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«Amaya, la obra maestra de Navarro Villoslada», estudio preliminar a Francisco Navarro Villoslada, Amaya o los vascos en el siglo VIII, Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2002, vol. I, pp. 7-12.

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Abstract

La más famosa novela de Navarro Villoslada tuvo una lenta gestación. La idea inicial la tenía desde los años 50, y se centraba en el episodio legendario del parricidio y posterior penitencia de Teodosio de Goñi en el monte Aralar. Los títulos manejados eran incluso otros: El ermitaño, Amagoya o El alzamiento de los vascos… Sin embargo, el de Viana fue añadiendo a ese núcleo narrativo numerosos personajes y episodios novelescos: la historia de Aitor (con sus profecías, el tesoro de los vascos, el brazalete con la leyenda «Amaya da asiera», con su simbólico significado: «El fin es el principio»); toda la historia de Ranimiro y Lorea, su matrimonio, el nacimiento de una hija, Amaya, que lleva en sus venas la sangre de ambos pueblos; la inclusión de una segunda Amaya (Amaya de Butrón, bautizada con el nombre de Constanza) y otros mil incidentes que complican la trama y que aumentaron considerablemente la extensión de la novela. Navarro Villoslada iba incorporando todos estos elementos al hilo de la publicación del relato en el folletín de la revista La Ciencia Cristiana, que se demoró entre 1877 y 1879; solo entonces la novela se dio a las prensas en forma de libro, en tres volúmenes (Madrid, Librería Católica San José, 1879).
Francisco Navarro Villoslada
Amaya
o los vascos en el siglo vili
Volumen I
bibliotecabâsicanavarra
Centenario
de
Diario
de
Navarra (1903-2003)
Colección
biblioteca: navarra
Amaya
o los
vascos
en el
si^/o VIII
Volumen
I
© 2002
de la
presente edición
Fundación Diario
de
Navarra
Zapatería
49
Pamplona
Edición: Ediciones
y
Libros,
S.A.
Impresión: Rodesa
ISBN: 84-85112-85-7
Depósito Legal:
NA - 126 -
2002
Impreso
en la
Unión Europea
-
Printed
in the
European Union
índice
Amaya, la obra maestra de Navarro Villoslada 7
Amaya o los vascos en el siglo vm 13
Introducción 14
Primera parte
Libro primero
Capítulo I
Del habla que tuvieron el rey y su ministro 23
Capítulo II
De las hermosas vistas que tenía el castillo del ciego 36
Capítulo III
Música de los godos, letra de los vascos 53
Capítulo IV
En que el tiufado comienza a contar su historia 64
Capítulo V
Donde se prosigue la historia del tiufado 75
Capítulo VI
Donde se acaba el día, pero no la historia del tiufado 91
Capítulo VII
De cómo al fin llega el de la historia del tiufado 110
Capítulo VIII
Que trata de la Amaya gótica, de la romana
y de la vascongada 123
Libro segundo
Capítulo I
Castillo de tiempo inmemorial, palacio primitivo
y señores casi seculares 147
Capítulo II
Casa nueva y nueva vida 166
Capítulo III
«Y cayó como cuerpo muerto cae» 183
Capítulo IV
Que trata de batallas desconocidas
y de motines harto vulgares 198
Capítulo V
De cómo se fue cada cual por su lado, excepto Lope, de quien
no se cuenta que se moviera de su sitio 212
Capítulo VI
De los pasos que dio Teodosio en busca del brazalete de
Amaya 229
Capítulo VII
En que se cuenta quién salió de la sima de Aralar, del habla
que tuvo con Teodosio, y de la boda que le propuso 247
Capítulo VIII
El eco de los montes de Navarra 264
Capítulo IX
Donde sin probarse que Amagoya fuese astróloga, resulta
materialmente demostrado que tenía ribetes de astrología 281
Capítulo X
De cómo resolvieron los ancianos que Ranimiro fuese
ejecutado en Aitormendi 299
Libro tercero
Capítulo I
En que se anuncia un nuevo y divertido espectáculo
en el anfiteatro de Goñi 317
Capítulo II
De cómo Ranimiro y su hija fueron encerrados
en Gasteluzar 334
Capítulo III
En que el autor hace dormir a sus personajes,
y quizá también a sus lectores 351
Capítulo IV
De lo que pensó García en el monte y tuvo quer
en el valle 364
Capítulo V
Donde se estira y prolonga por opuestos cabos
la materia del capítulo anterior 378
Capítulo VI
De cómo entró Pelayo en Val-de-Goñi y de la entrevista
que tuvo con Amaya 393
Capítulo VII
De cómo en el palacio de Goñi no había recado
de escribir 409
Capítulo VIII
En que principia la lucha 424
Capítulo IX
Cómo el rabino Abraham Aben Hezra
salió de Gasteluzar 435
Capítulo X
En que se da fin a la primera parte
de esta verdadera historia 450
Prólogo 7
Amaya, la obra maestra de Navarro Villoslada
Datos biográficos de Navarro Villoslada
Francisco Navarro Villoslada nace en Viana en 1818'. Allí
cursa sus primeros estudios, se aficiona a la lectura y comienza a embo-
rronar cuartillas con sus escritos. En 1829 marcha a Santiago de
Compostela, donde vive con sus tíos canónigos; estudia Filosofía y
Teología y prosiguen sus escarceos literarios. En 1836 regresa a Viana
y en 1840, acabada la guerra civil (que deja una profunda huella en el
alma del joven aprendiz de escritor), se traslada a Madrid. Para coste-
ar sus estudios de Leyes, comienza a colaborar en varios periódicos, y
de tal forma destaca en aquel mundillo, que en 1846 llega a ser direc-
tor, simultáneamente, del Semanario Pintoresco Español, el Siglo
Pintoresco, El Español y su Revista Literaria. Por estas fechas
publica sus primeros trabajos literarios.
De 1846 a 1853 vive entre Madrid (donde le atan sus cargos) y
Vitoria (de donde es natural su esposa). Trabaja un tiempo como secre-
tario del Gobernador Civil de Álava pero, tras la muerte en 1851 de su
mujer, regresa a la capital y retorna a la actividad periodística, rele-
gando a un segundo plano su faceta de literato. Durante el bienio pro-
gresista (1854-1856) colabora en el periódico satírico El Padre Cobos.
En 1856 entra en el Ministerio de la Gobernación, en el que será suce-
sivamente oficial de los terceros, de los segundos y de los primeros.
Comienza a destacar también en la política: en 1857 resulta elegido
diputado por Estella. Ademas es nombrado director de la Gaceta de
Madrid y de la administración de la Imprenta Nacional.
A finales de 1859 funda con otros socios El Pensamiento
Español, periódico portavoz del grupo denominado neocatólico en el
que pondrá durante más de diez años todo su esfuerzo. En 1865 y 1867
vuelve a ser elegido diputado por Navarra. El triunfo de la revolución
de septiembre de 1868 provoca su acercamiento al carlismo: será
durante un tiempo secretario personal de don Carlos de Borbón y
Austria-Este (Carlos Vil), a quien acompaña por Europa. En 1871 es
' Navarro Villoslada es autor al que he dedicado, en los últimos años, varios trabajos.
Remito deforma especial a mi libro Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus
novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1995. La mayor parte de sus
escritos pueden leerse en los seis volúmenes de las Obras completas publicadas en
1990-1992 por la editorial Mintzoa.
Carlos Mata Induráin
elegido senador del reino por Barcelona. Sin embargo, su enfrenta-
miento con Cándido Nocedal le lleva a renunciar a la dirección de El
Pensamiento Español y, desengañado, se retira de la política activa
para retomar la creación literaria. En 1885, al morir Nocedal, acepta el
nombramiento como jefe de la Comunión Tradicionalista de España
para ser el representante de don Carlos en Madrid, pero pronto renun-
cia definitivamente a sus cargos y se retira a Viana, donde pasaría sus
últimos años y moriría en 1895.
Producción literaria
Habitualmente se recuerda a Navarro Villoslada por su faceta
de novelista histórico, que es, sin duda alguna, la más conocida. Sin
embargo, no debemos olvidar que tuvo una destacada actividad corno
político y que fue un notabilísimo periodista (probablemente el perio-
dista navarro más importante del siglo XIX, fundador y director de
importantes publicaciones). Además, como literato, fue mucho más que
un mero "Walter Scott navarro", ya que cultivó con acierto los princi-
pales géneros literarios del momento, tanto narrativos como líricos o
dramáticos. Así, de su producción teatral hay que mencionar las come-
dias La prensa libre 1/ Los encantos de la voz (ambas de 1844), el
drama Echarse en brazos de Dios (1855) y la zarzuela La dama del
rey,
estrenada ese mismo año con música de Arrieta. Escribió un ensa-
yo épico titulado Luchana (1840) y numerosas composiciones poéti-
cas2,
en las que predominan los temas de contenido moral y religioso
("A la Virgen del Perpetuo Socorro", "A Pío IX", "Meditación", "Las
ermitas", "Al Niño donoso... ").
En el campo de la narrativa, es autor de algunas novelas no his-
tóricas como El Ante-Cristo o Las dos hermanas, publicadas en
1845, de corte folletinesco. Más interesante resulta Historia de
muchos Pepes (salió en 1879 en el folletín de El Fénix), novela
seudo-autobiográfica que refleja el ambiente de los círculos literarios y
periodísticos madrileños de mitad de siglo. Cultwó asimismo el cuento
("El remedio del amor", "Mi vecina", "Aventuras de un filarmónico",
"La luna de enero"...), el artículo de costumbres ("El canónigo", "El
arriero" y "La mujer de Navarra") y la leyenda histórica ("El castillo
de Marcilla" y "La muerte de César Borja"). Aparte quedarían sus
obras menores (folletos de propaganda política, biografías, traducciones
' Véase Francisco Navarro Villosladn, Obra poética, ed. de Carlos Mata Induráin,
Pamplona, Gobierno de Navarra, 1997.
Prólogo 9
y otros trabajos que dejó inéditos'), además, por supuesto, de sus nove-
las históricas.
Sus novelas históricas
Las novelas históricas de Navarro Villoslada son Doña Blanca
de Navarra, Doña Urraca de Castilla y Amaya o Los vascos en
el siglo VIII. Las dos primeras aparecieron en 1847 y 1849, respecti-
vamente, todavía a remolque de la moda de la novela histórica román-
tica escrita "a la manera de Walter Scott", que en España triunfa entre
1834 (Sancho Saldaña, de Espronceda, El doncel de don Enrique
el Doliente, de Larra) y 1844 ÍE1 señor de Bembibre, de Gil y
Carrasco).
En cambio Amaya, la que seria su obra maestra, tardaría
treinta años más en ver la luz, cuando ya el Romanticismo era histo-
ria.
Además el de Viana quiso escribir una novela histórica sobre la
conquista de Navarra. De ese proyecto que no tuvo tiempo ni fuerzas
para concluir, titulado en su conjunto Pedro Ramírez, he rescatado
recientemente la novela Doña Toda de Larrea o La madre de la
Excelenta, cuya acción se sitúa en Vizcaya durante el reinado de los
Reyes Católicos4.
Doña Blanca de Navarra apareció en 1846, en una versión
más breve con el título de La Princesa de Viana. Narra las aventuras
del valiente jimeno (un supuesto judío del que finalmente se descubre
que es hijo natural del rey Alfonso el Magnánimo) y ios últimos días
de doña Blanca, encerrada en el castillo de Orthez y envenenada por su
hermana, doña Leonor de Foix. Al año siguiente, y en vista del éxito
alcanzado, Navarro Villoslada añadió una segunda parte, menos inte-
resante, Quince días de reinado, que describe la muerte de la asesi-
na y completa el plan moral y el texto de la obra. Para Doña Urraca
de Castilla (1849) aprovechó el autor una narración corta anterior, El
caballero sin nombre (1847). Esta segunda narración es de tema y
ambiente gallegos: novela los principales hechos del reinado de la hija
de Alfonso VI y las aventuras de Ramiro, el joven pajecillo del obispo
Gelmírcz, que al final resulta ser de noble ascendencia, hijo del caba-
llero don Bermudo de Moscoso y heredero de sus estados de Altamira.
' Pueden consultarse mis trabajos "Noticia sobre el archivo de Navarro Villoslada.
Algunos documentos de los años 40", Revista de Literatura, LX, núm. 119, 199S, pp.
207-41;
1/
Viana en la vida y en la obra de Navarro Villoslada. Textos literarios y
documentos inéditos, Viana, Ayuntamiento de Viana, 1999.
J Francisco Navarro Villoslada, Doña Toda de Larrea o La madre de la Excelenta,
ed. de Carlos Mata ¡nduráin, Madrid, Castalia, 1998.
Carlos Mata Induráin
Los elementos de intriga de estas obras están aprendidos en
Ivanhoe y otras novelas del maestro escocés. Se suceden aventuras y
episodios dramáticos bastante poco verosímiles. El narrador, omnis-
ciente en tercera persona, controla todos los hilos de la acción, dejando
muy poca capacidad re-creativa al lector. La estructura del relato es
sencilla y sigue un orden cronológico lineal. Los personajes, planos,
están caracterizados maniqueamente, estilizados hacia el bien o hacia
el mal: unos encarnan todos los defectos y se nos hacen odiosos; otros,
en cambio, son dechados de virtudes y se ganan nuestra simpatía.
Característica notable de nuestro autor es el esfuerzo de documenta-
ción histórica para ambientar sus obras, en busca del "sabor de época"
(que se consigue con la descripción minuciosa de vestidos, armas,
mobiliario, edificios, costumbres,
etc.).
La misma verosimilitud quería
el autor para sus descripciones del paisaje: de hecho, tomaba durante
sus viajes notas que luego aprovechaba para reflejar de forma fiel la
naturaleza y los escenarios de la acción, o bien consultaba planos y
mapas. Sin embargo, ese afán de verosimilitud no está reñido con la
desbordada fantasía de que hace gala y que le lleva a añadir abundan-
tes elementos legendarios y fabulosos. Otros rasgos destacados de estas
novelas serían el ritmo narrativo rápido, casi cinematográfico, favore-
cido por la sucesión de lances y ágiles diálogos; el tono moralizante,
con una visión providencialista de la historia; y, desde el punto de vista
estilístico, la influencia de Cervantes, que se refleja, por ejemplo, en el
humor y la ironía, perceptible incluso en la forma de titular algunos
capítulos.
Amaya
La más famosa novela de Navarro Villoslada tuvo una lenta
gestación. La idea inicial la tenía desde los años 50, y se centraba en el
episodio legendario del parricidio y posterior penitencia de Teodosio de
Goñi en el monte Aralar. Los títulos manejados eran incluso otros: El
ermitaño, Amagoya o El alzamiento de los vascos... Sin embar-
go,
el de Viana fue añadiendo a ese núcleo narrativo numerosos perso-
najes y episodios novelescos: la historia de Aitor (con sus profecías, el
tesoro de los vascos, el brazalete con la leyenda "Amaya da asiera",
con su simbólico significado: "El fin es el principio"); toda la historia
de Ranimiro y Lorea, su matrimonio, el nacimiento de una hija,
Amaya, que lleva en sus venas la sangre de ambos pueblos; la inclusión
de una segunda Amaya (Amaya de Butrón, bautizada con el nombre
de Constanza) y otros mil incidentes que complican la trama y que
Prólogo 1 ñ
aumentaron considerablemente la extensión de la novela. Navarro
Villoslada iba incorporando todos estos elementos al hilo de la publica-
ción del relato en el folletín de la revista La Ciencia Cristiana, que se
demoró entre 1877 y 1879; sólo entonces la novela se dio a las prensas
en forma de libro, en tres volúmenes (Madrid, Librería Católica San
José, 1879).
Unas líneas merece la acogida de Amaya. Desde el punto de
vista literario, llegaba tarde, cuando ya estaba triunfando el Realismo
y existía un nuevo patrón para la novela histórica, el de los Episodios
nacionales de Pérez Galdós. Amaya fue, en acertada expresión de
jorge Campos, "una bella flor tardía". Por otra parte, la filiación
polí-
tica del autor hizo que su aparición fuera silenciada, en parte, por la
crítica de signo liberal. En cambio, los fueristas y tradicionalistas la
ensalzaron hasta límites insospechados, y su éxito local, en Navarra y
las Provincias Vascongadas, fue arrollada: Hay que tener en cuenta la
circunstancia histórico-cultural del momento: de julio de 1876 databa
la ley de abolición de los Fueros vascos; en las cuatro provincias se esta-
ba gestando un movimiento de defensa de la identidad vasco-navarra
(nace en Pamplona la Asociación Euskara de Navarra, con su porta-
voz,
la Revista Euskara) y la novela de Navarro Villoslada
"centón
de tradiciones éuskaras", según él mismo la define, por las leyendas y
cantares que incluye—, constituía una apasionada exaltación del
carácter, las costumbres, el idioma y ¡as tradiciones de los antiguos
vascones. El escritor vianés se convirtió, al decir del Padre Blanco
García, en "el Walter Scott de las tradiciones vascas", otros le llama-
ron "el Homero de Vasconia" y Amaya pronto sería calificada como la
"Ilíada del pueblo vasco". El propio autor se refiere, en la dedicatoria
de la novela, al carácter épico de la materia narrada: "El asunto reque-
ría una epopeya; pero sin alas para volar tan alto y abatido por la tris-
teza que infunde la presente, me quedo rastreando en la elegía".
Resulta imposible resumir en unas pocas líneas el argumento de
Amaya y la intención ideológica del autor al escribirla. Baste con
señalar que la acción comienza en el momento de la invasión musul-
mana el año 711. Godos y vascones, enfrentados en una guerra que
dura tres siglos, se unen frente al enemigo exterior para defender lo que
tienen en común: la religión cristiana. La Cruz acaba uniendo a los
seculares enemigos, y de la unión de ambos pueblos —simbolizada por
el matrimonio de Amaya y García Jiménez— nace, según la tesis tra-
dicionalista del escritor, una nueva realidad que será el embrión de la
\ Carlos Mata Induráin
monarquía católica nacional de la Edad Media y, en definitiva, de
España.
Por lo que toca a la construcción narrativa y el estilo, las carac-
terísticas apuntadas para sus dos primeras novelas históricas siguen
siendo igual de válidas. Navarro Villoslada permanece fiel a los esque-
mas románticos de los años 40: se manejan las mismas técnicas narra-
tivas y los mismos recursos para mantener el interés del espectador
(recuérdese el episodio del caballo de Amaya corriendo desbocado hacia
el precipicio en la cima de las Dos Hermanas...). En general, no ha
habido una evolución, si bien podemos apuntar cierto cambio en el tra-
tamiento de algunos personajes, analizados aquí con mayor profundi-
dad psicológica. Así, junto a los personajes-tipo que encarnan simbóli-
camente determinados valores, tienen entrada aquí otros —como
Eudón o Teodosio— con un carácter más complejo, más "redondo",
pues se debaten entre pasiones y violentas luchas interiores y van cam-
biando a lo largo de la novela.
Esta edición
Amaya ha contado con numerosas reediciones a lo largo del
siglo XX, y también ha conocido versiones abreviadas y en comic. El
texto que ahora se ofrece está basado en el de la Biblioteca Virtual
Miguel de Cervantes. Siendo la presente una edición divulgativa, me
he limitado a corregir ¡as erratas evidentes y a modernizar la ortogra-
fía y la puntuación. Por lo demás, mi intervención ha sido mínima y el
propósito que me ha guiado ha sido entregar un texto lo más cercano
posible al de la primera edición de la novela. Por ello respeto algunas
peculiaridades de Navarro Villoslada: mantengo formas como priesa,
cuasi, pesia... (que en algunas ediciones se enmiendan sistemática-
mente en prisa, casi, pese
a...),
¡os frecuentes casos de laísmo y los
leísmos, ciertas concordancias ad sensum, el uso en ocasiones de
quien con valor de 'quienes', la confusión entre deber y deber de,
etc. Respecto a las notas al pie, ¡as originales del autor van en nume-
ración corrida; las mías —sólo unas pocas para aclarar algunas pala-
bras o pasajes— se señalan con un asterisco (*).
Carlos Mata Induráin
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