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«Blancos y negros, de Arturo Campión, o la “exaltación furiosa de las pasiones políticas”», estudio preliminar a Arturo Campión, Blancos y negros. Guerra en la paz, Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2002, pp. 9-17

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Abstract

El trasfondo político-ideológico de Blancos y negros (1898) ha sido bien analizado por José Javier López Antón, quien ha visto en esta novela la plasmación literaria de «la frustración de la tendencia fuerista de los euskaros». Campión presenta aquí la vida de un pequeño pueblo de la Barranca, la cual queda completamente mediatizada por el enfrentamiento entre Osambelas (burguesía enriquecida) y Ugartes (nobleza empobrecida). Encontramos en la novela una acertada imbricación de las diversas tramas sentimentales (Perico y María Isabel, Robustiana y don Mario, Josepantoñi y don Mario, etc.) y de las rivalidades personales (Cuadrau y don Mario, Celedonia y Josepantoñi…) con el elemento político (las luchas de blancos y negros, carlistas y liberales, con capítulos de alto valor «documental»: la división del pueblo en bandos antitéticos, las triquiñuelas legales para ganar las elecciones…). Todo ello insertado, a su vez, en el contexto de una época que está conociendo profundos cambios sociales como los derivados de la decadencia de la nobleza rural tradicionalista y el ascenso de la burguesía liberal. En este sentido, podría afirmarse que Blancos y negros es una novela crespuscular, pues muestra la ruina —material, que no moral— de una familia noble, la de los Ugarte, sustentadora y articuladora de buena parte de la vida del pueblo y del valle.
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Arturo Campion
Blancos y negros
Arturo Campion
Blancos y negros
Guerra en la paz
bibliotecabásicanavarra
Centenario de Diario de Navarra (1903-2003)
Colección biblioteca -navarra
Blancos y negros. Guerra en la pa:
Portada: Vista de Bacaicoa en el valle de la Barranca-Burunda.
© 2002 de la presente edición
Fundación Diario de Navarra
Zapatería 49
Pamplona
Edición: Ediciones y Libros, S.A.
Impresión: Rodesa
ISBN: 84-85112-61-X
Depósito Legal: NA - 2.144 - 2002
Impreso en la Unión Europea - Printed in the European Union
índice
Blancos y negros, de Arturo Campión,
0
la "exaltación furiosa de las pasiones políticas" 9
1 - Ojeada sobre Urgain y sus moradores 19
II - En familia 31
III - Proyecto matrimonial 47
IV - Un misionero 59
V - Cartas de la montaña 83
VI - Maizachuriketa 95
VII - La flecha en el blanco y el arco roto 111
VIII - Intimación matrimonial 129
IX - Chispazos en el agua 147
X - Nuevos motivos para el aria de «la calumnia» 171
XI - Nochebuena 189
XII - Chaparradas 207
XIII - El diablo en Urgain 221
XIV - Coleadas del diablo 241
XV - Sombras 257
XVI - Sale el sol 283
Prólogo I i
Blancos y negros, de Arturo Campión,
o la "exaltación furiosa de las pasiones políticas"
Arturo Campión Jaimebón (Pamplona, 1854-San Sebastián,
1937) fue un personaje polifacético: jurista, político, literato, historia-
dor, periodista, estudioso del vascuence, académico..., en conjunto,
uno de los intelectuales navarros más importantes de finales del siglo
XIX,
aunque su figura se adentra también cuatro décadas en el XX.
Realizó sus primeros estudios en el Instituto de Pamplona y luego
cursó unos años de Derecho en Oñate. Muy pronto comenzó también
a escribir, fundamentalmente obras de teatro, poemas y artículos perio-
dísticos. En 1876, año en que se licenció en Madrid, dio a las prensas
su primer libro, Consideraciones acerca de la cuestión foral y los
carlistas en Nabarra, e intervino en la gestación de la Asociación
Euskara de Navarra. Más tarde ocupó diversos cargos públicos: conce-
jal por el Ayuntamiento de Pamplona, diputado a Cortes, senador por
Vizcaya... Fue asimismo presidente de las entidades Euskal Esnalea,
Euskal Erria, Sociedad de Estudios
VASCOS,
del Instituto de Estudios
Históricos y de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de
Navarra; académico de número de la Lengua Vasca y correspondiente
de la de Historia, la de Ciencias Morales y Políticas y la de la Lengua
Española.
La de Campión es una personalidad compleja, que destaca por
su amor al pueblo vasco, expresado tanto en sus relatos y novelas como
en sus obras de investigación histórica y lingüística. José María
Romera enjuiciaba así el conjunto de su obra: "Su dilatada producción
\ Carlos Mata Induráin
10 V
escrita comprende discursas, conferencias, artículos periodísticos,
escritos políticos, novelas y cuentos, además de libros sobre historia,
antropología o temas lingüísticos. Prácticamente toda ella está alenta-
da por el lema "Euskalerriaren alde" (en favor de Euskalerría) y diri-
gida a la defensa incondicional de los símbolos políticos y culturales de
la identidad navarra como parte de la identidad vasca. [...] Su obra
narrativa se caracteriza por un cierto naturalismo rebajado y orienta-
do hacia el regionalismo, con un fuerte peso de los elementos históricos
y de los materiales de la etnografía y el folclore"\
Sus Obras completas, publicadas en quince volúmenes por
Segundo Otatzu Jaurrieta (Pamplona, Mintzoa, 1983-1985), inclu-
yen,
en efecto, discursos y conferencias, trabajos periodísticos, históri-
cos y políticos, libros sobre antropología y lingüística, crítica literaria
y musical, etc. Aquí me centraré exclusivamente en el comentario de
su obra literaria, formada por cuentos, leyendas, novelas y algunas pie-
zas dramáticas. Para el conjunto de su figura remito al completo y
documentado trabajo de José Javier López Antón, Arturo Campión,
entre la historia y la cultura (Pamplona, Gobierno de Navarra,
1998)2.
Relatos
Muchos de los relatos cortos de Campión pertenecen a sus suce-
sivas colecciones de Euskarianas, divulgadas a partir de 1896.
Distintas selecciones de sus relatos se han publicado con el título de
' José María Romera Gutiérrez, «Literatura», en AA. VV, Navarra. Madrid,
Editorial Mediterráneo, 1993, p. 184b.
' Pueden verse además los trabajos de Elias Amézaga, «Ficha bio-bibliográ-
fica de Arturo Campión», Letras de Deusto, núm. 44, vol. 19, mavo-agosto de
1989, pp. 29-37; José de Cruchaga y Purroy, «Arturo Campión», prólogo a Obras
completas, vol. 1, Pamplona, Mintzoa, 1983, pp. 19-83; Santiago Cunchillos y
Manterola, prólogo a Blancos y negros. Guerra en la paz, San Sebastián, Ttarttalo,
1998,
pp. 11-18; Carmelo de Echegaray, «Arturo Campión», prólogo a Blancos y
negros. Guerra en la paz, San Sebastián, Beñat Idaztiak, 1934, pp. 5-14; y Vicente
Huici Urmeneta, «Arturo Campión. Aproximación a un vasco desconocido»,
Muga, núm. 9, pp. 56-65 e «Ideología y política en Arturo Campión», Príncipe de
Viana, XLXII, pp. 641-87.
Prólogo I «
Narraciones baskas, por ejemplo, la edición de Madrid, Calpe, 1923
o la de San Sebastián, Beñat Idaztiak, 1934. Un lugar importante en
ese conjunto lo ocupan las leyendas y tradiciones históricas, muchas de
ellas redactadas por los años de 1877-1883: "Los hermanos Gamio",
"El coronel Villalba (tradición nabarra)", "Agintza. La promesa",
"Orreaga. Roncesvalles", "Gastón de Belzunce (leyenda histórica)",
"La visión de Don Carlos, Príncipe de Viana", "La muerte de
Oquendo", "Denbora anchiñakoen ondo esanak. Los consejos de los
tiempos pasados", "El último tamborilero de Erraondo" y "El bardo de
Izaltzu ". La leyenda histórica es un subgénero narrativo al que se acer-
caron también Navarro Villoslada e Iturralde y Suit, ya que les permi-
tía presentar personajes simbólicos, hechos gloriosos o épocas emble-
máticas de la historia de Navarra o de Vasconia (Roncesvalles, el
Príncipe de Viana, las guerras de beaumonteses y agramonteses, la
anexión a Castilla, Amayur...) que cuadraban a la perfección con sus
presupuestos e intereses ideológicos. Campión, en concreto, defiende a
ultranza en estas leyendas la identidad vasco-navarra, que ha sufrido
a lo largo de los siglos constantes agresiones exteriores y que en su
época se ve de nuevo amenazada y en peligro de desaparecer por com-
pleto. De hecho, en sus relatos no retrocede necesariamente al pasado
lejano (siglo VIH, Alta y Baja Edad Media...), sino que en algunos la
ambientación es casi contemporánea, como en "Pedro Mari" (escrito el
año 1895 y centrado en tiempos de la Revolución francesa y las luchas
de España contra el Imperio).
Un segundo grupo en importancia numérica lo forman aquellos
relatos que son cuentos, de ambiente contemporáneo, y que pueden
agruparse por sus semejanzas temáticas o de intención. Así, varios res-
ponden al deseo de mostrar el deterioro que han sufrido y siguen
sufriendo las seculares costumbres de la ancestral raza vasca, a punto
ahora de ser borradas: "Roedores del mar" (aquíel peligro exterior está
personalizado en el carabinero Ruperto, que trata de seducir a la ¡inda
chirlera guipuzcoana Lupita); "Contrastes. Cuadro de costumbres
buenas y malas" (el enemigo es el progreso moderno, simbolizado en
ese tren que vomita sobre las Vascongadas todo lo peor de España);
"Yan-Pierr" (alegato contra la guerra europea o, mejor, contra el hecho
de que sangre baska —empleo la grafía utilizada habitualmente por
Campión se derrame en guerras que no son baskas); o esa bella ale-
goría que es "El último tamborilero de Erraondo" (el vasco que regre-
sa de América para vivir sus últimos años y morir en el solar nativo y
Carlos Mata Induráin
encuentra que el país soñado en la distancia ha perdido, quizá definiti-
vamente, sus señas de identidad y su idioma).
Otros relatos nos presentan historias trágicas: "Ramonica" (la
segadora de pueblo que acude a la Cuenca de Pamplona y muere asfi-
xiada en el campo); o "La cieguecita del puente (Historia vulgar)",
tru-
culenta narración sobre la ciega Teresha, un homenaje al Naturalismo
(está dedicada a Emilia Pardo Bazán). "Popachu" y "Los dos gatos"
son dos breves narraciones, sin mayor trascendencia, que forman la
sección "Cuentos a mis sobrinos". "El ojo del Doctor Faust" (1879) y
su continuación varios años posterior "La resurreción de la carne"
(1915) aparecen agrupadas bajo el epígrafe "Historias del manicomio".
En fin, "¡Bartolo, anticlerical!" presenta el caso de un tradicionalista
que participa en una manifestación contra la Iglesia, hecho sorpren-
dente que se explica por su deseo de recuperar a una hija que ha profe-
sado como religiosa.
Como "fantasías" podemos considerar "Una noche en
Zugarramurdi" y "Grachina (tradición nabarra)", que guardan rela-
ción por tratar ambas el tema de la brujería, en concreto, por presentar
escenas de akelarre. Junto a todas estas piezas se suelen editar otras
tituladas "Gau-illa de Julián Gayarre" y "Olite en Ujuc" (que son
"Cosas vistas", es decir, relatos o impresiones de viaje) y los poemas
dramáticos Sancho Garcés y La flor de Larralde.
Si en los relatos de Iturralde y Suit existe una nota poética y
nostálgica, melancólica, con un tono narrativo remansado, los de
Campión constituyen un grito más angustiado, un intento más direc-
to de sacudir la adormecida conciencia de sus paisanos: Iturralde
muestra las ruinas físicas como símbolo de la ruma moral de un pue-
blo;
Campión presenta directamente ¡a ruina moral de ese pueblo, cen-
trada en la pérdida de su identidad cultural.
Novelas
Arturo Campión tiene una faceta de novelista histórico, repre-
sentada por Don García Almorabid. Crónica del siglo
XIII
(Tolosa,
Casa Editorial de Ensebio López, 1889). Sobre el telón de fondo de la
guerra de los burgos de Pamplona, que culminaría con la destrucción
de la Navarrería, se teje la trágica historia amorosa de Blanca
Almorabid y Raúl Cruzat. Pese a su tardía fecha de publicación, la
Pròlogo I ñ
obra presenta las mismas características técnicas y estilísticas de la
novela histórica romántica española, cuya gran década fue la de 1834
a 1844: el amor imposible entre personas pertenecientes a familias riva-
les,
la escasa profundidad psicológica de los personajes, la ocultación de
la personalidad de alguno de ellos (Azeari Sumakilla es en realidad
Pero Martíniz de Oyan-Ederra), etc. El autor introduce algunas notas
explicativas del significado de las palabras vascuences que incorpora al
texto o sobre las instituciones del reino de Navarra en aquella época*.
La obra que ahora edito, Blancos y negros. Guerra en la paz
(Pamplona, Imprenta de Erice y García, 1898), sin ser una novela his-
tórica (se indica que la acción ocurre en 188...), describe perfectamen-
te la división política entre carlistas y liberales en el pueblo navarro de
Urgain, como en seguida veremos.
Por último, ¡a tercera novela del polígrafo pamplonés, quizá la
menos interesante, es La bella Easo (1909), donde se contrapone la
vida austera y sacrificada de los habitantes del caserío (Martín y
Joshepa) con la frivola de Jayápolis, ciudad "alegre, coqueta, elegante"
(trasunto de la San Sebastián más mundana), en la que sin embargo
empiezan a difundirse las doctrinas socialistas y apuntan ya las luchas
obreras.
Blancos y negros
El trasfondo político-ideológico de Blancos y negros (1898) ha
sido bien analizado por José Javier López Antón, quien ha visto en esta
novela la plasmación literaria de "¡a frustración de la tendencia fueris-
ta de los euskaros". Campión presenta aquila vida de un pequeño pue-
blo de la Barranca, la cual queda completamente mediatizada por el
enfrentamiento entre Osambelas (burguesía enriquecida) y Ugartes
(nobleza empobrecida). Encontramos en la novela una acertada imbri-
' Para un análisis detallado de la novela remito a Enrique Miralles, «Don
García Almorabid, de Arturo Campión, y la novela histórica de fin de siglo», en
Luis F. Larios y Enrique Miralles (eds.), Sociedad de Literatura Española del siglo
XIX. Actas del I Coloquio. Del Romanticismo al Realismo (Barcelona, 24-26 de octubre
de 1996), Barcelona, Publicacions de la Universität de Barcelona, 1998, pp. 317-
29.
\ Carlos Mata Induráin
14
cación de las diversas tramas sentimentales (Perico y María Isabel,
Robustiana y Don Mario, Josepantoñi y Don Mario, etc.) y de ¡as riva-
lidades personales (Cuadrau y Don Mario, Celedonia y Josepantoñi...)
con el elemento político (las luchas de blancos y negros, carlistas y
liberales, con capítulos de alto valor "documental": la división del pue-
blo en bandos antitéticos, las triquiñuelas legales para ganar las elec-
ciones.
..). Todo ello insertado, a su vez, en el contexto de una época que
está conociendo profundos cambios sociales como ¡os derivados de la
decadencia de la nobleza rural tradicionalista y el ascenso de la bur-
guesía liberal. En este sentido, podría afirmarse que Blancos y negros
es una novela crespuscular, pues muestra ¡a ruina —material, que no
moral— de una familia noble, la de los ligarte, sustentadora y articu-
ladora de buena parte de la vida del pueblo y del valle.
La familia representante de la tradición es la de Doña María y
sus dos hijos, María Isabel y Mario, cuya presentación se produce en
el capítulo IV, cuando acude a Jaureguiberri el Padre Aguinaga. Este
capítulo sirve para trazar el retrato (físico y sobre todo moral) de Don
Mario de Ligarte. El fraile, apodado por los liberales Padre Trabuco-
Urnas dados sus ánimos belicosos y sus continuas ingerencias en los
asuntos electorales, trae instrucciones del pretendiente carlista de cara
a las elecciones que van a renovar la Diputación provincial: en concre-
to,
pide a Don Mario que sea el candidato carlista para arrebatar el dis-
trito a los liberales. Pero Don Mario se niega, alegando las deudas con-
traídas por su casa tras la última guerra civil, porque es consciente de
que existe para ellos riesgo verdadero de perder el solar nativo, que está
hipotecado (en una prolepsis narrativa que anticipa lo que, de hecho, va
a suceder más adelante).
Sin embargo, aunque Don Mario renuncia a ser el candidato
carlista en la lucha electoral, tendrá una intervención decisiva el día de
las elecciones: la pasión política ha dividido peligrosamente al pueblo
en dos bandos irreconciliables, a la hora de acudir a las urnas la ten-
sión en el ambiente es máxima y una chispa cualquiera puede desatar
el incendio de la violencia. Entonces el abad Don Javier pide a Don
Mario que ponga paz entre los grupos rizmles y "con su prestigio,
influencia y palabra" evite que corra la sangre. El joven hidalgo se
niega en principio, argumentando que la pobreza y la calumnia (la len-
gua viperina de Celedonia se ha encargado de propalar la especie de que
ha dejado embarazada a Josepantoñi, una de las mozas campesinas del
pueblo) le han arrebatado todo su prestigio. Pero el abad le insiste para
Prólogo
que cumpla con su deber, para que sea Ligarte hasta el fin. Espoleado
por esas palabras, Don Mario asume valientemente la responsabilidad
que por tradición familiar recae sobre su persona. Tras besar a su
madre, toma las candidaturas del fuerista Zubieta y arenga a los veci-
nos del pueblo instándoles a la paz, representada en esa candidatura
que supera la estéril división de carlistas y liberales. Don Mario es
aclamado por sus vecinos y llevado en volandas. Los ánimos, hasta
entonces encrespados, se distienden. Sin embargo, en medio del gentío
se alza una mano cobarde y asesina: Casildo Zazpe, alias Cuadrau,
cegado por los celos (piensa que Josepantoñi le desdeña a él porque está
en relaciones con el señorito de Jaureguiberri), aprovecha ¡a confusión
para herir de muerte a Don Mario con su descomunal navaja. La
muerte de Don Mario viene a simbolizar el fracaso de la opción políti-
ca de los éuskaros.
Muchos de los personajes de la novela se construyen como pare-
jas de contrarios (Osambela y Doña María, Cuadrau y Don Mario,
Celedonia y Josepantoñi...). El contraste maniqueo lo observamos asi-
mismo en la presentación de los personajes vascongados (la familia de
Juan Bautista Oyarbide, sobre todo), que constituyen acabados mode-
los de bondad y virtud, frente a los personajes foráneos (sobre todo los
hijos de Aquilino Zazpe, Celedonia y Casildo, verdaderos dechados de
maldad).
Campión idealiza el carácter y las costumbres tradicionales
del pueblo vasco y fustiga las novedades venidas de fuera para distor-
sionar su alma. Desde la ventana del palacio observa Don Mario
(capí-
tulo IV) el baile que en la plaza consistorial protagoniza la juventud
urgainesa, "sana, alegre y ágil", al son del silbo y el tamboril, baile
honesto que contrasta con el "agarrao" que tiene lugar junto al portal
de la taberna de Aquilino Zazpe, al son de guitarra, bandurria y pan-
dereta, con intervención de la "gente forastera" (carabineros, guardias
civiles, mozos de la estación y sus mujeres). Esa radical oposición de
autóctonos y foráneos se personaliza en el enfrentamiento entre
josepantoñi y Celedonia (que culmina en la pelea en el río del capítulo
IX).
Si las montañesas hablan "la lengua éuskara, formada por Dios
para susurrar ternezas y amores", las otras mujeres, las esposas e hijas
de guardias civiles, carabineros y empleados del ferrocarril, se expresan
en un español plagado de vulgarismos y coloquialismos y con un acen-
to marcadamente ribero-aragonés. El carácter idílico de la vida en la
aldea vasca queda subrayado en las continuas visitas que hace Mario
al caserío de Ermitaidea.
Carlos Mata Induráin
La misma técnica del contraste y la dualidad sirve para presen-
tar la división política existente en Urgain, que se escenifica en los
cafés (el Café de la Paz es el cuartel general del puñadico liberal mien-
tras que ¡a taberna de Aquilino Zazpe constituye el centro popular de
los carlistas). Verdaderamente antológico es el capítulo Xlll, "El dia-
blo en Urgain" —el diablo llega al pueblo en forma de candidaturas
electorales—, donde Campión describe magistralmente la "exaltación
furiosa de las pasiones políticas" y cómo los ánimos pacíficos se trans-
forman en pendencieros: "Ardió la pasión política".
Unas líneas merecería el empleo de técnicas caricaturescas en
los retratos de algunos personajes. Caricaturesco es, por ejemplo, el de
Don Abdón, el teniente de la parroquia. También carga Campión las
tintas en el retrato del maestro, navarro de nacimiento, no de senti-
miento, Don Bernardina, descrito como un verdadero sádico ("Me
llamo Balda y... baldo"). En el plano constructivo, Campión gusta de
dotar de estructura circular a algunos capítulos (compárese el comien-
zo y el final de los capítulos 1 y XIII). Salpican ¡as páginas de la nove-
la abundantes metáforas, imágenes y símiles, y hay que notar, asimis-
mo,
la huella de Cervantes, que se aprecia en pequeños detalles de esti-
lo como la forma de comenzar algún capítulo ("Las ocho de la mañana
serían..."
es la expresión que abre el capítulo V) o la predilección por
algunos adjetivos (desaforado, descomunal...) de clara raigambre
cervantina. Tampoco puedo detenerme ahora en el comentario de las
bellas descripciones del paisaje navarro. El costumbrismo regional se
aprecia deforma clara en el capítulo VI, "Maizachuriketa", dedicado a
la festiva deshoja del maíz, amenizada por los cuentos del viejo Fraile,
que es "costal de historias y relatos"; y en las descripciones de los bai-
les al son del silbo y el tamboril o de las faenas agrícolas, como la brio-
sa evocación de la siega del capítulo XVI.
Dos pasajes con clara influencia naturalista son el de la muer-
te de Martinico y el de la descripción de la enfermedad de Doña Marta.
El jorobado Martinico, "triplemente herido por la escrófula, el raqui-
tismo y la miseria", muere como consecuencia de la brutal paliza que
le propina el maestro por hablar vascuence (capítulo IX), cuyos efectos
hacen que su enfermedad degenere en una bronco-neumanía. Con la
misma técnica detallista, con morosa minuciosidad cuasi-científica y
sin obviar la mención de aquellos aspectos más desagradables, se des-
cribe asimismo la enfermedad de Doña María, aquejada de una lesión
cardiaca que estalla violentamente tras la discusión con su desnatura-
Prólogo 1 Ti
¡izada hija María Isabel (capítulo XV, "Sombras"). Ya lo indicaba José
Zalba: "Tiene, es cierto, algunos toques en sus novelas algo crudos,
pero el realismo de Campión no puede confundirse con el crudo y
sis-
temático naturalismo; el estilo puede ponerse enfrente de los Valeras y
Peredas"4. En efecto, desde el punto de vista literario, Blancos y
negros puede ser adscrita a la corriente del Realismo regionalista que,
siguiendo sobre todo las huellas de José María de Pereda y su novela
idilio,
buscó retratar el paisaje y el paisanaje.
Esta edición
He tomado como texto base el de la reciente edición de San
Sebastián, Ttarttalo, 1998. He corregido sus abundantes erratas y sol-
ventado un par de lagunas que presentaba ese texto. He tenido a la
vista la primera edición (Pamplona, Imprenta de Erice y García, 1898),
que llevaba la dedicatoria "A mi madre. Arturo", y he restituido algu-
nas de sus lecturas originales; también he consultado la de San
Sebastián, Beñat ldaztiak, 1934, con prólogo de Carmelo de Echegaray,
y la de Segundo Otatzu jaurrieta en Obras completas, vol. IX,
Pamplona, Mintzoa, 1983. Anoto aquellas palabras y expresiones
menos usuales hoy día, tratando de facilitar lo máximo posible la com-
prensión del texto a todos los lectores. Agradezco a Asier Barandiarán,
profesor del Diploma de Estudios Vascos de la Universidad de
Navarra, su ayuda para la traducción de las frases y expresiones en
vascuence contenidas en la novela.
Carlos Mata Induráin
' José Zalba, «Páginas de la historia literaria de Navarra», Eitskalerriaren Aldo,
XIV, 1924, p. 373.
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  • Arturo José De Cruchaga Y Purroy
  • Campión
José de Cruchaga y Purroy, «Arturo Campión», prólogo a Obras completas, vol. 1, Pamplona, Mintzoa, 1983, pp. 19-83;