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MINERÍA Y ASENTAMIENTO EN LA CONFORMACIÓN DEL PAISAJE PROTOHISTÓRICO DEL MARQUESADO DEL ZENETE (GRANADA)

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En los últimos años se ha avanzado notablemente en el estudio de la llamada Arqueología del paisa- je. Gracias a ello, en la actualidad se entiende que los paisajes histórico-culturales están conforma- dos por toda una serie de espacios creados a partir de la más primigenia de las realidades históricas: la relación ser humano-naturaleza. En este trabajo partiremos de este hecho para analizar una im- portante zona granadina, el Marquesado del Zenete, y cómo se fue formando su paisaje durante la Protohistoria. Para ello, estudiamos aquí el sistema de asentamientos y la explotación económica minera durante este periodo.
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Mine and settlement in the conformation of
the protohistoric landscape in Marquesado del
Zenete (Granada)
MINERÍA Y ASENTAMIENTO
EN LA CONFORMACIÓN DEL
PAISAJE PROTOHISTÓRICO
DEL MARQUESADO
DEL ZENETE (GRANADA)4
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Resumen:
En los últimos años se ha avanzado notablemente en el estudio de la llamada Arqueología del paisa-
je. Gracias a ello, en la actualidad se entiende que los paisajes histórico-culturales están conforma-
dos por toda una serie de espacios creados a partir de la más primigenia de las realidades históricas:
la relación ser humano-naturaleza. En este trabajo partiremos de este hecho para analizar una im-
portante zona granadina, el Marquesado del Zenete, y cómo se fue formando su paisaje durante la
Protohistoria. Para ello, estudiamos aquí el sistema de asentamientos y la explotación económica
minera durante este periodo.
> Palabras clave: Arqueología del paisaje, minería, asentamientos, protohistoria.
Abstract:
In recent years it has been an important advance in the study of the so-called Landscape Archaeo-
logy. Thanks to that, now it is understood that historic-cultural landscapes are conformed by an
entire branch of spaces created starting from the most primitive of the historical realities: the rela-
tionship between humankind-nature. In this very article we will start from this fact for analysing
an important granadinian place, Marquesado del Zenete, and how its landscape had formatted
during Protohistory. For doing so, we study here the settlement and the economic exploitation of
mines during this period.
> Keywords: Landscape Archaeology, mining, settlement, protohistoria.
4 Queremos agradecer al Club Espeleo-Deportivo Nivel 10 de El Padul (Granada) su colaboración para poder
realizar este trabajo.
5 Graduado en Historia por la Universidad de Granada. Máster en Historia por la Universidad de Granada.
Doctorando en Historia y Artes. Grupo de Investigación HUM-149. Universidad de Granada.
carmelo.garcia.campoy@gmail.com
6 Graduado en Historia por la Universidad de Granada. Máster en Arqueología por la Universidad de Granada.
Doctorando en Historia y Artes por la Universidad de Granada. davidlaguna@correo.ugr.es
7 Graduado en Historia por la Universidad de Granada. MPhil Student in Archaeology, University of Glasgow.
pablobva@hotmail.es
8 Graduado en Arqueología por la Universidad de Granada. Estudiante de Máster en Arqueología por la Univer-
sidad de Granada. peponhood@gmail.com
Carmelo A. García-Campoy5 (UGR)
David Laguna Palma6 (UGR)
Pablo Barruezo Vaquero7 (UGR)
José Abellán Santisteban8 (UGR)
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1/ LA ZONA DE ESTUDIO: EL MARQUESADO DEL ZENETE
Nuestro estudio se centra en la zona conocida como Marquesado del Zenete, o Zenete. Territorial-
mente, es una comarca situada dentro de la Provincia de Granada, concretamente en la cara norte
de Sierra Nevada, extendiéndose desde sus cumbres hasta las de la Sierra de Baza, al norte. El Valle
del Zalabí queda entre mitad de ambas cumbres, y al oeste limita con la Hoya de Guadix, mientras
que al este limita con la provincia de Almería (Martín Civantos, 2007: 13-14 y 215). Administra-
tiva y políticamente, se conforma de una serie de municipios, conformando una Mancomunidad
de municipios. En total, son 10 los municipios que conforman dicha Mancomunidad: Albuñán, Al-
deire, Alquife, La Calahorra, Cogollos de Guadix, Dólar, Ferreira, Huéneja, Jérez del Marquesado y
Lanteira. (Fig. 1).
Desde un punto de vista más físico, la zona es un altiplano en su mayoría, presentando así un pai-
saje rico y variado, que alterna zonas montañosas elevadas, propias de la Sierra, elevándose hasta
los 3.000 m.s.n.m., con otras zonas llanas. Igualmente, presenta zonas más ricas agrícolamente, con
valles frondosos y zonas de vega, con otras zonas más áridas de la altiplanicie (Martín Civantos,
2007: 13-14). Igualmente, es una zona que presenta una gran riqueza minera y condiciones favora-
bles para el desarrollo de actividades agropecuarias (Martín Civantos, 2007: 215).
Hablar de la zona del Zenete en cuanto a la minería es hablar de una larga tradición en la meta-
lurgia que va desde la época ibérica hasta nuestros días. Ni que decir tiene que el paisaje actual
de la zona no nos deja indiferentes al contemplar las grandes terreras amesetadas de las minas de
Alquife cuando vamos por la autovía en dirección Almería, quedándonos al margen derecho. Los
metalocontextos de la zona han hecho que ya desde el inicio de la Edad del Hierro se empiece a
explotar este mineral. En un principio, como apuntaremos en el desarrollo del trabajo tenemos una
minería que va siguiendo la veta del mineral mediante pe queños frentes que van siguiendo el estra-
to del mineral hasta las reaperturas del siglo XIX de las viejas minas que, mediante la utilización de
galerías y pozos, hacen que el paisaje se haya quedado modificado hasta la actualidad.
Es evidente que este mineral ha creado desde tiempos antiguos las condiciones idóneas para una
economía basada en la minería, y que tras las reaperturas decimonónicas hicieron que las gentes de
la comarca pudieran colocarse en un s ector que les daría sobre todo un alivio a las malas condiciones
de vida que ya tenían. Este hecho, que pudo tirar de la economía por largo tiempo, se desmorona so-
bre todo tras el cierre de las minas de Alquife en 1996, creando una situación insostenible que se su-
maba a la crisis que ya padeció España en 1993 tras la caída e intervención de bancos como Banesto.
Pero este hecho puede que cambie tras las negociaciones que existen en la actualidad sobre la re-
apertura de las minas de Alquife y que, tras esta larga crisis que padecemos en estos momentos,
puede dar un poco de oxígeno a una comarca deprimida en muchos aspectos.
Comprendidas estas características, no es de extrañar que haya sido una zona poblada y explotada
a lo largo del tiempo. Como será expuesto en las siguientes líneas, su riqueza mineral en hierro es
el mayor atractivo de la zona, aunque no el único. Esto explicaría en gran medida que, en algunos
periodos como el medieval, la zona tuviese una entidad propia. Pero en esta comarca no sólo tene-
mos minería del hierro, en la cual nos centraremos, sino que tenemos información de minería de
cobre, plomo y plata.
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2/ METODOLOGÍA Y OBJETIVOS
Una de las mejores maneras para poder entender los cambios y procesos socioeconómicos his-
tóricos es mediante el análisis del paisaje. La Arqueología ha mostrado en las últimas décadas su
potencialidad para estudiar y comprender realidades históricas que resultan más complicadas de
ver mediante las fuentes escritas; puede afirmase, pues, que la Arqueología genera conocimiento
histórico per sé. Para el tema de nuestro estudio concreto, comprender y analizar el paisaje resulta
fundamental. Esto se debe a que cada cultura se relaciona con la Naturaleza de formas singulares,
creando diversos paisajes (Martín Civantos, 2008: 25). Por ello, los paisajes son históricos y sociales,
ya que expresan diferentes relaciones sociales de sociedades históricas (Martín Civantos, 2011: 388-
389), de ahí la idoneidad de investigar mediante la conocida como Arqueología del Paisaje.
En este caso, hemos optado por estudiar el poblamiento, el cual no se restringe solamente a las áreas
de habitación, sino también a las estructuras destinadas a la explotación económica. Tal análisis, de
compleja realización, consideramos que es conveniente realizarlo mediante la Arqueología del Pai-
saje. No obstante, dadas las características de este escrito, hemos decido centrarnos más concreta-
mente en los asentamientos y minas. Así, pues, el enfoque principal será la localización y estudio de
los asentamientos de esta zona, aunque su distribución espacial será puesta en relación con lugares
de explotación del lugar. El objetivo final será doble: conocer cómo se asentaban, qué características
naturales buscaban en la localización geográfica de estos yacimientos y hasta qué grado la elección
del lugar responde a la disponibilidad de recursos naturales, dentro de esta interrelación ser hu-
mano-Naturaleza que ya hemos enunciado en las líneas previas; y, por otro lado, comprender las
formas de explotación mineras de hierro, intentando dar una cronología que podría partir ya desde
época íbera.
Desde el punto de vista metodológico en lo que respecta a la Arqueología del paisaje, hemos optado
por utilizar técnicas propias de la Arqueología del paisaje. Como hemos mencionado, resultan más
apropiadas para el tema que estamos aquí estudiando. En este sentido, hemos optado por utilizar
QGis para extraer y organizar de forma sincrónica, a través de un visionado cartográfico, informa-
ción relativa a:
1. Yacimientos asimilables a la época protohistórica y, más concretamente, a la cultura íbera.
2. Zonas mineras. Aunque algunas siguen en explotación, constatamos que su uso puede ras-
trearse desde esta época protohistórica.
3. Hidrología, en concreto ríos de la zona estudiada.
4. Aunque no se visualizan campos de explotación agrícola, estos están presentes en las la-
deras de la montaña.
Por otro lado, para el estudio concreto de la explotación minera hemos utilizado técnicas de cam-
po nuevas, en concreto la espeleología. Ya se ha enunciado en estudios previos la importancia de
ésta para comprender y analizar la minería antigua (Sol Plaza y Adroher Auroux, 2018: 42). Según
Montero Ruiz y Rovira Llorens la investigación de la arqueometalurgia hay que dividirla en cuatro
partes, pero que a su vez interactúan entre ellas. Tales son el contexto, la tipología, el análisis y la
experimentación. Nosotros, evidentemente, para un trabajo de este tipo tenemos que ceñirnos más
bien a un estudio tipológico ya que no tenemos opciones de desarrollar ningún proyecto de excava-
ción para conseguir subvenciones, no podemos tampoco realizar un análisis muy exhaustivo de la
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zona y tampoco podemos experimentar con los materiales debido a no tener los conocimientos ne-
cesarios para ello, además de tener que conseguir altas temperaturas para realizarlos (Adroher Au-
roux, García Campoy, González Martín, Peregrin Pitto y Sol Plaza, 2017:2). En cualquier caso, lo que
queremos destacar es la capacidad de la espeleología para romper barreras disciplinares, uniendo
disciplinas diversas tanto de Humanidades como de Ciencias Naturales. Esto resulta fundamental
en pos de un mayor conocimiento histórico (Barruezo Vaquero y Laguna Palma, en prensa).
No hemos optado en este caso por utilizar información documental escrita, por presentar una serie
de inconvenientes metodológicamente (escrituras foráneas y tardías, que dan una información no
exhaustiva en relación con nuestro tema de estudio), y porque apenas se menciona la zona estu-
diada, tal vez por no ser una zona con gran importancia para aquellos que escribieron (Adroher
Auroux, López Marcos y Pachón Romero, 2002:15).
Finalmente, nos hemos ayudado y apoyado en otros estudios previos sobre la zona. El Marquesado
del Zenete, a pesar de su importancia, no ha sido centro de una investigación tan exhaustiva para
la época íbera como otras zonas. A pesar de ello, algunos estudios se han realizado en el pasado con
gran éxito, en donde destaca especialmente las investigaciones de Andrés Adroher Auroux y su
equipo.
3/ CONTEXTO GEOLÓGICO
La comarca que estamos estudiando tiene una gran importancia geológica debido precisamente
a la existencia del mineral de hierro que ha hecho que la que ésta se haya mantenido gracias a su
explotación.
Geológicamente hablando tenemos que decir que es un manto de corrimiento en el que el mate-
rial nevado-filábride hace contacto con el alpujárride, cabalgando este último sobre el primero y
formando materiales como filitas, esquistos, gneis, cuarcitas y mármoles principalmente. Los mine-
rales asociados que abundan con más asiduidad son los de hierro, como goethitas, limonitas, side-
ritas, piritas, calcopiritas, etc, y minerales como galena (de donde se extrae el plomo), malaquita y
malaquita, siendo estos últimos minerales de cobre. Además de estos minerales podemos encontrar
oro, bismuto, barita, antimonio y bismuto, pero en cantidades ínfimas que realmente desecharían
su explotación por resultar poco rentable.
4/ ASENTAMIENTOS “ÍBEROS” Y SU RELACIÓN CON ALGUNOS RECURSOS NATURALES DE LA ZONA
Durante época íbera nuestra zona de estudio no presenta una ocupación poblacional muy desta-
cada. Más bien al contrario, solo se han podido localizar 3 yacimientos adscribibles a este contexto,
habiendo uno que, como explicaremos, presenta dudas en este sentido. No obstante, creemos que
esto también puede deberse a una falta de estudios para esta época como los llevados en zonas de
Baza o Guadix. He ahí la idoneidad de este nuestro estudio.
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Como decíamos, solo hemos estudiado tres yacimientos identificados como protohistóricos y, más
concretamente, que puedan ser adscritos a población íbera. Estos son: 1. El Cerro de las Minas, en
Lanteira; 2. El Cardal, en Ferreira; y 3. La fortaleza o peñón de Arruta, en Jérez del Marquesado. No
todos han sido en el pasado estudiados por igual. Una primera visión al localizarlos sobre un mapa
nos permite sacar las primeras conclusiones generales: alejados de la más árida altiplanicie, se si-
túan en las laderas o pie de montaña de la Sierra. Las razones de ello, que ya han salido señaladas
por otros investigadores (Martín Civantos, 2007: 619), son varias: mejores condiciones climáticas al
haber más humedad; mayor altura, que asegura una mejor defensa y control territorial; mayores
recursos naturales, en especial minas; mayor presencia vegetativa de bosque mediterráneo; mayo-
res recursos hídricos, etc. (Fig. 2)
No debemos obviar, al margen de estos anteriores yacimientos, que existen otros puntos de extrac-
ción que están por la zona y que tienen su importancia, pero que debido a la amplitud del trabajo no
podemos abarcarlos todos. Tenemos por lo tanto el del Castillo de Alquife, el Castillo de la Calaho-
rra, la Calera de Dólar y Cerro Zorreo de Cortes y Graena.
4.1/ El Cardal (Ferreira)
Se ubica sobre un cerro mesetado en la zona norte de Sierra Nevada, en su pie de montaña (UTM
X: 497092 Y: 4115949). Está por encima de los 1.000 m.s.n.m., concretamente a 1.235 m.s.n.m. (Co-
ria Noguera, González Martín, Martín Avilés, Peregrín Pitto y Adroher Auroux, 2015, 436). Tiene
una extensión total de c. 4.300 m2 (González Román, Adroher Auroux y López Marcos, 2001: 200).
Ha sido interpretado como un poblado fortificado (Coria Noguera, González Martín, Martín Avilés,
Peregrín Pitto y Adroher Auroux, 2015: 436), dedicado a la extracción minera de los yacimientos
metalogenéticos de la zona, dado el número de escorias encontrados en los alrededores del mis-
mo, e incluso dada la propia toponimia (González Román, Adroher Auroux y López Marcos, 2001,
200; Adroher Auroux y López, 2002:54). No vamos a detenernos a describir la morfología de este
yacimiento, ni tampoco la de los otros, puesto que no es nuestra intención principal, ni tenemos el
espacio necesario para ello. Además, descripciones exhaustivas de los mismos han sido realizadas
ya en la bibliografía que citamos en este escrito.
El yacimiento tiene tres fases de ocupación (Coria Noguera, González Martín, Martín Avilés, Pe-
regrín Pitto y Adroher Auroux, 2015: 436), siendo la más importante, a juzgar por el número de
materiales encontrados, la fase tardía de la cultura ibérica, entre el siglo III y II a.C. (González Ro-
mán, Adroher Auroux y López Marcos, 2001: 202). Comprobamos, por lo tanto, que no solo tiene
ocupación íbera, sino que, además, es con la cultura íbera cuando el yacimiento tiene su auge y
mayor importancia.
Finalmente, es necesario poner el yacimiento en relación con sus recursos naturales. El Cardal se
sitúa justo al lado de la boca de una mina (González Román, Adroher Auroux y López Marcos, 2001:
206), concretamente el Cerro Foncal. Igualmente, se sitúa justo al lado de un río, lo que aseguraría el
abastecimiento hídrico, tanto para consumo vital humano, como para la realización de otras activi-
dades que necesitarían de aporte hídrico. De la misma manera, se ha apuntado su situación elevada
y amesetada, lo que nos indicaría su importancia estratégica a la hora de controlar el territorio. Al-
gunos han apuntado que no solo serviría para controlar el territorio, sino también para estar conec-
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tada con otras zonas de importancia minera, como el Peñón de Arruta (González Román, Adroher
Auroux y López Marcos, 2001: 209; Adroher Auroux, López Marcos y Pachón Romero, 2002: 39).
A continuación, nos centraremos en los puntos de extracción minera de este complejo, y que tras
recientes prospecciones hemos podido documentar otra serie de bocaminas y pequeños pozos muy
cercanos a la fortificación.
Al pie del poblado tenemos un pozo junto a un gran escorial, presentando una planta cuadrangular
de poco más de un metro de lado, y presentando un saliente en su parte noroccidental de unos 50
cm. de lado, pudiendo ser utilizado para subir el material extraído e incluso para el ascenso o des-
censo de personas. Dicho poco tiene una profundidad superior a los 9 metros, aunque por la colma-
tación que presenta se presupone que es mucho más profundo. Los lados tienen medidas desde los
1’20 a los 1’08 metros, siendo sus esquinas redondeadas. Las paredes presentan unas pequeñas vetas
de mineral de hierro, implicando que no se seguía la veta del mineral como se pudiese hacer desde
un principio, sino que se va extrayendo todo el material por parejo. Esto nos plantea que el pozo fue
reutilizado en épocas posteriores. (Figs. 3, 4 y 5).
Cuando dejamos el pozo veremos una vaguada, que al cruzarla, observaremos nuevos frente de
extracción a cielo abierto, atendiendo posiblemente a actividades extractivas del siglo XIX. Dejan-
do atrás estos frentes, y subiendo el cerro, localizamos una serie de bocas que llegan a tener unas
profundidades de 10 metros, donde se ve claramente cómo se va siguiendo el la veta del mineral.
Ya en la falda septentrional del Cerro del Cardal encontraremos una mina mucho más trabajada.
Esta galería fue objeto de estudio más pormenorizado en los años 2014 y 2015 por el profesor An-
drés María Adroher Auroux y su equipo, por lo que contamos con una excelente descripción de la
misma, que fue presentada en el VIII Congreso Internacional de Minería que se celebró en Granada
en 2014.
La galería principal se desarrolla a modo de zig-zag, con no más de 1’5 metros de altura, y con gale-
rías laterales que están completamente colmatadas, donde podremos observar una serie de marcas
de herramientas (Fig. 6), las cuales no han podido hacerse en la actualidad por la dificultad que
entraña meterse ocho metros en un pasillo de 40 cm de altura (Fig. 7). Será al final de la galería
principal donde veamos cristalizaciones de calcita y aragonito que se han formado justo encima del
frente de extracción, lo que nos podría ayudar a una posterior datación (Sol Plaza y García Campoy,
2016: 20; Adroher Auroux, García Campoy, González Martín, Peregrin Pitto y Sol Plaza, 2017:8).
4.2/ Fortaleza o Peñón de Arruta (Jérez del Marquesado)
Se ubica, como el anterior, en la falda norte de Sierra Nevada, en la Loma de la Lori (U.T. M.: 30S WG
04845 41 170 en el Mapa Topográfico Nacional de España 101 1-III de escala 1: 25 .000) (González Ro-
mán, Adroher Auroux y López Marcos, 1997: 185), a una altura de c. 1.400 m.s.n.m. (1.433 m.s.n.m.,
según los autores citados). Tiene una extensión total de c. 4.535 m2 y presenta una larga muralla
de unos 274 metros de perímetro (González Román, Adroher Auroux y López Marcos, 1997: 186).
Este yacimiento vuelve a presentar la misma característica que el anterior: interpretado como un
símbolo de la politización paisajística. Dicho en otras palabras: su razón de ser es el control político
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-y económico- del territorio, orientado al control y explotación de larga duración de yacimientos
mineralógicos propios de esta ladera norte de Sierra Nevada (González Román, Adroher Auroux y
López Marcos, 1997: 194-198; Adroher Auroux y López, 2002: 54-55). No en vano, como explicare-
mos, a nivel geológico se encuentra inserto dentro de una zona especialmente importante por su
diversidad y riqueza. En caso de que el lector quiera ahondar más en cuestiones arquitectónicas o
constructivas, volvemos a remitir a la bibliografía utilizada.
Con respecto a las fases de ocupación del yacimiento, se han detectado hasta 6 fases distintas, sien-
do así el único yacimiento que se extiende tanto en el tiempo, hasta época tardoimperial (Gonzá-
lez Román, Adroher Auroux y López Marcos, 1997: 190; Adroher Auroux y López, 2002: 55). No
obstante, las fases que nos interesan son las conocidas como Peñón de Arruta III y IV, ambos de
periodo ibérico. No obstante, la primera de estas fases, que se corresponde con los siglos V al III a.C.,
es inconclusa, ya que presenta materiales que pueden ser una inclusión de otros lugares (González
Román, Adroher Auroux y López Marcos, 1997: 187). Con respecto a la fase IV, ha de datarse per-
teneciente al ibérico pleno y tardío, es decir, entre los siglos III y finales del II a.C., o incluso hasta
principios o mediados del siglo I a.C. (González Román, Adroher Auroux y López Marcos, 1997: 188-
190). El hecho de que sea ocupado en las fases finales del mundo ibérico y que, con posterioridad,
siguiese ocupado -aunque con una nueva estructura- nos indica que fue una zona de gran impor-
tancia y utilidad.
Para concluir, igual que hicimos antes, es hora de vincular el yacimiento con su entorno. El Peñón
de Arruta se sitúa no solo a una gran elevación sobre el nivel del mar, sino también si se pone en
comparación con su entorno más próximo: se eleva 290 metros con respecto a los Llanos del Mar-
quesado (González Román, Adroher Auroux y López Marcos, 1997: 185). Como ya se ha señalado, te-
nía una función principal: la extracción y transformación minera. Esto no es de extrañar si tenemos
en cuenta que se sitúa sobre el Manto del Veleta del complejo Nevado-Filábride, que se compone
de micaesquistos grafiotosos intercalados con cuarcita; e igualmente hay una presencia de más del
50% de hierro de gran pureza -sin grandes inclusiones- (González Román, Adroher Auroux y López
Marcos, 1997: 185-186). Además, en el territorio circundante se encuentran diversas minas, tales
como las Mina de Santa Constanza, la Mina del Castillo y la Mina del Marquesado. Igualmente,
su topografía y superficie permite vincular este yacimiento con el del Cardal (González Román,
Adroher Auroux y López Marcos, 2001: 200-204), que estarían así conectados para controlar el
territorio. Como característica final, volvemos a apuntar su cercanía a recursos hídricos, ríos, que
nacen en Sierra Nevada y que se distribuyen por las sucesivas laderas y valles de pie de monte; pre-
cisamente, este yacimiento se sitúa por encima de un curso fluvial, y tiene a no demasiada distancia
otros ríos que le abastecerían del agua necesaria.
Con respecto a las minas tenemos que decir que nos encontramos con varios frentes de extracción
a cielo abierto, donde los afloramientos rocosos de mineral férrico son más que notables y de fácil
manipulación para su extracción y su posterior traslado a la zona del poblado donde se encuentra
la zona del lavadero del mineral. En los alrededores de la fortificación nos encontramos principal-
mente escorias de sangrado, que atienden a la trasformación de dicho mineral.
Acerca de las minas propiamente dichas hay que poner de manifiesto que no se han encontrado
galerías como tales, aunque no lo podemos negar al cien por cien debido a que nos encontramos
frentes de extracción muy colmatados que pudieran corresponder a alguna galería horizontal.
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Principalmente lo que nos encontramos aquí son pozos verticales donde son más que evidentes
debido a las grandes terreras que se sitúan junto a ellos. El pozo principal que hemos documentado
tiene una planta cuadrangular, de 8’70 metros de longitud que, en su parte más profunda, aunque
hay que tener en cuenta que tiene una gran colmatación y por lo tanto su profundidad es mayor.
(Figs. 8, 9 y 10).
No podemos saber, salvo que hiciésemos una limpieza y retirada de la tierra, si una vez alcanzada
a su profundidad real, nos pudiéramos encontrar con galerías horizontales, bien con una función
de respiradero o bien como zonas de extracción como tales, ya que se buscaría la mejor veta de este
mineral. Las caras de este pozo, el cual se sitúa junto al cortafuegos que divide en dos este pequeño
promontorio, tienen unas medidas de entre 1’05 y 1’25 metros, siendo sus esquinas más bien redon-
deadas, aunque casi formando ángulos perfectos. Durante la bajada al pozo se pueden observar
varios estratos bien diferenciados, entre los que cabe destacar el mineral de hierro y paquetes de
cuarcitas, algunas muy fracturadas, que se encuentran intercaladas con el mismo. A lo largo de dos
de las paredes otra nos encontramos una serie de hendiduras, con una distancia entre ellas de entre
medio y un metro, que pudieran servir para colocar algún tipo de estructura para el acceso al mis-
mo. Se pueden observar pequeñas marcas de picos que posiblemente se hiciesen a medida que se
iba formando el pozo. Actualmente este pozo se encuentra sin ningún tipo de protección por lo que
cuando nos aproximamos al mismo hay que tener especial cuidado para no caer dentro. La bajada
del pozo la hemos realizado mediante técnicas de espeleología alpina, utilizando cuerdas y aparatos
que bloquean la misma y que nos permiten el acceso y la salida sin ningún tipo de dificultad, com-
probando a su vez cada parte del pozo con más precisión y detenimiento.
Si nos movemos unos metros en dirección hacia la fortificación, podemos observar otra gran aber-
tura, pero en este caso no está tan perfectamente tallada, sino que vemos como se ha ido excavando
en la roca. Las dimensiones son mucho mayores en cuanto al perímetro, pero quizá debido a la
colmatación no podemos saber la profundidad real que pudiera tener este frente. Justo debajo de
éste nos encontramos lo que puede parecer un pozo como el primero descrito. Está perfectamente
acotado, teniendo una colmatación plena, pero que responde al patrón de pozo vertical de un metro
más o menos de lado. Tampoco podemos obviar que este pequeño agujero puede responder a los
típicos ensayos para localizar la veta del mineral, siendo abandonados cuando no se encuentra el
paquete deseado.
Si nos movemos más hacia el sur, bajando la ladera, encontramos un poco más alejado, otro posible
pozo vertical, pero que debido a su gran colmatación se nos hace difícil definirlo con claridad. Este
pozo o galería, está excavado en la roca y viene a ser cuadrangular, con las esquinas bien definidas
formando ángulos de 90º. Si quitamos parte de las acículas de pino vamos viendo cómo se profun-
diza con mucha facilidad y van quedando al descubierto marcas de picos en sus paredes. Además,
curiosamente, a los pocos centímetros de haber profundizado, se abre una oquedad a lo largo de la
pared que invita a pensar que pudiera tratarse más bien de una galería, pero no podemos afirmarlo
con rotundidad si no se lleva a cabo un desescombro exhaustivo de la misma. Si en tal caso fuese
una galería, pudiera entonces tratarse o de un frente de extracción o de una galería de ventilación
de los pozos que se sitúan en la zona alta junto al cortafuegos. En este punto no nos encontramos
ningún tipo de restos de extracción del mineral y tampoco es corias, reiterando que las únicas zonas
donde se encuentra la escoria es el poblado fortificado en sí. (Figs. 11, 12, 13 y 14).
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4.3/ Cerro de las Minas (Lanteira)
Apenas se han realizado estudios sobre este yacimiento, ni a nivel superficial mediante prospec-
ciones, ni menos aún excavaciones sistemáticas para el periodo íbero. No obstante, sabemos sus
coordenadas (U.T.M. 37 9 41,17 N, 3 7 26,83 W), y que forma parte del conjunto de poblados o asen-
tamientos fortificados propios del mundo final íbero, entre los siglos III al II a.C. (Adroher Auroux
y López, 2002: 54; Martín Civantos, 2007: 621). Igualmente, los escasos estudios realizados aquí pa-
recen indicar que el asentamiento y el poblamiento (con ello nos referimos a la explotación terri-
torial) no sobrepasaría el siglo II a.C. (Martín Civantos, 2007: 629). Poco más se ha escrito de este
yacimiento.
Como hemos hecho con los dos puntos anteriores, vamos ahora a describir la relación del yacimien-
to con el entorno y sus recursos naturales disponibles. Realmente no hay grandes sorpresas: situado
a una altura considerables (por encima de los 1.400 m.s.n.m.), se encuentra en la ladera norte de
Sierra Nevada. No obstante, no tiene las características del Peñón de Arruta a nivel ge omorfológic o,
por lo que no permite una variedad extractiva tan amplia, siendo el hierro lo que, como en el resto
de esta zona, domina. Las Minas del Castillo y del Marquesado se encuentran relativamente cerca
del yacimiento, por lo que no debe extrañarnos que fuesen explotadas también por el Cerro de las
Minas. Igualmente, por su posición en altura y distribución espacial, ofrece puntos de contacto y
visión con los otros dos yacimientos. Finalmente, con respecto a los recursos hídricos, presenta
unas características muy similares, con un río muy cercano a cotas de menor altura, y otro río rela-
tivamente cercano, naciendo ambos en Sierra Nevada.
El grupo de minas que hemos estado visitando son las denominadas del “Tío Seguro”, cuya conce-
sión fue propiedad de José López Romero (Martín Civantos, 2008). Estas minas, cuyo patrón prin-
cipal de extracción es de tipo pozo, son reutilizadas en distintas épocas hasta el mismo siglo XX.
Nuestras visitas se han centrado en localizar en un primer momento un asentamiento ibérico cer-
cano a las minas, para ver los posibles restos cerámicos por las inmediaciones y la posibilidad de
encontrar zonas para el lavado de mineral, y alguna analogía que pudiera relacionarlo con los otros
dos yacimientos presentados, el Peñón de Arruta y El Cardal.
Junto al margen del Barranco de Fuente Castaño encontramos una construcción de esquistos y pi-
zarras, con algunas cuarcitas, que pudiera servir para el ganado (Fig. 15). Junto a estos restos hemos
hallado multitud de escoria y abundantes restos cerámicos, siendo casi todo de época medieval. Tan
solo una de las piezas recogidas parece ser de época ibérica. Esta pieza es un borde de un cuenco no
muy grande y cuyo diámetro oscila entre 15 y 20 cm. (Figs. 16, 17, 18 y 19). Como hemos apuntado,
aparece bastante cerámica medieval, aunque no emiral, y de época tardorromana. También hay
que decir, que aunque en un principio el profesor Martín Civantos indica que la explotación minera
se originaría en época ibérica, más adelante asegura que el yacimiento habría que adelantarlo al
siglo V d. C. Esto lo afirma tras comprobar que P. Madoz hace referencia a unas monedas fechadas
entre los deshechos de fundición entre los años 652 y 672 d. C. (Martín Civantos, 2008).
Por otra parte, también hay que poner de manifiesto el hallazgo de un lingote metálico, cuyas in-
vestigaciones aún no están publicadas, lo que, según Martín Civantos, pueden indicar que las minas
son explotadas desde época muy temprana. Al margen de esta cronología nada clara trataremos de
explicar una serie de evidencias que hemos podido contrastar que pudieran retrasar esa fecha a
46 Instituto Jóvenes Investigadores/as sobre Temas Andaluces
momentos anteriores a la formación del principado. Una de las principales pistas que podemos ver
es que una vez situados en la construcción antes mencionada y subiendo la ladera, vemos como hay
una serie de frentes de extracción a cielo abierto de una gran envergadura y que se han podido ex-
traer siguiendo la veta, sin la necesidad de ahondar en ningún momento, tal y como ocurre también
tanto en El Cardal como en el Peñón de Arruta.
Otra de estas similitudes las vemos en los pozos verticales que encontramos a lo largo de todo el
cerro, los cuales, habiendo sido reutilizados en prácticamente todas las épocas, y casi con una con-
tinuidad secuencial, muchos de ellos mantienen unas profundidades semejantes de entre los seis y
nueve metros, exceptuando pozos reutilizados que llegan a tener hasta 30 metros de profundidad.
(Figs. 20 y 21).
Una de las galerías la hemos podido documentar mucho mejor por su fácil accesibilidad y por no
presentar problema alguno de seguridad para hacerlo. Esta galería, cuya boca de entrada está
orientada hacia el oeste, tiene un recorrido de 50 metros hasta su punto final.
La boca desciende rompiendo unos estratos de esquistos hasta penetrar hacia adentro. Durante el
recorrido lo tenemos que hacer un poco agachados ya que la altura media que alcanza esta galería
es de 1’5 metros. Esto nos recuerda que en la galería de El Cardal la altura es similar. Por otra parte,
y siguiendo el mismo patrón que en El Cardal, la anchura media de la galería es de entre 0´5 y 0’65
metros. Casi al final del recorrido podemos ver una serie de piedras formando sendos muros a am-
bos lados de la galería y formando un arco de medio punto al final de la galería. El material utilizado
para ello es el propio de la zona, es decir, esquistos principalmente. Curiosamente este embovedado
se encuentra en su mayoría cubierto por pequeños filamentos de cristales de mineral blanquecino
que nos aporta una edad bastante antigua, ya que las mineralizaciones suelen formarse en periodos
muy largos de tiempo (Fig. 22). Pero para poder tener una edad más real tendríamos que hacer un
estudio mucho más exhaustivo interdisciplinar que nos aportara más luz a las investigaciones.
Al final del embovedado nos encontramos con dos ramificaciones a ambos lados cuyos finales se
encuentran totalmente colmatados de detritos. Ambas galerías auxiliares tienen un recorrido as-
cendente desde la base. Esto no implica en un principio ningún dato ya que se ha podido rellenar de
los propios sedimentos dejando a la vista la morfología actual. Si nos situamos al final de la galería
y mirando a la pared, en la galería que se abre a nuestra izquierda, y subiendo y penetrando con
gran dificultad, hemos podido observar marcas de herramientas en las paredes y que debido a la
colmatación es prácticamente imposible realizarlas actualmente debido a la posición que debemos
adoptar para realizarlas (Fig. 23).
Pero por otra parte hay que tener en cuenta la actividad extractiva que se produjo en el siglo XIX y
que presumiblemente borró prácticamente toda evidencia de la actividad realizada en época más
antigua, entre ellas las marcas de picos. Además, tampoco hemos hallado ningún resto de cerámica
ibérica dentro de la galería, pero eso no implica que no existan, ya que esos derrubios que colmatan
las galerías bien podrían llevar las citadas cerámicas, tal y como nos argumenta el arqueólogo Jesús
Bellón Aguilera en las minas que documentaron en Cartagena en Cala Cocón. Además, el hecho de
que los mineralogistas vayan en busca de especímenes raros de minerales mediante un laboreo del
mineral muy sistemático implica también la pérdida de pequeñas marcas o restos cerámicos o de
otro tipo que existieran con anterioridad de la actividad minera antigua (Bellón, 2013).
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Instituto Jóvenes Investigadores/as sobre Temas AndalucesInstituto Jóvenes Investigadores/as sobre Temas Andaluces
Situándonos nuevamente en el interior de la galería y en su fase final vemos que el distribuidor
hacia las galerías ciegas tiene una distancia de 3 metros de lado a lado y una altura de 4’40 me-
tros en su punto más alejado, formando una especie de tubo hacia arriba que nace desde el centro
del distribuidor y que por tanto nos podemos poner erguidos en todo momento. Existe además un
pequeño muro de contención de 1’05 metros de ancho por 0’60 metros de fondo y 1’20 metros de
alto que es construido para evitar el derrumbe de parte de este pequeño distribuidor. En la parte
izquierda del muro hay otra pequeña oquedad con unas dimensiones de 0’60 por 1 metro y que
entendemos como una la zona donde se produjo la última actividad extractiva. Además en parte de
esta pequeña salita podemos observar las mineralizaciones antes descritas sobre pequeñas piezas
de mineral extraído, lo que nos implica que en esa parte se dejó de extraer mineral mucho antes que
en el resto, por lo que puede ser que fuera parte de los trabajos de la minería más antigua.
Si nos vamos a la derecha del muro antes descrito observamos que tenemos una bifurcación colma-
tada, ya descrita, y otra pequeña salita con una altura media de 0’75 metros y cuyos lados miden
1’15 por 1’45 metros. Esta parte final de la galería, presenta por tanto una serie de indicios que hacen
presuponer que pudiera ser que parte de lo que vemos es de época mucho más antigua, pero no po-
demos asegurar que sea de época ibérica. Hay que tener en cuenta que pese a la planta que presenta
la galería de forma tan rectilínea y perfecta, la minería antigua buscaba y seguía el filón de mineral
mediante cámaras y corredores (Bellón, 2013), tal y como parece ocurrir al final de la galería.
Pero lejos con terminar aquí con la galería hicimos una medición de la distancia por fuera de la
mina y buscando la orientación de la misma, pudimos observar, que estando en el punto final de la
galería, pero esta vez en el exterior, a ambos lados de la misma tenemos sendos pozos de extracción,
uno cegado y el otro no, por lo que es muy probable que estos pozos tengan una comunicación con
la galería descrita y actúen a modo de ventilación para la misma. Además, debido al volumen de
escombros de mineral férrico que nos encontramos en la entrada de la galería, estos no podrían
pertenecer a la mina si no tuviera galerías laterales ya que incluso no hay una veta definida a lo
largo de los 50 metros del corredor de la mina.
Aunque hay más galerías en el cerro, hay que destacar una pequeña galería, que va desde el asenta-
miento hacia el camino, a través del barranco de Fuente Castaño, y que se encuentra subiendo unos
metros desde el cauce del barranco. Es una pe queña galería hecha de forma abovedada y que no tie-
ne mucho recorrido, entorno a diez metros, y siendo de una altura menor a la descrita anteriormen-
te (Fig. 24). Esta galería no presenta ningún tipo de escombrera del mineral ni tampoco vetas en su
interior, por lo que pudiese responder a un posible ensayo para el hallazgo y extracción del mineral.
El otro sistema que tenemos en el Cerro de las Minas, y por tanto el más utilizado, es el sistema de
pozo, como ya hemos apuntado anteriormente. Podemos obs ervar más de diez p ozos verticales, con
grandes escombreras junto a ellos, que han sido explotados hasta el siglo XX y que por tanto han
podido casi enmascarar las extracciones iniciales de época más antigua. Además, tenemos pozos
con una profundidad de 30 metros por lo que han tenido que ser vallados para que nadie pueda
caer dentro, ya que una caída en uno de ellos sería mortal. A colación hay que traer las palabras
de Bellón Aguilera sobre este sistema de pozos, que ya documentó hace dos años en Cala Cocón,
donde asegura que los pozos con profundidades superiores a los 25 metros son ya pozos reutilizados
a partir del siglo XIX, y adaptando las galerías con bóvedas de cañón con tendencia rectilínea. Esto
lo asegura en unas minas catalogadas como púnicas, no asegurando en ningún momento el asenta-
miento púnico en la zona (Bellón, 2013).
48 Instituto Jóvenes Investigadores/as sobre Temas Andaluces
Otro punto de extracción minera, que no hemos apuntado antes, es justo al coronar el Cerro de las
Minas, junto al cortafuegos, donde tenemos al menos cuatro puntos, de poca importancia, aunque
uno de ellos llega a presentar una estructura que lo delimita perfectamente.
CONCLUSIONES Y REFLEXIONES FINALES
Una de las conclusiones que podemos sacar es que la extracción del hierro en estas zonas se hacía de
forma artesanal, para satisfacer las necesidades de estos pequeños núcleos. Son espacios reducidos
y cuyos asentamientos parecen ser de p oca trascendencia, aunque no podemos quitarles importan-
cia por pequeños que sean ya que contribuían a la economía del lugar. Hay que tener en cuenta que
tenemos dos zonas de envergadura fundamentales de extracción en aquel momento, cuya entidad
es mucho más importante que los yacimientos mineros que hemos tratado de describir, como son
Cástulo (Jaén) y el Sudeste de la Península Ibérica, con Cartago Nova (Murcia).
Debido al paquete estratigráfico del mineral de hierro que se forma por el manto del corrimien-
to, los yacimientos asociados a la metalurgia van surgiendo a lo largo de este paquete, teniendo
por tanto numerosos puntos de extracción desde nuestra comarca de estudio hasta Cartagena, con
unas formas de trabajar que se asemejan muchísimo. Es por esta razón, tal y como vemos en Cala
Cocón, que no podemos asegurar una presencia púnica, como nos argumenta Bellón Aguilera, ya
que las formas de explotación parecen ser indígenas. Esto puede implicar que las explotaciones
pudieran ser púnicas, (debido al hecho de la necesidad de llevarse este material por las guerras
que mantenían con Roma), y que los que trabajasen las minas fuesen indígenas con sus formas de
explotación, aunque con tecnologías que trajeran los cartagineses.
El sistema de construcción de los pozos sigue un mismo patrón para los tres yacimientos mineros
descritos, es decir, con una planta más o menos cuadrangular, y con unas medidas en torno a los
diez metros de profundidad y de 1 metro de lado más o menos. Además, se observan una serie de
hendiduras que nos plantean que presumiblemente sirvieran para colocar estacas o palos de ma-
dera con el que acceder a los pozos. Otra cuestión es que estos pozos se reutilizaron en el siglo XIX
aumentando sus profundidades hasta cotas de 30 metros, degradando en parte las evidencias de la
minería más antigua.
Durante los trabajos del siglo XIX se hicieron nuevas catas en las minas antiguas para ver las ca-
lidades del mineral, de manera que se reutilizaron las minas que en ese momento vieron que les
resultaban rentables. Una vez reabiertas las minas se colmataron muchas de las antiguas galerías
y pozos, por lo que la única forma de encontrar restos más antiguos es por tanto hacer una excava-
ción sistemática de los detritos que colmatan las mismas.
Si bien es cierto que existen más yacimientos propios de la cultura íbera en esta zona, tales como la
Calera de Dólar, Castillo de la Calahorra, Castillo de Alquife, etc. (Adroher Auroux y López, 2002:
54), hemos decidido concentrar el estudio en tres. Dos de ellos, El Cardal de Ferreira y el Peñón de
Arruta de Jérez, han sido bien estudiados previamente; el otro, El Cerro de las Minas, no. La elección
está justificada en este sentido para mostrar la disparidad de estudios que hay y la diferencia de
conocimiento que tenemos de unas zonas y otras. Es nuestro deseo que estudios futuros centrados
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en el Cerro de las Minas afirmen o refuten la breve investigación que hemos realizado y las conclu-
siones que vamos a presentar.
En cualquier caso, de nuestro estudio podemos sacar una serie de rasgos comunes de los tres yaci-
mientos:
1. Se sitúan siempre a una altura considerable: 1235, 1433 y c. 1400 m.s.n.m., respectivamen-
te. Esto se puede deber no solo a su cercanía con distintas minas, sino a que también se
ejercía un control del territorio. Esto nos lleva a una segunda conclusión.
2. Eran asentamientos con una funcionalidad doble: por una parte, estaban destinados a un
control político de la zona, demostrado por la presencia de murallas; y estaban destinados
a una explotación económica principal minera.
3. Relacionado con el punto anterior, hemos podido comprobar que existe una visibilidad
entre los tres yacimientos que les llevaría a poder comunicarse y hacer un control visual
del terreno importante: tanto hacia zonas periféricas, como, en especial por estar en for-
mación triangular, hacia la zona minera más rica de las Minas del Marquesado.
4. En conexión con los dos puntos previos, todos los asentamientos se encuentran cercanos
a distintas minas, en especial de hierro, pero, para el caso de Arruta, también de Bronce.
5. Los tres yacimientos, además, se distribuyen sabiamente en zonas donde el acceso hídrico
es favorable, permitiendo la realización de actividades que necesitasen el uso de agua, así
como el abastecimiento humano de agua.
6. Todos ellos tienen una secuencia ocupacional y de actividad máxima entre los siglos III y II
a.C. Sería en este momento, pues, cuando más se explotaría y se poblaría esta zona.
7. Aunque imposible de averiguar sin los necesarios análisis paleobotánicos, los tres yaci-
mientos se encuentran en zonas húmedas y bien regadas por los ríos, lo que podría signi-
ficar que estas zonas también pudieron ser, en una menor medida, susceptibles de haber
sido utilizadas para actividades agropecuarias. Esto se ve en el caso del Cerro de la Calera
(Martín Civantos, 2007, 622), aunque está más alejado de esta zona y a una altura menor.
En cualquier caso, señalamos la importancia y necesidad de más estudios.
Finalmente, vemos que esto responde claramente a una idea política de organizar el territorio.
Como sabemos, Acci era el oppida fundamental de esta zona. En cierta medida, este territorio de-
pendía de las decisiones tomadas en Acci. Así pues, creemos que la decisión de intensificación de
los asentamientos y del poblamiento hubo de ser una decisión política emanada de las élites íberas
accitanas. En este sentido, sabemos que Acci tenía una importante actividad metalúrgica (López
Marcos y Adroher Auroux, 2001). Así, pues, ponemos concretamente en relación el hecho de la alta
explotación de esta zona con la importancia de la actividad metalúrgica de su oppida más cercano.
Dicho esto, sería absurdo olvidar la influencia cartaginesa para esta cronología. Resulta cuanto me-
nos curioso comprobar que en el momento de control bárquida de estas tierras sea cuando se ponen
en explotación las minas. Por ello, ponemos en relación directa las líneas previas con este hecho:
la élite accitana habría dado las directrices oportunas para explotar el Zenete, pero éstas, a su vez,
servirían a los intereses cartagineses. Es decir, si bien la aristocracia de Acci, conocedora de la zona
y sus recursos, fue la que tomó la decisión político-económica de explotar estas tierras, pero dicha
acción vendría impuesta por la población bárquida que estaba controlando el gobierno.
50 Instituto Jóvenes Investigadores/as sobre Temas Andaluces
Este último punto puede sustentarse sobre el siguiente hecho: estas explotaciones surgieron de la
nada, ex nihilo, y con una cronología semejante, y empleando una tecnología nunca antes conocida.
Esto puede suponer una posible ocupación de otros pueblos, como pudieran ser los cartagineses,
aunque sin asegurarlo, que traen consigo una serie de técnicas no antes conocidas por los pueblos
indígenas.
Hemos podido comprobar que las personas del Zenete y de su entorno eligieron asentamientos
cercanos a minas, en especial de hierro, aunque, en el caso del Peñón de Arruta también de cobre,
y en lugares de elevada altitud (que les permitiese ejercer un control político sobre el territorio), así
como cercanos a recursos hídricos. De entre estos diversos elementos, los íberos de este territorio
les dieron especial importancia a los metales, en donde destaca el hierro, estableciendo una diná-
mica asentamiento-minas de hierro que condicionaba el resto de decisiones, y que acabó configu-
rando un paisaje muy concreto. Así, pues, comprobamos la existencia de una correlación mutua
entre humanidad y Naturaleza, y esta relación (algunos dirán casi dialéctica) acabó configurando
el propio devenir de la sociedad de este espacio geográfico. Y, para este caso, hemos apuntado que
este territorio tendría una economía basada en la extracción y producción mineralógica de hierro.
No obstante, queda aún por averiguar la importancia real de la agricultura en esta zona y si exis-
tía cierta actividad de este tipo en cotas tan altas, pero cercanas a zonas propicias para actividades
agrícolas, como en la que se sitúan los yacimientos aquí estudiados. Y, por otra parte, en relación con
la minería, la única forma de poder dar algo de luz a una cronología real es mediante una serie de
excavaciones en las galerías colmatadas de detritos donde pudiéramos hallar restos cerámicos, epi-
gráficos o numismáticos que nos referenciaran un poco mejor su fecha. Por tanto, las galerías y pozos
colmatados en los inicios de las explotaciones decimonónicas son la clave para poder afirmar las
cronologías, no tanto de los asentamientos sino de los puntos de extracción minera. Esperamos que
en un futuro relativamente reciente se puedan llevar a cabo las investigaciones necesarias para ello.
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Instituto Jóvenes Investigadores/as sobre Temas AndalucesInstituto Jóvenes Investigadores/as sobre Temas Andaluces
MATERIAL GRÁFICO
Fig. 1: Imagen satelital del Marquesado del Zenete. Autor: Pablo Barruezo Vaquero.
Fig. 2: Yacimientos identicados como protohistóricos y adscritos a la cultura íbera (en
rojo), puestos en relación con los recursos naturales más importantes de la zona: explo-
taciones mineras (puntos en diversos colores, exceptuando el rojo) y red uviales o ríos
(líneas azules). También son visibles las curvas de nivel. Realizado por José Abellán San-
tisteban mediante QGis
54 Instituto Jóvenes Investigadores/as sobre Temas Andaluces
MATERIAL GRÁFICO
Fig. 3, 4 y 5: Croquis de la planta del pozo 1. Detalle del rebaje en la pared noreste del
mismo (Adroher et al, 2017).
Fig. 7: Marcas de picos en una de las galerías colmatadas. Foto: Carmelo A. García Campoy.
Fig. 6: Croquis de la galería (Adroher et al, 2017).
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MATERIAL GRÁFICO
Fig. 8, 9 y 10: Pozo del Peñón de Arruta y detalle de sus marcas. Fotos: Juan Ma-
nuel Cano Valenzuela y Carmelo A. García Campoy (Club Espeleo-Deportivo
Nivel 10 (El Padul-Granada).
Fig. 11, 12, 13 y 14: Detalle de frente abandonado donde se pueden observarlas marcas y una
posible galería. Fotos: Carmelo A. García Campoy.
56 Instituto Jóvenes Investigadores/as sobre Temas Andaluces
MATERIAL GRÁFICO
Fig. 15: Vista parcial del asentamiento desde el sur.
Fig. 16, 17, 18 y 19: Detalle de la cerámica íbera hallada junto al asentamiento.
Foto: Carmelo A. García Campoy.
Fig. 20 y 21: Medición del pozo. Fotos: Carmelo A. García Campoy y Manuel A.
Ortega Alguacil (Club Espeleo-Deportivo Nivel 10, El Padul-Granada).
57
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MATERIAL GRÁFICO
Fig. 22: Filamentos de mineral en el embovedado. Foto: Carmelo A. García Campoy.
Fig. 23: Galería de 10 metros de escasa altura. Foto: Carmelo A. García Campoy.
Fig. 24: Marcas de herramientas en la galería colmatada. Foto: Carmelo A. García Campoy.
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Full-text available
Through an archaeological research of intensive prospection, archaeological evidence of ancient mining and metallurgical production has been found, identified and documented in Cabezo de la Escucha in Cala Reona, Cabo de Palos, in the municipality of Cartagena (Murcia-Spain). It has also been possible to establish the culture and chronology of the mines, which date back to the IV-III century B.C, with a clear Punic influence on the mining exploitation. | A través de un estudio arqueológico de prospección intensiva se han localizado, identificado y documentado las evidencias arqueológicas relacionadas con la explotación minero-metalúrgica antigua del Cabezo de la Escucha en Cala Reona, Cabo de Palos, en el término municipal de Cartagena. Igualmente se ha logrado la adscripción cronológica y cultural de las mimas, datándolas, principalmente, entre los siglos IV-III a.C., con una clara influencia púnica en la explotación de las minas.