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«La teoría de Amado Alonso sobre la novela histórica», Pregón Siglo XXI. Revista Navarra de Cultura, 8, Navidad de 1996, pp. 36-39

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«La teoría de Amado Alonso sobre la novela histórica», Pregón Siglo XXI. Revista Navarra de Cultura, 8, Navidad de 1996, pp. 36-39

Abstract

Amado Alonso García, nacido en Lerín, Navarra, en 1896 y muerto en Arlington, Massachusetts, en 1952, fue uno de los filólogos más destacados del grupo de Ménéndez Pidal, que desarrolló su actividad docente e investigadora en España (Universidad de Madrid), Argentina (Universidad de Buenos Aires) y Estados Unidos (Universidad de Harvard). Sus campos principales de investigación fueron la fonética, el español de América, la teoría del lenguaje y la crítica literaria (se le considera el introductor de la estilística en el ámbito hispánico). Esta contribución pretende ser una aproximación a su teoría de un género literario concreto, el de la novela histórica. Amado Alonso expuso sus sugerentes ideas al respecto en un trabajo titulado Ensayo sobre la novela histórica. El Modernismo en «La gloria de don Ramiro» (Buenos Aires, Instituto de Filología, 1942), que se ha convertido en una de las interpretaciones más originales e interesantes —la más completa, sin duda alguna, en el ámbito hispano— de ese peculiar subgénero narrativo en que se dan la mano la Historia y la Literatura, la realidad y la ficción. En efecto, siendo mucho lo que la crítica moderna ha escrito acerca de la novela histórica, el trabajo de Alonso puede parangonarse con el ya también clásico de Lukács. En este trabajo trataré de exponer de forma resumida las principales ideas que desarrolla el filólogo navarro en ese Ensayo sobre la novela histórica (la segunda parte del libro, que ocupa las pp. 147-315, es una aplicación de las mismas a la novela del escritor argentino Enrique Larreta).
PREGAR S16L0 XXI
REVISTA DE LA SOCIEDAD CULTURAL PENA PREGÓN. PAMPLONA, NAVIDAD 1996.
8.
ANO
IV.
500 PTS.
Secciones habituales y páginas especiales sobre Derecho y Fuero
8. Navidad, 1996
VIDA DE PREGÓN
Del Director
En el surco, a cultivar lo nuestro; que el fruto
vendrá abundante, no sabemos cuándo
E
n Pregón Siglo XXI nos gusta recordar no por melancolía sino porque la memoria sitúa las
cosas en el tiempo y da oportuna perspectiva al presente y prepara, de ese modo, el futuro.
Recordamos hoy el Congreso Nacional de Derecho Civil de Zaragoza, al cumplirse las bodas de
oro,
los cincuenta años de su desarrollo. De allí salió un programa de actuación que dio buenos
frutos en las compilaciones, en las instituciones y en las cátedras. Francisco Salinas estuvo pre
sente allí y hoy ha coordinado las páginas monográficas de Derecho y Foralidad.
En Navarra andamos flojos de sensibilidad foral. Estamos encajando demasiadas erosiones a
nuestro sistema, asistiendo a desmantelamiento de instituciones o al aparcamiento de instru
mentos de actuación foral. El Amejoramiento del Fuero se está reduciendo al funcionamiento
formal de los órganos de Gobierno y de la Administración de lo que se ha venido a llamar Co
munidad Foral. Amejorar el Fuero es otra labor de s calado y envergadura.
¿A
quién importa
el Fuero? ¿Quién está dispuesto en Navarra a conocerlo mejor, a extraer de él sus valores sus
tanciales, a actualizar lo actualizable y mantener lo fundamental?
Huimos del pesimismo como de la misma peste, pero en un planteamiento realista hay que re
conocer que la labor es urgente y difícil. El ordenamiento constitucional vigente a medio desa
rrollar, complejo de por sí y con grandes zonas oscuras precisa de una constante vigilia por nues
tra parte, de una disposición permanente para salvar lo salvable, implantar lo conveniente y me
jorar Ja legislación y los órganos de actuación. Ciertamente él fin de siglo es hartamente com
plicado para Navarra. Agentes exteriores nos están complicando la vida pero ése no es mayor pe
ligró que el los poco valerosos a la hora de afirmar lo que es y ha sido Navarra y de los ignoran
tes o inconscientes cuya despreocupación manifiesta hace ineficaz los buenos planteamientos.
Pongamos las inteligencias a trabajar, los corazones a sentir, las voluntades a prueba, la me
moria a recordar los sacrificios pasados, y obremos en consecuencia. Escojamos bien líderes, res
ponsables y administradores. Exijamos buena legislación y correcta ejecución. Hablemos y es
cribamos, con crítica correcta, cuando sea preciso. Hagamos que quienes ostentan representa
ciones tomen posesión ante todo de su dignidad. Ño escatimemos medios económicos a entida
des que laboran por el bien común.
Por citar cosas concretas en la arena jurídica o circo de la justicia y de la política. ¿Por qué no
nos planteamos re vitalizar las merindades navarras, el Congreso de Estudios de Derecho Nava
rro,
las competencias municipales bien ejercidas con un buen cuerpo de secretarios de ayunta
miento ilusionado? Las organizaciones sociales sanas, en las que cuenta la familia de verdad y el
sistema educativo que sirva eficazmente a los valores de siempre, tienen mucho que decir y so
bre todo que hacer. ¡Animo! >
El Colegio de Abogados es una pieza clave en nuestra agora, en el palpitar social de la "res
blica". A su solera centenaria y prestigio bien formado se une el buen hacer de su junta de Go
bierno que nos ha abierto su casa. Correspondemos con el agradecimiento sincero y el deseo de
hacer cosas juntos. Compartiremos la presentación de esta revista en su sede y para el gran
blico,
en el cine Mikael de la mano de Antonio José Ruiz que presenta su cuarta película de Pam
plona referida al corazón de la ciudad.
El centenario del cinematógrafo en Navarra tiene así un relieve de categoría. Un siglo hace ya
del nacimiento de José Ramón Castro a quien hemos homenajeado en Pamplona y Tudela, del
de Amado Alonso a quien traemos a nuestras páginas y de Zacarías Zuza, colaborador de Pregón,
que tiene en su revista un recuerdo cariñoso. La Caja de Ahorros de Navarra cumple 75 años y
quien desee mirar cómo celebró sus Bodas de Oro en 1971 deberá recurrir a la colección de Pre
n que se encargó de proyectar la efemérides. Hoy cinco lustros después, felicitamos a la Caja
pidiéndole que tenga mejor memoria. Cincuenta años de la Coronación de Santa
M*
la Real
y,
se
ha dicho ya, del Congreso Nacional de Derecho Civil y veinticinco de la muerte de tres escrito
res
notables:
José M* Iribarren a quien venimos recordando meses atrás, de Ángel Martínez Bai
gorri nuestro jesuíta lodosano poeta en Nicaragua y de Zacarías Zuza, al que coincide también
centenario de nacimiento.
En Pregón nos gusta recordar. Pero miramos adelante. Hay gente joven a quien orientar y otra
gente mayor, a quien sostener. Sin grandes medios ni ambiciones, nos hemos visto por primera
vez incluidos con una pequeñísima subvención del Gobierno de Navarra y con una ayuda en for
ma de anuncio del Ayuntamiento de Pamplona, que se estrenó en el número de San Fermín. Lo
mismo que a quienes se anuncian —es decir, que hacen factible Pregón—, a quienes ños leen y
nos justifican el esfuerzo, les damos las gracias. Seguimos adelante un número s y esperamos
con ilusión el o de 1997. o dé bienes y mejoramientos, de seguir en él surco para cuidar la
siembra y atender las labores. El fruto vendrá abundante, aunque tardemos en verlo o venga
cuando faltemos. Felicidades ante las fiestas venturosas de Navidad que nos remiten a lo s ín
timo,
a Dios, nuestra familia, nuestra vida, nuestros amigos y nuestro Fuero.
Jesús Tanco Lerga
Sumario
PORTADA:
José Antonio Corriente Córdoba.
VUELTA: Heráldica municipal pamplonesa (B.S.).
VIDA DE PREGÓN
Del director: En el surco, a cultivar lo nuestro; que
el fruto vendrá abundante, no sabemos cuándo... 1
Ruegos y preguntas 2
Bando 3
Vida cultural 4
Sobre el Congreso General Jacobeo 5
En torno al libro "Navarra y la Caja en 75 años"
(Jesús Tanco Lerga) 6
Encuentros navarros Santa María de Huerta
(Rubén Tejada) 8
Cuando un poeta es algo o y tengo que
hablar sobre él (Conchita Zuza Aguinaga) 9
En el centenario de José Ramón Castro
(Esteban Orta Rubio) 11
DERECHO
Y
FUERO
Derecho y Fuero (Francisco Salinas Quijada) 13
Lo que Navarra puede enseñar al mundo
(Airara D'Ors) 14
La abogacía colegial en la Navarra histórica
(Francisco Salinas Quijada) 16
La abogacía Foral (Ángel Ruiz de Erenchun) 19
El Consejo de Estudios de Derecho Navarro
(Javier Nagore Yárnoz) 22
Navarra y el concepto jurídico de un estado
de derecho (Tomás Urzainqui Mina ) 25
Las Merindades de Navarra (Joaquín Gortari) 28
Los Ayuntamientos de Navarra
(Marü'n Ms Razquin Lizarraga) 31
Las garantías del crédito en el derecho foral de
Navarra (Eugenio Salinas Frauca) 33
EFEMÉRIDES
En el 50 Aniversario de la Coronación de Santa
María la Real (Juan José Martinena) 34
La teoría de Amado Alonso sobre la novela
histórica (Carlos Mata Induráin) 36
NAVIDAD
La natividad de JesuCristo
El Niño Jesús adorado por los Magos 40
Estampa Navideña. El Nacimiento del Niño Dios
(José Soria Ayerra) 42
ESTUDIOS
La Tau en Navarra (Ricardo Ollaquindia) 43
Don José Armendáriz y Perurena, marqués de
Castelfuerte, virrey del Perú (José L. Molins) 46
Navarra subterránea (II) (José Antonio Juncá) 50
Pedro Esteban Górriz Artázcoz, y el descubrimiento
de las minas de Hiendelaencina. (Guadalajara) II
(Eusebio Meléndez García) 56
El Museo Diocesano de Pamplona (I)
Jorge de Navascués y de Palacio 62
Agua clara (AntonioJosé Ruiz) 66
LITERATURA
La verdadera historia de las golondrinas
(José María Corella) 70
El niño que quiso volar (Carmelo Biurrun) 75
Evocación de la Baraja del Soldado
(Javier Melchor de Abajo Medina) 76
"Pastores todos" (Teleto Alsina) 77
¿Con idéntico sentido?
(Fernando Jaime Español Nararrele) 78
"El Niño
Jesús"
(M" Sagrario Ochoa) 78
"Retablo de la dama infortunada" 78
Paderborn, la hermana alemana (II) 79
'fot.
8. Navidad, 1996
EFEMÉRIDES
En el centenario de Amado Alonso
La teoría de Amado Alonso
sobre la novela histórica
Carlos
Mata
Induráin
S
i el o de 1995 marcó el Cente
nario de la muerte de un insigne
novelista histórico, Francisco Nava
rro Villoslada (Viana, 18181895), a
lo largo de 1996 se ha venido cele
brando el Centenario del nacimien
to de otra persona que ocupa un lu
gar destacado en el panorama de la
cultura navarra, el gran filólogo y
maestro de filólogos— Amado Alon
so,
quien, en el conjunto de su larga
y variada producción, cuenta preci
samente con un importante estudio
teórico sobre la novela histórica.
La figura de A. Alonso
Amado Alonso García, nacido en
Lerín en 1896 y muerto en Arling
ton, Massachusetts, en 1952, fue uno
de los filólogos s destacados del
grupo de Ménéndez Pidal, que desa
rrolló su actividad docente e investi
gadora en España (Universidad de
Madrid), Argentina (Universidad de
Buenos Aires) y Estados Unidos
(Universidad de Harvard). Sus cam
pos principales de investigación fue
ron la fonética (no en balde se inició
con el maestro Tomás Navarro To
más),
el español de América, la teo
a del lenguaje y la crítica literaria
(se le considera el introductor de la
estilística en el ámbito hispánico). Al
gunos títulos de sus libros son El pro
blema de la lengua en América (Buenos
Aires,
1935); Estudios lingüísticos. Te
mas españoles (Madrid, 1951); Estudios
lingüísticos. Temas hispanoamericanos
(Madrid, 1953), Lope de Vega y sus
fuentes (Bogotá, 1953); De la pronun
ciación medieval a la moderna en caste
llano (dos vols., 1953 y 1969, revisa
dos por Rafael Lapesa); Materia y for
ma en poesía (Madrid, 1955), por citar
solamente los s importantes. Con
su Colección de estudios estilísticos dio a
conocer entre nosotros las obras de
Vossler, Hatzfeld y Spitzer; igualmen
te,
en su colección Filosofía y teoría del
lenguaje apareció la traducción por él
prologada y anotada del famoso Cur
so de lingüística general de Saussure y
Bally. En su etapa como director del
Instituto de Filología en Buenos Ai
res (19271946) creó en 1939 la Re
vista de Filología Hispánica (que luego,
desde 1947, pasó a ser Nueva Revista
de Filología Hispánica, publicada en El
Colegio de México), la Biblioteca de
Dialectología Hispanoamericana y la Co
lección de Estudios Indigenistas (1).
González Ollé ha valorado su que
hacer filológico con estas palabras:
«Su capacidad integradora alcanza
sus s sazonados frutos en la vincu
lación que lengua y literatura presen
tan en las investigaciones de A. Alon
so,
quien concibe ambas como reve
ladoras de un tercer componente, la
cultura, en su caso la hispana, cuya
presencia siempre se deja sentir en
alguna de sus múltiples facetas. De
ahí que como fonetista, dialectólogo,
crítico literario y teórico del lenguaje
exhibe una amplia receptividad ha
cia todas sus manifestaciones, desde
la filosofía hasta la música» (2). A su
muerte en 1952, Alfonso Reyes afir
maba: «Deja una generación de dis
cípulos y lo llora una legión de ami
gos,
porque era sabio por la ciencia y
por el corazón» (3). Efectivamente,
entre esos discípulos de Amado Alon
so se cuentan nombres tan afamados
como los de Raimundo Lida, M.a Ro
sa Lida, Ángel Rosenblat, Marcos
Moríñigo, Ángel J. Battistessa, Frida
Weber, Ana M.a Barrenechea o Enri
que Anderson Imbert.
Su teoría sobre la Novela Histórica
Mas no es el propósito de esta
contribución el hacer una valora
ción global de la figura y la produc
ción del filólogo de Lerín, sino in
tentar una aproximación a su teoría
de un género literario concreto, el
de la novela histórica. Amado Alon
so expuso sus sugerentes ideas al
respecto en un trabajo titulado En
sayo sobre la novela histórica. El Moder
nismo en 'La gloria de don Ramiro' (4),
que se ha convertido en una de las
interpretaciones s originales e in
teresantes —la s completa, sin
duda alguna, en el ámbito hispa
no
de ese peculiar subgénero na
rrativo en que se dan la mano la His
toria y la Literatura, la realidad y la
ficción. En efecto, siendo mucho lo
que la crítica moderna ha escrito
acerca de la novela histórica, el tra
bajo de Alonso puede parangonarse
con el ya también clásico de Lukács
(5).
Así pues, en las líneas que si
guen trataré de exponer de forma
resumida las principales ideas que
desarrolla el de Lerín en ese Ensayo
sobre la novela histórica (la segunda
parte del libro, que ocupa las pp.
147315,
es una aplicación de las
mismas a la novela del escritor ar
gentino Enrique Larreta).
En principio, todos tenemos una
idea s o menos clara de qué es
una novela histórica: aquella que,
sin dejar de ser fundamentalmente
una narración ficticia, incluye en su
construcción una serie de datos y
personajes históricos y que, en de
terminados casos, plantea además la
reconstrucción de una época pasa
da. En consecuencia, todos sabemos
a priori si a una determinada novela
le podemos aplicar o no el calificad
fas.
8. Navidad, 1996
EFEMÉRIDES
vo de histórica. Ahora bien, las cosas
no resultan tan sencillas cuando se
intenta definir el subgénero novela
histórica y fijar sus características pe
culiares: en efecto, la unión de ele
mentos ficticios (inventados) sobre
un fondo pasado histórico (real) da
lugar a producciones diversas, según
las proporciones y la intencionali
dad con que ambos ingredientes se
mezclen. Varios críticos —por ejem
plo,
Ortega y Gasset en sus Ideas so
bre la novela han discutido e inclu
so negado la existencia de la novela
histórica como un subgénero narra
tivo independiente, con unas estruc
turas propias distintas de las de otro
tipo de novelas. E incluso quienes
aceptan su existencia expresan su
opinión de que no basta con que el
argumento de una novela suceda en
un tiempo pasado, por lejano que
sea, para que pueda apellidarse his
tórica. En palabras de Solís Lloren
te:
«Debe haber una intención en el
autor de presentar una época, de
aprovechar la ambientación de la
novela para dar a conocer la reali
dad histórica de un momento deter
minado» (6).
Así pues, para que una novela sea
verdaderamente histórica debe re
construir, o al menos intentar re
construir, la época en que sitúa su
acción. Eso mismo es lo que opina
Amado Alonso, en unas palabras
que vienen a ser una definición del
subgénero: «En este sentido, novela
histórica no es sin s la que narra
o describe hechos y cosas ocurridos
o existentes, ni siquiera —como se
suele aceptar convencionalmente
la que narra cosas referentes a la vi
da pública de un pueblo, sino espe
cíficamente aquella que se propone
reconstruir un modo de vida preté
rito y ofrecerlo como pretérito, en
su lejanía, con los especiales senti
mientos que despierta en nosotros
la monumentalidad» (pp. 14344).
Sin embargo, aquí radica uno de
los principales peligros de la novela
histórica: por su propia naturaleza,
la novela histórica es un género
brido,
mezcla de invención y de rea
lidad. Por un lado, le exigimos a es
Amado
Alonso
García
te tipo de obras la reconstrucción
de un pasado histórico s o menos
remoto, para lo cual el autor debe
acarrear una serie de materiales no
ficticios; la presencia en la novela de
este andamiaje histórico servirá pa
ra mostrarnos los modos de vida, las
costumbres y, en general, todas las
circunstancias necesarias para nues
tra mejor comprensión de aquel
ayer. Pero, a la vez, el autor no debe
olvidar que en su obra todo ese ele
mento histórico es lo adjetivo, y que
lo sustantivo es la novela. Por consi
guiente, la dificultad mayor para el
novelista histórico estará en encon
trar un equilibrio entre el elemento
histórico y el elemento ficcional, sin
que uno de los dos aspectos ahogue
al otro. Si peca por exceso en su la
bor reconstructora del pasado, la
novela dejará de serlo para conver
tirse en una erudita historia anove
lada; por el contrario, si peca por
defecto, entonces será histórica úni
camente de nombre, por situar su
acción en el pasado y por introducir
unos temas y unos personajes pseu
dohistóricos.
Una de las aportaciones funda
mentales de la teoría de Amado
Alonso tiene que ver con esto que
acabo de exponer; me refiero a su
formulación de la dicotomía «histo
ria» / «arqueología». Con el térmi
no «historia» se refiere a un proce
so,
a una sucesión de acciones que
entran en la novela, en tanto que la
«arqueología» vendría a ser el estu
dio de un estado sociocultural, es
decir, del marco o medio histórico
en que se sitúan esas acciones. Veá
moslo con sus propias palabras: «Va
8. Navidad, 1996
mos a llamar historia a la sucesión
de acciones que en su eslabona
miento forman una figura móvil
con unidad de sentido; y vamos a
llamar arqueología al estudio de un
estado social y cultural con todos
sus particularismos de época y de
país,
y cuyo sentido y coherencia no
está en la sucesión sino en la coexis
tencia y en la recíproca condiciona
lidad de sus elementos: institucio
nes,
costumbres, técnicas, viviendas,
indumentaria, alimentación, instru
mental, etc. También le interesa a la
arqueología el hacer humano, pero
no lo individualizable, sino lo des
personalizado, lo genérico al hom
bre de una época en un país, de mo
do que, aunque es un hacer que
transcurre, se puede considerar co
mo un estado por lo que tiene de
habitual y genérico. Se le suele lla
mar "el espíritu de una época"» (pp.
1213).
Como vemos, la «arqueolo
gía» es lo que se ha llamado tam
bién «el color local», aquel con el
que los grandes novelistas históricos
(Walter Scott, creador del género;
el propio Navarro Villoslada, por ci
tar un ejemplo cercano; Flaubert,
con su Salammbó, etc.) consiguen en
sus obras una impresión de verdad
o, cuando menos, de verosimilitud,
«resucitando» ante nuestros ojos la
época en que se desarrolla la ac
ción. A ese esfuerzo del novelista
por presentarnos de forma viva el
retrato íntimo, no superficial, de
una época pasada lo he llamado en
otra ocasión «reconstrucción arque
ológica» (7).
En una novela histórica —siguien
do con la teoría de Amado Alonso
pueden entrar, en distintas propor
ciones, lo histórico y lo arqueológi
co.
Ahora bien, cuanto mayor sea la
actitud arqueologista, cuanto s se
persiga la fidelidad histórica, menos
posibilidades habrá para que pueda
cristalizar en la novela el elemento
poético, pues la arqueología ahoga
su posible valor universal. Eso es lo
que sucede, según nuestro crítico,
con la novela histórica de corte rea
lista, con acciones menos alejadas
en el tiempo (recuérdense, por
ejemplo, los Episodios Nacionales de
Pérez Galdós), que por su deseo de
desarrollar al máximo el carácter
documental y verista de este subgé
nero narrativo produjo el descarrío
y posterior abandono del mismo
(cfr. p. 144). En cambio, la anterior
novela romántica, que buscó sus ar
gumentos en épocas lejanas en par
te para suscitar la emoción y la acti
tud evasiva de los lectores, permitió
igualmente a sus cultivadores dejar
volar su fantasía e imaginación: los
autores novelaban sobre tiempos re
motos, en un momento en que la
historiografía no estaba tan desarro
llada como ahora, y eran mayores
las libertades que se podían permi
tir en sus novelas, mezclando con
hechos históricos otros pertenecien
tes a la tradición o a la pura leyenda
(un ejemplo señero de esto sería
Amaya).
En la novela histórica ro
mántica, la verdad novelesca triunfa
siempre sobre la verdad histórica.
En definitiva, la «arqueología» no
constituye un material adecuado pa
ra la construcción novelesca, pero la
«historia» sí que resulta apropiada
para dicho fin; explica el de Lerín
que «como hacer de hombres, la
historia es una materia favorable pa
ra la forma poética, tanto si pensa
mos en la creación de vidas particu
lares henchidas de sentido, como en
la manifestación de una visión de la
vida, de base afectivoestimativa,
que se nos impone como excepcio
nalmente valiosa. La arqueología,
no.
Se puede describir artísticamen
te,
virtuosistamente también, un es
tado arqueológico. Podrán hacerse
sobre él consideraciones de alto va
lor filosófico. Pero esta creación de
concretísima vida personal, privile
gio de la poesía en la tragedia, en la
epopeya y en la novela, no puede
hacerse sobre un material arqueoló
gico» (p. 21).
Amado Alonso se detiene bastante
(pp.
88126) en recordar las opinio
nes de Manzoni sobre las obras de
tipo histórico. El autor de Los novios,
en su Carta sobre las unidades dramá
ticas, hizo una brillante apología del
EFEMÉRIDES
drama histórico, que será mejor
cuanto s fiel sea a la historia; pe
ro s tarde, en otro ensayo teórico
(8),
condenó como género contra
dictorio toda mezcla de historia y
ficción. Para Manzoni, la novela his
tórica tiene que fracasar necesaria
mente como historia y como litera
tura, pues ambos elementos se es
torban recíprocamente: la novela
histórica fracasa como historia por
su parte novelesca; y queda arruina
da como novela precisamente por
su contenido histórico. Alonso no
está de acuerdo con esto, y la mejor
prueba que presenta para contrade
cir al escritor italiano es su propia
obra Los novios, que es una de las
novelas históricas que alcanza mayo
res cotas de poesía.
Una segunda dicotomía en la teo
a alonsiana es la que enfrenta «his
toria» y «poesía». Ya desde el princi
pio de su formulación teórica insis
te Alonso en que «por ningún lado
que se le mire se le puede negar a la
Historia la calidad de idóneo mate
rial poético» (p. 10), aunque reco
noce que hay diferencias entre his
toria y poesía: «La historia quiere
explicarse los sucesos, observándo
los críticamente desde fuera y co
siéndolos con un hilo de compren
sión intelectual; la poesía quiere vi
virlos desde dentro, creando en sus
actores una vida auténticamente va
ledera como vida» (p. 18). Dicho de
otra forma, lo que el historiador
profundo intuye son relaciones en
tre acciones y sucesos, mientras que
el poeta capta la presencia del vivir
personal. En este sentido, las infide
lidades históricas que encontramos
en algunas novelas de este tipo no
son un defecto, sino un carácter
constitutivo del género. s adelan
te indica que «no hay novela históri
ca de alguna importancia a la que
no se hayan reprochado fallas eru
ditas» (p. 87), pero ello es así por
dos razones: la primera, porque el
novelista no está escribiendo un tra
tado histórico en el que tenga la
obligación de atenerse a la verdad
con exactitud y rigor científico, sino
haciendo literatura, esto es, crean
8. Navidad, 1996
do una obra de ficción en la que le
están permitidas ciertas licencias
poéticas; la segunda, porque al au
tor le resulta imposible situarse
completamente en el pasado, ya que
no puede abandonar su perspectiva
actual: «Jamás nos ofrecen los nove
listas una vida pretérita funcionan
do otra vez según su propia regula
ción, jamás se instalan los autores
de las novelas históricas dentro de la
vida que nos quieren cinematogra
fiar, sino que la ven desde su lejano
hoy, interviniéndola permanente
mente con criterios de actualidad.
No,
no es el funcionamiento veraz
de un modo pretérito de vida lo que
podemos exigir a estos autores, sino
su visión actual de aquel pretérito vi
vir» (p. 157).
Eso explica que las novelas históri
cas no puedan prescindir de los ana
cronismos, que son debidos a lo que
él denomina «perspectiva de monu
mentalidad». Cedámosle de nuevo la
palabra: «Esas insinuantes valoracio
nes actuales se manifiestan en el ad
jetivo elegido, en el aspecto elabora
do,
en el detalle subrayado, en el
tono de aceptación o repulsa que la
prestación lleva, en la red de cómos y
de porqués del agrado o desagrado
que lo referido nos va causando, etc.
Y a esto es a lo que llamamos senti
miento y perspectiva de monumenta
lidad, porque la materia histórica ele
gida se ve en junto alejada del autor,
ella allá, en su tiempo remoto, y él
acá, en su hoy» (pp. 16667). Así
pues,
los anacronismos conscientes
—los buscados por el novelista, no
los que se deben a su falta de infor
mación o a la escasa calidad de la
misma no constituyen un defecto;
mas bien sucede lo contrario: esa
perspectiva es fuente de placer estéti
co,
porque la lejanía de la vida que se
presenta hiere favorablemente la
imaginación del lector y provoca su
emoción (cfr. p. 168).
En suma, la novela histórica renun
cia a veces a la creación poética de vi
das particulares para dedicarse a las
genéricas y a los ambientes culturales
(arqueología, no historia); pero es
también perfectamente capaz de ese
aspecto de la poesía narrativa que
consiste en la «manifestación sugesti
vamente contagiosa de un modo de
ver y sentir el mundo y la vida que se
nos impone como umversalmente
valioso» (p. 30). La novela histórica
puede alcanzar cotas de «altísima po
esía»,
siempre y cuando el afán re
constructor o arqueologista del escri
tor no eche por tierra ese propósito.
En fin, integrando los tres conceptos
fundamentales de la teoría de Ama
do Alonso sobre la novela histórica,
tendríamos que en este tipo de
obras,
la «historia» no es necesaria
mente un estorbo para la «poesía»,
pero la «arqueología» : cuanta s
«arqueología» se busque, menos
«poesía» entrará en una novela his
tórica.
Valoración final
El Ensayo sobre la novela histórica
de Amado Alonso constituye, como
decía al principio, una de las princi
pales aportaciones teóricas al análisis
de este peculiar subgénero narrativo
y, evidentemente, en sus páginas se
recogen otros planteamientos valio
sos:
ideas sobre la relación entre tra
gedia, epopeya y novela; una breve
«Historia de la novela histórica» (pp.
5372),
con especial atención a las
obras de Scott; apuntes sobre los mo
mentos de crisis del género, etc.
Aquí solamente pretendía presentar
de forma quintaesenciada sus princi
pales aportaciones teóricas, como la
pareja de dicotomías «historia» /
«arqueología» e «historia» / «poe
sía»,
su concepto de «perspectiva de
monumentalidad» o su visión del
subgénero como posible cristaliza
ción entrañable de un modo excep
cionalmente valioso de sentir la vida;
conceptos e ideas que, pese a su ya
lejana formulación en 1942, siguen
teniendo todavía plena vigencia a la
hora de analizar las producciones
que se engloban bajo la etiqueta ge
neral de «novela histórica».
C.M.I.
EFEMÉRIDES
Notas
(1) Para el conjunto de su obra, cfr.
«Bibliografía de Amado Alonso», Nueva
Revista de Filología Hispánica, o VII,
1953,
núms. 12, pp. 315. Tras la muer
te del filólogo navarro, Dámaso Alonso,
Ramón Menéndez Pidal y María Rosa
Lida evocaron su figura en ínsula, 1952,
n.s 78, pp. 111; y Rafael Lapesa y M.
Muñoz Cortés en Clavileño, 1952, n.fi 15,
pp.
5256.
(2) Fernando González Ollé, «Alonso
García, Amado», en Gran Enciclopedia
Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de
Navarra, 1990, vol. I., pp. 23940.
(3) Alfonso Reyes, «Amado Alonso»,
Nueva Revista de Filología Hispánica, o
VII,
1953, núms. 12, p. 2.
(4) Solís Llórente, Génesis de una nove
la histórica, Ceuta, Instituto Nacional de
Enseñanza Media, 1964, p. 41. Véase
además Kurt Spang, «Apuntes para una
definición de la novela histórica», en
Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos
Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y
comentarios, Pamplona, EUNSA, 1995,
pp.
65114.
(5) Amado Alonso, Ensayo sobre la no
vela histórica. El Modernismo en 'La gloria
de don Ramiro', Buenos Aires, Instituto
de Filología, 1942, edición por la que ci
taré;
reeditado en Madrid, Gredos,
1984.
Algunas de sus ideas las había an
ticipado ya en dos artículos anteriores:
«Ensayo sobre la novela histórica», Sur,
o VIII, noviembre de 1938, pp. 4052;
y «Los comienzos de la novela históri
ca»,
Humanidades, XXVIII, 1939, pp.
13342.
(6) George Lukács, Der Historischen
Román (1937); trad. española de Jasmin
Reuter, La novela histórica, Méjico, Era,
1977,
3.a ed.
(7) Cfr. Carlos Mata Induráin, Francis
co Navarro Villoslada (18181895) y sus
novelas históricas, Pamplona, Gobierno
de Navarra, 1995, pp. 269 y ss.
(8) Alejandro Manzoni, De la novela
histórica y, en general, de las composiciones
mezcla de historia y de ficción, trad. de Fe
derico Baráibar y Zumárraga publicada
en el tomo CLI de la Biblioteca Clásica,
Madrid, 1891, pp. 267340.
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Tras la muer te del filólogo navarro, Dámaso Alonso, Ramón Menéndez Pidal y María Rosa Lida evocaron su figura en ínsula
  • Para El Conjunto De Su Obra
  • Cfr Bibliografía De
  • Amado Alonso
Para el conjunto de su obra, cfr. «Bibliografía de Amado Alonso», Nueva Revista d e Filología Hispánica, año VII, 1953, núms. 12, pp. 315. Tras la muer te del filólogo navarro, Dámaso Alonso, Ramón Menéndez Pidal y María Rosa Lida evocaron su figura en ínsula, 1952, n. s 78, pp. 111; y Rafael Lapesa y M.
Instituto de Filología, 1942, edición por la que ci taré; reeditado en Madrid, Gredos, 1984. Algunas de sus ideas las había an ticipado ya en dos artículos anteriores: «Ensayo sobre la novela histórica
  • Amado Alonso
  • Ensayo
Amado Alonso, Ensayo sobre la no vela histórica. El Mod ernismo en 'La gloria de d on Ramiro', Buenos Aires, Instituto de Filología, 1942, edición por la que ci taré; reeditado en Madrid, Gredos, 1984. Algunas de sus ideas las había an ticipado ya en dos artículos anteriores: «Ensayo sobre la novela histórica», Sur, año VIII, noviembre de 1938, pp. 4052;
Der Historischen Román (1937); trad. española de Jasmin Reuter, La novela histórica, Méjico, Era
  • George Lukács
George Lukács, Der Historischen Román (1937); trad. española de Jasmin Reuter, La novela histórica, Méjico, Era, 1977, 3. a ed.