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Abstract

Más de un siglo después de la aparición de la primera estela de guerrero en Solana de Cabañas (Cáceres) y contando ahora con más de un centenar y medio de ejemplares para el estudio de este fenómeno, se presenta un nuevo monumento hallado en Cabañas del Castillo (Cáceres). La ausencia de contexto arqueológico que permita ponerla en relación con el poblamiento del entorno donde fue localizada, nos ha llevado a realizar un análisis iconográfico y estilístico que ha permitido, por un lado, incluirla dentro del denominado grupo de la sierra de Montánchez – valle del Tajo, dentro de la comarca de las Villuercas – Ibores, en la provincia de Cáceres; mientras que, por otro lado, se le asigna una cronología avanzada dentro del período tartésico, como así evidencian la presencia de elementos mediterráneos entre los objetos que acompañan al antropomorfo.
... 11). Fechas más recientes para la aparición de los cascos son propuestas entre el 1100-900 AC (Vilaça, Osorio y Santos 2011: 352) -pero cuando figuran los espejos serían a partir del 1000 AC (Santos, Vilaça y Marques 2011: 329)-, 1000 AC (Almagro Gorbea 1998: 283), 1000-900 AC (Almagro Gorbea 1998: 94;Ruiz-Gálvez y Galán 2017: 58), 1000-800 AC (Harrison 2004: 139), desde el 950 AC (Celestino 2001: 156;Rodríguez y González Bornay 2018: 1466, 900-800 AC (Almagro Gorbea 1973: 359) o 710-650 AC (Chapa y Pereira 2016: 365). ...
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A pesar de la escasez de cascos metálicos en la Península Ibérica, con seguridad sólo presentes en la ría de Huelva y quizás uno muy fragmentado en Vila Cova de Perrinho (Beira Litoral), ha ido incrementándose en los últimos años el número de cascos en estelas del Suroeste que nos permiten valorar mejor un elemento fundamental de la panoplia del guerrero y una posesión muy preciada. Su análisis indica que aparecen, junto a los espejos, en una segunda fase de las estelas del Suroeste, y se añaden a las estelas de iconografía tripartita con escudo, lanza y espada, las cuales que debieron comenzar hacia el 1325-1300 AC. Los primeros cascos cónicos apuntados con cresta convexa de tipo Biebesheim, conservados completos en Fundão, Santa Ana de Trujillo o Aldeia Velha, cabe situarlos hacia el 1275-1200 AC, asociados con espadas de enmangue rectangular que podrían ser de tipo Rosnöen. Estos elementos sugieren la llegada simultánea de influencias atlánticas y mediterráneas. La fase siguiente corresponde a estelas con antropomorfo debajo del escudo con escotadura en V de tipo Herzsprung y la presencia de espadas pistiliformes, caso de Cabeza de Buey I o Cabañas del Castillo durante el Bronce Final IIB, 1225-1150 AC. La etapa posterior es asignable a estelas donde el escudo y el antropomorfo tienen la misma importancia, perdurando las espadas pistiliformes. El esquematismo de algunas representaciones crea la duda si ya se introducen los primeros cascos cónicos apuntados con cresta cóncava de tipo Bernières d’Ailly en Zarza de Montánchez o Las Herencias I, durante el Bronce Final IIC, 1150-1050 AC. La fase final, en estelas donde el antropomorfo tiene un papel preeminente, las representaciones de cascos cónicos apuntados con cresta cóncava son muy esquemáticas en estelas de Setefilla o Ategua, durante el Bronce Final IIIA, 1050-950 AC.
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La nueva estela descubierta en el término de Ibahernando (Cáceres), no es un ejemplar más que añadir a la larga lista de este tipo de monumentos del Bronce Final. Su originalidad, deriva tanto del lugar del hallazgo como de su plasmación iconográfica. En el primero de los casos, porque la pieza en cuestión, probablemente una estatua menhir transformada en estela de guerrero, procede del entorno de un sepulcro megalítico del que solo se han conservado algunas piezas, entre las cuales destaca el extremo de un menhir decorado. En segundo lugar, porque pese a la relativa simpleza de la representación de sus componentes gráficos, concentra su expresividad en una figura antropomorfa privada de gran parte de su corporeidad y tocada en la cabeza con un motivo en forma de V, tal vez el adorno con plumas largas de un casco hemiesférico, cuya tipología es casi desconocida. Es además la segunda estela de mayor longitud conocida con 2,49 m y se encuentra relativamente bien contextualizada, un caso bastante excepcional, aunque el pequeño montículo donde se encontraba fue desmantelado recientemente. Todo ello, en un contexto de caminos antiguos, cuya demostración, reabre el debate sobre la función que desempeñaron estas singulares representaciones.
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