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«Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 13-63.

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Abstract

La frontera que separa los territorios de la historia y la literatura ha sido permeable a lo largo de los tiempos y, así —pese a la conocida distinción aristotélica de historia y poesía— se han producido frecuentes incursiones de un género en el otro: la savia de la historia vivifica la literatura, y viceversa, la literatura es una fuente —si bien indirecta o secundaria— para el conocimiento histórico. Lo que ahora nos interesa es el primer aspecto de esta mutua relación. La historia ha sido un magnífico vivero de asuntos, temas y personajes para todas las artes: hay una pintura histórica, un cine histórico y, por lo que hace a la literatura, no solo la novela, sino también el teatro, el cuento o la poesía narrativa han buscado sus argumentos en ese inagotable filón que constituye la historia, el conjunto de hechos del pasado, preferentemente nacional. Pues bien, en el presente trabajo pretendemos acercarnos en concreto a la novela histórica, subgénero narrativo cuyo patrón clásico fue fijado en el siglo XIX por Walter Scott y que, con mayor o menor intensidad, con variaciones en sus técnicas narrativas y de caracterización de personajes (paralelas, por otra parte, a las conocidas por la novela en general) ha seguido cultivándose hasta la actualidad, momento en el que goza de un cultivo y un éxito nada desdeñables.
LA NOVELA HISTÓRICA
TEORÍA
Y
COMENTARIOS
Edición de Kurt Spang, Ignacio Arellano
y
Carlos Mata
ARS LONGA» VITA BREVIS.
Omni
Unum,dum
temput *deñ,opermur
in
omnei
;
guod
ubi
nil
¡xjxrit
fengru,
¡d
perijt.
LA NOVELA HISTÓRICA
Teoría y comentarios
Edición de Kurt Spang, Ignacio Arellano
y Carlos Mata
Anejos de Rilce N.° 15
Serie Apuntes de Investigación
sobre Géneros Literarios, N.° 2
UNIVERSIDAD DE NAVARRA
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ÍNDICE
Presentación
Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica
(Carlos Mata Induráin) 13
Apuntes para una definición de la novela histórica
(Kurt Spang) 65
El Bandolero de Tirso de Molina: Novela histórica de
tema hagiográfico. Apuntes para el estudio
del género en el Barroco
(Miguel Zugasti) 115
Estructuras y técnicas, narrativas de la novela
histórica romántica española (1830-1870)
(Carlos Mata Induráin) 145
La novela histórica contemporánea:
Jesús Fernández Santos y José M.a Merino
(Á.-R. Fernández) 199
Historia real versus historia imaginaria:
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro
(Javier de Navascués) 229
RETROSPECTIVA SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LA
NOVELA HISTÓRICA
CARLOS MATA INDURÁIN
Uno es escribir como poeta y otro como
historiador; el poeta puede contar o
cantar las cosas, no como fueron, sino como
debían ser; y el historiador las ha de
escribir, no como debían ser, sino como
fueron, sin añadir ni quitar a la verdad
cosa alguna (Cervantes, El Quijote, II, 3).
1.
INTRODUCCIÓN: HISTORIA Y LITERATURA
La historia y la literatura se han desarrollado siempre a la
par desde los tiemposs remotos. Pensemos en las primeras
manifestaciones épicas de la cultura occidental, los poemas
homéricos, que, al tiempo que magnifican unos héroes y un
pueblo, cantan un suceso con base histórica probada, la guerra
de Troya. Pensemos igualmente en el doble valor de nuestro
CARLOS MATA
Cantar de Mío Cid, que es a la vez un monumento literario y una
fuente histórica, o en la utilización de gran cantidad de
material épico prosificado en las antiguas crónicas medievales.
Pensemos, en fin, que en la antigüedad grecolatina la
historiografía constituía un género literario, y como tal se ha
mantenido prácticamente hasta el siglo XIX, desde Herodoto
de Halicarnaso a Ranke: durante muchos siglos, la historia ha
sido la «narratio rerum gestarum», el relato simple y fiel de las
cosas que habían pasado, y la tarea del historiador consistía,
según el mencionado historiador positivista, en «mostrar sólo
lo que realmente aconteció» («wie es eigentlich gewesen»). Sólo
desde mediados del XIX, conforme se vaya tomando conciencia
de la autonomía de la historia y la literatura, habrá una
progresiva reducción de la dimensión épica, mítica y dramática
de la historia, pasando a predominar la explicación e
interpretación sobre el mero relato de los hechos.
La frontera que separa los territorios de la historia y la
literatura ha sido, pues, permeable a lo largo de los tiempos y,
así —pese a la conocida distinción aristotélica de historia y
poesía se han producido frecuentes incursiones de un género
en el otro: la savia de la historia vivifica la literatura, y
viceversa, la literatura es una fuente —si bien indirecta o
secundaria para el conocimiento histórico. El hombre es un
ser histórico, vive inserto en un tiempo y en un espacio concre-
tos,
y en esa coordenada espacio-temporal protagoniza una
serie de hechos históricos, ya pertenezcan a la gran historia, ya
formen parte de la denominada intrahistoria. Y la literatura,
siempre reflejo en mayor o menor medida de la realidad del
momento, incluirá en sus creaciones todos esos hechos, tanto
los decisivos para el discurrir de la humanidad toda, como los
pequeños sucesos particulares, que no por cotidianos son
menos determinantes para cada persona1.
1 En este sentido, toda novela, sea o no de temática histórica, presenta de
alguna manera un carácter histórico, pues sus protagonistas no pueden
prescindir del devenir histórico en el que están insertos.
14
RETROSPECTIVA
Lo que ahora nos interesa es el primer aspecto de esta
mutua relación. La historia ha sido un magnífico vivero de
asuntos, temas y personajes para todas las artes: hay una
pintura histórica, un cine histórico y, por lo que hace a la
literatura, no sólo la novela, sino también el teatro, el cuento o
la poesía narrativa han buscado sus argumentos en ese
inagotable filón que constituye la historia, el conjunto de
hechos del pasado, preferentemente nacional. Pues bien, en el
presente volumen pretendemos acercarnos en concreto a la
novela histórica, subgénero narrativo cuyo patrón clásico fue
fijado en el siglo XIX por Walter Scott y que, con mayor o
menor intensidad, con variaciones en sus técnicas narrativas y
de caracterización de personajes (paralelas, por otra parte, a
las conocidas por la novela en general) ha seguido cultivándose
hasta la actualidad, momento en el que goza de un cultivo y un
éxito nada desdeñables.
2.
¿QUÉ ES NOVELA HISTÓRICA? BREVE DEFINICIÓN Y
CARACTERIZACIÓN
Pero antes de continuar adelante tal vez deberíamos
preguntarnos: ¿Qué es una novela histórica? ¿Qué requisitos
debe reunir una novela para poder aplicarle el adjetivo
«histórica»? ¿Qué es lo que hace que podamos reunir bajo esa
etiqueta obras tan dispares como Ivanhoe y La cartuja de Parma,
Guerra y paz y El último mohicano, El señor de Bembibre y
Bomarzo? Todos tenemos una nocións o menos precisa de
qué cosa sea una novela histórica, y poseemos intuitivamente
la certeza de si tal novela es histórica o no lo es. Pero a la hora
de plantearse una definición genérica la cuestión no es tan
sencilla2. La características evidente es que todas las
2 No pretendo ahora una definición completa, ya que la siguiente
contribución de este volumen se dedica específicamente a ofrecer unos
«Apuntes para una definición de la novela histórica», pero considero
15
CARLOS MATA
novelas mencionadas, tan diferentes entre, sitúan su acción
(ficticia, inventada) en un pasado (real, histórico)s o menos
lejano. Esta es una primera aproximación, aunque todavía
demasiado vaga y general, que viene a coincidir con una
definición aportada por Buendía:
Definir la novela histórica en un sentido estricto supone decir
de ella sencillamente que desarrolla una acción novelesca en
el pasado; sus personajes principales son imaginarios, en
tanto que los personajes históricos y los hechos reales
constituyen el elemento secundario del relato3.
Después me referiré cons detalle a los personajes de la
novela histórica. De momento, podría añadirse para nuestra
definición provisional otra característica: para que una novela
sea verdaderamente histórica debe reconstruir, o al menos
intentar reconstruir, la época en que sitúa su acción, tal como
propugna Amado Alonso:
En este sentido, novela histórica no es sins la que narra o
describe hechos y cosas ocurridos o existentes, ni siquiera
—como se suele aceptar convencionalmente la que narra
cosas referentes a la vida pública de un pueblo, sino
específicamente aquella que se propone reconstruir un modo
de vida pretérito y ofrecerlo como pretérito, en su lejanía,
con los especiales sentimientos que despierta en nosotros la
monumentalidad4.
conveniente, antes de seguir hablando de novela histórica, aportar
brevemente algunas ideas al respecto.
3 F. Buendía, «La novela histórica española (1830-1844)», estudio
preliminar en su Antología de la novela histórica española (1830-1844),
Madrid, Aguilar, 1963, 16-17.
4 A. Alonso, Ensayo sobre la novela histórica. El Modernismo en 'La gloria
de don Ramiro', Buenos Aires, Instituto de Filología, 1942, 143-44. A
titulo de curiosidad indicaré que esta característica se menciona en la
definición del DRAE (20.a ed., 1992): «Novela histórica. La que se
constituyó como género en el siglo XIX, desarrollando su acción en
16
RETROSPECTIVA
Ocurre, sin embargo, que si señalamos como condición sine
qua non para que una novela sea histórica la reconstrucción
arqueológica de una época pretérita, su número se reduce
notablemente, ya porque no todas logran esa reconstrucción, ya
porque las que lo consiguen pierden muchos puntos como
novelas. Bien sabido es que Flaubert, refiriéndose a su novela
Salammbô, reconoció que al final había levantado un pedestal
demasiado grande (la reconstrucción de Cartago) para una
estatua que se le quedó chica (la caracterización psicológica de
la protagonista). Solís Llórente afirma que «debe haber una
intención en el autor de presentar una época, de aprovechar la
ambientación de la novela para dar a conocer la realidad
histórica de un momento determinado»5. Del mismo modo,
Francisco Carrasquer insiste claramente en esta característica:
Porque si es un subgénero de la novela, la novela histórica
tiene que ser y no puede ser otra cosa que novela. No «ante
todo» o «sobre todo» novela, sino novela de arriba abajo.
Después de ser novela, sólo después, puede mojarse, teñirse o
colorearse de histórica. Pero este adjetivo no puede
sustantivarse, so pena de dejar de ser literatura6.
Así pues, vemos que aquí radica uno de los principales
peligros de este tipo de narración; por su propia naturaleza, la
novela histórica es un género híbrido, mezcla de invención y de
realidad. Por un lado, le exigimos a este tipo de obras la
reconstrucción de un pasado históricos o menos remoto,
épocas pretéritas, con personajes reales o ficticios, y tratando de evocar
los ambientes, costumbres e ideales de aquellas épocas».
5 R. Solís Llórente, Génesis de una novela histórica, Ceuta, Instituto
Nacional de Enseñanza Media, 1964, 41.
6 F. Carrasquer, 'Imán' y la novela histórica de Sender, London, Tamesis
Books Limited, 1970, 70. Y añade: «Pero no basta con referirnos al
pasado para que nuestra novela pueda llamarse histórica. Ese pasado
ha de sernos conocido o cognoscible, ha de estar registrado, cronicado,
ha de ser histórico».
17
CARLOS MATA
para lo cual el autor debe acarrear una serie de materiales no
ficticios; la presencia en la novela de este andamiaje histórico
servirá para mostrarnos los modos de vida, las costumbres y,
en general, todas las circunstancias necesarias para nuestra
mejor comprensión de aquel ayer. Pero, a la vez, el autor no
debe olvidar que en su obra todo ese elemento histórico es lo
adjetivo, y que lo sustantivo es la novela. Y esta es una piedra
de toque fundamental a la hora de decidir si una determinada
obra es una novela histórica o no: la ficcionalidad, ya que el
resultado final de esa mezcla de elementos históricos y
literarios no es una obra correspondiente a la historia, sino a la
literatura, es decir, una obra de ficción.
Todo esto hace que la novela histórica sea un subgénero
relativamente complicado. De hecho, la dificultad mayor para
el novelista histórico residirá en encontrar un equilibrio estable
entre el elemento y los personajes históricos y el elemento y los
personajes ficcionales, sin que uno de los dos aspectos ahogue
al otro. Si peca por exceso en su labor reconstructora del
pasado, la novela dejará de serlo para convertirse en una
erudita historia anovelada; por el contrario, si por defecto, la
novela será histórica únicamente de nombre, por situar su
acción en el pasado y por introducir unos temas y unos
personajes pseudohistóricos7.
Otra cuestión interesante que podríamos considerar es la
siguiente: ¿Qué distancia temporal entre el presente del autor y
la historia narrada es necesaria? La crítica ha señalado una
7 U. Eco distingue, en este sentido, tres formas de acercarse literariamente
al pasado histórico: el «romance», que toma simplemente el pasado como
fabuloso telón de fondo, como base para dejar volar la fantasía; la
«novela de capa y espada», al estilo de Dumas, en la que se inventan
personajes y hechos sobre un fondo históricos o menos real; y la
«novela histórica», cuyos personajes, aunque fingidos, se comportan
como lo harían los personajes reales de aquella época (Eco, Apostillas a
'El nombre de la rosa', Barcelona, Lumen, 1984, 80-81).
18
RETROSPECTIVA
separación mínima de unos cincuenta años8, que, en cualquier
caso,
no deja de ser una cifra arbitraria. Para Juan Ignacio
Ferreras, las novelas históricas pueden construirse de tres
formas distintas, por lo menos: «o alejándolas en el tiempo y
llegando a lo que pudiéramos llamar novela arqueológica; o
alejándose hasta la generación de los abuelos; o, finalmente,
escribiendo acerca de la actualidad histórica contemporánea o
muy presente»9. Creo que sería interesante establecer una
distinción entre novela histórica y «episodio nacional contem-
poráneo», reservando este término para aquellas obras que no
alejan demasiado su acción en el tiempo, esto es, para aquellas
que novelan acontecimientos históricos vividoso que
pudieron llegar a ser vividos por el autor, como sucede con
las cinco series de Episodios Nacionales de Pérez Galdós, en las
que se recogen los acontecimientos de la historia de España
desde unos años antes de la Guerra de la Independencia (la
batalla de Trafalgar) hasta la Restauración borbónica.
Como resumen de lo dicho, podemos concluir que la novela
histórica es un subgénero narrativo (obra de ficción, por tanto)
en cuya construcción se incluyen determinados elementos y/o
personajes históricos. Ahora bien, no existe ninguna peculia-
ridad de tipo estructural que nos permita distinguir una novela
histórica de otro tipo de novela. Así lo reconoce Gyorgy
Lukács:
Si observamos, pues, seriamente el problema de los géneros,
sólo podremos plantear la cuestión del siguiente modo:
¿cuáles son los hechos vitales sobre los que descansa la
novela histórica y que sean específicamente diferentes de
aquellos hechos vitales que constituyen el género de la
8 Cf. B. Ciplijauskaité, Los noventayochistas y la historia, Madrid, José
Porrúa Turanzas, 1981, 13.
9 J. I. Ferreras, La novela en el siglo XVII, Madrid, Taurus, 1987, 56-57.
19
CARLOS MATA
novela en general? Si planteamos así la pregunta, creo que
únicamente podemos responder así: no los hay10.
También Baquero Goyanes, al hablar de la novela policiaca
como un tipo de narración que cuenta con una estructura bien
determinada, señala que no ocurre lo mismo con la novela
histórica, sino que ésta aprovecha todas las estructuras del
género novelesco:
La novela policíaca, antes que una especie literaria, es sobre
todo una estructura. [...] Una novela histórica quedará
siempre definida por unos determinados aspectos que la
diferencian de otras modalidades novelescas; pero, de hecho,
no posee la fijación estructural que es propia de la novela
policíaca. (En el género de la novela histórica caben lass
dispares estructuras. Compárense, por ejemplo, la de Quo
Vadis? de Sienkiewicz, y la de Los Idus de Marzo, de T.
Wilder.)11
En definitiva, lo que hace histórica a una novela es una
cuestión de contenido, de tema o argumento. En cualquier caso,
pese a la ausencia de una fijación estructural bien determinada,
la novela histórica se sigue cultivando y continúa estando de
moda, hasta el punto de constituir para algún crítico una
posiblea de salvación para el género novelesco en
decadencia12.
10 G. Lukács, La novela histórica, trad. de Jasmin Reuter, México, Era,
1977, 298.
11 M. Baquero Goyanes, Estructuras de la novela actual, Madrid, Castalia,
1989,
153.
12 «El retorno cíclico a la novela histórica [...] es un gesto de los pocos que
n pueden salvar a la novela de su naufragio en la categoría de los
géneros pasados, como la epopeya, que le precedió en el declive.
Mientras periódicamente logre salir a flote y tomar bocanadas de
oxígeno histórico, la novela podrá mantenerse a dos aguas. Como
Anteo, la novela recobra energías cuando vuelve a hacer pie en sus
orígenes historiales» (I. Soldevilla Durante, «Esfuerzo titánico de la
novela histórica», ínsula, núms. 512-13, 1989, p. 8).
20
RETROSPECTIVA
3.
APARICIÓN DEL SUBGÉNERO NOVELA HISTÓRICA
Según Lukács13, la novela histórica clásica nace a principios
del siglo XIX como consecuencia de una serie de circunstancias
histórico-sociales, viniendo a coincidir aproximadamente con
la caída del imperio de Napoleón Bonaparte en 1815; de
hecho, Waverley, la primera novela de Walter Scott, es de 1814.
Existen, por supuesto, algunas novelas de tema histórico
anteriores, como las denominadas «antiquary novéis» inglesas
de la segunda mitad del XVIII, pero en ellas no encontramos la
voluntad de reconstruir el pasado; sólo son históricas en su
apariencia externa, pues la psicología de los personajes y las
costumbres descritas corresponden a la época de sus autores.
Scott, partiendo de la novela de sociedad, crea la novela
histórica moderna (y dignifica literariamente todo el género
novelesco) en un momento en que se dan en Europa una serie
de circunstancias socio-políticas que facilitan su nacimiento.
En efecto, con la Revolución francesa y las posteriores
guerras napoleónicas, se crean los primeros grandes ejércitos de
masas y el pueblo comienza a tomar conciencia de su
importancia histórica. Además, estas luchas despertarán el
sentimiento nacionalista en las territorios sometidos, lo que
conducirá a una exaltación del pasado nacional y a un interés
creciente por los temas históricos. Así pues, Scott vive en una
época de profundos cambios y, de hecho, también situará sus
novelas en momentos críticos de la historia inglesa. Que las
situaciones de grandes crisis históricas son especialmente
favorables para suscitar la aparición de una filosofía de la
historia es un hecho unánimemente destacado por pensadores
y críticos14. Toda una serie de factores facilita, por consi-
13 Cf. Lukács, «Las condiciones histórico-sociales del surgimiento de la
novela histórica», op. ext., 15-29, al que sigo en lo fundamental aquí.
14 «Las épocas de mayor turbulencia social, las situaciones históricass
caóticas y conflictivas conllevarían una mayor exigencia y demanda de
21
CARLOS MATA
guíente, el nacimiento de la novela histórica europea. Sin
embargo, para María Isabel Montesinos hay que retrasar hasta
después de 1848 la verdadera repercusión en la literatura de la
novela histórica de Scott: si bien es cierto, en su opinión, que
con la Revolución francesa la burguesía ha tomado conciencia
de su función histórica, no será en cambio hasta después de las
revoluciones delo 48 cuando esta burguesía se convierta en
sujeto activo real del proceso histórico y se incorpore también
de forma definitiva al papel de protagonista de la novela15.
En el caso concreto de España, lo que fue la Revolución
francesa para toda Europa lo supuso el cúmulo de circunstan-
cias de los años treinta16. En erecto, por esas fechas se alian
poderosos factores de tipo político, social y cultural —cambio
de régimen tras la muerte de Fernando VII, enfrentamiento civil
con la primera guerra carlista, persecución de religiosos, regreso
de los exiliados, tímido ascenso de la burguesía, desaparición
de la censura, triunfo del Romanticismo, moda de las novelas
de Scott, etc. que facilitan la consolidación del género
novelesco y, en concreto, el triunfo de la novela histórica en
nuestro país. Ninguna de estas circunstancias por separado
puede explicar dicho fenómeno perfectamente, es decir, sin
pecar de simplista;, en cambio, la conjunción de todas ellas.
Si quisiéramos esbozar un brevísimo panorama de la novela
histórica, podría resumirse en tres grandes fases: unos
antecedentess o menos cercanos antes de Scott; Scott y
toda una multitud de imitadores en el siglo XIX; y la novela
historización, es decir, de organización narrativa para una desbor-
dante avalancha de vivencias que el individuo no alcanza entera o
perfectamente a asimilar o entender y que está pidiendo a gritos
historia» (I. Soldevilla-Durante, art. cit., p. 8).
15 Cf. M.a I. Montesinos, «Novelas históricas pre-galdosianas sobre la
guerra de la Independencia», en Estudios sobre la novela española del
siglo XIX, Madrid, CSIC, 1977, 13.
16 Cf. V. Lloréns, El Romanticismo español, Madrid, Castalia, 1989, 229-
30.
22
RETROSPECTIVA
histórica post-scottiana del siglo XX,s diversificada en sus
técnicas y estructuras. Walter Scott ha sido calificado, con
razón, como padre de la novela histórica. Situar la acción en
épocas pasadas se hacía, ya lo he mencionado, desde mucho
tiempo atrás, aunque cuidando poco la descripción detallada y
exacta del ambiente pretérito y la vinculación entre la trama
novelesca y el fondo histórico, que aparecía como algo postizo.
Pero es Scott quien, partiendo de la tradición narrativa inglesa
del siglo XVIII e influido por las tesis del historiador Macaulay,
crea el patrón y deja fijadas las características de lo que ha de
ser la fórmula tradicional del nuevo subgénero narrativo. Scott,
«el Cervantes de Escocia», es ante todo un gran narrador, un
escritor que sabe contar historias. En sus novelas históricas,
destaca en primer lugar la exactitud y minuciosidad en las
descripciones de usos y costumbres de tiempos ya pasados,
pero no muertos; su pluma consigue hacer revivir ante nuestros
ojos ese pasado, mostrándonoslo como algo que tuvo una
actualidad; y no sólo eso, sino también como un pasado que
influye de alguna manera en nuestro presente, es decir, muestra
el pasado como «prehistoria del presente», según la
terminología de Lukács.
El escritor escocés sabe interpretar las grandes crisis, los
momentos decisivos de la historia inglesa: momentos de
cambios, de fricciones entre dos razas o culturas, de luchas
civiles (o de clases, según Lukács); y lo hace destacando la
complejidad de las fuerzas históricas con las que ha de enfren-
tarse el individuo. No altera los acontecimientos históricos;
simplemente, muestra la historia como «destino popular» o, de
otra forma, ve la historia a través de los individuos.
Aunque la crítica moderna considera unánime que sus
mejores novelas son aquellas que menos se alejan en el tiempo,
esto es, las de ambiente escocés (y entre ellas, sobre todo, El
corazón de Mid-Lothian), la ques influyó en la novela
histórica romántica fue, sin duda alguna, Ivanhoe (en menor
medida, El talismán y Quintín Durward). Ivanhoe nos traslada a
23
CARLOS MATA
un mundo de ensueño, a una Edad Media idealizada, que la
actitud escapista de muchos románticos tomaría después
como escenario de sus narraciones. En esa novela podemos
encontrar además casi todos los recursos scottianos que serían
asimilados después por los novelistas históricos de toda
Europa.
Scott tuvo, en efecto, infinidad de imitadores entre los
escritores del Romanticismo. La novela histórica es un género
genuinamente romántico: y es que, como suele afirmarse, la
imaginación romántica hizo ser historiadores a los novelistas y
novelistas a los historiadores. Las ideas románticas ejercieron
gran influencia en la historiografía de la primera mitad del siglo
XIX: Agustín Thierry atribuyó a la imaginación un papel
decisivo en la obra del historiador, en tanto que sólo ella podía
vivificar los documentos; en 1824 otro historiador, Prosper de
Barante, afirmó que se había propuesto «restituir a la historia
el interés de la novela histórica»17; incluso se pensaba que era
posible aprender la historia inglesa en las novelas de Scott. La
novela histórica scottiana domina completamente el panorama
de la narrativa europea entre 1815 y 1850, aproximadamente;
los imitadores son legión, por lo que mencionaré sólo algunos
apellidos: en España, López Soler, Larra, Gil y Carrasco y
Navarro Villoslada; en Francia, Hugo, Vigny18, Balzac y Meri-
mée19;
en Alemania, W. Alexis, Arnim y Hauff; en Holanda, M.
17 Citado por Paul Van Tieghem, La era romántica. El Romanticismo en la
literatura europea, trad. de José Almoina, México, Unión Tipográfica
Hispano-Americana, 1958, 293.
18 A. de Vigny se alzó contra el panhistoricismo que en su momento
dominaba la ideología francesa y su resultante literaria, la novela
histórica; cf. Javier del Prado, «Realidad y Verdad: hacia la escritura
como estructuración significante de la Historia. Notas a Réflexions sur
la Vérité dans
l'Art
de A. de Vigny», Filología Moderna, núms. 65-67,
o XIX, octubre 1978-junio 1979, 89-118.
19 En el capítulo VIII de su Chronique du temps de Charles IX, en un
supuesto «Diálogo entre el lector y el autor», Mérimée ironiza sobre el
tipo de novela cultivado por Scott y Vigny; cf. Arturo Delgado, «"Je
24
RETROSPECTIVA
de Neufville, Van den Hage, Drost, Van Lennep y Bosboom-
Toussaint; en Italia, Manzoni y Guerrazzi; en Suiza, Conrad F.
Meyer; en Hungría, Josika; en Dinamarca, Ingemann; en
Polonia, Bronikovski; en Portugal, Herculano, Rebello da Silva,
Oliveira Marreca y Andrade Corvo; en Norteamérica, Fenimore
Cooper, Irving y Whittier; a éstos habría que sumar otros
nombres de novelistas belgas, ingleses, checos y rusos.
Con posterioridad a este auge del siglo XIX, la novela
histórica se ha seguido cultivando en épocas de grandes crisis
históricas: en los primeros decenios del siglo XX en España; en
la Europa de entreguerras y, especialmente, en la Alemania de
los años 30; después de la II Guerra Mundial en Europa
Central, por influencia soviética o, en fin, en los años 50-60 en
España tras el cansancio producido por la novela social.
4.
ANTECEDENTES DE LA NOVELA HISTÓRICA
ROMÁNTICA EN LA LITERATURA ESPAÑOLA
La novela histórica moderna nace en el siglo XIX —según he
señalado con Walter Scott y, en el caso de España, con sus
imitadores. Sin embargo, cabe rastrear en la literatura española
algunos posibles antecedentes de ese peculiar modo de narrar
en el que se mezcla historia y ficción. En efecto, son muchas las
obras en las que, de una forma u otra, encontramos una
amalgama de ambos elementos, aunque esto no quiera decir, ni
mucho menos, que la novela histórica del XIX descienda
directamente de las producciones que a continuación voy a
mencionar20. Zellers ya dejó indicado que los orígenes de la
n'aime pas dans l'histoire que les anecdotes". Consideraciones en torno
a la novela histórica de Mérimée», Revista de Filología de la
Universidad de La Laguna, núms. 8-9, 1989-90, 113-16.
20 Como señala Ferreras, «la novela histórica que comienza en el primer
tercio del siglo XIX no debe nada a los sin duda honrosos y honrados
antecedentes nacionales de la misma; creer que existe un novelar
histórico que viene de Las guerras civiles de Granada para acabar,
25
CARLOS MATA
novela histórica pueden buscarse desde los comienzos mismos
de la literatura, y que
los elementos de ficción e historia en conjunto se encuentran en
las epopeyas, en las crónicas, en traducciones de leyendas
árabes y otras orientales, en cuentos de caballerías de fondo
histórico y en unas pocas obras a las cuales se puede aplicar
correctamente el nombre de "novelas históricas"^1.
Así pues, haré una referencia a esos posibles antecedentes
de la novela histórica decimonónica, destacando caracterís-
ticas generales, y sin pretender que esta enumeración sea
exhaustiva.
Habría que comenzar hablando de la épica, de las crónicas
medievales y de las obras del mester de clerecía. La epopeya
es propiamente la primera forma literaria inspirada por la
historia. Y se pueden encontrar algunos puntos de contacto
entre épica y novela histórica: la descripción de armas,
batallas, combates singulares, embajadas y ceremonias dé
investidura de caballeros; la escasa presencia del pueblo
(aunque en la novela histórica aparece un mundo algos
diferenciado socialmente); o la comunicación entre narrador y
receptor (oyente en el caso de la épica, lector en el de la
novela).
Otros elementos menores de la épica como la lucha
fronteriza o el enfrentamiento familiar entre miembros de un
mismo clan reaparecen también en la novela histórica. Sin
embargo, en la obra épica el héroe está mitificado, es un
personaje nacional que ocupa el puesto central de la historia,
en tanto que en la novela histórica casi nunca pasa de ser un
«héroe medio» que concilia los dos extremos en lucha; aquí lo
pongamos por caso, en El doncel, de Larra, es un disparate crítico, o lo
que es lo mismo, una curiosidad erudita» (El triunfo del liberalismo y la
novela histórica, Madrid, Taurus, 1976, 70).
21 G. Zellers, La novela histórica en España (1828-1850), Nueva York,
Instituto de las Españas, 1938, 9-10.
26
RETROSPECTIVA
histórico queda en un segundo plano, y las relaciones entre lo
público y lo privado, lo social y lo individual, son bien
distintas.
Por otra parte, es conocida la teoría de Lukács según la cual
la novela cumple en la moderna sociedad burguesa el mismo
papel que la épica en la antigua; en este sentido, la novela
histórica vendría a ser la «épica moderna»: «La novela
histórica clásica hizo patentes en forma ejemplar las leyes
generales de la gran poesía épica»22. También para Svatoñ la
novela es un género problemático que constantemente está
«volviendo la vista a la epopeya»23, aspecto éste que ha sido
negado por M.a de las Nieves Muñiz: «Si el hombre moderno
existe en el horizonte de la historia ello [...] no acercas la
novela a la epopeya»24.
En cuanto a la mezcla de historia y ficción en la épica,
convendría recordar que la epopeya castellana es muy verista
o «realista», a diferencia de la de allende los Pirineos,s
dada a incluir elementos fantásticos y maravillosos. Menéndez
Pidal ha destacado la historicidad del Cantar de Mío Cid, que
se ciñe con bastante fidelidad a los sucesos acaecidos: acción,
personajes, pensamientos y sentimientos corresponden en lo
esencial a la realidad histórica (frente al desfigurado Cid,
altanero e insolente, que hallaremos en los romances y en otras
obras del ciclo de las mocedades). En fin, el Cantar de Mío Cid
es poético como documento histórico y es histórico como
poema literario.
Por lo que respecta a la historiografía medieval, la Primera
Crónica General o Estoria de España incorpora ya, por su valor
22 Lukács, op. cit., 441.
23 V. Svatoñ, «Lo épico en la novela y el problema de la novela histórica»,
Revista de Literatura, LI, 101, 1989, 5-20: «Por su concentración en el
destino de la comunidad popular la llamada novela histórica estás
cerca de la epopeya que de la historiografía racionalista» (p. 20).
24 M.a de las N. Muñiz, La novela histórica italiana. Evolución de una
estructura narrativa, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1980, 30.
Cf. el capítulo I, «De la épica a la novela histórica» (pp. 21-52).
27
CARLOS MATA
histórico, prosificaciones de los cantares de gesta sobre
Bernardo del Carpió, Fernán González, los infantes de Lara, el
Cid,
el cerco de Zamora, Mainete... en las que se incluyen
aventuras novelescas, procedentes de novelitas versificadas o
de cuentos en prosa, elementos dispares que se integran en un
cuerpo «histórico». A la cuarta parte de la Grana e general
Estoria pertenece la historia novelada de Alejandro Magno, la
Estoria de Alexandre el Grand. También nos interesan de esta
segunda crónica del taller alfonsí las páginas dedicadas a la
historia de Troya, materia aprovechada después en múltiples
versiones: Historia troyana polimétrica, Sumas de la historia
troyana, etc. Fuera de la Península, encontramos también esta
mezcla de historia y ficción en la importante Historia de los reyes
de Bretaña, de Godofredo de Monmouth, obra que daría lugar a
las principales novelas del ciclo artúrico.
En general, en todas las obras historiográficas medievales
(crónicas, anales, genealogías...) la historia se presenta fuerte-
mente novelizada, adornada con la invención de elementos
míticos y fabulosos, y con explicaciones pseudo-científicas de
los hechos; en ellas se da el mismo tratamiento a Aquiles y
Eneas que a Alejando Magno o Julio César; el lector de los
siglos XII y XIII aceptaba todo el relato como cierto, con sus
inverosimilitudes y fantasías. No existía una conciencia histó-
rica plena, rigurosamente científica, que permitiera deslindar
claramente lo cierto y lo fabuloso, lo histórico y lo legendario,
de ahí que la frontera entre verdad y poesía se presente en
estas obras difuminada. En realidad, se da en ellas una visión
poética de la historia, género que constituye todavía, como en
la antigüedad clásica, un arte literario.
Respecto a las obras cultas del mester de clerecía, el Poema
de Fernán González relata las luchas de este conde castellano
con los reyes de León y de Navarra; lo histórico se mezcla aquí
con lo legendario al explicarse la independencia del condado
de Castilla por la deuda, aumentada «al gallarín doblado»,
que el rey leonés contrajo con Fernán González al comprarle su
28
RETROSPECTIVA
caballo y su azor. El Libro de Alexandre, de mediados del siglo
XIII, es una biografía de Alejandro de Macedonia aderezada
con elementos fantásticos. El tema era tradicional, pues ya en
el siglo III d. C. un escritor de Alejandría, el denominado
Pseudo Calístenes, había escrito la Novela de Alejandro, obra
que transformaba en mito la biografía de Alejandro Magno,
mezclando con los datos históricos gran cantidad de episodios
fabulosos e irreales. Igualmente, la vida y las hazañas del rey
de Macedonia figuran en la cuarta parte de la General Estoria de
Alfonso X. Por último, el Poema de Alfonso Onceno, de Rodrigo
Yáñez, es un libro que narra hechos históricos contemporáneos,
con pocos elementos legendarios o ficticios: es una crónica
escrita hacia 1348 sobre el reinado de Alfonso XI de Castilla y
León. Los principales sucesos históricos en él contenidos son el
sitio de Tarifa y la batalla del Salado; por el contrario, figuran
como elementos legendarios las profecías puestas en boca del
mago Merlín.
La Gran conquista de Ultramar, de principios del siglo XIV, es
una extensa narración histórico-novelesca que pretende ser una
historia de las cruzadas, pero que incluye relatos poéticos,
adaptaciones de gestas históricas provenzales y francesas: en
concreto, son tres los temas épicos que recoge, el de Flores y
Blancaflor, el de Berta y el de Mainete; hay otros episodios
fantásticos y legendarios, novelescos, entre los que destaca la
famosa leyenda de Lohengrin o el Caballero del Cisne. En
conjunto, esta obra constituye un precedente de los libros de
caballerías.
Y,
en efecto, también con la novela de caballería presenta la
novela histórica algunos puntos de contacto: además de
recoger algunos de sus lances (torneos, batallas singulares y, en
general, todo lo que se incluye dentro de «lo maravilloso»25) y
de sus técnicas (por ejemplo, el recurso a la crónica o
manuscrito para aumentar la verosimilitud), las novelas
25 Vid. A. Lista, Ensayos literarios y críticos, Sevilla, Calvo-Rubio, 1844, I,
155-56.
29
CARLOS MATA
históricas románticas se convirtieron en los nuevos libros de
caballerías, en el sentido de facilitar la evasión26 de un público
lector joven y, en buena medida, femenino. Ya Menéndez
Pelayo se refirió a esa «transformación de la novela histórica
en libro de caballerías adobado al paladar moderno»27. De
hecho, el tema de la primera reunión que se celebró elo 1839
en el Ateneo de Madrid fue una «Comparación entre la novela
histórica moderna y el antiguo romance caballeresco».
Martínez de la Rosa publicó el 10 de febrero en el Semanario
Pintoresco Español un resumen de las conferencias pronunciadas
bajo el título de «Paralelo entre las modernas novelas
históricas y las antiguas historias caballerescas».
Hay que tener presente que la figura del caballero andante
es una figura histórica en los siglos XIV y XV, como ha
documentado Martín de Riquer en su estudio dedicado a los
Caballeros andantes españoles. Estas novelas de caballería
imitaban, pues, la realidad en algunos aspectos; pero, a su vez,
los caballeros reales trataban de imitar a sus héroes novelescos,
intentando vivir aventuras novelescas (un caso ejemplar que
suele recordarse es el de la conquista de México por Hernán
Cortés).
Por otra parte, las novelas de caballería se presentan
como historias o crónicas verdaderas; los autores insisten
continuamente en la verdad de sus relatos, de la misma forma
que hacen los auténticos historiadores; una superchería
habitual es la presentación de la novela como traducción de un
original escrito en alguna lengua lejana. En fin, otro rasgo en
que coincide la novela de caballería con la novela histórica es
la división maniquea del mundo de los personajes.
Del siglo XV se pueden entresacar tres obras importantes
como posibles antecedentes del novelar histórico: el Passo
honroso de Suero de Quiñones, redactado por Diego Rodríguez
26 Vid. A. L. Baquero Escudero «Cervantes y la novela histórica
romántica», Anales Cervantinos, XXIV, 1986, 182.
27 M. Menéndez Pelayo, Estudios sobre la prosa del siglo XIX, Madrid,
CSIC, 1956, 247.
30
RETROSPECTIVA
de Lena, escribano real que da fe de la defensa que hizo dicho
caballero en el puente de San Marcos sobre elo Órbigo, cerca
de León, entre el 10 de julio y el 9 de agosto de 1434; El
Victorial o Crónica de don Pedro Niño, conde de Buelma, de
Gutierre Díaz de Games, «biografía mágica» de ese personaje,
desde la niñez a la vejez, con un tono lírico y levemente irreal;
y la Crónica de don Alvaro de Luna, escrita entre 1453 y 1460,
atribuida a Gonzalo Chacón, que ensalza al personaje caído,
frente a la «historiografía oficial».
Al siglo XV pertenece también la que se ha señalado como
«la primera novela histórica española» (Menéndez Pidal); me
refiero a la denominada Crónica sarracina (h. 1430), de Pedro
del Corral, sobre el tema del rey don Rodrigo y la pérdida de
España, que introduce en el relato numerosos elementos nove-
lescos. El autor atribuye su obra a los fabulosos historiadores
Eleastras, Alanzuri y Carestes: quiere dar apariencia de
historia verdadera y, de hecho, algunos de sus contemporáneos
lo aceptaron como fuente historiográfica legítima, si bien
Fernán Pérez del Pulgar, en el prólogo de sus Generaciones y
semblanzas, la llamó «trufa o mentira paladina». En realidad, es
una refundición, siguiendo el modelo de los libros de
caballerías, del relato de la pérdida de España contenido en la
Crónica general de 1344: son frecuentes los lances de amor, las
largas descripciones de batallas, hazañas, justas y torneos así
como los elementos maravillosos. Obra similar, en el tema y en
lo relativo a la mezcla de historia y ficción, es La verdadera
historia del rey Rodrigo, de Miguel de Luna.
Del siglo XVI son las obras de fray Antonio de Guevara
(Relox de príncipes y libro áureo del emperador Marco Aurelio;
Epístolas familiares o cartas áureas), que se presentan como
históricas, hecho que escandalizó en su momento a los
verdaderos historiadores; Las Abidas, de Jerónimo de
Arbolanche, novela en verso sobre los orígenes míticos de
España; algunos pliegos de cordel como la Historia de Marcilla y
Segura o la Historia de Gabriel de Espinosa, temas legendarios
31
CARLOS MATA
recogidos por la novela del XIX. Existen también muchas
historias noveladas, por ejemplo, sobre el Gran Capitán.
s importante es La historia del Abencerraje y la hermosa
Jarifa, «novela histórica morisca» cuyo episodio central (la
captura y posterior liberación del moro enamorado) parece
inspirarse en un hecho realmente sucedido o, cuando menos,
verosímil en el contexto de la guerra fronteriza granadina.
Además, el autor atribuye la acción a un caballero, Rodrigo de
Narváez, de existencia real, aunque la obra no está exenta de
algunos anacronismos. A ese aire de verosimilitud contribuyen
también la exactitud topográfica y la acertada descripción de
armas y vestidos. El Abencerraje es, junto a la ya mencionada
Crónica sarracina y a la primera parte de las Guerras civiles de
Granada, a la que pronto me referiré, uno de los antecedentes
s claros de la novela histórica moderna.
Los romances fronterizos, que solían ser «romances noticio-
sos» —según la denominación de Menéndez Pidal—, cantan
sucesos diversos de la guerra de Granada, hechos aislados de
carácter episódico, como el cerco de Baeza en 1368 por el rey
de Granada y don Pedro el Cruel, la conquista de Antequera y
de Alhama, el sitio de Alora o la muerte de don Alonso de
Aguilar en la guerra de las Alpujarras en 1501. Estos romances
introducen elementos novelescos, con lo que carecen en general
de autenticidad histórica; pero, a su vez, dieron lugar a
leyendas que los historiadores aceptaron frecuentemente, «ya
que el crédito del romancero como fuente informativa estaba
muy alto en los siglos XV y XVI»28.
Llegamos así a la obra que se ha podido considerar como
primer episodio histórico nacional, por la actualidad de los
sucesos narrados, las Guerras civiles de Granada (en dos partes,
de Zaragoza, 1595, y Alcalá de Henares, 1604). Las dos partes
del relato de Ginés Pérez de Hita combinan elementos
fantásticos e históricos, si bien nos interesa ahoras la
28 M.a S. Carrasco Urgoiti, El moro de Granada en la literatura, Granada,
Universidad, 1989, 34.
32
RETROSPECTIVA
primera, que narra la lucha de bandos anterior a 1492, y en la
que predominan los elementos de ficción novelesca; así, la
acusación de adulterio a la reina de Granada, la historia de los
amores de Zaide y Zaida o los de Gazul, a lo que hay que
añadir las descripciones de fiestas de toros, sortijas y cañas,
de vestidos, motes y divisas, que contribuyen a la creación del
denominado «color local». El grado de poetización e
imaginación es mayor aquí que en la segunda parte, de mayor
historicidad, que describe las luchas coetáneas de las
Alpujarras, reflejo de las vivencias del autor como soldado
participante en los sucesos. Las Guerras civiles de Granada
constituyen una obra importante no sólo en sí misma, sino por
las derivaciones del tema granadino que inspiró en el
extranjero: Amahide, de Mlle. Scudéry, Zaide, de Mme. de La
Fayette, Gonzalo de Córdoba, de Florian, El último Abencerraje, de
Chateaubriand o la Crónica de la Historia de Granada, de
Washington Irving. Es más, se suele recordar que Scott la leyó
en los últimos años de su vida y que lamentó no haberla
conocido antes para haber ambientado en España alguna de
sus novelas.
Volviendo al terreno historiográfico, habría que mencionar
las obras de Diego Hurtado de Mendoza (Historia de la guerra
de Granada), Luis de Mármol Carvajal (Historia del rebelión y
castigo de los moriscos del reino de Granada), Argote de Molina
(Nobleza de Andalucía), Hernando de Baeza (Relaciones de
algunos sucesos de los últimos tiempos de Granada), Hernando del
Pulgar (Crónica de los Reyes Católicos, Compendio de la historia de
Granada), Ayala (sus crónicas), Bernal Díaz del Castillo
(Historia verdadera de la conquista de la Nueva España) o el inca
Garcilaso de la Vega (Comentarios Reales). La obra de Bernal es
una crónica con pretensiones de historia verdadera («esta muy
verdadera y clara historia», escribe en el prólogo), pero
adornada con ribetes de libro de caballerías: hay en ella una
mezcla de realismo (las descripciones de los combates,
presenciados por el autor como soldado, que dan sabor de
33
CARLOS MATA
vida vivida a la obra) y de ensueño (los portentos y maravillas
del nuevo mundo americano que dejan atónitos a los
españoles). Mencionaré además la Historia de España del P.
Mariana, no tanto por la inclusión en ella de elementos
novelescos, como por haber servido de inspiración y de fuente
documental a varios novelistas españoles, particularmente a
los que trataron los temas granadinos29.
En el XVII se siguen cultivando los temas del rey don
Rodrigo (Jaime Bleda: Coránica de los moros en España) y del
pastelero de Madrigal (otra anónima Historia de Gabriel de
Espinosa, de 1683); se introducen otros de la antigüedad clásica
(Séneca y Nerón, de Diez de Aux, La Fénix troyana, de Vicente
Mares);
proliferan las historias bíblicas, de bandoleros y de
santos (El hijo de David, de Juan de Baños de Velasco, Gustos y
disgustos de Lentiscar de Cartagena, de Ginés Campillo de Baule,
Soledades de Aurelia, de Jerónimo Fernández de Mata, El piadoso
bandolero, de Montalbán, El bandolero, de Tirso). Hay que
mencionar también las Historias peregrinas y ejemplares de
Céspedes y Meneses, que son seis episodios históricos
ocurridos en otras tantas ciudades; y existen otras obras que
reconstruyen la historia, bastante fantaseada, de alguna
ciudad: Historia de las grandezas de la ciudad de Ávila, de Luis
Ariz,
Antigüedad y excelencias de Granada, de Francisco
Bermúdez de Pedraza. No podemos olvidar en este recorrido
por el XVII las importantes obras de Cristóbal Lozano, pues
recogen leyendas e historias en las que se inspirarían los
escritores románticos (en particular Zorrilla y Fernández y
González): Los reyes nuevos de Toledo, David perseguido, El rey
penitente David arrepentido y David más perseguido. Una nueva
novela morisca es La historia de los dos enamorados Ozmín y
Daraja, incluida en el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.
29 Y no hay que olvidar obras pseudohistoriográficas como son los
denominados «plomos» de Granada, falsos cronicones y escritos
apócrifos, pues —como señala Ferreras «una falsa historia puede ser
una verdadera novela histórica» (La novela en el siglo XVII, cit., 46).
34
RETROSPECTIVA
Para los antecedentess inmediatos en el siglo XVIII y
primeros años del XIX30 remito al apartado primero de mi
artículo sobre las estructuras de la novela histórica romántica.
Por esas fechas aparecen algunas obras que son ya novelas y
que constituyen antecedentes muy claros —como El Rodrigo de
Montengón, quizá la primera novela histórica española
moderna del género histórico romántico que se cultivará con
profusión desde 1830.
El hecho de que se puedan rastrear todos estos antece-
dentes, desde la épica y las antiguas crónicas hasta el XIX, no
quiere decir, como ya quedó dicho, que exista una continuidad
en el novelar histórico a lo largo de la literatura española, entre
otras razones porque ninguna de esas obras tuvo suficiente
influencia para crear una moda literaria31. Todo lo más, los
novelistas románticos pudieron tomar algunos detalles
concretos de esos precedentes32. Lo único que demuestra este
rastreo es que los temas históricos han estado constantemente
de moda en nuestra literatura y que, en varias obras a lo largo
de los siglos, se han dado distintas combinaciones entre
30 Dejo de referirme a lo que de histórico pueda haber en los libros de
viajes (Embajada a Tamorlán, de Ruy González de Clavijo, Andanzas e
viajes por diversas partes del mundo, de Pero Tafur), reales o
fantásticos; en la épica culta (Rufo, Trillo y Figueroa, Oña, Virués,
Balbuena, Ercilla); y en los cantos endecasílabos (Vaca de Guzmán:
Granada rendida; Leandro Fernández de Moratín: La toma de Granada
por los Reyes Católicos) o en la poesía narrativa en gene