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Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales de adolescentes y jóvenes.

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Abstract

No se puede negar el impacto que tiene sobre las conductas sexuales, así como sobre las relaciones de género, la «nueva pornografía» distribuida por internet. La familiaridad con prácticas de riesgo, la descontextualización de la sexualidad, la inmediatez, la simplificación de las relaciones interper- sonales, así como la vinculación con nuevas modalidades de prosti- tución, convierten a la nueva pornografía en un fenómeno de especial relevancia para la comprensión de las relaciones interpersonales.
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Nueva pornografía y cambios en las relaciones
interpersonales de adolescentes y jóvenes
LLUÍS BALLESTER, CARMEN ORTE
Y ROSARIO POZO GORDALIZA
Universitat de les Illes Balears
Cambios recientes
A lo largo de los últimos años, entre 2008 y 2018 se han pro-
ducido un conjunto de cambios conectados sistemáticamente y que
han generado una serie de efectos inesperados. ¿Por qué se puede
plantear el año 2008 como referencia para el inicio de los cambios?
Entre otras cosas porque es el año en el que se inicia el desarrollo y
consumo masivo de los nuevos móviles inteligentes.
En enero de 1997 Apple presentó el primer móvil inteligente,
el llamado «iPhone». Un terminal que revolucionó por completo la
industria de las telecomunicaciones y también la de la computación
abriendo la actual era de la movilidad. El terminal contaba con una
pantalla multitáctil de 3,5 pulgadas que cubría todo el frontal del
terminal en un diseño que ha inspirado miles de modelos posteriores
y que actualmente es el referente para todos los móviles inteligentes.
La primera generación del iPhone ya incluía conectividad inalámbri-
ca Wi-Fi.
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En octubre de 2008 Android presentó el primer móvil inteligen-
te alternativo al iPhone, el HTC Dream. Poco antes se había creado
Open Handset Alliance, un consorcio de compañías de hardware,
software y telecomunicaciones para avanzar en estándares abiertos.
El lanzamiento de los sucesivos iPhone de Apple y la mejora de
los modelos basados en Android, desarrollados por diversas compa-
ñías, junto al desarrollo de los servicios 4G desde 2009, han permi-
tido el cambio tecnológico en el que se basa la nueva pornografía.
La necesidad de mayores velocidades de transmisión de datos y ma-
yores capacidades que permitieran nuevos servicios dio paso al 4G,
el cual ofrece, entre otras mejoras, mayor calidad de servicio, junto
a velocidades de acceso muy superiores a las anteriores. La nueva
conectividad se basa completamente en el protocolo IP, gracias a
la convergencia entre las redes de cables e inalámbricas. En 2017,
según el informe GSMA Intelligence 2017, se disponía en el mundo
de más de 8 mil millones de móviles y casi 5 mil millones de usua-
rios diferentes (GSMA, 2017). Esa generalización mundial, así como
la convergencia tecnológica en los móviles,1 significan un profundo
cambio de cultura: el móvil se convierte en un mediador privilegiado
para todo tipo de actividades de comunicación, entretenimiento,
productividad, etc. Entre ellas, por supuesto se encuentran la visua-
lización de pornografía y la localización de servicios de prostitución.
A los cambios tecnológicos y culturales se deben añadir otros
cambios relacionados. Con el desarrollo de la tecnología móvil y su
popularización, se pudo producir un cambio en los procedimientos
de contacto de prostitución. Dejó de ser dominante el contacto cara
a cara, en la calle o en clubs, ampliados por los contactos divulgados
en la prensa, para pasar a contactos establecidos en internet. Los
anuncios de contactos en webs específicas o en canales de distribu-
ción de anuncios, pasaron a ser el medio principal de oferta y acce-
so. Este cambio parece menor, pero culmina un proceso de retirada
de la calle y de ocultación de la prostitución que puede identificarse
en cuatro etapas:
1 Todo avance comunicativo acaba en los móviles: desde el correo electrónico
hasta las video conferencias, pasando por whatsapp, streaming, el almacenamiento en
la nube, etc.
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Presencia dominante de la prostitución en la calle,
acompañada por clubs de diversos tipos.
Desarrollo de la oferta de clubs, por la presión policial
y vecinal para reducir la presencia de prostitución en la
calle.
Incremento de la oferta de pisos privados, motivada por
la crisis y la incorporación de personas afectadas por la
radical pérdida de ingresos.
Presencia dominante de la oferta de prostitución oculta
en pisos, tanto basada en oferta privada como en oferta
comercial encubierta.
La cuarta etapa, solo consigue hacerse dominante cuando los
anuncios de contactos en internet permiten un acceso eficaz. Por
lo tanto, se puede constatar una relación sistémica entre las nuevas
modalidades de prostitución oculta y diseminada en pisos, con la
nueva tecnología móvil.
Se puede hablar de una conexión, establecida desde 2008, en-
tre cinco fenómenos relevantes social y culturalmente:
cambios en la tecnología móvil: móviles inteligentes y
4G, acceso a los móviles inteligentes para toda la po-
blación;
cambios en la prostitución: de la calle a la diseminación
y ocultación en pisos, contactos a través de internet,
contactos basados en imágenes pornográficas;
cambios en la pornografía: de la pornografía en sopor-
te de papel o video de distribución limitada a la nueva
pornografía;
acceso masivo de los adolescentes a los móviles e inicio
del consumo de nueva pornografía en internet;
cambios en las relaciones interpersonales de los adoles-
centes y los jóvenes.
Estos últimos cambios y sus relaciones centran nuestro análisis
en el presente trabajo.
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Relaciones interpersonales,
sexualidad y nueva pornografía2
La sexualidad es la expresión, a lo largo de toda la vida, de la
naturaleza biológica de los seres humanos, así como de los determi-
nantes psicológicos, afectivos, emocionales y sociales. La interacción
entre estos factores está presente en el comportamiento sexual. La
sexualidad es el resultado de un complejo proceso evolutivo per-
manente, siendo la adolescencia una de las etapas en las que se
consolida la identidad sexual que se ha construido en la infancia. El
proceso de definición de la identidad sexual se inicia en la infancia, y
tiene como meta y reto la integración placentera de factores cogni-
tivos, emocionales y sociales. En ese proceso, las influencias externas
son muy diversas, pero algunas de esas influencias son tan nuevas y
poderosas como internet y la nueva pornografía.
No se puede negar el impacto que tiene sobre las conductas
sexuales, así como sobre las relaciones de género, la «nueva por-
nografía» distribuida por internet (Peter & Valkenburg, 2016). La
familiaridad con prácticas de riesgo, la descontextualización de la
sexualidad, la inmediatez, la simplificación de las relaciones interper-
sonales, así como la vinculación con nuevas modalidades de prosti-
tución, convierten a la nueva pornografía en un fenómeno de espe-
cial relevancia para la comprensión de las relaciones interpersonales.
(Döring, 2009; Weitzer, 2010)
La pornografía ha sido objeto de debate desde su aparición
(Sullivan, McKee, 2015), hace al menos dos mil años en la Roma im-
perial. Desde posiciones que la defienden como una modalidad de
la libertad de expresión, hasta quienes la critican por su vinculación a
la explotación del cuerpo de las mujeres.3 En los últimos años, se ha
2 No creemos necesario volver a definir la pornografía, nos basamos en los auto-
res que han establecido la nueva conceptualización sobre la misma: Ayres & Haddock,
2009; Flood, M. (2007); Poza, S. A. P., & Ares, L. (2011) y Sullivan & McKee (2015)
entre otros.
3 Como sabemos, hasta recientemente, casi no existía pornografía masculina.
La capacidad de compra de grandes sectores de mujeres, así como el aumento de los
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modificado sustancialmente. No se puede comparar la pornografía
convencional con la nueva pornografía. La pornografía convencional
se basa en imágenes impresas o filmaciones, distribuidas por canales
ilegales o por las distribuidoras de revistas, con venta en sex-shop o
en comercios de diversos productos (prensa, vídeo, en especial). La
dificultad de acceso, así como el coste de las imágenes, la exposición
de quien la adquiere, así como otros factores, limitaban su impacto.
La nueva pornografía, distribuida por internet, modifica la dis-
tribución superando las limitaciones observadas (por ejemplo, pue-
den acceder adolescentes sin problemas), pero también modifica los
sistemas de producción y las consecuencias que de ella se derivan.
(Kor, 2014, p.862) Se puede hablar de «nueva pornografía» a partir
de cinco notas características:
(1) CALIDAD DE IMAGEN. Se basa en filmaciones con mejoras
constantes en los niveles de calidad, abandonando la distribu-
ción de imágenes en soportes tradicionales (jpg);
(2) ASEQUIBLE. La oferta es mayoritariamente gratuita, aunque
se vincule a empresas capitalistas de dimensiones variables y se
relacione directamente con cuatro mercados, en expansión en
el mundo de internet:
el de la publicidad;
el de las filmaciones pornográficas de alta calidad y de
pago (en directo, por encargo, seleccionadas por catá-
logo, etc.),
el de los contactos libres, y
el de los contactos pagados (prostitución);
(3) ACCESIBLE. Las dimensiones de la oferta son aparentemen-
te ilimitadas, con producción y distribución constante, en casi
canales de demanda y distribución de imágenes y vídeos, ha hecho aparecer un tímido
mercado de pornografía para mujeres, el cual no tiene por qué identificarse con el porno
feminista. El mercado de pornografía gay existe y es pujante, en occidente, desde los
años sesenta del siglo pasado.
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todo el mundo, de centenares de miles de filmaciones, cons-
tantemente ampliadas;4
(4) SIN LÍMITE. Tampoco tienen límite las prácticas sexuales
que se pueden observar, desde las más convencionales hasta
prácticas de gran riesgo o directamente ilegales;
(5) ANÓNIMA o con INTENSA INTERACTIVIDAD. Se pueden
encontrar diversos niveles de interactividad, desde la mínima
interacción (visualización de filmaciones), hasta la relación cara
a cara a partir del contacto a distancia, en un nuevo contexto
de acceso a la prostitución, pasando por modalidades de diver-
sa implicación.
La nueva pornografía se relaciona con dos fenómenos también
vinculados. En primer lugar, con la miseria sexual que impone el
patriarcado, mientras no se pueda desarrollar una sexualidad libre e
igualitaria, la pornografía seguirá ganando terreno en la experiencia
de la sexualidad. El otro fenómeno es el del capitalismo que penetra
en las vidas privadas. ¿Quién produce y desarrolla la industria porno-
gráfica? No se trata de organizaciones filantrópicas ni de particulares
interesados en hacer el bien, sino de organizaciones muy agresivas y
que tienen una gran capacidad de hacerse presentes en los nuevos
mercados, mediados por internet, y las tecnologías de la comunica-
ción que han llegado a todo el mundo.
La nueva pornografía tiene un impacto desconocido e imprevi-
sible desde el gran desarrollo de internet, en los últimos diez años.
Su presencia se ha normalizado para la mayoría de la población oc-
4 No se sustituyen las filmaciones, solo se acumulan cada vez más. Se pueden
encontrar filmaciones de hace cuarenta años en unos u otros servidores de internet.
Uno de los portales de distribución mundial gratuita de videos pornográficos,
PornHub, el único que hace informes públicos de su actividad (PornHub, 2018), permite
hacerse una idea de las dimensiones de este negocio. Pornhub es la segunda página de
pornografía más visitada del mundo y la 72 página web más vista de cualquier tema.
El portal transmite cada día 5.000 terabytes de vídeos, para tener una idea de lo que
significa basta saber que Facebook procesa cada día 600 terabytes. El año 2017 recibió
28.500 millones de visitas, es decir, más de 3 millones por hora y unas 900 por segundo.
Las dimensiones son astronómicas.
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cidental, en especial para la población masculina, aumentando la
oferta y la demanda. (D'Orlando, 2011) Su consumo no ha dejado
de aumentar, generando adicción en los consumidores habituales.5
(Young, 2008) Aunque su potencial adictivo es importante, aun es
discutido, no hay evidencias científicas completamente concluyen-
tes (Prause, Steele, Staley, Sabatinelli, Hajcak, 2015; Voros, 2009).
En cualquier caso, al margen de la adicción, no puede ignorarse su
impacto sobre los consumidores adolescentes y sobre sus relaciones
interpersonales.
Se pueden formular cinco hipótesis basadas en la literatura
científica, entendidas como respuestas tentativas a las preguntas
sobre el impacto de la nueva pornografía. Nuestras hipótesis de in-
vestigación, empezadas a contrastar en diversos estudios (Ballester,
Pozo, Orte, 2013; Ballester, Orte, Pozo, 2015a y 2015b), se pueden
explicar brevemente:
Hipótesis 1. Prevalencia. De acuerdo con la literatura científica,
se espera mayor prevalencia del consumo de nueva pornografía
entre los hombres.6 También se espera mayor consumo de nue-
va pornografía entre los grupos de edad que usan con mayor
frecuencia y durante más tiempo de los servicios de internet, en
especial entre adolescentes y jóvenes.
Hipótesis 2. Impacto personal. El impacto de la nueva porno-
grafía es superior en los hombres, modificando sus esquemas
perceptivos y, a medio plazo, los habitus de los grupos de gran-
des consumidores. La nueva pornografía puede convertirse en
la fuente principal de educación sexual para los adolescentes.
(Albury, 2014; Tallon-Hicks, 2016) Uno de los efectos, vincula-
dos a ese proceso de deseducación, es la amplificación de los
5 Puede consultarse la revista especializada: Sexual Addiction & Compulsivity. Para
una revisión de los estudios sobre conducta compulsiva e internet: Reay, Attwood &
Gooder, 2013.
6 Los estudios sobre el impacto de la pornografía sobre la conducta femenina
muestran que su importancia es relevante, pero siempre inferior a la de los hombres.
(Rogala & Tydén, 2003)
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estereotipos de género, la cosificación de la mujer. Según la
investigación, realizada sobre datos de estados Unidos, titulada
The impact of Internet pornography on adolescents: A review of
the research (Owens, Behun, Manning, Reid, 2012), la expo-
sición a material pornográfico en la Red en edades tempranas
es causa y consecuencia de la creencia de que la mujer es un
objeto sexual, distorsiona la realidad de lo que es el sexo y, en
varones con tendencia a la agresividad sexual, ésta se ve clara-
mente aumentada.7 Además, incide en el autoconcepto y auto-
estima de todos los adolescentes consumidores de pornografía:
las chicas se sienten físicamente inferiores a las mujeres que ven
en los vídeos, y los chicos dudan de su virilidad, piensan que no
serán capaces de comportarse como los personajes que apare-
cen en la pornografía.
Hipótesis 3. Impacto interpersonal y social. La nueva pornogra-
fía modifica las prácticas sexuales de los grandes consumidores,
en dos direcciones complementarias, la familiaridad con prác-
ticas de riesgo y la demanda a sus parejas sexuales de dichas
prácticas o el consumo de prostitución para realizarlas. Peter
y Valkenburg, en uno de los más importantes estudios sobre
adolescentes y pornografía (Peter, Valkenburg, 2016), con-
cluían que su revisión de los últimos 20 años de investigación
permitía afirmar que existen fuertes evidencias de que el uso de
la pornografía por parte de los adolescentes condiciona sus ac-
titudes sexuales. Advertían de una mayor presencia de prácticas
de riesgo, de la tendencia a no usar preservativos y a practicar
sexting: enviar imágenes sexuales explícitas de uno mismo. El
informe de Owens, Behun, Manning, Reid (2012) concluye que
aquellos adolescentes que consumen pornografía de contenido
sexual violento tienen significativamente más probabilidades
de vincularse a agresiones sexuales.
7 Resultados similares, basados en el estudio del consumo de pornografía en in-
ternet, ya habían sido identificados en estudios anteriores, por ejemplo: McKee (2007).
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Hipótesis 4. La nueva pornografía y las opciones que ofrece in-
ternet, generan un efecto complementario de los considerados
en la segunda y tercera hipótesis, una ritualización de las rela-
ciones sexuales.8 La ritualización de las relaciones se basa en la
simplificación de las relaciones interpersonales, desde formas
rituales rígidas (con pautas estrictas de elevada expectativa y
bajo riesgo personal), hasta formas rituales flexibles (con unas
reglas de juego que permiten una amplia variedad de desa-
rrollos). Un ejemplo de la ritualización se observa en la trans-
formación del acceso a la relación sexual, mediante el uso de
mediadores de contacto explícito en internet. El desarrollo de
una parte de los nuevos rituales de relación se explica por la im-
portante presencia de la nueva pornografía. Dicha presencia es
especialmente relevante entre los hombres, a todas las edades,
modificando las relaciones, las expectativas, los criterios para
evaluarlas, las modalidades de las prácticas sexuales deseadas y
otros aspectos de las relaciones interpersonales. Un efecto de la
propia ritualización es la legitimación de determinadas prácti-
cas relativas a la sexualidad.9 (Osborne, Guasch, 2003)
Hipótesis 5. Escalada de conducta. La pornografía tiene inten-
ciones propagandistas, respaldado por un importante aparato
de marketing. Es la puerta de acceso a diversos mercados, tal
como se ha dicho, es decir, la pornografía tiene una función
de incitación a la conducta, de autosatisfacción o de relación
interpersonal. Sin embargo, una parte de las prácticas impli-
cadas pueden superar el marco de las relaciones igualitarias,
consentidas y placenteras. Se han identificado dos posibles es-
caladas de conducta: la aparición de modalidades de violencia
8 Ritualización a través de determinadas prácticas habituales, basadas en un
universo simbólico que se ha conformado como habitus específico.
9 Como se puede ver, nos situamos en el ámbito de la sociología de la sexuali-
dad, de acuerdo a la definición de Osborne y Guasch (2003, 5): «se ocupa de definir
qué es el sexo y qué no lo es, describe qué espacios y qué tiempos tiene adjudicados,
qué actores lo ejecutan y cuáles no, de qué modo lo hacen y las razones y consecuencias
sociales de todo ello».
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en las relaciones interpersonales y el acceso a la prostitución,
para dar salida a conductas impracticables consensualmente
con las parejas.
Acceso a la nueva pornografía
en la adolescencia
Según algunos informes (Jiménez, de-Ayala-López, García,
2013), los adolescentes son grandes consumidores de internet, con
prácticas más complejas de lo que se suele afirmar; entre otras cosas,
más del 50% de los adolescentes españoles de entre 14 y 17 años
suele ver regularmente porno en Internet. Según los estudios de Br-
yant Paul, profesor adjunto de la Facultad de Comunicación de la
Universidad de Indiana, los chicos ven pornografía por primera vez a
los 13 años, mientras que las chicas lo hacen a los 14. Otros estudios
recientes están reduciendo las edades de las primeras experiencias
con la nueva pornografía.
Los adolescentes cada vez consumen pornografía a edades más
tempranas, tienen un mayor acceso, más rápido, libre de filtros.
Aunque una web solicite confirmar la mayoría de edad, ese filtro no
sirve prácticamente para nada.
En ocasiones ni siquiera se trata de encontrar pornografía tras
una búsqueda voluntaria, sino que se encuentran ventanas que se
abren a modo de anuncio (como aviso o como publicidad) y que
llevan a adolescentes de edades muy tempranas a la pornografía.
No tienen filtros para el acceso, pero tampoco disponen de los filtros
que tiene una persona adulta.
Cuando se realizan talleres con profesionales, les solicitamos
que realicen una búsqueda sencilla, la que haría un adolescente cu-
rioso: «sexo, tetas, culos en Palma», por ejemplo. Inmediatamen-
te, aparecen en su buscador páginas de anuncios de contactos de
prostitución, anuncios que reproducen imágenes pornográficas. La
relación entre ambas es frecuente: desde las páginas de pornografía,
esos anuncios, les invitan a no masturbarse, a acceder a servicios de
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prostitución cerca de su casa; a su vez, desde las páginas de prostitu-
ción, desde los anuncios de contactos pagados, se ofrecen imágenes
explícitas.
El acceso a la pornografía es fácil, gratis, rápido, no deja una
señal fácil de rastrear si se sabe un poco de internet, ofrece imáge-
nes variadas y de alta calidad, la oferta es ilimitada y responde a la
curiosidad de los adolescentes. Es fácil acceder, es fácil seguir, es
razonable pensar que tiene una clara influencia en dos componen-
tes de la conducta sexual: la formación del imaginario sexual de los
adolescentes y el desarrollo de las primeras experiencias sexuales
regulares (masturbación, demandas a las parejas).
¿Qué hacen los padres y madres, cómo hablan de este tema
con sus hijos e hijas más jóvenes? Lo más probable es que la ma-
yoría no sepan cómo enfocarlo. Los estudios explícitos con padres
y madres han mostrado esta situación. (Rothman, 2017). En una
sección posterior se revisan algunas de las experiencias que se están
probando en este momento.
Actitudes y esquemas de
percepción alterados
En primer lugar, se reconocen los principales elementos propios
de la modificación conductual que implica el habitus de la sexuali-
dad formada en la era de internet y que desarrolla procesos ritualiza-
dos:10 en este caso, el ambiente, las prácticas cotidianas y los apren-
dizajes nuevos. Posteriormente se presentarán los cambios a nivel de
los esquemas perceptivos de los sujetos, que permiten evidenciar los
resultados de dicho proceso.
Para reconocer el funcionamiento del habitus, se puede partir
de las modificaciones conductuales y del entorno que se hace con
10 Seguimos aquí la teorización del habitus desarrollada por Bourdieu (1988,
2000).
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los jóvenes. Tal como ocurre con el espacio que brinda internet y
que resulta crucial para que se desarrolle el proceso de vinculación
de cada joven con su propia sexualidad. Un factor clave es el de la
formación del imaginario sexual, en especial entre los jóvenes de
sexo masculino, a partir de las imágenes que observan en internet
(Mesch, 2009). Actualmente, ya no consultan casi a ningún adulto
y tampoco tienen tanta importancia los iguales (Weber, Quiring &
Daschmann, 2012). Internet aporta respuestas satisfactorias, según
los jóvenes, a sus inquietudes habituales. En las entrevistas realiza-
das (Ballester, Orte, Pozo, 2015a y 2015b), se detallan las preguntas
que les inquietan en el proceso de descubrimiento y formación de su
sexualidad, desde muy jóvenes:
¿Cómo se inicia una relación sexual? ¿Cuáles son los
preliminares aceptables y efectivos?
¿Cómo se puede crear un ambiente adecuado?
¿Cómo son los cuerpos, en detalle? ¿Qué cuerpos y
cómo se representan?
¿Qué prácticas sexuales son habituales? ¿Qué se puede
hacer y qué no?
¿Qué partes del cuerpo se deben estimular y cómo se
hace?
¿Qué accesorios puedo o debo utilizar (ropa, lubrican-
tes, juegos, etc.)?
¿Cómo es la respuesta que se espera de un hombre o de
una mujer (sonidos, frases, caricias, rudeza vs suavidad,
intensidad aceptable, etc.)?
¿Cuánto dura una relación aceptable?
...
Las imágenes que observan en las filmaciones, responden a sus
inquietudes, por lo que producen un efecto formativo, un efecto
performativo, es decir, les influyen de manera clara. Las relaciones
sexuales consigo mismo y con otros tiene un referente formativo,11
11 En el sentido clásico de Autin y Searle, de formación de la subjetividad, pero
también en el desarrollo que hace Judith Butler de la performatividad de género.
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así como un cierto efecto de modelado, en las filmaciones de fá-
cil acceso.12 A este respecto sí son los iguales quienes les ayudan a
encontrar las páginas adecuadas, siendo los distribuidores de filma-
ciones similares a youtube las más frecuentadas (http://www.tube8.
com; www.pornhub.com, www.xnxx.com, www.hot-sex-tube.
com/; http://naturalporntube.com; http://xhamster.com; etc.). Ac-
ceden directamente a partir de búsquedas sencillas y de recomen-
daciones directas.
Se trata de un habitus formado/modificado en privado. Como
es evidente, no se trata del habitus familiar o de clase, ya que el mo-
delo de los sujetos precedentes y de la clase social de pertenencia,
ahora tiene una relevancia secundaria en relación a la sexualidad. El
modificador esencial es internet y, en internet, la nueva pornografía
consumida por los jóvenes. Dicho habitus implica un ejercicio de
la sexualidad parcialmente diferente al de las generaciones prece-
dentes no formadas con el apoyo de internet. La nueva pornografía
forma el habitus, y el habitus implica un ejercicio modificado de la
sexualidad, confirmado cada día con el apoyo de otros agentes que
fomentan una serie de conductas y que modifican sensiblemente el
entorno de los aprendizajes.
El habitus así modificado también tiene otro efecto productivo,
además de la práctica sexual, que se puede reconocer tanto en el
discurso y la difusión de lo aprendido (es decir, la difusión y la mul-
tiplicación de sus nuevos saberes), como también en la deshistori-
zación de los argumentos que se manejan sobre la sexualidad, que
pasa a entremezclarse con su condición masculina (en el caso de los
hombres). Unas prácticas sexuales, un discurso puesto en práctica,
una deshistorización de la formación del género, en especial en el
caso de los hombres.
Se trata de un habitus reducido por el consumo de la nueva
pornografía, reducido a las experiencias observadas más que vivi-
das, así como por el margen de conductas observadas, pero con
12 La influencia de la pornografía sobre la conducta sexual ha sido estudiada en
diversas ocasiones. Uno de los trabajos más relevantes puede consultarse en Ferguson
& Hartley (2009).
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una elaboración personal más limitada. Se produce una más amplia
demanda de variantes sexuales, así como mayores detalles asociados
a la conducta sexual; sin embargo, se produce una reducción de las
opciones de relación interpersonal. Por ejemplo, la elección de prác-
ticas, de conversaciones y de demandas expresadas, influidas por el
consumo de nueva pornografía, se encargan, a su vez, de fomentar
ese habitus sexual modificado que implica ritualización, simplifica-
ción. Las respuestas de los jóvenes sobre las prácticas y demandas
sexuales, en el caso de los hombres, se limita a una serie de opciones
muy similares en todos los casos, coincidiendo en las prácticas que
se consideran deseables.
El habitus, así formado, también implica un proceso de separa-
ción de roles sexuales hombre-mujer, de acuerdo con el consumo de
pornografía, con la configuración de su sexualidad y la habituación
de género. La pornografía confirma los roles sexuales convenciona-
les, dado que los papeles desarrollados por hombres y mujeres en
las filmaciones sexuales son estereotipadas, pero ya no se reducen
a los modelos estándar de hombre musculoso y de gran resistencia
y mujer atractiva de grandes pechos. Actualmente, la pornografía
muestra todo tipo de mujeres (jóvenes y mayores, delgadas y grue-
sas, con y sin pechos, etc.) y casi todo tipo de hombres (un requisito
es la duración de las erecciones). Lo que se muestra de forma este-
reotipada es toda la relación sexual, de inicio a final, siendo domi-
nantes algunos aspectos característicos de la sexualidad basada en la
dominación masculina (Bourdieu, 2000):
el deseo masculino (en las filmaciones heterosexuales)
es el que debe ser satisfecho;
todo empieza y acaba con la erección masculina;
las fantasías centrales que se representan son las mascu-
linas, tanto heterosexuales como homosexuales, aunque
domine el modelo heterosexual y homocéntrico;
La pornografía de gran distribución crea situaciones en las que
la expresión del deseo femenino es silenciado. Es decir, hombres y
mujeres pueden ser muy diversos en la pornografía, pero sus rela-
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ciones son una representación de los modelos de género dominan-
tes. Solo en el porno feminista y en la pornografía alternativa, de
reducida distribución, hay una presencia clara del deseo femenino y
relaciones igualitarias. (Aguado, 2018; Bakehorn, 2010; Lust, 2015)
Algunas de las webs de referencia de esta opción son: XConfessions,
de Erika Lust. X-art y Four Chambers, de Vex Ashley entre otros. El
postporno es un tipo de activismo social promovido por el movi-
miento Queer que intenta deconstruir el imaginario de deseo sexual
y transgrede normatividades corporales, estéticas y de género. Sur-
ge en los años 90 mediante la famosa Annie Sprinkle como respuesta
contestataria a la pornografía dominante.
Para los jóvenes que se sitúan en este habitus, la relación propia
de la sexualidad se prefiere con una persona con quien puedan rea-
lizar los argumentos básicos en las filmaciones, es decir, con quien
acepte sus demandas y particularidades, con alguien en quien ellos
se vean aceptados. Dentro de las prácticas sexuales así formadas
(o deformadas), no solamente se hace presente lo conductual sino
también lo actitudinal. (Braun-Courville & Rojas, 2009).
Una de las actitudes que se modifica claramente, es la relativa
a las prácticas de alto riesgo, es decir, aquellas que pueden tener un
impacto negativo sobre la salud. (Mercer & Perkins, 2014) Entre las
prácticas de alto riesgo, casi todos los jóvenes han observado, con
frecuencia, una gran variedad de filmaciones en las que se observan
las siguientes:
sexo vaginal sin preservativo cambiando de parejas, en
grupo, etc.;
sexo anal sin preservativo con diversas parejas;
eyaculación en la boca de la pareja, tras sexo anal sin
preservativo;
sexo en grupo con varios hombres y una o varias muje-
res, en ocasiones representando una violación;
presencia de violencia abierta: estrangulamiento, pal-
madas fuertes en diversas partes del cuerpo y otras mo-
dalidades de violencia sado que se han popularizado.
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La familiaridad con dichas prácticas, en la nueva pornografía,
es muy común, alterando la percepción sobre su aceptabilidad. La
nueva pornografía muestra e impone un modelo de relación des-
igual, en el que la mujer es reducida a objeto sexual disponible para
el hombre. No solo se muestran situaciones de alto riesgo y violencia
de diversos tipos, sino que se generalizan los estereotipos de género
más penosos: el hombre tiene deseo sexual permanentemente y la
mujer se dedica a dar satisfacción a ese deseo.
El criterio dominante ya no se refiere al orden del deseo en co-
mún, sino al deseo privado que se considera aceptable. Distorsiones
perceptivas que se expresan en situaciones de violencia sexual y en
estereotipos de género que trascienden en las relaciones afectivas
y sexuales de adolescentes y jóvenes: de la fantasía a la realidad.
Las experiencias de los adolescentes y jóvenes se ven influidas por
la nueva pornografía de manera negativa, siendo imprevisibles las
consecuencias a medio y largo plazo.
Nuestra tercera hipótesis se centra en dichas observaciones
sobre la modificación que la nueva pornografía produce sobre las
prácticas sexuales de los grandes consumidores, en dos direcciones
complementarias, la familiaridad con prácticas de riesgo y la deman-
da a sus parejas sexuales de dichas prácticas o el consumo de prosti-
tución para realizarlas. Como se ha podido comprobar en las entre-
vistas (Ballester, Orte, Pozo, 2015b), dicha hipótesis es razonable y
es conveniente contrastarla con una muestra representativa. Para lo
cual se ha diseñado un estudio actualmente en proceso en diversas
comunidades de España, conjuntamente entre nuestro equipo y la
red jóvenes e inclusión social (http://joveneseinclusion.org/).
Es necesario reconocer que la sexualidad influida por internet,
por la nueva pornografía, no es un proceso centrado solo en el deseo
personal o en común, motivado exclusivamente por la curiosidad o
la experimentación personal, tampoco es una simple consecuencia
social de un proceso privado, sino un hecho social fortalecido por la
repetición, modificado desde campos externos (en este caso, las or-
ganizaciones capitalistas que hacen negocio en internet) que a partir
de ciertos aprendizajes producen y movilizan unos efectos, como
por ejemplo: qué prácticas se consideran aceptables, cómo se en-
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tiende el proceso de seducción y expresión de demandas sexuales,
cómo asumir el ejercicio de la sexualidad y al mismo tiempo, cómo
concretarla. Algunos de los efectos más preocupantes se centran en
la orientación hacia la prostitución de los jóvenes, así como el in-
cremento de la violencia en las relaciones interpersonales. A estos
efectos los hemos denominado «escalada de conducta».
Relaciones estereotipadas y ritualización
progresiva de la conducta sexual
El desarrollo de prácticas repetitivas y ritualizadas y las actitudes
y los esquemas de percepción que se reconocen como efecto de
la modificación ejercida por su entorno (internet y otros factores),
tiene que ver con el habitus de los jóvenes en una determinada so-
ciedad. Ritualización que tiene que ver con prácticas observadas en
las filmaciones una y otra vez, así como en las opciones que ofrece
internet (contactos a distancia) y en las prácticas sexuales experi-
mentadas una y otra vez, según modelos limitados que se han ido
conformando en un habitus sexual específico.
Los jóvenes, en las diversas entrevistas que se han realizado (Ba-
llester, Orte, Pozo, 2015b), no solamente se comportan como suje-
tos sexuales activos, sino que evidencian un disfrute significativo al
fantasear con personas cercanas como si fueran sus parejas sexuales,
de acuerdo con el modelo de sexualidad que ofrece la pornografía.
El habitus modificado se desarrolla como un imaginario personal/
colectivo de la sexualidad, pero también como un imaginario de
dominación, perfectamente adaptado a la sexualidad dominante en
el modelo impuesto por el patriarcado.
Las consecuencias de la ritualización son muy diversas, entre
ellas se puede encontrar la incapacitación creciente para las rela-
ciones de seducción y sexuales no pautadas (el caso extremo sería
el síndrome del celibato japonés: «sekkusu shinai»), la incapacidad
para mantener relaciones estables con una pareja tras algunos episo-
dios de sexo en común, la expectativa distorsionada en las relaciones
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sexuales y otros efectos que actualmente seguimos estudiando en
relación a los jóvenes entre 16 y 29 años.
Se produce una interiorización de las representaciones social-
mente construidas de la masculinidad y la feminidad, aquellas que la
nueva pornografía permite observar fácilmente de forma ritualizada.
Por lo tanto, los y las jóvenes reproducen en sus autopresentaciones
(Hald & Malamuth, 2008) algunos patrones referidos a las relaciones
interpersonales, a las expresiones de género y a la sexualización de
los cuerpos que han sido definidas por autores como Gill (2009).
La ritualización de las relaciones se basa en la simplificación
de las relaciones, desde formas rituales rígidas, dependientes de las
propias rigideces que se establecen en el marco de internet y de
las relaciones sexuales entre muchos jóvenes actualmente (espacios
de relación, pautas de contacto consideradas aceptables, presenta-
ción en público pautada -ropa, peinados, etc.-); hasta formas rituales
flexibles (con unas reglas de juego que permiten una amplia varie-
dad de desarrollos), tal como se desarrollan todos los juegos con
reglas estrictas, pero que permiten muchas modalidades de relación.
Desde la perspectiva de la sexualidad, el habitus corresponde
a la formación de las opciones y prácticas sexuales del sujeto, inclu-
yendo la disposición a usar y desarrollar valoraciones, elecciones y
conductas sexuales de una determinada manera; desarrollando re-
presentaciones sociales de la sexualidad de acuerdo con ciertos mo-
delos observados en internet, incorporándolo a través de conductas,
actitudes, opiniones y producciones discursivas.
Uno de los ejemplos de dicha ritualización se observa en la for-
mación de parejas sexuales a partir de contactos a distancia. Hay dos
opciones dominantes:
Internet ofrece la posibilidad de seleccionar una pareja sexual,
para un contacto puntual o más duradero, de forma gratuita. Las
opciones de mercado son muy diversas: Badoo, Twoo, Meetic, etc.
Son accesibles desde Facebook, Twiter y otras comunidades sociales,
pero también con una simple búsqueda en google. No hay mayor
problema en utilizar dicha opción, pero tiene unas implicaciones
claras: se elige como se haría en un mercado; se puede comprobar
la posibilidad de tener contactos con una gran cantidad de parejas
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sexuales; no se produce el menor coste, en términos de responsabi-
lidad o compromiso personal.
Internet también ofrece una nueva vía de acceso a la prostitu-
ción. La variedad de empresas distribuidoras de anuncios de con-
tactos, así como de compra directa de servicios sexuales, es muy
amplia. Se puede acceder a comprar servicios sexuales pagados de
forma fácil, supuestamente privada y sin complicaciones. (Ballester,
Pozo, Orte, 2013)
Dichas modalidades de selección de parejas reducen y simplifi-
can el proceso de elección, seducción y de paso a la acción sexual.
En el caso de la prostitución se elimina la seducción, sustituyéndola
por el pago. En general, se pasa a una ritualización, según el modelo
de mercado, de las relaciones sexuales interpersonales.
Tal y como se planteaba en las hipótesis, la nueva pornografía y
las opciones que ofrece internet, generan un efecto de ritualización
de las relaciones sexuales. La nueva pornografía tendría así un gran
poder de ritualización. La ritualización de las relaciones se basa en
la simplificación de las relaciones, desde formas rituales rígidas (con
pautas estrictas de elevada expectativa y bajo riesgo personal), hasta
formas rituales flexibles (con unas reglas de juego que permiten una
amplia variedad de desarrollos).
Escalada de prácticas: el riesgo del sexo
violento y de la demanda de prostitución
Una de las posibles consecuencias negativas de la exposición a
la nueva pornografía es que puede llevar a los adolescentes y jóvenes
a creer que deben emular las prácticas que han observado. Antes
hemos visto que la pornografía puede generar un autoconcepto ne-
gativo, pero también puede estimular la emulación de conductas.
Parte de las consecuencias negativas que se han ido señalando tie-
nen que ver con esta posibilidad. (Martellozzo, 2015)
Si los adolescentes y jóvenes que ven pornografía tienen claras
convicciones sobre el sexo seguro, igualitario y consensual, entonces
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este riesgo no parece ser problemático. Sin embargo, la emulación
es preocupante cuando las actividades sexuales que los adolescentes
y jóvenes desarrollan, o esperan desarrollar, incluyen comportamien-
tos como:
sexo sin consentimiento,
actividades violentas de diversos tipos (física, verbal,
emocional, sexual),
copiar actividades ilegales observadas en la pornogra-
fía extrema (por ejemplo, acciones que pueden causar
daño a los senos o los genitales, sexo con menores, vio-
laciones en grupo y otras);
ceder a la presión de las parejas para tener sexo antes;
o incurrir en prácticas sexuales de riesgo en internet,
como publicar material sexualmente explícito por inicia-
tiva propia o sextorsión y otras variedades, como cibera-
coso, grooming, sexting.
Estas prácticas sexuales afectan a un porcentaje indeterminado
de adolescentes y jóvenes. La prevalencia de los diversos fenómenos
es todavía aproximativa y es necesario seguir realizando estudios ri-
gurosos en este sentido. Se han establecido aproximaciones basadas
en encuestas locales, en estudios de meta-análisis y por otras vías,
por ejemplo, a partir de las experiencias de trabajo en los consulto-
rios de sexualidad para jóvenes. En cualquier caso, se han identifica-
do casos que, en las reconstrucciones de la historia de vida, informan
sobre procesos vinculados a la nueva pornografía.
La relación entre el consumo de pornografía y la violencia y
agresión sexual todavía es un tema en debate. Sin embargo, se em-
pieza a disponer de estudios fiables que confirman dicha relación.
Los meta-análisis de estudios experimentales han encontrado efec-
tos sobre el comportamiento y las actitudes agresivas. También se ha
confirmado que el consumo de pornografía se correlaciona con ac-
titudes agresivas en estudios basados en encuesta y análisis de datos
de organizaciones de salud. En 2015 se realizó un gran meta-análisis
planteándose si el consumo de pornografía se correlaciona con la
comisión de actos reales de agresión sexual. (Wright, Tokunaga &
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Kraus, 2015) Se analizaron 22 estudios de 7 países diferentes (Brasil,
Canada Estados Unidos, Italia, Noruega, Suecia, Taiwan). El consu-
mo se asoció de manera significativa con la agresión sexual interna-
cionalmente, entre hombres y mujeres, y en estudios transversales y
longitudinales. La asociación fue más fuerte para la agresión sexual
verbal que para la física, aunque ambas fueron significativas.
La agresión física se refiere al uso o la amenaza de la fuerza
física para obtener relaciones sexuales. Los ejemplos de fuerza física
incluyen inmovilizar los brazos de la víctima, usar el peso corporal
para evitar el movimiento o que la víctima escape, el uso de un arma
o la violencia de baja intensidad como amenazas de agresiones más
graves para la víctima. La agresión sexual verbal, vinculada significa-
tivamente a la pornografía, se refiere a la comunicación verbalmente
coercitiva, aunque no físicamente amenazante, para obtener sexo,
así como el acoso sexual. Los ejemplos de coacción verbal y acoso in-
cluyen el acecho por alguien que repetidamente pidió sexo o mostró
su descontento; tener a alguien amenazando con terminar una rela-
ción o difundir rumores o imágenes comprometidas; enviar fotogra-
fías sexualmente explícitas no deseadas; crear un clima sexualmente
hostil, en persona o mediante el uso de la tecnología
El patrón general de resultados sugiere que el contenido vio-
lento puede relacionarse positivamente con el tipo de pornografía y
con el nivel de consumo; y negativamente con una serie de factores
moderadores como la edad o el tipo de acceso a internet.
Otra de las consecuencias de la visualización de la nueva por-
nografía, aunque no se pueda evaluar en sus dimensiones, es la del
acceso a la prostitución para reproducir las conductas sexuales que
no se pueden ensayar con las parejas. Como sabemos, dicha expe-
riencia es mayoritariamente masculina. En las primeras secciones ya
se habló de los cambios, en la prostitución y en la pornografía, que
facilitan esta escalada de conductas. Los tres cambios más destaca-
dos son:
desarrollo de la nueva pornografía, mostrando prácticas
sexuales de todo tipo, incluyendo prácticas de riesgo
(sin preservativo, violentas, etc.);
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ocultación y diseminación de la prostitución en pisos,
en todo el territorio, cambiando la percepción de lo que
significa la prostitución, presentándola como una activi-
dad libre realizada por personas encantadas de dedicar-
se a dicha actividad;
el medio de acceso a la prostitución pasa a ser internet,
mediante anuncios que imitan a la pornografía, anun-
cios que se vinculan a las páginas de pornografía me-
diante una propaganda muy explícita: «no te masturbes
todavía, cerca de tu casa puedes hacer lo que más te
gusta».
Estos cambios facilitan el acceso a la prostitución para una
parte de los jóvenes. No hay una limitación económica, cultural o
territorial en el acceso. Si tampoco existe una limitación basada en
valores de género, puede producirse la escalada de conductas.
Nuevas experiencias de
educación afectivo-sexual
Muchos adolescentes masculinos han tenido sus mejores expe-
riencias sexuales gracias a la nueva pornografía. Eso no puede negar-
se y es uno de los factores más poderosos para vincularse al porno en
internet: sus mejores masturbaciones las han experimentado gracias
a la nueva pornografía. Si se niega esa fuerza, la capacidad adictiva
de la nueva pornografía, no se podrá entender cómo debe enfocarse
este tema. En ocasiones, hemos podido ver cómo, en la educación
afectivo-sexual, se mantienen mensajes sin significado para los chi-
cos adolescentes:
«La pornografía es siempre igual, aburrida». Los adoles-
centes y jóvenes tienen una experiencia completamente
diferente: es muy variada y diversa, mostrando prácticas
muy diferentes, dando respuesta a todas sus demandas
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y ofreciéndoles muchas posibilidades. Si esto no se
entiende, tampoco se entiende cómo un adolescente
puede estar horas y horas viendo pornografía.
«Es lo mismo de siempre, como cuando yo tenía tu
edad». Por supuesto, este tipo de mensajes paternalistas
suelen tener un efecto nulo, cada uno aprende sobre
todo de su experiencia, pero lo peor es que no es cierto
lo que afirman. Se han producido cambios muy notables
en los contenidos, entre otras cosas porque los vídeos
permiten mostrar prácticas que en fotografía solo pue-
den ser imaginadas, por ejemplo: la violencia. Además,
los contenidos que muestran prácticas de alto riesgo
ahora casi no pueden ser perseguidos con eficacia, por
la internacionalización de los servidores de pornografía.
«La masturbación es una sexualidad poco satisfactoria».
Para muchos adolescentes y jóvenes no solo es placente-
ra, sino que puede que sea la única práctica sexual que
tienen regularmente.
Otro tipo de actuaciones poco recomendables se basan en una vi-
sión persecutoria de los adolescentes:
• «Mi hijo no hace eso, seguro». La gran mayoría de los
adolescentes viven su sexualidad al margen de sus padres,
los cuales lo ignoran casi todo de ellos. En cualquier caso,
si se imaginan que sus hijos se masturban aciertan más que
si lo niegan.
• «El otro día lo cogí viendo porno». Otra mala práctica, ya
que la gran mayoría de los adolescentes de 14 y 15 años ve
pornografía de manera regular. No deben buscar «atrapar»
o «pillar» a sus hijos, deben hablar con sus hijos y si tienen
curiosidad tratar sus preocupaciones con naturalidad; en el
caso de que vean pornografía deben intentar entender por
qué lo hacen.
• «He puesto una ciber-protección y ahora no puede ver
nada». En el caso de que dichas protecciones de control
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parental fueran efectivas en un ordenador, tablet o móvil,
lo único que ha conseguido es no enterarse de dónde
ve pornografía. Probablemente, esté obligando a su hijo
adolescente a prácticas de mayor riesgo: ver pornografía en
ciber-cafés o en ordenadores públicos (centros educativos
o culturales), ver pornografía con los amigos, conseguir
otros aparatos de manera oculta, etc. Hay que educar en
el uso de la tecnología, no prohibirla si tienen edad para
usarla. (Colom, Ballester, 2016)
No parece muy recomendable mantener mensajes y prácticas
contraproducentes. Parece necesario cambiar la concepción de la
relación de los adolescentes con la pornografía, la sexualidad y las
relaciones interpersonales. Cuando los Nanette Ecker y Douglas Kir-
by presentaron las International Guidelines on Sexuality Education: An
Evidence Informed Approach to Effective Sex, Relationships and HIV/STI
Education, de la UNESCO (Ecker, Kirby, 2009), aseguraron que la edu-
cación sexual debería ser «tan importante como las matemáticas» en
las escuelas. Sin embargo, la educación afectivo-sexual en España
sigue siendo un reto en el sistema educativo. (Gómez, 2016) Hay
experiencias de educación afectivo sexual que ya intentan un
planteamiento diferente al convencional y pre-tecnológico, basado
en evidencias, aunque todavía se trate de planteamientos discutibles.
En 2014 el taller con adolescentes Consent Cookies: A confidence-
building workshop for teens de la educadora sexual Yana Tallon-Hicks,
se hacía popular en muchas escuelas estadounidenses por el giro
que le daba a sus clases: Tallon-Hicks centra sus talleres sexuales en la
búsqueda de lo positivo del sexo, basándose en el sexo consentido y
placentero, y no en la parte negativa ni en el miedo. En mayo de 2016
Yana fue invitada a hablar sobre su trabajo como educadora sexual
en el TEDxVienna (Tallon-Hicks, 2016), donde abordó temas como
la educación sexual moderna, la importancia del consentimiento y
lo que la pornografía convencional agrega a la conversación de los
jóvenes, planteando la cuestión que muchos nos planteamos sobre
si la nueva pornografía es el «nuevo educador sexual».
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Erika Lust, pionera del cine porno feminista, lanzaba a princi-
pios de año junto a Pablo Dobner, el proyecto The Porn Conversation
(Khan, 2016, Lust, 2018;), una serie de recursos para ayudar a los
padres a dar un paso más en las conversaciones de sexo con sus hijos
y a hablar abiertamente de pornografía con ellos. Para Lust, la misión
de su iniciativa es brindarles a los adultos, educadores y padres, la
oportunidad de ayudar a los niños, niñas y adolescentes a tomar
decisiones inteligentes e informadas con respecto a la pornografía.
Según Lust, hoy se necesita algo más que educación sexual en la
escuela: se necesita que los padres y educadores puedan hablar con
sus hijos e hijas sobre la pornografía.
La web desarrollada por Lust contiene herramientas en inglés,
alemán, español e italiano divididas en función de la edad: menores
de 11 años, de entre 11 y 15 y mayores de 15. A través de los recur-
sos que Lust y Dobner ofrecen, los padres pueden tratar cuestiones
como qué es el porno («El porno no es, ni representa un sexo real»),
o cuestiones afectivas y relacionadas con la importancia del consen-
timiento («El sexo siempre es mejor cuando lo haces con alguien en
quien confías y que te trata con respeto»).
En las experiencias educativas que se han desarrollado, inten-
tando integrar la nueva pornografía, se encuentran muchos factores
positivos, como la opción por el desarrollo de la sexualidad libre,
como la integración de un fenómeno que no puede ignorarse. Sin
embargo, hay muchas cuestiones arriesgadas y dudosas: ¿se hacen
desde un enfoque crítico, identificando el patriarcado y el capitalis-
mo como agentes activos en el desarrollo de la pornografía? ¿Se tie-
ne suficientemente presente la conexión con una sexualidad basada
en tópicos y estereotipos de género, desde la violencia masculina
hasta la prostitución como espacio de experimentación cara a cara?
La solución no es la prohibición de conectarse a las redes, sino
más bien un uso adecuado de cómo conectarse. Por supuesto, ase-
sorados en un proceso de educación sexual y afectiva (Kornblit,
A. L. y Sustas, S. 2014). No censurar, sino crear capacidad crítica
para entender qué significa la pornografía, tratar el fenómeno de
la pornografía desde la perspectiva de la maduración de las rela-
ciones interpersonales. A veces los niños entre siete y once años se
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atreven a preguntar, pero si los adultos (padres, hermanos mayores,
educadores) evitan hablar de sexualidad y ellos no se sienten es-
cuchados, buscarán las respuestas en Internet o en sus iguales, los
cuales acabarán recomendándoles que busquen en internet (Gath-
em, 2015).
Hay que implicar en este proceso a toda la sociedad, pero es-
pecialmente a los servicios de salud, los educativos y a las familias,
en especial a estas últimas. Las relaciones intrafamiliares y con los
amigos son claves en el desarrollo de los estilos de vida de los ado-
lescentes y el desarrollo social y emocional de los mismos. El estilo
parental y el tipo de comunicación en la familia moderan el tipo
de consumo e impacto que internet tiene en los adolescentes. Las
relaciones intrafamiliares positivas reducen la posibilidad de com-
portamientos problemáticos en Internet (Ispa et al., 2013; Jiménez,
de-Ayala-López, García, 2013; Noll & al., 2013; Wisenblit, Priluck,
Pirog, 2013).
Es necesario trabajar con las familias, en entornos escolares y
comunitarios, para desarrollar programas preventivos, de tipo so-
cioeducativo, como se hace con los programas de fortalecimiento
familiar, como el Programa de Competencia Familiar.13 Se trata de
programas de larga duración (más de tres meses) que trabajan con
adolescentes y sus padres. Por otro lado, hay que conseguir mejo-
rar los programas de educación afectivo-sexual, ampliando su per-
spectiva a las relaciones interpersonales, desde los 10 o 11 años.
Por supuesto debe integrarse la perspectiva de las tecnologías de la
comunicación. Un programa de educación afectivo-sexual que se
olvide de internet está fuera del mundo adolescente.
Un ejemplo de este enfoque, más explícito que el Programa de
Competencia Familiar, se encuentra en experimentación en Estados
Unidos, desarrollado en Boston. En este programa los educadores
sexuales parten de la premisa de que la mayoría de los adolescentes
ve pornografía. En vez de hacer creer que arruinarán sus vidas, les
enseñan a analizarla para ayudarles a formar sus propias ideas sobre
13 http://competenciafamiliar.uib.es/
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el sexo, el placer, el poder y la intimidad. Se denomina, de manera
reducida «Alfabetización Porno». Este curso, cuyo nombre oficial es
«La verdad acerca de la pornografía: programa educativo de alfabet-
ización porno para estudiantes de bachillerato diseñado para reducir
la violencia sexual y en las relaciones», es un módulo añadido reci-
entemente al programa Start Strong, un programa de trabajo con
familias que incluye a los hijos y que se aplica en el extremo sur de
Boston, financiado por la agencia de salud pública de la ciudad. Chi-
cos y chicas, estudiantes de bachillerato, seleccionados previamente,
asisten cada año; provienen de centros públicos de secundaria de
Boston y también de colegios religiosos. Durante gran parte del año,
los adolescentes aprenden acerca de las relaciones saludables, las
relaciones violentas y temas relacionados con la comunidad LGTBI,
mediante debates grupales, juegos de rol y otros ejercicios.
Durante aproximadamente dos horas a la semana, durante
cinco semanas, los estudiantes de secundaria forman parte de la Al-
fabetización Porno, cuyo propósito es que cuando vean pornografía
sean más maduros y críticos al analizar cómo la pornografía presenta
el género, la sexualidad, la agresión, el consentimiento, las diferen-
cias étnicas, el sexo homosexual, las relaciones interpersonales y la
imagen corporal.
El programa de Alfabetización Porno, comenzó el curso 2016-
2017 y es una experiencia, en el marco de un estudio piloto liderado
por Emily Rothman, profesora adjunta de la Facultad de Salud Públi-
ca de la Universidad de Boston, quien ha dirigido muchos estudios
acerca de la violencia en las relaciones interpersonales, así como del
uso de la pornografía por parte de los adolescentes. Rothman ha
diseñado un currículum que evita asustar a los jóvenes haciéndoles
creer que la pornografía es adictiva o que arruinará sus vidas y sus
relaciones, además de pervertir su libido, sino que se ha centrado
en el hecho de que la mayoría de los adolescentes ven pornografía,
la seguirán viendo y será imposible evitarlo, por lo tanto, adopta
el enfoque de que enseñarles a analizar lo que ven es mucho más
efectivo que solo desear que los adolescentes vivan en un mundo sin
porno. Se trata de un estudio piloto, hay que ver los resultados que
ofrece a medio plazo.
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Otras opciones muy interesantes, aunque aún no disponen de
evaluación, son las que se basan en el desarrollo de pornografía con
un enfoque educativo, orientada a dar respuesta a la curiosidad de
los adolescentes. La página desarrollada por un grupo de profesio-
nales de Valencia, se presenta como «el primer proyecto educativo
a nivel mundial de conocimientos y experiencias sexuales, enseña-
dos de forma explícita y sin tabúes. Está liderado por profesionales
de la psicología y la sexología que supervisan la validez técnica de
todos sus contenidos.» (Pornoeducativo, 2018). La verdad es que
a lo largo de los últimos años hemos insistido en la necesidad de
disponer de opciones como esta. La revisión de contenidos ofrece
muchas posibilidades, en los próximos años veremos los resultados
que obtiene.
Discusión y conclusiones
No es necesario recordar que aquí se presenta una introducción
a los planteamientos de investigación que se están desarrollando
en los últimos años. La contrastación de las hipótesis requiere un
tratamiento con una muestra probabilística representativa de la po-
blación, tal y como se realizará a lo largo de 2018 y 2019 en España,
a partir de la red jóvenes e inclusión social (http://joveneseinclusion.
org/).
Como se ha podido comprobar, parece posible mantener la
primera hipótesis sin problemas. El consumo de nueva pornografía
entre los hombres es superior al consumo entre las mujeres, también
consumen más tiempo que las mujeres. No se puede saber si este
resultado se mantendrá en el tiempo o se equilibrará con la apari-
ción de otras modalidades de pornografía destinadas al consumo
femenino. Las dimensiones del mercado de la pornografía, así como
los grandes intereses comerciales que oculta, hacen pensar que di-
cho equilibrio (aumentando el consumo, mediante la incorporación
masiva de las mujeres) seguramente es el objetivo de quienes se
benefician de dicho mercado. Es decir, la pornografía femenina es
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un mercado que las organizaciones capitalistas que generan la nueva
pornografía no olvidan.
En cualquier caso, como uno de los intereses con los que se
relaciona la pornografía es el del consumo de prostitución femenina,
los destinatarios prioritarios siguen siendo los hombres, profundizan-
do en un modelo de sexualidad cisheteropatriarcal, coherente con la
dominación masculina característica del patriarcado.
El proceso de ritualización parece formarse en una serie de eta-
pas que se encadenan e influyen claramente:
La formación del habitus sexual se ve influido por la ob-
servación frecuente, desde edades muy tempranas, de
filmaciones pornográficas de fácil acceso.
Dicho habitus influye sobre las prácticas sexuales, en to-
dos los momentos de las relaciones sexuales interperso-
nales: elección de parejas, inicio de la relación, deman-
das sexuales, conductas implicadas, etc.
La simplificación de los procesos de selección de parejas
sexuales, gracias a internet, junto al habitus modificado,
permiten la repetición de experiencias con diversas per-
sonas. La repetición, así como la legitimación de las re-
laciones sexuales interpersonales según el modelo de la
nueva pornografía, producen un efecto de ritualización
de las relaciones sexuales interpersonales, de la misma
sexualidad en su conjunto.
La ritualización de la sexualidad (consumo de pornografía, con-
tactos on line con nuevas parejas sexuales, experimentación de con-
tactos pagados —prostitución—, etc.). Este tipo de prácticas del tipo
de las que señala Bourdieu como divisiones arbitrarias que se apoyan
en criterios sociales, pero «naturalizados»,14 como son la división so-
cialmente construida entre los sexos y sus interpretaciones sociales
14 Naturalización que se produce gracias a la familiaridad observada en internet.
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de la sexualidad. Las pantallas, en términos genéricos, se convierten
en un mediador fundamental en las relaciones interpersonales.
En cierta manera, se puede hablar de la sumisión de los sujetos
socializados ante pantallas. De acuerdo con la tradición iniciada por
Michel Foucault (1977) y sus reflexiones teóricas sobre la condición
contemporánea que produce sujetos dóciles y cuerpos maleables.
Los efectos incontrolables de la visualización de pornografía se
relacionan no solo con la propia pornografía y con la formación del
habitus ritualizado, sino que afectan a los sujetos mediante dos posi-
bles escaladas de conducta: la aparición de modalidades de violencia
en las relaciones interpersonales y el acceso a la prostitución, para dar
salida a conductas impracticables consensualmente con las parejas.
Es necesario reconocer la dimensión práctica de este proceso
de subordinación, reconocible a través de la transformación del su-
jeto sumiso (de su cuerpo, su discurso y su conducta). Tal sumisión
se obtiene a través de la modificación del habitus, así como de la
repetición ritualizada de prácticas, de ideas de sí y de esquemas de
evaluación y percepción de la realidad (otros sujetos) que se dan por
naturales (no históricos), gracias a la familiarización con las filmacio-
nes de la nueva pornografía, y que hacen de ésta un argumento para
seguir perpetuando la diferencia de género. Esta mirada, entonces,
se puede extender no solamente al problema del sexo – género, sino
también a la clase social o al deseo sexual.
Si se acepta que los impactos de la nueva pornografía pueden
ser diversos y la mayoría no especialmente positivos, habrá que plan-
tearse qué se puede hacer. Abrir el debate social, generalizarlo, pen-
sar e investigar el tema es fundamental, también implicar a las ins-
tituciones con funciones en la socialización de los sujetos: la familia
y la escuela prioritariamente. Las orientaciones más interesantes, en
este ámbito, no tienen que ver con la prohibición de conectarse a
las redes, sino más bien un uso adecuado de cómo conectarse. No
censurar, sino crear capacidad crítica para entender qué significa la
pornografía, tratar el fenómeno de la pornografía desde la perspec-
tiva de la maduración de las relaciones interpersonales, desde una
perspectiva crítica, igualitaria, y responsable que debe desarrollarse
con el apoyo una buena información y formación en educación se-
xual y afectiva.
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VULNERABILIDAD Y RESISTENCIA: EXPERIENCIAS INVESTIGADORAS
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... Sexual identity starts developing during childhood and can be modified by different factors, including social and external ones. From that perspective, having access to pornography becomes an important and relevant issue for teenagers and young people [1]. Young people have been defined by the World Health Organization as individuals 10-24 years of age, and, for the purpose of this investigation, we will refer to youth and young people independently, understanding they are individuals aged between 10 and 24 years old. ...
... Pornography is not a recent or new phenomena and its appearance can be traced back to the Ancient Greeks [2]; however, the new pornography that has appeared with the irruption of new technological devices has different and unique intrinsic characteristics, which differentiate it from the "old pornography". Ballester et al. [1] define it with the following: ...
... Furthermore, a recent study highlighted that ritualizing intimate relationships can have diverse consequences, among which they point out increasing difficulties to establish and maintain effective and sexual interpersonal relations, distorted expectations, which can result in greater failure when socially interacting, and poor levels of global functionality [1]. In particular, in their review, they pointed out that one of the possible negative consequences of exposure to new pornography is that it can lead young people to believe that they should emulate the practices they have observed (for example, non-consensual sex, violent sexual practices, copying illegal activities observed in extreme pornography, or engaging in risky sexual practices seen on the Internet), without a clear conviction or education about healthy and safe sexuality. ...
Article
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Nowadays, technology has become part of the daily activities of a large part of the population. Many of the activities and development and socialization processes of minors and young people have been transferred to the online world, generating attention and concern from the educational, scientific, and forensic communities. One of the most worrying issues derived from this new online world is the consumption of pornography by teens. The objective of this literature review is to draw attention to the consequences and emotional disturbances derived from the consumption of pornography in young people, as well as the forensic implications of this phenomenon, among which are paraphilias, perpetration, and victimization of sexual assaults, and the development of new forms of online sexual victimization. The main findings suggest that the first contact with pornography starts at the age of 8 years old, with important behavioral and psychological consequences, such as hypersexualization, emotional disturbances, and the perpetuation of gender inequality. Furthermore, pornography consumption by youth has been linked to the exacerbation of paraphilias, an increase in sexual aggression perpetration and victimization, and, finally, it has been linked to an increase in online sexual victimization. Implications and future lines of research are discussed.
... Through their free access to ICTs, our youth have become a consumer of pornographic content. International and national studies establish the prevalence of pornography consumption between 27 and 70.3% [59][60][61][62], with boys being more pornophile than girls [63,64]. The age range of initiation in pornography consumption is between 12 and 17 years [61,64], although some studies indicate that children are accessing pornography at increasingly younger ages, placing the first viewing at 8 years [60]. ...
... International and national studies establish the prevalence of pornography consumption between 27 and 70.3% [59][60][61][62], with boys being more pornophile than girls [63,64]. The age range of initiation in pornography consumption is between 12 and 17 years [61,64], although some studies indicate that children are accessing pornography at increasingly younger ages, placing the first viewing at 8 years [60]. ...
... Other interesting results of this study in line with international and national studies is that boys carry out more sexting behaviors than girls [63,65,71] and they also consume more pornographic content compared to girls [60,64]. We also found that older boys and girls practice the most sexting [65] and consume more pornographic content over the internet [60,61]. ...
Article
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Background: Within the context of the widespread use of technologies by adolescents, the objectives of this study were to identify the perpetrators of intimate partner cyberstalking (IPCS) in adolescents; to analyze the relationship between IPCS and gender, age, sexting behaviors, pornography consumption, and ambivalent sexism; and to investigate the influence of the study variables as predictors of IPCS and determine their moderating role. Methods: Participants were 993 Spanish students of Secondary Education, 535 girls and 458 boys with mean age 15.75 (SD = 1.47). Of the total sample, 70.3% (n = 696) had or had had a partner. Results: Boys perform more sexting, consume more pornographic content, and have more hostile and benevolent sexist attitudes than girls. However, girls perpetrate more IPCS than boys. The results of the hierarchical multiple regression indicate that hostile sexism is a predictor of IPCS, as well as the combined effect of Gender × Pornography and Benevolent Sexism × Sexting. Conclusions: it is essential to implement sexual affective education programs in schools in which Information and Communication Technologies (ICT) are incorporated so that boys and girls can experience their relationships, both offline and online, in an egalitarian and violence-free way.
... Thus, considering the consequences that the consumption of pornography can have, both at the individual level but also for the development of societies, the present study aims to analyze the consumption of pornography in a retrospective way within a sample of young university students in the north of Spain. Even though research already indicates that consumption of pornography begins at approximately eight years of age [34], researching with minors being a sensitive issue, the study was conducted with a university population, assuming the cohort's sufficiently mature stage to cope with the survey and also to describe their consumption story from a retrospective viewpoint until present.. Students were asked about their use of pornography in their early teenage years and youth and also about the affective-sexual education they have received during their recent youth. Another aim is to determine when they started using pornography, their motives and the possible effects of continued pornography use. ...
... Secondly, participants were asked to complete the Survey on Affective-sexual Education and Pornography [34]. This survey has been validated both empirically and by judges, and it is a scale based on a sociological survey. ...
Article
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Background: Violence against women and girls continues to be a widespread problem, and its elimination is one of the targets of the Sustainable Development Goal 5 toward achieving gender equality. One of the main causes of this violence is the structural sexism present in societies that continues to be perpetuated through pornography, especially among young people. Therefore, the main objective of this research is to analyze the consumption of pornography among young people, studying its effects and relationship with affective-sexual education. Methods: This study was carried out with a sample of 280 students in the north of Spain. The ages of the entire sample ranged from 18 to 37 years (M = 20.3, SD = 2.6). From the sample, 78.9% (n = 221) define their gender identity as women and 21.1% (n = 59) define their gender identity as men; no person within this research self-identify as non-binary. The instrument used was the Survey on Affective-sexual Education and Pornography (Ballester et al., 2019). The sample was recruited by snowball sampling. Results: The results of the present study show that the average age at which people start watching pornography is 10.4 years. The majority of young people consume it to satisfy their curiosity. In addition, with regard to gender, boys consume more pornography, especially for masturbation. Finally, 20.5% of the participants believe that the sexual education they have received has not been adequate, and most of them solve their sexual doubts by asking friends. Conclusions: The results indicate that it is necessary to improve the affective-sexual education provided in schools, since students consume pornography at a very early age, and young people have normalized its consumption to address their curiosity and satisfy their sexual needs. Finally, the impact of pornography consumption on SDG5 was reflected on.
... Por último, no podemos dejar de hacer una pequeña referencia a las opiniones de las familias castellanomanchegas sobre la educación sexual y el acceso a la pornografía de sus hijos e hijas a través de las redes sociales, tal y como se ha realizado en los capítulos previos, pues guardan relación con la forma en que interiorizan la igualdad y la desigualdad de género. Los efectos diversos, y no especialmente positivos, de la visualización de pornografía en la adolescencia se relacionan con la formación de un habitus ritualizado en las relaciones interpersonales según el cual los y las jóvenes se familiarizan con unas prácticas sexistas en las que se perpetúa la subordinación de las mujeres (Ballester et al., 2019). ...
... En cuanto al consumo de pornografía, la percepción de las familias se muestra con claridad: los chicos consumen más pornografía que las chicas, como de hecho demuestra la literatura más reciente al respecto (Andrés et al., 2020;Ballester et al., 2019). Las sospechas son rotundas, especialmente por tener una conexión accesible a Internet. ...
Research
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El estudio tiene por objetivo sacar a la luz el modo en que las redes sociales son generadoras de igualdad o de desigualdad de género entre la población adolescente de la región de Castilla-La Mancha, a través de la realización de 14 grupos de discusión a 109 chicos y chicas de 3º y 4º de la ESO, así como de 21 entrevistas a sus familias y profesorado.
Article
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Whether pornography consumption is a reliable correlate of sexually aggressive behavior continues to be debated. Meta-analyses of experimental studies have found effects on aggressive behavior and attitudes. That pornography consumption correlates with aggressive attitudes in naturalistic studies has also been found. Yet, no meta-analysis has addressed the question motivating this body of work: Is pornography consumption correlated with committing actual acts of sexual aggression? 22 studies from 7 different countries were analyzed. Consumption was associated with sexual aggression in the United States and internationally, among males and females, and in cross-sectional and longitudinal studies. Associations were stronger for verbal than physical sexual aggression, although both were significant. The general pattern of results suggested that violent content may be an exacerbating factor.
Article
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Both popular and academic discussions of pornography have explored the question of sexually explicit texts as pedagogy. While many commentators and scholars have acknowledged the educational qualities of pornography, there is no universal consensus as to what porn teaches its consumers and how it works as an educator. Pornography is increasingly itself the subject of educational texts, with ‘porn literacy’ being debated as a potential addition to the secondary state school curriculum in the United Kingdom and Australia. This article presents an overview of the field of ‘porn as pedagogy’ and pedagogy about porn. It is modest in scope, relying primarily on recent research and media reportage from Australasia, North America and the United Kingdom. These Anglophone countries have significant similarities in respect to the ways pornography is framed as a moral and/or political issue within public debate (although there are also notable differences). For this reason, the overview that follows does not seek to be globally representative, but represents a preliminary foray into a complex and diverse field.
Article
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Purpose ‐ This study aims to examine parental styles based on levels of nurturing and authoritarianism to determine mothers' awareness of children's media exposure, likelihood of setting media and consumption limits and communications with children about commercial messages. Design/methodology/approach ‐ The research design included a survey aimed at mothers of children ages four-eight. The researchers collected demographic, behavioral and consumption information regarding the mother's youngest child. Findings ‐ The results suggest that nurturing mothers are more aware of advertising aimed at children and talk more to children regarding advertising and consumption than authoritarian mothers. Mothers who are nurturing and not authoritarian are more likely to yield to requests and favor more regulation than other parents. Research limitations/implications ‐ The research is based on a convenience sample of mothers who were willing to provide confidential personal information about their children. Practical implications ‐ From a marketer's perspective, nurturing mothers represent a barrier to reaching children with persuasive messages. Such mothers not only limit access, but train children to be skeptical of advertising. Marketers who deal honestly with customers will be more successful in appealing to nurturing mothers and their market-savvy children. Social implications ‐ For public policy makers, distinctions in parental style can be useful in developing and promoting policy regulating food marketing practices. Nurturing mothers are more supportive of regulation than are authoritarian mothers, and efforts to promote such regulation should target nurturing mothers. The factors that influence mothers to intervene and limit children's media and consumption behavior also affect attitudes toward regulation of food-related advertising. Originality/value ‐ The paper is the first to examine mothers' parental styles and attitudes toward regulation and tie together attitudes toward consumption and policy with the same sample.
Article
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This article takes a critical look at the recent history of the concept of sex addiction, an archetypal modern sexual invention. Sex addiction began as a 1980s product of late twentieth-century cultural anxieties and has remained responsive to those tensions, including its most recent iteration, “hypersexual disorder.” Its success as a concept lay with its medicalization, both as a self-help movement in terms of self-diagnosis, and as a rapidly growing industry of therapists on hand to deal with the new disease. The media has always played a role in its history, first with TV, the tabloids, and the case histories of claimed celebrity victims all helping to popularize the concept, and then with the impact of the internet. Though it is essentially mythical, creating a problem that need not exist, sex addiction has to be taken seriously as a phenomenon. Rarely has a socio-psychological discourse taken such a hold on the public imagination—and proven an influential concept in academic circles too. We argue that this strange, short history of social opportunism, diagnostic amorphism, therapeutic self-interest, and popular cultural endorsement is marked by an essential social conservatism—sex addiction has become a convenient term to describe disapproved sex. Sex addiction is a label without explanatory force.
Article
Objective: There is no empirical information about how parents react when they discover that their young children have seen pornography. To address this gap in the literature, the current study sought to improve our understanding of parental reactions to discovering that their children ages <12 years old have seen pornography using a mixed-methods approach. Methods: A convenience sample of participants (N=279) were recruited from the online survey service mTurk. Eligible participants completed an online survey comprising close-ended and open-ended questions about their reactions when their young children saw pornography. Qualitative data were analyzed using a content analysis approach. Results: Parents had five main reactions when realizing that their children had viewed pornography: (a) angry, shaming, or punitive; (b) calm and factual; (c) ignoring, minimizing or denying that it happened; (d) panic or fear; and (e) lying to the child about what the child viewed. Most parents reacted calmly while a small percentage reported that they hit, scolded, or shamed their young children for seeing the pornography. Many reported not knowing what to say or do. Conclusions: Development and evaluation of parental scripts for developmentally-appropriate parent-child communication, or pediatrician-child communication, about pornography could benefit the field.
Article
Erika Lust is a film-maker, writer and blogger based in Barcelona. Born in 1977 in Sweden, she studied political sciences, feminism and sexuality. Tired of chauvinistic and tacky mainstream porn, she burst into the adult film industry in 2004, with the indie short film The Good Girl – a Humorous Statement of Principles. The immediate success of this first attempt encouraged her to pursue a film career. Besides the XConfessions series, Erika has directed four multi-award winning features: Five Hot Stories For Her, Barcelona Sex Project, Life Love Lust and Cabaret Desire. Last year she gave her ‘It’s Time for Porn to Change’ talk at TEDxVienna, which gained her notoriety for her campaign to change porn. She defends the need of having women behind the camera in all key positions. Her female characters are sex-positive, powerful and active, and captured within films that embody sexually intelligent narratives with relatable characters and realistic hot sex.
Article
The goal of this review was to systematize empirical research that was published in peer-reviewed English-language journals between 1995 and 2015 on the prevalence, predictors, and implications of adolescents’ use of pornography. This research showed that adolescents use pornography, but prevalence rates varied greatly. Adolescents who used pornography more frequently were male, at a more advanced pubertal stage, sensation seekers, and had weak or troubled family relations. Pornography use was associated with more permissive sexual attitudes and tended to be linked with stronger gender-stereotypical sexual beliefs. It also seemed to be related to the occurrence of sexual intercourse, greater experience with casual sex behavior, and more sexual aggression, both in terms of perpetration and victimization. The findings of this review need to be seen against the background of various methodological and theoretical shortcomings, as well as several biases in the literature, which currently precludes internally valid causal conclusions about effects of pornography on adolescents.
Article
Despite the increased social acceptance and widespread use of pornography over the past few decades, reliable and valid instruments assessing problematic use of pornography are lacking. This paper reports the findings of three studies aimed at developing and validating a new scale measuring problematic pornography use. The Problematic Pornography Use Scale (PPUS) items showed high internal consistency, convergent validity, and construct validity. Exploratory and confirmatory factor analyses revealed four core factors relating to proposed domains of problematic pornography use. High PPUS scores were positively correlated with measures of psychopathology, low self-esteem and poor attachment. Although PPUS scores were related to other behavioral addictions, problematic pornography use as operationalized in the current paper appears to be uniquely distinguished from features of behavioral addictions relating to gambling and Internet use. Findings highlight the potential use of the PPUS for future research and possible clinical applications by defining problematic pornography use as a behavioral addiction.