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Extensión cultural e ideología. Las actividades de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza durante la Guerra Civil (1936-1939)

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Abstract

El objetivo de este trabajo es analizar las tareas específicas en el ámbito de la extensión cultural que asumió la Universidad de Zaragoza (BUZ) durante la guerra civil española (1936-1939): la custodia y depósito de algunas colecciones particulares confiscadas; la participación en acciones de proselitismo ideológico y de afirmación patriótica; y por último, la tentativa frustrada de convertirse en una de las sedes de las muestras bibliográficas itinerantes de Italia y Alemania. Para ello, se han utilizado fuentes documentales procedentes de diversos archivos y consultado la bibliografía específica sobre el tema. Ello nos ha permitido concluir que las bibliotecas, y en especial la BUZ, se integraron plenamente en la maquinaria bélica de los bandos en conflicto, convirtiéndose en un arma propagandística eficaz.
ISSN 1514-8327 (impresa) / ISSN 1851-1740 (en línea)
Información, cultura y sociedad /39 (diciembre 2018) 103PB
Extensión cultural e ideología
Las actividades de la Biblioteca de la
Universidad de Zaragoza durante la
Guerra Civil (1936-1939)
"Luis Mariano Blanco Domingo
Universidad de Zaragoza, Departamento de Ciencias de la Documentación e Historia de la Ciencia, España
lmblanco@unizar.es / https://orcid.org/0000-0002-7492-4711
Resumen
El objetivo de este trabajo es analizar las tareas específicas en el ámbito de la exten-
sión cultural que asumió la Universidad de Zaragoza (BUZ) durante la guerra civil
española (1936-1939): la custodia y depósito de algunas colecciones particulares con-
fiscadas; la participación en acciones de proselitismo ideológico y de afirmación
patriótica; y por último, la tentativa frustrada de convertirse en una de las sedes de
las muestras bibliográficas itinerantes de Italia y Alemania. Para ello, se han utiliza-
do fuentes documentales procedentes de diversos archivos y consultado la bibliogra-
fía específica sobre el tema. Ello nos ha permitido concluir que las bibliotecas, y en
especial la BUZ, se integraron plenamente en la maquinaria bélica de los bandos en
conflicto, convirtiéndose en un arma propagandística eficaz.
Abstract
Ideological and cultural extension. The activities of the Universidad de Zaragoza
Library during the Spanish Civil War (1936-1939). The aim of this article is to analyze
the specific tasks in the field of cultural extension carried out by the Universidad de
Zaragoza (BUZ) during the Spanish Civil War (1936-1939): The custody and deposit
of some private collections confiscated; the participation in actions of ideological
proselitism and patriotic affirmation; and finally, the frustrated attempt to become
one of the headquarters of the itinerant bibliographical exhibitions in Italy and Ger-
many. For this, documentary sources from various archives have been used and the
specific bibliography on the subject was consulted. This has allowed us to conclude
that the libraries, especially the BUZ, were fully integrated into the war machine of
the sides in conflict, becoming an effective propaganda weapon.
Artículo recibido: 18-06-2018. Aceptado: 30-10-2018.
Palabras clave
Biblioteca de la Universidad de
Zaragoza
Extensión cultural
Guerra Civil
Artigas, Miguel
Lasso de la Vega, Javier
Keywords
Universidad de Zaragoza Library
Cultural Extension
Civil Spanish War
Artigas, Miguel
Lasso de la Vega, Javier
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1. Introducción
El inusitado y celérico éxito del golpe de estado del 18 de julio de 1936 en Zaragoza,
que supuso su rápida adhesión al bando rebelde, condicionó el ritmo institucional de
todos los organismos públicos instalados en la ciudad. La Universidad, y por ende su
biblioteca, no fueron una excepción. El centro, a través de su rector Gonzalo Calamita,
cedió todas las instalaciones y medios disponibles para satisfacer las necesidades
de los insurrectos, con la lógica parálisis de cualquier tipo de actividad académica.
Podemos establecer dos períodos claramente diferenciados en el devenir de las actu-
aciones de la Biblioteca durante la guerra civil. En el primero, que arranca con el
inicio del conflicto y alcanza hasta marzo de 1938, observamos que las necesidades
militares condicionan las decisiones y la adopción de cualquier medida. Una situación
bélica confusa, con fronteras absolutamente permeables e indefinidas entre los dos
bandos, confluye con la supremacía de lo militar y la escasa sensibilidad cultural de
la oficialidad golpista, que consideraba el impulso que durante la República se dio a
la difusión del libro una de las causas principales de la pérdida de los valores de la
España imperial que perseguía y anhelaba. Las estructuras institucionales creadas
por el Gobierno de Burgos, la Junta Técnica y las diferentes comisiones generadas,
tenían en esta fase un carácter fundamentalmente instrumental y técnico, con el único
objetivo de obtener el triunfo militar.
Durante esa etapa, la BUZ se convierte, de forma temporal, en el centro neurálgico de
las decisiones relativas a la política bibliotecaria del bando nacional, y determinado
por la lógica desconexión inicial provocada por un conflicto que se presumía rápido
y exitoso para los instigadores del golpe de Estado, pero que sin embargo se dilató en
el tiempo. Acoge además el control de la gestión bibliotecaria en la zona controlada
por el bando sublevado gracias a la presencia accidental de las dos Inspecciones
Generales de Bibliotecas y Archivos, encarnadas en las figuras de Miguel Artigas y
Miguel Gómez del Campillo. Artigas, director de la Biblioteca Nacional y Presidente de
la Junta Facultativa del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, asumirá
la dirección sin que medie un nombramiento explícito.
El segundo período comienza en marzo de 1938, extendiéndose hasta la finalización
de la contienda, determinado por la sustitución de la Junta Técnica como órgano de
gobierno, por los ministerios, entre ellos el de Educación Nacional, la estabilidad del
frente aragonés tras la derrota republicana, y la percepción de que la toma de Madrid
era más inminente que nunca. En esta fase, en la que se intentan establecer los cimientos
administrativos de un nuevo régimen ya inminente, se acelera la reorganización insti-
tucional del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, confiada
por Sáinz Rodríguez a Javier Lasso de la Vega. A partir de ese momento, y con Miguel
Artigas desempeñando la dirección de los cursos para extranjeros de Santander y el
cargo de bibliotecario del Instituto de España, la BUZ verá mermado su protagonismo,
adaptándose a una actividad ordinaria siempre condicionada por unas circunstancias
bélicas que la habían obligado a invertir parte de su escasa dotación económica en
financiar los órganos creados ad hoc por las autoridades culturales golpistas.
Una de las facetas que más interés suscitó entre las autoridades del Nuevo Estado
fue la utilización del patrimonio cultural como medio de propaganda y seducci-
ón, conscientes en parte de la necesidad de contrarrestar el enorme éxito que el
gobierno republicano había obtenido en la defensa de su causa entre la intelec-
tualidad europea (González Gallego, 1988; Saz Campos, 2013; Sevillano Calero,
2002). Para ello, desplegó una amplia batería de disposiciones que trataban de
canalizar esa pretensión involucrando a las bibliotecas por un lado en la tarea de
sometimiento y control ideológico de los fondos bibliográficos, y por otro en la
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búsqueda y/o reafirmación de apoyos externos. En las páginas que siguen preten-
demos analizar su evolución y alcance en la sede zaragozana.
2. Metodología
Para la realización de este trabajo, junto con el aparato bibliográfico utilizado, hemos
consultado numerosas fuentes primarias. Las relacionadas con los aspectos de la gestión
de los fondos y la dinamización de las exposiciones proceden básicamente tanto del
Archivo General de la Administración (AGA) como del Archivo de la BUZ, mientras
que las informaciones relacionadas con las incautaciones de bibliotecas particulares y
la represión del libro han sido extraídas de un fondo custodiado por el Departamento
de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza. Todo ello sin desdeñar las
interesantes aportaciones hemerográficas, fundamentalmente artículos publicados por
el diario Heraldo de Aragón y la revista Universidad.
La historia social de la cultura, disciplina en la que se enmarca este trabajo, incorpo-
ra metodologías propias de la política, de la historia e incluso de la ciencia, para en
este caso ofrecer un panorama de la instrumentalización de la cultura como factor de
adoctrinamiento y vehículo de propaganda en el bando nacional. El concepto de “usos
políticos” adquiere aquí una vertiente propia, que tiene como objetivos principales
buscar la complicidad y los apoyos internacionales a la sublevación, y al mismo tiempo
convencer (o a veces disuadir) a la población de la bondad de sus actuaciones, de la
necesidad, en este caso, de resucitar la idea imperial de España como marco referencial.
3. Estado de la cuestión
El debate sobre la utilización de la cultura y las bibliotecas como elementos de pro-
paganda y difusión ideológica en el bando nacional durante la guerra civil española
ha gozado de cierto predicamento bibliográfico. La seminal obra de Alicia Alted
(1984) es sin duda el primer referente fundamental, con su certero análisis sobre la
necesidad de equilibrar, por parte de los sublevados, la enorme eficacia y alcance
internacional de la estrategia desarrollada por el gobierno republicano. Pese a ello,
las autoridades del bando nacional contemplarían con indisimulado recelo cualquier
acción procedente de círculos “intelectuales”.
Por otro lado, la relación entre cultura y política exterior ha sido objeto de estudio
por parte de Lorenzo Delgado (1994) de una forma más global y no sólo con las
potencias fascistas, Rubén Domínguez (2013) para el caso italiano, y sobre todo
las investigaciones de Isabel Bernal Martínez (2007 y 2010) dirigidas a analizar la
vinculación entre la Alemania nazi y la España nacional a través de las exposiciones
bibliográficas.
4. Las incautaciones y embargos de bibliotecas.
Las circunstancias del conflicto motivaron la adopción de una serie de medidas desti-
nadas a favorecer la consolidación de los principios ideológicos del bando nacional.
Una de ellas está íntimamente relacionada con la visión que, en determinados cír-
culos y dirigentes del mismo, se tenía del intelectual, a quien consideraban tanto el
responsable directo de haber diseminado las ideas antipatrióticas que provocaron el
movimiento militar que acabó con la República, como su vinculación con una política
del libro abyecta y peligrosa, por cuanto se utilizó como vehículo de expansión de sus
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ideas. La incautación y embargo de las bibliotecas de entidades y particulares se
convierte por tanto en una necesidad quirúrgica y purificadora.1
Cono salvaguarda y legitimación jurídica, la Orden de Vicepresidencia del Gobier-
no de 10 de junio de 1938 estipulaba la incautación de bibliotecas de organizaciones
que formaron parte del Frente Popular o de personas a las que responsabilizaba
de oponerse a la sublevación bien de forma directa o subsidiaria.2 El Inspector
General Gómez del Campillo3 respondió que existían algunos procesos pendien-
tes de resolución judicial, y que en cuanto se produjera el fallo de los mismos
informaría debidamente al Ministerio.
4
Se refiere a las bibliotecas particulares de
Gumersindo Sánchez Guisande, Santiago Pi y Suñer y Felipe Jiménez Asúa, cate-
dráticos de la Facultad de Medicina, requisadas por el Decano de la Facultad de
Medicina Antonio Lorente Sanz siguiendo las instrucciones del Rector Calamita.
Sin embargo, la Universidad de Zaragoza ya había actuado previamente en ese
sentido, impulsada por la implicación activa de su rector Gonzalo Calamita en
apoyo de los sublevados. Un oficio del mismo, fechado el 17 de noviembre de
1936, y dirigido al General Jefe de la Quinta División, solicitaba que las biblio-
tecas de los encausados citados anteriormente pasaran a engrosar los fondos de
las Facultades de la Universidad
5
. Meses más tarde
6
, ordenaba al Decano de la
Facultad de Medicina, Antonio Lorente Sanz, que se personara en el domicilio
de Jiménez Asúa con el objetivo de hacerse cargo de su biblioteca, siguiendo
órdenes del coronel jefe instructor Manuel Rodríguez Arnau. El interés porque
sus colecciones pasaran a formar parte de los fondos de la universidad era muy
alto, a juzgar por una nueva carta enviada al General Jefe en la que se reiteraba
la petición de que “sean puestos a disposición de la Universidad las existencias
de libros que resulten en los procedimientos de embargo realizados por la auto-
ridad judicial”.
7
En cualquier caso, los facultativos de la BUZ no intervinieron en
ninguna de las fases del proceso, convirtiéndose en meros depositarios físicos de
los volúmenes confiscados, y afirmando por tanto la exclusiva motivación política
de las actuaciones.
El documento sobre las actividades de las personas afectadas por la resolución
judicial, y que justificaba la confiscación de sus respectivas bibliotecas personales,
se estructuraba en tres apartados: informe de la autoridad civil, informe judicial y
por último acuerdo de la autoridad militar.
8
En los tres casos este último concluye
con un categórico: “Destitución”, a pesar de los matices que presenta en el caso
de algunos “encausados”. Sánchez Guisande es definido como “radical-socialista”,
estrechamente relacionado con Pi y Suñer, y acusado de haber desempeñado el
cargo de concejal republicano en el ayuntamiento de Zaragoza.9 Pese a su filiaci-
ón ideológica “tiene sentimientos católicos, recta moral personal y profesional y
sanas costumbres”. La autoridad judicial, en la misma línea, considera que pese
a dedicarse de forma activa a la propaganda y difusión de los programas electo-
rales del Frente Popular, no puede demostrar ni afirmar sus concomitancias con
“elementos revolucionarios”, como parece deducirse de los rumores públicos.
En el inventario de su biblioteca10 encontramos 195 obras de medicina, y un blo-
que heterogéneo y multidisciplinar, que integra numerosas obras que muestran
1. Como señala Alicia Alted. “El
Nuevo Estado no ocultó su fuerte
recelo hacia el mundo de los inte-
lectuales y la cultura, pues a unos
y otros atribuía las “odiosidades
que han sido origen de esta guerra
civil que padecemos”. Alted, Alicia
(1984: 253). En el mismo sentido,
Jaume Claret manifiesta que “se
acusaba a la intelectualidad espa-
ñola de haber introducido ideolo-
gías extranjeras desde cátedras y
ateneos en detrimento de las esen-
cias patrias, para acabar llevando
al país a la decadencia a través de
la instauración del régimen republi-
cano” Claret, Jaume (2006:21).
2. Orden de 10 de junio de
1938”. Boletín Ocial del
Estado nº 597 de 11 de junio
3. Gómez del Campillo había
asumido la doble condición de
inspector de archivos y bibliotecas
merced al destino provisional de
Miguel Artigas a Santander para
organizar el Curso para extranjeros
desde la Sociedad Menéndez y Pe-
layo, que se iba a celebrar durante
el verano de 1938 con el objetivo de
buscar apoyos al bando franquista
entre los intelectuales foráneos,
y asumir su designación como bi-
bliotecario del Instituto de España.
4. ABUZ. “Inspección realizada los
días 4 y 6 de agosto de 1938”. Libro-
Registro de las Visitas de Inspección.
5. AHMC. Ocio del rector Gonzalo
Calamita al General Jefe de la
Quinta División solicitando que
los fondos de las bibliotecas
particulares embargadas pasen
a formar parte de las bibliotecas
de las respectivas facultades. 17
de noviembre de 1936. Caja III.
6. AHMC. Carta del Rector al
Decano de la Facultad de Medicina
para que se persone en el domicilio
de Jiménez Asúa para hacerse
cargo de su biblioteca siguiendo
órdenes del coronel jefe instruc-
tor Manuel Rodríguez Arnau. 13
de enero de 1937. Caja III
7. AHMC. Ocio del rector Gonzalo
Calamita al General Jefe de la Quinta
División reiterando la solicitud de
que los fondos de las bibliotecas
particulares embargadas pasen
a formar parte de las bibliotecas
de las respectivas facultades. 23
de febrero de 1937. Caja III.
8. AHMC. Relación de informes y
acuerdos relativos a los interesados
que se expresa en la comunicación
adjunta relativos a las personas
afectadas por resoluciones judiciales.
6 de noviembre de 1936. Caja III
9. Gumersindo Sánchez Guisande
fue concejal del ayuntamiento
de Zaragoza entre abril de 1931
y el mismo mes de 1933 elegido
en las filas del Partido Repu-
blicano Radical Socialista. Para
ampliar sus datos biográficos y
su trayectoria intelectual puede
verse López Casamayor (2007).
10. AHMC. Relación de los libros de medicina y otras materias que procedentes de la biblioteca par-
ticular del catedrático D. Gumersindo Sánchez Guisande que se hace cargo con esta fecha y en re-
presentación del Ilmo. Sr. Rector de la Universidad de Zaragoza D. Antonio Lorenzo y Sanz, Decano
de la Facultad de Medicina de la misma Universidad”. Zaragoza 11 de enero de 1937. Caja III.
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su preocupación e interés por los temas políticos contemporáneos más candentes, y
con una amplia representación de escritos pedagógicos de influencia institucionista.
11
Pi y Suñer aparece definido igualmente que Sánchez Guisande como “radical-socialis-
ta” y ateo, pero también como hombre de sanas costumbres y recta moral. Procedente
de la Institución Libre de Enseñanza, fue subsecretario de Instrucción Pública siendo
ministro Barnés en el Gobierno de Azaña. La autoridad judicial proclama su decidida e
inequívoca vinculación política con el Frente Popular, al que estaba afiliado siguiendo
la estela del “funesto” D. Marcelino Domingo, quien fuera Ministro de Instrucción
Pública durante el primer bienio republicano y en el primer gobierno surgido tras el
triunfo del Frente Popular. Debido a su identificación ideológica, había desempeñado
algunos cargos políticos.12
A Jiménez de Asúa por su parte se le identifica como “azañista después de ser radical-
socialista”. Caracterizado como hombre de dudosa moral y ateo, también procede de
la Institución Libre de Enseñanza. El juez estima que se ha demostrado su condición
de socialista no sólo por su militancia sino por sus opiniones y apoyos directos a su
hermano Luis, uno de los dirigentes más destacados de dicho partido. La mayor parte
de su biblioteca contiene obras relacionadas con la medicina, destacando colecciones
de revistas como Los progresos de la clínica, Spezielle Pathologie und Therapie innerer
Krankheiten, o Paris Medicale.13
Sin embargo, el abandono y desinterés con que fueron tratadas las tres bibliotecas
embargadas llamaron poderosamente la atención del inspector general Gómez del
Campillo, quien demanda a Sánchez Viejo no sólo el inventario de las obras ingresa-
das en la BUZ a través de las medidas de embargo y enajenación dictadas según el
11. Entre ellas debemos destacar una buena colección de lecturas pedagógicas y sobre el desarrollo intelectual de
la infancia (Pestalozzi, Johann Heinrich. Canto del Cisne, Leonardo y Gertrudis; Barnés, Domingo. El desenvolvimiento
del niño, Preyer, W. El alma del niño, Menéndez Potenciano, Manuel. Fisiología de la educación, Decroly, Ovide.
Educación infantil, Piaget, Jean El lenguaje y el pensamiento, Payot Educación de la voluntad, Montessori, María.
Antropología pedagógica; Ferriani, Lino. Las mujeres y los niños en la vida social; Bunge, Carlos Octavio. Educación
de los degenerados; Luzuriaga, Lorenzo. Programas escolares; Educación nueva; Kant, Pestalozzi y Goethe; Blanco,
Rufino. Historia de la educación en España y América). Junto a ellas, convivían obras de institucionistas como
Azcárate, Gumersindo de Estudios religiosos o Posada, Adolfo. Pedagogía con otras de autores conservadores
como Aznar, Severino. Impresiones de un demócrata cristiano; o Maura, Gabriel. Bosquejo histórico de la dictadura;
e incluso claramente fascistas como Vicente Gay o Giménez Caballero (Gay, Vicente. Las constituciones políticas: El
verdadero gobierno de los pueblos. Giménez Caballero, Ernesto. Genio de España). Parecía además mostrar un gran
interés por los aspectos políticos contemporáneos y el análisis del contexto histórico en el que se desenvolvía, a
tenor de la presencia en su biblioteca de obras como Arenal, Concepción. Obras completas; Lamartine, Alphonse
de. Historia de La Revolución francesa; Castelar, Emilio. Discursos parlamentarios; Darwin, Charles. Origen de las
especies; González Blanco, Edmundo. Los sistemas sociales contemporáneos: colectivismo, anarquismo, sindicalismo,
bolcheviquismo, exposición doctrinal comprendida; Gassote, Pierre. La revolución francesa; García Morales, Juan. 3
años de lucha a favor de los humildes; Pi y Margall, Francisco. Las nacionalidades; Garcitoral, Alicio. España en pie. La
revolución de 1930 y otros ensayos; Madariaga, Salvador de. Ensayo de historia contemporánea; Roosevelt, Theodore.
Mirando al porvenir; Lerroux, Alejandro. Al servicio de la República; Altamira, Rafael. Historia de España; Castro,
Cristóbal de. Fariseos de la República; Ayensa, Emilio. Vista de la Causa seguida contra el señor Sánchez Guerra.
12. Santiago Pi Suñer fue Vicepresidente del Consejo de Instrucción Pública en 1931, y años más tarde Subse-
cretario del Ministerio de Instrucción Pública. Sin tener en cuenta las obras de Medicina, que alcanzan la cifra
de 286 ejemplares incluyendo revistas y volúmenes facticios, en el inventario aparecen consignadas dentro del
capítulo de “Obras varias” ejemplares de Descartes y el idealismo subjetivista moderno de Joaquín Xirau Palau;
de Madariaga, Salvador de. Ensayo de historia contemporánea; Ingleses, franceses y españoles; La formación social
de los trabajadores; Baudelaire, Charles. Les eurs du mal; Ascarza, Victoriano F. Lecturas ciudadanas; Maeterlinck,
Maurice. Le sablier; Ortega y Gasset, José. La España invertebrada; Andreiev, Leonid. El diario de Satanás; Azorín
Lope en silueta; Maupassant, Guy de. Miss Harriet; Nitti, Francesco. La Europa senza paci; Bergamín, José. La más
leve idea de Lope; Machado, Antonio. Poesías completas; Zweig, Stefan. Veinticuatro horas de la vida de una mujer;
Amor; Ferry, Jules; René Descartes; La vie de Mahomet; Nietszche, Friedrich. Lo que los alemanes pueden perder;
Azaña, Manuel. En el poder y en la oposición; Victor Hugo Les contemplations; López Rey, José. Los estudiantes
frente a la dictadura; Kant, Immanuel La paz perpetua; Crítica de la razón práctica; Ciges Aparicio, Manuel. Del
cautiverio; Wilde, Oscar Lord Arthur; The grieture of Dorian Gray; Leibniz El entendimiento humano; Remarque,
Eva Marie Apres; Sombart, Werner. Lujo y capitalismo. También obras de Balmes, Donoso Cortés, Maurois o
Romanones. AHMC. Relación de Las obras de medicina y otras materias que obran en la biblioteca particular de
D. Santiago Pi y Suñer de que se hace cargo El Sr. Decano de la Facultad de Medicina D. Antonio Lorente Sanz, en
representación del Exmo. Sr. Rector de la Universidad de Zaragoza. Zaragoza 28 de diciembre de 1936. Caja III.
13. AHMC. Relación de los libros de
medicina y otras materias que pro-
cedentes de la biblioteca particular
del catedrático D. Felipe Jiménez de
Asúa que se hace cargo con esta
fecha y en representación del Ilmo.
Sr. Rector de la Universidad de
Zaragoza D. Antonio Lorenzo y Sanz,
Decano de la Facultad de Medicina
de la misma Universidad. Zaragoza
29 de enero de 1937. Caja III.
ISSN 1514-8327 (impresa) / ISSN 1851-1740 (en línea)
Información, cultura y sociedad /39 (diciembre 2018) 109108 [103-114] Luis Mariano BLanco DoMingo
decreto 108 de 23 de septiembre de 1936, sino también una mayor preocupación por
los fondos procedentes de las bibliotecas particulares de los catedráticos de medicina,
“confuso montón de libros lastimosamente abandonados en un rincón del paraninfo
… obras que deberían ya estar en la biblioteca”. Para evitar en lo sucesivo problemas
de competencias jurisdiccionales con las autoridades militares o civiles, Gómez del
Campillo le faculta, a través de un nombramiento oficial, para que reclame a quien
corresponda la gestión de todos los fondos de libros existentes en otros locales, per-
sonas o entidades procedentes de incautaciones o embargos, sin que tal afán tuviese
ninguna repercusión.14
También fue objeto de embargo la biblioteca particular del facultativo José Ignacio
Mantecón Navasal, a quien el gobierno republicano nombró en 1937 Gobernador
General de Aragón, hasta que en abril de 1938 se reincorporó al Ejército del Este
como Comisario General. Se exilió primero a Londres y luego, tras una breve estancia
en un campo de concentración en Francia, a México, donde orientó sus esfuerzos a
la investigación y la docencia hasta convertirse en uno de los pilares de la bibliote-
conomía en México y Latinoamérica colaborando activamente con el bibliógrafo y
archivero Agustín Millares Carlo.15
La colección quedó depositada en el Juzgado nº 3 de Zaragoza hasta que la Comisión
Central Administrativa de Bienes Incautados, tras haber ultimado el expediente de
resolución, ordenara al Juez de la Comisión Provincial el 16 de diciembre de 1938,
previa comunicación a Miguel Gómez del Campillo como Inspector General de Archi-
vos y Bibliotecas, que todos los libros incautados se trasladaran de forma definitiva
a la BUZ sin ningún trámite ni documento de entrega, circunstancia que se produjo
el 24 del mismo mes y año.
La biblioteca fue registrada después de la entrega en lista especial provisional para
tener conocimiento del contenido. De la relación resultaron unos 1.085 asientos.
Como las colecciones anteriores, en ningún momento se integraron con los fondos del
establecimiento, permaneciendo depositadas y confinadas en un lugar aparte durante
largos años. No será hasta agosto de 1959 cuando, gracias a la mediación de Mariano
Baselga y de Marco Aurelio Torres, yerno de Mantecón, y después de interminables
consultas y peticiones tanto ante el Gobierno Civil como ante el Rectorado, fueron
entregados los volúmenes a Concepción de la Torre, esposa de Mantecón.
5. Extensión cultural y propaganda política
La conversión de la BUZ en un vehículo de transmisión ideológica condicionó el
desarrollo de sus actividades. Ralentizadas o disminuidas las ordinarias, parte de
sus esfuerzos se dirigieron a acatar y cumplir los distintos oficios y mandatos que
perseguían el doble objetivo de fortalecer la cohesión en la retaguardia y difundir
las bondades de las actuaciones sobre el patrimonio cultural realizadas por el bando
nacional, buscando el contraste con la clara intencionalidad política y económica que,
según ellos, tenían las autoridades republicanas.
5.1. Las visitas a museos y monumentos.
La Orden de 25 de abril de 1938
16
, inmersa dentro de la guerra de propaganda que
sobre la responsabilidad en la destrucción del patrimonio monumental y cultural man-
tuvieron los dos bandos enfrentados, tras manifestar que una de las características más
acusadas de la “barbarie roja” era la sistemática destrucción de monumentos y obras
de arte, establecía que los funcionarios del Cuerpo debían organizar visitas semana-
les públicas y colectivas a sus museos y centros para explicar tanto la importancia y
14. ABUZ. Ocio de Miguel Gómez
del Campillo, Inspector General de
Archivos e Interino de Bibliotecas y
Museos a Pedro Sánchez Viejo, Jefe
de la BUZ para que se encargue de
los fondos bibliográcos incautados.
Vitoria 5 de septiembre de 1938. Sin
embargo, y pese a los esfuerzos
de Gómez del Campillo, no parece
que cuajara en exceso su preocu-
pación por estimular el interés por
la conservación de los ejemplares
procedentes de las bibliotecas
expurgadas Ello parece colegirse
de un documento manuscrito de
1947, firmado por Ángel Canellas,
relativo a los fondos que conserva
la Facultad de Filosofía y Letras,
en el que señala que todavía
en fecha tan tardía existen para
papel viejo 30 vols., 87 folletos
y 15 números de revista; para la
Facultad de Medicina 13 vols. y 47
folletos, y quedan para la sección
general 10 vols. y 24 folletos. ABUZ.
Canellas, Ángel. Sobre fondos de
las bibliotecas expurgadas.1947.
15. La revista Trébede publicó una
serie de artículos en conmemora-
ción de su centenario agrupados
bajo el título Centenario de un
exiliado. “Centenario de José Igna-
cio Mantecón” Trébede, 67, 2002,
pp. 32-89. Torres H. Mantecón,
Marco Aurelio (2004 y 2005).
16. “Orden de 25 de abril de 1938
organizando visitas colectivas a los
Museos Arqueológicos y Monu-
mentos Artísticos”. Boletín Ocial
del Estado nº 555 de 29 de abril.
ISSN 1514-8327 (impresa) / ISSN 1851-1740 (en línea)
Información, cultura y sociedad /39 (diciembre 2018) 109108 Extensión cultural e ideología [103-114]
trascendencia histórica como el valor estético y artístico de las colecciones y piezas
que en ellos se custodian. Justificaba tal decisión no sólo por la necesidad de estimular
la atracción por las obras de arte y resaltar el mérito de sus creadores, sino también
porque los Facultativos del Cuerpo debían intensificar su labor docente e incrementar
su cercanía con la población para convertir su misión pedagógica en algo más vivo y
real. Ello sin contar la pretensión didáctica y pedagógica que movía a los ideólogos
del Nuevo Estado, uno de cuyos factores más sólidos consistía en divulgar y enfatizar
el fuerte componente religioso que informa y preside las manifestaciones artísticas
y la evolución histórica del pasado nacional.
La memoria de la BUZ de 1938 acredita la aplicación y cumplimiento de la orden,
apoyando sin fisuras su firma y relacionándola con la creación de las Juntas de Cultura
Histórica. Pese al notorio papel desempeñado por estas, justifica su aprobación no
solo por la necesidad de difundir y divulgar las obras que constituyen el patrimonio
documental de España, sino para crear la conciencia de que es preciso defenderlas
para evitar su saqueo y destrucción.17
Pedro Sánchez Viejo, director de la Biblioteca, visitó a Mariano Pano y Ruata, Presi-
dente de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, a fin de organizar conferencias
y visitas a diversos monumentos de la ciudad para divulgar los tesoros artísticos que
posee. El propio Presidente le comentó que el académico encargado del Museo tenía
preparadas una serie de disertaciones sobre las colecciones existentes en el Centro.
La organización de los actos y la estructura de los contenidos se postergaron hasta
el curso siguiente, si bien la fecha de inauguración de las sesiones divulgativas se
estableció para el 22 de diciembre de ese año.
En enero de 1939, el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos,
siguiendo los preceptos que marcaba la disposición ministerial anteriormente men-
cionada, anuncia la celebración de un programa de conferencias sobre Historia del
Arte español, acompañado de visitas a Museos y Monumentos de la ciudad. Seguía
un criterio cronológico basado en los distintos períodos artísticos, y contenía 28
disertaciones que se iniciaban en la prehistoria y culminaban con un análisis de las
manifestaciones coetáneas.
En algunas ocasiones, las conferencias iban acompañadas de visitas guiadas ilustra-
tivas que pretendían divulgar la importancia y entidad de las obras analizadas. Así,
tras su charla sobre el arte y la vida romana, Martínez Planells aprovechó las piezas
del Museo Provincial para reforzar sus conclusiones, prestando especial atención
al mosaico de Estada (Huesca).18 Velasco Taboada por su parte tuvo que exponer
en dos sábados consecutivos, 18 y 25 de enero, debido a que la noche le sorprendió
diseccionando las características esenciales del retablo mayor de la Seo.19
Sin embargo, este ambicioso repaso a la evolución del arte y su huella en Zaragoza
experimentó algunos sobresaltos, inducidos generalmente por el exitoso curso de la
guerra para el bando nacional. La conquista de Barcelona a finales de enero provo-
ca el retraso de la conferencia de Albareda sobre el arte musulmán desde el 29 de
enero hasta el 5 de febrero,20 y el definitivo triunfo militar el 1 de abril condiciona la
celebración de las citas siguientes, hasta el punto que la última conferencia de la que
tenemos noticia se celebró el 16 de abril, y tuvo como protagonista a Sancho Sala.21
5.2. La Exposición del libro antiguo zaragozano (siglos XV al XVIII)
Coincidiendo con las celebraciones de la Fiesta del Libro Español, el Patronato para
el Fomento de Bibliotecas, Archivos y Museos Arqueológicos
22
inauguró el 23 de
abril de 1939, en el Palacio de la Diputación Provincial de Zaragoza, una exposición
17. “Ante los grandes infortunios de
la patria desde el derrumbamiento
de la Dictadura hasta después de
las elecciones de Febrero de 1936,
en que España se sintió conmovida
por un huracán de odios que
derivó en quema de templos, des-
trucción de monumentos y obras
de arte, la Junta Técnica del Estado,
por Orden de 23 de diciembre de
1936, creó en las provincias Juntas
de Cultura Histórica y del Tesoro
Artístico. Incalculable fue la labor
cultural de estos organismos. Sin
embargo, se notaba la falta de algo
que contribuyera al conocimiento
y conservación de nuestras obras
de Arte, y el Excmo. Sr. Ministro
de Educación Nacional dictó una
orden, fecha 25 de abril de 1938,
disponiendo que se celebren con
frecuencia visitas públicas a los
Museos y Monumentos, partiendo
de la base de que se trata de una
labor metódica y objetiva de vul-
garización de la Historia del Arte
español para despertar en nuestro
pueblo el amor a nuestros Monu-
mentos, a estimarlos y defenderlos
impidiendo su despojo y destruc-
ción.” AGA. Educación. Memoria
de la Biblioteca de la Universidad
de Zaragoza 1938. Caja 31/5459.
18. “Conferencia del Sr. Mar-
tínez Planells sobre el arte y
la vida romana”. Heraldo de
Aragón, 24 de enero de 1939.
19. “Conferencia del Sr. Ve-
lasco Taboada”, Heraldo de
Aragón, 26 de enero de 1939.
20. “Conferencia del Sr.
Albareda”, Heraldo de Ara-
gón, 30 de enero de 1939.
21. “Conferencia del Sr. San-
cho Sala”, Heraldo de Ara-
gón, 17 de abril de 1939.
22. Forman el Patronato entre otras
personalidades de la vida cultural
zaragozana el arquitecto Luis de la
Figuera, Pedro Sánchez Viejo, Luis
Boya, Bonet, Carlos Riba o Gimé-
nez Gran. Los cargos administrati-
vos estaban ocupados por Mariano
Burriel como secretario, el canóni-
go archivero Eduardo Estella como
vocal, mientras que Miguel Allué
ostenta el cargo de Vicepresidente.
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monográfica sobre los incunables y libros raros producidos por los impresores ara-
goneses, que permaneció abierta al público hasta el 5 de mayo.23
Los contenidos procedían de los fondos de diversas instituciones: el Cabildo Metro-
politano, la BUZ, el Real Seminario de San Carlos, el Seminario Metropolitano, el
Ilustre Colegio de Abogados, la Diputación Provincial, el Real Seminario de San
Carlos, el Archivo Histórico, la Real Maestranza de Caballería, y de las bibliotecas
particulares de Miguel Allué Salvador, Mariano Baselga Jordán, María Jesús Corviño
Arnau y César García Burriel.
La iniciativa y labores de coordinación se debieron a Eulogio Varela, archivero muni-
cipal de Zaragoza desde noviembre de 1938.24
En el acto de inauguración de la muestra pronunció el gobernador civil de la ciu
-
dad desde el mes de marzo, el carlista Antonio Iturmendi, un discurso sustentando
en los parámetros ideológicos que marcaban el concepto que de la cultura y de la
importancia del libro tenía el bando sublevado: la enfatización de su sentido nacional,
su potencialidad como factor de adoctrinamiento y combate y la afirmación de la
españolidad como necesaria y obligada norma de conducta.25
Simultáneamente a la muestra bibliográfica se celebró una sesión cultural en el salón
de actos de la Facultad de Medicina, organizada por la Universidad de Zaragoza en
colaboración con el Patronato. La presidencia fue ostentada por el general jefe de
la Quinta Región Militar, Francisco Rañoy, quien compartió el estrado con el rector
Calamita, el alcalde Juan José Rivas; el presidente de la Diputación Provincial y
vicepresidente del Patronato de Archivos Miguel Allué Salvador; el coronel Benítez,
jefe de Estado Mayor; el delegado de Hacienda Ramón Peñarredonda Fernández; el
presidente de la Audiencia Gerardo Álvarez de Miranda; por la Jefatura Provincial de
Falange Joaquín de Pitarque y Elío; y en representación del arzobispo Juan Garriga.
La apertura del acto fue responsabilidad del Rector Calamita. A continuación el
secretario del Patronato Provincial de Bibliotecas, Mariano Burriel, dio lectura de la
Memoria anual de la institución, en el que resumió la labor desarrollada durante ese
año, acompañada de una estadística de los libros donados por los zaragozanos con
destino a la Exposición inaugurada”.26 Tras ello, realizó un esbozo de los proyectos
aprobados en el marco del objetivo de procurar todos los medios para popularizar
la cultura.
Siguió en el orden de intervención la lectura de un trabajo sobre el Quijote y las nove-
las ejemplares cervantinas por parte del bibliotecario del Sindicato de Estudiantes
Universitarios (SEU), José Serichol, quien aprovechó su presencia en la tribuna para
ensalzar la trayectoria de su institución y defender la necesidad de crear bibliotecas
populares.
Miguel Allué por su parte comienza su disertación proclamando la centralidad de
la religión en todo tipo de actividad científica y literaria, simbolizada en el crucifijo
presidencial.27 Pero el mensaje principal que transmite tiene como objetivo reforzar
la tesis de que es fundamental la apuesta por la lectura dirigida y selectiva, puesto que
no todos los libros resultan edificantes.
28
Con una pretensión claramente divulgadora
y fuertemente paternalista, enumera algunos ejemplos que le sirven para concluir
que los libros de la nueva España no sólo han de llegar al corazón de los españoles,
sino que deben “hacernos soñar dulcemente en la grandeza de nuestra Patria”.29
En representación de la Universidad, Álvaro San Pío diserta sobre Sugestiones curio-
sas sobre libros y lectores, una propuesta levemente alejada de la retórica triunfalista
23. “La Fiesta Nacional del
Libro en Zaragoza”, Revista
Universidad, 1939, nº 2.
24. Ibidem. No fue sencillo el acceso
al puesto para Varela, puesto que
el propio ayuntamiento manifestó
ciertas reticencias aludiendo a que
si un archivero que había ganado
por oposición una plaza en el
Ayuntamiento de Madrid tenía de-
recho a participar en el concurso,
y si así lo fuera, si este título era
suficiente aval para justificar su
presencia. Y ello pese a que alegó,
entre otros méritos, la cataloga-
ción de todos los expediente de
infanzonía (406) custodiados en el
Archivo Histórico y de la Audiencia
de Zaragoza. Para solventar
el problema, Varela solicita la
intercesión de Lasso de la Vega, no
sin manifestarle que la verdadera
causa del mismo era su condición
de “extranjero” en la ciudad, lo que
califica como “la tontería local”.
AHBMV. Fondo Lasso de la Vega.
Carta de Eulogio Varela a Lasso de la
Vega solicitando su intercesión para
acceder al cargo de archivero mu-
nicipal de Zaragoza. Zaragoza [s.f.]
Este resuelve de forma favorable a
Varela, lo que permite su ingreso
como archivero. AHBMV. Fondo
Lasso de la Vega. Carta de Lasso de
la Vega a Eulogio Varela resolviendo
a su favor para el cargo de archivero
municipal de Zaragoza. Vitoria, 3 de
noviembre de 1938. AHBMV. Fondo
Lasso de la Vega. Tarjeta Postal
de Eulogio Varela a Lasso de la
Vega agradeciéndole su intercesión
para que ocupara el cargo de
archivero municipal de Zaragoza.
Zaragoza, 8 de noviembre de 1938.
25. “Nuestro Movimiento exige la
reivindicación de nuestra cultura
nacional y nos encomienda la ex-
tensa tarea de formar los cerebros
de nuestros hombres con sentido
netamente español. El origen de
esta cultura nacional es el libro.
Nuestros mejores tiempos fueron
aquellos en que conjuntamente pe-
leábamos y escribíamos “La Fiesta
Nacional del Libro en Zaragoza”,
Revista Universidad, 1939, nº 2.
26. Ibidem
27. “el gran libro de la sabiduría,
el tesoro de todas las ciencias,
el arca de todo consuelo, el
centro de todo amor”. Ibidem
28. “De los libros se han dicho
muchas cosas: que son nuestros
mejores amigos, que no nos
engañan nunca, que son el
alimento del alma … pero estas
fáciles sentencias no siempre son
razonables y verdaderas, pues
todas ellas parten de una base
falsa, a saber, que todos los libros
son sanos y buenos”. Ibidem
29. Ibidem
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imperante y más cercana a elementos puramente científicos que recoge las caracte-
rísticas esenciales de conceptos como bibliofilia, biblioteconomía, bibliografía, biblio-
manía y bibliopiratería. No obstante, tampoco escapa al maniqueísmo interesado
que considera la existencia y rivalidad constante entre los libros perniciosos y los
“buenos”.
La BUZ elaboró un primer listado de obras a exponer que los organizadores no con-
templan en su totalidad, bien porque algunas coinciden con las aportadas por otras
instituciones o particulares, o porque el comité decide, en última instancia, realizar
un filtrado más amplio. El catálogo final está formado por 68 títulos, de los cuales 17
son los que corresponden a la BUZ.
Las obras elegidas constituyen una selección muy representativa de la riqueza biblio-
gráfica que atesoraba la biblioteca, y que guarda estrecha relación con la enorme
importancia que la ciudad de Zaragoza tuvo para la difusión de la imprenta y el
desarrollo industrial del libro en España. Destacan el Manipulus curatorum (1475),
debida al taller de Mateo Flandro y primera obra impresa en Aragón, y otros dos incu-
nables, Fori aragonum (1496) y la Crónica de Aragón (1499), obra de Gauberto Fabricio
de Vagad, ambos impresos por Pablo Hurus. Se incluye además en el mencionado
anexo una relación de 12 obras que no se incorporaron a la muestra por diversos
motivos que se señalan.
5.3. Las nonnatas muestras bibliográcas de Italia y Alemania
La debilidad y escaso éxito de la labor propagandística del bando nacional entre
los intelectuales foráneos y, como contrapunto, la mayor fortuna y capacidad de
penetración de la política cultural exterior por parte de las autoridades republicanas,
con la mayoría de los países reticentes a reconocer diplomáticamente al incipiente
Estado de Burgos hasta casi finalizado el conflicto bélico, propiciaron el impulso
entre los dirigentes del bando sublevado de una serie de iniciativas que mitigaran
o redujeran el alcance y difusión de ambas situaciones.
30
Así, fueron constantes las
visitas al extranjero con el objetivo de divulgar las razones que habían provocado
la insurrección armada, la organización de viajes para periodistas e intelectuales
foráneos a la España nacional para que mostrasen una imagen positiva de la zona
bajo su control, o la celebración de congresos y cursos para extranjeros que sirvieran
de testimonio de las bondades del Nuevo Estado y legitimaran el recurso a la fuerza
para desarbolar a la República.
Para facilitar tales actuaciones, surgieron mecanismos institucionales que intentaran
canalizar y organizar los eventos destinados a tal efecto. La creación del Instituto de
España pretendía servir de centro difusor de ideas reuniendo a todos los intelectuales
españoles afectos al nuevo régimen.31 Pero es sin duda el restablecimiento de la Junta
de Relaciones Culturales con el primer gobierno de Franco en 1938 el mejor exponente
de esta perentoria necesidad de recabar apoyos culturales más allá de los aportados
por sus aliados naturales, Portugal,y sobre todo Italia y Alemania.32
Uno de los elementos característicos de la política cultural del bando nacional, junto
a la simbiosis entre cultura y propaganda, es su absoluta supeditación a la política
exterior, que en el caso de Italia y Alemania adquiere tintes extremos. La propia diná-
mica del conflicto y la situación de orfandad internacional en la que se encontraba
el todavía embrionario estado franquista, motivaron que el único recurso y apoyo
foráneo procediera de las potencias europeas fascistas, más afines ideológicamente,
y que prestaron apoyo material y militar en pro de la causa nacional. Tanto Hitler
como Mussolini aprovecharon esta coyuntura para influir en la formación de los
30. Alicia Alted llega a hablar de
“obsesión por contrarrestar de
manera positiva los argumentos
propagandísticos republicanos”
cuando se refiere a la labor de
Pedro Muguruza al frente de la
Comisaría General del Servicio de
Defensa del Patrimonio Artístico
Nacional desde 1938, y basa su
argumentación en el contundente
y crítico informe que envía al
ministro Pedro Sáinz Rodríguez, en
el que expone:”…pude ver como
en el extranjero, en los centros
culturales de arte y de historia,
estamos conceptuados a un nivel
muy inferior del otorgado a los
rojos … pude también comprobar
que en el orden artístico, nuestras
propagandas, sólo apoyadas en
la labor negativa de los rojos,
son contraproducentes” Carta-
informe a Pedro Sáinz Rodríguez
en Alted, Alicia (1984: 92).
31. La creación del Instituto, idea
original de Eugenio d’Ors para
agrupar a los miembros de las Rea-
les Academias dispersos en la zona
nacional, pretendía otorgar, en pa-
labras de Sáinz Rodríguez, “el ma-
tiz cultural al Alzamiento ante los
ojos de Europa” Alted, Alicia (1984:
239). Sin embargo, el proyecto ca-
recía de contenido y competencias,
por lo que sus realizaciones fueron
prácticamente nulas, máxime te-
niendo en cuenta que pocos meses
después de finalizada la guerra,
el nuevo ministro de Educación
Nacional Ibáñez Martín crearía
el exitoso Consejo Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC).
32. Para profundizar en la
relación entre política cultural
del bando nacional y su política
exterior, véase Delgado Gómez-
Escalonilla, Lorenzo (1994).
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cuadros de mando del futuro Estado merced a los cada vez más constantes proyectos
conjuntos establecidos con la Junta.33
El interés por celebrar exposiciones bibliográficas que ofrecieran una visión panorá-
mica de los logros obtenidos por Italia y Alemania dio lugar a una serie de múltiples
reuniones y contactos que, por diversas causas, no fructificaron. Pese a la obstinación
y el trabajo de Miguel Artigas y Javier Lasso de la Vega, ni la apuesta por una mues-
tra circulante y móvil acompañada de disertaciones multidisciplinares apologéticas
de las bondades del fascismo, ni una exposición proyectada en Santander pudieron
llevarse a cabo.
La Universidad de Zaragoza también recibió una comunicación de Lasso de la Vega el
18 de noviembre de 1938, en la que informa del encargo realizado desde el Ministerio
de Educación Nacional para organizar una exposición del libro italiano conjuntamente
con la embajada del país transalpino.
34
El rector Calamita designa como Presidente a
Pascual Galindo, y como lugar de celebración la Casa del Fascio.
35
Sin embargo, como
en los casos anteriores, no pudo desarrollarse por la escasa implicación y desinterés
de las autoridades franquistas.
La realidad fue que, a pesar de estos conatos, la principal exposición itinerante del
libro italiano en España tuvo lugar tras finalizar la guerra civil, destacando especial-
mente la celebrada en Santander en agosto de 1942, aprovechando la celebración de
los cursos universitarios de verano (Domínguez Méndez, 2013).
Lasso fue el encargado de firmar el acuerdo que el 14 de octubre de 1938 se estable-
ció entre el Deutsch-Ausländischer Buchtausch y el Servicio Nacional de Archivos y
Bibliotecas del gobierno de Burgos, con el objetivo de incentivar la relación cultural
con la Alemania nazi a través de iniciativas como las donaciones de libros alemanes,
la participación de intelectuales españoles en congresos, o la organización de expo-
siciones de libros (Bernal Martínez, Isabel, 2007).
La proyectada muestra itinerante de libros alemanes sufrió diversos avatares, aunque
contribuyó a la propaganda política del nacionalsocialismo y a la sustitución de los
fondos bibliográficos de los centros superiores de educación e investigación españoles
con un doble objetivo: neutralizar en la medida de lo posible la influencia francesa
y difundir un bloque de doctrina dirigida, de raíz filogermánica, que coadyuvará a
asentar las bases teóricas del Nuevo Estado desde una perspectiva nacionalsocialis-
ta36. Oficialmente, en su periplo por territorio español, no se contemplaba Zaragoza
como sede. Sin embargo, Lasso recaba la opinión de Calamita sobre la posibilidad
de celebrarse en la capital del Ebro37, obteniendo una entusiasmada respuesta del
Rector quien, siguiendo los deseos del agregado cultural de la embajada alemana,
Wilhelm Petersen, habilitaría el Paraninfo de las Facultades de Medicina y Ciencias
como marco adecuado. Y no conforme con la mera aceptación, le envía la relación
de los catedráticos que integrarían el hipotético comité organizador: Domingo Miral,
Pascual Galindo, Leonardo Prieto y Sancho Seral, a reserva de otros profesores que
quisieran sumarse.38 Sin embargo, el intento fracasaría.
6. A modo de conclusión. La biblioteca como arma de combate
La BUZ asumió como una de sus funciones más destacadas durante el conflicto bélico
erigirse en vehículo de transmisión ideológica del bando sublevado. Para ello no sólo
adaptó y modificó los servicios ordinarios, sino que además transformó las actividades
de extensión cultural siguiendo las directrices emanadas de las disposiciones legales
dictadas por el mismo.
33. Ibidem
34. AHBMV. Fondo Lasso de
la Vega. Carta de Javier Las-
so de la Vega al Rector de la
Universidad de Zaragoza sobre
la exposición del libro italiano.
Vitoria, 18 de noviembre de 1938.
35. AHBMV. Fondo Lasso de la
Vega. Carta de Gonzalo Calamita
a Javier Lasso de la Vega sobre
la exposición del libro italiano.
Zaragoza, 23 de noviembre de 1938.
36. Bernal Martínez se hace eco
de las fricciones provocadas
por conflictos de competencias
entre una Falange que dirigía
la censura y el sector católico
conservador que controlaba la
gestión de las bibliotecas a través
del ministro Sáinz Rodríguez.
(Bernal Martínez, Isabel, 2010)
37. ABHMV. Fondo Lasso de
la Vega. Carta de Lasso de la
Vega a Gonzalo Calamita sobre
la exposición del libro alemán.
Vitoria 9 de enero de 1939.
38. AHBMV. Fondo Lasso de la
Vega. Carta de Gonzalo Calamita
a Javier Lasso de la Vega sobre
la exposición del libro alemán.
Zaragoza, 16 de enero de 1939.
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En primer lugar, fue el destino de las confiscaciones de bibliotecas particulares, si
bien la incorporación de estos fondos fue más nominal que efectiva. La mayor parte
de los mismos permanecieron en custodia y ajenos a la actividad bibliotecaria, sin
integrarse ni relacionarse con la colección ni siquiera desde el punto de vista del
proceso técnico, ya que los facultativos apenas intervinieron en ninguna de las fases.
En segundo lugar, al mismo tiempo que se establecieron las bases teóricas y legales
para la depuración de las obras consideradas nocivas y peligrosas, el gobierno de
Burgos articuló una serie de medidas que buscaban difundir una imagen positiva de
los logros y avances alcanzados en la defensa del patrimonio cultural en el territorio
que controlaba jurisdiccionalmente. Y lo hizo prestando atención a dos aspectos fun-
damentales: las visitas a los museos y monumentos de las ciudades y la organización
de exposiciones bibliográficas. En el distrito zaragozano se desarrolló una importante
labor de divulgación en ambos sentidos, creando un completo ciclo de conferencias y
visitas a los monumentos más representativos, y organizando una exposición sobre
el libro antiguo impreso en Zaragoza. Las iniciativas no sólo se transformaban en
instrumentos que aunaban ocio y propaganda, sino también en un hábil intento de
revitalizar el protagonismo de los funcionarios del Cuerpo Facultativo y reivindicar
la necesidad de su presencia.
La más importante de las muestras bibliográficas en las que participó la BUZ fue la
dedicada al libro antiguo impreso en Zaragoza. Este intento de recuperar el vigor e
importancia del fondo antiguo de las bibliotecas universitarias ubicadas en el territorio
controlado jurisdiccionalmente por los rebeldes obedece en parte a la reivindicación
de un pasado glorioso utilizado para justificar y legitimar el levantamiento militar, y
a su catalogación y accesibilidad dedicaron gran parte de sus desvelos los facultativos
adscritos temporalmente a la biblioteca.
El mismo efecto pretendían alcanzar las exposiciones bibliográficas selectivas y mono-
gráficas sobre las potencias del eje que apoyaron el golpe de estado, Italia y Alemania.
Sin embargo no pasaron de la planificación teórica por diversas circunstancias pese
a los esfuerzos de Lasso de la Vega o Miguel Artigas.
La actividad bibliotecaria de la BUZ quedó por tanto supeditada al devenir de la
guerra, teñida de propaganda política, y plegada a los nuevos parámetros ideológicos
del Nuevo Estado, que conferían al libro una labor secundaria, cuando no perniciosa,
siempre que no estuviera dirigido y controlado. La apelación al proselitismo ideoló-
gico como método para asegurar y/o mantener la cohesión social de una ciudad de
retaguardia como Zaragoza, la búsqueda de una mayor resonancia y apoyo al bando
franquista en los medios públicos internacionales, y un intento de reivindicar la
importancia del Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos son los rasgos
más representativos de la extensión cultural bibliotecaria.
Con este trabajo hemos analizado un modelo de extensión cultural específico, el de
la BUZ, perfectamente integrado en la planificación de la propaganda del bando
nacional, que respondía a las especiales circunstancias que concurrían en una ciudad
de retaguardia, y durante algún tiempo convertida en “capital” bibliotecaria de los
sublevados gracias a la presencia y actividad de Miguel Artigas.
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