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Abstract and Figures

This article discusses the limitations faced when studying corruption as a generic phenomenon that can be meas-ured. Being corruption an umbrella concept that tries with varying degrees of success to encompass very diverse practices and acts, the challenges for its measurement are great. Based on the analysis of a select group of interna-tional and Mexican measurement strategies, it is argued that there is heterogeneity of objectives and conceptu-alizations in them. To understand this, we compare these measurements under a multiple correspondence analysis, which allows us to observe the relationship between the closest categories contemplated in the indexes according to their methodological aspects. Finally, we discuss the challenges that are faced to strengthen future measure-ment strategies, probably by being more focalized and so, methodologically observing more clearly specified practic-es and acts.Key words: corruption; corruption measure indexes; me-thodology for measuring corruption.
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REALIDAD, DATOS Y ESPACIO REVISTA INTERNACIONAL DE ESTADÍSTICA Y GEOGRAFÍA
* Centro de Inve stigación y Docen cia Económicas, AC (CIDE ), david.arellano@c ide.edu
** Facultad L atinoamerica na de Ciencias Soci ales (FLACSO) México, f flores@ flacso.edu. mx
*** Est udiante de docto rado en la Universid ad de Illinois, Chica go, jscnch2@uic.e du
David Arellano Gault,* Ulises Flores Llanos** y José Antonio Sánchez Cetina***
Methodologies for Corruption
Measuring: a Comparative Analysis
Análisis
comparativo
de metodologías utilizadas
para la medición de
la corrupción
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Vol. 10, Núm. 1, enero-abril, 2019.
Motivación de negocios/Ja_inter/Getty Images
Recibido: 8 d e marzo de 2018.
Aceptado: 14 de octubre de 2018.
El artículo discute las limitaciones que se enfrentan
al estudiar la corrupción como un fenómeno genéri-
co que se puede medir. Éste es un concepto paraguas
que intenta, con diversos grados de éxito, englobar
diferentes prácticas y actos, los retos para su estima-
ción son grandes. A partir del análisis de un grupo
selecto de estrategias de medición tanto internacio-
nales como otras creadas en México, se sostiene que
hay una heterogeneidad de objetivos y conceptuali-
zaciones en ellas. Para comprender esto, se comparan
esas mediciones bajo un análisis de correspondencias
múltiples, el cual nos permite observar la relación
entre categorías más cercanas que contemplan los
índices en sus aspectos metodológicos. Por último,
se discuten los retos que se enfrentan para fortalecer
en el futuro las estrategias de medición, probable-
mente a través de ser más focalizadas, por lo tanto,
observando de forma metodológica prácticas y actos
especificados con más claridad.
Palabras clave: corrupción; indicadores de corrup-
ción; métodos de medición de corrupción.
This article discusses the limitations faced when studying
corruption as a generic phenomenon that can be meas-
ured. Being corruption an umbrella concept that tries with
varying degrees of success to encompass very diverse
practices and acts, the challenges for its measurement are
great. Based on the analysis of a select group of interna-
tional and Mexican measurement strategies, it is argued
that there is heterogeneity of objectives and conceptu-
alizations in them. To understand this, we compare these
measurements under a multiple correspondence analysis,
which allows us to observe the relationship between the
closest categories contemplated in the indexes according
to their methodological aspects. Finally, we discuss the
challenges that are faced to strengthen future measure-
ment strategies, probably by being more focalized and so,
methodologically observing more clearly specified practic-
es and acts.
Key words: corruption; corruption measure indexes; me-
thodology for measuring corruption.
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REALIDAD, DATOS Y ESPACIO REVISTA INTERNACIONAL DE ESTADÍSTICA Y GEOGRAFÍA
Introducción
La corrupción es un problema presente en las
sociedades contemporáneas para el cual existe
un claro consenso, al menos en lo que se refiere
a la gravedad de sus consecuencias y en la nece-
sidad de combatirlo. Sin embargo, partiendo del
principio de que aquello que se puede medir es
más probable que se pueda comprender y, por lo
tanto, enfrentar, sería también posible considerar
que, sin formas al menos básicamente adecuadas
de medición de un suceso, el poder comprenderlo
y enfrentarlo se hace más difícil. La corrupción es
un fenómeno (o más bien, un conjunto de éstos)
que ha sido en particular resistente a ser medible.
Parece entonces necesario analizar y discutir de
manera más concreta las diferentes estrategias
de medición que se han intentado y qué elemen-
tos metodológicos las caracterizan tanto en los es-
fuerzos a nivel internacional como nacional.
La primera dificultad para medirla es obvia: los
actos que la caracterizan suelen ser ocultos, ya
sea porque las personas involucradas no desean
ser observadas y luego castigadas o porque la tra-
ma en la que los actos de corrupción se generan
puede estar basada en una sofisticada estrategia
de ocultamiento y engaño para que los posibles
observadores de la situación no sepan lo que está
pasando en realidad. Esta explicación arroja más
luz de lo que aparenta, sobre todo en el modo en
que hasta ahora se ha tratado de medir dicho fe-
nómeno. Si un acto de esta índole es identificado
y, de cierta forma, calificado y contabilizado, cuan-
do se detecta o se conocen algunas pistas de su
ocurrencia resulta lógico advertir que habrá un
número y tamaño de hechos de los cuales no se
conoce nada y, dado el éxito en mantenerse ocul-
tos, no son contabilizados ni estudiados de algu-
na forma. Además, si ha habido una estrategia de
ocultamiento, cualquiera que intente comprender
lo que sucedió requiere pagar un alto costo para
analizarla y descubrirla, todo con el fin de desen-
mascararla. Cuestión que, técnicamente, puede
ser especializada y costosa, como sucede de for-
ma clara con el análisis de los fraudes en todas sus
variedades.
Medir la corrupción resulta, entonces, una tarea
de múltiples dificultades y es una estrategia nece-
saria, pero que sufrirá de limitaciones. La utilidad
o no de las mediciones puede ser una manera ra-
zonable de acercarse a la discusión. Tomando en
cuenta esta perspectiva, el presente documento
tiene como objetivo analizar de forma descriptiva
diversas características metodológicas que tienen
algunos de los índices de corrupción más utiliza-
dos o conocidos.1
El primer apartado busca explorar la dificultad
de definir a la corrupción mediante la concentra-
ción de algunas aproximaciones al término —en
el entendido de que no hay un consenso concre-
to sobre sus características, pero sí sobre su mul-
tiplicidad de manifestaciones—, al mismo tiempo
que hace un repaso de las organizaciones a nivel
internacional que se han involucrado en su medi-
ción, ofreciendo un análisis de algunas de sus ca-
racterísticas y utilidad metodológica. El segundo
punto aborda los desafíos que implica conceptua-
lizar distintas aristas de la corrupción y cómo se ha
intentado medirlas, así como las herramientas e in-
dicadores creados a nivel internacional para su cál-
culo, explicando de manera breve sus limitaciones.
El tercero, relacionado con el anterior, sistematiza
el análisis de los índices de las distintas agencias
que estudian el fenómeno en el mundo y enfati-
za sus fortalezas metodológicas, de modo que el
artículo, en su conjunto, abone a la discusión so-
bre la construcción de herramientas que puedan
medir de mejor manera no solo las consecuencias
e implicaciones de los actos de corrupción, sino
también los procesos y contextos en los que es-
tos hechos se suscitan. Por último, se elabora
un análisis de correspondencias múltiples entre
las diversas características metodológicas encon-
tradas en los índices tanto a nivel nacional como
internacional con el fin de resaltar las que se rela-
cionan más.
1 Esta investigación y sus criterios analíticos fueron ampliamente discutidos y son
derivados de una investigación en el marco de la convocatoria de Proyectos INEGI-
CONACYT para generar un análisis comparativo de índices y datos de corrupción a
nivel internacional. El presente artículo es una síntesis del trabajo y revisión de los
documentos, metodologías y revisiones conceptuales elaborados para dicho proyecto.
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Vol. 10, Núm. 1, enero-abril, 2019.
Complejidad del término y
su relevancia como problema
global y local
Como ya se explicó, la corrupción es un fenómeno
presente en todo el mundo cuya naturaleza oculta
hace difícil no solo su identificación sino medir sus
dimensiones y grado de arraigo en determinadas
sociedades, contextos y organizaciones. La idea
principal sobre la cual se apoya este documento es
que la complejidad de definir la corrupción guber-
namental a nivel local y global, así como la natura-
leza oculta de tales actos son elementos que han
dificultado su entendimiento, medición y posterior
combate. De ahí que en este primer apartado se
explore la manera como se ha entendido el fenó-
meno a nivel internacional, en un primer momen-
to y las principales organizaciones que tratan de
medirlo.
Concepto sobrecargado de retórica
Los intentos por caracterizar y definir la corrupción
no son recientes ni han sido pocos. Sin embargo,
esta búsqueda ha probado ser compleja; parece
existir un mayor número de metáforas y ejemplos
que de aproximaciones conceptuales al término.
La comparación de la corrupción con malestares
clínicos, enfermedades e, incluso, herencias de ca-
rácter genético es uno de los ejercicios más cono-
cidos para explicar el tema (Arellano y Hernández,
2016). Aunque llamativos, estos recursos terminan
solo por confundir sus posibles consecuencias sin
realmente ahondar en sus causas, múltiples mani-
festaciones y dificultades para medirlas y caracterizar-
las. Por ejemplo, al tratar de explicar a la corrupción
como un cáncer sistémico o social, la figura está
centrada usualmente en las implicaciones de su
existencia o en sus consecuencias negativas, del
mismo modo que puede hablarse de manera su-
perficial de una enfermedad detallando los sínto-
mas, pero no las causas.
Distintas organizaciones a nivel internacional
han tratado de escapar de esta sobrecarga de re-
tórica para definir al fenómeno y, aunque no existe
aún consenso pleno en la dinámica, significado,
variantes e implicaciones de la corrupción, pueden
enlistarse algunas características comunes entre
las definiciones elaboradas. El objetivo de reunir
estos conceptos es identificar, en un apartado pos-
terior, desde qué perspectiva se miden tales con-
ceptualizaciones y qué elementos quedan fuera o
no son susceptibles de calificar.
Probablemente, fue Joseph Nye (1967) uno de
los primeros en definir la corrupción: …un com-
portamiento que desvía los deberes formales de
un rol público debido al sentido pecuniario priva-
do (personal, familia cercana, camarilla privada)
del estatus de ganancias o que viola las reglas del
ejercicio del deber contra ciertos tipos de influen-
cia privada…. Esta definición fue retomada des-
pués por Susan Rose Ackerman (1978) y, más tarde,
por diversos organismos, como la Agencia de los
Estados Unidos para el Desarrollo Internacional
(USAID, por sus siglas en inglés) y el Banco Mundial,
para sintetizarla de forma más elemental pero útil,
acotando su naturaleza y los posibles actores in-
volucrados en un acto de corrupción, quedando
como: …el abuso de un puesto público para el
beneficio privado…, la cual implica que, quien in-
curra en el acto debe estar investido por un cargo
público y emplear los medios o recursos que el
puesto contiene para satisfacer intereses privados.
Por su parte, Transparencia Internacional (TI)
emitió, un año más tarde, una definición similar a
la antes comentada integrando a la misma que la
manera en que se satisfacen intereses privados es
mediante el mal uso del poder conferido (TI, 2000).
Esta conceptualización agrega complejidad a la
discusión pues trae a colación términos abstrac-
tos y relativamente subjetivos como mal y poder.
En tanto, el Banco Interamericano de Desarrollo
(BID, 2001) no solo ahonda en la definición expli-
cando que estos actos pueden tener fines propios,
sino que también pueden ser realizados a pedido
y en favor de terceros, y comienza con la categori-
zación o identificación de determinados actos que
pueden calificarse como corruptos (extorsión, so-
borno, uso inadecuado de información o bienes y
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REALIDAD, DATOS Y ESPACIO REVISTA INTERNACIONAL DE ESTADÍSTICA Y GEOGRAFÍA
tráfico de influencias). La intención de categorizar
o enlistar estas tipologías del fenómeno es reto-
mada también por la Organización de las Naciones
Unidas (ONU, 2003), agregando la malversación de
fondos, el fraude y el nepotismo como vertientes
de la corrupción.
Tratar de medir la corrupción mediante sus ex-
presiones prácticas tiene, además, la intención de
dotar de contenido a las acciones jurídicas en su
contra, ya que tales manifestaciones correspon-
den a prácticas que los Estados pueden tipificar en
sus jurisdicciones nacionales, incluso si no existe
un consenso generalizado en el concepto marco
de la corrupción. Prueba de ello es el listado de
prácticas de la Convención de las Naciones Unidas
Contra la Corrupción (OAA, 2007; ONU, 2004), que
comprende soborno, malversación o peculado de
recursos públicos o privados, tráfico de influen-
cias, abuso de funciones, enriquecimiento ilícito,
lavado de dinero, encubrimiento y obstrucción de
la justicia. Una clasificación de este tipo permite
que los grupos de cooperación internacional de
los Estados —también llamados taskforces— lle-
guen al menos a un consenso en las actividades
ilícitas que sancionarán y en cómo entienden tales
prácticas.
Aunque resulta operativamente satisfactoria, la
comprensión de la corrupción solo por sus manifes-
taciones específicas resulta insuficiente para detallar
su naturaleza y proponer mecanismos que lo com-
batan. Existen enfoques que, poniendo al centro al
individuo o a la organización y desde perspectivas
más económicas o burocráticas, abordan el fenó-
meno enriqueciendo la visión de en qué contexto
surge, pero a la vez complejizando el estudio de sus
causas y consecuencias basándose en el comporta-
miento de los actores en estas dinámicas (Mungiu-
Pippidi, 2015; Arellano y Hernández, 2016).
Una vez que han sido explicadas algunas aproxi-
maciones conceptuales a la corrupción y repasado
las clasificaciones que han surgido de modo que
pueda operativizarse y, sobre todo, perseguirse de
manera judicial, es pertinente retomar el asunto
de la importancia de estudiar el fenómeno por las
repercusiones que tiene. Al igual que con su con-
ceptualización, no existe un consenso general de
los efectos de la corrupción, en parte porque su
alcance es muy diverso y puede cobrar dimensio-
nes considerables. El siguiente apartado trata el
tema de su relevancia y perfila tres distintos enfo-
ques desde donde puede estudiarse.
¿Qué tan grave es la corrupción y desde
dónde puede abordarse de manera
integral?
Ya se comentó el lugar común de comparar a la
corrupción con una serie de malestares clínicos.
Así como en la conceptualización, el estereotipo
comparativo adolece también de ambigüedad y
resulta poco útil cuando se trata de identificar los
efectos reales de la corrupción. Partiendo del en-
tendido de que se trata de un problema público,
conviene aclarar que sus repercusiones van más
allá de la pérdida de los recursos económicos que
se emplearían para ciertos fines premeditados y se
desviaron hacia otros propósitos. También, convie-
ne destacar que sus efectos no son exclusivamen-
te inmediatos y que, incluso aquéllos de mediano y
largo aliento, suelen convertirse en prácticas institu-
cionalizadas de manera informal (Mungiu-Pippidi,
2015). Su ámbito de impacto, del mismo modo, no
es solo el propio del desarrollo económico.
La corrupción afecta a las tres esferas de acción
que se desarrollan en líneas sucesivas: individual,
organizacional y sistémico. De forma recíproca,
éstas reducen la efectividad de un individuo para
realizar metas colectivas y afectan en el plano in-
dividual a todos aquellos que dejan de percibir
un beneficio esperado por la operación de las or-
ganizaciones que no materializan beneficios ante
los hábitos de la práctica corrupta. Repercute, a su
vez, en la efectividad de las organizaciones y en la
legitimidad de los gobiernos, inhibe el desarrollo
económico al desincentivar la inversión y generar
ambientes poco competitivos, al mismo tiempo
que encarece las relaciones sociales (Alcaide, 2004;
Anechiarico, 2010; Rose-Ackerman, 2001; ASF,
2012).
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Vol. 10, Núm. 1, enero-abril, 2019.
Estos elementos sirven como punto de partida
para identificar el impacto y las repercusiones de la
corrupción en los distintos andadores mencionados,
con la intención de conocer algunos enfoques des-
de donde el fenómeno puede estudiarse. Así, dado
el tipo de interacción entre los actores que llevan
a cabo una práctica de corrupción, pueden dife-
renciarse dos tipos de la misma: el primero refiere
a la denominada corrupción extorsiva, entendida
como la relación entre un receptor corrupto de una
dádiva y un oferente activo o corruptor; y la deno-
minada como colusiva, entendida como una re-
lación estable y de mayor duración donde ciertos
acuerdos se han institucionalizado y están basados
en los roles organizacionales de los individuos y
su interacción con agentes externos (Casar, 2015;
Arellano y Hernández, 2015).
El problema que representa la afectación de la
corrupción en tantas y tan diversas aristas radica
en que es difícil medir de qué modo y magnitud las
erosiona. Con ello puede distinguirse con certeza
la multiplicidad de escenarios perjudiciales para el
desarrollo de organizaciones públicas y privadas y
el de las sociedades. Una vez planteados estos ám-
bitos de acción de la corrupción, es posible describir
las características de los enfoques antes enlistados.
Ellos están construidos a partir de lo que se entien-
de por la interacción que trata de identificar cada
uno y, por ende, el tipo de corrupción que emana
de tal relación.
El primero de ellos es el individual y consiste
en colocar a la persona en el centro del análisis.
Plantea, entonces, que los incentivos que un sujeto
identifica lo conducen a maximizar sus beneficios
y minimizar sus costos. Surge si éste maximiza di-
cha utilidad incurriendo en alguna de las prácticas
citadas en el apartado anterior; una corrupción
de carácter extorsivo que encuentra su lógica en
la racionalidad del individuo, quien de manera
oportunista (como lo refiere Mungiu-Pippidi, 2015)
aprovecha la oportunidad para procurarse de be-
neficios que no le corresponden.
El segundo es el enfoque organizacional, que
coloca a la dinámica colectiva en el centro del es-
tudio. Los códigos formales, pero sobre todo los
informales, son importantes y posibilitan la ocu-
rrencia de actos de corrupción. Bajo las reglas es-
tablecidas y a través también de aquellas que se
establecen de manera tácita en la interacción co-
tidiana, surge una corrupción de tipo colusivo, en
la que los actores fundan relaciones de confianza y
cooperación de largo aliento que les permiten no
ser detectados mientras abusan de sus funciones.
Las reglas organizacionales son el punto medular
de análisis de este enfoque, pues a partir de ellas
se sientan las condiciones bajo las cuales surgen
o se contrarrestan actos corruptos.
Por último, está el sistémico, el cual parte de la
premisa de que el fenómeno ha permeado todas
las interacciones y se ha convertido en una práctica
común e institucionalizada. A diferencia del orga-
nizacional, éste postula que las reglas informales
rebasan con creces a las formales y la corrupción
colusiva es, como suele decirse, el aceite que lubrica
todas las relaciones en el sistema.
Como puede entenderse, se trata de tres aproxi-
maciones que, aun cuando tienen algunas seme-
janzas, parten de puntos distintos y, sobre todo,
centran como eje de análisis y de acción de combate
a diferentes actores (el individuo, la organización y el
sistema en general). Esta conceptualización, aunque
complejiza más el estudio de la corrupción como
un fenómeno de manifestaciones y efectos diversos,
arroja luz sobre los elementos que: pueden medirse
de la corrupción y los factores a considerar para su
definición y control.
Desde la definición clásica de corrupción
que establece que dichas prácticas se basan en
el abuso del poder público para la obtención
de beneficios privados (Rose-Ackerman, 1999),
ésta se ha convertido en uno de los temas fun-
damentales a resolver, sobre todo en contextos
democráticos, ya que la elección libre de los gober-
nantes y la expectativa generada por el respeto
a la legalidad, el mandato de la mayoría y los
sistemas de pesos y contrapesos parecen poner
mayores expectativas en las acciones y los resul-
tados gubernamentales.
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REALIDAD, DATOS Y ESPACIO REVISTA INTERNACIONAL DE ESTADÍSTICA Y GEOGRAFÍA
A partir de la década de los 80, diversos orga-
nismos internacionales pusieron la atención en el
tema de la corrupción en los países. Dichas me-
diciones centraron su interés en medidas que in-
tentaban recabar la mayor información posible del
fenómeno a escala nacional, intentando producir
índices que reflejaran una aproximación a la me-
dición del fenómeno, sin dilucidar aún la compleji-
dad de sus manifestaciones.
Algunos estudios sobre la corrupción (Ades
y DiTella 1996; Rose-Ackerman, 1999; Johnston,
2005; Treisman, 2007; Howthorne, 2015) han consi-
derado diversas variables como causantes de ésta,
o bien, al menos relacionadas con una alta per-
cepción de corrupción. Se puede decir, de inicio,
que los indicadores que basan sus resultados en
la percepción del problema tienen el gran defecto
de indagar sobre las relaciones que guarda la per-
cepción del tema, pero no del problema en sí. Este
proxi (el más utilizado por diversos estudios) ha
planteado relaciones entre variables que se com-
portan de diversas formas y que no han permitido
un análisis adecuado de su origen, incluso en al-
gunas confundiendo causas o sus posibles efectos,
pero siempre sobre la base de tres dimensiones: las
afectaciones de carácter económico, las sociocul-
turales-históricas o las político-administrativas.
Preguntarle a la gente sobre la corrupción es
asumir una multiplicidad de sentidos del concepto
(Donchev, 2009). Implica asumir que las personas
observan el abuso que políticos(as) y funciona-
rios(as) hacen de las arcas de gobierno; a expensas
de la afectación hecha hacia los beneficios poten-
ciales que se hubiesen efectuado en la ciudadanía,
pero implica, también, el desconcierto ocasionado
en la mente de los(las) ciudadanos(as) que exigen
mayor calidad gubernamental, considerando justi-
ficada en diversos momentos la acción del cohe-
cho como parte de un mecanismo que intentaría
paliar las deficiencias gubernamentales.
Algo que resalta en los análisis que utilizan los
diversos índices de corrupción existentes a nivel
internacional es el importante papel que juegan
los efectos de la corrupción y los contextos espe-
cíficos donde se desarrolla. Estos últimos acentúan
las formas y tipologías en las que ocurre, haciendo
necesaria la conformación de mediciones más es-
pecíficas, pero rescatando la experiencia previa de
las sistemáticas y las consideraciones metodológi-
cas que hay al momento.
Por ello, se decidió analizar los criterios meto-
dológicos de los diversos indicadores de corrup-
ción con el fin de obtener un panorama que no
ha sido del todo especificado en los estudios que
elaboran comparaciones de las diversas medicio-
nes de corrupción, sobre todo a nivel internacional.
De forma adicional, se añaden diversas fuentes de
información a nivel nacional bajo los mismos crite-
rios con el propósito de ubicarlos en perspectiva,
comparadas con los otros indicadores. Para ello, se
establece un análisis gráfico de correspondencias
múltiples con el objetivo de hacerlo más fácil.
¿Qué se puede medir y qué no de la
corrupción?
Los indicadores o instrumentos de medición2 con-
siderados en la elaboración de esta investigación
fueron: Latinobarómetro; el índice de percep-
ción de la corrupción (IPC) de TI; el estimado de
control de la corrupción (ECC) del Banco Mundial;
el índice de fuentes de soborno (IFS); el índice glo-
bal de competitividad (IGC); el índice latinoame-
ricano de transparencia presupuestaria (ILTP); el
Bertelsmann Stiftung Index (BSI); el Reporte de inte-
gridad global (RIG) (Global Integrity Report); el índice
nacional de corrupción y buen gobierno (INCBG)
de Transparencia Mexicana; el índice de competi-
tividad estatal (ICE) del Instituto Mexicano para la
Competitividad, AC (IMCO); el índice de presupues-
to abierto (IPA) (Open Budget Index); el Barómetro
Global de la Corrupción (BGC) de TI; la Encuesta
Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental
2 En el caso de instrumentos de medición (como diversas encuestas mencionadas en
este documento), se hizo un análisis de los reactivos que preguntan sobre corrupción,
considerando si éstos medían percepción de corrupción, frecuencias, cantidad de dinero
o construcción de un índice agregado de información y la forma en la que lo hacían.
En este trabajo solo se pone el nombre principal de la fuente de datos analizada.
Sugerimos, por lo tanto, ver el informe f inal para mayores detalles. Por economía de
lenguaje se utiliza la palabra indicadores, por ser la más utilizada en estudios similares.
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Vol. 10, Núm. 1, enero-abril, 2019.
(ENCIG) del Instituto Nacional de Estadística y
Geografía (INEGI); el Informe global de la corrup-
ción (IGC); la Encuesta Nacional de Victimización de
Empresas (ENVE) del INEGI; Los mexicanos vistos por
sí mismos de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM)3 y el Country Policy and Institutional
Assessment (CPIA) del Banco Mundial.4
La periodicidad con la que son realizados los re-
portes varía: 10 son de forma anual, mientras que
seis son bianuales y cuatro no han tenido regulari-
dad;5 el único que se ha llevado a cabo en una sola
ocasión es el estudio de la UNAM, que comenzó en
el 2015 (Arellano et al., 2016).
Con base en la información anterior, se hizo el
estudio de gabinete de estos 21 indicadores dis-
ponibles a nivel nacional e internacional que mi-
den algún tipo de corrupción, consistente en la
revisión de metodologías, cuestionarios, bases de
datos e informes de resultados, entre otros docu-
mentos que detallan las técnicas de recolección de
datos y medición. De ellos, 11 son de instituciones
extranjeras con muestras de países a nivel mundial
y seis de nacionales, todas focalizadas en el caso
mexicano. La idea es contrastar los elementos en
común que poseen las mediciones de corrupción
en el mundo, con las que se desarrollan en México.
Se consideraron diferentes tipos de corrupción:
peculado, colusión, malversación de fondos y cohe-
cho, entre otros, encontrándose una gran concen-
tración en solo algunos de ellos, que se sintetizan
más adelante. Se tomaron los resultados de los di-
versos indicadores comprendidos de 1995 al 2015,
sin embargo, aquí no se analizan los resultados de
manera longitudinal (que son detallados en el in-
forme del que se deriva este artículo), sino el resul-
tado general de las metodologías empleadas.
3 En parti cular la Encuesta N acional de Corrup ción y Cultura de la Le galidad.
4 El informe f inal contempla 21 índices o instrumentos de medición analizados; sin
embargo, par a cuando se terminó e ste artículo, la mat riz más completa de in formación
la constit uían estos 17.
5 Los estim adores de forma anual s on el ECC, el BGC, el IPC, el IG C, el Latinobaróme tro, el
índice global de competitividad, el CPIA y el RIG. Las mediciones con una periodicidad
bianual son la ENCIG, la ENVE, el ICE, el IPA y el ILTP. Finalmente, los que han sido
report ados en periodos i rregulares han si do el IFS, el INCBG y el RIG.
Se definieron varias características metodológi-
cas con el fin de medir su fortaleza y establecer una
clasificación general para compararlos. Para ello, se
eligieron los siguientes atributos sobre los cuales
se construye el índice, o bien, se elabora la medi-
ción de corrupción propuesta:
Verificabilidad. Consiste en analizar si está
disponible la información necesaria para
replicar el método de cálculo del indicador, o
bien, comprobar los resultados; se define con
una escala de alta, media y baja.
• Claridad. Establece un criterio que evalúa si
el indicador es claro en su construcción de
acuerdo con el concepto; si éste señala la
forma en la que fue construido sobre la base
de la definición empleada.
Precisión. Establece una medición certera (que
el indicador refleja de manera exhaustiva) de
lo que caracteriza al fenómeno, sobre todo en
repetidas observaciones.
Exclusión. Consiste en saber si el indicador
representa o no un aspecto específico del
fenómeno, o bien, si traslapa o confunde
algunos aspectos, tipos o dimensiones.
Oportunidad. Implica una valoración
respecto a si el indicador está disponible
en el momento adecuado para informar de
decisiones de políticas.
Grado de relación que guarda el indicador
con respecto a la medición de corrupción, es
decir, si éste puede considerarse como una
medición de algún tipo de corrupción o
está relacionado con la percepción o si no
guarda relación directa con el fenómeno. Se
clasificó como alta, baja o media.
En general, a cada atributo definido se le esta-
bleció una medición categórica ordinal (alta, baja o
media), salvo cuando éste es nominal, donde solo
se menciona si tiene o no la característica.
Para hacer el análisis (y dado que son pocos da-
tos), se eligió elaborar uno de carácter descriptivo
basado en la asociación entre categorías que per-
mite, en este caso, el análisis de correspondencias
múltiples. Este trabajo tiene por objetivo reducir
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REALIDAD, DATOS Y ESPACIO REVISTA INTERNACIONAL DE ESTADÍSTICA Y GEOGRAFÍA
dimensionalmente las categorías de las variables
de tablas cruzadas de información desde 2 x 2 has-
ta n x n, siempre que exista información disponible
en las celdas. Esto sirve para establecer medidas de
asociación llamadas perfiles, que ponderan los pe-
sos relativos de las filas y las columnas, de tal forma
que las medidas resultantes se asocien a partir de
las frecuencias relativas de las variables restantes
(Greenacre, 1993).
Uno de los objetivos principales es poder ma-
pear en un gráfico los resultados de la reducción
dimensional. Esto facilita la interpretación de las
asociaciones entre categorías y establece, al me-
nos, una reducción de dos dimensiones que in-
tentan acumular la mayor varianza explicada, así
como la distribución más acorde con el conjunto
de relaciones entre las categorías de las variables
(Blasius, 2011).
Se presentan, en primer lugar, algunas gráficas
con estadísticos descriptivos de las variables con-
sideradas. Después, se muestran los resultados de
las inercias resultantes del modelo y de cada una
de las dos dimensiones; se indican cuáles tienen
mayor peso. Más adelante, se presenta el gráfico de
correspondencias, con las interpretaciones en tér-
minos de la agrupación resultante; se informan los
resultados generales del modelo y la distribución
del gráfico para observar, de manera más fácil, qué
indicadores se relacionan con qué niveles de las ca-
tegorías consideradas. A continuación, se presen-
tan los gráficos de las proporciones obtenidas en
cada indicador para después mostrar los resulta-
dos del modelo general de correspondencias que
considera los 17 indicadores señalados.
Principales resultados de
indicadores comparados de
corrupción
El porcentaje de indicadores que, en general, mos-
traron si se establecía con claridad la medición
realizada se observa en la gráfica 1. En ella se ve
que poco más de dos terceras partes de los indica-
dores estudiados poseen claridad conceptual. Sin
embargo, una tercera parte muestra que no defi-
nen de manera correcta el concepto de corrupción.
Uno de los problemas observados fue que las defi-
niciones utilizadas eran inexactas o confusas.
Gráfica 1 Indicador de claridad conceptual
(porcentajes)
Gráfica 2
Posibilidad de verificar el indicador
(porcentajes)
Fuente: elaboración propia.
Respecto al indicador de verificación que se ob-
serva en la gráfica 2, se aprecia que la mitad de
los indicadores son de acceso libre a sus bases
de datos e información de carácter metodológico,
lo cual da posibilidad de verificar sus resultados.
Esto es importante ya que, en muchas ocasiones,
Fuente: elaboración propia.
35.3
0 20 40
%
60
No Sí
64.7
35.3
11.8
0 2010 4030
%
50
Baja Media Alta
52.9
39
Vol. 10, Núm. 1, enero-abril, 2019.
no se tiene la posibilidad de entender el indicador
y elaborar otro tipo de estudios, pues la informa-
ción no está disponible, como ocurre en 35.3% de
los indicadores que poseen disponibilidad de veri-
ficación baja.
En lo que se refiere al indicador de precisión de
la gráfica 3 se observa que 50% de los indicado-
res posee precisión media, sin menospreciar que
43.8% tiene alta y solo 6.2%, baja. Esto quiere decir
que la precisión conceptual, aunque se reporta alta
en varios indicadores, en más de la mitad (56.2%)
puede llegar a tener algunos problemas y no ser
tan precisa como pudiese esperarse.
que en 23.5% es de media y 35.3% tiene un grado
bajo,6 esto es porque diversos indicadores miden
la corrupción como parte de un problema en con-
texto, es decir, del funcionamiento del gobierno o
la economía y no propiamente como una manifes-
tación directa. Las mediciones indirectas o que no
6 Las cifras están redondeadas.
Gráfica 3
Nivel de precisión de los indicadores
(porcentajes)
Gráfica 4 Indicador de oportunidad
(porcentajes)
Gráfica 5 Indicador de grado de relación
(porcentajes)
Fuente: elaboración propia.
En la gráfica 4 se muestra el porcentaje de indica-
dores que pueden estar disponibles como insumos
de información para el diseño o recomendacio-
nes de políticas. Como se puede observar, la mi-
tad presenta una oportunidad alta, mientras que
35.7%, una media y solo 14.3% de ellos, baja. En
general, se aprecia que la mayoría de los indicado-
res puede presentar ventajas para la toma de deci-
siones con información oportuna y útil.
Por su parte, en la variable del grado de rela-
ción con la corrupción presentada en la gráfica 5,
se tiene que 41.2% cuenta con una alta, mientras
Fuente: elaboración propia.
Fuente: elaboración propia
6.2
11.8
0 2010 4030
%
50
Baja Media Alta
43.8
50.0
14.3
0 2010 4030
%
50
Baja Media Alta
50.0
35.7
35.3
0 2010 4030
%
Baja Media Alta
41.2
23.5
40
REALIDAD, DATOS Y ESPACIO REVISTA INTERNACIONAL DE ESTADÍSTICA Y GEOGRAFÍA
tienen tanta relación es porque no es el objetivo
primario de las investigaciones y, por lo tanto, uti-
lizan definiciones más ambiguas o generales para
su medición.
Por último, el indicador de exclusión presenta
resultados solo de media y baja en los indicadores
analizados (ver gráfica 6). En general, dada la com-
plejidad del concepto y sus diversas manifestaciones,
es difícil hallar un indicador que tenga un grado de
exclusión alta, ya que las preguntas no suelen in-
dagar en manifestaciones específicas del fenóme-
no por diversas razones, una de ellas podría ser la
practicidad; otra, la familiaridad con la que la gente
pudiera entender el nivel de desagregación en tipos
de corrupción.
En la gráfica 6 se observa que 52.9% de los indi-
cadores posee un grado de exclusión media, mien-
tras que 47.1% tiene uno bajo. En correspondencia
con lo anteriormente mencionado, se puede decir
que el grado de especificidad en los tipos de co-
rrupción puede resultar en una tarea complicada
de cumplir para obtener mediciones más focaliza-
das de manera conceptual.
En el cuadro se aprecian los resultados del
Modelo de Correspondencias Múltiples, donde se
ve que, de forma general, se reiteran las caracte-
rísticas del descriptivo antes expuesto, o sea, se
puede decir que los indicadores de manera general
son claros, con alta verificabilidad, precisión media,
una baja exclusión conceptual, oportunidad alta
de utilización y grado alto. De ello, en las dos di-
mensiones formadas, las que más contribuyen a
la formación clara de las dimensiones son la cate-
goría de oportunidad, precisión y grado, dados los
valores de sus inercias. De estas tres categorías se
observa que logran diferenciar dimensionalmente
entre aquellos índices con calificación baja de los
que tienen una alta y media. Destaca que los ín-
dices donde la calificación es baja en las caracte-
rísticas de precisión, oportunidad y grado están
agrupadas en la dimensión 1, mientras que en la 2
se agrupan más en torno a las de grado, oportuni-
dad y exclusión en las categorías media y alta.
Con los resultados obtenidos se formó la gráfi-
ca 7, donde se observa que la dimensión 1 acumu-
la poco más de la mitad del porcentaje de varianza
explicada, mientras que la 2 suma 21.6% de ésta,
dando un total de 72.2% de varianza explicada;
además, se forman dos grupos distinguibles de
manera regular: los del círculo rojo, que se caracte-
rizan por una calificación media en las distintas ca-
tegorías de análisis y los del azul que cuentan con
valores altos en la mayoría de ellas, las que presen-
tan un resultado bajo se encuentran más dispersas,
dentro de las cuales resaltan los índices del Global
Integrity Report (GIR) y el elaborado por el IMCO.
Los correspondientes al grupo en el círculo rojo
obtuvieron calificaciones de cumplimiento meto-
dológico medio en: grado de relación, oportuni-
dad, exclusión y verificación, mientras que en el
del grupo azul, la precisión se encuentra con rango
alto, al igual que las variables de verificación, gra-
do y oportunidad, mientras que precisión aparece
en media y la de claridad obtuvo una clasificación
positiva. Lo anterior hace que el grupo del círculo
azul sea el de las mejores evaluaciones metodoló-
gicas. En él se encuentran los índices de TI, el del
Banco Mundial y el de la UNAM. En lo que res-
Gráfica 6 Indicador de exclusión
(porcentajes)
Fuente: elaboración propia.
47.1
0 2010 40 5030
%
Baja Media
52.9
41
Vol. 10, Núm. 1, enero-abril, 2019.
Cuadro Resultados del Modelo de Correspondencias Múltiples
Nota: las variables id y tipo_1R se introdujeron como suplementarias con el fin de que se pudiera visualizar su posición en el gráfico, pero de forma tal que no influyeran en los resultados de la
formación de dimensiones; la variable id identifica el índice y la tipo_1R, el tipo de corrupción en el que se centran los indicadores respectivos. %inert es el porcentaje de inercia explicada de
cada categoría sobre todo el modelo; contrib. es la contribución de cada categoría en la dimensión respectiva (para más detalles, ver Greenacre, 1993).
Fuente: elaboración propia.
Overall Dimensión 1 Dimensión 2
Categorías mass quality %inert coord. sqcorr. contrib. coord. sqcorr. contrib.
Claridad  
No 0.064 0.669 0.045 0.66 0.312 0.028 1.082 0.358 0.075
0.103 0.669 0.028 -0.413 0.312 0.017 -0.676 0.358 0.047
Verificabilidad  
Baja 0.038 0.836 0.066 1.625 0.783 0.102 -0.646 0.053 0.016
Media 0.026 0.164 0.057 0.455 0.047 0.005 1.095 0.116 0.031
Alta 0.103 0.827 0.033 -0.723 0.826 0.054 -0.031 0.001 0.000
Precisión  
Baja 0.013 0.803 0.151 4.303 0.793 0.237 0.711 0.009 0.006
Media 0.103 0.419 0.021 -0.044 0.005 0.000 -0.624 0.414 0.040
Alta 0.051 0.682 0.056 -0.987 0.454 0.050 1.071 0.228 0.059
Exclusión  
Baja 0.103 0.668 0.032 0.435 0.31 0.019 -0.714 0.358 0.052
Media 0.064 0.668 0.051 -0.695 0.31 0.031 1.142 0.358 0.084
Oportunidad  
Baja 0.013 0.803 0.151 4.303 0.793 0.237 0.711 0.009 0.006
Media 0.064 0.675 0.058 -0.463 0.12 0.014 1.519 0.554 0.148
Alta 0.09 0.705 0.044 -0.284 0.084 0.007 -1.186 0.621 0.126
Grado  
Baja 0.026 0.822 0.104 2.541 0.803 0.166 0.6 0.019 0.009
Media 0.051 0.79 0.059 -0.622 0.170 0.020 1.815 0.619 0.169
Alta 0.09 0.765 0.045 -0.37 0.138 0.012 -1.209 0.627 0.131
Gráfica 7 Correspondencias múltiples pecta a los del círculo rojo, con evaluación media
se encuentran los de la ENCIG y la ENVE, el de la
fundación Bertelsmann, Latinobarómetro y el de
Transparencia Mexicana.
Por otra parte, los índices que quedan fuera de
ambos círculos son el del IMCO y el GIR, donde se
dispersan y se distribuyen más las notas bajas. Los
tipos de corrupción que son captados en mayor
medida por el círculo azul son los de enriqueci-
miento ilícito y colusión, mientras que el cohe-
cho y el peculado quedan entre ambos círculos.
Observando con mayor detenimiento los resulta-
dos de evaluación media, los indicadores o instru-
dimensión 2 (21.6%)
-2
-2 0 2 4 6
0 2 4-4
dimensión 1 (50.6%)
+ No
+ Alta
+ Media
+ inegi_enve
+ inegi_encig
cohecho
enriq_ilic
+ UNAM_iij
+ TI_cpi
+ id
+ Berteismann-
+ Media
+ Media
+ Oportunidad
+ Media
+ Precisión
+ Baja
+ Exclusión
+ Baja
+ Baja
+ Grado
+ Baja
+ Media
+ Veric+ Claridad
+ TM_incbg
+ imco + GIR
+ LatBar
+ Alta
+ Alta
+
peculado
Tipo_1R
colusión
+ TI_rg
+ Alta
Supplementary (passive) variables: id tipo_1R coordinates in standar normalization
+ TI_rg
+WB_sec
Fuente: elaboración propia.
42
REALIDAD, DATOS Y ESPACIO REVISTA INTERNACIONAL DE ESTADÍSTICA Y GEOGRAFÍA
mentos de medición que se encuentran en ambos
círculos se asocian en mayor medida con el cohe-
cho, por eso el resultado final se coloca en medio
de ambos grupos.
Conclusiones
La corrupción, parece cada vez más claro, es un
concepto paraguas que intenta, de manera poco
exitosa en general, contener de forma congruen-
te un grupo heterogéneo de prácticas, actos y su-
cesos que no solo suelen desarrollarse de manera
oculta, sino que las personas, los grupos e, incluso,
las organizaciones construyen muchas veces estra-
tegias sofisticadas de ocultamiento y engaño, lo
que los hace muy difíciles de observar. Entonces, es
un concepto que engloba prácticas heterogéneas
complicadas de ver y que, incluso observándolas,
son difíciles de catalogar o procesar de manera
contundente como ilegales o indebidas.
Los esfuerzos elaborados a nivel internacional
para su medición son vastos y responden a diver-
sas conceptualizaciones, así como a objetivos de
investigación planteados por las fuentes que reca-
ban la información. Generalizar la medición de un
fenómeno que en diversas formas es contextual,
que posee causas individuales, organizacionales y
sistémicas implica elegir una concepción en parti-
cular de éste.
Los diferentes índices analizados nos han permi-
tido observar las características por las cuales se ha
abordado y estudiado el problema pero, sobre todo,
conocer las características metodológicas mayor-
mente utilizadas, de las cuales se pueden recabar
las experiencias de estudio de diversos organismos;
se puede decir que, en gran medida, los internacio-
nales recaban su información y elaboran sus índices
con criterios metodológicos estandarizados, bien
llevados, dando oportunidad a la verificación de sus
datos en diversos momentos, con claridad concep-
tual; incluso aquellos que muestran una evalua-
ción media poseen diversas ventajas que deben
ser consideradas para hacer que los estudios lleva-
dos a cabo en el tema sean pertinentes.
De esta investigación resalta el hecho de que la
mayoría de los índices a nivel internacional privilegian
las mediciones de la corrupción como cohecho, enri-
quecimiento ilícito y colusión. Dado que el espec-
tro de tipologías de este fenómeno es muy amplio,
al menos estos tipos en particular son estudiados y
medidos en función de la percepción o el autorre-
porte de los individuos; una gran parte de los estu-
dios prefiere las de percepción. Sin que esto reste
validez a las mediciones de la corrupción, valdría
la pena hacer esfuerzos conjuntos entre las orga-
nizaciones encargadas de esta labor para realizar
otro tipo de cálculos para precisar algunos de los
tipos de corrupción que se manifiestan en el país y
no solo aquellos que mediáticamente tienen mani-
festación en las agendas políticas y administrativas
de éstos.
Las mediciones, entonces, suelen tener un discurso
general, aunque sean en realidad útiles para cues-
tiones más bien específicas, es decir, diversas eva-
luaciones suelen hablar de corrupción en genérico,
pero en el fondo estudian determinadas prácticas
o algunos actos indebidos específicos. Establecer
con claridad cuáles se están analizando y no in-
tentar englobarlos en un concepto de corrupción
genérico puede ser una primera idea que ayude a
la clarificación de los alcances y limitaciones de los
esfuerzos de medición.
Una segunda idea es intentar hacer más explí-
cito el fin de la medición: ¿se quiere en realidad
medir el fenómeno con fines de análisis compa-
rativos, longitudinales, de forma congruente?,
o lo que se intenta es más bien generar opinión
pública, fuerza argumentativa para impulsar a la
sociedad a darle importancia al fenómeno y a la ne-
cesidad de reducirlo. Si es lo primero, lo que vale
la pena entonces no es hablar de corrupción en
genérico, sino puede que sea más adecuado es-
pecificar qué actos específicos se desea medir, de
forma operativa clara y especificada de manera
metodológica; ello permitiría realizar estudios
comparativos y longitudinales, cuestión que hoy
es muy poco probable que tenga sentido ante
mediciones que no fueron construidas desde el
principio con dicha lógica.
43
Vol. 10, Núm. 1, enero-abril, 2019.
Cabe aclarar que no se está proponiendo que in-
tentar hacer mediciones genéricas deje de ser útil.
Lo son, pero sería pertinente —para avanzar en
una lógica de medición controlada, comparable y
metodológicamente válida— focalizar, especificar,
clarificar y medir —cada vez con mayor precisión—
actos y prácticas concretas que seguir asumiendo
que el concepto paraguas de corrupción guarda
congruencia suficiente para ser analizado por sí
mismo como un fenómeno unitario.
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Book
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El objetivo de este libro es poner de manifiesto cómo la fortaleza del Estado de Derecho incide directamente en la capacidad para hacer frente a las nuevas amenazas a la seguridad y, a su vez, cómo la seguridad lo fortalece. La visión dominante y más generalizada entre los expertos es abordar por separado ambos ámbitos, sin pensar –en esta aproximación– en su relación existente. Se propone entender el Estado de Derecho no sólo como un valor en sí mismo, sino de manera instrumental. Si no se garantiza la superioridad de la ley, la transparencia y la rendición de cuentas, no es posible proporcionar seguridad. Esta propuesta se ha contemplado analizando amenazas y regiones, América Latina, Europa y el Sahel africano. Este libro suma el esfuerzo de seis instituciones de América y Europa ocupadas en comprender las políticas de seguridad desde una perspectiva del Estado de derecho: el Centro de Estudios Estratégicos del Ejército del Perú, el Real Instituto Elcano de España, la fundación alemana Friedrich Naumann, el Centro de Estudios sobre Crimen Organizado Transnacional del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata de Argentina y la Universidad de las Américas Puebla de México.
Chapter
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En los últimos años la impunidad se ha convertido en un factor clave para explicar los grados de violencia, inseguridad o corrupción que caracterizan al caso mexicano. De acuerdo con el Índice Global de Impunidad (IGI), México destaca por muy altos niveles de impunidad en comparación a otros casos internacionales. Mientras que el Índice de Impunidad México (IGIMEX), advierte que prácticamente todos los estados comparten grados muy altos de impunidad y problemáticas muy semejantes en lo que refiere a funcionamiento y estructura en los sistemas de seguridad y justicia. En este trabajo analizamos la forma en que diferentes estudios han contribuido a la medición del fenómeno de la impunidad con el objetivo de influir en la formulación de políticas basadas en evidencia. Si bien no todos estos estudios tienen como objetivo central medir directamente la impunidad, retoman criterios o abordan en forma complementaria esta problemática. Nuestro objetivo es identificar coincidencias en la aproximación analítica, así como diferencias relevantes en metodología, definición conceptual y modelo estadístico. Para el desarrollo de la argumentación, se analizan el Índice Global de impunidad México (IGIMEX), el Índice de Estado de Derecho México (IEDM), el Índice de Impunidad (IIH) contenido en el documento Hallazgos, seguimiento y Evaluación del Sistema de Justicia Penal Acusatorio, El Índice Estatal de Desempeño de Procuradurías y Fiscalías (IEDPF) y el Índice de Paz México (IPM). De igual forma, aunque o consiste propiamente en un índice actualizable cada determinado tiempo, revisamos también el análisis desarrollado por Ortíz y Vázquez (2019). Nuestro enfoque se centra a comparar el objetivo general de estos instrumentos cuantitativos, las características de sus definiciones conceptuales, la selección de dimensiones analíticas y variables, las fuentes de información utilizadas, al igual que la existencia de correlación en sus resultados. Nuestra conclusión es que, a pesar de sus diferencias metodológicas, los diferentes estudios contribuyen a una perspectiva más integral y multidimensional para entender la magnitud que adquiere la impunidad y la forma en que afecta el desempeño de instituciones y políticas públicas. En la primera parte, analizamos la problemática de construir sistema de indicadores relacionados con la medición de atributos propios del Estado de derecho y las consecuencias en particular que buscan acercarse al fenómeno de la impunidad. En la segunda parte, discutimos la relevancia de medir la impunidad para el caso mexicano. En la tercera parte analizamos las características de los principales instrumentos cuantitativos que miden directamente o se acercan en forma indirecta al fenómeno de la impunidad para el caso mexicano.
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distorsiona el sistema económico y constituye un factor de desintegración social; es un mal que, en gran medida, limita el desarrollo de la sociedad mexicana. En la presente obra titulada Corrupción y denuncia. La denuncia como instrumento social: sus retos, sus autores, David Arellano Gault y Jesús F. Hernández Galicia, brindan un panorama para definir y entender este problema de manera integral, sus afectaciones y las posibles alternativas para solucionarlo. El análisis en torno al fenómeno se realiza tomando en cuenta dos líneas yuxtapuestas; la primera investiga la corrupción desde la academia, y la segunda, desde las esferas operativa y judicial. Analizar el fenómeno a partir de estas vertientes es sin duda una propuesta inteligente, ya que nos lleva a elucidar cómo atacar el problema mediante el uso de sistemas de denuncia. En el primer capítulo, Arellano y Hernández presentan diversas nociones del término corrupción y consideran tres desafíos para su estudio. El primero radica en cómo se define conceptualmente la corrupción. El segundo consiste en la manera de comunicar tal concepto a los actores interesados, y el tercer reto se enfoca al tratamiento para generar propuestas de intervención. Asimismo, los autores estudian la corrupción a nivel individual, organizacional y sistémico para encontrar, de esa manera, que la denuncia es entonces el eslabón convergente y relevante entre estas líneas de análisis. Para los autores existen dos tipos de corrupción. El primero, denominado extorsivo, se refiere a actos corruptos de pequeña escala, mientras que el segundo, al que se nombra colusivo, implica un espectro de mayor impacto y alcance. La distinción que se hace entre las dos aristas de esta problemática proporciona las bases para fundamentar su propuesta. Arellano y Hernández consideran a la ciudadanía como un actor clave para enfrentar el problema, ya que en ella recae la tarea de levantar la voz y de hacer públicos o de conocimiento de la autoridad los actos corruptos. La denuncia tiene como objetivo crear disrupción en las estructuras o redes de corrupción. Es un instrumento que tiene el potencial de develar hechos corruptos, secretos y delictivos ante la autoridad competente para iniciar el proceso de investigación y sanción correspondiente. El capítulo segundo presenta una valiosa investigación sobre el denunciante y su contexto, los diversos sistemas de denuncia implementados, el mecanismo de denuncia y de protección del denunciante. Propone un sistema de denuncias que tome en cuenta las premisas siguientes: un mecanismo de captación de denuncia confidencial; un aparato de procesamiento de denuncias; un programa de protección de denunciantes/testigos que garantice la integridad y los derechos de aquellos que decidieron alzar la voz contra actos corruptos, y un plan de difusión para sensibilizar la denuncia, a fin de fomentar la educación y la concientización para que la corrupción sea concebida como un acto social indeseable. Combatir la corrupción es sin duda una misión complicada más no imposible, como comentan Arellano y Hernández. En este contexto, este ensayo nos invita a reflexionar sobre la importancia de la definición del concepto de corrupción, del escenario en donde se manifiesta y de la denuncia como un acto fundamental para enfrentar de manera eficaz este fenómeno, desde la etapa de prevención hasta la de la sanción del delito.
Article
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Why is corruption-defined here as the misuse of public office for private gain-perceived to be more widespread in some countries than others? Different theories associate cross-national variation in the extent of corruption with particular historical and cultural traditions, levels of economic development, political institutions, and government policies. This article analyzes which of various plausible determinants are significantly related to several indexes of "perceived corruption" compiled from business risk surveys for the early-1980s and mid-1990s. It finds support for six arguments. Countries with Protestant traditions, histories of British rule, more developed economies, and (probably) those with high exposure to imports were rated less "corrupt". Federal states were more "corrupt" than unitary ones. While the current degree of democracy was not significant, long exposure to democracy was associated with lower corruption.
Book
Transparency International’s CPI is used as the authoritative tool to assess countries’ corruption perceptions scores by both international governments and several international agencies. The use and reference of TI’s CPI does not translate as the main factor in regards to the increase and or decrease of aid flow. Surprisingly, there was no evidence that the CPI affected the credit rating and or investment flow into Jamaica. It did indicate, however, that TI’s CPI is reflective of the global market perceptions of Jamaica’s economy. Research shows that the index does change policy responses in Jamaica as government officials across varying agencies pay attention to the index and the progression and or worsening of the country’s score.
Article
“Private Vices by the dextrous Management of a skillful Politician may be turned into Publick Benefits.” —Bernard Mandeville, 1714 Corruption, some say, is endemic in all governments. Yet it has received remarkably little attention from students of government. Not only is the study of corruption prone to moralism, but it involves one of those aspects of government in which the interests of the politician and the political scientist are likely to conflict. It would probably be rather difficult to obtain (by honest means) a visa to a developing country which is to be the subject of a corruption study. One of the first charges levelled at the previous regime by the leaders of the coup in the less developed country is “corruption.” And generally the charge is accurate. One type of reaction to this among observers is highly moralistic and tends to see corruption as evil. “Throughout the fabric of public life in newly independent States,” we are told in a recent work on the subject, “runs the scarlet thread of bribery and corruption …” which is like a weed suffocating better plants. Another description of new states informs us that “corruption and nepotism rot good intentions and retard progressive policies.” Others have reacted against this moralistic approach and warn us that we must beware of basing our beliefs about the cause of coups on post-coup rationalizations, and also of judging the social consequences of an act from the motives of the individuals performing it. Under some circumstances Mandeville is right that private vice can cause public benefit.
Article
Evidence from the International Crime Victimization Survey and the World Business Environment Survey suggests that actual corruption experience is a weak predictor of reported corruption perception, and that some of the factors commonly found to "reduce" corruption, such as economic development, democratic institutions or Protestant traditions, systematically bias corruption perception indices downward from corruption experience. In addition, perception indices are influenced by absolute (as opposed to relative) levels of corruption, which tends to penalize large countries, and they exhibit diminishing sensitivity to both absolute and relative corruption, indicating that they may better capture differences among countries with low levels of corruption than among highly corrupt ones. Individual characteristics such as education, age, or employment status, and firm-level characteristics such as the number of competitors are also found to influence corruption perceptions holding experience constant.
Article
Summary This article presents a review of recent developments in the empirical literature on corruption which uses subjective indices and survey data. The results are presented on two broad themes: contributions to understanding the causes of corruption and theories on the consequences of corruption. Though this type of research is still in its infancy, it has already provided the field of corruption with some of the empirical discipline needed to turn its fertile theorizing into policy recommendations.
Correspondance analysis in practice. Chapman-Hall/CRC, 1993. Guoping, J. Corruption control in post reform China, a social censure perspective
  • M Greenacre
Greenacre, M. Correspondance analysis in practice. Chapman-Hall/CRC, 1993. Guoping, J. Corruption control in post reform China, a social censure perspective. Springer, 2017.
Mungiu-Pippidi, A. The Quest for Good Governance: How Societies Develop Control of Corruption
  • M Johnston
Johnston, M. Syndromes of corruption. NY, USA, Cambridge, 2005. Mungiu-Pippidi, A. The Quest for Good Governance: How Societies Develop Control of Corruption. Cambridge University Press, 2015.