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«Perico, Dieguito y el “lindo garabato” de Casilda: la parodia del amor y del honor en la comedia burlesca anónima de El Comendador de Ocaña», Cuadernos de Teatro Clásico, 17, 2003, pp. 189-209.

Authors:

Abstract

La comedia anónima en chanza de El Comendador de Ocaña constituye una parodia burlesca de La mujer de Peribáñez, pieza de tres desconocidos ingenios del ciclo calderoniano, que rehace a su vez la trama de la famosa tragicomedia de Lope, Peribáñez y el Comendador de Ocaña. La obra —conservada en el ms. M 863 de la Biblioteca de Menéndez y Pelayo— fue editada por Miguel Artigas en 1926, y existe una reciente edición crítica de Arellano y Mata (2000). En un par de trabajos anteriores, y en el estudio preliminar a esta edición, he analizado la figura ridícula del Comendador que interviene en la anónima comedia en chanza. En las páginas que siguen es mi propósito acercarme de nuevo a esta pieza burlesca para estudiar la perspectiva ridícula con que son tratados dos temas importantes, el amor y el honor, que aparecen aquí vueltos completamente del revés, según las convenciones que rigen en el carnavalesco «mundo al revés» de la comedia burlesca del Siglo de Oro, género que busca, ante todo y sobre todo, provocar la risa del espectador. Aunque haré, como es lógico, algunas referencias a los modelos serios (La mujer de Peribáñez, la fuente directamente parodiada, y el anterior Peribáñez de Lope), no me interesa ahora detenerme en la comparación con las obras precedentes, sino explorar la comicidad de la burlesca.
LOPE DE VEGA
EN
LA
COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO
AÑO 2002
OPE
DE
VEGA
EN
LA
COMPAÑÍA NACIONAL
DE
TEATRO CLÁSICO
AÑO
2002
CUADERNOS DE TEATRO CLÁSICO
17
Dirigido
por
FELIPE B. PEDRAZA JIMÉNEZ
TEATRO
MADRID, 2003
Secretaría
de
redacción
Mar Zubieta
Primera edición: mayo 2003
©
De los
textos:
Los
autores.
©
De
las
fotografías:
Los
autores,
C.D.T.
©
De la
presente edición:
Compañía Nacional
de
Teatro Clásico
Príncipe,
14.
28012 Madrid
Documentación:
Mar
Zubieta
Diseño
y
maquetación:
Vicente
A.
Serrano
Digitalización
y
tratamiento
de
imágenes:
Esperanza Santos
Impresión:
A. C.
Luis Pérez,
S. A.
Algorta,
33 -
28019 Madrid
Dep.
Legal:
M.
3.195-2003
ISSN:
0214-1388
ÑIPO:184-03-026-9
índice
Presentación
Felipe B. PEDRAZA JIMÉNEZ 9
LA
DAMA
BOBA
Y PERIBÁÑEZ EN LA HISTORIA DEL TEATRO 11
La dama boba y Peribáñez: las huellas en el tiempo
Felipe B. PEDRAZA JIMÉNEZ 13
LA
DAMA
BOBA
EN LA C.N.T.C. 41
Conversaciones con la directora de La dama boba
Helena PIMENTA 43
El sexo de la razón: una lectura de La dama boba
Juan MAYORGA 51
Críticas 61
PERIBÁÑEZ
Y EL COMENDADOR DE OCAÑA EN LA C.N.T.C. 75
Conversaciones con el director de Peribáñez y el comendador de Ocaña
José Luis ALONSO DE SANTOS 77
Versión de Peribáñez
José María DÍEZ BORQUE 85
Críticas 95
7
ÍNDICE
ESTUDIOS
SOBRE
LA DAMA BOBA 109
Literatura
y
vida cotidiana
en La
dama boba
Rosa NAVARRO DURAN
111
Los sinuosos camino
de la
feminidad
en La
dama boba
Melchora ROMANOS
129
Realidad
y
apariencia: juego dramático
de La
dama boba
Aurelio GONZÁLEZ
147
ESTUDIOS SOBRE
PERIBÁÑEZ Y EL COMENDADOR DE OCAÑA Y SU
HERENCIA TEATRAL
161
Peribáñez: valor
y
sentido
de la
comedia villanesca
Alberto BLECUA
163
Perico,
Dieguito
y el
«lindo garabato»
de
Casilda:
la parodia
del
amor
y del
honor
en el
comedia burlesca
anónima
de El
comendador
de
Ocaña
Carlos MATA INDURÁIN
189
A Peribáñez
le
sienta bien
la
música
Manuel LAGOS
211
8
Perico, Dieguito y el «lindo garabato» de
Casilda:
la parodia del amor y del honor
en la comedia burlesca anónima de
El comendador de Ocaña
Carlos Mata Induráin
CRISO-Universidad de Navarra
L
a comedia anónima en chanza de El Comendador de Ocaña constituye una
parodia burlesca de La mujer de Peribáñez, pieza de tres desconocidos inge-
nios del ciclo calderoniano, que rehace a su vez la trama de la famosa tragi-
comedia de Lope, Peribáñez y el Comendador de Ocaña. La obra —conservada en
el ms. M 863 de la Biblioteca de Menéndez y Pelayo fue editada por Miguel Ar-
tigas en 1926, y existe una reciente edición crítica de Arellano y Mata |2000|. En
un par de trabajos anteriores |Mata, 1998 y
2000],
y en el estudio preliminar a es-
ta edición [Arellano y Mata,
2000],
he analizado la figura ridicula del Comenda-
dor que interviene en la anónima comedia en chanza. En las páginas que siguen es
mi propósito acercarme de nuevo a esta pieza burlesca para estudiar la perspecti-
va ridicula con que son tratados dos temas importantes, el amor y el honor, que
aparecen aquí vueltos completamente del revés, según las convenciones que rigen
en el carnavalesco «mundo al revés» de la comedia burlesca del Siglo de Oro',-
1 En la actualidad, el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra es-
tá publicando el corpus completo de comedias burlescas. Los estudios preliminares de las piezas ya
editadas constituyen las aportacioness valiosas sobre este género, y en esos trabajos se puede en-
contrar actualizada la bibliografía sobre el género: Comedias, burlescas del Siglo de Oro, tomo 1, El
rey don Alfonso, el de la mano horadada, ed. de Carlos Mata Induráin, Iberoamericana-Universidad
de Navarra, Madrid-Pamplona, 1998; Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo II, Los amantes
de Teruel. Amor, ingenio y mujer. La ventura sin buscarla. Angélica y Medoro, ed. del (¡RISO diri-
gida por Ignacio Arellano, Iberoamericana-Universidad de Navarra, Madrid-Pamplona, 2001; Co-
medias burlescas del Siglo de Oro, tomo III, El cerco de Tagarete. Durandartc y Belerma. La rene-
gada de Valladolid. Castigar por defender, ed. del GRISO dirigida por Ignacio Arellano, Iberoameri-
cana-Universidad de Navarra, Madrid-Pamplona, 2001. Puede consultarse también Comedias bur-
lescas del Siglo de Oro: El liamete de Toledo. El caballero de Olmedo. Darlo todo y no dar nada.
189
CARLOS
MATA
INDURÁIN
ñero que busca, ante todo y sobre todo, provocar la risa del espectador. Aunque
haré, como es lógico, algunas referencias a los modelos serios (La mujer de Peri-
báñez, la fuente directamente parodiada2, y el anterior Peribáñez de Lope), no me
interesa ahora detenerme en la comparación con las obras precedentes, sino ex-
plorar la comicidad de la burlesca. Respecto a los procesos de reducción que ope-
ran frente al modelo serio, me limitaré a copiar unas palabras de un trabajo ante-
rior [Mata, 1998:257|:
La reducción
s
sencilla
se
observa
en la
mera extensión
de la
pieza; pero
no sólo
el
número
de
versos
es
menor: también disminuye
el
número
cié
for-
mas estróficas utilizadas;
y lo
mismo sucede
con los
personajes,
que
quedan
reducidos,
en la
comedia burlesca,
a los
mínimos imprescindibles,
a los
ver-
daderamente operativos para
el
desarrollo
de la
acción
y el
desempeño
de las
funciones principales:
se
trata
de dos
triángulos amorosos,
el
formado
por
Peribáñez-Casilda-el Comendador,
y su
réplica
en el
ámbito
de los
criados,
Gilote-Benita-Hernandillo. Aparte quedan
don
Pedro,
el
padre
del
Comen-
dador,
que no
figuraba
en la
obra
de
Lope, pero
sí en La mujer de Peribáñez
(su función básica
es
reprender
a su
hijo,
en
serio
en la
comedia
de los
tres
ingenios, ridiculamente
en la
burlesca);
y el
coro
de
Músicos,
que
subraya
con
sus canciones determinados pasajes
{en
concreto,
la
escena
de
bodas
y los
preparativos
de la
marcha
de
Peribáñez
al
frente
de los
soldados)'.
Ni que decir tiene que en la comedia burlesca de El Comendador de Ocaña to-
dos los personajes están completamente degradados: Peribáñez es aquí un familiar
Céfalo
y
Pocris,
ed. de
Ignacio Arellano, Celsa Carmen García Valdés, Carlos Mata
y M.
Carmen
Pi-
nillos,
Espasa-Calpe, Madrid,
1999; y Dos
comedias burlescas
del
Siglo
de Oro: El
Comendador
de
Ocaña.
1:1
hermano
de su
hermana,
ed. de
Ignacio Arellano
y
Carlos Mata, Reichenberger, Kassel,
2000.
2
Escriben García Lamas, Hurtado
y
Pedraza [19X5:
10]: -Que la
obra debió
de ser
famosa
y
popular
nos
lo
confirma
la
existencia
de una
burlesca
y
disparatada parodia titulada
El
comendador
de Oca-
ña.
Muchos, incluido
su
editor Miguel Artigas [...], creen
que es un
remedo
del
drama
de
Lope. Bas-
ta echar
una
ojeada
al
dramatis personae para comprender
que la
comedia
en
chanza
se
deriva
del
texto
que hoy
editamos
y que su
autor
o
autores desconocían
la
Eamosa tragicomedia
de
Peribáñez
y
el
Comendador
de
Ocaña, escrita
por el
Fénix muchos años antes».
Y
Pedraza
|20Ü2: 387-388]:
«La mujer
de
Peribáñez
es la
versión
del
mito
que
circula
en el
último tercio
del
siglo XVII
(y no el
original lopesco, olvidado
a la
sazón
por
libreros
y
comediantes). |...|
Por
eso, cuando
un
anónimo
autor compone
la
Comedia
en
chanza
del
comendador
de
Ocaña, editada
por
Artigas
1192.61
y por
Arellano
y
Mata
|2000|,
el
objeto
de la
parodia
es La
mujer
de
Peribáñez, bien conocida
por su-
blico
de
fines
del
XVII,
y no el
Peribáñez lopesco, enteramente olvidado».
La
burlesca
y La
mujer
de
Peribáñez
la
mencionan también Zamora Vicente
[1987: 3.3-36j
y
McGrady
11997:
CXXII-CXXIII|;
para
una
revisión reciente
de
Peribáñez, véase Alonso
de
Santos
|2002|.
;
Paras detalles sobre
los
procesos
de
reducción frente
al
modelo serio
y el
tratamiento paródico
de
la figura
del
Comendador, remito
a
Arellano
y
Mata |2000:
18-27].
Citaré
la
comedia burlesca
por
la edición
de
Arellano
y
Mata
|20()0|;
el
Peribáñez
de
Lope,
por la de
McGrady
|
I997|;
y La
mujer
de Peribáñez,
por la de
Pedraza
11988|.
190
PERICO, DIKGUITO Y EL «LINDO GARABATO» DE CASILDA
Perico4, y está tratado como un marido cornudo que se aprovecha del «trabajo» de
su mujer; el Comendador es un mozuelo maleducado, Dieguito5, un niño de quince
años cuya mocedad disculpa todas sus locuras y amoríos; en fin, Casilda queda re-
ducida al tipo de dama pedigüeña que trata de sacar algunos dineros al Comenda-
dor merced al «lindo garabato» (v. 904) de su hermosura. Un universo degradado
preside toda la acción de la comedia, y todas las acciones relacionadas con el amor
(y los celos) y el honor se presentan aquí desde una perspectiva risible.
Así sucede desde el inicio de la acción. En efecto, la primera escena nos muestra
al Comendador, acompañado de su criado Hernandillo y unos músicos, vistiéndo-
se y comportándose ridiculamente. Al tiempo que juega del vocablo con fáciles di-
logías {descalzarse de risa, v. 24; quebrar la cabeza con el canto, vv. 39-40), ordena
a los músicos, entre otras cosas absurdas, que le canten al órgano las coplas de Juan
de Mena y las Vísperas sicilianas en tono de miserere. En ese momento llega Peri-
báñez para que autorice su matrimonio con Casilda, hecho que despierta sus celos
y desata su cólera6. Tras algunas respuestas ridiculas y evasivas (indica a Peribáñez
que se haga cura, a Casilda quiere «entralla monja profesa», vv. 155-56), da por fin
su permiso para la boda y Peribáñez le invita a ser su padrino. Este arranque de la
comedia burlesca parodia el de La mujer de Peribáñez, donde también el villano
protagonista acude a casa del Comendador a pedir autorización para celebrar su
matrimonio: «Casóme, y vuestra licencia / quisiera para casarme» (vv. 271-72).
En un momento posterior se explotan las posibilidades cómicas de la escena de
boda de Casilda y Peribáñez, con cantos, bailes y parabienes ridículos dedicados a
los novios: se les desea que tengan hijos gigantescos e hijas bigotudas (vv. 243-56);
siguen cuatro sonetos con rimas jocosas —agudas de Peribáñez, Casilda, el Co-
mendador y don Pedro, su padre (vv. 257-312). A los celos del Comendador y del
rústico Gilote —su esposa Benita es cortejada por Hernandillo se unen en este
momento los de Peribáñez, que comienza a sospechar y a preguntarse si estará se-
guro su honor. Tras una serie de peripecias, Peribáñez se queja del Comendador e
intenta reñir con él, pero el noble se molesta por haber sido interrumpido en su en-
trevista amorosa con Casilda y llama maleducado al labrador:
COMENDADOR. Ya me enfada el villanchón.
Decidme, cuando yo hablo,
¿meter vuestra cucharada
es buena crianza acaso?
(vv.
946-49)7
4 Perico lo llama el Comendador (vv. 165, 674, 685, 1333, 1350, 1485 y 1617), y también Casilda
(v.
271) y don Pedro (v. 377).
' Así se le denomina en los vv. 540, 571 y 646. En el Peribáñez de Lope, el honrado labrador explica
al final que don Fadrique «dio, como mozo, en amarla» (v. 3047, a Casilda).
'' También en I .a mujer de Peribáñez acude a pedir licencia para casarse, lo que provoca un aparte del
Comendador: «Yo pienso que ha de matarme
/
esta boda» (vv. 273-74) y su posterior comentario de
que le ofende la dicha del villano, al que envidia (vv. 309-12).
1.a expresión villanchón aparecía dos veces en La mujer de Peribáñez (vv. 1501 y 2303).
191
CARLOS MATA INDURÁIN
Peribáñez se amilana, y señala que no le importa que el Comendador y Casilda
anden juntos, pero les pide que al menos sean discretos, para que su relación no se
sepa en el barrio (vv. 958-66). En el desenlace, que sigue algunos episodios de la
trama del Peribáñez lopiano (a través de la reescritura ya mencionada), Peribáñez
envía un mensaje al Comendador en que se disculpa porque debe matarlo —así lo
dispuso el poeta y aquél se muere del susto. Por si acaso, el labrador sale a ayu-
darle a morir. El Comendador, ya supuestamente muerto, decide hacer testamento
y pide confesor, deparando el final soluciones grotescas para todos los personajes*.
1. Los amores de Casilda, Peribáñez y el Comendador
En esta comedia burlesca, como en otras piezas del género, todos los persona-
jes,
temas y motivos sufren una profunda y completa degradación. Examinemos en
primer lugar cómo se presenta el amor de los dos villanos. De Peribáñez se dice que
esta «despachurrado» (v. 90) y «beodo de amor» (v. 134) por su hermosa labra-
dora. En esa primera escena de la comedia se destaca su obstinación en casarse, cir-
cunstancia que suscita los celos del Comendador, a quien Peribáñez ha pedido que
sea el padrino de la boda. La descripción que el villano ofrece de su prometida no
es muy halagüeña, que digamos:
Compárense estos versos, por ejemplo, con la descripción cultista de Casilda
puesta en boca del Comendador en el modelo serio, La mujer de Peribáñez:
PF.RIBÁÑKZ. Es bellísima muchacha,
corcovada, coja y nacha;
ella, señor, es Casilda;
Casilda, gran señor, digo
que me trae despachurrado,
(vv.
86-90)
COMENDADOR. Ésta, que escucha y no atiende,
sin volver nunca la cara,
vergonzosa me responde
con la turbación del nácar;
incendio fueron purpúreo
en su rostro hermoso, cuantas
cuajó perlas el aurora,
nevó azucenas el alba.
Nadie como yo padece
con tan regalada llama,
pues son rosas las pavesas
P;
'ara un análisiss detallado de la acción remito a Arellano y Mata
[2000: 15-18].
192
PERICO,
DIEGUITO Y EL
«LINDO
GARABATO»
DE CASILDA
y son claveles las ascuas,
(vv.
129-40)"
En la burlesca, Peribáñez deja claro que quiere casarse a toda costa y el Co-
mendador, presa ya de los celos, le propone una solución alternativa: que entre en
religión. La respuesta de Peribáñez es tan disparatada como la propuesta:
COMENDADOR.
¿NO fueras conveniente
que os ordenaseis de misa?
PERIBÁÑEZ.
A fe que la hicimos buena.
Señor, no hay que replicar:
yo me tengo de casar
o sobre eso, morena;
traiga Casilda su dote
y,
si Dios fuere servido,
después que se haya comido
me meteré a sacerdote.
(vv.
103-12)
Las razones que Peribáñez presenta para querer celebrar el enlace nupcial son,
sin duda alguna, concluyentes. A una pregunta del Comendador en tal sentido, res-
ponde:
PERIBÁÑEZ.
Si he de hablar claro, señor,
lo primero, es mi vecina;
lo segundo, es muy hermosa,
y pardiez que esotroa
dije:
«Pedro, ¿qué sería
si aquesta fuese tu esposa?»
(vv.
115-20)
Peribáñez pondera, también ridiculamente, cuánto lo quiere ella: explica que un
a la quiso sacar a bailar y Casilda se negó; otroa que la encontró haciendo bu-
ñuelos, ella le dio una negativa alegando precisamente que era doncella... Pero na-
da de esto parece importar al buen labrador:
PERIBÁÑEZ.
...el alma se me enquillotra
cuando la miro compuesta,
y he de casarme con esta,
y si no gustáis, con otra,
(vv.
141-44)
* Véase también, en la obra debida a tres ingenios, la descripción de Casilda por Hernando (vv. 193-
206) y los elogios de Peribáñez a su esposa (vv. 279-98). En la burlesca. Culote comentará a propó-
sito de la buena apariencia física de Casilda: «Muchacha es de buen jarrete» (v. 1503).
193
CARLOS MALA INDURAIN
La boda se celebra, finalmente, y los parabienes que reciben de sus convecinos
—que se encuentran tanto en el Peribáñez lopesco como en La mujer de Peribá-
ñezu'—, expresados aquí por sus criados Gilote y Benita, no pueden sers ridí-
culos:
Gii.OTK.
¡Casilda y Peribáñez
vivan mil edades!
El primer hijo que tengan
plegué a Dios que sea tan grande,
que no quepa ela octavo
en la pila a bautizarse.
¡Vivan mil edades
Casilda y Peribáñez!
BENITA.
Y ruego a Dios que le dé
las hijas tantas y tales,
que tengan antes de uno
s bigotes que su padre.
¡Vivan mil edades
Casilda y Peribáñez!
(vv.
243-56)
s adelante, en un logrado soneto de rima aguda jocosa, Peribáñez insiste en
la descriptio negativa de la recién desposada:
Pi
RIBAN
1/.
Entona airoso su remifasol,
tiple de pluma, el pájaro novel,
haciendo lo rajado de un clavel
a sus quiebros hermoso facistol.
Sale a la playa tímido, español,
luchando con las olas, un bajel,
y yo tengo hecha el alma un cascabel
sin dársete, Casilda, un caracol;
tus cejas son a moco de candil,
por cuello te dio el cielo una canal,
tu espalda no es corcova, es un baúl;
admíteme siquiera por mandil
que aunque me ves vestido de sayal
dos verdes me he de dar con un azul,
(vv.
257-70)
Cfr.
Peribáñez,
vv. 126-65, y ¡.a
mujer
de
Peribáñez,
vv.
487-90
y 531-45. En
esta
última,
la
hipér-
bole
está
en el
número
de
hijos
que se les
desea:
«GlI.OTF.-
Tantos
hijos tengan
que / de lo que Ca-
silda
hilare,
/
por
muchas telas
que
echen,
/
no
tengan
para
pañales,
/
y de
estas
dichas
y
prosperida-
des...
/
Tonos.-Gocen
mil
edades»
(vv. 531-45).
194
PERICO,
DIEGUITO Y EL
«LINDO
GARABATO»
DE CASILDA
Soneto que merece la correspondiente respuesta de Casilda:
CASILDA.
Mucho estimo, Perico, tu afición
s gustosa que fruta de sartén;
vale,
, por mi vida, reales cien
tu cara, y en moneda de vellón;
yo te tengo de hacer un camisón
como me han enseñado, mal o bien;
náceseme el mirarte un santiamén:
¿quién te viera vestido de gorrón?
Si mató a Abel el mísero Caín,
también habló la burra de Balan,
así lo dice el pueblo en su run run;
si se mira tu cara, es un hollín,
si tu talle, pareces un buen Juan;
s con todo te quiero como atún,
(vv.
271-84)
Poco —por no decir nada es lo que queda aquí de los hermosos elogios y pi-
ropos que intercambian los recién casados en las obras serias precedentes. A con-
tinuación describe Peribáñez ridiculamente —como vamos viendo, todo lo es en es-
ta comedia en chanza los aposentos de la casa donde van a vivir (vv. 327-42)".
Llama la atención que, siendo la comedia burlesca un género propenso a las alu-
siones maliciosas y de claro contenido obsceno, con numerosas menciones explíci-
tas de las prácticas sexuales, en esta obra apenas haya ninguna12. Ni siquiera esa
descripción de los aposentos matrimoniales da pié a un chiste subido de tono.
Es a esta altura de la acción cuando Peribáñez se da cuenta de los celos del Co-
mendador, que rabia y mira con deseo a Casilda. Por eso, la Jornada I acaba con
tiernas protestas de fidelidad1' de la hermosa labradora:
PERIBÁÑEZ.
En fin, ¿dices que seguro
ha de estar siempre el honor?
CASILDA.
Como la peña de Martos.
PERIBÁÑEZ.
Vivass que el caracol;
pues si tú me das ayuda
mas que me embista Sansón,
porque a cualquiera combate
" La escena en que Peribáñez. muestra la casa a su esposa da lugar a un bello intercambio de piropos
en La mujer de Peribáñez (vv. 491-530). Otros pasajes similares, que incluyen el elogio de la felici-
dad domestica, los leemos en los vv. 607-625, 989-1088, 1019-78 y 2127-68.
'- Excepción sería la afirmación de don Pedro de que «una no es ninguna» (v. 818), que parece chiste
obsceno evocador de refranes del tipo «Una es escaseza, dos gentileza, tres valentía, cuatro bella-
quería. Habla del acceso a la mujer» (Correas).
" Casilda pondera su fidelidad en La mujer de Peribáñez, por ejemplo en los vv. 2193-2204.
195
CARLOS MATA INDURÁIN
estaré como un reloj
y en todo acaso podrá
decir triunfante mi voz:
«Coz que le dio Periquito al jarro,
coz que le dio, que le derribó».
(vv.
421-32)
Sin embargo, la actitud de Casilda ante el asedio del Comendador es bastante
equívoca en esta pieza. Por un lado, se ha dicho que gasta rigor con el Comenda-
dor (v. 297), pero cuando el noble sale huyendo, puesto en fuga por Peribáñez, ella
lo sigue hasta su casa y se muestra claramente inclinada a amar a su galán, sobre
todo cuando le ofrece agasajos y regalos. Así lo podemos comprobar en una esce-
na de la Jornada 11, con Peribáñez al paño:
COMENDADOR.
CASILDA.
COMENDADOR.
CASILDA.
COMENDADOR.
CASILDA.
COMENDADOR.
CASILDA.
PERIBÁÑEZ.
COMENDADOR.
PERIBÁÑEZ.
CASILDA.
COMENDADOR.
CASILDA.
COMENDADOR.
¿Que al fin me quieres?
Y cómo.
¿Siempre?
De ivierno y verano.
¿Qué tanto me quieres?
Mucho;
quiérote tantos cuanto.
Yo te amo que es un juicio.
Yo te quiero que te amo.
Mal se percibe lo que hablan;
pero deso no me espanto
porque he advertido que siempre
se oye mal cualquier agravio.
Cien arrobas de pasteles
te he de traer.
Guarda, Pablo.
Muy bien lo podéis hacer
porque tenéis buenos cuartos.
Dame una mano en señal.
Tomad, y tomadla paso
porque no lo oiga mi esposo.
Dices bien, que está mirando,
(vv.
909-26)
Todo el pasaje que sigue resulta especialmente valioso para nuestro propósito
de explorar el tratamiento ridículo del tema amoroso. El Comendador promete a
Casilda un vestido de damasco (v. 980) y ella responde diciendo que preferiría to-
do su mayorazgo, «pues palabras y señores
/
tarde se desempeñaron» (vv. 988-90).
Peribáñez, por su parte, que ya no confía en su esposa, espera al menos que, si se
entrega al Comendador, aportará algo de dinero al matrimonio. Así lo manifiesta
196
PERICO,
DIEGUITO
Y EL
«LINDO
GARABATO»
DE
CASILDA
a Gilote cuando
le
explica
que se
ausenta porque
el
Comendador
lo
manda
a la
guerra como capitán
de los
labradores:
GILOTE.
PERIBÁÑEZ.
GILOTE.
PERIBÁÑEZ.
GILOTE.
PERIBÁÑEZ.
Es verdad,
mas
dime agora
¿quién diablos
nos ha
metido,
señor,
en
guerras
ni
gorras?
El Comendador
me
envía.
Si
te
envía
es
otra cosa;
¿pero
qué
hará
tu
mujer?
Holgarase como todas,
porque
a una
mujer casada
el marido
es
grande corma.
¿Y comer?
Gilote,
que
ella
lo gane:
¿no es
buena moza?
Y
no
siempre
ha de
durar,
amigo,
el pan de la
boda,
(vv.
1084-96)
Recuérdese que,
en la
obra
de
Lope, Casilda contribuye económicamente
al ma-
trimonio cosiendo («que siempre tengo
en la
villa / quien
mis
labores concierta»,
vv.
712-13)14. Volviendo
a la
burlesca,
es
cierto
que
Peribáñez sabe dedicar
de vez
en cuando algún piropo
a su
amada, como
el
«Casilda
de mis
ojos»
del v. 1103.
También reconoce
que su
esposa
es
«mujer honrada»
(v.
1240), aunque esta
es una
expresión
que hay que
interpretar aquí
a
mala parte.
El
propio
don
Pedro, padre
del Comendador,
le
advierte
de que su
hijo, «poco atento»,
le
ofende
(vv. 1199-
1200).
Después, Casilda reconoce taxativamente
que ama al
Comendador
«de bo-
te
en
bote»
(v. 1501) y se
enoja
con su
marido porque tarda
en
marcharse
al
fren-
te
de la
compañía
de
villanos1'. Estos
son los
versos
que
corresponden
a la
despe-
dida
de
Casilda
y
Peribáñez,
que
traslucen
la
impaciencia
de la
mujer:
CASILDA.
Adiós, Pedro
de mi
vida.
PERIBÁÑEZ.
Aguarda,
quen no me voy.
CASILDA.
¿Cómo
es
posible
si
estoy
sintiendo
yo tu
partida?
PERIBÁÑEZ.
¿Que,
en fin, no me
olvidarás?
CASILDA.
El que lo pienses me irrita.
4 McGrady anota
que
este tipo
de
contribución
de la
mujer
a la
hacienda familiar
lo
recomendaba Fray
Luis
de
León
en La
perfecta casada.
5 También
el
Comendador aparece para meterle prisa,
lo
mismo
que
ocurría
en La
mujer
de
Peribá-
ñez:
«¿Cuándo
os
habéis
de
partir,
/
Peribáñez,
que se
pasa
/
la
tarde?
(Y
estoy rabiando
/
porque
el
villano
se
vaya.)»
(vv.
2169-72). Recuérdese
que el
nombramiento
de
capitán
es
«honra aforrada
en
infamia» (Lope: Peribáñez,
v.
2193).
197
CARLOS MATA INDURÁIN
PKRIBÁÑKZ
CASILDA.
PKRIBÁÑKZ
PKRIBÁÑKZ
CASILDA.
GI I.OTE.
¿Si el Comendador te incita?
Porfiar que porfiarás.
Gilote, ¿y tú no dispones
qué me mandar? Di, ¿qué pides?
Señora, que no me olvides
en tus pobres oraciones.
Yo,
esposa, me quiero ir.
¿Pues no te despides?
Ven,
que dos que se quieren bien
no se saben despedir,
(vv.
1255-70)
En esta pieza, el Comendador cuenta con Benita y Hernandillo como cómplices
en sus planes de asedio a la recién desposada"1. Cuando la criada porfíe para que
el noble entre en casa de Peribáñez, Casilda resiste (vv. 1451-62) y alega que no
puede darle su «mano hermosa» porque «tiene uñas» (v. 1482). Al final, Casilda se
muestra llorosa y se confiesa una mujer desdichada y triste por la pérdida de su ma-
rido (v. 1612), pero no se sabe muy bien si se refiere a la muerte del Comendador
o al hecho de que su Perico se haya metido a clérigo. En efecto, Peribáñez —des-
pués de muerto el Comendador decide llamarse iglesia (v. 1638) y hacerse sacer-
dote (curiosamente, se cumple así lo que absurdamente le había sugerido el Co-
mendador al comienzo de la obra), y la solución que propone a Casilda para no es-
tar separados es que ella se haga sacristana y sea su ama1". El disparatado desenla-
ce no lo sanciona, en esta comedia burlesca, el rey, sino el padre del Comendador:
«El difunto en paz repose, / Pedro, y mi gracia te alcance» (vv. 1643-44).
2.
Los celos del Comendador y el honor de Perico, marido cornudo
En otra ocasión [Mata, 2000:531] ya dejé indicadas algunas notas relativas al
carácter ridículo del Comendador protagonista de esta parodia:
El Comendador de Ocaña es en esta comedia burlesca un personaje comple-
tamente degradado, como es habitual en los patrones del género: según con-
fiesa él mismo (v. 587), se trata de un travieso muchacho de quince años, ena-
morado de Casilda, enloquecido y rabioso por los celos (en este sentido, en-
troncaría con el tópico del enamorado
furens,
el loco de amor, intensifican-
do el retrato del Comendador de Lope que ya vimos enfermo y melancólico
de amores); un «niño», un «muchacho», un «rapaz» —son expresiones lite-
Benita y Hernando son también quienes ayudan al Comendador en La mujer de Peribáñez; mientras
que en la obra de Lope eran Leonardo, Lujan e Inés, la prima de Casilda.
Hay aquí una alusión maliciosa a las relaciones equívocas de curas y amas.
198
PERICO, DIEGUITO Y EI. «LINDO GARABATO» DE CASILDA
rales [...] al que su padre anda persiguiendo en diversos pasajes de la co-
media para decirle el evangelio (vv. 571-72), esto es, para leerle la cartilla y
reprocharle su mala conducta. Aquí su nombre de pila es Diego, pero su pa-
dre le llama varias veces con el diminutivo
Diegnito
[...]; un personaje, en fin,
ridículo que terminará muriendo del susto, porque así lo mandan el poeta y
la comedia, es decir, el modelo serio.
Ahí mismo señalaba también que, en lo que respecta a su caracterización psi-
cológica, «los rasgos en los ques se insiste son la enajenación amorosa y los ce-
los» (Mata, 2000:531]. En efecto, el Comendador sufre locura de amor18, según se
indica desde los primeros versos, en comentario de Hernandillo: «Vive Dios que
está hecho un loco / mi señor, de enamorado» (vv. 17-18). Cuando Perico viene a
pedir que le case con Casilda (es decir, que dé su licencia para que puedan casar-
se),
se enciende de celos:
Como ya vimos, la única solución que se le ocurre para este conflicto es meter
a Casilda monja profesa (v. 156). En el soneto de rimas agudas que declama don
Pedro, afirma con relación a su hijo: «Tiénele amor atado con su red; / Casilda le
trae muerto sin piedad» (vv. 307-308). Y luego justifica su comportamiento alu-
diendo a su mocedad, que es un caballo sin freno (vv. 531-32). Como sucede en La
mujer de Peribáñez (cfr. los vv. 571-606 y 2250-64)1,J, don Pedro se encarga de re-
prenderlo severamente, aunque aquí en forma ridicula: le riñe, en realidad, por no
haberle dado todavía nietos (vv. 579-82).s adelante se parodia su condición de
enamorado famélico (vv. 597-600); su padre se queja además de que galantee frai-
les (vv. 601-608, alusión paródica a los galanteos de monjas) y le indica que la so-
lución para todo es que se case cuanto antes (vv. 625-32). Un soliloquio del Co-
mendador en la Jornada III resume la situación anímica en que le tienen sus amo-
res con Casilda, a la que persigue desde dos años atrás:
ls En el Peribáñez de Lope, el Comendador habla de sus «locos amores» (v. 1318) y el labrador tam-
bién se refiere a «tan loco amor» (v. 1885). En La mujer de Peribáñez la caracterización del senti-
miento del Comendador es muy similar, pues también le hace perder el seso, sufrir y rabiar de celos
(vv.
229, 273-74, 546-48, 2739).
" En la obra de tres ingenios el padre del Comendador se llama don Sancho. En el Peribáñez lopiano
no interviene la figura paterna.
PERIBÁÑEZ.
COMENDADOR
COMENDADOR Ya no se puede sufrir
tal género de matar.
Pedro, ¿quiéreste casar?
,
señor, hasta morir.
¡Que así con celos me abrases!
(vv.
145-49)
COMENDADOR. Muerto me trae Casilda,
faraona de perlas,
199
CARLOS MATA INDURÁIN
y en golfo de desdenes
anda mi alma en pena.
Dolorido está el pecho,
que vale, en buenas freilas,
para sentir rigores
el dolor lo que pesa.
¡Oh, virotero dios,
y cómo es cosa cierta
que caen las Navidades
mucho antes de Cuaresma!
Ceguezuelo te pintan,
y no sé si lo aciertan:
yo te pusiera antojos,
veamos por quién queda.
A los pechoss duros
vas por mar en carreta;
si eres ciego, muchacho,
¿qué mucho que no veas?
Hierras los corazones
y es mala consecuencia,
hierra amor, luego solos
los herradores hierran.
¡Cuántos secuaces tuyos,
aljabas de tus flechas
han perecido! Dios
en descanso les tenga.
En pernetas diz que andas:
¿qué mucho que te vean
descalcico si no
tienes blanca ni media?
Bueno me han puesto, niño,
tus trazas halagüeñas;
ya saben lo que pasa:
quien con niños se acuesta...
Antaño tropecé
en tus lazos de cera,
antaño tropecé
y hoy caí en la cuenta,
(vv.
1291-1330)
Si el Comendador se caracteriza por sus celos rabiosos y su ardoroso amor (en
el v. 1483 exclama: «De puro amor me consumo»), Peribáñez queda equiparado a
uno de esos maridos cornudos tan frecuentes en la literatura satírica aurisecular.
Esta condición del labrador queda apuntada desde el comienzo de la versión pa-
200
PERICO,
DIEGUITO Y EL
«LINDO
GARABATO»
DE CASILDA
ródica. Así, por ejemplo, cuando señala que Casilda le pide que sea bueno, pala-
bra que hay que interpetar, en este contexto, a mala parte:
PERIBÁÑEZ.
Iten con semblante ameno,
esperando a que estornude,
diciendo otros «Dios te ayude»,
dice ella «Dios te haga bueno»,
(vv.
137-40)
Eso no impide que, como ocurre en los modelos serios, Casilda constantemen-
te encarezca —ridiculamente su fidelidad, desde las primeras escenas:
PERIBÁÑEZ.
El Comendador te mira,
esposa; celoso voy,
que es mal agüero a un casado
ser, Casilda, una de dos.
CASILDA.
De azares está la boda,
pero sóbrame valor
para no te dejar nunca
bailando siempre a tu son;
galantéeme Pilatos,
obligue el Comendador,
que a Pilatos, a él, a todos,
al mundo, al diablo, a Nerón
les sabré decir me besen
adonde no me da el sol.
(vv.
395-408)
Este Peribáñez burlesco es también cobarde: cuando advierte en su casa la pre-
sencia de extraños, manda por delante a su mujer:
Sale Peribáñez con espada. Casilda y Benita con dos candiles.
PERIBÁÑEZ.
Casilda, ve tú delante,
que yo a tantos no me atrevo;
quizás por mujer a ti
te guardaráns respeto,
(vv.
653-56)
Al final consigue poner en fuga al Comendador y expresa su idea de darle
muerte (vv. 733-36). Desde este momento sus apelaciones al honor —siempre ridi-
culas
van a ser continuas. Por ejemplo, cuando pide enfáticamente la ayuda del
cielo para vengar su ultrajado honor:
201
CARLOS
MATA INDURÁIN
PKRIBÁÑKZ.
Ayuda, cielos, os pido
contra la fortuna escasa.
Hasta que un hombre se casa
no comienza a ser marido;
yo probaré mi intención
luego que con sangre escriba
la afrenta: ¡que haya quien viva
bebiendo agua con jamón!
He de buscaros sin tasa
en coche, a pie y a caballo;
allá voy, mas si no os hallo
pienso volverme a mi casa,
(vv.
783-94)
s tarde manifiesta en voz alta sus renovadas sospechas al comprobar que
Casilda ha seguido al Comendador hasta su casa:
PERIBÁÑEZ.
Mi mujer entró aquí, y pienso
que no a rezar el rosario;
vela aquí, porque no puede
ningún hombre ser casado,
(vv.
867-70)
Otra apelación al honor encontramos cuando Casilda cuenta su versión de los
hechos al padre del Comendador, con su marido al paño:
CASILDA.
Viome, pero aquí el honor...
PKRIBÁÑEZ.
Honor dijo, aquello es malo;
yo pienso que anda mi honor
entre Herodes y Pilatos.
(vv.
891-94)
También cuando el Comendador quiere regalar un vestido a su esposa:
COMENDADOR.
A Casilda le he de dar
un vestido de damasco.
PERIBÁÑEZ.
No hagáis tal cosa, señor,
porque os costará muy caro.
COMENDADOR.
Rico soy, no se os dé nada.
PERIBÁÑEZ.
Honor mío, esto va malo.
(vv.
979-84)
Y luego viene otra larga tirada en la que Peribáñez, además de reflexionar so-
bre su condición de marido cornudo y consentidor—gargajea como un Diego Mo-
202
PERICO, DIEGUITO Y EL «LINDO GARABATO» DE CASILDA
reno para hacer notar su presencia, las gentes comentan que tiene duros los cascos
(«cuernos»), apostrofa a su honor:
PERIBÁÑEZ. ¿Qués indicios, honor,
te ha de dar el desengaño?
Entrar mi mujer aquí,
venir yo, estar escuchando,
huir el Comendador
cuando yo a reñir le saco,
venir Casilda tras él,
estar aquí dentro entrambos,
ofrecerla él un vestido
de seda, y ella acetarlo,
gargajear yo muy recio,
no inmutarles el gargajo,
decirse por los corrillos
que tengo duros los cascos,
yo tropezar, y caer
en junio la Cruz de mayo,
cosas son, viven los cielos,
sospechosas, tanto cuanto:
no hay más, Casilda me ofende;
esto es cierto o lo contrario,
(vv.
991-1010)
Cuando el Comendador dice que lo va a hacer soldado, Peribáñez exclama:
«Callemos, honor, callemos, / que al buen callar llaman Sancho» (vv. 1017-18).
Hacia el final de la Jornada II, Peribáñez sigue preocupado por su honor2" y Ca-
silda por el vestido que le han prometido, mientras el Comendador se muestra dis-
puesto a arreglarlo todo:
CASILDA. El vestido os encomiendo.
PERIBÁÑEZ. Señor, mi honor os encargo.
COMENDADOR. Vestido tendrá Casilda
y vos honor, Pedro; vamos.
Vase.
CASILDA. Qué bien lo compuso todo;
Cualquier lector de
Peribáñez
puede advertir que para crear el climax Lope repite la misma situación:
salida inexcusable del protagonista —por motivos religiosos o patrióticos y entrada nocturna del
Comendador para conseguir el amor de Casilda. Graciosamente, en la burlesca, al Comendador tam-
bién le preocupa la opinión de los vecinos si acompaña de vuelta a casa a Perico y Casilda («que yo
por el qué dirán
/
no quiero ir a acompañaros», vv. 1023-24).
203
CARLOS MATA INDURÁIN
al fin él es señorazo.
(vv.
1025-1030)
Y el tema del honor reaparece en el monólogo de Peribáñez con que se remata
ese segundo acto:
PKRIBÁÑKZ. NO, honor, lo que me diga
cuando todo soy cuidados.
Por Dios que vienen las penas
a pares, como zapatos.
¿Al padre de mi enemigo
diré el furor en que ardo?
No,
pues aunque se lo cuente
lo contado lleva el gato.
¿Diré al mundo mis pesares?
No,
porque puede escucharlos.
Por desbautizarme estoy,
aunque no, que soy cristiano.
¿A mi esposa apedrearé?
Mátame solo el pensarlo
y dirán los que me vieren,
,
que soy un echa cantos.
¿Mataré al Comendador?
A esto me fuerzan los hados;
pero no, que puede hacerle
mucho mal el sobresalto.
Paciencia, pues, honor mío,
como marido suframos,
que para no hallar remedio
el remedio es no buscarlo.
Déme el cielo paciencia, sin embargo
que una cólera llevo como un ganso.
Vamos, honor, que en daño tan prolijo
lo ques siento ya es no haber dormido,
(vv.
1031-58)
Aquí la paciencia (v. 1055) que espera Perico le dé el cielo alude indirectamen-
te a los cuernos, porque se trata de la paciencia del marido consentidor. Cuando
regresa a casa dejando su puesto al frente de los labradores, explica a Gilote que
viene a velar por su honor, jugando con una frase hecha:
GlLOTE.
¿Dónde, arrastrado, me llevas
desta suerte tras de ti?
204
PERICO, DIEGUITO Y EL «LINDO GARABATO» DE CASILDA
PERIBÁÑEZ. Vuelvo a examinar mi honor,
y no a moco de candil,
(vv.
1381-84)21
La luna, que se menciona en el diálogo de amo y criado, simboliza de nuevo los
cuernos de Peribáñez (y de Gilote):
PERIBÁÑEZ. La luna nos hace daño.
GILOTE. NO creo que eso sea así,
porque es patrona de novios
con sus dos de Medellín.
(vv.
1389-92)
En fin, esta es la última tirada de Peribáñez acerca del honor, en la que sus re-
flexiones se mezclan con absurdas preguntas retóricas y otros disparates:
PERIBÁÑEZ. ¿Mas qué importa, honor, qué importa,
qué importa, enemigo vil,
si tú estás todo manchado
que lleve mucha agua el Rin?
¿Qué importa, tirano dueño
del alma, ingrato Caín,
que digas que no me ofendes
si dicen otros que?
¿Qué importa, Casilda ingrata,
de mis potencias zahori,
si está desnudo el honor
que tú tengas faldellín?
Hoy ha de llorar el alba
sangres de un celemín;
llore el alba, que no siempre
el alba se ha de reír.
Mataré al Comendador
aunque se vaya a Madrid,
y le he de dar una muerte
que no hayas que pedir,
(vv.
1415-34)
Al final, Hernandillo avisa al Comendador de que Peribáñez se ha marchado,
pero que por la noche volverá a su casa para mirar por su honor (vv. 1339-41); el
noble responde que allí debe encontrarlo Perico:
21 En La mujer de Peribáñez se decía que volvería a ser un Argos vigilante de su casa (vv. 2215-16).
205
CARLOS MATA INDURÁIN
COMENDADOR. Es fuerza
HLRNANDILLO.
COMENDADOR.
HERNANDILLO.
COMENDADOR.
que en su casa me tope
Perico cuando vuelva.
¿Para qué?
Ha de matarme.
HLRNANDILLO.
COMENDADOR.
¿Matarte, y no te ausentas?
Gran bobo eres, Hernando,
por no decir gran bestia:
¿por qué me he de ausentar
si es preciso que muera?
¿Preciso?
Claro está,
HERNANDILLO.
COMENDADOR.
poco sabes de cuentas:
¿no es fuerza morir
si lo dice la comedia?
Naciste desgraciado.
Hijo Hernando, paciencia,
que yo muero con gusto
por mandarlo el poeta,
(vv.
1348-64)
Esto precipita el final ridículo de la comedia en chanza: el Comendador se
muere él mismo del susto, pero por si acaso Peribáñez acude a ayudarle a morir
(vv.
1.529-34).
3.
El triángulo Gilote-Benita-Hernandillo
El triángulo amoroso formado por Peribáñez, Casilda y el Comendador tiene
su correlato en el ámbito de los criados con el de Gilote-Benita-Hernandillo, quie-
nes reproducen las mismas acciones de los señores. Gilote -—que, como marido ul-
trajado, ya era contrafigura de su amo en La mujer de Peribáñez explica a su es-
posa qué debe hacer si Hernandillo entra a verla, aunque se presente muy humil-
de delante de ella:
Los celos de Gilote aparecen en algunos pasajes de claro sentido humorístico,
por ejemplo el de los vv. 195-242, que se remata con la indicación de Benita de que
su marido es hombre «de buena pasta» (v. 242). Gilote es, en efecto, un cornudo
confeso —lo mismo que Peribáñez—, como se deduce de un comentario suyo al fi-
GlLOTE. Aun entonces
heis de juzgar que os engaña
y que nos tira al honor,
(vv.
215-17)
206
PERICO, DIEGUITO Y EL «LINDO GARABATO» DE CASILDA
nal de una conversación en la que los esposos hablan de las habilidades domésti-
cas de Casilda:
PERIBÁÑEZ.
CASILDA.
PERIBÁÑEZ.
CASILDA.
GlLOTE.
Agora avisarte quiero
las haciendas por menor
en que ocuparte podrás
con fruto de bendición.
¿Sabrás hilar una rueca?
¿Qué es una rueca?, y aun dos.
Ara sus, pues aprender
presto, que nadie nació
enseñada; ¿y hacer puntas?
¿Yo hacer puntas? ¿Soy halcón?
En mi vida las he hecho.
Pues según eso, mejor
hacendera es mi Benita,
que apenas se desposó
cuando, aprendiendo a hacer puntas,
me puso en la cholla dos.
(vv.
357-72)
Las dos puntas que le ha puesto en la cholla, en la cabeza, son, claro está, los 'cuer-
nos'.
Gilote presenta algunos puntos de semejanza con Perico: él deja hacer a Benita y
Hernandillo (cfr. los vv. 344-51), igual que Peribáñez consiente las pretensiones del Co-
mendador si le reportan algún beneficio económico22. Sus celos hacen que Benita lo ca-
lifique de hombre «malicioso» (v. 415); pero esa escena (vv. 409-20) pone de mani-
fiesto su apocamiento frente a su mujer, que es, como Casilda, «buena» (v. 1273), ad-
jetivo que de nuevo hay que entender a mala parte: cuando Perico y Gilote marchen a
la guerra y el Comendador galantee a Casilda, Hernandillo hará lo propio con Benita.
4.
Final
En esta Comedia en chanza del Comendador de Ocaña todo se presenta en for-
ma disparatada, y el tratamiento serio del amor, los celos, la belleza femenina o el
honor queda dinamitado por las convenciones paródicas y los procedimientos de
abrasión cómica de la comedia burlesca del Siglo de Oro. En estas piezas prevale-
ce la función lúdica y, para lograr la carcajada del espectador, sus autores echan
mano de todo tipo de recursos verbales y escénicos, propios de la jocosidad dispa-
ratada. Unas palabras de un trabajo previo [Mata, 2000: 534] me parecen ade-
cuadas para cerrar el presente:
~ Incluso ambos utilizan a veces las mismas expresiones: así, en el v. 209 Gilote sentencia: «lo dicho,
dicho»,
igual que hiciera antes su amo en el v. 100.
207
CARLOS
MATA
INDURÁIN
La degradación paródica afecta en esta comedia burlesca anónima de El Co-
mendador de Ocaña a todos los personajes: Peribáñez, convertido en un fa-
miliar Perico, es un vulgar marido cornudo al que lo único que le importa es
que su deshonra no se conozca entre sus vecinos; Casilda aparece como una
de esas pidonas tan satirizadas por Quevedo; y, en fin, todo un Comendador
se nos muestra como un personaje celoso y cobarde, que canta y baila en es-
cena, vestido ridiculamente con la golilla en la pierna y una rueca en la cintu-
ra,
cuyos parlamentos amorosos son humorísticos, que emplea un registro lin-
güístico bajo y que, después de morir obedientemente porque así lo manda la
comedia, resucita y se levanta para irse a enterrar por su propio pie... Todo
esto,
y mucho más, es posible en el mundo al revés de la comedia burlesca.
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Article
Full-text available
This paper offers an approach to the main features and conventions of the burlesque comedy of the Spanish Golden Age, a corpus formed by about fifty parodic plays that were performed during Carnival and on St. John’s Day as part of the court festivals celebrated in the Royal Palace or in the Buen Retiro palace complex. These two features (theatre of Carnival and courtier theatre) are the main key when analyzing these plays. The primary function of these pieces is to provoke laughter within the aulic audience —the king and his noblemen. To achieve this goal, authors of burlesque comedies use all of the resources at hand, including both scenic and verbal humor. The plays are marked by an absurd wit, and they bring on stage a carnivalesque world turned upside-down in which everything (including characters, plots, literary motifs, and dramatic conventions) is grotesquely parodied, brutally degraded, and made comical.
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