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Scientific evidence of sensory integration as an approach to occupational therapy in autism

Authors:

Abstract

This article briefly presents the theoretical and practical background of Ayres Sensory Integration (ASI) and its application in autism spectrum disorder (ASD). Historical criticisms on the evidence of ASI as a therapeutic intervention are reviewed and contemporary evidence is presented. According to standards established by the Council for Exceptional Children (CEC), an international organization that develops criteria for categorizing evidence-based practices, ASI is an evidence-based practice.
EVIDENCIA DE INTEGRACIÓN SENSORIAL EN TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA 41
ARTÍCULO ESPECIAL - REVISIÓN MEDICINA (Buenos Aires) 2020; Vol. 80 (Supl. II): 41-46
ISSN 1669-9106
EVIDENCIA CIENTÍFICA DE INTEGRACIÓN SENSORIAL COMO ABORDAJE DE TERAPIA
OCUPACIONAL EN AUTISMO
ALEJANDRA J. ABELENDA, EKAINE RODRÍGUEZ ARMENDARIZ
Uutchi Desarrollo Infantil, Vitoria-Gasteiz, España
Resumen Este artículo presenta brevemente los antecedentes teóricos y prácticos de Integración Sensorial
de Ayres (ASI, Ayres Sensory Integration) y su aplicación en el trastorno del espectro autista (TEA).
Se revisan críticas históricas sobre la evidencia de ASI como intervención terapéutica y se presenta evidencia
contemporánea. Según estándares establecidos por el Consejo para Niños Excepcionales (CEC, Council for
Exceptional Children), organismo internacional que desarrolla criterios para categorizar prácticas basadas en la
evidencia, ASI es una práctica basada en la evidencia.
Palabras clave: autismo, integración sensorial de Ayres, práctica basada en la evidencia
Abstract Scientic evidence of sensory integration as an approach to occupational therapy in autism.
This article briey presents the theoretical and practical background of Ayres Sensory Integration
(ASI) and its application in autism spectrum disorder (ASD). Historical criticisms on the evidence of ASI as a
therapeutic intervention are reviewed and contemporary evidence is presented. According to standards established
by the Council for Exceptional Children (CEC), an international organization that develops criteria for categorizing
evidence-based practices, ASI is an evidence-based practice.
Key words: autism, Ayres sensory integration, evidence-based practice
Dirección postal: Alejandra J. Abelenda, Tipi Espacio Interdisciplinar
de Atención a la Infancia, Paseo de la Cruz Roja 5, 01015, Vitoria
Gasteiz, España
e-mail: judith@uutchi.com
La Dra. A. Jean Ayres (1920-1988), terapeuta ocupa-
cional y neuropsicóloga estadounidense, dedicó su vida
a la investigación de la teoría y práctica de integración
sensorial (IS), hoy llamada Integración Sensorial de Ayres
(ASI, Ayres Sensory Integration), explorando la relación
entre cerebro y comportamiento1, 2. Este modelo concep-
tual de terapia ocupacional busca explicar la relación entre
décits en la interpretación de sensaciones del cuerpo y
el ambiente, y dicultades académicas y de aprendizaje
motor. Desde su primera publicación en el campo (1966)
hasta hoy Ayres y sus continuadores han publicado nume-
rosos artículos cientícos sobre el tema. Sus principios se
han utilizado para entender y tratar diferencias sensoriales
en personas con trastorno del espectro autista (TEA),
entre otras condiciones. En EE.UU. la terapia ocupacional
utilizando ASI como abordaje está entre los servicios más
demandados por los padres de niños con TEA3.
La teoría de ASI postula que el proceso neurológico
de organizar las sensaciones del cuerpo y del ambiente
posibilita el uso del cuerpo de manera adaptativa en el
ambiente. Cuando hay dicultades, se maniestan como
dificultades de participación en la vida diaria. Ayres
enfocó su teoría en los sentidos proximales vestibular,
propioceptivo, y táctil, investigando sus contribuciones a
la función y los patrones de disfunción relacionados. Los
dos grandes patrones de disfunción sensorial identicados
en las investigaciones son modulación y discriminación2.
El primero puede resultar en hiper o hiporreactividad
sensorial (vestibular, táctil, auditiva, visual), y el segundo
(vestibular, propioceptiva, táctil), en dispraxia. Ambos han
sido ampliamente documentados en personas con TEA4-6.
Reconocer la existencia de una disfunción en ASI re-
quiere evidencia de décits de procesamiento central de
las sensaciones táctil, propioceptiva y/o vestibular. Para
identicar o descartar su presencia se utiliza una triada
de herramientas: pruebas de desempeño estandarizadas
como el Test de Integración Sensorial y Praxis (SIPT,
Sensory Integration and Praxis Test), cuestionarios como
la Medida del Procesamiento Sensorial (SPM, Sensory
Processing Measure) y observaciones clínicas de fun-
ciones neuromotoras, que en conjunto exploran el rango
total de disfunción en IS2, 7, 8.
La intervención en ASI se caracteriza por abordar los
décits identicados en el proceso de evaluación en el
contexto del juego autodirigido que el terapeuta adapta
continuamente para proporcionar el reto justo. Favorece
la participación activa del niño en actividades físicas,
sociales y funcionales ricas en experiencias sensoriales,
e individualizadas8. Otras intervenciones que aplican sen-
MEDICINA - Suplemento II, 2020
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saciones de manera pasiva, tratan un solo canal sensorial,
en las cuales el terapeuta planea la sesión antes de la
llegada del niño son mejor descritas como intervenciones
de base sensorial, para las cuales no se ha encontrado
evidencia suciente9, 10, y no deben confundirse con ASI.
Los principios de intervención de esta última se apoyan
en la investigación publicada sobre neuroplasticidad, es
decir, en el potencial del sistema nervioso para cambiar
en respuesta a la participación activa y autodirigida11, 12.
Integración sensorial y autismo
Cuando la Dra. Ayres comenzó a estudiar el impacto de
la disfunción sensorial en TEA en los años setenta, se
lo consideraba un trastorno del desarrollo raro y poco
estudiado, con una incidencia menor al 1%6. Basándose
en sus observaciones y en las neurociencias de su épo-
ca Ayres identicó dicultades para modular y registrar
sensaciones, junto a limitaciones de motivación en las
personas con TEA6. Años antes de ser publicadas las
primeras investigaciones sobre diferencias estructurales
y funcionales en el cerebro autista6, sus agudas observa-
ciones clínicas y estudios de neurociencias le permitieron
identicar la base neurológica de ese trastorno. Ayres
identicó diferencias en las regiones emocionales del
cerebro (sistema límbico y otros12) y su impacto sobre
la disminución en el registro y la modulación. Otras
diferencias descritas por Ayres se relacionan con el
impacto de las características funcionales del sistema
de recompensa y del cerebelo en la motivación para la
acción en personas con TEA. Múltiples investigaciones
contemporáneas corroboran sus hipótesis, incluyendo
estudios recientes que dan apoyo a la especicidad de
la dispraxia en autismo5, 6, 13.
La evidencia existente sobre las diferencias senso-
riales y de praxis en TEA sugiere el uso de ASI para
promover una mejor participación ocupacional. El resto
de este artículo discutirá las dicultades históricas en la
evidencia de ASI, y presentará suciente evidencia actual
para demostrar su ecacia.
Antecedentes
A comienzos del siglo veintiuno existió gran interés
por investigar la ecacia de la intervención de terapia
ocupacional basada en IS; los resultados de diversos
metaanálisis arrojaron resultados poco concluyentes14.
Para entender la causa, en 2007 un grupo de líderes del
enfoque de IS analizó la delidad a los principios teóricos y
clínicos de IS de los estudios de ecacia publicados hasta
entonces. Fidelidad es el grado en que una intervención
es el a las bases teóricas y clínicas subyacentes, y es
crucial para garantizar que la intervención en estudio
pueda ser replicada y diferenciada de otras intervencio-
nes8, 14. Los estudios revisados no representaban con
delidad los principios desarrollados por Ayres. Muchos
analizaban, en realidad, la ecacia de intervenciones de
base sensorial. Otros no ofrecían una caracterización
fenotípica de los participantes, o eran aplicados a niños
sin décits identicados de IS. Finalmente, se encontró
una gran inconsistencia en las medidas de resultados
utilizadas por los diferentes estudios, lo que hizo difícil
sintetizar sistemáticamente sus resultados15. Esto llevó a
concluir que sin una medida de delidad para operativizar
la intervención, sin un manual que la guíe y sin medidas
de resultados consistentes ningún estudio, incluyendo
aquellos con grupos de control aleatorizados, resulta
válido, conable y replicable, y no es posible conocer el
impacto de su intervención. Tampoco es posible diferen-
ciar intervenciones de ASI de otras.
Para dar respuesta a estas limitaciones, en 2011 se
publicó la Medida de Fidelidad a ASI14, en subsiguientes
estudios se utilizó la Escala de Logros de Objetivos
(GAS, Goal Attainment Scaling)16 y en 2015 se publicó
un manual para guiar la intervención paso a paso8. Es-
tas tres iniciativas permitieron a la disciplina de terapia
ocupacional investigar sistemáticamente la ecacia de la
intervención en ASI.
Sistematización de la investigación
Medida de delidad de Ayres Sensory Integration
La Medida de Fidelidad de ASI describe elementos
estructurales y del proceso clave en la intervención
identicados por el Colectivo para la Investigación en In-
tegración Sensorial (SIRC, Sensory Integration Research
Collaborative) basándose en una extensa revisión de
la literatura y entrevistas con expertos. Los elementos
estructurales reejan características propias del enfoque
como el espacio físico, materiales o entrenamiento pro-
fesional, entre otros. Los elementos del proceso miden
la adherencia a 10 estrategias terapéuticas clave de ASI.
Cada uno de los elementos estructurales y del proceso,
son esenciales para la provisión de intervención en ASI
con delidad14 (Tabla 1).
Guía clínica para implementar ASI en niños con TEA
Este manual describe el enfoque de terapia ocupacional
basado en IS desarrollado por Ayres, y su aplicación a
niños con TEA con dicultades para integrar la información
sensorial. Describe la implementación clínica de ASI me-
diante la metodología de toma de decisiones basada en
datos. Guía a los profesionales a evaluar sistemáticamen-
te al niño y a crear intervenciones efectivas basadas en la
evaluación con resultados medibles8. Ha sido desarrollado
y utilizado en diversos ensayos aleatorios controlados3, 17.
EVIDENCIA DE INTEGRACIÓN SENSORIAL EN TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA 43
TABLA 1.– Medida de delidad de Ayres
Elementos estructurales
1. Titulación del terapeuta:
Entrenamiento postprofesional en IS - certicación en Integración Sensorial (IS)/
Tests de Integración Sensorial y Praxis (SIPT)
– Supervisión
2. Componentes del informe de evaluación de terapia ocupacional:
Información histórica
Motivo de consulta
Patrones de desempeño
Procesamiento sensorial: modulación y discriminación
Control postural ocular
Habilidades viso-perceptivas y motoras nas
Coordinación motora, habilidades motoras gruesas, y praxis
Habilidades de organización
– Desempeño
Interpretación resumida
3. Entorno físico:
Espacio adecuado para realizar actividad física vigorosa
Disposición exible de equipos y materiales para un cambio rápido del entorno de
intervención
No menos de 3 ganchos para colgar equipos suspendidos, distancia mínima entre
ganchos de 2.5 a 3 pies
Uno o más dispositivos de rotación unidos al soporte del techo para permitir 360º
de rotación
Un espacio tranquilo
Uno o más juegos de cuerdas elásticas para equipos suspendidos
Colchonetas, cojines, almohadas
Equipo ajustable al tamaño del niño
Terapeuta que supervise el equipo accesible para un uso seguro
Equipo no utilizado almacenado o colocado para que los niños no puedan caerse
o tropezarse
Documentación de supervisión de rutina de seguridad de equipos
Variedad de equipos disponibles
4. Comunicación con familia y escuela:
El establecimiento de objetivos
Educación a familias y maestros
Elementos del proceso
1. Garantizar la seguridad física
2. Presentar oportunidades sensoriales
3. Ayudar al niño a alcanzar y mantener un nivel de alerta apropiado
4. Desaar el control postural, ocular, oral, o bilateral
5. Desaar la praxis y la organización del comportamiento
6. Colaboración en la elección de actividades
7. Adaptar las actividades para presentar el desafío justo
8. Asegurar que las actividades sean exitosas
9. Apoyar la motivación intrínseca del niño para jugar
10. Establecer una alianza terapéutica
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Escala de Logros de Objetivos (GAS, Goal
Attainment Scaling)
GAS es una herramienta que utiliza la referencia por
criterio para la evaluación de objetivos funcionales indivi-
dualizados de tratamiento. Evalúa aspectos del progreso
terapéutico que son difíciles de evaluar utilizando medidas
estandarizadas. Es congruente con la losofía de la te-
rapia ocupacional centrada en la persona y proporciona
un medio para identicar resultados de la intervención
relevantes para las personas que anteriormente eran
difíciles de medir8-10,16.
Consiste en identicar un grupo de objetivos indivi-
dualizados y especicar para cada uno una puntuación
dentro de un rango posible de resultados en cinco niveles
de logro representados por puntuaciones de -2 a +2.
GAS permite medir el cambio durante y después del
tratamiento con ASI, tanto en aplicaciones clínicas como
de investigación8, 16.
Evidencia contemporánea
Neuroplasticidad
La neuroplasticidad o capacidad del sistema nervioso para
cambiar en respuesta a la información y las demandas
ambientales, es un postulado clave de ASI2. La neuro-
plasticidad reactiva aborda los cambios en respuesta a
estímulos biológicamente signicativos6.
Dos revisiones publicadas en 2010 y 201911, 12 exami-
nan las premisas teóricas de ASI. Destacan la importancia
de la riqueza del entorno físico, la participación activa y la
motivación intrínseca del niño, recogidos en los elementos
estructurales y del proceso de la Medida de Fidelidad para
promover la neuroplasticidad reactiva14.
Estas publicaciones11, 12 revisan estudios que apoyan
otros postulados teóricos de ASI. Uno, la información
sensorial de una modalidad puede producir actividad ce-
rebral en el córtex primario de otra modalidad sensorial,
sugiriendo que el procesamiento de las sensaciones con
diferentes características está vinculado. Es decir, como
armaba Ayres, una modalidad sensorial se puede utilizar
para inuir en el procesamiento de otra. Dos, la integración
de dos modalidades sensoriales no tiene lugar cuando las
tareas son muy sencillas, sugiriendo y apoyando que el
impacto multisensorial depende de la complejidad de la
tarea. En ASI, este principio se conoce como “presentar
el reto justo”. Finalmente, sugieren el papel destacado de
los mecanismos de retroalimentación sensorial en varias
etapas de la ejecución de tareas motoras. Ayres sostenía
la importancia de la integración sensoriomotora en la
planicación de respuestas adaptativas (interacciones
exitosas con el ambiente en respuesta a una demanda11).
Este principio es fundamental para comprender el impacto
de la IS en el sistema nervioso central y su relación con
el patrón de dispraxia.
Estudios recientes
Recientemente un grupo de investigadoras utilizó los
estándares establecidos por el Consejo para Niños
Excepcionales (CEC, Council for Exceptional Children)
para analizar la evidencia más reciente sobre la ecacia
de ASI15. El CEC es un organismo internacional que se
ocupa de desarrollar estándares con los cuales analizar de
manera rigurosa y estandarizada la calidad de evidencia
existente sobre modelos de intervención en educación
especial. Investigadores capacitados pueden utilizar
estos estándares para valorar la calidad de estudios de
intervención. El CEC utiliza ocho indicadores de calidad
que analizan aspectos como el contexto y el entorno, los
participantes, la persona que administra la intervención, la
descripción de la intervención, la delidad, la validez inter-
na, las medidas de resultados y el análisis de los datos18.
Se analizaron estudios publicados entre 2006 y 2017.
Diecinueve fueron cribados por rigurosos criterios de
exclusión, 16 fueron eliminados por no cumplir con los
indicadores de calidad establecidos por el CEC. Los tres
restantes fueron analizados siguiendo dichos estándares.
Uno de ellos3 alcanzó el 100% de los estándares de cali-
dad del CEC, y el otro17 alcanzó el 85%. Ambos estudios
lograron el tamaño de efecto requerido por el CEC. Estos
estudios juntos cumplen con el requerimiento del CEC de
contar con dos estudios metodológicamente rigurosos de
comparación de grupos con asignación aleatoria, resulta-
dos positivos y un total de más de 60 participantes para
una práctica basada en la evidencia. El tercer estudio19
alcanzó el 50% de los estándares. El análisis de estos es-
tudios permitió concluir que la intervención de ASI alcanza
los criterios para una práctica basada en la evidencia para
niños con autismo entre los 4 y 12 años (Tabla 2).
Estos estudios alcanzan, además, los criterios de-
mandados para prácticas basadas en la evidencia por
otros organismos, tal como los del Grupo de Trabajo
de Servicios Preventivos de EE.UU. (United States Pre-
ventive Services Task Force) y el Instituto de Desarrollo
Infantil Frank Porter Graham (Frank Porter Graham Child
Development Institute)15.
En el año 2018 fue publicado otro estudio20 de interven-
ción en ASI que también cumple con numerosos indicado-
res de calidad del CEC. Se trata de un estudio clínico con
grupo de control y asignación aleatoria en niños con TEA.
Este estudio muestra resultados positivos que impactan
en la participación en actividades de la vida diaria. Signi-
cativamente, utilizó entre las medidas de resultados una
de motivación por las ocupaciones, y encontró una mejora
signicativa en el grupo experimental, relevante teniendo
en cuenta las limitaciones en la motivación para la acción
en los niños con TEA6.
EVIDENCIA DE INTEGRACIÓN SENSORIAL EN TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA 45
TABLA 2.– Requerimientos para considerar una práctica como basada en la evidencia (*)
Consejo para Niños Excepcionales (Council for Exceptional Children - CEC)
Dos estudios con grupo de control aleatorios de alta calidad (experimental) o quasi experimental,
efectos positivos, mínimo de 60 participantes entre ambos
Schaaf et al, 2014
Tipo de estudio Efecto N
Experimental positivo 32
Pfeiffer et al, 2011
Tipo de estudio Efecto N
Experimental positivo 37
Evidencia adicional:
Kashemehr, Kayihan y Huri, 2018
Tipo de estudio Efecto N
Experimental positivo 31
Iwanaga et al, 2014
Tipo de estudio Efecto N
Quasi experimental positivo 20
O:
Cuatro estudios de asignación no aleatoria, efectos positivos, 120 participantes entre todos
O:
Cinco estudios de caso único con efectos positivos y un mínimo de 20 participantes en
total
(*) Fuente: Cook, B.G, et al. CEC´s standards for classifying the evidence base of practices in special
education. Remedial and Special Education 2015; 36: 220-34
Estos cuatro estudios utilizaron un abordaje manua-
lizado de la intervención y la Medida de Fidelidad para
garantizar que se trate realmente de una intervención
de ASI. Además de utilizar medidas estandarizadas de
resultados tres de ellos utilizaron GAS para asegurar que
los objetivos alcanzados sean signicativos y relevantes
en la vida de los niños y sus familias, y uno de ellos utilizó
una medida de desempeño ocupacional20 (Tabla 2).
En conclusión, este artículo ha descrito los orígenes de
la teoría de IS y los principios de intervención de ASI. Ha
identicado que los patrones de disfunción más frecuen-
temente descritos en la literatura, modulación y praxis,
son frecuentes en niños con TEA. Históricamente, los
estudios de ecacia de IS no contaban con una medida
de delidad a la cual adherirse, ni un manual que guiara
la intervención, ni una medida de resultados que fuera
signicativa para los participantes. En algunos casos,
los destinatarios de la intervención no tenían dicultades
probadas de IS. En los últimos años el campo de terapia
ocupacional ha desarrollado herramientas para subsanar
estas limitaciones. Desde entonces, se han producido es-
tudios que cumplen con los estándares para la evidencia
de organismos que establecen parámetros de alto nivel
de calidad. Podemos decir con solvencia que el uso de
ASI con personas con TEA es una intervención basada
en la evidencia.
Conicto de intereses: Ninguno para declarar
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Background Since the outbreak of the COVID-19 pandemic and its social restriction measures, online therapy is a life-saving possibility for patients with acute stress. Wiring Affect with ReAttach (W.A.R.A.) is a brief psychological intervention aiming to decrease negative affect, that can be offered online. Methods We assessed the effect of remote W.A.R.A. on negative affect in 37 patients. Consequently, we compared the effect of remote W.A.R.A. versus face-to-face W.A.R.A on negative affect in a cross-sectional design. Results W.A.R.A. remote therapy provoked a significant reduction of negative affect with a large effect size ( d = 3.08, p < 0.001). However, the reduction on negative affect was smaller than with W.A.R.A. face-to-face. We found a substantial difference between W.A.R.A. remote therapy and W.A.R.A. face-to-face in decrease of negative affect ( d = 1.36, p < 0.001). Limitations The major limitation of the pilot-study is the sample size of 37 patients. Besides, we designed a numeric rating scale for evaluating negative affect. We investigated the impact on negative affect by assessing “unpleasant feelings.” This conceptualization of negative affect might still be a point of discussion. Conclusion The study’s findings indicated that W.A.R.A. remote therapy significantly reduced negative affect, but to a lesser extent than W.A.R.A. face-to-face. Nevertheless, W.A.R.A. remote therapy might offer a fast relief, especially when personal contact is difficult.
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Sensory integration, now trademarked as Ayres Sensory Integration® or ASI, is based on principles of neuroscience and provides a framework for understanding the contributions of the sensory and motor foundations of human behavior. The theory and practice of ASI continues to evolve as greater understanding of the neurobiology of human behavior emerges. In this paper we examine core constructs of ASI identified in the seminal work of Dr. Jean Ayres, and present current neuroscience research that underlies the main patterns of sensory integration function and dysfunction. We consider how current research verifies and clarifies Ayres’ propositions by describing functions of the vestibular, proprioceptive, and tactile sensory systems, and exploring their relationships to ocular, postural, bilateral integration, praxis, and sensory modulation. We close by proposing neuroplasticity as the mechanisms underlying change as a result of ASI intervention.
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Abnormal sensory-based behaviors are a defining feature of autism spectrum disorders (ASD). Dr. A. Jean Ayres was the first occupational therapist to conceptualize Sensory Integration (SI) theories and therapies to address these deficits. Her work was based on neurological knowledge of the 1970’s. Since then, advancements in neuroimaging techniques make it possible to better understand the brain areas that may underlie sensory processing deficits in ASD. In this article, we explore the postulates proposed by Ayres (i.e., registration, modulation, motivation) through current neuroimaging literature. To this end, we review the neural underpinnings of sensory processing and integration in ASD by examining the literature on neurophysiological responses to sensory stimuli in individuals with ASD as well as structural and network organization using a variety of neuroimaging techniques. Many aspects of Ayres’ hypotheses about the nature of the disorder were found to be highly consistent with current literature on sensory processing in children with ASD but there are some discrepancies across various methodological techniques and ASD development. With additional characterization, neurophysiological profiles of sensory processing in ASD may serve as valuable biomarkers for diagnosis and monitoring of therapeutic interventions, such as SI therapy.
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Sensory integration is one of the most highly utilized interventions in autism, however, a lack of consensus exists regarding its evidence base. An increasing number of studies are investigating the effectiveness of this approach. This study used the Council for Exceptional Children (CEC) Standards for Evidence‐based Practices in Special Education to evaluate the effectiveness research from 2006 to 2017 on Ayres Sensory Integration (ASI) intervention for children with autism. A systematic review was conducted in three stages. Stage 1 involved an extensive database search for relevant studies using search terms related to sensory integration and autism, interventions suggesting a sensory integration approach, and high‐quality study designs. Searches yielded 19 studies that were evaluated in Stage 2. Six of these met inclusion criteria of being peer‐reviewed, written in English, description of intervention this is consistent with ASI intervention, and comparison group design or single subject method employed. Prior to analysis using CEC standards, three articles were excluded because intervention details were not consistent with the core principles of ASI, or because of major methodological flaws. In Stage 3, the remaining three studies were rated using the CEC quality indicators and standards for an evidence‐based practice. Two randomized controlled trials respectively met 100% and 85% of the CEC criteria items. One additional study met more than 50% of the criteria. Based on CEC criteria, ASI can be considered an evidence‐based practice for children with autism ages 4–12 years old. Autism Res 2018. © 2018 International Society for Autism Research, Wiley Periodicals, Inc. Lay Summary Ayres Sensory Integration intervention is one of the most frequently requested and highly utilized interventions in autism. This intervention has specific requirements for therapist qualifications and the process of therapy. This systematic review of studies providing Ayres Sensory Integration therapy to children with autism indicates that it is an evidence‐based practice according to the criteria of the Council for Exceptional Children.
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This systematic review addresses the question "What is the efficacy of occupational therapy using Ayres Sensory Integration® (ASI) to support functioning and participation as defined by the International Classification of Functioning, Disability and Health for persons with challenges in processing and integrating sensory information that interfere with everyday life participation?" Three randomized controlled trials, 1 retroactive analysis, and 1 single-subject ABA design published from 2007 to 2015, all of which happened to study children with autism, met inclusion criteria. The evidence is strong that ASI intervention demonstrates positive outcomes for improving individually generated goals of functioning and participation as measured by Goal Attainment Scaling for children with autism. Moderate evidence supported improvements in impairment-level outcomes of improvement in autistic behaviors and skills-based outcomes of reduction in caregiver assistance with self-care activities. Child outcomes in play, sensory-motor, and language skills and reduced caregiver assistance with social skills had emerging but insufficient evidence.
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OBJECTIVE. We sought to characterize sensory integration (SI) and praxis patterns of children with autism spectrum disorder (ASD) and discern whether these patterns relate to social participation. METHOD. We extracted Sensory Integration and Praxis Tests (SIPT) and Sensory Processing Measure (SPM) scores from clinical records of children with ASD ages 4-11 yr (N = 89) and used SIPT and SPM standard scores to describe SI and praxis patterns. Correlation coefficients were generated to discern relationships among SI and praxis scores and these scores' associations with SPM Social Participation scores. RESULTS. Children with ASD showed relative strengths in visual praxis. Marked difficulties were evident in imitation praxis, vestibular bilateral integration, somatosensory perception, and sensory reactivity. SPM Social Participation scores were inversely associated with areas of deficit on SIPT measures. CONCLUSION. Children with ASD characteristically display strengths in visuopraxis and difficulties with somatopraxis and vestibular functions, which appear to greatly affect participation. Copyright © 2015 by the American Occupational Therapy Association, Inc.
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Sensory difficulties are a commonly occurring feature of autism spectrum disorders and are now included as one manifestation of the 'restricted, repetitive patterns of behavior, interests, or activities' diagnostic criteria of the DSM5 necessitating guidelines for comprehensive assessment of these features. To facilitate the development of such guidelines, this paper provides an overview of the literature on sensory features in autism spectrum disorder. We summarize the literature pertaining to: terminology, current assessment practices, sensory development, and the relationship of sensory features to core symptoms of autism. The paper concludes with recommendations for clinical assessment of sensory features in Autism.
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Children with autism spectrum disorders often exhibit co-occurring sensory processing problems and receive interventions that target self-regulation. In current practice, sensory interventions apply different theoretic constructs, focus on different goals, use a variety of sensory modalities, and involve markedly disparate procedures. Previous reviews examined the effects of sensory interventions without acknowledging these inconsistencies. This systematic review examined the research evidence (2000-2012) of two forms of sensory interventions, sensory integration therapy and sensory-based intervention, for children with autism spectrum disorders and concurrent sensory processing problems. A total of 19 studies were reviewed: 5 examined the effects of sensory integration therapy and 14 sensory-based intervention. The studies defined sensory integration therapies as clinic-based interventions that use sensory-rich, child-directed activities to improve a child's adaptive responses to sensory experiences. Two randomized controlled trials found positive effects for sensory integration therapy on child performance using Goal Attainment Scaling (effect sizes ranging from .72 to 1.62); other studies (Levels III-IV) found positive effects on reducing behaviors linked to sensory problems. Sensory-based interventions are characterized as classroom-based interventions that use single-sensory strategies, for example, weighted vests or therapy balls, to influence a child's state of arousal. Few positive effects were found in sensory-based intervention studies. Studies of sensory-based interventions suggest that they may not be effective; however, they did not follow recommended protocols or target sensory processing problems. Although small randomized controlled trials resulted in positive effects for sensory integration therapies, additional rigorous trials using manualized protocols for sensory integration therapy are needed to evaluate effects for children with autism spectrum disorders and sensory processing problems.
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This study evaluated a manualized intervention for sensory difficulties for children with autism, ages 4-8 years, using a randomized trial design. Diagnosis of autism was confirmed using gold standard measures. Results show that the children in the treatment group (n = 17) who received 30 sessions of the occupational therapy intervention scored significantly higher (p = 0.003, d = 1.2) on Goal Attainment Scales (primary outcome), and also scored significantly better on measures of caregiver assistance in self-care (p = 0.008 d = 0.9) and socialization (p = 0.04, d = 0.7) than the Usual Care control group (n = 15). The study shows high rigor in its measurement of treatment fidelity and use of a manualized protocol, and provides support for the use of this intervention for children with autism. Findings are discussed in terms of their implications for practice and future research.
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Sensory processing problems and related dysfunctions are among the most common conditions in children with autism spectrum disorder (ASD). This study examined the effect of sensory integration therapy (SIT) on different aspects of occupational performance in children with ASD. The study was conducted on an intervention group (n = 16) receiving SIT and a control group (n = 15) with 3- to 8-year-old children with ASD. The Short Child Occupational Profile (SCOPE) was used to compare the two groups in terms of the changes in their occupational performance and the Sensory Profile (SP) was used to assess sensory problems. The intervention group showed significantly greater improvement in all the SCOPE domains, as well as in all the SP domains, except for the “emotional reactions” and “emotional/social responses” domains, (p < .05). The effectiveness of SIT in improving occupational performance in children with ASD as a health-related factor is supported by our findings.
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This study's objective was to investigate the efficacy of sensory integration therapy (SIT) for children with high-functioning autism spectrum disorder (HFASD). The subjects were 20 HFASD children with IQs above 70 selected from previously collected data. Eight participated in individual SIT sessions, and 12 participated in group therapy (GT) including social skill training, communication training, kinetic activities, and child-parent play for 8-10 months. Changes in Total score and five Index scores on the Japanese version of the Miller Assessment for Preschoolers before and after therapy between children in the SIT and GT groups were compared. The results showed that Total score and all Index scores except for Verbal Index increased significantly in the SIT group, while only Total score increased in the GT group. Furthermore, the SIT group showed more improvement compared with the GT group in Total score and on Coordination, Non-verbal, and Complex Index scores. SIT might have a more positive effect on motor coordination abilities, non-verbal cognitive abilities, and combined abilities of sensory motor and cognition in children with HFASD when compared with GT. This study has limitations such as being an analysis of previously collected data. Further study should be conducted with a randomized control trial. Copyright © 2013 John Wiley & Sons, Ltd.