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Los Objetivos del Buen Vivir Una propuesta alternativa a los Objetivos de Desarrollo Sostenible

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Abstract

En este artículo realizamos, por medio de la técnica de la différance, una deconstrucción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con el fin de identificar las principales incongruencias de los ODS respecto de su propósito de contribuir a la mejora del bienestar de la humanidad, desde el punto de vista del transdesarrollo transmoderno, entendiendo este como aquella forma de vida que nos permita a los seres humanos coexistir en armonía con los demás seres de la naturaleza, con los demás seres humanos y con nosotros mismos y nosotras mismas. De dicho análisis hemos concluido que el desarrollo implícito en los ODS es realmente un modelo de maldesarrollo insostenible, sustentado en la colonialidad-patriarcalidad-heteronormalidad del poder-saber-ser, en el capitalismo y en el antropocentrismo y que tiene, además, como consecuencias un apartheid global y un modo de vida imperial. Posteriormente, planteamos que, si el concepto de buen vivir surgió como una alternativa al concepto de desarrollo sostenible, frente a la agenda de la cooperación internacional de los ODS, también debiera elaborarse una agenda global alternativa basada en los Objetivos del Buen Vivir (OBV). Así, a partir de una investigación de carácter normativo, basada en dos grupos de discusión y en una encuesta realizada a expertos, en este epígrafe se recoge una propuesta de OBV, articulada en 3 objetivos generales y 21 específicos. Todos ellos se hallarían encaminados a la consecución de las tres armonías que deben caracterizar al buen vivir global: la sostenibilidad biocéntrica, que reflejaría la armonía con todos los seres de la naturaleza; la equidad social, que plasmaría la armonía con todos los seres humanos, y la satisfacción personal, que manifestaría la armonía con uno mismo.
Los Objetivos del Buen Vivir
Una propuesta alternativa
a los Objetivos de Desarrollo
Sostenible
Good Living Goals
An alternative proposal
to the Sustainable
Development Goals
Antonio Luis HIDALGO-CAPITÁN
alhc@uhu.es
Universidad de Huelva
(España)
Santiago GARCÍA-ÁLVAREZ
sgarciaa@uce.edu.ec
Universidad Central del Ecuador
(Ecuador)
Ana Patricia CUBILLO-GUEVARA
anapcubillo@telefonica.net
Universidad de Huelva
(España)
Nancy MEDINA-CARRANCO
ncmedina@uce.edu.ec
Universidad Central del Ecuador
(Ecuador)
Resumen/Abstract
1. Introducción
2. Perspectiva de análisis: transdesarrollo transmoderno
(decrecimiento y buen vivir)
3. Deconstrucción de los ODS
3.1. Deconstrucción global de los ODS: los Objetivos de
(mal)Desarrollo (in)Sostenible
3.2. Deconstrucciones parciales de los ODS: algunas
incongruencias
4. Objetivos del Buen Vivir a escala global
4.1. Objetivos generales del buen vivir a escala global
4.2. Objetivos específicos de la armonía con todos los seres
de la naturaleza
4.3. Objetivos específicos de la armonía con todos los seres
humanos
4.4. Objetivos específicos de la armonía con uno mismo o
una misma
5. Conclusiones
6. Bibliografía
_7
Revista Iberoamericana de Estudios de Desarrollo/Iberoamerican Journal of Development Studies
Volumen/volume 8, número/issue 1 (2019), pp. 6-57. ISSN: 2254-2035
Recepción/received: 16.4.2018 Aceptación/accepted: 6.7.2018
Citar como/Cite as:
Hidalgo-Capitán, A. L., García-Álvarez, S., Cubillo-Guevara, A. P., Medina-Carranco, N. (2019).
Los Objetivos del Buen Vivir. Una propuesta alternativa a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Ibe-roamerican Journal of Development Studies, v ol. 8(1):6-57.
DOI: 10.26754/ojs_ried/ijds.354
Resumen
En este artículo realizamos, por medio de la técnica de la différance, una deconstrucción de los
Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con el fin de identificar las principales incongruencias de
los ODS respecto de su propósito de contribuir a la mejora del bienestar de la humanidad, desde el
punto de vista del transdesarrollo transmoderno, entendiendo este como aquella forma de vida que
nos permita a los seres humanos coexistir en armonía con los demás seres de la naturaleza, con
los demás seres humanos y con nosotros mismos y nosotras mismas. De dicho análisis hemos con-
cluido que el desarrollo implícito en los ODS es realmente un modelo de maldesarrollo insostenible,
sustentado en la colonialidad-patriarcalidad-heteronormalidad del poder-saber-ser, en el capitalismo
y en el antropocentrismo y que tiene, además, como consecuencias un apartheid global y un modo
de vida imperial.
Posteriormente, planteamos que, si el concepto de buen vivir surgió como una alternativa al
concepto de desarrollo sostenible, frente a la agenda de la cooperación internacional de los ODS,
también debiera elaborarse una agenda global alternativa basada en los Objetivos del Buen Vivir
(OBV). Así, a partir de una investigación de carácter normativo, basada en dos grupos de discusión
y en una encuesta realizada a expertos, en este epígrafe se recoge una propuesta de OBV, articu-
lada en 3 objetivos generales y 21 específicos. Todos ellos se hallarían encaminados a la consecu-
ción de las tres armonías que deben caracterizar al buen vivir global: la sostenibilidad biocéntrica,
que reflejaría la armonía con todos los seres de la naturaleza; la equidad social, que plasmaría la
armonía con todos los seres humanos, y la satisfacción personal, que manifestaría la armonía con
uno mismo.
Palabras clave: Objetivos del Buen Vivir (OBV), Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS),
deconstrucción, sostenibilidad biocéntrica, equidad social, satisfacción personal.
Abstract
In this article we make a deconstruction of the Sustainable Development Goals (SDGs) through
différance technique, to identify the main inconsistencies of the SDGs with respect to their purpose
of contributing to the improvement of the well-being of humanity, from the perspective of trans-
modern trans-development. We understand this concept as that way of life that allows human
beings to coexist in harmony with other beings of nature, with other human beings and with
ourselves. From this analysis, we concluded that the development implicit in the SDGs is really
a model of unsustainable maldevelopment, based on coloniality-patriarchality-heteronormality of
power-knowing-being, on capitalism and on anthropocentrism. And that has as consequences a
global apartheid and an imperial way of life.
Antonio Luis HIDALGO-CAPITÁN
alhc@uhu.es
Universidad de Huelva
(España)
Santiago GARCÍA-ÁLVAREZ
sgarciaa@uce.edu.ec
Universidad Central del Ecuador
(Ecuador)
Ana Patricia CUBILLO-GUEVARA
anapcubillo@telefonica.net
Universidad de Huelva
(España)
Nancy MEDINA-CARRANCO
ncmedina@uce.edu.ec
Universidad Central del Ecuador
(Ecuador)
Los Objetivos del Buen Vivir
Una propuesta alternativa
a los Objetivos de Desarrollo
Sostenibles
Good Living Goals
An alternative proposal
to the Sustainable
Development Goals
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LOS OBJE TIVOS DEL BUEN V IVIR UNA PROPUESTA ALTERNATIVA A LOS OBJETIVOS… A. L. Hidalgo, S. García, A. P. Cubillo, N. Medina
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Volumen/volume 8, número/issue 1 (2019), pp. 6-57. ISSN: 2254-2035
Later, we propose that, if the concept of good living emerged as an alternative
to the concept of sustainable development, in the face of the international
cooperation agenda of the SDGs, we can also make an alternative global agenda
based on the Good Living Goals (GLGs). Thus, based on a normative research,
from two discussion groups and a survey of experts, this section includes a proposal
for GLGs, articulated in 3 general goals and 21 specific goals. All these goals would be
aimed at achieving the three harmonies that should characterize global good living:
biocentric sustainability, which would reflect harmony with all beings of nature; social
equity, which would reflect harmony with all human beings; and personal satisfaction,
which would reflect harmony with oneself.
Keywords: Good Living Goals (GLGs), Sustainable Development Goals (SDGs),
de-construction, biocentric sustainability, social equity, personal satisfaction.
1
Introducción
La Agenda Post-2015, la Agenda 2030 o los Objetivos de De-
sarrollo Sostenible (ODS) son un conjunto de 17 objetivos, con 169
metas, que definen la agenda internacional de las políticas públi-
cas nacionales de desarrollo y de la cooperación internacional para
el desarrollo hasta 2030 (Naciones Unidas 2015). Los mismos han
sido bien recibidos, no solo en el ámbito de los organismos inter-
nacionales, los Gobiernos nacionales y las agencias nacionales de
cooperación, sino incluso en el ámbito de las ONGD y, lo que es más
sorprendente, en el ámbito académico.
De hecho, desde 2015 proliferan congresos, cursos, libros y ar-
tículos académicos centrados en el reforzamiento científico e inte-
lectual de los ODS (p. e., Sanahuja 2014, Alonso 2015, Millán 2015);
sin embargo, salvo escasas excepciones (p. e., Adams y Tobin 2014,
Stevance 2015, Unceta 2015a, Domínguez 2016, Collado 2016), en
la mayoría de estas actividades, se ha obviado la realización de un
análisis crítico de los ODS.
Pese a las reiteradas afirmaciones de que los ODS representan
un cambio de paradigma hacia un modelo de desarrollo sostenible
en términos sociales, económicos y ambientales (p. e., Aecid 2015),
es evidente que los ODS, como producto del sistema internacional
de Naciones Unidas, no cuestionan elementos fundamentales de las
sociedades occidentales, como son la modernidad1, el capitalismo2
y el antropocentrismo.3 Por lo tanto, el resultado de su posible con-
secución no puede contribuir a la mejora del bienestar de la huma-
nidad o, al menos, de aquella parte de la humanidad que cuestiona
dichos elementos; esto es, los decolonialistas,4 los poscapitalistas5
y los biocentristas.6
Frente a la opción del desarrollo sostenible como marco de re-
ferencia para las políticas públicas de desarrollo, el buen vivir es una
propuesta alternativa surgida en los países andinos. Esta propuesta
tiene su origen en la idea de construir el bienestar de las personas
inspirándose en la forma de vida de los pueblos originarios del Abya
Yala (América Latina) (Viteri 2000 y 2003, Medina 2001); aunque ha
1 Entendemos por «modernidad»
aquel paradigma cultural o
cosmovisión que interpreta el
mundo a partir de la razón con
la mirada puesta en el futuro y
que considera que existen leyes
universales que explican el
funcionamiento de las
sociedades en cualquier
momento del tiempo y en
cualquier lugar del espacio.
2 Entendemos por «capitalismo»
aquel sistema de organización
socioeconómica basado en el
protagonismo del mercado,
como mecanismos de
asignación de recursos escasos
entre usos alternativos para la
satisfacción de las necesidades
humanas, de la propiedad
privada, como medio de
acumulación de la riqueza, y de
la racionalidad utilitarista y
lucrativa del homo economicus.
3 Entendemos por
«antropocentrismo» aquella
concepción del mundo en la que
el ser humano es el centro del
universo, amo y señor de todo
lo que existe, cuya única
función es permitir a aquel el
disfrute de una vida lo más
confortable posible.
4 Entendemos por «colonialidad»
aquella forma de organización
social basada en el dominio
político y cultural de unos
grupos sociales hegemónicos
(principalmente grupos étnico-
religiosos, pero también de
género y de orientación e
identidad sexual) sobre otros
grupos sociales subalternos,
mientras que la
«decolonialización» sería el
proceso por el cual los grupos
sociales subalternos comienzan
a emanciparse de la citada
dominación política y cultural
para transformar la organización
social de la colonialidad en una
organización social igualitaria
(en términos étnico-religiosos,
pero también de género y de
orientación e identidad sexual).
5 Entendemos por
«poscapitalismo» aquel sistema
de organización socioeconómica
que no está basado en el
protagonismo del mercado,
como mecanismos de asignación
de recursos escasos entre usos
alternativos para la satisfacción
de las necesidades humanas
(porque existen otros
mecanismos de asignación de
recursos —Estado, filantropía,
solidaridad, trueque, don…—
que disputan dicho
protagonismo), de la propiedad
privada, como medio de
acumulación de la riqueza
(porque existen otras formas de
propiedad —pública, comunal,
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sido complementada con aportaciones procedentes de la teoría crí-
tica del desarrollo, especialmente de autores socialistas (Ramírez
2010, García-Linera 2010), ecologistas y posdesarrollistas (Acosta
y Martínez 2009, Acosta 2010 y 2013, Gudynas 2011) e indigenistas
(Dávalos 2008a, 2008b y 2011; Bautista 2010).
En conjunto, en esta propuesta se rechaza el desarrollo, en ge-
neral, y el desarrollo sostenible, en particular, como marco de refe-
rencia de las políticas públicas, en tanto que este no existe. En su
lugar, los defensores del buen vivir sostienen que, en los diferentes
países del mundo, en lugar de un desarrollo, se ha producido un mal-
desarrollo (Tortosa 2009), caracterizado por la heteronormalidad,7 la
patriarcalidad8 y la colonialidad9 del poder, del saber y del ser, por
la desigualdad socioeconómica y por el deterioro ambiental. Como
alternativa al desarrollo, en el buen vivir se propone que las políti-
cas públicas se orienten hacia la implantación de formas de vida en
armonía con todos los seres de la naturaleza, con todos los seres
humanos y con uno/a mismo/a (Cubillo-Guevara, Hidalgo-Capitán y
García-Álvarez 2016).
En su origen, la primera versión del buen vivir como alternativa
al desarrollo, el sumak kawsay, fue incluido en el Plan Amazanga
(Viteri et al. 1992), un documento destinado a ordenar el manejo
de los recursos naturales en la Amazonía ecuatoriana, elaborado
por la Organización de los Pueblos Indígenas del Pastaza (OPIP).
Dicha inclusión fue el resultado de la reacción crítica de los pueblos
indígenas amazónicos ante la propuesta del concepto de desarrollo
sostenible (Brundtland 1987), que les llegaba desde los organismos
de cooperación internacional; reacción que se generó por la cosi-
ficación que dicho concepto realiza de la naturaleza, ignorando su
carácter de ente vivo del que todos los seres humanos formamos
parte.
Las diferentes aportaciones posteriores han enriquecido el con-
cepto hasta convertirlo en una alternativa al desarrollo. Por ello,
partiendo del rechazo implícito del desarrollo sostenible que se en-
cuentra en el concepto de buen vivir, se asume que, en la concep-
ción del buen vivir, se rechaza igualmente la propuesta de los ODS
de las Naciones Unidas (2015). Y, como consecuencia de ello, con-
sideramos necesario la realización de un análisis crítico de los ODS,
por medio de su deconstrucción y, a partir de este, la elaboración y
la presentación de una enmienda a la totalidad de los ODS.
Así pues, nuestros objetos delimitados de estudio serán los ODS
y los Objetivos del Buen Vivir (OBV) como alternativa a ellos. Y, so-
bre dichos objetos delimitados de estudio, nos hemos formulado
las siguientes preguntas: ¿cuáles son las principales incongruencias
de los ODS respecto de su propósito de contribuir a la mejora del
bienestar de la humanidad?; ¿cuáles deben ser los objetivos de las
políticas públicas nacionales e internacionales para avanzar hacia
un buen vivir a escala global?
colectiva, social…— que disputan
dicho protagonismo) y de la
racionalidad utilitarista y
lucrativa del homo economicus
(porque existen otras
racionalidades —religiosas,
humanistas, ecologistas,
socialistas, étnicas…— que
disputan dicho protagonismo).
6 Entendemos por «biocentrismo»
aquella concepción del mundo
en la que la naturaleza es el
centro del universo, y el ser
humano una parte de ella,
a la que debe cuidar y protege,
dado que posee valores
intrínsecos independientes de la
utilidad que pueda tener para el
ser humano.
7 Entendemos por
«heteronormalidad» aquella
forma de organización social en
la que las personas
heterosexuales (cis-hombres y
cis-mujeres) conforman un
grupo social hegemónico frente
a las personas con orientaciones
e identidades sexuales
diferentes (queer), que
conforman grupos sociales
subalternos, los cuales son
objeto de discriminación política
y cultural, cuando no de
violencia y represión; a este
respecto, «cis» es una expresión
que hace referencia todas
aquellas personas que se
encuentran en el lado correcto o
normal, de tal manera que su
orientación o/e identidad sexual
se corresponde con la esperada
por su sexo biológico, mientras
que queer («raro») sería una
expresión que hace referencia,
de manera genérica, a todas
aquellas personas que se
encuentran en el lado incorrecto
o anormal, de tal manera que su
orientación o/e identidad sexual
no se corresponde con la
esperada por su sexo biológico.
La heteronormalidad, como
forma de colonialidad por razón
de orientación e identidad
sexual, tiene dimensiones
políticas (heteronormalidad del
poder) y culturales
(heteronormalidad del saber y
heteronormalidad del ser). En
este sentido, la
desheteronormalización sería el
proceso (de decolonialización de
orientación e identidad sexual)
por el cual los grupos sociales
subalternos con identidades y
orientaciones sexuales queer
comienzan a emanciparse de la
citada dominación política y
cultural para transformar la
organización social de la
heteronormalidad en una
organización social igualitaria en
términos de orientación e
identidad sexual.
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LOS OBJE TIVOS DEL BUEN V IVIR UNA PROPUESTA ALTERNATIVA A LOS OBJETIVOS… A. L. Hidalgo, S. García, A. P. Cubillo, N. Medina
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Por tanto, nuestros objetivos son identificar las incongruencias
de los ODS respecto de su propósito de contribuir a la mejora del
bienestar de la humanidad y proponer un conjunto de objetivos de
políticas públicas para el buen vivir global que sirvan de alternativa
a los ODS.
Para alcanzar dichos objetivos, hemos realizado una investi-
gación de carácter crítico y normativo, articulada en cinco fases.
La primera consistió en la realización de dos grupos de discusión,
con un total de 22 expertos y expertas sobre el buen vivir proce-
dentes de diferentes países europeos y americanos.10 La segunda
consistió en la elaboración de un análisis crítico de los ODS por
parte de los autores y las autoras de dicha investigación, tomando
como bases del análisis los textos transcritos de los dos grupos de
discusión y los textos procedentes de un amplio arqueo bibliográ-
fico sobre los enfoques teóricos del transdesarrollo transmoderno
(decrecimiento y buen vivir), de cara a poner de manifiesto sus in-
congruencias respecto de su propósito.11 La tercera fase consistió
en la elaboración de una propuesta provisional de OBV (generales
y específicos) por parte de los autores y las autoras de dicha in-
vestigación, a partir del análisis de los citados textos (transcrip-
ciones y bibliografía).12 La cuarta consistió en la validación de la
propuesta provisional de OBV por medio de una encuesta en línea
autoadministrada, en español y en inglés, dirigida a personas ex-
pertas en buen vivir, de diferentes países del mundo,13 que fueron
invitadas a responder por medio de un muestreo no probabilísti-
co de bola de nieve virtual (Marsata y Razafindratsimab 2010).14
Y la quinta consistió en la elaboración de la propuesta definitiva
de OBV por parte de los autores y las autoras de esta investiga-
ción, a partir de las valoraciones y recomendaciones de la citada
encuesta, que sirvieron para establecer el orden de los objetivos
y su redacción final;15 dicha propuesta se acompaña de una fun-
damentación teórica, elaborada a partir del arqueo bibliográfico
sobre los enfoques teóricos del transdesarrollo transmoderno (de-
crecimiento y buen vivir).
2
Perspectiva de análisis:
transdesarrollo transmoderno
(decrecimiento y buen vivir)
La propuesta de los ODS persigue la consecución del bienestar
de la humanidad; sin embargo, existen, al menos, cuatro para-
digmas de bienestar en las sociedades complejas del siglo xxi: la
subsistencia premoderna, el desarrollo moderno, el posdesarrollo
posmoderno y el transdesarrollo transmoderno (Cubillo-Guevara e
Hidalgo-Capitán 2015).
8 Entendemos por
«patriarcalidad» (o
«patriarcado») aquella forma
de organización social en la que
los hombres conforman un
grupo social hegemónico frente
a las mujeres (y otros géneros),
que constituyen grupos sociales
subalternos, los cuales son
objeto de discriminación política
y cultural. La patriarcalidad,
como forma de colonialidad por
razón de género, tiene
dimensiones políticas
(patriarcalidad del poder) y
culturales (patriarcalidad del
saber y patriarcalidad del ser).
En este sentido, la
despatriarcalización sería el
proceso (de decolonialización
de género) por el cual los
géneros subalternos (mujeres y
otros géneros) comienzan a
emanciparse de la citada
dominación política y cultural
para transformar la
organización social de la
patriarcalidad en una
organización social igualitaria
en términos de género.
9 A partir de aquí, reservaremos
el término «colonialidad» para
las discriminaciones de carácter
étnico-religiosas.
10 Los dos grupos internacionales
de discusión sobre «Los
Objetivos del Buen Vivir como
propuesta alternativa a los
Objetivos de Desarrollo
Sostenible» se celebraron en
Quito (5 de julio de 2017) y en
Salamanca (16 de agosto de
2017). Dichas personas
expertas fueron (11 hombres y
11 mujeres): Philipp Altmann
(Alemania y Ecuador), Adrian
Beling (Argentina y Alemania),
Patricio Carpio (Ecuador),
Carlos Lenys Cruz (Nicaragua),
Rafael Domínguez (España),
Isabella Giunta (Italia y
Ecuador), Orietta Hernández
(Cuba), Rebecca Hollender
(Estados Unidos), Analilia
Huitrón (México y España), José
Benjamín Inuca (Ecuador), Luis
Eduardo Maldonado (Ecuador),
María Cecilia Múnera
(Colombia), Atawallpa Oviedo
(Ecuador y Bolivia), Alba Pérez
(Ecuador), Rocío Pérez (España,
Estados Unidos y Argentina),
Dania Quirola (Ecuador), Jara
Rodríguez (España y Ecuador),
Floresmilo Simbaña (Ecuador),
Ana Lucía Tasiguano (Ecuador),
Julien Vanhulst (Bélgica y
Chile), Unai Villalba (España) y
Sandra Kanety Zavaleta
(México). Los autores y las
autoras agradecen las ideas
aportadas para esta
investigación por dichas
personas expertas; igualmente
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En nuestro caso, asumiremos que el paradigma de bienestar al
que debiera aspirar la Agenda 2030 sería el transdesarrollo trans-
moderno (Múnera 2016, Hidalgo-Capitán y Cubillo-Guevara 2016),
resultado de una síntesis triangular entre la subsistencia premo-
derna, el desarrollo moderno y el posdesarrollo posmoderno, y que
podemos definir como
aquel paradigma trans-moderno del bienestar que persigue la satisfac-
ción de las necesidades materiales e inmateriales de la sociedad por
medio de un proceso de participación en el que se decidan, bajo los
principios de equidad social y sostenibilidad ambiental, cuáles son di-
chas necesidades y qué medios deben emplearse para satisfacerlas […].
Bajo este paradigma, la naturaleza y la sociedad ocupan el centro de las
preocupaciones de los individuos, que se sienten parte de diferentes co-
munidades y parte de la naturaleza […] y que, como partes de un todo,
defienden la convivencia armónica entre los seres humanos y entre estos
y la naturaleza (Hidalgo-Capitán y Cubillo-Guevara 2016, p. 67).
Dicho paradigma de bienestar se corresponde con un paradig-
ma cultural o cosmovisión denominado «transmodernidad» (Rodrí-
guez-Magda 2004), que podemos definir como
una visión del mundo basada en el consenso intersubjetivo que busca las
verdades consensuadas […], habitualmente centrada en la sociedad o en
la naturaleza, [y que] interpreta todos los aspectos de la vida a partir de la
combinación emocionalmente inteligente de postulados basados en la fe,
en la razón y en la imaginación, y persigue la realización de las múltiples
expectativas de los diferentes individuos por medio de la construcción
participativa de proyectos [interculturales] consensuados y social y am-
bientalmente armónicos […], [que] persiguen la construcción de una so-
ciedad global post-capitalista (Hidalgo-Capitán y Cubillo-Guevara 2016,
p. 25).
El transdesarrollo transmoderno representa así un marco crí-
tico de referencia de amplio espectro, que tiene como sus dos
principales concreciones la propuesta del decrecimiento, de origen
europeo (Latouche 2006), y la propuesta del buen vivir, de ori-
gen latinoamericano (Acosta 2013). Ambas propuestas, claramente
influidas por la crítica al desarrollo realizada por los teóricos del
posdesarrollo, se configuran como una alternativa al desarrollo mo-
derno, que pretenden ir más allá de este, al tiempo que superan
las limitaciones propositivas del posdesarrollo y recuperan algunas
enseñanzas de la subsistencia.
Así, las críticas al modelo de desarrollo imperante en el mundo
implícitas en las propuestas del decrecimiento y del buen vivir po-
nen el acento en lo que se ha venido en denominar «maldesarrollo»
(Tortosa 2009); se entiende como maldesarrollo aquel
estado [en el que se encuentran los diferentes sistemas socioeconómicos
de mundo, que] se caracteriza por la alienación de los seres humanos que
lo conforman, la inequidad de las sociedades que lo integran y la insoste-
nibilidad de las relaciones entre dichos sistemas y el medio ambiente
(Cubillo-Guevara, Hidalgo-Capitán y García-Álvarez 2016, p. 36).
agradecen a la profesora Irma
García Serrano, de la
Universidad Central del
Ecuador, sus aportaciones
respecto de la deconstrucción
del Objetivo 4.
11 Por razones de brevedad, no se
han transcrito en este trabajo
citas textuales de las críticas
realizadas a los ODS en los
grupos de discusión, que fueron
especialmente prolijas en el
grupo de discusión de
Salamanca. En su lugar, se ha
optado por localizar referencias
bibliográficas que respalden
dichas críticas, así como otras
críticas localizadas en la
bibliografía analizada por los
autores y las autoras de la
investigación.
12 Igualmente, en este caso, la
redacción provisional de los
objetivos se basó esencialmente
en las propuestas de objetivos,
no siempre bien perfiladas, de
los participantes en los dos
grupos de discusión, aunque
también en algunas ideas de los
autores y las autoras de la
investigación derivadas del
trabajo previo de
deconstrucción de los ODS. De
hecho, la propuesta de articular
los OBV en tres objetivos
generales y diversos objetivos
específicos que los
desarrollasen fue sugerida por
Rafael Domínguez (Universidad
de Cantabria) en el grupo de
discusión de Salamanca.
13 Las personas expertas
participantes en los dos grupos
de discusión fueron invitadas a
responder la encuesta como
forma de validación de los OBV
extraídos, esencialmente, de las
actividades en las que habían
participado. También se les
pidió que sugirieran los
nombres de otras personas
expertas en buen vivir y
decrecimiento a las que remitir
la encuesta; se completó el
listado de personas invitadas a
responderla con los nombres de
diversos autores y diversas
autoras que han trabajado
sobre dichos temas.
14 La encuesta fue respondida por
112 personas expertas en buen
vivir (51 mujeres y 61
hombres: académicos y
académicas, investigadores e
investigadoras, consultores y
consultoras, cooperantes y
activistas sociales), de 22
nacionalidades diferentes
(Alemania, Argentina, Bélgica,
Bolivia, Brasil, Chile, Colombia,
Costa Rica, Cuba, Ecuador, El
Salvador, España, Francia,
Guatemala, Honduras, Italia,
México, Nicaragua, Perú,
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Frente al maldesarrollo como diagnóstico, los autores transde-
sarrollistas proponen el decrecimiento y el buen vivir como solu-
ción; entendiendo como decrecimiento aquella
propuesta política plural de transformación del modelo económico de la
sociedad globalizada que propugna producir, acumular y consumir menos
para vivir bien; o lo que es lo mismo, un metarrelato de liberación que
busca un aumento del bienestar de la sociedad a partir de la reducción
tanto de la explotación de los recursos naturales como de la emisión de
residuos (Hidalgo-Capitán y Cubillo-Guevara 2016, pp. 93-94),
y por buen vivir aquella
propuesta política plural de transformación de aquellas sociedades que no
han alcanzado el pretendido desarrollo y que, en su lugar, buscan la rea-
lización de una vida en plenitud; o lo que es lo mismo, un metarrelato de
liberación que busca el bienestar de la sociedad por medio de la consecu-
ción de una vida en armonía con uno mismo (identidad), con la sociedad
(equidad) y con la naturaleza (sostenibilidad) (Hidalgo-Capitán y Cubillo-
Guevara 2016, p. 99).
Por tanto, la crítica de los ODS y la propuesta de los OBV se
realizan desde una perspectiva epistemológica (e ideológica) trans-
moderna y transdesarrollista, en la que se cuestiona abiertamente
la modernidad (como paradigma cultural), el desarrollo (como pa-
radigma moderno de bienestar) y el desarrollo sostenible (como
variante de desarrollo alternativo moderno) y que propone ir más
allá de dichos paradigmas y variantes, sin negarlos completamente,
pero trascendiéndolos.
3
Deconstrucción de los ODS
Para la deconstrucción de los ODS, adoptaremos una perspec-
tiva epistemológica posmoderna, posracionalista y posestructura-
lista, centrada en la deconstrucción del concepto (Derrida 1967),16
aplicando un análisis crítico de tipo deconstructivista a todos y a
cada uno de los ODS desde el punto de vista del transdesarrollo
transmoderno; en dicho punto de vista, sostiene que el bienestar
de la humanidad, entendido como aquella forma de vida que nos
permita a los seres humanos coexistir en armonía con los demás
seres de la naturaleza, en armonía con los demás seres humanos
y en armonía con nosotros mismos y nosotras mismas, se alcanza
por medio de procesos de decolonización-despatriarcalización-des-
heteronormalización del poder-saber-ser, de procesos de transfor-
mación socioeconómica y de procesos de transición socioecológica,
que generen sociedades interculturales y plurales, poscapitalistas
y biocéntricas (Cubillo-Guevara e Hidalgo-Capitán 2015, Hidalgo-
Capitán y Cubillo-Guevara 2016, Múnera 2016).
Para realizar esta deconstrucción de los ODS, aplicaremos la
técnica de la différance (en francés) o diferiencia (en español), tér-
Suecia, Suiza y Venezuela) y
residentes en 20 países
diferentes (Alemania,
Argentina, Bélgica, Bolivia,
Brasil, Chile, Colombia, Costa
Rica, Cuba, Ecuador, El
Salvador, España, Francia,
Guatemala, Honduras, Italia,
México, Nicaragua, Perú y
Suecia).
15 Ni la redacción final ni el orden
de los OBV fueron los mismos
que los recogidos en la
encuesta, ya que las
ponderaciones otorgadas por
las personas expertas
encuestadas, así como sus
comentarios en las preguntas
abiertas, fueron tomados como
insumos para la redacción y
ordenación final de los OBV.
16 El concepto de
«deconstrucción» es complejo y
controvertido y existen muchos
usos de él; algunos con una
gran profundidad filosófica y
otros son una simple
herramienta para la crítica. El
propio Derrida llegó a afirmar
que
desconstruir es a la vez un gesto
estructuralista y
antiestructuralista: se desmonta
[…] un artefacto, para hacer que
aparezcan sus estructuras […],
pero también, simultáneamente, la
precariedad ruinosa de una
estructura formal que no explicaba
nada, ya que no era ni un centro,
ni un principio, ni una fuerza […].
La desconstrucción […] no se
reduce ni a un método […] ni a un
análisis; va más allá de la decisión
crítica, de la idea crítica misma.
Justamente por eso no es
negativa, aunque, a pesar de
tantas precauciones, se la haya
interpretado así frecuentemente.
Para mí, va siempre junto con una
exigencia afirmativa, diría incluso
que no tiene lugar nunca sin
amor… (Derrida 1982).
En este sentido, la
deconstrucción de los ODS que
se presenta en este trabajo es
una crítica que no pretende
destruir la Agenda 2030, sino
poner de manifiesto sus
debilidades, para que, al
tomarlas en consideración,
junto con sus fortalezas (que,
por razones de limitación de
tiempo-espacio, obviaremos),
podamos construir una
propuesta alternativa de
agenda global para alcanzar el
bienestar; un bienestar que no
podrá identificarse con el
desarrollo sostenible, sino con
un concepto alternativo a este y
que, además, lo trascienda.
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mino acuñado por Derrida como combinación de las palabras «dife-
rencia» y «diferimiento» o «aplazamiento»; se trata de una técnica
(si es que se puede categorizar así) que «hace el pensamiento
incómodo y el confort poco seguro», porque «la diferiencia (di f fé-
ran c e) no es, no existe [...] y [...] nos llevará a señalar también
todo lo que no es, es decir, todo [...]; que no tiene ni existencia ni
esencia [...], no depende de ninguna categoría de ser alguno pre-
sente o ausente»; «se pone así en tela de juicio la autoridad de la
presencia o de su simple contrario simétrico, la ausencia o la falta»
(Derrida 1968). En la práctica, la différance o diferiencia consiste
en acompañar los conceptos que se quieren deconstruir de otros
términos contradictorios (entre paréntesis), para destacar simul-
táneamente todo lo que es y todo lo que no es. De esta forma, se
puede realizar una doble, o múltiple, lectura de la expresión final,
omitiendo o considerando el término, o los términos, entre parén-
tesis, lo cual permite «dejar en suspenso el significado» de los con-
ceptos y explorar sus incongruencias.
En nuestro caso, la aplicación de la diferiencia (différance) nos
permite dejar en suspenso el significado de los ODS para analizar
críticamente sus incongruencias. Con esta técnica, pretendemos po-
ner de manifiesto que se puede hacer una doble lectura de los ODS:
una positiva (que es la que suelen realizar la mayoría de los intelec-
tuales que han trabajado sobre ellos y, según la cual, su consecución
nos llevará al bienestar de la humanidad, entendido este como desa-
rrollo sostenible moderno) y otra negativa (que pone de manifiesto
sus incongruencias y, según la cual, su consecución, de ser posible,
no nos llevará al bienestar de la humanidad, entendido este como
transdesarrollo transmoderno).
Por ello, a pesar de que el análisis crítico que se presenta a
continuación se centra en las incongruencias de los ODS para con-
tribuir al bienestar de la humanidad, asumimos que la Agenda 2030
supone un avance significativo respecto de las anteriores agendas
del desarrollo y la cooperación internacional, en especial en materia
ambiental. En este sentido, consideramos que los ODS también tie-
nen importantes virtudes como propuesta para contribuir al bien-
estar de la humanidad; no obstante, dichas virtudes no son objeto
de este análisis.
3.1. Deconstrucción global de los ODS:
los Objetivos de (mal)Desarrollo (in)Sostenible
Tras la expiración, en 2015, de la agenda internacional de coo-
peración para el desarrollo basada en los Objetivos de Desarro-
llo del Milenio (ODM), las Naciones Unidas impulsaron una nueva
agenda para el año 2030, los ODS, fruto de un «supuesto consenso
internacional» (Angelova y Borrero 2016), con la intención de ge-
nerar, a nivel global, un proceso de desarrollo sostenible, aunque
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realmente lo que se generaría de su implementación sería un pro-
ceso de maldesarrollo insostenible (Tortosa 2009).
Los ODS están inspirados en las tres sostenibilidades —eco-
nómica, social y ambiental— de la reformulación que hizo el Banco
Mundial (Munasinghe 1993) del concepto original de desarrollo sos-
tenible del Informe Brundtland (1987); concepto que, por otro lado,
ha sido muy cuestionado desde la escuela crítica del desarrollo (p. e.,
Mota y Sandoval 2016). Pero los ODS no cuestionan el actual mo-
delo de desarrollo moderno imperante en los países desarrollados
(maldesarrollo) y pretende que este, con una reforma cosmética de
supuesta sostenibilidad, sea el modelo de referencia para todos los
países del mundo.
Como ha sido puesto de manifiesto por diversos autores de la
escuela crítica del desarrollo (Tortosa 2009, Latouche 2006, Acosta
2013), el desarrollo no se ha alcanzado ni siquiera en los llamados
países desarrollados; por el contrario, las políticas económicas, so-
ciales, culturales y ambientales aplicadas en dichos países, lejos de
generar un proceso de aumento del bienestar de sus poblaciones,
o de desarrollo en su concepción moderna, han conducido en estos
a crisis socioeconómicas (inequidad social capitalista o insostenibi-
lidad socioeconómica) (Piketty 2013) y crisis socioecológicas (dete-
rioro ambiental antropocéntrico o insostenibilidad socioecológica)
(Craig 2017); por su parte, en los llamados «países en desarrollo»,
además de las citadas crisis socioeconómicas y socioecológicas,
han generado crisis político-culturales (heteronormalidad, patriar-
calidad y colonialidad del poder, del saber y del ser o insostenibili-
dad político-cultural) (Quijano 2000, Mignolo 2007, Paredes 2010).
Dicho de otro modo, las políticas de desarrollo han generado
un maldesarrollo o mal vivir (Tortosa 2009) en todos los países del
mundo, y la perpetuación del modelo de desarrollo incluido en los
ODS tan solo va a generar más maldesarrollo (colonialidad, inequi-
dad y deterioro ambiental) y a exacerbar las crisis político-cultura-
les, socioeconómicas y socioecológicas que padece el planeta. Para
enfrentar dichas crisis, debemos desarrollar estilos sociales de vida
que permitan mantener la armonía con uno mismo o una misma,
con los demás seres humanos y con los demás seres de la natura-
leza, como defienden los teóricos del buen vivir (Acosta 2013).
Además, el propio concepto de «desarrollo», incluso en su
versión sostenible, lleva implícito el crecimiento económico como
una de sus componentes esenciales, ignorando las advertencias
de los muchos científicos, de diferentes ramas del conocimiento,
que señalan que hemos llegado a un punto tal, en nuestro nivel de
explotación de los recursos naturales y ambientales, que un ma-
yor crecimiento económico conduce, inevitablemente, a un menor
bienestar de los habitantes del planeta. Por tanto, si queremos
incrementar el bienestar, lejos de seguir creciendo, debemos de-
crecer; es decir, debemos trabajar, producir, consumir y acumular
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menos para vivir mejor, como defienden los teóricos del decreci-
miento (Latouche 2006).
A ello habría que añadir que el modelo de desarrollo implícito
en los ODS, basado en el supuesto desarrollo de los llamados «paí-
ses desarrollados», no es universalizable, dado que se basa en un
modo de vida imperial (Brand y Wissen 2017). Según este plantea-
miento, para mantener el estilo de vida de las clases medias y altas
del mundo, resultan imprescindibles unos altos niveles de explota-
ción de los recursos naturales y ambientales y unos altos niveles
de explotación de las clases bajas trabajadoras del mundo. Y ello
solo es posible si el sistema económico mundial se sigue organi-
zando bajo un modelo de apartheid global o de segregación global
(Hidalgo-Capitán 2012), que mantiene a la inmensa mayoría de la
población mundial recluida en los guetos (países en desarrollo), al
margen de los niveles de vida y de consumo de los que disfruta una
minoría de la población mundial, residente en las ciudadelas (países
desarrollados).
Dicha segregación viene, además, acompañada de importan-
tes mecanismos de discriminación étnico-religiosa, de género y de
identidad sexual, según los cuales son los hombres heterosexuales
de etnia dominante (mayoritariamente blancos y cristianos en los
países occidentales) quienes controlan los mecanismos del poder,
quienes conforman el referente social que debe imitarse y los úni-
cos cuyos conocimientos se consideran válidos; se excluye así de
los mecanismos de poder, de la referencia social y de la reproduc-
ción del conocimiento a los géneros queer, a las mujeres y al resto
de personas de grupos étnico-religiosos no dominantes, lo que ge-
nera fenómenos conocidos como «heteronormalidad», «patriarcali-
dad» y «colonialidad» del poder, del saber y del ser (Quijano 2000,
Mignolo 2007, Paredes 2010).
Y todo ello hace que el modelo de desarrollo implícito en los
ODS sea un modelo de desarrollo insostenible; insostenible en tér-
minos politíco-culturales (heteronormalidad, patriarcalidad y colo-
nialidad del poder, del saber y del ser), insostenible en términos
socioeconómicos (inequidad social capitalista) e insostenible en tér-
minos socioecológicos (deterioro ambiental antropocéntrico).
Por tanto, el modelo de maldesarrollo insostenible implícito en
los ODS no garantiza el aumento del bienestar de la población mun-
dial, pero sí el enriquecimiento de las empresas transnacionales
que operan a nivel global, lo que genera los bienes y los servicios
de consumo requeridos por los nuevos emperadores del planeta.
Dichas empresas, por medio de los mecanismos de cabildeo o lob-
bismo político (Rubio 2003), influyen permanentemente en los Go-
biernos que aprobaron la Agenda 2030; agenda que fue supuesta-
mente fruto de un consenso internacional por medio de un proceso
participativo de consulta, pero que, en la práctica, solo incluyó
aquellos objetivos que fueron consensuados por los Gobiernos de
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los diferentes países, los cuales responden, en gran medida, a los
intereses de las empresas transnacionales, en virtud de la presión
que sobre ellos ejercen sus lobbies (Adams y Tobin 2014).
3.2. Deconstrucciones parciales de los ODS: algunas
incongruencias
Realizada la deconstrucción global de los ODS, se procede
a continuación a realizar deconstrucciones parciales de los ODS,
deconstruyendo cada uno de ellos para poner de manifiesto su
incongruencia con la consecución del bienestar de la humanidad en
términos de transdesarrollo transmoderno. No obstante, dadas las
dimensiones de este trabajo, el análisis realizado no agota todas
las incongruencias posibles, centrándose en señalar algunas de las
consideradas como más relevantes, sin perjuicio de la existencia de
otras muchas.
Objetivo 1. Fin de la pobreza
(No) poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el
mundo
En los ODS, se asume que la pobreza, y especialmente la po-
breza extrema, se puede medir en términos de ingresos moneta-
rios. Sin embargo, existen millones de personas en el mundo que
no tienen ingresos monetarios superiores a la línea de la extrema
pobreza (fijada en los ODS en 1,25 dólares estadounidenses al día),
pero que no son pobres, en la medida en que satisfacen sus ne-
cesidades humanas fundamentales (Max-Neef, Elizalde y Hopen-
hayn 1986), materiales e inmateriales, sin ingresos monetarios; por
ejemplo, por medio de sus huertos rurales y urbanos y sus granjas
de subsistencia, o de la pesca, de la caza y de la recolección o del
trueque o de bienes y servicios públicos o comunitarios gratuitos o
de la solidaridad intracomunitaria (Ramírez-Cedreño, García-Álva-
rez y Santillán 2017).
Lo importante no es el nivel de ingresos de una persona, sino
su capacidad efectiva de satisfacer sus propias necesidades (Sen
1981), sea por medio de ingresos monetarios o, ante una carencia
de aquellos, por medio de ingresos no monetarios, en especie y al
margen del mercado. Definir la pobreza, o la pobreza extrema, en
términos de ingresos monetarios, ignorando implícitamente la mul-
tidimensionalidad de la pobreza, es definir una falsa pobreza.
Además, en los ODS no se plantea el origen de la pobreza,
medida en términos monetarios y, por tanto, no se pretende in-
cidir sobre sus causas, que se encuentran en la desigual distri-
bución de la renta emanada del funcionamiento de los mercados
capitalistas y en la falta de acción redistributiva eficaz de los Es-
tados (Piketty 2013); aspectos que suelen estar reforzados por
mecanismos de exclusión social derivados de la heteronormalidad,
la patriarcalidad y la colonialidad del poder, que concentra la po-
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breza en las mujeres y los grupos étnico-religiosos no dominantes
(Quijano 2000, Paredes 2010).
Objetivo 2. Hambre cero
(No) poner fin al hambre, (no) lograr la seguridad alimentaria y la
mejora de la nutrición y (no) promover la agricultura sostenible
Poner fin al hambre implica garantizar la satisfacción efectiva
de las necesidades básicas alimentarias de la población mundial.
Partiendo de que, en la actualidad, tenemos la capacidad de gene-
rar suficientes alimentos en el planeta para garantizar la adecuada
nutrición de la población mundial (Ki-moon 2012), el problema del
hambre no está relacionado con la provisión de alimentos sino con
su distribución.
Dicha distribución se realiza a través del mercado, en el cual
las grandes empresas transnacionales dedicadas a la comercializa-
ción de alimentos, con un gran poder de mercado, mantienen un
oligopolio colusivo (Dixon 2001), que impone a los alimentos unos
precios que los hacen inaccesibles para gran parte de la población
mundial. Y no es posible ponerle fin al hambre sin limitar el poder
de mercado de dichas empresas; por ejemplo, fijando los precios,
máximos en destino y mínimos en origen, de los alimentos. Sin
embargo, los ODS no hacen referencia a la regulación de los mer-
cados de alimentos, sino al buen funcionamiento de los mercados
de productos básicos alimentarios y sus derivados. En realidad, no
se pretende poner fin al hambre.
Por otro lado, en los ODS la promoción de una agricultura sos-
tenible se basa en el fomento de una agricultura esencialmente
destinada al mercado, con aumentos de producción que requieren
de una intensificación de la explotación de la tierra e, incluso, de
la expansión de la frontera agrícola. En el fondo, lo que se pre-
tende es producir más alimentos para tratar de reducir el hambre
sin tener que distribuir mejor los alimentos, depositando sobre la
capacidad de producción de la naturaleza la solución del problema
del hambre. Pero, en realidad, la lógica de producir más es una
lógica de agricultura insostenible, pues los aumentos de producti-
vidad suelen descansar en el uso de agroquímicos (que contaminan
los ecosistemas), en la producción de transgénicos (que amenazan
la biodiversidad genética y la bioseguridad) y en la expansión de la
frontera agrícola (que destruyen la biodiversidad de ecosistemas y
de especies) (Gudynas 2015). Una agricultura sostenible debe ser
una agricultura ecológica.
Por otro lado, cuando en los ODS se refiere a la mejora de la
nutrición, no se alude a los problemas de sobrealimentación (obesi-
dad, anorexia, bulimia, colesterolemia, hipertensión…) de los llama-
dos «países desarrollados». La aplicación al acceso a los alimentos
de una ética de «limitarianismo» (Robeyns 2014), según la cual
tenemos «el deber de no tener más recursos que los que son ne-
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cesarios para una vida plenamente floreciente», no solo mejoraría
la nutrición en los llamados «países desarrollados», sino que per-
mitiría liberar alimentos para mejorar la nutrición de los llamados
«países en desarrollo». Por todo ello, lo que realmente se pretende
es una falsa mejora de la nutrición.
Y, en línea con lo anterior, la seguridad alimentaria solo es posi-
ble si existe «soberanía alimentaria» (Foro Mundial por la Seguridad
Alimentaria 2001); es decir, si los diferentes pueblos tienen la capa-
cidad para decidir sobre su agricultura y su alimentación, de forma
que puedan garantizar, a largo plazo, el correcto abastecimiento de
alimentos, en términos nutritivos, ambientales, sociales y cultura-
les. Una seguridad alimentaria sin garantizar una soberanía alimen-
taria es realmente una inseguridad alimentaria.
Objetivo 3. Salud y bienestar
(No) garantizar una vida sana y (no) promover el bienestar para
todos en todas las edades
Garantizar una vida sana para todos implica una cobertura sa-
nitaria y farmacéutica universal y accesible a través de sistemas
sanitarios nacionales, adecuados a las especificidades de los distin-
tos países, que no generen empobrecimiento de sus usuarios por el
pago de los gastos sanitarios y farmacéuticos y que incluya tanto
la medicina preventiva como la medicina curativa. Y ello solo puede
hacerse si los servicios de salud y los medicamentos son conside-
rados como «bienes de mérito» y las sustancias nocivas para la
salud o que inducen a hábitos no saludables son considerados como
«bienes de demérito» (Musgrave 1959) y, por tanto, objeto de regu-
lación pública imperativa en precios, cantidades y calidades.
Por otro lado, la medicina moderna es esencialmente androcén-
trica y heterocéntrica e invisibiliza a las mujeres y, especialmente,
a los géneros queer (Butler 1990), sus cuerpos, sus ciclos y sus
enfermedades específicas. Para alcanzar este objetivo, se requiere
el reconocimiento y el ejercicio pleno de los derechos sexuales y
reproductivos de todas las personas, independientemente de su
identidad de género ya que, mientras estas y estos no tengan el
control sobre su cuerpo y su sexualidad no podrán disfrutar de una
vida sana ni del bienestar (Asociació de Planificació Familiar de Ca-
talunya i Balears et al. 2016).
Asimismo, los saberes y las prácticas sanitarias de los pue-
blos originarios también han sido invisibilizados en la práctica de la
medicina moderna, al imponerse una medicina occidental, tecnifi-
cada y altamente farmacolizada. Para garantizar una vida sana y
un bienestar a todas y todos, resulta necesario el reconocimiento,
junto con la medicina moderna, de otras formas de medicina tradi-
cional milenaria y holística, adaptada a las especificidades cultura-
les de los diferentes pueblos del mundo y que traten a las personas
y no a las enfermedades (OMS 2013).
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Objetivo 4. Educación de calidad
(No) garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad
y (no) promover oportunidades de aprendizaje durante toda la
vida para todos
El modelo educativo implícito en los ODS es un modelo educati-
vo de corte occidental basado en la colonialidad del saber y del ser
(Mignolo 2007), que ignora los conocimientos adaptados al medio
de los diferentes pueblos originarios del planeta y los mecanismos de
educación no reglada que, en ocasiones, pueden llegar a ser más
útiles en la adaptación al medio; igualmente, en dicho modelo se
ignoran las diferentes identidades étnicas, religiosas y de género.
Una verdadera educación ha de basarse en criterios de inter-
culturalidad (Walsh 2009) e integrar los conocimientos occidentales
con otros conocimientos propios de las distintas culturas que exis-
ten dentro de los diferentes países; se presta especial atención a la
alfabetización funcional al medio, de forma que todos y todas sean
capaces de descodificar los símbolos y las señales propios de su
entorno, de forma que puedan interactuar con él de manera eficaz.
Una educación inclusiva y equitativa no solo requiere de la in-
corporación de las mujeres a todos los niveles educativos sin discri-
minación, sino de todos los géneros, todas las etnias, todas las con-
fesiones religiosas y todas las capacidades y discapacidades físicas
e intelectuales, sin segregación y con adaptaciones curriculares y
funcionales a las diferencias, así como el reconocimiento curricular
de dichas identidades (Solano-Alpízar 2015).
Además, para que todas y todos tengan oportunidades de
aprendizaje durante toda la vida, es indispensable que la educa-
ción, en todos los niveles, vaya mucho más allá de la cualificación
con fines económico-laborales. No se trata de formar a trabaja-
dores y empresarios, sino de educar a las personas para que se-
pan desenvolverse en sus entornos económicos, políticos, sociales
y culturales (Straniello 2005) y que, al mismo tiempo, aprendan a
desaprender y a aprender, para que puedan actualizar sus cono-
cimientos funcionales si dicho entorno cambia (Martín y Moreno
2007).
Objetivo 5. Igualdad de género
(No) lograr la igualdad entre (todos) los géneros y (no) empo-
derar a todas las mujeres y las niñas (y a los demás géneros)
Los ODS solo contemplan la búsqueda de una supuesta igual-
dad entre cis-géneros (Schilt y Westbrook 2009); es decir, incluyen
una lógica heterosexual y binaria (hombre-mujer) de géneros, lo
que invisibiliza todos los géneros queer (Butler 1990). Al margen de
combatir todas las formas de misoginia, discriminación y violencia
que padecen las mujeres, es necesario también combatir todas las
formas de homofobia, transfobia, bifobia y queerfobia, discrimina-
ción y violencia que sufren todos los demás géneros (Tin 2003).
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No obstante, las desigualdades de género que hay que combatir
son las referentes a las oportunidades y al reparto del poder; pues
los roles sociales que cada género desempeñe en una sociedad no
tienen que por qué ser iguales, ya que dichos roles dependen del
papel que las diferentes culturas desempeñan en cada sociedad, sin
que deban imponerse criterios universales respecto de dichos roles
sociales; roles que deberían ir modificándose en el tiempo, según
las preferencias cambiantes de los diferentes géneros, a medida
que estos, empezando por las cis-mujeres, se vayan autoempo-
derando frente al dominio político, social, económico y cultural del
heteropatriarcado de los cis-hombres (Jeffreys 1996). Y todo esto
pasa por eliminar la legislación, los mecanismos y las estructuras
institucionales discriminatorios de los diferentes géneros en todos
los países (Asociació de Planificació Familiar de Catalunya i Balears
et al. 2016).
Objetivo 6. Agua limpia y saneamiento
(No) garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible
y el saneamiento para todos
Los ODS no ponen en cuestión la mercantilización del agua que
se produce en muchos países del mundo ni el uso que se hace de
ella, depositando la mayor disponibilidad del agua potable en una
mayor captación, y no en un reparto más equitativo como recurso
escaso.
El agua limpia, tanto dulce como salada, debe ser considerada
en todos los países como un bien público, que no puede ser objeto
de propiedad privada ni de comercialización lucrativa y que, ade-
más, genera importantes externalidades positivas (Musgrave 1959).
Por tanto, su utilización debe ser objeto de regulación pública para
garantizar, en primer lugar, el acceso equitativo de las personas
para consumo humano y, con posterioridad, el acceso justo, según
externalidades, de las empresas para uso agropecuario, pesquero,
industrial o de servicios. Dicha regulación debe afectar también a
las externalidades negativas de las actividades económicas sobre
el agua, con el fin de reducir al mínimo los vertidos de sustancias
contaminantes a ríos, lagos, aguas subterráneas y mares.
El precio del agua potable debiera ser cero e imputar solo a
los consumidores los costes de su gestión (captación, depuración,
desalinización, almacenamiento, canalización…), modulando los co-
bros en función del nivel de renta y del nivel de consumo relativo
(por persona, por extensión, por producto…); además, se debiera
evitar el extractivismo que, sobre el agua, realizan los monoculti-
vos de exportación (Gudynas 2015). El mercado no puede garan-
tizar un reparto equitativo ni una gestión sostenible, por lo que
deben ser los Estados quienes gestionen el uso del agua, con el
apoyo de la cooperación internacional, allí donde sus capacidades
sean limitadas.
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El saneamiento, por su parte, debiera ser considerado como
un bien de mérito (Musgrave 1959) por las altas externalidades
negativas sobre la salud humana y la calidad de los ecosistemas
terrestres y acuáticos y, como tal, gestionado por los Estados, al
igual que la sanidad, de forma que se garantice el acceso universal
y gratuito y, sobre todo, la depuración de las aguas residuales, algo
que el mercado no puede garantizar.
Objetivo 7. Energía asequible y no contaminante
(No) garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sos-
tenible y moderna para todos
Es evidente que los ODS no han asumido que vivimos en la era
del Antropoceno (Crutzen 2006) y que la quema de combustibles
fósiles iniciada con la Revolución Industrial está generando la ma-
yor transformación ambiental de la historia de la humanidad; por
ello, no se fija ninguna meta que implique la eliminación a medio
plazo de su uso. Cualquier mix energético que incluya el uso de di-
chos combustibles es un mix energético insostenible por naturale-
za. Existen, en el mundo, pocas externalidades tan negativas como
las producidas sobre el clima por el uso de combustibles fósiles y,
en los ODS, no se plantea actuar sobre dichas externalidades, ni
con mayores impuestos ni con moratorias de nuevas exploraciones.
Además, en los ODS, no se toma en cuenta el concepto de «so-
beranía energética», definida como la producción, la distribución y
el consumo de energía en función de una compatibilidad entre ne-
cesidades sociales, económicas y ambientales, que va más allá de
los mecanismos de asignación de recursos por parte del mercado.
Dicha soberanía se basa en mecanismos múltiples de autoaprovi-
sionamiento o uso de la integración energética, pasando por la ge-
neración de conocimiento y tecnologías directamente relacionadas
con los ciclos vitales de la naturaleza (Acosta y Martínez 2009), que
permitiría una energía más accesible y segura.
Por otro lado, el modelo energético implícito en los ODS es un
modelo moderno basado en el suministro energético vía mercado
de electricidad y carburantes, lo cual genera una gran dependen-
cia de la población respecto de unos ingresos monetarios periódi-
cos, que provoca situaciones de pobreza energética, cuando estos
no se consiguen (Boardman 2013).
Objetivo 8. Trabajo decente y crecimiento económico
(No) promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y
sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente
para todos
En los ODS se asume el crecimiento como algo positivo, igno-
rando las advertencias de los teóricos del decrecimiento que sos-
tienen que, en la actualidad, todo crecimiento es necesariamente
insostenible (Latouche 2006); además, siguen creyendo en un cre-
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cimiento sostenido o ilimitado, cuando hace décadas que se pusie-
ron de manifiesto los límites del crecimiento (Meadows et al. 1972).
Por otro lado, el crecimiento económico bajo el capitalismo excluye
de sus beneficios a una gran parte de la población mundial (Piketty
2013), por lo que no es posible el crecimiento inclusivo bajo el ca-
pitalismo actual.
Además, en los ODS se presenta una visión excesivamente
mercantil y lucrativa del trabajo, ignorando otras formas de tra-
bajo, como el reproductivo o el voluntario, así como la creación de
empleo por medio de empresas sin ánimo de lucro, como las vincu-
ladas con la economía social y solidaria (Coraggio 2011). Depositar
la creación de empleo en manos de las empresas capitalistas que
buscan el lucro y la retribución preferente del capital supone asu-
mir la persistencia de empleos informales, precarios e indecentes.
E, incluso, en las últimas décadas se ha producido un proceso
de homogeneización de las condiciones laborales en el mundo, to-
mando como referencia, no los estándares del empleo de los países
desarrollados, sino los estándares de empleo de los países en de-
sarrollo, lo que ha causado una precarización global (OIT 2015). En
ninguna meta de los ODS, se plantea la armonización al alza de las
condiciones laborales en el mundo con plazos e indicadores.
Objetivo 9. Industria, innovación e infraestructura
(No) construir infraestructuras (incluyentes y) resilientes, (no)
promover la industrialización inclusiva y sostenible y (no) fo-
mentar la innovación (para el bienestar de todas y todos)
Los ODS prestan gran atención a la provisión de las infraes-
tructuras, pero no hacen referencia a su uso efectivo (Sen 1981);
de poco sirve la construcción de infraestructuras resilientes (ener-
géticas, de transporte, de comunicaciones, etc.) en los distintos
países, si una gran parte de la población no puede hacer uso de
ellas al no tener capacidad para abonar las tasas y las tarifas de los
servicios derivadas de ellas.
Respecto de la industrialización, en los ODS se sigue asociando
esta con el desarrollo, y no se concibe el segundo sin la primera;
con ello se asume la importancia de la materialidad del consumo
cuando, hoy día, las sociedades más avanzadas se caracterizan por
tener un sector industrial cada vez menor y un creciente sector
servicios que refuerza la desmaterialización del consumo (Unceta
2015b).
Por su parte, en el caso de la innovación, nada se dice en los
ODS de la privatización del conocimiento (Stehr 2005) implícita en
los derechos de propiedad intelectual ni de la función social de la in-
novación; innovación que debe estar al servicio del bienestar de la
humanidad y no del lucro de las empresas que invierten en I+D+i,
sin perjuicio de que estas deben recibir alguna compensación por
su esfuerzo.
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Objetivo 10. Reducción de las desigualdades
(No) reducir la desigualdad en y entre los países
El sistema económico mundial dominante en el planeta en el
siglo xxi es el capitalismo y eso es algo que, en los ODS, no se
cuestiona, y ya se ha demostrado que la renta que emana del libre
mercado tiende a concentrarse en pocas manos, lo que genera una
gran desigualdad tanto entre países como entre personas dentro de
cada país (Piketty 2013).
Depositar la responsabilidad de la reducción de la desigualdad
en las políticas redistributivas nacionales (sistemas fiscales progre-
sivos) e internacionales (ayuda al desarrollo) resulta ingenuo, máxi-
me si no se contemplan explícitamente políticas de discriminación
positiva o de acción afirmativa (Stewart et al. 2012).
Una mejora significativa de la desigualdad implica que la renta
derivada del mercado se distribuya de forma más equitativa, lo que
pasa por la regulación de los mercados de trabajo para establecer
abanicos salariales relativamente homogéneos en todo el planeta,
con fuertes elevaciones de los salarios mínimos en los países en de-
sarrollo y limitaciones a los salarios más altos, conforme a la lógica
del limitarianismo (Robeyns 2014). Ello implica también reducir los
altos niveles de informalidad existentes en los mercados de trabajo
de los países en desarrollo (economía sumergida), algo a lo que, en
los ODS, no se hace referencia.
Objetivo 11. Ciudades y comunidades sostenibles
(No) lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean
inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles
En los ODS no se cuestiona la dimensión de los asentamientos
humanos, cuando es evidente que existen determinados tamaños
de ciudades que no son óptimos y, por tanto, insostenibles, inse-
guros, no inclusivos y no resilientes. Las megalópolis (Gottmann
1961) son buenos ejemplos de ello pues, en ellas, se concentran la
mayoría de los principales problemas que afectan a los asentamien-
tos humanos, como resultado de las deseconomías de aglomera-
ción (Henderson y Becker 2000). Si no se realiza una planificación
urbana que frene el crecimiento de las ciudades, e incluso que per-
siga un redimensionamiento de las grandes ciudades, es imposible
alcanzar este objetivo.
En materia de sostenibilidad las ciudades, y especialmente las
grandes ciudades, presentan dos grandes problemas como son el
transporte y la gestión de residuos (basura, saneamiento y emisio-
nes de gases). Las ciudades sostenibles deben tender a la elimina-
ción progresiva del uso de los vehículos y los sistemas de climati-
zación basados en la combustión; además, aplicando la lógica de
la ética del limitarianismo (Robeyns 2014), las ciudades sostenibles
deben tender a la reducción de los residuos sólidos urbanos, por lo
que se ha de inducir a sus ciudadanos a rechazar los bienes y ser-
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vicios que no precisen, reducir los bienes y servicios que necesitan,
reutilizar —en lugar de desechar— los bienes necesarios, reciclar lo
que no pueden rechazar, reducir o reutilizar y recuperar los dese-
chos orgánicos por medio del compostaje (Latouche 2006).
Por otro lado, nada se dice en los ODS del derecho de autode-
terminación de los pueblos originarios en sus propios territorios, de
forma que se asuman las normas de gobernación derivadas de la
colonialidad del poder (Quijano 2000).
Objetivo 12. Producción y consumo responsables
(No) garantizar modalidades de consumo y producción soste-
nibles
En los ODS no se plantea la idea de frenar el consumo y la
producción para vivir mejor, como defienden los teóricos del decre-
cimiento (Latouche 2006), sino todo lo contrario: se proponen for-
mas para incrementar la producción y el consumo que ignoran los
límites del crecimiento (Meadows 1972) y la ética del limitarianismo
(Robeyns 2014). Más consumo y más producción son necesaria-
mente insostenibles.
Lógicamente, se trata de una valoración global, ya que se asume
que son los habitantes de los países desarrollados y las clases medias
y altas de los países en desarrollo quienes deben limitar su consumo,
de modo que generen reducciones de producción, para permitir que
las clases bajas de los países en desarrollo puedan incrementar sus
niveles de consumo, ya que estas, actualmente, no consiguen satis-
facer sus necesidades humanas fundamentales (Max-Neef, Elizalde y
Hopenhayn 1986). Un consumo sostenible en términos sociales debe
garantizar la satisfacción de las necesidades humanas fundamen-
tales de la población mundial, de forma que se reduzca el consumo
superfluo que satisface ansiedades y no necesidades.
Objetivo 13. Acción por el clima
(No) adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climá-
tico y sus efectos
Combatir el cambio climático supone frenarlo, y no solo mitigar
sus efectos o adaptarse a ellos, como se propone en los ODS, y fre-
nar el cambio climático pasa, inevitablemente, por reducir las emi-
siones de gases de efecto invernadero, algo sobre lo que no se incide
en los ODS, remitiéndose a la ineficaz Convención Marco de las Na-
ciones Unidas sobre el Cambio Climático. Las referencias a la resi-
liencia (Werner 1995) implican, en la práctica, renunciar a combatir
el cambio climático y centrarse en la mitigación y su adaptación.
La resistencia, en unos casos explícita y en otros implícita, de la
mayoría de los países desarrollados a reducir sus emisiones de
gases de efecto invernadero se encuentra justificada en los im-
pactos económicos de dichas reducciones. Con ello, se anteponen
los intereses económicos de las grandes empresas a la preserva-
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ción del clima del planeta; de esa forma se ignoran los principios
básicos de la sostenibilidad superfuerte del biocentrismo (Gudynas
2010), según los cuales la naturaleza, como vida que es, se compo-
ne de valores intrínsecos y derechos, independientes de la utilidad
que pueda tener esta para el ser humano, por sus valores de uso y
sus valores de cambio.
Objetivo 14. Vida submarina
(No) conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los
mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible
En los ODS no se cuestiona el extractivismo de los mares y
océanos, asumiendo que la pesca es una actividad económica más,
que solo debe ser regulada por sus impactos ambientales. Una ges-
tión biocéntrica de mares y océanos pasa por eliminar, progresiva-
mente, la pesca industrial y deportiva, que genera el acaparamien-
to de los océanos (Pedersen et al. 2014), al tiempo que se fomenta
la acuicultura como base de la producción mundial de productos
marinos de consumo, de modo que la pesca se transforma en una
actividad artesanal de pequeña escala, con fines alimenticios, com-
patible con el mantenimiento de los ecosistemas marinos.
Otro tanto sucede con la consideración de mares y océanos
como sumideros de residuos de la actividad humana, aspecto sobre
lo que, en los ODS, tampoco se incide de manera clara. La conser-
vación de los recursos marinos pasa porque todas las aguas que
se vierten a mares y océanos, directamente o a través de los ríos,
vayan depuradas y que no se viertan en ellos residuos sólidos, es-
pecialmente los plásticos (Ocean Conservancy 2015).
Objetivo 15. Vida de ecosistemas terrestres
(No) proteger, (no) restablecer y (no) promover el uso soste-
nible de los ecosistemas terrestres, (no) gestionar los bosques
de forma sostenible, (no) luchar contra la desertificación, (no)
detener y (no) invertir la degradación de las tierras y (no) poner
freno a la pérdida de la diversidad biológica
El uso sostenible de los ecosistemas terrestres, desde una
perspectiva biocéntrica, pasa por la consideración de los ecosiste-
mas silvestres como espacios naturales protegidos; con ello se im-
pide que se sigan convirtiendo en espacios urbanizados o espacios
agrarizados. Además, actividades vinculadas con el extractivismo
de los recursos biológicos, como la pesca de agua dulce, la caza y
la tala de bosques, con fines industriales o deportivos, deben ser
eliminadas progresivamente, al tiempo que se desarrolla la ganade-
ría de especies previamente silvestres, la acuicultura de agua dulce
y las plantaciones de árboles maderables, con fines industriales,
permitiendo solo la pesca de agua dulce, la caza y la tala artesanal,
compatible con el mantenimiento de los ecosistemas silvestres te-
rrestres (Gudynas 2015).
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Por su parte, el freno de la degradación de las tierras y de la
desertificación, además de por la preservación de los ecosistemas
silvestres terrestres, pasa por el desarrollo de la agricultura y la ga-
nadería ecológicas, de modo que se elimine el uso de agroquímicos
que terminan contaminando tierras y acuíferos y las grandes plan-
taciones de monocultivos de exportación desarrolladas bajo criterios
extractivistas (Gudynas 2015), así como por dejar de considerar a los
ecosistemas terrestres como sumideros de los residuos de la activi-
dad humana, de forma que se reduzca su producción (reutilización o
reciclaje) y se gestionen ordenadamente su tratamiento y almacena-
miento (depuración, compostaje, incineración, enterramiento, etc.).
Y otro tanto puede decirse de la minería a cielo abierto, la cual
destruye completamente los ecosistemas terrestres sobre los que se
asienta (Gudynas 2015). Sin embargo, en los ODS no se hace refe-
rencia a ella.
Además, la preservación de la biodiversidad no solo requiere de
la protección de especies y ecosistemas terrestres en peligro y del
control de especies invasoras; también requiere del freno del uso de
las variedades biológicas creadas por el ser humano. Se deben de-
jar de producir alimentos transgénicos, especialmente agrícolas, por
sus impactos sobre los ecosistemas terrestres, sobre las variedades
naturales de las mismas especies y, potencialmente, sobre la salud
humana a largo plazo (Riechmann 2004).
Sin embargo, en los ODS nada se dice acerca de estos temas,
por lo que realmente no permitirán un uso sostenible de los ecosis-
temas terrestres, no protegerán los bosques ni frenarán la degrada-
ción de las tierras, la desertificación y la pérdida de biodiversidad.
Objetivo 16. Paz, justicia e instituciones sólidas
(No) promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desa-
rrollo sostenible, (no) facilitar el acceso a la justicia para todos
y (no) crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a
todos los niveles
La promoción de sociedades pacíficas supone, en el ámbito in-
ternacional, ceder en exclusiva el monopolio del uso de la fuerza al
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de forma que toda in-
tervención militar internacional venga avalada y controlada por dicho
organismo, de forma que todos los países renuncien al uso unilateral
de la fuerza fuera de sus propias fronteras. Igualmente supone la
eliminación de las armas de destrucción masiva (Spiers 2000), in-
cluyendo las armas nucleares, por parte de todos los países que las
poseen, bajo la supervisión de las Naciones Unidas.
Para ello, es requisito imprescindible la reforma del sistema de
Naciones Unidas, de modo que se eliminen las figuras de los miem-
bros permanentes, los derechos de veto, las minorías de bloqueo
muy minoritarias, el derecho de voto en función de las aportaciones
económicas, etc.; se refuerce el derecho de voto con criterios de-
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mográficos y de calidad democrática, y se promuevan las figuras de
representación regional no permanentes en los órganos de decisión
(AAJ y Cetim 2005). Si el sistema de Naciones Unidas no mejora
sus niveles de legitimidad, nunca tendrá carácter inclusivo y solo
será eficaz cuando sus decisiones coincidan con los intereses de las
grandes potencias.
Y otro tanto sucede con la justicia internacional, que solo será
justa si todos los países aceptan la jurisdicción internacional de los
tribunales internacionales creados por el sistema de Naciones Uni-
das. Si los principios básicos de la ley, el orden y la justicia no se
aplican en el ámbito internacional, todo el derecho internacional pú-
blico y privado se convierte en una simple moral internacional (Mor-
genthau 1948), que solo tiene fuerza jurídica cuando su aplicación
va en beneficio de las grandes potencias.
Objetivo 17. Alianzas para lograr los objetivos
Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mun-
dial para el (mal)Desarrollo (in)Sostenible
En los ODS se deposita una gran confianza en la inversión ex-
tranjera directa como instrumento de ejecución, cuando las empre-
sas transnacionales tienen un claro ánimo de lucro, sin importar-
les los efectos económicos, sociales o ambientales de sus acciones
(Giner 2008). Si bien es necesaria la implicación del Estado, la so-
ciedad civil y el sector privado en la consecución de los ODS, este
último solo se implicará si los primeros lo obligan o lo incentivan a
ello y siempre con una visión a largo plazo.
Por otro lado, la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible
requiere del liderazgo claro del sistema de Naciones Unidas, el cual
debiera canalizar de manera centralizada los recursos financieros,
humanos e institucionales de la cooperación multilateral para los
ODS. Y ello pasa por una profunda reforma del sistema de Nacio-
nes Unidas (AAJ y Cetim 2005), aspecto este en el que se ignora la
propuesta de los ODS.
Igualmente, también es necesario el compromiso de los dife-
rentes países para dedicar los fondos de su cooperación bilateral a
la consecución de los ODS.
4
Objetivos del Buen Vivir a escala global
La propuesta de OBV17 que se presenta en este epígrafe, centra-
da en la definición de los objetivos, y sin bajar al detalle de las metas
y los indicadores, supone un primer paso para la construcción del
buen vivir a escala global; construcción en la que deben participar
las organizaciones de la sociedad civil, el sector privado y el sector
público, tanto de los ámbitos locales como nacionales, regionales o
17 En un sentido estricto,
deberíamos hablar de Objetivos
del Transdesarrollo (OTD) o de
Objetivos del Buen Vivir y el
Decrecimiento (OBVYDC), ya
que los tres conceptos
(«transdesarrollo»,
«decrecimiento» y «buen
vivir») están detrás de su
redacción. Sin embargo, se
optó por esta denominación por
considerar que el buen vivir, en
su sentido más amplio, es
equivalente al transdesarrollo e
incorpora en sí mismo todas las
dimensiones del decrecimiento;
amén de ser un concepto más
conocido, más positivo y más
políticamente correcto que los
otros dos.
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global. Como tal propuesta, esta tiene la finalidad de abrir un debate
académico y social que permita construir, en el futuro, una agenda
global del buen vivir derivada de la participación social.
No obstante, la institucionalidad hegemónica que domina el
funcionamiento del sistema de Naciones Unidas resulta incompa-
tible con la citada construcción del buen vivir a escala global; así
pues, es una condición necesaria para ello una profunda reforma de
las Naciones Unidas que permitan la conformación de una institu-
cionalidad alternativa a la actual (AAJ y Cetim 2005). Sin embargo,
ni la definición de metas e indicadores ni el proceso de participación
social ni el proceso de reforma del sistema de Naciones Unidas son
objetos de este trabajo.
4.1. Objetivos generales del Buen Vivir a escala global
Los OBV a escala global, como objetivos generales, serían tres:
la sostenibilidad biocéntrica, que reflejaría la armonía con todos los
seres de la naturaleza; la equidad social, que plasmaría la armonía
con todos los seres humanos, y la satisfacción personal, que mani-
festaría la armonía con uno mismo o una misma. Estos tres OBV de
carácter general se encuentran interrelacionados, de manera que
es imposible alcanzar el buen vivir si no se cumplen simultánea-
mente los tres, aunque existiría una jerarquía entre objetivos, por
cuanto la sostenibilidad biocéntrica limita los medios para alcanzar
la equidad social, y la sostenibilidad biocéntrica y la equidad social
limitan los medios para alcanzar la satisfacción personal. Por tanto,
en la construcción del buen vivir a escala global, primero, ha de
tomarse en consideración a la naturaleza; segundo, a la sociedad y,
tercero, a la persona, dado que la persona es parte de la sociedad
y la sociedad es parte de la naturaleza.
Objetivo 1. Sostenibilidad biocéntrica. Objetivo general de la
armonía con todos los seres de la naturaleza
Detener la pérdida de biodiversidad de ecosistemas, de biodiversi-
dad de especies y de biodiversidad genética, acomodando al mismo
tiempo la huella ecológica humana a la biocapacidad del planeta
El biocentrismo (Taylor 1986, Gudynas 2010) es aquella concep-
ción del mundo en la que se considera que las personas y la sociedad
no estamos fuera de la naturaleza, sino dentro de ella. La natura-
leza no es una fuente infinita de recursos naturales y ambientales,
sino que tiene claros límites biofísicos que no podemos sobrepasar; y
la naturaleza, como patrimonio natural, cuenta con determinados va-
lores que le son propios (valores intrínsecos) y que son independien-
tes de su utilidad económica, como capital natural (valores de cambio
y valores de uso). Por tanto, el biocentrismo implica una valoración
plural de la naturaleza, más allá de su dimensión económica, como
capital natural, atendiendo a otras dimensiones, como patrimonio na-
tural, tales como la ecológica, la estética, la cultural, la religiosa, etc.
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En este sentido, frente a la sostenibilidad neoclásica, la sos-
tenibilidad débil ambiental y la sostenibilidad fuerte ecológica, la
sostenibilidad biocéntrica está considerada como una forma de sos-
tenibilidad superfuerte, que propone la extinción cero (AZE 2017)
como objetivo para la conservación de la diversidad biológica, tanto
de ecosistemas como de especies, además de variedades genéticas
dentro de una misma especie.
Por otro lado, en la sostenibilidad biocéntrica se plantea que
el ser humano debe compartir la biosfera con otros 10 millones de
especies, por lo que no podemos hacer uso de todo el espacio bio-
lógicamente productivo del planeta. Y ello supone que la huella
ecológica humana media (que supera ya las 2,8 hectáreas) debe ser
inferior a 1,7 hectáreas por persona, nivel que representa la bioca-
pacidad del planeta y que irá variando en función del aumento de
la población mundial (que, en 2017, era de 7350 millones de seres
humanos) y de la disminución (o el aumento) del espacio biológica-
mente productivo del planeta (Wackernagel y Rees 1996).
Objetivo 2. Equidad social. Objetivo general de la armonía con
todos los seres humanos
Reducir los niveles de desigualdad de capacidades y oportu-
nidades de la población mundial, entre países, regiones, terri-
torios rurales y urbanos, etnias, confesiones religiosas, clases
sociales, géneros, identidades sexuales y personas, así como
los niveles de desigualdad de bienestar social alcanzados
La equidad social, como criterio de justicia social (Thompson
2016), implica dar un trato diferente a los diferentes para compen-
sar las desiguales capacidades y oportunidades sociales que po-
seen las personas, los grupos sociales y los territorios para alcanzar
el bienestar (Stewart et al. 2012), así como la moderación de los
diferentes niveles de bienestar social alcanzados por las personas,
los grupos sociales y los territorios.
Así, en la equidad social, se presupone que, pese a que se tra-
ten de compensar las diferencias de capacidades y oportunidades,
la igualdad de capacidades y oportunidades no es posible; por lo
que los diferentes niveles de bienestar obtenidos a partir de dife-
rentes niveles de capacidades y oportunidades no son justos y, por
tanto, deben ser corregidos con mecanismos de compensación, que
transfieran parte del bienestar obtenido por las personas, los gru-
pos sociales y los territorios más favorecidos hacia las personas, los
grupos sociales y los territorios menos favorecidos (Robeyns 2014).
Especialmente deben reducirse las diferencias (de capacidades,
oportunidades y bienestar) entre países desarrollados y en desa-
rrollo; entre regiones ricas y pobres dentro de un mismo país;
entre zonas rurales y urbanas dentro de una misma región; entre
grupos étnicos dentro de un mismo territorio; entre grupos con
diferentes confesiones religiosas dentro de un mismo territorio;
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entre clases sociales altas, medias y bajas dentro de un mismo
territorio; entre géneros (hombres, mujeres, queer) dentro de un
mismo territorio; entre grupos sociales de diferentes orientaciones
sexuales (heterosexuales, homosexuales, transexuales, bisexuales,
intersexuales…), y entre personas, independientemente de su lugar
de residencia o su pertenencia a un determinado grupo social.
Objetivo 3. Satisfacción personal. Objetivo general de la
armonía con uno mismo o una misma
Aumentar los niveles de satisfacción de las personas con su pro-
pia vida, en sus diferentes contextos territoriales, y reducir, al
mismo tiempo, la distancia entre los niveles de satisfacción de
las personas más satisfechas y las personas menos satisfechas
La satisfacción personal con la propia vida, también entendida
como «satisfacción vital», «bienestar subjetivo» o «felicidad» (Die-
ner et al. 1999), puede ser entendida como la medida en que una
persona considera que los resultados de bienestar obtenidos en un
momento dado de su vida se corresponden con los objetivos desea-
dos. Lógicamente, los factores que contribuyen a que una persona
se sienta satisfecha con su vida son claramente subjetivos y varían
de una persona a otra y, sobre todo, de una cultura a otra; aunque
puede considerarse que existen un conjunto de factores que, en
líneas generales, contribuyen a aumentar la satisfacción personal,
y que estarían relacionados con la salud, el amor, la satisfacción de
necesidades, la educación, la cultura, la libertad y la espiritualidad
(Okun et al. 1984, Veenhoven 1997, Suh y Koo 2008).
Sin embargo, al ser la satisfacción vital de un grupo social o
territorio el resultado de agregar las satisfacciones vitales de mu-
chas personas, dicho valor pudiera ser poco representativo de la
satisfacción vital del grupo, si en este grupo existe una gran disper-
sión entre los valores de satisfacción personal de sus componentes.
Por ello, no solo es necesario que aumenten los niveles medios de
satisfacción personal, sino que los valores que conducen a dicho
promedio presenten también un bajo nivel de dispersión.
4.2. Objetivos específicos de la armonía con todos los
seres de la naturaleza
La consecución del OBV general de sostenibilidad biocéntrica
requiere de la consecución simultánea de siete OBV específicos de
armonía con todos los seres de la naturaleza; sin que pueda al-
canzarse el primero sin que se alcancen simultáneamente los siete
segundos; los cuales, además, presentan fuertes interrelaciones
entre sí y con otros OBV específicos de armonía con todos los seres
humanos y de armonía con uno mismo o una misma.
Los OBV específicos de armonía con todos los seres de la natu-
raleza serían el cuidado de los ecosistemas, la economía sostenible,
la extracción sostenible, la transición por el clima, los derechos de
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la naturaleza, la economía circular y los hábitats óptimos. A con-
tinuación se definen, con mayor precisión, cada uno de ellos y se
fundamenta su importancia.
Objetivo 1.1. Cuidado de ecosistemas
Detener el deterioro de los ecosistemas acuáticos y terrestres
de ámbito local, regional, nacional, transnacional y global, y
poner en marcha procesos de recuperación, por medio de polí-
ticas de restauración, de forma que se contribuya al desarrollo
de entornos seguros para la vida
Bajo una lógica biocéntrica (Gudynas 2010), en la que todos
los seres humanos formamos una comunidad biológica con los de-
más se res de la naturaleza, los ecosistemas son los entornos en los
que se desarrolla nuestra vida: la vida de todos los seres de la natu-
raleza. Además, desde una lógica sistémica, todos los ecosistemas
mantienen con el resto de los ecosistemas importantes relaciones
de interdependencia, de forma que el deterioro, por ejemplo, de los
ecosistemas locales aumenta la fragilidad de los ecosistemas regio-
nales, nacionales, transnacionales y global.
Por ello, para evitar que la biodiversidad se desvanezca por
la inseguridad de los entornos en los que esta se manifiesta, es
preciso frenar el deterioro de los diferentes ecosistemas acuáticos
(mares y océanos y ríos y lagos), terrestres (bosques, matorrales,
herbazales, tundras, desiertos y paisajes modificados) e híbridos
(humedales) a todas las escalas, incluido el ecosistema global o
biosfera. Solo así conseguiremos preservar entornos seguros para
la vida (Helm y Hepburn 2014).
Lógicamente, para mantener la integridad estructural y fun-
cional de los ecosistemas más frágiles, los cuales deben ser iden-
tificados a escala local, regional, nacional y transnacional y prote-
gidos por medio de las diferentes figuras de protección ambiental
(reservas de la biosfera, reservas naturales, parques nacionales,
parques naturales, parajes naturales, parques regionales, parques
locales, etc.), debemos reducir la presión antropogénica sobre es-
tos; limitando las actividades económicas que los afectan (caza,
pesca, explotación forestal, extracción de agua, construcción de
infraestructuras, turismo, littering o basuraleza, etc.), de mane-
ra diferenciada según la fragilidad y la excepcionalidad de cada
ecosistema en cuestión (Miller 1996). De esta forma, en algunos
casos será necesario preservar determinados ecosistemas excep-
cionales o extremadamente frágiles de las acciones de los seres
humanos; en otros casos, será necesario conservar otros ecosis-
temas en interacción sostenible con los seres humanos que habi-
tan en ellos o en sus proximidades (Diegues 1996), mientras que,
en los casos de los ecosistemas más seriamente dañados, pero
aún recuperables, será preciso comenzar a restaurarlos (Vargas-
Ríos 2011).
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Objetivo 1.2. Economía sostenible
Transitar hacia sistemas de producción, consumo y trabajo que
generen un menor consumo de recursos naturales, una menor
producción de residuos y una mayor disponibilidad de tiempo
libre, de forma que permitan mejorar la calidad de vida de las
personas y de los demás seres de la naturaleza
El actual funcionamiento de la economía mundial es insostenible
en términos sociales y ambientales y genera maldesarrollo (Tortosa
2009), por lo que debemos iniciar procesos de transición socioecoló-
gica (Girardot 2010), en la lógica del decrecimiento (Latouche 2006),
hacia una economía sostenible que contribuya al biocentrismo.
Dicha transición implica transformar nuestros sistemas de pro-
ducción, de tal manera que las actividades productivas sean más
eficientes. Ello implica una mayor durabilidad de los productos, lo
que pondrá fin a la obsolescencia programada; también, una menor
utilización de recursos naturales (materiales y energéticos), como
insumos por cada unidad de producto, además de una menor gene-
ración de residuos, por cada unidad de producto, y una reconver-
sión de residuos en nuevos insumos o nuevos productos; e incluso
una menor producción global, con incrementos de producción en
territorios con mayores necesidades insatisfechas y disminuciones
de producción en territorios con mayores ansiedades, o falsas ne-
cesidades, satisfechas.
Igualmente, la transición implica transformar nuestros patrones
de consumo, de forma que se redefinan nuestras necesidades, lo que
reduce y desmaterializa todo lo posible y fomenta el consumo prefe-
rente de bienes relacionales y la sobriedad, o simplicidad voluntaria
(Gortz 1997 y 2003). Y, en coherencia con todo ello, esta transición
implica un downshifting o «reducción de marcha» (Drake 2001); es
dec ir, que los seres humanos trabajemos menos, por cuanto produ-
ciremos y consumiremos menos y liberaremos tiempo para el ocio,
de forma que se mejorará nuestra calidad de vida que, en el caso de
las personas con altos ingresos, irá acompañada de una reducción
de su nivel de vida.
Evidentemente, al generar nuestras actividades de producción
y consumo un menor impacto ambiental en términos de explotación
de recursos naturales y de generación de residuos, ello implicará
también una mejora de la calidad de vida del resto de los seres de
la naturaleza.
Objetivo 1.3. Extracción sostenible
Limitar la extracción de recursos naturales renovables y no
renovables en los ámbitos local, regional, nacional y global,
condicionándolos a la capacidad de reproducción de recursos
naturales renovables sustitutivos en los mismos ámbitos, de
forma que los stocks locales, regionales, nacionales y globales
de recursos naturales se mantengan relativamente estables
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El crecimiento económico tiene unos límites físicos (Meadows
et al. 1972) determinados por la disponibilidad de recursos no reno-
vables que hay en el planeta y por la capacidad de los ecosistemas
locales, regionales, nacionales, transnacionales y global para re-
producir los recursos renovables. Por ello, en lógica con los princi-
pios de la economía ecológica y de la sostenibilidad ecológica (Daly
1996), la extracción de recursos naturales, necesaria para la vida
de los seres humanos, debe quedar condicionada por la capacidad de
los diferentes ecosistemas para generar recursos renovables que
puedan sustituir a los recursos renovables y no renovables extraí-
dos. Por ello, si no somos capaces de garantizar el mantenimiento
estable, en los distintos ámbitos territoriales, de los stocks de re-
cursos naturales, para su utilización por las generaciones futuras y
por otras especies, debemos abstenernos de explotar dichos recur-
sos, especialmente cuando dicha extracción afecte a ecosistemas
frágiles o excepcionales (Le Quang 2013).
Esto supone adaptar nuestra extracción de recursos a los ciclos
naturales de reproducción de la vida (de ecosistemas y de espe-
cies), con una lógica biocéntrica, y hacerlo, además, asumiendo que
los recursos naturales, incluso interpretados como capital natural,
no son sustituibles por capital no natural. Igualmente debe conside-
rarse que las reducciones de los stocks de recursos naturales de un
determinado territorio no pueden ser compensadas por los aumen-
tos de los stocks de recursos naturales de otro territorio, sino que
la estabilidad de los stocks de los recursos naturales debe estar
garantizada para cada ámbito territorial.
Objetivo 1.4. Transiciones por el clima
Poner en marcha transiciones hacia sistemas energéticos, ba-
sados exclusivamente en las fuentes de energía renovables,
que contribuyan a mitigar los efectos del cambio climático glo-
bal y hacia sistemas de hábitat, producción y consumo que
puedan adaptarse de manera no traumática a dicho cambio
El cambio climático antropogénico derivado de la quema de
combustibles fósiles durante los dos últimos siglos es ya hoy día una
realidad y las posibilidades de revertirlo son escasas; no obstante,
aún podemos conseguir que la modificación del clima en todo el
planeta sea lo suficientemente pequeña como para evitar grandes
catástrofes socioecológicas. Pero ello, desde una lógica biocéntrica,
requiere de la paralización progresiva de la quema de combustibles
fósiles (petróleo, carbón y gas natural) y de una transición hacia
una economía hipocarbónica (Honty y Gudynas 2014); solo de esta
forma podrán mitigarse los inevitables efectos del cambio climático.
Dicha transición requiere poner el conocimiento científico y
tecnológico al servicio del clima para conseguir, en el menor pla-
zo posible, que nuestro mix energético se base exclusivamente en
fuentes de energía renovables (solar, eólica, geotérmica, hidráulica,
mareomotriz y biomasa), de forma que se garantice la sostenibili-
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dad energética; es decir, la seguridad energética, la equidad social
y la mitigación del impacto ambiental (World Energy Council 2011).
Pero no basta con mitigar los efectos del cambio climático, sino
que también resulta necesario adaptarse a él. Y ello implica que de-
bemos modificar nuestros hábitats rurales y urbanos para hacerlos
compatibles con las nuevas condiciones climáticas (modificaciones
en los cultivos, en las infraestructuras públicas, en los asentamien-
tos humanos, en las viviendas, etc.). Lo mismo sucede con nuestros
sistemas de producción, los cuales deben adaptarse a la econo-
mía hipocarbónica (menores emisiones de CO2, nuevas fuentes de
energía, nuevas tecnologías, nuevos medios de transporte, etc.) y
a las nuevas condiciones climáticas (nuevos cultivos locales, nuevas
industrias de transformación, nuevos atractivos turísticos, etc.). Al
igual que sucede con nuestras formas de consumo, que también
deben adaptarse a la economía hipocarbónica (sistemas de climati-
zación y transportes sin emisiones de CO2) y a las nuevas condicio-
nes climáticas (nuevos alimentos locales o nuevas formas de ocio)
(Comisión Europea 2011).
Objetivo 1.5. Derechos de la naturaleza
Aprobar una Declaración Universal de los Derechos de la Natu-
raleza y reconocer constitucionalmente dichos derechos y sus
mecanismos de tutela dentro de cada país, de forma que se
tomen en consideración los valores intrínsecos de la naturaleza
Desde una lógica biocéntrica (Taylor 1986, Gudynas 2010), la
naturaleza no puede ser entendida simplemente como una fuente
de recursos y un sumidero de residuos, sino como el conjunto inter-
activo de todos los seres vivos y sus hábitats que, como tal, puede
ser interpretado como un ente vivo de orden superior: la biosfera
(de orden superior a los ecosistemas territoriales, las comunidades
de seres vivos, los seres vivos y las células). Y, como tal ente vivo,
junto a todos los seres vivos que la componen, posee unos valores
intrínsecos que son ajenos a la utilidad inmediata que puedan tener
para los seres humanos.
En este sentido, procede reconocer que la naturaleza tiene
derechos (Acosta y Martínez 2009) y dichos derechos deben ser
reconocidos a nivel internacional, en el marco de las Naciones Uni-
das, por medio de una Declaración Universal de los Derechos de la
Naturaleza que, junto con la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, articulen un conjunto de principios y normas jurídicas
que protejan tanto a los seres humanos como al resto de los seres
de la naturaleza de los abusos de los que son o puedan ser objeto
por parte de los seres humanos. Dicha declaración debiera ir acom-
pañada de pactos y protocolos internacionales, de modo que se
conformara una suerte de Carta Internacional de los Derechos de la
Naturaleza, que luego pueda servir de base para que los diferentes
países del mundo incorporen estos derechos en sus constituciones
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y sus respectivos desarrollos legislativos y reglamentarios (p. e.,
Constitución de la República del Ecuador 2008).
Una vez reconocidos los derechos de la naturaleza en los acer-
vos legislativos nacionales, procedería también determinar qué ac-
tores ejercerán la tutela jurídica de la naturaleza ante los tribunales
de justicia nacionales e internacionales (ministerios públicos o fisca-
lías, administraciones públicas, acusaciones particulares —asociacio-
nes ecologistas—, etc.).
Objetivo 1.6. Economía circular
Fomentar sistemas de gestión de los residuos de los procesos
de producción y de consumo bajo criterios de economía circu-
lar, que contribuyan a reducir la presión sobre la capacidad de
generación de recursos naturales y la capacidad de absorción
como sumideros de los ecosistemas locales, regionales, nacio-
nales, transnacionales y global
La economía circular (Ellen MacArthur Foundation 2012, 2013,
2014) se puede definir como aquella estrategia en la que se persi-
gue la reducción tanto de la entrada de los materiales como de la
salida de residuos en los procesos de producción (littering o basu-
raleza), cerrando los bucles o flujos económicos y ecológicos de los
recursos, y generando procesos económicos eficientes en términos
ecológicos.
En este sentido, en la economía circular, se aboga por alargar
la vida útil de los productos para retrasar todo lo posible la genera-
ción de residuos. También se aboga por la utilización preferente de
materiales biodegradables en la fabricación de bienes de consumo,
de forma que estos puedan volver a la naturaleza al agotar su vida
útil sin causar daños medioambientales (como en el compostaje).
Cuando ello no sea posible, se aboga por el desacople sencillo de
los componentes no biodegradables, para darles una nueva vida
reincorporándolos al ciclo de producción como insumos de nuevos
productos (reutilización o reciclaje). Y, cuando esto tampoco sea
posible, se aboga por la gestión como residuos, de la manera más
respetuosa posible con el medio ambiente, de los materiales desaco-
plados no reutilizables (almacenamiento o enterramiento).
Sin embargo, la economía circular no solo tiene aplicaciones so-
bre las actividades productivas, sino también sobre las actividades
de consumo, por cuanto igualmente se aboga por que, una vez con-
cluida la vida útil de un producto de consumo, por medio de la crea-
tividad humana, se transformen sus residuos en nuevos productos
de autoconsumo (compostaje como fertilizante, envases como ele-
mentos decorativos, prendas de moda como prendas casuales, etc.).
El impacto de esta estrategia de gestión de residuos sobre los
ecosistemas resulta evidente y favorece el desarrollo de la vida
en entornos más seguros, lo que contribuye a la sostenibilidad
biocéntrica.
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Objetivo 1.7. Hábitats óptimos
Optimizar la escala de los hábitats locales para aprovechar las
economías de aglomeración y evitar las deseconomías de aglo-
meración, de forma que se reduzca la presión sobre la capaci-
dad de carga de los ecosistemas locales
Los seres humanos vivimos en comunidades locales, para lo cual
hemos ido transformando determinados ecosistemas locales hasta
convertirlos en ecosistemas de paisajes modificados; es decir, en
hábitats urbanos, rururbanos y rurales. En principio, la vida en co-
munidad es económicamente más eficiente, pues permite a los se-
res humanos aprovechar las economías de localización, derivadas
del uso de infraestructuras sociales (suministros de energía y agua,
saneamiento y gestión de residuos, vías de comunicación, centros
educativos, centros sanitarios, servicios de seguridad, etc.). Sin em-
bargo, superados determinados umbrales de densidad de población,
las infraestructuras sociales se colapsan y generan deseconomías
de aglomeración (cortes de suministros, contaminación atmosférica,
embotellamientos de tráfico, saturación de aulas y hospitales, listas
de espera, delincuencia, etc.) (Fujita y Thise 2002).
Así, mientras que la calidad de vida de los seres humanos en
los pueblos y las ciudades pequeñas e intermedias del mundo (en-
tre 20 000 y 500 000 habitantes) suele considerarse muy elevada
(buena vecindad, tranquilidad, seguridad, disfrute de la naturale-
za circundante, etc.), la calidad de vida de los seres humanos en
las grandes ciudades del mundo (superiores a 500 000 habitantes)
suele considerarse como baja (competencia, prisa, estrés, insegu-
ridad, contaminación, etc.). Y, entre las deseconomías de aglome-
ración, destacan las externalidades ambientales negativas de las
concentraciones humanas, tales como la contaminación ambiental
(derivada fundamentalmente del tráfico y la climatización), la con-
taminación de las aguas (derivada fundamentalmente de la satura-
ción de los sistemas de saneamiento) y la contaminación del suelo
(derivada fundamentalmente de la saturación de los sistemas de
gestión de residuos sólidos urbanos).
Por ello, debemos redimensionar nuestros hábitats humanos y
favorecer la concentración de las poblaciones dispersas en pueblos
y ciudades pequeñas e intermedias, de modo que se limite el creci-
miento en su tamaño y se fomente la emigración desde las grandes
ciudades hacia los pueblos y las ciudades pequeñas y medianas. De
esta forma, en coherencia con el biocentrismo, los seres humanos
ganaremos calidad de vida y los ecosistemas locales de paisaje
modificado, en los que se ubican nuestros asentamientos, sufri-
rán una menor presión sobre su capacidad de carga; ello evitaría,
además, tener que transformar nuevos ecosistemas locales ajenos
a dichos hábitats para que, a modo de hinterland, funcionen como
nuevas fuentes de recursos y sumideros de residuos de las grandes
ciudades.
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4.3. Objetivos específicos de la armonía con todos los
seres humanos
La consecución del OBV general de equidad social requiere de
la consecución simultánea de siete OBV específicos de armonía con
todos los seres humanos; sin que pueda alcanzarse el primero sin
que se alcancen simultáneamente los siete segundos; los cuales,
además, presentan fuertes interrelaciones entre sí y con otros OBV
específicos de armonía con todos los seres de la naturaleza y de
armonía con uno mismo o una misma.
Los OBV específicos de armonía con todos los seres humanos
serían la producción local, la soberanía alimentaria, la democracia
participativa y pacífica, la progresividad fiscal, las economías al-
ternativas, la regulación de mercados y la discriminación positiva.
A continuación se definen, con mayor precisión, cada uno de ellos y
se fundamenta su importancia.
Objetivo 2.1. Producción local
Fomentar el desarrollo de las actividades productivas de pe-
queña escala y de ámbito local, basada en los productos de
cercanía, que contribuyan a reducir los niveles de pobreza e
inequidad social dentro de los países
Los productos de cercanía, o de cadenas cortas de valor (Mars-
den et al. 2000, Kebir y Torre 2012) que, en muchos casos, son
también de temporada y respetan los ciclos naturales, frente a los
productos globales, tienen entre sus virtudes que, al requerir me-
nos transporte, suelen generar un menor impacto ambiental y, en
ocasiones, pueden ser incluso más baratos. Sin embargo, desde
una perspectiva social, el consumo de estos productos fomenta
también la producción local, destinada al mercado local, con menos
intermediarios y, lógicamente, a pequeña escala.
Y la producción local a pequeña escala, al no requerir de gran-
des inversiones productivas, permite el acceso como empresarios
a personas de escasos recursos, a partir de su propio ahorro o de
microcréditos. Y estos empresarios locales contratan a proveedores
y trabajadores locales que luego son consumidores de los productos
que comercializan a nivel local. Ello genera redes de productores,
consumidores, empresarios y trabajadores que dinamizan las eco-
nomías locales y contribuyen a reducir los niveles de pobreza y de
inequidad social, tanto a escala local como a escala nacional.
Objetivo 2.2. Soberanía alimentaria
Implementar políticas productivas y comerciales, con criterios
agroecológicos y culturales, que permitan una transición hacia la
soberanía alimentaria de los países y de las comunidades locales
La lucha contra el hambre y contra la sobrealimentación no es
solo una cuestión de provisión y consumo de alimentos saludables
y en cantidades suficientes y adecuadas para garantizar una con-
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veniente nutrición de las personas, sino que dicha producción ha de
basarse en criterios ecológicos y culturales. En la satisfacción de las
necesidades de alimentación de la población, en aras de la equidad
social, deben fomentarse y priorizarse las producciones de tempo-
rada y de cercanía (locales y nacionales); producciones en las que
se respetan los ciclos de la naturaleza y se reduce al mínimo el uso
de agroquímicos y de especies ajenas a cada agroecosistema local,
especialmente las especies transgénicas; producciones generadas
por los agricultores locales y nacionales, conforme a los usos y
costumbres de cada cultura y destinadas, preferentemente, a los
mercados locales y nacionales en función de sus hábitos de consu-
mo tradicionalmente saludables.
Las exportaciones y las importaciones de alimentos y la ge-
neración de alimentos basados en especies foráneas o en técnicas
de producción ajenas a las culturas locales y nacionales, si bien
pueden ser un complemento a las producciones tradicionales de
alimentos, deben limitarse a los requerimientos de consumo sa-
ludable de cada sociedad y estar condicionadas a que las mismas
respeten los criterios de la agroecología (Méndez et al. 2015).
La soberanía alimentaria (Foro Mundial por la Soberanía Alimen-
taria 2011), a la que se debe transitar, implica que cada país y cada
comunidad local pueda definir sus propias políticas agrarias, alimen-
tarias y de tierra, para garantizar que sean saludable, nutritiva, eco-
lógica, social, económica y culturalmente apropiadas a sus necesi-
dades alimentarias. No se trata solo de garantizar una alimentación
sana y nutritiva, sino de que esta sea culturalmente apropiada y
que, al mismo tiempo, fortalezca las capacidades de cada sociedad
para mantenerse a sí misma, sin depender para su supervivencia de
los mercados transnacionales, de la buena voluntad de las grandes
potencias económicas o de la imprevisibilidad y los altos costes del
transporte internacional (Rosset y Martínez 2014).
Objetivo 2.3. Democracia participativa y pacífica
Desarrollar mecanismos de participación política de las perso-
nas y de resolución pacífica de conflictos, en los ámbitos local,
regional, nacional, internacional y global, que permitan transi-
tar hacia una pluridemocracia participativa y pacífica adaptada
a cada contexto social
La democracia liberal representativa predominante es realmen-
te una forma de oligarquía en la que las élites políticas ocupan el
poder convenciendo a los pueblos de que les otorguen su confianza
para representarlos por medio de promesas que luego resultan in-
cumplidas (Bobbio 1987). Esto hace que la pluralidad de personas y
grupos sociales que conforman los pueblos se sientan excluidos de
la toma de decisiones políticas, de modo que, en algunos casos, se
puedan rechazar las decisiones de las élites de forma violenta, con
la consiguiente represión por parte de estas.
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Sin embargo, cuando, bajo una lógica de la democracia partici-
pativa (Fishkin 2011), se crean mecanismos para que la pluralidad
de personas y grupos sociales que conforman los pueblos puedan
participar en la toma de las decisiones políticas que los afectan (re-
ferendos revocatorios de mandatos, consultas populares, iniciati-
vas legislativas populares, presupuestos participativos, asambleas
populares locales, decisiones consensuales, etc.), estas se sienten
más incluidas y respetan con más facilidad los resultados de las
tomas de decisiones, de forma que se reduce, al mismo tiempo, la
conflictividad social.
Por ello resulta necesario reformar la democracia y establecer,
en cada contexto social, los diversos mecanismos que ofrece la de-
mocracia participativa, de tal manera que transitemos desde las de-
mocracias liberales representativas hasta las pluridemocracias par-
ticipativas y pacíficas que contribuyan a aumentar la equidad social.
Objetivo 2.4. Progresividad fiscal
Implementar sistemas fiscales progresivos, que redistribuyan la
renta generada en los mercados internos de los países, así como
compromisos obligatorios de ayuda oficial al buen vivir entre
países, que redistribuyan la renta generada en los mercados
internacionales
La desigualdad en la distribución de la renta, emanada tanto
del funcionamiento de los mercados domésticos como del funcio-
namiento de los mercados internacionales (Piketty 2013), debe ser
corregida en aras de la equidad social, e incluso de la felicidad de
las personas (Oishi et al. 2012).
Ello supone, en primer lugar, que las normas que regulan los
impuestos nacionales se rijan por el principio de progresividad fis-
cal, lo que implica que las personas con mayores ingresos paguen
impuestos más que proporcionales, mientras que las personas con
menores ingresos gocen de importantes excepciones fiscales. De
esta forma, el sistema fiscal, junto con las políticas de transfe-
rencias y gasto público social, en las que se debería incluir una
renta básica universal garantizada para todas las personas (Wright
2005), modificará la distribución de la renta y la hará más equitati-
va (Wilkinson y Pickett 2009).
Dicha progresividad fiscal debe manifestarse, en primer lugar,
en los impuestos sobre la renta de las personas físicas y de las per-
sonas jurídicas, con tipos impositivos más elevados cuanto mayor
sea el nivel de renta y mínimos exentos para las rentas más bajas;
de esta forma, se limitaría el enriquecimiento excesivo vía merca-
do. Igualmente debe manifestarse en el impuesto sobre el patri-
monio de las personas físicas y de las personas jurídicas, con míni-
mos exentos en función del uso del patrimonio y tipos impositivos
crecientes con el valor del patrimonio; de esta forma, se limitaría
la acumulación de la riqueza en pocas manos. Pero también debe
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manifestarse en los impuestos sobre el consumo de las personas
físicas y jurídicas, con tipos impositivos elevados para los bienes
y servicios considerados de lujo, tipos impositivos medios para los
bienes y servicios típicos del consumo de masas, tipos impositivos
bajos para los bienes y servicios que satisfacen necesidades huma-
nas fundamentales y exenciones fiscales para los bienes y servicios
considerados como bienes de mérito.
Por otro lado, en el ámbito internacional, la redistribución de la
renta, al no poder hacerse por medio del sistema fiscal, puede ser
modificada por medio de la cooperación internacional para el buen
vivir (Brandt et al. 1980, Quilligan 2002), con protocolos internacio-
nales de ayuda oficial al buen vivir que fijen el 0,7 % del PIB de los
países de ingresos altos las contribuciones mínimas de estos a la
financiación de proyectos de buen vivir.
Sin embargo, al objeto de combinar los avances en materia de
progresividad fiscal con la cooperación internacional, resulta im-
prescindible la eliminación de los paraísos fiscales internacionales
(Hernández-Vigueras 2006), aplicándoles medidas punitivas inter-
nacionales (embargos comerciales y financieros, denegación de vi-
sados, aislamiento político internacional, etc.), dado que la opacidad
financiera de dichos países contribuyen al fraude fiscal y a ocultar
fortunas obtenidas de manera ilícita (corrupción, narcotráfico, co-
mercio de armas, etc.).
Objetivo 2.5. Economías alternativas
Fomentar la satisfacción de las necesidades fundamentales de
las personas por medios alternativos al mercado que generen
una distribución de la renta y la riqueza más equitativa
La economía de mercado genera una distribución inequitativa
de la renta y, por consiguiente, de la riqueza (Piketty 2013); luego,
la generación de una distribución de la renta y la riqueza más equi-
tativa pasa por formas alternativas al mercado para satisfacer las
necesidades fundamentales de las personas (Max-Neef, Elizalde y
Hopenhayn 1986). Así, las economías alternativas comprenden el
conjunto de organizaciones, de sistemas productivos y de sistemas
de consumo en los que no prima la racionalidad utilitarista ni el áni-
mo de lucro y de acumulación de riqueza; economías tales como la
economía de autoconsumo, la economía familiar, la economía comu-
nitaria, la economía popular, la economía solidaria, la economía cola-
borativa, la economía de la reciprocidad, la economía de los cuidados
o las redes de intercambio social, entre otros.
Desde el punto de vista de la producción, las economías alter-
nativas deben colocar el trabajo en el centro, antes que el capital,
y priorizar la satisfacción de las necesidades fundamentales de las
personas por medio de los ingresos derivados de su trabajo, más que
las ganancias derivadas de la propiedad del capital. Esta economía
del trabajo incluiría todas las formas de trabajo autogestionadas,
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tales como el trabajo autónomo, el trabajo familiar, el trabajo co-
munitario, el trabajo colaborativo, el trabajo doméstico, el trabajo
voluntario y cualquier otra forma de trabajo, bajo la condición de que
busquen una creciente autonomía y emancipación de las personas
con el objetivo final de que obtengan una buena calidad de vida, más
que un alto nivel de renta y de riqueza (Coraggio 2011).
Desde el punto de vista del consumo, las economías alterna-
tivas también reclaman nuevos patrones de consumo dirigidos a
vivir bien y no a vivir mejor (Acosta 2013), lo que implicaría re-
valorizar nuestro consumo y dar mayor ponderación a los bienes
relacionales, a los bienes públicos, a los bienes de autoconsumo
(autoproducción), a los bienes de cercanía y a los bienes de tempo-
rada, entre otros (Houtart 2011), de modo que se adecuara nuestro
consumo a nuestras necesidades más que a nuestros deseos.
Y, desde el punto de vista del comercio, en las economías al-
ternativas, se priorizan los valores de uso frente a los valores de
cambio; destaca, en especial, la importancia de la utilidad de los
bienes y servicios para satisfacer necesidades humanas fundamen-
tales frente a su escasez. En este sentido, se priorizan formas de
intercambio no mercantiles, como la solidaridad, la economía del
don, el trueque, las redes de intercambio local, los bancos de tiem-
po, los bancos de alimentos, etc.
Objetivo 2.6. Regulación de mercados
Regular los mercados locales, nacionales, transnacionales y
globales por medio de los poderes públicos locales, naciona-
les e internacionales, que eviten la concentración del poder de
mercado en manos de pocos actores
Los mercados libres presentan una tendencia a la concentra-
ción del poder de mercado en pocas manos en virtud del continuo
crecimiento del tamaño de las empresas para poder aprovechar
las economías de escala; lo que origina oligopolios y oligopsonios
(cuando no monopolio y monopsonios), que casi siempre terminan
siendo colusivos y perjudicando los intereses de sus numerosos
clientes o proveedores con escaso poder de mercado (Dixon 2001);
y esta tendencia es común a todas las escalas del mercado (local,
nacional, transnacional y global).
La conclusión lógica, de cara a reducir las desigualdades de
renta y de riqueza derivadas del libre mercado con concentracio-
nes colusivas de poder, es la intervención de los poderes públicos
(el Estado) sobre los mercados de todas las escalas. Si bien ello
se produce en mayor o menor medida en todos los países en los
mercados locales y nacionales, donde operan leyes antitrust, de de-
fensa de la competencia, de regulación de oligopolios o monopolios
naturales o de fijación de precios máximos y mínimos de determi-
nados productos, no ocurre lo mismo con los mercados transnacio-
nales y globales (Llorente y Cuenca 2013).
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Una de las consecuencias de la globalización neoliberal ha sido
la reducción de la capacidad de los Estados para regular el poder de
mercado en las escalas internacional y global, donde los tratados
liberales intergubernamentales favorecen los oligopolios y oligop-
sonios transnacionales y globales. Por tanto, se precisa de nuevos
tratados que permitan la conformación de poderes públicos inter-
nacionales y globales que tengan capacidad para limitar el poder de
mercado de dichos oligopolios y oligopsonios, al igual que se hace
a escala local y nacional.
Objetivo 2.7. Discriminación positiva
Implementar, en el interior de los países, políticas de discrimi-
nación positiva, que incrementen las capacidades y las opor-
tunidades iniciales de las personas más desfavorecidas, y po-
líticas de limitarianismo económico y social, que reduzcan los
ingresos y el bienestar final de las personas más favorecidas
La justicia social requiere tratar de forma diferente a los dife-
rentes, compensando tanto las desigualdades en el punto de par-
tida como las desigualdades en el punto de llegada en el camino
hacia el buen vivir, y dichas compensaciones implican la implemen-
tación de políticas de discriminación positiva o de acción afirmativa
en favor de las personas más desfavorecidas y de limitarianismo
social en contra de las personas más favorecidas.
Las políticas de discriminación positiva (Stewart et al. 2012)
deben estar encaminadas a mejorar las capacidades y a aumentar
las oportunidades de las personas más desfavorecidas, normalmen-
te identificables por pertenecer a algún grupo social (niños, jóve-
nes, ancianos, mujeres, personas queer, minorías étnicas, minorías
religiosas, discapacitados, enfermos, analfabetos, pobres, etc.); de
esta manera, se les facilitaría el camino hacia su buen vivir per-
sonal y se contribuiría al buen vivir social, al reducir los niveles de
inequidad social.
Por su parte, las políticas de limitarianismo social (Robeyns
2014) deben estar encaminadas a limitar los niveles máximos de
ingresos y de bienestar que podrían obtener las personas más
favorecidas (habitualmente, pero no exclusivamente, hombres, de
mediana edad, heterosexuales, de la mayoría étnica y religiosa
del país, con plenas capacidades, sanos, cultos y ricos). El limi-
tarianismo social puede ser el resultado de una ética personal
adoptada libremente por las personas más favorecidas (respon-
sabilidad social corporativa o filantropía), pero también puede ser
el resultado de políticas públicas de corrección de las diferencias
(progresividad fiscal o expropiaciones parciales de riqueza); de
esta manera, se les reduciría sus elevados niveles de confort que,
en muchos casos, no conducen al buen vivir personal e, igual-
mente, se contribuiría al buen vivir social, al reducir los niveles de
inequidad social.
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4.4. Objetivos específicos de la armonía con uno
mismo o una misma
La consecución del OBV general de satisfacción personal re-
quiere de la consecución simultánea de siete OBV específicos de
armonía con uno mismo o una misma; sin que pueda alcanzarse el
primero sin que se alcancen simultáneamente los siete segundos;
los cuales, además, presentan fuertes interrelaciones entre sí y con
otros OBV específicos de armonía con todos los seres de la natura-
leza y de armonía con todos los seres humanos.
Los OBV específicos de armonía con un mismo serían: la in-
terculturalidad, las identidades diversas, la educación contextual,
la vida sencilla, las espiritualidades, la plurinacionalidad y la salud
integral. A continuación se definen, con mayor precisión, cada uno
de ellos y se fundamenta su importancia.
Objetivo 3.1. Interculturalidad
Reconocer, respetar y fomentar las diferentes identidades étni-
cas y prácticas culturales existentes en el interior de cada país
y entre países, así como el derecho de movilidad transfronte-
riza y la convivencia armónica de los diferentes grupos étnicos
bajo criterios de interculturalidad, de manera que contribuyan
al florecimiento de todas las culturas
Las sociedades complejas de todos los países y comunidades lo-
cales son étnicamente plurales en sus orígenes y, como consecuen-
cia de los movimientos migratorios, lo son cada día más; de hecho,
dicha pluralidad cultural constituye un importante activo de su patri-
monio. En este sentido, deben implementarse, dentro de cada país
y de cada comunidad local, políticas de decolonización del poder,
del saber y del ser (Mignolo 2007), de forma tal que se ponga en
valor la diversidad cultural existente y se fomente la interculturali-
dad (Walsh 2009), entendida como convivencia armónica, e incluso
hibridación (García-Canclini 1990) de las diversas culturas que exis-
ten en un mismo territorio.
Además, debe reconocerse y respetarse el derecho de movi-
lidad transnacional de las personas y la libre circulación de estas
entre países, sin que ningún individuo pueda ser considerado como
ilegal ni ser deportado, mientras respete las leyes del país en el que
haya decidido residir; país en el que se le deben reconocer unos
derechos mínimos de ciudadanía universal (Dávalos 2008).
Para que los individuos puedan mejorar sus niveles de satis-
facción personal, es necesario que estos tengan derecho a elegir, y
a modificar a lo largo de su vida, su propia identidad étnica (autoi-
dentificación) y a poder vivir conforme a las características de su
propia cultura (natal o elegida), sin que quepa la imposición sobre
las personas de otras culturas de los valores propios de las culturas
ajenas (Del Popolo 2008); mientras que los valores comunes que
deben respetar todas las personas de un territorio deben ser el re-
sultado de un consenso intercultural.
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Objetivo 3.2. Identidades diversas
Reconocer y respetar las diversas y plurales identidades de
género, sexuales, étnicas y fenotípicas, de forma que se des-
patriarcalicen, desheteronormalicen y decolonicen las relacio-
nes sociales, de manera que disminuyan las discriminaciones
sociales por identidad
Todas las personas tenemos identidades colectivas y simultá-
neas que nos permiten identificarnos con determinados grupos. Las
identidades más habituales son las referidas al género y al sexo,
por un lado, y a la etnia y al fenotipo, por otro. Estas identidades,
en función de las relaciones de poder que se establecen entre los
diferentes grupos sociales (Quijano 2000), constituyen la base de
múltiples discriminaciones sociales, de tal forma que los hombres
heterosexuales, anglosajones y caucásicos suelen tener mayores
privilegios sociales que el resto de las identidades de género (mu-
jeres, transgéneros, intergéneros, etc.), sexuales (homosexuales,
transexuales, bisexuales, intersexuales, etc.), étnicas (gitanos, ju-
díos, jíbaros, aborígenes, armenios, etc.) y fenotípicos (afrodescen-
dientes, asiático-descendientes, nativo-descendientes, etc.).
El patriarcado, la heteronormalidad y la colonialidad son los
fundamentos de dichas discriminaciones, por lo que el reconoci-
miento y el respeto de las diferentes identidades de género, sexua-
les, étnicas y fenotípicas pasa por la despatriarcalización, la des-
heteronormalización y la decolonización de las relaciones sociales
(Paredes 2010). Solo así, las personas podrán mejorar sus niveles
de satisfacción personal al desarrollarse plenamente en armonía
con su propia identidad; identidad que debe ser elegida por medio
de la autoidentificación, y no impuesta socialmente; lo que ha de
permitir a todas las personas modificar su identidad a lo largo de su
vida, incluida la identidad fenotípica, por cuanto, en la actualidad,
no existen fenotipos o razas humanas puras y todos los seres hu-
manos poseemos fenotipos híbridos.
Objetivo 3.3. Educación contextual
Reconocer, respetar y fomentar las diversas formas de alfabe-
tización, aprendizaje y educación a lo largo de toda la vida, en
función de las capacidades específicas de las personas y de su
contexto social y ambiental, de forma que estas puedan reali-
zarse como personas
La educación es un elemento clave para la realización plena y
satisfactoria de las personas que se debe desarrollar a lo largo de
toda la vida, dado que la adquisición de conocimientos les permite
adaptarse mejor a los diferentes y cambiantes medios en los que
viven e incluso transformar dicho medio (Freire 1968). Sin embar-
go, existe una gran uniformidad, tanto de los contenidos como de
los métodos de enseñanza-aprendizaje, que no siempre es adecua-
da ni a las diversas capacidades físicas e intelectuales de las perso-
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nas ni a los diferentes y cambiantes contextos sociales, culturales y
ambientales en los que dichas personas viven.
Por ello, es necesario desarrollar tanto métodos como contenidos
adaptados a las diversas capacidades y contextos de las personas,
que permitan una verdadera educación contextual. Esta educación
debe realizarse a lo largo de la vida (infancia, juventud, madurez y
senectud) (Delors et al. 1996), pues el contexto que nos rodea se
va transformando y los conocimientos y métodos de hoy no serán
útiles mañana. Además, la educación ha de adaptarse a las diver-
sas capacidades de las personas para que sea realmente inclusiva
(Warnok et al. 1978).
Por otro lado, resulta necesario reconocer, respetar y fomentar
métodos educativos alternativos a los convencionales, bien los pro-
pios y tradicionales de las diferentes culturas del mundo, bien los
desarrollados desde perspectivas pedagógicas alternativas, como
las vinculadas con la slow education (método Montessori, méto-
do Waldorf, escuelas libres, escuelas democráticas, educación en
casa, etc.) (Holt 2002).
Objetivo 3.4. Vida sencilla
Reconocer, respetar y fomentar estilos plurales de vida senci-
lla, que permitan a las personas satisfacer sus necesidades hu-
manas fundamentales en sus diferentes contextos territoriales
Uno de los aspectos que genera una mayor insatisfacción con
la propia vida es el gap entre lo deseado y lo obtenido (Diener et
al. 1999). Nuestros ilimitados deseos son estimulados por la publici-
dad y el efecto demostración, de forma que tratamos de satisfacer
nuestras ansiedades o falsas necesidades, en lugar de tratar de
satisfacer nuestras necesidades fundamentales (Max-Neef, Elizalde
y Hopenhayn 1986), y ello nos genera infelicidad.
Sin embargo, si optamos por la sobriedad, o simplicidad vo-
luntaria (Gortz 1997 y 2003), eludiendo nuestras ansiedades y
centrándonos en satisfacer nuestras necesidades fundamenta-
les, que podrán variar de unos contextos territoriales a otros
en función de aspectos ambientales, históricos y culturales,
entonces el citado gap se reducirá, facilitando la obtención de
mayores niveles de satisfacción con nuestra propia vida.
Por ello, deben reconocerse, respetarse y fomentarse los di-
versos estilos de vida sencilla (minimalismo) (Schumacher 1973),
que varían de unos contextos territoriales a otros. Entre dichos es-
tilos de vida sencilla, de motivaciones seculares y religiosas, desta-
can la vida en minicasas, la vida en ecoaldeas, la vida en comunas,
la vida en kibutz y en moshavim, la vida en comunidades religio-
sas cristianas de gente sencilla (amish, menonitas, cuáqueros…), la
vida religiosa monástica (católica, ortodoxa, protestante, budista,
hinduista, sufí…), la vida en órdenes religiosas mendicantes (católi-
cas, budistas, hindúes, sufíes…), etc.
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Objetivo 3.5. Espiritualidades
Reconocer y respetar, bajo criterios de laicidad, las diversas
confesiones religiosas y prácticas espirituales, así como la
aconfesionalidad, de las personas y su derecho a desarrollarlas
en el ámbito público y privado, sin condicionar las prácticas re-
ligiosas y espirituales de otras personas, de manera que todas
puedan desarrollar libre y plenamente su espiritualidad
La mayoría de las personas asume que sus vidas tienen una di-
mensión espiritual que necesitan desarrollar para sentirse satisfe-
chos con ellas mismas (Chaeyoon y Putnam 2010). En este sentido,
las diversas religiones del mundo, así como las prácticas espiritua-
les no religiosas (como, por ejemplo, el vitalismo), aportan a las
personas importantes satisfactores de algunas de sus necesidades
fundamentales. No obstante, también existen personas agnósticas
y ateas que se desarrollan plenamente como personas sin necesi-
dad de tener en sus vidas una dimensión espiritual.
En este sentido, tanto las personas religiosas y espirituales,
como las personas agnósticas y ateas, tienen derecho a la práctica
de sus propias tradiciones religiosas o espirituales, o su no práctica,
en el ámbito privado y en el ámbito público, siempre que esta no
condicione la práctica similar, o la no práctica, de otras personas.
En este sentido, todos los Estados deben ser laicos y mantener
una neutralidad respecto de las creencias de los residentes en los
distintos países, reconociendo y respetando las diversas religiones
y espiritualidades existentes y sus prácticas, sin fomentar ninguna
de ellas (Savater 2004). El laicismo del Estado debe garantizar la
convivencia armónica entre confesiones religiosas y prácticas es-
pirituales, de tal manera que unas no se impongan sobre otras y
todas las personas adultas puedan elegir, y cambiar, libremente sus
creencias religiosas, espirituales, agnósticas o ateas, así como edu-
car a sus hijos e hijas en ellas, al margen de la educación reglada.
Objetivo 3.6. Plurinacionalidad
Reconocer constitucionalmente y respetar las diversas nacio-
nalidades y naciones, que pudiera haber en el interior de cada
país o conjuntamente en el interior de varios países, así como
su capacidad para autogestionar determinadas competencias
políticas, de manera que aumenten los niveles de autonomía
colectiva de los pueblos
No todos los países están conformados por una única nación ni
todas las naciones se encuentran localizadas en un único país. Las
naciones son el resultado del autorreconocimiento de pertenencia
colectiva de las personas con una entidad política construida sobre
un determinado territorio a partir de una serie de hechos diferen-
ciales que distinguen dicha entidad de otras entidades políticas de
otros territorios. Estos hechos diferenciales suelen ser de natura-
leza cultural y derivados de la historia de un determinado territorio
(lengua, religión, tradiciones, etc.).
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Aquellos colectivos territoriales de personas que se identifiquen
como nación deben tener el derecho a ser reconocidos como tales
en las constituciones de los diferentes países y que se respeten y
protejan sus hechos diferenciales dentro del país al que pertenecen.
Además, deben tener el derecho a gestionar, de manera autónoma,
sin la injerencia política de otras naciones, determinadas compe-
tencias otorgadas por el Estado del país al que pertenecen, como
resultado de un consenso político entre las diferentes naciones que
lo conformen. Debemos transitar desde la organización política
de los Estados-nación hacia la organización política de los Estados
plurinacionales (Acosta et al. 2009, Lupien 2011).
Dichas competencias, además, deberían poderse ejercer con-
juntamente entre todas las partes de una misma nación que, por
razones históricas, se encuentren localizadas sobre territorios per-
tenecientes a varios países, lo cual requeriría de acuerdos entre los
Estados plurinacionales de dichos países para permitir el reconoci-
miento y el funcionamiento de naciones interestatales (Albó 2011,
p. 163).
La plurinacionalidad se configuraría de esta forma como una
variante de federalismo, que podría llegar a ser asimétrico e in-
terestatal, y que permitiría determinados niveles de autogobierno
colectivo de las personas que conforman las diferentes naciones en
el marco de los Estados que, de esta forma, podrán mejorar sus
niveles de satisfacción personal, y ello sin cuestionar, necesaria-
mente, la unidad de los Estados plurinacionales.
Objetivo 3.7. Salud integral
Reconocer, respetar y fomentar, bajo criterios de eficacia cien-
tífico-social, las diversas formas de medicina, que contribuyan
a mejorar, en cada contexto territorial, la salud de las perso-
nas, entendida como un concepto holístico
La salud integral de las personas (salud física, psíquica, emo-
cional, espiritual y social) es uno de los elementos que más influye
en los niveles de satisfacción con la propia vida, ya que las perso-
nas que no están sanas suelen estar relativamente insatisfechas.
La medicina científica occidental o convencional ha consegui-
do grandes avances en los últimos siglos; sin embargo, a pesar de
ello, presenta importantes lagunas respecto de las enfermedades
raras, así como respecto de enfermedades y síndromes complejos
de carácter sistémico. Además, esta medicina, enormemente cara,
especializada, curativa, privatizada, tecnificada y farmacolizada, no
está al alcance de todas las personas, por lo que su eficacia científi-
ca no se ve correspondida por su eficacia social.
Junto a esta medicina, existen otras formas de medicina tradi-
cional y complementaria (OMS 2013), más económica, más holística,
más preventiva, más comunitaria, más rudimentaria y más basada
en remedios naturales, que presentan grandes niveles de eficacia
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social y que permiten mejoras de la salud de las personas. Es-
tos tipos de medicina tradicional y complementaria, tales como la
medicina tradicional china (que incluye la acupuntura), la ayurve-
da india, la yunani europea, la medicina indígena, la medicina
antroposófica, la naturopatía (que incluye la fitoterapia), la quiro-
práctica, la osteopatía y la homeopatía (OMS 2013), pueden ser un
complemento, cuando no una alternativa, a la medicina científica
occidental para mejorar la salud de las personas allí donde esta no
llega por cuestiones de proximidad, precio o eficacia.
En este sentido deben reconocerse, respetarse y fomentarse
aquellas formas de medicina científica occidental y de medicina
tradicional y complementaria, bajo criterios de eficacia científica y/o
social, regulando su praxis en función de criterios deontológicos es-
pecíficos de cada tipo de medicina, para evitar que dichas formas de
medicina sean ejercidas por personas sin formación específica.
5
Conclusiones
Llegados a este punto, en primer lugar, hemos finalizado la de-
construcción de los ODS, o el análisis de las principales incongruen-
cias de estos respecto de su propósito de contribuir a la mejora del
bienestar de la humanidad. De ello podemos concluir que los ODS se
inspiran en las tres sostenibilidades (económica, social y ambiental)
de la reinterpretación que hizo el Banco Mundial del concepto original
de desarrollo sostenible del Informe Brundtland y, por tanto, estos
objetivos no cuestionan el actual modelo de desarrollo moderno.
Así pues, el desarrollo moderno implícito en los ODS, en su
versión triplemente sostenible, que no ha sido fruto de un con-
senso social global, es realmente un modelo de maldesarrollo
insostenible, sustentado en la colonialidad-patriarcalidad-hetero-
normalidad del poder-saber-ser, en el capitalismo y en el antropo-
centrismo. Y este maldesarrollo tiene, además, como consecuencias
un apartheid global (con sus dimensiones de discriminación étnico-
social, de desigualdad socioeconómica y de dominación política) y un
modo de vida imperial (con sus dimensiones de deterioro socioecoló-
gico, de des igualdad socioeconómica y de dominación política).
Además, si agregamos los resultados de la deconstrucción de
cada uno de los 17 ODS, podemos concluir también que no contribu-
yen a la mejora del bienestar de la humanidad, en sus aspectos so-
cioculturales, por cuanto no plantean ni la decolonización del po der
ni la decolonialización del saber ni la colonialidad del ser; tampoco
plantean la despatriarcalización del poder ni la despatriarcalización
del saber ni la despatriarcalización del ser; menos aún plantean la
desheteronormalización del poder ni la desheteronormalización del
saber ni la desheteronormalización del ser. Aspectos estos que son
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esenciales en las dimensiones del bienestar relacionadas con la po-
breza, la salud, la educación, la igualdad entre las personas, los há-
bitats, la paz y la justicia y la construcción institucional.
Tampoco los ODS contribuyen a la mejora del bienestar de la
humanidad, en sus aspectos socioeconómicos, por cuanto no pro-
ponen la limitación del poder de mercado de los principales agentes
económicos a través de la regulación pública del uso de los factores
productivos (tierra, trabajo y capital) y de la regulación pública de
la provisión y la distribución de bienes y servicios considerados
como estratégicos; tampoco inciden sobre la satisfacción efectiva
de las necesidades humanas fundamentales, solo en la provisión de
bienes y servicios para ello y, escasamente, en su distribución equi-
tativa; ni recomiendan la limitación de la acumulación en pocas ma-
nos de los medios que permiten a las personas mejorar sus niveles
de bienestar; además, se ignoran las propuestas encaminadas a
alcanzar la soberanía alimentaria y energética, así como las enca-
minadas al desarrollo de una economía social y solidaria. Aspectos
estos que son esenciales en todas las dimensiones del bienestar,
especialmente en las relacionadas con la pobreza, la alimentación,
el agua, la energía, el trabajo, el capital, las infraestructuras, la
producción, el consumo y los hábitats.
E, igualmente, dichos ODS ni siquiera contribuyen a la mejora
del bienestar de la humanidad en sus aspectos socioecológicos, por
cuanto no se asume que el planeta Tierra se encuentra en la era
del Antropoceno; tampoco se concibe que existan límites al creci-
miento ni que, trabajando, produciendo, consumiendo y acumulan-
do menos, podamos vivir mejor; de la misma manera, no se con-
cibe que la naturaleza pueda ser objeto de derechos y que pueda
tener una serie de valores intrínsecos independientes de la utilidad
que esta tenga para los seres humanos; también se infravalora la
importancia de la biodiversidad, de las deseconomías de aglome-
ración y de las externalidades ambientales positivas y negativas.
Aspectos estos que son esenciales en las dimensiones del bienestar
relacionadas con la producción, el consumo, los hábitats, el agua, la
energía, el clima y los ecosistemas.
De todo ello podemos deducir que unos objetivos globales
que permitan aumentar el bienestar de la humanidad, desde la
perspectiva del transdesarrollo transmoderno, deben elaborar-
se a partir de los conceptos de «interculturalidad», «pluralidad»,
«poscapitalismo» y «biocentrismo». Si asumimos que el bienestar
de la humanidad se alcanzará cuando consigamos implementar
formas de vida que nos permitan a los seres humanos coexistir
en armonía con los demás seres de la naturaleza, en armonía con
los demás seres humanos y en armonía con nosotros mismos y
nosotras mismas, entonces lo que necesitamos, en lugar de unos
ODS, son unos OBV. Por ello, aquí también hemos planteado una
enmienda a la totalidad de los ODS con una propuesta global al-
ternativa, los OBV.
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Gráfico 1
Los Objetivos del Buen Vivir a escala global
Fuente: elaboración propia.
Los OBV se articulan como un conjunto de veinticuatro objeti-
vos, tres de ellos objetivos generales y veintiuno de ellos objetivos
específicos, encaminados a la consecución de las tres armonías que
deben caracterizar al buen vivir a escala global: la armonía con todos
los seres de la naturaleza, la armonía con todos los seres humanos y
la armonía con uno mismo o una misma. Si bien para la consecución
de cada armonía se ha propuesto un objetivo general y siete obje-
tivos específicos, de una perspectiva sistémica, asumimos que los
diferentes objetivos específicos tienen también efectos, tanto positi-
vos como negativos, sobre los demás objetivos propuestos; efectos
que deberán potenciarse o corregirse, según el caso, en función de
las políticas que podrían elegirse para su implementación.
A modo de síntesis, en el gráfico 1 se recoge la articulación sis-
témica de los veinticuatro objetivos, mientras que, en el cuadro 1,
se identifican y se definen los veinticuatro objetivos estructurados
en los tres ejes definidos por las tres armonías (con todos los seres
de la naturaleza, con todos los seres humanos y con uno mismo o
una misma). La propuesta que se ha presentado aquí es una primera
propuesta de construcción del buen vivir a escala global, en la que
deben participar las organizaciones de la sociedad civil, el sector
privado y el sector público, tanto de los ámbitos locales como nacio-
nales, regionales o global. Como tal propuesta, con este documento
esperamos abrir un debate académico y social que permita construir,
en el futuro, una agenda global del buen vivir, derivada de la partici-
pación social, que nos permita ir más allá del insuficiente desarrollo
sostenible que persiguen los ODS.
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OBJETIVOS DEL BUEN VIVIR A ESCALA GLOBAL
ARMONÍA CON TODOS
LOS SERES DE LA
NATURALEZA
ARMONÍA CON TODOS
LOS SERES HUMANOS
ARMONÍA CON UNO
MISMO O UNA MISMA
Objetivo General Objetivo General Objetivo General
1. SOSTENIBILIDAD
BIOCÉNTRICA
Detener la pérdida de
biodiversidad de ecosistemas,
de biodiversidad de especies
y de biodiversidad genética,
acomodando, al mismo
tiempo, la huella ecológica
humana a la biocapacidad del
planeta
2. EQUIDAD SOCIAL
Reducir los niveles de
desigualdad de capacidades y
oportunidades de la población
mundial, entre regiones,
territorios rurales y urbanos,
etnias, confesiones religiosas,
clases sociales, géneros,
identidades sexuales y
personas, así como los niveles
de desigualdad de bienestar
social alcanzados
3. SATISFACCIÓN
PERSONAL
Aumentar los niveles de
satisfacción de las personas
con su propia vida, en sus
diferentes contextos
territoriales, y reducir, al
mismo tiempo, la distancia
entre los niveles de
satisfacción de las personas
más satisfechas y las
personas menos satisfechas
Objetivos Específicos Objetivos Específicos Objetivos Específicos
1.1. Cuidado de
ecosistemas
Detener el deterioro de los
ecosistemas acuáticos y
terrestres de ámbito local,
regional, nacional,
transnacional y global, y
poner en marcha procesos de
recuperación, por medio de
políticas de restauración, de
forma que se contribuya al
desarrollo de entornos
seguros para la vida
2.1. Producción local
Fomentar el desarrollo de las
actividades productivas de
pequeña escala y de ámbito
local, basada en los productos
de cercanía, que contribuyan
a reducir los niveles de
pobreza e inequidad social
dentro de los países
3.1. Interculturalidad
Reconocer, respetar y
fomentar las diferentes
identidades étnicas y
prácticas culturales existentes
en el interior de cada país y
entre países, así como el
derecho de movilidad
transfronteriza y la
convivencia armónica de los
diferentes grupos étnicos bajo
criterios de interculturalidad,
de manera que contribuyan al
florecimiento de todas las
culturas
1.2. Economía sostenible
Transitar hacia sistemas de
producción, consumo y
trabajo que generen un
menor consumo de recursos
naturales, una menor
producción de residuos y una
mayor disponibilidad de
tiempo libre, de forma que
permitan mejorar la calidad
de vida de las personas y de
los demás seres de la
naturaleza
2.2. Soberanía alimentaria
Implementar políticas
productivas y comerciales,
con criterios agroecológicos y
culturales, que permitan una
transición hacia la soberanía
alimentaria de los países y de
las comunidades locales
3.2. Identidades diversas
Reconocer y respetar las
diversas y plurales
identidades de género,
sexuales, étnicas y
fenotípicas,
despatriarcalizando,
desheteronormalizando
y decolonizando las relaciones
sociales, de manera que
disminuyan las
discriminaciones sociales por
identidad
1.3. Extracción sostenible
Limitar la extracción de
recursos naturales renovables
y no renovables en los
ámbitos local, regional,
nacional y global,
condicionándolos a la
capacidad de reproducción de
recursos naturales renovables
sustitutivos en los mismos
ámbitos, de forma que los
stocks locales, regionales,
nacionales y globales de
recursos naturales se
mantengan relativamente
estables
2.3. Democracia
participativa y pacífica
Desarrollar mecanismos de
participación política de las
personas y de resolución
pacífica de conflictos, en los
ámbitos local, regional,
nacional, internacional y
global, que permitan transitar
hacia una pluridemocracia
participativa y pacífica
adaptada a cada contexto
social
3.3. Educación contextual
Reconocer, respetar y
fomentar las diversas formas
de alfabetización, aprendizaje
y educación a lo largo de toda
la vida, en función de las
capacidades específicas de las
personas y de su contexto
social y ambiental, de forma
que estas puedan realizarse
como personas
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OBJETIVOS DEL BUEN VIVIR A ESCALA GLOBAL
ARMONÍA CON TODOS
LOS SERES DE LA
NATURALEZA
ARMONÍA CON TODOS
LOS SERES HUMANOS
ARMONÍA CON UNO
MISMO O UNA MISMA
Objetivos Específicos Objetivos Específicos Objetivos Específicos
1.4. Transiciones por el
clima
Poner en marcha transiciones
hacia sistemas energéticos,
basados exclusivamente en las
fuentes de energía renovables,
que contribuyan a mitigar los
efectos del cambio climático
global y hacia sistemas de
hábitat, producción y consumo
que puedan adaptarse de
manera no traumática a dicho
cambio
2.4. Progresividad fiscal
Implementar sistemas fiscales
progresivos, que redistribuyan
la renta generada en los
mercados internos de los
países, así como compromisos
obligatorios de ayuda oficial al
buen vivir entre países, que
redistribuyan la renta
generada en los mercados
internacionales
3.4. Vida sencilla
Reconocer, respetar y
fomentar estilos plurales de
vida sencilla, que permitan a
las personas satisfacer sus
necesidades humanas
fundamentales en sus
diferentes contextos
territoriales
1.5. Derechos de la
naturaleza
Aprobar una Declaración
Universal de los Derechos de
la Naturaleza y reconocer
constitucionalmente dichos
derechos y sus mecanismos de
tutela en el interior de cada
país, de forma que se tomen
en consideración los valores
intrínsecos de la naturaleza
2.5. Economías alternativas
Fomentar la satisfacción de las
necesidades fundamentales de
las personas, por medios
alternativos al mercado que
generen una distribución de la
renta y la riqueza más
equitativa
3.5. Espiritualidades
Reconocer y respetar, bajo
criterios de laicidad, las
diversas confesiones religiosas
y prácticas espirituales, así
como la aconfesionalidad, de
las personas y su derecho a
desarrollarlas en el ámbito
público y privado, sin
condicionar las prácticas
religiosas y espirituales de
otras personas, de manera que
todas puedan desarrollar libre
y plenamente su espiritualidad
1.6. Economía circular
Fomentar sistemas de gestión
de los residuos de los
procesos de producción y de
consumo bajo criterios de
economía circular, que
contribuyan a reducir la
presión sobre la capacidad de
generación de recursos
naturales y la capacidad de
absorción como sumideros de
los ecosistemas locales,
regionales, nacionales,
transnacionales y global
2.6. Regulación de
mercados
Regular los mercados locales,
nacionales, transnacionales y
globales por medio de los
poderes públicos locales,
nacionales e internacionales,
que eviten la concentración del
poder de mercado en manos
de pocos actores
3.6. Plurinacionalidad
Reconocer constitucionalmente
y respetar las diversas
nacionalidades y naciones, que
pudiera haber en el interior de
cada país o conjuntamente en
el interior de varios países, así
como su capacidad para
autogestionar determinadas
competencias políticas, de
manera que aumenten los
niveles de autonomía colectiva
de los pueblos
1.7. Hábitats óptimos
Optimizar la escala de los
hábitats locales para
aprovechar las economías de
aglomeración y evitar las
deseconomías de
aglomeración, de forma que se
reduzca la presión sobre la
capacidad de carga de los
ecosistemas locales
2.7. Discriminación positiva
Implementar, en el interior de
los países, políticas de
discriminación positiva, que
incrementen las capacidades
y las oportunidades iniciales de
las personas más
desfavorecidas, y políticas de
limitarianismo económico y
social, que reduzcan los
ingresos y el bienestar final de
las personas más favorecidas
3.7. Salud integral
Reconocer, respetar y
fomentar, bajo criterios de
eficacia científico-social, las
diversas formas de medicina,
que contribuyan a mejorar, en
cada contexto territorial, la
salud de las personas,
entendida como un concepto
holístico
Cuadro 1
Objetivos del Buen Vivir a escala global
Fuente: elaboración propia.
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... Buen Vivir differs fundamentally from human development as it does not focus on individual human capabilities but on the co-existence between human and non-human entities that enable life (Alb o, 2011). It also differs from sustainable development as expressed in the UN Sustainable Development Goals, which do not question fundamental contradictions of Westernised societies like anthropocentrism and capitalism (Hidalgo-capit an et al., 2019). In this context, Buen Vivir is a 'mobilising utopia' (Caria & Dom ınguez, 2016) that is concretised through social practises and struggles (Gonzales, 2015). ...
Article
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Innovation has been central to development. Yet most assumptions around innovation stem from values derived by capitalist economies such as growth, individualism, and competition which prove to only widen inequalities and promote unsustainable environmental models of extraction and consumption. This paper explores what values and assumptions would underlie innovation in development if based on an alternative ontological and epistemological stance linked to the Andean cosmovision of Buen Vivir. We focus on the case of an Indigenous-led initiative in the Andes of Peru to highlight the underpinnings of its innovation processes. In doing so, we aim to contribute to both development studies literature and innovation studies by exposing the limitations to the accepted Western approach to innovation and exploring what decolonising innovation in development would look like.
... Igualmente, la interculturalidad es una condición necesaria para alcanzar un Estado plurinacional, ya que defiende la convivencia y la interacción pacífica y en igualdad de condiciones entre las diferentes culturas, sin que ninguna de ellas se encuentre por encima del resto. La interculturalidad es uno de los caminos hacia la descolonización, la despatriarcalización y la desheteronormalización del poder, del saber y del ser y hacia la construcción de sociedades del sumak kawsay (Altmann, 2019; Hidalgo-Capitán, García-Álvarez, Cubillo-Guevara y Medina-Carranco, 2019;Mignolo, 2007;Quijano, 2000). ...
... Un sumak kawsay internacional ha de abrirse a otras culturas y a otros conocimientos, establecer sinergias y reformularse en cada contexto para adecuarse a las diferentes idiosincrasias, culturas y ecosistemas. Las ramas ecologista y sintética del buen vivir han superado los posibles esencialismos en torno a este concepto, adaptando sus análisis a las especificidades de cada territorio y sociedad (Acosta, García-Macías y Munck, 2021; Hidalgo-Capitán, García-Álvarez, Cubillo-Guevara y Medina-Carranco, 2019). El socialismo del buen vivir (Martínez Novo, 2018; SENPLADES, 2010) y algunos sectores del sumak kawsay indianista (CONAIE, 2012;Macas, 2010;Oviedo Freire, 2011, en cambio, no han superado los discursos esencialistas o totalizantes. ...
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El sumak kawsay indianista contó con una especial relevancia política e intelectual en Ecuador (y Bolivia) en la primera década del siglo xxi. Desde entonces, la influencia de sus planteamientos —y de los de las diferentes ramas del buen vivir— ha crecido y formado sinergias con otras corrientes heterodoxas como el decrecimiento, la economía feminista o la ecología profunda, entre otras. La pandemia mundial del covid-19 ha puesto de manifiesto la incompatibilidad del sistema capitalista y de los paradigmas que lo sostienen con la vida del planeta y de las personas. Este artículo reflexiona sobre las propuestas que están apareciendo en torno a la construcción de un sumak kawsay global como alternativa al desarrollo y al capitalismo, mostrando desde el pensamiento posmoderno las potencialidades y las debilidades de esta filosofía, cosmovisión y forma de vida.
... Por fim,Hidalgo-Capitán et al. (2018) fazem uma crítica dos ODS a partir do BV, e, em relação ao sétimo ODS, aquele que põe atenção no acesso universal à energia, destaca-se a ausência do conceito de soberania energética. Assim, segundo Hidalgo-Capitán et al. (2018) o foco daquele ODS é colocado nas redes e forças dos mercados energéticos, enquanto a soberania energética, na condição de elemento promotor de integração, geração de conhecimento e uso Desenvolvimento em Questão Editora Unijuí • ISSN 2237-6453 • Ano 20 • n. 58 • 2022 Página 11 de tecnologias relacionadas com os ciclos vitais da natureza, é desvalorizada (HIDALGO-CAPI ...
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Diante do intricado cenário global contemporâneo, caracterizado pela era do Antropoceno, respostas cada vez mais complexas são necessárias, assim como imbricações e análises interdisciplinares e multiníveis. Nesse contexto, o setor energético desempenha um papel central, dada a sua posição na operacionalização dos sistemas produtivos, na emissão de poluentes e no uso de recursos naturais cada vez mais escassos. Assim, na procura por um futuro sustentável, frequentemente são relegadas visões e soluções locais, enquanto as forças hegemônicas do mercado e a permanência de estruturas políticas altamente hierarquizadas dominam as diretrizes e agendas elencadas tanto por organizações globais quanto pelos governos e seus múltiplos níveis de atuação. Usando a dialética, o presente trabalho busca discutir o conceito das Comunidades Energéticas como estrutura sociotécnica que vise ao desenvolvimento sustentável dos sistemas elétricos da região da América Latina e do Caribe. Nesta tarefa, a noção de Bem Viver poderia ser o amálgama que faz a união entre soluções sociotécnicas, desafios globais e os múltiplos olhares locais latino-americanos.
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In Colombia, rural youth face multiple challenges and social gaps, so the main option is to leave rural areas and migrate to urban environments in search of better living conditions. Instigating collective processes that enhance prospects for rural permanence is crucial. The research gap that we face in this article is the limitation of research in knowledge co-creation dynamics based on the Citizen-Labs framework in rural environments located in the Global South. This article presents the systematisation of a LabCampesino, a space aimed at collaborative creating innovations for territorial management and alternatives to development from the rural youth in the Colombian countryside, as a new theoretical and methodological framework to examine knowledge generation. By applying a case study approach, this article explores the axes of agroecology, co-creation, and community organisation from a transdisciplinary and participatory action research lens. For this, sessions on exploration, experimentation, and prototyping were created in the province of Sumapaz, which led to learning around technologies and knowledge dialogue practices for the protection and reconstruction of peasant territories. The results demonstrate that the young participants can build, document and disseminate innovations at the community level related to situated technologies, processes and reflections on local socio-ecological processes. Thus, rural laboratories make possible practical, experimental, and situated rural education as a communal innovation experience in the territory, hand in hand with agroecological dynamics and political and social organisation, becoming places of articulation and advocacy for territorial actors and interests that seek a transformation of rurality.
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Buen vivir is one of the alternatives to modern development brought forward by pluriverse literature, especially for Latin America. This article focuses on buen vivir as a territorial, bottom-up process of transformation based on indigenous worldviews. The text explores empirically how in the Ecuadorian Andes, plurinational and intercultural municipal politics have reshaped a territory. It analyzes achievements and challenges of a process of co-government and shared authority between municipal institutions and a variety of social organizations under the first indigenous mayor of Cayambe County. It explores how, through an ecology of practices and knowledges, transformation encompasses a series of interconnected dimensions such as social justice and redistribution, gender relations, societal nature relations, cognitive justice, intercultural justice and the transformation of local relations of production and consumption toward the sustainability of life. It shows how, in order to achieve transformation, ancestral knowledge and the principles of sumak kawsay are combined with selective dimensions or institutions of modernity in a self-determined way.
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The United Nations’ Sustainable Development Goals (UN SDGs) aspire to be integrated and indivisible, balance the three dimensions of sustainable development and transform our world by going beyond previously agreed language. Focusing on decoloniality and equity, we explore whether these aspirations are met in analysing five goals, their targets and indicators interlinking especially the economy–ecology spheres: SDGs 8 (economic growth), 9 (industry and innovation), 12 (sustainable production and consumption), 13 (climate action) and 15 (life on land). We examine two interconnected foci. Having mapped the connections which exist, according to official UN data, between these goals’ indicators, we examine definitions and delineations in SDGs 8, 9, 12, 13 and 15 through a decolonial lens, focusing on universality, absences and modernity–coloniality. A second step investigates the equity implications of these framings, using indicator data to illustrate abiding injustices. Our original contribution is thus retracing these connections and contradictions, their intellectual heritage and their equity implications in the detail of these five SDGs, their targets and indicators, combining the sustainable development and decolonial literatures in novel ways. We find that trade-offs, absences and justice shortcomings call into question the attainment of the SDGs’ objectives of leaving no one behind while safeguarding advances for people, planet, prosperity, peace and prosperity. We recognize the SDGs’ opportunity to rethink how we want to co-exist in this world. However, we argue that recognizing absences, trade-offs and equity shortcomings are key prerequisites to attain genuine transformations for justice and sustainability through the SDGs.
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In 2008, Ecuador became the first country in the world to declare nature as a subject of rights based on the 'Buen Vivir' (Good Living) philosophy which is premised on an indigenous principle that envisions a world where humans are part-and-parcel of a larger natural and social environment. Although Ecuador's constitution is groundbreaking from a legal standpoint, the question arises of how the rights of nature is spatially manifested beyond the designation of protected areas? To shed light on such interrogation, this article, based on qualitative research, focuses on the linear park component of the mega-project Guayaquil Ecológico heralded as a first materialization which champions the "Rights of Nature" under the vision of the Buen Vivir. It unravels the contested rhetoric and realities of the Guayaquil Ecológico linear park in a critical review of the as-built project in relation to the larger objectives of Buen Vivir. The Guayaquil Ecologico linear park promised to simultaneously upgrade both social and environmental dimensions. However, it did not fully address the complexity of Guayaquil's socio-ecological context and some of the structural injustices of the estuarine territory. Buen Vivir was rhetorically mobilised to implement a project where aesthetic dimensions dominated , further perpetuating socio-ecological vulnerabilities through relocation and evictions. Furthermore, its implementation was dependent on a specific political moment, leaving it in a state of abandonment and neglect. The Buen Vivir philosophy-as a decolonial stance that challenges western forms of development-can offer a fundamental base to question current modes of territorial occupation based on extractivist planning and design strategies. It holds significant potential to serve as base to rethink the relationship between forms of settlement, natural dynamics, and worldviews.
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Resumen Este artículo reflexiona sobre la base estructural del derecho a la Educación y los valores que sustentan el proceso educativo. Se plantea la importancia de desarrollar marcos analíticos que apelen a visibilizar la diversidad de realidades socioeducativas y de conocimientos sobre el papel de la Educación. De esta manera, la perspectiva de la Educación para la Transición Emancipadora se presenta como una alternativa pedagógica y un modelo de formación integral. Una propuesta para una ciudadanía autónoma y responsable con dignidad humana, desde una concepción atenta y crítica de los temas sociales y ambientales relevantes de nuestro mundo. Es importante en este marco considerar que nos colocamos bajo el enfoque crítico de los Derechos Humanos y, por ende, de la Justicia Social, dejando de lado los clásicos que se han producido debido al proceso de globalización y retomando principios que promueven una globalización emancipada, y empoderamiento de la ciudadanía.
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This publication is a continuation of the topics discussed in earlier monographs, which were the result of joint research of Polish and Latin American geographers within many projects dedicated to urban issues. It is the second of the two volumes published in 2021 and contains texts presenting new case studies and new ideas about sustainable development, risk and local development in Poland, Colombia and other Latin American countries.
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No hay lugar en el mundo, donde un profundo malestar se manifiesta frente al aumento de las brechas sociales, al irrespeto a la justicia, al desempleo de los jóvenes, a los abusos de poder, a la destrucción de la naturaleza. Una nueva ola de movimientos sociales se ha desarrollado. Los Foros sociales permitieron su globalización. Una conciencia social colectiva crece: no se puede seguir así. El tipo de desarrollo económico que vivimos actualmente, con sus consecuencias políticas, culturales y sicológicas, es el origen de los desequilibrios. Al mismo tiempo, la necesidad de soluciones se impone de manera urgente. Es el momento de plantear nuevas orientaciones y no solamente adaptaciones. Reunir fuerzas para actuar y pensar por este fin, es una prioridad. Es por esto que, junto a la iniciativa del Referéndum sobre el agua (uno de los bienes comunes) en Italia, la Fundación Rosa Luxemburgo tomó la decisión de organizar una Conferencia sobre el concepto del Bien Común de la Humanidad, para promover una reflexión sobre los vínculos entre las dos nociones y de integrar las reivindicaciones y las luchas sociales para un cambio de sociedad, escenario en el que se enmarca éste artículo.
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O objetivo de pesquisa do presente artigo é identificar as diferentes perspectivas epistemológicas e metodológicas que tem emergido desde o Sul global. Aborda-se também o surgimento da globalização e os processos transfronteiriços da mudança climática a partir da chamada “epistemologia do Sul”. Como resultado, a necessidade de criar pontes transculturais entre os povos do mundo para superar a encruzilhada paradigmática onde estamos como sistema-mundo, com o fim de alcançar os Objetivos de Desenvolvimento Sustentável estabelecidos pelos manifestos das Nações Unidas do ano 2030.
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Revisión de las principales ideas en discusión sobre el Buen Vivir. No se pretende defender una única definición del Buen Vivir y como se verá en la revisión, no es posible ofrecer una que sea aplicable a todos los casos. El Buen Vivir en este momento está germinando en diversas posturas en distintos países y desde diferentes actores sociales, que es un concepto en construcción, y que necesariamente debe ajustarse a cada circunstancia social y ambiental.
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This paper discusses the importance of decolonizing education as one of the strategies to help create a new, more human, more caring and more critical vision of the world. It directs the reader’s attention to a territory of which much has been written –education– but still has many pending discussions regarding the possibility of thinking about another type of education: a type of education that allows us to see ourselves as historical subjects that give meaning to our existence by breaking the ideological attachment to the epistemic, cultural, axiological and ontological frameworks that were used and are still being used to base the current matrix of neocolonial domination.
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Nuclear, biological and chemical (NBC) weapons have been elevated as a major issue of international concern in the post-Cold War era. As early as 9 February 1989, President George Bush claimed that the spread and ‘even use of sophisticated weaponry threatens global security as never before. Chemical weapons must be banned from the face of the earth, never to be used again.…And, the spread of nuclear weapons must be stopped.’1 US Intelligence and Pentagon officials amplified these concerns in their Congressional testimony; Judge William Webster, then Director of the Central Intelligence Agency (CIA), warned that ‘the odds on use [of nuclear weapons and ballistic missiles] are growing as more countries develop the technologies to settle old scores’.2 These anxieties were compounded by the Gulf War (1991), the belated admission by President Boris Yeltsin of the covert biological warfare programme of the former Soviet Union (February 1992), and the subsequent revelations about the extent of the Iraqi NBC programmes.3 The Clinton administration sustained this concern. It described nonproliferation as ‘one of our nation’s highest priorities’,4 and a succession of CIA directors – Robert Gates, R. James Woolsey and Dr John Deutch – testified to ‘a steady and worrisome growth in the proliferation of advanced weapons’; to the ‘recent’ emergence of the proliferation issue with its ‘serious and far-reaching implications for global and regional security’; and to ‘the proliferation of weapons of mass destruction and advanced conventional weapon systems’ as posing ‘the gravest threat to national security and to world stability’.5
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The main theme of Chapter 7 was ‘dealing with diversity’ — the moral and professional requirement to recognise and respond to the significant differences of culture, language, gender, and so on. These differences are important aspects of interpersonal interactions, for without due sensitivity to their differences the potential for effective and appropriate interactions is seriously reduced.