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El perfil de las elites pecheras en los concejos bajomedievales: prácticas y trayectorias. Piedrahíta en el siglo XV

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Abstract

El estudio de la documentación concejil de Piedrahíta da cuenta de la creciente consolidación de miembros provenientes del estamento pechero que a lo largo del siglo XV ocupan cargos políticos y de gestión tanto a nivel urbano como a nivel rural, al mismo tiempo que desarrollan procesos de acumulación de distinto tipo. El seguimiento de algunas de las figuras destacadas de los no privilegiados permite aportar a la caracterización de las prácticas, estrategias y trayectorias de dichos sectores en los siglos bajomedievales. Palabras claves: elites pecheras-prácticas-trayectorias- Piedrahíta-Siglo XV Title: The profile of the elites pecheras in the late medieval councils: practices and trajectories. Piedrahíta in the Fifteenth Century.
El perfil de las elites pecheras en los concejos bajomedievales: prácticas y
trayectorias. Piedrahíta en el siglo XV
e profile of the elites pecheras in the late medieval councils: practices and trajectories. Piedrahíta in the Fieenth
Century.
Rocío Bello Gay
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires-CONICET,
Argentina
rociobellogay@gmail.com
Resumen:
El estudio de la documentación concejil de Piedrahíta da cuenta de la creciente consolidación de miembros provenientes del
estamento pechero que a lo largo del siglo XV ocupan cargos políticos y de gestión tanto a nivel urbano como a nivel rural, al
mismo tiempo que desarrollan procesos de acumulación de distinto tipo. El seguimiento de algunas de las figuras destacadas de
los no privilegiados permite aportar a la caracterización de las prácticas, estrategias y trayectorias de dichos sectores en los siglos
bajomedievales. Palabras claves: elites pecheras-prácticas-trayectorias- Piedrahíta-Siglo XV Title: e profile of the elites pecheras
in the late medieval councils: practices and trajectories. Piedrahíta in the Fieenth Century.
Palabras clave: Elites pecheras, Prácticas, Trayectorias, Piedrahíta, Siglo XV.
Abstract:
e aim of this article is to deepen the understanding of the elites pecheras in Piedrahíta council. rough the fieenth century
members from the unprivileged estate consolidate their position occupying political positions and local offices at both urban and
rural levels, at the same time as the devolpdifferent types of accumulation processes. e analysis of some of these outstanding
figures contributes to the characterization of their practices, strategies and trajectories in the late medieval centuries.
Keywords: Elites pecheras, Practices, Trajectories, Piedrahíta, Fieenth century.
1. Introducción
En las últimas décadas la historiografía castellana ha puesto de relieve la diferenciación social que
atraviesan las comunidades tributarias en los siglos bajomedievales. Diversos autores dedicados a la historia
social revisan la extendida imagen de comunidades rurales homogéneas y ponderan la existencia de procesos
de acumulación de sectores provenientes del estamento pechero. En este sentido, a partir de la década del
’80 diversos hispanistas recuperan los aportes centrales de la escuela marxista británica, que en el marco del
debate de la transición del feudalismo al capitalismo, enfatiza los procesos de acumulación económica de un
sector superior en las aldeas, protagonista de las transformaciones del campo inglés en los últimos siglos de
la Edad Media y primeros siglos de la Edad Moderna.
La perspectiva de esta escuela, con Maurice Dobb (1975; 1982) y Rodney Hilton (1974; 1975; 1982;
1988) como máximos exponentes, se presenta como clara heredera de los estudios de Lenin (1957) de finales
del siglo XIX, quien pone el foco en el papel de los mecanismos económicos de la diferenciación social y la
consecuente descomposición de las comunidades en el surgimiento del capitalismo en Rusia. Reconoce Lenin
la división del campesinado en dos clases: por un lado, el polo superior de las comunidades al que caracteriza
como una burguesía agraria, que posee tierras de mayores dimensiones, comercializa su producción, contrata
Sociedades Precapitalistas, vol. 9, e038, enero-diciembre 2019. ISSN 2250-5121
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios de Sociedades Precapitalistas (CESP)
DOSSIER / DOSSIER
Acción política y comunidad en la baja Edad Media
Esta obra está bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/deed.es_AR
Recepción: 18 de diciembre de 2018 | Aceptación: 11 de marzo de 2019 | Publicación: 03 de mayo de 2019
Cita sugerida: Bello Gay, R. (2019). El perfil de las elites pecheras en los concejos bajomedievales: prácticas y trayectorias.
Piedrahíta en el siglo XV. Sociedades Precapitalistas, 9, e038. https://doi.org/10.24215/22505121e038
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mano de obra asalariada y realiza reinversiones productivas; y el inferior, compuesto por una mayoría de
campesinos pobres que vende su fuerza de trabajo, a pesar de conservar una pequeña porción de tierra.
Desde esta línea interpretativa, la mayoría de los historiadores marxistas que participan del debate inicial
de la transición postulan el surgimiento de relaciones capitalistas en el marco de la pequeña producción
campesina y al estrato superior del campesinado como el principal agente de la transformación de las
relaciones de propiedad al experimentar un proceso de acumulación económico de nuevo tipo. En esta
dirección, describen las distintas actividades y estrategias de acumulación puestas en práctica por un “tipo
distinto de ricos” surgido al interior del campesinado (Hilton, 1988: 134), cuyas formas de explotación
anticipan la agricultura capitalista, destinando la mayor parte de su excedente a la venta y ampliando la
extensión de sus parcelas (Dyer, 1984, 1998).
El camino trazado por esta escuela será sumamente influyente entre los hispanistas; numerosos autores
dedicados a la historia agraria, a partir de estudios de carácter local, comprueban para el área castellana
la existencia de procesos de acumulación en el marco de las aldeas castellanas y describen las actividades
productivas de los sectores no privilegiados provenientes del medio rural. (Asenjo González, 1984; Oliva
Herrer, 2008; Borrero Fernández, 2015, 2008; Sánchez Benito, 2008; Clemente Ramos, 2011, 2004;
Astarita, 2005). No obstante la riqueza de dichos aportes, entendemos que en cierta medida el influjo de la
narrativa británica y su interés en la génesis de relaciones capitalistas ha llevado a la construcción de modelos
dualistas que identifican de manera unilineal los procesos de acumulación con la emergencia de relaciones
de nuevo tipo.
Asimismo, observamos que entre los trabajos del área concejil castellana persiste una separación entre los
análisis dedicados a las formas de organización y participación política de los no privilegiados –tanto urbanos
como rurales (Monsalvo Antón, 1989, 2011b, 2004, Diago Hernando, 1990; Jara Fuente, 2002; 2002-2003)-
y los estudios de corte económico que en las dos últimas décadas parecen haber perdido terreno en la agenda
historiografía.
Estas últimas falencias pretenden ser resueltas por los recientes trabajos sustentados en clave de la sociología
de las elites, los cuales se presentan como una superación de las “estrecheces” o “constricciones” de los análisis
clásicos. Las nuevas variables, como el prestigio entre sus pares, la influencia en las respectivas comunidades
y los atributos políticos, configuran aspectos fundamentales de los nuevos planteos historiográficos. En
el marco de la revitalización general en todo el espacio europeo de la categoría de “elites rurales” y en el
caso español de la noción de las “elites pecheras”, se busca dar cuenta de la amplitud y heterogeneidad
de los sectores superiores comunitarios que se destacan por su situación económica, pero también por su
posición política o de reconocimiento social (Domínguez de la Concha, 2016; Aparisi Romero, 2013; Guinot
Rodríguez, 2010; Menant y Jessenne, 2007; Feller, 2015, 2003).
Sin embargo, la adopción de dicha categoría no ha significado necesariamente un avance en el
conocimiento del tipo de prácticas de estas minorías. En particular, se ha abandonado la preocupación por
comprender el carácter de la acumulación desarrollada por estos grupos, así como se ha tendido a englobar
de manera indiferenciada a todos los sectores que gozan de alguna cuota de preeminencia comunitaria. En
el presente artículo, a partir del análisis empírico de un concejo particular, nos proponemos aportar a la
caracterización del tipo de acumulación llevada adelante por los sectores pecheros, considerando la incidencia
en estos desarrollos del acceso a las instancias de gestión política.
2. Piedrahíta en el siglo XV
El presente estudio se concentra en el seguimiento de algunos sectores prominentes de los pecheros de la
comunidad de villa y tierra del concejo de Piedrahíta durante el siglo XV. Para ello es necesario precisar
algunas de las características de dicho concejo. Perteneciente al alfoz de Ávila, esta villa es separada del espacio
de realengo para formar -junto con las villas de El Barco, El Mirón, La Horcajada y Bohoyo- el señorío de
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Valdecorneja. Aunque no es objeto de tratamiento aquí, la villa de Piedrahíta es sometida a una serie de
vaivenes jurisdiccionales,1pero ya para el siglo XV, ha sido otorgada al poderoso linaje nobiliario de los Álvarez
de Toledo. (Luis López, 1987; Moreno Núñez, 2007, 1992; Calderón Ortega, 2005, 1994).
Al igual que la mayoría de los concejos extremeños, el concejo de Piedrahita atraviesa en los siglos
bajomedievales un proceso de cierre mediante el cual los cargos de gobierno, administración y justicia del
concejo quedan en manos de una minoría de privilegiados proveniente de los caballeros. Aún cuando se
encuentra mediatizado por la presencia señorial que incide en las designaciones e impone oficiales tales como
el alcalde mayor, la minoría dirigente controla el ejercicio efectivo de los principales cargos concejiles. En este
sentido, su organización política no sufre modificaciones sustanciales pese a la señorialización.2
El tamaño relativamente reducido del concejo incide en las características de su elite dirigente que,3 por
un lado, tiene una intensa participación en el gobierno de la villa, y por otro, se involucra de manera activa
en procedimientos administrativos y en la ejecución de las medidas del ayuntamiento (Luchía, 2019).4 Del
mismo modo, la dimensión limitada de la comunidad es un factor que influye en la importante presencia
pechera en la gestión local. En este sentido, pese a su carácter señorializado, Piedrahíta no constituye una
excepción en relación a la capacidad de participación de los pecheros de la villa y tierra castellanos, aún
cuando estos se encuentran excluidos de las instancias superiores del poder municipal. (Monsalvo Antón,
1989, 2011b, 2004, Diago Hernando, 1990; Jara Fuente, 2002; 2002-2003).5
A lo largo de la documentación concejil se observa una intensa intervención de los pecheros principalmente
en las cuestiones ligadas a la fiscalidad. Prácticamente en la totalidad de los registros de repartimientos de
distinta índole- correspondientes a las obligaciones regias y señoriales- se verifica la presencia de sectores
tributarios. Hasta mediados del siglo XV, la referencia documental a la asistencia de representantes pecheros
al ayuntamiento señala un menor grado de institucionalización, de allí las fórmulas genéricas con que se los
registra. Cuando las autoridades concejiles se reúnen para tasar y derramar los pechos, se encuentran presentes
“otros omnes buenos pecheros de la villa e de la tierra”, “pieca de los pecheros de la villa e de la tierra”, “ciertos
pecheros de la dicha villa e quartos e de la tierra”, “vezinos y moradores de los logares de la dicha villa e su
término”. (Luis López, 2007)
No obstante, el procurador del concejo, quien ejerce la máxima representación del colectivo, se destaca
por su protagonismo de manera temprana. Desde inicios del siglo, en 1406, encontramos documentada
su asistencia a las reuniones del concejo en las cuales, al igual que en toda el área castellana, tenía voz
pero no voto. Elegidos anualmente por el común, quienes ocupan dicho cargo pertenecen al estado de los
contribuyentes siendo personas “llanadas, abonadas de buena familia y conciencia”.6 A diferencia de los demás
oficios pecheros, se lo menciona de manera diferenciada a lo largo de todo el siglo XV no solamente en los
registros de repartimientos sino también en las distintas disposiciones o transacciones que realiza el concejo.
El cargo de procurador es recompensado con 300 maravedís de salario, equivalente al que reciben los
regidores y mayordomos, a lo que se adicionan sumas de dinero por el cumplimiento de ciertas obligaciones
específicas como las visitaciones a los sexmos o salidas fuera de la tierra. Esto puede observarse en los libros
de gastos del concejo. Tomemos como ejemplo a Juan Alonso de Úbeda quien cumple esta tarea política en
1460. El concejo le paga su salario (Monsalvo Antón, 2011a: 185; Del Ser Quijano, 2010, 169: 170), pero
también diversas cantidades de maravedíes por tareas que realiza para el concejo, como ir con los alcaldes y
regidores a ver el agua del río que atajaban los de la aldea de Navahermosa impidiendo que llegara a la villa,
tomar medidas de la Sierra de la Gata y elaborar una escritura del concejo (Monsalvo Antón, 2011a: 192; 200;
202). Si bien estas cuantías no representan sumas elevadas, desempañarse como procurador trae asociados
otros beneficios. Por un lado, gozan de algunas exenciones, desde julio de 1464 se los exime -junto con el
mayordomo y escribano “por ser oficiales del dicho concejo”- de acoger huéspedes en su casa cuando el señor
de Valdecorneja visita la villa y de que se les tomara ropa de sus casas (Luis López, 2012, 89: 135).
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Por otro lado, el principal atractivo del cargo se encuentra ligado a los contactos que el mismo ofrece. La
procuraduría del concejo parece transformarse en uno de los escalones obligados de las familias pecheras con
proyecciones sociales en la villa. La participación en el remate de bienes de propios y el arriendo de rentas
concejiles forma parte de las actividades más rentables de muchas de estas figuras. Sigamos con Alonso de
Úbeda. El primer registro en este sentido es de 1458 cuando Juan González el Viejo le traspasa la mitad de la
renta del peso del concejo que le había sido rematada en pública subasta (Del Ser Quijano, 2010, 124: 255).
En los años siguientes remata la carnicería junto con don Salomón Cohen (Luis López, 2012, 4: 37), puja
por la renta del peso del concejo y recibe 100 maravedís por la alcabala del pescado fresco que se vende en la
villa (Monsalvo Antón, 2011a: 219; 196).7 Como veremos, su trayectoria no es excepcional.
Asimismo, el análisis de la documentación refleja que pese a la duración anual del cargo, los nombres de
sus ocupantes se repiten a lo largo del siglo XV. Del mismo modo que dentro de la elite privilegiada de la
villa prima la consolidación de familias dirigentes, dentro del común se verifica la aparición no solamente de
individuos destacados sino también de sus parientes cercanos que acceden a cargos políticos relevantes. Esta
lógica familiar es un posible indicio de la conformación de linajes pecheros con cuotas significativas de poder
en la comunidad. El seguimiento de estas figuras en los registros concejiles nos permite establecer un primer
perfil de los sectores prominentes de los tributarios.
Los Fernández de los Caños, familia cuyos miembros se destacan a lo largo de todo el siglo XV, constituyen
un ejemplo paradigmático en este sentido. En 1426, Alfonso Fernández de los Caños es mencionado como
cogedor del servicio de los señores por el cuarto de Cavalleruelos y en la década siguiente como procurador
del concejo en años sucesivos -1435, 1436, 1437 y 1439- participando de las reuniones del ayuntamiento en
transacciones sobre tierras, reparto de pechos y actuando como testigo de disposiciones concejiles (Calleja
Puerta, 2010: 201, 202; Luis López, 2007: 46, 49, 50, 66, 125).
No obstante, la destacada posición de los Fernández de los Caños se consolida hacia la mitad de la centuria
cuando Diego Fernández de los Caños y su hermano Alonso alcanzan posiciones centrales en el concejo de
la villa.8 El primero se desempeña como mayordomo del concejo en 1450 (Luis López, 2011: 169, 174, 178;
Del Ser Quijano, 2010, 13: 65). La elección de los candidatos a la mayordomía en Piedrahíta recae en la
justicia, regidores y procurador del concejo y cuenta con la aprobación del señor, lo que evidencia que aquellos
que ocupan este puesto deben gozar tanto de conexiones con la elite dirigente como de la voluntad señorial.
Si bien ha sido señalado que se trata de un puesto menor en relación a los principales oficios concejiles,9 el
mayordomo, que actúa a su vez como tesorero, maneja importantes recursos líquidos. Aunque era supervisado
por las demás autoridades de la villa, tiene a su cargo todos los ingresos de rentas, propios y penas del concejo,
lo que podría habilitar oportunidades de enriquecimiento. (Luis López, 1987: 280-281). Por su parte, Alonso
Fernández de los Caños ocupa la procuraduría en 1456 y 1457 y representa a los pecheros en la toma de
cuentas al mayordomo en 1458. (Monsalvo Antón, 2011a: 77, 111, 118; Del Ser Quijano, 2010: 112, 113,
114, 118, 120).
La posición destacada de la familia en la dinámica política de la villa se corresponde con una activo
involucramiento en transacciones comerciales con el concejo. Entre 1447 y 1460, Diego Fernández de los
Caños recibe en varias oportunidades ciertas sumas de dinero por carreteadas de piedra y cal para diversas
obras del concejo, por el riego de las pasturas (Luis López, 2011: 149, 200, 228; Monsalvo Antón, 2011a:
46, 47, 143, 147, 148, 149, 162, 186, 187, 191, 200, 203) y mil maravedís por “cierto alcance que él fizo al
concejo desta villa el año que el fue mayordomo” (Luis López, 2011: 252).10
Hacia finales de la década de 1460, los Fernández de los Caños consolidan su relevancia política. Aunque
no podemos establecer con certeza que se trate de los mismos personajes, de manera indudable estamos frente
a individuos de la misma familia: Alonso Fernández de los Caños se desempeña como mayordomo de la villa
en 1467 (Del Ser Quijano, 2016, 26, 31, 33; Beltrán Suárez, 2011: 37), mismo año en que el concejo se ayunta
en su propia casa lo que marca su rol prominente en la comunidad (Del Ser Quijano, 2016, 15); en tanto
que Diego Fernández de los Caños es procurador en 1474 y actúa como testigo en 1476 (Del Ser Quijano,
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2016, 75, 79, 81, 93; Álvarez Fernández, 2011, 34, 35, 55). Es necesario destacar que más allá del acceso a los
oficios urbanos, ambos son mencionados como labradores lo que da cuenta de su condición rural (Beltrán
Suárez, 2011: 127).11
Los Sánchez Sastre son otro ejemplo emblemático del protagonismo de cierta fracción de los no
privilegiados en la dinámica concejil, tanto por su desempeño público como por la destacada participación
en el arriendo de rentas y bienes de propios del concejo. Al igual que los Fernández de los Caños, representan
a los pecheros y ocupan la procuraduría y mayordomía de la villa en distintas oportunidades desde fines de la
década de 1440. Pedro Sánchez Sastre es mayordomo del concejo en 1449, actúa en nombre de sus pares en
la toma de cuenta al mayordomo en 1462, es procurador en 1466 y oficia como testigo en diversas ocasiones
(Del Ser Quijano, 2010, 8, 112, 129; Monsalvo Antón, 2011a: 216, 217, 218; Tena García, 2011: 58, 64).
Por su parte, su hijo Diego Sánchez Sastre también participa en 1458 en la toma de cuenta al mayordomo
Lope García y ejerce como procurador del concejo en 1461, 1466, 1469, 1470 y en 1471. (Monsalvo Antón,
2011a: 2, 3, 64, 118, 214; Del Ser Quijano, 2016, 56; Beltrán Suárez, 2011: 87, 96, 98, 109, 110, 114,116,
130, 138, 143). Su relevancia política también conlleva su intensa actuación como testigo de las distintas
disposiciones concejiles (Monsalvo Antón, 2011a: 65, 67, 77, 220, 221, 225).
Como hemos señalado, la implicancia política de ambos es acompañada por su intervención constante en
el arriendo de rentas concejiles. Ya en 1452, Pedro Sánchez Sastre arrienda la renta del pan con Lope García
y con Samuel Pinto y la renta del peso con Abraham Cohen (Del Ser Quijano, 2010, 2, 41). Unos años más
tarde, en 1457, 1459 y 1462 se repite el arriendo de la renta del peso nuevamente con Lope García, por un
valor de 9 mil, 13 mil y 15.400 maravedís respectivamente (Del Ser Quijano, 2010, 163; Tena García, 2011:
65). En 1462 arrienda también las rentas de las penas y en 1464, con otros vecinos, la renta de la cerca en 25,
200 maravedís (Luis López, 2012, 43; Tena García, 2011: 131, 132). Su consolidada situación patrimonial
le permite asimismo actuar en 1459 como fiador de su hijo Diego cuando se comprometen a pagar al concejo
21.000 maravedís por la renta del cornado (Del Ser Quijano, 2010, 144).
Pese a su residencia urbana y al vínculo de su apellido con la actividad artesanal, los Sánchez
Sastre desarrollan tareas rurales cuya producción comercializan con el concejo de Piedrahíta; en 1460
Diego Sánchez recibe 150 maravedís del mayordomo del concejo por “seis cántaros de vino de su
cogecha” (Monsalvo Antón, 2011a: 192). Asimismo, participa del remate de propios del concejos: en 1466
“rremató la dicha defesa en Diego Sánchez, sastre, en esta manera: la vaca o novillo que pague a cinco blancas
e la cabra a media et el puerco a blanca e el cochino a media blanca” (Monsalvo Antón, 2011a: 219).12
La relevancia de Diego Sánchez Sastre se fortalece a partir de su relación estrecha con Alonso de Vergas,
cabeza de uno de los linajes principales de los privilegiados de la villa quien en 1488 lo presenta como testigo
en el pleito que mantiene por las alcacerías con el duque de Alba (Luis López, 2016, 37, 42).13 Todos
los individuos presentados por Alonso de Vergas en esta oportunidad son pecheros. Este vínculo resulta
sugerente; es posible que las trayectorias ascendentes de algunos sectores de los tributarios se consoliden a
partir de los lazos que mantienen con la elite dirigente local. Sin embargo, esta relación no se encuentra exenta
de conflictividad y rivalidades.
En 1464 el regidor García de Vergas y el alcalde Martín Ferrández de Pineda en nombre de las autoridades
concejiles se quejan ante el conde de Alba que los fielazgos “que solían ser dados a los más honrrados de la
dicha villa” ahora “andan abatydos en personas comunes” (Luis López, 2012, 83: 125-126).14 El ascenso de
un sector enriquecido del común que accede a cargos concejiles, mantiene vínculos con sectores poderosos
y desarrolla una acumulación patrimonial ligada a la reproducción de las relaciones de explotación feudal,
puede presentarse también como una amenaza para la minoría privilegiada de Piedrahíta (Luchía, 2019).
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3. La tierra de Piedrahíta
En este segundo apartado nos concentraremos en los sectores ascendentes de la tierra de Piedrahíta15
Hemos señalado que hasta mediados del siglo, la mención a los oficiales pecheros es limitada y se ciñe a la
presentación de fórmulas genéricas. En estas primeras décadas, la participación más destacada de los
pecheros de la tierra es la de los sexmeros, representantes de las divisiones administrativas en las que se
organiza el concejo- “con los seysmeros e procuradores de la dicha villa e su tierra”, “con pieca asaz buenos
omnes seysmeros”; “con los seysmeros de los quartos e de los lugares de la Sierra”. Por contraste, en la
segunda mitad de la centuria, y especialmente a partir de la década de 1460, se torna visible una
transformación en el registro de estos repartos ya que por un lado, comienza a dejarse una anotación más
detallada de los pecheros que participan en estos procesos; al mismo tiempo que es palpable la mayor
importancia de los concejos de la tierra –que para ese entonces alcanzaban el número de catorce- como
instancias de representación.16 A la participación permanente de sus enviados en las derramas- sólo
excepcionalmente se menciona la ausencia de los representantes de algún concejo-,17 se corresponde un
compromiso más intenso en la elevación de peticiones al conde, en las disputas entre distintos concejos de la
tierra o la elaboración de ordenanzas propias de los concejos aldeanos.18
Pese a tratarse de un concejo de dimensiones limitadas cuyo núcleo urbano tiene un carácter rural marcado,
aspecto que constatamos en el tipo de actividades que desarrollan los productores de la villa; es necesario
establecer una comparación entre algunos aspectos ligados a la representación política de la villa y de la
tierra, así como en cuanto al tipo de acumulación económica desarrollada por los sectores enriquecidos del
estamento pechero.
Un primer aspecto a destacar en este sentido tiene que ver con la permanencia en los cargos. Al igual que
en las procuradurías de la villa, en la documentación concejil algunos nombres de los procuradores de los
concejos rurales se reiteran –aunque no con la misma frecuencia que se constata a nivel urbano-. Entre algunos
de ellos podemos mencionar a Juan de la Rueda, procurador del concejo de Navalescorial, quien en 1467
cumple tanto esta función en un repartimiento como la de “procurador de los fechos de la tierra” (Del Ser
Quijano, 2016, 14, 22). Su representación del concejo de Navalescurial se mantiene a lo largo de toda la
década de 1470 –en 1470, 1472, 1473, 1474, 1476, 1477 y 1478 (Del Ser Quijano, 2016, 51, 62, 73, 79, 91,
97, 102, 105, 106, 107, 108). Similar es el caso de otro vecino de Navalescurial, Pedro Gómez del Barrio,
quien también es procurador de la tierra en 1467 y se desempeña como representante del concejo local en
los repartimientos de 1472, 1473, 1475 (Del Ser Quijano, 2016, 22, 61, 63, 74, 84, 87, 88), en esta última
ocasión junto a su hijo Ferrand Gómez.
Por parte del concejo de Hoyorredondo se destaca Pedro González de los Robres, procurador en 1468 y
representante del lugar en 1471 y en 1477 (Del Ser Quijano, 2016, 31, 56, 60, 101, 102);19 y por Zapardiel,
Juan Sánchez Barroso quien es procurador del concejo aldeano en 1470 1471, 1474, 1475 y 1478 (Del Ser
Quijano, 2016, 47, 52, 56, 79, 82, 84, 88, 108).
En otros concejos rurales la reiteración de los nombres enviados a los repartimientos constituye una
excepción. En este sentido, la rotación de los representantes de la tierra parece ser un rasgo habitual que
comienza a debilitarse en la segunda mitad del siglo XV, particularmente en algunos de los concejos más
importantes. Por otro lado, si en el caso de los procuradores de la villa parece evidente que son los sectores
prominentes quienes ocupan dichos cargos, entre aquellos que confeccionan los padrones se busca sostener
una representación equitativa; en 1469 las autoridades de Piedrahíta piden a los concejos de las aldeas que
nombren a “tres o quatro buenos onbres de los más rricos e de los medianos e de los más pobres” (Del Ser
Quijano, 2016, 44: 90); disposición que se repite en el mandado a los concejos de San Martín del Pimpollar y
de Navalperal, a raíz de una disputa por la forma del cálculo de las pecherías: “que tomen seis buenos onbres,
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dos de los rricos e los otros dos de los medianos e los otros dos de los pobres, e lo que ellos estimaren que vale
e lo que ellos dixieren que vale por eso pague…” (Del Ser Quijano, 2016, 83: 150).
En relación a la acumulación patrimonial llevada adelante por los sectores del común, el análisis de los
libros de finanzas del concejo de Piedrahita evidencia una menor participación de los pecheros de la tierra
en el arriendo de rentas concejiles y bienes de propios. No obstante, sí se deja registro de una serie de ventas
de toros al concejo por sumas significativas por parte de algunos vecinos de las aldeas, quienes también se
desempeñan como representantes de los concejos rurales. El ya mencionado Juan de la Rueda es un ejemplo,20
como también Alfonso Ruiz del lugar del Pimpollar.21
Del mismo modo, el concejo de la villa compra toros en diversas oportunidades a los vecinos de
Navarredonda: Juan Redondo, Alonso Martínez de Barajas, Alfonso García de los Pinos, son algunos
ejemplos.22 Estos pecheros de la tierra no solamente aparecen en la documentación concejil actuando en
representación del lugar en los repartimientos que se resuelven en el ayuntamiento, sino que su actividad es
intensa también en el concejo rural. Navarredonda es el único concejo de aldea del que se conserva el registro
de las disposiciones locales, como traspasos y compra-venta de tierras entre otros. El estudio de estas fuentes
nos permite constatar que estas figuras forman parte de familias que participan de forma activa en la vida
política aldeana, desempeñándose como alcaldes, jurados, escribanos, testigos, sacristanes.
Veamos de manera breve el caso de Juan Sánchez Redondo. La primera vez que se lo menciona es en 1467
frente a la demanda que el alcalde y procurador Alonso Fernández de la Calleja le realiza en nombre del
concejo por el cercamiento de una tierra que viola el régimen de alternancia de cultivo del lugar:
“e puso por demanda a Juan Sánchez Rredondo en que el dicho Juan Sánchez guardase el prado que dicen del Fortigal Mayor,
non lo podiendo fazer de derecho, dos años que el concejo avía de posesión en el dicho prado, e que el dicho Juan Rredondo
non á por qué guardar el dicho pra[do]”. (Del Ser Quijano, 1998, 26: 203).
A lo largo de las anotaciones de los acuerdos del concejo, volverá a aparecer intercambiando tierras.
Las transacciones efectuadas con el concejo, en el que también se desempeña como representante en el
repartimiento de 1470 (Del Ser Quijano, 2016, 49) y como alcalde en 1478 (Del Ser Quijano, 1998, 130:
224), apuntan al reagrupamiento de sus posesiones en el área del Fortigal donde acrecienta su patrimonio
particular (Del Ser Quijano, 1998, 74: 211; 92: 216; 96: 216; 108: 218).
En esta línea, el seguimiento de la actuación patrimonial de algunos de estos sujetos realizado por Laura da
Graca (2003-2006; 2015), permite advertir la importancia de la mediación del concejo rural en el desarrollo
de algunas de estas estrategias. El estrato enriquecido de la aldea concentra y cierra sus tenencias a partir
de la capacidad de negociación que le brinda el acceso al poder político local. Estos arreglos alteran los
usos colectivos y merman el pasto común en detrimento del acceso a la tierra de los demás vecinos. En
esta dirección, su actuación política a nivel comunitario no es incompatible con la apropiación del espacio
comunal, por el contrario esta posición preeminente habilita el desarrollo de dichas prácticas.23
4. Algunas reflexiones finales
El estudio empírico del concejo de Piedrahíta en el siglo XV nos ha permitido profundizar en
la caracterización de las estrategias y prácticas de los segmentos superiores de los pecheros.
Una primera cuestión relevante es la emergencia y consolidación en un ámbito señorializado de un sector
de los dominados que experimenta un proceso de acumulación patrimonial a partir de actividades ligadas
de forma estrecha a la reproducción de la propia relación de explotación feudal. Al igual que un sector de
los privilegiados, en el concejo de Piedrahíta un segmento destacado de tributarios participa activamente del
arriendo de rentas y de bienes de propios, de lo cual se derivan ingentes beneficios.
Este tipo de acumulación se presenta fundamentalmente entre los pecheros con residencia en la villa,
aunque como hemos visto esta distinción en un concejo de dimensiones limitadas y con un carácter rural
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marcado, puede resultar arbitraria. La participación de los sectores aldeanos en estas actividades pareciera
significativamente menor, destacándose entre ellos quienes encuentran en la actividad agropecuaria su
principal fuente de fortuna.
Sin embargo, existen puntos de contacto entre estos perfiles que conforman la elite de los tributarios. En
primer lugar, frente a las interpretaciones clásicas que hemos reseñado al comienzo de esta contribución,
enfatizamos la necesidad de revisar críticamente la existencia de una lógica estrictamente económica. Las
vinculaciones personales con los sectores de poder urbanos, las relaciones familiares y el acceso a los cargos
políticos concejiles, tanto a nivel urbano como en los concejos aldeanos, son elementos claves -y quizás
objetivos en sí mismos- para la consolidación y proyección de estos sectores. Esta cuestión nos lleva a matizar
el marcado contraste que ha establecido la historiografía hispanista entre los agentes de origen campesino
que se guían por una lógica exclusivamente económica y la lógica estamental propia de los sectores feudales,
dentro de los cuales queda subsumida la oligarquía de caballeros. Las llamadas elites de las comunidades se
distinguen por la heterogeneidad de recursos de los que disponen y las múltiples estrategias que desarrollan
para fortalecer sus posiciones (Furió, 2007; Pascua Etchegaray, 2007).
Por último, es preciso señalar que las prácticas de estas elites tienen una incidencia efectiva en la
degradación de las condiciones materiales del resto de los tributarios, ya sea por el papel destacado que
cumplen el arriendo de tributos, o como hemos advertido en el caso de Navarredonda, por la apropiación de
espacios concejiles y la consiguiente transformación del régimen de la tierra. En este sentido, el compromiso
de estas minorías en la gestión de la relación de explotación no solo reproduce el orden dominante, sino que
contradictoriamente lo amenaza. Pero esto amerita un futuro trabajo.
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Notas
1Inicialmente, los territorios son detraídos del concejo abulense a mediados del siglo XIII por el rey Alfonso X, en favor
de su hermano el infante don Felipe, pero a comienzos de la centuria siguiente retornan al realengo hasta su constitución
como el primer señorío nobiliario de Ávila y su entrega a García Álvarez de Toledo en 1369 (Luis López, 1987).
2Esto ha sido planteado por José María Monsalvo Antón, quien destaca que, pese a las modificaciones que significa el
proceso de señorialización, no se anula la personalidad jurídica de los concejos (1997: 323).
3El concejo de Piedrahíta tiene una extensión de 663 99 km. Es un concejo considerado mediano en relación a la totalidad
de la región concejil y el segundo en importancia del territorio abulense. (Luis López, 1987).
4Estos rasgos han sido señalados por Corina Luchía quien establece una comparativa con lo observado en el concejo de
realengo de Ávila donde el ausentismo de los regidores en el siglo XV es una constante y donde se verifica una mayor
diferenciación entre las tareas políticas y las de gestión (Luchía, 2016: 164).
5Desde otra perspectiva, el apoyo de la gestión concejil en el estamento pechero ha sido interpretado para el caso de
Piedrahíta como un rasgo propio del perfil político de la oligarquía urbana de la villa que presentaría un desinterés por
la rutina burocrática delegando tareas de gestión en miembros provenientes de los subalternos. (Da Graca, 2015: 211)
6Hasta inicios del siglo XVI cuando pasará a ser elegido por la justicia y regidores de Piedrahíta. (Luis López, 1987: 175).
7También en 1459 es presentado como fiador del carnicero Juan García, lo que nos habla de su holgada situación
patrimonial. (Del Ser Quijano, 2010, 148: 282).
8No podemos aseverar con certeza que Alonso Fernández de los Caños sea el mismo personaje que el mencionado en la
década de 1430 o bien que se trate de un familiar directo.
9“Las molestias que se toma Lope García ilustran la posición del mayordomo, tratado a la vez como subordinado
incondicional y epicentro de la vida concejil (…) La exclusión del mayordomo de ciertos asuntos del concejo define
también el perfil del oficial que más directamente encarna el nexo entre el concejo urbano y las aldeas” (Da Graca, 2015:
203).
10 En tanto que su yerno Ferrand toma por un año el riego de la dehesa concejil de los Arroyos por 400 maravedís (Del
Ser Quijano, 2011, 140).
11 También se destaca la figura de Juan de los Caños, yerno de Alonso, quien en 1477 escribe el interrogatorio para tomar
una pesquisa en 1477, recibe 330 maravedís por ir a buscar 8 carretas a San Helizes y es procurador en 1485 y en 1491
(Álvarez Fernández, 2011, 91; Del Ser Quijano, 2016, 102; Luis López, 2016, 7, 11, 66).
12 También en 1472 el mayordomo “dio por libramiento del dicho concejo a Lope de la Reyna e a Diego Sánchez
Sastre quatrocientos maravedís, que los mandaron dar porque abaxaron el pescado al tiempo que se obligavan los
pescadores” (Beltrán Suárez, 2011: 164).
13 Ese mismo año su hermano Bartolomé Sánchez Sastre también actúa como testigo (Luis López, 2016, 33), aunque no
parece gozar de la misma relevancia.
14 Los fieles de Piedrahíta, al igual que en otros concejos, se ocupaban de la vigilancia del comercio de la villa y de velar por
el cumplimiento de las ordenanzas respecto del abastecimiento interior sobre precios, pesas, medidas y varas. La disputa
en torno a estos oficios probablemente se encuentre vinculada a los elevados ingresos que conllevan ya que accedían a
una parte significativa de las penas que imponían por el incumplimiento de las normas. Esto queda reflejado en el propio
reclamo: “que quando algunos fieles o alguazil non usaren del oficio derechamente, syn requerir a vuestra merced, la
justicia y rregidores puedan poner otro o otros en sus lugares en los dichos oficios, e que non quiera dar albalaes a personas
de fuera para madera de los dichos pinares, para que se saque fuera de vuestra tierra” (Luis López, 2012, 83: 125-126).
15 Espacio heterogéneo, el alfoz sobre el que ejerce jurisdicción la villa se divide en dos regiones principales: los Llanos,
donde primaba la agricultura de cereales y el cultivo de huertas, y la Sierra, área de riqueza ganadera y forestal donde se
encontraban los concejos rurales más importantes. (Santos Canalejo, 1986).
16 Los concejos rurales -que comprenden varias aldeas- son Navaescurial, Aldehuela, Santiago, Ho- yorredondo, Horcajo,
Zapardiel, Navalperal, Navacepeda, Hoyos y Hoyos, Navarredonda, San Martín del Pimpollar, San Martín de la Vega,
La Garganta del Villar y San Miguel de Corneja.
17 En el reparto del pedido ordinario solicitado por el señor en agosto de 1469 no asiste el procurador de Navarredonda
ni el del concejo de la Vega (Del Ser Quijano, 2016, 39: 84). En 1471 quienes no asisten al reparto del pedido son los
representantes de los concejos del Forcajo, Navalperal, Navacepeda y Navarredonda (Del Ser Quijano, 2016, 60: 111).
18 “A partir de 1468 se inicia un declive en la importancia de estas agrupaciones territoriales como forma de representación
de la tierra, incluso a efectos fiscales, en beneficio de los concejos. Pierden entonces los sexmeros la exclusividad de
representación de su comarca, compartiéndola con los procuradores de los distintos concejos, de tal forma que después
de 1469 ya no figuran como representantes de sus comarcas ante el concejo de la villa de Piedrahíta, siendo cada vez más
pujante la representación de los concejos de la tierra.” (Luis López, 1987: 161).
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19 También sobresale la figura de Pedro García, quien participa de los repartos de 1469, 1470, 1471 y 1472 (Del Ser
Quijano, 2016, 39, 43, 56, 61, 63).
20 Juan de la Rueda vende un toro al concejo por 990 maravedís (Tena García, 2011: 208).
21 Alfonso Ruiz del lugar del Pimpollar vende en 1460 un toro al concejo por 875 maravedís (Monsalvo Antón, 2011a:
174) y otro en 1463 por 1100 maravedís (Tena García, 2011: 126).
22 Alfonso García de Los Pinos vende un toro en 1462 por 780 maravedís (Tena García, 2011:55); Alfonso Martínez
de Barajas vende dos toros en 1457, un toro tres años más tarde (Monsalvo Antón, 2011a, 101, 104, 173) y actúa en
representación del lugar en un repartimiento en 1473 (Del Ser Quijano, 2016, 73). Semejante es el caso de Juan Redondo
quien también vende toros al concejo en 1457 (Monsalvo Antón, 2011a: 104) y representa al concejo de Navarredonda
en un repartimiento en 1470 (Del Ser Quijano, 2016, 49).
23 Pese a mantenerse las asambleas como órganos de gobierno en los concejos de la tierra, parece presentarse una evolución
en la delegación del poder en unos pocos miembros de la aldea, tal como se observa en las ordenanzas de Navarredonda de
la Sierra de 1458, confirmadas al año siguiente por el señor: “Mas ordenaron que de cada un año que tengan cargo de los
fechos del concejo seis onbres buenos con los alcaldes e que sean juramentado. E el concejo, estando a canpana rrepicada,
les dio e da poder conplido para que todas las cosas que ellos fizieren que las da el concejo por firmes e valederas” (Del
Ser Quijano, 2010, 142: 174).
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En el presente trabajo nos proponemos comprender la dinámica sociopolítica de un concejo de jurisdicción señorial a partir del análisis de la actividad de sus oficiales principales. El estudio de la gestión municipal a través de los documentos del concejo de Piedrahíta en el siglo XV permite reconocer las cualidades sociológicas de los miembros de la elite dirigente, así como los atributos de los oficios locales. De este modo, la investigación considerará las relaciones de las autoridades urbanas con el poder señorial de la casa de Alba, tomando como escenario de análisis las actuaciones de sus regidores.
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This work aims to a review of the role of rural elites and a critique of the use of rigid social categories. Once established the general traits that define this elite, we pass to study in a particular rural community. Comparison of judicial and notarial documentation preserved in the archive of the monastery of Nuestra Señora de Guadalupe allows to analyze the evolution experienced by this group, during the 14th and 15th Centuries, in the network of links between the neighbours and the Lords of Puebla. The long experience in public affairs led him to become aware of their capacity to intervene and try to reassert its autonomy. This process, on road to consolidation at the end of the 14th, was truncated with the foundation of the monastery. Jeronimos apply a political and economic program that liquidated the capacity of the local elite to agglutinate to the rural community.
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The degree of autonomy of the village councils in the municipal district of Piedrahita is analysed from a twofold perspective: the management of the territory by urban authorities (i.e. tax collection, control over common resources, distribution of coercive tasks and justice) and the performance of village authorities at the local level. It is posited that the relative autonomy of the village councils is a core aspiration of the local political community, as well as a feature of a management scheme that tends to delegate the administration of the jurisdiction to lower-ranking officials and to a tax collection system based on peasant involvement. This form of management favours the village leaders’ economies and breeds practices that go against the common interest.
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Se analiza el problema del intercambio de tierras entre campesinos en concejos castellanos durante el siglo XV y sus condiciones de posibilidad, vinculadas a características organizativas de los concejos como señoríos: el sistema de reparto del tributo, que estimula la compra de tierras por parte de los mayores pecheros, y la autonomía relativa de los concejos rurales respecto al núcleo urbano, que favorece la circulación de la tierra y la modificación de los usos comunales. El análisis del intercambio de tierras a nivel aldeano (compraventas, arreglos, trueques) muestra un proceso de ampliación de la tenencia por parte del sector campesino enriquecido, el reagrupamiento de la unidad de explotación y su posterior cercado, lo cual mayormente depende de la capacidad de negociación con las autoridades locales. El intercambio de tierras entre campesinos, aun cuando tenga lugar en un contexto plenamente feudal y mediante mecanismos extraeconómicos, favorece un proceso de acumulación y la gradual desarticulación del sistema de campo abierto.
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El objetivo fundamental de este artículo es el estudio de la diferenciación social aldeana, a fines del siglo XV y principios del XVI. Para ello se recurre al método prosopográfico y al análisis pormenorizado de los padrones fiscales, utilizando los dos libros del concejo que en la actualidad se conservan en el Ayuntamiento de una localidad llamada Fuentes. De esta manera, atendiendo a la minuciosidad del detalle, se abordan problemas generales para entender mejor el mundo campesino.
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During the last years historians have focused on the internal differences of the rural society paying attention to the wealthier families of the community. In relation with this, the XXVII International Congress of History of the abbey of Flaran in September 2005 and its subsequent publication Les élites rurales dans l’Europe medievale et modern (2007) proofs the interest in this issue of the rural European historiography. The present paper examines the process of the consolidation of the rural elites as topic in the medieval historiography since the Marc Bloch’s works until our days.
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This paper sustains that the pecheros (serfs) living in the boroughs south of the Duero River generated a discourse and certain specific values contrary to those of the urban gentry. In particular, the boroughs of Salamanca, Alba de Tormes, Avila and Ciudad Rodrigo are studied. For this discourse to be able to take shape, the necessary conditions were the early and acute social stratification, an extensive area of rural commoners and the strong leadership of the pecheros’ representatives. They were able to speak for broad strata of the organized population and to devise coherent ideas and programs. The main points of their ideas are analyzed here in relation to urban society, the rural milieu, justice and the use of violence.
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These essays in Land, Kinship and Life-Cycle present detailed case studies from English rural communities over the period 1250–1850, these essays reveal that much land was transferred between living persons who were related neither by blood nor by marriage and that kin were often not the only members of work groups or assistance networks in the countryside. Although the focus is on the strata of English society below the landed aristocracy and the urban merchant elites, the preoccupation with those holding land whether under freehold or customary or copyhold tenure is tempered by essays that investigate the economic problems in the lifecycles of the property less or those unable through, for example, illness or age to work and manage their property.