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«El “bardo de Escocia” y el “Homero de Vasconia”: Walter Scott, modelo de Navarro Villoslada», Pregón Siglo XXI. Revista Navarra de Cultura, 17, Verano de 2001, pp. 63-67.

Authors:

Abstract

El vianés Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) es uno de los mejores escritores que Navarra ha aportado a la historia de la literatura en lengua española. Aunque cultivó todos los géneros literarios, y fue además un destacado político y periodista , su fama se ha cimentado sobre todo en sus novelas históricas: Doña Blanca de Navarra (1847), Doña Urraca de Castilla (1849) y, especialmente, Amaya o los vascos en el siglo VIII (1879). En estas obras imita, como tantos otros novelistas europeos del momento, las creaciones del escocés Walter Scott (1771-1832), autor de Waverly (1814), Guy Mannering (1815), Rob Roy (1817), The Heart of Midlothian (1818), The Bride of Lammermoor (1819), Ivanhoe (1820), Kennilworth (1821), Quentin Durward (1823), The Talisman (1825) y Woodstock (1826), entre otras. El navarro ha recibido varios apelativos que lo relacionan con el bardo escocés, del que fue «digno émulo» o «imitador feliz»: «el Walter Scott de Navarra», «el Walter Scott de las tradiciones vascas», «el Walter Scott español», etc. Su novela Amaya ha sido calificada, en reiteradas ocasiones, como «la Ilíada del pueblo vasco», de ahí que a su autor se le haya conocido también como «el Homero de Vasconia».
"PREGÓN Siglo
XXI". 17.
O VIII.
VERANO, 2001.
Portada:
B. Soteras Elía
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SUMARIO
DE PREGÓN
Editorial 3
Del Director: "Se hace saber..." 4
SAN FERMÍN
San Fermín: fiestas para vivir de día.
Pedro Saéz Martínez de Ubago
9
Cántico/imploración ante el peligro.
Carmelo Biurrun
14
Las barracas del ayer.
Antonio José Ruiz
15
Un San Fermín en Cádiz.
Javier Soria Goñi
17
El Paseo.
Ana Ruiz Echauri
18
Sota, caballo y rey.
Alfonso Pascal Ros
20
Una jota inédita del Maestro Turrillas 22
"La cuesta de la estación".
JJ. Arazuri Diez (+)
23
José Joaquín Arazuri, el historiador de Pamplona.
Juan José Martinena ....
27
A José Joaquín Arazuri.
Javier Rouzaut Garbayo
30
Nombres de calles de Pamplona.
Ricardo Ollaquindia
31
Así se gestó la candidatura del Nobel para M. Delibes.
M" José Vidal
34
Algunos actos de la Sociedad Cultural Peña Pregón.
Jesús Tanco Lerga
38
Reflexiones sobre la familia común y foral.
Francisco Salinas Quijada
41
El raid del Plus ultra.
B. Soteras Elía
46
Patografía de Chopin (Primera parte).
Mariano Carlón Maqueda
48
Una incursión sobre cómo cambió la concepción del amor
en la Edad Media
(I).
José María Corella
54
Los grabados de Jesús Lasterra.
José María Muruzábal del Val. José María Muruzábal del Solar
59
El "bardo de Escocia" y el "Homero de Vasconia":
Walter Scott, modelo de Navarro Villoslada.
Carlos Mata Indurain
63
Albí, la cuna de Toulousse Lautrec.
María Luisa S. Sala
68
La tumba s bella del Monasterio del Escorial: Juan de Austria.
María Dolores Martínez Arce
72
José María Cabodevilla.y.A.
Marcellán
74
Recordando al pintor Aurelio Vera Fajardo.
Vicente Arrizabalaga Moñones
78
Una pincelada de Nicolás Ardanaz.
Andrés Briñol Echarren
80
La cultura del desierto. El arte Nazca.
Ana María Uñarte Martín
81
Por el alto Pirineo.
Josélndave Nuin
83
Caminar.
Beatriz Arteche Sola
84
Paderborn, nuestra hermana alemana. "El Cardenal".
Jesús M". Barrientos
85
Amadís de Gaula y su nueva propuesta: El señor de las patrañas.
Ana Anabitarte
87
Las Navas de Tolosa. Ante un centenario histórico (I).
B. Soteras Elía
89
Crónica de libros.
Jesús Tanco Lerga
92
POESÍA:
Fernando Jaime
Español.
Víctor Manuel Arbeloa.
Victoriano Bordonaba. M" Sagrario Ochoa Medina. Ana Huguet López
95
Fotografía:
B. Soteras Elía, JJ.
Arazuri,
Archivo Pregón, Ricardo Ollaquindia,
José María
Muruzábal,
María Luisa S. Sala.
Grabados:
Archivo Pregón.
Dibujos:
Archivo Pregón, B. Soteras Elía, José María Iribarren (+).
[i]
№17 Verano 2001 ESTUDIOS
EL
"BARDO DE ESCOCIA" Y
EL
"HOMERO DE VASCONIA": WALTER SCOTT,
MODELO DE NAVARRO VILLOSLADA
Carlos Mata Induráin
E
l vianés Francisco Navarro Villoslada (1818
1895) es uno de los mejores escritores que
nuestra tierra ha aportado a la historia de la
literatura en lengua española. Aunque cultivó todos
los géneros literarios, y fue además un destacado
político y periodista (1), su fama se ha cimentado
sobre todo en sus novelas históricas:
Doña Blanca de
Navarra
(1847),
Doña Urraca de Castilla
(1849) y,
especialmente,
Amaya o Los vascos en el siglo VIH
(1879)
En estas obras imita, como tantos otros
novelistas europeos del momento, las creaciones del
escocés Walter Scott (17711832), autor de
Waverly
(1814),
Guy Mannering
(1815),
Rob Roy
(1817),
The
Heart of Midlothian
(1818),
The Bride of
Lammermoor
(1819),
Ivanhoe
(1820),
Kennilworth
(1821),
Quentin
Durward
(1823),
The Talismán
(1825) y
Woodstock
(1826),
entre otras. El navarro ha recibido varios
apelativos que lo relacionan con el bardo escocés, del
que fue "digno émulo" o "imitador feliz": "el Walter
Scott de Navarra", "el Walter Scott de las tradicio
nes vascas", "el Walter Scott español", etc. Su novela
Amaya ha sido calificada, en reiteradas ocasiones,
como "la
litada
del pueblo vasco", de ahí que a su
autor se le haya conocido también como "el Homero
de Vasconia".
He aquí algunas opiniones que enlazan la narra
tiva del vianés con la de Scott: "De la fábula tejida
por el Sr. Navarro Villoslada, cabe repetir lo que se
ha dicho de las novelas de Walter Scott, que son s
verdaderas que la historia", afirmaba Gabino Tejado
en el momento de la publicación de Amaya; "Novela
de portentosa imaginación en la que se codea con su
maestro Scott en muchos de sus pasajes" (palabras de
Ainhoa Arozamena, refiriéndose a la misma obra);
"Fue el mejor novelista histórico en España, a la
manera de Walter Scott" (Julio Cejador); "Navarro
[Villoslada] parece haber aprendido muchas cosas de
Walter Scott, y aunque nunca lo sigue de un modo
servil, constantemente provoca el recuerdo de sus
asuntos, personajes y métodos" (Edgar Allison
Peers).
José Fernández Bremón, en la nota necroló
gica que le dedicó en 1895, escribía acerca de sus
novelas: "imitaciones de Walter Scott hemos oído
llamarlas, y no es exacto: pertenecer a un género no
es ser imitación; Navarro Villoslada estudiaba la cró
nica y las costumbres de un período histórico espa
ñol, y le hacía revivir en forma novelesca con asunto
propio y no imitado: era discípulo del novelista
inglés, pero autor español y original"; y Manuel
Pérez Villamil señalaba, también con ocasión de su
fallecimiento, que su paleta sólo era "comparable con
la del bardo y novelista escocés Walter Scott, legí
timo padre de la novela histórica". Citas similares
podrían multiplicarse hasta la infinidad, pero creo
que las apuntadas bastarán para poner de manifiesto
la relación existente entre ambos escritores.
1.
La narrativa de Walter Scott
Walter Scott ha sido considerado, y con razón, el
inventor de la novela histórica moderna. Noveló fun
damentalmente la historia de su país natal, Escocia
(también episodios de la de Inglaterra), y ejerció una
influencia muy notable sobre toda la narrativa euro
pea del siglo XIX (2). Sus primeras producciones
poemas narrativos y novelas—, nostálgicas evocacio
nes de los Highlands 'las tierras altas de Escocia' y de
sus belicosos clanes, obtuvieron una calurosa aco
gida, de forma que escribir "a la manera de Walter
[63]
ESTUDIOS 17 Verano 2001
Scott", imitando sus técnicas narrativas y la forma de
construir sus personajes, se convirtió en garantía de
éxito editorial (y, por tanto, de éxito económico); por
ello fueron legión los escritores de toda Europa que
siguieron sus pasos, volviendo la vista hacia los gran
des hechos históricos de sus países para novelarlos
con mayor o menor acierto, con s o menos dosis
de fantasía. El fenómeno caló también en España,
especialmente entre 1834 y 1844, que es asimismo
la gran década del drama romántico. Se considera la
obra cumbre del género en nuestro país
El señor de
Bembibre
(1844), de Enrique Gil y Carrasco, pero
escribieron igualmente novelas históricas López
Soler
{Los bandos de Castilla),
Larra
{El doncel de don
Enrique el Doliente),
Espronceda
{Sancho Saldaña)
y
muchísimos otros.
Scott es autor de numerosas novelas, de calidad
muy variable (en la última fase de su vida, desde
1826, escribió sin corregir demasiado, acuciado
como estaba por la ruina financiera). El escocés es
ante todo un gran narrador, un escritor que sabe con
tar historias. Pero en sus obras la ficción romántica
sirve de excusa para un riguroso análisis histórico,
para una certera investigación del pasado nacional, si
bien acepta en ocasiones versiones tradicionales de
los hechos e introduce elementos sobrenaturales,
románticos o de sabor
gótico.
Son las suyas novelas
con varios niveles de lectura, que van desde el sim
ple relato de aventuras hasta el análisis minucioso de
procesos históricos a través de sus "héroes medios".
En este sentido, la crítica ha destacado su habilidad
para plasmar complejos conflictos políticos y socia
les en términos individuales: en sus personajes los
destinos individuales se entrecruzan con lo histórico
social colectivo; dicho de otra forma, esos personajes
son representación de la vida del pueblo.
Scott lleva a cabo una rigurosa labor de investi
gación que se refleja en lo que podemos llamar la
"reconstrucción arqueológica" de la época novelada,
esto es, la descripción exacta y minuciosa de vesti
dos,
armas, usos y costumbres de tiempos ya pasa
dos,
pero no muertos. Con ello busca sobre todo ser
verosímil, aunque se le ha criticado que en sus nove
las hace intervenir a personajes medievales que pien
san y actúan como lo harían los contemporáneos del
autor. Sea como sea, su pluma consigue hacer revivir
ante nuestros ojos ese pasado, mostrándonoslo como
algo que tuvo una actualidad; y no sólo eso: también
como un pasado que influye de alguna manera en
nuestro presente.
2.
La maga de la montaña
Aunque la crítica moderna considera unánime
que sus mejores novelas son aquellas que menos se
alejan en el tiempo, esto es, las de ambiente escocés,
la que s influyó en la novela histórica romántica
fue,
sin duda alguna,
Ivanhoe.
En esa novela podemos
encontrar casi todos los recursos scottianos que
serían asimilados por otros novelistas históricos. En
el caso de nuestro escritor, el personaje de Gontroda
o doña Gertrudis, la nodriza de Ataúlfo en
Doña
Urraca de Castilla,
recuerda muchísimo (por su edad,
por su carácter, por las puntas de bruja que tiene, por
su dramática muerte) a la Ulrica de
Ivanhoe,
y el
incendio del castillo de Altamira calca el del castillo
de Torquilstone. En
Ivanhoe
Scott ofrece una com
pleta teoría acerca de los orígenes de la nación
inglesa, y lo mismo hace Navarro Villoslada en
Amaya
(su tesis es que la unión de vascos y godos
frente al enemigo común, el Islam, constituye el ger
men de la monarquía católica española). Sin
embargo, no quiero ahora escribir de
Ivanhoe,
sino
comentar otra novela menos conocida de Scott de la
que Navarro Villoslada pudo tomar algunos elemen
tos.
Me refiero a
La maga de la montaña
(o
La bruja de
la montaña,
pues con ambos títulos se ha publicado
en nuestro país). Esta novela contó con una edición
española en 1844
{La maga de la montaña. Novela
iné
dita,
Madrid, Establecimiento tipográfico de D. F.
de P. Mellado Editor, 1844). La novedad editorial no
escaparía a la siempre despierta curiosidad del de
Viana, que por entonces vivía en Madrid, metido de
lleno en el mundillo periodístico y literario (revistas,
tertulias, liceos...). De esa edición de 1844 se con
serva un ejemplar en la Biblioteca Nacional, signa
tura 3/1.257, pero mis citas serán por una edición
s accesible
{La bruja de la montaña,
San Sebastián,
Roger Editor, 2000).
También en esta obra encontramos los rasgos
típicos de la narrativa de Walter Scott. Por un lado,
la podemos leer como un simple relato de aventuras
románticas, en el que importan sobre todo las peri
pecias amorosas y los diversos lances que suceden a
los personajes. Pero, por debajo de la trama nove
lesca, Scott nos está ofreciendo también una magní
fica lección de historia. Como suele ocurrir en las
novelas de Scott, en los primeros capítulos se nos
ofrecen los principales datos históricos acerca de la
época evocada; esos datos conforman, como si dijéra
mos, el telón histórico de fondo sobre el que se va a
construir la ficción novelesca y son necesarios para
que el lector comprenda las motivaciones y senti
mientos de los personajes. La acción se sitúa en Esco
cia, mediado ya el siglo XVIII; el narrador nos va
informando de la división del país en dos zonas, los
Highlands y los Lowlands, y de sus habitantes en
torys
y
whigs;
explica también la Unión que vincula
al país con Inglaterra (tras la disolución del Parla
[64]
№17 Verano
2001
ESTUDIOS
mentó escocés
en 1707) y nos
proporciona datos
sobre
la
gran rebelión
de 1715 en
favor
de los
Estuardos, destacando
la
figura
de Rob Roy Mac
Gregor.
Ahora estamos
en el
otoño
de 1743 y los
clanes
se
preparan
de
nuevo para
la
guerra. Reina Jorge
II, rey
de Inglaterra
y
Escocia, pero
se
sabe
que el
preten
diente
de los
Estuardos, Carlos Eduardo, está dis
puesto
a
desembarcar
en
algún punto
de la
costa
escocesa
y
luchar
por ia
religión católica
y el
trono
arrebatado
a su
familia.
En el
capítulo
II
Scott
explica perfectamente
los
tres partidos existentes,
encarnando cada
uno de
ellos
en un
personaje
de la
novela (Lady Regina,
a los
partidarios
de la
Unión
con Inglaterra; Dick
el
Jorobado,
a los
partidarios
de
la independencia
de
Escocia;
y Sir
James Gregory,
al
partido mixto
o de los
indecisos).
La
división exis
tente
en
Escocia
se
refleja igualmente
en la
cocina
del palacio
del
laird
de
Aberfoyle, entre
sus
criados:
Thornston, antiguo contrabandista,
es
papista, par
tidario
del amo y de la
independencia, mientras
que
Percie,
natural
de
Londres,
es
anglicano, unionista
y
defiende
los
intereses
de
Lady Regina (véase
el
capí
tulo
V).
En
la
novela
se
exalta continuamente
el
carácter
independiente
de los
escoceses
en
general,
y en
par
ticular
de los
montañeses. Dado
el
agitado momento
histórico, algunos
de los
habitantes
de las
tierras
altas sólo
son
salvajes
que han
encontrado
en el
pillaje
y en la
guerra
su
mejor modo
de
vida
(los
cateranes 'bandidos, salteadores').
Sin
embargo, pese
a
su
belicosa condición,
los
montañeses conservan
intacto
el
proverbial sentido
de la
hospitalidad,
incluso
con los
enemigos derrotados (Adam
Bol
chimbrocth cura
y
practica
una
sangría
a Sir
John
Fickney; éste quiere pagarle
con
unas monedas, pero
el altivo montañés
le
explica
que la
hospitalidad
se
da,
no se
vende;
cfr. p. 166).
Algo
muy
similar hará
Navarro Villoslada
en
Amaya, donde
se
elogian
los
valores
y las
costumbres tradicionales
de los
antiguos
vascones
(y,
para
la
hospitalidad, recuérdese
el
perso
naje
de
Miguel
de
Goñi,
a
quien
le
gustaría
que
todas
las
montañas
del
valle
se
llenasen
de
invitados
cuando
la
boda
de su
hijo Teodosio).
Por
otra parte,
los jefes
de los
clanes
se
rigen
por un
sentimiento
caballeresco
de
honor
y
fidelidad,
y se
muestran dis
puestos
a
alzarse
en
favor
de
Carlos Eduardo
y
levan
tar
el
estandarte
de la
religión
aun
cuando saben
que
no tienen posibilidades
de
triunfar.
En el
capítulo
final, el
XX,
"Te
Deum laudamus",
el
narrador explica
que
se han
levantado cuatro clanes:
los
MacGregor,
los Camerones,
los Ben Law y los
MacLeods,
y a
ellos
se ha
sumado
el
grupo
de los
cateranes
(que han
decidido dejar
de
robar
y
ayudar
en la s
noble
causa
de
defender
su
patria
y a sus
soberanos legíti
mos),
pero
en las
líneas finales anticipa
el fin
desgra
ciado
de la
revuelta.
Además
de esa
magnífica evocación histórica,
Scott lleva
a
cabo otra reconstrucción
de
tipo "arqueo
lógico".
Me
refiero
a la
acertada descripción
de
cos
tumbres, vestidos
y
armas,
en
especial
de los
clanes
y
de los
cateranes escoceses
(su
arma principal
es la
claymore,
su
vestido
el
plaid;
cfr.,
sobre todo,
las pp.
7,
137 y 156; en su
minuciosidad,
nos
informa
a
tra
s
del
narrador
de que
el
plaid
de los
MacGregor
es
de cuadros encarnados
y
verdes). Cabe destacar,
en
este sentido,
los
capítulos
XII, "Los
cateranes",
y
XIV,
"El
lago Leven"
(que
describen, respectiva
mente,
al
grupo
de
salteadores
y la
reunión
del
Con
sejo
de los
clanes,
con sus
representantes: Hamish
MacGregor, Cameron
de
Lothiel, Boisdale
Mac
Leods,
el
Duque
de
Perth
y
Lord Lovat). Desde
el
punto
de
vista lingüístico,
el
"color local"
se
refuerza
con algunas palabras
que en la
traducción
se
conser
van
en el
idioma original:
sheriff,
groom
'mozo
de
caballos',
plaid,
claymore, laird
'aristócrata escocés',
usquebaugh
'un
licor'. También,
en un
determinado
momento,
se
indica
que
unos personajes emplean
el
gaélico
en vez del
inglés
(p. 166).
Navarro Villos
lada,
en su
afán
de
verismo, lleva
a
cabo
el
mismo
"buceo" históricoarqueológico,
lo que no
impide
que acarree también, para
la
construcción
de su
relato, diversas leyendas
y
elementos fantásticos
(por
ejemplo, todo
lo
relacionado
con el
tesoro
de
Aitor).
También introducirá palabras
y
canciones vascas,
y
dará importancia
a los
idiomas (latín, vascuence,
hebreo...)
que
emplea cada personaje.
2.1.
Personajes
En cuanto
al
trazado
de los
personajes,
lo
normal
es
que
Scott
nos
ofrezca unos retratos
que
mezclan
la
descripción física
y la
moral.
Un
buen ejemplo
de
esto
lo
tenemos
en el
capítulo
II,
donde
se nos
pre
senta
a Sir
James Gregory,
a
Dick
el
Jorobado
y a
Lady Regina Cowal
de
Dumbarton.
El
universo
de
los personajes
se
divide maniqueamente
en dos
mita
des,
los
"buenos",
con los que nos
identificamos,
y
los "malos", cuyo comportamiento provoca nuestro
rechazo.
Así,
encontramos aquí
la
típica heroína
romántica, miss Diana,
la
hermosa
y
angelical hija
del
laird
de
Aberfoyle, doncella pura
y
hermosa,
de
candido corazón, toda belleza
y
bondad, víctima ino
cente
de los
manejos
de su
madre,
de su
hermana
Love
y de Sir
John Fickney.
La
otra protagonista
femenina
es
miss Jeannie,
la
hija
de Sir
James
el bai
lío,
bella también, hasta
el
punto
de ser
apodada
"la
rosa
de
Ersnorth",
que se ha
criado desde
la
infancia
junto
a
Dick. Este, Dick
el
Jorobado,
es el
héroe
[65]
ESTUDIOS №17 Verano 2001
Walter Scott.
romántico, feo y deforme, de origen incierto (es el
ahijado del bailío, pero desconoce quiénes fueron sus
verdaderos padres); lleva una vida salvaje y monta
raz,
pero tiene sus principios: es noble, valiente y
enamoradizo, ama el bien y la independencia de su
país.
El amor imposible que siente por miss Diana,
su amistad con el bailío (a quien agradece sincera
mente que lo acogiera y criara) y el ardor de la patria
son, según confiesa en el capítulo XIII, sus únicos
sentimientos. Navarro Villoslada también recurrirá a
estos patrones de "héroes" románticos frente a mal
vados "villanos", aunque sabe crear igualmente per
sonajes de cierta hondura psicológica, a través de
finos análisis introspectivos (piénsese, por citar un
solo ejemplo, en el complejo carácter de Teodosio de
Goñi, muy alejado de los tipos planos al uso en otras
novelas).
Muy interesante es el personaje de MacMaggy
(véase su descripción en la p. 148), especie de pito
nisa cristiana que excita a los escoceses a luchar por
la independencia. Pese a su aspecto feroz, con su cru
cifijo de madera negra, es el ángel tutelar de los
pobres montañeses. Los habitantes de la región la
consideran un ser superior, maga o bruja (recuérdese
el título de la novela) y le atribuyen un poder sobre
natural, siendo supersticiosamente temida. Ella, que
simplemente sabe algo de hierbas, no desmiente las
habladurías populares, y siempre pone un viso mara
villoso en todas su acciones. Por ello está muy arrai
gada la creencia en su poder sobrenatural y es respe
tada, temida y adorada. Su papel es muy importante
para animar a los clanes a luchar para salvar a Esco
cia. Le duele ver a su país gimiendo en la servidum
bre,
y cuenta el sueño o aviso que Dios le ha enviado
con un ángel, visión en la que se identifica a Escocia
con Cristo: tras sufrir el Calvario, resucitará (Mac
Maggy afirma que vio el espíritu de Escocia a la
derecha de Dios; cfr. las pp. 15960). s tarde,
cuando el laird de Aberfoyle se ponga al frente de la
revuelta (capítulo XIX), MacMaggy cantará inspi
rada desde una barca, animando a la lucha. Pues
bien, los lectores de
Amaya
habrán reconocido las
similitudes que con este personaje scottiano guarda
la sacerdotisa pagana Amagoya, venerable anciana
que cumple exactamente la misma función: animar a
los vascones a la lucha contra el invasor musulmán;
Amagoya también pasa por bruja o hechicera y apa
rece en los momentos decisivos de la novela cantando
o recitando viejas baladas (su bella voz, heredada por
su sobrina Amaya, es patrimonio exclusivo de las
mujeres del linaje de Aitor).
De importancia secundaria es el personaje del
laird
de Aberfoyle, que se ha vuelto loco (en el capí
tulo II se explica que por el comportamiento liviano
y las infidelidades de su esposa en la corte francesa de
Versalles); sin embargo, recupera la cordura en dos
momentos cruciales de la novela, primero para arre
meter contra los que atormentan a su desdichada hija
Diana (capítulo III) y luego para salir en defensa de
su país y su legítimo rey (capítulo XVI).
Hasta aquí los personajes positivos. Por lo que
toca a los malvados o "villanos", tenemos a Lady
Regina, la esposa del
laird,
mujer casquivana y malé
vola, y su fea hija Love, de carácter similar: ambas se
complacen en atormentar a miss Diana. Y también
hemos de incluir en esta categoría negativa a Sir
John Fickney, caballero de industria, aventurero ego
ísta y sin escrúpulos que, en su afán de medrar, no
tiene reparos en hacer la corte, a la vez, a Lady
Regina y a su hija Diana, o en maquinar intrigas y
traiciones contra la causa escocesa. En
Amaya,
el mal
estará simbolizado en el judío Pacomio.
2.2.
Técnicas narrativas y estilo
Respecto a las técnicas narrativas, lo s desta
cado es el recurso de intriga basado en la ocultación
de la verdadera personalidad de un personaje; en
[66]
17 Verano 2001 ESTUDIOS
este caso se trata de Dick el Jorobado, hijo adoptivo
del bailío (en realidad es hijo de MacMaggy y del
laird
de Aberfoyle; cuando nació, fue entregado a
Sir James Gregory, que lo ha educado como si fuera
su propio hijo). Por otra parte, MacMaggy, la bruja
de la montaña, es en realidad Isabel, Condesa de
Forfar. En fin, el buhonero que interviene en el
capítulo IX, que dice llamarse Peters Botson, no
puede evitar mostrar, pese a su disfraz, gestos de
elegancia y dignidad que hacen sospechar a Dick,
con quien habla, y a nosotros, los lectores que se
trata de un personaje de alta alcurnia (¿el propio
pretendiente Carlos Eduardo, que viaja disfra
zado?).
Disfraces y cambios de personalidad abun
dan igualmente en
Amaya:
recordaré tan sólo el caso
de AsierAserEudón (misterioso personaje que se
finge vasco con los vascos, judío con los judíos,
godo con los godos).
Otros recursos para crear intriga y mantener el
interés del lector son algunos lances de corte dramá
tico:
así, el episodio, no narrado pero sí evocado, en
el que Dick salva a miss Diana del ataque de un toro
(también al comienzo de
Doña Blanca de Navarra
la
Princesa de Viana es salvada de la acometida de una
res enfurecida), y otras peripecias como traiciones (la
que se planea para atraer a Lord Lovat al partido
unionista), momentos de peligro y tensión (Sir John
Fickney a punto de morir ahorcado a manos de los
cateranes), emboscadas a los soldados ingleses (los
odiados "casacas coloradas"), etc. Por otra parte, en la
novela son bastante frecuentes las apelaciones al lec
tor por parte del narrador (pp. 51, 123, 173 y 185),
recurso habitual en la narrativa de la época (también
en Navarro Villoslada).
Señalaré, por último, otros aspectos destacados
de
La maga de la montaña,
propios del periodo
romántico o de la narrativa de Walter Scott: 1) el
tema romántico de las ruinas: véase la descripción
de las ruinas del castillo de Aberfoyle, del que ape
nas subsiste una torre, con que se abre la narración.
2) La identificación del estado de ánimo de los pro
tagonistas con la visión de algún elemento de la
naturaleza. Así, miss Diana contempla el paisaje
desde su ventana cuando va a estallar la tormenta
(cfr. pp. 6668). Los estragos que la tormenta causa
en el paisaje son símbolo visible de los que causa la
tormenta espiritual que azota al alma virginal de la
doncella, perseguida por su madre y su hermana y
por las malignas pretensiones de Sir John Fickney.
3) La presencia del elemento
gótico,
en especial en el
capítulo X, "La capilla subterránea", a la que baja
miss Diana. Dejándose llevar por la superstición,
"tan natural en aquella época y en aquel país" (p.
126),
las armaduras que ve en la penumbra del sub
terráneo se le antojan fantasmas. Allí la sorprende
Sir John Fickney, quien obliga a la amartelada don
cella a jurar que no será de otro. En ese momento el
aire desatado por la fuerza de la tempestad rompe
los vidrios y apaga las luces, quedando todo en
tinieblas, subrayando así dramáticamente la lúgu
bre escena del juramento. 4) Por último, el humor,
que se hace presente en distintos momentos de la
obra. Por ejemplo, ya desde el capítulo I, en el que
discuten el obeso magistrado maese Gregory, el bai
o de Ersnorth, y mistress Ketty, su ama de
gobierno, vieja, charlatana e ignorante (más tarde
cree la anciana que Esopo es un santo, p. 12). Añá
danse los abundantes y humorísticos latinajos del
magistrado en el capítulo VIII, en especial a propó
sito de la comida; y las diversas alusiones a su
famoso o "doctor, cirujano, comadrón, farmacéu
tico y veterinario". También para estos cuatro rasgos
sería fácil encontrar paralelismos en la narrativa de
Navarro Villoslada (por ejemplo, los latinajos
humorísticos aparecen en boca del bachiller Juan
Pérez de Guevara, personaje de su proyecto narra
tivo inédito titulado
Pedro Ramírez).
Hemos visto cómo en
La maga de la montaña
encontramos varios de los rasgos y recursos narrati
vos típicos de las novelas de Walter Scott, que tan
imitados serían por los demás novelistas históricos
europeos (la ocultación de la verdadera personalidad
de algún personaje, los disfraces, la introducción de
elementos dramáticos para crear intriga, la supersti
ción...).
Navarro Villoslada supo sacar muy buen
partido de sus lecturas scottianas, pero no fue un
mero imitador servil, sino que aprovechó las ense
ñanzas del maestro escocés y recreó genialmente sus
técnicas narrativas y de construcción de personajes
aplicándolas a una materia narrativa propia, que fue
el rico y glorioso pasado histórico de Navarra
{Doña
Blanca de Navarra),
de Vasconia
{Amaya)
y de España
{Doña Urraca de Castilla).
Notas:
(1) En los últimos años he dedicado numerosos trabajos a
Navarro Villoslada. Como obra de conjunto, remito a mi libro
Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas,
Pamplona, Gobierno de Navarra, 1995.
(2) Para la influencia de Scott en Europa puede consultarse
Louise Maigron, Le román historique a l'époque romantique. Essai sur
l'influence de Walter Scott, 2." ed., París, 1912. Otros trabajos de
Churchman, Forbes Gray, Núñez de Arenas, Peers, Stoudemire
y Zellers han rastreado su presencia en España.
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