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Factores de riesgo psicosociales en los Trastornos de la Conducta Alimentaria: Una revisión y algunas consideraciones para la prevención y la intervención

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Abstract

Identificar factores de riesgo es esencial para poder desarrollar estrategias preventivas y orientar intervenciones eficaces de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). El objetivo de esta revisión es examinar algunos factores psicosociales (socioculturales, contextuales y psicológicos) que han demostrado incrementar el riesgo de desarrollar un TCA, prestando especial atención a los hallazgos provenientes de estudios longitudinales prospectivos. Todos los factores relacionados con la exposición al ideal social de delgadez en la mujer y la presión para conseguirlo, como la exposición a los medios, las presiones para adelgazar, la internalización del ideal de delgadez, y las expectativas al adelgazar, son factores de riesgo capaces de predecir incrementos en los niveles de insatisfacción corporal, práctica de dietas o síntomas bulímicos, en mujeres adolescentes y jóvenes. Algunos rasgos de personalidad (perfeccionismo, emocionalidad negativa, síntomas depresivos, baja autoestima, impulsividad/urgencia negativa), así como ciertos funcionamientos parentales inadecuados, y el contacto con pares con preocupaciones y patrones similares, también han mostrado ser predictivos del desarrollo de síntomas de trastornos de conducta alimentaria. Concluimos la revisión con algunas sugerencias a tener en cuenta en las intervenciones preventivas y clínicas.
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ISSN: 1130-5142 (Print) –2339-7950 (Online)
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Profesora Propia Agregada/ Departamento de Psicología
Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, Universidad Ponticia Comillas. Madrid. España
Coordinadora de Investigación UNINPSI
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4369-1038
Cómo referenciar este artículo/How to reference this article:
Gismero González, M. E. (2020). Factores de riesgo psicosociales en los Trastornos de la Conducta
Alimentaria: Una revisión y algunas consideraciones para la prevención y la intervención. Revista de
Psicoterapia, 31(115), 33-47. https://doi.org/10.33898/rdp.v31i115.354
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Identicar factores de riesgo es esencial para poder desarrollar estrategias preventivas
y orientar intervenciones ecaces de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
El objetivo de esta revisión es examinar algunos factores psicosociales (socioculturales,
contextuales y psicológicos) que han demostrado incrementar el riesgo de desarrollar
un TCA, prestando especial atención a los hallazgos provenientes de estudios longi-
tudinales prospectivos.
Todos los factores relacionados con la exposición al ideal social de delgadez en la
mujer y la presión para conseguirlo, como la exposición a los medios, las presiones
para adelgazar, la internalización del ideal de delgadez, y las expectativas al adelgazar,
son factores de riesgo capaces de predecir incrementos en los niveles de insatisfacción
corporal, práctica de dietas o síntomas bulímicos, en mujeres adolescentes y jóvenes.
Algunos rasgos de personalidad (perfeccionismo, emocionalidad negativa, síntomas
depresivos, baja autoestima, impulsividad/urgencia negativa), así como ciertos
funcionamientos parentales inadecuados, y el contacto con pares con preocupaciones
y patrones similares, también han mostrado ser predictivos del desarrollo de síntomas
de trastornos de conducta alimentaria.
Concluimos la revisión con algunas sugerencias a tener en cuenta en las intervenciones
preventivas y clínicas.
Palabras clave: Trastornos de la Conducta Alimentaria, TCA, Factores de Riesgo,
Estudios Longitudinales, Insatisfacción Corporal.
Fecha de recepción: 3 de diciembre de 2019. Fecha de aceptación: 30 de enero de 2020.
Correspondencia sobre este artículo:
E-mail: egismero@comillas.edu
Direcciónpostal:UniversidadPonticiaComillas,3.28049-Madrid.España
© 2020 Revista de Psicoterapia
Factores de riesgo psicosociales en TCA


Identifying risk factors is esential to develop strategies for prevention and to guide
eective interventions for eating disorders (ED). The purpose of this review is to
examine some socicultural, contextual and psychological factors that have proved to
increase the risk to develop an ED, with special attention to ndings from longitudinal
prospective studies.
All factors linked with being exposed to the sociocultural idealization of thinnes in
women and the pressure to attain it (media exposure, pressures for thinnes, thin-ideal
internalization, thinnes expectancies) are risk factors that can predict increasing in body
dissatisfaction levels, use of diets o bulimic symptoms, in adolescent and young women.
Some personality factors (perfectionism, negative emotionality, depressive symptoms,
low self-steem, impulsivity/negative urgency), as well as some maladaptative parental
behaviors, and peers with similar worries and strategies, have been shown to predict
the development of eating disorders symptoms.
We conclude with some suggestions to consider in the preventive and clinic interventions.
Keywords: Eating Disorders, ED, Risk Factors, Longitudinal Studies, Body
Dissatisfaction.
 
Comprender la etiología y los factores que inuyen en el desarrollo de un tras-
torno es esencial para poder desarrollar intervenciones preventivas y tratamientos
ecaces, especialmente cuando se trata de trastornos crónicos y con mal pronóstico.
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) se consideran enfermedades
psiquiátricas severas que conllevan numerosas consecuencias negativas, incluyendo
complicaciones médicas y alteraciones en el funcionamiento cognitivo, emocional
y social (5.ª Ed.; DSM- V; American Psychiatric Association [APA], 2013). Aunque
la etiología de estos trastornos es compleja e implica interacciones entre factores
socioculturales, psicológicos y biológicos (Culbert, Racine y Klump, 2015), la
mayoría de las investigaciones en este área se limitan a uno de estos niveles de
análisis. Esta revisión va a centrarse especialmente en aquellas variables psicoso-
ciales que han demostrado tener más peso como factores de riesgo evaluados en
estudios longitudinales (no meramente cros-seccionales, que sólo permiten identi-
car correlatos). De acuerdo con recientes revisiones que incorporan los criterios de
Kraemer et al. (1997), consideramos factores de riesgo únicamente a aquellos que
preceden y predicen prospectivamente un resultado, y no simplemente a aquellos
que se asocian a un resultado, que se consideran correlatos (Culbert et al., 2015;
Jacobi y Fittig, 2010; Jacobi, Hütter y Fittig, 2018).
A pesar del enorme número de investigaciones en este terreno, existen
problemas a la hora de identicar los resultados especícos para cada una de las
categorías diagnósticas de TCA, ya que la mayoría de los estudios abarcan formas
“subclínicas” de los trastornos y muchos engloban estas formas “subclínicas” en
la categoría de Trastorno de la Conducta Alimentaria No Especicado (por sus
siglas en inglés, EDNOS). Los EDNOS y las formas “subclínicas” de TCA son las
más abundantes en los estudios, mientras que las más infrecuentes son las formas
clínicas y subclínicas de Anorexia Nerviosa (AN) (Jacobi et al., 2018). Por tanto,
vamos a referirnos a los resultados que hacen referencia a los TCA en general,
aunque precisemos en algún momento resultados especícos relativos a AN y BN.
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Los principales modelos socioculturales que han estudiado los riesgos sobre
los TCA se han centrado sobre todo en factores relacionados con la idealización
sociocultural de la delgadez en las mujeres: la exposición a los medios, las presio-
nes para adelgazar, la internalización del ideal de delgadez, y las expectativas al
adelgazar (e.g., expectativas de mejora generalizada en la vida por adelgazar) son
aspectos que están directamente relacionados con dos de los factores de riesgo más
claros de la AN y la BN: la insatisfacción corporal y las dietas/ayuno.
En estudios longitudinales, la insatisfacción corporal, y las preocupaciones
por el cuerpo, el peso y las formas corporales se han demostrado como factores de
riesgo que predicen el establecimiento de un futuro TCA, incluyendo AN (Beato-
Fernández Rodríguez-Cano, Belmonte-Llario y Martínez-Delgado, 2004; Ghaderi
y Scott, 2001; Rohde, Stice y Marti, 2015) y BN (Beato-Fernández et al., 2004;
Factores de riesgo psicosociales en TCA

Ghaderi y Scott, 2001; Jacobi et al., 2011; Rohde et al., 2015; The McKnight In-
vestigators, 2003; Stice, Marti y Durant, 2011).
En el estudio longitudinal de McKnight (The McKnight Investigators, 2003)
las puntuaciones elevadas en “preocupación por el cuerpo delgado y presión
social”, un factor que medía preocupaciones con el peso, forma y alimentación
(incluyendo modelos mediáticos, comida social, dieta, y burlas sobre el peso)
predecía signicativamente el establecimiento de TCAs en dos muestras distintas
(Stanford y Arizona). Esta preocupación por un cuerpo delgado, la presión social a
adelgazar y los comentarios negativos sobre el peso o la forma hechos por entrena-
dores, profesores, amigos o hermanos, se conrman también en otros dos estudios
longitudinales (Jacobi et al., 2011; Rohde et al., 2015). La insatisfacción corporal
aparece también como el predictor más potente en el estudio prospectivo de Stice,
Davis, Miller y Marti (2008) que analizaron interacciones entre factores de riesgo
en 496 adolescentes: las chicas en el 24% de mayor insatisfacción corporal mos-
traron una incidencia de inicio de TCAs cuatro veces mayor (24% vs. 6%). Entre
las participantes con mayor insatisfacción corporal, aquellas que mostraban más
síntomas depresivos tenían aún más riesgo de iniciar un TCA, mientras que, entre
aquellas con menor insatisfacción, la incidencia aumentaba en las que hacían dieta.
Hacer dieta también se ha conrmado como factor predictivo de TCAs,
incluyendo AN (Fairburn, Cooper, Doll y Davies, 2005; Rohde et al., 2015; Stice
et al., 2011) y BN: Patton, Selzer, Coey, Carlin y Wolfe (1999) encontraron que
las mujeres que seguían dietas de moderadas a severas tenían de 5 a 18 veces más
probabilidad de desarrollar una BN subclínica que aquellas que no seguían die-
tas. Liechty y Lee (2013) analizaron prospectivamente predictores de conductas
extremas de pérdida de peso (uso de laxantes, de píldoras adelgazantes, vómito
auto-inducido, etc.) entre 14322 adolescentes, seguidos durante 7 años hasta que
alcanzaron una edad entre 18 y 26 años. Las dietas tempranas, la depresión y la
distorsión de la imagen corporal aumentaban el riesgo de mantener posteriormente
este tipo de conductas extremas para controlar el peso.
La mayor exposición a los medios de comunicación predice prospectivamente
el establecimiento de un TCA en chicas adolescentes y jóvenes (Martínez-González
et al., 2003); la duración total de la exposición, el tipo de revista, la clase de emisión
de radio que se escucha o el tipo de programas televisivos que se ven predicen el
mayor riesgo.
Estudios experimentales también han mostrado que la manipulación expe-
rimental de la exposición a imágenes de cuerpos “ideales” causa aumentos de
insatisfacción corporal, especialmente entre personas en riesgo de TCA, como
aquellas que internalizan el ideal de delgadez o mantienen dietas desordenadas, tal
como muestra un reciente meta-análisis (Hausenblas et al., 2013). Algunos estudios
experimentales, aunque escasos, apuntan a que el uso de las redes sociales puede
provocar trastornos de la imagen corporal. Por ejemplo, Tiggermann y Zaccardo
(2015) encontraron que, al exponer a sus participantes a imágenes mediáticas
 
idealizadas, pero no si eran expuestas a imágenes relacionadas con viajes, expe-
rimentaban un aumento de humor negativo y de insatisfacción corporal. Similar
conclusión obtuvieron Brown y Tiggermann (2016) al exponer a imágenes de Ins-
tagram de famosas y de chicas desconocidas y atractivas de su edad: incrementos
de humor negativo e insatisfacción corporal; la exposición a ese tipo de imágenes
parace nociva para la imagen corporal de las mujeres. Tiggemann y Slater (2017)
hallaron que entre niñas (entre 8 y 9 años) y adolescentes (entre 13 y 15 años) en
un seguimiento de dos años se incrementaba tanto el uso de Facebook como las
preocupaciones con la imagen corporal. Además, el número de “amigos” en Face-
book predecía el impulso a adelgazar, y la internalización y preocupación corporal
predecían el aumento de “amigos” en Facebook. Por todo ello, concluyeron que
las amistades de Facebook representan una potente inuencia sociocultural en la
imagen corporal de niñas y adolescentes.
Aunque todavía con pocos estudios longitudinales, empiezan a acumularse
cada vez más evidencias de que determinados usos de las distintas redes sociales
(especialmente hacer comparaciones basadas en la apariencia física) están relaciona-
dos con comportamientos alimentarios restrictivos (como restricción en cantidad de
alimento o en ciertos tipos de alimentos) (e.g., Murray, Maras y Goldeld, 2016); de
que hay relación entre el uso de Facebook con la imagen corporal y los desórdenes
alimentarios (e.g., Frost y Rickwood, 2017); de que el uso de redes sociales está
relacionado con descenso de autoestima (Burnette, Kwitowski y Mazzeo, 2017;
Cohen, Newton-John y Slater, 2017; Fardouly, Pinkus y Vartanian, 2017; Murray
et al., 2016), así como con un aumento de la insatisfacción corporal (Cohen et al.,
2017; Murray et al., 2016; Strongeet al., 2015; Tiggemann y Slater, 2017).
Bachner-Melman, Zontag-Oren, Zohar y Sher (2018) compararon adolescentes
y mujeres entre 12 y 30 años, 53 de ellas diagnosticadas de TCA con otras 69 sin
diagnóstico en sus patrones de uso de intenet. Evaluaron trastorno alimentario,
imagen corporal, afecto positivo y negativo, estrés general, satisfacción vital, así
como ámbito de su uso de internet, frecuencia de mirar y subir fotos y vídeos,
amistades on line y comparación social, satisfacción de necesidades on line, y
estado anímico después de usar internet. El tiempo que pasaban ambos grupos on
line era similar, pero empleado de forma muy diferente: las participantes con TCA
dedicaban signicativamente más tiempo a contenidos sobre comida, peso e imagen
corporal, y a fórums y blogs; se enganchaban con más frecuencia en comparaciones
sociales, y tenían más amistades on line con TCA. Comparadas con las controles, las
participantes con TCA informaban que los foros y blogs les ofrecían más consejos
vinculados a la comida y al peso, y un mayor sentido de pertenencia, apoyo social y
seguridad, fruto del anonimato, con tamaños del efecto entre 0.63 y 0.96. También
decían experimentar más sentimientos negativos después de sus intercambios on
line. En ambos grupos, muchas conductas on line correlacionaban positivamente
con medidas de sintomatología y negativamente con medidas de salud mental.
En su revisión meta-analítica Saiphoo y Vahedi (2019) encuentran que el
Factores de riesgo psicosociales en TCA

uso de redes sociales afecta a la auto-imagen tanto de hombres como de mujeres,
especialmente a los jóvenes, sugiriendo que son contenidos no dirigidos especial-
mente a mujeres, sino que ambos son usuarios frecuentes y por tanto sus contenidos
idealizados sirven de criterios de comparación para ambos sexos.
Aunque los estudios longitudinales son los que establecen más claramente
los factores de riesgo, podemos encontrar evidencias adicionales de la enorme
importancia de la idealización de la delgadez en la mujer en el desarrollo de
los TCAs en los datos de incidencia y prevalencia históricos y transculturales:
en las sociedades occidentales y occidentalizadas se ha incrementado durante el
siglo XX tanto la idealización cultural de la delgadez como la incidencia de AN
y BN, lo que apoya indirectamente la idea de que el aumento de la idealización
de la delgadez incrementa el riesgo de la aparición de TCAs (para una revisión,
e.g., Keel y Forney, 2013). Asimismo, los datos que provienen de programas de
prevención e intervención aportan más evidencias: programas con el objetivo de
reducir la internalización del ideal de delgadez (como el Body Proyect, basado en
disonancia cognitiva) o las expectativas al adelgazar (Annus, Smith y Masters,
2008) han conseguido reducir síntomas de TCA (e.g., insatisfacción corporal,
dieta, síntomas bulímicos; Annus et al., 2008; Stice, Marti, Shaw y O´Neil, 2008),
y, en un estudio, el inicio de trastorno de conducta alimentaria (Stice, Rohde, Gau
y Shaw, 2011). Los tamaños del efecto se mueven generalmente en rangos de
pequeños a medianos, pero se encuentran mayores efectos de las intervenciones
cuando los programas se orientan a personas con riesgo alto (e.g., chicas con alta
internalización del ideal de delgadez, insatisfacción corporal, o un TCA) (Müller
y Stice, 2013; Stice et al., 2008).
Recogiendo todos los resultados comentados, podemos armar que todas las
variables vinculadas a la exposición al ideal de delgadez y a la presión para con-
seguirlo, como son: la exposición a los medios, la internalización de este ideal, la
presión percibida para conseguirlo y las expectativas al adelgazar, son factores de
riesgo, es decir, se han mostrado capaces de predecir incrementos en los niveles de
cogniciones y comportamientos de trastornos alimentarios, tales como insatisfacción
corporal, práctica de dietas o síntomas bulímicos, en mujeres adolescentes y jóvenes.

Aunque el ideal de delgadez impuesto en las sociedades occidentalizadas
produce altos niveles de insatisfacción corporal en porcentajes elevadísimos de la
población femenina (ver e.g., Gismero, 2008; Gismero, 2016), con consecuencias
negativas en muchos ámbitos de la vida de las mujeres desde su infancia y ado-
lescencia, sólo algunas de ellas desarrollan un TCA. Hay diferencias individuales
que hacen más vulnerables a algunas personas al desarrollo de un TCA, diferencias
de carácter genético/biológico, psicológico y contextual, que interactúan entre sí.
Estamos lejos de conocer exactamente cuáles son todos los factores de riesgo, cómo
interactúan entre sí y su relación con variables moduladoras y moderadoras, que
 
pueden explicar el desarrollo de los diferentes TCAs. Algunas exceden el ámbito de
este trabajo, de modo que nos centraremos en comentar ciertas variables vinculadas
a la personalidad y el entorno próximo de las personas que han mostrado ser más
predictivas en el establecimiento de un TCA.
Los rasgos psicológicos se consideran indicadores estables de diferencias in-
dividuales en el patrón típico de pensamiento, emoción o comportamiento a través
de las situaciones, que inuyen en las propias reacciones a los acontecimientos
ambientales y al entorno (tales como las presiones socioculturales a adelgazar).
Algunos rasgos de personalidad que han mostrado ser predictivos del desarrollo
de síntomas de trastornos de conducta alimentaria son el perfeccionismo, la emo-
cionalidad negativa/neuroticismo y/o síntomas depresivos, la baja autoestima, y la
impulsividad/urgencia negativa.
El perfeccionismo aparece como un importante factor de riesgo y de manteni-
miento para la patología alimentaria, tanto en muestras clínicas como no clínicas.
Las personas con TCA a menudo muestran altos niveles de perfeccionismo desa-
daptativo que contribuyen al mantenimiento de su trastorno, llevándoles a adherirse
a reglas estrictas sobre qué y cuándo deben comer, poniendo excesivo énfasis en
conseguir un cuerpo delgado ideal, y siendo extremadamente críticos cuando no
se cumplen sus expectativas. Varios estudios longitudinales han encontrado que
un alto nivel de perfeccionismo predice el inicio de síndromes de anorexia (Tyrka,
Waldron, Graber y Brooks-Gunn, 2002), síntomas bulímicos (Killen et al., 1994;
Vohs, Bardone, Joiner, Abramson y Heatherton, 1999), y atracones (Bardone-Cone,
Abramson, Vohs, Heatherton y Joiner, 2006). Además, estudios longitudinales con
seguimiento de muestras clínicas aportan evidencias de que el perfeccionismo es
un factor predictor de resultados negativos en el tratamiento en distintos TCAs en
seguimientos desde uno a diez años (Bizeul, Sadowsky y Rigaud, 2001; Olmsted,
Kaplan y Rockert, 1994; Ro, Martinsen, Hoart y Rosenvinge. 2003), resultando
ser no solo un factor que predice el inicio del trastorno, sino que además predice su
mantenimiento (ver el estudio a diez años de Holland, Bodell y Keel, 2013). Este
papel del perfeccionismo como factor de mantenimiento se ha visto conrmado en
varios estudios prospectivos con seguimiento de muestras poblacionales no clíni-
cas (Santonastaso, Friederici y Favaro, 1999; Shafran, Cooper y Fairburn, 2002;
Stice, 2002).
La emocionalidad negativa (tendencia a sentirse infeliz y con ansiedad) y
el humor depresivo y/o los síntomas depresivos se conrmaron en estudios lon-
gitudinales con muestras que incluían entre 5%-25% de personas con AN (Leon,
Fulkerson, Perry, Keel y Klump, 1999; Rohde et al., 2015; Stice et al., 2011). En
el estudio longitudinal de Stice et al. (2011) con 236 universitarias con riesgo
de padecer TCA (denido como elevadas preocupaciones por el peso y la forma
corporal en el inicio), se estudiaron los factores de riesgo y sus interacciones entre
sí, en un seguimiento de 3 años. Los factores de riesgo más potentes encontrados
fueron los comentarios sobre la comida por parte de sus profesores/entrenadores/
Factores de riesgo psicosociales en TCA

hermanos, así como una historia de depresión. Las investigaciones longitudinales
han mostrado consistentemente que la emocionalidad negativa y el humor depresi-
vo predicen el desarrollo de patología de conducta alimentaria. Leon et al. (1999)
siguieron prospectivamente una muestra de 1400 chicos y chicas. Encontraron
que un factor (Negative aect/Attitudes) que englobaba insatisfacción corporal,
depresión, emocionalidad negativa (rasgo que indica tendencia a sentirse infeliz y
ansioso), inefectividad, y consciencia interoceptiva (habilidad para reconocer los
propios sentimientos), era un predictor signicativo durante el seguimiento del
desarrollo de patología de conducta alimentaria (e.g., impulso a adelgazar, síntomas
bulímicos, etc.), tanto en chicas como en chicos (Leon et al., 1999). Como una
diátesis o predisposición individual, este factor está probablemente asociado con
actitudes negativas hacia uno mismo, provocando baja autoestima e insatisfacción
con muchos aspectos del self, incluyendo la propia apariencia física y el peso. Leon
et al. (1999) plantearon que este factor global (Negative aect/Attitudes) consti-
tuye una predisposición inespecíca para el desarrollo de una patología, y que los
factores culturales, tales como la idealización de la delgadez en la mujer, modelan
la expresión de esta predisposición como un TCA.
Varios estudios han conrmado el potencial rol de la baja autoestima y el
alto neuroticismo en el establecimiento de un TCA (Gual et al., 2002; Cervera
et al., 2003). Button, Sonuga-Barke, Davies y Thompson (1996) en un estudio
longitudinal hallaron que las niñas de 11 y 12 años con poca autoestima tenían un
riesgo signicativamente mayor de desarrollar los síntomas más severos de TCA,
además de otros problemas psicológicos, a los 15 y 16 años. Gusella, Goodwin y
van Roosmalen (2008) encontraron que, entre las chicas de su muestra, el mejor
predictor de estar en el grupo de riesgo de TCA (denido como una puntuación de
20 o más en la versión infantil del Eating Attitudes Test (ChEAT) era estar inten-
tando perder peso y tener baja autoestima.
Pearson, Combs, Zapolski y Smith (2012) examinaron predictores de trastornos
por atracón entre 1906 adolescentes (entre sus 12 y 13 años). Uno de sus hallazgos
importantes fue que la urgencia negativa (un rasgo de personalidad que representa
la tendencia a actuar precipitadamente en respuesta a emociones negativas) produce
expectativas de que comer aliviará los sentimientos negativos, y, a su vez, estas
expectativas predicen incrementos en atracones. Estos hallazgos fueron similares
para ambos sexos, y para estudiantes blancos y afroamericanos.
También está cada vez más claro el efecto de determinados factores relativos
al entorno próximo, y se van identicando aspectos familiares y vinculados a los
amigos en estudios longitudinales.
Beato-Fernández et al. (2004) con una muestra de 1076 adolescentes de 13
años, encontraron que la insatisfacción corporal y la percepción negativa de ac-
titudes parentales (sentimientos de no ser sucientemente querida o ser ignorada
por el padre o la madre) predecían TCA dos años después. La auto-estima era un
factor protector de la insatisfacción corporal.
 
Ghaderi y Scott (2001) también encontraron que poca autoestima, altas pre-
ocupaciones con el cuerpo, estrategias de afrontamiento evitativo o de escape, y
poca percepción de apoyo social, incluido apoyo familiar, resultaron factores de
riesgo prospectivos de un TCA entre las mujeres de su muestra.
En su completo estudio predictivo longitudinal, Johnson, Cohen, Kasen y Brook
(2002) encontraron que la desatención física y el abuso sexual durante la infancia
aumentaban el riesgo de padecer un TCA y varios tipos de problemas con la comida
y el peso en la adolescencia o la juventud. Entre otras cosas, sus hallazgos indican
que el comportamiento desadaptativo de los padres (y no de las madres) parece
jugar un importante papel en el desarrollo de TCA en sus hijos: poco cariño, poco
cuidado, poca empatía, alto control paternal, comportamientos poco amistosos,
sobreprotectores y seductores de los padres, se asocian al desarrollo de un TCA en
sus hijos. Niños que habían experimentado tres o más tipos de comportamientos
paternales inadaptativos tenían aproximadamente tres veces más probabilidad de
tener TCA durante su adolescencia o juventud (χ2 = 9.49, df = 2, p = 0.009).
Con respecto a los pares, los datos apuntan a que tienden a elegirse aquellos
amigos que comparten ciertas características similares a las propias (como el perfec-
cionismo, la insatisfacción corporal, los síntomas bulímicos, etc.), y que los amigos
seleccionados inuyen a su vez en las preocupaciones corporales y la importancia
concedida a adelgazar. Algunas investigaciones longitudinales apoyan que tener
amigos que hacen dieta predice signicativamente mayor insatisfacción corporal
(Paxton, Eisenberg y Neumark-Sztainer, 2006), así como la práctica de métodos
de control de peso extremos e insanos (como ayuno o vómitos auto-inducidos), y
atracones, en adolescentes en un seguimiento de 5 años (Eisenberg y Neumark-
Sztainer, 2006). La frecuencia con que la compañera de habitación hace dieta entre
universitarias predecía prospectivamente el impulso a adelgazar, los síntomas bulí-
micos y las conductas purgativas (vómitos auto-inducidos, laxantes, diuréticos) diez
años después (Keel, Forney, Brown y Heatherton, 2013). En una etapa en que se está
formando la identidad, los amigos pueden contribuir a internalizar el ideal cultural
de delgadez, lo que contribuye a las complicaciones alimentarias en la juventud.
Keel et al. (2013) también encontraron que entre quienes tenían compañeras que
no hacían dieta disminuían el impulso a adelgazar y los síntomas bulímicos, lo que
apunta a una interesante consideración para la intervención.

La identicación de factores de riesgo es esencial para poder desarrollar estra-
tegias de prevención efectivas. En los TCA están implicadas múltiples inuencias
biopsicosociales, y algunas de ellas pueden considerarse factores de riesgo esta-
blecidos, mostrándose como predictores en estudios longitudinales. Aunque no
conocemos aún todos esas inuencias y su interacción, podemos obtener algunas
conclusiones.
Las presiones sociales para adelgazar, tanto del entorno próximo (por parte
Factores de riesgo psicosociales en TCA

de padres, pares, entrenadores, etc.) como del contexto sociocultural más amplio,
al incidir sobre personas especialmente vulnerables (perfeccionistas, depresivas,
que tienden a sentirse infelices y ansiosas, impulsivas) disminuyen una ya baja
autoestima, a veces generada por la inadecuación del cuidado familiar, tanto por
exceso –sobreprotección...– como por defecto –desatención, falta de apoyo, abu-
so...–. La insatisfacción personal, incluida la insatisfacción con la propia apariencia,
puede encontrar una “salida” en la práctica de dietas o síntomas bulímicos como
un intento de aproximarse al ideal cultural de delgadez.
Tanto las variables contextuales como las personales deberían abordarse pre-
ventivamente. Por ejemplo, dado que el perfeccionismo predice tanto el inicio como
el mantenimiento de los TCA, abordar un perfeccionismo elevado en la prevención
y el tratamiento puede ser un aspecto crucial, y aunque suele ser un objetivo en la
intervención cognitivo-conductual de los TCA, se le ha prestado relativamente poca
atención en la prevención. Más aún, ya que el perfeccionismo juega un importante
papel en la etiología y el mantenimiento de distintos trastornos psicológicos (como
depresión, trastorno obsesivo-compulsivo, TCA, etc.), las intervenciones dirigidas
a modicarlo podrían tener benecios para los trastornos comórbidos.
Abordar la autoestima es importante también ya que ha demostrado repetida-
mente ser un factor protector no solo de insatisfacción corporal –un precursor de
los TCA–, sino de otros muchos trastornos psicológicos. Proporcionar habilidades
que ayuden a superar las características psicológicas de vulnerabilidad a los TCA,
tales como reforzar la autoestima, afrontar el perfeccionismo y el neuroticismo,
enseñando a las personas a aceptarse a mismas sin priorizar únicamente su aspecto
corporal, son elementos a incluir en cualquier programa preventivo de trastornos
psicológicos, y en particular de TCA. Algunos profesionales han señalado incluso
la conveniencia de trabajar estos aspectos sin ni siquiera mencionar los TCA, ya
que presentarlos como “enfermedades de moda”, o la publicidad sensacionalista
de intervenciones preventivas, podría conducir paradójicamente a atraer a ciertos
adolescentes, encauzando su rebeldía juvenil o su insatisfacción vital, o siendo la
expresión de un grito de ayuda que demanda más atención o cariño, o una voz de
protesta antes padres y madres que han “desertado” de la vida en familia (Martínez-
González e Irala, 2003). Hay que recordar en este sentido que existen colectivos
que promueven la anorexia como un “estilo de vida” (webs Pro-Ana y Pro-Mía),
incitando a convertirse en anoréxica/o y transmitiendo la idea de que el enemigo
son quienes los consideren enfermos.
La relación entre exposición mediática (anuncios televisivos, videos musi-
cales, vallas publicitarias, revistas, redes sociales...) y preocupaciones, o incluso
trastornos de la imagen corporal, puede darse mediante distintos mecanismos:
vía internalización de los ideales estéticos sociales o vía comparaciones sociales
basadas frecuentemente en la apariencia física. Especialmente los adolescentes
toman esas imágenes como sus ideales, se comparan a sí mismos con esas guras,
y se sienten peor consigo mismos y con su aspecto como resultado. Las fotos que
 
aparecen en los medios, incluidas redes sociales, son seleccionadas, editadas y
retocadas para parecer más atractivas, no suelen ser imágenes naturales y realistas,
por lo que pueden producir comparaciones sociales que aumenten los sentimientos
de insatisfacción corporal (Gismero, 2016). Ahora bien, mientras que en los medios
tradicionales suelen aparecer imágenes de famosas o modelos, en las redes es más
frecuente establecer comparaciones con iguales, y algunos estudios sugieren que el
impacto de estas comparaciones es aún más potente (e.g., Ferguson, Muñoz, Garza
y Galindo, 2014). La teoría de la comparación social ya armaba que las personas
tendemos a compararnos con aquellos que son similares a nosotros, puesto que estas
comparaciones son más relevantes y pueden aportarnos una información evaluativa
más efectiva (Festinger, 1954). Por todo esto, las redes sociales pueden ser aún
más perjudiciales para la autoestima de los adolescentes, especialmente. Además,
hay que tener en cuenta que las redes son usadas ampliamente por todo el mundo,
habiéndose convertido en un elemento importante del comportamiento social.
Aunque se ha demostrado que ciertos comportamientos online están relacionados
positivamente con sintomatología y negativamente con salud psicológica, el uso de
internet no suele abordarse en terapia. Clínicos, familias y amigos deberían ayudar
a las personas con TCA a ampliar su uso de internet, dedicando menos tiempo a
contenidos relacionados con el peso y la apariencia, ampliando sus vidas sociales
“reales” y desarrollando sus habilidades interpersonales, para que puedan satisfacer
sus necesidades personales más cara a cara que virtualmente.
Se hace muy relevante educar en aumentar la consciencia sobre la idealización
y manipulación de los contenidos mediáticos y en desarrollar un pensamiento crítico
frente a las imágenes que presentan. Algunas investigaciones aportan evidencias en
este sentido: Tamplin, McLean y Paxton (2018) constataron que las participantes
con más cultura sobre los medios (mayor consciencia y pensamiento crítico sobre
los contenidos) se veían mucho menos afectadas en su auto-evaluación corporal
al ser expuestas a contenidos mediáticos idealizados.
Tener presente que el uso de las redes sociales vinculado a la apariencia puede
asociarse a preocupaciones y trastornos relacionados con la imagen corporal puede
ayudarnos a orientar nuestras intervenciones a prevenir o reducir la insatisfacción
corporal. Un ejemplo es el programa Boost Body Condence and Social Media Savvy,
dirigido a hacer más conscientes de la manipulación digital de las imágenes de los
medios y de las comparaciones relacionadas con la apariencia en los medios (como
dejar comentarios sobre el aspecto físico en los posts de compañeras). Las adoles-
centes participantes recibieron tres intervenciones con formación sobre los medios
y redes sociales (un grupo control siguió sus clases habituales). Las participantes
mostraron aumentos en su estima corporal y escepticismo sobre la autencicidad
de las imágenes en redes sociales, y disminución en sus restricciones alimentarias
(McLean, Wertheim, Masters y Paxton, 2017). Aunque estos resultados se reeren
sólo a adolescentes, un grupo de especial riesgo en cuanto a su imagen corporal,
resultados como los de este estudio deberían hacernos aún más conscientes a todos
Factores de riesgo psicosociales en TCA

de la importancia que tienen las comparaciones sociales basadas especialmente en
el aspecto físico, porque muy probablemente somos inadvertidamente a menudo
“amplicadores” de la importancia de la apariencia, en entornos familiares, edu-
cativos, o simplemente de amistad.
Dada la importancia de los intereses y comportamientos de los amigos en este
terreno, como han demostrado los estudios longitudinales, un objetivo importante de
la prevención y la intervención sería abordar las preocupaciones sobre la comida y
las prácticas de dietas entre los grupos de amigos, no sólo dirigirse exclusivamente
al individuo (Eisenberg y Neumark-Sztainer, 2010). Los grupos de amigos pueden
representar el entorno escogido por una persona, que a su vez crean el contexto
en el que se modela el impacto del entorno social. Las intervenciones grupales en
la adolescencia para cuestionar la internalización del ideal de delgadez, con sus
preocupaciones y comportamientos insanos asociados, pueden ser muy valiosas
(Keel y Forney, 2013).
Las investigaciones centradas en preguntar a las personas recuperadas de un
TCA qué les ayudó a superar sus problemas, tales como el meta-análisis de de Vos,
LaMarre, Radstaak, Birjkerk, Bohlmeijer y Westerhof (2017), destacan además de la
remisión de la patología alimentaria, otros aspectos importantes en su recuperación,
relacionados con el bienestar psicólogico y la adaptabilidad/resiliencia. Los más
frecuentemente mencionados eran: autoaceptación, relaciones positivas, crecimiento
personal, disminución de los comportamientos y cogniciones relacionados con el
trastorno alimentario, auto-adaptabilidad/resiliencia y autonomía. Deberíamos consi-
derar las implicaciones de investigaciones como esta, que dan voz a los expacientes
ya recuperados, que nos orientan a trabajar sobre los aspectos que fortalecen a la
persona para hacerla más resiliente y menos vulnerable a los trastornos.
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... Meanwhile, on the other hand, we also found a main effect of sex, with women presenting higher scores than men, regardless of their sexual orientation. In general, women are under greater sociocultural pressure of an aesthetic ideal and most studies reported a higher prevalence of body dissatisfaction in women [53]. Women, for example, have lower body satisfaction than men regardless of their BMI [54]. ...
... In the case of bulimia, lesbian women reported the lowest bulimia scores, being much lower than heterosexual women, while for men there were no differences based on sexual orientation. Higher body dissatisfaction was found to be a predictor of bulimia [53]. Gay men also presented high levels of body dissatisfaction; however, this did not translate into a high rate of reported bulimia symptomatology. ...
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Background Men tend to give more importance than women to physical aspects when selecting a partner; thus, the internalization of beauty standards and the ideal of thinness may be greater in populations attracted to men, placing them at a higher risk of eating disorders. Methods In a sample (n = 398) of heterosexual and gay men and women, we evaluated the drive for thinness, body dissatisfaction, and bulimic symptomatology. Using ANCOVAs, we analyzed the differences in symptoms score according to sex, sexual orientation and relational status including body mass index (BMI) as covariate; we also evaluated the mediating role of drive for thinness in the relationship between sexual orientation and body dissatisfaction. Results We found an increased drive for thinness and body dissatisfaction in men-attracted compared with women-attracted participants; also, body dissatisfaction was greater in women than in men. Heterosexual women presented higher bulimia scores than lesbian women. Gay men open to relationships presented higher drive for thinness and body dissatisfaction scores than those not-open to relationships. Finally, differences in body dissatisfaction between gay and heterosexual men were fully explained by drive for thinness, while, in the case of women, drive for thinness only partially explained these differences. Conclusions Attraction to men seems to be a risk factor for EDs in the case of gay men and heterosexual women. In addition, in the case of heterosexual women, other factors independent of the desire to attract men seem to be important.
... Additionally, based on the media exposure of the SNs, pressures to lose weight through the visualisation of diet-culture content and thinness promotion are very common, as is the exposure to the advertising and promotion of light foods, all of which can precipitate risk factors such as body dissatisfaction, the use of diets or bulimic behaviours (Boswell & Kober, 2016;Gismero González, 2020;Rodgers & Melioli, 2016;Rosenberg, 1965). To the social media exposure itself are added the dynamics of interaction through 'likes' and comments received about the shared photographs, issues that must be present for us to understand EDs (Tiggemann et al., 2018). ...
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Eating disorders are mental health illnesses that are influenced by various individual, family and social factors. The present study aimed to examine the influence of self‐esteem and socialisation through social networks on eating disorder behaviours in adolescence. The sample was made up of 721 secondary school students (49.1% girls). The sample age ranged between 12 and 18 years (M = 13.89, SD = 1.37). Participants completed the Eating Attitudes Test‐26 (EAT‐26) to measure disordered eating attitudes and behaviours, the Rosenberg Self‐Esteem Scale and the ESOC‐39 scale, which measures socialisation through social networks, in addition to a brief initial sociodemographic survey. Descriptive and multivariate analyses were carried out with MANOVA. Low self‐esteem was shown to increase behaviours linked to eating disorders globally. Likewise, high socialisation through social networks was also associated with a general increase in eating disorders during adolescence. The findings of the study provide empirical support for the need to develop prevention strategies that address the improvement in self‐esteem and adequate socialisation through social networks during adolescence. The development of effective interventions along these lines could be helpful to treat the behaviours and attitudes that are observed in eating disorders.
... It is important to consider all of them as interrelated in the promotion of healthy habits amongst the adolescent population. In this sense, recent research [67] reveals the relevance of promoting good dietary habits from all the areas of development of the adolescent, i.e., family, school and community on account of the consequences that this has for their health in the short and long term. Current research studies [63,68] into different contexts point out the important role that this early nutritional education has in the emergence of eating disorders in adolescents, as well as the need to draw up strategies and protocols of action once these appear. ...
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Dietary habits are an important factor in the protection of adolescent health. The quality and frequency of breakfast and the various food groups can affect the wellbeing of this population group in both the short and long term. Research indicates that there is a range of relevant variables in the study of diet at this stage: following a weight loss diet, body mass index and the practice of physical exercise, amongst others. In this paper, all three variables are analysed, together with others of a demographic nature (sex and age). This is a descriptive cross-sectional survey that was carried out on 1318 adolescents aged 11 to 18. The Health Behaviour in School-Aged Children (HBSC) international study questionnaire, sponsored by the World Health Organisation, was used. In general terms, the data revealed that the majority of adolescents do not have adequate eating patterns. The quality and frequency of breakfast and the consumption of food types are associated with almost all the variables under study; additionally, there are significant differences by sex and school year. Finally, proposals are made to prevent eating disorders, which are appearing at an increasingly young age.
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O estudo avaliou a produção científica em periódicos brasileiros das Ciências da Saúde em relação à bulimia e ao corpo sob a ótica das Ciências Humanas. Para tanto, foi realizada uma revisão sistemática da literatura, na qual se acessou a base eletrônica da Literatura Latino-Americana e do Caribe em Ciências da Saúde (Lilacs) para a coleta de dados. Os termos “transtornos alimentares and corpo”, “transtornos do comportamento alimentar and corpo”, “bulimia and corpo” foram utilizados na busca dos artigos, que incluiu na amostra estudos publicados entre 2013 e 2017, disponíveis na íntegra e publicados em periódicos brasileiros. A amostra consistiu em 19 artigos os quais foram lidos na íntegra. Os resultados demonstraram que a produção científica sobre bulimia e corpo, embora interdisciplinar, possui enlace com as Ciências Naturais. Nesse sentido, conclui-se que há um limite na compreensão do fenômeno sob a ótica da cultura no campo das Ciências da Saúde, e que, um avanço no debate com as Ciências Humanas gerará potencial de abrir novos caminhos interpretativos.
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With the quickly rising popularity of social media within the past decade, researchers have started to investigate the relationship between social media use and various psychological wellbeing variables. Given social media’s similarity to traditional media, and the unique types of social comparisons that may occur on these platforms, body image has been a variable of interest. However, this literature has produced mixed findings and lacks a consensus on the valence of this relationship. Thus, this meta-analysis aimed to provide a quantitative review of cross sectional research on this topic to provide clarification on the relationship between social media use and body image. An analysis of sixty-three independent samples (N = 36,552) using a mixed-model analysis revealed an overall effect size of r = .156, CI [.123, .188], indicating a small, positive, and significant relationship between social media use and body image disturbance. Type of social media use, body image dimension, country grouping, age, and ethnicity were all found to be significant moderators of this relationship. Strengths and limitations of the meta-analysis, as well as future directions for this line of research are discussed.
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This study aimed to compare the scope, internet use patterns, and degree of online need satisfaction of girls and women with and without a lifetime eating disorder (ED) diagnosis. Participants were 122 females aged 12–30, 53 with a lifetime ED diagnosis recruited via a hospital-based treatment program, and 69 age-matched controls recruited via normative social media sites. Participants completed questionnaires assessing disordered eating, body image, positive and negative affect, general distress, and life satisfaction, and completed an online survey about the scope of their internet use, the frequency of watching and posting pictures and videos, online friendships and social comparison, fulfillment of needs online, and mood after internet use. All questionnaire scores differed significantly between groups in the expected directions. Whereas overall, ED and control groups spent similar amounts of time online (6.21, SD = 5.13), they spent this time differently. ED participants reported devoting 56.7% of their online time to eating, weight and body image, versus 29.1% for controls, and spent significantly more time than controls on forums and blogs (t = -5.3, p < 0.0001, Cohen’s d = 0.87). They also engaged more often in social comparison (t = 3.6, p < 0.005, Cohen’s d = 0.65), had a higher online–offline friend ratio (t = 3.7, p < 0.0001, Cohen’s d = 0.65), and more online friends with ED (t = 5.4, p < 0.0001, Cohen’s d = 0.89). In comparison to controls, ED participants reported that their use of forums and blogs gave them more eating- and weight-related advice, and a greater sense of belonging, social support, and safety resulting from anonymity, with effect sizes of 0.63–0.96. However, they also reported more negative affect after posting online. Most online behaviors and patterns correlated positively with measures of symptomatology and negatively with measures of psychological health, in both groups. Internet use was rarely addressed in therapy. Professionals, families and friends should help people with disordered eating and EDs to broaden the scope of their internet use. They should invest less in food- and weight-related forums/blogs, expand their “real life” social lives and develop their interpersonal skills, so that their legitimate needs can be satisfied face-to-face, rather than virtually. Clinicians should address the online lives of their ED clients in therapy.
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Background Outcome studies for eating disorders regularly measure pathology change or remission as the only outcome. Researchers, patients and recovered individuals highlight the importance of using additional criteria for measuring eating disorder recovery. There is no clear consensus on which additional criteria are most fundamental. Studies focusing on the perspectives of recovered patients show criteria which are closely related to dimensions of positive functioning as conceptualized in the complete mental health model. The aim of this study was to identify fundamental criteria for eating disorder recovery according to recovered individuals. Methods A systematic review and a qualitative meta-analytic approach were used. Eighteen studies with recovered individuals and meeting various quality criteria were included. The result sections of the included papers were searched for themes that were stated as criteria for recovery or ‘being recovered’. All themes were analyzed using a meta-summary technique. Themes were labeled into criteria for recovery and the frequency of the found criteria was examined. Results In addition to the remission of eating disorder pathology, dimensions of psychological well-being and self-adaptability/resilience were found to be fundamental criteria for eating disorder recovery. The most frequently mentioned criteria were: self-acceptance, positive relationships, personal growth, decrease in eating disorder behavior/cognitions, self-adaptability/resilience and autonomy. Conclusions People who have recovered rate psychological well-being as a central criterion for ED recovery in addition to the remission of eating disorder symptoms. Supplementary criteria, besides symptom remission, are needed to measure recovery. We recommend including measurements of psychological well-being and self-adaptability/resilience in future research, such as outcome studies and in routine outcome measurement.
Chapter
This chapter provides an updated overview of risk factors for eating disorders, on the basis of the risk factor taxonomy described by (Kraemer et al., 1997). It summarizes risk factors identified in longitudinal studies and markers and retrospective correlates from cross-sectional studies through April 2002 for anorexia nervosa, bulimia nervosa, and binge eating disorder, identifies new studies published between May 2002 and June 2015, and integrates them into the earlier review. The updated review confirms that longitudinal evidence on risk factors is strongest for nonspecific eating disorder diagnoses including subclinical forms and weakest for participants with diagnoses of anorexia nervosa. When strict criteria for caseness are applied, the majority of risk factors were not able to predict distinct diagnoses and only very few risk factors were confirmed in more than one sample. Case prediction, specificity, and replication therefore remain the biggest challenges in risk factor research for eating disorders.
Article
This meta-analytic review of prospective and experimental studies reveals that several accepted risk factors for eating pathology have not received empirical support (e.g., sexual abuse) or have received contradictory support (e.g., dieting). There was consistent support for less-accepted risk factors(e.g., thin-ideal internalization) as well as emerging evidence for variables that potentiate and mitigate the effects of risk factors(e.g., social support) and factors that predict eating pathology maintenance(e.g., negative affect). In addition, certain multivariate etiologic and maintenance models received preliminary support. However, the predictive power of individual risk and maintenance factors was limited, suggesting it will be important to search for additional risk and maintenance factors, develop more comprehensive multivariate models, and address methodological limitations that attenuate effects.
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Frequent exposure to appearance ideal social media is associated with body dissatisfaction. We hypothesised that commercial and peer social media literacy would protect against the negative impact of exposure to social media appearance ideal images on young adults' body image. The study was presented as an investigation of alcohol promotion on social media. Participants were 187 women (Mage = 24.6, SD = 3.7) and 187 men (Mage = 22.8, SD = 3.9) who viewed gender-matched alcohol-related appearance ideal social media images or control images containing alcohol only. Social media literacy was assessed prior to image exposure and body satisfaction measured before and after exposure. A negative effect of ideal image exposure on body satisfaction was observed in both women and men. In women only, commercial-social media literacy moderated the negative effect of exposure, independent of internalization or body comparison. Inclusion of social media literacy skills in prevention interventions is supported.
Article
The present study aimed to identify the specific social networking sites (SNS) features that relate to body image concerns in young women. A total of 259 women aged 18-29years completed questionnaire measures of SNS use (Facebook and Instagram) and body image concerns. It was found that appearance-focused SNS use, rather than overall SNS use, was related to body image concerns in young women. Specifically, greater engagement in photo activities on Facebook, but not general Facebook use, was associated with greater thin-ideal internalisation and body surveillance. Similarly, following appearance-focused accounts on Instagram was associated with thin-ideal internalisation, body surveillance, and drive for thinness, whereas following appearance-neutral accounts was not associated with any body image outcomes. Implications for future SNS research, as well as for body image and disordered eating interventions for young women, are discussed.
Article
Social media appear to contribute to body dissatisfaction in adolescents, although few empirical studies exist. This study used six focus groups (total N=38) to explore relations between social media use and body image in early adolescent girls (ages 12-14). Thematic analysis identified patterns in the data. In this sample, social media use was high. Girls endorsed some appearance concerns and social comparison, particularly with peers. However, they displayed high media literacy, appreciation of differences, and confidence, strategies that appeared helpful in mitigating the potential negative association between social media exposure and body image. Girls reported these characteristics were nurtured by positive parental influence and a supportive school environment. Results support an ecological approach to the prevention of body dissatisfaction. Although peer influence strengthens throughout adolescence, current findings suggest that parents and the school environment are associated with girls' attitudes and behaviors regarding social media and body image.
Article
The effect of social networking site (SNS) use on mental health has attracted growing scholarly attention, yet the nature of this relationship remains contentious. A systematic review was conducted to examine mental health outcomes associated specifically with the SNS, Facebook. A total of 65 articles met the inclusion criteria and were included in the review. Facebook use was associated with six key mental health domains: Facebook addiction, anxiety, depression, body image and disordered eating, drinking cognitions and alcohol use, and other mental health problems, albeit the strength and validity of these relationships varied. The review highlighted the multidimensional nature of Facebook use, and the subsequent importance of assessing specific SNS platforms or similar functions over platforms. The application of meta-analytic techniques is required to quantify the nature and direction of the relationships between Facebook use and mental health outcomes, as well as to identify pertinent moderators and individual difference factors.
Article
Objective: This pilot study investigated the effectiveness of a social media literacy intervention for adolescent girls on risk factors for eating disorders. Method: A quasi-experimental pre- to post-test design comparing intervention and control conditions was used. Participants were 101 adolescent girls (Mage ?=?13.13, SD?=?0.33) who were allocated to receive three social media literacy intervention lessons (n?=?64) or to receive classes as usual (n?=?37). Self-report assessments of eating disorder risk factors were completed one week prior to, and one week following the intervention. Results: Significant group by time interaction effects revealed improvements in the intervention condition relative to the control condition for body image (body esteem-weight; d?=?.19), disordered eating (dietary restraint; d?=?.26) and media literacy (realism scepticism; d?=?.32). Discussion: The outcomes of this pilot study suggest that social media literacy is a potentially useful approach for prevention of risk for eating disorders in adolescent girls in the current social media environment of heightened vulnerability. Replication of this research with larger, randomized controlled trials, and longer follow-up is needed.