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Abstract

Tan fascinantes como el ser mitológico que les da nombre, las medusas resaltan por su “fantasmal” aspecto, sus versátiles formas de reproducción sexual y otras particularidades. Las hidromedusas son una clase importante de estos invertebrados, son microscópicas y algunas presentan un enorme potencial para la medicina (cáncer, alzhéimer y párkinson), como la Aequorea victoria con su proteína verde fluorescente.
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hidromedusas
Diminutas y valiosas
Monterrey Bay Aquarium Research Institute
MA. DE LOS ÁNGELES MENDOZA BECERRIL
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Ecofronteras, 2019, vol. 23, núm. 67, pp. 30-33, ISSN 2007-4549 (revista impresa), E-ISSN 2448-8577 (revista digital). Licencia CC (no comercial, no obras derivadas); noticar reproducciones a llopez@ecosur.mx
Tan fascinantes como el ser mitológico que les da nombre, las medusas resaltan por su “fantasmal” aspec-
to, sus versátiles formas de reproducción sexual y otras particularidades. Las hidromedusas son una cla-
se importante de estos invertebrados, son microscópicas y algunas presentan un enorme potencial para la
medicina (cáncer, alzhéimer y párkinson), como la Aequorea victoria con su proteína verde uorescente.
De Medusa a medusa
M
edusa es uno de los personajes
más famosos de la mitología grie-
ga, identicada por su capacidad de
convertir en piedra a quien la mirara a los
ojos y por tener serpientes en lugar de ca-
bello. La imagen de los reptiles agitándose
en su cabeza se ha ligado a otras criaturas
enigmáticas y antiguas, pero muy reales,
que habitan las aguas del mundo desde
hace millones de años: las medusas.
Los tentáculos de estos animales inver-
tebrados son su asociación con las serpien-
tes de la Medusa mitológica, debido a que
ondulan en el agua y sobresalen de una
estructura semiesférica llamada umbre-
la o campana. A las medusas se les cono-
ce como aguamalas, aguavivas o lágrimas
de mar, y presentan una gran diversidad
de formas y tamaños. Pertenecen al lo
Cnidaria y se agrupan en cuatro clases:
Staurozoa (estauromedusas), Cubozoa
(cubomedusas), Scyphozoa (escifomedu-
sas) e Hydrozoa (hidromedusas). Los co-
rales y anémonas o ores de mar (clase
Anthozoa) son parientes muy cercanos y
se incluyen en el mismo lo. Todos son ani-
males marinos en su mayoría, pertenecen
al lo Cnidaria y anteriormente eran cono-
cidos como celentéreos o celenterados.
Existen algunas medusas tan pequeñas
como una semilla de ajonjolí (4 milímetros)
o incluso menores a 1 milímetro (hidrome-
dusas), a la par de especies bastante gran-
des, como la escifomedusa melena de león
(Cyanea capillata), cuyo cuerpo mide dos
metros de diámetro y sus tentáculos se des-
pliegan a más de 36 metros, incluso más
extensos que la ballena azul (33 metros).
Las medusas son organismos gelatino-
sos y poco visibles, muchas por su peque-
ño tamaño y en general por su estructura
corporal, pues son transparentes, con co-
loraciones en varios casos, y lucen como
extraños y bellos animales traslúcidos. La
transparencia se explica por su constitu-
ción: alrededor del 95% de su cuerpo es
agua.
Asimismo, carecen de cerebro, cora-
zón, tráquea, branquias y otros órganos,
pero cuentan con estructuras sensoriales,
receptores nerviosos y sistema muscular. A
pesar de que su constitución es simple, sus
métodos de reproducción no lo son tanto;
la palabra exacta para describirlos es ver-
satilidad: se reproducen tanto sexual como
asexualmente en varias modalidades: se
autodividen, producen clones o forman
grupos de células que llegan a crear nue-
vos individuos.
La mayoría de las medusas no presen-
tan riesgos mayores para el ser humano,
aunque ningún encuentro es agradable.
Si en una playa entramos en contacto con
una medusa, podemos experimentar ardor,
dolor o erupciones como efecto de la in-
yección de sustancias tóxicas almacenadas
en diminutas cápsulas llamadas cnidocitos.
Estas cápsulas, del tipo nematocisto (urti-
cantes) y de solo 0.002 milímetros, cubren
sus tentáculos y disparan su contenido ins-
tantáneamente al menor roce con un cuer-
po extraño; les sirven para defenderse y
para atrapar presas.
Medusas
baby
Las hidromedusas son muy peculiares de-
bido a su microscópico tamaño y nula o
ligera coloración; popularmente son cono-
cidas como medusas baby. En México han
sido estudiadas desde 1897 por cientícos
extranjeros y nacionales. En 2003, la es-
pecialista en zooplancton María de Lour-
des Segura-Puertas y sus colaboradores
listaron la presencia de 150 especies de
hidromedusas en las costas del país y has-
ta la fecha no se ha actualizado esta in-
formación.
María A. Mendoza-Becerril, Laura López Argoytia y José Agüero
Habitan en todos los océanos, desde
los polos hasta los trópicos, y a diferen-
tes profundidades; sin embargo, también
se encuentran en cuerpos de agua dulce y
salobre. Al igual que los otros grupos, se
desplazan de arriba hacia abajo y viceversa
con las contracciones de su cuerpo, mien-
tras que para moverse horizontalmente se
dejan llevar por el viento y las corrientes.
A pesar de que su distribución es am-
plia, las hidromedusas ocupan principal-
mente los ambientes de las costas marinas.
Su diversidad y abundancia están sujetas
a las condiciones climáticas; los años más
secos y con menos lluvias parecen favore-
cer su proliferación.
Hidropólipos e hidromedusas: dos
caras de una misma moneda
A diferencia de otros animales que clasi-
camos solo como hembras y machos, las
hidromedusas presentan dos fases en su
ciclo de vida, lo que se denomina ciclo di-
mórco: hidropólipos asentados en un sus-
trato e hidromedusas de movilidad libre. La
mayor parte atraviesan la etapa de hidro-
pólipo y pueden integrar colonias de mu-
chos individuos o permanecer en solitario.
Durante su primer periodo se suelen jar
a un sustrato natural (algas, conchas, co-
rales, esponjas, rocas) o articial (boyas,
embarcaciones hundidas, muelles, plan-
tas de energía hidroeléctrica, sistemas de
maricultura). Cuando alcanzan la madurez
sexual, producen y liberan hidromedusas
femeninas y masculinas.
La misión de las nuevas criaturas es dar
vida a otros hidropólipos e hidromedusas,
ya sea en su lugar de origen o en otro si-
tio favorable. Al llegar a la adultez se pre-
paran para reproducirse, las hidromedusas
femeninas liberan óvulos y las masculi-
nas espermatozoides; la unión de ambos
gametos origina un huevo fertilizado que
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¿Relaciones peligrosas?
Las hidromedusas son depredadoras vo-
races y necesitan consumir alimento de
manera constante. Debido a que viven
suspendidas en la columna de agua como
parte del plancton, se alimentan principal-
mente de pequeños invertebrados y larvas
de peces. Con un mecanismo que recuer-
da a las arañas pendientes de los insectos
que caen en su telaraña, las hidromedusas
detectan y localizan a sus presas median-
te sus vibraciones al moverse por el agua
y las atrapan con sus tentáculos. Median-
te los cnidocitos paralizan al animal captu-
rado, para luego digerirlo en su estómago
(conocido también como manubrio).
Si estos invertebrados abundan en una
localidad costera, pueden perjudicar a los
bañistas. A la fecha, en México no se ha
se pueden llegar a especializar en la captu-
ra de alimentos (gastrozoides), otros en la
reproducción (gonozoides) y otros para de-
fensa (dactilozoides).
Las relaciones entre las etapas de hidro-
pólipo e hidromedusa son muy interesantes,
particularmente en el caso documentado de
una especie conocida como “medusa inmor-
tal”, la Turritopsis nutricula. Siendo adul-
tas pueden regresar al estado de pólipo,
como si una mariposa volviera a ser crisá-
lida. El proceso podría repetirse de manera
indenida y cabe suponer que no enveje-
cen; desde luego, son susceptibles de ser
mortalmente afectadas por enfermedades,
cuestiones climatológicas o ambientales y
por ataques de depredadores, por ejemplo,
peces o babosas de mar.
se transforma en una larva libre nadado-
ra, conocida como plánula. Si la larva está
destinada a convertirse en hidropólipo,
buscará un sustrato en el cual establecer-
se, o bien, seguirá creciendo hasta formar
una medusa. Existen hidromedusas que no
presentan la fase de hidropólipo y también
hay hidropólipos que carecen de una fase
de hidromedusa.
Las hidromedusas se dividen en dos
subclases: traquilinas e hidroidolinas. En el
mundo existen 150 especies de las prime-
ras y más de 3 mil de las segundas. Los
hidropólipos de las traquilinas suelen ser
muy pequeños, de menos de 1 milímetro,
o a veces no se presenta esta fase. Por su
parte, los de las hidroidolinas a menudo
son coloniales y se agrupan como si fue-
ran un solo organismo en el que algunos
La clase Cubozoa o cubomedusas, conocidas también como medusas en forma de caja, contie-
nen especies de riesgo para el ser humano, por ejemplo, las diminutas irukandji (Carukia barne-
si y Malo kingi) o la avispa de mar (Chironex eckeri). Las hidromedusas (Hydrozoa) y las otras
dos clases no representan en lo absoluto estos niveles de peligro, salvo que su veneno pudiera
ocasionar una reacción alérgica.
Hidropólipo. Las pequeñas esferas en la parte superior podrían convertirse en medusas.
HUMBERTO BAHENA
HUMBERTO BAHENA
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asociado ninguna hidromedusa con la lla-
mada dermatitis o erupción del bañista
marino, que es la inamación de la piel por
el contacto con los cnidocitos. Los únicos
casos registrados en nuestro país por Ma-
ría de Lourdes Segura-Puertas y colabora-
dores en 2001, se presentaron en el Caribe
mexicano y fueron causados por la medusa
dedal Linuche unguiculata, que no pertene-
ce a la clase de las hidromedusas sino a la
de escifomedusas. Sin embargo, en otras
naciones, la afectación sí se debió a hidro-
medusas, la medusa tapioca Liriope tetra-
phylla en Argentina.
Potencial en la medicina
Si bien es cierto que ocasionalmente las hi-
dromedusas limitan la disponibilidad de re-
Las llamadas medusas carabelas o fragatas portuguesas son agregaciones del sifonó-
foro Physalia physalis —los sifonóforos o cadenas de medusas, son un grupo de la cla-
se Hydrozoa—, a las que se les ve otando en algunas zonas de los océanos Pacíco,
Índico y Atlántico. Se trata un organismo colonial formado por quizá unos mil ejem-
plares, que actúan como si fueran uno solo; pueden ocasionar daños al ser humano.
cursos para otros animales, además de la
factibilidad de causar algún impacto en la
salud de los turistas en las playas, también
es indiscutible que son útiles para estudiar
y entender procesos biológicos en las células
humanas, como el desarrollo y propagación
de las células cancerosas y la formación de
nuevas células nerviosas (neuronas) en el
cerebro. Esto es posible gracias a la proteí-
na verde uorescente (GFP, por sus siglas
en inglés), cuyo descubrimiento y desa-
rrollo es fruto del trabajo de los cientícos
Osamu Shimomura (Japón), Martin Chale
y Roger Y. Tsien (Estados Unidos), que los
hizo acreedores al Premio Nobel de Quími-
ca en 2008.
En 1962, Osamu Shimomura descubrió
la GFP, molécula extraída de la hidromedu-
sa Aequorea victoria, comúnmente llama-
da medusa gelatina de cristal, que ostenta
un brillo verde cuando se ilumina con luz
ultravioleta. En 1994, Martin Chale de-
mostró que dicha proteína puede utilizarse
como marcador genético en un segmen-
to de ADN (molécula que codica la infor-
mación genética y es única e irrepetible en
cada ser vivo); en otras palabras, sería fac-
tible usar esa luz para identicar un grupo
determinado de células en un organismo.
Finalmente, durante la década de
1990, Roger Y. Tsien esclareció cómo la hi-
dromedusa produce su luz brillante y logró
cambiar el color para rastrear diferentes
proteínas y procesos biológicos en las célu-
las de manera simultánea, haciendo que la
GFP esté disponible prácticamente en todo
el espectro de luz visible, lo que permite
hacer marcajes multicolores y estudiar di-
ferentes moléculas al mismo tiempo. Por lo
tanto, hoy en día los investigadores son ca-
paces de colorear individualmente las célu-
las y crear así un diagrama colorido de los
componentes conectados de un órgano en
especíco, con el cual es posible identicar
los elementos defectuosos que se encuen-
tran involucrados en enfermedades como
el cáncer, alzhéimer y párkinson.
Con la información brindada en este
artículo, es posible apreciar que las hidro-
medusas interactúan activamente con el
ambiente y con el ser humano. Su estudio
es relevante para conocer su diversidad y
así prever, tratar o mitigar los impactos ge-
nerados cuando son abundantes, y desde
luego, aprovechar sus bondades y entender
mejor a estos diminutos y valiosos seres.
María A. Mendoza-Becerril es Cátedra CONACYT en el Centro de
Investigaciones Biológicas del Noroeste en Baja California Sur
(m_angelesmb@hotmail.com). Laura López Argoytia es coor-
dinadora de Fomento Editorial de ECOSUR (llopez@ecosur.mx).
José Agüero es escritor y comunicador cientíco independiente
(j_zans@yahoo.com).
Monterrey Bay Aquarium Research Institute
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Los medusozoos están divididos en cuatro subgrupos: Staurozoa (estauromedusas o medusas pedunculadas), Cubozoa (cubomedusas o medusas caja), Scyphozoa (escifomedusas y escifopólipos) e Hydrozoa (hidromedusas, hidropólipos y sifonóforos o cadenas de medusas). Los medusozoos son importantes desde el punto de vista evolutivo, ecológico, económico y social. Sin embargo, por más de un siglo los trabajos desarrollados en torno a los medusozoos en México han sido limitados, tanto para medusas como para pólipos, en el campo científico y de divulgación.
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