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En este trabajo presentaremos en forma sintética las diversas labores arqueológicas llevadas a cabo en el campo de batalla “La Verde”. Dentro del contexto de; —en términos historiográficos— “Revolución mitrista”, el 26 de noviembre de 1874 se produjo una batalla en las inmediaciones de la estancia “La Verde” (actual partido de 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires). En este evento se enfrentó la vanguardia de las fuerzas gubernamentales de la nación argentina, al mando del Teniente Coronel Inocencio Arias, y las fuerzas revolucionarias “Constitucionalistas” al mando de Bartolomé Mitre
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CAPÍTULO 6
UN ZARPAZO AL OLVIDO DE LA HISTORIA:
LA BATALLA DE LA VERDE (1874), PARTIDO DE 25
DE MAYO, BUENOS AIRES, ARGENTINA
Azul Blaseotto, Fabián Bognanni, Florencia Caretti, Horacio De Rosa, Jimena
Doval, Facundo Gómez Romero, Emanuel Montanari, Carlos Landa, Marcela
Pichipil, Virginia Pineau, Alejandra Raies, Pedro Salminci
War, children, it's just a shot away
It's just a shot away
Gimme Shelter
Álbum: Let it bleed (1969)
M. Jagger/K. Richards
The Rolling Stones
Introducción
n este trabajo presentaremos en forma sintética las diversas labores
arqueológicas llevadas a cabo en el campo de batalla “La Verde”. Den-
tro del contexto de; en términos historiográficos “Revolución mi-
trista”, el 26 de noviembre de 1874 se produjo una batalla en las inmediaciones
de la estancia “La Verde” (actual partido de 25 de Mayo, provincia de Buenos
Aires). En este evento se enfrentó la vanguardia de las fuerzas gubernamentales
de la nación argentina, al mando del Teniente Coronel Inocencio Arias, y las
fuerzas revolucionarias “Constitucionalistas” al mando de Bartolomé Mitre
(Figura 1).
El estudio arqueológico del sitio se incluye dentro del área disciplinar
conocida como Arqueología histórica. Dentro de esta especialidad, se enmar-
can las investigaciones pluridisciplinarias sobre eventos bélicos desde hace al-
rededor de 30 años. Se destacan los primeros estudios llevados a cabo, durante
la década del 80, en Little Bighorn (1876) por Richard Fox (1993), las investi-
gaciones realizadas sobre campos de batalla de la Guerra civil norteamericana
(Geier y Winter 1994); y la prolífera producción del equipo dirigido por el Dr.
E
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
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Tony Pollard, que incluye múltiples conflictos bélicos tales como los enfrenta-
mientos entre Zulúes y británicos en 1879, batallas medievales y sendas guerras
mundiales (Pollard y Banks 2005, entre otros). Por su parte en Latinoamérica,
los estudios arqueológicos de campos de batalla, si bien no son abundantes,
vienen realizándose desde hace casi dos décadas. En Argentina resaltan los tra-
bajos pioneros del Dr. Mariano Ramos en el sitio de la batalla de Vuelta de
Obligado (1845), los cuales se llevan a cabo ininterrumpidamente desde el año
2000. En los últimos años, el equipo dirigido por el Dr. Juan B. Leoni investiga
los escenarios bélicos en donde se desarrollaron las batallas de Cepeda (1859) y
Pavón (1861) (como puede apreciarse en este volumen).
Figura 1. Ubicación del sitio campo de batalla “La Verde”
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
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Como se pudo apreciar con mayor grado de detalle en el apartado edi-
torial de este libro, el aumento significativo de este tipo de estudios ha suscita-
do entre diversos estudiosos la necesidad de incluirlos dentro de marcos epis-
temológicos más amplios. Así se establecieron tres definiciones con pretensión
de constituirse en áreas o subáreas de conocimiento: Arqueología del conflicto,
Arqueología de la violencia y Arqueología militar (ver Landa 2013, para mayor
información sobre el alcance y los vínculos entre estos campos).
Los campos de batalla constituyen casos de extrema particularidad para
la Arqueología, dado que se trata de eventos de una escala temporal de corta
duración (horas o días generalmente), pero que sin embargo pueden adscribirse
a escalas espaciales macro. En nuestro caso, el estudio arqueológico del campo
de batalla de La Verde ejemplifica lo anteriormente manifestado, y ha posibili-
tando la generación de nuevas líneas de conocimiento en torno a un evento
considerado menor por la Historia.
A continuación desarrollaremos el contexto histórico en el que se ori-
ginó el citado conflicto bélico. Luego sintetizaremos los resultados obtenidos
en las campañas realizadas entre 2008 y 2012, abordando la metodología de
estudio y las diversas líneas de investigación. En una primera instancia, se sinte-
tizarán los resultados de los estudios arqueo-metalúrgicos sobre vainas y pro-
yectiles de plomo. En segunda lugar, se describirán los datos obtenidos a partir
del análisis espacial que se realizó mediante la interrelación de cartografía, fuen-
tes históricas y hallazgos arqueológicos, utilizando los programas Map annalyst
1.3.6. (Bernhard y Weber 2013) y Arcgis 3.2. (ESRI. 1999) Finalmente, se pre-
sentará el trabajo realizado a través del dibujo y la historieta, una nueva pers-
pectiva de estudio que permite el registro documental tanto de la batalla como
de la labor de investigación.
La batalla de La Verde: contexto histórico
La batalla de La Verde, ocurrida el 26 de noviembre de 1874, se produ-
jo en las inmediaciones de la estancia “La Verde” (35°4957,95’’ Lat. S,
60°4319,21’’ Long. O), ubicada en el medio de una gran región conocida como
la llanura pampeana. Este episodio bélico, como se fue anticipado más arriba,
sucedió en el marco de la denominada Revolución mitrista. Esta revolución se
originó a raíz del resultado de la elección presidencial del 12 de abril de 1874,
en la que Nicolás Avellaneda se impuso como sucesor de Domingo Faustino
Sarmiento. El escrutinio no fue aceptado por Bartolomé Mitre y sus lugarte-
nientes, quienes se levantaron en armas contra el gobierno nacional, luego de
levar a miles de fervientes seguidores por toda la provincia de Buenos Aires.
Este alzamiento estalló en dos grandes teatros de operaciones: a) en Cuyo y la
provincia de Córdoba; y b) la provincia de Buenos Aires (Figura 2).
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
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Figura 2. Ubicación de las tropas y el derrotero que tomaron en el transcurso
de la llamada Revolución Mitrista (Best 1980)
Bartolomé Mitre había sido presidente durante el período de 1862 a
1868, siendo además militar1, estudioso, escritor y periodista (fundador del pe-
riódico La Nación, que actualmente es uno de los de mayor tirada en el país).
Las operaciones militares en Buenos Aires se iniciaron con el desembarco de
Mitre en la zona del Tuyú, desde donde fue recorriendo la línea de fortines
comandados por militares adeptos (entre ellos, Ignacio Rivas, Francisco Borges
y Benito Machado). A lo largo del recorrido, fue levando las tropas a su cargo,
al gauderio local y a los guerreros indígenas pampas comandados por su jefe
Cipriano Catriel, estos últimos tradicionales aliados de los criollos desde la
época de Juan Manuel de Rosas (1829-1852). Los soldados levados se encon-
traban apostados en los fuertes y fortines que defendían las poblaciones criollas
contra los ataques indígenas, que vivían fundamentalmente en la actual provin-
cia de La Pampa. Así, Mitre logró conformar un ejército de miles de hombres
1 Entre otros cargos, se desempeñó como General en Jefe de las fuerzas aliadas que combatie-
ron en la denominada Guerra del Paraguay o de la Triple alianza, también llamada Guerra
Guazú (1865- 1870), el conflicto armado de mayores dimensiones en la historia de Sudamérica.
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
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(Walther 1964). Al respecto, Teofilo Gomila recordaba que: Reunido todo el
ejército, fuerte de seis á siete mil hombres, con dos batallones de infantería, el
cuatro de línea y el 24 de Setiembre quinientas plazas más ó menos. Dos Reji-
mientos de caballería de línea, el 9 y el 11, varias piezas de artillería(Gomila
1910, en De Jong y Satas 2011: 239-240).
Cuando las fuerzas mitristas o el Ejército Constitucional, tal como se au-
todenominaban, se dirigían al norte de la provincia (con el fin de reunirse con las
fuerzas cuyanas), se encontraron con exploradores de la vanguardia del ejército
leal al gobierno. Esta vanguardia estaba comandada por el Teniente Coronel José
Inocencio Arias, que sorprendido por la cercanía del ejército rebelde procedió a
parapetarse con sus hombres en el puesto de la estancia La Verde (Gomila 1910,
en De Jong y Satas 2011; Mármol 1876). En este sitio se aprovecharon algunas
de las instalaciones rurales, tales como un edificio con terraza y los extensos fo-
sos de los corrales. La batalla en cuestión sucedió entre dicha vanguardia de las
fuerzas gubernamentales y el grueso de las tropas revolucionarias. Estas fuerzas
distaban de ser equitativas en lo que a hombres y armamento respecta. Arias
contaba con 800 efectivos armados en sumatoria de modernos fusiles y carabinas
de retrocarga marca Remington, importados de los Estados Unidos de Norteamé-
rica (Gomila 1910, en De Jong y Satas 2011; Mármol 1876), frente a 5000 solda-
dos rebeldes. La gran desventaja numérica de Arias fue compensada por: a) la
mejor y mayor capacidad de fuego de su infantería; y b) la posición defensiva
tomada y el disciplinamiento de sus hombres.
La batalla fue encarnizada; la infantería de Arias realizó fuego continuo
en varias hileras (de pie y de rodillas), llegando a detener las cargas de caballería
a pie de trinchera. Tras tres horas de lucha, se calcularon entre 300 y 400 vícti-
mas, entre muertos y heridos (MGM 1875). En una carta del año 1902, el Co-
ronel Arias indicaba a B. P. Machado el accionar de su abuelo, el Coronel Beni-
to Machado, en la batalla:
“el coronel Machado demostró en el combate gran arrojo, cargando
sable en mano a media rienda sobre el Batallón Saladillo, que des-
plegado en batalla y rodilla en tierra hacía fuego de hileras terrible-
mente mortífero, llegando así hasta unos doscientos metros de mis
posiciones, donde echó pie a tierra y continuó avanzando hasta unos
cincuenta metros más, pero redoblado el fuego de mi infantería se
vio obligado a emprender la retirada dejando el campo cubierto de
muertos y heridos (carta citada en Del Valle 1926) (Figura 3).
Los trabajos arqueológicos
El primer acercamiento al terreno donde sucedió la batalla de La Verde
fue efectuado en el otoño de 2007, previo permiso de acceso de los dueños
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
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actuales de los terrenos, señores Sánchez Álzaga. En aquella ocasión se pudo
certificar la existencia del monolito conmemorativo del centenario de la con-
tienda, construido por el Ejército Argentino en 1974 (Figura 4).
Figura 3. Grabado de la época en la que se aprecia la disposición de las tropas
de infantería y caballería atacantes (Scenna 1981)
La segunda prospección en el terreno posibilitó la demarcación de zo-
nas de potencialidad arqueológica, a partir de los hallazgos superficiales (e.g.
proyectiles de plomo y botones militares, entre otros) efectuados por habitan-
tes del lugar.
La amplitud de la escala espacial dificulta definir con certeza los límites
de la batalla. Al respecto, Quesada Sanz expresa: La extensión de los campos de
batalla es otro serio problema, ya que pueden oscilar entre un espacio reducido,
poco mayor que un campo de fútbol muy difícil de localizar por esta misma
circunstancia, o un inmenso espacio de diez kilómetros por cuatro. Un campo
de batalla medio de la antigu edad abarcaría típicamente un espacio de 30 a 150
has, mayor en varios órdenes de magnitud incluso a un poblado o ciudad de gran
tamaño” (Quesada Sanz 2008: 26). La situación es aún más problemática si, para
el campo de batalla en cuestión, la información escrita es escueta o contradicto-
ria, y en el terreno no se percibe algún tipo de estructura construida ad-hoc, como
es el caso de las foseados y trincheras. En nuestro caso, los límites estimados de
la contienda son imprecisos (aproximadamente unas 130 has), ya que el parte de
batalla (MGM 1875) menciona movimientos de masas de caballería e infantería a
gran escala y en diversos frentes de ataque contra la posición fija de Arias. A lo
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
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anterior deben agregarse los problemas de visibilidad asociados a la formación de
nuevos suelos y la historia depositacional del propio campo de batalla. Al respec-
to, el parte de batalla menciona la existencia de médanos de arena, geoforma ac-
tualmente visible en los terrenos adyacentes al escenario de la contienda, pero
que no son visibles en el predio actual, que por otra parte se encuentra bastante
alterado por diversas modificaciones antrópicas (el laboreo intensivo agrícola del
terreno y la construcción de canales de drenaje, entre otros).
Figura 4. Monolito conmemorativo de la batalla de La Verde, lleva la siguiente
inscripción: “COMBATE E LA VERDE. 26 DE NOVIEMBRE DE 1874.
TENIENTE CORONEL ARIAS CONTRA FUERZAS REVOLUCIONA-
RIAS DEL GENERAL MITRE MANDADAS POR EL CORONEL BOR-
GES. VENCIO EL TENIENTE CORONEL ARIAS Y MUERE EN COM-
BATE EL CORONEL BORGES
Metodología del trabajo de campo
El estudio de un campo de batalla es susceptible de ser encarado y ana-
lizado como cualquier otro yacimiento arqueológico. A fin de poder abordar
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
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un sitio de escala espacial significativa decidimos, basándonos en la informa-
ción vertida en el parte de batalla, dividir el terreno en varios sectores. En pri-
mera instancia, se determinó un núcleo (que corresponde a la posición fija de
las tropas nacionales sitiadas). Desde este núcleo (aquí denominado sector V),
se especificaron a su vez cuatro sectores que lo rodean (Figura 5).
Figura 5. Sectores diseñados para el estudio arqueológico del sitio campo de
batalla La Verde
El sector V, de unos 53.800 m2., constituye un monte muy tupido, es-
pecíficamente de acacia negra y laurel; se encuentra cercado por alambre y en
su extremo norte se hallan dos estructuras que funcionaron como puestos rura-
les. Este sector nunca fue arado y hasta el momento es el único que no ha sido
prospectado sistemáticamente. Por su parte, el sector I se ubica al sur del
cleo o sector V y cubre 157.500 m2. Se trata de una zona arada, con presen-
cia de bajos y una ceja de monte orientada al oeste; en este sector se encuentra
el monolito antes citado. El sector II se ubica al este del sector V y tiene una
extensión de 320.000 m2. Se caracteriza por haber estado sometido a procesos
de arado; al norte presenta dos áreas inundadas, y al sur, un jagüel y un canal de
drenaje. El sector III se ubica al norte del sector V y tiene 82.500 m2. Presenta
un camino rural que conduce a la entrada de los puestos (atacados durante la
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
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batalla); la mayor parte de su superficie se encuentra arada y hacia el noroeste
se evidencia un canal de drenaje. Por último se encuentra el sector IV, que ac-
tualmente no se encuentra arado, se ubica al oeste del sector V (la zona más
baja del sitio) y está dimensionado en 120.000 m2. Sobre la base de ello, se pro-
cedió a relevar el área en su totalidad y generar mapas topográficos stos se
configuran como representaciones de la superficie en la que se registran las ca-
racterísticas del terreno y su topografía, como así también la presencia de mon-
tes, aguadas y médanos, entre otras variables).
En cuanto a las herramientas metodológicas utilizadas para llevar a cabo el
trabajo de prospección debemos destacar el uso de detectores de metales (marca
Garret, modelo 1500, y marca Minelab, modelo X-Terra 70). Tanto la bibliografía
como la magnitud del terreno y el tipo de materialidad diagnostica, hacen del de-
tector de metales la herramienta idónea para la investigación en terreno.
Los trabajos reunidos en un volumen que refiere a la utilización de de-
tectores de metales por parte de arqueólogos (Proceedings of the Advanced Metal
Detecting for the Archaeologist Conference, editado por Powis en 2012, Tenesaw Uni-
versity) destacan el potencial asociados a la utilización de estas herramientas en
yacimientos arqueológico-históricos, en particular en sitios militares como los
campos de batalla (por ejemplo a la hora de delimitar sitios de gran extensión
mediante el método de transectas y pruebas de pala). Autores tales como
Epenshade (2012) y Scott McFeaters (2011), consideran que es hora de dejar
de lado los prejuicios que todavía subsisten sobre todo en arqueólogos pre-
históricos con respecto a la utilización de detectores de metales en investiga-
ción. Estas herramientas, que poseen sus ventajas y desventajas como muchas
otras, suele ser denostada por quienes asocian al detector de metales con el ac-
cionar del huaquero o expoliador. Este prejuicio muchas veces conlleva la no
utilización de esta herramienta, y por ende la imposibilidad de obtener resulta-
dos arqueológicos satisfactorios en cierto tipo de yacimientos. Este aspecto ya
había sido expresado en un artículo emblemático publicado por Conner y Scott
(1998) en Historical Archaeology, titulado: “Metal detectors use in Archaeology:
an introduction”.
En este sentido, las prospecciones en los sectores mencionados dieron
como resultado los primeros hallazgos del conflicto bélico: vainas de cartuchos
de fusiles y proyectiles de plomo de diversos tipos de armas. Sobre estas áreas se
plantearon transectas (i.e. unidades de recolección de datos en el terreno) como
parte de una metodología pertinente para abordar de forma sistemática la gran
superficie de terreno a ser relevada (679.000 m2). Se establecieron transectas cada
15 metros, de modo tal que se abarcó la superficie total de cada sector de trabajo.
Cada una de éstas fue prospectada por dos operadores mediante el uso del detec-
tor de metales, relevando cada uno de los artefactos superficiales y subsuperficia-
les. Los hallazgos se ubicaron mediante la toma de medidas tridimensionales y de
sus coordenadas geográficas (con GPS), lo que permit reconstruir su posición
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
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en el terreno durante el trabajo de gabinete. Se tuvo en consideración el grado de
fiabilidad de los hallazgos recuperados en terrenos cultivados, en función del
análisis sobre el comportamiento del registro arqueológico en este tipo de con-
textos (Gómez Romero 1999), a saber: a) desplazamiento lateral (escaso: 5 m en
más de 20 episodios de arado), que posteriormente se atenúa alcanzando un mo-
vimiento promediado; b) desplazamiento horizontal (en forma de elipse); y c)
rotura de implementos (considerable en artefactos de 3 cm o más; en artefactos
de menores dimensiones el arado los rasguña pero no los rompe).
Expectativas y resultados
A diferencia de los casos estudiados de Vuelta de Obligado (1845) un
combate de tipo anfibio con desembarco de tropas (Ramos et al. 2011) y
Cépeda (1859) un amplio espacio en donde realizaron diversas maniobras am-
bos contendientes (Leoni y Martínez 2011), La batalla de “La Verde” puede
ser considerada como una “batalla de sitio”, pues una de las partes tomo posi-
ción fija para su defensa. De acuerdo a la información documental recabada en
torno a los armamentos utilizados y dada las características de este evento bélico,
se esperaba que el episodio de este combate hubiera generado: a) una mayor dis-
persión radial de proyectiles de retrocarga, que poseen mayor alcance y fueron
disparados desde posiciones fijas hacia posiciones móviles; y b) una mayor con-
centración de proyectiles esféricos de plomo en la actual zona forestada, que se
corresponde con la posición defensiva elegida por el Teniente Coronel Arias.
Los artefactos hallados durante las campañas llevadas a cabo en el sitio
(2008-2012) que se relacionan con la batalla, suman un total de 161. Entre
éstos destacan proyectiles de plomo (impactados y sin impactar), vainas de
proyectil Rémington y Martini-Henry (servidas y sin servir), proyectiles esféricos
de avancarga, botones militares de distinta procedencia y tamaño, un fragmen-
to de bayoneta, un número metálico de kepí (Figura 6) y materiales no bélicos
tales como clavos de hierro de sección rectangular (cuya adscripción al evento
lico no es certera). Por otra parte, se han detectado numerosos materiales
modernos tales como alambres, clavos y chapas, entre otros (todos ellos fueron
registrados y conservados). También cabe mencionar que existen otros frag-
mentos ferrosos aún no determinados, que se encuentran bajo análisis en el
laboratorio del Grupo de Arqueometalurgia (Facultad de Ingeniería, Universi-
dad de Buenos Aires) y de los cuales se espera caracterizar su morfología y co-
nocer su funcionalidad.
Estudios arqueometalúrgicos
La utilización de vainas de metal con carga explosiva, en reemplazo de
los cartuchos de papel utilizados en las armas de fuego de avancarga, significa-
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
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ron un cambio importante en la tecnología bélica decimonónica. En Argentina,
este nuevo sistema se utilizó en los fusiles y carabinas Remington introducidos a
comienzos de la década de 1870, que reemplazaron paulatinamente a los fusiles
de avancarga a percusión y a los de chispa. En este apartado se presentan los
estudios de un conjunto de vainas de latón de fusiles Remington provenientes
del sitio. El estudio arqueometalúrgico permitió obtener información que en
algunos casos ha permitido ampliar aquella consignada en los registros históri-
cos existentes.
Figura 6. Algunos de los materiales relacionados con la batalla, hallados duran-
te la labor arqueológica en el sitio
En primer lugar, se reali una clasificación morfológica por inspec-
ción visual. A continuación, se efectuó el estudio microestructural, mediante el
análisis metalográfico de diferentes cortes de las piezas. Se obtuvieron además
imágenes por microscopía electrónica de barrido (SEM) y se determinó la
composición química en ciertas zonas por espectrometría de rayos X dispersiva
en energía (EDS). Los resultados obtenidos permitieron identificar diferencias
morfológicas en los modos constructivos y analizar formas de corrosión que
afectaron al material, en particular la corrosión bajo tensión (en adelante CBT).
Las clasificaciones de vainas de armas de retrocarga se han realizado
teniendo en cuenta diversas variables: materiales utilizados, tipo de ignición,
calibre, uso y forma del cuerpo y del culote (ver Pichipil et al. 2012). En rela-
ción con este trabajo interesa destacar las clasificaciones basadas en el tipo de
ignición y la estructura y forma del culote. En general, las vainas presentan una
superficie corroída y cubierta con productos de corrosión de color amarrona-
do; poseen el cuerpo y la cabeza (o culote) unidos, aunque en algunos casos
sólo se hallaron restos de la cabeza (Pichipil et al 2012).
En el caso del culote de la vaina, se pudo determinar la presencia de
dos tipos de morfologías, diferenciada una de otra por la presencia de uno o
dos círculos concéntricos. Esta distinción es característica del diseño de fabri-
cación empleado por cada fabricante. Por otro lado, también se observaron
contrastes basados en el tipo de ignición, la estructura y forma del culote. La
mayoría de las armas de retrocarga poseen fulminantes que se activan por per-
cusión; en la bibliografía se distinguen dos tipos: el sistema Boxer y el sistema
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
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Berdan (Pichipil et al. 2012). Internamente, las vainas del tipo Boxer poseen un
solo orificio central, mientras que las Berdan poseen dos, tres o hasta cuatro
orificios más pequeños, denominados oídos. La característica principal de las
primeras es la presencia de un yunque incorporado en la cápsula del fulminan-
te, mientras que en las Berdan dicha pieza era parte integrante de la vaina pro-
piamente dicha (Figura 7).
Figura 7. Clasificación de las vainas
según las características internas del culote
Por otro lado, una segunda clasificación que se realizó teniendo en cuen-
ta la morfología (externa) de los culotes, las define como Folded-Head, Balloon-
Head y Solid-Head (Pichipil et al. 2012). Las vainas halladas en el sitio correspon-
den, según la inserción del fulminante, a los tipos Berdan y Boxer. En cuanto a la
forma de la base o culote, son todas Folded-Head, con un capuchón interno que
servía para reforzar el culote. Las vainas, además de presentar el capuchón inter-
no, poseen un anillo de cartón entre éste y la base. La combinación de ambos
servía como sello y refuerzo, que impedía que la presión de los gases generara
fracturas y fugas en la zona plegada que resultaba ser la más débil.
El análisis del cuerpo de las vainas y su capuchón interno empleado
como refuerzo por medio de EDS, reveló que las piezas estaban construidas
a partir de latones alfa () de composición cobre (Cu) 70,8 % y zinc (Zn) 29,2
% (típicamente latón 70-30). En algunas zonas de las vainas, la microestructura
del material presenta evidencias de una alta deformación, con maclas distorsio-
nadas y bandas de deslizamiento; en otras, en cambio, exhibe granos equiaxia-
les sin deformar y maclas de crecimiento.
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
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Procesos de degradación observados
En los materiales analizados se observaron fisuras y tres formas de de-
gradación: dealeado (descincificación), CBT y corrosión intergranular (CI). Las
aleaciones Cu-Zn que contienen más de un 15% de Zn están sujetas a un tipo
de proceso de dealeado llamado descincificación, en el que el elemento menos
noble de la aleación se disuelve en forma preferente, dejando una estructura
residual alterada. Dos teorías son las más importantes para explicar el proceso
de descincificado: según la primera, se produce una disolución preferencial del
Zn, al tiempo que una capa porosa de Cu permanece en la superficie del metal;
la otra, en cambio, apunta a que ambos metales se disuelven en el medio y pos-
teriormente se produce una redepositación del Cu (ver Pichipil et al 2012). Este
fenómeno puede presentarse en forma de capas extendidas, que abarcan toda
la superficie expuesta (dealeado generalizado) o en forma localizada (dealeado
tipo tapón), que da como resultado tapones del metal residual. En las muestras
analizadas se presentaron dos formas morfológicas de dealeado, ambas corres-
pondientes a un descincificado tipo tapón, en el que el ataque tiene una gran
profundidad relativa en dirección perpendicular a la superficie y se encuentra
rodeado de una zona sin corroer o levemente afectada (Figura 8).
Figura 8. Imágenes obtenidas por microscopía óptica de dos zonas en el cuerpo
de la vaina: a) fisura con bordes descincificados y productos de corrosión grises;
b) zonas descincificadas de mayor tamaño y en apariencia más homogéneas
Las fisuras observadas en materiales que sufrieron este tipo de corro-
sión pueden ser de dos tipos: transgranulares e intergranulares. En nuestro ca-
so, las fisuras fueron de tipo intergranular; en el cuerpo están ubicadas en for-
ma longitudinal y son de tipo circunferencial en las zonas próximas al reborde
de la base. Éstas aparecen asociadas con zonas de alto grado de deformación
plástica. En estas áreas, la existencia de tensiones residuales de fabricación y el
contacto con el ión amonio pudieron haber generado la CBT. Tal ión quizás
provenga de la descomposición de materia orgánica nitrogenada en el lugar
donde se almacenaba la munición y/o en el contexto sedimentario donde fue-
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
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ron halladas. La presencia de productos de corrosión en las adyacencias de las
fisuras, la ubicación y orientación de éstas en el reborde de la cabeza (de afuera
hacia adentro), así como las referencias históricas de accidentes producidos
durante su uso, por ejemplo “…el haberse descompuesto treinta y un fusiles
por la mala calidad de los cartuchos, cuyos cascos quedan obstruyéndose en el
cañón a causa de desprenderse la base (Olascoaga 1974: 327), son indicios de
que estas fisuras se originaron en tiempos de uso de la munición y que algunas
fueron las causantes de los eventos reportados (Pichipil et al 2012).
Análisis espacial de la batalla: integración de las fuentes documentales y
los restos arqueológicos
Con el fin de comprender la dinámica de la batalla (e.g. ubicación de las
tropas de ambos bandos, rasgos estructurales y características del paisaje) se
llevó a cabo una comparación de la información obtenida en diversas fuentes
documentales (escritos de participantes de la batalla y cartografía histórica) con
las imágenes satelitales del terreno. De esta forma fue posible establecer un
análisis crítico de los planos y sus autores (en relación con el bando de perte-
nencia) y, a su vez, posibilitó conformar estrategias de prospección y/o exca-
vación para futuros trabajos de campo (Bognanni et al 2013). Para la realización
de estos análisis se utilizó el programa Map Analyst 1.3.6 (Bernhard y Weber
2013), que posibilita la extrapolación de información entre mapas antiguos y
modernos, y viceversa, permitiendo que la geo-referenciación de ciertos rasgos
o elementos que se encuentran representados en los distintos croquis de la ba-
talla sean “transportados” a las imágenes modernas para determinar con mayor
exactitud su ubicación espacial (obtenidas del Google Earth: satélite GeoEye).
Para el análisis de la distribución espacial de los elementos hallados se utilizó
otro programa de uso libre: el ArcView 3.2. (ESRI. 1999)
Entre los documentos escritos analizados, cabe destacar la utilización
de tres mapas que representan las disposiciones de los dos cuerpos armados: 1)
mapa del Teniente Coronel José Inocencio Arias del año 1875 (MGM 1875); 2)
mapa realizado por Florencio Mármol en el año 1876 (Mármol 1876); y 3) ma-
pa sin referencia del Archivo Histórico de 25 de Mayo, Biblioteca Municipal
Juan Francisco Ibarra, situado temporalmente entre fines del siglo XIX y me-
diados del XX. Además, se tendrá en cuenta el relato de Teófilo Gomila, partí-
cipe de la batalla como ayudante de campo del General Rivas bando mitrista
(Gomila 1910, en De Jong y Satas 2011).
El plano del Coronel Inocencio Arias (1875) es el más esquemático de
los tres mapas. En este croquis se detallan las ubicaciones de los cuerpos de
caballería e infantería al mando del Coronel Benito Machado, Comandante
Leyría, Comandante Michemberg y Sebastián Casares, conjuntamente con las
reservas del General Bartolomé Mitre y demás guerrillas. Estas fuerzas se dis-
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
15
pusieron en forma de “U”, rodeando todos los flancos del corral que sirvió de
apostadero y defensa del Ejército Nacional (bando leal), con excepción del sec-
tor noreste, donde se encontraba la entrada a la estructura. A partir de la utili-
zación del programa Map Analyst, se realizó la extrapolación de las disposicio-
nes de las fuerzas revolucionarias sobre una imagen satelital (Figura 9).
Figura 9. Extrapolación de la información del mapa del Coronel Arias sobre
una imagen satelital del Google Earth (2012). Nota: los puntos rojos son los seis
parámetros reconocibles del corral en ambas imágenes, mientras que los
rectángulos representan la ubicación espacial de los cuerpos militares sitiadores
A partir del análisis del resultado fue posible determinar que la grilla o
malla de distorsión se encuentra prácticamente sin desplazamiento, lo que sig-
nifica que los puntos tomados como referencia tienen una coherencia espacial
equivalente en ambas imágenes (mapa histórico e imagen satelital). De esta
manera se establec, en base a lo representado por Arias, que las fuerzas sitia-
doras se encontraban a una distancia de entre los 140 m y 210 m del corral,
mientras que las reservas de Mitre se ubicaron más lejos, al menos a 440 m.
Con el mapa de Florencio Mármol (1876) se siguieron los mismos pa-
sos metodológicos que en el caso anterior, aunque un par de los seis paráme-
tros tomados son distintos (Figura 10). La disposición de las fuerzas sitiadoras
es similar a la que se aprecia en el mapa de Arias; sin embargo, en este caso se
presentan mayores detalles. La ubicación de los jagüeles y pozos es muy impor-
tante desde un punto de vista arqueológico, ya que son lugares con un alto po-
tencial de hallazgos vinculados a la batalla. La localización efectiva del potrero
mayor (a unos 200 m del establecimiento sitiado, y donde se ubicó la Divi-
sión al mando del Coronel Murga), junto con el corral principal (donde se
hallaban las fuerzas de Arias) pueden evidenciar uno de los núcleos de la batalla
(sensu Ramos et al. 2010, 2011), es decir uno de los lugares de mayor intensidad
de fuego cruzado. Al analizar este croquis, se observó que las fuerzas del ejérci-
to revolucionario que se encontraban más cerca se ubicaron entre los 220 m y
260 m, mientras que las reservas de Mitre se ubicaban en el rango de los 300 m
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
16
y los 520 m de distancia. La compañía de guerrillas ubicada al sudoeste del es-
tablecimiento sitiado se localizaba apenas a unos 60 m de distancia, por lo que
debió ser el cuerpo militar más cercano y expuesto a los disparos del ejército
gubernamental.
Figura 10. Extrapolación de la información del mapa de Florencio Mármol so-
bre una imagen satelital del Google Earth (2012). Referencias: 1. Corrales de ove-
jas. 2. Dos mil caballos de las fuerzas de Arias. 3. Potreros. 4. Compañías en
guerrillas (fuerzas de Mitre). 5. Corral para caballos hechos en palo a pique. 6.
Edificio de material de dos pisos. 7. Pozo. 8. Ranchos. 9. Jagüeles. 10. Fuerzas
sitiadas de Arias
En el mapa denominado 25 de Mayo (ca. fines del siglo XIX y media-
dos del XX) se presenta una disposición de las fuerzas revolucionarias similar a
la de los casos anteriores, aunque posee menor detalle con respecto a los corra-
les y jagüeles (Figura 11). Si bien coincide con el mapa de Mármol acerca de los
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
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dos mil caballos que probablemente se encontraban en el establecimiento sitia-
do por las fuerzas de Mitre, existe una discrepancia notoria con relación a la
ubicación del corral de las ovejas que estaba en cercanías. También existe con-
cordancia acerca de la ubicación de las fuerzas del Coronel Murga en la estruc-
tura denominada “potrero” por Mármol. En este tercer mapa, las fuerzas sitia-
doras se encuentran ubicadas bastante más cerca que en los casos anteriores.
Por ejemplo, la Caballería Guerrillas de Casares, que estaba al sudeste del esta-
blecimiento donde se parapetaba el Ejército Nacional, se encontraba apenas a
unos 60 m de distancia, mientras que las fuerzas al mando de Borges y las re-
servas de Mitre se encontraban entre los 170 m y 360 m del establecimiento.
Figura 11. Extrapolación de la información del mapa denominado 25 de Mayo
sobre una imagen satelital del Google Earth (2012). Referencias: 1. Dos mil caba-
llos en tierra labrada. 2. Corral de ovejas. 3. Batallón 24 de Septiembre al man-
do del Coronel Murga (trescientos hombres de infantería con Remington). Los
rectángulos blancos representan a las fuerzas del Ejército Nacional, mientras
que los rectángulos blancos y negros son las fuerzas rebeldes
Un dato interesante a tener en cuenta es que tanto el mapa de Mármol
como el de 25 de Mayo tienen la orientación del norte geográfico de forma in-
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
18
vertida, es decir que el norte representado corresponde en realidad, al sur. Este
error de posicionamiento evidencia que o bien uno de los planos está basado
en el otro, o bien ambos fueron realizados a partir de un croquis anterior, dato
hasta el momento desconocido. Lamentablemente el mapa realizado por el Co-
ronel Arias, líder del ejército atrincherado en las instalaciones del campo de La
Verde, es el más esquemático y no posee la referencia del norte o una rosa de
los vientos que permita establecer las orientaciones de los batallones y las dis-
tintas construcciones. Tampoco presenta una escala que posibilite un mayor
análisis del uso del espacio en el momento de la batalla. Los diferentes mapas
que representan la disposición de los dos cuerpos armados no se corresponden
en cuanto a la escala. El mapa del Coronel Arias no posee ningún tipo de esca-
la de referencia (numérica o gráfica), aunque la existencia de cierta correlación
entre algunos puntos de referencias permite, en parte, sortear este inconvenien-
te. En cambio, los mapas de Mármol y el denominado 25 de Mayo sí la tienen.
Sin embargo, la diferencia entre éstos es notoria con relación a las dimensiones
del corral en donde se apostaron las fuerzas de Arias. Teniendo en cuenta que
una vara castellana equivale a 0,836 m, la diferencia del largo total del corral es
de unos 31,3 m, mientras que la del ancho del recinto mayor es de unos 17,2
m, siempre a favor del mapa de Mármol. La diferencia de tamaños puede estar
dada por, al menos, dos cuestiones: 1) error en la medición durante el levanta-
miento de uno o ambos croquis; y 2) utilización de diferentes parámetros de
varas. En principio, cada vara equivalía a tres pies, pero esta unidad era, en la
práctica, una medida estimativa; por esto es que surgieron en España diferentes
clases de varas, tales como la aragonesa, la mexicana, la castellana (utilizada en
nuestro caso), las cuales poseen discrepancias entre sí.
Debido a las notorias diferencias de escala establecidas es interesante
comparar, al menos de forma estimativa, los distintos planos. Para llevar a cabo
esta tarea es necesario tomar al menos un elemento constitutivo que sea identi-
ficable en los tres mapas: en nuestro caso, se consideró la instalación rural que
sirvió de parapeto para las fuerzas de Arias (los corrales con sus extensos fosos
y las edificaciones que se encontraban en su interior) y que fue, sin lugar a du-
das, el gran núcleo de los combates. En la Figura 12 se establece la relación
espacial estimada a partir de estos tres mapas. La correspondencia en la ubica-
ción de las fuerzas rebeldes es notoria, a pesar de los ya mencionados desfasa-
jes espaciales.
Como se planteó más arriba, el núcleo principal del combate debería
encontrarse en el corral que sirvió para atrincheramiento de las fuerzas de
Arias, el cual recibió el fuego de forma centrípeta desde los flancos sudeste,
sudoeste y noroeste. Sin embargo, no debemos olvidarnos de la defensa del
Ejército Nacional, que establec un fuego centrífugo hacia esas mismas posi-
ciones. Un elemento interesante, que se desprende del análisis del uso del espa-
cio por parte de las fuerzas de Mitre, es que la entrada del establecimiento
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
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principal (estructura sitiada) no fue cercada por la infantería rebelde (princi-
palmente evidenciado en los mapas de Arias y 25 de Mayo, ya que en el de
Mármol se representan algunos movimientos de las fuerzas sitiadoras en este
punto). Posiblemente esto se deba a que allí se encontraba un edificio de mate-
rial de dos pisos con terraza (de acuerdo a las referencias del mapa de Mármol),
lo que habría posibilitado que las fuerzas sitiadas tuvieran una distancia de fue-
go considerablemente mayor a las logradas por las fuerzas bloqueantes. Por
otra parte, como destacamos anteriormente, deben tenerse presentes las fallas
de las vainas Rémington C 43 que fueron registradas en diversos documentos
históricos de fines del siglo XIX, que también pudieron tener lugar durante el
desarrollo de la batalla de “La Verde”.
Figura 12. Ubicación y superposición de cuerpos y unidades, según los tres
mapas analizados
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
20
Dinámica del combate: análisis de la distribución de hallazgos
A fin de comprender la dinámica del combate de La Verde, se planteó
una zona buffer de 500 m de distancia (anillos concéntricos con una equidistan-
cia de 100 m entre sí) desde el emplazamiento sitiado. Hasta el momento, en el
sector I (sur) no se han hallado restos de la batalla dentro del rango de los 300
m. Por otro lados, a unos 350 m al sudoeste de la estructura se hallaron 33 vai-
nas de Remington y Martini-Henry, justamente en el lugar en donde se encontraba
el batallón 24 de Septiembre y, un poco más atrás, el general Mitre y las reser-
vas. Al respecto, Teófilo Gomila describe la muerte de un hombre que se
hallaba en ese lugar:
Este joven estaba situado perfectamente detrás del General Mitre,
cuyo cuerpo lo cubría dejando apenas descubierto la tetilla izquierda,
donde penetró la bala fatal, que con seguridad no era dirigida a él y
sí al grupo de Generales y gefes de Estado Mayor, que con toda im-
prudencia y faltando á sus deberes, se habían colocado á menos de
300 metros, haciendo gala de un valor que no deben tener ya los ge-
nerales cuya misión en el Ejército es dirigir el combate sin exponerse
á los fuegos” (Gomila 1910, en De Jong y Satas 2011: 275).
Consideramos que el hallazgo de esta concentración de vainas eviden-
cia la ubicación del batallón 24 de Septiembre. Entre los 300 y 500 m hacia el
oeste (Sector IV) de la estructura sitiada se localizó otra concentración de
hallazgos (en esta área también se halló un proyectil a escasos metros del esta-
blecimiento). En este caso, el conjunto es más heterogéneo y está compuesto
por sólo una vaina, además de trece proyectiles de arma de retrocarga (una con
vaina), clavos y restos ferrosos varios (pernos y lo que parece ser un argollón).
El hallazgo de proyectiles y de vainas estaría implicando que desde allí no sólo
se emitían disparos, sino que también se recibían, lo que hace de este lugar,
como ya se planteó, uno de los núcleos de la batalla. En cambio, en el sector
III, ubicado al norte de la estructura, se encontraron (a una distancia de 100 a
250 m) seis proyectiles de arma de retrocarga, pero ninguna vaina. Hay que te-
ner en cuenta que el alcance efectivo del disparo de Remington es justamente
unos 300 m (Bognanni et al. 2013), por lo que se encuentran dentro de los
parámetros de fuego estimados. En el sector II únicamente se hallaron 2 pro-
yectiles, a un rango de distancia entre 100 m y 200 m (Figura 13).
Historietizando un campo de batalla y su arqueología
Durante la campaña arqueológica realizada en junio de 2012, se expe-
rimentó la convivencia entre el grupo de arqueólogos y una artista plástica que
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
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trabaja desde la perspectiva documental (Blaseotto 2010). En este apartado in-
troduciremos sobre lo que podría considerarse una nueva forma de documen-
tar tanto una temática de estudio arqueológica como las labores cotidianas de
los investigadores involucrados. La idea inicial fue modificándose durante el
transcurso de la interacción con la dibujante en el campo. La mera representa-
ción gráfica de los documentos que relatan la batalla de La Verde y su materia-
lidad a cargo de una artista plástica, derivó en la realización de un proyecto plu-
ridisciplinario en donde no sólo se registrarían los datos históricos del evento,
sino también la labor metodológica de los arqueólogos y aquellas prácticas co-
tidianas resultado de los largos días de convivencia.
Figura 13. Distribución de vainas y proyectiles localizados dentro de los 500 m
de distancia del establecimiento sitiado
El dibujo, entendido como registro documental de múltiples aconteci-
mientos, puede constituir una herramienta comunicativa poderosa a la hora de
transmitir los derroteros y resultados de una peculiar investigación arqueológi-
ca. Un aspecto poco explorado en la historieta, como es el registro documental
y el tono de no-ficción, plantea desafíos interesantes tanto para el género como
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
22
para diversas disciplinas sociales (e.g. Sociología, Antropología, Historia y Ar-
queología). La historietización del trabajo arqueológico, en particular, implica la
confluencia de dos caminos: el del sujeto protagonista y el del lector, así como
el de los objetos enterrados y las acciones humanas dispuestas para su devela-
miento (Blaseotto 2013). Visualizar diversos y distintos procesos, condensar
personajes, paisajes y actores en una narración gráfica es historietizar dichos
procesos. A través del concepto historietizar se designa la acción de poner en
historieta, hacer de un proceso de la vida real una historieta (Blaseotto 2013).
Por lo tanto, poner el cuerpo es ser parte del acontecimiento. No se asiste a la
escena como testigo externo a ella sino como participante, creando otra forma
al mismo tiempo que se la vive (Figura 14).
Figura 14. Escenas historietizadas de la cotidianidad de la labor arqueológica.
Artista plástica: Azul Blaseotto
En el hecho de historietizar una antigua batalla confluyen las siguientes
huellas humanas: las de los sujetos pretéritos que la protagonizaron, las de
quienes restituyen ese hecho desde el presente y la de quien relata tanto el
hecho histórico como su restitución presente (i.e. el historietista). El proceso
de historietización de la batalla de La Verde propone a sus autores y lectores
un objetivo y puesta en página distintos a lo tradicionalmente establecido en la
historieta entendida como entretenimiento. Allí se narran hechos históricos,
pero transparentando cómo se establece científicamente su historicidad, y
quienes lo hacen. Este proceso supone una doble labor interconectada: por un
lado, narrar una historia acerca de un pasado violento; por el otro, diseccionar
el trabajo arqueológico llevado a cabo por un equipo de investigación. Ambas
vertientes pueden conducir a visibilizar un episodio que atraviesa la conceptua-
lización lineal que Occidente posee sobre el tiempo. Si bien esta interacción
pluridisciplinaria se encuentra en su fase inicial, pueden apreciarse algunos re-
sultados en los registros documentales desarrollados por Azul Blaseotto.
Un zarpazo al olvido de la historia: la batalla de La Verde (1874) BLASEOTTO, ET AL.
23
Conclusiones
La batalla de La Verde fue un evento único, representado por actores
históricos de un tiempo y un espacio particulares, cuyo encuadre histórico re-
sulta, dada la escasez de datos específicos, bastante fragmentario. Este episodio
cuenta además con un elemento de fuerte asidero simbólico en el paisaje actual
de la región (localización y emplazamiento de un monolito conmemorativo),
así como también una discursividad oral proveniente de los trabajadores rurales
y los diversos habitantes de la estancia y de los establecimientos vecinos. Este
discurso condensa toda una narrativa que posee ciertos visos de realidad y
otros de mito, pero que valoriza el trabajo del arqueólogo como elemento vin-
culante entre aquel pasado desconocido y este presente de incertidumbres res-
pecto de lo sucedido en el evento histórico per-se. Partiendo de esta premisa y
considerando todos estos años de investigación, es posible afirmar que desde la
Arqueología histórica y su conjunción de múltiples vías de análisis, anterior-
mente descriptas, fue posible obtener una perspectiva mucho más acabada de
este episodio bélico, y contribuir a valorizar lo acaecido allí hace ya 139 años.
A su vez, enfatizando lo más específico, la metodología implementada
permitió obtener resultados precisos acerca de las tácticas y estrategias militares
desarrolladas por ambos bandos, sobre la base del posicionamiento en el terre-
no de regimientos concretos, localizados a partir del análisis espacial de los ma-
teriales recuperados (esencialmente vainas y plomos). Este esquema más com-
pleto que hoy poseemos se fue armando como un rompecabezas, en el que
intervinieron las diferentes piezas recuperadas, sus localizaciones y su traslación
al sistema de círculos concéntricos posicionados en una imagen satelital. Lo
anterior permitió efectuar referencias más concretas relacionadas con la micro-
historia del evento particular de la batalla, de semejantes características al análi-
sis arqueológico de la batalla de Little Big Horn (Fox 1988).
En el caso específico de la batalla de La Verde, este procedimiento in-
vestigativo permitió generar un abanico de resultados que reflejan con mucho
más exactitud la complejidad del fenómeno bajo análisis. Complejidad, por otra
parte, difícil de percibir en las escuetas y fragmentarias evidencias de la historia
escrita. Este panorama sesgado suele sustentarse en el testimonio de algún tes-
tigo (Teófilo Gomila, por ejemplo), que por su propia perspectiva individual
presenta un encuadre limitado de aquella realidad (la de su posición), que con-
sistió en evento en el que confluyeron varios regimientos en frentes simultáne-
os, y que se desarrolló desde los cuatro puntos cardinales de ataque hacia una
posición fija. Asimismo, la posición historiográfica se base en la interpretación
del parte de batalla de Inocencio Arias, en donde se consignan sólo algunos
apuntes (los más fundamentales) de una realidad que fue, como ya se expuso,
increíblemente más frondosa y múltiple.
SOBRE CAMPOS DE BATALLA. ARQUEOLOGÍA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN AMÉRICA LATINA
24
Por otra parte, la utilización de formas de narrar las realidades diferen-
tes a las usuales nos permiten, en este caso, enriquecer el enfoque que posee-
mos como arqueólogos de nuestro propio proceso de investigación y convi-
vencia en el campo. Tal es el ejemplo mencionado de la historietización de la
labor arqueológica. Esta perspectiva, que podríamos definir cuasi etic, o como
la perspectiva del no participante de la metodología específica de investigación,
considera nada más ni nada menos la utilización de un prisma nuevo para ob-
servar nuestra tarea de recogida de datos en el terreno. Este prisma no se en-
cuentra en absoluto “contaminado” ni mucho menos influido por las directri-
ces de nuestro campo de estudio y sus usos teórico-metodológicos particulares.
Por lo tanto esta nueva e independiente línea argumentativa, desde su óptica
particular, puede ser capaz de realizar interesantes contribuciones tanto a la
recreación histórica de la dinámica del evento como a la actividad científica de
los arqueólogos en sus actividades de campo.
En definitiva, la serie de mecanismos de investigación implementados
permitieron desarrollar un estudio pluridisciplinar en el sitio de la batalla de La
Verde. Este proyecto confirma y resalta la vigencia e importancia crecientes del
sub-campo de estudios denominado Arqueología del conflicto, cuyo impacto y
alcance actuales resultan altamente significativos en gran parte de Latinoamérica.
Agradecimientos
A la familia Sánchez Álzaga, principalmente a Carlos e Ignacio, por el
apoyo constante y la siempre desinteresada y valiosa colaboración que nos
brindan en el momento de la labores en el campo. Al evaluador de este trabajo
por sus enriquecedoras sugerencias y sus precisas observaciones. A todos los
que de una u otra manera colaboraron a lo largo de todos estos años en el tra-
bajo arqueológico que se realizó en La Verde.
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Historical archaeology can be defined as the specialty that deals with the recent human past, in America’s case, since the arrival of the Europeans to the continent, through the material evidence of human activities and other sources of information. Works carried out within this scope deal with multiple topics and from different theoretical perspectives. Many epistemological debates have taken place on the definition of historical archaeology and the use of different sources of information. Conceptualizations should not be imposed uncritically, as local processes vary greatly. The topics developed in Argentina during the last twenty-five years reflect its maturity in the country and the diversity of problems that can be studied by this field of knowledge.
Article
Full-text available
In the last two and a half decades there have been many advances in the technology available to archaeologists. As new technologies have been used to challenge previously held hypotheses and expand the capabilities of current research, they also have assisted the expansion of archaeology to include conflict archaeology. Although there has been a long history of interest in the material remains of conflict, it is only recently that the necessary tools, methodology, and theoretical approaches have been combined to allow serious scientific contributions to the holistic study of past human conflict. This article provides an overview of the origins of conflict archaeology and research that has helped consolidate the subfield into its present form. We examine the current state of conflict studies and consider what lies ahead for conflict archaeology.
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Full-text available
Este trabajo propone una metodología para la investigación de campos de batalla, antiguos o recientes, desde la perspectiva de que un campo de batalla puede y debe ser considerado como un tipo de yacimiento arqueológico, susceptible de ser estudiado aplicando una metodología arqueológica, y utilizando procedimientos de trabajo arqueológicos. Sin embargo un campo de batalla es, por su gran tamaño, breve ocupación, escasez de estructuras, tipo y volumen de materiales, un yacimiento peculiar para el que es necesario desarrollar procedimientos específicos de trabajo de campo y de gabinete. Pero sobre todo su análisis exige una metodología teórica adecuada, que debe incluir no sólo competencias arqueológicas, sino que han de ser combinadas con otras propias del historiador militar, como el conocimiento de la realidad del caos en el campo de batalla, de los tipos y capacidades de las unidades, armas y tácticas, que permitan evaluar adecuadamente, de acuerdo al periodo a que corresponda cada caso, tanto el terreno y las distancias, como las dificultades topográficas, tiempos y la adecuación de las posibles fuentes literarias a la realidad sobre el terreno.
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Metal detectors are simple, effective, and inexpensive remote sensing tools with real value to archaeologists. The archaeologists is presented an overview of how to use a metal detector and outlines the physical principles that govern metal detectors and their limits. Examples of the use of detectors in inventory, testing, and excavation are drawn from the literature and from the authors? experience.
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Blaseotto, A. (2010). Incidental critic. Un método para visualizar las historias. 1er Congreso de Historietas y Humor Gráfico en Argentina Viñetas Serias. www.vinetas-sueltas.com.ar/congreso/pdf/ArtesVisuales/blaseotto.pdf (Acceso agosto 2013).
Negocios inmobliarios, clase y naturaleza en colores: cómo construir un museo. Ensayo, fotografías e historietas
  • A Blaseotto
Blaseotto, A. (2013). Negocios inmobliarios, clase y naturaleza en colores: cómo construir un museo. Ensayo, fotografías e historietas. Ed. Un problema+. Buenos Aires.