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ECOFEMINISMO Y CUIDADO DEL CUERPO DE LA MUJER

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Abstract

El ecofeminismo relaciona la degradación del mundo natural con la subordinación y la opresión de las mujeres, donde, el cuerpo y tierra son indivisibles en una mirada integral hacia la menstruación. Por esto el cuidado de nuestro cuerpo tiene efectos sobre la tierra y viceversa. Por consiguiente, existe una fuerte relación entre el ecofeminismo y la apropiación del cuerpo de la mujer por medio de su sexualidad y menstruación. No obstante, esta dinámica no ha sido estudiada en países del "tercer mundo", como Colombia, donde la visión patriarcal capitalista sigue siendo la estructura del desarrollo. Por lo tanto, esta investigación busca entender el impacto al ambiente y el significado hacia el cuerpo de la mujer con el uso de la copa menstrual. La investigación utilizó metodologías cuantitativas y cualitativas como las encuestas, el diálogo informal y la triangulación de información. Sobre la realización de 46 encuestas se encontró que: 1. Las mujeres son conscientes del impacto ambiental que poseen los productos tradicionales de cuidado menstrual.2. Existe poca difusión de información sobre el uso de métodos alternativos como la copa menstrual. 3. El desconocimiento sobre las afectaciones que trae el uso de productos tradicionales de higiene, evidencia inhabilidad de las mujeres frente a las decisiones que pueden tomar sobre su cuerpo. De esta manera, esta investigación permite entender la relación existente entre el ecofeminismo y la apropiación del cuerpo de la mujer por medio de su sexualidad y menstruación, y contribuye a preguntarse sobre el impacto de la higiene tradicional y métodos alternativos en el cuerpo de la mujer.
Revista Política & Administración No. 29
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ECOFEMINISMO Y CUIDADO
DEL CUERPO DE LA MUJER
Daniela Rey
Ecóloga de la Pontificia
Universidad Javeriana
rey.daniela@javeriana.edu.co
Carolina Sohm
Psicóloga de la Pontificia
Universidad Javeriana
c.sohm@javeriana.edu.co
Silvia Rodríguez
Psicóloga de la Pontificia
Universidad Javeriana
Silviarodriguez@javeriana.edu.co
Mariana Escobar
Estudiante de Comunicación Social
de la Pontificia Universidad Javeriana
mariana_escobar@javeriana.edu.co
Erika Fajardo
Estudiante de Comunicación Social
de la Pontificia Universidad Javeriana
erikafajardo@javeriana.edu.co
Palabras Clave
Copa menstrual, Higiene tradicional,
Higiene femenina, Menstruación,
Sexualidad, Cuerpo, Ecología, Feminismo.
Keywords
The menstrual cup, traditional hygiene,
feminine hygiene, Menstruation,
Sexuality, Body, Ecology, Feminism.
Resumen
El ecofeminismo relaciona la degradación
del mundo natural con la subordinación y
la opresión de las mujeres, donde, el
cuerpo y tierra son indivisibles en una
mirada integral hacia la menstruación. Por
esto el cuidado de nuestro cuerpo tiene
efectos sobre la tierra y viceversa. Por
consiguiente, existe una fuerte relación
entre el ecofeminismo y la apropiación del
cuerpo de la mujer por medio de su
sexualidad y menstruación. No obstante,
esta dinámica no ha sido estudiada en
países del “tercer mundo”, como
Colombia, donde la visión patriarcal
capitalista sigue siendo la estructura del
desarrollo. Por lo tanto, esta investigación
busca entender el impacto al ambiente y
el significado hacia el cuerpo de la mujer
con el uso de la copa menstrual. La
investigación utilizó metodologías
cuantitativas y cualitativas como las
encuestas, el diálogo informal y la
triangulación de información. Sobre la
realización de 46 encuestas se encontró
que:
1. Las mujeres son conscientes del
impacto ambiental que poseen los
productos tradicionales de cuidado
menstrual.
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2. Existe poca difusión de información
sobre el uso de métodos alternativos
como la copa menstrual.
3. El desconocimiento sobre las
afectaciones que trae el uso de productos
tradicionales de higiene, evidencia
inhabilidad de las mujeres frente a las
decisiones que pueden tomar sobre su
cuerpo.
De esta manera, esta investigación
permite entender la relación existente
entre el ecofeminismo y la apropiación del
cuerpo de la mujer por medio de su
sexualidad y menstruación, y contribuye a
preguntarse sobre el impacto de la
higiene tradicional y métodos alternativos
en el cuerpo de la mujer.
Abstrac
Ecofeminism relates the world’s natural
degradation with the subordination and
oppression of women, in which women's
bodies and planet earth are indivisible
within a comprehensive approach
towards menstruation. Reason why, the
way we care our body has effects over the
earth and vice versa. Therefore, there is a
strong relationship between ecofeminism
and women´s appropriation of their
sexuality and menstruation through their
bodies. Nevertheless, this dynamic has
not been studied in developing countries
as Colombia in which the patriarchal point
of view remains the basis for
development. Consequently, this research
aims to understand the environmental
impact and meanings of menstrual cup
use in women's bodies. This study used
qualitative and quantitative
methodologies such as surveys, informal
dialogue, and data triangulation. As an
outcome it was found that:
1. Women are conscious of the
environmental impact that traditional
menstrual care products have.
2. There is a lack of information regarding
alternative care methods such as the
menstrual cup.
3. The unawareness about the effects of
traditional hygiene products is evidence of
the inability women have to take over the
decisions about their bodies.
Thereby, this research allows to
understand the relationship between
ecofeminism and the ownership of
women's body through sexuality and
menstruation. Also, it contributes to
question the impact of traditional and
alternative hygiene methods on women's
body.
Introducción
El presente artículo es producto de una
investigación semestral que se interesó
por auscultar, desde el enfoque teórico y
práctico del ecofeminismo, una
alternativa individual-colectiva de uso
corporal en las mujeres con efectos
transformadores sistémicos
medioambientales. Entendemos que en la
estructura social capitalista, el patriarcado
hace suyo los cuerpos sociales y naturales,
en especial el de las mujeres y la
naturaleza. Estos cuerpos se cosifican
hasta en el mínimo detalle, por ejemplo,
hasta en el ciclo menstrual que es
medicalizado, aseptizado, mercantilizado.
De esta manera, el cuidado, como una
categoría práctica propuesta por el
ecofeminismo, permite pensarnos el uso
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de la copa menstrual como una
posibilidad de resistencia,
empoderamiento y nuevas relaciones de
las mujeres con sus cuerpos, con l@s
otr@s y con la naturaleza.
Un contexto teórico
El ecofeminismo es un movimiento nacido
en los años setenta que relaciona la
degradación del mundo natural con la
subordinación y la opresión de las
mujeres. Su relación nace desde la visión
del movimiento verde con el feminismo,
donde retoma la preocupación por el
impacto de las actividades humanas en el
mundo inanimado y la visión de género de
la humanidad en el sentido que
subordina, explota y oprime, en especial,
a las mujeres (Mellor, 2000). Son entonces
los aportes de dos pensamientos críticos,
el feminismo y la ecología, los que ofrecen
la oportunidad de enfrentar no sólo a la
dominación de las mujeres en la sociedad
patriarcal-capitalista sino también a una
ideología y a una estructura de
dominación de la naturaleza ligada al
paradigma patriarcal del varón amo y
guerrero (Puleo, 2002).
La visión patriarcal y capitalista ha
generado afectaciones en el
empobrecimiento de la tierra y de los
seres no-humanos, al igual que relaciones
humanas desiguales en aspectos
socioculturales y regionales, generando
por ejemplo tabúes alrededor del ciclo
menstrual y en los aspectos de la higiene.
El cuerpo y la tierra son indivisibles en una
mirada integral, holística y respetuosa
hacia la menstruación y, de ahí, que el
cuidado por el cuerpo, en especial de las
mujeres, tiene efectos sobre la tierra y
viceversa, puesto que ellas al igual que la
tierra son cíclicas y si algún elemento de la
tierra está en peligro o contaminado, este
cuerpo puede enfermarse y enfermar el
mundo, dadas las estrategias utilizadas
para la ‘higiene’ de la menstruación.
El ecofeminismo es un feminismo radical
que afirma que hombres y mujeres
expresan experiencias diferentes en torno
al medio ambiente. Por consiguiente, el
ecofeminismo plantea que la relación de
las mujeres con la naturaleza se construye
debido a que, además, de ser dadoras de
vida son, de la misma manera, son
responsables en la producción (Novo,
2007; Ojeda, 2012); a diferencia, el
hombre basaría, prioritariamente, su
relación con la naturaleza de manera
patriarcal y capitalista en la que se ha
estructurado el mundo occidental (Puleo,
2002; Novo, 2007).
El feminismo ecologista es un feminismo
crítico y radical puesto que tiene un doble
compromiso con reconocer y eliminar los
prejuicios dependientes del género por
medio de prácticas políticas y teóricas que
no se basen en el prejuicio de género. Es
ecologista porque comprende la
importancia de valorar y conservar los
ecosistemas que incluye individuos,
poblaciones y comunidades en los cuales
se suceden interacciones. De esta manera,
se reconoce los seres humanos como
seres ecológicos, con una necesidad de
dimensión ambiental para cualquier
corriente del feminismo.
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El ecofeminismo es, por tanto,
multicultural debido al análisis y trabajos
que desarrolla, pues en la mayoría de los
casos se enfatizan las relaciones entre las
mujeres y la naturaleza valorando las
complejas interconexiones entre todos los
sistemas sociales de dominación (Warren
& Cheney, 1991); propone así, soluciones
estructuradas basadas en la
multiculturalidad y pluralidad de
posiciones, con el fin de no obtener la
única palabra sino diversas perspectivas
frente a un problema social y esto hace
que le de fuerza y significado a sus
acciones (Warren & Cheney, 1991).
El problema
A las mujeres se les acusa de las altas
tasas de reproducción y, en especial, si
son mujeres del Sur; son ellas,
responsables del incremento de la
población, por tanto, de uno de los
mayores conflictos ambientales (Mies y
Shiva, 1998), haciéndose tabú el manejo
de su cuerpo y de su sexualidad.
En este sentido, el problema se plantea en
términos de que la visión patriarcal-
capitalista separa sexualidad y
procreación, actividad reproductora y
sexual, para asumirse como algo
puramente individual y no como lo que
es: una relación social (Mies y Shiva,
1998). De ese modo, el cuerpo de las
mujeres va constituyéndose en una suma
de úteros, futuras responsables de la
superpoblación: “separar producción de
reproducción, facilitado por el
patriarcado-capitalista, hace que los
productores se asuman distintos y
superiores a la naturaleza y a las mujeres
reproductoras- quienes, a su vez, se
asuman pasivas, enajenadas de sus
cuerpos, de su capacidad de procreación y
de subjetividad” (Mies y Shiva, 1998).
De tal manera que en tal contexto
interrogamos la situación de la mujer
como cuerpo objetivizado e
instrumentalizado al servicio del
capitalismo. Seguimos a Emilia Almanza
Towgood (2014) en la idea de que la
higiene femenina está inmersa en el
negocio de una industria tóxica y mortal;
los productos como toallas higiénicas
desechables y tampones están producidos
con materiales que se derivan de la
industria del petróleo y la forestal, por lo
tanto, poseen componentes como
poliacrilato, polipropileno y polietileno.
Estos compuestos contienen sustancias
tóxicas que en primera instancia son
perjudiciales para la salud, pueden causar
alergias, irritaciones, infecciones por
bacterias u hongos, endometriosis, cólicos
fuertes, síndrome de shock tóxico e
incluso cáncer. Igualmente, las sustancias
que contienen productos de cuidado
femenino, al ser desechadas se liberan en
los ecosistemas provocando la toxicidad
de plantas y de animales.
Es decir, ahí hay un control de los órganos
reproductores de las mujeres. No se tiene
en cuenta el peligro del manejo de
anticonceptivos o químicos de las toallas
higiénicas y de los tampones en el cuerpo
de la mujer (Mies y Shiva, 1998). Por ello,
desde el ecofeminismo entendemos la
reproducción como la relación entre
hombres y mujeres, en la cual éstas
manifiestan su autonomía en su
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sexualidad, cuerpo y su capacidad de
procreación, comprendiendo y superando
la enajenación del cuerpo y aprendiendo a
vivir con él. Para ello, se implican cambios
en las actitudes, estilos de vida y métodos
de la vida cotidiana, como el paso a
métodos más amigables con el ambiente
como, por ejemplo, la copa menstrual,
que permite asumir una concepción de
dignidad humana en la mujer (Mies y
Shiva, 1998); llega a ser una política hacia
el poder reproductivo de las mujeres y, en
últimas, mejorar sus condiciones físicas y
espirituales de vida.
Una breve historia
La copa menstrual nos remonta a Estados
Unidos en 1867 por la compañía Hockert
Catamenial Sack, setenta años más tarde
Leona W Chalmers patentó un prototipo
que con muy pocas modificaciones ha sido
el modelo utilizado por más de 12 marcas
de copas menstruales reutilizables de la
actualidad (Barranco, E et al).
Sin embargo, en 1959 Liswood un modelo
denominado de Chalmers desarrollaba un
artículo que incluía las características del
producto y el modo de uso. Unos años
más tarde Karnaky estudió los efectos de
la copa en las posibles modificaciones en
el ambiente de la vagina. Adicionalmente,
Parker y Col investigaron las ventajas y,
además, la comprobación que la copa no
se rebosa en mujeres con sangrado
abundante. Por otro lado, las
investigaciones de Howards y Col
concluyeron que la copa es una solución
sostenible para el manejo de la
menstruación, con un coste económico
bajo y menos efectos medioambientales si
se comparaban p. e., con tampones.
Por consiguiente, nuestra hipótesis es que
existe una fuerte relación entre el
ecofeminismo y la apropiación del cuerpo
de la mujer por medio de su sexualidad y
menstruación. Tal idea no ha sido
estudiada en Colombia, donde la visión
patriarcal capitalista sigue siendo la
estructura de todo desarrollo. Por lo
tanto, la presente investigación busca
entender ¿de qué manera la
implementación de la copa menstrual en
mujeres bogotanas impacta en el
ambiente y abre a nuevas posibilidades de
significados hacia el cuerpo de la mujer?
Metodología
Se realizaron 46 encuestas a mujeres
bogotanas de diferentes edades, clases
sociales sobre el uso de elementos de
higiene femenina, se indagó por el
conocimiento de las mujeres sobre las
afectaciones de las toallas higiénicas y
tampones sobre su cuerpo. Por otra parte,
a través de un diálogo informal, se
conocieron las razones por las cuales
algunas mujeres usan la copa menstrual.
Posterior a la etapa de campo, para el
proceso de análisis los datos, estos fueron
sistematizados y emparejados a través de
una triangulación de la información (datos
de las encuestas, diálogo informal, e
información bibliográfica sobre
ecofeminismo e higiene femenina),
derivando explicación para entender el
impacto sobre el ambiente de la higiene
femenina tradicional, y dimensionar cómo
nuevas prácticas abren nuevas
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posibilidades y significados hacia el
cuerpo de la mujer.
Resultados (Sistematización y
emparejamiento)
Las 46 encuestas se realizaron a diferentes
mujeres bogotanas, quienes se
encontraban en el rango de edad entre los
18 y los 40 años. Las encuestadas fueron
mujeres de clase media y media-alta
(estratos 3 al 6), profesionales o
estudiantes de diferentes campos del
conocimiento como salud, antropología,
ecología, entre otras. En las encuestas se
encontró que el 65.2% utiliza
principalmente toallas higiénicas (fig.
1(a)), el 13.04% tampones y ambos
métodos de higiene, mientras solo el 9%
utiliza la copa menstrual. No obstante, de
estas 46 mujeres el 84.8% conoce
métodos alternativos de higiene femenina
(fig.1 (b)), sin embargo, las mujeres
encuestadas plantean que “La verdad no
cambiaría las toallas y tampones”
(testimonio encuestas); no obstante,
algunas mujeres plantearon “Buscar
alternativas de higiene femenina es
fundamental para el cuidado de la salud,
teniendo en cuenta que todas las mujeres
somos diferentes y una sola alternativa no
es suficiente para todas” (Testimonio
encuestas).
Fig.1 (a) En el eje X se encuentran los tipos de
protección menstrual utilizadas por las mujeres
encuestadas, y en el eje Y, el número de mujeres
que utiliza cada tipo de protección. Por lo tanto, el
mayor método de protección menstrual son las
toallas higiénicas.
Fig.1 (b) El 85% de las mujeres encuestadas conoce
métodos alternativos de higiene femenina, y el
15% no tiene conocimiento de estos.
El 41.3% de las mujeres encuestadas,
piensa que el uso de alternativas de
higiene menstrual permite una forma de
empoderamiento femenino; sin embargo,
el 34.7% no cree que lo sea, y el 22% cree
que el uso de alternativas no es solo una
forma de empoderamiento, sino que va
más allá del cuerpo de la mujer (fig. 2). Tal
como plantea una de las mujeres
encuestadas: “El uso de alternativas
menstruales, ayuda a la economía
femenina, cuida el cuerpo de ella y al
medio ambiente, pues, cada mujer
produce en promedio seis toneladas de
basura con productos femeninos a lo largo
de su vida”.
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Ello es afirmado por otra encuestada: “Es
necesario el uso de alternativas que
empoderen nuestro cuerpo, para no
quedarnos atrás y seguir evolucionando
de la manera que podamos ser más
amigables con el ambiente y solucionar
nuestros problemas de higiene al mismo
tiempo”. Las mujeres urbanas buscan
alternativas de higiene femenina que se
adapten a la mujer actual y al planeta de
hoy, por lo tanto, que sean cómodas,
económicas, cuidadosas con su cuerpo y
con el ambiente.
Fig. 2. el uso de productos alternativos como una
forma de empoderamiento femenino, permitió ver
que para 19 de las mujeres encuestadas sí produce
empoderamiento, mientras 16 no lo cree.
El uso de productos alternativos de
higiene, es buscado por el daño directo,
generado al medio ambiente que
produce el uso de las toallas y/o
tampones, el 78.3% de las mujeres
encuestadas, conoce los posibles
impactos generados; mientras el 20% no
sabe en absoluto (fig. 3 (a)). Sin embargo,
el conocimiento sobre la afectación sobre
el cuerpo de la mujer de uso de tales
productos, no es tan conocido, según los
datos: el 57% de las mujeres conocen sus
efectos mientras el 43% no sabe sobre
este, lo que muestra una gran similitud en
las cifras encontradas (fig. 3(b)).
Fig. 3 (a) El gráfico muestra el conocimiento sobre
el impacto ambiental de productos tradicionales
de higiene femenina en las mujeres encuestadas,
donde el 75% conoce sobre los mismos.
Fig. 3(b) El gráfico muestra el conocimiento sobre
los químicos que traen los métodos tradicionales,
donde solo el 57% conoce sobre estos.
Por lo anterior, el uso de alternativas,
permite a las mujeres el cuidado del
ambiente y del cuerpo. A pesar de ello,
solo el 13% de las mujeres encuestadas
dice haber usado la copa menstrual (fig.4),
precisamente, porque conocen las
alternativas (fig.1 (b)). Algunas mujeres
desinteresadas plantean “… no me parece
importante, solo importa que sea
cómodo”; así que el desconocimiento de
los impactos no permite el cambio hacia
los mismos.
Fig.4. El uso de la copa menstrual en las mujeres
encuestadas, solo el 13% las ha utilizado.
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Adicionalmente, esto se relaciona con el
tema tabú que es la menstruación,
aunque el 67.5% de las mujeres
encuestadas no cree que lo sea, el 32.6%,
opina lo contrario (fig.5); por lo que, el
hablar de alternativas nuevas en las
mujeres genera desconfianza. Sin
embargo, durante las encuestas, algunos
de los testimonios planteados fueron
“Debemos usar nuevos métodos por
respeto a la vida en general, amar nuestra
menstruación es amar la naturaleza”
(testimonio encuesta); “Es importante
usar alternativas como las copas
menstruales, ya que, de este modo se
evita tanto daño al medio ambiente con
desechos como toallas o tampones”
(testimonio encuesta), “Creo que por
cuidado personal, amor propio y cultura”
(testimonio encuesta).
Fig.5 La menstruación como tema tabú permitió
ver que el 67% de las mujeres encuestadas no lo
considera de esta manera mientras el 33% sí.
Discusión (Triangulación de la
información)
“A lo largo de la historia, las tierras
espirituales de la Mujer Salvaje han sido
expoliadas o quemadas, sus guaridas se
han arrasado y sus ciclos naturales se han
visto obligados a adaptarse a unos ritmos
artificiales para complacer a los demás”
(Pinkola, 2009, pg. 11).
Como bien lo explicita Pinkola en la cita
anterior, las mujeres han estado relegadas
a un mandato que regula todas sus
dimensiones desde la física y natural hasta
la organizacional y colectiva, un universo
que demanda incluso que las mujeres
regulen sus ciclos naturales menstruales
para satisfacer las demandas del
patriarcado alejándose cada vez más de la
relación que existe entre la naturaleza y
los ciclos naturales.
Por otra parte, se puede observar que las
mujeres son conscientes del impacto
ambiental que poseen los productos
tradicionales de cuidado menstrual. Sin
embargo, existe muy poca difusión de
información sobre el uso de métodos
alternativos, como la copa menstrual, y es
por esto que no se conocen a fondo los
beneficios que poseen no solo frente el
cuidado del medio ambiente, sino sobre la
salud de las mujeres. Lo anterior puede
relacionarse con lo postulado por Alicia
Puleo en su libro “Ecofeminismo para otro
mundo posible (2012) en el cual se
establece la normalización de una
confianza excesiva en los productos
“rosas” que llevaría a que muchas mujeres
se sometan de forma inconsciente a
mandatos sociales sin preguntarse por los
riesgos para la salud y pensar-hacer las
diferentes alternativas.
Ahora bien, la mayoría de las mujeres
consideran que hablar sobre la
menstruación no es un tabú, pero, al
mismo tiempo, asumen que el uso de la
copa menstrual es un tema que genera
discusiones y polémica, debido a que p. e.,
La copa exige un mayor contacto visual y
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táctil con la menstruación, algo que para
lo que gran parte de la sociedad parece no
estar lista (Impacto, 2016). Por
consiguiente, la comercialización de la
copa menstrual no se ha masificado y se
sigue promoviendo productos como las
toallas higiénicas y los tampones.
Entonces, vale preguntarse: ¿hasta dónde
la sociedad está lista para hablar de un
tema de higiene personal? Si nos
remitimos al concepto que desarrolla Lula
Lona (2004) de “el sujeto <mujer>
maternal”, damos cuenta de cómo el
patriarcado ha utilizado la religión y, en
especial, de la católica para, a través de
ella, determinar qué hace y qué no una
‘buena mujer’, que estaría ‘encarnada’ en
la imagen de la virgen María, es decir “la
sierva del Señor”, “mediadora de Dios
creador” y a quien se le negó la
sexualidad.
Se hace así, que sexo y, por ende, la
menstruación, por siglos devienen tema
tabú, pues las mujeres no debían hablar
con ninguno de sus iguales, fuesen
madres o amigas; debían ellas mismas en
soledad, en los márgenes- descubrir qué
hacer al afrontar distintas situaciones. Y
aunque al parecer a hoy diríamos se ha
abolido tal idea, dado que relativamente
se ha llevado a hacerse pública, sentimos
y por lo datos arrojados, que no nos
vemos ampliamente liberadas para decir
sobre la sexualidad femenina.
Así mismo, la relación producida entre
sexualidad de las mujeres y sus
capacidades reproductivas, se
fundamenta en lo planteado por Mies
(1998), sobre las tecnologías reproducción
y el cuidado femenino, que no responden
a la necesidades de las mujeres sino al
capital y a la ciencia moderna de
crecimiento y progreso, por lo que
intensifican las relaciones de explotación y
desigualdad. Por lo tanto, la industria de
nuevas tecnologías de reproducción tiene
como objetivo el control total de la
capacidad de reproducción de las
mujeres, siendo la dignidad humana de la
mujer ignorada.
Es por esto que el desconocimiento sobre
las afectaciones que traen el uso de
toallas y tampones en las mujeres
encuestadas, nos permite decir de la
invisibilidad de poderes que, en efecto,
afectan los cuerpos. Las mujeres son
vistas como una masa de materia
reproductiva según el patriarcado, sin
tener en cuenta la relación fundamental
que las mujeres tienen con su cuerpo
(Mies, 1998), siendo este el inicio del
cuidado de sus hijos y de las futuras
generaciones. Las tecnologías de
reproducción y uso de tipo de métodos de
higiene transforman la maternidad y la
capacidad de reproducción, destruyendo
la integridad de la mujer como persona
humana (Mies, 1998).
Lo anterior se relaciona, igualmente, con
lo planteado por Miriam Gartori (2015)
para quien existe una deuda de los
cuidados, pues las mujeres al ser
relegadas al cuidado y al hogar, las
mujeres pobres o del tercer mundo son
quienes se encargan de los cuidados del
norte. El cuidado de las mujeres frente a
las siguientes generaciones inicia desde el
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cuidado y respeto por su cuerpo, el
conocimiento y uso de alternativas de
higiene femenina, las cuales, no solo
permite un mayor cuidado de la salud y
generaciones futuras, sino que se
relaciona fuertemente con el cuidado que
las mujeres tienen hacia la diversidad, el
suelo, y el agua.
También Shiva (1998) ha observado cómo
la marginación de las mujeres y la
destrucción de la biodiversidad son
procesos que van unidos, pues la pérdida
de la diversidad es el precio del modelo
patriarcal del progreso; sin embargo, las
mujeres de la mayoría de culturas han
sido las guardianas de la biodiversidad. Así
que la contribución de las mujeres al
desarrollo y a la conservación se ha
presentado como un no-trabajo y no-
conocimiento, ya que difiere de la
concepción patriarcal dominante (Shiva,
1998).
El argumento anterior es aún más claro
con Federici (2013), quien plantea que las
mujeres defienden la tierra porque es
desde ahí que se construye el cimiento de
vida, por lo que la lucha femenina del
cuidado del ambiente se relaciona con la
capacidad de subsistencia de las mujeres y
por ende de las familias. Lo que nos
permite pensar que la deuda sobre las
mujeres incrementa con las tecnologías
de reproducción e higiene como las
toallas y tampones, las cuales no solo
generan una afectación sobre el cuidado
del cuerpo, sino que también producen un
impacto ambiental, generando una
ruptura sobre los cuidados de la mujer
sobre sus familias, sus cuerpos y la
biodiversidad, por consiguiente, en la
subsistencia y la sostenibilidad.
Es decir que, en efecto, el uso de la copa
menstrual como propuesta ecofeminista
y, aquí seguimos a Curiel en
descolonizando el feminismo (2009),
construye autonomía y radicalidad para
aportar a la transformación sistémica;
ello, implica ir fragmentando la relación
saber - poder cuya matriz viene de siglos
atrás como dominación y explotación
atravesada por la raza, la clase, la
sexualidad, la heteronormatividad. Bajo
este reconocimiento, el uso de la copa
deviene una decisión de aprender a
desaprender, de autonomía sobre el
cuerpo, de deconstruir estereotipos
impuestos a la menstruación que cosifican
a las mujeres y las desubjetivizan. Es tal la
sutileza de la dominación y explotación
ejercida que la lucha de las mujeres se
hizo sombría, privada y propia-individual.
Un fragmento de Curiel (2009) puede dar
mejores luces de la posibilidad de
comenzar a sentirnos dueñas de nuestro
cuerpo, de cómo mediante una acción
individual se llega a la colectiva y de esta
forma se van modificando acciones hacia
la emancipación, soltando el patriarcado
consumista de toallas higiénicas y
tampones, de control de la sexualidad, de
posesión sobre la decisión reproductiva:
“La descolonización para nosotras se trata
de una posición política que atraviesa el
pensamiento y la acción individual y
colectiva, nuestros imaginarios, nuestros
cuerpos, nuestras sexualidades, nuestras
formas de actuar y de ser en el mundo y
que crea una especie de “cimarronaje”
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intelectual, de prácticas sociales y de la
construcción de pensamiento propio de
acuerdo a experiencias concretas” (Ochy
Curiel, 2009).
Curiel se encuentra relativamente con
Foucault cuando expresa el poder de
gobernar como acción de movilización de
las personas porque se resisten. Gobernar
las almas no es más que conducir a otr@s.
Para nuestro caso, el gobierno del
patriarcado, un poder pastoral, que se
ejerce sobre una multitud, las mujeres,
pero que al aprender a esconder sus ciclos
menstruales, a que consuman productos
dichos asépticos para mantenerse
asépticas (no manchar, no sangre, no
asco), no hace sino violentar el cuerpo, la
naturaleza, la vida. Se trata de resaltar,
mejor, aquella lucha, emprendida por
mujeres, para, por fin, controlar sus
cuerpos, valorar sus resistencias y
potenciar sus creaciones de modos
distintos de habitar la Tierra. El uso de la
copa menstrual contagiará a más mujeres
porque su organismo y el de la naturaleza
se lo enseñan. Esto es, otorgar poder
sobre el cuerpo, sus cuerpos.
También implica deconstruir el lenguaje
de estereotipos y tabús establecidos por
la sociedad androcéntrica. Se trata de
asumir el giro lingüístico que enseña Luna
Lola, con quien puede pensarse una
mirada distinta en torno a la
menstruación y a los productos que
existen para la higiene, porque,
igualmente, ayuda a pensar a romper con
la dicotomía estructural y el determinismo
económico, propio del patriarcalismo y
capitalismo. Así como estos han diseñado
un lenguaje dominante enmarcado en las
tecnologías de reproducción
hegemónicas, un nuevo (otro) lenguaje
está produciendo sentidos y experiencias
de relaciones y de vida que bien sustenta
la concepción ecofeminista y aquellas que
nos develan críticamente las relaciones de
dominación, para re-construir
micropolíticamente la vida.
Conclusiones
La cultura y la historia han sido impulsores
y perpetuadores de opresiones y
explotaciones hacia las mujeres. Sin
embargo, cuando una posición de poder
trae de la mano la resistencia se genera
que muchas mujeres se movilicen para
enfrentar esas opresiones, inscritas en el
paradigma patriarcal.
Esta visión androcéntrica plantea lo
femenino como forma frágil y delicada,
pero que tiene que estar en todo
momento en buena disposición; es decir,
las mujeres no pueden expresarse, ni
mostrar malestar como a menudo sucede
por los ciclos menstruales. Por estas
razones la industria capitalista construyó
diferentes métodos para el control
higiénico femenino, restringiendo la
libertad de vivir el ciclo menstrual de
forma natural e incluso con productos que
son tóxicos para el organismo e invasores
y destructores para los ecosistemas.
Por los estudios visitados aquí, las mujeres
son pilares fundamentales en la
producción y reproducción del universo,
encargadas de concebir vida humana
pero, sobre todo, vida natural, pues
mantiene y alimenta a su especie y a otras
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gracias a su sangre producida en la
menstruación. Por consiguiente, existe
una fuerte relación entre el ecofeminismo
y la apropiación del cuerpo de la mujer
por medio de su sexualidad y
menstruación.
A partir de la indagación realizada se
evidenció que la mayoría de las mujeres
utilizan métodos de protección tradicional
(toallas higiénicas y tampones) y
reconocen que no lo dejarían de usar.
Esto se puede relacionar con lo impuesto
por el sistema patriarcal ya que son
productos que son utilizados cada mes lo
cual reporta al capitalismo y perpetúa la
intoxicación del cuerpo pero
paralelamente el discurso de una buena
higiene.
Las mujeres encuestadas señalan que
desconocen métodos alternativos en la
menstruación, pero no asumen los efectos
negativos de los métodos tradicionales
por lo que seguir utilizándolos no es en sí
el problema, sino su normalización que ha
llevado a que las mujeres se sometan a los
efectos perjudiciales en su cuerpo de
forma inconsciente. Por otro lado, el
desconocimiento de los beneficios de la
copa menstrual genera que no podamos
reconocer los riesgos de los productos
tradicionales.
La copa menstrual trae muchos beneficios
para la mujer puesto que es un impacto
en diferentes ámbitos comenzando por la
disminución/eliminación de riesgos en la
salud, por la contribución a preservar los
ecosistemas que habitamos, y por la
economía, pues es un producto que
puede ser reutilizable. El asunto es el
impacto directo con el capitalismo y el
patriarcado que no está dispuesto a
perder su dominio y control sobre las
mujeres.
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