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Análisis de la situación económica al FIDE La suerte del dólar, en manos de los especuladores. De la bomba de LEBAC a la de LELIQ y Plazos Fijos. El negocio financiero mata producción: pierden chicas, medianas y grandes. Dilemas de Portugal: ¿algo para aprender? La deuda como antídoto al desarrollo. De la revolución de la alegría a la revolución de la crueldad. Diálogos. María Pía López
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PáginaFUNDACION DE INVESTIGACIONES PARA EL DESARROLLO
Coyuntura
Coyuntura
y Desarrollo
y Desarrollo
FUNDACION DE
INVESTIGACIONES
PARA EL DESARROLLO #386 Análisis de la
situación
económica al
FIDE
La suerte del dólar, en manos de los
especuladores. De la bomba de LEBAC a la
de LELIQ y Plazos Fijos. El negocio financiero
mata producción: pierden chicas,
medianas y grandes. Dilemas de Portugal:
¿algo para aprender? La deuda como
antídoto al desarrollo. De la revolución de
la alegría a la revolución de la crueldad.
Diálogos. María Pía López
13/02/2019
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Una polí ca expansiva sustentada en un
paula no fortalecimiento del mercado
interno con una distribución suavemente
progresiva del ingreso, el incremento de
los salarios mínimos, una mejora de las
remuneraciones de los trabajadores estatales,
la reintroducción de los escalafones en la
administración pública y el relanzamiento de
la inversión estatal sacaron al país de una
depresión que parecía indomable.
El modelo portugués.
Un mirador para la
Argentina que viene?
GESTION DE LA DEUDA PUBLICA Andrés Musacchio
Economista, Doctor en Ciencias Sociales
Portugal es hoy el niño mimado de una porción
importante del “progresismo” mundial, como conse-
cuencia de una serie de méritos y logros nada despre-
ciables en su polí ca económica. Suele ponderarse
su desa o a las recetas que desde hace tres décadas
componen las recomendaciones de los organismos
internacionales y que suelen profundizar las crisis que
dicen venir a conjurar. A pesar del duro constreñimiento
impuesto por la Comisión Europea (CE), el Banco Central
Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI),
el gobierno socialista del Primer Ministro António Costa
asumido a nales de 2015 ha logrado sacar a su país de
una depresión que parecía indomable.
La fórmula resultó, curiosamente, muy sencilla: una
polí ca expansiva sustentada en un paula no fortale-
cimiento del mercado interno con una distribución
suavemente progresiva del ingreso, el incremento de
los salarios mínimos, una mejora de las remuneraciones
de los trabajadores estatales, la reintroducción de
los escalafones en la administración pública y el
relanzamiento de la inversión estatal. Puso así en marcha
un círculo virtuoso que arrastra a los salarios privados,
al empleo y a la inversión privada. Contrariando los
pronós cos del mainstream neoliberal –pero siendo fi el
a una larga serie de experiencias empíricas históricas–,
tal polí ca, lejos de descalabrar las cuentas fi scales,
permi ó consolidar el superávit primario y afrontar
buena parte del servicio de la deuda pública.
Si, por el momento, la posición económica del Gobier-
no parece consolidada, la cues ón de la deuda es
probablemente uno de los principales talones de Aquiles
que puede complicarle a Costa el escenario económico y
polí co. Es que su gobierno minoritario sostenido en el
Parlamento por el Bloque de Izquierda, el Par do Comunista
y el Par do Ecologista Verde, no ha logrado alinear a la
virtual coalición detrás de una ges ón común de la deuda.
Antes bien, las diferencias en este punto son manifi estas
y las estrategias de cada par do son divergentes. Hay allí,
pues, un problema polí co de fondo latente. Los aliados
parlamentarios exigen una renegociación profunda (hay
para ello varios modelos con diferentes combinaciones de
extensión de plazos, reducción de tasas y quitas) que el
Gobierno evita plantear a los acreedores, en su mayoría
las propias ins tuciones internacionales.
Pero el problema de la deuda no es sólo polí co.
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factor primordial fue la gestación de una deuda pública
incontenible, resultado de un incontrolado gasto público
por parte de un conjunto de pecadores, entre los que
se encontraban Grecia, España, Italia, Irlanda y Portugal.
La visión no se condice con la realidad. Ninguno de esos
países tuvo, hasta el estallido de la crisis, problemas
scales severos ni sufrió de un endeudamiento público
galopante.
En el caso específi co de Portugal, entre 1995 y 2007 la
deuda pública había crecido del 58,3% al 68,4% del PIB,
en una economía virtualmente estancada. En el mismo
período, la deuda privada había saltado del 81,5% al 185%
del PIB, alcanzando su máximo de casi 210% en 2012.
Los guarismos de la deuda pública eran comparables por
su magnitud rela va a los de los estados de Alemania o
Francia, que en ningún momento manifestaron un ahogo
Los aliados parlamentarios exigen una
renegociación profunda que el Gobierno
evita plantear a los acreedores, en su mayoría
las propias ins tuciones internacionales.
Grafi co infl ación y  po de cambio.
FUENTE: El Autor, con datos de Eurostat, O cina Europea de Estadística
Portugal
Evolución de la deuda pública.
1995 - 2018
(como % del PIB)
También involucra una serie de tensiones económicas
que distan de estar resueltas. La deuda pública neta es
enorme (supera el 120% del PIB) y su manejo es facilitado
momentáneamente por las bajas tasas de interés del
mercado europeo que limitan, por lo tanto, el servicio
anual a algo más del 4% (Reis, 2018). Sin embargo, nada
garan za que tal esquema se sostenga en el  empo.
Por el contrario, el paula no incremento de las tasas de
interés es un escenario probable, sobre todo luego del
anuncio del BCE sobre el cese de compras de tulos de
deuda soberana y de la polí ca de incremento de tasas
que prac ca la Reserva Federal de los EEUU. La estrategia
de pago del Gobierno, además, restringe la capacidad
de sostener y profundizar la polí ca fi scal expansiva,
clave de toda la recuperación. Ni hablar, por supuesto,
de saltar a una etapa cualita va de transformación de
las estructuras produc vas, una polí ca de desarrollo.
Veamos estos problemas bajo la perspec va de la
historia reciente.
La conformación de la deuda pública portuguesa
El “relato ofi cial” de la crisis europea indica que el
Porcentaje
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Página Coyuntura y Desarrollo
El endeudamiento tenía su centro en el
sector privado y se asociaba estrechamente
al proceso de fi nanciarización y a la división
internacional del trabajo impuesta por los
países centrales de la Unión Europea.
Grafi co infl ación y  po de cambio.
FUENTE: El Autor, con datos de Eurostat. O cina Europea de Estadística
Porcentaje
Portugal
Saldo de la cuenta corriente del balance de pagos
1995 - 2017
(como porcentaje del PIB)
nanciero. Es, por lo tanto, dudoso que allí radicara el
problema de la Eurozona y de Portugal.
En realidad, el endeudamiento tenía su centro en el
sector privado y se asociaba estrechamente al proceso de
nanciarización y a la división internacional del trabajo
impuesta por los países centrales de la Unión Europea. La
expansión de estos úl mos se sustenta en un despliegue
exportador, que en la fase expansiva se conjugó con
un enorme défi cit comercial en países como Portugal,
España o Grecia (cf., por ejemplo, Musacchio, 2018),
pero que refl ejaba simétricamente el superávit comercial
de países como Alemania, Gran Bretaña y Holanda. El
capital nanciero solventa el défi cit comercial, pero
también se inserta en el sector servicios, aprovecha las
priva zaciones y sos ene el boom especula vo (en el
caso portugués, más vinculado al sector inmobiliario
que a negocios “puramente” nancieros). Así, se
producen cambios en la estructura de los precios
rela vos (otro proceso conocido en Argen na), con
incrementos en los precios de los servicios públicos y los
inmuebles, frente a precios agropecuarios e industriales
quietos, jados en el mercado internacional. A pesar
de la moneda común, países como Portugal, España o
Grecia no han podido evitar el retraso cambiario, que
genera problemas acumula vos en el balance de pagos
provocar una crisis.
El esquema y su evolución dejan al descubierto que
la estrategia de los países centrales como Alemania es
la que modela y remodela la estructura produc va de
países como Portugal, un actor pasivo en ese modelado.
De allí se puede leer su carácter subdesarrollado. Ese
modelado pasivo, por supuesto, se realiza en estrecha
asociación con las elites internas, que garan zan la
adopción y difusión del modelo y par cipan asociados al
capital externo de una parte de sus benefi cios1. También
el rol de los organismos internacionales es clave en la
difusión y profundización del modelo.
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PáginaFUNDACION DE INVESTIGACIONES PARA EL DESARROLLO
Terminó esta zando indirectamente una
parte de la deuda privada y fi nanciando con
créditos la fuga de capitales de los grandes
bancos, fenómeno que en América la na y
especialmente en Argen na no sorprende.
Recién entonces, y no al inicio de la crisis
internacional, la deuda pública se tornó un
problema signifi ca vo.
En el caso portugués, el sustento macroeconómico
del modelo fue el fuerte retraso cambiario provocado
por la introducción de una moneda común, la apertura
comercial y la liberalización fi nanciera como polí ca
de shock en una economía de alta infl ación. Frente a
bajos salarios y una estructura produc va endeble,
compensar el retraso cambiario por la vía de la caída del
costo laboral y el aumento drás co de la compe vidad,
el camino propuesto por la ortodoxia y los organismos
internacionales, no resulta una tarea sencilla y trae,
además, consecuencias sociales importantes. Argen na
también  ene en ese campo, al igual que Portugal, una
vasta experiencia acumulada desde 1967 y los resultados
en ambos países son, en este aspecto, comparables.
En Portugal la estrecha asociación entre los défi cits
de la cuenta corriente y la difusión del modelo liberal
apoyada en polí cas de comercio exterior abierto, po
de cambio fi jo y liberalización fi nanciera indiscriminada
son ostensibles.
El défi cit estructural de la cuenta corriente se agudiza
sensiblemente con la adopción de los criterios del
Tratado de Maastricht, fi rmado en 1992 para diseñar el
camino hacia una moneda común, y luego con el ingreso
a la Eurozona. Los criterios de convergencia adoptados
entonces imponían, junto a la ya existente apertura
comercial vigente en la Comunidad Económica Europea,
una aceleración de la liberalización fi nanciera y una
batería de medidas para anclar los precios internos por
medio de la polí ca cambiaria y monetaria.
La fi nanciarización de la economía portuguesa y el
enorme défi cit en cuenta corriente generaron desde
entonces una signifi ca va deuda, en buena medida
con acreedores del exterior, que se tornó inmanejable
con el estallido de la crisis de 2007. El Estado socorrió
en primera instancia a los grandes grupos económicos
y nancieros en riesgo, fondeándose en préstamos
externos para atender las necesidades internas2. Así,
terminó esta zando indirectamente una parte de
la deuda privada y fi nanciando con créditos la fuga
de capitales de los grandes bancos, fenómeno que
en América la na y especialmente en Argen na no
sorprende. Recién entonces, y no al inicio de la crisis
internacional, la deuda pública se tornó un problema
signifi ca vo.
Marcando algunas diferencias importantes con Ar-
gen na, debe destacarse que, sea interna o externa,
la deuda se encuentra nominada en su mayor parte
en la moneda de curso legal, en la que se recaudan
los impuestos, de manera que no queda expuesta a
eventuales fl uctuaciones del  po de cambio. Esta úl ma
variable, además, es irrelevante, pues al haber adoptado
el euro, una moneda que no se emite en el país, no hay
posibilidades de regular ni el po de cambio ni la emisión
monetaria. Esto comprime notoriamente los márgenes
de maniobra en el mix de las polí cas para gerenciar
deuda en comparación con Argen na.
La ges ón de la Troika
Con la profundización de la crisis y la debacle de
Grecia, el Estado portugués se aproximó peligrosamente
a la cesación de pagos. Es así que en 2011 debió negociar
con la “Troika” compuesta por la CE, el BCE y el FMI
un Memorándum de Entendimiento que derivó en
un Programa de Asistencia Económica y Financiera de
tres años. La crisis griega como telón de fondo impulsó
a la Troika a un tratamiento algo más benévolo para
con Portugal, tratando de evitar una nueva catástrofe.
Simétricamente, la fallida estrategia de confrontación del
primer gobierno de Syriza en Grecia indujo al gobierno
portugués a desplegar una polí ca más conciliadora.
Todo esto, sin embargo, no evitó que el acuerdo difi riera
en su fondo a los que habitualmente se les impone a los
países subdesarrollados en una crisis de endeudamiento.
El diagnós co inicial de los analistas de la Troika
situaba el origen de la crisis en una baja compe vidad,
explicada por altos costos salariales unitarios y problemas
estructurales. Para tal enfoque, era eso lo que había
generado la deuda, a la que también había contribuido
un deterioro notorio de las nanzas públicas. Con ese
diagnós co, y en el marco de un endurecimiento de
la polí ca de austeridad general desplegada por la
Eurozona como estrategia global frente a la crisis, el
acuerdo se basaba en los tres pilares clásicos: a) ajuste
en las cuentas públicas, b) estabilización del sistema
nanciero con apoyo estatal, pero sin introducir un
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Página Coyuntura y Desarrollo
La crisis griega como telón de fondo impulsó
a la Troika a un tratamiento algo más
benévolo para con Portugal, tratando de
evitar una nueva catástrofe.
refuerzo de controles ni restricciones a los fl ujos de
capitales especula vos y c) reformas estructurales
que profundizaban la desregulación, la precarización
laboral y el proceso de priva zaciones3. El resultado fue
el habitual en este  po de programas: profundización
de la depresión y el desempleo, distribución regresiva
del ingreso, fuga de capitales y creciente ahogo de las
cuentas públicas (cf., por ejemplo, Reis, 2018). El défi cit
scal, blanco de ataque de la estrategia, no pudo ser
erradicado, pues el impacto de la depresión y de las
polí cas de desagravación y liberalización constriñeron
los ingresos. Salvo en 2013, todo el período del programa
refl eja défi cits primarios y un rojo fi nal signifi ca vo
en las cuentas públicas. Como nota de “color”, el peso
del servicio de la deuda en las cuentas públicas creció
signifi ca vamente, pero su pago nunca fue puesto en
cues onamiento, como sí ocurrió con otras par das
presupuestarias. Tampoco aquí hay mayores diferencias
con Argen na.
Algunos analistas, sin embargo, expresan fundadas
dudas de que el obje vo central de la Troika fuese la
sustentabilidad de la deuda. Una visión alterna va
y un tanto conspira va hace hincapié en que, por
medio del programa de ajuste, se apuntaba a eliminar
las responsabilidades sociales básicas del Estado,
como mecanismo para consolidar una visión cultural
neoliberal (Mar ns, 2017). Es decir que, por medio de
la renegociación de la deuda, en realidad se pretendía
profundizar las raíces ideológicas del modelo. La
estrategia de generar el caos para imponer luego
polí cas de corte neoliberal de di cil aceptación social
en condiciones normales fue formulada abiertamente
en los años ‘70 por uno de los principales ideólogos
neoliberales y Presidente de la Sociedad Mont Pelerin,
Herbert Giersch (1991). Segun Giersch, la secuencia de
una polí ca neoliberal bien implementada comienza con
una drás ca desgravación imposi va que genera défi cit
scal y deuda pública. En el mediano plazo, las cuentas
scales colapsan y el ajuste –decidido internamente o
impuesto por los organismos internacionales en el marco
de un rescate– se impone sin escape.
Portugal abandonó su “andador”, la asistencia de la
Troika, mucho antes que Grecia. Finalizado el programa
de asistencia, se encargó de ges onar su deuda hacia
adelante, sin nuevos programas. Esto, sin embargo,
no implicaba una reversión o un cues onamiento de
los preceptos tradicionales: polí cas de austeridad y
de mejora en la compe vidad que permitan generar
y liberar recursos para el pago de la deuda. Recién un
año después del fi nal del programa y luego del cambio
de gobierno ocurrió el golpe de  món en la polí ca
económica narrado en la introducción. Modifi có esto
sustancialmente la polí ca de deuda?
Una nueva ges ón de la deuda?
Si la nueva polí ca puesta en prác ca desde nales
de 2015, como vimos, difi ere en sus aspectos generales
ostensiblemente de los parámetros de la teoría de la
oferta y de la polí ca de austeridad sostenida por las
autoridades de la Unión Europea, en materia de deuda
no hay un quiebre notorio. El obje vo implícito de las
polí cas llevadas a cabo desde 2016 y los lineamientos
explícitos en el Programa de Estabilidad 2018-2022
del Ministerio de Finanzas (2018) refl ejan un claro
alineamiento con las polí cas fi scales emergentes del
Proyecciones presupuestarias del gobierno central de Portugal
(en % del PIB)
2018 2019 2020 2021 2022
43,2 42,9 42,9 43,2 42,7
43,9 43 42,2 41,7 41,4
40,4 39,7 39 38,6 38,3
2,8 3,2 3,9 4,6 4,4
3,5 3,4 3,2 3,1 3,1
-0,7 -0,2 0,7 1,4 1,3
Total de ingresos
Total de gastos
Gasto primario
Saldo primario
Intereses
Financiamiento líquido
Crecimiento del PIB 2,3 2,3 2,3 2,2 2,1
FUENTE: Ministerio de Finanças de Portugal (2018)
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Algunos analistas dudan de que el obje vo
central de la Troika fuese la sustentabilidad
de la deuda. Hacen hincapié en que, por
medio del programa de ajuste, se apuntaba
a eliminar las responsabilidades sociales
básicas del Estado, como mecanismo para
consolidar una visión cultural neoliberal.
viejo Pacto de Estabilidad y Crecimiento y sus reformas
post-crisis: la meta de largo plazo es el retorno a una deuda
inferior al 60% del PIB, que obliga a mantener un superávit
primario para reducir paula namente el endeudamiento
público. La proyección concreta se plasma en la meta
de un superávit primario de entre 2,8% y 4,5% del PIB.
En ese terreno, los cambios no son determinantes,
pues el camino elegido es el de compa bilizar polí cas
distribu vas expansivas con el respeto a los lineamientos
de equilibrio presupuestario estricto impuestos por la
Unión Europea. Es decir, el modelo intenta balancear los
es mulos al crecimiento con un férreo sostenimiento del
equilibrio presupuestario global.
En todo caso, surgen algunas consideraciones comple-
mentarias que pueden tomarse como discordancias en el
margen. Por un lado, la nueva polí ca trata de mejorar el
perfi l temporal y sobre todo disminuir la tasa de interés,
por cierto, drás camente más baja que la que paga
Argen na. Es en ese marco en que debe entenderse la
cancelación an cipada de la deuda con el FMI concretada
a nes de 2018. Aprovechando intereses muy bajos en
el mercado fi nanciero regional, se tomaron fondos en
bancos privados que se aplicaron a la cancelación de los
mencionados pasivos gravados con tasas más elevadas.
El FMI, generalmente, no otorga tasas preferenciales en
su generosa asistencia a países en crisis. Es importante
destacar el mo vo de la cancelación, pues en algunos
análisis se intentó comparar erróneamente esta medida
con lo ocurrido en Argen na en 2005. No se trata, en
el caso de Portugal, de “quitarse al FMI de encima”
para ganar autonomía en la polí ca económica. Por un
lado, el monitoreo de la economía portuguesa recae
más sobre la CE y el BCE que sobre el FMI (ambos se
man enen como los principales acreedores) y, por
el otro, el principal corset a la polí ca económica está
dado por la pertenencia a la Unión Europea y a la
Eurozona. Es esto, y no los condicionamientos del Fondo,
lo que le impide a Portugal implementar restricciones
comerciales, hacer polí ca cambiaria o monetaria,
o imponer controles a los movimientos de capitales
nancieros, elementos a los que Argen na pretendía
recurrir en 20054. Así, una cancelación an cipada de la
deuda pública con las ins tuciones internacionales no
le trae a Portugal ventajas evidentes desde el punto de
vista de la autonomía.
El segundo aspecto novedoso (no para la Argen na de
buena parte del siglo XXI) es el obje vo de mejorar la
relación deuda-PIB no solo reduciendo sus pasivos por
medio del servicio puntual, sino, fundamentalmente,
es mulando el crecimiento del producto. Los mecanismos
de transmisión de tal polí ca serían los siguientes: una
polí ca expansiva, sobre todo en materia salarial y de
empleo, es mularía el crecimiento del producto (lo cual
disminuiría matemá camente la relación deuda/PIB),
impulsando aumentos en la recaudación que permi rían
el cumplimiento de las metas fi scales exigidas por la CE
incluso si se expande el gasto.
El camino es mirado con recelo por ésta úl ma, pero
nuevamente Portugal se benefi cia de una coyuntura
internacional par cular. Por un lado, la salida de
Gran Bretaña de la Unión Europea, el Brexit, es lo
sufi cientemente grave como para que la Comisión se
permita una confrontación innecesaria en otro frente.
Eso le da a Portugal cierto oxígeno polí co para una
estrategia limitadamente autónoma. Por otra parte, el
recrudecimiento de guerras y/o el riesgo de acciones
terroristas en algunos des nos tradicionales del cercano
oriente y del norte de Africa e incluso de Europa (Turquía,
Egipto, Marruecos e incluso Francia) ha conver do
a Portugal en la “vede e” del turismo regional. Por
segunda vez consecu va, Lisboa fue galardonada
recientemente como la principal ciudad turís ca del
mundo. Los ingresos por esta ac vidad le permiten a
Portugal una fuente importante de recursos y un impulso
ascendente en el producto que puede ser comparado
con el “viento de cola” que acompañó a Argen na en la
salida de la crisis del 2001. Es el incremento notable de
los ingresos por turismo –y no la polí ca de ajuste– el
que permi ó cerrar la brecha en la cuenta corriente5.
Bajo estas condiciones, la compa bilidad entre ambas
partes (autoridades portuguesas y europeas) se sos ene
tác camente, aunque las interpretaciones de ambas
difi eran.
Algunos frentes de crí ca
El prolijo modelo de ges ón de la deuda, sin embargo,
recoge crí cas importantes desde la heterodoxia, incluso
en los socios parlamentarios del Par do Socialista de
26
Página Coyuntura y Desarrollo
Costa. Para algunos analistas, la restricción de la deuda
(y sobre todo la decisión de atenerse a los parámetros
impuestos por la Troika) implica, en defi ni va, mantener
una polí ca scal restric va o no sufi cientemente
expansiva como para generar un ritmo de crecimiento
intenso de largo plazo (Lopes y Antunes, 2018). Las
proyecciones de superávit primario en el marco de
una economía cuyo producto crece sólo a algo más
del 2% anual, podrían transformarse en una barrera
infranqueable para un salto de calidad en el proceso de
desarrollo.
En esas condiciones, el capital polí co del Gobierno
podría horadarse rápidamente. Por eso es que la cues ón
de la deuda resulta la línea divisoria fundamental entre
el Par do Socialista y sus aliados parlamentarios, que
exigen una reestructuración integral, un paso que el
Gobierno se niega a dar de manera unilateral y sin
el consenso con los demás países del bloque (Finn,
2017:30). Así, la cues ón de la deuda ene también un
fuerte impacto sobre la gobernabilidad interna.
Los problemas económicos estructurales de Portugal
no pueden resolverse sin una fuerte acción polí ca, que
demanda recursos importantes. Por lo tanto, el pago de
la deuda se logra a cambio de sostener, aún con la ligera
expansión, problemas económicos y sociales signifi ca vos.
De allí que algunos analistas insistan en la necesidad de
pasar de una visión que privilegia la op mización de las
cuentas fi scales a un proceso europeo de reestructuración
de las deudas elevadas, que incluya al conjunto de países
agobiados por los pasivos (Reis, 2018:244). Es decir, el
camino hacia la solución de la deuda portuguesa no
sólo ene que ver con las polí cas internas, sino con un
replanteo integral del modelo de integración.
Es que, en úl ma instancia, como bien señala Reis, la
deuda portuguesa se asocia a las difi cultades del país
para crear riqueza, es decir, a las debilidades del modelo
produc vo. El hecho de que el endeudamiento portugués
sea un fenómeno reciente lo asocia indisolublemente a
la creación del área monetaria común, la Eurozona y a los
parámetros de austeridad impuestos como mecanismo
de regulación de la polí ca monetaria. Al igual que en
El camino hacia la solución de la deuda
portuguesa no solo  ene que ver con las
polí cas internas, sino con un replanteo
integral del modelo de integración.
el caso argen no, para Portugal esto implicó, como ya
destacamos, un retraso cambiario, debido a una tasa
de infl ación holgadamente superior a la de la Eurozona.
Implícitamente, tal esquema remite a un cambio drás co
en la estructura de precios rela vos, que benefi cia al
sector servicios (especialmente al sector nanciero),
golpeando a los sectores productores de bienes
transables como la industria, el agro o la pesca. Esto
convierte a Portugal en una economía fi nanciarizada,
tributaria de la industria de los países de Europa central,
propensa a generar burbujas nancieras e inmobiliarias
especula vas y con el padecimiento de una fuga de
capitales sistemá ca.
Así, aparecen dos problemas adicionales. Por un lado,
la expansión fi scal puede inducir al crecimiento de las
importaciones de bienes, de manera que buena parte
del efecto sobre el crecimiento se esteriliza y pone en
riesgo la estrategia de la deuda. No es esto muy diferente
de lo que le ocurrió a la Francia de Mi errand en 1982,
cuando su polí ca keynesiana fue capitalizada por su
socio alemán de polí cas restric vas. Portugal, como
la Francia de aquél entonces, carece de instrumentos
para evitar un proceso de tal naturaleza en el marco de
economías abiertas.
Por otra parte, la estructura de precios rela vos di-
culta notoriamente la transformación estructural,
mientras la libre circulación de capitales impide retener
los excedentes generados internamente. Cómo actuar
frente a esto si, además, el equilibrio fi scal difi culta
polí cas industriales ac vas robustas? Para una parte de
la heterodoxia portuguesa la respuesta es más que clara:
el problema principal está en la adscripción a la Eurozona.
Un punto de apoyo indispensable para el desarrollo
portugués sería, pues, el abandono del euro y el retorno
a la autonomía monetaria con la reintroducción de una
nueva moneda nacional, un “novo escudo” (cf., por
ejemplo, Louçã y Ferreira do Amaral, 2014), que le daría
a la economía un margen de maniobra y autonomía más
amplio, facilitando un cambio drás co en la estructura
de precios rela vos.
En úl ma instancia, el debate de fondo en materia
de deuda en Portugal se asocia al modelo de largo
plazo. Es posible una ges ón de la deuda que apunte
a un paula no descenso porcentual, en el marco de un
crecimiento suave del producto y bajo un equilibrio fi scal
estricto (con amplios superávits primarios)? Ese modelo
no depende, además, de factores tan inestables como
las bajas tasas de interés actuales? O, por el contrario,
debe transformarse radicalmente la polí ca económica
27
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Notas:
1 Para un análisis de la imbricación económica de las elites portuguesas en la expansión de la internacionalización de la economía
portuguesa, ver Rosa, 2014.
2 Resta aún un análisis detallado del fl ujo de fondos en torno a la gestación de la deuda portuguesa. En el caso de Grecia,
diferentes informes muestran que los recursos tomados en el exterior por el Estado terminaron, en úl ma instancia, facilitando
la recuperación de los créditos a par culares concedidos por los bancos de los países que asis an a Grecia. Esos recursos, luego,
eran girados a las casas matrices y retornaban así, al país de origen. El rescate no era, pues, para Grecia sino para los bancos de
los estados que par cipaban del rescate. Cf., por ejemplo, Kassima s, 2018.
3 Sobre la posición ofi cial, cf. Las publicaciones de la UE, en especial European Economy (2011 y 2014) y Comisión Europea (2016
y 2018). Para un análisis crí co del proceso, cf. Rodrigues y Adão e Silva (2015).
4 Abordamos este tema ampliamente al discu r si Grecia podía seguir el “camino argen no“ en Musacchio (2012).
5 Aún así, la cuenta corriente ya había mejorado luego del pico de la crisis, especialmente a par r de 2013 por una reducción de la
brecha comercial. La caída de la demanda y del crédito externo limitaron las importaciones de bienes y liberaron exportaciones,
lo cual contrajo el défi cit. El oxígeno de los acuerdos por la deuda estabilizó el superávit de la balanza de servicios. Pero sólo
el incremento de los ingersos por turismo se asocia a un proceso de expansión del producto, con los resultados globales en la
cuentra corriente que se ven en el gráfi co de la página 22.
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y social, forzando una reestructuración de la deuda,
avanzando sobre el control de los recursos internos (lo
cual implica controlar al menos parcialmente los fl ujos
de capital) y acelerar una transformación produc va con
un proyecto de construcción de una base material más
sólida? Curiosamente, los dilemas portugueses no son
extraños a la Argen na actual, salvo en lo que respecta a
a intensidad de los problemas.
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The Portuguese government that took office in November 2015 has aroused great expectations at the political, economic and academic levels. It was an unusual experience within the Eurozone since the new government intended to reconcile the fulfilment of European budgetary rules with a household income led growth policy. This approach clearly departed from general European government policies as well as from the economic policy guidelines prescribed by the European institutions. It can also be seen as a test of the member states‘ autonomy in the design of their own fiscal policy as well as a test of the Eurozone and its political capacity to frame alternative economic policies. The Portuguese government initiative has shown that the attempt to reconcile these two policies requires a permanent trade-off between them in which the economic expansionary policies have been penalized. Although the alternative nature of the macroeconomic policy cannot be denied, it is gradually losing this feature, despite continuing government emphasis on the demand-side of the economy and understanding of the importance of wages as a component of income. This policy change has been evident since 2017, when the government centred its main concern on reducing public debt. Nowadays, after a fiscal policy that improved the household income and allowed the public deficit-to-GDP ratio to fall below 3%, it seems more difficult to move to a new level of fiscal policies that improve public services quality and public infrastructures within the context of European budgetary rules. And this seems to mean that the European institutions, by conditioning the national fiscal policies, are also determining the public services in areas such as health, education, social services, and transport, and, after all, the role of national states as autonomous institutions.
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