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Abstract

La comprensión de las ciencias, las artes y las humanidades como ámbitos distantes e incluso reñidos entre sí tiene, aún hoy, una enorme vigencia. Se trata, en verdad, de la reducción de una realidad —la del pensamiento— mucho más compleja y fascinante, una reducción que desatiende, entre otras cosas, cómo la asociación entre las disciplinas ha tenido una función destacada en la producción y la circulación de conocimiento.
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ISSN: 1510-5024 (papel) - 2301-1629 (en línea)Humanidades: revista de la Universidad de Montevideo, No 6, Diciembre 2019, pp. 9-18
PROEMIO
PROEMIO
Sin título
Carla Witte (1889-1943)
Serigrafía.
45 x 61 cm., sin firma.
MAURICIO CHEGUHEM RIANI Y BENITO ELÍAS GARCÍA VALERO -
“UN PUENTE ENTRE DOS CULTURAS: LITERATURA Y CIENCIA” - doi: https://doi.org/10.25185/6.1
Un puente entre dos culturas:
literatura y ciencia*
A bridge between two cultures:
literature and science
Uma ponte entre duas culturas:
literatura e ciência
* Este número monográco es fruto de la investigación del Proyecto Inscripciones literarias de la ciencia:
cognición, epistemología y epistemocrítica (ILICIA) (Ministerio de Economía y Competitividad de España)
FFI2017-83932-P.
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ISSN: 1510-5024 (papel) - 2301-1629 (en línea)
MAURICIO CHEGUHEM RIANI Y BENITO ELÍAS GARCÍA VALERO.
“UN PUENTE ENTRE DOS CULTURAS: LITERATURA Y CIENCIA
Humanidades: revista de la Universidad de Montevideo, No 6, Diciembre 2019, pp. 9-18
La comprensión de las ciencias,
las artes y las humanidades como
ámbitos distantes e incluso reñidos
entre sí tiene, aún hoy, una enorme
vigencia. Se trata, en verdad, de
la reducción de una realidad —la
del pensamiento— mucho más
compleja y fascinante, una reducción
que desatiende, entre otras cosas,
cómo la asociación entre las
disciplinas ha tenido una función
destacada en la producción y la
circulación de conocimiento.
Ahora bien, podemos señalar
que la compartimentación
y distanciamiento entre ambas
culturas es un fenómeno moderno,
fruto de la revolución científica
e industrial. En Las dos culturas
(1959), el físico y escritor C. P.
Snow apunta al siglo XIX -en
particular al sistema universitario
inglés- como el responsable de
la emancipación de la ciencia en
relación con las otras disciplinas, así
como también de la reacción desde
las humanidades contra el nuevo
imperio de la ciencia.1
El punto de inflexión,
precisamente, se visualiza en la
obra de algunos poetas románticos.
En efecto, como sostiene Aldous
Huxley en Literatura y ciencia, el
desprecio hacia el hombre
newtoniano describe la repulsión
de algunos poetas decimonónicos
por una cosmovisión determinista,
mecanicista o desangelada de la
realidad del mundo.2 En el mismo
sentido, Francisco González
Fernández señala que Percy B.
Shelley se negaba a entregar «la
corona cívica a razonadores y
mecanicistas»3.
Si bien la propuesta de Snow
durante el transcurso de la década
de los sesenta pretendía denunciar
la organización de ambas disciplinas
en compartimentos estancos, la
distinción de Las dos culturas terminó
sentenciando un divorcio histórico.
Como consecuencia, los intentos
epistemológicos de las últimas
décadas se han posicionado contra
el axioma de las dos culturas y han
tratado de jar la postura de Snow
como un paradigma agotado. Para
ello, cientícos y teóricos como John
Brockman pugnan por establecer
un vínculo duradero donde ambas
disciplinas se fusionen en una
tercera cultura.4
En efecto, los estudios que
establecen relaciones entre
humanidades y ciencias no son
producto de una moda pasajera, sino
un esfuerzo epistemológico común
por unicar los discursos que hasta
1 Charles Percy Snow, Las dos culturas (Buenos Aires: Nueva Visión, 2000), 9.
2 Aldous Huxley, Literatura y ciencia (Buenos Aires, Edhasa, 1964), 131.
3 Francisco González Fernández, Esperando a Gödel. Literatura y matemáticas (Madrid: Nivola, 2012), 57.
4 John Brockman, La tercera cultura. Más allá de la revolución cientíca (Barcelona: Tusquets, 2000), 14.
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entonces parecían irreconciliables.
No es de extrañar, en este sentido,
la popularidad que el puente ha
cobrado como metáfora de una
nueva etapa del conocimiento:
aquel que abandona las prácticas
deconstructivas e intenta abrazar un
tejido epistemológico común. Los
investigadores echan mano de dicha
metáfora para expresar la necesidad
de enlazar aquello que el siglo XIX
había puesto en crisis.
La reiteración de esta metáfora
en los Sciences studies señala la
voluntad de “volver a atar el nudo
gordiano, cruzando, tantas veces
como sea preciso, la divisoria que
separa el conocimiento”, tal y como
expresa Bruno Latour5. De este
modo, y en la línea establecida por
George Lakoff y Mark Johnson
-donde ninguna metáfora puede
concebirse independientemente de
su experiencia espacial-, el puente
apunta esencialmente a la traslación
del conocimiento. Para ello, es
necesario que haya un punto de
partida, un punto de llegada y una
secuencia que los conecte.6
Sin embargo, este despliegue
epistemológico no se asemeja en
absoluto al de una línea recta sobre
un plano. Su proceso evolutivo
responde a un contexto y por
tanto opera de manera no lineal.
Un puente entre culturas implica
«procesos estocásticos»7, en los que
el comportamiento del sistema es
intrínsecamente no determinista.
No es comprensible, por tanto,
desde los parámetros de una
espacialidad euclídea sino desde
las dinámicas de autoorganización
de una teoría de sistemas, desde
«la complejidad -en su sentido
sistémico de funcionamiento auto-
organizativo y no lineal», escribe
Amelia Gamoneda8.
De este modo, unicar mediante
discurso dos ramas polares del
conocimiento se convierte en una de
las empresas más estimulantes para
un planteamiento epistemológico;
y, dado que dentro de una de
dichas ramas -las Humanidades- se
inscribe la literatura, el estímulo
alcanza también a la teoría literaria.
Empero, la dicultad que presenta
este diálogo exige estructuras sólidas
para la circulación de conocimiento
genuino. Teniendo presente lo
expuesto, el objetivo de este número
de Humanidades y del grupo que lo
auspicia, Ilicia (Inscripciones literarias
de la ciencia), es reexionar sobre
el escenario de transformaciones
y circulación de saberes entre
5 Bruno Latour, Nunca hemos sido modernos (Madrid: Editorial Debate, 1993), 14.
6 Mark Johnson, El cuerpo en la mente (Madrid: Editorial Debate, 1991),188.
7 Ilya Prigogine, ¿Tan sólo una ilusión? Una exploración del caos al orden (Barcelona: Tusquets, 1993), 21.
8 Amelia Gamoneda, “Eureka y epifanía. Diluciones cognitivas y poéticas”, en Idea súbita: ensayos sobre epifanía
creativa, eds. Amelia Gamoneda y Francisco González Fernández (Madrid: Abada Editores, 2018), 60.
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literatura y ciencia, y en última
instancia, sobre la propia naturaleza
del conocimiento humano.
Ahora bien, la construcción de
este puente tiene múltiples vías de
planteamiento. En primer lugar,
debemos señalar que la historia de
la recepción de las ideas cientícas
en la literatura acredita esta simbiosis
disciplinar. Pero también cabe
considerar la relación a la inversa,
esto es, cómo la ciencia ha indagado
en los misterios del universo y
explorado su propia potencia
creativa a través de una herramienta
que se suele considerar reservada al
arte: la imaginación.
Con relación al primer recorrido
-que es el que centra los esfuerzos
del presente monográfico-, la
metodología adoptada es la de
los estudios epistemocríticos. En
efecto, dichos estudios analizan el
texto literario como el resultado
de un compostaje cultural y
cientíco. Por tanto, detectar los
cambios epistémicos en función
del conocimiento científico se
convierte en uno de los objetivos
capitales. Tal como está planteada,
la epistemocrítica se equipara a
una suerte de nuevo humanismo,
donde se prioriza el movimiento,
transferencia y circulación del
conocimiento. Ante la diversidad
de saberes que orbitan en torno al
objeto artístico, la epistemocrítica
se pregunta -como lo hace Michel
Pierssens-: ¿qué sabe un texto?
O, más precisamente aún: ¿cómo
se modula su conocimiento y qué
papel adquiere en el conjunto de
su obra?9 Puesto que comprender
una obra signica, en gran medida,
una investigación sobre la propia
circulación de sus saberes.
Desde una perspectiva compleja,
el fenómeno literario pone en
evidencia la porosidad y el ensamblaje
cultural del conocimiento cientíco.
Cabe apuntar la capacidad de su
discurso para descubrir e interrogar
la casa de la ciencia. Lo que aquí
intentamos señalar es que la literatura
entra a formar parte de la amplia
red de saberes que conguran el
pensamiento. Esta es, en efecto,
la posición que la epistemocrítica
atribuye a la literatura: la de una
interlocutora de la ciencia que
dispone de un lenguaje y de un saber
propios.
En este número en especial
podemos encontrar puentes con tres
zonas cientícas fundamentales: la
primera de ellas se asocia a las ciencias
físicas o exactas, la segunda a las
ciencias naturales o biológicas y, por
último, la tercera a las ciencias de la
mente o cognitivas. En primer lugar,
el sugerente campo de la Relatividad
general ha marcado un antes y
9 Michel Pierssens, Savoirs a l`ceuvre. Essais d´épistemocritique (Lille: Presses Universitaires de Lille, 1990), 9.
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después para la propia producción
artística, regida por el principio de
indeterminación (Heisenberg), el
principio de complementariedad
(Bohr) y nalmente las teorías del
entrelazamiento cuántico (Alain
Aspect y John S. Bell). Por otro
lado, las ciencias naturales permiten
una reexión sobre la dimensión
cosmológica anunciada a partir
de una poética de lo vivo, aquí
visible en la crónica, la novela o
el ensayo poético. En efecto, las
diversas concepciones sobre la
naturaleza moldean el imaginario,
la perspectiva teológica, política y
fundamentalmente la ética de lo
vivo. Por último, las ciencias de la
mente están llamadas a ser pioneras
en los descubrimientos y, por tanto,
paradigma del cambio de una
visión compartimentada hacia una
perspectiva transdisciplinaria. Para
ello, la neurociencia y las ciencias
cognitivas bucean en los modelos
de conciencia, que afectan tanto a
las emociones (giro afectivo) como
también a la traslación del sujeto
poético en un espacio determinado.
Por otro lado, para las ciencias
actuales, la narración se convierte
en una herramienta epistemológica
esencial. Nos preguntamos ahora
por el papel que la narración tiene
en la misma constitución de la
realidad, una narración considerada
bajo un enfoque cognitivo pero
cuyo saber propio -así lo certica la
narratología- conoce desde antiguo
sus poderes de modulación de lo real.
La narratividad es una cualidad
textual transversal que ha recibido
constante atención en los
estudios literarios. Los aspectos y
modulaciones de la narración han
sido cuidadosamente diseccionados
para descomponer los textos en
unidades casi mínimas que rinden
bien dentro del análisis, aunque
el precio pagado haya sido un
reduccionismo que acaba aislando la
literatura del resto de textualidades.
Las nociones de la narratología
adquieren nuevos bríos a las
luces de la neurociencia y de los
estudios cognitivos sobre simulación
encarnada, pero además de esto
la narración es, en todo caso, un
fenómeno transmedial al que no
han renunciado las ciencias a la hora
de exponer sus elucubraciones y
anunciar sus descubrimientos.
En este número de Humanidades
las narraciones adquieren múltiples
inflexiones y, en ocasiones,
se disuelven en el puro tracto
expositivo para atender a la manera
en que las historias son emitidas
con el fin de transmitir ciencia,
entendida ahora en su acepción pura
de ‘conocimiento’. Las muestras
teatrales y las poéticas también tienen
cabida en tanto narran circunstancias
y posicionamientos ideológicos
de su tiempo, o tratan de explicar,
devanándose en la confección de
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pequeños elementos narrativos,
la inaprehensible complejidad
del universo puramente físico.
Los vertiginosos caminos de las
ciencias cuánticas llevan al cientíco
hacia un apasionante encuentro
con la conciencia y le muestra la
complejidad de un universo que
solo admite como lenguaje posible
las contranarraciones que suponen
las paradojas. Por este motivo, el
lector de este número encontrará
diferentes reflexiones sobre el
hecho de narrar en sus diversísimas
facetas de relación, comunicación,
exposición, análisis o incluso de
monumento a la memoria. Por
supuesto, también hay lugar a la
pura narración literaria, vehiculada
a través de textos hijos de la épica, y
a los mecanismos cognitivos, como
la empatía, que activa.
El presente número
El presente número comienza
a narrarse a sí mismo con tres
estudios seguidos por seis artículos.
El primer estudio lo rma Candelas
Gala, que se acerca a la ‘historia
de amor’ cósmico desplegado
en la obra de Clara Janés gracias
a su valiente aproximación a la
misteriosa naturaleza de lo físico y
a la brecha entre el microcosmos y
el macrocosmos abierta por la física
cuántica aunque anticipada, si bien
de forma diferente, por el anhelo
renacentista de encajar el hombre
en el universo al que pertenece. La
poesía de Janés sería entonces la
costura que trata de zurcir aquella
brecha que aún sigue asombrando
a los propios expertos, y para ello
no duda en asirse a las intuiciones
hinduistas, budistas o taoístas que
preconizaron una cosmovisión en
parte similar a la que hoy dibujan las
ciencias físicas de lo subatómico. La
aguja que permite hilvanar a la poeta
es por supuesto la metáfora, como la
que explica, en la tradición hinduista
y budista, la interrelación de todo
elemento constituyente del universo
mediante la imagen de la red del
dios Indra, compuesta por gemas
dispuestas de tal manera que todas
se reejan entre sí. De la mano de la
poeta y de la autora que la analiza, la
poesía intenta unir lo que la ciencia
separó desde hace al menos tres
siglos, como explicábamos desde
las primeras líneas de este proemio.
Por la brecha de la conciencia
indaga el estudio de Vicente Luis
Mora, que repasa las hipótesis
mecanicistas de su funcionamiento
y las que entienden la complejidad
de la mente humana como algo
irreducible a la metáfora de la
máquina. Por los distintos resquicios
que se abren entre esas posibilidades
transitan las historias de César Aira,
Mario Levrero y Ricardo Piglia,
exploraciones que aprovecha Luis
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Mora para criticar las inexiones
literarias que la idea de exoconciencia
adquiere en sus textos. Dado que
el tema de la conciencia ayuda a
definirnos en el contexto actual
de posthumanismo, cuando no de
antihumanismo, Aira aprovecha, y
Vicente Luis Mora nos explica, para
ironizar sobre estos vuelos teóricos
y las posibilidades que ofrecen de
engaño a los ingenuos. Levrero
expone lo que el delirio puede
decirnos sobre la conciencia, y Piglia
preere abonar los vericuetos de
la textualidad para imprimir sobre
las máquinas la signicación social
y política de la que la literatura no
puede desprenderse.
El siguiente estudio revisa las
electrizantes concomitancias entre la
‘obra’ de Hitler y la obra de Antonin
Artaud en un contexto histórico
bien conocido por todos. Su autor,
Francisco González Fernández,
bucea hasta la Ilustración y las
prácticas de ‘teatros anatómicos’
para rastrear la idea de crueldad
que maneja Artaud. Sirviéndose de
símiles importados de las ciencias
terapéuticas de su época, González
Fernández desarrolla la ambición
de un poeta que quiso sacudir a la
aletargada sociedad de su tiempo
mediante una literatura semejante
en efectos al electroshock que en
sus muchas estancias en centros
psiquiátricos recibió. En el fondo
del mítico encuentro entre Hitler
y Artaud en un café de Berlín late
precisamente el ‘mito’, esa narración
fundamental que, de manera muy
diferente, mueve a ambos, si acaso
no a cualquier individuo. Francisco
González Fernández, en un ejercicio
puramente epistemocrítico, logra
profundizar en la veta cientíca y
epistemológica que amparaba la
agitadora obra de Artaud y evidencia,
además, la naturaleza mítica que
todo discurso provee al artista que
bebe de los saberes cientícos para
fertilizar su producción.
La sección de artículos se abre con
la contribución de Elisabetta Vinci
que, desde Catania, uno de los centros
axiales de las neurohumanidades
actuales, desarrolla la historia del
concepto de empatía tal y como
se viene aplicando a los estudios
narratológicos en las dos últimas
décadas. No sale Vinci del ámbito
germanófono al que parcialmente
hacía referencia González Fernández
en su estudio, ya que aplica su análisis
de los fenómenos de la empatía en
la literatura a la obra de entreguerras
Fraülein Else, publicada en 1924 por
Arthur Schnitzler. El uso del ‘ujo
de conciencia’ y de monólogos
interiores, cuyos límites teóricos
desbroza con precisión Vinci, hacen
de la obra un ejemplo perfecto para
estudiar los mecanismos que sirven
a Schnitzler para provocar empatía,
reacción fundamental en la recepción
del texto literario cuya importancia,
aunque ya fuera detectada por
Aristóteles, está recibiendo solo la
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merecida atención en la neuroetapa
que están atravesando hoy los
estudios literarios.
El artículo de Lorenzo Piera
Martín se adentra en un terreno
aún menos atendido en la tradición
crítica que el de la empatía: los
textos literarios, bien completos o
bien como fragmentos insertados en
textos mayores, dedicados a ensalzar
la gura de un difunto, y que el autor
bautiza con destreza crítica como
‘egies’ literarias. Buena parte de
los procesos de duelo discurren
por cauces narrativos que ponen en
juego las capacidades cognitivas de
las que dispone el ser humano para
enfrentarse a la ausencia denitiva.
El autor aprovecha las circunstancias
especiales que impone el duelo
para rendir en el análisis cognitivo
de los procesos emocionales y
conceptuales que el sujeto paciente
activa para afrontar la fatalidad
propia o ajena. Además de ser un
análisis laborioso, el artículo de Piera
Martín demuestra nuevamente el
valor de los textos literarios para
estudiar procesos psicológicos
universales de los que la obra escrita
es huella y, por tanto, objeto de
estudio con aprovechamiento para
muchas disciplinas interesadas en la
psique humana.
Abonado ya el terreno de la
interdisciplinariedad, el necesario
artículo de Manuel González de
Ávila continúa el esfuerzo actual
de la semiótica por encajar los
procesos naturales y biológicos en
el andamiaje cultural y ampliar, al
tiempo, la esperanza de vida de una
disciplina fundamental en el siglo
pasado. González de Ávila marca
un nuevo hito en la imbricación
de la semiótica con la biología al
inaugurar en este artículo una pista
de despegue para una comprensión
de los fenómenos intersemióticos
amparada por los aspectos naturales
y fenomenológicos ínsitos en los
mismos y arraigados en procesos
perceptivos y en sus extensiones
neurocognitivas. De nuevo es el
recurso a la neurología lo que
impulsa una disciplina humanista,
en este caso la semiótica, a partir
del análisis cruzado de distintos
lenguajes y códigos y de los aspectos
biológicos comunes a ellos; análisis
que se despliega, esta vez con
asideros teóricos robustecidos
por las ciencias, hacia el ejercicio
intelectual de vuelos abstractos
que ponen en marcha los procesos
sígnicos en todas sus facetas.
De la neurología pura se alumbra
el artículo de Carlos López de
Silanes por su perfil profesional
médico, y que en este número
aparece en forma de separata en
la edición en papel. El neurólogo
desarrolla el concepto de evolución
en su cruce con lo biológico, lo
filosófico y lo antropológico y
desvela su naturaleza ideológica,
encarnada en nuestra realidad social.
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Tremendamente sugerente en su
lenguaje, López de Silanes entrecruza
versos con quehaceres cientícos
para mostrar su proximidad y para
arrojar nueva luz, en una labor
semejante a la de González de Ávila,
sobre lo semiótico. Su análisis de
esta disciplina se enriquece gracias a
los vacíos inevitablemente existentes
entre la realidad y el lenguaje, entre
la realidad y la materia ltrada por
las formas y por el remozamiento
que de todo ello hace la experiencia
fenomenológica del tiempo. El
artículo acaba por conuir lenguaje
con física para mostrar las tramas
que anudan el fenómeno físico con
el lingüístico en un alarde que la
naturaleza ofrece de la continuidad
integradora de todos sus elementos
constituyentes.
La reexión sobre la naturaleza
deviene en interés ecocrítico en
la contribución de Sofía Rosa,
que analiza en su trabajo la voz
preconizadora de Nicanor Parra
como una tercera vía en la política de
bloques implantada durante la guerra
fría, y que presentaría el ecologismo
como narrativa mediadora entre
capitalismo y comunismo. Para Parra
el ecologismo anunciaba el alba
de una nueva política y Sofía Rosa
examina aquí cómo el antipoeta se
comprometió con el ideario que él
imaginaba. La autora conecta la obra
de Parra con las ideologías políticas
del momento y observa cómo su
labor poética no buscaba persistir
únicamente en caracteres negros
sobre fondo blanco, sino trascender
a la realidad social mediante una era
llamada a la acción y a la militancia
política que no es única en el Chile
de su época. Parra pretendía así que
la antipoesía también fuera aquella
‘arma cargada de futuro’ e inundara
las calles y los muros apelando al
peatón que por ellas circula a pensar
en globalidad el mundo sociopolítico
y natural que habitaba.
Aproximándose al cierre del
número, el trabajo de Bernat Garí
Barceló continúa la reexión sobre
la historia de América, aunque se
remonta a los textos fundacionales
de las crónicas de Indias de Oviedo y
Acosta para encontrar el parentesco
existente entre estas narraciones
y las que Darwin o Lamarck
producirán cuando traten de explicar
la evolución de las especies. Al
emparejar las crónicas con textos
de biólogos esenciales, Garí Barceló
atiende a las relaciones entre historia
y ficción, consiguiendo de paso
agrietar la denición tradicional de
esta última dado que alimenta a las
ciencias naturales en su especulación
teórica y, sobre todo, en la base
losóca y en las cosmovisiones que
estas acaban por sustentar.
Carlos Gámez y Juan Francisco
Campo enlazan con el trabajo
anterior pues continúan disertando
sobre la inscripción que en la
literatura realizan las distintas
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Mauricio Cheguhem Riani es responsable intelectual del 50% del trabajo que fundamenta la investigación de este estudio y
Benito Elías García Valero del 50 % restante.
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epistemes de las épocas históricas,
centrándose sobre todo en la obra
de John Banville, complejo textual
tejido por los hilos de las distintas
epistemologías que ha fundado
Occidente. Desde el hilo dorado
del platonismo al sintético del mix
posmoderno, Banville permea las
creencias de su tiempo y de los
anteriores para cristalizar unos
avatares cientícos que nos enseñan
hoy los conflictos intelectuales
animados por la discusión y el
debate académico.
Por último, la entrevista de Víctor
Bermúdez al poeta canadiense
Gilles Cyr, cuya obra ha sido
reconocida con el Prix du Guverneur
général en 1992, ilumina sobre los
procesos creativos, el diálogo entre
literatura y ciencia y su capacidad
para movilizar el pensamiento. La
búsqueda temprana de dicho poeta
en los terrenos cientícos ha sido un
gesto de disenso frente a la corriente
comprometida de su época, pero
abre un espacio de reexión sobre el
aporte epistemológico de la ciencia
sobre el campo de la literatura.
Es por esta razón que el poeta
no divorcia las competencias de
investigación y creación, sino que
las anuda bajo «experiencias del
pensamiento». Resulta notorio,
en este sentido, la búsqueda de la
ciencia por acercarse al espacio,
puesto que es allí donde se congura
lo real y el pensamiento poético.
Mauricio Cheguhem Riani
Universidad de Salamanca
mauriche8@gmail.com
ORCID iD: hps://orcid.org/0000-0003-3286-0278
Benito Elías García Valero
Universidad de Alicante
benito.garcia@gcloud.ua.es
ORCID iD: hps://orcid.org/0000-0002-4141-511X
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Cheguhem Riani, Mauricio y Benito Elías García Valero. “Un puente entre dos culturas”.
Humanidades: revista de la Universidad de Montevideo, nº 6 (2019): 9-18.
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