire, 2004). Esto
resultaría contradictorio con el genuino placer de la lectura.
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Finalidad de la lectura
Las habilidades de lectura impactan en las oportunidades laborales,
el éxito económico y el progreso social de las personas (Jones et al.,
2009). Las naciones con niveles bajos de lectura presentan mayores
dicultades en su desarrollo, pues a medida en que estas se industria-
lizan, requieren un mayor número de personas con habilidades de
literacidad. A partir de resultados de la OCDE y de las instituciones
culturales de los países miembros sobre la lectura, se ha originado un
amplio debate sobre las políticas educativas. De acuerdo con Díaz-Ba-
rriga (2019) se discute la necesidad de reestructurar los contenidos
pedagógicos y disciplinares de los planes de estudio, que desde el siglo
diecisiete sitúa la enseñanza en una pedagogía de pensamiento conver-
gente, cuando, en la actualidad, la búsqueda de información se realiza
desde un pensamiento divergente. En este sentido, debe encontrare có-
mo combinar una correcta síntesis de textos, con un acompañamiento
en las búsquedas de información, así como desarrollar la capacidad de
emplear estrategias tecnológicas en situaciones de aprendizaje. Para
ello, sería conveniente analizar las prácticas de lectura de los |alumnos
en la sociedad de la información donde se considera que ser analfabeta
se asemeja a la situación que viven los sujetos que no son capaces de
seleccionar información adecuada en la red (Martí, 2009).
Internet está modicando las prácticas letradas. Leer en la red es dis-
tinto de lo que representaba leer en el siglo XX. Investigadores reco-
miendan reexaminar los currículos que impiden entrar a internet o
que estén orientados hacia actividades desconectadas de la red (Cas-
sany, 2012). De acuerdo con Piscitelli (2010), el modelo educativo
tradicional, centralizado y cerrado, es obsoleto en la actual sociedad
de la información, porque fomentan la memorización y repetición de
información en los jóvenes estudiantes. El autor arma que “tanto el
orden como la estructura del conocimiento se disuelven. El conteni-
do episódico de libros o conferencias o clases magistrales, así como
la estructura lineal y jerárquica de los cursos, desaparece totalmente
bajo esta nueva estrategia […]” (p. 13); las redes sociales son una he-
rramienta de aprendizaje no formal. En la misma línea, Pera (2014)
señala que las universidades «en las que la palabra hablada y la palabra
escrita no son ya sucientes para la transmisión de la cultura y del
conocimiento, [...] deben de ser ampliamente complementadas con la
palabra digital, el hipertexto y la interactividad» (p. 81).
Los centros educativos no pueden permanecer inertes ante los fenó-
menos digitales; deben planear estratégicamente el enriquecimiento
de los contenidos académicos con los que se obtienen desde internet,
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mediante el uso correcto de la información. Los sujetos participan en
su aprendizaje a lo largo de su vida, en la escuela o fuera de ella, y
gran parte de este proceso se relaciona con el uso de textos, y en la ac-
tualidad de comprender, utilizar y trabajar con materiales digitales. La
escuela debe comprender y autorregular el proceso lector de los jóvenes
universitarios para responder a la nueva forma de leer y de escribir en
las TIC, e implementar estrategias de navegación y de lectura digital.
El aumento de la información disponible —carente de rigor— subraya
la necesidad de la habilidad lectora para buscar, evaluar e interpretar la
información. No se trata solo de enseñar a interpretar el signicado del
texto o discernir sobre la información obtenida, sino de un aprendizaje
de la lectura que implique saber utilizar los textos y su contenido en cir-
cunstancias diferentes de la realidad (Peris, 2009). En consecuencia, es
elemental analizar las prácticas letradas contemporáneas que penetran
la universidad, con el objetivo de apoyar la investigación sobre la com-
prensión y producción de escritos adecuados para cada licenciatura.
Para principios de la próxima década, los sujetos y naciones que no cuen-
ten con las habilidades tecnológicas y de comunicación digitales proba-
blemente no prosperarán. Estas nuevas habilidades básicas son funda-
mentales para los seres humanos, independientemente de sus objetivos,
su género, antecedentes sociales o económicos (Murnane y Levy, 1996).
Este nuevo escenario requiere de nuevas observaciones más efectivas
para contribuir a resaltar el problema de la formación de lectores.
En la sociedad del conocimiento, los educandos tienen el compromiso
de resolver problemas a través del pensamiento crítico, por lo que es
necesario brindar las condiciones que potencien la lectura. Dentro del
proceso de enseñanza-aprendizaje, resultará elemental considerar las
prácticas letradas vernáculas y digitales, puesto que los textos comunes
son un vínculo con el currículo escolar. Se considera que los jóvenes
aumentarán su motivación por la lectura, en la misma proporción en
que los textos y las prácticas que se trabajen en el aula sean las mismas
que emplean en su vida cotidiana fuera de la universidad.
Prácticas letradas universitarias
El currículo universitario ha llevado a las nuevas generaciones al estu-
dio de un lenguaje especializado propio de cada licenciatura. En oca-
siones los educandos no comprendan lo que leen, o peor aún, reciben
un conocimiento fragmentado— en fotocopias, capítulos, etc.— En
contraste, la lectura breve —pero completa— y con viñetas, les atrae
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más por el menor número de páginas que contiene comparada con la
de un libro o un artículo. En este sentido, Argüelles (2015) resalta que
los universitarios aprecian los materiales de lectura «digeridos» o de
corta extensión, y que preeren desentenderse de la lectura porque
implica para ellos un esfuerzo intelectual a evitar a toda costa. En otras
palabras, no conciben la lectura como un proceso fundamental para la
inteligencia personal y profesional
No obstante, debemos recordar que las categorías ideológicas de lec-
tores, textos y prácticas letradas cambian conforme el contexto social.
Aquí nos que interesa al desarrollo del entorno académico en la univer-
sidad, que exige a los estudiantes tareas denidas y complicadas, que
no todos logran solventar a pesar de contar con la capacidad lectora
adquirida desde la educación básica. Por consiguiente, los alumnos no
muestran un perl de lectores profesionales.
La lectura impacta de manera efectiva en el rendimiento académico
(Espino y Barrón, 2017) y actúa como uno de los principales factores
para potencializar la calidad de los procesos de enseñanza y aprendiza-
je. Es común que el estudiante que ingresa a la universidad presente di-
cultades para hacer frente a actividades de lectura inéditas y prácticas
letradas que desconoce de esa comunidad académica. Especícamente,
el dilema al que se enfrenta el alumno que inicia su carrera universi-
taria, es el aprendizaje a través de textos difíciles de comprender por
el nivel de información cientíca propia de la licenciatura elegida. La
comunidad académica que lo recibe, le demanda que construya inter-
pretaciones concretas, de acuerdo con prácticas ociales establecidas
con anterioridad.
Se espera que el universitario sea un lector ávido de textos de todas las
disciplinas, en especial las de artes y humanidades. El objetivo es que
el sujeto se integre a la cultura, experiencias y conocimientos sobre
diferentes áreas de estudio. El desarrollo de la lectura en universita-
rios es el medio para obtener benecios en su rendimiento académico,
social y personal. Y facilita un desarrollo integral y equilibrado para
la situación laboral, multidisciplinaria y globalizada que enfrentarán
los egresados de la universidad. En denitiva, la lectura de la palabra
transforma la lectura del mundo, a través de una práctica consciente
(Freire, 2004).
De acuerdo con Cassany (2008), las prácticas letradas académicas se
ven afectadas por el desarrollo tecnológico y la globalización. A par-
tir de estos dos factores se puede distinguir cómo los jóvenes de hoy
leen y escriben sustancialmente diferente a como lo hacían los seres
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humanos hace algunos años. Lo que da como resultado nuevas formas
de texto, que responden a la creciente demanda de comunicación de
los universitarios.
Si analizamos las prácticas letradas contemporáneas que realizan los
estudiantes, podemos encontrar la zona de desarrollo próximo para
motivar la lectura académica. Pero los alumnos no aprenden a leer de-
bido a que la escuela privilegia las prácticas letradas formales u ocia-
les, cuando en realidad los estudiantes pasan más tiempo en las prác-
ticas de lectura vernácula. Estas son privadas, espontáneas, sobre todo
interesantes para el sujeto. La generación actual no lee de principio a
n, mucho menos siguen el orden de las páginas. La lectura depende
del interés o necesidades del estudiante. Por ello, es probable que los
alumnos consideren que una vez aprobadas las asignaturas de la uni-
versidad, se vuelva innecesario mejorar su desempeño en la lectura
continua, lineal, que estimula métodos de memorización y repetición
de información con el objetivo de aprobar (Argüelles, 2015) materias
tanto en la educación básica como en el posgrado.
Es esencial que la lectura coloque el pensamiento y la discusión por
encima de la memorización, esta última tan prescindible entre los uni-
versitarios para aprobar y entre los docentes para enseñar.
El universitario y la lectura digital
Los estudiantes viven en una sociedad de la información que se carac-
teriza por una cultura participativa entre sus miembros, que muestra
una resistencia a las prácticas culturales ociales (Piscitelli, Adaime, y
Binder, 2010). Por ejemplo, los jóvenes universitarios con débiles há-
bitos de lectura y mayores dicultades para la comprensión y atención
de las lecturas ociales escolares muestran que en su vida privada tie-
nen mayor interés y motivación por las prácticas letradas vernáculas
(Cassany, 2012). A estos alumnos que son lectores perseverantes de
otro tipo de textos —como las publicaciones en redes sociales— se les
categoriza como débiles lectores, por su escasa gusto por la lectura aca-
démica y su rechazo a los textos escolares.
Los estudiantes que se desarrollan en una era digital son consecuencia
de un método de aprendizaje-informal- sobrestimulados por diversos
elementos como guras, dibujos, colores, ruidos, entre otros (Díaz-Ba-
rriga, 2013). Gracias a internet, algunos estudiantes se forman en la
red, a partir de textos no escolares que los estimulan. Los jóvenes no
muestran interés por aprender a leer mediante las prácticas escolares
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tradicionales, las que consideran «individualistas, lentas, aburridas y
desconectadas de su entorno» (Cassany, 2008, p. 73). Investigaciones
como las de García-Delgado y Arias (2014), y Wang, Chiu, Ho y Lo
(2016), reportan que los estudiantes universitarios preeren la lectura
digital porque es supercial y no requiere de una comprensión profun-
da. Por su parte, Kim y Kim (2013) señalan que los estudiantes están
habituados al uso de los medios digitales para la búsqueda cómoda de
información, por lo que en pruebas como el GRE, GMAT, TOEFL y
USMLE (Bennett, 2003) ha aumentado el uso de modelos de evalua-
ción en línea.
Lectura y docencia
Si bien es cierto que el estudiante lee más que antes, ahora es más di-
fícil seleccionar, comprender e interpretar el material de lectura. Los
estudiantes muestran mayores habilidades que sus docentes en el uso
y manejo de las TIC. Sin embargo, la información obtenida a través de
estas tecnologías no es conocimiento per se. Insistimos, la escolariza-
ción se ha enfocado en premiar la memorización y la repetición como
principales estrategias para aprobar los cursos, y cuando el estudiante
traslada el aprendizaje al uso de las TIC, se presenta el famoso «copiar
y pegar», dejando de lado la interpretación para encontrar el sentido y
signicado de los datos obtenidos.
Los jóvenes utilizan el internet como lugar de ocio y esparcimiento; la
tarea docente debería consistir en desarrollar acciones pedagógicas pa-
ra fomentar el uso responsable de ese espacio apoyándose en las habili-
dades de sus propios alumnos. Algunos docentes demeritan los textos
recopilados de internet por sus alumnos, cuando lo que se espera es que
ellos aprendan a seleccionar y evaluar la información.
En este sentido, de acuerdo con Díaz-Barriga (2019), en las IES ingre-
san estudiantes que buscan un estímulo inmediato y otorgan mayor
relevancia a las redes sociales que a los proyectos escolares. Los estu-
diantes muestran una actitud diferente al orden y la disciplina duran-
te su aprendizaje, por lo que ahora los docentes se cuestionan dónde
aprenden lo signicativo, ¿en internet o en la escuela?
Los jóvenes de hoy investigan en internet cualquier información, a pe-
sar de que no cuenten con las habilidades de discriminación necesarias
para lograrlo. Ahora la tarea del docente es que el estudiante reconozca
y precise sus necesidades de información; que sepa aprovechar los di-
ferentes motores de búsqueda; que determine la calidad de la fuente y
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los resultados; comprenda esos datos y los vincule con sus opiniones y
necesidades; y referir con rigor las fuentes consultadas.
La escuela debe de ser más tolerante y perceptiva de las tendencias y las
exigencias de los alumnos. Por esto, la responsabilidad de los docentes
es enseñar a cuestionar cuáles son los textos y contenidos más apropia-
dos entre todo el entramado de información presente en la red y otros
medios; denir cómo legitimar, incorporar y utilizar en la educación
las nuevas prácticas letradas de los estudiantes en internet.
Si los alumnos establecen una relación pedagógica con sus docentes
y se reconoce una nueva dinámica mediada por las TIC, se permiti-
rá establecer un espacio donde se ambos se retroalimentan entre sí,
mediante el uso de internet: una pedagogía de la asociación que, en
opinión de Prensky (2015), trata de reconocer los conocimientos y
prácticas que aportan docentes y educandos. Los docentes colaboran
con parte de sus conocimientos, mientras que respetan la opinión, co-
nocimientos previos e intereses de los estudiantes. En este punto es
conveniente recordar las palabras de Freire (2016) cuando invitaba a
los docentes a no combatir la televisión —en ese momento el medio de
comunicación privilegiado entre los estudiantes—, sino a encontrar la
mejor manera de incitar la curiosidad y el pensamiento crítico a través
de la lectura de aquel medio.
Conclusiones
Aquí no se plantea que los alumnos por sí mismos se conviertan en
lectores ecientes; coincidimos con Gambrell (2015) que, en el pro-
ceso lector, el acto pedagógico docente es esencial. Un primer paso en
esta tarea es que los profesores entendamos que, como arma Cassany
(2012), el tiempo utilizado por los alumnos cuando se conectan a la
internet, inuye en su educación. También es importante reconocer,
junto con Martínez, Vélez, Ramírez y Pedraza (2015), que el acto lec-
tor es una habilidad adquirida en la educación básica que no puede
transferirse a la educación universitaria.
Hoy, es importante en la educación aprovechar las prácticas letradas
vernáculas de los alumnos para obtener objetivos académicos. Integrar
la literacidad informacional en el currículo escolar permitiría desarro-
llar nuevas alfabetizaciones en la lectura digital de los estudiantes: for-
mar, como lo propone Arguelles (2015), alumnos críticos que logren
distinguir entre lo verídico y lo falaz, capaces de desaar con habilidad
un medio de comunicación engañoso, como lo es la red.
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Para esto se requiere adoptar responsablemente una pedagogía de
acompañamiento docente, que motive a utilizar los medios digitales
como parte de una alfabetización en el uso educativo de las TIC. Los
estudiantes necesitan desarrollar procesos cognitivos que les brinden la
capacidad de identicar, clasicar y evaluar la información carente de
rigor académico, para evitar caer en el peligro de creer en contenidos
falsos obtenidos de manera fácil, sin trabajo ni esfuerzo crítico.
Es importante también que en las evaluaciones críticas de la informa-
ción de internet, se contemple el análisis de la variedad de tipos de
textos para conocer la manera cómo se presentan los textos narrativos
e interactivos por diversos medios.
En conclusión, conocer las prácticas letradas vernáculas de los estu-
diantes representan un área de oportunidad para conocer sus gustos
y motivaciones de lectura, y a partir de ahí hacer más atractivas las
actividades de aprendizaje en la escuela. Con la gamicación, los textos
pueden convertirse en algo concreto y actuar sobre ellos como en un
juego. El mensaje no es eliminar las lecturas académicas por las ver-
náculas, sino vincular la escuela con los intereses de los alumnos, sin
olvidar el enfoque y el manejo ético de la información.
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Investigación de 40 años mediante encuestas y entrevistas a mujeres de cuatro generaciones de mujeres de Mixquic (San Andrés Mixquic) en la delegación de Tláhuac del Distrito Federal. En la misma se muestra cómo ha aumentado paulatinamente la presencia de la cultura escrita en la comunidad a partir del surgimiento y desarrollo de espacios comunitarios para la lectura y escritura. La alfabetización ha tomado un papel importante como proceso de aprendizaje que va más allá de leer y escribir.
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Resumen: Hace una centuria la alfabetización no tenía el significado y trascendencia que tiene en nuestros días.Actualmente saber leer y escribir se ha convertido en algo que es vital.La lectura es un proceso que posee tres áreas estratégicas: Cognitiva, metacognitiva y social- afectiva. La Psicología Cognitiva identifica, en la lectura, dos tipos de procesos. Por un lado, los denominados microprocesos o procesos de bajo nivel y, por otro, los macroprocesos que son aquellos que permiten que el lector extraiga el significado de lo que lee, correspondiendo a lo que es la comprensión. Pero, si la comprensión lectora es un elemento fundamental en lo que realmente es la lectura, el proceso decodificador también lo es.Abstract: One hundred years ago literacy skills were not so important. However, for the present writing and reading are the fundamental skills that every individual's expected to and needs to possess. In Reading there are three strategy areas: cognitive, metacognitive, and social/affective. The Cognitive Psychology identifies two types of processes in reading: the microprocess or low level process and the macroprocess, when the reader extracts the meaning of what is being read, and which corresponds to comprehension. Decodification process and reading comprehension are key elements in reading.
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En la actual era de la información es inminente la incorporación al aula de tecnologías de la información y comunicación (TIC), este proceso hace necesaria una revisión de su uso educativo y el sentido didáctico con el que se implementan. Hay que tener claro que las TIC nos dan acceso a la información, pero no por eso se genera conocimiento, esta gran cantidad de información implica el desarrollo de procesos cognitivos que permitan al estudiante identificar, clasificar y priorizar el valor académico de las consultas, así como llegar a una construcción personal de la respuesta. En este artículo se hace una propuesta para construir secuencias didácticas articulando principios didácticos con uso de las TIC.
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Local Literacies is a unique detailed study of the role of reading and writing in people’s everyday lives. By concentrating on a selection of people in a particular community in Lancaster, England, the authors analyse how they use literacy in their day-to-day lives. It follows four people in detail examining how they use local media, their participation in public life, the role of literacy in family activities and in leisure pursuits. Links are made between everyday learning and education. The study is based on an ethnographic approach to studying everyday activities and is framed in the theory of literacy as a social practice.
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The purpose of the study was to examine differences in reading performance when an electronic test format with a scrolling text mode on a LCD monitor and a traditional paper test format were used to present reading tests to teenagers who belong to Generation Z. In this study, participants were 108 high school students who each read two different reading passages, one from paper and the other from an LCD monitor. The results show that teenagers’ reading performance is affected by a presentation medium. Teenagers scored significantly higher on the paper reading comprehension tests than on the electronic ones, with average scores of 76 and 61 respectively. In addition, teenagers took much longer time to read passages and answer questions on the electronic tests than the paper tests. The paper tests only took teenagers an average of 10 minutes, but the electronic tests took an average of 16 minutes to complete. Several other variables such as gender and presentation medium preference were also tested against the variables of reading performance. These findings have strong implications for educators and educational administrators.
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Obra que reúne las reflexiones de Paulo Freire sobre el proceso de concientización y liberación, donde plantea algunas consideraciones del acto de leer y estudiar como prácticas necesarias para contribuir en ese proceso.
Reflexiones sobre la lectura multimodal: el caso del Power-Point. En D. Cassany (Ed.), Para ser letrados. Voces y miradas sobre la lectura
  • H Aparicio
  • J Castellá
Aparicio, H., y Castellá, J. (2009). Reflexiones sobre la lectura multimodal: el caso del Power-Point. En D. Cassany (Ed.), Para ser letrados. Voces y miradas sobre la lectura. (pp. 217-232). Barcelona: Paidós.