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“Para algo que era nuestro... ahora es de toda la humanidad”: El Patrimonio Mundial como expresión de conflictos.

Authors:

Abstract

In this article, we discuss the conflicting nature of heritage which is usually silenced by its powerful representation as a cul- tural, social and economic capital, and as a sign of distinction. We will focus on tango and fallas and how they both became registered in the Representative List of Intangible Heritage. Based on those cases, we explore the hegemonic dimension of heritage processes as well as the bellicose local resistances that confront the logic of neoliberal heritage. The examples throw some light on the conflicts that may arise between the different interests, logics and agents involved in heritage processes. They also reveal the nature of the political and economic contexts that make the heritagisation possible. Beyond the distances and specificities of our two cases, they expose how the two nominations coincide with specific policies of urban regeneration, known as the New Urban Policy (NUP). Neoliberal globalization articulated around the intangible economy and the cultural and leisure industry take shape within the smart cities which redefine old places into new urban spaces. Intangible heritage plays a key role in these processes.
“PARA ALGO QUE ERA NUESTRO... AHORA ES DE TODA
LA HUMANIDAD”: EL PATRIMONIO MUNDIAL COMO
EXPRESIÓN DE CONFLICTOS
FOR SOMETHING THAT WAS OURS… NOW IT BELONGS TO ALL OF
HUMANITY”: WORLD HERITAGE AS THE EXPRESSION OF CONFLICTS
Beatriz Santamarina1 y Camila Del Mármol2
En este artículo nos interesa reexionar sobre la naturaleza conictiva del patrimonio, que suele ser silenciada por su potente
imaginario como capital cultural, económico y social y como signo de distinción. A través de un análisis detallado del proceso
mediante el cual el tango y las fallas pasaron a formar parte de la Lista Representativa del Patrimonio de la Humanidad,
nos adentramos en las dimensiones hegemónicas y de los procesos patrimoniales, así como en la esencia beligerante de las
resistencias locales que se enfrentan a las lógicas del patrimonio neoliberal. Estos casos nos permiten vislumbrar las relaciones
conictivas que a menudo se establecen entre distintas lógicas, intereses y agentes de la patrimonialización, y nos permiten
trazar puentes que contextualizan estos procesos en marcos políticos y de mercado más amplios. Más allá de las distancias y
diferencias, podemos observar cómo el impulso de ambas candidaturas está en relación directa con las políticas de redenición
urbana, conocidas como New Urban Policy (NUP). La mundialización neoliberal articulada en la economía de los intangibles
y en la industria cultural y del ocio y concretada en la ciudad creativa dibuja nuevos espacios urbanos sobre viejos lugares,
ocupando el patrimonio inmaterial un lugar cada vez más destacable.
Palabras claves: Patrimonio Mundial, Patrimonio Inmaterial, tango, fallas, patrimonialización.
In this article, we discuss the conflicting nature of heritage which is usually silenced by its powerful representation as a cul-
tural, social and economic capital, and as a sign of distinction. We will focus on tango and fallas and how they both became
registered in the Representative List of Intangible Heritage. Based on those cases, we explore the hegemonic dimension of
heritage processes as well as the bellicose local resistances that confront the logic of neoliberal heritage. The examples throw
some light on the conflicts that may arise between the different interests, logics and agents involved in heritage processes.
They also reveal the nature of the political and economic contexts that make the heritagisation possible. Beyond the distances
and specificities of our two cases, they expose how the two nominations coincide with specific policies of urban regeneration,
known as the New Urban Policy (NUP). Neoliberal globalization articulated around the intangible economy and the cultural
and leisure industry take shape within the smart cities which redefine old places into new urban spaces. Intangible heritage
plays a key role in these processes.
Key words: World Heritage, Intangible Heritage, tango, fallas, heritage processes.
1 Universidad de Valencia, Valencia, España. Beatriz.Santamarina@uv.es
2 Universidad de Barcelona, Barcelona, España. cdelmarmol@ub.edu
Recibido: julio 2018. Aceptado: julio 2019.
Páginas 00-00
Chungara Revista de Antropología Chilena
En 2003 la Unesco viraba en sus políticas
patrimoniales dando entrada al patrimonio inmaterial
en su seno (Convención para la Salvaguardia del
Patrimonio Cultural Inmaterial de París). Desde el
2006 la Lista Representativa del Patrimonio Cultural
Inmaterial de la Humanidad se ponía en marcha
con la incorporación de los bienes declarados hasta
ese momento como Obras Maestras del Patrimonio
Oral e Intangible (2001, 2003 y 2005). En poco más
de una década el crecimiento de las declaratorias ha
sido exponencial, coincidiendo con la hiperinación
o burbuja patrimonial (Bendix 2009; Heinich 2009).
En muchos lugares han celebrado su incorporación
a la lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad,
programando actos festivos y demostraciones. En
Buenos Aires se celebró la inscripción del tango con
una Gran Milonga Abierta en la emblemática esquina
de San Juan y Boedo1. En el caso de Valencia, en 2016
2Beatriz Santamarina y Camila Del Mármol
celebraron la incorporación de las Fallas a la lista con
la plantá de una falla en la Torre de Serranos, lugar
especialmente simbólico2, que fue quemada en una gran
esta posterior3.
La transformación de la racionalidad de la
economía neoliberal ha traído consigo la creciente
mercantilización de la cultura y el ocio, la expansión
de la industria del turismo global y el despliegue de
la gestión de los intangibles (Anheier y Isar 2008;
MacCannell 1999; Scott 2007; Throsby 2001). En este
contexto de mundialización neoliberal, el desembarco
del patrimonio inmaterial ha sido aplaudido porque
responde a la perfección a la lógica y las demandas de un
mercado globalizado ansioso por consumir autenticidad
(Boltanski y Chiapello 2002; Comaroff y Comaroff
2009; Davallon 2010; Frigolé 2014; Harvey 1998;
Santamarina y Moncusí 2015). De hecho, hoy podemos
armar que el mercado dispone de lo patrimonial como
un activo económico de primer orden (Ashworth y Van
Der Aa 2006; Brumann 2012; Meskell 2013, 2014;
Schmitt 2008). Más allá de los explícitos intentos de
la Unesco para que sus acciones incidan positivamente
en la conservación, salvaguardia y restauración de
los bienes designados como patrimonio, lo cierto es
que cada vez más las declaratorias han promovido la
producción de nuevos valores mercantiles. De esta
forma, la organización ha jugado un papel central
como productora y certificadora de un sello de
calidad patrimonial global. Esta institución, como
ha señalado Meskell (2014), más que una agencia para
la conservación o salvaguardia patrimonial es hoy un
organismo para otorgar marca.
Si bien los medios de comunicación de distintos
países y continentes han reflejado el júbilo por
conseguir tan alta distinción -basta con asomarse a
los distintos titulares en la prensa escrita- no es menos
cierto que las declaratorias han puesto encima de la
mesa las grietas y suras de la concepción y expansión
del Patrimonio Mundial. Más allá de las críticas
efectuadas desde la academia y desde el propio seno
de la Unesco (Askew 2010; Brumann 2012; Frey et al.
2013; Labadi 2007; Meskell 2013; Meskell y Brumann
2015; Pavone 2008; Schmitt 2008), otras voces han
cuestionado las declaratorias mundiales. Voces locales,
experiencias arraigadas que nos acercan a otras derivas
de las expresiones culturales, antes y más allá de la
patrimonialización.
En 2009, Argentina y Uruguay vivían con
intensidad la incorporación del tango a la Lista de
Patrimonio Inmaterial. De todos los comentarios y
declaraciones que resultaron de esta proclamación,
quizás el que nos parece más revelador de la naturaleza
de los temas implicados fue el reproche velado de un
tanguero argentino que, en un concierto realizado en el
Café Vinilo4 en 2009, espetó a sus oyentes: “Carajo, para
algo que era nuestro, ahora es de toda la humanidad”. La
crítica, compartida con muchos músicos del tango, venía
a decir que el tango es porteño, no de la humanidad.
En realidad, el reproche se hacía eco de la posición del
Sindicato Argentino de Músicos que, bajo el lema “El
tango ya no es nuestro”, se posicionó en contra de la
candidatura (Sindicato Argentino de Músicos 2009)5.
Por tanto, no se trataba de un comentario inocente, el
enunciado remitía a la expropiación y reapropiación
en términos patrimoniales en consonancia con la
postura del sindicato de músicos. El conicto aoraba
como una queja, con gusto a tango, que contenía el
problema latente de la edicación patrimonial. Ya desde
principios de siglo, asambleas y agrupaciones diversas
se organizaron para oponerse a las tendencias de la
política cultural de la Ciudad de Buenos Aires, que se
concretaban en proyectos de privatización como la Ley
de Mecenazgo y otras iniciativas que se orientaban,
según sus críticos, a convertir al tango en un producto
para atraer el turismo (Morel 2013). “Autoconvocados
por el Tango” se organiza en 2001 como reacción a las
políticas del gobierno de la Ciudad que promueven una
transformación en clave mercantil del “Festival Buenos
Aires Tango”, denunciando su mercantilización y su
utilización como un activo turístico (Morel 2009, 2013).
El movimiento #ElTangoNoSeClausura, el colectivo
cultural “Quinteto Negro La Boca”, o el proyecto del
“Festival de Tango Independiente”, son otras de las
plataformas, asambleas, asociaciones e iniciativas que
a lo largo de los años y hasta la actualidad se organizan
para oponerse a diferentes procesos que apuntan a
la mercantilización del tango, a la privatización y
espectacularización de sus manifestaciones, así como
a las clausuras de milongas por parte del Gobierno
de la Ciudad.
En un continente distinto, y unos años después,
se repetía la misma explosión de alegría en España
(Comunidad Valenciana) con la declaración del
Espacio Cultural de las Fallas (2016) como Patrimonio
Mundial. Mientras las autoridades políticas y el
mundo festero celebraran la codiciada distinción, el
Colectivo Falles Populars i Combatives creaba el
club Patrimoney y daba vida a un particular personaje
sarcástico, ‘La Patri’, en enero del 20166, gracias a una
campaña de crowdfunding7. Esta gura imaginativa
tenía una misión particular: proteger allí por donde
pasaba. En realidad, La Patri, diminutivo del nombre
#LAPATRIMONIALITZADORA, era un particular
monumento fallero. El mismo era móvil, nómada según
sus creadores, gracias a una plataforma con ruedas. La
Cooperativa Crearqció, encargada del proyecto, realizó
la obra a la que denió, signicativamente, como un
‘Monumento Itinerante de Activación Urbana’. En el
proyecto, se señalaba que el objetivo era crear “Una falla
que anda y que no le hace falta que nadie vaya a verla.
3
“Para algo que era nuestro... Ahora es de toda la humanidad”: El patrimonio mundial como expresión de conflictos
Ella es independiente para ir a ver y saludar a todo el
mundo”8. De tal manera que el ingenio y la gracia (ingeni
i gràcia en valenciano), propios de los monumentos
falleros, junto con la sátira que caracteriza estas estas,
ponían el dedo en la llaga sobre la mercantilización de
la esta y advertían que no necesitaban el respaldo de la
Unesco para vivir su esta. La crítica compartía con los
tangueros su reivindicación de que las fallas eran estas
locales, no de la humanidad, y el riesgo de someter la
cultura a las reglas del mercado. La desaprobación de
la distinción, con lenguaje fallero, contenía los peligros
de la inación de la fábrica patrimonial. Este colectivo
había empezado su andadura en el 20029, coincidiendo
con la apuesta de las políticas públicas valencianas de
iniciar numerosos programas de intervención en la
ciudad, que empezaron a transformar su imagen y su
sonomía rápida y substancialmente (Boix et al. 2017).
La frase de nuestro tanguero y el personaje de
nuestros alternativos falleros iluminan toda una serie
de resistencias patrimoniales. En apenas una decena de
palabras, nuestro músico, reconvertido en espontáneo
crítico patrimonial, sacaba a luz la esencia beligerante
de las distintas formas patrimoniales. La nostalgia
sobre el pasado y sobre la pertenencia, “era nuestro”
(de nos-otros), eran explícitos, un nuestro además
que se subraya como vertebrador de identidad (lo
propio, lo característico). Por otra parte, La Patri,
esa gura ingeniosa, nacida de la sátira y la agudeza
característica de las fiestas falleras, cobraba vida
como elemento desestabilizador. La censura sobre
las formas hegemónicas de mercadeo patrimonial,
encapsuladas en el Patrimoney, advertían sobre la
deriva del patrimonio neoliberal. Y ponían sobre
la mesa la relación conictiva entre los diferentes
intereses, lógicas y agentes patrimoniales. Entendemos
aquí por patrimonio neoliberal aquel que se activa
fundamentalmente para insertarse y posicionarse en las
redes de los mercados transnacionales y está sujeto a los
dictámenes e intereses del tercer espíritu del capitalismo
(Boltanski y Chiapello 2002).
En este artículo nos interesa reexionar sobre la
naturaleza conictiva del Patrimonio Mundial, que
suele ser silenciada por su potente imaginario como
capital cultural, económico y social y como signo de
distinción (Bourdieu 1988, 1991; García Canclini
1993). En pleno auge del patrimonio colectivo, su
discurso es utilizado en diferentes ámbitos para
legitimar distintos reclamos y revestir diversas luchas
de poder. Los conictos en el ámbito patrimonial son
recurrentes en la medida en que entran en juego lógicas
dispares y en competencia. En este sentido, el aparato
patrimonial puede ser visto como lugar de conicto, en
la medida que participa en la denición de las realidades
sociales y políticas. Pero también sirve como un campo
donde las disputas sociales se expresan y dónde
es posible observar las mismas fracturas, tensiones,
posiciones y diferencias internas inherentes a cualquier
comunidad local y en todas las escalas de actores.
A partir de dos casos de estudio, el tango y las fallas,
queremos poner el acento en dos de los problemas
interrelacionados del Patrimonio Mundial: la propiedad
y el mercado. Ambos obligan a abrir una reexión
sobre el peligro de la fetichización, espectacularización
y mercantilización del patrimonio. El estudio del
tango se basa en un trabajo de campo etnográco
realizado en Buenos Aires en 2014, complementado
con algunas visitas que se extienden hasta 2017. El
objetivo era hacer una prospección del desarrollo de
políticas culturales porteñas en materia de patrimonio
cultural inmaterial, especialmente aquellos proyectos
referidos a la inscripción de elementos de patrimonio
inmaterial en las listas de la Unesco. En el caso de las
fallas, este trabajo se inserta en dos investigaciones
más amplias, una sobre las transformaciones de
la ciudad de Valencia, atendiendo a sus distintas
activaciones patrimoniales, y otra sobre movimientos
urbanos en una barriada en concreto de dicha capital,
desarrolladas de forma continuada entre 2009 y 2017.
En los dos casos se han utilizado distintas herramientas
metodológicas: conversación (entrevistas a informantes
clave), observación (escenarios privilegiados) y análisis
de contenido (prensa, legislación y producciones
activistas). La estrategia del análisis para este trabajo
responde a la teoría fundamentada (Grounded Theory)
para identicar procesos sociales básicos a través del
análisis de información (codicación y categorización)
y el método comparativo (Carrero et al. 2006).
El Imperialismo Patrimonial: de la Identidad al
Mercado
La Convención para la Protección del Patrimonio
Mundial, Cultural y Natural (Unesco1972) transformaba
la lógica nacional que regía al patrimonio hasta el
momento. La versión clásica del “nosotros del nosotros”
patrimonial no se rompía, sino que daba un paso rme
hacia adelante transformándose denitivamente en
un “nosotros para los otros” (Prats 1997). Una versión
identitaria con proyección exterior, que tras la Segunda
Guerra Mundial había ido congurándose con la llegada
del ocio, la democratización del turismo y la revolución
de los transportes. Más que un patrimonio mundial
se establecía un patrimonio para consumo mundial,
como pronto se puso de maniesto. Si el liberalismo,
el nacionalismo y el capitalismo habían dado lugar al
patrimonio decimonónico, las nuevas condiciones de
producción con el neoliberalismo, la globalización y
el neocapitalismo posibilitaron el Patrimonio Mundial.
Así, es posible armar que, si bien el patrimonio como
uso del pasado en el siglo XIX se relaciona con los
4Beatriz Santamarina y Camila Del Mármol
procesos de producción de la nación, hoy podemos
decir que se inserta en redes transnacionales vinculadas
a los mercados (Frigolé 2014; Roigé y Frigolé 2010;
Santamarina y Del Mármol 2017). Este cambio es
fundamental para entender el viraje emprendido por
el patrimonio colectivo: de las topografías nacionales
hemos basculado hacía las topografías turísticas. Y
en ese movimiento la Unesco ha ejercido un papel
sobresaliente creando la marca de Patrimonio Mundial.
El sello Unesco, como rma distintiva del producto
patrimonial, adquirió pronto un valor extraordinario
desplazando su original concepción como mecanismo
de conservación. De hecho, la marca desplazaba al
patrimonio, en al menos dos sentidos. Por un lado, ya
no era el bien lo que debía ser único para su activación,
siguiendo la lógica de la escasez (Cruces 1998), sino que
también la marca debía lograr ser única como sello que
imprimiera la diferencia de la competencia. Por otro, el
binomio patrimonio/identidad era sustituido por marca/
identidad, lo importante era ofrecer una lectura única y
signicativa de la imagen añadiendo una estimulación
hacia su consumo. La Unesco dotaba de signicados
a su marca, enriqueciendo el producto patrimonial y
ofreciendo al consumidor pasados e identidades listas
para ser consumidas. El marketingpatrimonial y las
estrategias mercadológicas se ponían al servicio de la
promoción de los polos turísticos.
La potente marca de Patrimonio Mundial instaurada
en 1972, junto a la incorporación del Patrimonio de la
Humanidad en 2003, siguen hoy rigiendo las lógicas
globales patrimoniales, vinculadas a las nuevas demandas
del tercer capitalismo (Boltanski y Chiapello 2002) y
la expansión del sector turístico. Entrar en las listas
de la Unesco supone tanto un sello de calidad, legible
y compartido globalmente, como una distinción que
permite competir por los circuitos mercantiles y los mapas
de la excelencia turística. Hasta el punto que algunos
autores señalan a la “Unesco as an agency for global
branding rather than global conservation” (Meskell
2014:217). Pero lo que nos interesa subrayar, es que
las listas de la Unesco entrañan dos dimensiones sobre
la propiedad: una jurídica y otra simbólica (Benhamou
2010) que abre los procesos globales patrimoniales a
conictos, resistencias y acomodaciones de diferente
calado. En cuanto a la dimensión jurídica, la noción de
bien público global implica cumplir una serie de derechos
y obligaciones marcados por la aceptación de los marcos
normativos de las convenciones10. Por lo que respecta a la
simbólica, la propiedad del bien vinculada a un territorio
local y articulada en narrativas situadas salta a un espacio
desterritorializado donde la modulación se establece por
cciones desplazadas.
Entrar en la lista de Patrimonio de la Humanidad
supone un ejercicio complejo y contradictorio, al menos,
en términos discursivos. La identidad, el territorio
y la memoria necesitan redenirse para adaptarse a
los sentidos del aparato patrimonial global. El salto
es considerable y las tensiones no tardan en aparecer.
Todo esto no es nuevo. Desde su constitución, y por su
propio carácter sociopolítico, lo patrimonial ha resultado
siempre conictivo. En su versión decimonónica, la
construcción de la nación necesitaba de la producción de
un patrimonio colectivo. La creación de una comunidad
imaginada (Anderson 1983), requería el establecimiento
de una memoria compartida encapsulada en la tradición.
El pasado institucionalizado, en su armadura patrimonial,
implicaba la selección y jerarquización de una narrativa
única, un lugar delimitado con el n de instrumentalizar
una versión identitaria propia. Su condición intrínseca
de disputa, por su propiedad maleable, convertía al
pasado recién inaugurado en una arena susceptible
de ser utilizada por distintos actores dando lugar a
interpretaciones divergentes y abierto con ello a la pugna.
En este texto nos situamos en la perspectiva
crítica del patrimonio que abrió el análisis a su carácter
conictivo (Bendix et al. 2012; Davallon, 2010; Del
Mármol 2012; Harrison 2013; MacDonald 2013;
Poulot 2006; Smith 2006). En el mismo, el conicto se
presenta en términos políticos y de confrontación entre
diversos agentes por la apropiación legitima del campo
patrimonial. Siguiendo a Smith (2006), las distinciones
hegemónicas se transforman en discursos patrimoniales
autorizados, por lo que podemos tratar los sentidos
preceptivos y performativos como campos donde se
escenican tanto las distintas estrategias y agentes
como la estructura de la distribución asimétrica de sus
capitales (Bourdieu, 1991, 1994)11.
El patrimonio colectivo siempre ha sido un campo
de conicto y negociación porque a través de él se
ha dado sentido al pasado congurando el presente
(Herzfeld 1991; Lowenthal 1998). En la producción
de usos del pasado se escenican magistralmente las
relaciones de poder, de ahí su carácter político como
dispositivo de denición de realidades. Su ecacia
simbólica ha residido en la capacidad de presentar
los usos del pasado como realidades naturalizadas, un
sistema de hechos que se derivan sin más del recuerdo
de aquello que fue. Esta facultad de presentarse como
sustantivo, alejado de sus propias condiciones sociales de
producción, y reconfortado en sus propiedades estéticas
también esencializadas, le conere una extraordinaria
potencialidad como instrumento político. Además, su
temprana canalización hacia las vertientes técnicas y
disciplinares (conservación, restauración, etc.) desvió la
atención de su eminente dimensión política, su carácter
gubernamental (Santamarina y Beltran 2016).
En la actualidad, el patrimonio ha sido largamente
criticado como un aparato hegemónico de dominación
y control, en un sistema mundo-colonial y en el
contexto de una economía mundial especíca (Smith
5
“Para algo que era nuestro... Ahora es de toda la humanidad”: El patrimonio mundial como expresión de conflictos
2006; Bendix et al. 2012). Pero también ha sido
entendido como un instrumento de oposición en
términos de su potencial contra-hegemónico (Collins
2008; De Cesari 2010). Hemos apuntado algunas
consideraciones referidas a lo primero, aunque habría
que hilar más no para entender el complejo de la
globalización patrimonial, como, por ejemplo, el
sistema de participación y la toma de decisiones de la
Unesco que reeja elmente las estructuras de poder de
otros organismos mundiales (Frey et al. 2013; Meskell
et al. 2015). En todo caso, el patrimonio debe entenderse
siempre en términos procesuales, como un conjunto de
discursos y prácticas que transforman las condiciones
sociales de producción de determinadas realidades
sociales. Y es, en este sentido, en el que se abre como un
campo proclive al conicto. Cuando el tanguero expresa
su lamentación abre la vía para oponerse a las políticas
no sólo globales sino también nacionales y locales.
Lo mismo sucede en el caso valenciano, cuando un
grupo, el colectivo Falles Populars i Combatives, inicia
una campaña en contra de la declaración de la esta
como Patrimonio de la Humanidad. Veamos entonces
cómo se han articulado ambas prácticas y cómo se han
modulado estas resistencias.
El Tango y las Fallas: de las Redes Vecinales a las
Políticas Globales
De forma sintética, y antes de comenzar nuestro
análisis, describiremos brevemente los bienes a los que
nos referimos. El tango comprende un estilo de música,
una danza y una poética y es propio de la cuenca
del Río de la Plata. A nales del XIX, se desarrolló,
principalmente, en los suburbios de las ciudades de
Buenos Aires y Rosario (Argentina) y Montevideo
(Uruguay). Su origen es expresión de una hibridación
cultural entre diferentes ritmos musicales de emigrantes
europeos, descendientes de esclavos africanos y criollos.
La expresión del tango comprende a una multitud de
actores desde músicos, hasta bailarines pasando por
coreógrafos, compositores y letristas12. La historia del
tango a lo largo del siglo XX atraviesa diferentes etapas
de expansiones y declives, hasta llegar a un aumento
progresivo de su popularidad a partir de los años 90 y
hasta la actualidad. En este contexto, se revitalizan las
milongas barriales, espacios de baile y sociabilidad que
vivieron un primer auge en la década de 1940, así como
las orquestas y músicos del género.
Por su parte, las fallas son una esta de celebración
de la llegada de la primavera que se practica, como tal,
desde finales del XIX. Cada año entre el 15 y el 19
de marzo se instalan en las calles y plazas de Valencia
grupos escultóricos artesanales (falles), compuestos por
muñecos (ninots) de cartón piedra y sostenidos por una
estructura de madera. Los artistas falleros trabajan todo el
año en la construcción de las fallas. Estos monumentos,
con carácter satírico sobre temas de actualidad, se queman
(cremà) el último día, en honor a San José, patrón de
las estas. Las fallas13 son plantadas por las distintas
comisiones falleras que se reúnen a lo largo del año en
locales (casals falleros), distribuidos por todos los barrios
de la ciudad, organizando actos festivos y culturales que,
más allá de buscar recursos para la nanciación de las
estas, funcionan como lugares de sociabilidad de primer
orden en la ciudad. Además, estas estas se caracterizan
por el uso de la pólvora y pirotecnia y la música tradicional
y de bandas que acompañan todas las jornadas festivas14.
La elección del tango porteño (Argentina) y las fallas
valencianas (España) para nuestra reexión no ha sido
aleatoria. En dos continentes distintos (América y
Europa), con candidaturas diferentes, una biestatal
(Argentina y Uruguay)15 y otra estatal (España), con
recorridos diversos de éxito y fracaso (el tango no fue
reconocido como Obra Maestra en el primer intento
de ser inscrito) y representando a bienes de distinta
tipología (artes de espectáculo y actos festivos). Pero,
además, ambas designaciones responden a contextos
patrimoniales mundiales inversos y a mercados turísticos
alejados. Por lo que respecta al patrimonio podemos decir
que Argentina está subpatrimonializada, tiene en total 13
bienes mundiales, sumando las dos listas Unesco (seis
bienes culturales, cinco naturales y dos inmateriales).
En cuanto a la industria turística ocupa la posición 50
dentro del ranking de países que reciben turistas según
la Organización Mundial del Turismo (UNWTO 2017).
Por su parte, España pese a ser un territorio mucho menor
en extensión (504.645 km² frente a 3.761.274 km² de
Argentina), está sobrepatrimonializada, ostentando 62
bienes mundiales entre las dos listas (40 bienes culturales,
cuatro naturales, dos mixtos y 16 inmateriales) y
ocupando el tercer puesto en número de declaratorias de
Patrimonio Mundial tras Italia y China. Asimismo, según
la OMT, ocupó el tercer puesto como destino turístico en
2016 y el segundo puesto en cuanto ingresos turísticos
(UNWTO 2017:6).
Pero, pese a las diferencias notables entre un país
y otro, podemos decir que ambos comparten el mismo
lenguaje patrimonial y, en los dos casos, ha habido
políticas patrimoniales que han instrumentalizado las
prácticas del tango y las fallas para nes gubernamentales
y de mercado. Según los intereses de cada momento,
esas intervenciones las han normalizado, cosicado y
dirigido, hasta convertirlos en los bienes patrimoniales
de primer orden nacionales e internacionales.
En el caso argentino, en las primeras décadas del
siglo XX, el tango empieza a identicarse con lo porteño,
pasando de los arrabales y las orillas proscritas, espacios
malignos y peligrosos, a la ciudad y convirtiéndose en
“un actor importante en la batalla por la producción
de una subjetividad significante” (Vila 2000:71).
6Beatriz Santamarina y Camila Del Mármol
Pese a las primeras resistencias de la oligarquía, el
tango, tras un proceso de depuración y limpieza, será
institucionalizado neutralizando su contenido subversivo
y “convirtiéndolo en un fenómeno estético” (Matamoro
1982:73). De esta forma, pronto será asumido por las
élites e instrumentalizado para la reconstrucción política
y moral de la ciudad y de la nación. Aparecen, en este
periodo, los tangos de rearmación de la patria y de
los símbolos nacionales, de la historia y la identidad
argentina (Varela 2005; Vila 2000). Tal y como señala
Vila (2000) el tango, como artefacto cultural complejo,
es utilizado para construir una idea de la argentinidad
al ofrecer la superposición de distintos códigos para la
construcción de identidad poniéndose al servicio del
interés hegemónico del momento. En esta época, Buenos
Aires es congurada como la ciudad del tango y el tango
como la música de la ciudad comercial (Matamoro
1982)16. Durante las décadas de los 40 y 50, en la llamada
etapa de dorada del tango (Pelinski 2000), cuando
se hace masivo y popular, la geografía del tango se ha
transformado y se ha instalado “en la vida de los barrios”
(Cecconi 2009:58) contribuyendo a la construcción de la
identidad porteña (Vila 2000) de una ciudad ya industrial
(Matamoro 1982). Tras un periodo, las décadas del 60 y
70, calicado por algunos como de crisis del tango por su
desaceleración social y su transformación vanguardista, a
nal del siglo pasado, sobre todo, a partir de los ochenta
se empezarán a implementar políticas de recuperación
del tango (Gómez et al. 2011; Morel 2012). Aunque será
a nales de 1990 cuando aparezcan las primeras normas
en torno al tango. Primero fue el Estado argentino quién
con la Ley Nacional 24.684, conocida como la Ley
del Tango (Boletín Ocial, 2 de septiembre de 1996)17
declaraba en 1996 el tango como parte integrante del
patrimonio cultural de la Nación. Dos años más tarde
fue la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quien puso en
marcha su propia normativa con la Ley nº130 sancionada
en 1998 (Decreto 37/99 del 14 de enero de 1999, Boletín
Ocial de Buenos Aires nº 616)18. Ambas regulaciones
se encuentran enmarcadas en un contexto más amplio
de iniciativas legislativas que comienzan a finales
del siglo XX y principios del XXI en torno a la
promoción y protección del tango (Morel 2009).
En el caso español, el esquema se repite, con una
intervención nacional y local por la esta, no así el
procedimiento por los propios contextos diferenciables
entre ambos países. A nales del siglo XIX, las fallas
comienzan a ser una esta arraigada en la ciudad y
serán pronto neutralizadas por la burguesía local. Los
aspectos más formales de la esta se van deniendo y
los monumentos de marcado carácter de crítica política
van transitando hacia los monumentos artísticos. Surgen
así las fallas que exaltan las glorias de la patria local y
española que irán transformándose, en las primeras
décadas del XX, en un elemento central de la identidad
valenciana (Ariño 1992a, 1992b; Hernàndez 2006). Las
fallas, como liturgia civil del valencianismo (Ariño 1992b),
fueron instituidas como un instrumento de armación del
sentimiento identitario de lo valenciano al servicio del
Estado español19. Durante la dictadura franquista
(1939-1975), el Estado fomentó la esta fallera por sus
lazos con el ruralismo tradicional y como propaganda del
régimen (Hernàndez 1996; Obiol 2009). En este sentido,
Hernàndez (1996) analiza cómo el franquismo utilizó
las fallas para cimentar sus políticas nacionales. En 1946
las fallas fueron declaradas Fiestas de Arte de interés
nacional (Orden del 14 de marzo de 1946, Boletín Ocial
del Estado nº 75)20, reconociéndose su carácter artístico y
su asentamiento en la ciudad, así como su atracción
como polo turístico. En los años 1960, cuando el turismo
se convirtió en una política prioritaria en España para salir
de la autarquía, se creó una distinción honoríca bajo la
denominación de Fiesta de Interés Turístico21 con el n
de promoverlo. El Estado declaró las fallas como Fiesta
de Interés Turístico en 1965 (Boletín Ocial del Estado
nº 35)22. Más tarde, ya en democracia y con una nueva
tipología de distinciones, fueron reconocidas como Fiesta
de Interés Turístico Internacional en 1980 (Boletín Ocial
del Estado nº 41)23. Tras estos impulsos estatales a las
estas, convertidas ya en un referente nacional, la nueva
patrimonialización sobre los bienes inmateriales a raíz
del Programa de Obras Maestras del Patrimonio Oral e
Intangible de la Humanidad (1998) permitió la activación
autonómica de la gura de Bien de Interés Cultural
Inmaterial (BICI). El gobierno local declaró a las fallas
como BICI en el 2012 (Decreto 44/2012, de 9 de marzo
del Consell, Diario Ocial Comunidad Valenciana nº
6732)24 como paso previo a su reconocimiento mundial.
De cualquier manera, pese a que las trayectorias
de reconocimiento y de intereses de ambos bienes
hayan sido diferentes, en los dos casos, ha habido una
instrumentalización nacional necesaria para su distinción
como Patrimonio de la Humanidad. Tal y como señalan
Ashworth y Van der Aa (2006) la lista de patrimonio reeja
mucho más los intereses nacionales que los globales, no
hemos de olvidar que la Unesco es una organización
de naciones25. Pero, además, el tango y las fallas
comparten tres rasgos fundamentales. En primer lugar,
en ambos casos se produce una apropiación hegemónica
que reconduce sus aspectos más subversivos hasta
transformarlos en operadores de orden institucional. En el
tango, algunos autores han llegado a calicar este proceso
de gentricación26 (Cecconi 2009), por su asunción por
la clase dominante que domesticó sus aspectos más
desestabilizadores asociados a la marginalización y el
desorden. En las fallas el control de los elementos más
peligrosos, por el carácter transgresor y crítico de sus
monumentos, por parte de la burguesía ilustrada, fue clave
para su consolidación e institucionalización (Ariño 1992a;
Hernàndez 2002, 2006). En ambos casos, de los sectores
7
“Para algo que era nuestro... Ahora es de toda la humanidad”: El patrimonio mundial como expresión de conflictos
más populares impulsores de estas prácticas se pasa a la
apropiación de las élites adaptándolos a sus gustos y al
servicio de la ideología imperante. De los prostíbulos
y los arrabales de los márgenes porteños a los teatros y
cabarets del centro de Buenos Aires operan toda una serie
de mecanismos de usurpación que reconguran el tango
(Matamoro 1982; Pelinski 2000; Varela 2005; Vila 2000).
Del mismo modo, de las estas reprimidas e impulsadas
por las clases populares, marginadas éstas en el sistema
sociopolítico, a la formalización organizativa de la esta
y la llegada de los premios institucionales suceden
toda una cadena de conscaciones que redenen las
fallas (Ariño 1992a; Hernàndez 2002, 2006). El carácter
subversivo del tango y las fallas queda contenido a través
del control disciplinario del aparato político y en ambas
prácticas su dulcicación pasa por el renamiento de la
estética del baile y los monumentos, respectivamente.
En segundo lugar, ambos bienes han funcionado
como importantes catalizadores de identidad, de ahí
las disputas por sus sentidos y su utilización como
arma política. Tanto en el tango como en las fallas
se han producido intentos de monopolización en
distintas etapas políticas y por diferentes partidos
políticos que han utilizado sus expresiones con nes
partidistas. Igualmente, en los períodos de dictadura
de Argentina y España ha habido un control férreo
sobre las mismas, activándose mecanismos censores y
autoritarios en ambos casos (Ariño 1992a; Hernàndez
2006, 2011; Matamoro 1982; Varela 2005). Y, en tercer
lugar, es necesario tener presente que ambos bienes
son expresiones producidas, fundamentalmente, en
contextos urbanos. Si el tango se instala en la vida de
los barrios (Cecconi 2009; Morel 2009), lo mismo
sucede en las fallas que son una esta de vecindad
(Cucó 2008). Hoy, por hacernos una idea, hay más
de cien milongas donde a diario se baila tango en
Buenos Aires (Morel 2016) y trescientas noventa y una
comisiones falleras repartidas por la ciudad de Valencia
(Censo Junta Central Fallera)27. Esta particularidad
es especialmente importante y ayuda a entender la
propia diacronía de los bienes, así como la propuesta
y el alcance de las candidaturas como Patrimonio de
la Humanidad. Si a nales del XIX y principios del
XX, el Buenos Aires portuario y la Valencia agrícola
experimentan una remodelación urbana que reeja
la transición hacia el mundo moderno y el ascenso de
nuevas clases sociales y políticas; a nales del siglo
XX y principios del XXI, el nuevo contexto de la
economía global ha forzado a las grandes urbes, como
Buenos Aires, o a las ciudades intermedias, como
Valencia, a redenirse, para recuperar el potencial
de atracción que habían ejercido en el pasado como
centros de producción industrial, lo que ha provocado
una trasformación de sus sonomías, sus espacios y
sus narrativas28. La desregularización, privatización y
exibilización del mercado laboral, la descentralización
espacial y nanciera, la desindustrialización de las
grandes áreas urbanas, la revolución de las tecnologías
y transportes y la transformación del ocio ha obligado a
los centros urbanos a adaptarse al nuevo contexto global
para no quedarse fuera de las exigencias del mercado
posfordista creando nuevas cciones y activos para
entrar en un mercado cada vez más agresivo.
En este contexto, y desde nuestro punto de vista, el
impulso de ambas candidaturas está en relación directa
con las políticas de redefinición urbana, conocidas
como New Urban Policy (NUP). Tanto Buenos Aires
como Valencia inician en la década de 1990 del siglo
XX una transformación urbana en consonancia con
el nuevo modelo hegemónico de metrópoli ligado a
una nueva versión del urbanismo empresarial (Harvey
2001, 2013) o al llamado capitalismo cognitivo-cultural
(Scott 2008, 2014). Estas políticas se modulan en
notables proyectos arquitectónicos, grandes eventos
mediáticos, desarrollo inmobiliario, privatización de
fondos públicos y marketing urbano (Dinardi 2017;
Swyngedouw et al. 2002) en busca de la competitividad
y la excelencia para entrar en los circuitos globales
(Connolly 2013; García 2004; Gold y Gold 2008;
Rodríguez y Vicario 2005; Swyngedouw et al. 2002).
La mundialización neoliberal articulada en la economía
de los intangibles y en la industria cultural y del ocio y
concretada en la ciudad creativa dibuja nuevos espacios
urbanos sobre viejos lugares (Anheier y Isar 2008;
Harvey 1998; Throsby 2001). Ocupando el patrimonio,
por su capacidad de satisfacer la demanda, un lugar
cada vez más destacable.
Buenos Aires experimenta una transformación
signicativa en la década del 90, impulsando grandes
proyectos de renovación urbana, cuyo máximo
exponente puede verse en la transformación de Puerto
Madero (Cuenya 2011; Cuenya y Corral 2011; Díaz
Orueta et al. 2003; Dinardi 2017). Valencia, por su
parte, adoptó la tendencia global de la NUP a nales
de los 90 (Cucó 2013a, 2013b; Rausell 2010; Rius et
al. 2016; Santamarina y Moncusí 2013). El nuevo
modelo de ciudad creativa, denominado por algunos
como modelo Calatrava (Boix et al. 2017), puede
verse encapsulado en la Ciudad de las Artes y las
Ciencias. Ambas ciudades comparten características
en su transformación, entre otras, han emprendido
grandes proyectos urbanos asociados a procesos de
gentricación; han transformado su waterfront; han
impulsado políticas de creación de marca con agencias
especializadas para su desarrollo, buscando crear una
imagen potente de las ciudades; y han apostado por
distintas políticas patrimoniales, impulsando entre
ellas las candidaturas a Patrimonio Inmaterial de la
Humanidad buscando captar el turismo internacional
(Bertoncello y Troncoso 2014; Díaz Orueta 2010;
8Beatriz Santamarina y Camila Del Mármol
Gómez et al. 2011; Rausell 2006). En esa competencia
por los mercados y los consumidores, las redes vecinales
y de sociabilidad tejidas en sentidos locales han saltado
a las políticas globales. Eso sí con resistencias.
Resistencias al Patrimonio Mundial: Del Baile y
lo Festivo a lo Combativo
En el tango y las fallas se han dado procesos de
resistencia en lugares muy concretos: los barrios de
la ciudad de Buenos Aires y Valencia. El modelo
hegemónico del patrimonio nacional o mundial es
contestado desde la calle, el lugar precisamente donde
se tejen las milongas y los casales falleros (espacios por
excelencia de sociabilidad). Lo que permite ver desde el
lugar (Escobar 2010), en los territorios barriales, otras
lógicas patrimoniales construidas en la vida diaria y local
y lejos del vocabulario administrativo y tecnocrático de
los gobiernos y la Unesco.
Como acabamos de ver, el patrimonio, como
fenómeno social y cultural, es siempre producido en un
contexto especíco que se ve alterado con el tiempo.
Del tango del nosotros, de las milongas barriales de
la capital porteña, al tango para ustedes, el escenario
global donde se articulan las performances de identidad
marcadas a ritmo de seducción (tango show), ha habido
una transformación de acentos, agentes e intereses (Morel
2013). Lo mismo sucede con las fallas de Valencia, de las
fallas de vecinos, comunitarias, solidarias y altruistas a
las fallas monumentales globales, guiadas por los nuevos
valores neoliberales ha habido un cambio signicativo
de cadencias, actores y capitales (Hernàndez 2011). Pese
a la idealización del pasado que contiene esta última
aseveración, con ella no negamos las fracturas y tensiones
del pasado fallero, tan solo buscamos subrayar la ruptura
cronotópica y gramatical que se ha producido. En cualquier
caso, el conicto no se reduce a la patrimonialización,
sino que se sirve de este nuevo escenario para encontrar
maneras de expresar la multiplicidad de posturas.
En Buenos Aires en 2014, un funcionario de la
Subsecretaría de Patrimonio de la Ciudad de Buenos
Aires celebraba la nominación del tango ya que había
traído a muchos extranjeros al festival internacional: “se
generó algo maravilloso, el hecho de que se reconozca de
afuera hizo ver a la gente que éramos los representantes
del tango” (entrevista junio 2014). Que el tango es
porteño (o rioplatense, una concesión que se pudo hacer
en nombre de una concordia nominativa) no es algo que
se necesite recordar a los habitantes de Buenos Aires, es
más interesante esta necesidad de legitimarlo ante una
audiencia global.
La patrimonialización del tango nos muestra una
historia de institucionalizaciones, normativizaciones
y posteriormente un legado de iniciativas populares
autogestionadas y reivindicativas que llegan hasta la
actualidad. En 1998, como acabamos de señalar, Buenos
Aires reconoce el tango como parte de su patrimonio
cultural con la Ley nº130. Con ella creaba la Fiesta
Popular del Tango, que desde sus inicios se conoció
como el Festival Buenos Aires Tango y cambió su fecha
de celebración hasta adaptarse a los ujos de turismo del
hemisferio norte (Morel 2009, 2013). La realización de
este mega evento organizado por la ciudad de Buenos
Aires, buscaba, según Morel (2013), posicionar la
pertenencia e identicación del tango con la ciudad ante
la creciente celebración de festivales privados en distintos
lugares del mundo. Algunos autores han señalado cómo
el Gobierno de la Ciudad se decanta hacia las expresiones
espectacularizadas del tango encaminadas a promocionar
el mercado turístico (Gómez et al. 2011; Morel 2013).
Distintos colectivos se organizarán para disputar visiones
alternativas, otras formas de hacer, vivir y pensar el tango.
Las resistencias han sido impulsadas por colectivos
que promueven como ideología la autogestión y la
independencia buscando espacios alternativos para sus
reivindicaciones. En ellos encontramos una variada
heterogeneidad de origen y clase social. Además de estos
colectivos, el propio Sindicato Argentino de Músicos
formado por más de 25.000 músicos, con variedad en
cuanto perl sociológico, como ya vimos, manifestó su
oposición: “El tango ya no es nuestro”29.
Otro caso es el del “Quinteto Negro La Boca”, que en
su maniesto nos ofrece una perspectiva estético-política
de su constitución en 2008 como colectivo cultural
con un decidido arraigue barrial, que pretende rescatar
las memorias alternativas del tango, sus raigambres
libertarias y anarquistas reivindicando su capacidad de
narrar otras historias y construir nuevas identidades30. De
aquí nace también un proyecto que comienza en 201031,
el Festival de Tango Independiente, autogestionado
por los propios artistas y que posteriormente funcionó
como impulsor de distintos festivales barriales e
independientes. Entre sus valores, los espacios y artistas
que participan del Festival Independiente abogan por
la valorización del tango como factor de identidad
cultural y regional, centrándose en la necesidad de
promover las iniciativas contemporáneas de las nuevas
generaciones del tango y de implementar políticas
públicas orientadas al fomento de las experiencias
autogestionadas y a las producciones locales32. Frente a
la clausura de milongas, escuelas populares y ateneos en
los últimos años, distintos colectivos se organizan ante
el grito del #ElTangoNoSeClausura33. La Asociación
de Organizadores de Milongas34, con el apoyo de otros
colectivos, desarrolló una lucha constante contra la
clausura arbitraria de milongas por parte del gobierno
local, los errores y faltas de la administración y la
ausencia de reglamentaciones claras; este proceso
culminó en 2016 con la sanción de la Ley de Fomento
a las Milongas en la Legislatura porteña (Ley nº5735).
9
“Para algo que era nuestro... Ahora es de toda la humanidad”: El patrimonio mundial como expresión de conflictos
Otro ejemplo nos lo ofrece el caso del colectivo
Falles Populars i Combatives, que se organiza
directamente contra los peligros que consideran puede
acarrear una nominación de la Unesco. Este colectivo está
formado por lo que se viene denominado movimientos
urbanos autónomos (Mompó 2016), caracterizados por
una gran heterogeneidad de origen y clase social teniendo
en común una misma ideología que pone el acento en
la acción y la organización (Dinerstein 2013). Proponen
una autonomía frente al capital, el Estado y la hegemonía
del desarrollo (Böhm et al. 2010)35. Bajo el lema de
Patrimoney, se trata de una organización colectiva
en forma asamblearia que busca movilizar una nueva
perspectiva crítica a la “UNASCO”, para concientizar
de los riesgos de la nominación como Patrimonio
de la Humanidad. Si bien reconocen la dicultad de
popularizar la crítica a algo que se entiende generalmente
como positivo, se preguntan si no es criticable. Tal y como
expresaba un activista “que tenga que venir alguien de no
se sabe dónde a decir qué tiene y qué no tiene valor”36.
Su crítica se orienta directamente al discurso ocial del
patrimonio, y se estructura ante una experiencia directa
de lucha y reivindicación social frente a la ciudad
neoliberal, proponiendo recuperar el sentido de la esta
como vertebrador de sociabilidades y de barrio.
Esta vinculación patrimonio/esta/ciudad queda
bien reflejada en las canciones oficiales que ha
lanzado este colectivo, cada año, para la celebración
de las fallas. En el 2016, la canción oficial (Cançó
de les #FPC16) llevó por título: Les falles són
populars, combatives des dels solars. En su estribillo
se puede escuchar: “las fallas son populares/¡esto es
puro disfrute!/Combativas desde los solares/fallas
populares y combativas!”37. En el 2017, jugando con
los términos propios del mundo fallero, la canción se
denominó Crema La Ciutat (Cançó de les #FPC17),
literalmente “quema la ciudad”, en referencia al acto
de la Cremà con el que nalizan las estas al prenderse
fuego a los monumentos. En esta ocasión, introducían
el problema de la turistificación relacionado con
la patrimonialización. Su letra38 era más agresiva
llegándose a decir: “Despierta, dispara, un guiri en
casa!”, en un juego otra vez metafórico, referido a uno
de los aspectos más denitorios de la esta, la pólvora.
Además, se decía: “estamos hartas de mirar y callar
(…) fuego y esta, quema la ciudad!”. Por último, en
el 2018, la Cançó de les#FPC18, tuvo como lema Les
Falles Seran Sempre Nostres, una clara reivindicación
a que las fallas no se pueden expropiar, “son siempre
nuestras”. Además, en este último año, el contenido
simbólico era mucho mayor al hacer una adaptación
de “A las barricadas”, una de las canciones más
populares durante la Guerra Civil española vinculada
al anarcosindicalismo39. Esta articulación entre los
procesos patrimoniales y urbanos está muy presente
en sus acciones y discursos. En una asamblea de
Falles Populars ante la resolución inminente de la
Unesco declaraban:
veiem un dels aspectes que ens ha de
posar en alerta, més enllà dels riscos de
fossilització de la festa que pot comportar
la normativització. Incloure les falles i
València en l›univers de la Unesco, com
ja ha passat en molts altres ocasions, ens
porta a posar-la en el mapa internacional
de l’excel·lència, del turisme cultural i, en
el pitjor dels casos, de la ciutat-mercaderia.
Si veiem que les falles tenen un valor és,
sobretot, el de fer comunitat. El de fer barri.
I barri a barri, el de fer ciutat40.
Asimismo, como explica uno de sus representantes:
“Una casa no puede tener más valor que el que la habita,
algo que se puede vincular a las fallas. Uno de los riesgos
es que tenga más valor la esta que los que la construyen
y la viven”. En este sentido, la gura de la Patri, tal y como
explicaban sus creadores, pretendía ser “un altavoz y canal
de comunicación del lema, posición, duda y pensamiento
crítico alrededor del proceso patrimonializador que sufre
nuestra ciudad y nuestra esta”.
En los ejemplos a ambos lados del Atlántico, se
reivindica un origen popular, independiente, libertario
y combativo. En ambos casos se dialoga directamente
con el discurso del patrimonio cultural y su rescate.
La crítica se estructura en el idioma hegemónico del
patrimonio que dio lugar a la globalización del edicio
unesquiano: “El tango no se clausura, es nuestro, es
Patrimonio de la Humanidad”. Sin embargo, ante las
versiones edificantes, higienizadas y modélicas se
busca recuperar otras memorias luchadoras, narrativas
litigantes que abren camino para los discursos
reivindicativos del presente. Estos movimientos no se
reducen a una perspectiva sobre el pasado, sino que
se construyen en gran parte gracias a una proyección
hacia una manera de producir nuevos futuros. En
Buenos Aires, se reclama, por ejemplo, nuevas leyes de
apoyo a las milongas, a los trabajadores del tango y a
las experiencias autogestivas, pidiendo la consolidación
de las escenas independientes. Mientras tanto, Valencia
nos muestra un movimiento social que llama a repensar
las fallas desde su carácter más inclusivo y participativo,
a tono con las nuevas demandas de democratización de
diferentes movilizaciones políticas contemporáneas.
En ningún caso estos movimientos se oponen a las
fallas o al tango, sino que buscan esquivar las versiones
oficiales que intentan disciplinar y espectacularizar
estas expresiones culturales, buscando las otras historias
ignoradas. Es desde aquí que se reivindica un carácter
popular, por oposición a las apropiaciones elitistas y
10 Beatriz Santamarina y Camila Del Mármol
hechas desde el poder; las iniciativas barriales en contra
de las versiones globalizadas, deslocalizadas en las que
se convierten las expresiones festivas o artísticas de cara
a un público global. La espectacularización del tango
for export, expresión hecha show que se relame en los
voleos de piernas seductoras de medias negras, tiene
su paralelismo en las fallas folklorizadas que esconden
su espíritu satírico en una demostración monumental e
infantilizada. Unesco encarna en muchos casos un último
estamento disciplinador de expresiones culturales que ya
han sido pasadas por el tamiz de regímenes político de
distinto orden y color. Es un último paso que puede vivirse
como otra expropiación y que da lugar a reivindicaciones
desde su origen más popular, raigambre de protesta que
aora en el corazón de muchos géneros populares. La
revuelta, como expresión extrema de la esta (Delgado
2001), es un devenir que no ha sido nunca ignorado por
el poder, siendo muchos los ejemplos de prohibiciones
de estas y expresiones artísticas por parte de gobiernos
más o menos autoritarios, experiencias por las que han
pasado tanto las fallas como el tango.
Conclusión
Los programas patrimoniales Unesco, lejos de ser
asuntos culturales, deben analizarse como proyectos
políticos. Los procesos de patrimonialización mundial
expresan de forma contundente las relaciones de poder
y las políticas nacionales. Los regímenes patrimoniales,
en expresión de Bendix (2009), son en realidad
regímenes de verdad (Foucault 1992). Pero, mucho más
sutiles y enmascarados: la maquinaria patrimonial es la
forma de control más edulcorada. La Unesco, empresa
por excelencia patrimonial, ha impuesto una versión
propia de la globalización a través de la noción de
Patrimonio Mundial (Pavone 2008). Su mayor logro ha
sido consensuar y presentar como único su sentido de
patrimonio (Choay 2007; Labadi 2007; Pavone 2008).
Gracias a su legitimación asigna y distribuye, instruye
y dosica, otorga y negocia en un juego de apariencias
donde los nes altruistas se imponen ante cualquier otra
cción posible. Pero sus decisiones tienen importantes
impactos locales: económicos, sociales, ambientales y
culturales. Y su régimen de gobernanza genera tensiones
abriendo el conicto hacia la disputa por los sentidos
patrimoniales.
Hoy los futuros patrimoniales más que ensamblados
(Harrison 2013) están secuestrados por un mercado
cada vez más exigente. La identidad, esa cción tan
líquida como fracturada, permite tonicar las mercancías
transnacionales. Los territorios, esos lugares imaginados,
luchan por entrar en los circuitos nancieros del capitalismo
cognitivo. Y las memorias, esos sueños evocados, se
convierten en narrativas imposibles de autenticidad.
Mientras la Unesco ha dejado de gestionar el patrimonio
para gestionar su marca. Sin duda, una empresa mucho
más rentable. Y ante esta nueva realidad aparecen voces
que reclaman lo propio y su derecho a decidir sobre ello.
Agradecimientos: Agradecemos los comentarios
de los evaluadores que nos han permitido introducir
mejoras en el texto.
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13
“Para algo que era nuestro... Ahora es de toda la humanidad”: El patrimonio mundial como expresión de conflictos
1 “El tango fue declarado patrimonio de la humanidad”, Página
12, 30 de setiembre de 2009. https://www.pagina12.com.ar/
diario/ultimas/20-132657-2009-09-30.html
2 En las Torres se inicia cada año la fiesta con la crida. La crida
es el término valenciano utilizado por el mundo fallero para
este acto y se puede traducir por llamamiento.
3 “Las Fallas ya son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO”,
Levante, 01/12/2016. http://www.levante-emv.com/fall as/2016/1 1/30/
fallas-patrimonio-humanidad-Unesco/1498820.html
4 El Café Vinilo es un espacio cultural situado en el barrio de
Palermo (Buenos Aires) abierto en 2009. Desde su abertura
se ha caracterizado por ofrecer conciertos de distintos géneros
alternativos.
5 Disponible en: http://tangoyculturapopular.blogspot.com/2009/10/
tango-y-cultura-popular-n-108.html
6 La respuesta de los medios más conservadores no se hizo
esperar. El periódico ABC, de tirada nacional, criticaba en
una noticia “la campaña contra las fallas y la Unesco” tras
iniciarse el proyecto de la Patri (ABC, 27/01/2016). https://
www.abc.es/espana/comunidad-valenciana/abci-empresa-
musical-campana-fallas-201601271030_noticia.html
7 Todavía se puede visitar la campaña en https://www.verkami.
com/projects/13938-falles-populars-i-combatives-2016
8 Más información sobre el proyecto: https://crearqcio.com/
portfolio/la-patrimonialitzadora/
9 Este colectivo se define en su página web de la siguiente manera:
“Las Fallas Populares y Combativas somos una propuesta de
fiesta abierta y autogestionada nacida el 2002 en el distrito de
Ciutat Vella fruto del trabajo conjunto de varios colectivos de la
ciudad de Valencia” (https://fallespopulars.org/).
10 Recordemos que las convenciones son tratados multilaterales,
con carácter vinculante para los estados firmantes tanto en
periodo de paz como de guerra.
11 Para una revisión sobre el conflicto y el patrimonio ver Sánchez-
Carretero (2012).
12 Para un acercamiento al tango ver, entre otros: Azzi (1991),
Matamoro (1982), Pelinski (2000), Varela (2005).
13 Se calcula que, aproximadamente, se plantan en Valencia 700
fallas (entre las fallas infantiles y las mayores).
14 Para una aproximación a las fallas ver, entre otros, a Ariño
(1992a, 1992b, 1993) y Hernàndez (1995,1996, 2006, 2008,
2011).
15 En este caso, trabajamos solo lo sucedido en Argentina
porque fue la impulsora del primer intento de inscribir el
tango en el programa de la Unesco (2001).
16 Dejamos de lado, expresamente, el debate sobre su
internacionalización a partir de su éxito en París en los años
veinte. Para una discusión sobre los procesos y narrativas en
torno a los itinerarios del tango se puede acudir a Morel (2012).
17 Disponible http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/verNorma.
do?id=187292
18 Disponible http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/normas/
leyes/ley130.html
19 El Estado español impulsó sus primeras políticas
patrimoniales y turísticas, ambas inseparables, a comienzos
del siglo XX (Cal 1997).
20 Disponible http://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1946/075/
A02058-02061.pdf
21 Orden del 30 de septiembre de 1964, Boletín Oficial del
Estado nº 251
22 Disponible https://www.boe.es/boe/dias/1965/02/10/pdfs/
A02168-02168.pdf
23 Disponible https://www.boe.es/boe/dias/1980/02/16/pdfs/
A03783-03784.pdf
24 Disponible http://www.dogv.gva.es/datos/2012/03/12/pdf/2012_2536.
pdf
25 En este sentido, la Unesco refleja las estructuras de poder de
otros organismos mundiales (Frey et al. 2013; Meskell et al.
2015).
26 Desde que Glass acuñara este término en 1964 para los procesos de
renovación residencial éste ha sido pródigamente utilizado sufriendo
ampliaciones y nuevas acepciones. Sin discutir lo acertado o no de
su uso, la autora lo aplica para referirse a la elitización del tango.
27 Información disponible en http://fallas.com/index.php/es/
28 Obviamente, las propias particularidades socioeconómicas
de cada contexto explican el alcance y el impacto de este
proceso. Apuntamos sólo tendencias globales con resultados
desiguales en cada realidad particular.
29 “El tango ya no es nuestro”, La Nota Publicación del Sindicato
Argentino de Músicos y de la Obra Social de Músicos, diciembre
de 2009. https://studylib.es/doc/8073494/diciembre-2009
30 Ver https://www.quintetonegrolaboca.com.ar/presentacion.html
31 Entrevista con un periodista especializado en tango, 2014.
32 http://orquestodromo.com.ar/festival/index.php/nuestros-
valores/
33 Entrevista “Escuela Popular de Tango de la Boca” TV
Pública, programa Visión 7. 2010. Disponible en https://
www.youtube.com/watch?v=xMbocpthXUE.
34 http://milongas.org.ar/
35 Este colectivo no es el único que ha efectuado una crítica sobre las
políticas Unesco. Desde la academia e incluso desde dentro de la
institución, como ya hemos señalado, cada vez hay más disenso.
36 Entrevista Carlos Soler en http://valenciaplaza.com/las-fallas-
como-patrimonio-de-la-humanidad-las-voces-en-contra
37 Se han traducido por las autoras todas las letras al castellano
para ayudar al lector. Videoclip disponible en https://www.
youtube.com/watch?v=JGIgKRcnii0
38
Videoclip disponible en https://www.youtube.com/
watch?v=ODbCbundIjU
39 https://www.youtube.com/watch?v=slGTKTn2Lrc
40 Valencia Plaza, 01/12/2016. Disponible en https://valenciaplaza.
com/la-festa-que-volem
Notas
... Por poner un ejemplo, la comunidad fallera se presenta como portadora categórica de su patrimonio material e inmaterial y se da por hecho que el mundo fallero en su conjunto celebró la proclama de su fiesta como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad 12 . No obstante, tras esa pretendida uniformidad, aparecieron movimientos en contra de la declaratoria como el colectivo Falles Populars i Combatives, quienes se posicionaron con una fuerte carga satírica, propia del universo fallero, frente al Patrimoney y a la Unasco, reclamando sus fiestas como propias y locales y alertando sobre el riesgo del mercadeo de la cultura (Santamarina y Mármol 2020). La que hemos denominado la "oportunidad política del patrimonio" puede ayudar a entender cómo el patrimonio colectivo puede transformarse en un potente activo político, con una gran capacidad de movilización. ...
... Sánchez-Carretero et ál. 2019), coincidiendo con un movimiento de calado entre el tener y el ser patrimonial(Santamarina y Mármol 2020). ...
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El patrimonio cultural se nos presenta como un campo de intervención y gobierno en constante mutación. Lejos de ser sustantivo, sea este calificado como material, natural e inmaterial, es una realidad sociohistórica mediada por las condiciones sociales de producción. Desde una perspectiva crítica, en este artículo, hacemos una aproximación al patrimonio colectivo poniendo atención a las transformaciones experimentadas en las últimas décadas. La entrada de la democratización patrimonial y el giro participativo a raíz de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (París, 2003) parece no haber tenido el calado esperado. El papel activo otorgado a las llamadas "comunidades portadoras" en las activaciones y gestión patrimonial se ha reducido a lo retórico, produciéndose una contradicción entre las proclamas y las prácticas lanzados por los discursos patrimoniales autorizados. Y esto no es extraño, en juego está la posesión, propiedad y titularidad, de los bienes. De ahí, que los conflictos por la disputa de lo patrimonial sean cada vez más numerosos, imponiéndose regímenes patrimoniales que responden a las lógicas imperantes del mercado. Hoy, más que nunca, la degradación ecosistémica nos obliga a replantear el patrimonio colectivo como una herramienta para lograr la sostenibilidad, siguiendo los Objetivos de Desarrollo Sostenible formulados globalmente para la Agenda 2030. Desde nuestra perspectiva, el reto para alcanzar un patrimonio colectivo democrático, colaborativo y sostenible pasa por un cambio radical en los regímenes patrimoniales actuales.
... cultural (World Tourism Organization, 2018). Hoy ingresar un bien, del tipo que sea, en las listas UNESCO garantiza obtener una marca de gran valor inmaterial, altamente cotizado y en alza, que permite entrar en la disputa por las topografías imaginadas y por los productos de calidad turística(Santamarina & Del Mármol, 2020). ...
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Resumen En este artículo planteamos una reflexión teórica sobre los cambios en las políticas patrimoniales de la UNESCO y su incidencia en el imaginario y constructo patrimonial. En un contexto de nuevas aspiraciones, aparece el lema #somospatrimonio. El cambio es considerable: no sólo se tiene patrimonio, sino que se puede llegar a ser patrimonio como un todo metonímico. El patrimonio puede ser (en su versión autorizada) o llegar a ser (en su versión democrática). En ese juego de ficciones se desvelan y se ocultan, se silencian o se proclaman las asimetrías y disfunciones de los capitales puestos en movimiento. En ese juego hemos pasado de ‘tener’ patrimonio, como contenedor de un tesoro ilustrado, a ‘ser’ patrimonio como fetiche de un mercado emergente. Aquí analizaremos el #somospatrimonio como expresión que encapsula los nuevos tiempos patrimoniales, observando los contextos en los que se utiliza como una nueva marca identificativa al servicio del mercado o como una estrategia de reivindicación.
... Some works emphasise its links with the concept of folklore and its limitations (Hafstein, 2008;Kuutma, 2019;Prats, 1997). Other essays reflect on the relationship between UNESCO designations and neo-liberal processes that do not directly benefit local communities (Bortolotto, 2010;De Cesari, 2012, 2020Meskell, 2014;Santamarina Campos, Del Mármol, 2020). A number of studies show how the heritagisation of certain ICH-related practices and knowledge bring about cultural domestication, expropriation (Villaseñor, Zolla, 2012;Del Mármol, Santamarina Campos, 2019) or dispossession (Hafstein, 2014(Hafstein, , 2018bJiménez-Esquinas, Sánchez-Carretero, 2018). ...
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The contradictions embedded in the safeguarding practices of intangible cultural heritage (ICH) safeguarding practices have been the focus of analysis for the last couple of decades. In addition, the positioning, roles of scholars and their dilemmas are commonly analysed as a dual polarization: those scholars who analyse and criticise ICH regimes from the outside; as opposed to those who participate with a critical academic perspective in ICH safeguarding practices. This article adopts a different approach and proposes the concept “multi-ontological dissonances”. By this term, we refer to the simultaneous ontologies of ICH that take place both in the different actors involved in ICH heritage regimes and in the safeguarding instruments themselves. We analyse three levels of dissonances: various models and concepts of ICH coexist in the practices and discourses among different ICH researchers/specialists; among the safeguarding instruments and the researchers and even inside a single researcher/specialist. The case of the Fiesta of the Patios in Cordova will be used as an example of the multi-ontological dissonances in safeguarding practices.
... Este caso nos permite pensar también en la complejidad de las relaciones que se estructuran en base a los discursos de patrimonio global de la Unesco y su relación con el Estado neoliberal. En el caso del filete, no podemos perder una perspectiva de análisis que entienda el funcionamiento y actuación de tecnologías de poder, que crean subjetividades y comunidades con el objetivo de actuar en el mercado y hacerse también con nuevos recursos simbólicos en una economía global que precia cada vez más el valor de los intangibles (Santamarina y Del Mármol 2020). En este sentido, hemos podido ver una participación de la comunidad involucrada que se debe leer también en términos de capacitación, de incentivación y formación (cfr. ...
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En este artículo, me interesa reflexionar sobre las implicaciones de las políticas de participación en la producción de candidaturas para la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. Recientemente, la participación se ha impuesto como una marca de legitimidad de la gestión pública que se extiende igualmente al ámbito de las políticas de patrimonio. En concreto, me centraré en el caso del filete porteño, una postulación que se realizó en 2014 en Buenos Aires y que fue inscrita en la Lista Representativa en 2015. Este ejemplo me servirá para analizar las dinámicas complejas insertas en las prácticas de participación, así como para pensar en las prácticas políticas gubernamentales y sus repercusiones sociales. ABSTRACT: This article deals with the implications of participatory politics for the drafting of nominations for the Unesco Representative List of the Intangible Cultural Heritage of Humanity. In recent decades, participation has become a legitimacy hallmark for public governance and has also affected heritage politics. I focus on the filete porteño, a nomination developed in Buenos Aires in 2014 and registered on the Representative List of the Intangible Cultural Heritage of Humanity in 2015. Building on this case, I will discuss the complex dynamics developing within participatory practices, as well as their implications for governmental politics and their social repercussions.
... Los procesos de patrimonialización generan espacios de disputa política, económica y cultural entre todos los actores que participan (Rebollo, 2017), sobre todo cuando han sido usados como un recurso para fortalecer la imagen pública de los gobiernos. De esta manera, las relaciones de poder y políticas nacionales se ven reflejadas cuando el patrimonio es usado en los circuitos mercantiles y los mapas turísticos, gracias al sello de calidad que supone entrar en las listas de la UNESCO (Santamarina y Del Mármol, 2020), así como en la promoción de las prácticas que tienen potencial para proyectar los Estados-nación al extranjero por encima de otras manifestaciones (Villaseñor y Zolla, 2012). De esta forma, la identidad cultural se convierte en una marca que se vende en el mundo globalizado, por lo que deviene un dispositivo de romantización de los pueblos indígenas, ideados para el consumo turístico sin reflexión sobre las verdaderas realidades políticas y sociales (Flores, 2020). ...
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Actualmente, muchos son los fenómenos que ocurren alrededor del patrimonio cultural inmaterial (PCI), relacionados con sus políticas y su legado. Con una perspectiva de análisis crítica, este artículo pretende exponer los procesos de patrimonialización, mercantilización y turistificación del PCI, especialmente de los tejidos mayas de Guatemala. La lucha presente de las tejedoras guatemaltecas para proteger y reivindicar el valor cultural de este arte pone sobre la mesa el papel de los distintos actores que intervienen en el patrimonio cultural inmaterial y, de mayor relevancia, las comunidades indígenas. El siguiente marco de análisis sobre las distintas conceptualizaciones de patrimonio, autenticidad, mercantilización y turistificación permitirán entender con mayor profundidad la situación de las tejedoras mayas. La metodología usada en este artículo consiste en un estudio de caso, a partir de la cual se extraen como principales conclusiones la desprotección del PCI de este análisis dadas las complejas definiciones y categorizaciones; la necesidad de identificar las consecuencias de la mercantilización y turistificación de los tejidos ancestrales, recalcando la importancia de la gestión turística desde las comunidades; y, finalmente, el protagonismo clave de las mujeres como transmisoras y protectoras del PCI, las cuales han liderado un proceso de lucha y empoderamiento.
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Este artículo pretende ser una reflexión teórica en torno a los procesos de institucionalización y normalización del patrimonio cultural, inmaterial y natural. Desde nuestra perspectiva, los tres dominios patrimoniales nacen y se desarrollan en el mismo contexto sociopolítico, contando con instrumentos y agencias similares. Pero, en sus procesos de edificación y autentificación, se produce una inversión en términos discursivos muy significativa. Si en el llamado patrimonio cultural asistimos a lo que denominamos una culturización de la naturaleza, en el patrimonio inmaterial y natural presenciamos una naturalización de la cultura. Esta inversión, reflejada en prácticas y ficciones diferenciadas, nos permite indagar sobre las lógicas desplegadas por el llamado discurso patrimonial autorizado. A través de las mismas, podemos entender cómo se han ido configurando, a lo largo de los últimos dos siglos, los procesos patrimoniales. Nuestra propuesta pasa por considerar, en primer lugar, que los distintos patrimonios han actuado como instrumentos de dominación edulcorada, al confinar, codificar y asignar campos diferenciados amparados en lo disciplinario. Y, en segundo lugar, que esta disección patrimonial jerarquizada permite entender cómo se han conformado las políticas geopatrimoniales globales, a través de potentes instituciones especializadas, productoras de topografías metaculturales.
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In this article, we aim to focus on how the Iberian past (sixth century to the first century BC) has been used both to shape identities and to produce values in the marketplace and how the triad of the past, authenticity, and tradition is key in the commodification of the Iberian world. To do so, we will examine developments in the village of Moixent (Valencia, Spain). In this town, the Iberians and their archaeological remains are presented as the protagonists of the area, accompanied by several “heritage stratifications.” Through case studies of family-run wineries, we analyze the process of symbolic appropriation of the Iberians in the local wine sector and its confluence with cultural tourism as well as how it has led to the development of territorial branding based on the past.
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Durante las últimas décadas hemos asistido a un crecimiento espectacular del fenómeno patrimonial. La eclosión patrimonial, entre otras cosas, puede ser leída como una cara más del tercer espíritu del capitalismo. El desembarco de la economía de los intangibles y el acento en la producción del valor de lo inmaterial ha cambiado las reglas del juego de la economía mundial. Nuestra hipótesis de partida es que hemos asistido a una importante transformación en las activaciones patrimoniales: del nacionalismo político, que impulsó el patrimonio colectivo en el XIX, hemos pasado al nacionalismo de consumo en el siglo XXI. En este contexto, este artículo analiza el distinto impacto que tienen los procesos patrimoniales en función de la posición que ocupan sus territorios en los mercados globales. Dicha posición incidirá en su carta de presentación apareciendo las ciudades creativas o los pueblos con encanto. Ambas formas son, en realidad, caras de un mismo proceso.
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El artículo analiza las transformaciones de la agenda de gobierno urbano en la ciudad de Valencia durante las dos últimas décadas, tomando como referencia analítica la teoría de los regímenes urbanos. En Valencia una coalición local por el crecimiento ha impulsado un modelo de ciudad caracterizado por el desarrollo de grandes proyectos urbanos y la celebración de megaeventos. Este modelo ha sido puesto en cuestión por una serie de movimientos urbanos que han evidenciado los graves desequilibrios producidos en la ciudad. Por último, y tomando como referencia la nueva situación creada por la recesión económica, el artículo plantea las posibilidades de que se produzca un cambio de régimen urbano en Valencia.
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In this article we will reflect on the sense of place that is developed by the participants and organizers of “milongas”. This analysis is based on some ethnographic research conducted on four milongas that take place at local clubs in some neighborhoods from the northwest of the city of Buenos Aires. This analysis not only includes narrations that relate these dancing places with different traditions and references to the past, but also the dynamics of meeting and socializing that occur in these dancing events. We pay special attention to these aspects through the differences and similarities established between those milongas that have taken place for longer periods and which are considered more traditional, and the “new milongas” that take place around the same area. Moreover, based on this analysis, we claim that the sense of place, the form of socialization and the references to the past which are developed by the groups and the people that participate in these milongas are not necessarily univocal and that they are not immune to changing processes and reconfiguration.
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Heritage as a category reflects diverse political positions. All heritagisation processes imply the creation of hierarchies, selection, ranking, and categorisation of what is worthy or unworthy of being heritage, and all heritage creation involves certain disciplinary processes that confer legitimacy. As a modern invention, heritage was built on two closely related cornerstones: the distinction between nature and culture and the difference between normalised knowledge and marginal knowledge. As a result, refining processes were applied which became strategies to legitimise political domination. In this paper the constituent process of heritage creation and its links to normative knowledge are analysed, illustrating the various relationships between types of knowledge in the heritagisation process with the case of the Albufera Natural Park in Spain. A particular focus is placed on the processes that affect territories and natural resources, modifying the material conditions of the local population. Beyond giving rise to a mere acceptance of imposed expert knowledge, the analysed dynamics reveal the responsiveness of the local actors, as they make use of this knowledge in the context of a counter-hegemonic discourse.
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The article introduces a critical reflection on the effects that the version of cultural capitalism based on large events and architectural symbols has on the resilience of cities when used as an engine, and not as a complement to the policies of urban transformation. The article introduces as a case of study the so-called ‘Calatrava model’ of the city of Valencia. The model of a cultural bubble of Valencia, designed to enable a new space, is developed and contrasted with other two examples of urban transformation designed to revitalize spaces: Bilbao – symbolically represented by Frank Gehry's Guggenheim museum – and the Barcelona 22@ – symbolically represented by Jean Nouvel's Agbar Tower. Through the notion of ‘plasticity’ we analyse how, despite the overall failure of the Calatrava model and its negative effect on the short-term ability of the city to absorb shocks, Valencia is able to adapt and absorb the urban transformation around the Calatrava's architectural complex and to incorporate it into their processes of dynamic resilience.
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Historic sites, memorials, national parks, museums... We live in an age in which heritage is ever-present. But what does it mean to live amongst the spectral traces of the past, the heterogeneous piling up of historic materials in the present? How did heritage grow from the concern of a handful of enthusiasts and specialists in one part of the world to something which is considered to be universally cherished? And what concepts and approaches are necessary to understanding this global obsession? Over the decades, since the adoption of the World Heritage Convention, various 'crises' of definition have significantly influenced the ways in which heritage is classified, perceived and managed in contemporary global societies. Taking an interdisciplinary approach to the many tangible and intangible 'things' now defined as heritage, this book attempts simultaneously to account for this global phenomenon and the industry which has grown up around it, as well as to develop a 'toolkit of concepts' with which it might be studied. In doing so, it provides a critical account of the emergence of heritage studies as an interdisciplinary field of academic study. This is presented as part of a broader examination of the function of heritage in late modern societies, with a particular focus on the changes which have resulted from the globalisation of heritage during the late twentieth and early twenty-first centuries. Developing new theoretical approaches and innovative models for more dialogically democratic heritage decision making processes, Heritage: Critical Approaches unravels the relationship between heritage and the experience of late modernity, whilst reorienting heritage so that it mighht be more productively connected with other pressing social, economic, political and environmental issues of our time.