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La lógica mediática contra la deliberación mediada. El caso de los debates presidenciales

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La lógica mediática contra la deliberación mediada. El caso de los debates presidenciales

Abstract

Si se desempeñan correctamente, los debates presidenciales pueden considerarse ejercicios de deliberación mediada, con una rica base de conocimiento para el aprendizaje y modelado de la ciudadanía. Con todo, estos pudieran adoptar una lógica mediática en su interior y reproducir los elementos de conflicto, simplificación e incivilidad que pueblan el discurso político contemporáneo. Para constatar dicha colonización, se realizó un análisis de contenido de los debates de la elección mexicana de 2018 (N = 556 unidades), operacionalizando criterios de deliberación. Encontramos que se condujeron con civilidad, priorizando temas de política pública, aunque hubo elementos de simplificación y pobreza argumentativa; si bien esto no los inserta en la lógica mediática, tampoco les permite funcionar como actos de deliberación.
La lógica mediática contra la deliberación
mediada. El caso de los debates presidenciales
Media logic against mediated deliberation. The case of
presidential debates
A lógica midiática contra a deliberação mediada. O caso dos debates
presidenciais
MARTÍN ECHEVERRÍA, Benemerita Universidad Autonoma de Puebla, Puebla, México (echevemartin@yahoo.com.mx)
ABSTRACT
If correctly done, presidential debates can
be considered as mediated deliberation
events, with a rich knowledge base for
citizens to learn and model their behavior.
Nonetheless, they could adopt a media
logic, unfolding elements of conflict,
simplification and incivility that are salient
in media discourse nowadays. To explore if
such logic has penetrated this format, we
conducted a content analysis on the three
presidential debates of the 2018 Mexican
campaign (N = 556 units), using variables
that operationa lize the values of deliberation.
We found that, in general, debates per formed
with civility and were centered in public
policy issues, but there was simplification
and poor argumentation. Thus, while we
cannot conclude that debates are colonized
by a media logic, they do not function
completely as deliberative events either.
Keywords: media logic; mediated
deliberation; presidential debates; content
analysis.
RESUMEN
Si se desempeñan correctamente, los
debates presidenc iales pueden conside-
rarse ejer cicios de deliberación med iada,
con una rica base de conocim iento para
el aprendizaje y modelado de la ciuda-
danía. Con todo, estos pudieran adop-
tar una lógica mediática en su interior
y reproducir los elementos de conflicto,
simplific ación e incivil idad que pueblan
el discurso polít ico contemporáneo. Para
constatar dicha colonización, se reali
un análisis de contenido de los debates
de la elección mexicana de 2018 (N =
556 unidades), operacionalizando cri-
terios de deliberación. Encontramos
que se condujeron con civilidad, prio-
rizando temas de política pública, aun-
que hubo elementos de simplificación y
pobreza argumentativa; si bien esto no
los inserta en la lógica mediática, tam-
poco les permite funcionar como actos
de deliberación.
Palabras clave: lógica mediática;
deliberación mediada; debates
presidenciales; análisis de contenido.
RESUMO
Os debates presidenciais, se se
desempenham corretamente, podem
considerar-se exercícios de deliberação
mediada, com uma rica base de
conhecimento para a aprendizagem e
modelo da cidadania. Mesmo assim,
estes puderam adoptar uma lógica
midiática no seu interior e reproduzir
os elementos de conflito, simplificação
e incivilidade que estão presentes no
discurso político contemporâneo. Para
comprovar d ita coloni zação foi rea lizado
uma análise de conteúdo dos debates
da eleição mexicana de 2018 (N = 556
unid ades), operac ionaliz ando critér ios de
deliberaç ão. Descobrimos que s e fizeram
com civilidade, priorizando temas de
política pública, mesmo havendo
elementos de simplificação e pobreza
argumentativa; não os coloca na lógica
midiática, também não lhes permite
funcionar como atos de deliberação.
Palavras-chave: lógica midiática;
deliberação mediada; debates
presidenciais; análise de conteúdo.
CUADERNOS.INFO Nº 45 ISSN 0719-3661
Versión electrónica: ISSN 0719-367x
http://www.cuadernos.info
https://doi.org/10.7764/cdi.45.1573
Forma de citar:
Echeverría, M. (2019). La lógica mediática contra la deliberación mediada. El caso de los debates presidenciales. Cuadernos.
info, (45), 57-72. https://doi.org/10.7764/cdi.45.1573
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Recibido: 3 1-10-2018 / Ace pta do: 27-08 -20 19
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INTRODUCCIÓN
Pocos formatos de campaña manifiestan de manera
tan pa lpable las contradicc iones de los sistema s mediá-
ticos contemporáneos como los debates presidenciales.
Se trata de una suerte de “evento mediático” (Dayan
& Katz, 1994) que concita un alto grado de atención
pública, expresado en sus niveles de audiencia, volu-
men de cobertura mediática y comentario en redes
sociodig itales. Considerando que en estos dos últimos
espacios las reacciones a los debates ponen de mani-
fiesto sus rasgos agonales o conflictivos, antes que las
propuesta s de política pública (B enoit, Stein, & Han sen,
2005; Echeverría, 2017), es posible afirmar que tanto
los eventos como las reacciones mediáticas y sociales
configuran a los debates presidenciales como grandes
espectáculos de campaña. Esta opción es incentivada
por un entorno c omunicacional m arcado por una lógic a
mediát ica, esto es, la adopción p or parte de los político s
de los lenguaje s y formatos de los medios de comu nica-
ción, ca racteri zados por su f ragmenta ción, simplic idad,
negatividad y conflictividad, entre otros rasgos, para
atraer la atención de audiencias despolitizadas (Hepp,
2013; Hjarvard, 2016; Strömbäck & Esser, 2014).
Con todo, dichos form atos, a diferencia de la cob er-
tura med iática o la publicid ad política, admite n poten-
cialid ades relevantes de for mación cívica, t ales como el
incremento en las audiencias del conocimiento de los
candid atos y sus propuestas, e l interés político y l a par-
ticipación elec toral, efectos constat ados en la literatur a
internacion al (Cho, 20 09; Jarma n, 2005; McKinney &
Chattopad hyay, 2007). En una concepc ión más amplia
de estos form atos como plataforma s de aprendizaje, es
posible comprenderlos como espacios propicios para
la deliberación mediada, esto es, arenas de intercam-
bio de argume ntos racionales ent re los candidatos, que
inform an las capacid ades de deliberación de los ciuda -
danos al tiempo que constituyen un modelo acerca de
las pautas que estos pueden seguir para llevar a cabo
sus propias deliberaciones. Se trataría, además, de un
modelo eciente de deliberación, al condensar los dis-
tintos componentes de este procedimiento democrá-
tico: representación de opciones políticas distintas,
provisión de argumentos racionales, elevación de la
complejidad de las propue stas y síntesi s de posiciones
en conflicto, que se han de defender o criticar (Maia,
2009). En estos términos, y llevando a cabo dichas
potencialidades, los debates refrendarían su carácter
de servicio público e institución democrática.
Poniendo en perspectiva ambas visiones, se instala
para los actores políticos el dilema de desempeñarse
durante el deb ate para contribu ir a alguna de el las, como
respuesta a expectat ivas encontradas entre y al i nterior
de los medios in formativos, la s audiencias y los mi smos
políticos: informar el debate público con argumentos
sustanciosos de política pública, o bien, elevar el entu-
siasmo de las audiencias mediante la emisión efectista
de argumentos retóricamente contundentes, simples y
fragmentarios, invectivas de descalificación, apelacio-
nes emocionales, etc. En consecuencia, el objetivo de
este artículo es constatar empíricamente a cuál de los
dos polos se orie ntan preferentemente los deb ates, anali-
zando el des empeño de los candidato s que participaron
en ellos durante las elecciones mexicanas de 2018. Lo
anterior s e propone como evidencia de l as tendencias de l
discurs o político contemporáneo durante las campaña s.
Para sat isfacer dicha fin alidad, se ofrec en desarrollos
teóricos cuyo propósito es caracter izar al debate como
un formato clave de deliberación mediada durante la
campaña, en tensión con una lógica mediática que
estructura el desempeño de los candidatos e incluso
las características del formato. Después de una des-
cripción somera del contexto e innovaciones de los
debates mexicanos de 2018, ofrecemos una operacio-
nali zación del concepto de deliberación mediada para
fines de a nálisis de cont enido. Como en toda invest iga-
ción normativa, la discusión y conclusiones ofrecidas
al fina l contrastan el desempeño e sperado respecto de
los dos modelos en ten sión con los halla zgos empíricos
de nuestro análisis.
LOS DEBATES COMO EJERCICIOS DE
DELIBERACIÓN MEDIADA
Como uno de los formatos centrales de la comuni-
cación política durante las campañas electorales, los
debates han sido estudiados a partir de las diversas
dimensiones que los conforman, desde sus efectos
(Jarman, 2005; Tsfati, 2003; Wicks, 2007), los proce-
sos alre dedor de la definición de sus for matos (Gallego,
2016; Matsaga nis & Weingarten, 20 01) y, desde luego,
su contenido, ta nto en su vertiente s emiótica o ling üís-
tico-discursiva (Domínguez, 2011; Kanashiro, 2014),
argum entativa y estr atégica (Barbaros, 2012; Benoit &
Brazeal, 2002; Choi & Benoit, 2013), y en estudios de
caso único o internacionalmente comparados (Benoit
& Sheafer, 2006; Téllez, Muñiz, & Ramírez, 2010).
Sin embargo, su investigación normativa es menos
frecuente, a pesar de que los términos —distintiva-
mente filosóficos— de reflexión y evaluación fueron
claramente establecidos por Kraus & Davis (1981)
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hace poco menos de 40 años. En su capítulo seminal,
los autores enfatizaban que el conocimiento que los
debates vehiculan ayuda a verificar el contrato social
entre los ciudadanos y el sistema democrático, parti-
cularmente uno de tipo representativo, en donde, a
cambio del derecho a votar, los primeros sean capaces
de reconocer y comprender las diferencias respecto
de las opciones partidistas presentadas en campaña
(Jam ie son, 1990). Pese a estos fundamentos, los tra-
bajos empíricos acerca de la evaluación normativa de
los debates no abund an en la literatura, mucho menos
sobre propuestas distintas y de mayor alcance que la
democracia representativa, como la deliberativa. Esta
laguna es notoria dado el rol central de la comunica-
ción y el diálogo en dicha propuesta, y por el hecho de
que los debates se aju stan mejor a sus par ticularid ades,
como se argumentará más adelante.
La democracia deliberativa se propone como un
modelo en el que los ciudadanos asuman una parti-
cipación central frente a las élites, y en donde arriben
a decisiones bajo determinados requisitos mínimos:
a) involucrándose en c onsideraciones ampli as y reflexi-
vas sobre temas políticos, b) tomando en considera-
ción varias perspectivas que vayan más allá de sus
propios intereses, y c) articulando e intercambiando
argumentos convincentes que pueden ser justificados
tanto en la esfera pública como en espacios grupales
(Gastil, 2008; Perloff, 2014; Strömbäck, 2005). Dic ha
discusión sostendría los principios de racionalidad,
imparcialidad e inclusión, y produciría legitimidad al
sistema político, pues este, al cabo de un proceso deli-
berativo cabal, ser ía reconocido como correcto y justo
(Habermas, 1999; Rawls , 20 01).
No obstante, dicho modelo ha recibido críticas
debido a las altas expectativas que deposita en los ciu-
dadanos, tanto con respecto a los valores (confianza,
integridad, tolerancia) como a los comportamientos
(escucha, reflexión, apego a los datos y voluntad de
cambiar de opinión) que idealmente debieran exter-
nar durante la deliberación. De acuerdo a sus críticos,
en contextos sociopolíticos de masificación y desafec-
ción polític as como el actual, la d emocracia delibe rativa
acusa de fa lta de realis mo e inviabilid ad (Althaus, 2012).
Como respuesta a ello, cier tos académicos compro-
metidos con dich a postura ha n desarroll ado un modelo
intermedio de deliberación mediada, que preserv a rasgos
esenciales de la deliberación, pero relaja los elevados
costos derivados de su cumplimiento.
Este con siste en la real ización de un ejercicio de libe-
rativo entre actores representantes del campo político
y de la sociedad civil, que sea observable por parte de
los ciudada nos y que, por lo tanto, sea a la vez me diado
—es os actores delibera n en nombre de los ciudadanos—
y mediat izado —reproducido y ampli ficado en el espa-
cio de los medios de comunicación — (Maia, 2009). Al
visibilizar el proceso, los medios seleccionan fuentes
que actúa n como portavoces de deter minados gr upos,
otorgan significación a los temas en discusión, jerar-
quizan los discursos y promueven la defensa o crítica,
implícita o e xplícita, de cier tas posiciones (M aia, 2009).
Aunque los requi sitos de deliberación e xpuestos líne as
arr iba se recargan e n mayor medida en los actores p olí-
ticos que en los c iudadano s, cuando es bien ejecutado,
dicho modelo repor ta numerosos benefic ios: a un nivel
micro, incrementa la complejidad de las posiciones y
un mejor entendimiento de los temas para los ciuda-
danos, y re sume para ellos pos iciones y justifica ciones
en conflicto, lo cual les reduce los costos de informa-
ción (Maia, 2009). A un nivel macro, puede proveer
un modelo de comportamiento deliberativo para los
ciudadanos y mejorar la calidad de las decisiones de
las élites políticas, pues evidencian posiciones difíciles
de justificar y sostener públicamente (Wessler, 2008;
Wessler & Rinke, 2014).
Para que el modelo opere en el terreno empírico,
se propone una serie de criterios constitutivos que
los agentes deliberantes han de seguir (Bennett et al.,
2004; Mai a, 2009; R inke, Wessler, Löb, & Weinma nn,
2013; Rohli nger, 2007; Wessler & Rink e, 2014). El pri-
mero es el de un a base de información abie rta, en donde
la proporción de contenido político debe ser mayor a
otro tipo de conte nidos, sobre todo relacionados co n el
entreten imiento, y en donde no se excluya ni ngún tema
en contiend a. Un segundo valor es el de l a civilidad, por
el cual prime el mutuo respeto, la cortesía y el diálogo
abierto, como un requisito esencial para un intercam-
bio razonado de ideas y el abordaje de conflictos entre
posiciones e ncontradas, que per mita a los ciudadano s
sopesar las posiciones de los interlocutores. Un tercer
valor propuesto es el otorgamiento de razones, es decir,
que los actores proporcionen razones argumentadas
que le den suste nto a sus posiciones, prefere ncias, reco-
mendaciones y dichos, particularmente durante una
controversia. Este insumo es necesario para la noción
deliberat iva de racionalid ad público-política, a sí como
para la organización de posiciones a favor o en contra
en una deter minada di scusión. Un último c riterio es el
de responsividad, por el cual las p osiciones y objeciones
de los actores deberán ser cuidadosamente considera-
das y contestadas, particularmente por aquellos que
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sostiene n valores e interes es opuestos. De est a manera,
las ideas y opiniones se ponen en relación y dialogan
entre sí, para que los argumentos se puedan refinar o
las posiciones puedan incluso retractarse.
La visión de los teóricos de la deliberación mediada
fue desa rrollada como un a aspiración norm ativa de los
medios informativos y, en particular, del periodismo
político. No obstante, pensamos que sus preceptos
pueden ser aplicables al formato del debate, dada su
profunda vocación democrática (Echeverría, 2008;
Echever ría & Chong, 2013), en dos s entidos. En el pri-
mero, los debates ponen a disposición y distribuyen
de manera extensa y socialmente simétrica el conoci-
miento necesario para que los ciudadanos aprendan
sobre las p olíticas que atiende n sus interese s, ponderen
las con secuencias de s us decisiones polít icas, y nutran
de esta manera el atributo individual de comprensión
ilustrada que toda democracia consolidada requiere
(Dahl, 1992; Morlino, 2007). En segundo lugar, en su
seno se formaliza, encauza y procesa el conflicto polí-
tico, dentro de lí mites de civi lidad, por lo que constit u-
yen ejercicios demo cráticos a pequeñ a escala (Bélanger,
1998; Kraus & Davis, 1981)
Visto de esta manera, es posible constatar que en el
formato del debate se verificarían, en potencia, varias
de las condiciones y criterios ya expuestos acerca de
los ejercicios deliberativos mediados: dicho espacio
permite intercambios de arg umentos razonados entre
actores políticos plurales, ya sea partidos políticos o
ciudadanos de a pie —en el caso de algunos formatos
en ciertos países—, que actúan como portavoces de
los intereses de sus correligionarios. El volumen de
información de estas emisiones, por lo general de una
duración no menor a dos hora s, y la articulación razo-
nada y responsiva de las posiciones por parte de sus
participantes, eleva la complejidad de las posiciones,
resume posturas en conflicto y constituye un modelo
de desempeño para los ciudadanos a la hora de arti-
cular sus propias posiciones durante sus conversacio-
nes políticas.
Estos supuestos normativos pueden sostenerse con
evidencia y argumentación teórica. Respecto del pro-
ceso de aprendizaje político, la academia norteameri-
cana, s obre todo, ha constatado empí ricamente diver sos
beneficios de estos formatos, muy parecidos a los pro-
puestos por la deliberación mediada: incrementan el
conocimiento de los espectadores sobre las posicio-
nes de los candidatos ( Jarman, 2005) y de la imagen
y carácter de los mismos (Cho, 2009); les proporciona
un claro contraste entre las posturas que mantienen
sobre esos temas (Benoit, Webber, & Berman, 1998;
Cho, 2009); incrementan el interés de los espectado-
res en la campaña en curso; alientan a los ciudadanos
a buscar inform ación adicional; aumentan la probabi-
lidad de participar en el proceso político, incluyendo
la votación, y acrecientan la sensación de los ciudada-
nos de la eficacia política y el apoyo a las instituciones
democráticas (McKinney & Chattopadhyay, 2007).
La propuest a acerca del comport amiento de los can-
didatos como modelo de conducta de los ciudadanos
es relevante en ciertos trabajos (Ryfe, 2005; Wessler,
2008), aunque aún no encuentra verificación empí-
rica, hasta donde sabemos. Está fundamentada en la
teoría de la cognición social y el aprendizaje obser va-
cional o vicario de Bandura (2009), quien postula la
adquisición de nuevos patrones de comportamiento
por parte de los individuos a partir de su observa-
ción en los medios (Baran & Davis, 2015). Para que
los individuos ejecuten esas conductas obser vadas, se
requieren r eforzam ientos directos o v icarios, así como
una triada de característ icas personale s determinad as,
patrones comportament ales socialmente establecidos,
y eventos ambien tales. Con todo, los debates s atisfacen
la condición de atención de Bandura, en relación a su
“salienc ia, atractivo y valor f uncional” (Bandura, 2009,
p. 432). En conse cuencia, dicha t eoría admite que, en el
ámbito político, los líderes “que se relacionan con una
retórica más reflexiva pudieran estimular a los ciuda-
danos a adoptar una postura más deliberativa” y con
ello “actua rían como bar reras de contención fre nte a los
hábitos rutinarios de razonar” (políticamente), basa-
dos en prejuicios o atajos cognitivos o emotivos (Ryfe,
2005, p. 63; Wessler, 2008).
En consecuencia, y a condición de que se materiali-
cen estas potencialidades y criterios, los debates pue-
den ser efect ivamente conceptua lizados como form atos
de deliberación mediad a, aunque sin el concurs o de la
mediación periodística.
MEDIATIZACIÓN DE LOS DEBATES Y
COLONIZACIÓN DE LA LÓGICA MEDIÁTICA
A pesa r de lo antes dicho, exis te una caracter ización
alternativa de los debates que limita las potencialida-
des del enfoque expuesto, y que ocurre cuando estos
se conciben más bien como espectáculos políticos a
escala masiva. El predominio de esta última noción
es plausible cuando en el seno de las comunicaciones
públicas de u n determinado si stema político se h a ins-
talado de lleno un proceso de mediatización y lógica
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mediát ica. La primera s e define, en un sentido a mplio,
como un proceso de transformación o cambio social
mediado por los med ios de comunicación, en ta nto ins-
tituciones y tecnologías externas a otras instituciones
y ámbitos sociales, que moldean sus propios proce-
sos de comunicación. Como resultado, se introducen
cambios estructurales en la manera en que las insti-
tuciones y los ámbitos sociales, políticos y culturales
se vinculan entre sí, e influencia o modifica las activi-
dades y prácticas de los actores e instituciones socia-
les, al grado de someterlas o volverlas dependientes a
los medios y su lógica (Hepp, 2013; Hjarvard, 2016;
Strömbäck & Esser, 2014).
A su vez, la lógica mediática, como manifestación
concreta del fenómeno macro de la mediatización, se
concibe como una gramática que estructura los pro-
cesos de producción comunicativa y los supuestos
para construir mensajes. Dicha gramática incluye el
ritmo, el lenguaje y el formato, que tiende a ser evo-
cativo, encapsulado, fácil de usar y familiar con las
audiencias, y cuyos rasgos característicos son la frag-
mentación, simplificación, polarización, intensifica-
ción, esteoreotipación y narrativización dramática de
actores y acontecimientos políticos (Altheide, 2004,
2013; Strömbäck, 2008; Stromback & Esser, 2009).
Los políticos participan de esta gramática a través
del fenómeno de la auto mediatización, por el cual se
adaptan a las demandas y necesidades mediáticas e
internalizan las reglas, rutinas y criter ios de selección
mediática que gobiernan el acceso a la esfera pública,
para sus fines instrumentales. En consecuencia, los
políticos aprovechan las ventajas de las comunicacio-
nes mediáticas, anticipan sus efectos y los explotan
estratégicamente para sus propios propósitos (Es ser,
2013; Esser & Matthes, 2013).
En suma, si tomamos a los debates como una insti-
tución democr ática, su mediat ización puede ser enten-
dida como la colonización de la lógica mediática en
su interior, en tanto se adaptan o ajustan a las reglas
comunicativas de los medios (Esser, 2013; Hepp &
Krotz, 2014). En el extremo, los debates podrían con-
vertirse en meros ejercicios de infoentretenimiento, a
part ir de un formato y desemp eño de los participan tes
altamente mediatizados.
Por consigu iente, en un sistema p olítico que de suyo
se encuentre mediatizado, es probable que los actores
políticos decidan desempeñarse en los debates de un a
manera a uto mediatizad a, es decir, acorde a los estilo s y
nar rativas favorecidos p or los medios. Esto pas a por des-
plegar la lógica mediática previamente internalizada,
que satisface a medios y audiencias, caracterizada por
la fragmentación, simplificación, efectismo y drama-
tización de sus mensajes, para maximizar su nivel de
atención y controversia públicas. Incluso el formato
mismo del deb ate televisado, defin ido en ciertas oc asio-
nes por per iodistas o ca denas privada s, y en otras por la
autoridad elec toral, pudiera config urarse de ta l manera
que incentive a los actores a adoptar dichos rasgos.
Este proceso, desde luego, no es determinante. La
ejecución del debate c omo un espectác ulo puede ocurri r
con mayor probabilidad cuando los distintos actores
vinculados con el formato establecen expectativas de
dicha naturaleza respecto del m ismo: si las audiencia s
consideran que deberán ser entretenidas y no tanto
informadas por el debate; si los periodistas esperan
reportar elementos de alta noticiabilidad e impacto,
antes que las mismas, gastadas propuestas de cam-
paña, y si los políticos deciden satisfacer las expecta-
tivas de los p eriodista s, para merecer mayor cobe rtura
e interpelar en mayor medida a aquellas audiencias
despolitizadas que, antes que a posiciones sustancio-
sas sobre políticas públicas, esperan ser expuestos a
un espectáculo entretenido.
Se ins tala pues una t ensión entre y al in terior de cada
uno de estos c ampos, entre ejecuta r el debate como un
servicio público, para fines de deliberación, o como
un espectáculo guiado por la lógica mediática. Si bien
toda escenificación política se considera hasta cierto
punto una te atraliz ación (Dade r, 199 8), lo cierto es que
la lógica mediática en buena medida se contrapone a
ciertos criterios de la deliberación mediada, al grado
de que pudiera volverla nula: su fragmentación, sim-
plicidad y efectismo son contrarios al valor de la base
de inform ación y el otorgamiento de ra zones, y su dra-
matismo hace proclive a los actores a manifestaciones
de incivilidad y falta de responsividad o ausencia de
diálogo. Aunque el espacio del debate sea suficiente-
mente amplio para compaginar ambas modalidades,
en ciertos momentos, o como estrategia general, esa
decisión es irreductible.
De la forma en que se resuelva dicha tensión resul-
tará un desempeño determinado de los actores, y un
resultado en términos del contenido vehiculado por
el formato. Como es notorio, aquí desembocamos
en una interrogante más bien empírica, que se ha
contestado en pocas ocasiones dentro de las coor-
denadas teóricas propuestas. Tan solo encontramos
un trabajo que encuentra que en el conjunto de los
debates españoles de 2015 y sus candidatos se trata-
ron en mayor medida temas de política sectorial que
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referenci as a la campañ a o cuestiones pers onales, prác-
ticamente marg inales, lo cual verifica la distanci a del
formato con los procesos de mediatización actuales
(López, Llorca, Valera, & Peris, 2018). Sin embargo,
y en función de los trabajos basados en mediciones
de los ataques, aclamaciones y defensas, así como de
declaraciones de política pública o imagen personal
de Benoit (2002), es posible encontrar algunas seña-
les de un patrón de civilidad y cierta profundidad
informativa en países como Francia (Choi & Benoit,
2013), Corea (Kim, K hang, & Lee, 2008), o Ucrania
(Benoit & Kly ukovski, 2006), donde los debates se
han desarrollado con una presencia predominante
de políticas públicas, y mínima de ataques.
Para el caso mexicano, aunque sus efectos de
agenda est án confirm ados (Mercado, Hellweg, Dozier,
& Hofstetter, 2003), los trabajos empíricos sobre su
contenido arrojan resultados contrastantes. Los aca-
démicos que analizan los debates con herramientas
lingüístico-discursivas determinan que el desem-
peño de los actores en su interior es normativamente
deficiente. Sus observaciones subrayan la prevalen-
cia de retórica hueca en lugar de hechos constatables
(Valbuen a, 20 07), la utilización de recur sos de denos-
tación como la deg radación, el dese nmascar amiento, el
sarca smo y la ironía, no dirigidos a program as o ideas,
sino ad hominem (Flores Treviño & Infante, 2010) y
una definición agresiva, mordaz y amplificada de los
candidatos antagónicos, par ticularmente los punteros
en las encuestas (Chihu, 2009, 2014).
En contra ste, los escasos t rabajos cuantit ativos refle-
jan indi rectamente que los deb ates se han llev ado a cabo
con civi lidad y cierta prof undidad. En debates efe ctua-
dos en 2006 (Echeverría, 2008; Téllez et al., 2010) y,
sobre todo, en 2012 (Echeverría & Chong, 2013), la s
aclam aciones o autopromociones super an ampliamente
a los ataques, a l igual que los temas de política pública
en relación a los aspectos personales de los candida-
tos, en una relación 2 a 1 en los primeros y 3 a 1 en los
segundo s. No obstante, los temas y l as propuestas es ta-
ban basados cerca de 70% de las veces en opiniones,
no en hechos, y un porcentaje mínimo, apenas 10%,
estaba explicado, lo cual configura un debate relat iva-
mente pobre en cuanto a su ba se de información. Con
todo, es necesario reconocer que los trabajos citados
tan solo utilizan una variable indicativa del nivel de
civilidad y otra del nivel de profundidad, lo cual di-
culta el aborar conclusiones ac erca de su mediati zación
o bien, su calidad deliberativa, al tiempo que justifica
los esfuerzos de este estudio.
CASO EMPÍRICO Y METODOLOGÍA DE ESTUDIO
Los debates mexicanos de 20181 tuvieron particu-
laridades en su desarrollo que vale la pena considerar
en relación a nuestra teorización. Organizados bajo
mandato constitucional por la autoridad electoral, y
tran smitidos en caden a nacional, se propusier on modi
-
ficar sustancialmente los antiguos formatos acartona-
dos que se habían utilizado en la incipiente tradición
mexicana de debates, apenas inaugurada en 1994,
por unos más dinámicos. Hasta entonces, estos eran
caracterizados por favorecer el discurso de los políti-
cos media nte una míni ma participac ión del moderador
—ta n solo administ rando turnos del h abla—, tiempos
prolongados de exposición de los candidatos y tomas
estáticas a su persona.
En esta ocasión, los moderadores fueron periodis-
tas —tres por debate— a quienes se les otorgaba total
libert ad de cuestionar, interrumpir y contradecir a los
candidatos, a medida que se desahogaba la agenda
temátic a previamente pac tada entre par tidos y la auto-
ridad electoral. En los dos últimos debates también se
recogieron cuestionamientos de los ciudadanos, en el
penúltimo a través de su presencia en el set, en un for-
mato tipo mitin, y en el último mediante la síntesis de
preguntas vertidas en redes sociales, citadas por los
moderadores. Cada uno de los candidatos, cinco en el
primer debate y cuatro en los dos restantes, tenía una
bolsa de tie mpo distribuid a en argumentac ión (2 minu-
tos), réplica (1 minuto) y contra réplica (30 segundos),
que debían administrar cuidadosamente. En el plano
vis ual, las tomas de c ámara alter naban din ámicamente
entre los periodistas y los candidatos, o entre los mis-
mos debatientes, poniéndolos en ocasiones a ambos
en un mismo plano confrontado, o bien captando las
reacciones a los dichos de los otros participantes en
planos medios y close-ups.
Tanto la dinámica del debate como su despliegue
visual constituyen un primer dato de mediatización
del formato, que pareció diseñarse para satisfacer las
crític as largamente ver tidas por par te de los periodist as
acerca del acartonamiento y tedio de los formatos pre-
vios, que, aunq ue hubieran tenido niveles de aud iencia
elevados, no estaban al día respecto de las emisiones
televi sivas contemporáne as. No obstante, su solo re di-
seño lo predispuso a un contenido de lógic a mediática
que pudiera re sultar frag mentario, simpli sta y confron-
tativo, en virtud de la brevedad de los tiempos, el len-
guaje v isual agonal y la licenci a de los period istas para
interr umpir y cuestion ar a los candidatos en c ualquier
momento. Cabe se ñalar que la s tres emisione s tuvieron
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niveles elevados de audiencia. El primer debate (22
de abril) fue sintonizado en televisión por 11,4 millo-
nes de votantes mayores de 18 años, 40% del share; el
segundo debate (20 de mayo) tuvo una audiencia de
12,6 millones de electores, 50% del share, y el tercero
(12 de junio) tuvo 10,7 millones de votantes, 39% del
share (I NE, 2018). Estos datos confirman su carácter
masivo, del todo oportuno en el entorno contempo-
ráneo de audiencias fragmentadas, y su papel estelar
durante el proceso electoral.
Con todo, sigue siendo una interrogante el hecho
de si las mencionadas predisposiciones del formato se
tradujeron en efecto en determinados rasgos de conte-
nido vi nculados con la deliber ación mediada o bien, l a
lógica mediática. Para ello, realizamos un análisis de
contenido de los tr es debates presidenci ales. Las un ida-
des del corpu s (N=556) se conformaron c on base en los
temas u o currencia s que expresan u na idea coherente,
definidos aqu ellos como una aserc ión sobre un tópico,
se trat a de un argumento acerc a de candidatos o par ti-
dos, que se hace manifiesto mediante una sola frase o
bien, var ios enunciados (Benoit & Kly ukovski, 2006).
Respecto del libro de códigos, se operacionalizaron
aquellos cr iterios considera dos pertinente s para la eva-
luación de dese mpeño de los debates, con la ay uda de los
libros de códigos de diversos trabajos elaborados para
medir el concepto de deliberación mediada en medios
informativos (B ennett et al., 2004; Be noit & Klyukovski,
2006; Maia, 2009; Rinke et al., 2013; Rohli nger, 2007;
Wessler & Rinke, 2014). En consecuencia, se excluye-
ron los criterios de inclusión y reconocimiento, pues
todos los partidos estuvieron presentes en igualdad
de circunstancias, y fueron preservados los de base de
inform ación, otorgamiento de ra zones, entrega de pro-
puestas, civilidad y responsividad. El primer criterio
intenta constatar que prolifere contenido político en el
debate, de acuerdo a dos categoría s proveniente s de las
teorías funcionales del discurso; en ese sentido, 1) se
constat a la presencia de u n tema o issue en la s unidades,
y 2) si estas aluden a los mismos y sus propuestas de
solución, o bien, a aspectos personales del candidato.
El otorgamiento de razones observa el fundamento de
las enunc iaciones de los candid atos: si estas se ba san en
hechos (constatables, verificables) o en meras opinio-
nes subjetivas, así como su nivel de profundidad, que
va desde ex plicaciones acerca del comportamiento del
issue hasta su sola mención, pasando por una descrip-
ción de sus características.
El criter io de entrega de propuesta s ya fue operacio-
nalizado, en parte, en la primera variable de base de
inform ación, con la constat ación de la presenci a de las
mismas. No obstante, se pretende constatar también
que las propuestas tengan un fundamento (en térmi-
nos de hechos u opiniones) y su grado de elaboración
(tan solo mencionadas, descritas, o bien, explicada su
eficacia). El criterio de civilidad, entendido como res-
peto y cortesía, se desdobla en dos variables: la pri-
mera constata la ausencia de expresiones despectivas
o agres ivas y la segund a, la ausencia de at aques. Final-
mente, el criterio de responsividad observa si existe
alusión a la s intervenciones prev ias de los candidatos.
La ma nera específic a en que fueron operacion alizados
dichos cr iterios, desde su de scomposición en crit erios,
vari ables, definición operac ional y desglose de cat ego-
rías, se encuentra en la tabla 1.
Puesto que se trata de una investigación sin ante-
cedentes en la literatura empírica, la pesquisa se con-
densa en la siguiente pregunta:
P1. ¿Cuál es el grado de deliberación mediada presente
en los debates presidenciales mexicanos de 2018?
No obstante, complementamos las variables medi-
das con indicadores adicionales que verifican el grado
de mediatización del ejercicio, relacionando variables
de contenido con variables de contexto. En primer
lugar, dentro de la literatura mexicana sobre medios
informativos, un estudio revela que conforme la cam-
paña se acerca a su fin, los candidatos a la zaga en las
encuestas incrementan los ataques y el nivel de inci-
vilidad (Muñiz, Saldierna, & Marañón, 2018). Ello
no ha sido comprobado para el caso de los debates,
por lo que dicho supuesto permite establecer una pri-
mera hipótesis:
H1. Los debates se mediatizan a medida que transcu-
rre la campaña.
En segundo lugar, es pertinente averiguar si todos
los candid atos se desempeña ron conforme a una lógic a
mediática, y si esta se ma nifiesta a lo largo de todos los
temas o bien h ay algunos de ellos que la activan prefe-
rentemente. Un a posible homogeneidad de dese mpeño
en ambos casos implicaría que la colonización de la
lógica mediática es penetrante, mientras que los des-
empeños particulares se relacionarían, en el caso de
los candidatos, con un perfil populista o una posición
rezagada en las encuestas, que los lleva a auto media-
tizarse y, en el caso de los temas, con aquellos que ya
han sido ampl iamente mediat izados y present an rasgos
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Criterio y
definición
Variables y definición
operacional Categorías dicotómicas y nominales
Base de
información
Orientación de la unidad: la
dimen sión e lect ora l en la que se
concentra el mensaje, ya sea las
características personales del
candidato o la propuesta.
1. Imagen del candidato: el mensaje se centra en las características o
cualidades del candidato, así como en sus opiniones personales y
aspec tos de su vi da privada.
2. Tema: el mensaje se centra en las posiciones o preferencias del
candidato acerca las problemáticas o temas de interés público.
3. Propuesta: el mensaje se centra en las acciones, medidas o pr ogramas
que se implementarán para solucionar una problemática determinada.
Presencia de tema: entendido como
dominio de experiencia social.
1. Presente.
2. Ausente.
Tema:
1. Corrupción.
2. Inseguridad y violencia.
3. Grupos vulnerables.
4. Democracia y pluralismo.
5. Comercio exterior.
6. Seguridad fronteriza y combate al crimen transnacional.
7. Derechos de los migrantes.
8. Crecimiento económico, pobreza y desigualdad.
9. Educación, ciencia y tecnología.
10. Salud, desarrollo sustentable y cambio climático.
Otorgamiento
de razones
Bases de la descripción: los
insum os de ar gume nta ción q ue se
utilizan para e xpon er el tema.
1. Hechos: cuando se utilizan datos, acontecimientos e información
verifica ble pa ra descri bir el t ema.
2. Opiniones: cuando se utilizan juicios, opiniones o percepciones
subje ti vas, s in re fer enci as a dat os, p ara de scr ibir el tema .
Profundidad de la información: el
nivel de de tall e con el q ue se ab orda
el tema o la problemática.
1. Mención: tan solo se enuncia una problemática, pero no se proporciona
información acerca de en qué consiste.
2. Descr ipc ión: s e mencionan d ato s cuan titat ivo s o cual ita ti vos, a
como acontecimientos que describen de qué se trata la problemática
enunciada y cuáles son sus características.
3. Explicación: se mencionan determinados factores que originan o se
relacionan con el comportamiento de dicha problemática, y a partir de
los cuales puede comprenderse mejor.
Entrega de
propuestas
Bases de la descripción: los
insumos que utiliza el argumento
para describir la propuesta.
1. Hechos: cuando la propuesta está sustentada por información, datos o
hechos para demostrar su conveniencia.
2. Opiniones: cuando se utilizan juicios, opiniones o percepciones
subje ti vas, s in re fer enci as a dat os, p ara de scr ibir la prop uesta.
Detalle de la propuesta: el grado
de elaboración de las propuestas
mencionadas.
1. Mención: el argumento menciona una intención de solución, mas no
proporciona detalles de las acciones o medidas que implementará para
hacerlo.
2. Descr ipc ión: el argu mento des cribe las ac cion es o med idas q ue
implementará para atender la problemática enunciada.
3. Expl icac ión: e l argu mento detalla de qué manera será e jecu tad a la
acción o medida mencionada, y en qué radica su posible eficacia.
Civilidad
Civilidad: utilización de palabras
o expresiones despectivas o
agresivas hacia algún actor.
1. Sí.
2. No.
Función: intención estratégica del
mensaje fr ent e a los oposi tor es y la
coyuntura de campaña.
1. Aclamaciones: retratan al candidato o al partido del candidato de
manera favorable, aclama o enfatiza sus puntos deseables, y elabora
propuestas o acciones para solucionar los problemas nacionales.
2. Ataques: retratan al candidato opositor o al partido opositor de manera
desfavorable.
3. Defensa: r esp onde e xpl íci tame nte a u n ata que pr evio al can dida to o al
partido del candidato.
Responsividad
Responsividad: refer encia a las
ideas previamente vertidas de los
opositores.
1. Sí.
2. No.
Tabla 1. Operacionalización del concepto de deliberación mediada en debates televisados
Fuente: Elaboración propia.
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de polarización, por ejemplo. Estos supuestos se des-
glosan en un par de hipótesis:
H2. El de sempeño de los debates bajo una lóg ica mediática
está asociado a la actuación particular de los candidatos.
H3. El desempe ño de los debates bajo una lógica mediá-
tica está asociado a los temas que se tratan en ellos.
Dos estudiantes codificaron las unidades, obteniendo
una fiabilidad intercodificador general de 0,72 Kappa
de Cohen2, satisf actoria, en su conjunto, par a este tipo
de ejercicios, con fluctuaciones en algunas variables
individuales. A simismo, se realizaron pruebas de Chi
Cuadrado pa ra encontrar aso ciaciones esta dísticament e
significativas entre variables de contenido y las varia-
bles contextuales de número de debate (3), candida-
tos (4) y temas (10), acompañado del estadístico V de
Cramer para observar la fuerza de dicha asociación.
HALLAZGOS
Los hallazgos de las distintas variables medidas
se desglosan en relación con el valor de delibera-
ción mediada que se operacionalizó (tabla 2). De esta
manera, se presentan en primera instancia resultados
acerca de los cr iterios de base de i nformación y otorga-
miento de razones. Encontramos que las unidades se
encuentr an distribu idas entre aquell as que comunican
aspecto s del candidato (36%), seguid as de aquellas que
exponen temas de política pública (35%) y establecen
propuestas de solución (28%). De este modo, 63% de
las unidades tratan sobre los issues de campaña y sus
respectivas soluciones.
A part ir de ahí, se empiez a a notar un trata miento más
bien adelgazado de los distintos aspectos del debate.
Si bien 55% de las unidades aborda temas de política
pública, poco menos de la mitad (43%) está basada en
hechos verificables (datos, evidencia), mientras que la
otra mitad se fundamenta en opiniones subjetivas del
candidato (57%). La mayoría de las unidades tan solo
menciona los temas (50%), una tercera parte describe
sus características (33%) y una pequeña proporción
explica los factores v inculados con los mismos (17%).
Respecto al criterio de entrega de propuestas, estas
se presen tan en poco más de l a tercera parte de l as uni
-
dades (34%), aunque está n basadas, en buen a medida,
en opiniones (81%), antes que en hechos (19%). De la
misma manera, las propuestas se explican muy poco
(17%), se descr iben moderadame nte (28%) y en bue na
medida t an solo se mencionan, s in mayor detalle (55%).
El criter io de responsiv idad implica un di álogo entre
las partes, estimulado por los moderadores, o bien,
por los propios participantes. Aquí encontramos que
solo 20% de las unidades de los candidatos retoman
las posiciones de los demás, de modo que el intercam-
bio de ideas sucede entre candidatos y moderadores,
y no entre los mismos candidatos, como se esperaría.
Final mente, en cuanto al cr iterio de civil idad encon-
tramos que, de acuerdo a la forma en que fue opera-
cionalizado, se enuncian expresiones despectivas o
agresivas solamente en 5% de las unidades, aunque la
función de ataque esté presente en la cuarta parte de
las mismas (25%). Esto quiere decir que los ataques
tienen una frecuencia moderada, pero que se condu-
cen con civilidad.
Respecto de las asociaciones entre variables de
contenido y contextuales, capaces de detectar patro-
nes de homogeneidad en los debates, constatamos un
desempeño m ás bien heterogéneo de esto s ejercicios. En
cuanto a u na posible vinc ulación entre ca ndidatos espe-
cíficos y un de sempeño deliberat ivo, se constataron a so-
ciaciones estadísticamente sig nificativas y moderadas
entre la pr imera vari able y las de bases de l a descripción
(hechos, opi niones), χ² (1, N=556) = 31, 86, p=0,000, la
de profundidad de la descripción de los temas (men-
ción, descripción, explicación), χ²(6, N=556) = 35,78,
p=0,000, y con la de bases de las propuestas (hechos,
opin iones), χ²(3, N=556) = 8,08, p=0,044, con valores
V de Cramer d e 0, 324, 0,244 y 0,208, resp ectivamente.
Por ejemplo, el candidato del PAN describió los temas
del debate con hechos, antes que con opiniones, en u n
64% de sus unidades, en comparación con los candi-
datos del PRI (45%), MORENA (37%) y el candidato
independiente (23%). De igual manera, en la variable
bases de la propuesta el 33% de las unidades se ba
en hechos por parte de dicho candidato, a diferencia
de sus contr incantes del PR I (17%), MORENA (18%) e
independiente (11%). No obstante, las otras variables
de contenido tien en una vincu lación menor o nula con
la de cand idato, siendo notorias l as de expresione s des-
pectivas, así como orientación de la unidad (ya sea en
torno al candidato mismo, el tema en discusión o la
propuesta de política).
Estas diferencias también ocurren respecto de los
temas planteados a lo largo de los debates, al grado
de afirmar que el nivel de deliberación está relacio-
nado estrechamente con el tema que se aborda. De
hecho, todas las variables de deliberación medidas
expresaron una relación estadísticamente significativa
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con la variable de tema, en particular las de bases
de la propuesta (hechos, opiniones), χ²(9, N=556) =
15,55, p=0,077, nivel de detalle de la propuesta (men-
ción, des cripción, e xplicación), χ²(18, N=556) = 28,85,
p=0,050, y expresiones despectivas, χ²(9, N=556) =
24,15, p=0,004, con valores V de Cramer de 0,411,
0,396 y 0,283, respectivamente. Así, se registran con-
trast es agudos en la ma nera en que se deliber an diversos
temas. Por ejemplo, el de gr upos vulner ables se descr ibe
con hechos en 19% de la s unidades, mient ras que el de
crecim iento económico, pobreza y des igualdad lo hace
en 82% de las unidades. De igual forma, los ataques
son releva ntes en el espacio de los tem as de corrupc ión
(37%) y democracia y pluralismo (28%), se presentan
muy poco en el tema de salud, desarrollo sustentable
y cambio climático (5%), y no se suscitan en el marco
del tema derechos de los migrantes.
Finalmente, los rasgos de deliberación se vinculan
poco con el orden de los debates. Solamente un par de
variables expresaron asociaciones estadísticamente
Valor Categoría
Candidatos Temas No. de debate
N %
χ
²V
Cramer
χ
²V
Cramer
χ
²V
Cramer
BASE DE INFORMACIÓN Y OTORGAMIENTO DE RAZONES
Orientación de
la unidad
Imagen de candidato 200 36,4 25,521 0,152 84,444 0,375 17, 1 37 0,125*
Tema 195 35,5
Propuesta 154 28,1
Presencia de
tema
Presente 302 55 ‡‡‡‡‡‡
Ausente 247 45
Base de la
descripción
Hechos 129 42,9 31,683 0,324*** 23,029 0,277* 9,509 0,178*
Opiniones 172 57, 1
Profundidad de
la descripción
Mención 150 49,8 35,781 0,244*** 59,128 0,313*** 23,367 0,197***
Descripción 101 33,6
Explicación 50 16,6
ENTREGA DE PROPUESTAS
Presencia de
propuesta
Presente 188 34,4 1 1,196 0, 143 24,522 0,286* 8,225 0,123
Ausente 359 65,6
Bases de la
propuesta
Hechos 35 18,7 8,088 0,208* 15,554 0,411* 16,086 0,293***
Opiniones 152 81,3
Detalle de la
propuesta
Mención 103 55,1 5,91 1 0,126 28,859 0,396* 10,337 0,166*
Descripción 52 2 7, 8
Explicación 32 1 7, 1
RESPONSIVIDAD 110 20 12,307 0,150*** 19,652 0,256* 11 ,74 6 0,146***
No 439 80
CIVILIDAD
Expresiones
despectivas
27 4,9 3,952 0,085 24,156 0,283* 7,291 0,115*
No 522 95,1
Función
dominante
Aclamación 53 9,5 29,289 0,133*** 64,21 0,267*** 19,519 0,135
Ataque 140 25,2
Defensa 27 4,9
No aplica 336 60,4
Tabla 2. Criterios y variables de deliberación mediada
Nota: N = 556, * p> 0,05, *** p>0,001.
Estas asociaciones no fueron obtenidas al no ser teórica y empíricamente pert inentes a este ejercicio.
Fuente: Elaboración propia.
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significativas y además relevantes respecto de esta
condición: la profundidad de la descripción (men-
ción, descripción, explicación), χ²(8, N=556) = 23,36,
p=0,00 0, V de Cramer=0,197, y las ba ses de la propuesta
(hechos, opi niones), χ² (6, N =556) = 16,08, p=0,00 0, V
de Cramer=0,293. La s otras var iables, si bien alcan zan
significatividad estadística, no presentan un estadís-
tico V de Cramer sobresaliente. Así, el primer debate
es el má s pobre de los tres, pues, por ejemplo, los issues
se explican poco (9%), se describen moderadamente
(26%) y en buena medida tan s olo se mencionan (65%),
a diferenci a del segundo (25%, 37% y 37%, re spectiva
-
mente) y tercer ejercicio (21%, 40% y 39%, respectiva-
mente), que resultaron más ricos. Algo similar ocurre
con las propuestas presentadas en los debates, mejor
sustentadas, sobre datos y hechos verificables, en el
tercer debate (32%) que en el segundo (18%) y el pri-
mero (6%). El supuesto de una mayor incivilidad con-
forme se celebr an los debates no se sost iene. De hecho,
los ataques disminuyen del primer (31%) al segundo
(23%) y tercer debate (19%), mientras las expresiones
despectivas experimentan un ligero decremento del
primer (6,7%) al segundo (6,5%) y tercer debate (1,2%).
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Consider ando a los debates presidenci ales como ins-
titucione s democráticas y foros propicio s para la delibe-
ración medi ada, quisimos con statar en qué medid a los
efectuados en México en 2018 se comportaron como
tales o bien s e habían mediat izado, esto es, habí an sido
colonizados por una lógica mediática que privilegia
mensajes efectistas, simplificadores o dramáticos por
encima de la deliberación.
Los hallazgos nos permiten dibujar un panorama
mixto respecto de estos problemas. Basados en el cri-
terio fu ndamental de la c ivilidad, ex presado en ataques
y expresiones agresivas o despectivas, o el de la base
de información, manifestado por la presencia predo-
minante de temas de política pública y propuestas,
antes que alusiones personales, podemos afirmar que
los debates tienen un componente import ante de deli-
beración. A mbos indicadores con firman los ha llazgos
de estudios pr evios en el ámbito mex icano (Echeverría,
2008; Echeverrí a & Chong, 2013; Téllez et a l., 2010), e
internacional (Benoit & Klyukovski, 2006; Kim et al.,
2008; Choi & Benoit, 2013), que destacan también la
baja presencia de ataques y contenido personalizado.
No obstante, ot ros hallazgo s van en sentido contra rio
a esta conc lusión, puesto que las va riables que ind ican
una arg umentación profund a están lejos de ma nifestar
un desemp eño deseable. Por ejemplo, tan solo la mit ad
de las un idades de los debates aborda te mas de política
pública, y la m itad de ellas, a su ve z, está basada e n opi-
niones. L a explicación de los tem as es margi nal (16%),
y la mitad de las vece s estos tan solo se mencion an, no
se descr iben. Si bien se enuncian propuestas en la ter-
cera par te de las unidade s, sus bases son s uperfici ales,
pues 80% se sustenta en opiniones y solo una quinta
parte está explicada; la mayoría solo se menciona, a la
manera de lo s entregables del marketing político. L a res-
ponsividad en específico, entendida como la medida
en que existe un intercambio de ideas entre los deba-
tientes, es particularmente débil. En ese sentido, tam-
poco se de scartan de l todo los trabajos cual itativos que
observ an una retórica huec a en los debates, sin rec urso
a datos verificables (Valbuena, 2007).
Uno de los posibles f actores que explic a este desem-
peño mixto pudieran ser las adecuaciones realizadas
al formato del debate en la campaña de 2018, que pre-
servaron la exposición y confrontación de propuestas
de los candidatos, pero imprimieron un mayor dina-
mismo audiovisual e inter vención asertiva de parte
de los periodistas. Ello resulta en un espacio de suyo
híbrido, que al parecer intenta apelar lo mismo al rol
cívico que al de espectador de las audiencias.
Por otro lado, cabe recalcar que encontramos un
desempeño heterogéneo en el debate, más o menos
deliberativo dependiendo de los actores o temas de
que se trate, apoyando, de esta manera, las hipótesis 2
y 3 enunciadas. Por el contrario, no se verifican dife-
rencias significativas de desempeño entre los debates
de la primera, segunda y tercera emisión, con lo que
se descarta la hipótesis 1. En consecuencia, es posible
afirmar que no se mani fiesta una coloni zación abarca-
dora de la lógic a mediática, sino u na presencia pa rcial:
ciertos actores se auto mediatizaron con más frecuen-
cia, adopta ndo los códigos simplific adores, efect istas y
conflict ivos de los medios, mientra s otros se mantuv ie-
ron bajo un registro homogéneo de deliberación, pro-
bablemente con rel ación a su posición en las e ncuestas,
ya sea rezagada, para los primeros, o bien aventajada,
para los segundos. A su vez, ciertos temas fueron más
mediat izados que otros, sobre to do aquellos con mayor
interés en la agenda mediática o pública, como el de la
corrup ción o la democracia, y o tros fueron más del ibe-
rados, como el de crec imiento económico, posiblem ente
a raíz de su mayor complejidad técnica.
Los hallazgos, en su conjunto, permiten concluir
que la lógica mediática, entendida sobre todo como
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simplificación y fragmentación del discurso político,
tiene una presencia releva nte en los debates, al tiempo
que las bond ades de la deliberación mediada de cara a
las audie ncias, en térm inos de complejidad de las posi -
ciones, compren sión de los temas en juego e inter cam-
bio razonado de argumentos, no se verifican del todo,
lo mismo como i nsumos de comprensión i lustrada que
elementos para el modelaje ciudadano.
Finalmente, es conveniente recalcar que, a pesar
de que el formato cambió, la simplificación mani-
fiesta en 2012 (Echevera & Chong, 2013) se pro-
longó en 2018. En ese sentido, una limitación de este
estudio y propuesta de investigación futura sería
realizar análisis longitudinales entre los distintos
debates mexicanos, e incluso de otros países, que
exploren la manera en que los diversos formatos, así
como las condiciones incrementales de mediatiza-
ción en los últimos lustros, afectan el desempeño de
los participantes. Esto es clave en la actuación de los
periodistas-moderadores, unas veces tímida y otras,
domina nte. Una opción adicional sería con statar esta
tensión en otros formatos mediáticos, como las noti-
cias pol íticas, que puedan d ar una idea más complet a
del grado de penetración de la lógica mediática en
espacios que potencialmente pudieran efectuar un
buen ejercicio de deliberación mediada.
NOTAS
1. Los debates se realizaron en el contexto de la campaña presidencial que se ef ectuó del 30 de mar zo al 27 de junio de
2018, para el periodo sexenal de 2018-2024. Los contendientes fueron el derechista Partido Acción Nacional (PAN), con
el candidato Ricardo Anaya Cortés (22% de la votación), el centro izquierda y entonces gober nante Par tido Revolucionar io
Institucional (PRI), con José Antonio Meade Cur ibreña (16%), el independiente Jaime Rodríguez Calderón (5%), y el
izquierdista Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), con el vencedor Andrés Manuel López Obrador (53%).
Favor ito en las encuestas durante toda la campaña, dicho candidato fue el rival a vencer en cada uno de los debates, por
parte de sus adversarios.
2. La fiabilidad de cada variable se desglosa como sigue: Orientación de la unidad, 0,88; Presencia de tema, 0,67; Tema
específico, 0,89; Bases de la descripción, 0,67; Prof undidad de la información, 0,54; Presencia de una pr opuesta, 0,84;
Tema al que se refiere la propuesta, 0,84; B ases de la descripción de la propuesta, 0,60; Ni vel de detalle de la propuesta,
0,57; Palabras o expresiones despectivas, 0,70; Referencia a las ideas prev iamente vertidas de los opositores, 0,63;
Función (ataque, defensa), 0,76.
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CUADERNOS .INFO Nº 4 5 / DI CIEMBRE 201 9 / IS SN 07 19-36 61 / Versión electrónica: w ww.cuadernos.info / ISSN 0719-367x
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SOBRE EL AUTOR
Martín Echeverría, profesor investigador del Centro de Estudios en Comunicación Política, Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla, México. Comunicólogo, doctor en Comunicación y Cultura (Universidad de
Sevilla), máster en Comunicación Política y Opinión Pública (Universitat Pompeu Fabra, Barcelona). Miembro
del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 1. Sus líneas de investigación son los formatos audiovisuales de
la comunicación política, los estudios de periodismo político y la relación entre consumo mediático, jóvenes
y política. Dirección electrónica, https://www.researchgate.net/profile/Martin_Echeverria.
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Voters’ Perceptions of Candidates? American Behavioral Scientist, 50(9), 1247-125 4.
https://doi.org/10.1177/0002764207300054
... La interacción entre ellos fue prácticamente nula, aunque ni en la moderación ni en los tiempos asignados a cada uno se percibió inequidad o sesgo por parte de la producción. Más que un debate entre candidatos se trató de una presentación por tandas de distintos proyectos de país (Echeverría, 2019). ...
... La posición del Instituto ante los debates presidenciales fue llegar a la fase de negociación con los candidatos habiendo aprobado ya un marco de acción que significara un rompimiento con la tradición de procurar los intereses de los partidos políticos y sus candidatos para, en cambio, tomar en cuenta el deseo de la ciudadanía por mirar otro tipo de acontecimientos. De ahí que podamos resumir en cinco puntos las acciones favorables en las que el INE innovó en 2018 (Juárez-Gámiz, 2020; Islas, 2020) y también aquellos aspectos en donde los debates tienen que mejorar en un aspecto deliberativo y distanciarse de la lógica mediática centrada en el conflicto (Echeverría, 2019;Islas, 2020). ...
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Este texto aborda las ramificaciones teóricas, conceptuales y sistémicas respecto de la presencia de los debates electorales en una era marcada por la comunicación política audiovisual y digital. Qué impacto tienen los debates en los resultados electorales. Son estos fuente de información valiosa para que la ciudadanía pueda emitir un voto razonado. O, tal y como sus propios críticos lo han señalado, son los debates electorales una muestra de la trivialización del discurso político en donde la descalificación y el ataque personal sustituyen el contraste de ideas y la discusión acerca de la viabilidad de proyectos políticos determinados. El texto ofrece un debate articulado y puntual con miras a dirimir una añeja tensión que, por un lado, resalta la función deliberativa de los debates para la democracia y, por otro, los sanciona como instrumentos de intervención política para descarrilar candidaturas y legitimar sesgos políticos por parte de distintos actores de poder.
... Una sociedad de la información donde si «lo local, lo nacional y lo global encajan» (Mattelart, 2007), posiblemente también suceda lo mismo con sus distintas lógicas. La lógica mediática y la lógica política, no llegarían a ser, contrariamente a lo que afirma Echeverría (2019), opuestos binarios, intercambiables, sino formas de pensar que se cruzan (Couldry, 2008) o interactúan entre sí (Hjarvard, 2016). ...
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En la sociedad red, de la información y el conocimiento, las personas podrían participar activamente en política si contaran con los medios y las herramientas necesarias para hacer uso de sus derechos ciudadanos. Esta investigación se aproxima al uso de tecnologías de Internet, a través de la creación de plataformas virtuales, con el objetivo de evaluar su funcionalidad como medio de acercamiento entre ciudadanos y políticos. Al respecto, se toma como caso de estudio el proyecto universitario del curso de Marketing Político, perteneciente al programa de estudios de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, ¡Legisla, peruano!, el cual se originó en medio del contexto de crisis política que atravesó el Perú en el segundo semestre de 2019 cuando el presidente Martín Vizcarra dispuso la disolución del Congreso de la República y la convocatoria a elecciones parlamentarias extraordinarias en enero de 2020. La relevancia de este trabajo reside en que no existen estudios sobre propuestas de participación ciudadana al margen de los canales establecidos por los propios gobiernos. Los resultados revelan que, a través de una plataforma web no gubernamental, es posible informar a los ciudadanos sobre procesos legislativos para que así estos, de acuerdo a sus necesidades e intereses, puedan participar en la presentación de sus iniciativas de ley. Asimismo, en este artículo se exponen las estrategias de difusión empleadas para posicionar la plataforma y así generar interacción.
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Más allá de la importancia indiscutida que han adquirido los debates televisivos en las campañas electorales alrededor del mundo, este trabajo parte del hecho de que no se ha estudiado suficientemente el rol de los periodistas que los conducen y su incidencia en el desarrollo y contenido del debate. Ante la ausencia de un marco que permita comparar la actuación de los periodistas en diferentes países, proponemos un esquema de 30 indicadores, agrupados en torno a cuatro roles que un periodista puede asumir en un debate, de acuerdo a la bibliografía consultada (Adversario, Estratégico, Perro Guardián y Cívico). Aplicado este esquema a una muestra de siete debates presidenciales que utilizan el formato del “panel de periodistas”, los resultados muestran que la variación más sustancial respecto del uso de diferentes opciones de roles para formular preguntas está dada por la posición en las encuestas de los candidatos interrogados.
Article
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The Mediatization of politics reaches its maximum expression with electoral campaigns, in which political actors strive to launch their persuasive messages to the public, in order to reach and, ultimately, convince the voters. This article aims to analyze the political discourse in the electoral debates televised during the 2015 Spanish Presidential Elections. The objective of the analysis is to observe which topics stood out during the political actors' interventions and to determine if mediatization affects the content of the electoral debates, or if, on the contrary, these spaces remain as forums for the detailed discussion of various public policy issues. For this purpose, we propose an analysis of content based on seventy categories of analysis, grouped in four blocks: policy issues, political issues, campaign issues and personal issues. The results clearly indicate that sectoral policy matters control the political discourse; therefore, electoral debates, despite the reach of mediatization, still constitute spaces for detailed exposition and the confrontation of public policies.
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Journalistic coverage of elections is increasingly about conflict, scandals, horse race coverage and gaffes, a phenomenon called infotainment, which is detrimental to the political content of elections, this is to say, the candidates’ proposals and leader profiles. To assess the scope of these tendencies in the Mexican press, we focused our research on the coverage of presidential debates in the 2012 campaign, events with profuse political content, and undertook a content analysis of five national newspapers to measure frames related to infotainment (N=209 units).We found that the coverage was focused on the conflict between actors and performance assessment of the event, with little reference to the candidates’ political positions and profiles.Such treatment is detrimental to the potential of civic formation of the debates, a significant feature of democracy.
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La cobertura periodística de las elecciones se centra cada vez más en conflictos, escándalos, acontecimientos chuscos o cobertura de “carrera de caballos”, fenómeno identificado con el término infoentretenimiento, lo que va en detrimento de la sustancia de las elecciones, esto es, las propuestas y perfiles de liderazgo de candidatos. Para determinar el alcance de estas tendencias en la prensa mexicana, tomamos como caso de estudio la cobertura de los debates presidenciales de 2012, eventos ricos en contenido político de gran utilidad cívica, y realizamos un análisis de contenido de cinco periódicos nacionales midiendo los encuadres vinculados con el infoentretenimiento (N=290 notas). Encontramos que la cobertura estuvo centrada en encuadres de conflicto entre actores y de evaluación de desempeño del evento, reproduciendo de manera marginal las posiciones y perfiles de los candidatos. Consecuentemente dicho tratamiento desaprovecha el potencial de formación cívica de los debates, tan significativo para la democracia.
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Chihu Amparán, Aquiles. 2015. “El framing del antagonista en los debates presidenciales: México 2012” en: Muñiz Carlos, Juan de Dios Martínez (Eds.), Discursos mediáticos en contextos electorales, pp. 115-148, Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, México.
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[es] Basándose en las aportaciones más recientes a la teoría de la mediatización, este artículo describe cómo los medios de comunicación influyen en las instituciones sociales y transforman las condiciones de comunicación e interacción. Es importante distinguir por un lado entre ‘mediatización’ (un proceso de cambio social a largo plazo debido a los medios de comunicación),y por otro, ‘mediación’ (comunicación a través de un medio específico), a la vez que se reconoce la interdependencia mutua de estos procesos. Los medios de comunicación se rigen por distintos tipos de lógica tecnológica, estética e institucional, y la lógica de la comunicación en red difiere de la de los medios de comunicación de masas. La interacción entre la lógica de los medios de comunicación y otras lógicas institucionales (p. ej., la lógica política o la lógica escolar) contribuye a redefinir la interacción social en un ámbito determinado y, como consecuencia, están surgiendo nuevas condiciones y dinámicas de interacción social. [en] Drawing on recent contributions to mediatization theory, this article suggests how media influence social institutions and alter the conditions for communication and interaction. There is a need to distinguish between ‘mediatization’ (a long-term process of social change due to media) on the one hand and ‘mediation’ (communication through a particular medium) on the other, while continuing to acknowledge the mutual interdependency of these processes. Media are governed by various forms of technological, aesthetic and institutional logics and the logics of network media differ from the logics of mass media. The interaction between media logics and other institutional logics (e.g. the logics of politics or of school) help reshape social interaction within a particular domain, resulting in the emergence of new conditions and dynamics of social interaction.
Chapter
We define mediatization as the growing intrusion of media logic as an institutional rule into fields where other rules of defining appropriate behavior prevailed (see Chapter 7). Mediatization can lead to an enhancement, adaptation, obstruction, or even substitution of political functions by the logic of the media system. At its extreme it can lead to a state of ‘mediatized politics’ where politics ‘has lost its autonomy, has become dependent in its central functions on mass media, and is continuously shaped by interactions with mass media’ (Mazzoleni and Schulz 1999: 250). The professional, commercial, and technological production rules of the media -its operating logic — are important requirements which political actors must take into account if they are to receive publicity, public support, and legitimacy. Media logic provides an incentive structure that contextualizes, and often shapes, political processes — particularly those that are dependent on publicity and public support. From this it follows that — contrary to a priori assumptions of a fully transformed ‘media democracy’ — the concept of mediatization does not assume a complete ‘colonialization’ of politics by the media. Rather we expect that some institutions, stages, and activities in the political process will be mediatized more than others, depending on how media-compatible they are (Marcinkowski 2005).
Chapter
Political communication is a precondition of democracy, and democracy depends heavily on the infrastructure of the media system (see chapters 1 and 2). The media and mediated communication are of central relevance for contemporary societies due to their decisive influence on, and consequences for, political institutions, political actors, and individual citizens. Political actors have learnt to accept that their behavior to a significant extent is influenced by the rules of the game set by the mass media. This transformation has been described as a shift to audience democracy (Manin 1995) or media democracy (Jarren 2008a). The idea of media democracy is an extension of the model of representative democracy (see Chapter 3). It refers to a development that at its beginning aimed to make politics more inclusive and transparent. In the process policy-makers have become accountable to an ever growing volume of interests and demands from the public — not only in the context of elections but in many phases of the policy process. The pressure on policy-makers to be responsive to public opinion in general and special interests in particular has increased the role of the mass media in many ways. Politicians have grown to rely on the mass media for gauging public opinion (using media coverage as a proxy for public sentiments), and for generating attention, acceptance, and legitimation of their actions (using media channels for public presentation of politics).