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La temprana recepción de los rayos X en Buenos Aires, 1896-1897: medicina, esoterismo y fantasías plebeyas

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Abstract

Resumen El objetivo de este artículo es documentar la recepción temprana de los rayos X en la cultura científica de la ciudad de Buenos Aires. Haciendo uso de fuentes periódicas de diversa índole, el texto explora las diferentes reacciones despertadas por la novedad en distintos actores del mundo letrado. Los periódicos y semanarios generales difundieron rápidamente el hallazgo y se encargaron de subrayar su naturaleza maravillosa o prodigiosa. Por su parte, los médicos de la ciudad asumieron posiciones contrastantes que iban desde el recelo hasta el entusiasmo. Por último, los espiritistas de la ciudad escribieron numerosos textos sobre la innovación, y la reinterpretaron en función de sus estrategias de auto-legitimación.
La temprana recepción de los rayos X en Buenos Aires, 1896-1897
v.26, n.2, abr.-jun. 2019, p.555-572 555
La temprana recepción
de los rayos X en
Buenos Aires, 1896-1897:
medicina, esoterismo y
fantasías plebeyas
Early attitudes to X-rays in
Buenos Aires, 1896-1897:
medicine, esotericism and
popular fantasies
Recebido em 26 jul. 2017.
Aprovado em 3 jan. 2018.
http://dx.doi.org/10.1590/S0104-59702019000200011
VALLEJO, Mauro Sebastián. La temprana
recepción de los rayos X en Buenos
Aires, 1896-1897: medicina, esoterismo
y fantasías plebeyas. História, Ciências,
Saúde – Manguinhos, Rio de Janeiro, v.26,
n.2, abr.-jun. 2019, p.555-572.
Resumen
El objetivo de este artículo es
documentar la recepción temprana de
los rayos X en la cultura científica de
la ciudad de Buenos Aires. Haciendo
uso de fuentes periódicas de diversa
índole, el texto explora las diferentes
reacciones despertadas por la novedad
en distintos actores del mundo letrado.
Los periódicos y semanarios generales
difundieron rápidamente el hallazgo y
se encargaron de subrayar su naturaleza
maravillosa o prodigiosa. Por su parte,
los médicos de la ciudad asumieron
posiciones contrastantes que iban desde
el recelo hasta el entusiasmo. Por último,
los espiritistas de la ciudad escribieron
numerosos textos sobre la innovación,
y la reinterpretaron en función de sus
estrategias de auto-legitimación.
Palabras clave: rayos X; medicina;
esoterismo; divulgación científica.
Abstract
The goal of this article is to document
early attitudes to X-rays in scientific
culture in the city of Buenos Aires. Using
various types of periodical sources, the
text explores the different reactions to the
novelty among different actors in the literary
world. Newspapers and weekly magazines
for the general public quickly broadcast
the discovery, stressing its marvelous or
prodigious nature. Meanwhile, physicians
in the city took contrasting positions,
ranging from mistrust to enthusiasm. Lastly,
spiritualists in the city wrote numerous texts
about the innovation, and reinterpreted it
in accordance with their strategies for self-
legitimation.
Keywords: X-rays; medicine; esotericism;
popular science writing.
Mauro Sebastián Vallejoi
i Investigador Asistente, Consejo Nacional de Investigaciones
Cientícas y Técnicas, Argentina; Instituto de Investigaciones,
Facultad de Psicología/Universidad de Buenos Aires.
Buenos Aires – Argentina
orcid.org/0000-0002-1712-2181
maurosvallejo@gmail.com
Mauro Sebastián Vallejo
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Pocas innovaciones técnicas se propagaron tan rápidamente por el mundo como los rayos
X. Apenas unas semanas después de que el físico alemán Wilhelm Röntgen efectuara
su accidental descubrimiento en noviembre de 1895, ecos y noticias sobre el hallazgo
comenzaron a circular por las grandes ciudades del mundo occidental (Lavine, 2013). Por
otro lado, pocos inventos fueron capaces de mostrar tan abiertamente que la historia de
la técnica es también la historia de sus variadas reapropiaciones, de las múltiples fantasías
que ella es capaz de despertar y de los conflictos que su emergencia alimenta. Algunos
rasgos de la novedad aportada por Röntgen permiten explicar tanto la velocidad de su
difusión masiva como la multiplicidad de sus reinterpretaciones: primero, se trataba de
un implemento de fácil construcción a nivel tecnológico; segundo, en un comienzo no
resultaba clara ni la esencia de esos rayos ni su utilidad efectiva; tercero, y aun a pesar de esa
última incertidumbre, también desde muy temprano quedó en evidencia que la medicina
diagnóstica seguramente se beneficiaría con el hallazgo; cuarto, aportaba evidencias visibles
e incuestionables de la realidad de los rayos postulados; por último, parecía poner en
entredicho nociones consensuadas de la física, pues esos misteriosos rayos hacían “visible”
lo “invisible” (los cuerpos opacos).
El objetivo de este artículo es documentar la recepción más temprana de los rayos X en
la cultura científica de la ciudad de Buenos Aires.1 En efecto, casi en simultáneo a lo que
sucedía en otras grandes urbes modernas, también en la capital de Argentina emergieron
rápidas reacciones ante la innovación venida de Alemania. Tal y como pondremos al
descubierto a lo largo de estas páginas, de esa recepción participaron diferentes actores
sociales y cada uno de ellos efectuó una relectura distinta del hallazgo. Ese análisis habrá
de permitirnos, de un lado, circunscribir el tipo de respuesta que cada uno de los sectores
del mundo letrado ofreció ante un fenómeno que parecía sacado de un relato de ciencia
ficción. Hubo no solamente respuestas esperanzadas sobre las promesas diagnósticas del
implemento; hubo en Buenos Aires también voces escépticas sobre la presunta novedad, y
no faltaron intentos de subrayar que investigadores locales habían anticipado el hallazgo
de Röntgen. A esas reacciones se combinaron, por otro lado, fantasías e ideaciones utópicas
sobre las ventajas o los peligros ligados a la irrupción de los misteriosos rayos. Un estudio
detenido de las reverberaciones locales sobre los rayos X echa luz, por lo tanto, sobre un
escenario cultural complejo y dinámico en que la voz de la medicina clínica establecía
diálogos continuos con otras tradiciones e idearios. Un especial relieve adquiere en esta
historia la intervención de los adherentes a credos esotéricos, especialmente al espiritismo.
Uno de los cometidos de este texto será, en tal sentido, tratar de comprender la razón del
posicionamiento de los kardecianos. Ese análisis nos posibilitará, en cierta medida, explicar
el motivo de las reacciones paradójicas mostradas por los médicos ante la novedad.
El estudio histórico sobre la difusión e implantación local de los rayos X sirve como
mirador privilegiado de un escenario cultural en que el cientificismo aparecía como un valor
reclamado por diferentes actores sociales, y en que los adelantos técnicos y la emergencia
de nuevas teorías amenazaban con trastocar continuamente los límites de lo posible o lo
verosímil (Lachapelle, 2011; Lamata Manuel, 2017). Las columnas de la prensa general, las
revistas espiritistas, los semanarios ilustrados, las publicaciones galénicas, destinaban pareja
atención a las manifestaciones del mundo científico y técnico.En esas páginas circulaban
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sobre tales fenómenos vocabularios, metáforas y representaciones que por momentos no
diferían entre sí.
Existen ya algunas reconstrucciones sobre el pasado de la radiología en Buenos Aires y
acerca de los primeros usos de los rayos X en la ciudad (Noguera, Noguera, 1968; Maissa,
1972; Ferrari, 1999; Cornejo, Santilli, 2012). Esos trabajos se han concentrado sobre todo
en rastrear, primero, las primeras experiencias prácticas llevadas a cabo por ingenieros o
médicos del país, y segundo, la consolidación de una enseñanza universitaria sobre los
nuevos rayos. Nuestra investigación hace foco, por su parte, en zonas que aún no han
sido cubiertas por esa literatura previa. Por un lado, se ha prestado poca atención a lo que
efectivamente escribieron quienes estuvieron involucrados en la réplica local de los rayos.
Los médicos e ingenieros no redactaron solamente informes descriptivos sobre cátodos
y placas fotográficas; en esas páginas, por el contrario, es posible hallar muchos otros
ingredientes, incluyendo figuraciones igual de aventuradas que las de los espiritistas. Por otro
lado, en los relatos previos se echa en falta una toma en consideración del abanico de voces
que hicieron oír su parecer sobre la novedad; sin ir más lejos, en los trabajos mencionados
no ha sido sopesada la intervención de los kardecianos y tampoco se han considerado
de manera detallada las numerosas alusiones a los rayos en semanarios ilustrados o en
la prensa general. Con la intención de arribar a un relato cultural más comprensivo, el
presente artículo estará dividido en tres secciones. En la primera de ellas, analizaremos
de qué manera los diarios y semanarios porteños informaron sobre el descubrimiento de
Röntgen, y prestaremos especial atención al modo en que en esas páginas se plasmaron
visiones utópicas sobre el cientificismo finisecular. En la segunda nos ocuparemos de
la literatura médica y científica referida a los rayos y pondremos especial énfasis en el
estudio del carácter divergente (cuando no contradictorio) de las respuestas esgrimidas por
los representantes de la medicina de Buenos Aires. En la tercera sección, examinaremos
la reinterpretación de los fenómenos ensayada por los espiritistas y ocultitas porteños,
intentando para ello articular esa reacción con el credo general defendido por aquellos. Esa
división en secciones responde solamente a los fines expositivos, pues lo que intentaremos
recalcar en el artículo es la necesidad de atender a la trama cultural extensa en que todas
esas reacciones tuvieron lugar.2
Rayos en la prensa
En los últimos años, los estudios históricos han descripto con rigor las transformaciones
esenciales sufridas por la prensa periódica de Buenos Aires a fines del siglo XIX. Los diarios
dejaron de ser meras tribunas de doctrina política y pasaron a brindar noticias referidas a
un amplio espectro de asuntos (deportes, ciencia, espectáculo, vida social etc.); su área de
cobertura, por otro lado, se amplificó enormemente gracias a las redes telegráficas (Laera,
2010). Tales cambios explican que las repercusiones sobre el hallazgo de Röntgen hayan
arribado muy pronto a estas costas, y desde variados canales de difusión. El 1º de febrero de
1896 hallamos una temprana referencia en La Prensa, por entonces el diario más popular
del país, mediante la reproducción de un cable proveniente de Londres, fechado el 31 de
enero y de contenido muy descriptivo (La fotografía en…, 1 feb. 1896, p.4). A ese cable
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le siguieron notas más extensas, en las que cobró relieve la calificación de sobrenatural o
prodigiosa, que en las semanas posteriores abundaría en los recuentos sobre el implemento
en cuestión. En efecto, al igual que en otros países occidentales, lo que primó en las crónicas
periodísticas de diarios y semanarios de Buenos Aires fue la intención de remarcar el
carácter extraordinario o misterioso de unos rayos que parecían desafiar las leyes de la física
y los lindes de lo posible (Lavine, 2013; Lamata Manuel, 2017). En un contexto en que se
multiplicaban las crónicas sobre estudios científicos referidos a la telepatía o la hipnosis,
y en que algunos credos esotéricos como el espiritismo lograban una buena acogida en
los sectores letrados, el invento de Röntgen podía amoldarse fácilmente al universo de lo
oculto (Natale, 2011a). Sin ir más lejos, en los primeros artículos aparecidos en la prensa
porteña, esa afinidad cobró especial significación. Por ejemplo, el 12 de febrero La Prensa
afirmaba que el hallazgo era tan extraño y maravilloso que “en el primer momento queda
uno tentado de creer en una broma del espiritismo” (Descubrimiento…, 12 feb. 1896, p.4).
Un elemento que conviene subrayar es que el señalamiento de lo prodigioso tenía más
fuerza incluso que la especulación sobre la utilidad clínica del invento. En efecto, el interés
por los rayos X parecía fundarse en la naturaleza llamativa o increíble de los fenómenos
y no tanto en la certeza sobre su aporte a la medicina (que en los primeros meses era aún
objeto de debate). Por ejemplo, en el artículo que nos ocupa se aclaraba que respecto del uso
clínico de los rayos “ha de pasar mucho tiempo antes de que la idea llegue a la práctica”;
por el momento no se conseguían sino imágenes difusas, hechas de sombras algo confusas.
En igual dirección apuntaba la primera nota extensa impresa en La Nación el 12 de febrero
(“Fotografía de lo invisible”), en la que se equiparaba a los rayos con la irrupción de un
tercer ojo, y se auguraba que la innovación ayudaría a despejar “misterios del laboratorio
íntimo de la naturaleza” (Quereilhac, 2017).3
Tal aproximación entre el implemento de Röntgen y los objetos del esoterismo alcanzará
su expresión más desarrollada en dos contribuciones distribuidas en La Prensa en los meses
posteriores. En primera instancia, el 30 de marzo, el diario publicó un extenso artículo de
Karl du Prel, impreso originalmente en La Revue des Revues.4 El célebre ocultista alemán
hacía del hallazgo de Röntgen un episodio reciente de una línea de investigación ligada
sobre todo a las iniciativas de los esoteristas u heterodoxos de la ciencia, sobre todo a Mesmer
y Reichenbach (Wolffram, 2009). Según du Prel, esos dos investigadores habían ofrecido
sobradas evidencias sobre una realidad inobjetable: del cuerpo humano se desprenden
fluidos y emanaciones, que pueden ser captadas por sujetos especiales. Ese apresurado
sincretismo le permitía al autor predecir que, gracias a los hallazgos de Reichenbach y de
Röntgen, “el ocultismo y la física confundirán sus fronteras”. Los avances ya realizados,
la hermandad que se reforzaba día a día, auguraba a los ojos de du Prel conquistas que no
tardarían en llegar: “Podrase, pues, llegar a fotografiar el pensamiento, a fotografíar todo
el hombre psíquico, conforme a leyes” (Du Prel, 1896).
En segunda instancia, pocas semanas más tarde, el mismo periódico incluyó una crónica
de Miguel Cané, uno de los hombres de letras más prestigiosos del momento. Cané se
encontraba en Francia desempeñando funciones diplomáticas y desde allí envió numerosas
crónicas bajo el pseudónimo de “Travel”. En la capital francesa tuvo la oportunidad de
presenciar una demostración de los rayos X y su reacción devela con claridad qué desafíos e
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inquietudes esos rayos podían plantear a un sector letrado muy atento al desenvolvimiento
de la ciencia. En esos fragmentos, Cané pudo articular con precisión, primero, que los
rayos valían sobre todo en su realidad misma, más allá de la explicación que se pudiera
argüir sobre ellos; segundo, que mostraban de improviso que la realidad era muy distinta
a lo previsto, pues ella también estaba formada por fenómenos que parecían contradecir
el sentido común (verbigracia, por rayos que tornaban transparente lo opaco); tercero, y
más importante para nuestra argumentación, Cané señalaba de modo explícito que esos
rayos poseían una inquietante similitud con los hechos pregonados desde hacía años por
los defensores del ocultismo o del espiritismo:
¿qué mago babilónico o egipcio, qué astrólogo medieval, qué Mesmer, qué Cagliostro,
ni qué Hume, qué faquir indio, apelando a todos sus recursos de taumaturgia, pudo
nunca llegar, ¡qué digo! soñar con las estupendas maravillas que a cada instante la
investigación científica descubre? (Cané, 1901, p.86)
La sospecha de que la comprobación de esos nuevos rayos podía traer aparejada el
ulterior hallazgo de fenómenos aún más prodigiosos, constituyó un ingrediente destacado
de ulteriores fragmentos de la prensa porteña. Ya sea que esas columnas se detuvieran
o no en los puentes que podían trazarse entre ese adelanto de la física y las doctrinas
esotéricas, lo cierto es que muchas de ellas coincidían en la certeza de que descubrimientos
como los de Röntgen sancionaban la urgencia de ensanchar los límites de lo posible o lo
real. Por ejemplo, a comienzos de abril, un semanario, que desde bien temprano se había
encargado de informar a los porteños sobre los nuevos rayos, incluyó una curiosa crónica
(Fotografía…, 9 abr. 1896, p.276). En ese texto se incluía a los rayos de Röntgen entre aquellos
descubrimientos “cuyos resultados superarán todas las más avanzadas concepciones de
poetas y soñadores”. Celebrando de modo entusiasta los avances de la ciencia, el texto
agregaba, sin embargo, que las aplicaciones de esos rayos pronto carecerían de brillo
comparadas con otros resultados de la labor de los sabios. Al respecto el redactor comentaba:
“Es sabido que ya han podido obtenerse fotografías del cerebro, pero ahora ya no se duda
de que muy pronto podrá fotografiarse el pensamiento”; a modo de evidencia citaba una
presunta anécdota publicada hacía poco en New York Tribune. Igual de valioso puede resultar
el análisis del artículo publicado el 21 de mayo por el científico de origen alemán German
Avé Lallemant, asiduo colaborador de La Agricultura (Ferrari, 1993). De tenor especulativo,
el texto partía de la hipótesis según la cual el “espacio etéreo” está atravesado por “miles
de millones de rayos” que resultan invisibles para nosotros. Esa conjetura estaba basada
sobre todo en los aportes recientes de Röntgen y de Hertz, quienes habían enseñado, por
otro lado, que tales rayos eran fenómenos ondulatorios. Los rayos se distinguen entre sí
por la velocidad de las ondulaciones y por la menor distancia entre las moléculas etéreas.
Lallemant planteaba al respecto una propuesta imaginaria: si tuviésemos un aparato capaz
de producir ondulaciones cada vez más rápidas, llegaría un instante en que esa velocidad
sería tan elevada que ya no sería posible la traslación del movimiento de una molécula a
la otra. Dado que la fuente de energía sigue actuando, la molécula no podría influir sino
sobre sí misma. Ese estado caracteriza o explica, según el científico alemán, “la fuerza del
espíritu humano”:
Mauro Sebastián Vallejo
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El espíritu o el pensamiento humano no es, pues, otra cosa que un movimiento
ondulatorio de moléculas etéreas que vibran con tanta velocidad que el largo de la
ondulación es menor que la distancia que media entre las esferas de las influencias
mutuas y recíprocas de los átomos etéreos (Lallemant, 21 mayo 1896, p.392).
Ese estado ondulatorio se produciría, entonces, exclusivamente dentro de la masa
encefálica del hombre. “El descubrimiento de nuevos rayos como los de Röntgen y Le Bon
nos acerca más al reconocimiento detallado de los rayos espirituales humanos”. En otros
términos, sucede como si Lallemant efectuara una deducción sencilla: si hay rayos que no
vemos pero que producen efectos concretos, ¿no serán también los hombres una fuente
de tales ondulaciones? Tal y como veremos más abajo, ese tipo de especulaciones fueron
esgrimidas también por otros actores del mundo científico porteño, por ejemplo por los
médicos.5
Hubo, por supuesto, otras notas, muchas veces dedicadas a describir con lenguaje
técnico el aparato ideado por Röntgen, o a informar aplicaciones ensayadas en la medicina
o la industria en distintos países. Nuestra atención se ha detenido, no obstante, en una
característica notoria y valiosa de esas crónicas. La difusión más temprana de los rayos
en las tribunas periodísticas realzó constantemente el costado maravilloso e incluso
sobrenatural del descubrimiento, y lo que hemos intentado documentar hasta aquí es que
ello fue acompañado por la irrupción de conjeturas y analogías que ligaban la innovación
de Röntgen con posibles capacidades humanas o técnicas tanto o más prodigiosas.
Las constantes referencias a lo prodigioso, lo inquietante o incluso lo sobrenatural no
eran lanzadas, sin embargo, desde un discurso anti-científico o contrario a la razón. La
celebración de esos nuevos interrogantes o la recuperación de esos rayos y fuerzas que
parecían poner en aprietos las leyes de la física formaban parte de un ideario cientificista
en pleno proceso de expansión. El estudio de estos enunciados sobre las rayos X puede
funcionar por lo tanto como un analizador muy valioso de las representaciones que por
entonces circulaban acerca de lo científico, entendido como un campo en redefinición que
parecía forzado a cuestionar sus premisas y aceptar la legitimidad de objetos misteriosos.
Los fenómenos eternos de la física y las cautelas de la medicina
En los foros estrictamente científicos las reacciones fueron igual de ricas, y muchas
veces confluyeron con las conjeturas lanzadas desde la prensa general. Muy pocas semanas
después de que los diarios porteños divulgaran las primeras notas y artículos sobre el
invento, tuvieron lugar réplicas del experimento de Röntgen en ámbitos ligados a la física.
Según las fuentes consultadas, entre el 7 y el 10 de marzo de 1896 se llevaron a cabo
experimentos en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (Los
rayos…, abr. 1896, p.252-255). De todas maneras, cabe remarcar que en Buenos Aires no
hubo por el momento un proyecto científico y planificado referido al estudio de los rayos.
No existen indicios de que esos ensayos hayan continuado en lo inmediato, e igual de
ostensible es que no se imprimieron en la ciudad tratados científicos sobre el tema. La
única excepción es el libro publicado ese mismo año por el ingeniero e inventor de origen
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uruguayo Teobaldo Ricaldoni (1896). La obra tenía el cometido de ofrecer, en un lenguaje
técnico pero accesible, una descripción de los instrumentos necesarios para producir los
rayos X, así como una introducción a los conceptos implicados en las investigaciones
de Röntgen (rayos catódicos, teorías físicas sobre la energía, fosforescencia etc.). El libro
adquiere valor para nuestra mirada por otras razones. De hecho, allí encontramos, junto
con algunos síntomas de aquel ideario que habíamos recortado de las observaciones de
Cané, una toma de posición doctrinaria que puede servirnos de puerta de entrada al
modo en que el sector científico se reapropió de la innovación de Röntgen. Quizá como
un intento de exorcizar toda pretensión de transformar los nuevos rayos en un indicador
de mundos maravillosos o esotéricos, contrarios a las leyes racionales reconocidas – esto
es, como una prevención contra el tipo de lecturas que los espiritistas materializarían en
la ciudad en esos mismos días –, Ricaldoni se veía empujado a operar una “naturalización
extrema” de la novedad. ¿Qué queremos decir con ello? La mejor forma de demostrar que
los rayos X eran un recorte natural y positivo de la realidad era documentar que siempre
estuvieron allí. Lo que cambió fue la irrupción de un implemento que se mostraba capaz
de captar una de las manifestaciones de esos rayos. Pero ellos existen desde que el mundo
es mundo, pues son tan solo “‘una de las manifestaciones de la energía’, manifestaciones
que nos están continuamente ‘sorprendiendo’ porque aún no hemos llegado a conocer la
energía ‘una’” (Ricaldoni, 1896, p.17). Es por ello que el ingeniero dedica un apartado de
su obra a reseñar los “experimentos anteriores”: entre otros cita el relato de San Gregorio
acerca de lo sucedido en el año 360 durante la reconstrucción del templo de Jerusalén;
en aquel entonces, tras una tormenta eléctrica los obreros vieron que sobre su ropa y su
piel se había impreso la imagen de una cruz. Ricaldoni (1896, p.21-22) afirmaba que sin
lugar a dudas los rayos eléctricos se habían transformado en rayos de Röntgen, y que esa
modificación explicaba lo sucedido. Por otro lado, según el ingeniero, la mejor comprensión
de esos rayos sirve asimismo para lograr una explicación racional de fenómenos curiosos
documentados de forma más reciente:
Finalmente citaremos un último fenómeno notabilísimo, que nos comprueba la
existencia de radiaciones aún desconocidas. Un señor, Ingles Regus, mira una moneda
en plena luz con la idea de grabar su imagen en la retina, y después dirige su mirada
al centro de una placa fotográfica. Al cabo de 43 minutos, revelada la placa, muestra
los contornos de la moneda (Ricaldoni, 1896, p.24).
A Ricaldoni no le interesaba en lo más mínimo el estudio detallado de las capacidades
extrasensoriales de los hombres. A diferencia de autores como Lallemant o algunos
periodistas de La Prensa, no estaba preocupado por especular sobre la naturaleza ondulatoria
del alma. El ingeniero tenía el exclusivo cometido de recalcar que no había nada de extraño o
de misterioso en los rayos. Ellos obedecían a leyes naturales por el simple motivo de que eran
un recorte de la naturaleza, y su mejor intelección permitía descubrirlos retrospectivamente
en fenómenos que hasta el momento parecían inexplicables.
Resulta difícil calibrar cómo los físicos o ingenieros de Buenos Aires interpretaron
el hallazgo de Röntgen, pues, a excepción de Ricaldoni, ningún otro miembro de esas
disciplinas científicas se expidió sobre la novedad. Algo muy distinto sucede para el caso de
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los médicos. Sus reacciones fueron mucho más numerosas, y en lo que sigue pretendemos
ofrecer un balance de las variadas, si no paradójicas, respuestas dadas por esos profesionales,
sobre todo desde las páginas de La Semana Médica. Muy temprano, apenas una semana
después de que los diarios generales informaran sobre el descubrimiento, la revista médica
dedicaba una colorida crónica al asunto (Variedades, 20 feb. 1896, p.113-120). A los ojos
del autor, el desafío planteado por la novedad adquiría ribetes alarmantes para el caso de
la medicina clínica. Impostando un tono de alarma, se atrevía a predecir las consecuencias
desalentadoras que los rayos traerían a la labor y el prestigio de los galenos. Si bien los
rayos estaban llamados a garantizar un diagnóstico certero sobre el estado de los órganos
y los huesos, esa simplificación de la tarea clínica traía consigo una amenaza letal: “los
enfermos estarán de parabienes el día en que la semiología Röntgen alcance su máximo
grado de perfección”, pues podrán revisar el interior de su organismo sin otro auxilio que
el de un aparato.
Tal vez no debamos tomar literalmente ese fingido pánico. Era tan solo una predicción
aventurada, efectuada en el momento mismo en que la novedad despertaba fantasías sin
control. Cabe atender, de todas formas, al hecho de que otros médicos hicieron oír idénticos
temores.6 Por otro lado, ¿no convendría leer esas cautelas contra el aparato de Röntgen en
línea con las sucesivas opiniones impresas en la revista médica? ¿No llama acaso la atención
que La Semana Médica, lejos de dedicarse a publicar reseñas entusiastas sobre los avances
hechos en la aplicación de los rayos x en la clínica, se obstinó más bien en restarle méritos
al descubrimiento? En efecto, es revelador que entre la gran cantidad de noticias y textos
sobre los rayos que para ese entonces llenaban la prensa médica mundial, La Semana Médica
haya decidido reproducir casi exclusivamente los textos menos entusiastas o, incluso, los
pocos que contradecían la utilidad del invento.
Por ejemplo, la segunda noticia transmitida por la revista apareció el 19 de marzo de
1896. Era la reproducción de una reseña impresa originalmente en un periódico médico
de Burdeos (Francia), y trataba sobre los recientes experimentos llevados a cabo por un
médico de esa ciudad, de apellido Lasserre (A propósito…, 19 mar. 1896, p.97). En sus
trabajos, el investigador de Burdeos había intentado comprobar si era posible obtener
resultados similares a los de Röntgen utilizando fuentes luminosas o energéticas distintas.
Así, gracias a sus trabajos había llegado al convencimiento de que una idéntica visibilidad
de elementos “opacos” (los huesos de una mano o una rama envuelta en papel negro) podía
ser alcanzada usando simplemente luz solar.
La siguiente intervención de La Semana Médica iba en la misma dirección. Nos referimos
a la crónica publicada un mes más tarde, el 23 de abril, acerca de las experiencias realizadas
en la ciudad de Córdoba por el químico de origen alemán Ludwig Harperath. Se producía
allí una pareja descalificación del hallazgo de Röntgen, pues el investigador de la provincia
mediterránea habría mostrado – en experimentos que no se describían, pues se prometía
una próxima publicación de un texto del alemán, que nunca tuvo lugar – que radiografías
igual de nítidas podían ser conseguidas con luz solar (Röntgen…, 23 abr. 1896, p.259). Si
bien el texto no hacía otra cosa que describir el procedimiento utilizado normalmente
para producir los rayos X y obtener radiografías, la mención de las misteriosas faenas de
Harperath derivaba en la misma pregunta que la reseña de Lasserre: quizá lo de Röntgen
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no fue gran cosa, pues también era posible obtener fotografías de lo invisible usando
implementos menos sofisticados, incluso en base a la luz del sol.
La desconfianza hacia los rayos X adquirirá su máxima potencia en la siguiente reseña
reproducida por la revista porteña. En dos entregas de fines de agosto y comienzos de
septiembre de ese año, La Semana Médica recuperó un iracundo texto escrito por un médico
de Madrid, el Dr. Letamendi, cuyo objetivo era menospreciar la utilidad e incluso la novedad
del hallazgo de Röntgen (Letamendi, 27 ago. 1896; Portolés Brasó, 2010). En lo que a su
aplicación clínica se refería, el médico hablaba de una “pobreza de resultados prácticos”,
pues las imágenes eran apenas siluetas difusas. Ese estado de cosas movía a Letamendi a
predecir que la utilidad diagnóstica del invento era “imaginaria”, pues gran parte de las
vísceras quedaría por fuerza de su alcance. En síntesis: “La nueva sediciente ‘fotografía’ se
quedará en mantillas” (Letamendi, 3 sep. 1896, p.292).
Las cuatro entradas que La Semana Médica dedicó a los rayos entre febrero y septiembre de
1896 nos muestran un escenario llamativo, que hasta el momento no había sido analizado
por la literatura histórica. En ese escenario sale a nuestro encuentro un gremio médico
que sigue con atención la novedad venida de Wurzburgo, pero lo hace de modo cauto o
aprensivo. Deseosa de mostrarse al corriente del descubrimiento que había comenzado a
convulsionar la disciplina diagnóstica, la prensa médica porteña optó, por motivos que
quizá podamos desentrañar, por no plegarse a un entusiasmo apresurado, y difundió en
cambio opiniones y comentarios que cuestionaban la originalidad del hallazgo, cuando no
su significación clínica. Como motivos de esa extraña toma de posición podemos ubicar,
de un lado, los temores que quedaban narrados en aquella temprana crónica de febrero:
las misteriosas fotografías amenazaban con firmar la carta de defunción de uno de los
ingredientes esenciales del prestigio médico (su pericia diagnóstica). Por otro lado, poner
coto al fervor por las bondades del descubrimiento era tal vez una forma de no quedar
asociados a una novedad que por esos meses era reapropiada con vehemencia por los
defensores del esoterismo espiritista.
Ahora bien, la situación en el campo médico es más compleja aún, pues esa secuela
de reparos fue contemporánea a respuestas muy distintas, incluso contrarias. Podríamos
hablar de una suerte de fractura al interior del gremio. En efecto, podemos suponer que si
un sector de La Semana Médica se inclinaba a favor de recelos como los de Letamendi, otros
doctores, por el contrario, rápidamente se convencieron de las virtudes del hallazgo. Sin
ir más lejos, apenas una semana después de la conclusión del español, la revista incluyó
por vez primera la imagen de una radiografía. En efecto, la contribución del español iba
seguida por un texto de Andrés Llobet (1896) acerca de una “Pseudo artrosis del radio”,
que incluía una elocuente radiografía del miembro, obtenida a comienzos de agosto, dos
meses después de la operación (efectuada el 23 de mayo).7
En unos instantes veremos que muy pronto algunos profesionales comenzaron a utilizar
de modo asiduo los rayos X, y que incluso hicieron de esa herramienta un objeto atractivo,
que anunciaban a viva voz desde avisos publicitarios de sus consultorios. Es momento
empero de seguir recorriendo las páginas de La Semana Médica, ante todo para circunscribir
reacciones que se colocan en las antípodas de las anteriores. Nos referimos sobre todo a la
crónica incluida el 28 de mayo de 1896 acerca de una conferencia dictada por el ingeniero
Mauro Sebastián Vallejo
564 História, Ciências, Saúde – Manguinhos, Rio de Janeiro
Federico Haft en los salones del Ateneo (“Los Rayos de Röntgen”). La sesión incluyó la
realización de radiografías de objetos encerrados en cajas de madera y de la mano de algún
voluntario. Ahora bien, lo más valioso reside en la breve reseña que la revista médica ofreció
sobre las palabras de Haft. Según consta en la publicación, éste concluyo su disertación con
la hipótesis según la cual: “Las visiones y otros fenómenos experimentados por personas en
estado de catalepsia, de sonambulismo o de cualquiera hiperexcitación nerviosa podrían
explicarse por los rayos catódicos latentes en ciertos organismos particulares”.
Reconocemos allí puntos de confluencia entre algunas hipótesis que sobre los rayos
circularon en el pensamiento médico, y conjeturas similares que, como ya vimos, fueron
esgrimidas por otros científicos, periodistas y escritores de Buenos Aires. En todos ellos
percibimos la colocación del hallazgo de Röntgen como analogía o molde interpretativo
de fenómenos extraños (verbigracia, la clarividencia o telepatía), que hasta entonces
eran más bien tematizados en la literatura esotérica. Pronto documentaremos que los
espiritistas porteños también ensayaron ese tipo de comparaciones. Por lo pronto, estamos
en condiciones de mostrar evidencias de que la prensa médica se interesó por esa zona de
conjeturas luego de reproducir las palabras de Haft. Un año más tarde, en octubre de 1897,
en un momento en que algunos profesionales locales ya habían adquirido cierta pericia
en el manejo del invento de Röntgen, La Semana Médica incluyó un extenso artículo que
informaba sobre distintas aplicaciones recientes de los rayos en materias diversas (estudio de
las funciones del corazón, diagnóstico de la gota etc.). En el último apartado se reseñaban
los experimentos que se estaban llevando a cabo en el laboratorio fisiológico del Colegio
de Médicos y Cirujanos de Medellín, destinados a evaluar “la posibilidad de usar los rayos
Röntgen para imprimir imágenes de objetos en la corteza del cerebro” (Rarísimo…, 7 oct.
1897, p.319). Los estudios eran efectuados en perros, y en una de las tentativas se aplicó
sobre la cabeza del animal la imagen de un hueso; apenas se despertó, el perro fue en
búsqueda de un hueso.
Esos dos textos recuperados por la revista porteña evidencian que en territorio médico
también tuvieron cabida reapropiaciones aventuradas de los rayos. Para decirlo de modo
más preciso, también entre los doctores la llegada del descubrimiento de Röntgen abrió el
espacio para anticipaciones entusiastas sobre sus potencialidades (que no tenían que ver
con la labor diagnóstica). La invención parecía alterar de modo tan radical los esquemas
cognitivos consensuados, que no era momento de refrenar las utopías o previsiones sobre
los alcances de las fuerzas recién llegadas.
En otro orden de cosas, contamos con indicios que ilustran cómo fue el desembarco
del hallazgo en el terreno de las prácticas. En primera instancia, es evidente que, debido
seguramente a un factor económico, los rayos X comenzaron a ser utilizados en consultorios
privados antes que en clínicas públicas (Cornejo, Santilli, 2012). En efecto, mucho antes
de que la radiología se convirtiese en una práctica habitual en los hospitales de la ciudad,
algunos médicos utilizaron de modo sistemático los rayos X en sus oficinas privadas o
en pequeños gabinetes experimentales. Por ejemplo, ya a principios de enero de 1897
comprobamos que un médico local (Miguel Ferreyra) ofertaba con orgullo el uso del aparato
de Röntgen para el diagnóstico de enfermedades, y lo hacía desde las páginas de una revista
destinada a los sectores más cultos de la ciudad.8 Es evidente el contraste entre esa oferta
La temprana recepción de los rayos X en Buenos Aires, 1896-1897
v.26, n.2, abr.-jun. 2019, p.555-572 565
atractiva y el estado de cosas en los nosocomios locales. Citemos tan solo un caso. Sabemos
que para fines de 1898, por ejemplo, la sección de cirugía del servicio de niños del Hospital
San Roque carecía de aparatos de rayos X (Repetto, 1955, p.209). En lo inmediato, Miguel
Ferreyra (1897, 1898) quedó ubicado como el máximo especialista en la materia.9 Log
esa condición, en parte, gracias a su buen posicionamiento en la trama social de la ciudad:
anunciaba sus rayos en avisos impresos en revistas ilustradas y difundió textos teóricos
en publicaciones afines al ideario modernista. El protagonismo de este médico quedó
demostrado en su máximo esplendor en la crónica aparecida en noviembre de 1899 en el
popular semanario Caras y Caretas. La nota, que ocupaba dos páginas e iba acompañada de
siete imágenes, refería la visita que el presidente de la nación, Julio Roca, y su ministro
de instrucción pública, Osvaldo Magnasco, habían realizado al “laboratorio de electricidad”
que Ferreyra poseía en Buenos Aires (Roca…, 18 nov. 1899, p.63-64).
Resta mucho por investigar en lo relativo a la consolidación de la radiología en Buenos
Aires. Si bien existen valiosas contribuciones sobre los comienzos de la enseñanza de
esa materia en las aulas médicas (Noguera, Noguera, 1968; Maissa, 1972), es poco lo que
sabemos sobre los primeros ensayos radiológicos en los hospitales, sobre las dificultades
que los médicos pudieran haber tenido en esa labor o sobre las reacciones de los pacientes
ante esa nueva tecnología. En esta oportunidad hemos pretendido solamente documentar
las más tempranas reacciones teóricas de parte de los doctores. El análisis de La Semana
Médica puso a nuestro alcance una abultada serie de fuentes que hasta el momento no habían
sido indagadas; junto con poner de manifiesto la disparidad de reacciones suscitadas en el
gremio médico, hemos evidenciado algunos vasos comunicantes entre los enunciados de
los médicos y declaraciones aparecidas en otros textos científicos, literarios y periodísticos.
Uno de los puntos de convergencia, como vimos, tuvo que ver con el convencimiento
de que la irrupción de los nuevos rayos podía tornar inteligible fenómenos extraños o
extrasensoriales, y dotaba a los hombres de una herramienta de exploración o intervención
sobre lo espiritual o lo mental. Dicho en otros términos, también en los foros médicos
la innovación de Röntgen fortalecía una imaginación científica que, sin desdecir jamás
su prédica racional, se mostraba dispuesta a ensanchar las fronteras de lo verosímil, y a
compartir metáforas y objetos con tradiciones esotéricas.
El espíritu de lo invisible
Este análisis no estaría completo sin la presencia de una de las voces que más protagonismo
tuvo en los debates finiseculares sobre la ciencia, sus promesas y sus limitaciones. Los
espiritistas porteños participaron desde bien temprano en el proceso de reapropiación del
invento de Röntgen, y lo hicieron en función de una estrategia previsible y razonada.10
Casi desde sus inicios, el espiritismo moderno tuvo la finalidad de construir un discurso
que al mismo tiempo respetara los hábitos esenciales de la ciencia – el valor de las evidencias,
la puesta en práctica de dispositivos de propaganda basados en la prensa y la divulgación
escrita – y cuestionara o impugnara sus fronteras y mecanismos de legitimación. Respecto
de esas fronteras, sostuvo una batalla incansable en favor de la existencia legítima de objetos
y fuerzas, muchas de ellas ligadas a lo espiritual o lo mental, que no eran aceptados por la
Mauro Sebastián Vallejo
566 História, Ciências, Saúde – Manguinhos, Rio de Janeiro
ciencia como objetos de saber racional (la telepatía, la clarividencia etc.) (Mülberger, 2016).
Más particularmente, se opuso al materialismo más radical, según el cual la ciencia solo
podía ocuparse de elementos, objetos y partículas; por el contrario, el espiritismo reconocía
la necesidad de estudiar entidades distintas, más ligadas al vocabulario de las energías, las
fuerzas, los fluidos (y es allí, en esa valoración de las fuerzas, donde hallará sus resonancias
más firmes con líneas de investigación y postulados de la física moderna) (Noakes, 2008).
Por tales motivos, el espiritismo de fines de siglo se convirtió en una gran caja de
resonancia de los adelantos científicos y técnicos, sobre todo de aquellos que parecían
poner en un aprieto las verdades consensuadas del gremio científico (Gasparini, 2012). La
irrupción de los rayos X fue para las tradiciones esotéricas una ocasión ideal para hacer
valer sus reivindicaciones (Natale, 2011a, 2011b). De un día para otro, el mundo de las
academias parecía rendirse ante los pies de un fenómeno que nada tenía que envidiar a
las entidades y fuerzas pregonadas desde siempre desde los foros esotéricos: primero, se
trataba de una fuerza que, aun siendo invisible, producía efectos bien evidentes y reales, y
segundo, esas consecuencias, sobre todo la de atravesar los cuerpos opacos y hacer visible
lo “invisible”, parecían cuestionar las leyes mínimas de la física moderna.
Un análisis detenido de la literatura espiritista de Buenos Aires, sobre todo de la
revista Constancia, nos permitirá comprender qué modulaciones locales adquirió esa
curiosa recepción de los rayos X. Bien temprano, el 29 de marzo de 1896, apareció una
primera referencia a los rayos, cuando los kardecianos porteños reprodujeron un artículo
estrictamente técnico en Il Corriere della Sera (La fotografía…, 29 mar. 1896, p.100-101).
Muy pronto los propios redactores de Constancia tomaron cartas en el asunto y amoldaron
esa “fotografía de lo invisible” a sus proclamas. Sin ir más lejos, fue Ovidio Rebaudi, un
químico con buena formación científica, el primero en intervenir en ese proceso de
reapropiación, mediante una conferencia dictada el 15 de abril y reproducida unos días
más tarde (Conferencia…, 26 abr. 1896, p.129-131). En esa disertación, el químico retomó
su vieja prédica acerca de la necesidad de reconocer las limitaciones de nuestros órganos
sensitivos, y la existencia de fuerzas y energías invisibles para la inmensa mayoría. La
emergencia de los rayos de Röntgen servía no solo para dar nuevo sustento a esa querida
hipótesis, sino también para mostrar la exactitud o verosimilitud de evidencias que los
espiritistas venían esgrimiendo desde hacía décadas: por ejemplo, las investigaciones de
Reichenbach sobre el fluido ódico, esas emanaciones que parten de todos los cuerpos y que
solo algunos sujetos son capaces de aprehender; o las experiencias de Baraduc, destinadas
a probar que el magnetismo humano, invisible a los ojos normales, es capaz de atravesar
el vidrio y dejar su marca en placas fotográficas.
En rigor de verdad, la estrategia de Rebaudi consistía en describir el hallazgo de los
rayos X como una mera curiosidad, como una evidencia postrera de un proceso ya
estudiad o hasta el hartazgo por los espiritistas y ocultistas. En efecto, esa será la táctica
que los redactores de Constancia mantendrán a lo largo de los meses venideros. Podemos
hablar de un balance dificultoso: dar demasiado valor al episodio de Wurzburgo podía
significar reconocer la superioridad de la ciencia oficial. Mucho más atinado era, por el
contrario, aprovechar el hallazgo, pero para disolver su brillo o su originalidad. Había que
mencionar a Röntgen una y otra vez, mas no para sancionar que los laboratorios oficiales
La temprana recepción de los rayos X en Buenos Aires, 1896-1897
v.26, n.2, abr.-jun. 2019, p.555-572 567
llevaban la delantera, sino para poner de manifiesto la inversa. ¿Hace cuánto tiempo
que los investigadores del esoterismo venían insistiendo en la posibilidad de fotografiar
materializaciones de fuerzas invisibles? ¿No estaba acaso la literatura kardeciana plagada de
experimentos relativos a las manifestaciones comprobables, por ejemplo con el auxilio
de placas fotográficas, de realidades aparentemente invisibles, de fuerzas o emanaciones
que no figuraban en los manuales de la física ortodoxa? Envalentonado por la fuerza de
esas analogías y correspondencias, Rebaudi colocaba a Röntgen apenas como epígono
de una línea de trabajo ya establecida, incluso en estas latitudes.
En esa misma línea, una semana más tarde los redactores de la revista interpretaban
la actualidad del invento de Röntgen en un doble sentido: primero, como una tardía
comprobación de la ignorancia de la ciencia oficial, que recién ahora aceptaba reconocer
la realidad de fenómenos documentados por los espiritistas desde hacía muchos años;
segundo, como un necesario movimiento a favor del espiritismo de parte de la prensa
general y del público ilustrado. En efecto, los mismos diarios que normalmente denostaban
el kardecismo, se vieron forzados, debido al nuevo hallazgo de Röntgen, a mencionar
fenómenos como la telepatía o los fluidos ódicos. A manera de evidencia, los miembros
de Constancia recordaban que en las semanas previas diarios como La Nación o La Prensa
habían reproducido textos de reconocidos defensores del espiritismo, como Karl du Prel
(Boletín…, 3 mayo 1896, p.143).
Las futuras referencias a Röntgen en Constancia se adecuarán a esa estrategia. Por ejemplo,
el 17 de mayo reseñaron un texto de Gustave Le Bon, el famoso intelectual francés, que por
esos días se dedicaba a realizar experimentos sobre los rayos. Le Bon acababa de plantear
una nueva forma de radiación, llamada “luz negra”, que emanaba por ejemplo de los objetos
metálicos, y era capaz de impactar sobre placas fotográficas, en un proceso que prescindía de
los rayos catódicos y se realizaba con el mero auxilio de la luz solar. Los espiritistas porteños
citaban un fragmento de la conclusión del francés, con el cual se mostraban enteramente
de acuerdo – y cabe notar que ese pasaje era llamativamente similar a las palabras de Haft
recuperadas por La Semana Médica unas semanas antes: “Estos nuevos datos de la ciencia
positiva deben volvernos muy reservados acerca de la apreciación de los fenómenos de
doble vista atribuidos a ciertos sujetos hipnotizados, y lo mismo respecto a los fenómenos,
tan oscuros, de alucinaciones telepáticas” (La luz…, 17 mayo 1896, p.158).
Los rayos X ocupaban un extraño emplazamiento en la cosmovisión de los espiritistas
porteños. Eran al mismo tiempo una valiosa confirmación (analogías mediante) de
doctrinas que figuraban en el corazón del ideario kardeciano y con ello parecían prometerle
una ansiada aceptación masiva. Pero eran también un fenómeno casi sin importancia,
un hito más en un derrotero escandido por nombres mucho más apetecibles, portadores
de vocabularios que se amoldaban más fácilmente a los hábitos de los espiritistas. Y sería
sencillo mostrar que en las ulteriores menciones al hallazgo de Röntgen cobrarán relieve
uno u otro de esos sentidos. Los espiritistas, al igual que un sector de la medicina pero
por motivos distintos, seguirán atentos a noticias sobre potenciales precursores del sabio
de Wurzburgo.11 Tampoco dejarán de mencionar que la presunta novedad era en verdad
cosa ya sabida. En efecto, se harán eco de voces que, como la de Ricaldoni, afirmaron que
había evidencias de esos rayos desde hacía siglos (José…, 6 jun. 1897, p.183). Cada vez
Mauro Sebastián Vallejo
568 História, Ciências, Saúde – Manguinhos, Rio de Janeiro
que puedan, por último, volverán al argumento de du Prel, y afirmarán que el hallazgo
de Röntgen no hacía más que confirmar el ideario espiritista.12
Consideraciones nales
Apenas producido el descubrimiento de los rayos X, su localización exacta en el terreno
científico-cultural era altamente incierta. No resultaba del todo clara la naturaleza o el
origen de esos misteriosos rayos, y tampoco era nítido para la física cuáles podían ser las
derivaciones teóricas o técnicas del azaroso hallazgo. Desde bien temprano se presumió que
en la medicina diagnóstica hallaría su mejor campo de aplicación, pero durante unos años
esa declaración no pasó de ser una expresión de deseos. Las primeras placas no ofrecían
otra cosa que manchas borrosas, la mayoría de los médicos carecían de conocimientos
avanzados en el terreno de la física y, para colmo de males, no todos los hospitales o
laboratorios podían darse el lujo de poner en funcionamiento un aparato de rayos X. Todos
esos factores hicieron que recién a comienzos del siguiente siglo la radiología realmente se
consolidara como una práctica habitual en la medicina práctica (Howell, 1995). Todos esos
factores pueden quizá ser mencionados para explicar que al inicio el descubrimiento haya
quedado librado a múltiples reapropiaciones que iban desde las utopías literarias hasta las
especulaciones esotéricas de los espiritistas.
A lo largo de estas páginas hemos hecho rápida mención a algunos de los trabajos
históricos que de modo reciente han explorado en profundidad las múltiples reverberaciones
y representaciones generadas por los rayos X en los foros científicos, artísticos y culturales
en los últimos años del siglo XIX y los primeros de la centuria siguiente (Natale, 2011a,
2011b; Noakes, 2008; Lavine, 2013; Lamata Manuel, 2017). No es nuestro objetivo efectuar
un balance de tales investigaciones previas. Nuestra exploración de fuentes primarias
ligadas a la recepción más temprana del invento en Buenos Aires no hace, bajo cierta
perspectiva, sino confirmar algunas de las conclusiones obtenidas en aquellos trabajos
anteriores: el protagonismo de la prensa general en la difusión de noticias y figuraciones
utópicas del implemento de Röntgen, la prontitud con que el carácter misterioso de los rayos
se prestó para trazar analogías con supuestas capacidades mentales igual de prodigiosas
(cuyo estudio formaba parte hacia fines de siglo de la agenda de trabajo de algunos centros
científicos o académicos), el papel activo que le cupo a los espiritistas y ocultistas en la
divulgación de la novedad. Ahora bien, es menester una extrema cautela a la hora de
ensayar una conjetura de carácter comparativo. A la luz de esas investigaciones anteriores,
resulta problemático establecer si lo acaecido en Buenos Aires fue singular, excepcional,
o si estamos por el contrario ante la reiteración, a una escala menor, de un fenómeno de
recepción que fue homogéneo en términos generales. Los principales estudios se refieren a
contextos (Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Alemania, España) que presentaban notorias
diferencias en aquellos elementos o dimensiones que importan a esta problemática. Para
mencionar tan solo un ejemplo, que resulta vital aquí, el desarrollo casi nulo de la fisiología
experimental (o meramente de la experimentación en medicina) en Argentina de fines de
siglo, amenaza con proscribir toda comparación con los países antes mencionados, incluso
a pesar de las múltiples diferencias que éstos tuvieran entre sí en lo atinente a ese punto
La temprana recepción de los rayos X en Buenos Aires, 1896-1897
v.26, n.2, abr.-jun. 2019, p.555-572 569
(Prego, 1998; Buschini, 2013). Otro tanto podría mostrarse respecto de los comienzos
de la física científica (Montserrat, 2000). Un abordaje comparativo alternativo resulta
igual de dificultoso. En efecto, si partimos del supuesto según el cual sería bienvenida
una comparación con otros países que presentaban una situación similar en las variables
mencionadas, las perspectivas de análisis no son halagüeñas. Los pocos trabajos sobre los
inicios de los rayos X en América Latina se han concentrado hasta el presente sobre todo en
la recopilación de las fechas de los primeros ensayos, o en los avatares de la incorporación
de la radiología a la enseñanza universitaria o los hospitales (Costa Lazareto, 1981; Fischer,
2010; Leyton Alvarado, 2016).
En síntesis, Buenos Aires pudo no haber sido una excepción en términos de cómo,
con qué lenguajes o desde qué representaciones, se produjo la recepción de los rayos de
Röntgen en distintos vértices del tejido cultural. Luego de la indagación de las modulaciones
particulares de esa apropiación porteña de la novedad, podemos avanzar una hipótesis de
lectura, que podría servir de trasfondo para pesquisas ulteriores. La carencia de dispositivos
académicos de experimentación médica, así como la endeblez de las ciencias físico-
naturales, aunadas empero a un contexto caracterizado por un fervor cientificista, esto
es, por una positiva valoración de la ciencia entendida como valor o ideario, compartido
por un amplio sector del público letrado (Terán, 2000); la confluencia de esos elementos
contrastantes, afirmamos entonces, habría generado un terreno de implantación que, sin
detentar originalidad, sí presentó algunos rasgos que hemos ido subrayando a lo largo de
estas páginas. Junto con explicar la animadversión mostrada por algunos médicos, incapaces
de replicar prácticamente por el momento un fenómeno difícil de creer, aquella confluencia
permite conjeturar que operó una suerte de “recepción por suplencia”. Todo lo que no
podía ser tramitado mediante la observación directa o la reproducción de experiencias,
fue abordado en lo inmediato (1896-1897) a través del tamiz de un ideario cientificista que
vio en los rayos X menos una invitación a comprobar radiaciones que un reforzamiento
de una mentalidad que, atenta a los desafíos de los adelantos de la técnica y seducida por
los cuestionamientos espiritistas al materialismo, se entregó a la celebración del carácter
maravilloso de la innovación.
NOTAS
1 Para una introducción a la problemática de la recepción (o lo que nosotros llamaremos “apropiación” en
algunos casos), veáse Dotti et al. (2009).
2 Por otro lado, cabe recordar que, a diferencia de lo que podía suceder en otros contextos (como Alemania
o España, por ejemplo), en Buenos Aires no fueron habituales alg unas “contaminaciones” entre los grupos
tomados en consideración en este trabajo. Sin ir más lejos, en Argentina no abundaron los médicos
espiritistas (Wolffram, 2009; Graus, 2014).
3 Debo el acceso a los artículos de La Nación a Soledad Quereilhac (2017).
4 Acerca de Karl du Prel y su papel en el ocultismo alemán, véase Wolffram (2009).
5 Por esos mismos días, una crónica basada en una argumentación similar aparecería en una revista
ilustrada (Bolet Peraza, 1896).
6 Ricaldoni dedicaría su libro a un médico llamado José M. Jorge. Según el texto de la dedicatoria, el
doctor había vertido hacía poco estas palabras: “El día que el descubrimiento de Röntgen se aplique
como la mente lo sueña, a ver dentro del cuerpo humano todo lo que nuestra curiosidad desee, ya no
Mauro Sebastián Vallejo
570 História, Ciências, Saúde – Manguinhos, Rio de Janeiro
habrá satisfacción para el clínico, nos convertiremos en verdaderos fotógrafos droguistas” (Ricaldoni,
1896, p.3) .
7 La toma en consideración de ese placa vendría a desmentir las múltiples versiones según las cuales
las primeras radiografías con fines médicos en el país fueron tomadas por Tomás Varsi en diciembre de
1896 en Bahía Blanca (Corrnejo, Santilli, 2012). Por otro lado, la radiografía de Llobet también corrige
la apreciación hecha por Noguera, según la cual la radiografía tomada por Jaime Costa, e incluida en
un texto de Alejandro Posadas, publicado en 1898 en los Anales de la Universidad de Buenos Aires, sería la
primera imagen radiológica impresa en una revista científica del país (Noguera, Noguera, 1968). Según
algunos indicios del texto de Posadas, aquella radiografía de Costa habría sido realizada hacia agosto de
1897 (Posadas, 1898).
8 Véase el aviso publicitario aparecido en Buenos Aires. Revista semanal ilustrada, año 3, n.91, 3 de enero de
1897. Años más tarde, el mismo Ferreyra usaría las páginas de Caras y Caretas para publicitar su aparato de
rayos X (Los Rayos de Roentgen, 16 mayo 1901, p.60).
9 Secundado quizá por Jaime Costa, quien por ese entonces era docente de la materia “Física médica” en
la facultad de medicina local. En la segunda edición de su texto sobre el asunto, firmada en mayo de 1897,
el autor agregó un capítulo entero sobre los rayos de Röntgen, en el cual subrayaba que las aplicaciones
clínicas del invento eran cada día más numerosas y efectivas (Costa, 1897, p.383-390). Sabemos que Costa
contaba, desde mediados o fines de 1896, con un aparato de rayos X en el laboratorio de física que él dirigía
en el Hospital de Clínicas. Con ese aparato se tomó la radiografía que acompañó el trabajo de Alejandro
Posadas ya citado (Noguera, Noguera, 1968).
10 Para el momento en que tienen lugar los hechos analizados aquí, el espiritismo es prácticamente la
única vertiente del esoterismo con una marcada presencia en el escenario cultural y científico de Bue-
nos Aires. Para una exploración de las diferentes posturas que otras corrientes heterodoxas (teosofía,
ocultismo etc.) mantuvieron respecto de la ciencia, la religión o la moral, véase Lachapelle (2011),
Quereilhac (2016).
11 Por ejemplo, a fines de 1896 informarán sobre un científico francés, Pierre Picard, que por ese entonces
argüía que sus elucubraciones publicadas hacía años acerca de los rayos eléctricos del sol eran una clara
anticipación de las indagaciones de Röntgen (El precursor…, 13 dic. 1896, p.399).
12 Esa afirmación figura en la car ta del célebre espiritista francés Gabriel Delanne a Pedro Serié, reproducida
por la revista en junio de 1897. En ella, el autor decía: “La fuerza psíquica que impresiona las placas
fotográficas y que reviste el pensamiento, está demostrada objetivamente y los famosos rayos X no hacen
más que corroborar la exactitud de nuestras inducciones sobre el mundo del más allá” (Boletín…, 20 jun.
18 97, p.199) .
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El presente artículo analiza la presencia, las apropiaciones y la resignificación del discurso científico en una revista argentina vinculada al ámbito literario del Modernismo: La Quincena. Revista de Letras (1893-1902), dirigida por el escritor Guillermo Stock. En La Quincena no sólo es posible hallar numerosos relatos ficcionales, artículos y ensayos vinculados a las ciencias de la época, sino también diferentes resonancias de su discurso. En su amplio mosaico de textos, se verifica que, en los años de entresiglos, la potencia del discurso científico-positivista no sólo repercutió en ámbitos expertos, sino que también decantó hacia otras áreas de la cultura ajenas al quehacer científico, pero profundamente atraídas por su imaginario, por su potencial proyección futura y por su juego hipotético con la fantasía.
Chapter
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En el presente trabajo, busco reconstruir el impacto y las repercusiones que el descubrimiento de los rayos X por el físico alemán Wilhelm Röntgen, en noviembre de 1895, tuvo en la Argentina, sobre todo en ámbitos no especializados en ciencias. Me interesa concentrarme en los meses y años inmediatos a su divulgación, en el umbral de la recepción de un descubrimiento que, desde sus inicios, fue nombrado e interpretado –tanto por los legos como por una parte de la comunidad científica– con un campo semántico lindante o directamente coincidente con lo fantástico y lo ocultista. En los años de la inicial divulgación del descubrimiento (divulgación llevada a cabo con rapidez por la prensa diaria no especializada de Europa y las Américas), es posible asistir a un fenómeno ciertamente rico desde el punto de vista de la historia cultural: cómo se nombra un fenómeno nuevo que parece descolocar las leyes físicas conocidas; cómo traducen los científicos, frente al gran público, la naturaleza de lo que investigan y de qué manera se cuela allí una terminología compartida con los legos respecto de lo “desconocido”, lo “inexplicable” y lo “posible”; cómo se intenta nombrar esa novedad en la prensa y en otros ámbitos de la cultura exhumando palabras, ideas o imágenes del pasado, o de otras disciplinas y creencias. En síntesis: qué herramientas cognitivas y qué imaginarios despliega una cultura, muy conectada internacionalmente a través de la prensa, para significar ese elemento nuevo que irrumpe inesperadamente y que, con esa indeterminada “X”, potencia los ejercicios conjeturales.
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soledad quereilhac cuando la ciencia despertaba fantasías A fines del siglo XIX, la ciencia no era todavía como la conocemos hoy. Lejos de ser sólo un saber de especialistas, formaba parte también del universo cotidiano de las personas. Presente en todas las formas de difusión destinadas al gran público, fascinaba a quienes se dejaban encantar por sus promesas de cambio y por los potenciales mundos que permitía imaginar. En este original libro, Soledad Quereilhac reconstruye ese clima de época que en la Argentina caracterizó el pasaje de siglos. Así, a partir de publicaciones periódicas, de las corrientes religiosas del momento (el seudocientificismo de los ocultistas, los espiritistas, Ios teósofos) y también de la literatura fantástica que se gestó y circuló entonces (de escritores como Quiroga, Lugones y Holmberg), la autora elabora un mosaico de los ensueños que fusionaron lo material y lo fantasmagórico, lo técnico y lo mágico, y que cifraron esperanzas y temores en esa proyección a futuro. La imaginación científica reunía apariciones, fuerzas extrañas, fenómenos parapsicológicos, magnetismo, locos iluminados, rayos X.. . un amplio muestrario de casos raros que captó la atención de diarios y revistas, y modeló una forma de sensibilidad en que lo científico convivía codo a codo con lo inexplicable. La literatura fantástica encontró en este mundo una fuente de inspiración; los espiritualismos, un modo de legitimarse; la prensa de divulgación, una forma de deslumbrar a los lectores con inventos, nuevas teorías y descubrimientos. Con una prosa impecable y atenta a los matices, Soledad Quereilhac propone un recorrido singular por un período en que se proyectaban utopías a pariir del potencial de las ciencias, justo antes de que estas se convirtieran en disciplinas autónomas, complejas y cada vez más alejadas de la comprensión de la gente común.
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En el presente trabajo realizamos un estudio acerca de los orígenes tempranos de la radiología en la Argentina. Describimos los primeros experimentos radiográficos realizados en nuestro país, que fueron, en general, ignorados por los principales medios de comunicación científica de la época. Discutimos la prioridad de Varsi respecto a la realización de la primera radiografía en la Argentina. Estudiamos los inicios de la actividad radiográfica en la Ciudad de Buenos Aires, a través de la obra del Posadas. Analizamos los comienzos de la enseñanza de la radiología en la Argentina, y de la formación de recursos humanos en esta disciplina. Describimos la obra de Heuser, autor de la primera tesis doctoral sobre la materia en el país. Finalmente, presentamos algunas conclusiones preliminares.
Article
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ABSRACT: On December 28, 1895, the German physicist Wilhelm Conrad Röntgen disclosed his discovery of X-rays to the public. Just a few months later, Guglielmo Marconi successfully demonstrated his wireless system at Salisbury Plain, England. This article traces the relations between the early histories of wireless and X-ray technology. It does so by highlighting the role played by psychic research to open the connections between different technologies and knowledges. The disclosure of occult connections between these two technologies helps to locate the cultural reception of wireless around 1900 in a wider cosmology of rays and invisible forces. RÉSUMÉ : Le 28 Decembre 1895, le physicien allemand Wilhelm Conrad Röntgen révélait au monde sa découverte des rayons X. Quelques mois plus tard, Guglielmo Marconi faisait une démonstration de son système de télégraphie sans-fil en Angleterre, à Salisbury Plain. En examinant la parapsychologie comme un champ propice à la mise en relation entre les technologies et les connaissances les plus hétéroclites, cet article reconstruit les liens entre la télégraphie sans-fil et les rayons X. L’étude de ces liens occultes permet de situer la reception culturelle de la transmission sans-fils autour de 1900 dans une cosmologie des rayons et forces invisibles.
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This article focuses on the early history of X-rays. It argues that, during the first years after their discovery in 1895 by German physicist Wilhelm Conrad Röntgen, they were regarded as a technological attraction and a visual medium. While their application in medical practice was not yet fully established, the possibility of seeing into the realm of the invisible encouraged pioneers of this technology to actively exploit their visual powers. By using a media-history framework, and relying on primary and secondary sources in English, German, French, and Italian, the article takes into account three aspects of the rays' early display: its character of technological attraction; its association with photography; and its connection to beliefs in the supernatural and the occult.
Article
How did use of medical technology such as urinalyses, blood tests, and x-ray machines change patient care in early-twentieth-century American hospitals? To what extent was the use of new machines influenced by the ideas of scientific medicine and to what extent by the availability of newly structured facilities and trained personnel? Drawing on the medical treatment of more than 2,000 patients in Pennsylvania and New York hospitals, Howell traces the ways in which medical technology was used, not merely how it was talked about. He utilizes a wide range of sources--including medical texts, popular literature, and the visual arts--to explore how technology came to be such a central feature of medical care. Howell also shows how changes in medical practice raised issues of gender, culture, and economics. Howell's analysis is especially timely in light of the ongoing debate over U.S. health care reform, a debate in which a central topic is the use and expense of medical technology. In a concluding chapter he applies the book's historical insights to medical practice today--asking why, for example, modern diagnostic tests have not been used to give doctors more time to spend with patients.
Article
This paper analyses the fraught relationship between physics and the ‘occult sciences’ in the decades around 1900. For some, there was no relationship at all; for others there was a relationship but they did not agree on what it looked like. Many physicists converged with spiritualists, theosophists, and others in interpreting X-rays, the electrical theory of matter, and other aspects of the ‘new’ physics as powerful ways of rendering psychic and occult effects scientifically more understandable. However, they were opposed by commentators on physics who agreed that there was a relationship between the ‘new’ physics and psychical research but that these were two manifestations of a worrying drift of physics into metaphysics and religion. More redoubtable critics were the psychologists who denied that physicists had the experience or experimental skill to cope reliably with the psycho-physical phenomena encountered in psychical research. This paper shows that physicist–psychical researchers were content to ally the ‘new’ physics with religion because it helped vanquish awkward associations with materialism. They also tried to justify the value of their experimental skills by appealing to their expertise in investigating subtle physical effects and ability to create tests that respected the delicate conditions of séances.
Emergencia y desarrollo de la medicina experimental en la Argentina de la primera mitad del siglo XX
  • BUSCHINI José
BUSCHINI, José. Emergencia y desarrollo de la medicina experimental en la Argentina de la primera mitad del siglo XX. Redes -Revista de estudios sociales de la ciencia, v.19, n.37, p.149-179. 2013. CANÉ, Miguel.
Juicio teórico-práctico de la sediciente fotografía a través de los cuerpos opacos
  • LETAMENDI José
LETAMENDI, José. Juicio teórico-práctico de la sediciente fotografía a través de los cuerpos opacos. La Semana Médica, p.282-283. 27 ago. 1896.