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El dilema de Henry Moseley, ¿patria o ciencia? Armas y Cuerpos 2019, 142, 83-89

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En 2019, Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos, se está honrando a Mendeléiev por la publicación de la primera versión de la tabla periódica moderna (1869). Sin embargo, es menos conocida la aportación del joven físico británico Moseley. En el verano de 1914, tras haber publicado en el mes de abril su artículo fundamental, estalló la Primera Guerra Mundial, se incorporó como oficial de señales. Destinado a los Dardanelos, murió en agosto de 1915 a los 27 años en la Batalla de Galípoli. Ni los ruegos de su familia ni los de Rutherford le hicieron desistir de su idea de defender a su patria. ¿Dónde aprendió esta idea? ¿Por qué antepuso su patria a la ciencia?
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Revista Nº 142
- Escudo de España. ¿dónde está Extremadura?
- Escuela Central de Educación Física
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Revista de la enseñanza militar de los ofi ciales del Ejército de Tierra español
Origen de nuestras palabras.
Armas y Cuerpos
Revista de carácter cuatrimestral de
la Academia General Militar
Núm. 142 - diciembre de 2019
Edita:
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NIPO:083-16-237-X (edición en línea)
NIPO: 083-16-236-4 (impresión bajo demanda)
ISSN: 2445-0359 (internet)
REVISTA ARMAS Y CUERPOS
Crta. de Huesca s/n 50090 ZARAGOZA
Teléf.: 976 739 500 - 976 739 623
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SUMARIO
A FONDO
1952: LA CONSOLIDACIÓN DE LA OTAN
Francisco Escribano Bernal
Pablo León Aguinaga
5
EL PODER DE LA COMUNICACIÓN
Tamara Aragón Galán
11
ECOS DE LA GENERAL
16
Sara Casáns Gabasa
CONDUCTAS DELICTIVAS ASOCIADOS
A LA UTILIZACIÓN DE LA TECNOLOGÍA
CONTACTLESS
ACADEMIA MILITAR DE LAS
FUERZAS ARMADAS DE
CANADÁ
Chad Rodríguez Belanger
22
HACE 50 AÑOS. EL ESPÍRITU
DE LA GENERAL
José Manuel Vicente Gaspar
27
Y LOS MILITARES, ¿CÓMO
RECIBIERON A LA MUJER EN LA
ACADEMIA GENERAL MILITAR
Luis A. Arcarazo García
31
Armas y Cuerpos Nº 142 ISSN 2445-0359 2
TIERRA ADENTRO
LA AUTOMATIZACIÓN DE
LA GUERRA
Francisco Rubio Damián
41
EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO
Francisco Laguna Sanquirico
44
EL DÍA DE LA AMISTAD HISPANO-FILIPINA
LA ESCUELA CENTRAL DE EDUCACIÓN
FÍSICA EN LA ACTUALIDAD
Lorenzo Martín Coba
Víctor Mayorga Palacios
Juan Ramón Godoy López
FUERZAS ARMADAS Y DROGAS, UNA RELACIÓN IMPOSIBLE
Antonio Cebrian Villacañas
67
49
EL ORIGEN DE NUESTRAS PALABRAS.
“ARMAS Y CUERPOS”
Juan Carlos López Roca
EL ESCUDO DE ESPAÑA, Juan Carlos Criado Gutiérrez
¿DÓNDE ESTÁ EXTREMADURA?
Antonio Manzano
54 73
VENTANA ABIERTA
LA BASE AMERICANA. DOS MUNDOS
ENLAZADOS A ORILLAS DEL EBRO
Ignacio Muñoz Sánchez
EL DILEMA DE HENRY MOSELEY.
¿PATRIA O CIENCIA?
Pascual Román Polo
NUESTRA SEÑORA DE LORETO. PATRONA DE AVIACIÓN
Julián Roldán Martínez
90
78
92
VIVENCIAS DE UN OFICIAL DE INGENIEROS
EN UNIDADES DE FERROCARRILES
Juan Ramón Palomo Duque
PARQUE NATURAL DE POSETS
Javier del Valle Melendo
83 98
VARIOS
2
RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS
104
SUMARIO
PRESENTACIÓN NORMAS DE COLABORACIÓN
Miguel Ángel Santamaría Villascuerna
4
CONTRAPORTADA
106
ARTÍCULOS DESTACADOS
103
Luis Alfonso Arcarazo García
107
Revista fundada en 1977 sucesora de la revista Armas de 1952.
Armas y Cuerpos es la revista representativa de la enseñanza de los oficiales del Ejército de Tierra que se forman en la Academia General Militar (AGM) y
tiene por finalidad contribuir a mejorar la formación integral de los alumnos de la AGM, fomentar la actividad literaria y de investigación de todos los miembros
de la AGM y ser instrumento difusor y de transparencia a toda la sociedad y en especial al entorno universitario.
Los trabajos publicados representan, únicamente, la opinión personal de los autores, sin que la Revista Armas y Cuerpos comparta necesariamente lo
expuesto.
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61
El dilema de Henry Moseley,
¿patria o ciencia?
Pascual Román Polo
Profesor emérito, catedrático de Química Inorgánica.
Universidad del País Vasco, UPV/EHU
En 2019, Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos, se está honrando a
Mendeléiev por la publicación de la primera versión de la tabla periódica moderna (1869). Sin embargo,
es menos conocida la aportación del joven físico británico Moseley. En el verano de 1914, tras haber
publicado en el mes de abril su artículo fundamental, estalló la Primera Guerra Mundial, a la que se
incorporó como oficial de señales. Destinado a los Dardanelos, murió en agosto de 1915 a los 27 años
en la Batalla de Galípoli. Ni los ruegos de su familia ni los de Rutherford, su tutor, le hicieron desistir de
su idea de defender a su patria. ¿Dónde aprendió esta idea? ¿Por qué antepuso su patria a la ciencia?
El 20 de diciembre de 2017, la Asamblea
General de las Naciones Unidas proclamó 2019
como el Año Internacional de la Tabla Periódica
de los Elementos Químicos (IYPT2019, por sus
siglas inglesas). La idea de celebrar un Año de la
Tabla Periódica de los Elementos Químicos partió
del profesor de la Universidad de Nottingham,
Sir Martyn Poliakoff. A finales del mes de julio de
2016, escribió una carta a la Presidenta de la
Unión Internacional de Química Pura y Aplicada
(IUPAC, por sus siglas inglesas), profesora
Natalia Tarásova, recordándole que en 2019 se
celebraría el sesquicentenario (150 aniversario)
de la publicación de la primera versión de la
tabla periódica moderna (1869) por el químico
ruso Dimitri Ivánovich Mendeléiev (1834-1907)
(Figura 1). El 29 de enero de 2019 tuvo lugar la
Ceremonia Oficial de Apertura del IYPT2019 en la
sede de la UNESCO en París.
La tabla periódica de los elementos químicos
es un icono de la ciencia y la cultura al que un
gran número de científicos han contribuido
a enriquecerla desde la Antigüedad hasta
nuestros días. La tabla periódica es un hallazgo
múltiple, colectivo y, en ocasiones, simultáneo.
Su forma media larga es la más popular y
fácilmente reconocible por su estructura de
castillo almenado constituida por 18 columnas
(grupos) y 7 filas (periodos) hasta completar
los 118 elementos actualmente conocidos
organizados en orden creciente de su número
atómico. El 28 de noviembre de 2016, la IUPAC
aprobó la incorporación de cuatro nuevos
elementos: nihonio (Nh, 113), moscovio (Mc,
115), teneso (Ts, 117) y oganesón (Og, 118) y, de
este modo, se completaba el séptimo periodo
de la tabla periódica. Se conocen más de mil
formas de representarla, donde se recoge una
gran cantidad de información física y química
de los elementos químicos. De entre todos los
científicos que han contribuido a ordenar los
elementos químicos en listas, tablas, sistemas,
formas mono-, bi- y tridimensionales sobresalen
con luz propia el químico ruso Dimitri Ivánovich
Mendeléiev y el joven físico británico Henry Gwyn
Jeffreys Moseley (1887-1915) (Figura 2). El primero
estableció su ley periódica basada en el peso
atómico de los elementos químicos y creyó que
había conseguido una ley universal. Esta ley
conoció grandes éxitos iniciales por su carácter
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Figura 1. Mendeléiev y el borrador de la primera versión de la tabla periódica de 1869
predictivo de nuevos elementos químicos que
no habían sido descubiertos. A finales del siglo
XIX se le acumularon los problemas, que no
pudo resolver, como la aparición de nuevos
elementos que no encajaban en la tabla
periódica, los rayos X, la radiactividad natural,
el descubrimiento del electrón y la irrupción de
nuevas teorías que cuestionaban la universalidad
de la ley periódica. El segundo, Moseley, ordenó
los elementos químicos en función de su número
atómico gracias a la ley que lleva su nombre,
en la que relacionaba la raíz cuadrada de la
frecuencia de las líneas espectrales de rayos X de
los elementos químicos con el número atómico.
Aunque su estudio, que publicó en 1913 y 1914,
abarcó los elementos metálicos del aluminio
al oro, su ley permite predecir con precisión la
existencia de nuevos elementos, por los huecos
que se generan en su gráfica en la que representa
los elementos químicos por su número atómico
frente a la raíz cuadrada de la frecuencia de sus
líneas espectrales de rayos X (figura 2).
Figura 2. Moseley y gráfica de Moseley (1914) donde representa la ley que lleva su nombre.
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Figura 3. Moseley en el laboratorio Balliol-Trinity de la Universidad de Oxford en 1910
Henry Gwyn Jeffreys Moseley, “Harry”, para
sus familiares y amigos, nació en Weymouth,
Dorsetshire, en el sur de Gran Bretaña, el 23
de noviembre de 1887 y perteneció a una
distinguida familia de ilustres científicos, su padre
y sus abuelos fueron miembros de la Royal Society
(FRS, por sus siglas inglesas). Antes de cumplir los
cuatro años, su padre falleció a los 47 años de
esclerosis cerebral. Su madre, Amabel Moseley,
se ocupó de la educación de sus tres hijos, Betty
-que falleció a los dieciséis años en 1899-, Margery
y Henry, procurando que adquirieran una
esmerada educación en música, matemáticas
e idiomas. A los nueve años Harry fue enviado a
Summer Fields School cerca de Oxford, que era
la escuela preparatoria para los King’s Scholars,
premiado con una beca para ingresar en Eton
College. Para entrar en esta prestigiosa institución
tuvo que superar un duro examen en la que
ingresó en 1901 a los 13 años. En 1906, consiguió
una beca Millard para estudiar ciencias naturales
en el Trinity College de la Universidad de Oxford.
En 1910, se licenció en matemáticas y física (figura
3). Durante su estancia en Eton, aprendió los
principios de los rayos X y el análisis cuantitativo.
Antes de finalizar sus estudios en el Trinity College,
Moseley visitó al profesor Ernest Rutherford (1871-
1937), premio Nobel de Química en 1908, en la
Universidad Victoria de Manchester a quien le
expresó el deseo de trabajar con él. Rutherford
lo aceptó y comenzó a trabajar bajo su dirección
en septiembre de 1910.
Moseley trabajó con Rutherford en problemas
de radiactividad y como ayudante de clases
prácticas. Durante este periodo aprendió
técnicas de vacío y radiactividad. Trabajaba más
de quince horas al día en el laboratorio en los
problemas que Rutherford le propuso. A Moseley
no le gustaba la docencia, su verdadera pasión
era la investigación. En otoño de 1912, con la
beca John Harling, un industrial de Manchester,
Moseley se dedicó a tiempo completo a su
verdadera vocación: la investigación.
En julio de 1912, tras conocer los trabajos
de Max von Laue sobre la difracción de los
rayos X por los cristales y los experimentos
realizados por Walter Friedrich y Paul Knipping
sugeridos por Laue, Moseley pide permiso a
Rutherford para comenzar sus investigaciones
independientemente de él en el campo de los
rayos X. Visita a William Henry Bragg (1862-1942),
catedrático de física en la Universidad de Leeds
e inventor del espectrómetro de rayos X, quien
le instruye en las técnicas de la difracción. Tras
su estancia en Leeds e instalado de nuevo en
Manchester, Moseley utiliza la radiación X, adopta
la ecuación de Bragg (nλ = 2d senθ) y su método
para determinar la acción de los rayos X sobre
distintos elementos químicos desde el aluminio
al oro y descubre la ley que lleva su nombre.
Introduce un importante cambio: sustituye la
cámara de ionización de Bragg por la placa
fotográfica como detector. Su dieta en aquellos
días era muy frugal. Su comida consistía en fruta,
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Figura 4. Equipo de difracción de rayos X diseñado por Moseley que permite cambiar las muestras sin interrumpir el vacío.
cenaba pan y queso y comía alguna cosa a
las tres de la madrugada, si es que encontraba
algún local abierto en Manchester a esas horas.
En el verano de 1913, Moseley comienza sus
estudios de irradiar distintos metales con los rayos
X. Empieza con la pareja cobalto y níquel. Para
medir con mayor celeridad las muestras, inventa
un ingenioso dispositivo que le permite cambiar
el anticátodo en el tubo de rayos X sin interrumpir
el vacío (figura 4). Comprueba que la frecuencia
de los rayos X está relacionada con el número
atómico (Z) y no como se creía hasta entonces
con el peso atómico (A).
En noviembre de 1913, Rutherford le ofrece una
plaza para que permanezca a su lado, Moseley
la rechaza porque se había comprometido
con la Universidad de Oxford. Continúa sus
investigaciones iniciadas en Manchester y
ocupará una cátedra de física cuando quede
vacante, a la vez que le permitía estar más cerca
de su madre. Desarrolla sus investigaciones con
una beca del Instituto Internacional de Física
Solvay. En diciembre de este año publica su
artículo esencial The High Frecuency Spectra of
the Elements (Manchester, 1913). En su artículo
Moseley examina once metales y una aleación:
el latón. Observa que los espectros de algunos
elementos contenían otras líneas de menor
intensidad. Moseley piensa que estas líneas se
deben a la presencia de impurezas en las muestras
metálicas. Para probar esta idea, analiza el latón
y encuentra las líneas Kα y K características
del cobre y el zinc. Moseley concluye: “La
prevalencia de las líneas debidas a las impurezas
sugieren que esta [técnica] puede ser un
poderoso método de análisis químico. Su ventaja
sobre los métodos espectroscópicos ordinarios se
halla en la simplicidad de los espectros y en la
imposibilidad de que una substancia enmascare
la radiación de otra. Incluso puede conducir al
descubrimiento de elementos perdidos, porque
será posible predecir la posición de sus líneas
características”. El tiempo demostraría que esta
idea era totalmente correcta. Moseley generó un
diagrama utilizando los espectros de rayos X en
orden decreciente de sus pesos atómicos desde
la izquierda hasta la derecha con el espectro
del latón (aleación de cobre y zinc) en la parte
inferior y el del calcio en la parte superior. En
esta gráfica falta el escalón correspondiente al
escandio, que no pudo adquirir por su elevado
precio. Este célebre diagrama se conoce como
la “escalera de Moseley” (figura 5).
Figura 5. La escalera de Moseley. 1910
86 Armas y Cuerpos Nº 142 ISSN 2445-0359
En abril de 1914, publica la segunda parte de su
artículo High Frecuency Spectra of the Elements.
Part II. En él confirma la ley que lleva su nombre (o
de los números atómicos), ѵ = A (N b)2, donde
ѵ es la frecuencia de las líneas espectrales de los
rayos X, N es el número atómico (actualmente se
representa por Z, que es el número de protones
del núcleo atómico, y que define sus propiedades
físicas y químicas), A y b son dos constantes
de las líneas espectrales. En su ley, relaciona la
raíz cuadrada de la frecuencia de las líneas
espectrales de los rayos X de cada elemento con
el número atómico. Aunque su estudio abarca
los elementos del aluminio al oro, su ley permite
predecir la existencia de nuevos elementos hasta
el uranio (Z = 92), el elemento químico de mayor
valor de Z conocido en 1914 y la existencia de
catorce elementos de las tierras raras (figura
2). Por otra parte, ubica correctamente las
parejas de elementos Ar – K, Co – Ni y Te – I, que
muestran pesos atómicos invertidos. Esta ley es
históricamente importante porque justificaba el
modelo nuclear del átomo de Rutherford.
En junio de 1914, Moseley recibe la visita del
gran químico francés Georges Urbain (1872-1938),
profesor de química de la Universidad de París.
Urbain se había especializado en las técnicas de
separación de los elementos de las tierras raras.
En 1907, por cristalización fraccionada obtuvo
el lutecio (Z = 71), el último de los elementos
de la serie de los lantánidos o tierras raras.
También reivindicó en 1911 el descubrimiento
del elemento de número atómico 72, al que
denominó celtio. En la visita a Moseley, que se
hallaba en la Universidad de Oxford, Urbain
llevó un importante número de minerales que
contenían elementos de las tierras raras. En una
semana, Moseley identificó en las muestras de
Urbain los elementos erbio, tulio, iterbio y lutecio,
pero no halló el elemento de número atómico
72, es decir, el celtio. Esto produjo una profunda
decepción al químico francés. En junio de 1914,
acompañado de su madre, visitó Canadá y
Australia para asistir a finales de julio al congreso
de la Brithish Association for the Advancement
of Science (BAAS) que tendría lugar en Australia
y Nueva Zelanda. En Melbourne tomó parte
activa en “Discussion on the Structure of Atoms
and Molecules”. En Sydney informó sobre sus más
recientes investigaciones sobre sus artículos High
Frecuency Spectra of the Elements y sus avances
con los espectros de rayos X sobre las tierras raras.
El 28 de julio de 1914 se desencadenó la I
Guerra Mundial, durante la estancia de Moseley
en Australia. Tras el estallido del conflicto y la
entrada de Gran Bretaña en la guerra, Moseley
abandonó todas sus investigaciones con las
que estaba tan entusiasmado. El 29 de agosto
navegó desde Sydney a San Francisco, cruzó
los Estados Unidos en tren hasta Nueva York y
regresó a Inglaterra a bordo del transatlántico
Figura 6. Henry Moseley con uniforme militar de alférez del Royal
Engineers en 1915
Lusitania para ofrecer sus servicios a su patria
en primera línea de fuego. Se alistó en los Royal
Engineers, aunque inicialmente fue rechazado
por ser físico y no ser ingeniero. Más tarde, fue
elevado al rango de oficial de señales (“Second
Lieutenant”) en la 38ª Brigada del Nuevo Ejército
Regular de Kitchener. Después de ocho meses de
entrenamiento, en junio de 1915 la Brigada de
Moseley llegó a Alejandría. Tras permanecer una
semana en Egipto, partió para los Dardanelos el
13 de junio de 1915 (Figura 6).
El 27 de junio de 1915, mientras se dirigía a los
Dardanelos, Moseley escribió de su puño y letra
su última voluntad y testamento sobre un trozo
de papel de cinco por diez centímetros. Dice así:
“Esta es la última voluntad y testamento de yo,
Henry Gwyn Jeffreys Moseley, alférez del Royal
Engineers ahora en servicio activo con la Fuerza
Expedicionaria Británica del Mediterráneo. Doy
y lego todos mis bienes muebles e inmuebles
y los intereses que se obtengan de ellos a la
Royal Society de Londres para que se apliquen
al fomento de la investigación experimental
en patología, física, fisiología, química u otras
ramas de la ciencia, pero no en matemáticas
puras, astronomía o cualquier rama de la ciencia
que tenga por objeto simplemente describir,
catalogar o sistematizar. Hecho el día veintisiete
Diciembre - 2019 Armas y Cuerpos Nº 142 87
de junio de 1915 por mí, Henry G. J. Moseley”
(figura 7). Este testamento parecía presagiar su
temprana muerte.
Participó en algunas escaramuzas cerca
del Cabo Helles. Luchó valerosamente en el
desembarco de los días 6 y 7 de agosto en
Galípoli. Su unidad fue a reforzar un postrero
intento de alcanzar la cota de Chunuk Bair. El día
10 de agosto, el coronel Mustafá Kemal Ataturk,
padre de la patria turca, condujo un violento
contraataque, Moseley murió a los 27 años de
edad de un disparo en la cabeza por la bala de
un francotirador turco en la Batalla de Galípoli (o
de los Dardanelos) cuando estaba telefoneando
un informe a su División solicitando refuerzos
cuando los turcos estaban atacando por su
flanco. Su cuerpo no fue recuperado y sus restos
fueron enterrados en una fosa común. La muerte
del jovencísimo, prometedor y genial físico
británico Henry Moseley fue una de las mayores
e irreparables pérdidas para la ciencia durante
la I Guerra Mundial. En la Campaña de Galípoli,
que duró desde febrero de 1915 hasta enero
de 1916, murieron más de 100.000 soldados y
fueron heridos más de 400.000 por los dos bandos
contendientes.
Nada ni nadie le hicieron desistir de lo que
consideraba su deber: defender a su patria en el
campo de batalla. Ni los ruegos de su familia, ni
Rutherford, ni el rechazo inicial de los ingenieros
le hicieron cambiar de idea. ¿Dónde había
aprendido estas patrióticas ideas? Las había
adquirido durante su estancia en Summer Fields
School, en Eton College y en el Trinity College de la
Universidad de Oxford. Otros muchos estudiantes
procedentes de estos centros escolares también
dieron sus vidas por su patria durante la I Guerra
Mundial. Además, hay que tener en cuenta que
Moseley vivió en la época victoriana tardía (1873-
1901) y los reinados de Eduardo VII y Jorge V.
La reacción de los científicos de todo el mundo
no se hizo esperar. Al frente de estas protestas en
señal de duelo por tan irreparable pérdida se
puso Lord Ernest Rutherford, su maestro, amigo
y mentor que publicó un impactante artículo en
la revista Nature. Tras esta irreparable pérdida
personal y gran tragedia para el progreso de la
ciencia, el Gobierno de la Gran Bretaña prohibió
que los jóvenes y prometedores científicos fueran
al campo de batalla. Podían hacer un mejor
servicio a la patria investigando en los laboratorios
donde se desarrollaban nuevas armas, explosivos
o dispositivos de defensa como el sónar o el radar.
A pesar de su juventud, desde su incorporación
al laboratorio de Rutherford en septiembre de
1910 hasta su embarco hacia Australia en junio
de 1914, en menos de cuatro años tuvo tiempo
de publicar diez artículos en las revistas científicas
de mayor prestigio de la época. Dos de ellos,
que publicó en solitario, The High Frecuency
Spectra of the Elements (Manchester, 1913) y
High Frecuency Spectra of the Elements. Part II.
(Oxford, 1914) eran merecedores del premio
Nobel de Física o Química, que bien podía haber
obtenido, según unos autores en 1915 o en 1916,
según otros, aunque en este último año ambos
premios quedaron desiertos a causa de la guerra.
Su muerte prematura le privó de obtener tan
honroso galardón científico. Sin embargo, recibió
a título póstumo la Medalla Matteucci de la
Sociedad Italiana de las Ciencias en 1919, cuatro
años después de su muerte.
Con ocasión del centenario de su muerte,
el Museo de la Historia de la Ciencia de la
Universidad de Oxford organizó una exposición en
su honor bajo el título Dear Harry... Henry Moseley:
A Scientist Lost to War que permaneció abierta al
público desde el 14 de mayo de 2015 hasta el 31
de enero de 2016. Se organizó en las siguientes
secciones: primeros años, universidad, formación
militar, Galípoli, la guerra y legado (figura 8).
Figura 7. Última voluntad y testamento de Moseley de 27 de junio de 1915.
88 Armas y Cuerpos Nº 142 ISSN 2445-0359
Figura 8. Exposición Dear Harry... Henry Moseley: A Scientist Lost to War en el Museo de la Historia de la Ciencia de la Universidad de
Oxford (del 14/05/2015 al 31/01/2016).
Bibliografía
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Workshop on X-ray Science, ITAP, Turunç, Marmaris, Turquía, 14-23 de junio de 2012.
Exposición (2015). ‘Dear Harry...’ Henry Moseley: A Scientist Lost to War, Special Exhibition at the Museum of the History of Science (from 14
May 2015 to 31 January 2016), bit.ly/2xs0tlA, visitada el 3/7/2019.
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Moseley, H. G. J. (1913). The High Frecuency Spectra of the Elements, Phil. Mag., 26, 1024-1034.
Moseley, H. G. J. (1914). The High Frecuency Spectra of the Elements. Part II, Phil. Mag., 27, 703-713.
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El legado de Moseley se puede resumir en los
siguientes puntos:
1) gran capacidad de trabajo
2) interés por la investigación científica
3) extraordinaria capacidad de observación
4)ingenio para diseñar experimentos originales
e innovadores
5) amor a su madre y hermana Margery (véase
su relación epistolar en Heilbron, 1974)
6) pasión por su patria en peligro
7) antepone el amor a su patria frente a su
investigación científica
8) su formación familiar, académica y social le
lleva a preferir la patria a la ciencia con grave
riesgo de su vida.
Diciembre - 2019 Armas y Cuerpos Nº 142 89
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In the absence of any available method of spectrum analysis, the characteristic types of X radiation, which an atom emits if suitably exited, have hitherto been described in terms of their absorption in aluminum. The interference phenomena exhibited by X-rays when scatted by a crystal have now, however, made possible the accurate determination of the frequencies of the various types of radiation. This was shown by W. H. and W. L. Bragg, who by this method analyzed the line spectrum emitted by the platinum target of an X-ray tube. C. G. Darwin and the author extended this analysis and also examined the continuous spectrum, which in this case constitutes the greater part of the radiation. Recently Prof. Bragg has also determined the wave-lengths of the strongest lines in the spectra of nickel, tungsten, and rhodium. The electrical methods which have hitherto been employed are, however, only successful where a constant source of radiation is available. The present paper contains a description of a method of photographing these spectra, which makes the analysis of the X-rays as simple as an other branch of spectroscopy. The author intends first to make a general survey of the principal types of high-frequency radiation, and then to examine the spectra of a few elements in greater detail and with greater accuracy. The results already obtained show that such data have an important bearing on the question of the internal structure of the atom, and strongly support the views of Rutherford and of Bohr. Kaye has shown that an element excited by a stream of sufficiently fast cathode rays emits its characteristic X radiation . He used as targets a number of substances mounted on a truck inside an exhausted tube. A magnetic device enabled each target to be brought in turn into the line of fire. The apparatus was modified to suit the present work. The cathode stream was concentrated on to a small area of the target, and a platinum plate furnished with a fine vertical slit placed immediately in front of the part bombarded. The tube was exhausted by a Gaede mercury pump, charcoal in liquid air being also sometimes used to remove water vapor. The X-rays, after passing through the slit marked S in Fig. I, emerged through an aluminum window 0.02 mm. thick. The rest of the radiation was shut off by a lead box which surrounded the tube. The rays fell on the cleavage face, C, of a crystal of potassium ferrocyanide which was mounted on the prism-table of a spectrometer. The surface of the crystal was vertical and contained the geometrical axis of the spectrometer.
Henry Moseley: A Scientist Lost to War, Special Exhibition at the Museum of the History of Science (from 14
  • Exposición
Exposición (2015). 'Dear Harry...' Henry Moseley: A Scientist Lost to War, Special Exhibition at the Museum of the History of Science (from 14 May 2015 to 31 January 2016), bit.ly/2xs0tlA, visitada el 3/7/2019.
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  • R Macleod
  • R G Egdell
MacLeod, R., Egdell, R. G. & Bruton, E. (Eds.). (2018). For Science, King & Country. London: Uniform.
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  • H G J Moseley
Moseley, H. G. J. (2019). Encyclopedia Britannica, bit.ly/1f116BQ, visitada el 3/7/2019.