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LAS VIÑAS DE LIMA Inicios de la vitivinicultura sudamericana, 1539-1551

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Guillermo Toro-Lira Stahl nos presenta un revelador trabajo sobre los inicios de la vitivinicultura en Lima. El texto analiza el éxito que tuvieron los primeros propietarios de viñas en Lima y la feliz iniciativa de hacer vino sin esperar a las peruleras (o botijas de arcilla) cargadas de vino desde Sevilla. La producción de uvas y vinos fue exitosa en Lima como también lo fue la producción de trigo, caña de azúcar y muchos frutales. Pedro de Cieza de León, quien recorrió el Perú acompañando a Pedro de la Gasca entre 1547 y 1548, ya comentaba en su Crónica del Perú el armónico paisaje mestizo que observaba en la agricultura peruana. En el Perú el suelo congenió con los “frutos de Castilla”: la caña de azúcar, el trigo y la vid muchas veces duplicaron su producción en comparación con lo que se cultivaba en España. El autor menciona a testigos que afirmaron que de las parras limeñas se sacaron los sarmientos que se llevaron al Cuzco, Huamanga, Arequipa y Chile. Es decir, nos brinda testimonios que colocan a Lima como el centro difusor de la vid, en el Perú y América del Sur.- Lorenzo Huertas Vallejos.
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Guillermo Toro-Lira Stahl
LAS VIÑAS
DE LIMA
Inicios de la vitivinicultura
sudamericana
1539 1551
©2018, Guillermo Toro-Lira Stahl.
Editorial Universitaria de la Universidad Ricardo Palma
Avenida: Benavides 5440, Lima 33
Teléfono : 708 0000 anexo 8005, 8009, 8010 y 8017
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www.urp.edu.pe
Milk Studio
Diseño Claudia Rizo Patrón Kermenic
Cuidado de la edición Manolo Bonilla
Corrección Joaquín Salas
Acuarelas Luis Adrián Príncipe Castillejo
Primera Edición Septiembre 2018
1000 ejemplares
Impresión
Gráfica Biblos S.A.
Jr. Morococha 152, Surquillo, Lima, Perú
graficabiblos.com
Tlf. (01) (511) 445-5566
Todos los derechos resevados
Hecho el Depósito Legal
en la Biblioteca Nacional del Perú
N˚ 2018-XXXXXXXX
ISBN: XXXX XX
Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio,
total o parcialmente, sin permiso expreso del autor
“En un buen campo, junto a muchas aguas fue plantada, para que
hiciese ramas y llevase fruto, y para que fuese vid robusta”.
Ezequiel 17:8
LAS VIÑAS DE LIMA
8 9 LAS VIÑAS DE LIMA
Prólogo
LAS VIÑAS DE LIMA
Introducción
Cosmología andina
La vid en el Perú
Mercaderes y taberneros
Empresarios viticultores
Viña de Montenegro
Viña de Martel
Viña de Aliaga
Viña de Pizarro
Otras viñas de Lima
El primer vino de Lima
El cerro rico de Potosí
Sinergia vitivinicultora
11
17
20
24
25
30
32
41
46
52
57
60
64
66
Libertades artísticas
ANEXOS Y TRANSCRIPCINONES.
Vida de Hernando de Montenegro
Los inicios de la vitivinicultura peruana según
los cronistas
Garcilaso de la Vega “El Inca”
Bernabé Cobo
Pedro de Cieza de León
Probanza de Hernando de Montenegro
Carta Venta de la viña de María Martel
Testamento de Juan Ramiro
Carta Poder de Francisca Pizarro
Convento de San Francisco
Agradecimientos
75
98
118
125
132
137
147
151
160
165
175
ÍNDICE
11 LAS VIÑAS DE LIMA
PRÓLOGO
Por Lorenzo Huertas Vallejos
Guillermo Toro-Lira Stahl nos presenta un revelador trabajo sobre
los inicios de la vitivinicultura en Lima. El texto analiza el éxito que
tuvieron los primeros propietarios de viñas en Lima y la feliz iniciativa
de hacer vino sin esperar a las peruleras (o botijas de arcilla) cargadas de
vino desde Sevilla. La producción de uvas y vinos fue exitosa en Lima
como también lo fue la producción de trigo, caña de azúcar y muchos
frutales. Pedro de Cieza de León, quien recorrió el Perú acompañando
a Pedro de la Gasca entre 1547 y 1548, ya comentaba en su Crónica
del Perú el armónico paisaje mestizo que observaba en la agricultura
peruana. En el Perú el suelo congenió con los “frutos de Castilla”: la
caña de azúcar, el trigo y la vid muchas veces duplicaron su producción
en comparación con lo que se cultivaba en España. El autor menciona
a testigos que armaron que de las parras limeñas se sacaron los
sarmientos que se llevaron al Cuzco, Huamanga, Arequipa y Chile. Es
decir, nos brinda testimonios que colocan a Lima como el centro difusor
de la vid, en el Perú y América del Sur.
Guillermo Toro-Lira, apoyado por su esposa Brenda Melvin, ha
trabajado en bibliotecas y archivos de California y ha encontrado muchas
noticias en periódicos y manuscritos sobre la presencia del pisco en dicho
estado. Dicha investigación alumbró otro título en su trayectoria, centrado
en el origen de un coctel histórico con el aguardiente nacional. Gracias
a dicha pesquisa, también tuvo entre sus manos copias de documentos
peruanos del siglo XVI como ocios, testamentos, escrituras, compra-
venta de tierras, donaciones y traspasos, litigios. Esa data es la base de Las
viñas de Lima. Está compuesto de tres partes. La primera es la historia
de la vinicultura en el Perú, coetánea a los nuevos centros poblados que
formaron parte del mestizaje general en los Andes. En 1532, Francisco
Pizarro fundó la villa de San Miguel en Tangarará (Piura); una segunda
fundación al modo cristiano fue el Cuzco en 1534, ese mismo año aparece
un tercer núcleo urbano de marca hispana en el valle de Jauja. Recién el
18 de enero de 1535, Pizarro funda la Ciudad de los Reyes en el valle del
Rímac. Entre 1532 y 1542 se forjó un nuevo espacio social que dio inicio
a la complejización social del Perú: Francisco Pizarro se unió con Quispe
Sisa y tuvo una hija llamada Francisca que heredó la viña de su padre.
Hernando Montenegro —según la investigación de Toro-Lira—tuvo
cinco mujeres indígenas y seis hijos mestizos: el mayor también llamado
12 13 LAS VIÑAS DE LIMA
Hernando heredó la viña y otros bienes de su padre. En Cuzco, el capitán
Garcilaso de la Vega se unió con Isabel Chimpu Ocllo, nieta del Inca
Tupac Yupanqui, nace otro mestizo Gómez Suarez de Figueroa o Inca
Garcilaso de la Vega como fue conocido.
Cada fundación implicó el reparto de solares para la construcción
de viviendas para los amantes vecinos. El casquete de la Ciudad de los
Reyes fue dividido en cuadras de 100 por 100 metros y cada cuadra tuvo
4 solares de 50 por 50 metros, que permitían la construcción de una casa
con “viso de jaldia” (casona) con su huerta-jardín. Además se entregó
tierras para los cultivos de frutos nativos y de Castilla a los amantes
vecinos. Por otro lado, a los españoles que habían hecho mayores aportes
a la empresa de la conquista también se les encomendó un determi-
nado número de naturales, quienes tenían que pagar un elevado tributo a
cambio de la instrucción católica.
En ese contexto, aparecen las tierras de la Corona, del clero regular
y secular, y los señoríos, heredades de españoles integrantes de la hueste
indiana. Los protagonistas de esta historia son propietarios de solares y
tierras. También son encomenderos y tienen cargos públicos: Francisco
Pizarro fue gobernador del Perú y Hernando Montenegro ejerció como
alcalde en dos ocasiones.
En esos años, Pedro de Cieza de León recorrió el Perú y registró
en su crónica la existencia de viñas en Piura, Chachapoyas, Lambayeque,
Trujillo, Lima, Huamanga y otras regiones del sur andino. Toro-Lira
centra su análisis en Lima y observa a los productores de vid como
empresarios anhelantes de hacer vino en el Perú y desprenderse de la
dependencia de Sevilla. Ese anhelo se logró y el Cabildo de Lima dispuso
regulaciones para la venta del “vino nuevo” y del vino traído de España.
Aparecen así las tabernas, los catadores del vino (mojoneros) y regla-
mentos para los mismos.
Las viñas de Lima es un importante aporte para el estudio de la agri-
cultura en tiempos de la Colonia. Además nos invita a conducir nuestra
inquietud en los anaqueles de los archivos en busca de manuscritos del
siglo XVI y ampliar el conocimiento de la vinicultura en el Perú. El autor
además señala caminos para la investigación arqueológica, cuando habla
de basurales coloniales donde, sin duda, existen escobajos que, con ayuda
de análisis químicos y genéticos, nos lleven a conocer los orígenes de las
primeras cepas que “fructicaron” en Lima y en otras regiones, así como las
técnicas que se emplearon en el cultivo de la vid.
En cuanto a la a mano de obra de los viñedos, recordemos que no
solo fueron indios de las encomiendas, también existió un numeroso
grupo de esclavos africanos que, terminadas las guerras civiles entre
españoles, laboraron en los campos. Las viñas de Lima señala Guatemala
como el lugar de donde se trajo la primera vid al Perú, perteneciente a la
variedad conocida como listán prieto, que también era fruto predilecto
en las viñas de Sevilla.
El trabajo de Guillermo Toro-Lira es producto del análisis de un
sorprendente (y muchas veces) desconocido cuerpo de fuentes escritas,
directas e indirectas, así como testimonios monumentales. Es así que
combina la información cronística, como la de Bernabé Cobo en su crónica
Historia de la fundación de Lima (1657). Guillermo Toro-Lira, con inspi-
ración y tenacidad, emprendió la tarea de demostrar que Cobo estuvo en
lo cierto al mencionar el importante papel de Hernando de Montenegro
al ser el primero en sembrar uvas en Lima. En esa labor, aprendió paleo-
grafía del siglo XVI y, poco a poco, fue descifrando escrituras con las que
comprueba la veracidad de Cobo. Durante años de investigación, el autor
logró adquirir información sobre el cultivo de la vid en Lima, la variedad
de la uva, su procedencia y expansión, las técnicas importadas de España y
el uso de inveteradas técnicas agrícolas andinas.
Además pudo reconstruir y contextualizar la vida y obra de Hernando
de Montenegro, natural de Villanueva de la Torre, en España. Primero,
vecino en Panamá; luego integrante de la expedición de Pizarro en su viaje
hacia Jauja. Ya asentado en Perú, Montenegro fue testigo de la rebelión de
Manco Inca, que obligó a los españoles a trasladar a las esposas y ancianos
al Callao, previendo un ataque de los últimos incas del Perú. Montenegro
se mantuvo activo y diligente durante el periodo de inestabilidad política
entre Pizarro y Almagro, seguida por la presencia de Cristóbal Vaca de
Castro y, posteriormente, el arribo al Perú del primer virrey Blasco Núñez
de Vela. Incluso Montenegro apoyó a Pedro de la Gasca, quien venció al
rebelde Gonzalo Pizarro en 1547.
Sobre la vida personal de este personaje sabemos, gracias a este texto,
que fue un estimado vecino, alcalde dos veces de la Ciudad de los Reyes, y
padre de familia de seis hijos con cinco mujeres indígenas, a los que reco-
noció, protegió y heredó el título de nobleza. El autor conecta estos datos
con otro periodo importante de la historia del Perú: la década de 1570.
Durante el régimen del virrey Francisco de Toledo y la restructuración
general de la “República de indios” vemos a Hernando Montenegro, ya
anciano, defender la tenencia de su encomienda. La reconstrucción genea-
lógica alcanza su propio matrimonio y se extiende hasta el matrimonio de
su nieta Lucía y el nacimiento de su bisnieto.
Otra extraordinaria arista investigativa en esta obra es la relacionada
con la reproducción y distribución temprana de las viñas a partir de la labor
de Hernando Montenegro: otros españoles usaron sarmientos produ-
14 15 LAS VIÑAS DE LIMA
cidos por él en sus propias tierras y lograron crear los viñedos, que fueron
alfombrando el paisaje de la capital. Podemos mencionar a María Martel,
Francisco Pizarro, Jerónimo de Aliaga, Diego de Agüero, Sebastián
Sánchez Merlo, Inés Huaylas, entre otros. Toro-Lira reprodujo el plano
de la producción de viñas en Lima de mediados del siglo XVI gracias al
seguimiento de las propiedades y empresas de estos personajes históricos.
Sería imposible hablar de una historia de la cultura y economía
vitivinícola en el Perú sin antes mencionar la relación directa entre esa
producción de viñas y el crecimiento y transformación de la capital. Sobre
todo, el factor humano que hizo posible ese cambio y cómo ese cambio se
reejó en la vida diaria. Esta ciudad dinámica y en crecimiento constante
tenía su tiangue y catorce tabernas en la década del cincuenta del siglo
XVI. Allí se vendía, entre otras cosas, el vino que ya se producía en las
bodegas de Montenegro y de los otros viñateros. A través de Las viñas de
Lima logramos entender los efectos del colonialismo y la segregación, pero
también de la agencia de una población no blanca que no tenía fácil acceso
a bebidas como el vino, salvo permiso de sus amos o patrones.
En cuanto a la exportación del vino limeño, el autor se centra con
especial énfasis en los vinos que se envían a Potosí. Este centro minero se
fue convirtiendo en el “consumidor universal de los frutos de la tierra” y
Lima, según reere el autor, enviaba sus vinos a esas lejanas y frías regiones.
Ese fue el origen de la ruta Lima-Potosí-Lima. Las vides limeñas que
ya daban uvas a mediados de la década del cuarenta del siglo XVI, según
testimonios presentados en esta obra, exportaron sus sarmientos a Ica,
Cuzco, Arequipa, Huamanga y Chile. Debido a la cercanía de Potosí con
Arequipa, la ciudad minera dejó de consumir el vino limeño, reemplazán-
dolo con el de la tierra del Misti.
Este circuito económico naciente fue devastado en 1600 con la erup-
ción del Huaynaputina, que afectó la producción de vinos en Arequipa. Y,
para sellar esta crisis, en 1604 un gran terremoto asoló esa misma región.
Al respecto, un cronista dice que después de la “ceniza”, la importación
de botijas anuales hacia Potosí bajo de 200 mil a solo 10 mil. Toro-Lira
arma que hasta nes del siglo XVI, Lima produjo vinos pero después
solo se quedó como consumidor de sus uvas, sobre todo la mollar. La gran
producción de vinos y, después, de aguardientes pasó a Ica porque sus
tierras eran excelentes para el cultivo de la vid. Ica tenía ricas minas de
arcilla y podían hacer botijas sin importarlas de España. También tenía
grandes bosques de guarangos que proporcionaba leña para hervir los
caldos y luego destilarlos. Además tenía minas de cobre para confeccionar
las pailas donde cocían los caldos y sacaban el aguardiente de uva, que
después llamaron pisco. Ica, asimismo, contaba con puertos como Pisco
y Caballa que facilitaron la venta y distribución de estos productos. Es así
que Ica se convierte en la primera provincia de América productora de
vino, después de aguardiente, y también la primera provincia botijera de
América. De sus hornos botijeros salieron millones de estos contene-
dores que llegaron hasta la China en el periodo colonial y a mediados del
sigloXIX también a California. Es allí donde comienza y termina esta
magníca obra. Por ello, mis felicitaciones a Guillermo Toro-Lira y a su
esposa Brenda Melvin por su valiosa contribución a la historia.
Lima, julio del 2018
16 17 LAS VIÑAS DE LIMA
INTRODUCCIÓN
Su importancia fue fundamental aunque insospechada. Lima fue fundada
en 1535, cuando ya existían más de cincuenta ciudades en el Caribe y el
resto del continente americano. Sin embargo, gozó con la distinción de ser
la primera capital de Real Audiencia en toda América del Sur. Fue además
el centro geopolítico y religioso del Virreinato del Perú, uno de los más
ricos y poderosos de la América española. Allí se construyeron la Casa de
Moneda, los hospitales pioneros, centros educativos, entre muchos otros
servicios públicos. Pero también fue la primera ciudad del hemisferio sur
en la que se plantó la vid, de manera signicativa, y el primer lugar donde
se produjo vino.
En este libro se describirán los más recientes descubrimientos
relacionados a la evolución de la vitivinicultura en Lima. Durante esta
paciente investigación de más de siete años, se transcribieron y estudiaron
miles de folios escritos desde la década de 1520. Los documentos y
fuentes examinados pertenecen al Archivo General de Indias de Sevilla,
al Archivo Histórico Provincial de Valladolid, al Archivo General de la
Nación del Perú, al Archivo Histórico de la Biblioteca Nacional, al archivo
del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, al
del Convento de San Francisco y al del Instituto Riva-Agüero, así como
decenas de revistas y libros históricos relacionados con el tema.
El presente relato intentará transportar al lector a la Lima naciente
del siglo XVI, reseñando personajes, anécdotas y hechos históricos descu-
biertos hace poco, sobre todo los referidos a la vitivinicultura peruana y
sudamericana en general.
18 19 LAS VIÑAS DE LIMA
Mapa de América de Battista Agnese, ca. 1544. Librería del Congreso de
los Estados Unidos, Washington D.C
20 21 LAS VIÑAS DE LIMA
COSMOLOGÍA ANDINA
Los españoles notaron algo extraño cuando cruzaron la línea ecuatorial
e ingresaron en el actual territorio peruano. Las estaciones no coincidían
con sus calendarios y las constelaciones que veían en el cielo eran muy
diferentes. La Estrella Polar, que siempre les había indicado el norte
geográco, había desaparecido y al sur, existía una extraña combinación
de estrellas en forma de cruz.
Existió algún grado de preocupación para los recién llegados: las
diferencias de ese mundo nuevo con el suyo formaban parte de una incóg-
nita. Galileo no había nacido, las teorías de Copérnico acerca de la Tierra
girando alrededor del Sol no eran conocidas, ni mucho menos, sobre la
inclinación del eje terrestre.
Francisco Pizarro debió haber pensado tal como lo hizo el aventu-
rero italiano Girolamo Benzoni, unos años después de la Conquista. “El
aire, las constelaciones, son contrarias a las nuestras”, escribió Benzoni
en sus memorias1. Incluso añadió, de manera pesimista, que los frutos
de España no iban a poder cultivarse exitosamente en el Perú ni sería
posible producir vino.
Para entender lo que enfrentó Francisco Pizarro, un ávido acionado
a la horticultura y viticultura que aprendió durante su juventud en los
viñedos familiares de La Zarza, cerca de Trujillo, su ciudad natal, debemos
conocer los métodos agrarios aceptados durante aquella época.
No es exagerado decir que dichos conocimientos eran primitivos
y empíricos, basados principalmente en las constelaciones de los signos
del zodiaco. Un buen ejemplo de esos métodos es descrito en el siguiente
pasaje, escrito por el padre jesuita catalán Miguel Agustín (1607):
“Cuando la luna estuviese en Tauro, Virgo, o Capricornio, que son
signos térreos en aspecto conveniente de Saturno, sembrareis, o
plantareis, o también cabareis las viñas. Cuando la luna estuviere en
el signo de Libra, o de Aquario, cultivareis los huertos, los injertos
y las viñas. Si podareis los parrales cuando la luna fuere en lleno,
y estuviere en signo de Tauro, o de Escorpion, o en Sagitario, ni los
ratones, ni las avispas, ni otros animalejos haran daño a las uvas”2.
Los signos de Tauro, Escorpión y Sagitario no estaban cerca a alguna luna
llena durante el preciso momento del año en que se debían podar las vides
y así evitar el daño de roedores e insectos.
Este enigma agrícola fue, sin lugar a dudas, uno de los motivos por los que
Pizarro escogió un espacio en el valle de Lima como la capital de su reino.
A pesar de las escasas lluvias, el valle tenía abundantes árboles frutales
como guayabos, lúcumos, pacaes y paltos. El conquistador se dio cuenta
que el hombre nativo había descubierto hacía mucho tiempo la fórmula
perfecta para la agricultura en aquellas lejanas y extrañas tierras.
El milenario sistema de control de aguas derivadas del río, usando
canales articiales o acequias como fuentes de regadío, fue una sorpresa.
Tiempo después de la fundación de la Ciudad de los Reyes, plantó una
huerta y una viña, cerca de su vivienda, además de construir un estanque
lujoso al costado. Sin dudas, Pizarro y sus huestes recibieron ayuda tecno-
lógica agraria y mano de obra del nativo limeño –según Gonzalo Tauli-
chusco, último curaca de Lima, esa población alcanzaba los cuatro mil
hombres en 15353–.
Un testigo del éxito de dicha cooperación fue Pascual de Andagoya,
el primer (aunque fallido) conquistador del Perú. En su “Relación” (1541),
escribió que el primer trigo que se plantó en Lima se multiplicó ocho-
cientas veces y que “todas las cosas de España se dan maravillosamente”4.
Maestro con su Ayudante exercitando el oficio. Libro de
los secretos de agricultura, casa de campo y pastoril.
Agusti, Miguel, Barcelona, 1722 [1607]. Página 287.
22 23 LAS VIÑAS DE LIMA
Planta de la muy yllustre ciudad de los reyes
corte del reino del Peru: Lima. Bernardo
Clemente Príncipe, 1664. Librería del Congreso
de los Estados Unidos, Washington D.C.
24 25 LAS VIÑAS DE LIMA
LA VID EN EL PERÚ
El primero que escribió sobre la introducción de la vid en el Perú fue el fray
Vicente de Valverde, primer obispo de Cusco y Sudamérica. En una carta
dirigida al Rey, a principios de 1539, Valverde escribe:
“De toda hortaliza hay gran abundancia en toda la tierra; porque
adonde quiera se da; es muy extremada tierra para viñas, a lo que a
todos parece; esperándose ahora plantas, así de vides como de otros
árboles, que se traerán de Guatemala5.
El obispo Valverde corroboró lo que Andagoya notó poco tiempo después:
que las hortalizas de España se dan muy bien en todo el Perú. Sin embargo,
menciona el escepticismo con respecto a las condiciones necesarias para el
cultivo de la vid, del mismo modo en que dudó Benzoni. Por otro lado, también
indicó que estaban esperando vides de Guatemala, entre otras plantas y árboles.
¿Por qué traían plantas y árboles españoles desde Guatemala y no direc-
tamente de España? Recordemos que la colonización del actual territorio
peruano ocurrió más de 40 años después del descubrimiento de América.
En 1493, durante su segundo viaje, Cristóbal Colón trajo al continente
los primeros animales, plantas y frutas oriundas de España. Entre ellas, la
vid. Una de las primeras descripciones de uvas americanas es realizada por el
cronista Fernández de Oviedo (1526): “en Santo Domingo, yo he comido muy
buenas uvas de las que se han hecho parras, llevadas los sarmientos de España6.
La corona española dedicó una atención especial al cultivo de la vid en sus
territorios americanos, llegando a emitir reales cédulas que obligaban llevar vides
en los navíos que partían hacia América. Una de ellas, emitida en 1531, consignó
“que todos los maestres de naos pasen a Indias algunas plantas de viñas”7.
Cuando Valverde escribió la carta al Rey, la vid ya se había expandido
por varias regiones de Nueva España. Aparentemente, con mayor éxito en
la zona del reino de Guatemala, que abarcaba el extremo sur del actual país
de México y toda la Centroamérica actual (excluyendo Panamá).
Traer vides de Guatemala tenía mucho más sentido: el viaje era más
corto y se navegaba directamente por el océano Pacíco, maximizando las
posibilidades de que los sarmientos lleguen frescos. Debido a las nociones
cosmológicas mencionadas, se pudo pensar que las vides crecidas en suelo
americano podrían adaptarse mejor a las condiciones del territorio peruano.
Sea como fuere, las vides llegaron al Perú al poco tiempo del escrito de
Valverde. En la década de 1540, ya existían muchas viñas productivas.
MERCADERES Y TABERNEROS
La conquista del Imperio Inca fue una empresa económica privada.
Quizás la mejor prueba sea aquel momento en que Francisco Pizarro
traza una raya en la Isla del Gallo y dice: “Por este lado se va a Panamá,
a ser pobres, por este otro lado al Perú a ser ricos”8.
Después de la Conquista, de la distribución de ganancias, de la funda-
ción de ciudades y de la repartición de solares y terrenos, estos empresarios
invirtieron su fortuna para asegurar el futuro de sus hijos –muchos de ellos,
nacidos de uniones con indias nobles y fruto de alianzas políticas–.
Supieron entender el sistema antimonetario de reciprocidad inca,
basado en el prestigio que el curaca (jefe nativo regional) obtenía al
distribuir bienes a cambio de mano de obra indígena. La chicha, un bien
preponderante en este sistema de trueque que se manifestaba en grandes
estas y ceremonias, fue parcialmente complementada por el vino. El
apego a esta última bebida, por parte de los indios, fue inmediato.
Una vez asentada Lima, se abrieron varias tabernas de dispensa de
vino español. El éxito fue tan rotundo que su venta, al por menor, subió
a precios exorbitantes. Este hecho debió haber provocado más de una
sonrisa entre los taberneros y mercaderes de vino; pero no para la mayoría
de los españoles residentes en Lima. En Sevilla, pagaban tan solo dos
reales por una arroba del famoso vino de Guadalcanal, que equivale a un
litro por dólar en la actualidad. Sabiendo que se encontraban en un mundo
nuevo, estaban dispuestos a pagar casi tres veces su precio en Nueva
España y hasta ochenta reales por botija de una arroba en Lima, una de las
ciudades más lejana del mundo español en esa época.
Sabían que además de cruzar a lomo de bestia el arduo y peligroso
istmo de Panamá, tenían que navegar dos mil kilómetros a través del
dicultoso Mar del Sur. De todas formas, consideraron una locura tener
que pagar por un pequeño vaso de vino lo que costaba toda una
botija en España.
Cuando el licenciado Pedro de La Gasca llegó a Perú, con el n de
sofocar la insurgencia de Gonzalo Pizarro, reportó que no era inusual el
abastecimiento de 4 o 5 mil botijas de vino de una arroba en Lima9. Esto
equivalía a 40 o 50 botijas por cada uno de los menos de cien españoles de
la capital en ese tiempo. Tal consumo debería haber satisfecho los reque-
rimientos de la sociedad más festiva. Pero en Lima no fue así, pues los
precios seguían subiendo. La causa fue la gran demanda de vino español
por parte de la población indígena.
26 27 LAS VIÑAS DE LIMA
IVNIO, HAVCAI CVSQVI [descanso de la cosecha]. Felipe Guamán Poma de Ayala,
El primer
nueva corónica y buen gobierno
(1615/1616), El sitio de Guaman Poma, Centro Digital de
Investigación de la Biblioteca Real de Dinamarca (Copenhague). CONBIDA EL P[ADR]E A LOS BORACHOS yndios vajos, mestizos, mulatos para tener parte
de rrobar a los yndios pobres”. Felipe Guamán Poma de Ayala (ibid.).
28 29 LAS VIÑAS DE LIMA
Francisco Pizarro fue el primer europeo en notar la apreciación del hombre
nativo peruano hacia el vino español. Durante su segundo viaje en 1528,
Pizarro recibe en Tumbes a un noble Orejón y le da a beber vino. Cieza de
León relata que el dignatario inca “...miro mucho aquel brebaje, parecién-
dole mejor y más sabroso que el suyo”, sin duda haciendo referencia a la
chicha nativa10.
Además de haber sido considerado de mejor gusto que la chicha, el
vino español calzó perfectamente en el sistema de reciprocidad y prestigio
inca. No es difícil imaginarse a un encomendero español, sentado frente al
curaca principal de su encomienda, con una botija de buen vino español a
su costado y sirviendo keros repletos con la bebida, hasta que las negocia-
ciones lleguen a términos felices.
El español reemplazó la chicha por vino en este sistema de negocia-
ción netamente inca. Es indudable que el vino también haya sido parte
de las transacciones por parte de curacas principales y que, luego, fuera
usado en tratos con autoridades de menor rango, hasta llegar a la población
nativa en general. El vino también incrementó de manera signicativa el
prestigio del curaca que se las ingeniaba para tener botijas a su disposición.
Arqueólogo Rommel Ángeles del Instituto Nacional de Cultura señalando fragmentos de botijas de vino espa-
ñolas del siglo XVI encontradas en el santuario de Pachacamac. Guillermo Toro Lira Stahl, 2012
Con el tiempo, no solo los curacas se dieron cuenta del apego al vino de
sus súbditos. Los españoles también lo notaron. Un agudo olfato empre-
sarial los dirigió al lucrativo negocio del vino, cuyo mercado objetivo fue,
en gran parte, la población indígena, que se medía en millones. Al prin-
cipio, los principales beneciados fueron los mercaderes de vino sevillano
y los taberneros de Lima.
Ellos entendieron que el negocio estaba en la venta al por menor:
entre medio y dos litros por persona. Así lo hacían más asequible a la
población indígena limeña, que tenía capacidad adquisitiva limitada. Para
sorpresa de todos, la demanda del vino aumentó y provocó que su valor
alcance precios astronómicos.
Los españoles en Lima también tuvieron que pagar esos precios
elevados. Importantes ciudadanos inuyeron al cabildo de Lima para que
prohíba la venta de vino al por menor. Dicha medida limitaría la venta al
indígena, que no tendría capital suciente. El cabildo emitió la siguiente
ordenanza, que reproducimos a continuación (de manera resumida y corre-
gida al castellano moderno por motivos de espacio y claridad):
“Ordenanza del vino. Que no se venda por menudo ni haya tabernas
de ello. En la ciudad de Los Reyes, ocho días del mes de junio de mil e
quinientos e quarenta e ocho años. En este cabildo se platicó de como
el vino a cada día se sube a excesivos precios, habiendo como es notorio
mucha cantidad de ello en esta ciudad. E que de cada día entra mucho.
E considerando que a los mercaderes que lo traen de España no se les
puede poner tasa. E que según la ciudad es informada, la razón funda-
mental de que el vino se sube es que los indios beben ordinariamente la
mayor parte del vino que a esta ciudad viene. E como el gasto del vino por
menudo en tabernas es la causa principal del gasto del dicho vino por que
alli lo van a comprar los dichos indios. Por tanto ordenaron e mandaron
que de aqui adelante ninguna persona tenga taberna pública, ni venda
pública, ni secretamente vino por quartillos [medio litro], ni por azumbres
[dos litros], ni por otra medida menuda, so pena de perder el vino que asi
vendiere y más cinquenta pesos de pena y más diez días de carcel”11.
Los desórdenes en los precios de venta del vino español continuaron hasta
nales de la década de 1540. Durante ese periodo se emitieron en Lima
nuevas licencias de taberneros y se quitaron otras; el cabildo limeño emitió
más ordenanzas, muchas veces contradictorias; y se permitió a los indios y
esclavos comprar vino, siempre y cuando, tuvieran cédula de permiso de sus
amos. Un relativo orden asomó cuando se comenzó a producir vino limeño
en cantidades signicativas.
30 31 LAS VIÑAS DE LIMA
EMPRESARIOS VITICULTORES
Al inicio, los españoles que fundaron y poblaron las primeras ciudades
del Perú colonial no pudieron saborear sus frutas preferidas de Castilla.
Entonces podemos imaginar su contento cuando vieron, por primera vez
después de muchos años, un racimo de uvas, grandes y frescas, colgando
de una frondosa parra.
Por ejemplo, María Martel y su esposo Juan Ramiro tuvieron que
esperar pacientemente por más de cuatro años para disfrutar ese momento
(ese es el tiempo que tarda la vid en dar fruto por primera vez). En su
testamento de 1548, Juan Ramiro indica que las plantó cerca de la ciudad y
que la viña tenía una extensión de ocho solares, casi dos cuadras de hoy12.
Lima era un pequeño asentamiento: la iglesia y el convento de La
Merced, ubicadas a solo dos cuadras de la Plaza Mayor, eran ya conside-
radas parte de las afueras de la ciudad. El cronista Bernabé Cobo escribió
que testigos de la época mencionaban que si andaban por esa iglesia signi-
caba que había que dar vuelta a la rienda del caballo y regresar al poblado.
La viña que Juan Ramiro plantó estuvo localizada a cinco cuadras
hacia al sudeste de la Plaza Mayor, colindando por la antigua ubicación
de la Biblioteca Nacional en la actual avenida Abancay. Se encontraba en
las afueras de la ciudad, pero hoy forma parte de pleno centro histórico.
Se plantaron plantas y frutas traídas de España en todas las
ciudades que se fundaron en Perú. En la década de 1540, ya existían
vides productivas en San Miguel de Piura (o Piura la Vieja), la primera
ciudad fundada en el Perú. Esta ciudad, después de dos años, fue aban-
donada y trasladada a un lugar llamado Monte de los Padres, donde
permaneció hasta nes de ese siglo, a más de 60 kilómetro al este de
la actual ciudad de Piura. En 1546, Juan Rubio, uno de sus vecinos
fundadores, ya vendía una libra de uvas a medio peso13. Mientras que
en Trujillo, Diego de Mora, el primer gobernador de esa ciudad, hacía
algo similar (tiempo después, se dedicó a una actividad más rentable: el
cultivo de la caña de azúcar)14.
Después de la fundación de Lima, algunos empresarios visiona-
rios se dedicaron al cultivo de la vid para elaborar vino nativo. Se dieron
cuenta de la demanda de vino español por parte de la población indígena,
como luego lo certicó el cabildo de la ciudad. Existía carencia y su
precio era muy alto. Sabían que la producción de vino local decantaría
en precios más bajos, al no incluir los costos de transporte que suponían
traerlo desde la península ibérica.
Antes de producir vino, primero debían plantarse vides y luego, producir
uva en grandes cantidades para hacerlo de manera económica. No iba a
ser fácil ni rápido. Para lograrlo en esas tierras de climas tan diferentes, se
requeriría de mucho tiempo, paciencia y ayuda. Hubo un empresario, de
los primeros vecinos de Lima, que destacó sobremanera con esos obje-
tivos. Su nombre era Hernando de Montenegro.
TRAVAX A: HAILLI CHACRA IAPVICVI pacha [cantos triunfales, tiempo de abrir las tierras]. Felipe
Guamán Poma de Ayala, (ibid.).
32 33 LAS VIÑAS DE LIMA
VIÑA DE MONTENEGRO
Durante una probanza de méritos y servicios de 1586, Lucía, una nieta
de Hernando de Montenegro, preguntó a ciertos testigos si sabían que su
abuelo “fue la primera persona que plantó viñas en esta tierra”15.
Cinco personas contestaron armativamente y uno añadió que
Montenegro plantó las viñas “en el tiempo del marqués don Francisco
Pizarro”. Es decir, cuando el fundador de Lima estaba vivo.
Conociendo la fecha de la muerte de Pizarro y el año que menciona
el obispo Vicente Valverde para la llegada de las vides al Perú, Montenegro
debió haber plantado esas viñas primordiales entre principios de 1539 y
mediados de 1541.
Hernando de Montenegro nació alrededor de 1496, cuatro años
después del descubrimiento de América, en el pequeño pueblo de Villa-
nueva de la Torre, cerca de Guadalajara (España). Hijo de una familia que
poseía viñedos, recibió educación durante su adolescencia, rompiendo así
el estereotipo de que todos los conquistadores eran iletrados.
Viajó hacia América en 1516 como paje del gobernador de Panamá.
Participó en la conquista de Nicaragua y fue uno de los residentes funda-
dores de la ciudad de Panamá. Arribó a Perú, para encontrarse con Fran-
cisco Pizarro en Jauja y, luego, presencia la fundación de Lima en 1535.
Naturalmente, se convierte en uno de sus primeros residentes.
Otro testigo del juicio de 1586 también brindó información impor-
tante. Comentó que el viñedo “se llamó y hoy día se llama la Viña de
Montenegro”, inriendo que en aquel año, cuarenta años después de ser
plantadas, las vides ancestrales de Montenegro todavía eran productivas
(algo realmente admirable y gran testamento de su calidad).
Hernando de Montenegro fue alcalde de Lima en dos ocasiones.
La primera en 1538, cuando pudo experimentar con vides plantadas en
la huerta de su casa. La segunda vez, en 1556, cuando la viña ya era muy
popular y estaba desarrollada.
En ese último año, Montenegro hospedó al virrey Andrés Hurtado
de Mendoza, Marqués de Cañete, en su hacienda-viña antes que asuma su
nuevo cargo en Lima. El cronista Lizárraga brinda información clave sobre
la ubicación del viñedo, al describir la entrada del nuevo virrey. El Marqués
de Cañete había zarpado de Panamá rumbo al Callao con buenos vientos,
pero luego de pasar por el puerto de Paita, los vientos se calmaron, así que
decidió desembarcar en el puerto de Malabrigo, cerca de Trujillo, para
continuar el viaje por tierra. La entrada del futuro virrey a Lima se produjo
por el llamado “camino de Trujillo”, que llegaba desde el norte, cruzando
un antiguo puente inca, al otro lado del río Rímac. Lizárraga escribe:
“Llegando a media legua de la ciudad, o poco menos, a una chácara
o viña de Hernando de Montenegro, vecino de ella, de los antiguos
conquistadores, donde le tenía aderezada la casa como se requería,
aquí se detuvo hasta el día de San Pedro, que debieron ser dos días”16.
Coincidentemente, el parte judicial de Lucía Montenegro incluyó en el
pleito de 1586 una copia de una probanza de 1556, año en que su abuelo
era alcalde de Lima. Entonces un representante legal hizo una pregunta
similar a la que ella haría treinta años después. Luego interroga a varios
testigos sobre Hernando de Montenegro y su papel como “la primera
persona que plantó viñas en esta tierra y otros muchos árboles de Castilla
y que todas cuantas plantas hay hasta Chile, han salido y sido el origen de
ellas la huerta y viña del dicho Montenegro”17.
Signo de Hernando de Montenegro. Libro de Cabildos. Muni-
cipalidad de Lima. Carola Quevedo T.L.
34 35 LAS VIÑAS DE LIMA
Las respuestas fueron sorpresivas y esclarecedoras. Alonso Martín de
Don Benito, alcalde de Lima en 1551 y otro de sus primeros pobladores,
respondió así:
“es verdad que fue el primero que empezó a poner viña en esta ciudad
y la plantó. Y de su casa y viña se ha provisto esta ciudad, así como
Guamanga, Cuzco, Arequipa e Chile, por ser una viña de buen
vidueño y que lleva buen fruto”18.
Cuando Francisco Pizarro fundó Lima, repartió solares (un cuarto de
cuadra) a sus primeros vecinos. A Hernando de Montenegro le concedió
uno, localizado en la actual cuadra 5 del jirón Huallaga, según Juan
Bromley. El camino que salía de la Plaza Mayor hacia su solar se llamó
inicialmente la “calle de Montenegro19.
Montenegro construye entonces su primera vivienda, con una huerta
relativamente pequeña, regada por acequias provenientes del río Huatica,
muy cerca de allí. En esa huerta muy posiblemente comenzó a experi-
mentar con los primeros cultivos de plantas y frutos traídos de España,
incluyendo las vides, que luego plantaría, en mayor escala, en su viña locali-
zada a pocos kilómetros al norte de la ciudad, al otro lado del río Rímac.
Décadas después, se funda el monasterio de monjas de la Purísima
Concepción. Esa cuadra llevó el nombre de la “calle de la Concepción” por
muchísimos años. Recién hacia la década de 1860, se incorpora la nomen-
clatura de jirón Huallaga.
Además de conrmar que Montenegro fue efectivamente el primero
en plantar viñas en Lima, el ex alcalde Don Benito brinda dos piezas de
información importantes para la historia de la viticultura sudamericana.
Primero: de la viña de Montenegro se llevaron plantas o injertos para
plantar viñas en otras zonas de Perú y Chile. Es decir, se puede inferir
que aquellas vides se plantaron siguiendo un patrón lógico de expansión
geográca. Es decir, las vides limeñas de Montenegro fueron llevadas
a Huamanga; de allí a Cusco; de Cusco a Arequipa; y nalmente, de
Arequipa a Chile. Sin embargo, como se verá más adelante, un suceso
ocurrido en 1545 aceleró signicativamente el proceso expansivo de la vid
hacia el sur. Montenegro fue el primero en darse cuenta de que la mejor
manera de producir vino nativo peruano no solo implicaba multiplicar las
viñas limeñas, sino también esparcirlas por todo el reino. Era lógico deducir
que cualquier vino producido en la región sería más barato que el español.
Segundo: la viña de Montenegro se expandió exitosamente porque
era de “buen vidueño” y de “buen fruto”. El término “vidueño” (o viduño)
se reere a la variedad o cepa de uva, mientras que “buen fruto”, a la Ruta de la vid de Hernando de Montenegro según Alonso Martín de Don Benito y Nicolás de Ribera El Viejo,
alcaldes de Lima en 1551 y 1535. Guillermo Toro Lira Stahl, 2018.
36 37 LAS VIÑAS DE LIMA
cantidad y calidad de uva producida en la viña. Para tener una idea del tipo
de uva plantada por Montenegro en Lima (y luego difundida por todo el
Perú hacia 1556), se puede mencionar lo escrito por el capellán Balthasar
Ramírez, casi cuarenta años después:
“el vidueño de viñas, generalmente en todo el Pirú es uva mollar, de
la que se come en Sevilla, y es muy buena; también hay en Lima uvas
moscateles, muy buenas”20.
En el 2007, un artículo publicado por la American Society for Enology and
Viticulture presentó los resultados de un estudio genético del ADN de 79 dife-
rentes variedades de uvas americanas. Este estudio cientíco probó que 52 de
las variedades eran genéticamente idénticas y sinónimos a la cepa listán negro o
prieto, también conocida con otros nombres, entre ellos mollar según la base de
datos Vitis International Variety Catalogue (VIVC). La mayoría de las restantes
era una combinación genética con la variedad moscatel de Alejandría21.
Tomando ambos datos y aceptando esos testimonios que señalan
las vides de Montenegro como el origen de las primeras viñas de Suda-
Uvas listán prieto de las islas Canarias. Flickr: Vines Vintage 2005, Pamela Haywood. Escobajo de uva desenterrado de Huaca Tres Palos, siglo XVI. Museo Josefina Ramos
de Cox, IRA, PUCP. Guillermo Toro Lira Stahl, 2012.
mérica, se llega a la conclusión de que el vidueño original perteneció a la
variedad conocida hoy como listán prieto (identicada como mollar
por Ramírez en 1597).
El segundo testigo presentado por Montenegro, en la probanza de
1556, fue Nicolás de Ribera El Viejo, primer alcalde de Lima. Él responde
la misma pregunta hecha a Don Benito, armando que Montenegro
fue: “la primera persona que plantó viña en esta ciudad, de donde se han
hinchido todo el reino, y esto lo dice por lo que ha visto”22.
El testimonio del alcalde de Lima de 1535 es una armación contun-
dente: vio a Montenegro plantar la primera viña de Lima y cómo sus vides
“se han hinchido” por todo el reino. “Hinchido” es una antigua forma de
la palabra “henchido” y proviene del verbo “henchir” que, según la Real
Academia Española, signica “llenar un espacio hasta su límite”. Ribera
El Viejo no pudo haber vericado de mejor manera lo que atestiguó Don
Benito: las vides de la viña de Montenegro se habían expandido exitosa-
mente por todo el Perú en 1556.
La expansión de esas viñas con cepas listán prieto, cultivadas en
Lima, fue rápida hacia otros lugares de Sudamérica.
38 39 LAS VIÑAS DE LIMA
Durante los siguientes siglos, se adaptaron a las condiciones climatológicas
y de terruño local, originando variedades regionales conocidas como negra,
corriente, país, criolla chica y mission, tanto en Perú, Bolivia, Chile, Argen-
tina y hasta California en Estados Unidos. A este último destino llegó
en 1817 de la mano de colonos rusos que viajaron desde Lima. Esa gran
expansión geográca y temporal es un testamento a la excelente labor agrí-
cola de Montenegro para lograr una cepa de uva resistente a un territorio
tan variado como el antiguo Imperio Inca.
El tercer testigo del juicio de 1556, Bernardino de Balderrama, ofrece
información sobre cómo Montenegro pudo lograr la proeza:
“Fue el primero o de los primeros que plantó viñas y otros muchos
frutos de Castilla porque este testigo, en compañía del ____ Juarez,
plantó muchas plantas de las que ahora están en la viña de Monte-
negro, como hombre que se halló ahí y pobló esta ciudad” 23.
Balderrama arma que él mismo plantó vides en la viña de Montenegro,
en compañía de una persona de rango y nombre parcialmente denido.
Esta persona no identicada pudo ser Julcayaure, uno de los curacas prin-
cipales de la encomienda de Montenegro, cuyo nombre es escrito a medias
por un escribano que haya usado fonética española aproximada.
Bajo las órdenes de Francisco Pizarro y con rango de capitán,
Hernando de Montenegro participó en la conquista de la provincia de
Andajes, localizada a 200 kilómetros al norte de Lima, en las alturas del
valle del río Huaura, en la actual provincia de Oyón. A principios de 1536,
Pizarro lo recompensó con la encomienda de los indios del lugar, pertene-
ciente al señorío del curaca Tumaiguaraj24.
Montenegro fue un conquistador hijodalgo que tuvo muy buena
educación escolar y cortesana, con muchos recursos económicos y sociales.
Por ello, fue admirado y respetado por muchos limeños. Esto quedó ree-
jado durante las elecciones por la alcaldía de Lima en 1538, donde Monte-
negro recibió la mayor cantidad de votos.
Sus dotes sociales también le sirvieron en sus relaciones empresa-
riales con los indios. Se adaptó a las tradiciones regionales e incaicas de
reciprocidad y de prestigio. Selló alianzas políticas que le ayudaron en sus
objetivos comerciales, difíciles de conseguir de otra manera, en los que el
vino español fue una herramienta de negociación. También se llevaba bien
con los indios. Durante el transcurso de unos pocos años, se unió en matri-
monio consagrado a la usanza nativa con, por lo menos, cinco mujeres
indias, hijas de curacas importantes. Montenegro llegó a tener, en total, seis
hijos mestizos (tres hombres y tres mujeres).
Durante el tiempo del gobernador Vaca de Castro, algunos indios se
sublevaron en la región de Cajatambo, a casi 40 kilómetros hacia el norte
de la encomienda de Andajes. Montenegro instala la paz rápidamente
y el gobernador lo recompensa con la raticación de la encomienda de
Andajes, expedida por Pizarro, y añadiendo una más: la de los Atavillos,
localizada en las alturas del valle de Huaral.
Después de aanzar sus alianzas políticas y sociales, Montenegro
se beneció de una cooperación tecnológica agraria, con énfasis en la
viticultura. Los curacas de sus encomiendas le brindaron la mano de
obra necesaria y conocimientos milenarios aplicados al cultivo de los
productos agrarios españoles. Uno de ellos fue Julcayaure, señor de los
Atavillos, el mismo que plantó vides en la viña de Montenegro junto al
testigo Balderrama. Desde luego, la cooperación debió tener un carácter
administrativo, pues la mano de obra fue provista por los indios pertene-
cientes al curacazgo.
Está documentado que los indios de las encomiendas de Monte-
negro participaron activamente en la plantación y mantenimiento de su
viña. En 1549, el licenciado La Gasca mandó a realizar un censo de todas
las encomiendas del Perú. Entonces ratica el derecho de Montenegro de
usar mano de obra de los indios de su encomienda de la siguiente manera:
“para la viña o otra cualquier heredad ... dos veces al año, la una en
el mes de julio o agosto y la otra en el mes de noviembre ochenta
indios cada vez, los quales se ocuparán en lo sobredicho cada vez
quinze dias, y no se an de ocupar en otra cosa25.
Además de vericar la participación del indígena limeño en la viti-
cultura inicial española, La Gasca también ofrece información que
permite calcular el tamaño de la viña de Montenegro en 1549. Hoy,
un experto obrero puede podar una parra en aproximadamente cinco
minutos. Ochenta obreros, trabajando siete horas al día, podrían podar
100 mil parras en 15 días. Un obrero del siglo XVI no tuvo herramientas
modernas. Por eso, de manera arbitraria, se puede estimar que el antiguo
limeño podría podar una parra en el doble de tiempo. Usando esta supo-
sición, podemos calcular el tamaño de la viña de Montenegro: 50 mil
parras aproximadamente.
En ese mismo año, La Gasca escribe lo siguiente con respecto a
Montenegro al raticarle sus encomiendas: “fuistes uno de los primeros
que comenzaron a plantar viñas, e otras arboledas, ...e dado plantas de
ellas a otras personas”, comprobando lo armado por los testigos en las
probanzas de 1556 y 158626.
40 41 LAS VIÑAS DE LIMA
RETRATO DE PEDRO DE LA GASCA. Valentín Carderera y Solano (1796 - 1880).
VIÑA DE MARTEL
Las primeras uvas, frescas y jugosas, que Juan Ramiro y María Martel
comieron desde que salieron de España debieron provenir de la viña de
Montenegro alrededor de 1544. Habían pasado cerca de cuatro años desde
que Hernando de Montenegro plantó sus vides y éstas recién habían
comenzado a dar fruto. Tiempo antes, este generoso empresario había
compartido plantas e injertos con otros vecinos limeños. Su objetivo era
aumentar la cantidad de uva disponible para que se pueda producir vino de
manera económica, lo más pronto posible.
Otro empresario limeño que compartió las vides de Montenegro fue
Juan Ramiro, pero sus plantas todavía no daban frutos. Eran tan solo un
majuelo. Ramiro tuvo que esperar unos años más para que fuera su turno.
Desgraciadamente, ese momento de gloria fue interrumpido por una
repentina muerte. Escribió su testamento en 1548, postrado con una enfer-
medad terminal en su lecho, mientras las primeras vides daban frutos27.
Luego de su fallecimiento, la viña pasó a manos de su esposa, María.
Su esclava Barbolilla, de tierra africana, tenía 28 años. Ella cuidó y protegió
la viña, con paciencia y cariño, como si fuera suya durante los últimos
años, hasta que dio la uva. Sus indios también debieron festejar el evento.
Habían escuchado a otros decir con entusiasmo que el vino local estaba
cada vez más cerca.
María Martel mantuvo la viña por un año más. En 1549, se había
convertido en un hito geográco de la ciudad. Incluso el cabildo de Lima
usaba la frase “viña de doña María Martel” para denir linderos de solares
en aquella zona28. Tenía ocho solares de extensión (dos cuadras), un tamaño
respetable pero no tan grande como la de Montenegro. La viña tuvo 15
mil parras aproximadamente, asumiendo la densidad típica de viñas espa-
ñolas en el siglo XVI. Martel vendió su viña en septiembre de ese año por
600 pesos de oro, equivalentes a casi 67500 dólares actuales29. La compró
Antón Ruíz de Guevara, un ex encomendero de Arequipa y alcalde del
Cusco en 1542. Ruíz de Guevara, que no residía en Lima, pudo haber apro-
vechado la viña de Martel para expandir la viticultura hacia Cusco y tal vez,
Arequipa. Esta suposición es compatible con lo atestiguado en la probanza
de 1556 por Alonso Martín de Don Benito y Nicolás de Ribera El Viejo,
acerca de la expansión de las vides originarias de Montenegro hacia el sur.
María Martel rma el primer contrato de venta de una viña encon-
trado en Sudamérica. Debido a la importancia de este documento, reseña-
remos ciertos episodios de la biografía turbulenta de Martel.
42 43 LAS VIÑAS DE LIMA
Contrato de venta de viña de María Martel. Primera página incluyendo trans-
cripción paleográfica. Guillermo Toro Lira S. & Carola Quevedo T.L., 2018.
44 45 LAS VIÑAS DE LIMA
Natural de Zafra, en la puerta de Extremadura (España), llegó al Perú en
1541 acompañando a su padre Alonso Pérez Martel de Santoyo, junto
a sus hermanos Bernardino y Catalina. Era todavía una adolescente en
Lima cuando la casaron con Francisco de Herrera, antiguo conquistador,
ex procurador del cabildo y mayordomo de Jauja, alcalde de Lima en 1539
y primer benefactor del convento de La Merced. Herrera poseía además
la gran encomienda de indios de Mancos y Laraos, en Hanan Yauyos, a
más de 200 kilómetros al sudeste de Lima. Era dueño de varias estancias
y chacras en los alrededores de Lima, donde mantuvo un molino, diversas
plantaciones y una gran cantidad de ganado, sobre todo vacuno. También
era dueño de varios terrenos localizados en los alrededores de la actual
iglesia y convento de La Merced, donde se ubicaba su vivienda.
Desde el momento de su matrimonio, María Martel parecía tener
la vida asegurada. Pero no todo fue color de rosa para la joven zafreña. Su
historia comienza a cambiar en septiembre de 1546, cuando su esposo
fallece a los 40 años de una súbita y grave enfermedad. Siguiendo las
tradiciones de la sociedad de la época, se casa casi inmediatamente con el
trujillano Juan Ramiro, un buen conocido de su difunto esposo. Entonces
Ramiro toma la administración de la gran hacienda que ella heredó.
A partir de ese momento, María Martel se convierte en una de la más
grandes encomenderas de Lima y tal vez, del Perú.
Un año después, su padre es asesinado junto con su cuñado, Juan
Vázquez de Tapia, alcalde de Cusco, que se había casado con su hermana
Catalina. Son ejecutados por partidarios de Gonzalo Pizarro, cuando se
Signo de Juan Ramiro. Biblioteca Nacional del Perú. Carola Quevedo T.L.
descubrió que ambos formaron parte del bando realista del licenciado
Pedro La Gasca. Este último había sido enviado por el rey Carlos V para
aplacar la rebelión liderada por el hermano de Francisco Pizarro.
Continuando con su cadena casi anual de desgracias, en octubre de
1548, fallece su segundo esposo Juan Ramiro. Por ello, la hacienda de María
crece al heredar los bienes de Ramiro, incluyendo la viña productiva. Desde
entonces se le conoce como la “viña de doña María Martel”, como la describe
el cabildo de Lima en octubre de 1549. Ese año Rodrigo de Cantos de
Andrada, que sería el tercer esposo de María, solicita un solar vecino a la viña.
Para la desventura de María, Rodrigo de Cantos, también zafreño,
fue acusado de bigamia al poco tiempo de casarse y fue obligado a retornar
a España para defenderse. Después de muchas cartas no correspondidas,
María declara anulado el matrimonio y contrae nupcias, por cuarta vez,
con el licenciado García de León.
En 1554, María nancia a su hermano Bernardino para que reclute
una tropa y se enfrente a Francisco Hernández Girón. Este último,
siguiendo el ejemplo de Gonzalo Pizarro, se había rebelado contra la
corona. Luego participa en la Batalla de Pucará el 8 de octubre de ese año,
donde Hernández Girón es derrotado y ejecutado. Entonces, Bernardino
Martel, hermano de María, viaja a España para recoger benecios mone-
tarios del Rey. Lamentablemente, no llega a cobrar su recompensa pues
fallece en Panamá, en pleno regreso hacia el Perú, en 156230.
El cuarto matrimonio de María, que duró veinte años, llegó a su n
cuando García de León muere en 1569. Perseverante, María se casa por
quinta y última vez, con su primo, también zafreño, Hernando Martel de
Mosquera. Con él, regresa a España en 1581. Ocho años después, muere
en la misma ciudad que la vio nacer, dejando huérfanos a sus dos hijos:
Fernando Martel de Mosquera y María Martel. Tenía 66 años.
Signo de María Martel. Biblioteca Nacional del Perú. Carola Quevedo T.L.
46 47 LAS VIÑAS DE LIMA
VIÑA DE ALIAGA
Jerónimo de Aliaga fue el primer empresario viticultor limeño que estimó
la cantidad de vides que contenía su viña. En total, 10 mil parras. También
detalló su localización con sucientes datos geográcos, lo que hizo
posible situarla con cierto grado de exactitud en un mapa actual.
Al igual que Hernando de Montenegro y la familia Martel, Jerónimo
de Aliaga recibió una educación superior. Nació en Segovia en 1508,
miembro de una antigua familia noble de Aragón. Se trasladó a Panamá en
1528, donde participó en la conquista de la región. En esa ciudad conoce a
Hernando de Montenegro y, tres años después, se une a Francisco Pizarro
en la tercera y última expedición conquistadora del Perú en 1531. Aliaga
se encuentra en Cajamarca durante la captura de Atahualpa y forma parte
del reparto del tesoro del rescate. Viaja a Jauja y a Lima, presenciando
las fundaciones de ambas ciudades. En 1538, Pizarro lo nombra regidor
perpetuo y escribano mayor de la audiencia de Lima. También le da varias
encomiendas de indios, entre ellas la de Chancay, vecina a la de Atavillos,
que pertenecía a Hernando de Montenegro.
Además, Aliaga recibió de Pizarro un magníco solar, al que se llegaba
cruzando la calle de la casa del conquistador. Allí levantó su vivienda, que
aún existe en la actualidad. La Casa de Aliaga es la más antigua de América
que aloja a los descendientes de la familia del dueño original.
Precisamente, la existencia de dicha viña fue documentada en la carta de
fundación del mayorazgo que preparó en 1549. Se trataba de un sistema antiguo
de reparto de bienes, que beneciaba al mayor de los hijos. De esa forma, el
grueso del patrimonio de una familia no se diseminaba, sino que solo podía
aumentar. A continuación, la descripción de la viña en palabras de su dueño:
“Una estancia y chácara que yo tengo junto a esta ciudad, que por
medio de ella va una acequia grande que sale del río y entra luego en
ella. La mitad de esta dicha chácara está cercada y puesta una viña de
diez mil cepas y otros árboles ... Que da por linderos: de la una parte
el camino que de esta ciudad va al río ... y por la otra parte el río, y por
la otra parte chácara de Martín Pizarro, y por arriba de lo que así está
cercado la acequia, y de lo que está por cercar más arriba, la calle real
que va a la mar, y de la otra parte el camino a Pachacamac”31.
Aliaga fue uno de los primeros que recibió vides de Montenegro a prin-
cipios de la década de 1540. Plantó su viña relativamente cerca a la de
Montenegro, cruzando el río Rímac por un antiguo puente inca, hacia
el lado de Lima. Se calcula que la extensión de la viña debió medir una
hectárea y un tercio aproximadamente, considerando la densidad de la
plantación típica de la época.
Con los hitos geográcos descritos, cruzada por una “acequia grande”
que sale del río y al costado de los caminos que van hacia la ciudadela de
Pachacamac, se puede deducir la localización de la viña de una manera
relativamente exacta, usando fuentes históricas conocidas: la viña de Aliaga
se encontraba casi al nal de la actual Avenida Alfonso Ugarte, justo antes
de cruzar el río Rímac.
Una de las acequias más importantes de Lima cruzaba por el medio
de su chacra, estancia y viña. La bocatoma se encontraba a pocos metros
del río Rímac y surcaba hacia el suroeste, para luego bifurcarse en las
acequias de Magdalena, Maranga y La Legua, que irrigaban la zona de las
huacas Mateo Salado y Pueblo Libre, entre otras.
La estancia contenía la viña, cercada con diez mil parras, que era
colindante al río y al camino a Pachacamac, bordeado por abundantes
árboles de pacae, entre otros. Testigos de la época señalaban esa sombra
natural que brindaba protección a los caminantes durante dos horas conti-
nuas. Fray Gaspar de Carvajal relata lo que debió ser una maravilla para la
época (1556): “había montes de arboledas y caminaban los españoles dos
leguas sin que les diere el sol”32.
Los muros del cerco pudieron haber sido elaborados siguiendo la
técnica inca de tapia y adobón. En una esquina, se levantaba una torre
de vigilancia construida al estilo español, entre otras edicaciones. Hasta
mediados del siglo XIX, una calle limeña fue conocida como Torrecilla
(cuadra siete del actual Jirón Huancavelica), en recuerdo de aquella torre
construida por Aliaga en su viña33.
El sistema hidráulico de canales y acequias prehispánicas fue funda-
mental en la adaptación de los cultivos de frutos europeos en la Lima del
siglo XVI. Varios de esos canales todavía estaban operativos a principios
del siglo XX, como se aprecia en el siguiente plano de Lima en 1904 (en
azul, se muestran los canales antiguos).
Jerónimo de Aliaga tuvo una permanencia en el Perú relativamente
corta. En el mismo año que funda su mayorazgo, fue comisionado para
viajar a España y tratar el establecimiento de una posible universidad en
Lima. Se reunió con Carlos I en Augsburgo, quien aceptó la propuesta en
1551 de fundar la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la decana
de América. Aliaga se mudó a Villapalacios (Albacete), donde continuó
con sus actividades viticultoras. Muere a los 61 años en 1569, legando a su
hijo Jerónimo algunas casas y huertas, así como viñas y majuelos34.
48 49 LAS VIÑAS DE LIMA
Canalización hidráulica prehis-
pánica limeña a principios del
siglo XX. Plano de Lima, Julio E.
Ribeyro, 1904, Map Collection,
University of Chicago Library.
Rios de Piedra Liza, Magdalena/
Maranga/La Legua y Huatica
en Saneamiento de Lima, Julio
E. Ribeyro, 1920. Ilustración
Guillermo Toro Lira Stahl, 2018.
50 51 LAS VIÑAS DE LIMA
Signo de Jerónimo de Aliaga. Biblioteca Nacional del Perú.
Carola Quevedo T.L.
Oleo de Jerónimo de Aliaga. Casa de Aliaga, Lima.
52 53 LAS VIÑAS DE LIMA
VIÑA DE PIZARRO
Es difícil imaginar que Francisco Pizarro no haya vislumbrado el potencial
de la industria vitivinícola nativa. Desde nes de 1535, meses después de
que Lima fuera fundada, existen ordenanzas del cabildo, rmadas por el jefe
de la Conquista del Perú, donde se regulan los pesos y las medidas de venta
al por menor de varios productos importados de España35. El vino siempre
estuvo primero en esa lista. Es decir, Pizarro entendía su importancia.
Aunque fue hijo ilegítimo, el conquistador era miembro de una
familia perteneciente a los Añascos, uno de los tres linajes más impor-
tantes de Trujillo (Extremadura). Los otros dos linajes principales eran
los Altamirano y los Bejarano (a este último pertenecía el citado viti-
cultor Juan Ramiro)36.
Antes de la conquista del Perú, la familia Pizarro poseía varios
viñedos en la zona de La Zarza (actualmente llamada Conquista), cerca de
Trujillo. Podemos inferir que fueron una familia vinatera. Sin embargo, el
único hijo legítimo de todos los que se aventuraron al Perú fue Hernando,
el mayor. Por ello, las propiedades recaían en él.
Después de la fundación de Lima, hubo un periodo de paz y armonía
regional que duró 18 meses y permitió la concentración de los esfuerzos
en actividades de desarrollo urbanista y agropecuario. Con las recientes
fortunas adquiridas tras la captura de Atahualpa y las ganancias prove-
nientes de Cusco, los conquistadores limeños importaron ganado y frutos
europeos, así como cultivaron el trigo, árboles frutales y la vid, entre otros.
El mismo Francisco Pizarro fue uno de los que puso especial atención
en las actividades agrícolas de la naciente población. Construyó una gran
huerta y estanque a las espaldas de su palacio, donde plantó y cultivo varios
frutos de Castilla: naranjas, higos, plátanos y, como buen trujillano, vides.
De acuerdo a la evidencia presentada anteriormente, Pizarro también
fue uno de los beneciados de la generosidad de Hernando de Monte-
negro y plantó sus vides entre 1539 y 1541, año de su muerte. Nunca las
vio dar fruto, pues falleció cuando todavía eran un majuelo. Todas sus
propiedades, incluyendo la huerta, estanque y viña, pasaron a las manos de
su hija Francisca, su única heredera.
La existencia de la viña de Pizarro está documentada en un manus-
crito fechado el 28 de septiembre de 1556 en el castillo La Mota (Medina
del Campo en España), donde su hija y su esposo Hernando (medio
hermano del conquistador) entregan un poder de venta a su mayordomo
Martín Alonso para todas sus propiedades en Lima.
Francisca Pizarro nació en 1534, producto de la unión de Francisco
Pizarro con la princesa inca Quispe Sisa (bautizada Inés Huaylas), hija del
inca Huayna Cápac. Legitimada por Isabel de Portugal en 1537, fue criada
por su tío Gonzalo Pizarro desde la muerte de su padre en 1541. Apenas
siete años después, Gonzalo fue ejecutado por Pedro La Gasca, tras rebe-
larse contra la corona. Entonces Francisca fue enviada a España en 1551,
donde se casó con su otro tío, Hernando Pizarro.
La carta poder de venta fue escrita durante ese último matrimonio y adju-
dica la propiedad de los bienes a Francisca. Ella vende el estanque, huerta
y viña con sus casas y tierras asociadas. Presentamos la transcripción de
dicho manuscrito, de manera resumida y adaptada al castellano moderno:
“Sepan cuantos esta carta de poder vieren, como yo Hernando
Pizarro ... e yo doña Francisca Pizarro su mujer ... otorgamos todo
nuestro poder .... a vos Martín Alonso nuestro mayordomo ... (para
que) podais vender e vendais ... el estanque y huerta y viña y tierras
y solares perteneçientes al dicho estanque y a mi, como a señora de
ellos que yo la dicha doña Francisca Pizarro tengo en la dicha ciudad
de Los Reyes y sus arrededores, lo cual todo podais vender e vendais a
la persona o personas y por el precio o precios que quisieres ... por las
dichas chácaras y tierras y estanque y viña y huerta y tierras y solares os
dieren ... Es fechada y otorgada en la dicha villa de Medina del Canpo
dentro de La Mota y fortaleza de ella a veinte y ocho días del mes de
setiembre año del Señor de mill y quinientos y cinquenta y seis años ...
Hernando Pizarro – Doña Francisca Pizarro [rubricado]”37.
Signos de Hernando y Francisca Pizarro. Archivo Histórico Provincial de Valladolid. Carola Quevedo T.L.
54 55 LAS VIÑAS DE LIMA
Martín Alonso vende las propiedades a Juan Váez, que coincidentemente
había llegado al Perú con Hernando Pizarro en septiembre de 1534. A
pocos años de la venta, Hernando y Francisca Pizarro comienzan a cons-
truir el gran Palacio de la Conquista en Trujillo.
Sin embargo, Hernando Pizarro muere en 1590, dejando cinco hijos
concebidos con Francisca. Esta última se casa con Pedro Arias Portoca-
rrero al año siguiente y fallece en Trujillo en 1598.
Tres años después de haber comprado el estanque, huerta y viña de
los Pizarro, Juan Váez los vende en 1559 al convento de San Francisco
por la considerable suma de tres mil pesos de oro, equivalente a más de
trescientos mil dólares actuales. En realidad, la audiencia de Lima forzó
la venta de dichas propiedades. Según los manuscritos encontrados en los
archivos del convento de San Francisco, respondía a las necesidades de
expansión de entonces:
“En la Ciudad de Los Reyes ... en la casa y monasterio de Señor San
Fransisco ... se había puesto demanda en la Real Audiencia ... a Juan
Váez mercader morador en esta dicha ciudad en que le havían pedido,
que por el tanto como el había labrado e comprado la huerta, estanque
y cercado, y solares, y tierra que fue del marqués don Francisco Pizarro,
se les diese ... en precio de tres mil pesos de buen oro”38.
El estanque, la huerta y la viña de Pizarro estuvieron localizados por casi
390 años dentro del convento de San Francisco, como se aprecia en el
mapa de Nolasco de 1687. El padre Cobo describe la huerta y las ruinas del
estanque de manera detallada cuando visita el convento un siglo después:
“Era esta huerta muy grande y bien labrada... con un estanque en
medio... de gura seisabada... con un cenador en medio, a modo de
isla, con sus pilares de ladrillo en torno, que sustentaba un cobertizo
aforrado por encima de hojalata y poyos alrededor, al cual se entra por
una puente en cuya puerta permanecen hoy pintadas las armas del
marqués Pizarro...”39.
En 1928, todavía existía una viña dentro del convento de San Francisco
como lo indica la fotografía. Se aprecian a ocho padres parados bajo la viña
en el Callejón de Montero, un pasaje que surcaba al antiguo convento en
casi su totalidad de este a oeste.
A nes de la década de 1940, cuando se prolongó y ensanchó el
jirón Abancay (hoy convertida en avenida, la línea amarilla en el mapa), el
convento se dividió en dos, destruyendo parte del lugar.
Localización del estanque, huerta y viña de Francisco Pizarro en el convento de San Francisco (verde) y
después de la apertura de la avenida Abancay (amarillo). Plano de la Ciudad de Lima, P. F. Pedro Nolasco, 1687,
AGI,MP-PERU_CHILE,13. Postal H-251, Hispanic Society of America, 1928. Archivo Fotográfico, Municipalidad
de Lima, ca. 1900. Google Maps, 2018.
56 57 LAS VIÑAS DE LIMA
BUSTOS EN PIEDRA DE HERNANDO Y DE FRANCISCA PIZARRO, PALACIO DE LA CONQUISTA,
TRUJILLO. Turismoextremadura.com.
OTRAS VIÑAS DE LIMA
Se ha encontrado documentación, aunque limitada, acerca de la existencia
de otros viticultores en Lima durante la época examinada.
Diego de Agüero, en su testamento fechado el 20 de septiembre
de 1544, deja a María de Agüero, su hija natural, unas estancias de “diez
fanegadas de tierra” (cinco hectáreas de extensión), localizadas cerca a
“los tambos de Lima” con la condición que “no entre huerta, ni cercado,
ni viña, ni dos fanegadas de tierra al derredor”40. Esta última cláusula
conrma que Diego de Agüero tenía una viña cerca a los tambos mencio-
nados, que se encontraban en la intersección de los caminos a Pacha-
camac y Ate (actual plaza Elguera).
Existen otras menciones que señalan a Nicolás de Ribera, El Mozo,
como dueño de varios viñedos en la zona de Maranga, alrededor de 154541.
Él construyó una casa sobre una de las plataformas superiores de la huaca
Tres Palos, localizada en la zona que hoy ocupa el Parque de Las Leyendas,
donde arqueólogos han encontrado escobajos de racimos de uva, presumi-
blemente provenientes de sus viñas.
Sebastián Sánchez de Merlo, ex secretario del gobernador Cristóbal
Vaca de Castro, tiene una viña en 1551. Está documentada en un acuerdo,
fechado en octubre de ese año, entre Francisco Cusichaca, curaca de Jauja,
y el escribano Diego Gutiérrez. Allí se consigna un pedazo de tierras y
solares” en Lima, colindante con una “viña cercada del secretario Sebastián
Sánches de Merlo”42.
Inés Huaylas, concubina india de Francisco Pizarro, también tuvo
una viña. Junto con su ya mencionada hija Francisca, forman parte de los
primeros dueños de viñas con sangre indígena peruana. La viña se describe
en un juicio de propiedades que entabló contra su esposo Francisco de
Ampuero. En ese documento se indica que, en 1557, Inés era dueña de
“una casa con su huerta e viña... que tiene junto a Santa Ana”43. La zona de
Santa Ana es hoy la plaza Italia en Barrios Altos.
58 59 LAS VIÑAS DE LIMA
Abancay
Junín
Alfonso Ugarte
Nicolás de Piérola
Rio Rímac
N
B
C
D
a Trujillo a Pachacamac
a la Mar a Lati
Cerro
San Cristóbal
E
G
H
F
A
A Montenegro
B Martel
C Aliaga
D Pizarro
VIÑAS DE LIMA
1540 - 1550
Acequia mayor
Camino inca
Calle moderna
E Agüero
F Ribera
G Sánchez
H Huaylas
VIÑAS DE LIMA ca. 1549. Adaptado de: “Lima’s Vineyards of the 1540s: Genesis of South
American Winemaking”, Guillermo Toro Lira S. & Moisés Cueva R.. Conferencia Rural History
2017, Katholieke Universiteit Leuven, Bélgica.
60 61 LAS VIÑAS DE LIMA
EL PRIMER VINO DE LIMA
La primera vendimia y producción de vino en el Perú y en Sudamé-
rica tuvo lugar en Lima en 1551, cuando se consiguió uva suciente
para producirlo de manera económica. Tomó casi diez años para que se
cumpla el objetivo primordial de Hernando de Montenegro.
El padre Cobo conrmó en su crónica que la producción masiva de uvas
limeñas sucede en ese año: “el primer año que cogió en abundancia de uvas para
vender fue el de 1551”. Sin embargo, añade lo que parece ser una contradicción
con respecto al costo de la uva. Cobo mencionó que el precio fue establecido
por el licenciado Rodrigo Niño a medio peso de oro la libra y que Hernando de
Montenegro apeló a la audiencia por considerarlo demasiado bajo44.
El libro de cabildos de Lima registra que, efectivamente, el 12 de
enero de ese año hubo una queja de Montenegro por el precio impuesto
por Niño, pero sin indicar mayores detalles45. Sin embargo, la queja se
debió al precio alto de la uva: demasiado caro para producir vino.
Se necesitan 25 kilos de uva para producir una arroba de vino apro-
ximadamente. A medio peso por libra, el costo de la uva alcanzaría los 27
pesos, casi tres veces el precio de vino importado de España. Denitiva-
mente, era demasiado alto. Además, Juan Rubio ya vendía uvas a medio
peso la libra en San Miguel de Piura en 1546 y La Gasca había repor-
tado el mismo precio en Lima en 1549, sin reporte o queja alguna46.
Pero Cobo acertó con otros dos aspectos importantes. Es el único
cronista que otorga a Hernando de Montenegro la paternidad sobre la
introducción de la vid en el Perú, como se ha comprobado con manus-
critos notariales. También estuvo correcto cuando indicó: “cogióse el
primer vino en este valle de Lima”.
Este hito histórico es probado por una ordenanza del cabildo de
Lima, fechada el 30 de octubre de 1551. En ella, se dan licencias a catorce
taberneros para que vendan vino al por menor. Incluso se les ordena colgar
“ramos verdes” en las puertas de sus tabernas para indicar la disponibilidad
de vino. Esa ordenanza, de forma resumida, es la siguiente:
“Tavernas. En la ciudad de Los Reyes ... en este cabildo se trató y
platicó que sería bien que se hiciese un número de personas que
vendan vino ... que se señalasen el número e personas que en esta
ciudad podian vender vino por menudo ... y han hallado catorce
personas: ... Diego de Navarrete casado, Hernando de Malara casado,
Hernando Palma casado, Juan de Aranda casado, Frutos de Espinal,
Francisco Bivas casado, Alonso de Xeréz casado, Juan Ruíz casado,
Bernaldino de Castro, Hernán Gómez prove, Martín Alonso casado,
Antón de Medina casado, Francisco de Vargas casado, Cristóbal
Gómez casado ... e mandaron que tengan a la puerta ramos verdes
puestos y arancel publicamente de las posturas de vino”47.
Colgar ramas de plantas en las puertas era una antigua tradición romana
que estuvo vinculada con la disponibilidad de vino recién producido por
los vinicultores. El término ramo de taberna aparece en 1620 en el diccio-
nario italiano de Lorenzo Franciosini para indicar “que el vino se vende
aquí”. El diccionario de autoridades de la Real Academia Española de
1737 nos alcanza una denición más detallada:
“Ramo: Vender al ramo. Frase que signica vender el vino por menor,
los cosecheros. Díjose asi por ponerle por señal un ramo de oliva
colgado en la puerta. Lat. Ramo pendente ante portam vinura venundari”.
El término cosecheros se reere a los productores del vino. Dicha tradi-
ción perdura hasta nuestros días en la venta de chicha recién producida
en algunas regiones del Perú, donde se usa un paño o banderín blanco
colgado de una rama.
Esta es una evidencia clara que el vino vendido en 1551 por los taber-
neros de Lima fue producido localmente de algunas de las viñas mencio-
nadas. Otra evidencia que valida el origen nativo del vino de 1551 es que el
mes de emisión de las licencias de taberneros, coincide con el término de la
fermentación de vinos producido en el Perú.
Según Keith Davies, la cosecha de uva en el Perú entonces se
realizaba en el mes de marzo para que el vino esté listo para beber entre
mediados de septiembre y noviembre48. Las licencias a catorce taberneros
se otorgaron a nes de octubre de 1551, fecha que concuerda con el tiempo
de disponibilidad de vino nativo.
Validando la hipótesis, la queja de Montenegro sobre el precio de
la uva tuvo lugar en enero, dos meses antes de la vendimia. Esto también
concuerda con el periodo de compra/venta de uva entre dueños de viñas y
productores de vino. Es posible que Rodrigo Niño haya decidido mantener
el precio alto para obstruir la producción de vino nativo, inuenciado por
una política proteccionista hacia el vino español. Una curiosidad notable es
que entre la lista de taberneros se encuentra Martín Alonso, el mayordomo
de la viña de Francisca y Hernando Pizarro. No es arriesgado pensar que el
primer vino de Lima, y por lo tanto de Sudamérica, también pudo provenir
de vides plantadas por el mismo Francisco Pizarro.
62 63 LAS VIÑAS DE LIMA
Libro de Cabildos de Lima (1553-1557).
Archivo Histórico Biblioteca Municipal de
Lima. Guillermo Toro Lira Stahl, 2012.
Nuevas licencias de taberneros, Cabildo de Lima, 10
de febrero 1556, (parte superior izquierda). Transcrip-
ción completa:
“Tavernas
En este cabildo se trató sobre que en cada cabildo se
dan muchas petiçiones pidiendo liçençias para vender
vino a la república. Por tanto, acordavan e acordaron de
cometer y cometieron al señor Francisco de Anpuero,
regidor, para que ynquiera e se ynforme en esta çibdad
la nesçesidad que ay de las dichas tavernas, demás de
las quatro que esta çibdad y fieles hexecutores en su
nombre tienen probeydas. E vista la nesçesidad, provea
hasta seys tavernas demás de las quatro, en las partes
e lugares de esta çibdad que les paresçiere. E a los
taverneros que asi probeyere les de su çédula de ello. E
a los que así nombrare por su çédula, los dichos señores
Justiçia y Regimiento les hazen merçed de las dichas
tavernas por el tienpo que queda de este año. E que las
tales personas que así nombrare se presenten en este
cabildo con su çedula para que la çibdad le aprueve por
virtud de ella, e guarde lo que sobre las tavernas está
probeydo, so las penas sobre esto puestas. E para ello
dieron comisión cunplida al dicho señor Françisco de
Anpuero. /Hernando de Montenegro/ Ruy Barva/ Johan
de Astudillo Montenegro/ Juan Cortés/ Francisco de
Ampuero/ Martín Yáñez de Estrada/ Pasó ante mi Diego
Gutierrez, escribano de cabildo.”
64 65 LAS VIÑAS DE LIMA
EL CERRO RICO DE POTOSÍ
En pleno desarrollo de los viñedos limeños, ocurre un evento que
cambiará para siempre la historia de la vitivinicultura peruana.
A principios de 1545, un indio del altiplano prende una fogata
cuando pernoctaba alrededor de un cerro, donde había extraviado unas
llamas. Al día siguiente, identica un gran resplandor debajo de las
brasas. Había descubierto una veta de plata en la supercie del Cerro
Rico de Potosí, localizado en la actual Bolivia.
Potosí entonces se convirtió, rápidamente, en el primer gran
mercado de población concentrada de la industria vinícola del Perú.
A los pocos años se pobló con 40 mil personas, en su mayoría indí-
genas. Su clima frío, a más de 4000 msnm, hacía del vino un producto
necesario e indispensable para el trabajo de los mineros. Sin embargo,
la lejanía y riqueza del lugar propiciaba que el vino traído de España
se vendiera a precios realmente astronómicos. La Gasca reportó en
1549 que una botija de vino español costaba en Potosí entre 80 y 100
pesos por arroba (entre 300 y 400 dólares por litro de vino al cambio
de estos tiempos).
Los empresarios vitivinícolas limeños identicaron ese mercado y
creció su interés por producir vino nativo. Uno de ellos fue Juan Ramiro.
Al momento de su muerte reportó que tenía indios yanaconas que le
extraían plata en Potosí, mientras que su cuñado Bernardino tenía ocho
más en 1549. Otro era Martín Alonso, que tenía a su cargo los intereses
mineros de Hernando Pizarro en la región de Charcas. Mientras que
Antón Ruíz de Guevara tal vez compró la viña de Martel para expandir
el cultivo de la vid a zonas más cercanas a Potosí.
A partir de 1551, el vino producido en Lima reemplazó en gran
medida al español y se comenzó a trasladar hacia Potosí. Por supuesto,
regresaba convertido en plata, creándose así la ruta comercial Lima-Po-
tosí-Lima.
Este abastecimiento vinícola duró poco, pues en medio de la ruta
comercial se encontraban los valles de Arequipa, también idóneos para
el cultivo de la vid. La cercanía de Arequipa a Potosí hizo que el vino
producido en esos valles llegue con menor precio a las minas, por acarrear
costos de trasporte más bajos. Al mismo tiempo, la expansión urbana de
Lima absorbía la mayoría de sus viñedos.
Por ello, Lima dejó de ser el foco vitivinicultor principal del Perú.
Sin embargo, al nal del siglo XVI, también lo dejó de ser Arequipa,
cuando el proceso de amalgamiento de la plata y el azogue de Huan-
cavelica son descubiertos. Por orden del virrey Toledo se crea la ruta
comercial Huancavelica-Pisco-Arica-Potosí-Lima, beneciando de esta
manera a la zona vitivinicultora de Ica, la de mayor producción en el
Perú de hoy.
CAPÍTVLO DE LOS MAIORDOMOS: MAIORDOMOS, MINEros y trageneadores de vino... Felipe
Guamán Poma de Ayala, (ibid.).
66 67 LAS VIÑAS DE LIMA
SINERGIA VITIVINICULTORA
INDÍGENA-ESPAÑOLA
El nativo peruano contribuyó con mucho entusiasmo en el cultivo de las
viñas limeñas. Este fue uno de los motivos principales para que el conquis-
tador español vea la siembra de viñas y la subsecuente producción de vino
como una actividad económica lucrativa.
Julcayaure, y tal vez otros curacas de la encomienda de Hernando
de Montenegro, participó directamente con mano de obra en la siembra
de vides y en el mantenimiento de viñas. Los indios de la encomienda
de María Martel araban la tierra con ayuda de bueyes españoles que les
habían cedido para su benecio. Jerónimo de Aliaga era ayudado por
sus indios en el control y mantenimiento de la gran acequia limeña que
surcaba por su viña. Existió un patrón de buen trato entre los encomen-
deros viticultores limeños y sus indios.
Sin duda, esta buena relación inició con las alianzas políticas y pactos
matrimoniales, realizados con curacas regionales, durante la Conquista y
la pacicación del Perú. Estas alianzas se mantuvieron hasta después de la
muerte del empresario español.
María Martel se educó con una losofía peculiar y lo reejó durante
el resto de sus días. Su padre, Alonso Pérez Martel, era un ferviente
defensor de los derechos indígenas, inclusive envió una carta de protesta
a Carlos V en 1542. La misiva llegó a buenos oídos pues en noviembre de
ese mismo año, la corona emitió Leyes Nuevas donde se mejoraban signi-
cativamente los derechos indígenas.
Hernando de Montenegro dedicó especial cuidado a sus seis hijos
mestizos. En 1539, pidió a la corona que los derechos de sus hijos fueran
reconocidos por las leyes españolas. Dos años después, logró su cometido.
Recibió además el permiso para enviar a dos de ellos a España para que se
eduquen en la fe católica. El mismo Francisco Pizarro tuvo un trato excep-
cional con Francisca, su hija mestiza, que se vio beneciada con creces
después de su muerte.
Una de las huellas del éxito de esta sinergia indígena-española en el
inicio de la viticultura peruana (y que ha perdurado hasta nuestros días)
se encuentra perennizada en la torre de una capilla de un pequeño pueblo
español, llamado Villanueva de la Torre. Allí nació Hernando de Monte-
negro. En lo alto de la torre de la iglesia, al lado sureste, hay una serie de
inscripciones de piedras blancas, con formas triangulares. Algunas tienen
un cuadrado, representando las puertas de un aposento. Una de las guras
es un cráneo con dos huesos humanos cruzados como indicando la exis-
tencia de una tumba. El conjunto semeja una aldea andina peruana, situada
sobre lo alto de una montaña. Parece la gran ciudadela de Rupac en la
región de Atavillos Bajo, donde Hernando de Montenegro tuvo una enco-
mienda de indios. Rupac, donde también se han encontrado restos óseos,
está localizada a solo tres horas a pie desde la localidad de Pampas (actual
San Salvador de Pampas), jurisdicción del curaca Julcayaure.
Al cierre de este libro, no se sabe aún quién mandó a realizar las
inscripciones. Lo cierto es que, en el mayorazgo que establece para sus
descendientes en 1569, Montenegro incluye una provisión para formar
un “Patronato en la capilla de la iglesia de Villanueva, su lugar de naci-
miento”49. También se sabe que Montenegro envió a España a Juan y
Mariana, dos de sus hijos mestizos, cuando eran jóvenes. Tal vez fue uno
de ellos el que decidió honrar su lugar de nacimiento y la tumba de alguna
madre o pariente indígena.
Si obviamos al autor de las inscripciones, sin duda son un ejemplo del
sincretismo religioso entre el mestizo peruano y el español católico. Una
montaña era la representación pictográca popular andina de la Virgen
María, mientras que la iglesia de Villanueva de la Torre fue dedicada al
culto de Nuestra Señora de la Asunción. La inscripción en lo alto de su
torre es una señal de respeto a dos culturas muy diferentes que se unieron
para un n común en la década de 1540. Es un agradecimiento a la Madre
de Cristo como a la Madre Tierra.
68 69 LAS VIÑAS DE LIMA
Foto de inscripciones en la torre de la iglesia de Villanueva de
la Torre, España. José Luis Fernández Gómez (Acai, España).
Tomas de ruinas de Rupac, Lima (wikipedia.com).
70 71 LAS VIÑAS DE LIMA
Jarra de vino, ca. siglo XVI. Fusión de
cerámica incaica (asas y cuello de
envase aríbalo) con la española (jarra
vidriada con pictografía agraria y viti-
cultora). Colección Enrico Poli. Bonavia,
Duccio, et al; Arte e historia del Perú
antiguo: Colección Enrico Poli Bianchi,
Banco del Sur, Lima, 1994, Pág. 269.
Bocatoma de regadío por inundación, una técnica indígena que
perdura hasta hoy. Viña Tacama, Ica. Fotos Alex Kornhuber (2017).
72 73 LAS VIÑAS DE LIMA
REFERENCIAS Y NOTAS
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La historia del Mundo Nuevo. Publi-
cado en: Biblioteca de la Academia
Nacional de la Historia 86 (1967).
Caracas: Academia Nacional de
Historia (pp. 216, 264).
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[1717, 1607]. Libro de los secretos
de agricultura, casa de campo y
pastoril. Libro I. Barcelona: Imprenta
de Juan Piferrer (p. 16)
3 – AGI,LIMA,205,F.1V (1556).
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Publicada en: Rostworowski, M.,
(1981–1982). “Dos probanzas de
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Pontificia Universidad Católica del
Perú, Fondo Editorial (pp. 105–173).
4 – Andagoya, Pascual (1541).
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Adrián (1986), Relación y Docu-
mentos. Madrid: Pie de imprenta
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(1539). “Carta del Obispo del Cuzco
al Emperador, sobre asuntos de
su iglesia y otros de la goberna-
ción general de aquel país” – 20
de marzo de 1539. Publicado en:
Pacheco, Joaquín F. & Cárdenas,
Francisco de (1865). Colección de
documentos inéditos relativos al
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nización de las posesiones... Vol III.
Madrid: Imprenta de Manuel B. De
Quirós (p. 124).
6 – Fernández de Oviedo,
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Natural Historia de las Indias. Cap.
LXIX, “Parras y Uvas”. Toledo (p. 85).
7 – AGI,INDIFERENTE, 1961,L.2,
F.91V–92 (1531).“Traslado de reales
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la provincia de Guatemala ... sobre
plantación de parrales, viñas y otros
frutos en las encomiendas”.
8 – Busto Duthurburu, Jose
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del Perú, Cap. III, “El segundo viaje
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Gasca al Consejo de Indias. Refiere lo
hecho por Centeno ... –Menciona el
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llier, D. Roberto (1921). Gobernantes
del Perú. Tomo I. Madrid: Sucesores
de Rivadeneyra (S. A.) (p. 182).
10 – Cieza de León, Pedro de
(1550). Descubrimiento y Conquista
del Perú, Cap. XX. Edición de: Sáenz
de Santa María, Carmelo (2001).
Madrid: Dastin.
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“Hordenança del vino que no se
venda por menudo ni aya tavernas
dello...” – 7 de julio 1548. Publicado
en: Bromley S., J. & Lee, B. T. (1935).
Libros de Cabildos de Lima. Vol. 4
(1548–1553). Lima: Concejo Provin-
cial de Lima (pp. 126–127).
12 – BNP, A33:229v–
233v;21–X–548. “Testamento de
Juan Ramiro”. (Ver apendice de
transcripciones).
13 – Cumplido, Francisco
(1546). “Carta de Francisco
Cumplido a Gonzalo Pizarro”. Publi-
cado en: Pérez de Tudela y Bueso,
Juan (1964). Documentos relativos
a don Pedro de La Gasca y a Gonzalo
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14 – Mora, Diego de (1547)
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Publicado en: Pérez de Tudela y
Bueso, Juan (1964). Documentos
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a Gonzalo Pizarro. Vol. I. Madrid: Real
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15 – AGI,PATRONA-
TO,129,R.1,F.8. (1586). “Méritos
y servicios: Hernando de Monte-
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de transcripciones).
16 – Lizárraga, Reginaldo
(1605). Descripción colonial. Libro
II. Cap. XI–XII. Publicado en: Roldán,
Juan (1916). Buenos Aires: Librería
La Facultad.
17 – AGI, Ibid. F37V.
18 – AGI, Ibid. F.42.
19 – Bromley, Juan (2005). Las
viejas calles de Lima. Lima: Muni-
cipalidad Metropolitana de Lima,
Gerencia de Educación, Cultura y
Deportes (p. 188).
20 – Ramírez, Balthasar (1597).
Descripción del reyno del Pirú. Publi-
cado en: Maúrtua, Víctor Manuel
(1906). Juicio de límites entre el Perú
y Bolivia. Tomo I. Barcelona: Imprenta
de Henrich y Comp. (p. 310).
21 – Milla Tapia, Alejandra,
et. al. (2007). “Determining the
Spanish Origin of Representa-
tive Ancient American Grapevine
Varieties”. Publicado en: American
Journal of Enology and Viticulture.
58:2. Davis, California: American
Society for Enology and Viticulture
(pp. 242–251).
22 – AGI, Ibid. F.46V.
23 – AGI, Ibid. F.51.
24 – Ver apéndice para una
descripción de la vida de Hernando
de Montenegro.
25 – La Gasca, Pedro de (1549).
“La tasa ordenada por el licenciado
Pedro La Gasca (1549)”. Publicado
en: Revista Histórica (1983/1984).
Vol. XXXIV. Lima: Órgano de la
Academia Nacional de la Historia
(pp. 53–102).
26 – La Gasca, Pedro de (1549).
“Méritos y servicios de Hernando
de Montenegro” – 5 de octubre,
1549. Publicado en: Marqués de
Rafal (1932). Datos inéditos para la
biografía del capitán Hernando de
Montenegro compañero de Pizarro
en la conquista del Perú. Madrid: Tipo-
grafía de archivos. Olózaga I. (pp. 8).
27 – BNP. Ibid.
28 – Cabildo de Lima (1549). “En
este cabildo dio petiçión Rodrigo
de Cantos pidiendo sus merçedes,
le hagan merçed de un solar alinde
con tierras de Xboal de Burgos y de
viña de doña María Martel e que le
resçiban por vezino de esta çiudad
(...)” – 25 de octubre, 1549. Publicado
en: Lee, Bertram T. (1935). Libro de
Cabildos de Lima. Libro 4. Lima:
Sanmarti-Torres Aguirre (p. 92).
29 – BNP, A35:322v–323v;20–
IX–549 (1549). “Antón Ruyz de
Guebara carta de venta ha doña
María Martel”. (Ver apéndice de
transcripciones).
30 – AGI,LIMA,206,N.17 (1574).
“Probanza de servicos para María
Martel (et. al.), presentada al Cabildo
de Lima por Hernando Martel de
Mosquera” – 9 de noviembre, 1574.
REFERENCIAS Y NOTAS
31 – Aliaga, Jerónimo de (1549).
“Fundación de su mayorazgo por
Jerónimo de Aliaga” – 17 de julio,
1549. Publicado en: Revista del
Archivo Nacional del Perú (1921).
Tomo II. Lima: Archivo Nacional del
Perú (pp. 137–154).
32 – AGI,LIMA,205,N.2,F.15V
(1556). “Información de oficio y
parte”. Transcripción completa
publicada en: Rostworowski, M.,
(1981–1982). “Dos probanzas de
don Gonzalo, curaca de Lima (1555–
1559)”. Revista Histórica. 33. Lima:
Pontificia Universidad Católica del
Perú, Fondo Editorial (pp. 105–173).
33 – Bromley, Juan (2005). Ibid.
(p. 311).
34 – AGI,JUSTICIA,1063,N.1
(1570). “AUTOS ENTRE PARTES.
LIMA (Nº 1. Don Jerónimo de Aliaga,
vecino de la villa de Villa Palacios,
con Juan de Aliaga, vecino de la
Ciudad de los Reyes, sobre derecho
a una escribanía de Cámara de la
Ciudad de los Reyes. Seis piezas.
1570)”. Transcrito y publicado en:
Loredo, Rafael (1939). “Documentos
sobre el Conquistador Aliaga”,
Revista Histórica. 12. Lima: Instituto
histórico del Perú (p. 195).
35 – Pizarro, Francisco (1535).
“Hordenanças que los señores
justicia e regidores de esta cibdad
de Los Reyes hicieron e hordenaron
sobre las cosas tocantes al bien e
pro común de esta dicha ciudad...”.
Publicado en: Torres Saldamando,
Enrique (1880). Libro primero de
cabildos de Lima. París: Imprimerie
Paul Dupont (p. 41).
36 – Fernández-Daza Alvear,
Carmen (1985). “Linajes trujillanos
y cargos concejiles en el siglo XV”.
Publicado en: La Ciudad Hispánica.
Madrid: Editorial de la Universidad
Complutense (pp. 423–424).
37 – AHPV,6s.831,28–IX–1556
(1556). “Poder de Hernando y Fran-
cisca Pizarro a Martín Alonso” –
Castillo de La Mota, 28 de setiembre,
1556. (Ver apéndice de transcrip-
ciones).
38 – AHCSF,I–30A,F.218–222V
(1777) [1556]. “Registro XXX del
Archivo de [...] de esta Santa Provincia
de los Santos Apóstoles de Lima...
ordenados y mandados enquadernar
por Nuestro Reverendo Fray Juan
Francisco de Landa”. (Ver apéndice
de transcripciones).
39 – Cobo, Bernabé (1639).
Historia de la fundación de Lima.
Edición de: González de la Rosa,
M. (1882). Lima: Imprenta Liberal
(p. 263).
40 – Agüero, Diego de (1544).
“Testamento del capitán Diego de
Agüero”. Publicado en: Revista del
Archivo Nacional del Perú (1928).
Tomo VI–2. Lima: Librería e imprenta
Gil (p. 160).
41 – Para las actividades viti-
cultoras de Nicolás de Ribera, El
Mozo ver, por ejemplo, las siguientes
dos referencias: Trazegnies Granda,
Leopoldo (2012). Sevilla y la Lima de
Pizarro. España: Bubok (p. 279) &
Aldana Rivera, Susana (2005). “Las
industrias”. Publicado en: Gutierrez,
Laura. Lima en el siglo XVI. Lima:
PUCP, Instituto Riva Äguero.
42 – MNAAH,A–804–1,F.1
(1551). “Diego Gutierrez escribano
público hecha contrataçión Don
Françisco cacique de Xabxa” – Lima,
7 octubre, 1551.
43 – AGN,P.N.,153,F.704V,706
(1564). “Juicio de Inés Yupanqui
(Huaylas) vs. Françisco de Ampuero,
su esposo. Ante escribano público
Juan Garcia de Nogal” – 6 de junio,
1564.
44 – Cobo, Bernabé (1653).
Historia del Nuevo Mundo. Tomo
II, Libro X, Capítulo XIII. Publicado
por: Jiménez de la Espada, Marcos
(1890). Sevilla: Imp. de E. Rasco (p.
378).
45 – El libro del cabildo
menciona, textualmente: “En este
cabildo pareçió Hernando de Monte-
negro e se agravió de aver mandado
el señor liçençiado Rodrigo Niño
diputado vender la libra de ubas a
medio peso e apeló dello por ante los
señores presidente e oydores [sic]”.
Publicado en: Lee, Bertram T. (1935).
Libro de Cabildos de Lima. Libro
4. Lima: Sanmarti-Torres Aguirre
(p. 335).
46 – La Gasca, Pedro de (1549).
(Levillier, D. Roberto (1921)). Ibid.
47 – Publicado en: Lee, Bertram
T. (1935). Libro de Cabildos de Lima.
Libro 4. Lima: Sanmarti-Torres
Aguirre (pp. 470–471).
48 – Davies, Keith A. (1984).
Landowners in Colonial Peru. Austin:
University of Texas Press (p. 87).
49 – Marqués de Rafal (1932).
Datos inéditos para la biografía
del capitán Hernando de Monte-
negro compañero de Pizarro en la
conquista del Perú. Madrid: Tipo-
grafía de archivos. Olózaga I. (p. 13).
LAS VIÑAS DE LIMA
73 LIBERTADES ARTÍSTICAS
Ilustraciones contemporáneas de ciertas postales y viñetas
que pudieron ser posibles. Narradas ccionalmente en
base a escritos y descripciones reales.
75
76 77
HERNANDO DE MONTENEGRO, MARQUÉS DE CAÑETE, MUJER INDIA, HIJO MESTIZO Y VIÑA.
78 79
1 Criado encargado de atender y acompañar a sus señores
VIÑA DE MONTENEGRO
El 29 de junio de 1556, Andrés
Hurtado de Mendoza II, marqués
de Cañete, termina su desayuno
en la mesa ubicada frente a la
histórica viña de Hernando de
Montenegro, alcalde de Lima
de ese año. En este día de San
Pedro, el Marqués se prepara
para dirigirse a la capital, a
media hora de camino, para
asumir el cargo político más
importante de su vida: ser el
quinto virrey del Perú.
Homenajeado por Monte-
negro, Hurtado de Mendoza II
pasó el día en la hacienda, pues
los señores principales de Lima
lo invitaron a presenciar un
espectáculo ecuestre militar en
unas lomas cercanas a la viña.
Según los limeños del siglo XVI,
en esta hacienda se plantó la
primera y madre de todas las
viñas del Perú. Dicha labor fue
ejecutada por el mismo alcalde
Montenegro, cuando Francisco
Pizarro todavía estaba vivo. La
viña tenía 15 años cuando se
produjo la visita del entonces
futuro virrey.
A Hernando de Montenegro
se le ilustra confiado y dichoso,
portando una fina cadena de
oro en el cuello. Se mantiene
de pie, con aplomo, cogiendo
el hombro de su hijo mestizo,
quien también es su paje1. Este
último lleva sobre sus manos
elementos que simbolizan la
relevancia social de su padre:
un gorro de terciopelo carmesí,
un manto negro y la vara fina e
inconfundible del alcalde.
Montenegro señala con
orgullo la eficacia productiva
de su viña ante el futuro virrey.
En ese momento, su viña era
la más grande de todo el Perú.
Siete años antes, el licenciado
La Gasca asignó por quince
días a ochenta indios para que
trabajasen la tierra dos veces
al año. Con el paso de los años,
llegó el resultado y la recom-
pensa, pues se puede apreciar
un viñedo verde y crecido, junto
a un puñado de indios labrando
la viña, cerca de una acequia
de regadío proveniente de la
vertiente norte del río Rímac.
Hurtado de Mendoza II,
con la mirada atenta, escucha
las palabras de Montenegro.
La madre del pequeño paje,
una india noble bautizada cuyo
nombre pudo ser Ana, una de las
cinco concubinas de Monte-
negro, vierte con cuidado el vino
desde un recipiente inca llamado
aríbalo. Ella viste un atuendo
típico de la serranía limeña, en el
que destacan los tupus dobles
(una especie de alfiler deco-
rado que usaban las mujeres de
alcurnia del Antiguo Perú).
Mientras que, en Lima,
tapada por los cerros que
aparecen a la izquierda, las calles
principales de la ciudad amane-
cieron adornadas lujosamente
con arcos construidos para la
entrada del nuevo virrey peruano.
”Llegando a media legua de la
ciudad o poco menos, a una chácara
o viña de Hernando de Monte-
negro, vecino de ella, de los antiguos
conquistadores, a donde le tenía
aderezada la casa como se requería,
aquí se detuvo hasta el día de San
Pedro, que debieron ser dos días...
partió de esta viña después de
comer, y llegando a la ciudad fue
recibido de la Audiencia...”
– Reginaldo Lizárraga, 1605.
“Para la viña o otra cualquier
heredad... dos veces en cada un
año, la una vez en el mes de julio
o agosto y la otra en el mes de
novienbre ochenta indios cada
vez, los quales se ocuparán en lo
sobre dicho cada vez quinze días”.
– Pedro La Gasca, 1549.
Dato. La viña de Montenegro
estuvo localizada cerca del
actual campus de la Universidad
Nacional de Ingeniería, en el
distrito del Rímac.
80 81
FRANCISCO PIZARRO Y SU HIJA MESTIZA FRANCISCA EN ESTANQUE, HUERTA Y VIÑA.
82 83
VIÑA DE PIZARRO
Entre 1535 y 1541, Francisco
Pizarro construyó en Lima
su estanque, huerta y viña a
las espaldas de su palacio.
Es posible que Hernando de
Montenegro le regalase los
primeros sarmientos para
producir los majuelos2 de vid
que rodean a un arrodillado
Pizarro, listo para abrazar a su
hija mestiza Francisca. La aten-
ción del conquistador recae
en la niña de siete años, quien
acerca sus brazos para corres-
ponder el amor paternal.
En los árboles, ilustrados
en la parte posterior, crecen
frutos naturales de Castilla
como naranjas, higos y plátanos;
mientras que en el estanque
nadan patos criollos y otras aves
nativas. El ambiente apacible del
lugar coincide con la armonía
que durante algún tiempo tuvo
la ciudad, que permitió a los
conquistadores dejar las armas
para importar ganado y frutos
europeos (como trigo, vid y
árboles frutales) gracias a las
fortunas obtenidas luego de la
captura del inca Atahualpa.
Pizarro no pudo disfrutar
de su jardín paradisíaco mucho
tiempo, pues falleció en julio de
1541. Su hija Francisca, quince
años más tarde, autorizó la
venta de los bienes de su padre.
Firmó la autorización en la que
delegaba en un mayordomo
dicha transacción, mientras
se encontraba en el castillo de
La Mota. Este se encargó de
venderlos a un particular; sin
embargo, la Audiencia Real de
Lima intercedió para deter-
minar la propiedad de las tierras
y ordenó que sean vendidas al
convento de San Francisco. De
modo que, en 1559, la huerta y
el estanque fueron adquiridos
por el convento a cambio de
tres mil pesos de oro. Solo un
siglo después, el padre Bernabé
Cobo visitó las ruinas del lugar
y dejó constancia de lo que en
algún momento fue el estanque
y huerta de Francisco Pizarro, su
creador y dueño primigenio.
2 Viña joven
“Damos e otorgamos todo nuestro
poder... a vos... nuestro mayor-
domo... por nos y en nuestro
nombre... podais vender... el
estanque e huerta e viña... que yo
la dicha doña Françisca Piçarro
he e tengo en la dicha çibdad de
Los Reyes”.
– Francisca Pizarro, 1556.
“Era esta huerta muy grande y
bien labrada... con un estanque
en medio... de gura seisabada...
con un cenador en medio, á modo
de isla, con sus pilares de ladrillo
en torno, que sustentaba un
cobertizo aforrado por encima de
hojelata y poyos al rededor, al cual
se entra por una puente en cuya
puerta permanecen hoy pintadas
las armas del Marqués Pizarro”.
– Bernabé Cobo, 1653.
Dato. El estanque, huerta y viña
de Pizarro estuvieron locali-
zados dentro del perímetro del
actual convento de San Fran-
cisco, que se encuentra cerca
de la avenida Abancay.
84 85
MARÍA MARTEL, ESCLAVA, VIÑA E INDIOS ARANDO CON BUEYES.
86 87
VIÑA DE MARTEL
Los cerros, ubicados en las
faldas de la Cordillera de los
Andes, son el telón de fondo
de esta acuarela que muestra
en primer plano a María Martel,
de tez blanca, observando un
racimo de uvas frescas soste-
nido por su esclava Barbolilla.
La aparente simpleza del hecho
no corresponde con su gran
importancia: es la primera vez
que María Martel contempla un
racimo de la viña plantada por su
esposo, el trujillano Juan Ramiro.
A sus 28 años, la esclava
Barbolilla, de tierra mandinga
y ladina3, viste sus mejores
atuendos, escogidos espe-
cialmente para sorprender a
su patrona con las uvas. María
muestra una expresión serena,
pero su brazo izquierdo, reco-
gido y pegado al cuerpo, revela
esa sorpresa.
Al igual que su esclava,
María Martel luce sus mejores
prendas y joyas, como esa
pulsera de oro con dijes en su
mano izquierda.
Su esposo Juan Ramiro
está ausente en la acuarela. En
esa época, el país se debatía
en plena guerra civil entre los
conquistadores, y él estaba más
ocupado de los temas políticos
que de sus actividades viticul-
toras. Además ya se encontraba
muy enfermo. Durante esos
tiempos de incertidumbre, es
muy posible que haya delegado
el cuidado de la viña, situada a
la mano derecha de la imagen, a
su esposa María, a su esclava y a
los indios de sus encomiendas.
No era una labor que le
resultase extraña a María,
pues estaba acostumbrada a
ser dueña de muchas tierras.
Cuando en 1546 falleció su
primer esposo, el conquistador
Francisco de Herrera, heredó
sus bienes y propiedades, para
luego casarse con Juan Ramiro,
quien arribó a Lima en 1537.
Durante su ausencia, María
dirigió el trabajo de los indios
en el viñedo. Se observa a dos
de ellos, en el lado izquierdo de
la ilustración, arando la tierra. El
racimo de uvas es fruto de ese
trabajo paciente y laborioso; de
la unión entre la mano de obra
del Nuevo Mundo y la tecnología
del Viejo Continente. Como
menciona en su propio testa-
mento, María Martel les proveyó
a los indios tecnología agrícola y
bueyes provenientes de España.
A escasa distancia de la
viña estaba la Plaza Mayor de
Lima. Había que caminar entre
cuatro y cinco cuadras hacia el
sudeste para llegar a la viña, que
fue absorbida por la expansión
urbana de Lima hacia principios
del siglo XVII.
3 Esclava que habla español
Yo, doña María Martel... bendo
a bos... una viña que yo... poseo
en esta dicha cibdad, çerca de ocho
solares... por precio e contia de seis
cientos pesos de oro”.
– María Martel, 1549.
“Tengo...una saya de terçiopelo
negro,..., una basquiña de raso
carmesí e otra de raso azul,...,
medio verdugado de damasco
morado..., un tocadillo de oro,...
unos çarçillos de oro,..., una medalla
con una esmeralda..., un par de
buelles que están en los yndios”.
– María Martel, 1547.
Dato. Actualmente, el espacio
donde estuvo localizado este
viñedo colinda con la antigua
Biblioteca Nacional, en la
avenida Abancay.
88 89
JERÓNIMO DE ALIAGA, YACOCAMAYOC, INDIOS Y VIÑA .
90 91
4 Camayoc de agua
VIÑA DE ALIAGA
Ilustrado con una pose atenta
y confiada, Jerónimo de Aliaga
supervisa la labor de un yaco-
camayoc4, quien ordena a dos
indios cerrar la compuerta de la
acequia para culminar el riego
de la viña. Aliaga se ubica en un
nivel superior al de las diez mil
parras que cercan su viña y que
crecen regadas con el método
prehispánico de la inundación.
Detrás de él, también crecen
árboles como el palto o el molle,
que se ilustran en el margen
izquierdo de la acuarela.
La estratégica localización
de la estancia, cercada por un
muro de adobe en la mitad de
su extensión, la volvió una de las
más importantes de la ciudad.
Una acequia principal, ubicada al
extremo derecho de la imagen,
la cruzaba por el medio y
surcaba hacia el suroeste, para
luego bifurcar en las acequias
Magdalena, Maranga y La Legua,
que irrigaban las zonas de las
huacas de Mateo Salado y
Pueblo Libre.
El río Rímac, que aparece
en el extremo izquierdo de la
acuarela, alimentaba la acequia.
Sobre este existía un antiguo
puente incaico “de crisnejas”.
Hacia el norte del río hablador
(lado izquierdo de la imagen),
se trazaba el camino hacia
Trujillo; y hacia el sur, la ruta a
Pachacamac, que se divisa en
el plano posterior.
En cierto tramo, el camino
a Pachacamac se encuentra
con una torre que, según los
documentos del cabildo, se
denominaba “de Aliaga”. Esta
construcción servía para vigilar
la estancia y, desde allí, también
se podían observar los árboles
de pacaes que, ubicados en la
esquina derecha de la imagen,
flanqueaban el camino de
Pachacamac brindando a los
caminantes una envidiable
sombra por más de dos horas.
Además, por ese camino, tras
cruzar el puente y con dirección
hacia el norte, se podía llegar a la
madre de todas las viñas: la del
ilustre Hernando de Montenegro.
5 En remembranza a esta torre, se denominó la “Torrecilla” a la cuadra siete del jirón Huancavelica,
hasta mediados del siglo XIX
“Una estancia y chácara que yo
tengo junto á esta ciudad, que
por medio de ella va una acequia
grande que sale del río y entra
luego en ella, y la mitad de esta
dicha chácara está cercada y
puesta una viña de diez mil
cepas y otros árboles, y con su casa
y una torre y corrales”.
– Jerónimo de Aliaga, 1549.
Tenerias - -
Pedro Martín - -
Así mismo dijo el dicho Pedro
Martín que suplica a la çibdad
le hagan merçed del sitio que la
çiudad tiene para tenerías que
es junto a la torrecilla de Aliaga
camino de Trujillo junto al río e
a la puente vieja...”
– Libro de cabildos de Lima, 1557.
Al tiempo que este testigo vino a
esta çiudad había montes de arbo-
ledas e así lo hera el sitio de esta
çiudad e se iban los españoles dos
leguas sin que les diese sol e todos
estos árboles eran frutales”.
– Fray Gaspar de Carvajal, 1559.
Dato. La viña de Aliaga estuvo
localizada hacia el final de la
actual avenida Alfonso Ugarte,
junto al río Rímac.
92 93TABERNA LIMEÑA EN 1551.
94 95
TABERNA LIMEÑA
Es una jornada alegre en una vieja
taberna limeña, en pleno siglo
XVI. Es muy probable que así
luciera un espacio semejante en
1551, año digno de celebración,
pues por primera vez se produjo
vino en Lima y, por consecuencia,
en toda Sudamérica también.
El tabernero, quien respondería
al nombre de Juan Bautista, ha
colgado en la puerta de entrada,
por orden de las autoridades
limeñas, una rama con hojas
verdes como símbolo de disponi-
bilidad de vino fresco nativo.
Su taberna, como solían
estar hechas las construcciones
de la ciudad, era rústica, edifi-
cada con bloques de adobe y
quincha. Además tenía techos
bajos, elaborados con esteras y
cañas provenientes de Guayaquil.
El tabernero, con las dos
manos detrás del mostrador,
presenta un semblante amable,
mientras atiende a un esclavo
que sostiene un papel amari-
llento. Se trata de una cédula
que su amo ha firmado para que
tenga el permiso correspon-
diente de comprar vino. Atenta
a la conversación, la morisca
Inés Díaz, esposa del tabernero,
sirve con cuidado (pero hasta el
tope) un vaso de vino para invi-
társelo al esclavo.
Al mismo tiempo, saliendo
por la puerta trasera, un joven
indio carga sobre su espalda
una botija de vino. A su lado,
se encuentra un viejo curaca,
vestido con capa de encaje
europeo, lo que sugiere cierto
grado de asimilación española,
y un cinturón incaico decorado
con un rosario.
En primer plano, al lado
izquierdo, están enfrentados
dos comensales españoles que
ríen y que además beben vino
con rostros alegres, mientras
disputan un juego de cartas
llamado “los cientos”.
En la mesa del lado
derecho, ya casi saliendo de
escena, se exhiben un aríbalo,
un pequeño kero incaico y un
racimo generoso de uvas cose-
chadas en una viña de Lima.
Es el recuerdo de que aquella
bebida bendita había llegado
para quedarse.
Taverna a Juan Bautista- - -
En este cabildo dio petiçion Juan
Bautista en que pidió liçençia
para vender vino en esta çibdad e
sus merçedes se la dieron para que
pueda vender conforme a lo que
tiene hordenado- - -”.
– Cabildo de Lima, 1551.
Taverna a Ynéz Díaz- - -
En este cabildo dio petiçión Ynéz
Díaz mujer de Juan Bautista
pidiendo se le torne a dar liçençia
para vender vino e visto por los
dichos señores lo contenido en su
petiçión atento a ello le dieron
la dicha liçençia con que guarde
lo sobre esto hordenado por esta
çibdad so las penas que sobre esto
están puestas- - -”.
– Cabildo de Lima, 1554.
Taverneros- - -
En este cabildo se acordó... que estos
no puedan vender vino a negros
ni esclavos ni negras ni yndios sin
çédula para ello de sus amos”.
– Cabildo de Lima, 1550.
Tavernas- - -
En este cabildo se trató e platicó
que sería bien que se hiziese
número de personas que vendan
vino ... han hallado catorze
personas: ... e mandaron que
tengan a la puerta ramos verdes
puestos y aranzel publicamente de
las posturas de vino”.
– Cabildo de Lima, 1551.
LAS VIÑAS DE LIMA
97 ANEXOS Y TRANSCRIPCIONES
98 99
VIDA DE HERNANDO
DE MONTENEGRO
Hernando de Montenegro nació hacia el año 1496 (circa) en
Villanueva de la Torre, Guadalajara, territorio que hoy pertenece
a la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Sus padres
fueron Juan Gil de Montenegro y Lucía Diez Pecha (de la Daza)1.
A los 21 años, viajó a América como paje del Gobernador
de Panamá, Pedrarias Dávila (Pedro Arias de Ávila). Fue uno de
los pocos conquistadores educados, pues recibió una signicativa
formación escolar durante diez años.
Montenegro participó primero en el descubrimiento y
conquista de la provincia de Tierra Firme, llamada Castilla del
Oro (que abarcaba las actuales costas de Nicaragua, Costa Rica,
Panamá y Colombia). Además estuvo presente en el descubri-
miento del Océano Pacíco, junto a Vasco Núñez de Balboa y
Francisco Pizarro. También estuvo presente en la fundación de
Panamá y fue uno de sus primeros pobladores. Ayudó a construir
los navíos con los que se descubrieron las provincias de Nicaragua2.
Uno de sus hermanos, Juan Gil de Montenegro, participó
en la primera expedición de Francisco Pizarro al Perú en 1524.
Cuando esta empresa fracasó, después de muchas penurias, en
el llamado Puerto del Hambre (actual Colombia), fue enviado
por Pizarro hacia la Isla de las Perlas (hoy Panamá) en busca
de abastecimientos. Luego de vencer varios obstáculos, logra su
cometido en el lapso de un mes3.
Juan, el hermano mayor de Hernando nacido en Uceda,
también recibió una buena educación en España, siendo paje del
noble Iñigo López de Mendoza y Pimentel, Conde de Saldaña y
Duque de Infantado, residente de Guadalajara. Se trasladó a las
Indias en 1514, aproximadamente dos años antes que Hernando,
como miembro de la expedición de Pedrarias Dávila. En total,
VIDA DE HERNANDO DE MONTENEGRO
fueron 19 barcos con 1500 hombres. Era la más grande iniciativa
de la época. Ocho años después, en 1522, recibió una encomienda
en Panamá de 120 indios, pertenecientes al cacique Eroca Tabu-
riqui. Una cifra solo superada por Pascual de Andagoya, regidor
de Panamá, que tenía 210 indios a su cargo4.
Juan Gil de Montenegro llegó a Cajamarca con Diego de
Almagro en abril de 1533, pocos meses antes de la captura y
muerte del inca Atahualpa5. Al igual que Almagro y otros en su
expedición, Juan Gil de Montenegro no se encuentra en el acta
original del repartimiento del rescate de Atahualpa, realizado en
junio de ese año6. Sin embargo, existen otros documentos que
prueban que todos fueron remunerados más adelante7.
Luego Montenegro viaja con Almagro al Cusco. En noviembre
de ese mismo año, se le conere el cargo de tesorero en custodia
de la fortuna capturada de los incas. Incluso rma un acta de
entrega de 25950 pesos de oro, además de una gran “plancha de
oro blanco que no hubo con que pesarla”, posiblemente prove-
niente del Templo del Sol o Coricancha.
Al siguiente mes, se ejecuta la fundición de los artefactos de
oro y plata obtenidos en Cusco y alrededores, en presencia de
Francisco Pizarro, el contador Antonio Navarro, el teniente veedor
Jerónimo de Aliaga y el escribano general Pedro Sancho. En total,
se funden “48000 pesos (de oro) en pieças labradas de yndios”
que Juan Gil de Montenegro tuvo a su cargo, además de 8705
pesos que no estaban bajo su jurisdicción8. En ese momento, la
conquista del Perú estuvo sentenciada. Tiempo después, Hernando
Pizarro viajó a España con el quinto del botín correspondiente
al Rey de España.
Juan Gil de Montenegro falleció semanas después de haber
tenido el tesoro de Cusco a su cargo. Según testigos, “murió en el
Cusco la primera vez que el marqués don Francisco Pizarro entró
en él”. Otras versiones, consignan que “murió en la conquista de
esta tierra de su enfermedad andando en ella”9. Fue uno de los
administradores de los abastecimientos de la expedición conquis-
100 101
tadora10. Su salud debió verse perjudicada durante los arriesgados
y sufridos viajes de descubrimiento y conquista, o cuando buscaba
nuevas provisiones durante la primera expedición de Pizarro.
Hernando de Montenegro, que se había quedado en Panamá
cuando su hermano acompañó a Almagro en Cajamarca y Cusco,
se enteró casi a la vez de la conquista, del rescate del Inca y de
la muerte de su hermano. También escuchó que Pizarro pidió
refuerzos y por ello, decide vender sus propiedades, delegar su
encomienda de indios al Monasterio de Nuestra Señora de las
Mercedes, organizar una tropa con sus esclavos y viajar al Perú11.
También obtuvo una Real Cédula, expedida en Toledo en marzo
de 1534 y dirigida a Francisco de Barrionuevo, gobernador de
Tierra Firme, donde es recomendado para llegar a esos nuevos
territorios con “criados y servidores” y se le otorga “repartimiento,
tierras y solares y las otras cosas que se acostumbran dar a los
otros vecinos de esa tierra por su cualidad”.
En una segunda Real Cédula, fechada en el mismo día, se
le concede la licencia de un esclavo y una esclava, libres de todo
derecho12. Es decir, Hernando de Montenegro llegó bien aper-
trechado, militar y económicamente, al Perú.
Arribó primero a Tumbes, donde quizás entabló por primera
vez estrategias de alianzas familiares incaicas con curacas locales,
que luego repitió muchas veces, casándose con una india de
Tumbes bautizada Elvira13. Con ella, concibe su primer hijo,
llamado también Hernando aunque luego sería identicado
con el apelativo de El Mozo. Este matrimonio fue consagrado
a la usanza local indígena.
Montenegro, luego pasa a Jauja, la primera capital del Perú,
donde se encuentra con Francisco Pizarro y después se dirige a la
Ciudad de Los Reyes, como se conocía a Lima entonces, cuando
el centro administrativo se traslada allí en enero de 153514.
Hernando de Montenegro fue uno de los primeros vecinos
de Lima15 , cuando Francisco Pizarro le concede un solar loca-
lizado a cuatro cuadras de la plaza Mayor. Allí, construyó una
casa y armó una huerta con los frutos y animales que trajo desde
España. Esta última estuvo al cuidado de sus sirvientes, esclavos
y familiares indios. En esa misma ubicación, años después, se
edicaría el Convento de la Concepción.
Dentro de sus actividades en Lima, podemos reseñar su parti-
cipación en la pacicación de los indios de las provincias de los
Atavillos, cuarenta leguas al noreste de la ciudad. Dichos indios
pertenecían a un curaca llamado Tumaiguarax (o Tomayguarax),
señor del pueblo de Andax (Andajes). Pizarro lo recompensó
con la encomienda de ese lugar, expedida en enero de 1536 por
su secretario Antonio Picado16.
Inmediatamente después de su fundación, Lima vive un periodo
relativamente pacíco de colonización y de apogeo urbano con
vecinos de capacidades económicas holgadas. Hernando de Monte-
negro y muchos otros acaudalados encomendadores progresan y
se benecian introduciendo, exitosamente, algo de la ora y fauna
nativa de España dentro de sus casas y huertas limeñas. Este periodo
de paz urbana dura poco más de un año, hasta marzo de 1536,
cuando tiene lugar la rebelión de Manco Inca en Cusco. Entonces
Lima fue cercada por miles de rebeldes durante 16 días (del 10 al
26 de marzo). Las fuerzas indígenas estuvieron comandadas por
Quizu Yupanqui, lugarteniente de Manco Inca, con una fuerza
aproximada de 40 mil hombres. La fuerza inca avanzó por tres
direcciones. Quizu Yupanqui descendió de la sierra de Huarochirí
y acampó en las faldas del actual cerro San Cristóbal. Los vecinos
españoles se refugiaron en el puerto del Callao, preparados para
zarpar a Panamá en caso sea necesario, mientras que Francisco
Pizarro, al mando de más de mil soldados españoles e indios
aliados, ofreció lucha. Sin embargo, Quizu Yupanqui y otros jefes
incas no pudieron doblegar las armas y caballos de los españoles.
La rebelión fue contenida y la lucha se detuvo17.
Es posible que algunos de aquellos indios rebeldes perte-
necieran a la encomienda de Andajes y que Montenegro los
persiguió con ayuda de sus aliados. Ese fue uno de los recursos
VIDA DE HERNANDO DE MONTENEGRO
102 103
que empleó en la pacicación de las tierras de Atavillos. Desde
entonces, o un poco antes, se casa, siguiendo las tradiciones incas
de alianzas políticas a nivel regional, con, al menos, cinco mujeres
indias, hijas de señores importantes. La lista de sus hijos sería la
siguiente: Francisco, concebido con la india Ana; Juan, producto
de su unión con la india Beatriz; María Ana, de la india Francisca;
e Isabel y Leonor, de dos indias no identicadas18. Si sumamos
a Hernando El Mozo, nacido de Elvira de Tumbes, como se
mencionó anteriormente, tuvo en total seis hijos mestizos, tres
hombres y tres mujeres.
Gracias a su educación y a sus recursos económicos, Hernando
de Montenegro fue admirado y respetado por muchos vecinos
limeños. Tal consideración se reejó durante la elección de alcalde
de Lima en 1537: obtuvo la segunda mayor cantidad de votos,
detrás de Sebastián de Torres y por encima de Francisco Dávalos.
Sin embargo, Francisco Pizarro ignora a Montenegro y nombra a
los otros dos candidatos como alcaldes de primer y segundo voto.
Al ser cuestionado por el regidor Rodrigo de Mazuelas,
Pizarro respondió que, usualmente, son los gobernadores los que
eligen dos de los cuatro candidatos que lograron mayor votación:
“Francisco de Dávalos de mas de ser unos de los antiguos
conquistadores e pobladores de esta tierra, que es mucho mas
que el boto que el dicho Montenegro dize que tuvo de mas,
pues no es tan antiguo en esta tierra”.
En ese momento, a Pizarro le pareció más importante compensar
a un antiguo conquistador.
Al año siguiente, Montenegro postula nuevamente y recibe
la mayor cantidad de votos, siendo elegido alcalde de Lima en
1538. Esta vez, sin ninguna objeción de Pizarro19. Durante los dos
años posteriores, estalla una guerra civil entre los conquistadores.
Como Diego de Almagro no encontró sucientes tesoros en
Chile, decide tomar Cusco por la fuerza, apresando a Hernando
y Gonzalo Pizarro. Ello motiva la acción de Francisco Pizarro,
quien convence a Almagro de la liberación de sus hermanos. Sin
embargo, cuando retornan a Lima, los Pizarro acuerdan organizar
un ejército para recuperar Cusco. Se produce entonces la batalla de
Las Salinas, en abril de 1538. El resultado sangriento de aquella
disputa termina con la cabeza de Diego de Almagro exhibida en
la plaza Mayor del Cusco.
Hernando de Montenegro participó en esa batalla del lado
pizarrista y tuvo que dejar momentáneamente la alcaldía en manos
de Hernán Gonzáles hasta setiembre de ese año20. Curiosamente,
en julio de 1538, la reina de España, Isabel de Portugal, emite una
Real Cédula a Francisco Pizarro, gobernador del Perú, donde reco-
mienda a Hernando de Montenegro “que pasa a aquella provincia”
y una nota de “haberse despachado un regimiento de la ciudad de
Los Reyes”21. Tal vez, Montenegro decidió usar nuevamente sus
contactos como un seguro político, teniendo como antecedente
la desconsideración que tuvo Pizarro el año anterior, cuando no
lo validó como alcalde de la ciudad.
A partir de 1539, Montenegro decide prestar especial atención
al futuro de sus hijos mestizos, posiblemente cumpliendo previas
alianzas y pactos familiares con los curacas de su encomienda.
Entonces envía a la corte una “carta acordada sobre la tasación
de los indios y sucesión de las encomiendas en las mujeres e hijos
de los conquistadores”22.
Sin embargo, a inicios de mayo de ese año, la reina Isabel
de Portugal fallece a los 35 años. Semanas después, el 23 de
mayo, su esposo, el rey Carlos V, manda una Real Provisión “al
gobernador de la provincia del Perú” en la que consigna que “no
quite a Hernando de Montenegro los indios que tiene encomen-
dados…sin que antes sea oido y vencido por fuero y derecho”23.
Montenegro no dejó nada al azar y protegió sus intereses, sin
importar quién fuera el gobernador de facto del Perú, sobre todo
en tiempos tan convulsos. Incluso recibió permiso de Carlos V
para llevar a España “tres indios e indias”24. Existen evidencias
VIDA DE HERNANDO DE MONTENEGRO
104 105
sólidas que, entre ellos, se encontraban sus hijos menores Juan
y María Ana (o Mariana). Estaban entre los primeros mestizos
peruanos que viajaban a España. En esa excursión trae vides, muy
posiblemente de la gobernación de Guatemala, y luego planta la
primera viña del Perú.
El 26 de junio de 1541, Francisco Pizarro es asesinado en
su palacio de Lima por partidarios de Diego de Almagro, que se
sublevó para vengar la muerte de su padre. Hernando de Monte-
negro, al margen de esos hechos, fue arrestado por los rebeldes,
quienes “hizieron malos tratamientos, e os tomaron e robaron las
armas e caballos que teníades de hazienda”25.
En ese contexto, Diego de Almagro El Mozo fue declarado
gobernador del Perú. Durante la segunda mitad de agosto de
1541, recibe varias disposiciones del rey Carlos V. Entre ellas,
dos Reales Cédulas: un permiso, dirigido al gobernador, para
que le dejen “salir con sus bienes de aquella tierra…si no tuviese
ninguna deuda o hubiere cometido algún delito”; y una “licencia
de dos años para venir a España…sin que durante ese tiempo le
sean quitados los indios”. Además se incluyeron cuatro notas “de
haberse despachado una legitimación” para sus hijos Francisco,
Juan, María Ana, Isabel y Leonor “para honras, ocios y heredar
en las Indias”26; y de tres provisiones reales. De estas últimas, la
primera “dispone que los indios encomendados pasen a la muerte
del encomendero a la mujer e hijos de éste”. La segunda, que “no
quiten al capitán Hernando de Montenegro…los (indios) que
le fueron encomendados…etc.”. Finalmente, la tercera consigna
que se le exima del impuesto de almojarifazgo –una suerte de
impuesto aduanero– a todas las cosas que un asociado, el maestro
Pedro de Paredes, traía de España para ambos27.
Estas disposiciones reales indican, entre otras cosas, que
Hernando de Montenegro, luego de la muerte de Francisco
Pizarro, estuvo preparado para regresar a España, no sin antes
legitimar a sus hijos para que puedan heredar la encomienda de
sus indios como herencia. Esta preocupación es coherente con
las alianzas familiares que emprendió Montenegro al casarse con
hijas de curacas o indios principales luego de la pacicación de
los indios de Atavillos y de otros sitios.
Montenegro cubre todos sus ancos cuando consigue otra
Real Cédula. Esta le ordena al licenciado Vaca de Castro –fechada
cuando todavía se encontraba de camino al Perú para pacicar la
guerra civil entre los conquistadores–, que le permita “apelar de
las sentencias que pudieren darse como consecuencia de pleitos
que fueran movidos por sus convecinos”28.
Si las disposiciones reales ya hablaban de la buena relación de
Hernando de Montenegro en la corte de España, esta quedaría
totalmente demostrada el 26 de octubre de 1541. Esa fecha obtuvo
un escudo de armas concedido por Carlos V y su madre Juana La
Loca –que reemplazó a Isabel de Portugal después de su muerte29–.
Cristóbal Vaca de Castro llega nalmente a Lima en agosto
de 1542, en medio de sus preparativos para combatir a Almagro
El Mozo y reorganizar el cabildo de la ciudad. Montenegro lo
ayudó con todo tipo de pertrechos y servicios para él y su ejér-
cito. De esa manera, se gana su conanza. Vaca de Castro lo deja
como alcalde de Lima cuando viaja con su ejército para vencer a
Diego de Almagro El Mozo en la batalla de Chupas, cerca de la
ciudad de Huamanga.
Durante esta segunda gestión como alcalde de Lima, Monte-
negro realiza algunos ocios signicativos. Por ejemplo, pide el
traslado de la donación de un solar y casa del “cacique Guascar”
(Inca Huascar) y otorgada por Diego de Almagro El Viejo en
Cusco30. Vaca de Castro luego lo manda a pacicar un grupo
de indios que se había sublevado en la región de Cajatambo, a
40 kilómetros al norte de su encomienda de Andajes. Luego de
lograr su objetivo, su encomienda expedida por Pizarro es rati-
cada y se le añaden los indios del curaca Atunguamán del pueblo
de Pampas y los de Julcayaure, un señor del pueblo de Atavillos.
Estos hechos fueron consignados por el escribano Pedro López
en Cusco el 20 de noviembre de ese año31.
VIDA DE HERNANDO DE MONTENEGRO
106 107
Ese mismo día son expedidas en España las Leyes Nuevas, que
fueron promulgadas con la intención de mejorar las condiciones
de los indios de la América española. Vaca de Castro tuvo mucha
dicultad para aplicar dichas leyes en el Perú, especialmente
con Gonzalo Pizarro, así que decidió presentar el caso frente al
rey. En 1544, el primer virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela,
sucedió a Vaca de Castro y lo arrestó por simpatizar con las
ideas de Pizarro.
Cuando supo que el virrey llegaba a Lima, Hernando de
Montenegro lo recibió en su huerta localizada a media legua de
la ciudad, al otro lado del río Rímac, donde le brindó su lealtad32.
Luego Gonzalo Pizarro se rebeló contra Núñez de Vela y se
nombró Gobernador del Perú.
En esa situación, Montenegro ofreció su ayuda al virrey, expre-
sada en armas, caballos, e incluso albergó en su casa a seguidores
de su causa como Pedro de Barco y Juan de Saavedra. Esta toma
de posición motivó que los pizarristas le roben sus caballos y otros
bienes, cuando Gonzalo Pizarro entró a Lima.
Cuando tomaron prisionero a Vela de Núñez, hermano del
virrey, Montenegro lo hospedó en su casa y brindó todo lo nece-
sario para su estadía, hasta que, por mandato de Gonzalo Pizarro,
fue decapitado33.
En enero de 1546, el menor de los Pizarro vence en batalla
al reciente virrey Blasco Núnez de Vela en el Campo de Iñaquito,
cerca a Quito, y consolida su poder como Gobernador del Perú.
En noviembre de ese mismo año, Hernando de Montenegro
envía a España un poder general dirigido a su hijo Juan, quien se
encontraba en Guadalajara con su tío Alonso de Morales, medio
hermano de Hernando. El poder incluía solo a Morales. Su otro
asociado, Pedro de Paredes, residía en Sevilla y estaba al cuidado de
otro de los hijos de Montenegro, María Ana34. Como se mencionó
anteriormente, ambos hijos mestizos viajaron a España a nes de
1539 o principios de 1540, acompañados, muy probablemente,
por el mismo Pedro de Paredes.
El periodo de anarquismo e incertidumbre en el país, durante
el gobierno de Gonzalo Pizarro, empieza a decaer en 1547,
cuando Pedro Hernández Paniagua llega a Lima con despachos
para Gonzalo Pizarro. Lo recibe Hernando de Montenegro y le
comunica que el presidente Pedro de La Gasca, que se preparaba
para ingresar a Lima, lo había enviado para avisar a los vecinos
que la gobernación del Perú regresaría al servicio de su majestad
nuevamente. Montenegro pasó la voz de manera secreta a algunos
personajes de Lima, que se plegaron a la causa de La Gasca.
Gonzalo Pizarro sale de Lima y se traslada a Arequipa. Luego
llega la armada de Lorenzo de Aldana al Callao y Montenegro lo
ayuda con abastecimientos y alza el estandarte del rey en Lima.
Luego de la noticia que La Gasca llegó al Perú y que venía con el
ejército de su majestad a enfrentarse con Gonzalo Pizarro, Monte-
negro partió de Lima hacia Trujillo, facilitando con provisiones
todos los tambos por donde pasaría el ejército real. Cuando supo
que La Gasca iba por la sierra, se dirigió a Jauja para construir
puentes, necesarios para la movilización del ejército. Es allí donde
Montenegro se junta con La Gasca y se une a su ejército con su
sobrino Juan Serrano. Además participa en la batalla de Jaquijahuana,
localizada a cuatro leguas de Cusco, donde Gonzalo Pizarro fue
derrotado, ajusticiado y decapitado el 10 de abril de 1547.
Al llegar a Cusco, La Gasca nombra a Montenegro alcalde
ordinario de la ciudad de manera temporal y luego lo envía nueva-
mente a Trujillo para poblar los tambos y nombrar alguaciles que
amparen el buen trato de los indios.
A once días de la batalla de Jaquijahuana, Montenegro
escribe una carta donde revoca a todos sus antiguos apoderados
en España (incluyendo a Pedro de Paredes) y conrma el poder
general a su hijo Juan, a su medio hermano Alonso de Morales
(ambos residentes en Guadalajara) y a Juan Serrano. Les manda
que colecten y vendan todos sus bienes en Guadalajara y Sevilla,
y que distribuyan parte de las utilidades en rentas anuales de dos
años de duración a sus familiares.
VIDA DE HERNANDO DE MONTENEGRO
108 109
A su hijo Juan le da una renta de 25mil maravedis y a su hija María
Ana, que servía como monja en el monasterio de Santa María de
las Cuevas (actual monasterio de la Cartuja) en Sevilla, le dio 4
mil. A Alonso, Pedro, Juan y Catalina de Morales les da 8 mil a
cada uno, mientras que al hijo de su difunto hermano, Francisco
Gil de Montenegro, y a la hija de su hermana Catalina les dio 5
mil. Montenegro fue también generoso con su familia de España.
Dos años después, el 5 de octubre de 1549, Pedro de Lxa
Gasca decide conrmar la encomienda de Montenegro por sus
grandes aportes a la causa real35.
Cuando nalmente se pacicó el Perú, Hernando de Monte-
negro dedica nuevamente su atención a sus actividades comer-
ciales, familiares y cívicas en Lima. Entre las primeras, continúa
con la expansión del cultivo de diversos productos agrícolas.
En una de las Reales Cédulas que recibió, fechada en agosto de
1549, había obtenido el permiso para traer de España “simientos
(semillas y otros) e instrumentos de agricultura”36. Entonces
expande sus actividades agrícolas hasta Chancay37, debido a que
la expansión urbana de Lima ya no permitía mantener grandes
cultivos en la periferia.
Entre sus actividades cívicas, Montenegro vuelve a ejercer como
alcalde de Lima en 1556. En dicho año, recibe de manera pomposa
al nuevo virrey Andrés Hurtado de Mendoza II, Marqués de Cañete,
y ordena construir un arco en una calle en honor a su recibimiento,
tradición que continuará por centurias en el virreinato del Perú.
Antes de que entre a Lima, el virrey se hospedó por una
noche en la casa, huerta y viña de Montenegro, ubicada a media
legua de la ciudad al otro lado del río, cerca al actual distrito del
Rímac. El 29 de junio de ese año, organizó una esta y banquete
como homenaje a su llegada con una “escaramuza a la jineta en
un bosquecillo que había antes de llegar a la viña”38. Este bosque-
cillo se encontraba en una de las lomas cercanas a Lima, donde se
realizarían más adelante las tradicionales estas de Amancaes, que
luego se volverían tradición cada Día de San Juan (24 de junio).
En medio de ese ajetreo, Montenegro continuó atento a sus
actividades familiares. En 1553, recibe la nota del despacho de
legitimación para sus hijos Hernando y Juan (nuevamente), para
que puedan heredar en la Indias39.
En 1562, como parte de sus actividades comerciales, Monte-
negro “hizo un obraje” (fábrica de paños y otros artículos) en San
Luis de Churín “en el repartimiento de Andax (Andajes)”. Ese
emprendimiento se convertiría en uno de los obrajes más anti-
guos y prestigiosos de toda el área andina de la región40. Dos años
después, las Leyes Nuevas terminan afectando a Montenegro.
Entonces se le despacha una nota de que “podría hacerse merced a
Hernando de Montenegro de poder legitimar a sus hijos para que
lo sucedan en sus bienes, pero no en los indios”41. Esta decisión
estaba en contra de cualquier acuerdo que pudo haber tenido con
los curacas e indios principales de su encomienda, los padres de
sus mujeres, sobre el futuro señorío de los indios encomendados.
En diciembre de 1566, Hernando de Montenegro presentó al
scal del rey un ad perpetuam rei memorian sobre su condición de
hidalgo. Luego de un pleito notarial que duró casi un año, todos
los pronunciamientos fueron dictados a su favor42.
Tres años después, funda un mayorazgo para sus descendientes,
compuesto de varias “dehesas en la ciudad de Cáceres, Extrema-
dura, huertos, e importantes juros de renta sobre las alcabalas
de Alcántara y de Cáceres, mas un Patronato en la capilla de la
iglesia de Villanueva, lugar de su nacimiento43. Pensando en el
futuro en el Perú de su hijo mestizo mayor, Hernando El Mozo,
hace un arreglo con el maestro Pedro de Paredes para que se case
con doña Ana Bravo de Paredes, sobrina suya que vino desde
España. Pedro de Paredes, que también tenía buenas relaciones
con la corte española, era su asociado desde 1541, cuando trajo
al Perú varios artículos que fueron exonerados de impuestos de
importación por Real Cédula emitida por Carlos V.
Paredes negocia con el licenciado Lope García de Castro,
gobernador del Perú, y lo convence de que se pase la encomienda
VIDA DE HERNANDO DE MONTENEGRO
110 111
ESCUDO DE ARMAS DE HERNANDO DE MONTENEGRO.
En Nobiliario de conquistadores de Indias..., Antonio Paz y Melia,
1892, Imprenta de M. Tello, Madrid.
de Hernando de Montenegro a su hijo Hernando. Como la suce-
sión de encomiendas no estaba permitida por las Nuevas Leyes,
todo se arregló de una manera muy ingeniosa. Primero se pasó
la encomienda al gobernador Lope García de Castro, en nombre
del Rey; y luego del gobernador a Hernando El Mozo. El trámite
se ocializa en dos cartas rmadas por Lope García de Castro en
Lima el 22 de mayo 1569. El gobernador toma tan inusual acción
indudablemente persuadido por las Cédulas Reales, expedidas
antes de la promulgación de las Nuevas Leyes, y por la impre-
sionante hoja de servicios de Hernando de Montenegro que fue
presentada en la documentación44.
En dicha carta de encomienda, el gobernador Lope García de
Castro incluye una curiosa orden: de los tributos recibidos de los
indios encomendados, se pagarían 1500 pesos de plata ensayada
y marcada a Diego de Barrionuevo, durante cada año “por dos
vidas”. Esta disposición incluiría una encomienda valorizada en
2000 pesos. La extraña decisión de Lope García de Castro trajo
consecuencias futuras.
Pocos meses después, Pedro de Paredes se enteró de dos
obstáculos que podrían peligrar la sucesión de la encomienda de
Montenegro. Las Nuevas Leyes no permitían que mestizos tuvieran
encomiendas de indios. Además, los herederos deberían tener padres
casados a la usanza española. Así que llevó el asunto nuevamente al
gobernador Lope García de Castro y llegaron a una decisión todavía
más inaudita. Decidieron regresar la encomienda a Hernando de
Montenegro El Viejo y propusieron que se case en matrimonio
católico con la india Elvira, madre de su hijo Hernando El Mozo.
La transferencia de la encomienda se realizó el 15 de
setiembre, siguiendo el mismo patrón anterior. Es decir, Hernando
de Montenegro El Mozo hizo dejación de la encomienda al
gobernador Lope García de Castro en nombre del Rey y éste
la encomendó enseguida, en el mismo documento, a Hernando
de Montenegro El Viejo, que, por entonces, estaba tan enfermo
que no salía de su casa.
VIDA DE HERNANDO DE MONTENEGRO
112 113
Debido a su enfermedad, el gobernador mandó al licenciado de
la audiencia, Sánchez de Paredes, para que se encargue de las
actividades de la encomienda. Montenegro comunica al licen-
ciado los nombres de los cuatro curacas principales de la enco-
mienda: don Francisco de Cachagua y don Andrés Aurechague
de Andax (Andajes), don Juan de Alvarado Guasán de Atavillos
y don Luis Chague de Guaroaura (Huaura)45. Los apelativos
de dones que Montenegro usó y los nombres cristianos de los
curacas son prueba de que fueron tratados con respeto, además
de ser bautizados e instruidos en la fe católica, tal como requería
la corona española.
Durante ese tiempo, se produce un enfrentamiento con Juan
Martínez Caballero, uno de los criados de Montenegro por más
de trece años. La discusión giró “sobre pasiones que tuvieron y
que Hernando de Montenegro El Viejo “echó mano a la espada
y diera una cuchillada por la cara” y que se “pasaron el uno con
el otro muy malas palabras muy feas”. Martínez Caballero había
dicho que “no se casase el dicho Hernando de Montenegro El
Viejo con la madre del dicho Hernando de Montenegro El Mozo”.
Ninguno de los dos Hernando estuvo de acuerdo con la idea, así
que la reacción fue su despedida abrupta. Martínez Caballero
luego dijo que fue persuadido “forzosamente” por un alguacil de
la Audiencia de Lima. Poco tiempo antes, le había prestado a
Diego de Barrionuevo “mil y ochenta pesos en cuatro barras de
plata para pagar una viña que compró el dicho Barrionuevo del
dicho Hernando de Montenegro El Viejo46.
A los 74 o 75 años, Hernando de Montenegro El Viejo se
casó con Elvira de Tumbes, madre india de su hijo Hernando.
Celebrado en Lima el 27 de enero de 1570, el matrimonio cató-
lico tuvo como testigos a Juan Boyan de Campomanes, Pedro de
Cáceres y Martín Sánchez47. Luego se casa Hernando de Monte-
negro El Mozo con Ana Bravo de Paredes, sobrina de Pedro de
Paredes. Y a nes de ese año, nace Lucía, la nieta primogénita de
Hernando de Montenegro El Viejo.
Luego de un año de dicha encomienda, no se cumplió con la
condición que estipulaba el pago a Diego de Barrionuevo de “1500
pesos de plata ensayada”. Así que Barrionuevo decide enjuiciar a
los Montenegro48. El 6 de junio de 1570 se inicia un pleito legal
en la Real Audiencia de Lima que durará varios años y que llega
a tener características viciosas por ambas partes, incluyendo el
desprestigio a los testigos presentados.
El 11 de septiembre de 1573, se realiza el fallo en favor de
Diego de Barrionuevo. Sin embargo, los Montenegro ignoran la
orden. Luego de un mes, Montenegro El Viejo, ya muy delicado
de salud y convaleciendo en Andagoçi (Andahuasi) en tierras de
sus indios encomendados, en medio del fértil clima del valle del
río Huaura, da un poder legal a su hijo Hernando y a otros para
que continúen con sus quehaceres legales49.
Mientras tanto, Diego de Barrionuevo manda innumerables
quejas a la Real Audiencia y Hernando El Mozo contrae una
grave enfermedad. Prepara entonces su testamento y un codi-
cilo. Sin embargo, su muerte lo sorprendería al día siguiente, el
8 de junio de 1574, sin que pueda rmar el documento. Además
de Lucía, Montenegro El Mozo tuvo otras tres hijas: Mariana,
Elvira y Catalina. Esta última fue monja en el Convento de la
Concepción en Lima.
Seis meses después, el 3 de diciembre de 1574, su padre
falleció “naturalmente” en “la villa de Arnedo” (la actual ciudad
de Chancay), donde había decidido pasar el resto de sus días.
Montenegro tenía 78 o 79 años.
Al día siguiente, Ana Bravo de Paredes, como esposa y
heredera de Montenegro El Mozo, presenta una declaración
indicando que es la tutora de su hija Lucía, la heredera legal de
los bienes y encomiendas de su abuelo Montenegro50. Durante
ese tiempo, el nuevo virrey del Perú, don Francisco Álvarez de
Toledo, toma especial atención a la transferencia de la enco-
mienda de los Andajes y Atavillos entre los Montenegro “por
dexación del padre y después en el padre otra vez por dexación
VIDA DE HERNANDO DE MONTENEGRO
114 115
del hijo”. Álvarez de Toledo es crítico del arreglo y escribe al rey
que había identicado “escándalo de este negocio que causan
“notables ynconvenientes… los casamientos que estos viejos
hazen al n de su vida y últimas edades” para lograr “sucesión
de las mugeres”51.
Mientras tanto, Ana Bravo de Paredes apela la sentencia de
la Audiencia de Lima en su pleito con Diego de Barrionuevo
y presenta carta de “segunda suplicación al Consejo de Indias
en Madrid (3 de febrero del 1575). Al mismo tiempo, Pedro de
Paredes, usando sus contactos en la Corte Real, inuencia para
que el rey emita una cédula donde manda a la Audiencia de
Lima que siga su “real justicia sobre las encomiendas que hizo
el licenciado Castro por dexaciones de los Montenegro padre e
hijo” (21 de febrero de 1575)52.
Recién el 16 mayo de 1576, el Consejo de Indias conrma
la sentencia dada por la Audiencia de Lima en favor de la situa-
ción de Diego de Barrionuevo53. Casi un año después, el 22 de
febrero de 1577, el virrey Toledo envía la cédula emitida por el rey
al licenciado Álvaro de Carvajal, oidor de la Audiencia de Lima
para que solucione el problema54.
Finalmente, el 9 de abril de 1580, el licenciado Carvajal
toma cartas en el asunto de la legalidad de la transferencia de
las encomiendas de la familia Montenegro y pleito con Diego
de Barrionuevo “conforme a su Real Provisión de las Malinas”55.
Esta provisión, emitida en 1545, autorizaba las encomiendas, pero
suprimía todo servicio personal, teniendo que pagar los indios al
encomendador solo los tributos que debían al Rey.
Los detalles del acuerdo no son conocidos pero sí se sabe
que hacia 1583, Lucía de Montenegro y Bravo de Paredes, a los
13 años de edad, es la encomendadora legal de los indios de los
Atavillos y de los Andajes, acumulando 2466 indios tributarios
y 13995 indios reducidos56. Lucía de Montenegro se casó en
primeras nupcias con don Juan Gutiérrez Flores, Caballero de
Alcántara (algunas fuentes lo llaman Francisco Flores) y tienen
a don Pedro Alfonso de Flores y Montenegro, Caballero de
Santiago y primer Vizconde de Peñaparda, que llegó a ser abuelo
de don Rodrigo Obando Flores y Montenegro, Caballero de
Alcántara y paje de Felipe IV57.
En 1586, Juan Gutiérrez Flores y Lucía de Montenegro
piden a la corona que la encomienda heredada de Hernando de
Montegro se extienda “dos vidas” más. Es decir que, luego de
sus muertes, la encomienda pase a la posesión de su hijo y luego
a su nieto. En esta petición, la pareja incluye una probanza de
méritos y servicios realizada en 1556 por Hernando de Monte-
negro, donde se mencionan y atestiguan sus actividades pioneras
viticulturas (descritas en detalle en esta obra)58.
Más adelante, hacia 1598, las fortunas de los Flores Monte-
negro en el Perú declinan y se ven obligados a compartir la
propiedad y posesión del obraje de San Juan de Churín, entre
otras propiedades. Entre los bienes que pierden se encontraban la
hacienda costeña de San Juan de Quipico, en el valle de Huaura
(de 250 fanegadas), y la estancia ganadera de San Antonio de
Colpa, situada en las punas de Cajatambo (en 1673, llegó a
tener 19 mil cabezas de ganado ovejuno). Para 1663, el dueño
del obraje de Churín y de las otras propiedades del mayorazgo
de Montenegro en el Perú era el acaudalado hacendado Juan
de la Daga y Vargas59.
Lucía de Montenegro falleció en Lima el 19 de diciembre
de 1627 a los 57 años60. No se han encontrado registros de los
descendientes de los otros hijos mestizos de Hernando de Monte-
negro, incluyendo los que vivieron en España. Sin embargo, en
1593, un Juan Gil de Montenegro, “natural de Uceda”, pidió y
se le dio permiso para viajar al Perú. Indicó que tenía 25 años
y que era hijo de Juan Gil de Montenegro El Viejo (ya fallecido
en esa fecha) y de Bernarda de Mondragón61. Este Juan Gil de
Montenegro pudo haber sido Juan, el hijo mestizo de Hernando
de Montenegro que envió a vivir en Guadalajara y que luego pudo
haber pasado a Uceda, lugar de nacimiento de su tío Juan Gil.
VIDA DE HERNANDO DE MONTENEGRO
116 117
Otro dato que podría sustentar esta hipótesis es que su esposa
quizás perteneció a la familia de Íñigo López de Mondragón, un
inuyente conocido de Hernando de Montenegro que lo repre-
sentó en la corte española en 154162.
Para nalizar con esta reseña biográca, debemos mencionar
que en la torre del campanario de la iglesia del pueblo de
Villanueva de la Torre, lugar de nacimiento de Hernando de
Montenegro, se ha descubierto una antigua inscripción picto-
gráca que representa una aldea andina típica de la región de
Atavillos. Como ya se mencionó, Montenegro dejó un patro-
nato para la capilla de esa iglesia, cuando fundó el mayorazgo
de sus descendientes en 1569. Por eso, es muy probable que
esa inscripción haya sido encomendada por alguno de los hijos
mestizos de Montenegro, en honor a la región peruana donde
nacieron. Hasta el momento no se han encontrado evidencias
que prueben o descarten esa posibilidad.
VIDA DE HERNANDO DE MONTENEGRO
VILLANUEVA DE LA TORRE. La iglesia parroquial, dedicada a la Virgen María, durante la
primera mitad del siglo XVI. Wikipedia (Oilisab, 2012).
118 119
LOS INICIOS DE LA VITIVINICULTURA PERUANA
SEGÚN LOS CRONISTAS
1. Garcilaso de la Vega “El Inca” (1539-1616)
En 1609, cuarenta años después de partir del Perú, Garcilaso de
la Vega publicó su obra Comentarios Reales de los Incas en España.
El texto que versa sobre la introducción de la vid en el Perú —que
se transcribirá textualmente a continuación— tiene dos partes. La
primera, titulada “De la vid...”, se explaya acerca de la introduc-
ción de la planta en el país. La segunda, llamada “Del vino...”, gira
alrededor de la producción del primer vino en Cusco.
Garcilaso se detuvo en esa pionera actividad vitivinícola en la
antigua capital de los incas, tal como lo consignan otros autores;
pero, es inexacto. En la primera parte, Garcilaso cuenta que Fran-
cisco de Caravantes, natal de Toledo, fue el primero en ordenar
el envío de vides desde las Islas Canarias, con la intención de que
las plantas lleguen más frescas.
Sin embargo, luego de una rigurosa búsqueda en archivos histó-
ricos de Perú y España, no se han podido encontrar documentos
que comprueben la existencia de alguna persona con el nombre de
Francisco de Caravantes (o Carabantes), ya sea natural de Toledo
o de cualquier otro lugar de España. La única fuente histórica
acerca de este personaje proviene de Garcilaso de la Vega. Esa es
la versión repetida por los autores que han escrito sobre el tema.
Quizás Garcilaso escuchó los relatos orales de tercera personas
sobre la introducción de la vid en el Perú. Incluso, en su obra, el
único personaje que identica con nombre propio es Francisco
de Caravantes. A los otros personajes relacionados con el tema,
solo los nombra vagamente. Por ejemplo, “el que vino por ella” es
la persona que trajo efectivamente la vid desde España. O, un
español curioso” que crece una vid a partir de un almácigo de
pasas traído de Europa. O, un caballero dedigno” que relata una
historia alterna sobre el arribo de la planta. Es obvio que Garci-
laso no tuvo referencias escritas independientes. Su narración es
incierta por partes, sobre todo cuando consigna frases como esta:
“pudo ser que hubiese sido lo uno y lo otro”.
Es probable que Garcilaso haya olvidado el nombre de estos
personajes cuando escribió su obra. O que haya querido referirse
a Hernando de Montenegro, quien, como se ha señalado en este
libro, fue efectivamente el primero en introducir la vid en el Perú.
Tal vez confundió su identidad, pero es tan solo una conjetura.
En cambio, cuando escribe acerca de la introducción de la vid
en Cusco, Garcilaso es más detallista: describe a Bartolomé Terrazas,
la ubicación de su viña en 1555 y la historia de su llegada al Perú.
La segunda parte de su historia, titulada Del vino...”, se
reere a la producción del vino en Cusco. Como fueron hechos que
sucedieron en su ciudad natal, Garcilaso maneja mayor cantidad
de información en su relato. Incluso conoció personalmente a
algunos de esos personajes. En este caso, sí se han encontrado
registros históricos que verican la existencia en Cusco de los
hombres que reere Garcilaso. Se han identicado dos hombres,
de manera incuestionable, y un tercero, de manera indirecta. Sobre
el mencionado Bartolomé Terrazas, se hallaron documentos en
archivos de España que demuestran su estadía cusqueña en 1554.
Sobre Pedro López de Cazalla, el primer productor de vino
en Cusco en 1560, también se han encontrado evidencias en varios
documentos y archivos de Lima. En la década de 1540, López de
Cazalla vivía en Cusco y tenía tierras en Lima y Huánuco, donde
fue uno de sus primeros vecinos. Cinco años después, gura como
dueño de una huerta en Lima, que limitaba con el estanque, huerta
y viña de Francisco Pizarro. También poseía un solar cercano a
la Plaza Mayor, que luego pertenecería a Jerónimo de Aliaga,
otro de los viticultores destacados en este libro. En 1546, López
de Cazalla vende la huerta a Sebastián Sánchez de Merlo. Este
último adquirió otra viña en las afueras de Lima en 1551.
ANEXOS
120 121
Aunque no se pudo vericar la historia de Garcilaso de manera
fehaciente y completa, los documentos históricos ubican, circuns-
tancialmente, a Pedro López de Cazalla en un espacio y tiempo
histórico compatibles con los inicios de la vitivinicultura peruana.
Alfonso Váez, el tercer personaje mencionado en Comenta-
rios Reales de los Incas —descrito como un agricultor portugués
a cargo de la viña de López de Cazalla—, pudo haber sido un
pariente de Juan Váez, el mismo que compró el estanque, la huerta
y la viña de Francisca Pizarro en 1556. Al respecto, existe docu-
mentación sobre una familia portuguesa de apellido Váez, que
había emigrado a las Islas Canarias a principios del siglo XVI y
que se dedicaba a la viticultura. Es otra conexión circunstancial
que valida en parte la historia de Garcilaso sobre el primer vino
producido por Pedro López de Cazalla en 1560 (circa).
Garcilaso también menciona que la Corona española creó un
premio de 300 ducados de plata para aquel que produjera vino,
entre otros productos. Sin embargo, consigna el autor, López
de Cazalla no lo hizo por recibir el dinero sino “por la honra
y fama”. Sin embargo, tampoco se ha encontrado información
en archivos de España o de Perú que acrediten la existencia de
dicho premio.
Existe otra anécdota, también indocumentada con archivos
alternos, sobre un cura en Quito que contó a Garcilaso acerca de
un “español curioso en cosas de agricultura”, que además llevó
vides de Lima para plantarlas en Ecuador. Este último detalle sí
es compatible con las evidencias de que en Lima se encontraban
las viñas madres, que luego se esparcieron por otros lugares del
Perú. Un pedazo de esa viña, relata Garcilaso, era podado cada
mes y, de esa manera, proveía de uva durante todo el año. Hacia
el nal, incluye un “cuento” sobre una supuesta carencia de vino
español en Lima, pero se desvía del tema sobre el origen de la
vitivinicultura peruana.
A continuación se presenta la transcripción completa del
texto de Garcilaso de la Vega.
Comentarios Reales de los Incas (1609)
Garcilaso de la Vega “El Inca” (1539 – 1616)
Libro IX – Capítulo XXV
De la vid. Y el primero que metió uvas en el Cozco
De la planta de Noé dan la honra a Francisco de Caravantes, antiguo
conquistador de los primeros del Perú, natural de Toledo, hombre noble.
Este caballero, viendo la tierra con algún asiento y quietud, envió a
España por planta y el que vino por ella por llevarla más fresca la llevó
de las islas de Canaria, de uva prieta. Y así salió casi toda la uva tinta
y el vino es todo aloque, no del todo tinto. Y aunque han llevado ya otras
muchas plantas, hasta la moscatel, mas con todo eso aún no hay vino
blanco. (Por otro tanto como este caballero hizo en el Perú adoraron los
gentiles por dios al famoso Baco y a él se lo han agradecido poco o nada.)
Los indios, aunque ya por este tiempo vale barato el vino, lo apetecen
poco porque se contentan con su antiguo brebaje de zara y agua.
Juntamente con lo dicho oí en el Perú, a un caballero dedigno, que
un español curioso había hecho almácigo de pasas llevadas de España y
que prevaleciendo algunos granillos de las pasas nacieron sarmientos,
empero tan delicados que fue menester conservarlos en el almácigo tres o
cuatro años hasta que tuvieron vigor para ser plantados. Y que las pasas
acertaron a ser de uvas prietas y que por eso salía todo el vino del Perú
tinto a aloque –porque no es del todo prieto como el tinto de España.
Pudo ser que hubiese sido lo uno y lo otro. Porque las ansias que
los españoles tuvieron por ver cosas de su tierra en las Indias han sido
tan bascosas e ecaces que ringún trabajo ni peligro se les ha dado hecho
grande para dejar de intentar el efecto de su deseo.
El primero que metió uvas en su cosecha en la ciudad del Cozco
fue el capitán Bartolomé Terrazas, de los primeros conquistadores del
Perú y uno de los que pasaron a Chile con el Adelantado don Diego de
Almagro. (Este caballero conocí yo: fue nobilísimo de condición, magní-
ANEXOS
122 123
co, liberal, con las demás virtudes naturales de caballeros). Plantó
una viña en su repartimiento de indios llamado Achanquillo, en la
provincia de Cuntisuyo, de donde, año de 1555, por mostrar el fruto
de sus manos y la liberalidad de su ánimo envió 30 indios cargados de
muy hermosas uvas a Garcilaso de la Vega mi señor, su íntimo amigo,
con orden que diese su parte a cada uno de los caballeros de aquella
ciudad para que todos gozasen del fruto de su trabajo.
Fue un gran regalo, por ser fruta nueva de España. Y la magnicencia
no menor porque si se hubieran de vender las uvas se hicieran de ellas más
de cuatro a cinco mil ducados. Yo gocé buena parte de las uvas, porque
mi padre me eligió por embajador del capitán Bartolomé de Terrazas. Y
con dos pajecillos indios llevé a cada casa principal dos fuentes de ellas.
CAPÍTULO XXVI
Del vino. Y del primero que hizo vino en el Cozco. Y de sus precios.
El año de 1560, viniéndome a españa pasé por una heredad de pedro
lopez de cazalla (natural de llerena, vecino del cozco, secretario que
fue del presidente gasca, la cual se dice marcahuaci, nueve leguas de
la ciudad –y fue a 21 de enero), donde hallé un capataz portugués
llamado alfonso vaez que sabía mucho de agricultura y era muy
buen hombre. El cual me paseó por toda la heredad, que estaba muy
cargada de muy hermosas uvas, sin darme un gajo de ellas. Que fuera
gran regalo para un huésped caminante y tan amigo como yo lo era
suyo y de ellas.
Mas no lo hizo. Y viendo que yo había notado su cortedad me
dijo que le perdonase: que su señor le había mandado que no tocase
ni un grano de las uvas porque quería hacer vino de ellas, aunque
fuese pisándolas en una artesa (como se hizo, porque no había lagar
ni los demás adherentes, y vio la artesa en que se pisaron), porque
quería Pedro López de Cazalla ganar la joya que los reyes Católicos
y el emperador Carlos V había mandado se diese de su real hacienda
al primero que en cualquier pueblo de españoles sacase fruto nuevo de
España –como trigo, cebada, vino y aceite– en cierta cantidad. Y esto
mandaron aquellos príncipes de gloriosa memoria para que los espa-
ñoles se diesen a cultivar aquella tierra y llevasen a ella las cosas de
España que en ella no había.
La joya eran dos barras de plata de a 300 ducados cada una. Y
la cantidad de trigo o cebada había de ser medio cahíz y la del vino o
aceite de ser cuatro arrobas. No quería Pedro López de Cazalla hacer
el vino por la codicia de los dineros de la joya –que mucho más pudiera
sacar de las uvas– sino por la honra y fama de haber sido el primero
que en el Cozco hubiese hecho vino de sus viñas.
Esto es los que pasa acerca del primer vino que se hizo en mi pueblo.
Otras ciudades del Perú, como fue Huamanca y Arequipa, lo que
tuvieron mucho antes. Y todo era aloquillo.
Hablando en Córdova con un canónigo de Quito de estas cosas
que vamos escribiendo me dijo que conoció en aquel reino de Quito
un español curioso en cosas de agricultura (particularmente en viñas,
que fue el primero que de Rímac llevó la plantar a Quito) que tenía
una buena viña riberas del río que llaman de Mira, que está debajo
de la línea equinoccial y es tierra caliente. Díjome que le mostró toda
la viña y para que viese la curiosidad que en ella tenía le enseñó doce
apartados que de un pedazo de ella había, que podaba cada mes el suyo
y así tenía uvas frescas todo el año. Y que la demás viña la podaba una
vez al año, como todos los demás españoles sus comarcanos.
Las viñas se riegan en todo el Perú. Y en aquel río es la tierra
caliente, siempre de un temple, como las hay en otras muchas partes de
aquel imperio. Y así, no es mucho que los temporales hagan por todos
los meses del año sus efectos en las plantas y mieses, según que les fueren
dando y quitando el riego. Que casi lo mismo vi yo en algunos valles
en el maíz: que en una haza lo sembraran y en otra ya estaba nacido
a media pierna y en otra para espigar y en otra ya espigado. Y esto
no hecho por curiosidad sino por necesidad, como tenían los indios el
lugar y la posibilidad para beneciar sus tierras.
ANEXOS
124 125
* * *
Hasta el año de 1560 que yo salí del Cozco –y años después– no se usaba dar
vino a la mesa de los vecinos (que son los que tienen indios) a los huéspedes
ordinarios, si no era alguno que los que había menester para su salud, porque
el beberlo entonces más parecía vicio que necesidad. Que, habiendo ganado
los españoles aquel imperio tan sin favor del vino ni de otros regalos seme-
jantes, parece que querían sustentar aquellos buenos principios en no beberlo.
También se comedían los huéspedes a no tomarlo aunque se los daban,
por la carestía de él. Porque, cuando más barato, valía a 30 ducados la arroba.
(Yo lo vi así después de la guerra de Francisco Hernández de Girón.
En los tiempos de Gonzalo Pizarro –y antes– llegó a valer muchas
veces 300, 400 y 500 ducados una arroba de vino. Los años de 1554
y 55 hubo mucha falta de él en todo el reino. En la ciudad de los Reyes
llegó a tanto extremo que no se hallaba para decir misa. El arzobispo
don Jerónimo de Loayza, natural de Trujillo, hizo cala y cata y en una
casa hallaron media botija de vino y se guardó para las misas. Con esta
necesidad estuvieron algunos días y meses hasta que entró en el puerto
un navío de dos mercaderes –que yo conocí, que por buenos respetos a
la descendencia de ellos no los nombro– que llevaba dos mil botijas de
vino. Y hallando la falta de él vendió las primeras a 360 ducados y las
postreras no menos de a 200. Este cuento supe del piloto que llevó el
navío porque en el mismo me trajo de los Reyes a Panamá).
Por los cuales excesos no se permitía dar vino de ordinario. Un
día de aquellos tiempos convido a comer un caballero que tenía indios
a otro que no los tenía. Comiendo media docena de españoles en buena
conversación pidió un jarro de agua para beber. El señor de la casa
mandó le diesen vino y como el otro le dijese que no lo bebía le dijo:
“Pues, si no bebéis vino, venid acá a comer y a cenar cada día”.
Dijo esto porque de toda la demás costa, sacro el vino, no se hacía
cuenta. Y aun la del vino no se cifraba tanto por la costa como por la
total falta que muchas veces había de él, por llevarse de tan lejos de
España y pasar dos mares tan grandes. Por lo cual, en aquellos prin-
cipios, se estimó en tanto como se ha dicho.
ANEXOS
2. Bernabé Cobo (1582-1657)
La historia de los inicios de la vitivinicultura peruana, registrada
en la crónica del jesuita Bernabé Cobo, es muy diferente a la de
Garcilaso de la Vega. Hernando de Montenegro, personaje que,
según Cobo, introdujo la vid en el Perú, sí existió. Se han encon-
trado muchos documentos en archivos peruanos y españoles
que así lo verican. Incluso existen varios testimonios de gente
contemporánea a Montenegro que corroboran que efectivamente
fue el primero que trajo la vid. Además consignan que, de su viña
en Lima, se extrajeron los sarmientos que se utilizaron para crear
el resto de viñedos que existieron en el Perú en 1556.
¿Cómo se puede explicar la discrepancia histórica entre ambos
cronistas? Uno de los motivos puede ser que, aunque Cobo nació
en España casi cuarenta años después de los hechos, y vino al Perú
siendo un adolescente de 17 años, recibió una buena educación
jesuita en Lima —una de las mejores que había entonces—. El
segundo motivo, tal vez el más importante, es que Cobo tuvo
acceso a los archivos del cabildo. Es decir, sus manos pudieron
acariciar documentos invalorables que actualmente se encuentran
perdidos. Por ejemplo, una lista (o un plano) de las primeras distri-
buciones de solares que Francisco Pizarro hizo para los primeros
vecinos de Lima. Cobo cita una lista parcial en su obra Historia
de la Fundación de Lima (1639). Es, hoy, la única fuente histórica
que existe sobre aquel reparto de Pizarro. De igual manera, Cobo
pudo haber tenido acceso al libro segundo del cabildo de Lima
(también perdido desde hace muchos años), que abarcaba un
periodo crucial para la vitivinicultura entre 1539 y 154263.
El segundo y único personaje que Cobo identica con nombre
propio es el licenciado Rodrigo Niño. Un hombre que llegó a ser
regidor y alcalde de Lima en 1550 y 1555, respectivamente. De él,
también se han encontrado registros en los archivos históricos revisados.
Cobo también ofrece tres importantes datos adicionales.
Primero: Lima fue la ciudad donde se plantó la vid por primera
126 127
vez. Segundo: las uvas dieron fruto en abundancia en el año 1551.
Tercero: el primer vino se produjo en Lima, aunque más adelante
se supo que los valles de Ica, Nasca y Pisco eran más idóneos y
convenientes para la viticultura.
Sin embargo, al igual que Garcilaso de la Vega, Cobo también
se equivoca con algunas de sus apreciaciones. Por ejemplo, mani-
esta que Rodrigo Niño ordenó la venta de uva al precio de medio
peso la libra, y que Montenegro se quejó ante la Audiencia por
considerar querer el precio más alto. Como ya se explicó anterior-
mente en este libro, la queja de Montenegro respondió a sus deseos
de producir vino de manera económica. Es decir, quiso un precio
más bajo. Además, dicha cifra está documentada y fue aceptada
desde 1546, cinco años antes de los sucesos descritos por Cobo.
Para sustentar la tesis del alto precio de la uva, Cobo se ampara
en una fuente que describe, al igual que Garcilaso, de manera
ambigua, una leyenda popular recogida por terceras personas.
Menciona a “un religioso” que le contó una anécdota. En el tiempo
en que era soldado, presenció la venta a cien pesos de uno de los
primeros sarmientos de vid que se llevaron a Chile. Esto parecería
ser una gran exageración, si se recuerda que la viña de Martel, de
dos cuadras de extensión y conteniendo aproximadamente 15 mil
parras, se vendió por 600 pesos en 1549. El cálculo simple arroja
un precio ínmo por sarmiento.
Cobo también indica que los primeros viñedos fueron
protegidos por “gente armada”. Esta apreciación tampoco se ha
comprobado con fuentes históricas independientes, aunque sí
se supo que las viñas de Martel, Aliaga, Pizarro y Sánchez de
Merlo estuvieron cercadas. Incluso la viña de Aliaga tuvo una
torre de observación.
Cobo continúa su obra consignando una historia que sí
atestiguó. Tiempo después al periodo mencionado, el vino
producido en el corregimiento de Ica era tan abundante que
eran necesarios más de cien navíos al año para distribuirlo por
ANEXOS
todo el reino. En esta sección, Cobo señala que el primer vino
se produjo en el valle de Lima.
Aunque, prosigue el autor, los vecinos limeños prerieron
usar las tierras locales para producir productos de pan llevar y
delegaron los grandes viñedos a otros lugares más propicios,
como Ica, Pisco y Nasca. Este dato es compatible con la tesis de
que la expansión urbana de Lima absorbió las viñas primigenias.
Luego de esta mención, Cobo hace énfasis de lo barata que era
la producción de vino en todo el territorio, incluyendo la región
de Charcas (los actuales países de Bolivia y Argentina).
El cronista luego describe la variedad de uva que se plantó
por primera vez en el Perú. Como ya se ha descrito, ciertos estu-
dios genéticos han demostrado, con una probabilidad muy alta,
que dicha variedad fue la “listán prieto”. El autor menciona que
era “algo roja o de color negro claro” y que el vino resultante era
“haloque”64. Dichas características son compatibles precisamente
con la uva listán prieto. Después menciona que se trajeron otras
variedades como mollares, albillas y moscateles.
Luego de notar, como Garcilaso, que las viñas en todo el
reino eran de regadío, incluye una información adicional, también
compatible con una de las tesis más importantes presentadas en
este libro: que los indios tenían una gran anidad por el vino
español y lo consumían en grandes cantidades.
Cobo termina su relato anotando que las mejores viñas de
América crecen en los “llanos” como la costa del Perú. Finalmente
consigna que el vino español, cuya botija costaba entre 20 y 50
pesos en Lima, fue desplazado casi completamente por el vino
nativo, sobre todo por su bajo costo.
128 129
Historia del Nuevo Mundo (1653, publicado en 1891)
Bernabé Cobo (1582 – 1657)
Tomo II
Libro X
Capítulo XIII
De la Vid
La planta más provechosa y necesaria que los españoles han traído
y plantado en este Nuevo Mundo, es la Vid; porque, dado caso que
en algunas provincias de la América se hallan Parras silvestres que
dan unas uvillas muy menudas, negras y agrias, mas ni los indios
las cultivaran, ni tuvieron conocimiento déllas para hacer caso de su
fruto; ni tampoco los españoles han hecho estima de las tales parras
para transpartarlas y beneciarlas; y así, las que se han plantado y
se cultivan en estas Indias, son traídas de España. Si bien es verdad
que las parras silvestres que se hallaron en las Islas de Barlovento y
en otras provincias de Tierra Firme, no las había en todo este reino
del Perú. Donde primero se plantaron parras en él y se dieron uvas,
fué en esta ciudad de Lima, á la cual el primero que trujo y plantó la
Vid fué uno de sus primeros pobladores, llamado Hernando de Monte-
negro; y el primer año que cogió en abundancia de uvas para vender,
fué el de 1551, y se las puso el licenciado Rodrigo Niño, que á la sazón
era el ejecutor, á medio peso de oro la libra, que montaba entonces
doscientos y venticinco maravedises. El cual precio pareció tan bajo al
dicho Montenegro para la venta que se tenía en aquel tiempo de fruta
tan nueva y regalada, que, como de agravio maniesto que se le hacía,
apeló á la Real Audiencia.
Y es así que estimaban tanto las primeras parras, que era necesario
guardallas con gente armada, para que no las hurtasen ó cortasen sus
sarmientos. De la primera parra que se llevó de Chile me contó un
religioso, que, siendo soldado en aquella ocasión, se halló presente á la
ANEXOS
venta, que se vendió en tres mil pesos, y que los primeros sarminetos
de ella se vendieron a cien pesos cada uno. Y no hay que maravillar,
porque quien considerare los precios tan crecidos á que se vendían en
aquellos primeros años todas las cosas traídas de España, no se le hará
dicil creer esto. Ha cundido ya esta planta por todas las Indias, y
principalmente por este reino, de manera, que en muchas partes hay
grandes pagos de viñas, y algunas tan cuantiosas, que dan de quince
á veinte mil arrobas de mosto; y de solo el vino que se coge en el corre-
gimiento de Ica, que es de la diócesis desta ciudad de Lima, salen cada
año cargados dello más de cien navios para otras provincias así deste
reino como de fuera dél. Cogióse el primer vino en este valle de Lima;
mas, como se halló después que los valles de Ica, Nasca y Pisco eran muy
aparejados para viñas, no quisieron los vecinos de Lima ocupar con
ellas las tierras deste valle, por ser más dispuestas para sementeras de
Trigo y toda suerte de semillas y legumbres, y no menos para huertas
de árboles frutales; aunque, lo que es para regalo de uvas, hay en todas
las huertas de dentro y fuera de la ciudad muchos parrales, y valen á
su tiempo las uvas á medio real la libra.
Luego que mostró la experiencia la grande abundancia con que se
daba vino en este reino, se dieron los españoles á plantar gran cantidad
de viñas, así en los valles desta costa de la Mar del Sur, como en los
mediterráneos, particularmente de la provincia de Charcas; y vale ya
tan barato el vino, que en los valles donde se coge vale de tres á cuatro
pesos la arroba; de manera que, vendido á tres pesos, corresponde á
seis reales de España. La primera uva que se plantó en esta tierra y
de que hay mayor abundancia, es algo roja ó de color negro claro, por
donde el vino que se hace della es haloque; más ya se han traído otras
diferencias de uvas, como son mollares, albillas, moscateles, blancas y
negras, y otras dos o tres diferencias dellas, y se ha comenzado á hacer
vino blanco. Son las viñas en todo este reino de regadío, porque donde
hay mayor cantidad de ellas, que es en los Llanos y costa de la mar,
nuncan llueve; y aunque en la Sierra llueve, con todo eso, se riegan
también las viñas que hay en ella. Unas son de parrales bajos y otras
de cepas; y en todas partes requiere la uva algún benecio para hacerse
130 131
vino; y así, en algunos valles la tienden después de cogida en esteras, y
la tienen tres ó cuatro días al Sol; y en otros cuecen alguna cantidad de
mosto y lo mezclan con lo demás; y en muchas partes echan algún yeso.
En los valles de La Nasca han dado de pocos años acá en pisar la
uva metida en costales ó sacas de melinge, y sale el vino mucho más
puro, claro y blanco, de manera que tiene cuatro reales más de valor
cada botija que lo demás que nos es de costales. Hallándome yo en
aquellos valles, inquirí el origen desta invención, y fué, que como un
indio no tuviese lagar en que pisar la uva de un parrillo suyo, á nece-
sidad la pisó en unos costales de lienzo, y viendo que el vino que sacó
hacía ventaja á lo demás, aprendieron los españoles de lo que el indio
hizo por necesidad. Los vinos más preciosos deste reino son los de la
Nasca, Paspaya, en la diócesis de los Charcas; Ica, Arequipa y Pisco;
este último es de más cuerpo, mas cubierto y á propósito para pasar la
mar, por cuanto tiene mucho que gastar.
Han entrado los naturales de todas estas Indias en el uso de nuestro
vino con tanta ación, que, por muchas viñas que se planten, no llegará
tiempo, mientras hubiere indios, en que se derrame el vino del año
pasado, aunque sea medio vinagre, para henchir las vasijas del nuevo.
Paréceles que la nobleza del licor los excusa de la infamia que acarrea la
embriaguez; si bien nunca entre ellos se tuvo por afrenta é infamia el
emborracharse; y así, los indios ladinos y de caudal, que son los que más
usan del vino, si cuando se embriagan se lo reprendemos, suelen alegar
por excusa no por ser su embriaguez de chicha, si no de vino. Algunos
medios han puesto los que gobiernan para atajar las borracheras de los
indios; pero ¿quién podrá irles á la mano, si ellos no guardan la boca?
El cuento que referiré ahora declara bien á cuánto llega la pasión tan
vehemente que los arrastra á este vicio. En la ciudad del Cuzco tenía
un religioso á su cargo una cofradía de indios, y habiendo de salir el
Jueves Santo en la noche sus cofrades disciplinándose, hizo a poner á
cocer una gran olla de vino con arrayán y romero, con que se curasen
acabada la procesión, dejando dos o tres indios que diesen fuego al vino.
Y como después de la procesión fuesen por el vino cocido, para curar á los
disciplinantes, hallaron la olla vacía con el romero y arrayán en seco,
ANEXOS
porque los indios que habían quedado atizando el fuego se lo habían
bebido; los cuales estaban tendidos en el suelo durmiendo al rededor de
la olla, dando testimonio de su desliz el profundo sueño en que estaban.
Danse viñas en todas las tierras calientes y templadas de la América,
y mejor que en ninguna otra parte en los Llanos del Perú, y después en
los valles calientes y secos de la Sierra y aunque suelen nacer en tierra
yunca y llevar algún fruto, no es tan bueno ni con tanta abundancia
como en las partes sobredichas, y las Vides y parras viven muy poco
tiempo, por la excesiva humedad que hay en tales tierras. Hallándose
temples tan admirables en este reino del Perú, donde no pierden la
hoja las Vides en todo el año, y otros donde van dando siempre fruto
por este orden: que en una misma huerta van podando las parras á
diferentes tiempos, unas después de otras, las cuales van fructicando
todo el año por el mismo orden que se podaron, como vemos acaece en
el valle de Sángaro [Asángaro], diócesis de Guamanga. Finalmente,
goza hoy esta tierra con abundancia de todas las utilidades que resultan
desta planta, á saber, de regalado fruto, de las pasas que se hacen muy
buenas de uva mollar, de arrope, aguardiente, vinagre y sobre todo de
gran copia de vino; el cual, antes que acá se diera, se traía de España
en botijas, y valía tan caro, que más rehusaba uno convidar huéspedes
á su mesa por no dalles de beber, que por la costa que podía hacer en
darles de comer. No era uno su precio á todos los tiempos; unas veces
valía una botija en esta ciudad de Lima cincuenta pesos, otras veinte, y
más ó menos, conforme acertaba á venir mucho ó poco; más, al presente
es tan barato como dejo dicho, y se trae ya muy poco de España.
132 133
3. Pedro de Cieza de León (1518-1554)
El tercer cronista que escribió sobre los inicios de la viticultura
sudamericana es Pedro de Cieza de León. A diferencia de Garci-
laso de la Vega y Bernabé Cobo, fue testigo presencial y describió
el nacimiento de la viticultura en varias localidades. Sin embargo,
no asoció ningún lugar o personaje con alguna paternidad vitícola.
Tan solo se limitó a describir el estado regional hacia nes de la
década de 1540. Por ello, su crónica es fundamentalmente valiosa
para cruzar información histórica y corroborar la viabilidad de
los hechos presentados en este libro.
Cieza de León se encontraba en la ciudad de Cartago (actual
Colombia), cuando se enlistó en las huestes del licenciado Pedro
de la Gasca, para acompañarlo durante su viaje hacia el Cusco y
Lima entre 1547 y 1548. Según sus propias palabras, comenzó a
escribir la Crónica del Perú en Cartago en 1541 y la terminó en
Lima en septiembre de 1550. Regresó a España a nes de ese
mismo año, donde publicó la primera parte de su obra en 1553.
Doce meses después falleció en Sevilla.
La primera referencia que hace sobre viñas se ubica en la
región de Cali, donde todavía no se habían plantado vides ni el
trigo había dado fruto. Luego menciona en su libro el momento
en que se plantan viñas en Quito, aunque solo existía la esperanza
de una cosecha futura. Algo similar pasa con Tomebamba, la actual
ciudad de Cuenca en Ecuador, donde menciona que el trigo y la
cebada ya estaban rindiendo frutos, pero las grandes viñas eran
aún tema del futuro.
Cuando Cieza empieza a describir al actual territorio peruano,
comienza a mencionar aquellas viñas que producen gran cantidad
de uvas. Después de reseñar la antigua ciudad de San Miguel
(Piura), donde existían muchas viñas y otros frutos de Castilla,
describe la fertilidad vitivinícola de “las tierras de los llanos”. Es
decir, los valles de la costa peruana. Aunque ya se consignaba
una producción de uvas, todavía no se había elaborado vino. Se
ANEXOS
presume que dicha bebida, al ser obtenida de viñas de regadío,
tendría una característica “aca”.
Más adelante, el autor describe varias ciudades y zonas de la
costa (Trujillo, Los Reyes en Lima y Chincha) y de la sierra (Fron-
tera en Chachapoyas, Huamachuco, Huánuco, Huamanga, Yucay en
Cusco y La Plata en la actual Sucre) como regiones donde ya habían
viñas con frutos abundantes, o que se acababan de plantar, o que
tenían las condiciones para ser plantadas exitosamente en el futuro.
Al nal de su crónica, Cieza resume la actividad vitivinícola
del Perú hacia nes de la década de 1540 e indica que en San
Miguel (Piura), Trujillo y Lima ya existen muchas viñas produc-
tivas. Incluso señala a Cusco y Huamanga como esos lugares
iniciales con grandes esperanzas de hacer buenos vinos.
Esta última descripción es compatible con el espacio y tiempo
de las evidencias históricas presentadas en este libro. Además
concuerdan con las actividades vitícolas pioneras de Juan Rubio
en San Miguel, Diego de Mora en Trujillo, Hernando de Monte-
negro y muchos otros en Lima, y con la expansión de las vides hacia
otras zonas del sur, como Cusco, Huamanga, Arequipa y Chile,
como atestiguaron los ex alcaldes limeños en la probanza de 1556.
Al momento de terminar su crónica, antes de zarpar perma-
nentemente hacia España, Cieza menciona que todavía no se había
producido vino en el Perú. Este último hecho también es vericado
en este libro: la primera vendimia ocurrió en Lima alrededor de
marzo de 1551 y el primer vino nativo estuvo listo para beber en
octubre de ese año, cuando Cieza ya se encontraba en España.
Cruzando estos datos, se puede concluir que la crónica de
Pedro de Cieza de León no solo no cuestiona, sino más bien valida
perfectamente la información histórica presentada por primera
vez en “Las viñas de Lima”.
A continuación se presenta una transcripción resumida, pero
textual, de la crónica de Cieza de León, relacionada con las activi-
dades vitivinícolas descritas. Los destacados en bold son propios
del autor y se incluyen para dar énfasis en ciertas palabras claves.
134 135
Crónica del Perú (Primera parte) (1553)
Pedro de Cieza de León (1518 – 1554)
...
Capítulo XXVII. De la manera que está asentada la ciudad de Cali,
y de los indios de su comarca, y quién fue el fundador.
“Trigo hasta agora no se ha dado, aunque dicen que en el
valle de Lile, que está de la ciudad 5 leguas, se dará; viñas, por el
consiguiente, no se han puesto”.
...
Capítulo XL. Del sitio que tiene la ciudad de San Francisco del Quito,
y de su fundación y quién fue el que la fundó.
“Hay muchos valles calientes, donde se crían muchos árboles
de frutas y legumbres, de que hay grande cantidad en todo lo más
del año. También se dan en estos valles viñas, aunque, como es
principio, de sola la esperanza que se tiene de que se darán muy
bien se puede hacer relación y no otra cosa”.
...
Capítulo XLIV. De la grandeza de los ricos palacios que había en los
asientos de Tumebamba, de la provincia de los Cañares
“En toda parte desta provincia que se siembre trigo se da
muy bien, y lo mismo hace la cebada, y se cree que se harán
grandes viñas y se darán y criarán todas las frutas y legumbres
que sembraren de las que hay en España, y de la tierra hay algunas
muy sabrosas”.
...
Capítulo LVIII. En que se prosigue la historia hasta contar la funda-
ción de la ciudad de San Miguel, y quién fue el fundador
“El valle es como el de Tumbez, y adonde hay muchas viñas
y higuerales y otros árboles de España, como luego diré. Esta
ciudad de San Miguel pobló y fundó el adelantado don Francisco
Pizarro, gobernador del Perú, llamado en aquel tiempo la Nueva
Castilla, en nombre de su majestad, año del Señor de 1531 años”.
...
ANEXOS
Capítulo LXVI. De la fertilidad de la tierra de los llanos, y de las muchas
frutas y raíces que hay en ellos, y la orden tan buena con que riegan los campos
Agora en este tiempo, por muchos destos valles hay grandes viñas,
de donde cogen muchas uvas. Hasta agora no se ha hecho vino, y
por eso no se puede certicar qué tal será; presúmese que, por ser
de regadío, será aco”.
...
Capítulo LXIX. De la fundación de la ciudad de Trujillo, y quién
fue el fundador
“Esta ciudad de Trujillo es situada en tierra que se tiene por sana,
y a todas partes cercada de muchos heredamientos, que en España
llaman granjas o cortijos, en donde tienen los vecinos sus ganados y
sementeras. Y como todo ello se riega, hay por todas partes puestas
muchas viñas y granados y higueras, y otras frutas de España,”
...
Capítulo LXXI. De la manera que está situada la ciudad de los Reyes,
y de su fundación, y quién fue el fundador
“El valle de Lima es el mayor y más ancho de todos los que se
han escrito de Tumbez a él; y así, como era grande, fue muy poblado.
En este tiempo hay pocos indios de los naturales, porque, como se
pobló la ciudad en su tierra y les ocuparon sus campos y riegos, unos
se fueron a unos valles y otros a otros. Si de ventura han quedado
algunos, ternán sus campos y acequias para regar los que siembran.”
...
“Esta ciudad, después del Cuzco, es la mayor de todo el reino del
Perú y la más principal, y en ella hay muy buenas casas, y algunas
muy galanas con sus torres y terrados, y la plaza es grande y las
calles anchas, y por todas las más de las casas pasan acequias, que
es no poco contento; del agua dellas se sirven y riegan sus huertos
y jardines, que son muchos, frescos y deleitosos.”
...
“Fuera de la ciudad, a una parte y a otra, hay muchas estancias y
heredamientos, donde los españoles tienen sus ganados y palomares,
y muchas viñas y huertas muy frescas y deleitosas, llenas de las frutas
136 137
naturales de la tierra, y de higueras, platanales, granados, cañas
dulces, melones, naranjos, limas, cidras, toronjas y las legumbres
que se han traído de España; todo tan bueno y gustoso que no tiene
falta, antes digo por su belleza para dar gracias al gran Dios y Señor
Nuestro, que lo crió. Y cierto, para pasar la vida humana, cesando
los escándalos y alborotos y no habiendo guerra, verdaderamente
es una de las buenas tierras del mundo, pues vemos que en ella no
hay hambre, ni pestilencia, ni llueve, ni caen rayos ni relámpagos, ni
se oyen truenos, antes siempre está el cielo sereno y muy hermoso.”
...
Capítulo LXXIV. De la gran provincia de Chincha y cuánto fue esti-
mada en los tiempos antiguos
“También se da en este valle mucho trigo, y se crían los
sarmientos de viñas que han plantado, y se dan todas las más cosas
que de España ponen.”
...
Capítulo LXXVIII. De la fundación de la ciudad de Frontera y quién
fue el fundador, y de algunas costumbres de los indios de su comarca
“En los pueblos desta provincia de los chachapoyas entró el
mariscal Alonso de Alvarado siendo capitán del marqués don Fran-
cisco Pizarro. El cual después que hubo conquistado la provincia
y puestos los indios naturales debajo del servicio de su majestad
pobló y fundó la ciudad de la Frontera en un sitio llamado Levanto,”
...
“En muchas partes de las provincias dichas, sujetas a esta ciudad,
hay arboledas y cantidad de frutas semejantes a las que ya se han
contado otras veces, y la tierra es fértil, y el trigo y cebada se da
bien, y lo mismo hacen parras de uvas y higueras y otros árboles
de fruta que de España han plantado.”
...
“Pobló y fundó la ciudad de la Frontera de los Chachapoyas el
capitán Alonso de Alvarado en nombre su majestad, siendo su
gobernador del Perú el adelantado don Francisco Pizarro, año de
nuestra reparación de 1536 años.”
ANEXOS
...
Capítulo LXXX. Del asiento desta ciudad y de la fertilidad de sus
campos, y costumbres de los naturales, y de un hermoso aposento o
palacio de Huanuco, edicio de los incas
Danse viñas, críanse higuerales, naranjos, cidras, limones y
otras frutas de las que se han plantado de España, y de las frutas
naturales de la tierra hay muchas y muy buenas y todas las legum-
bres que de España han traído;”
...
Capítulo LXXXI. De lo que hay que decir desde Cajamarca hasta el
valle de Jauja, y del pueblo de Guamachuco, que comarca con Cajamarca
“Más adelante de Cajamarca casi 11 leguas está otra provincia
grande y que antiguamente fue muy poblada, a la cual llaman Guama-
chuco. Y antes de llegar a ella, en el comedio del camino, hay un valle
muy apacible y deleitoso, el cual, como está abrigado con las sierras,
es su asiento cálido; y pasa por él un lindo río, en cuyas riberas se da
trigo en abundancia y parras de uvas, higueras, naranjos, limones
y otras muchas que de España se han traído. Antiguamente en las
vegas y llanuras deste gran valle había aposentos para los señores,
y muchas sementeras para ellos y para el templo del Sol.”
...
Capítulo LXXXVII. De la fundación de la ciudad de Huamanga y
quién fue el fundador
“En este río de Vinaque, y por otros lugares comarcanos a
esta ciudad, se coge gran cantidad de trigo de lo que siembran,
del cual se hace pan tan excelente y bueno como lo mejor del de
Andalucía. Hanse puesto algunas parras, y se cree que por tiempos
habrá grandes y muchas viñas, y por el consiguiente se darán las
más cosas que de España plantaren.”
...
Capítulo XCIV. Que trata del valle de Yucay y de los fuertes aposentos
de Tambo, y parte de la provincia de Condesuyo
“En este valle de Yucay han puesto y plantado muchas cosas
de las que dije en el capítulo precedente. Y cierto en este valle y
138 139
en el de Vilcas, y en otros semejantes (según lo que parece en lo
que agora se comienza), hay esperanza que por tiempos habrá
buenos pagos de viñas y huertas, y vergeles frescos y vistosos.”
...
Capítulo CVII. De la fundación de la villa de Plata, que está situada
en la provincia de los Charcas
“Y está puesta esta villa en la mejor parte que se halló, a quien
(como digo) llaman Chuquisaca, y es tierra de muy buen temple,
muy aparejada para criar árboles de fruta y para sembrar trigo y
cebada, viñas y otras cosas.”
...
Capítulo CXIII. De cómo en este reino hay grandes salinas y baños y
la tierra es aparejada para criarse olivos y otras frutas de España, y
de algunos animales y aves que en él hay
Pues viñas no hay pocas en los términos de San Miguel,
Trujillo y los Reyes y en las ciudades del Cuzco y Huamanga, y
en otras de la serranía comienza ya a las haber, y se tiene grande
esperanza de hacer buenos vinos. Naranjales, granados y otras
frutas, todas las hay, de las que han traído de España como las de
la tierra. Legumbres de todo género se hallan; y en n, gran reino
es el del Perú, grandes poblaciones adonde hubiere aparejo para
se hacer; y pasada esta nuestra edad, se podrán sacar del Perú para
otras partes trigo, vinos, carnes, lanas y aun sedas.”
...
Capítulo CXXI. De los monasterios que se han fundado en el Perú
desde el tiempo que se descubrió hasta el año de 1550 años
“…y con lo dicho hago n con esta primera parte, a gloria
de Dios todo poderoso nuestro Señor, y de su bendita y gloriosa
Madre, Señora nuestra. La cual se comenzó a escribir en la ciudad
de Cartago, de la gobernación de Popayán, año 1541, y se acabó
de escribir originalmente en la ciudad de los Reyes, del reino del
Perú, a 8 días del mes de septiembre de 1550 años, siendo el autor
de edad de treinta y dos años, habiendo gastado los diez y siete
dellos en estas Indias.”
TRANSCRIPCIÓN PARCIAL DEL
MANUSCRITO DE LA PROBANZA DE MÉRITOS
Y SERVICIOS DE HERNANDO DE MONTENEGRO DE
1586, QUE INCLUYE LA PRECEDENTE
(FECHADA EN 1556).
AGI,PATRONATO,129,R.1. “Méritos y servicios: Hernando
de Montenegro: Perú, Darién”.
La probanza de 1586 fue solicitada por Lucía de Monte-
negro, nieta de Hernando de Montenegro, y su esposo Juan
Gutiérrez Flores. Lucía tenía 16 años de edad y los esposos le
pedían a la corona que les extiendan por dos vidas más (dos
generaciones), la encomienda de indios que tenían en Andajes
(Andax) y Atavillos, las mismas que Lucía había heredado.
Para ello, realizaron una probanza de méritos y servicios de
su abuelo con siete testigos, donde se incluye una probanza de
1556, realizada con ocho testigos por el mismo Hernando de
Montenegro. Esta última se encontró entre los manuscritos
de un juicio que Montenegro tuvo con Diego de Barrionuevo
en 1575 (ver mayores detalles en el apéndice sobre la vida de
Hernando de Montenegro).
Ambas probanzas contienen información crucial que conrman
los inicios de la viticultura peruana por Hernando de Monte-
negro. Se ha dado énfasis a la transcripción de las secciones del
manuscrito correspondientes a ese tema únicamente.
El primer folio del manuscrito encontrado en el Archivo
General de Indias está en blanco y no se ha contabilizado en
la numeración de folios. A continuación, la transcripción de la
probanza de 1586 donde se incluye una copia (llamado traslado)
de la probanza de 1556.
TRANSCRIPCIONES
140 141
[f.1]
En la çiudad de los Reyes del Pirú, en primero día del mes de septiembre
de mill e quinientos y ochenta y seis años, estando los señores presi-
dente e oydores de la audiencia real de Su Magestad que reside en
la dicha çiudad. Joan Gutierrez Flores, vezino de ella y capitán por
Su Magestad de infantería, presentó una petiçión en el real acuerdo
de justiçia por la qual paresce e pidió se resçiviese ynformación de los
serviçios fechos en estos reynos por el capitán Hernando de Monte-
negro, vezino que fue de esta dicha çiudad. Lo qual se cometió al señor
licençiado Ramírez de Cartagena, oydor de esta real audiençia, y por
el paresçe fueron examinados çiertos testigos conforme a lo proveido
por la dicha real audiençia, según consta e paresçe por la petiçión y
decreto de ella proveido, e ynformaçión rescivida por el dicho señor
oydor, que todo es de el tenor siguiente:____________
Muy Poderoso señor: Joan Gutierrez Flores, como marido y
conjunta persona de doña Luzia de Montenegro, nieta legítima
del capitán Hernando de Montenegro, unos de los primeros descu-
bridores y conquistadores de este reino, digo que el dicho capitán
Hernando de Montenegro, el año pasado de cinquenta y seis que a
treinta años hizo en esta real audiençia informaçión de sus serviçios,
según la orden que entonçes estava dada, la qual se halló entre los
papeles y registros del secretario Pedro de Avendaño, e que quería
que se hiziese agora
[f.1v]
por lo que toca a la dicha mi muger, e ynformación de los dichos serviçios
de oçio, y con citaçión de vuestro scal, para ynformar con ella a
vuestra real persona e suplicarle que haga merçed a la dicha mi muger,
la merced de acrecentalle otras dos vidas e susçesiones que un hijo e nieto,
conforme a la orden de las susçesiones de yndios en el repartimiento de
Andax e Atavillos, que tenemos en encomienda._____
A Vuestra Alteza pido y suplico la mande resçivir por los capítulos
y preguntas siguientes:_____
Ynterrogatorio:
TRANSCRIPCIONES
Primeramente, sean preguntados los testigos si conosçieron al dicho
capitán Hernando de Montenegro e si conosçen a los dichos Joan Gutie-
rrez Flores y doña Luzia de Montenegro, su muger nieta del dicho
capitán Hernando de Montenegro, e de que tiempo a esta parte._____
...
Se han omitido las preguntas ii (2) hasta xxix (29), por no ser
signicativas con el tema de la viticultura que se trata.
...
[f.7v]
...
xxx (30):
Yten si saven que el dicho capitán Hernando de Montenegro fue y
assido un hombre muy honrado, quieto y pacíco, y muy leal servidor
de Su Magestad, y muy socorrido a todas las personas que tenían
nesçessidad, teniendo siempre, e a la contínua, su casa llena de muchos
buenos cavalleros y soldados, que de Castilla venían con nesçesidad, y
a otros pobres que siempre se le en
[f.8]
encomendavan, y los faboresçía, y ayudava, y assí mismo a los monaste-
rios y hospitales los socorría el dicho capitán Hernando de Montenegro,
y a las fábricas de las yglessias los sustentava, y fue la primera persona
que plantó viñas en esta tierra e otros muchos árboles de Castilla e
todas quantas plantas ay hasta Chile, digan._____
...
A continuación, sigue una lista de los siete testigos, con sus
nombres, fechas de testimonio y respuestas con respecto a lo que
saben acerca de la viticultura de Hernando de Montenegro (‘N/m
signica que el testigo no mencionó el tema). Al nal de cada
testimonio, se indican en corchetes los números de los folios del
manuscrtito donde se obtuvo la información indicada.
142 143
1. Francisco de Yllescas, 8 octubre 1586
Fue público que la primera viña que se plantó en esta tierra fue la del
dicho capitán Hernando de Montenegro, y esto es lo que sabe de esta
pregunta. [.9v, 11v]
2. Juan de Montañés, 9 octubre 1586
N/m. [.12v, 14v]
3. Alonso Días Merino, 11 octubre 1586
Este testigo sabe que el dicho capitán Montenegro fue la primera persona
que plantó viñas en este reino, y muchos árboles frutales y plantas de
Castilla, en tiempo del marqués don Francisco Pizarro, y esto es cosa
muy pública y notoria y lo que sabe de esta pregunta. [.15v, 19]
4. Garçía Gonzáles Rubín, 15 octubre 1586
Sabe que el dicho capitán Montenegro fue la primera persona que
en esta tierra plantó viñas y otros árboles frutales de Castilla, y
esto es cosa muy pública y notoria, y lo que de esta pregunta sabe.
[.20, 22]
5. Domingo de Destre, 22 octubre 1586
N/m. [f.22v, 24]
6. Gaspar de Roxas, 24 octubre 1586
En este reino puso una heredad de viña la primera que se plantó en esta
ciudad, y siempre se llamó, y oy día se llama, la viña de Montenegro,
y esto sabe de esta pregunta.
E que ya tiene dicho en otra pregunta que fue el primero que
plantó viña en esta ciudad y le corresponde. [.25, 25v, 27]
7. Juan Sánchez de los Rios, 30 octubre 1586
El dicho capitán Montenegro plantó en esta ciudad una viña muy
principal, y entiende que fue una de las primeras que se plantaron en
esta ciudad. [f.28, 29]
A continuación, se proseguirá con la transcripción del manuscrto
donde se incluye una copia, o traslado, de la probanza de 1556,
la cual como ya se mencionó, se encuentra entre los documentos
del juicio de 1575 con Diego de Barrionuevo.
[f.31]
La otra probanza de serviçios_____:
Muy Poderosso Señor: Joan Sánchez de los Rios, en nombre de
Hernando de Montenegro El Viejo, digo que el dicho mi parte tiene
hecha provança de los muchos y buenos serviçios que hizo a Vuestra
Alteza, la qual quiero embiar a los reinos de España para presentar en
vuestro real consejo de las Yndias, en el pleito con Diego de Barrionuevo;
para que conste de ellos a Vuestra Alteza suplico mande al secretario
Carvajal me de un traslado de la dicha provança de serviçios, para que
el dicho efeto Vuestra Alteza mande que la embie e registre juntamente
con el processo del dicho Barrionuevo después del signo del processo,
coziéndolo con el proceso, es Joan Sánchez._____
[Item] En la çiudad de los Reyes en diez y siete días del mes de março de
mill e quinientos e setenta y çinco años, ante los señores presidente y oidores
en audiençia de relaciones, presentó esta petiçión el contenido en ella y los
dichos señores mandaron que se le de el traslado de esta provança para que
use de ella como viere que le conviene. Joan Gutierrez de Molina._____
Petiçión:
Muy Poderoso Señor: El capitán Hernando de Montenegro,
vezino de esta çiudad, digo que a quarenta años que passé a yndias
[1516], y en ese tiempo [1556] he siempre servido a Vuestra Alteza
en todo lo que se a ofreçido, así en conquistas e descubrimientos de los
naturales, como en poblaçiones
[f.31v]
de este reyno y de Tierra Firme, sin jamás aver desservido en cosa
alguna, e contra todos los tiranos que a avido en estos reinos, e sustentado
una boz real en todo lo que me a sido posible como a uno de vuestros
buenos y leales vasallos, gastando siempre de mi hazienda para todo
TRANSCRIPCIONES
144 145
aquello que a sido conviniente a vuestro real serviçio, de todo lo qual
conviene a mi derecho se aya ynformaçión para le presentar ante Su
Magestad y su real consejo de España, para que me tenga en el lugar
de sus leales vassallos y buenos servidores de su corona real, y me haga
merçedes y a mis hijos perpetuándoles la encomienda de yndios que
tengo; e haziéndoles otras qualesquier merçedes que sea servido, por
tanto a Vuestra Alteza pido y suplico que para el dicho efeto se resçiva la
ynformaçión, que diere con citaçión de vuestro scal por los artículos y
capítulos siguientes, y conforme a vuestra real ordenança; se me mande
dar la tal ynformaçión con vuestro real paresçer, y para ello es._____
Ynterrogatorio:
Primeramente, los testigos sean preguntados si conosçen al dicho
capitán Hernando de Montenegro, y de que tiempo a esta parte._____
ii (2): Ytem si saben es que puede aver quarenta años, poco más o
menos, que el dicho capitán Montenegro passó desde los reinos de España
a estas partes de Yndias, siendo governador del reino de Tierra Firme
el governador Pedro Arias de Ávila capitán general por Su Magestad
de aquel reyno._____
...
Se han omitido las preguntas iii (3) hasta xxix (29), por no ser
signicativas con el tema de la viticultura que se trata.
...
[f.37v]
...
xxx (30):
Ytem si saben es que el dicho Hernando de Montenegro es hombre
muy honrado, quieto y pacíco y muy servidor de Su Magestad, y
muy socorrido a todas las personas que de él an tenido y tienen nesçe-
sidad, teniendo siempre, y a la contínua, su cassa llena de huéspedes,
donde siempre an recogido muchos buenos que de Castilla an venido
nesçesitados, y otros muchos pobres que siempre se le an encomendado
e favoreçido, y así mesmo los monasterios y hospitales an sido siempre
socorridos del dicho Hernando de Montenegro en sus nesçesidades y
fábricas de sus yglesias y sustentaçión, y a sido la primera persona que
plantó viñas en esta tierra, y otros muchos árboles de Castilla, y todas
quantas plantas ay hasta Chile an salido y sido el origen de ellas la
huerta y viña del dicho Montenegro._____
...
A continuación, sigue una lista de los ocho testigos, con sus
nombres, fechas de testimonio y respuestas con respecto a lo que
saben acerca de la viticultura de Hernando de Montenegro (‘N/m
signica que el testigo no mencionó el tema). Al nal de cada
testimonio, se indican en corchetes los números de los folios del
manuscrtito donde se obtuvo la información indicada.
1. Blas de Atienza, 6 octubre 1556
N/m. [f.38, 39v]
2. Alonso Martín de Don Benito, 7 octubre 1556
E que es verdad que fue el primero que enpeçó a poner viña en esta
çiudad y la plantó, y de su cassa y viña se a producido ansí esta çiudad
como Guamanga, Cuzco, Arequipa e Chile por ser una viña de buen
vidueño, e que lleva buen fruto, e a sido el primer origen de las mançanas
e guertas que ay en este reyno”. [f.39v, 42]
TRANSCRIPCIONES
Párrafo manuscrito del testimonio de Alonso Martín de Don Benito.
146 147
3. Nicolas de Ribera El Viejo, 10 octubre 1556
Fue la primera persona que plantó viña en esta çiudad, de donde se a
hinchido todo el reino, e que así mesmo a plantado muchas plantas de
árboles de Castilla, y esto dize por lo que a visto. [f.42v, 46v]
4. Bernardino de Balderrama, 12 octubre 1556
Fue el primero o de los primeros que plantó viñas, y otros muchos árboles
de Castilla, porque este testigo en compañia del _____xuarez, plantó
muchas plantas de las que agora están en la viña de Montenegro, como
hombre que se halló ai e pobló esta çiudad como dicho tiene. [f.47v, 51]
5. Alexo de Medina, 6 noviembre 1586
N/m. [f.51, 53v]
6. Pedro de Enciso, 26 noviembre 1556
No sabe si el dicho Hernando de Montenegro el que primero plantó
viñas en esta tierra y las demás arboledas de Castilla mas de que a
oydo dezir por cosa notoria que se es ansí como en el dicho capítulo se
contiene. [f.54, 55v]
7. Antonio Quadrado, 1 diciembre 1556
Lo conosçe en esta çiudad y que save que es la primera persona que plantó
viña en esta çiudad e que es hombre muy republicano. [f.56v, 62v]
8. Esteban de Burgos, 26 febrero 1557
N/m [f.63, 64]
TRANSCRIPCIÓN DE CARTA DE VENTA DE VIÑA DE
MARÍA MARTEL
BNP, A35:322v–323v,20–IX–549. “Antón Ruyz de Guebara carta
de venta ha doña Maria Martel”.
Este documento describe la venta de la viña perteneciente a
María Martel a Antón Ruíz de Guevara, ex alcalde del Cusco.
Esta carta es uno de los primeros contratos de compra y venta
de una viña del Perú y del hemisferio sur de América. Esta viña,
de ocho solares de extensión, se encontraba a pocas cuadras de
la plaza Mayor, ya en las afueras de la ciudad. Como se indica,
la viña se vendió a seiscientos pesos de oro. A continuación, se
presenta la transcripción paleográca completa.
Viña a 600 pesos de oro
20 de septiembre 1549
Antón Ruyz de Guebara carta de venta ha doña Maria Martel
[f.322v]
Sepan quantos esta carta de venta vieren como yo, doña María
Martel e biuda muger que fue de Juan de Ramiro, difunto que aya
gloria, vezina que soy de esta cibdad de los Reyes ques en las probin-
cias del Perú, otorgo e conosco por esta presente carta que bendo a
bos, Antón Ruis de Guebara estante en esta cibdad de los Reyes, que
estais presente, conviene a saber, una viña que yo he, e tengo, e poseo
en esta dicha cibdad, çerca[da] de ocho solares, todos cerca de esta
cibdad, alinde con el asiento de mis yndios por la una parte, e por la
otra parte asiento e tierras de Cristóval de Burgos, e de otros ciertos
linderos, véndola buena, e sana, e justa, e derecha, leal, e berdadera,
con todas sus entradas e salidas, usos e costumbres, e serbidumbres
quantos el día de oy la dicha viña retiene, e le pertenece, asy de hecho
TRANSCRIPCIONES
148 149
como de derecho, e de uso e de costumbre, e por precio e contia de seis
cientos pesos de oro, de justo peso, que por conpra de la dicha viña me
distes, e pagastes, e yo de vos recibí realmente, e con efeto, e son en
mi poder, de que so e me otorgo de vos por bien contento, pagado, y
entregado a toda mi voluntad, çerca de lo qual renunçio la exebçion
de la enumerata pecunia, e leyes de la prueva e paga, segund que en
ellas, y en cada vna dellas que se contiene, e renunçio que no pueda
dezir, ni alegar que esto que dicho es que no fue, ni es, ni paso ansi, e
sy lo dicere, o alegare que me non vala a mi, ni a otro por mi, en mio
ni fuera del, e sy mas vale esta dicha viña de los dichos pesos de oro,
de la tal demasya vos hago graçia, e donaçion buena, pura, e perfeta,
ynrrebocable, que es dicha entre vivos, por mi echa e onradas buenas
obras que de vos he reçebido, que montan mas questa dicha demasya,
e de si es oyda que otra carta es hecha, va delante, para sy en parte
jamas me dexo, e desysto, e desapodero, parto e quito e abro ma–
[f.323]
no de todo el poder, e derecho, e señorio, e de la tenençia, e poseçion, e
propiedad, e señorio, que yo cubría, e tenia, e tengo, e me pertenere,
e puede pertenecer en qualquier manera a la dicha viña, e todo ello
lo cedo, e renunçio, e trespaso en bos, e a bos, el dicho conprador, para
que sea vuestro propio, e de quién vos quisierdes para lo dar, o donar,
vender, y enpeñar, trocar, e cambiar, y en otra unirla, enajenar, e
fazer della e con ella, todo lo que bos quisierdes como de cosa vuestra
propia, conprada por vuestros propios dineros, cabida e requerida por
justo, e derecho titulo, como esta lo es, e bos doy poder cunplido, para
que luego e quando quisierdes por vuestra propia abturidad e syn
licençia, ni mandamiento de jues, podais entrar, e tomar, e aprehender
la tenencia, e poseçion de la dicha viña, real, corporal, çebil, e natural,
dela manera que vos quisierdes, e qual poseçion tomardes, yo tal vos
la doy, entrego dende agora para entonçes, e de entonces para agora,
y entretanto que de hecho entrardes e tomardes la dicha poseçion, me
costituyo por vuestra tenedora, e ynquylina poseedora, e me obligo de
vos, redrar, emparar, e defender, e de bos hazer çierta e sana, e de pas
esta dicha viña de qualquier presona, o presonas que bos las pidan, e
demanden, enbarguen, o contrallen, e que a mi embargar o contrallar
diziendo pertenecerles, en qualquier manera toda, o alguna cosa e parte
della deziendo pertenecerles, e de tomar, e que tomaré por voz, la boz
e abturia, e dision de qualesquyer pleytos, o demandas que sobre la
dicha viña se los mobieren, e los seguiré, e acabaré a mis propias costos,
y espensas, de manera como quédeles e fínqueles con esta dicha viña, e
con la tenencia, e poseçion real de ella, dentro del quynto dia de como
por vuestra parte me fuere requerido, aún que sea antes o después dela
contestaçion del tal pleyto, o pleytos, e sy redrar, emparar, e defender
non quisiere, e non pudere, o contra lo que dicho ves fuere, o biniere
por lo remober, e desfazer, que yo me obligo de bos bolber, e restituyr
los dichos pesos de oro que de bos
[f.323v]
reçebí, con el doblo, e costas, e daños, e menoscabos que se vos recresçieren,
e la dicha pena seyendo pagada o non, questa carta, e es en ella conte-
nido, vala e sea rme como en esta carta se contiene, e [testado: por]
para lo ansi tener, e guardar, e cunplir, e aver por rme, obligo mi
presona, e bienes avidos e por ver, e por esta presente carta do e otorgo
todo mi poder cunplido, libre y llenero, e bastante a todas e quales-
quier alcaldes, e juezes, e justicias de Su Magestad, de qualquier fuero
e juridicion que sean, a mio fuero e juridicion me someto e renunçio
mi propio fuero e juridicion, vezindad, e domiçilio, e la ley sy conve-
nirit de juridicionen onion judicum, para que sin ser llamada a juicio
oydo, ni venzida sobre dicha razón, me puedan prender, e prendan, e
hagan, e manden façer entrega y execuçion en mi presona e bienes, y
los vendan e rematen en publica almoneda o fuera della, e de su valor
os hagan entero e cumplido pago de prençipal e costas bien ansi catan
cumplidamente, como si esto que dicho es fuese dado por sentencia
denitiva de jues competente, e por mi consentida, e pasada en cosa
juzgada, e renunçio todas e qualesquyer leyes, fueros, e derechos, e sy
hordenamientos que en mi fabor sean, e la ley, e regla del derecho,
en que dizque general renunçiaçión hecha de leyes non bala, e si es
TRANSCRIPCIONES
150 151
necesario renunçio las leyes de los enperadores Justiniano e Beliano,
que son en fabor e ayuda de las mugeres, que me non valan en esta
razón, por quanto por escribano yuso escrito fuy apercebida y abisada,
en espeçial en testimonio de lo qual otorgué la presente ante escribano
publico, e testigos de yuso escritos.
Y la dicha otorgante, a la que yo el presente escribano doy fe que
conosco, lo rmó de su nombre en el registro desta ciudad, que fue
fecha e otorgada en la dicha cibdad de los Reyes, beynte dias del mes
de setiembre, año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo, de
mill e quinientos e quarenta e nueve años, de lo qual fueron presente
por testigos Pedro Barba, e Juan de Monroy, e Cristobal de Soria,
estantes en esta cibdad.
Pasó ante my, Diego Gutierrez Escribano Público [Rubricado]
Doña Marya Martel [Rubricado]
TRANSCRIPCIÓN DEL TESTAMENTO DE JUAN RAMIRO
(21 DE OCTUBRE DE 1548)
BNP, A33:229v–233v,21–X–548. “Testamento Juan Ramiro”.
Este documento es el testamento de Juan Ramiro, vecino limeño y
esposo de María Martel, donde indica que posee una viña cercada
de ocho solares de extensión. Las vides de dicha viña, plantadas
por el mismo Ramiro años atrás, probablemente provinieron de
la viña madre de Hernando de Montenegro. Por su importancia
histórica, y por brindar una pequeña ventana a la vida y costumbres
del siglo XVI en el Perú, se presenta a continuación la transcrip-
ción paleográca completa del testamento.
[f.230V]
[cruz]
En el nombre de la Santisima Trinidad, Padre, e Hijo, e Espiritu Santo,
tres personas en un solo Dios verdadero que bibe e reyna por siempre
syn n. Sepan quantos esta carta de testamento vieren como yo Juan
Ramiro hijo legítimo de García Ramiro e defunto vezino que fue de
la çibdad de Trujillo de los reynos de España e de doña Mayor García
Sandoval. Vezino que soy desta çibdad de los Reyes de las provinçias
del Perú, estando enfermo del cuerpo e en mi buen seso juicio y enten-
dimiento natural y cunplida memoria, qual Dios nuestro Señor tuvo
por bien de me dar para que le conoçiese, e curase y si avyese como, al
señor mio y soberano bien mio asyendo comforme, y verdaderamente
creo en la Santísima Trinidad y la Santa Fe Católica y todo aquello
que bueno y el y católico cristiano debe tener y creer, reçelándome de la
muerte, qual es cosa natural a toda criatura, y con temor no me salve,
benga en tiempo tan arrebatado que no pueda ridemir my ánima
ny descargar my conçiençia de que se podria seguir a my salvaçión
TRANSCRIPCIONES
152 153
mucho peligro, por cual e ynpetrada para esto la ayuda divina, e por
ynterçisyón de la gloriosyma Virgen Santísima Madre de Dios señora
mia, a quién yo suplyco alcançe graçia del muy preçioso hijo redentor
mio, que lo que yo agora y en todo tiempo de mi byda hiziere e dicere
e pensase sea a cura e glorya e servyçio suyo, otorgo e conosco que hago
e hordeno este mi testamento y postrimera voluntad en las mandas y
legatos y las claúsulas en el contenidas en la forma y horden siguiente:
[item] Primeramente, encomyendo mi anima a Dios Nuestro Señor
que la cryó e redimyó por su preçiosysyma sangre y my cuerpo mando a
la tierra donde fue formado hasta el dya que my Redentor lo reçsuçite.
[item] Otro sy mando, que sy Dios tubyere por voluntad me llevar
dela presente byda mi cuerpo sea sepultado en la iglesia del monesterio
del Santo Domingo desta çibdad en y donde a mys
[f.231]
albeçeas paresçiera y se pague la limosna de mys byenes.
[item] Otro si mando que el dya de mi enterramiento sy fuera ora
suçiente y sy no otro dya siguiente se diga por mi anyma en el dicho
monesteryo una misa de requien cantada con sus ministros y en vygilya
y salgan con sus responsos sobre mi sepultura ofrendada de pan e byno
e çera e le pague de mys bienes la lymosna acostunbradas.
[item] Otro sy mando que en el dicho monesteryo me hagan a my
nobenaryo de nueve mysas cantadas en los prymeros dias después de
mi enterramiento ofrendadas de pan e byno e çera e se pague de mis
byenes la limosna acostumbrada.
[item] Otro si mando, que en la dicha casa y monesterio de Señor
Santo Domingo se digan por mi ánima quinze misas y le paguen de
mis bienes.
[item] Otro si mando, que en el monesterio de San Francisco desta
çibdad se digan por mi ányma quinze mysas las quales digan los frayles
del e le pague la lymosna de mis bienes.
[item] Otro si mando, que en el dicho monesterio de Santo
Domingo se digan por el ánima de mi padre quinze misas rezadas y
paguen de mis bienes las quales dichas misas que mando se digan en
Santo Domingo mando las digan los frayles del.
[item] Otro si mando, que en el dicho monesterio de Señor
Santo Domingo se me hagan e digan mys oçios e mysa al cabo
de año ofrendada de pan e byno e çera y se pague de mis byenes la
lymosna acostumbrada.
[item] Otro si mando a la Santa Cruzada y a las otras mandas
por cosas acostunbradas medio peso a cada una.
[item] Otro sy mando que qualquier persona que jurare que le
debo hasta quatro pesos y de a ley abaxo se le pague
[f.231V]
de mis bienes sin otra deligençia ny averiguaçión.
[item] Otro si mando, que se digan por las ánymas de purgagatoryo
y por las ánymas delas personas a quién lo otorgo que no se a quién
restituyllo quinze misas las quales digan [testado: los] en la yglesia
mayor desta çibdad los curas y clérigos della y le pague la limosna de
mis bienes.
[item] Otro sy mando que en el dicho monessteryo de Santo Santo
Domyngo los frayles del digan dos misas por el anima de don Françisco
yndyo de mi reparymyento que muryó.
[item] Otro sy declaro que lo que debo es lo syguiente:
[item] Otro sy mando a la Santa Yglesya de la fábrica dela Yglesya
Mayor desta çibdad seys pesos.
[item] Otro sy mando, que en el monesteryo de Nuestra Señora
de la Merced desta çibdad se dygan quinze mysas por las anymas de
mis aguelos e de santos por quién soy obliguado a resar, y se pagen de
mis bienes.
[item] Primeramente declaro que debo a Diego de la Llave
trezientos çinquenta pesos de un caballo que me vendyó, mando que
le paguen con mis bienes.
[item] Yten devo al dicho Diego de la Llave dozientos y beynte pesos
que me prestó, mando que se paguen de mys bienes.
TRANSCRIPCIONES
154 155
[item] Otro sy declaro que devo al excelentísimo Arçobispo de esta
çibdad de los Reyes noventa y nueve pesos, mando que se le paguen
de mys bienes.
[item] Declaro que debo a la Caxa del Rey desta çibdad çiento y
çinquenta y çinco pesos, mando que se paguen de mys bienes.
[item] Otro sy debo a Alonso Sánches, estante enesta çibdad, çiento
y quatro pesos, mando que se paguen de mis byenes.
[item] Otro sy declaro que debo a Diego Escobar estante en esta
çibdad trezientos y çinquenta pesos por una obligación que le tyene señora
doña María Martel my muger, mando que le pague de mys bienes.
[f.232]
[item] Otro sy declaro que debo a Juan Garcya q[roto] tos pesos de oro
de çiertas quentas que en el e a my a avido, mando que se averyguen
e se le pagen lo que se le debyere de mys bienes.
[item] Otro sy declaro que debo a Paez, contero, çinquenta y
quatro pesos los quales se les pagado.
[item] Otro sy declaro que debo a Arevallo de resto de quenta
veynte e syete pesos, mando que se le paguen de mys byenes.
[item] Otro sy declaro que debo a Cristóval de Trujillo noventa
pesos por unas coracinas, mando que se la pagen de mys bienes.
[item] Otro sy declaro que debo a Torres, fundydor, çinquenta
pesos mando que se pagen de mys bienes.
[item] Otro sy debo a Alonso Hernándes, mayordomo de María
de Escobar, setenta y tres pesos mando se paguen de mys byenes.
[item] Declaro que debo a la yglesya de Çarayzejo, recámara del
Obyspo de Persia, çien pesos por el anyma de Françisco de Herrera que
está en la gloria. Mando que se paguen de mys bienes.
[item] Declaro que debo al monesteryo de la Merced desta çibdad
una porta paz de perta, que se le adoren, mando se le pague de mys
byenes y delos byenes de doña María my muger.
[item] Otro sy declaro que debo de Françisco de Herrera, prymero
marydo que fue dela dicha doña María my muger, veynte çinco pesos
a una ermita nombrada [testado: nombrada] Santa María de los
Hitos en Zarahizejo [Jaraicejo] en Estremadura, mando que se
paguen de mys byenes.
[item] Otro sy declaro que todas las dichas deudas que e decla-
rado que devo las debemos la dicha doña María Martel my muger e
yo y sean de pagar [testado: dla] de montón de la hazienda que ella
e yo tenemos.
[f.232V]
[item] Otro sy declaro que al tiempo que yo casé con la dicha doña
María muger traxe a su poder myll pesos los quales e destrybuydo en
su poder y estonces [sic] no debya deudas nyngunas.
[item] Otro sy ruego y pido por mando a la dicha doña María
Martel my muger que sy mas debdas de las sobredichas paresçiere que yo
debo, que las pague por my dela hazienda que tenemos e sy no bastaçe,
de la suya por el amor grande que syenpre nos hemos tenydo.
[item] Otro sy declaro que me debe [añadido: fulano que no se su
nombre] çiento e veynte çinco pesos de unas feryas de un caballo, mando
que se cobren del, delo qual tengo un conoçimyento.
[item] Otro declaro que me debe Martín Pérez ochenta e seys pesos
de que tengo conoçimiento contra él, mando que se cobren.
[item] Otro sy declaro que tengo del dicho Martín Pérez una
escriptura contra la hazienda real de un monto de contya de ocho çientos
pesos, de que le tengo fecha una çédula por él, la qual obligación tengo
en prendas de los dichos ochenta y seys pesos, mando que pagándolos y
cobrando la dicha çédula, se le buelva la dicha obligación.
[item] Otro sy declaro que me debe Pedro de Xarbajal quarenta
[testado: çinquenta] pesos por un conoçimiento, mando que se cobren.
[item] Otro sy declaro que a me debe Alonso Galán çientos pesos
de oro de quenta de çierta carne que dy a su ynjenio, mando que se
cobren del.
[item] Otro sy declaro que los bienes que al presente tengo son los
siguientes, demás delas debdas arriba declaradas:
[item] Un caballo ruçio [gris o rubio].
[item] Una mula parida de la isla.
TRANSCRIPCIONES
156 157
[item] Un esclavo que se llama Juan Negro.
[item] Una cota, y mangas, y çaragueles, y coraçinas.
[f.233]
[item] Dos chamarras, una de paño y otra de seda, y dos capas y un
capot [roto] de grama.
[item] Una chácara.
[item] Treynta e quatro bacas.
[item] Çiento y tantos puercos.
[item] Otro sy declaro que traxe a poder de la dicha doña María
Martel mi muger un negro y un caballo hobrero, que vendi en seteçientos
y çincuenta pesos delas quales dyneros o de parte dellos conpré ocho
bacas, en todo lo qual desta partyda entran los dichos mill pesos, que
arriba dige que traxe a poder dela dicha doña María Martel mi
muger, los quales y esto es toda una cosa y del valor delo contenido en
esta partida e no mas.
[item] Otro sy declaro que tengo las casas donde al presente bibo
las quales e edyfycado durante el matrymonio con la dicha doña María
Martel my muger.
[item] Otro sy tengo una byña çercada de dos quatro solares
que yo planté que está çerca de esta çibdad.
[item] Otro sy tengo senbradas beynte hanegas de trigo en una
chácara camyno de la mar.
[item] Mas tengo senbradas cuatro hanegas de fryxoles.
[item] Otro sy tengo mas una cota de malla gruesa en poder de
Grysóstomo de Hontyberos en Guamanga que se la presté, mando que
se cobre de el.
[La cota de malla era de una especie de un camisa o túnica larga
conformada por anillos de metal entrelazados, que podían ser de
hierro, bronce, o acero, en la que cada anilla se unía con varios otros
eslabones, siendo el patrón más frecuente el de cuatro a uno, si bien
también existían otros diseños.]
[item] E para conplyr e pagar este my testamento e las mandas, e
legato, e pias cabsas en él contenydas, dexo e establesco por mys albaçeas
y testamentaryos al Muy Reverendo padre fray Gaspar de Caravajal
dela orden de Señor Santo Domyngo residente en su casa desta çibdad
y a la dicha doña María Martel my muger y a don Pedro Portocarrero
[esposo de María de Escobar] vezino desta çibdad, a los quales todos
tres justamente y a
[f.233V]
cada uno dellos por sy ynsolydum, doy e otorgo poder cunplydo para
que entren e tomen e vendan de mys bienes las mejores e mas byen
pagados de ellos en almoneda o fuera della, e compren e paguen este
my testamento, e todo bien es cumplido, para lo qual les doy el dicho
poder como de derecho en tal cabsa se requiere.
[item] E cunplydo e pagado este my testamento e las mandas e
legatos e pias cabsas en el contenidas en el remanyente que quedare e
sacare de todos mys bienes, muebles e raizes, e semovyentes derechos e
acçiones, dexo e ynstituyo por my lygitima e unyversal heredera a la
dicha doña María García de Sandoval my madre para que los aya
y erede todo, e unyversalmente, e por esta presente carta reboco, caso,
e anulo, e doy por nyngunos e de nyngún valor y efeto todos otros
qualesquyer testamento, o testamentos, cosdiçilyos, e mandas que
antes deste aya hecho e otorgado por palabra o por escripto o en otra
qualquyer manera para que no valgan ny haganse ny tengan fuerça
ni vigor en juizio ni fuera del salvo este my testamento que y agora
hago y ordeno el qual quiero e mando que valga por my testamento, o
por my cosdyçilyo, o por escriptura pública, o por aquella vyas e forma
que mejor aya, mas puede y debe valer por que esta es my última e
postrímera voluntad.
[item] Otro sy declaro que todas las debdas y bienes que declaro
que me deben y tengo son abydas y adquirydas durante el matrymonio
dentre la dicha doña María Martel my muger e mi, e que son bienes
partybles entre ella e mis herederos, y dellos le perteneçen la mytad a
la dicha my muger y asy a mi, si no le caben a pagar la mitad de las
dichas debdas que declaro que debo.
TRANSCRIPCIONES
158 159
[f.234]
[item] Otro sy mando al reverendo padre fray Domingo Pelegryn,
frayle del dicho monesteryo de Señor Santo Domingo, y enfermero en
la dicha casa, un ábito el qual mando se le dé de mys bienes.
[item] Otro sy mando que le den diez ovejas para yndios pobres
naturales desta çibdad e se den de mys bienes.
[item] Otro sy mando a Juan my hijo mestizo que tengo en el
Cuzco, tres bacas de mys bienes para sus alimentos, e ruego e pido por
mando a la dicha doña María Martel my muger lo reçiba, y tenga en
su poder y lo rija a vida, respecto ques my hijo.
[item] En testymonio delo qual otorgué la presente carta ante escribano
público e testigos yuso escriptos, en el registro de la qual rmé mi nombre.
E yo el dicho presente escribano doy fee que conozco al dicho otorgante
e que se llama como se a nombrado ensta carta, que fue fecha e otorgada
enla dicha çibdad delos Reyes beynte e un días del mes de otubre año
del nasçimiento de nuestro Salbador Jesucristo de mill e quinientos e
quarenta e ocho años, a lo qual fueron presentes por testigos Rodrigo
de Cantos, e Diego de Torres, e Baltazar de Vargas, e fray Domingo
Peregrino e Juan de Monroy, estantes ensta dicha çibdad, e al tiempo
que quiso rmó, e doy fee que pudo e hizo estos rasgos de abaxo e a su
ruego rmar el dicho fray Domingo Pelegrino, testigos los dichos.
JR [rubricado]
Fray Domingo Pelegrino [rubricado]
Diego Gutierrez
Escribano Público de Su Magestad [rubricado]
E luego yncontinenti el dicho Juan Ramiro dixo e pidió se asentase
que por quanto el tiene en Potosí unos anaconas juntamente con los
anaconas de Pedro de Soria, e los a tenido a su cargo Baltazar
[f.234V]
Velazquez, e delo que le an sacado en plata los dichos anaconas
seteçientos pesos, mando que ver desto, e lo que mas ovieren sacado
que dixere el dicho Baltazar Velazquez, lo aya el dicho Baltazar
Velazquez para si, porque dello se hizo graçias e donasción, por
TRANSCRIPCIONES
aquella via e forma que de derecho mas puede e debe balerlos, qual
mando balga por el dicho su testamento, o por su cosdiçilio, o como
de derecho mejor aya lugar, a su qual fueron presentes por testigos
los arriba en el dicho su testamento contenidos, e rmó a su ruego un
testigo, porque dixo que por la gravedad de la dicha su enfermedad
no podía ni pudo.
Pasó ante mi, Diego Gutierrez, escribano público de Su Magestad
[rubricado]
Por testigo: Baltazar de Vargas
160 161
TRANSCRIPCIÓN DE CARTA PODER DE FRANCISCA
Y HERNANDO PIZARRO PARA VENTA DE ESTANQUE,
HUERTA Y VIÑA.
AHPV, 6.831; 28–IX–1556. “Carta(s) [de poder] de venta de
Hernando Pizarro de diversos bienes en la ciudad de Los Reyes
por intermedio de su apoderado Martín Alonso”.
En esta carta, escrita en el Castillo de La Mota (España) en 1556
por Hernando Pizarro y su esposa/sobrina Francisca, otorgan un
poder a Martín Alonso, su mayordomo en Lima, para que pueda
vender todas sus propiedades en dicha ciudad. Entre los bienes,
se encontraban un estanque, huerta y viña que Francisca había
heredado de su padre, Francisco Pizarro. Este documento es una
evidencia de que el conquistador del Perú pudo haber plantado
una viña antes de su muerte en 1541. Por lo tanto fue, junto a la
viña de Hernando de Montenegro, una de las más antiguas de
Lima, del Perú y del hemisferio sur de América. A continuación,
la transcripción paleográca completa de la carta poder.
[f.509]
A veinte ocho de setiembre de 1556 años [cruz]
Poder
Sepan quantos esta carta de poder bieren como yo Hernando Piçarro
vecino de la çibdad del Cuzco que es en la Nueva Castilla llamado Perú
estante al presente en La Mota e fortaleza de la billa de Medina del
Campo, por mandado de Su Magestad, e yo doña Françisca Piçarro su
muger / con hazienda que pido e demando al dicho Hernando Piçarro,
mi señor e marido, que presentes está, me dé e otorgue para que yo por
mi sola e juntamente con él pueda hazer y otorgar e jurar esta presente
carta e todo lo que en ella de yuso será contenido e declarado, e yo el dicho
Hernando Piçarro digo que doy e conçedo a vos la dicha doña Françisca
Pizarro mi muger la dicha hazienda así que presto que por vos me es
pedida e demandada / e la lo, apruebo e ratico e he por buena e me
obligo de estar e pasar por lo que por virtud de ella fuere hecho e de ni
yr ni benir contra ello mi parte de ello agora ni en tiempo alguno ni por
alguna manera su obligaçión que para ello hago de mis bienes propios,
juros e rentas, muebles e raízes abidos e por e por aber / por ende yo el
dicho Hernando Piçarro e yo la dicha doña Françisca Piçarro su muger
por su virtud de la dicha hazienda e de la usando a unos a dos junta-
mente e otorgamos e a nos çemos por esta carta que damos e otorgamos
todo nuestro poder cunplido bastante así como nos le abemos e tenemos
e de derecho mas puede debe baler con libre e general administraçión
a bos Martín Alonso nuestro mayordomo estante en las probinçias del
Perú que estays absente como si fuesedes presente e a quién sustituyerdes /
espeçialmente para que por nos y en nuestro nonbre / e como nos mismos
lo pudiéramos hazer siendo presentes / podays bender e bendays todas
las chácaras e tierras que yo el dicho Hernando Piçarro tengo e poseo en
la çibdad de Los Reyes e su término e juridiçión que es en el dicho Perú
/ e el estanque e huerta e biña [añadido entre reglón: e tierras e solares
perteneçientes al dicho estante [sic] e a mi, como a señora de ellos] que yo la
dicha doña Françisca Piçarro he e tengo en la dicha çibdad de Los Reyes
[añadido entre reglón: e sus arrededores] lo qual todo podays bender e
bendais a la persona o personas e por el preçio o preçios que quisierdes al
contado o al ado siendo personas abonadas y en quien esté bien segura e
çierta e apresa / de ello e hazer e otorgar sobre ello [falta línea en copia]
[f.509v]
çiones de leyes que para su balidaçión sean nesçesarios e o que fueren
pedidas obligando en ella y en cada una de ellas a la ebiçion e sanean-
miento de lo mas dicho nuestras personas e bienes, muebles e raizes
propios, juros, e rentas presentes e futuros de nos e de cada uno de nos
e los bienes propios dotales arrales e parafrenales e hereditarios de mi
la dicha doña Françisca Piçarro los quales nos por la presente para ello
TRANSCRIPCIONES
162 163
obligamos espeçial y espresamente que siendo por vos el dicho Martín
Alonso o por el dicho buestro sustituto hecho bendido tratado e otor-
gado nos lo hazemos e otorgamos lo amos aprobamos e raticamos e
hemos por bueno e nos obligamos de estar e pasar por ello e lo cunplir
guardar e mantener e aber por ferme e no yr ni benir contra ello ni
parte de ello en tiempo alguno ni por alguna manera e para que podays
resçibir e cobrar en nuestro nombre e para nos mismos los nuestros e
otras qualesquier cosas que por las dichas chácaras e tierras e estanque
e biña e guerta e tierras e solares os dieren e de lo que resçibieredes e
cobraderes podays dar e otorgar e dedes e otorguedes buestras cartas de
pago e nequito las quales balan e sean fermes bastantes e valederas
como sy nos mismos las diésemos e lo resçibiésemos e cobrásemos e siendo
nesçesario parezer en juyzio podays parezer e parezcades ante todas e
qualquier justiçias e juezes de Su Magestad de qualquier fuero e juri-
diçión que sean asy de los reynos e probinçias de Perú como de otras
partes ante ellos e qualquier de ellos podays entrar demandar e pedir
qualesquier entregas execuçiones, enbargos, prisyones, ventas, tranzes,
e remates de bienes, e tomar posesyón de ellos e de otros qualesquierdes
e hazer en nuestras animas qualesquier juramentos e todos los otros
abtos, pedimientos, requirimientos, protestaçiones, e diligençias, que
conbengan e nesçesario sean de se hazer asy judiçiales como estra
judiçiales e que nos mismos haríamos e hazer podríamos presentes se
yendo aunque sean tales e de tal calidad que según de derecho requieran,
e devan aber en si, otro nuestro mas espeçial poder e mandado e presençia
personas / porque quan cunplido e bastante poder como nos abemos e
tenemos para todo lo que dicho es e para cada una cosa e parte de ello
o otras e tan cunplido y ese mismos damos e otorgamos a bos el dicho
Martín Alonso / e a quien sustituyerdes con todas sus ynçidençias e
dependençias emergençias anexidades e anexidades [sic] e prometemos
[falta] de aber por bueno ferme
[f.510]
e baleden este dicho poder e todo quanto por birtud de el fuere hecho bendido
e otorgado e cobrado e de no yr ni benir contra ello ni parte de ello agora
ni en tiempo alguno ni por alguna manera su obligaçión que para ello
hizemos de las dichas nuestras personas e bienes e para mayor balidaçión
e fermeza de este dicho poder e de la benta o bentas que por birtud de el
fueren hechas e otorgadas yo la dicha dona Françisca Piçarro por birtud
de las dicha hazienda juro por Dios Nuestro Señor e Santa María su
madre e por una señal de cruz tal como esta [cruz] donde corporalmente
pasé mi mano derecha e por las palabras de los Santos Evangelios do
quiera que mas largamente son escriptas que agora y en todo tiempo del
mundo lo aré aprobaré e raticaré esta dicha carta de poder todo lo que
TRANSCRIPCIONES
Carta de Poder de venta de Hernando y Francisca Pizarro de diversos bienes en
la ciudad de Los Reyes por intermedio de su apoderado Martín Alonso. AHPV,
6.831; 28–IX–1556.
164 165
por birtud de ella fuere hecho bendido e otorgado e cobrado e de no yr ni
benir contra ello ni parte de ello doziendo ni alegando que para lo hazer
y otorgar fuy forçada atrayda ni amenazada por el dicho mi marido ni
por otra persona alguna ni que en ello fuy lesa ni endañada enorme ni
enormísimamente ni que hera ni soy mayor ni menor de hedad de beynte
e çinco años ni pediré restituçión y ny intrigando ni otro remedio ni
recurso alguno que sea pensado ni por pensar e sy contra ello o parte de
ello fuere o pasare o de ello reclamaré que me non vala ni sobre ello sea
oyido ni admetida en juizio ni fuera de él, e la aya y en contra en caso
de perjura e ynfame, e de menos valer e so cargo del dicho juramento
prometo e me obligo de no pedir ni que pidiré absuluçión ni relaxaçión
de este juramento ni del perjuro de el a Nuestro Muy Santo Padre ni a
su delegado ni a otro juez ni perlado que poder e facultad tenga de me lo
relaxar y en caso que de mi pedimiento o de propio motivo me sea relaxado
no basaré de la tal relaxaçión ante que tantas quantas bezes me fuere
relaxado tantas bezes sea bisto tornarlo a jurar e raticar de nuebo / en
fermeza de lo qual nos anbos a dos otorgamos esta carta de poder e todo
lo en ella contenido ante Juan de la Rúa escribano público del número de
la dicha billa de Medina del Canpo por Sus Magestades al qual rogues
que la signase con su sygno e a los presentes que de ello fuesen testigos
[f.510v]
que es fecha e otorgada en la dicha billa de Medina del Canpo dentro
de La Mota e fortaleza de ella a beynte e ocho días del mes de setiembre
año del Señor de mill e quinientos e çinquesta e seis años / testigos que
fueron presentes a lo que dicho es e bieron ferman sus nombres a los
dichos otorgantes yo el dicho escribano doy fee quales conozco, Diego
Rojas de Castillo e Bernando Moro e Cristóbal de Aranda / ba escripto
entre: vecina en ella dicha billa de Medina del Campo / ba escripto
entre ringlones oi día: e tierras e solares perteneçientes al dicho estanque
e a mi como a señora de ellos / bala.
Hernando Piçarro [rúbricado]
Doña Françisca Piçarro [rúbricado]
TRANSCRIPCIÓN PARCIAL Y RESUMIDA DE
MANUSCRITO SOBRE LOS PRIMEROS TERRENOS DEL
CONVENTO DE SAN FRANCISCO
AHCSF, I–30A. “Registro XXX del Archivo de [...] de esta Santa
Provincia de los Santos Apóstoles de Lima...”
En los archivos históricos del convento de San Francisco de Lima
se encuentra un extenso manuscrito que brinda información
importante sobre dos personajes descritos en este libro.
El primero es Pedro López de Cazalla, mencionado por
Garcilaso de la Vega como el productor del primer vino de
Cusco. Este manuscrito muestra que López de Cazalla tuvo
una huerta colindante con el estanque y huerta de Francisco
Pizarro. El segundo personaje es Juan Váez, señalado como
el comprador de dicho estanque y huerta en 1559. Estos dos
personajes se describen en el contexto de la orden emitida por
el virrey Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, que se
relaciona con la compra del estanque y huerta de Pizarro para
anexarlos al convento de San Francisco.
A continuación sigue una transcripción, parcial y muy resu-
mida, de ese documento manuscrito. Nos hemos concentrado en
las partes vinculadas a los personajes mencionados.
TRANSCRIPCIONES
166 167
[f.1]
Registro XXX del Archivo de
[...] de esta Santa Provincia de los
Santos Apóstoles
de Lima
Contiene los documentos pertenecientes al
Convento Máximo de Jesús de Lima, Ordena
dos y mandados enquadernar por Nuestro
Reverendo Padre Fray Juan Francisco de Landa
Lect. Jub.# Calicador del Santo O
cio por la Suprema Oral
Inquisición, y Ministerio
Provincial A direc
ción
[al margen: Año de 177]
del Reverendo Padre Fray Fer
nando Rodrigues Tena Lect.
Jub.# Doctor eólogo en la Real de San Mar
cos, ex Custodio, y Regente de Estudios de Guadalupe
[f.95v]
...Muy Reverendo Señor Pedro Bernal en nombre de Pedro Lópes
de Caçalla paresco ante Vuestra Paternidad con protestación que
hago, que por lo hecho, e por lo que hiciereen esta Causa de no atri-
buille Juridición alguna en el Pleyto que trato con los Frayles de
San Francisco....
[f.101v]
En cumplimiento de lo qual en la Ciudad de los Reyes en dies días del
dicho mes de Febrero del dicho año [1545], el dicho señor Don Antonio
de Rivera Alcalde en prescencia de mi el dicho Diego Gutierres Escri-
vano e testigos de yuso escriptos fue a la Huerta del dicho Pedro López
que es junto á esta Ciudad frontero del Río de la una parte, e por la
otra frontero de un Cercado del Marqués Don Francisco Pizarro Calle
en medio frontero de Solares e Horno de Cal de Christoval de Burgos
Calle en medio e por delante Solares que fueron de Juan de León Calle
en medio e por el dicho Señor Don Antonio de Rivera Alcalde visto e
dicho pedazo de tierras que está delante de la dicha Huerta e Solares
del dicho Pedro López...
[f.211]
...Don Hurtado de Mendosa marques de Cañete Guarda mayor dela
Ciudad de Cuenca Viso Rey e Capitan General de estos Reynos e
Provincias del Peru porsu
[f.211v]
Magestad etcétera= Por quanto Fray Geronimo Castillo Guardian
del monasterio de señor San Francisco de esta Ciudad de los Reyes me
hizo relación diciendo que visto por el Cavildo de esta dicha Ciudad
como el dicho monasterio havia havido el Estanque por la necesidad
que del tenia se havia proveydo de una Calle que pasa entre el dicho
Estanque y el dicho monasterio. Para que el dicho monasterio se pueda
servir del dicho Estanque, se abra otra Calle como dixo que parecía
por el Proveymiento que el dicho Cavildo hizo que presento. El tenor
dela qual es esta que se sigue. En la Ciudad delos Reyes
[f.212]
en veynte e tres dias del mes de mayo de mil e quinientos e cincuenta
y ocho años...
[f.213v]
...Su Excelencia conrmó al Convento de San Francisco lo proveydo...
[f.218]
...En la Ciudad de los Reyes de estos Reynos e Provincias del Pirú en
primero día del mes de Febrero de mil e quinientos e cincuenta e nueve
años estando en la Casa e Monasterio de Señor San Fransisco de esta
dicha Ciudad, estando juntos y congregados...
TRANSCRIPCIONES
168
[f.219]
...se havía puesto Demanda en la Real Audiencia, e Chancillería que
recide en esta dicha Ciudad á Juan Váez mercader morador en esta
dicha Ciudad en que le havían pedido que por el tanto como el havía
labrado e comprado la Huerta, Estanque
[f.219v]
e Cercado, e Solares, e Tierra que fue del Marqués Don Francisco Pisarro
se les diese por ser mas sercanos á las dichas Casas, e tener necesidad
de ellos para las ensanchar, e redicar, e tener otras Cosas necearias
sobre que se trató Pleyto, e de dieron Sentencias en vista y en grado de
revista, en que en efecto se mandó que se nombras en Personas Tasa-
dores, que tasasen, e preciasen la dicha Huerta, Estanque, Solares, e
Cercado, e que en lo que se tasase lo tomasen, e se las diese, y entregase
en virtud de las quales se nombraron ciertas Personas por Tasadores
e apreciadores...
[f.222v]
...concierto con el dicho Juan Váes en que en cumplimiento de la dicha
Executoría Real, e por virtud de la Posesión que havía tomado, sóla-
mente quedase á la dicha Casa de Señor San Francisco el dicho Estanque
e huerta incluso debaxo de los límites de suso declarados en precio de
tres mil pesos de buen oro, e que todo lo demás sin tomar cosa alguna
el dicho Monasterio, ni la dicha Casa de San Juan de la Penitencia,
quedase libremente ál dicho Juan Váez, e se le hiciese dexa
[f.223] ción para que él como cosa suya agora e para siempre jamás lo
tuviese e poseyese.
171
REFERENCIAS Y NOTAS
VIDA DE HERNANDO DE
MONTENEGRO
1 – RAHE, 9/30, F. 62. Tabla
genealógica de la familia Monte-
negro, vecina de Guadalajara.
2 – La Gasca, Pedro de (1549).
Certificación a Hernando de Monte-
negro. 5 de octubre de 1549. Publi-
cado en: Marqués de Rafal (1932).
Datos inéditos para la biografía
del capitán Hernando de Monte-
negro: Compañero de Pizarro en la
conquista del Perú. Madrid: Tipo-
grafía de archivos. Olózaga, I. (p. 5).
3 – Cieza de León, Pedro de
(1553). Del Señorío de los Incas:
Tercera parte de la Crónica del
Perú. Publicado en: Páez, J. Roberto
(1960). Cronistas coloniales.
Segunda parte. Puebla, México: J. M.
Cajica Jr. (pp. 147-150, 153-155).
4 – Góngora, Mario (1962). Los
Grupos de Conquistadores en Tierra
(1509-1530). Santiago: Universidad
de Chile, Centro de Historia Colonial
(pp. 73, 75).
5 – AGN, Catálogo Protocolo
Ambulante (1533-1538). AGN,
Número de escritura: 88, F.56-56V
(6 junio 1533). Juan Gil de Monte-
negro, Obligación, Cajamarca.
6 – Del acta de repartición del
rescate de Atahualpa, otorgado
por el escribano Pedro Sancho,
17 de junio 1533. Publicado en:
Fuentes, Manuel A. (1866). Estadís-
tica General de Lima. Tomo I. París:
Tipografía de A. Lainé et J. Havard
(pp. 22-25).
7 – Loredo, Rafael (1958). Los
Repartos: Bocetos para la nueva
historia del Perú. Lima: Imprenta
D. Miranda (pp. 393-494).
8 – Loredo, Rafael (1958). Ibid.
(pp. 117, 127).
9 – AGI, JUSTICIA, 421, N. 1.
Probanza de servicios de Hernando
de Montenegro. Testimonios de
Alonso de Palomino (12 de febrero
1573) y Nicolás de Ribera, regidor
(24 de febrero 1573).
10 – Los otros proveedores
eran Diego de Almagro, Domingo
de Soraluce (uno de los trece del
Gallo), Juan de Vallejo y Lorenzo
Hernández de Soria. Fuente: Trujillo,
Diego de (1571). Relación. Publi-
cado en: Biblioteca peruana. Primera
serie. Vol. 1 (1968). (34) Proveedores.
Lima: Editores Asociados (p. 51).
11 – AGI, PATRONATO, 129,
R.1, F. 3V.
12 – AGI, PANAMA, 234, L. 5,
F. 149R. AGI, INDIFERENTE, 422,
L. 16, F. 75. AGI, INDIFERENTE,
422, L. 16, F. 75R(11).
13 – Pérez Canepa, Rosa
(1954). Matrimonios del Sagrario
de Lima 1568-1576. Revista del
Instituto Peruano de Investigaciones
Genealógicas. Vol. 7. Lima (p. 46).
14 – Loredo, Rafael (1958).
Ibid. (pp. 536).
15 – Cobo, Bernabé (1639).
Historia de la fundación de Lima.
Cap. VIII. De la traza con que el
Gobernador Don Francisco Pizarro
fundó esta ciudad, la planta que de
ella se hizo y repartición de solares
en sus pobladores. Publicado en:
Gonzales de la Rosa, M. (1882).
Colección de Historiadores del
Perú. Lima: Imprenta Liberal (p. 47).
16 – La Gasca, Pedro de (1549).
Ibid. (p. 6).
17 – Busto Duthurburu, José
Antonio del (2001). Pizarro. Tomo II.
Lima: Petroperú, Ediciones COPÉ
(pp. 281-285).
18 – AGI, LIMA, 566, L. 4, F. 204.
AGI, LIMA, 566, L. 4, F. 263.
19 – Torres Saldamando,
Enrique (1880). Libro primero de
cabildos de Lima. París: Imprimerie
Paul Dupont (pp.108-116, 162-165).
20 – Ibid.
21 – AGI,LIMA,565,L.3,F.25.,
AGI,LIMA,565,L.3,F.25V.
22 – AGI, LIMA, 565, L. 3, F. 91.
23 – AGI, LIMA, 565, L. 3, F. 99.
24 – AGI, LIMA, 565, L. 3, F. 104.
25 – La Gasca, P. de (1549). Ibid.
26 – AGI, LIMA, 566, L. 4, F. 203.
AGI, 566, L. 4, F. 204V. AGI, LIMA, 566,
L. 3, F. 204. AGI, LIMA, 566, L. 4, F. 263.
27 – AGI, LIMA, 566, L. 4, F. 219.
AGI, LIMA, 566, L. 4, F. 218. AGI, LIMA,
566, L. 4, F. 217.
28 – AGI, LIMA, 566, L. 4, F. 239V.
29 – (1892). Nobiliario de
Conquistadores de Indias. Lámina X.
Madrid: La Sociedad de Bibliófilos
Españoles (pp. 216-218).
30 – AGN, P.N.153, F. 482-484.
Juan de Sedeño, Pedro de Salinas,
7 octubre, 1542.
31 – La Gasca, P. de (1549). Ibid.
32 – Riva Agüero, José de la
(1968). Obras completas. Tomo VI:
Estudios de historia peruana. La
conquista y el virreinato. Lima: PUCP
(p. 176).
33 – La Gasca, P. de (1549). Ibid.
34 – AGN, P.N.154, F. 633V-
634V. Pedro de Salinas, 26
noviembre, 1546.
35 – La Gasca, P. de (1549). Ibid.
36 – AGI. INDIFERENTE, 1964,
L. 11, F. 278V-279.
37 – Lee, Bertram T. (1935).
Libro de Cabildos de Lima. Libro 4.
Lima: Sanmarti-Torres Aguirre
(p. 287).
38 – Lizárraga, Reginaldo
(1605). Descripción colonial. Libro II.
Cap. XI. Publicado en: Roldán, Juan
(1916). Buenos Aires: Librería La
Facultad.
39 – AGI, LIMA, 567, L. 7,
F. 334R-334V.
40 – Pereyra Plasencia, Hugo
(1984). Mita obrajera, idolatría y
rebelión en San Juan de Churín
(1663). Boletín del Instituto Riva-
Agüero. Núm. 13. Lima: Instituto
Riva-Agüero (p. 220-221).
41 – AGI, INDIFERENTE, 738,
N. 67b). RAHE. Ibid.
42 – Marqués de Rafal (1932).
Ibid. (p. 10). AGI, REGISTRO DE
EJECUTORIAS. LEGAJO 0563.
AGI, REGISTRO DE EJECUTORIAS,
CAJA 1108, 17. AGI, SALAS DE
HIJOSDALGO, CAJA 1677,6.
43 – Marqués de Rafal (1932).
Ibid. Torres Saldamando, Enrique
(1880). Ibid. (pp. 27-28).
REFERENCIAS Y NOTAS: ANEXOS Y TRANSCRIPCIONES
172 173REFERENCIAS Y NOTAS: ANEXOS Y TRANSCRIPCIONES
44 – AGI, JUSTICIA, 421, N. 1.
Dejación que haze Hernando de
Montenegro El Viejo de sus yndios
encomendados de Su Magestad.
Carta de recomendación de Lope
García de Castro a Hernando de
Montenegro El Viejo confirmando
encomienda a su hijo. Encomienda a
Hernando de Montenegro El Mozo.
22 de mayo 1569.
45 – Ibid. La dexaçión que
hizo Hernando de Montenegro
El Moço y encomendado… 15 de
septiembre 1569.
46 – Ibid. Testimonio de Pedro
de Cáceres a la tercera pregunta en
probanza de Hernando de Monte-
negro. 3 de abril 1573.
47 – Pérez Canepa, Rosa
(1954). Ibid.
48 – AGI, JUSTICIA, 421, N. 1.
Carta de Diego de Barrionuevo
a la Real Audiencia de Lima. 6 de
junio 1570.
49 – Ibid. Fallo de la audiencia
de Lima en caso de Diego de Barrio-
nuevo y Hernando de Montenegro.
11 de septiembre 1573. Carta de
poder de Hernando de Montenegro
El Viejo. 26 de octubre 1573.
50 – Ibid. Carta de Ana Bravo
de Paredes declarando ser tutora de
Lucía de Montenegro y heredera de
su abuelo Hernando de Montenegro
El Viejo. 4 de diciembre 1574.
51 – Carta del virrey D. Fran-
cisco de Toledo dando cuenta…, La
Plata, 30 de noviembre 1573 [sic].
Publicado en: Levillier, Roberto
(1924). Gobernantes del Perú. Cartas
y papeles. Siglo XVI. Documentos
del Archivo de Indias. Tomo V.
Madrid: Imprenta de Juan Pueyo
(pp. 230-231).
52 – Carta de Su Magestad
del licenciado Álvaro de Carvajal…
Los Reyes, 8 de Mayo 1577. Publi-
cado en: Levillier, Roberto (1924).
Gobernantes del Perú. Cartas y
papeles. Siglo XVI. Documentos del
Archivo de Indias. Tomo VIII. Madrid:
Imprenta de Juan Pueyo (p. 401).
53 – AGI, JUSTICIA, 421, N.1.
Fallo del Consejo de Indias e