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Joseph Roth en la Unión Soviética o de cómo descubrir América en Rusia

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Abstract

Joseph Roth (Brody, 1894-París, 1939) viaja a la Unión Soviética en julio de 1926 como reportero del diario burgués liberal Frankfurter Zeitung (FZ). En aquellos momentos Roth era un prestigioso periodista que además había iniciado su andadura como novelista en 1923. En 1925 había sido enviado a París por ese importante rotativo en calidad de corresponsal del suplemento cultural. David Bronsen, biógrafo de Roth, señala que el interés de Roth por Francia había florecido al constatar éste que las esperanzas que anteriormente había depositado en los EEUU como modelo de democracia y progreso eran infundadas. Roth se encontraba a gusto en la capital francesa y gozaba de muy buena reputación, pero a pesar de ello, en 1926 fue relevado de su cargo en favor de Friedrich Sieburg, quien se negó a colaborar con su predecesor. Roth, dolido por su destitución y deseoso de conservar su prestigio periodístico, escoge la destinación que le parece más interesante de entre las que le ofrece la dirección del FZ: Rusia. Primero sus superiores se muestran reticentes ante su elección, temiendo quizá revitalizar cierta fama de izquierdista que había acompañado al reportero a principios de su carrera profesional, una tendencia poco acorde con el talante ideológico del periódico. Finalmente acceden a la petición del periodista. Los artículos y anotaciones personales de Roth durante su viaje por el país de los sóviets son de una extraordinaria perspicacia. Su mirada crítica y el hecho de dominar la lengua rusa le permiten trascender la visión propagandística difundida por las autoridades. Roth intuye que algunos aspectos de la nueva sociedad soviética no están tan alejados de la deshumanización capitalista representada por los EEUU.
1
Joseph Roth en la Unión Soviética o de cómo descubrir América en Rusia
Teresa Vinardell Puig (UPF)
Joseph Roth (Brody, 1894 París, 1939) viaja a la Unión Soviética en julio de 1926
como reportero del diario burgués liberal Frankfurter Zeitung (FZ). En aquellos
momentos Roth era un prestigioso periodista que además había iniciado su andadura
como novelista en 1923. En 1925 había sido enviado a París por ese importante rotativo
en calidad de corresponsal del suplemento cultural. David Bronsen, biógrafo de Roth,
señala que el interés de Roth por Francia había florecido al constatar éste que las
esperanzas que anteriormente había depositado en los EEUU como modelo de
democracia y progreso eran infundadas.
1
Roth se encontraba a gusto en la capital
francesa y gozaba de muy buena reputación, pero a pesar de ello, en 1926 fue relevado
de su cargo en favor de Friedrich Sieburg, quien se negó a colaborar con su predecesor.
Roth, dolido por su destitución y deseoso de conservar su prestigio periodístico, escoge
la destinación que le parece más interesante de entre las que le ofrece la dirección del
FZ: Rusia. Primero sus superiores se muestran reticentes ante su elección, temiendo
quizá revitalizar cierta fama de izquierdista que había acompañado al reportero a
principios de su carrera profesional, una tendencia poco acorde con el talante ideológico
del periódico. Roth había colaborado con Vorwärts, órgano de los socialdemócratas
alemanes (SPD), con Lachen links, revista satírica vinculada a la misma formación, y
con el diario vienés Arbeiterzeitung, ligado al Partido Socialista austriaco. Asimismo, al
cubrir como enviado del Neue Berliner Zeitung la Guerra Ruso-Polaca, Roth había
intentado ofrecer un retrato más matizado del Ejército Rojo, alejándose así de visiones
tendenciosas, difundidas en medios conservadores, que equiparaba a las milicias
soviéticas con una horda de salvajes sanguinarios.
2
Roth se apresura a tranquilizar a sus superiores y finalmente éstos acceden a su
petición.
3
El flamante enviado especial se documenta a conciencia sobre la Revolución
Rusa y la postura del Partido Comunista respecto a la cuestión judía, entre otros temas,
con obras como las de Albert Rhys Williams y Aleksandr Chemeriski,
respectivamente.
4
Después de reunir contactos de personalidades relevantes de la
cultura como el director cinematográfico Serguéi Eisenstein o el escritor Isaak Bábel,
Roth emprende su viaje. Pocos meses antes, el 24 de abril de 1926, Alemania y la URSS
habían firmado en Berlín el tratado de neutralidad y no agresión germano-soviético,
1
BRONSEN, D., Joseph Roth. Eine Biographie, Colonia, Kiepenheuer & Witsch, 1974, p. 267. Bronsen
destaca el hecho de que en la novela de Roth Hotel Savoy (1924), la mención de “América prefigura un
lugar prometedor, mientras que en Job (1930) representa la sede del desarraigo y la alienación.
2
ROTH, J., El juicio de la historia. Escritos 1920-1939, traducción, prólogo y notas de E. Gil Vera,
Madrid, Siglo XXI, 2004, pp. 1-22. Sirva de ejemplo la cita siguiente (p. 18): “No hay nada en absoluto
que decir de una situación de inmoralidad del ejército ruso. [...] Ver para creer: un judío polaco insiste a
un cosaco. El judío querría comprar un cinturón de cuero, y el cosaco ni vende, ni saca un látigo, sino que
sonríe y sonríe.”
3
“No quisiera que ustedes, [...] dieran a creer de mí que, como consecuencia de mis especiales dotes para
tratar irónicamente ciertas instituciones, costumbres y usos del mundo burgués, vaya a reconocer el
dudoso triunfo de la Revolución rusa. [...] No creo en la perfección de la democracia burguesa, pero aun
me ofrece menos dudas la tendenciosa estrechez de la dictadura proletaria.” ROTH, J., Cartas, edición y
notas de H. Kesten, traducción de E. Gil Bera, Barcelona, Acantilado, 2009, p.110. La cursiva es de Roth.
4
ROTH, J., Werke, edición de K. Westermann, Colonia, Kiepenheuer & Witsch, 1990, vol. 2, p. 1007.
Las obras que Roth consultó fueron Die russische Revolution, de A. R. Williams, y Die Kommunistische
Partei und die jüdischen Massen, de A. Tschemeriski.
2
continuación del pacto que estas mismas potencias habían acordado en Rapallo en 1922.
El itinerario de Roth empieza en la bielorrusa Minsk, para continuar hasta Moscú y,
resiguiendo el Volga, llegar hasta Astracán. Seguidamente se desplaza a Yalta, en la
península de Crimea, llega hasta Bakú, en Azerbaiyán, y a la capital georgiana Tbilisi,
para regresar luego a Crimea, recalando en Sebastopol, y proseguir su itinerario por
Ucrania visitando Odessa, Kiev y Járkov. Vuelve a Moscú antes de emprender el
regreso a Alemania. En el viaje de vuelta, el periodista pasa por Leningrado, aunque no
deja constancia de esa visita en su diario personal. Pero en el reportaje “La escuela y la
juventud”, publicado en dos partes el 18 y el 19 de enero de 1927, Roth se refiere a un
congreso de pedagogía al que ha asistido en la antigua San Petersburgo,
5
y el 18 de
marzo de 1928, con mucho retraso respecto al resto de los escritos sobre la Rusia
soviética de su enviado especial, el FZ publica un artículo de Roth sobre esa ciudad.
6
El primer artículo de la serie aparece en el FZ el 14 de septiembre de 1926 y se refiere a
los rusos blancos emigrados como representantes del cliché occidental del “alma rusa”.
7
En el segundo Roth entra ya en materia y propone una lectura muy particular de la
frontera que divide los dos modelos de sociedad. El resto de reportajes, hasta un total de
veintitrés, se publica a lo largo de varios meses; la mayor parte de ellos, a razón de uno
por semana. En ellos Roth trata de captar el ambiente general del nuevo estado
ocupándose de cuestiones como la educación, los cambios en la moral sexual y el papel
de la mujer, la nueva burguesía, la creciente tecnificación de la industria rusa, o la
consideración y situación de los judíos, entre otras.
Como enviado especial, Roth se esfuerza en ofrecer a sus lectores una imagen de la
sociedad soviética que no evite señalar las muchas contradicciones de ésta. El hecho de
que sepa ruso y que no dependa de intérpretes es una enorme ventaja a la hora de
captarlas. La contraposición de capitalismo y comunismo como dos modelos estancos,
sin ningún punto en común,
8
le parece una visión excesivamente simplista de la
realidad, y no deja de destacar la confluencia de ambas sociedades en algunos aspectos
como el culto a la máquina y lo que podría denominarse una férrea aplicación de la
razón instrumental:
“En todo el país no se oye otro grito: ¡Tractores! ¡Tractores! ¡Tractores! ¡Civilización!
¡Maquinaria! […] Se desprecia a «América», esto es, al gran capitalismo sin alma, al país
que adora al becerro de oro. Pero se admira a «América», es decir, el progreso, la plancha
eléctrica, la higiene y las conducciones de agua corriente. Se quiere una técnica de
producción perfecta: pero una consecuencia inmediata de todas estas aspiraciones es que,
inconscientemente, se adaptan al espíritu de América. Y eso entraña un vacío espiritual.
[…] ¿Qué es lo que queda? […] La espiritualidad ingenua, higiénico-gimnástica y
racional de América, sin la hipocresía del sectarismo protestante, pero sí, en cambio, con
esa devoción ciega del comunismo estricto.”
9
5
ROTH, J., Viaje a Rusia, traducción de P. Madrigal, edición y postfacio de K. Westermann, Barcelona,
Minúscula, 2008, p. 151. El volumen incluye solo dieciocho de los veintitrés de los reportajes de Roth
sobre aspectos de la sociedad y cultura soviéticas, además del manuscrito de una conferencia que no llegó
a pronunciar y las notas de viaje de su diario personal que se han conservado.
6
ROTH, J., “Leningrad”, en ROTH, J., Werke..., vol. 2, pp. 915-920.
7
“Cuanto más tiempo se prolongaba su emigración, tanto más se acercaban los rusos a la idea que se
había hecho la gente de ellos. Nos complacían asemejándose a nuestro cliché. La sensación de ser
portadores de un «papel» tal vez aminoraba su situación miserable.” ROTH, J., Viaje a Rusia, p. 8.
8
“Nunca había visto una inspección tan estricta antes […] Parece que aquí no hay una frontera como la
habitual entre un país y otro, sino una frontera que pretende ser un límite entre un mundo y otro.” ROTH,
J., Viaje a Rusia..., p. 15.
9
Íbid. p. 91. La cursiva es de Roth.
3
Investigadores como Walter Müller-Funk han calificado a Roth de “autor post-
imperial”,
10
cuyo profundo sentimiento de extrañeza ante la realidad política de su
tiempo brota de la experiencia de la Gran Guerra como aniquilación de todas aquellas
certezas en las que fue educado. Roth asiste, perplejo pero sumamente atento, al emergir
de grandes potencias políticas, como los EEUU y la URSS, que muestran un perfil
político y unas dinámicas sociales completamente nuevos. Ambos países se han
desarrollado a partir de constelaciones imperiales clásicas, como el imperio británico,
con su enorme poderío colonial, y el premoderno imperio zarista, respectivamente.
Pero, a diferencia de los antiguos imperios, tanto los EEUU como la Rusia soviética
pretenden alcanzar un estatus de validez universal que persuada a los demás estados a
imitar el modelo que una y otra potencia encarnan: en un caso, la democracia
parlamentaria capitalista, en el otro, la dictadura del proletariado.
11
El escepticismo de Roth ante ambos modelos es total. La dinámica capitalista se le
antoja inhumana, pero esto no le hace ver al comunismo con ojos más benévolos.
Considera altamente improbable que los ideales revolucionarios arraiguen y se
extiendan masivamente por Europa: “El hombre medio se contenta con muy poco”—
anota en sus apuntes de viaje pues es un ser de la naturaleza. Un paseo al sol expulsa
de él todos los pensamientos de rebeldía.”
12
Sus reservas parecen confirmarse viendo
los efectos sociales de la Nueva Política Económica (NEP), promovida por Lenin y
decidida durante el X Congreso del Partido Comunista en 1921. El título de uno de sus
reportajes para la FZ es muy elocuente en ese sentido: “El burgués resucitado”. Todo
parece indicar que la revolución no ha acabado con la burguesía en absoluto, que en
todo caso ha acabado con las virtudes de una clase con una exigua presencia en la Rusia
zarista. Ha emergido con fuerza, en cambio, una clase funcionarial que reúne los peores
rasgos de la burguesía capitalista: el conformismo, la codicia y falta de ética en cuanto
intuye la posibilidad de enriquecerse… Roth no se deja engañar por los altisonantes
discursos acerca de la fraternidad proletaria y en su diario íntimo sentencia:
“Así es como bajo cuerda, se sigue desarrollando una desenfrenada vida capitalista, un
continuo comprar y vender, un tomar empréstitos y pagar intereses, una vida llena de
peligros, que confiere al hábil y moderno hombre NEP los rasgos esenciales de un
cabecilla de bandidos.”
13
A los ojos de Roth, en la URSS el comunismo ha dejado de ser una ideología que, tras
analizar el funcionamiento real de la sociedad, busca mejorar radicalmente las
condiciones de vida de los más desfavorecidos, para convertirse en “una opción
práctica” que permite medrar a los más hábiles y avispados.
14
Entre los integrantes de
una clase en la que todavía parece imperar la “ingenua creencia en la bondad original de
todos los hombres”, el periodista austríaco observa indicios de una profunda crisis de
valores que conduce fatalmente hacia una falta de escrúpulos generalizada.
15
En el
10
MÜLLER-FUNK, W. “Besichtigung eines neuen Imperiums. Joseph Roths Reiseberichte über
Russland anno 1926”, en: GROB, T.; PREVISIC, B.; ZINK, A. (eds.), Erzählte Mobilität im östlichen
Europa. (Post)Imperiale Räume zwischen Erfahrung und Imagination, Tubinga, Francke, 2014, pp. 43-
58, véase p. 44.
11
Íbid., pp. 44-45.
12
ROTH, J., Viaje a Rusia..., pp. 176-177.
13
Íbid., p. 50.
14
Íbid., p. 186. “Esta teoría [el marxismo] que debe liberar al proletariado, que tiene como meta un
Estado y una humanidad sin clases, convierte a todos los hombres, allí donde se aplica por primera vez,
en pequeñoburgueses. ¡Ya es mala suerte haberla probado en un país como Rusia, donde nunca ha habido
pequeñoburgueses!” Íbid., p. 168.
15
Íbid., p. 197.
4
lacayo que se ha quedado sin señor y cuyos instintos comienzan a desfogarse de un
modo libre y homicida, Roth ve prefigurada una cultura de la delación que comparten
todo tipo de dictaduras: “este lacayo […] constituye una especie de mendigo ladrón y, si
no hay ningún objeto que robar a la vista, se hace traidor y denunciante.
16
Esa cultura
viene arropada por “el terror de tinta de una burocracia implacable,
17
cuyos ejecutores
se caracterizan por una ambición sin límites, fundamentalmente arribista, que camuflan
bajo un manto de servilismo. A “la mano tendida a la espera de propinas” de la Rusia
zarista, Roth contrapone “la espalda inclinada” característica de la URSS.
18
Más adelante, al reseñar en 1927 una recopilación de textos de la periodista y oradora
revolucionaria Larissa Reissner (1895-1926) titulada Octubre, Roth destaca la lucha de
Reissner contra la burocracia soviética como una muestra inequívoca de la honestidad
de la autora, quien supo unir a su maestría literaria una subjetividad atenta, sensible e
inteligente. Roth acaba el artículo preguntándose si Reissner no hubiera acabado en
Siberia, de no haber muerto de tifus meses antes de cumplir treinta y un años: “En el
mundo no hay lugar para una mujer de las barricadas cuando éstas se desmontan.”
19
La credulidad y sumisión respecto a la burocracia se alimenta desde las escuelas y
organizaciones infantiles y juveniles, según Roth. En un artículo titulado “Fantasmas en
Moscú”, el reportero constata secamente el hecho de que los grandes clásicos (Homero,
Sófocles, Ovidio o Tácito, entre otros) han sido barridos del sistema educativo y
socializador de la URSS bajo la acusación de que durante siglos han representado a la
intelectualidad burguesa.
20
La consecuencia de ello es, como no podía ser de otro modo
se lamenta Roth el empobrecimiento intelectual individual y colectivo, fruto de una
formación marcadamente sesgada, que se encamina casi en exclusiva a los aprendizajes
prácticos, “algo que indudablemente sirve para mañana, pero no para pasado mañana”.
21
En “La escuela y la juventud” Roth escribe que al joven ruso no se le educa para
combinar ideas o conceptos y llegar así a una síntesis personal de los mismos, sino que
por sistema se le priva del esfuerzo fructífero de razonar de modo autónomo. Como
prueba de ello se refiere a los desastrosos resultados de unas pruebas psicotécnicas
realizadas a los candidatos a ingresar en las escuelas superiores de Leningrado,
resultados a los que ha tenido acceso por una afortunada serie de casualidades. En
opinión del periodista, la educación soviética, en lugar de conducir hacia
argumentaciones flexibles, atentas a los cambios y a las circunstancias, se ve lastrada
por pesadas cadenas de consignas, que dirigen a sus receptores a “un conjunto sólido,
forjado para durar eternamente, de pensamientos y palabras.
22
Un fino prosista como
Roth no puede sino desconfiar de quienes, por prejuicios ideológicos, han acabado por
alejar a los jóvenes del uso crítico del lenguaje, “cuyas leyes encierran la lógica
primigenia, profunda, fundamental, del espíritu humano”.
23
En la URSS opina
Roth la educación parece encaminada a preparar especialistas: la actitud que más se
alienta en éstos es la de “un crédulo optimista y un fanático tanto de la «realidad» como
de la expresión de la misma, o sea, de la estadística”—añade con sorna.
24
Sin embargo,
el periodista afirma esforzarse en no caer en maniqueísmos, aunque un deje irónico
16
Íbidem.
17
Íbid., p. 166.
18
Íbid., p.169.
19
ROTH, J., “Die Frau von den Barrikaden”, en: ROTH, J., Werke..., vol. 2, p. 709. La traducción es mía.
20
ROTH, J., Viaje a Rusia, pp. 17-25, véase p. 22.
21
Íbid., p. 23.
22
Íbid., p. 153.
23
Íbid., p. 154.
24
Íbid., p. 154.
5
pueda percibirse en sus palabras sin mucho esfuerzo.
25
Ahora bien, si la ironía puede
suavizar en apariencia sus críticas al sistema educativo soviético y a la pedagogía que
éste emplea, los dardos con los que apunta contra las organizaciones que monopolizan
en Rusia los procesos de socialización durante la infancia y la juventud, el Komsomol y
los Jóvenes Pioneros, son afiladísimos. Roth acusa a estas organizaciones de formar
“pequeños Tartufos”,
26
émulos de aquel personaje de Molière que mejor representa la
hipocresía. Lejos de comulgar fervientemente con los ideales comunistas, los y las
jóvenes pronto se dan cuenta de lo útil que resulta simular que se comparten, y como
era de esperar obran en consecuencia.
A finales de septiembre, el periodista anota en su cuaderno la tristeza que le causa la
banalidad fomentada por el estado mediante una “ilustración a bajo precio”:
“La original filosofía del campesino ruso no fue nunca profunda, pero sí siempre poética.
¿Qué pasa cuando un folleto le libera de construir sus propios pensamientos?
Desgraciadamente se trata de un tránsito necesario; y comprendo muy bien que, para
alcanzar un nivel cultural, hay que sacrificar la originalidad, pero me duele, y no dejo de
reflexionar sobre si hay o no otras vías posibles.”
27
Con una educación que, en el mejor de los casos, todavía no ha dejado atrás un estado
de precariedad, comprensible por el gran atraso que arrastraba la mayor parte de la
población, no es de extrañar que el proceso de concienciación o más bien de
adoctrinamiento de la población rural sea exitoso: las mejoras en las condiciones de
vida del campesinado de las regiones más remotas del Volga constituyen uno de los
méritos innegables del comunismo. Los habitantes de las zonas rurales descubren la
civilización de la mano del Ejército Rojo y, como es lógico, la identifican con la
organización política que marca las directrices de éste: “Todo lo ha hecho «el Partido».
No solo ha derribado a los grandes señores, sino que también ha inventado el teléfono y
el alfabeto.”
28
Desde la perspectiva del enviado del FZ, los procesos que acercan la sociedad soviética
a la estadounidense, que en teoría representa el polo opuesto a ella, están relacionados
con la rápida urbanización impulsada por el gobierno ruso y las contradicciones que ésta
genera. En muchos lugares coexisten los ritmos pausados de los aldeanos con la
velocidad de unos medios de transporte públicos modernos y eficaces.
29
Sin embargo,
contraviniendo esa impresión de progreso galopante, perfectamente planificado, mucho
surge todavía de la improvisación. También en ello, especialmente en el frenesí
constructor que se respira en un gran número de poblaciones, tanto en las emergentes
como en las más antiguas, cree reconocer el periodista fenómenos parecidos a los que
causó la expansión de los colonos europeos por el territorio americano:
“[…] muchas calles de las ciudades rusas más antiguas (de Kiev y Moscú) me parecen las
de un país nuevo. Me recuerdan a las jóvenes ciudades del Oeste americano, a esa
25
“No considero representativos los resultados de las pruebas psicotécnicas de Leningrado. No hacen sino
explicar el momentáneo estado de la cuestión. Únicamente ponen de manifiesto que, provisionalmente,
los nuevos métodos empleados en la Rusia soviética no cumplen las expectativas: la situación no es
crónica, sino aguda. Es teóricamente posible que los sistemas educativos de Rusia consigan también
mejores resultados y faciliten una formación más perfecta.” Íbid., p. 154. La cursiva es de Roth.
26
Íbid., p. 158.
27
Íbid., p. 182.
28
Íbid., pp. 33-34.
29
Íbid., p. 65.
6
atmósfera de ebriedad y natalidad constante, […] de sencillas construcciones de madera
al lado de la técnica más complicada.”
30
Roth no rehúye el tono subjetivo al plasmar sus impresiones. En su opinión, la sociedad
soviética tiene algo de insomne, regida como está por una actividad desbordante, fruto
de necesidades extremas y, sobre todo, de lo mucho que se ha propuesto cambiar en
poco tiempo. El progreso adquiere la tonalidad de una urgencia impuesta: “Nunca se es,
del todo, una persona privada. Siempre se es un componente, extremadamente agitado,
de la sociedad. Se organiza, se ahorra […] ¡se hace, se hace, se hace!—.”
31
Una
urgencia que, aun estando justificada por los intensos flujos migratorios desencadenados
tanto por la revolución y la guerra civil como por el ulterior proceso de
industrialización, según Roth, no presagia nada bueno.
32
A sus ojos, la construcción de
un nuevo orden social requeriría una energía colosal, pero aunque ésta pudiera reunirse,
el carácter titánico de la empresa la aproximaría a los inútiles esfuerzos de Sísifo. De
esa profunda desesperanza, muy propia de Roth,
33
y probablemente también del deseo
de provocar mediante la ironía una sonrisa en sus lectores, surge paradójicamente una
nostalgia de lo efímero, lo ligero, lo frívolo:
“una pena dulce por nuestra decadencia, científicamente más que probada, un deseo
pueril, tonto pero visceral, de volver a contemplar […] un desfile de moda en Moulineux,
un gracioso traje de noche en una muchacha estúpida, un número de la revista Sourire y
el ocaso total de Occidente: probablemente se trate de un atavismo burgués.”
34
Es posible que la gran atención que Roth dedica a los cambios en situación de la mujer
y a la nueva moral sexual en la URSS tenga que ver con ese “atavismo burgués o
simplemente con el interés por cómo se despliega el erotismo en cada país.
35
En todo
caso, a Roth le resulta llamativa la aparente ausencia de “cultura erótica” en la URSS.
36
Naturalmente ello no está reñido con la liberalización de las relaciones sexuales, más
bien es lo contrario. Roth constata la emergencia de un nuevo tipo de mujer en las
organizaciones juveniles de los Jóvenes Pioneros y el Komsomol: “sin misterios, velos
ni sentimientos, con un sentido muy realista de lo sexual y carente de toda comprensión
con respecto al amor, que exige artes complicadas y sutiles”.
37
Las nuevas pautas de
comportamiento detectadas por Roth no habían surgido de inmediato, y obedecían a
unas consignas que fueron cambiando de signo al transcurrir el tiempo. Ciertamente la
proclama clandestina La joven Rusia, publicada en 1862 y considerada como uno de los
primeros manifiestos modernos del movimiento revolucionario, ya exigía abolir la
institución del matrimonio por considerarla injusta, inmoral y contraria a la igualdad de
hombres y mujeres. Sin embargo, al decir del historiador E.H. Carr, las primeras leyes
relativas al matrimonio y a la familia promulgadas en Rusia inmediatamente tras la
30
Íbid., p. 69.
31
Íbid., pp. 68-69.
32
“También aquí la gente ha afluido de todas las partes del inmenso territorio (cada año, en cada ciudad,
cambia la población), también aquí les espera el hambre, la sed, la lucha y la muerte.” Íbid., p. 69.
33
Para explicarla bastan unas palabras extraídas del desolador preludio a En las ciudades blancas (1925),
una de sus series de reportajes más luminosas, a pesar de todo: “Antes de que empezara a vivir, el mundo
entero estaba abierto y a mi disposición. Pero cuando empecé a vivir, el mundo abierto había quedado
devastado. Yo mismo lo destruí con mis coetáneos.” ROTH, J., En las ciudades blancas, traducción de A.
Kovacsis, Barcelona, Minúscula, 2000, p. 8. Roth pertenece a la generación marcada por la devastadora
experiencia de la Gran Guerra.
34
ROTH, J., Viaje a Rusia, p. 70.
35
David Bronsen apunta hacia una posible relación amorosa con una rusa. BRONSEN, D., Joseph Roth...,
p. 333.
36
ROTH, J., Viaje a Rusia..., p. 119.
37
Íbid., p. 122.
7
Revolución podrían haber sido respaldadas por amplios sectores de la burguesía liberal
de muchos países occidentales.
38
Pero había una facción del partido bolchevique,
representada por la dirigente Aleksandra Kolontái, que apoyaba una concepción más
abierta de la sexualidad, de acuerdo con la visión que teóricos destacados como
Friedrich Engels o August Bebel habían desarrollado anteriormente. En un folleto de
gran difusión durante la guerra civil rusa, Kolontái afirmaba, por ejemplo, que la familia
se había vuelto doblemente innecesaria: para el Estado, porque la economía doméstica
sustraía sin necesidad a las mujeres trabajadoras de ocupaciones más útiles y
productivas”, y para la “los propios miembros de la familia porque su otra tarea criar
a los niños—” iba pasando “a manos de la sociedad”, esto es a instituciones educativas
estatales.
39
Según Kolontái, el instinto sexual, pues, podía satisfacerse sin trabas, ya que
era el Estado quien se haría cargo de las consecuencias de éste. A pesar de que el
prestigio de Kolontái decayó súbitamente en 1921 y que la NEP provocó un cambio de
actitud respecto al matrimonio y a la familia, que derivó hacia posiciones menos
radicales, todavía en 1924, el principal teórico del comunismo soviético en la década de
1920 y director del periódico Pravda, Nikolái Bujarin, definía a la familia como “la
fortaleza más conservadora de toda la basura del viejo régimen y felicitaba a los
miembros de las organizaciones juveniles por minar poco a poco la estructura de
ésta.
40
No es extraño, pues, que en 1926 Roth percibiese en la URSS comportamientos
que distaban mucho de los tradicionales, en lo referido a las relaciones sexuales, y una
situación completamente nueva en cuanto a la integración laboral de la mujer. En
relación a ésta Roth afirmaba que [l]a Revolución, que le ha otorgado todos los
derechos, le ha quitado todos los privilegios.”
41
En la frase de Roth resuena cierto pesar
por la pérdida de unos códigos eróticos que convierten a la mujer en una dama y a su
acompañante masculino en un caballero encargado de protegerla (y, de paso,
controlarla).
42
A pesar del conservadurismo que transmite esta observación, la
perspicacia de Roth se manifiesta en una anotación en la que intuye el auge en la URSS
de un puritanismo alarmante desde el punto de vista de las libertades individuales. Una
vez más, Roth relaciona esos indicios con la deriva de la Rusia revolucionaria hacia
comportamientos observables en la sociedad americana más tradicional, cuyo origen es
también el de la disidencia respecto a un régimen considerado caduco además de
injusto:
Si es verdad lo que cuenta Kaplan, que a un hombre que se fue con una prostituta lo
separaron de ella otros hombres que le entregaron de nuevo a su mujer entre abucheos,
entonces lo que tenemos ante los ojos es la América evangélico-puritana. […] ¿Hay algo
más burgués? De la liberación del convencionalismo cultivado ha surgido un
convencionalismo sobrio, chabacano, rudo.”
43
Por un lado, Roth cifra la peligrosidad de ese convencionalismo rudo en el hecho de que
los aspectos más íntimos de la vida privada se conviertan en objeto de escrutinio
38
CARR, E. H., Historia de la Rusia Soviética. El socialismo en un solo país (1924-1926), versión
española de F. de Diego de la Rosa, Madrid, Alianza, vol. I, p. 38.
39
KOLONTAI, A., Semya i Kommunisticheskoe Gosudarstvo (1920), p. 20, citado por CARR, E. H.,
íbid., p. 42.
40
Trinadsati Syezd Rossiikoi Kommunisticheskoi Parti (Bolshevikkov) (1924), p. 545, citado por CARR,
E. H., íbid., p. 41.
41
ROTH, J., Viaje a Rusia..., p. 119.
42
El carácter extremadamente celoso de Roth es señalado por distintos biógrafos, véanse BRONSEN, D.,
Joseph Roth, pp. 33-34 y STERNBURG, W. von, Joseph Roth. Eine Biographie, Colonia, Kiepenheuer
& Witsch, 2009, pp. 221-222, 225.
43
ROTH, J., Viaje a Rusia..., p. 189.
8
público.
44
Por el otro, lamenta la “reducción del amor a un apareamiento higiénicamente
intachable entre dos personas de distinto sexo instruidas en materia sexual”,
45
una
reducción en la que ve negada la dimensión trascendente del ser humano. “Parece que
no se quiere entender que el amor siempre es sagrado”—escribe en un artículo. Y
concluye: “Y aunque yo no crea en absoluto en el «alma», ésta se hace sentir un buen
día, en un punto: en el amor.”
46
Esta reflexión conecta con sus observaciones sobre la política religiosa en la URSS,
cuestión de la que el reportero se ocupa en varios artículos y sobre la que reflexiona
también privadamente, en su diario de viaje y en su correspondencia. Mucho de lo que
ocurre en Rusia tiene que ver con algo que el nuevo régimen ha ignorado, opina Roth. A
este respecto escribe el 26 de septiembre de 1926 a su amigo Bernard von Brentano:
“Todo lo que Toller y Kisch han contado sobre Rusia era falso. Todo lo que se ha escrito
en contra, no sólo era injusto, sino también trastocado. No se trata de la postura negativa
o positiva frente al estado soviético. Lo que quiero hacerle ver es que tanto la positiva
como la negativa están totalmente equivocadas, en tanto políticas. El problema aquí no es
en absoluto político, sino cultural, espiritual, religioso, metafísico.”
47
Al periodista le molesta “el ateísmo barato” imperante y apunta la idea de que la
Ilustración de Voltaire, tan espiritual, no podía ser atea.”
48
No ve imposible condenar a
la Iglesia y, a la vez, salvar a Dios. Roth reivindica lo divino como parte esencial del ser
humano porque sobre ésta se sustenta
“una cultura de mayor altura espiritual, que indirectamente, pero de un modo categórico,
también es útil a nivel práctico; así surge la obra de arte que, como se dice, «eleva» al
hombre […] para que se apacigüe, para que pueda trabajar, pensar, vivir.
49
En relación a la situación de los judíos en la nueva Rusia, la visión de Roth parece de
entrada sorprendentemente benévola, teniendo en cuenta que en esos años el ancestral
antisemitismo ruso parecía repuntar.
50
El periodista afirma que la URSS es el único país
de Europa en el que las opiniones y actos antisemitas tienen mala prensa e incluso que
“la historia judía no conoce ningún otro ejemplo de una liberación tan repentina y
completa”.
51
Sin embargo, consciente de la terrible secuencia de pogromos orquestados
desde el poder o perpetrados espontáneamente por parte de la población civil en el
pasado, Roth señala también que el antisemitismo no ha desparecido en Rusia. El
reportero critica que el gobierno soviético no comprenda la especificidad de la
44
“Pues el ser humano constituye, en Rusia, una parte integrante de la calle, y ésta mira en su dormitorio.
Y dado que se puede cerrar un ojo, pero no mil, la calle es más pequeñoburguesa, filistea y avinagrada
que cualquier carabina.” Íbid, p. 96.
45
Íbid., p. 93.
46
Íbid., pp. 95 y 100.
47
ROTH, J., Cartas..., p. 115. Ernst Toller (1893-1939), poeta y dramaturgo alemán, fue uno de los
líderes de la revolución socialista bávara de 1919. Estuvo en Rusia entre marzo y mayo de 1926, pocos
meses antes que Roth, invitado por varias personalidades e instituciones soviéticas. Egon Erwin Kisch
(1885-1948), periodista checo de expresión alemana, afiliado al Partido Comunista de Austria en 1919,
viajó a la URSS en varias ocasiones, la primera de ellas en 1925. Roth había leído los reportges de ambos
como preparación de su propio periplo ruso. Cf. HEEKE, M., Reisen zu den Sowjets: der ausländische
Tourismus in Russland 1921-1941, Münster, Hamburgo, Londres, Lit Verlag, 2003.
48
ROTH, J., Viaje a Rusia..., p. 183 (ambas citas).
49
Íbid., p 184.
50
MARIE, J.-J., L’antisemitisme en Russie, de Catherine II à Poutine, París, Tallandier, 2009, pp. 247-
251.
51
ROTH, J., Viaje a Rusia...,, p. 73.
9
problemática judía. Al decir de Roth, la Revolución no se plantea en su momento una
cuestión esencial:
si los judíos son una nación como cualquier otra; […] si son una comunidad de religión,
una comunidad de origen o únicamente una unidad espiritual; si es posible considerar
como pueblo, independientemente de su religión, a los que durante milenios se han
conservado solamente por su religión y su posición excepcional en Europa; si en este caso
concreto es posible distinguir entre Iglesia y nacionalidad […]”
52
En pro del nuevo hombre socialista, a los judíos se les exigía una rápida asimilación.
Con este fin el gobierno soviético aplicó varias medidas: favoreció a partir de 1924 la
integración de la población judía en las cooperativas agrícolas y procuró que el “espíritu
reaccionario” fuese eliminado de la cultura de éstos cerrando sus instituciones
tradicionales, tanto las de tipo administrativo como, por supuesto, las educativo-
religiosas. Se llevaron a cabo campañas contra el movimiento sionista y la lengua
hebrea, llegando al extremo de intentar depurar el yidis de sus formas semíticas,
mientras que, por otro lado, se otorgaba a este idioma, propio de la población judía
asquenazí, un estatus oficial.
53
Para solucionar la cuestión judía, pues, se aplicó ciegamente un patrón teórico, sin
preocuparse de si éste se adecuaba a la realidad o no. Se equiparó a los judíos a una
minoría nacional, a la que se dotaría de su autonomía correspondiente. El periodista
duda de que tal enfoque pueda dar buenos resultados, puesto que ignora algo que a sus
ojos constituye una enorme diferencia entre judíos y gentiles: la íntima vinculación de
los primeros con la escritura, entendida como puerta de acceso a la tradición y como
herramienta para difundirla e interpretarla durante siglos de persecución y diáspora.
54
Durante su viaje por tierras rusas, Roth recupera sus raíces, renueva su vínculo con la
comunidad judía a la que perteneció desde su nacimiento en la ciudad galitziana de
Brody, en los confines del Imperio Austrohúngaro, e insiste en el estrecho lazo que une
escritura y religión en la cultura judía. Al comentar la conversión de las sinagogas en
clubes obreros y la prohibición de las escuelas talmúdicas, sentencia que, para los judíos
orientales, “la ciencia es […] religión, y la religión, nacionalidad”.
55
El ateísmo institucionalizado aviva en Roth la llama de sus convicciones religiosas. Del
mismo modo que se religa a sus orígenes judíos, a su regreso de Rusia Roth se interesa
por el catolicismo, que tan profundamente había marcado la cultura del extinto imperio
austrohúngaro. Dejará buena muestra de ese interés en una de sus obras más inspiradas,
La leyenda del santo bebedor, publicada póstumamente en 1939. Cuando se hallaba en
Odesa, en un “arrebato” del que deja constancia una carta a Benno von Reiffenberg,
Roth se autodefinía como “un francés oriental, un humanista, un racionalista con
religión, un católico con cerebro judío, un auténtico revolucionario”.
56
Tras la Primera Guerra Mundial y la consiguiente desaparición del Imperio del que
había sido ciudadano, Roth se vio sumido en una profunda desorientación. Durante un
52
Íbid., p. 76.
53
KUCHENBECKER, A, “Ein «Rotes Palästina» im Fernen Osten der Sowjetunion die Verbannung
einer Idee”, Archiv für Sozialgeschichte, 37 (1997), pp. 255-282, especialmente pp. 259-264.
http://library.fes.de/jportal/receive/jportal_jparticle_00011161 [15/09/2018].
54
[El judío] Pertenece a un pueblo que desde hace dos mil años no ha tenido un solo analfabeto, un
pueblo con más revistas que periódicos, un puebloprobablemente el único del mundocuyas revistas
tienen una tirada mucho mayor que la de sus periódicos.” Íbid., p. 77.
55
Ibid., p. 79.
56
ROTH, J., Cartas..., p. 118.
10
tiempo pensó que los Estados Unidos de América podían ser una verdadera tierra de las
oportunidades en el sentido más amplio y profundo de la expresión; posteriormente, que
el socialismo real podía proporcionar unas bases sólidas para una sociedad más justa y
equilibrada. El viaje a la URSS le desilusionó. “Quien en los países del mundo
occidental levante la vista hacia el este para contemplar el rojo resplandor del fuego de
una revolución de índole espiritual, tendrá que tomarse la molestia de dibujarla él
mismo en el horizonte”: así reza la primera frase de un artículo titulado,
significativamente, “Rusia va hacia América”.
57
57
ROTH, J., Viaje a Rusia..., p. 87. La cursiva es de Roth.
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Article
Traducción de: Reise nach Russland. Feuilletons, Reportagen, Tagebuchnotizen 1919-1930 Joseph Roth (Brody, 1894-París, 1939), escritor austríaco de origen judío nacido en Ucrania. Roth, uno de los más prolíficos autores en lengua alemana, debe su fama a las novelas en que recrea la peregrinación de los judíos occidentales y el desaparecido mundo de la monarquía de los Habsburgo. Forzado por el régimen nazi a salir de su país, se exilió en París, donde su vida estuvo marcada por problemas financieros, el alcoholismo y una radical oposición a Hitler. Su obra es, con frecuencia, una biografía del poder y de la descomposición social ligada al ascenso del nazismo. La tela de araña (1923), Hotel Savoy (1924), Judíos errantes (1927), Fuga sin fin (1927), Izquierda y derecha (1929), Job (1930), La marcha de Radetzky (1932), El triunfo de la belleza (1934), El peso falso (1937), La cripta de los capuchinos (1938), La noche mil dos (1938), La leyenda del santo bebedor (1939), y El leviatán (1940), son algunos de sus títulos.
Egon Erwin Kisch (1885-1948), periodista checo de expresión alemana, afiliado al Partido Comunista de Austria en 1919, viajó a la URSS en varias ocasiones, la primera de ellas en 1925. Roth había leído los reportges de ambos como preparación de su propio periplo ruso
  • J Roth
  • . Cartas
ROTH, J., Cartas..., p. 115. Ernst Toller (1893-1939), poeta y dramaturgo alemán, fue uno de los líderes de la revolución socialista bávara de 1919. Estuvo en Rusia entre marzo y mayo de 1926, pocos meses antes que Roth, invitado por varias personalidades e instituciones soviéticas. Egon Erwin Kisch (1885-1948), periodista checo de expresión alemana, afiliado al Partido Comunista de Austria en 1919, viajó a la URSS en varias ocasiones, la primera de ellas en 1925. Roth había leído los reportges de ambos como preparación de su propio periplo ruso. Cf. HEEKE, M., Reisen zu den Sowjets: der ausländische Tourismus in Russland 1921-1941, Münster, Hamburgo, Londres, Lit Verlag, 2003.
  • J.-J Marie
  • En Russie
  • De Catherine Ii À Poutine
MARIE, J.-J., L'antisemitisme en Russie, de Catherine II à Poutine, París, Tallandier, 2009, pp. 247-251.
Ein «Rotes Palästina» im Fernen Osten der Sowjetunion -die Verbannung einer Idee
  • A Kuchenbecker
KUCHENBECKER, A, "Ein «Rotes Palästina» im Fernen Osten der Sowjetunion -die Verbannung einer Idee", Archiv für Sozialgeschichte, 37 (1997), pp. 255-282, especialmente pp. 259-264. http://library.fes.de/jportal/receive/jportal_jparticle_00011161 [15/09/2018].