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LOS GUERREROS DE XI'AN El mundo de Qin Shihuang

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El período de la historia china llamado Reinos Combatientes (475-221 aC) hizo honor a su nombre: durante 250 años China vivió en un estado de guerra permanente. Los siete estados en pugna hicieron todo lo posible por imponerse a los demás y las guerras entre los múltiples estados chinos fueron constantes. Los estados eran capaces de movilizar contingentes de hasta 100.000 soldados, y de dotarlos con armas cada vez más mortíferas: espadas de doble filo, ballestas y hachas de mango largo. Pero para llegar a esto hubo que proceder a cambios políticos y económicos sustanciales. Las viejas aristocracias fueron arrinconadas por estados cada vez más potentes, capaces de extraer impuestos directamente y de utilizarlos, según rezaba el slogan de la época, para "enriquecer el estado y fortalecer el ejército". Los campesinos dejaron de depender de la nobleza y pasaron a hacerlo del estado, que les proporcionó tierras a cambio de cobrarles impuestos y mandarlos a la guerra. Y el campo de batalla, por muy peligroso que fuera, proporcionaba una movilidad social inaudita. Los cambios afectaron a todos los estados, pero fueron mucho más rápidos y radicales en aquellos que habían surgido en la periferia de los históricos reinos del centro: en éstos el peso de la tradición lastraba el impulso hacia el cambio. Fue en este contexto donde el estado de Qin, situado en el extremo oeste del mundo chino, desarrolló todo su potencial. Dos elementos resultaron determinantes en este proceso: la política sistemática de atracción de extranjeros atrajo hacia Qin a los legistas, más interesados en idear un método para hacer funcionar el estado que en articular un sistema filosófico: ellos son los que acabaran dando forma al imperio. En primer lugar, Shang Yang, que en el siglo IV aC promulgó un código penal con normas objetivas y públicas y aumentó notablemente el poder de intervención del estado, proporcionándole los medios legales y económicos para poder hacerlo. Con Shang Yang, el reino de Qin entendió mejor que ningún otro estado de su época cuál era el sentido profundo del cambio. Las reformas de Shang Yang atrajeron a Qin a los legistas más brillantes de China, Han Feizi, cuyos escritos son una pieza esencial de la literatura china de todos los tiempos, y, finalmente Li Si, el verdadero artífice del imperio, consejero inseparable del joven príncipe Zheng, conocido más tarde como Qin Shihuangdi, el primer emperador de la dinastía Qin. Nacido en 259 aC, el joven Zheng accedió al trono en 246, a los 13 años. En los 25 años siguientes, tras librarse de consejeros y regentes que lo controlaban y haber aplicado sistemáticamente las recomendaciones de los legistas, conquistó uno tras otro los restantes reinos de China combinando las innovaciones estratégicas con el terror que producían las matanzas masivas que infligía a sus contrincantes. En el 221 aC proclamó el nuevo imperio, al que puso por nombre el de su propio reino, Qin, y él mismo se proclamó Primer Augusto Emperador, un título de nuevo cuño, con claras connotaciones religiosas. Sólo se ha conservado una descripción del Primer Emperador: Como hombre, el rey de Qin es de nariz ganchuda¸ojosganchuda¸ojos alargados, pecho de ave de rapiña y voz de chacal. De bondad tiene muy poca y su corazón es como el de un tigre o el de un lobo. El objetivo esencial fue la centralización sostenible del imperio. La reforma administrativa suprimió de raíz todos los feudos y reinos anteriores, y dividió el territorio en provincias gobernadas desde el centro. La incautación de todas las armas del imperio delegó de forma exclusiva en el estado la defensa armada de los intereses y creó una insólita sociedad de gentes sin armas al cinto, única en el mundo de su época. Las unificaciones de la moneda y de los pesos y medidas crearon un espacio
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LOS GUERREROS DE XI’AN
El mundo de Qin Shihuang
El período de la historia china llamado Reinos Combatientes (475-221 aC) hizo
honor a su nombre: durante 250 años China vivió en un estado de guerra permanente.
Los siete estados en pugna hicieron todo lo posible por imponerse a los demás y las
guerras entre los múltiples estados chinos fueron constantes. Los estados eran capaces
de movilizar contingentes de hasta 100.000 soldados, y de dotarlos con armas cada vez
más mortíferas: espadas de doble filo, ballestas y hachas de mango largo. Pero para
llegar a esto hubo que proceder a cambios políticos y económicos sustanciales. Las
viejas aristocracias fueron arrinconadas por estados cada vez más potentes, capaces de
extraer impuestos directamente y de utilizarlos, según rezaba el slogan de la época,
para "enriquecer el estado y fortalecer el ejército". Los campesinos dejaron de
depender de la nobleza y pasaron a hacerlo del estado, que les proporcionó tierras a
cambio de cobrarles impuestos y mandarlos a la guerra. Y el campo de batalla, por muy
peligroso que fuera, proporcionaba una movilidad social inaudita.
Los cambios afectaron a todos los estados, pero fueron mucho más rápidos y
radicales en aquellos que habían surgido en la periferia de los históricos reinos del
centro: en éstos el peso de la tradición lastraba el impulso hacia el cambio. Fue en este
contexto donde el estado de Qin, situado en el extremo oeste del mundo chino,
desarrolló todo su potencial. Dos elementos resultaron determinantes en este proceso:
la política sistemática de atracción de extranjeros atrajo hacia Qin a los legistas, más
interesados en idear un método para hacer funcionar el estado que en articular un
sistema filosófico: ellos son los que acabaran dando forma al imperio. En primer lugar,
Shang Yang, que en el siglo IV aC promulgó un código penal con normas objetivas y
públicas y aumentó notablemente el poder de intervención del estado,
proporcionándole los medios legales y económicos para poder hacerlo. Con Shang
Yang, el reino de Qin entendió mejor que ningún otro estado de su época cuál era el
sentido profundo del cambio. Las reformas de Shang Yang atrajeron a Qin a los
legistas más brillantes de China, Han Feizi, cuyos escritos son una pieza esencial de la
literatura china de todos los tiempos, y, finalmente Li Si, el verdadero artífice del
imperio, consejero inseparable del joven príncipe Zheng, conocido más tarde como Qin
Shihuangdi, el primer emperador de la dinastía Qin.
Nacido en 259 aC, el joven Zheng accedió al trono en 246, a los 13 años. En los
25 años siguientes, tras librarse de consejeros y regentes que lo controlaban y haber
aplicado sistemáticamente las recomendaciones de los legistas, conquistó uno tras otro
los restantes reinos de China combinando las innovaciones estratégicas con el terror
que producían las matanzas masivas que infligía a sus contrincantes. En el 221 aC
proclamó el nuevo imperio, al que puso por nombre el de su propio reino, Qin, y él
mismo se proclamó Primer Augusto Emperador, un título de nuevo cuño, con claras
connotaciones religiosas.
Sólo se ha conservado una descripción del Primer Emperador: Como hombre, el
rey de Qin es de nariz ganchuda¸ ojos alargados, pecho de ave de rapiña y voz de
chacal. De bondad tiene muy poca y su corazón es como el de un tigre o el de un lobo.
El objetivo esencial fue la centralización sostenible del imperio. La reforma
administrativa suprimió de raíz todos los feudos y reinos anteriores, y dividió el
territorio en provincias gobernadas desde el centro. La incautación de todas las armas
del imperio delegó de forma exclusiva en el estado la defensa armada de los intereses y
creó una insólita sociedad de gentes sin armas al cinto, única en el mundo de su época.
Las unificaciones de la moneda y de los pesos y medidas crearon un espacio
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económico único y permitieron regular el comercio y administrar los ingentes gastos de
obra pública. Una imponente red de carreteras, flanqueada por canales y obras
hidráulicas estratégicas, aseguró las conexiones dentro del nuevo imperio. La
demolición de las murallas interiores que separaban entre ellos los antiguos reinos se
complementó con la remodelación de las murallas exteriores: unidas por una línea
continua, ésta sería posteriormente conocida como la Gran Muralla. Tras ella se
articularían cada vez mejor los pueblos exteriores. El mejor general del imperio, Meng
Tian fue enviado con 300.000 soldados a luchar en la frontera norte contra los xiongnu:
las luchas entre éstos y los chinos, que se prolongarán durante toda la dinastía Han
serán el preludio de dos milenios de luchas contra los sucesivos pueblos establecidos al
norte de las murallas.
La joya de la corona fue la unificación de la escritura, siguiendo las pautas en
vigor en Qin y anulando las variantes que empezaban a surgir en algunos de los reinos:
con ello se simplificaron las tareas de la burocracia y se palió la diversidad dialectal del
mundo chino, creando la base esencial para su unificación cultural. Era un paquete de
decisiones relevantes, que duraría dos mil años. A todo ello hay que añadir múltiples
decisiones menores, síntomas de una autocracia obsesiva, como la de condenar a una
montaña de donde procedía un fuerte viento que le había importunado, a ser rapada al
cero y pintada con el rojo de los condenados.
Las resistencias no se hicieron esperar: la de las grandes familias aristocráticas
que habían gobernado los reinos ya vencidos se resolvió trasladándolos a todos -
120.000 familias - a la nueva capital del imperio, Xianyang. La de los letrados,
educados en los antiguos clásicos de la tradición confuciana, fue más difícil de
controlar y desembocó en una de las medidas más controvertidas por la posteridad: la
quema de los libros, que buscaba acabar tanto con los valores del antiguo régimen
como con la posición relevante que los letrados aún conservaban en la corte. La quema
de los libros hizo desaparecer para siempre la mayoría de los textos de las Cien
Escuelas y las crónicas locales de los antiguos reinos: de éstas únicamente quedó la de
Qin. Sin embargo, la destrucción encarnizada de los grandes textos clásicos, el Clásico
de la Poesía y el Clásico de los Documentos, con un valor cultural equiparable al de
los textos sagrados de otras culturas, no tuvo la misma eficacia, ya que muchos
letrados se los sabían de memoria: de hecho obtuvo el resultado opuesto, sacralizando
los textos que pretendía destruir. Peor fue la matanza de los letrados - una
denominación que incluye también a los magos de la corte. En el 212 aC, Qin
Shihuang, cansado de que le criticasen su enorme poder personal, le agobiasen con
ejemplos de un mundo que él quería destruir y pusieran reparos a proporcionarle
drogas que le garantizaran la inmortalidad, ordenó la ejecución de 460 letrados. Los
confucianos no se lo perdonarán jamás. Su condena pesará de forma decisiva sobre el
mundo chino y, dado que fueron ellos quienes escribieron la historia y quienes se
erigieron en depositarios de los precedentes históricos y culturales de la tradición china,
lastrará la imagen del primer emperador con un halo de crueldad que, con escasas
excepciones, perdurará hasta el siglo XX.
El corto reinado de Qin Shihuang se tradujo también en un paroxismo de obra
pública. A las grandes obras hidráulicas que ya habían caracterizado el reino de Qin
cabe añadir ahora la construcción de carreteras, la de la muralla continua, la de la
nueva capital, Xianyang, y el gran palacio de A Fang, y la del mausoleo imperial del
monte Li. La movilización de la fuerza de trabajo fue enorme e implicó no sólo las
prestaciones de trabajo obligatorio a las que estaba sometida toda la población entre 15
y 56 años, sino también el trabajo de centenares de miles de condenados a trabajos
forzados: 700.000 de ellos fueron utilizados para la construcción del palacio de Afang
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y el mausoleo imperial. Las enormes cifras de condenados que encontramos en los
textos, más de dos millones, explican por qué, a diferencia de sus contemporáneos
romanos, los Qin no recurrieran a la esclavitud.
La explotación excesiva de los recursos humanos y económicos del imperio,
efectuada con tanta intensidad y en tan poco tiempo, junto con las drásticas medidas
tomadas para liquidar el antiguo régimen, provocaron la conjunción de pobres y
poderosos. El imperio terminó con un paroxismo general, exacerbado aún más por la
muerte del emperador, - acaecida en 210 aC durante una visita de inspección en las
tierras del este - a la que siguió la ejecución de Li Si, y el corto reinado de su
incompetente sucesor, Ershi. Los incendios y saqueos que acompañaron la caída de los
Qin destruyeron la capital y el mausoleo erigido en sus cercanías: las dimensiones del
palacio funerario eran tales que estuvo ardiendo durante más de tres meses. Un
pequeño funcionario de los Qin, Liu Bang, conseguiría finalmente imponerse sobre sus
rivales y en el 202 aC fundaría un nuevo imperio, el de los Han, que duraría 400 años.
Con la caída de los Qin acaba y culmina un siglo de convulsiones cataclísmicas,
el período revolucionario más radical de toda la historia de China. Los Han derrocaron
a los Qin y suavizaron la dureza del sistema, pero todas las medidas que éstos habían
implantado siguieron en pie y constituyeron a partir de entonces la espina dorsal de
todos los imperios subsiguientes. El mundo chino quedó unificado en un estado único
burocratizado y centralizado, cimentado por la unificación de la escritura, la
administración provincial y el código de los Qin, sobre el que se edificarán los códigos
chinos posteriores. Aunque el primer emperador auguró diez mil años de duración para
la nueva dinastía, de hecho ésta duapenas diez. Y, sin embargo, dos mil años de
historia han preservado lo esencial de su legado: Qin Shihuang ha sido juzgado más
duramente por no haber sabido conservar el imperio que por haberlo creado.
Tras la conquista, el imperio Qin construyó carreteras y abrió canales para
conectar entre ellas las cuatro zonas económicas clave de China: la tierra de loess, la
cuenca del Yangzi, el Sichuan y el extremo sur. El extraordinario potencial
proporcionado por este control ha sido siempre la base de la formación de los sucesivos
estados chinos.
El breve período de la dinastía Qin cambió la historia de China para siempre,
orientándola hacia un estado centralizado y burocratizado regido por funcionarios y no
por aristócratas, y cimentado por una unificación de la escritura que articularía los
dialectos locales en un único sistema de escritura y aseguraría la continuidad política y
cultural del imperio.
316 aC. El reino de Qin inicia la conquista de los restantes estados chinos
259 aC. Nace Ying Zheng, el futuro Qin Shihuangdi
221 aC El reino de Qin finaliza la conquista de China y Ying Zheng se
proclama emperador de todo el imperio con el nombre de Qin Shihuangdi.
Divide el imperio en 36 provincias, unifica la moneda, los pesos y medidas y
los caracteres de la escritura china. Los aristócratas de los antiguos reinos son
trasladados a Xianyang.
220 aC Se inicia la construcción de la tumba del monte Li.
215 aC Un ejército de 300.00 hombres dirigido por Meng Tian, es enviado a
luchar contra los xiongu. Las murallas de los antiguos reinos septentrionales se
unen entre ellas para formar una línea continua.
213 aC El emperador ordena la quema de los libros clásicos con excepción de
los de medicina, adivinación y agricultura.
212 aC El emperador ordena la matanza de los letrados
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210 aC. Qin Shihuang di muere y es enterrado. Le sucede su hijo Qin Ershi
206 aC. La dinastía Qin es derrocada por Liu Bang, quien funda la dinastía
Han
Capítulo 1. Las fosas de los guerreros
Antes de los descubrimientos arqueológicos de finales del siglo XX, todo cuanto
sabíamos del Primer Emperador procedía de la ingente recopilación histórica
Memorias Históricas, escrita por el gran historiador Sima Qian a finales del siglo II aC.
Sima Qian dedicó varios capítulos al imperio Qin, uno de ellos a Qin Shihuang, y otros
varios a figuras destacadas del imperio como Li Si o Meng Tian. Su obra contiene una
detallada descripción de la tumba del emperador, pero ni una sola mención al ejército
de terracota, que no se descubrió hasta 1974.
A 1.500 mts hacia el este del túmulo funerario se encuentran las tres fosas
destinadas al ejército, cada una de ellas cumpliendo funciones diferentes. Hay también
una cuarta fosa, pero está vacía, prueba de que la construcción se abandonó sin
terminar cuando los grandes disturbios barrieron del mapa a la dinastía Qin.
En ellas se dispuso un ejército de arcilla, formado, por lo que sabemos hasta hoy,
por unos 8.000 soldados. Pero bien podrían llegar a 10.000, el número que en chino es
sinónimo de la mayor cantidad posible: a decir del mismo Qin Shihuang su imperio
debía durar 10.000 años. Dos mil años después, estos eran también, por cierto los años
de vida que se le deseaban a Mao. Además, el Primer Emperador parece haber
albergado una afición insólita por la escultura: en cuanto cogió el poder hizo requisar y
fundir todas las armas existentes en el imperio y con el bronce así recuperado mandó
construir doce enormes estatuas que colocó en su palacio.
Todas las figuras eran de arcilla, un material que prácticamente no se había
utilizado antes en las tumbas: las ofrendas y acompañantes contenidas en éstas eran o
bien naturales, es decir seres y animales vivos, o bien en jade, bronce o madera. Pero el
jade y el bronce eran demasiado caros para una producción masiva como la que se
requería, y la madera demasiado perecedera. Por ello se optó por la arcilla, un material
que los chinos llevaban siglos trabajando: con ella se hacían los moldes para fabricar
los bronces.
La mayor de las fosas es la fosa 1; 1.900 de sus guerreros se yerguen ya
reconstruidos, y se calcula que contiene unos 6.000 más. Con sus contingentes en
perfecta formación, esta fosa parece contener el grueso de un ejército dispuesto para el
ataque. El contenido de la fosa 2 es más heterogéneo y en él alternan los carros de
combate con las fuerzas de caballería y los arqueros. La tercera fosa, la única
completamente excavada, está organizada en torno a un carro de combate vacío, que
quizás esperaba la llegada del emperador, rodeado por 68 oficiales de alta graduación,
correspondientes al estado mayor.
Las cuatro fosas cubren una superficie de 30.350 mts2 y se estima que en total
contienen unos 7.000 guerreros de terracota, unos 130 carros de guerra de madera,
unos 520 caballos enganchados a sus carros, unos 150 caballos de caballería, y
innumerables restos de armas de bronce. Para dar mayor prestancia al conjunto, las
figuras se hicieron de un tamaño ligeramente superior al real.
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La excavación arqueológica se inició a partir de 1976 y fue una bendición frente
al desprestigio internacional que acompañó los últimos días de Mao. No se escatimaron
fondos y en un par de años se había convertido en una atracción turística de primer
orden. Al mismo tiempo, el trabajo arqueológico ha sido modélico. Ni una sola figura
apareció completa y para proteger tanto la recuperación de los miles de fragmentos que
componían cada figura como para preservar los rastros cromáticos que se observaban
en ellas, todo el yacimiento se cubrió con un enorme hangar y los trabajos de
recuperación de prosiguieron in situ. Inicialmente, la recuperación se llevó a cabo
disimulando las suturas del rompecabezas, buscando recuperar el aspecto original de
cada figura. Actualmente, el proceso de ensamblaje se pone en evidencia, destacando
con ello el trabajo de recuperación llevado a cabo.
La fosa 1
Los guerreros de Xi'an hay que contemplarlos en el contexto de las grandes
tumbas chinas anteriores. Dos de ellas, de nombre casi homónimo, proporcionan
antecedentes impresionantes. La más antigua se excavó en 537 aC en el reino de Qin,
en la provincia de Shaanxi, y perteneció a un antepasado directo del primer emperador,
el duque Qin Jinggong. El día de su entierro se procedió también a la matanza ritual de
toda su corte, 186 personas, que fueron depositadas en 186 ataúdes personalizados
perfectamente alineados en torno al sarcófago de su soberano. Unas décadas más tarde,
en 490 aC, fallecía en el reino de Qi, en la provincia de Shandong, el duque Qi
Jinggong. Otra gran matanza acompañó su funeral, esta vez de caballos: 600 de ellos
fueron enterrados en perfectas hileras alrededor de su tumba.
El primer emperador parece haberse apartado considerablemente de sus macabros
predecesores. Si bien excavaciones recientes han desenterrado cámaras con esqueletos
humanos cerca del túmulo funerario, estos parecen proceder de la matanza de las
concubinas del difunto emperador organizada por su hijo Ershi. Las otras tumbas con
restos humanos parecen pertenecer a los convictos fallecidos durante las obras. En
cuanto a los animales, hay fosas con sacrificios de animales exóticos, provistos cada
uno con su sarcófago correspondiente: tal vez reproducían los terrenos de caza del
emperador. Es pronto aún para saber el alcance de los sacrificios de caballos, aunque
las varias fosas de establos excavadas hasta ahora hacen prever un centenar de caballos
sacrificados, acompañados siempre de su mozo de caballeriza correspondiente.
Pero aunque siguiendo la tradición se llevara por delante concubinas y caballos,
lo esencial de la tumba del primer emperador fue que se enterró con un ejército y que
lo hizo fabricar a su medida. Lo cual proporciona también una pátina definitoria a su
imperio: era un estado fuertemente militarizado en el que la promoción social se debía
en gran parte a méritos de guerra, y disponía ya de la tecnología y la organización
productiva necesarias para lanzarse a una empresa de este calibre.
Aunque las fosas de los guerreros de Xi'an hay que considerarlas en conjunto, la
más impresionante de todas ellas es, sin ningún género de dudas, la fosa nº1, la mayor,
con mucho, de todas ellas.
El ejército está desplegado en lo que los textos militares de la época denominan
"formación rectangular". Al frente de la formación se encuentran tres filas de infantería
ligera, que se extienden por toda la amplitud de la fosa, allí donde no hay partición de
tabiques. Los soldados de estas tres primeras filas llevan todos los trajes característicos
del invierno de la China del norte: túnicas acolchadas de mangas anchas con el cuello
protegido por una abultada pieza de ropa interior. Las túnicas cubren hasta debajo de la
rodilla, se abrochan cruzándolas al frente hacia la derecha, y se sostienen con un
cinturón. Por debajo de la rodilla, las piernas se cubren básicamente con tiras de tela
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enrolladas a su alrededor. En los pies unos zapatos ligeros de fieltro permiten el
movimiento rápido de la formación. Aunque todos vistan igual, ello no quiere decir que
lleven uniforme, algo que el estado no proporcionaba. Implica simplemente la
importancia ritual del vestir en la antigua China: abrocharse la camisa a la derecha o a
la izquierda era un elemento crucial para distinguir un chino civilizado de un bárbaro.
La mayoría de ellos luce bigote, a veces consistente en una simple placa de
arcilla y a veces elaborado en relieve y con un detalle exhaustivo que puede llegar a
incluir una retocada perilla. Todos los soldados de infantería llevan el cabello recogido
en un moño en lo alto de la cabeza inclinado hacia la derecha. La mayoría sujetan el
moño con un lazo. Todos se aseguran que el pelo no les caiga en la cara tensando hacia
atrás los dos mechones frontales, que a menudo aparecen trenzados en la parte
posterior del cráneo. Los oficiales suelen llevar el pelo recogido en la base del cráneo,
quizás para poderse colocar un casco. Desde la más remota antigüedad hasta llegar los
albores del siglo XX los chinos han llevado siempre el pelo largo, en señal de
deferencia hacia el legado de sus padres. Cualquier intento de hacerles cambiar de
peinado y renunciar a su moño - lo hicieran los sacerdotes católicos en Manila o los
invasores manchús en la misma China- generó una resistencia tenaz. La única
excepción tolerada ha sido la cabeza totalmente rapada: pero para ello habrá que
esperar a que llegue el budismo.
La gran mayoría de los soldados sostenían algo en sus manos ahuecadas: hachas
enmangadas para los que llevan el codo torcido, arcos para aquellos cuyas manos
penden a los costados. Las ballestas, el arma más mortífera de los Qin, se concentraban
en los dos laterales externos, a quienes se confiaba la protección última de la formación.
En tres de las fuerzas desplegadas en los corredores, los arqueros provistos de
sus armaduras de placas grandes encabezan la formación. Sus corazas cubren los
hombros y llegan hasta debajo de la cintura, para asegurar mayor flexibilidad. Por
debajo de la armadura sobresale un tipo de traje similar a los de los soldados de las
primeras filas. El estado no proporcionaba uniformes, y por tanto los trajes debían ser
de colores diversos. Pero sí proporcionaba las armaduras, que eran uniformemente
oscuras, imitando el cuero de las armaduras reales. Ocasionalmente encima de
armadura aparecen lazos, pintados en color rojo, sin duda indicativos del rango, como
debían serlo también los gorros puntiagudos que lucen algunos de ellos.
Tras ellos se despliega la infantería pesada dirigida por oficiales, siempre
acompañados por sus amplios carros de combate enjaezados a cuatro caballos. De los
carros, que eran de madera, no ha quedado nada, aunque sus huellas se adivinan a
veces sobre el loess. Los caballos, que sí se han conservado, muestran un conocimiento
notable de la anatomía del animal. Al lado de los carros estaban las campanas sin
badajo que servían para transmitir las órdenes del ejército a distancia. De las tres
figuras que se encuentran siempre tras los carros, el oficial que está al mando se
identifica por el tocado plano que encontraremos también la fosa de los funcionarios.
Junto con él se encuentran el conductor del carro y el responsable de transmitir las
órdenes. Tras ellos se alineaba el grueso del ejército, miles de soldados aún por excavar.
Nadie, ni siquiera el emperador, tuvo nunca una visión de este ejército como la
que tiene cualquier visitante actual. Cabe preguntarse para qué lo quería el emperador.
Qin Shihuang se consideró siempre a sí mismo como un gobernante cósmico tan capaz
de unificar los reinos como de controlar el mundo de los espíritus. Dado el número de
ejércitos a los que había masacrado las crónicas afirman que en una ocasión
exterminó 450.000 soldados del reino de Zhao y el número de reclutas propios a los
que había hecho morir en combate, Qin Shihuang necesitaba un ejército para poderse
mover con comodidad en el mundo de los muertos. Es por ello que se optó por hacer
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un ejército de terracota en lugar de sacrificar a soldados reales: era la única manera de
poder tener un ejército completo que se mantuviera en posición de formación para
siempre jamás. Y es también por ello que sus ejércitos miran hacia el este, que es
donde se encontraban los estados que había conquistado.
La fosa nº1 es un museo muy peculiar, en el que las piezas están tan juntas que
plantean serios problemas de mantenimiento, ya que al extraerlas del lodo en que
vivieron inmersas durante dos mil años hay que luchar contra la sequedad en invierno y
contra el moho y los micro-organismos en verano. Y su apretada formación constituye
una muy seria amenaza en caso de un movimiento sísmico, por muy pequeño que éste
fuera.
Aunque los guerreros de terracota se exhiban a veces en museos en pequeños
grupos, es su conjunto lo que constituye una obra de arte de primera magnitud.
Colocados en filas extremadamente apretadas su fuerza está en su número y en la
energía contenida que el conjunto desprende. Como sucede con un ejército real, los
guerreros parecen iguales a primera vista, pero son sus diferencias de detalle y de
actitud lo que les da vida. Un cuello ligeramente inclinado, unos hombros caídos, un
ceño fruncido, por no hablar de los colores de las telas, hoy desaparecidos: las señas
individuales recorren la formación y le infunden vida. Lo más extraordinario es que el
hombre que los encargó no pudo verlos jamás.
Al caer la dinastía Qin, rebeldes y ladrones saquearon e incendiaron la fosa:
algunos de los guerreros fueron decapitados y deliberadamente destruidos. El fuego
destruyó el armazón de madera que cubría y protegía la fosa: el agua inundó las
galerías y el fango cubrió las estatuas de la cabeza a los pies, penetrando incluso en su
interior. Por ello no hay ninguna figura completa: la mayoría están rotas en unos 60
fragmentos, y en algunos casos en 200. Las llamas y el humo debieron ahuyentar
totalmente a los saqueadores, sin atrapar a ninguno de ellos - en la fosa no hay
esqueletos humanos - y sin dejarles tiempo de llevarse todas las armas - en el suelo
quedaron miles de piezas y decenas de miles de puntas de flecha.
La construcción de la fosa
La fosa nº1 es un rectángulo de 14.260 mts2, con 230mts de este a Oeste y 62 m
de norte a sur, excavado a unos cinco metros bajo el suelo. El espacio ocupado por los
guerreros está dividido por diez tabiques gruesos de tierra que atraviesan a lo largo casi
toda la fosa y dejan entre ellos 9 grandes corredores donde se alinea el grueso del
ejército mirando al frente y dos corredores laterales más estrechos a ambos lados del
perímetro con filas de a dos, la más exterior de las cuales mira hacia el exterior para
proteger los flancos de la formación. A ambos lados del rectángulo, cinco rampas
proporcionaban acceso a los distintos corredores.
El trabajo más importante fue el inicial, ya que implicó mover centenares de
miles de toneladas de tierra. El ingente número de condenados utilizados en el conjunto
de las obras se explica en parte por esto: no debieron utilizar carros ni caballos, sino
básicamente mano de obra humana con dos cestas colgadas al hombro, porque los
hombres, especialmente los criminales, salían más baratos. El suelo se cubrió con
ladrillos grises, de los que calcula que se necesitaron 256.000.
Cuando todos los soldados hubieron ocupado sus posiciones, la estructura se
cubrió con un techo hecho con grandes troncos, cuyas huellas son claramente visibles
en la parte superior de los tabiques: cada uno de los troncos pesaba unos media
tonelada y en total se necesitaron 6.000. A lo que hay que añadir los troncos insertados
en los tabiques laterales para ayudar a soportar el peso de la techumbre El conjunto se
protegió con esteras y capas sucesivas de tierra compactada. Esta técnica de
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construcción, general en toda la China del norte, produce superficies durísimas capaces
de permanecer durante milenios: todas las murallas de la antigua China, hasta llegar a
finales de la dinastía Ming, ya en el siglo XV se hicieron con este sistema. Y así se
llegó en el siglo XX hasta los guerreros, cuando los campesinos que cavaban un pozo
toparon con el techo de la fosa, una capa de tierra roja dura como una piedra.
El trabajo en cadena
La tumba se pudo realizar en un tiempo récord por la práctica bien establecida de
un trabajo modular. No se trata sólo de una práctica laboral de producción en masa:
toda la cultura china gravita en torno de la estandarización de pequeñas unidades
construidas por separado y que juntas puedan formar innumerables combinaciones. Así
es como funciona la escritura china en la que unas pocas docenas de trazos básicos se
combinan para formar decenas de miles de caracteres; así es cómo organizan su
arquitectura tradicional de madera, en el que un número limitado de formas de vigas se
ensamblan entre ellas para sostener un edificio.
La tumba de Qin Shihuang revela una práctica insólita de fabricación en cadena y
control de calidad: una estricta organización del trabajo que en China tenía precedentes.
La arcilla se obtenía del loess circundante y se amasaba y preparaba en alguno de los
talleres habilitados: sabemos el nombre de 87 maestros de talleres, identificados con su
nombre y su lugar de trabajo, con cada uno de los cuales trabajaban una docena de
aprendices, ya que estaban obligados a estampar su nombre en las piezas que
entregaban. Una vez amasada la arcilla, la estructura básica de todas las esculturas era
la misma: los pies y piernas se elaboraban de forma maciza para proporcionar
estabilidad al cuerpo central que se construía levantando una espiral de arcilla y
encajándola en la parte superior de las piernas. Las manos, brazos y cabezas se
producían separadamente y se añadían en el último momento: se han identificado diez
moldes para las cabezas, tres para los zapatos, cuatro para las botas, dos para las
piernas. Sobre las cabezas, formadas por dos moldes encajados en la línea de las orejas,
se aplicaba luego una placa fina de arcilla y todos los elementos que permitían
individualizarlas hasta conseguir unos 30 tipos distintos de caras básicas: nariz, orejas,
cejas, bigote y cabello. El tronco de los caballos se cocía en una sola pieza - a la que se
practicaba un agujero, bien visible todavía, para evitar que su cuerpo hueco ce cuartera
durante el proceso de cocción. Posteriormente se le añadían las patas y la cabeza.
Una vez ensamblados y retocados los módulos básicos, las piezas se cocían
enteras: para ello necesitaban unos hornos enormes, pero ninguno de ellos ha aparecido
en las cercanías de la tumba, que es donde debían estar necesariamente. Probablemente
se usaron como hornos las cuevas de loess que constituyen el hábitat tradicional de esta
zona. Íntegramente excavadas en la fina textura del loess, protegidas por el grueso de la
misma montaña, con la dimensión de una vivienda, con la puerta como única abertura
exterior, y un pequeño orificio cono respiradero en el techo, eran cubículos ideales para
cocer las grandes piezas de guerreros y caballos.
Las categorías de los guerreros
Por las fosas desfilan una gran variedad de tipos humanos, representativos de
todos los pueblos sometidos por nuevo imperio Qin. Y naturalmente hay representantes
de todos los cuerpos del ejército (arqueros, infantería ligera, infantería pesada, soldados
de caballería) y de todos los rangos. Los trajes y los tocados permiten distinguirlos: una
túnica cruzada para la infantería ligera, una coraza frontal para la caballería, una coraza
completa hasta debajo de la cintura y con protección de hombros para los arqueros y la
infantería pesada. La composición de las armaduras era también distinta según el rango.
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Cuanto más elevado era éste, menor era el tamaño de las placas y, por tanto, mayor era
su número: 300 piezas para los soldados, 600 para los oficiales de medio rango, 1.060
para los generales. Los oficiales de más alto rango se distinguían por el estilo
elaborado de su peinado y tocado, la coraza con largo delantal triangular y placas de
menor tamaño que las del grueso de la tropa, y la profusión de lazos con que se
adornan. La altura de las figuras, siempre algo superior al tamaño real, está también
relacionada con el rango: los soldados miden una media de 1,74, los oficiales de medio
rango alcanzan 1,90 y los generales alcanzan 1,94.
La infantería
Aunque el ejército contaba también con carros y caballería, su fuerza esencial era
la infantería. Y ello implicaba una gran innovación. Antiguamente las guerras eran
tarea de la aristocracia. El número de gente movilizada era de unos miles - 10.000 era
ya un ejército formidable, y los nobles participaban en las operaciones montados en
carros. A finales del período de los Reinos Combatientes, la situación cambió: lo hizo
en todos los reinos pero en Qin más radicalmente que en los demás. El cambio impli
a toda la estructura socio-económica: el estado doblegó a la nobleza y los campesinos
dejaron de depender de éstos para acceder en cambio a la posesión - limitada - de sus
campos. Ahora debían pagar impuestos y prestar servicio en el ejército del rey: a
cambio las guerras les proporcionaban una posibilidad de promoción social que jamás
habían tenido. Las guerras se hicieron más largas, el número de gente movilizada
aumentó exponencialmente - ahora los ejércitos pasaron a tener huestes de más de
100.000 - y también su armamento, producido a escala industrial. Era un ejército
pensado no sólo para enfrentarse con otro, sino para ocupar un territorio. Con él Qin
pudo conquistar y ocupar un imperio. A decir de Xunzi, un pensador muy relevante
ligeramente anterior a la fundación del imperio, los soldados estaban equipados para
andar 100 li (50 km) diarios, pertrechados con una pesada armadura y un escudo,
además de sus armas y provisiones para tres días.
El imperio Qin era un estado altamente militarizado y sus campesinos,
promocionados a soldados, yerguen sus cabezas coronadas por altos moños: su peinado
tiene una connotación social, militar y estética que los distingue del grueso de la plebe,
que lleva su moño anudado a la nuca, como hacen en otras fosas en torno al mausoleo,
los mozos de cuadra o los cuidadores de animales. El pelo era un elemento esencial: a
los condenados se les rapaba al cero. Los detalles faciales añadidos por sus
moldeadores individualizan levemente a los soldados: un bigote poblado, un ceño
fruncido, una cabeza ladeada, y ante todo la sorprendente variedad de los peinados
proporcionan vida al conjunto. Pero lo que impresiona, y lo que convierte a los
guerreros de Xi'an en una obra cumbre del arte universal es la tensión que desprende el
conjunto, la sumisión de los individuos a la fuerza del grupo. Las figuras están en
reposo, sin movimiento alguno, pero el conjunto desprende la disciplina y la energía de
un ejército ofensivo listo para avanzar.
Los elementos de variedad son pocos: aunque hay uno sin bigote es probable que
se le cayera y aunque hay otro con la cara verde, es fácil que se debiera a un uso
equivocado de los pigmentos. Pero la uniformidad absoluta que se desprende de ellos
es también una ilusión. Porque no tenían para nada el mismo color que la tierra que los
rodea: estaban profusamente pintados. El ejército proveía de armas y armaduras pero
las túnicas, los pantalones y el resto de sus ropas - protectores de piernas, camisa
interior, zapatos - debían proporcionarlos ellos. Nos consta que no debía ser tarea fácil
para unos campesinos que se cubrían con ásperas telas de cáñamo, y que debían poseer
lo justo para vestirse. Se ha conservado una carta de un soldado Qin pidiéndole a su
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madre que le guardara todos los retazos de telas que pudiera para poder hacerse camisa
y pantalones: la cuestión básica debía ser conseguir telas más suaves y flexibles, ya que
el algodón era aún desconocido y la seda era muy cara.
El descubrimiento de las fosas de los guerreros
Durante un par de milenios, la tumba del primer emperador no estuvo en el foco
de atención de los chinos, ni en la de sus ladrones ni en la de sus letrados. Otras tumbas,
fueran las pirámides de los Han o los mausoleos de los Tang o de los Ming, fueron
veneradas por unos y repetidamente saqueadas por otros. Pero éste no fue el caso de la
tumba de Qin Shihuang di. Es posible que el terrible incendio que arrasó todo el
mausoleo junto con el saqueo sistemático a que fue sometido contribuyeran a borrar la
memoria de las riquezas que contenía. Por otra parte, los letrados confucianos
denigraron durante dos mil años la figura del Qin Shihuang di, y aunque sin duda contó
con la admiración de algunos emperadores, su figura no fue jamás objeto de reverencia
pública.
Aún así, resulta extraño que ningún texto histórico chino - y los hay en cantidad -
dejara constancia del ejército enterrado. El Primer Emperador tuvo un cronista, Sima
Qian, que recorrió toda China buscando testimonios orales sobre el período Qin, y que
era un historiador tan sistemático como escrupuloso, capaz de describir en detalle la
disposición de la cámara funeraria enterrada bajo el túmulo. Pero no hace ni la más
leve alusión al ejército de terracota: es inverosímil que no se enterara de nada. La
construcción había implicado un enorme movimiento de tierras y la presencia masiva
de condenados a trabajos forzados - el mismo Sima Qian menciona 700.000 asignados
a la construcción del mausoleo - organizados por miles de administradores: la
unificación de pesos y medidas guarda sin duda relación con la necesidad de proveer
comida para centenares de miles de convictos que levantaron tanto la Gran Muralla
como el mausoleo. Durante 36 años los trabajos se hicieron a cielo abierto, en un
paisaje por el que se acarreaban miles de figuras de terracota de soldados y caballos de
tamaño natural: las piezas se cocían enteras, una vez ensambladas, en hornos de
cerámica inmensos, desde donde debían trasladarse hasta los corredores de las fosas
que permanecían abiertas. Cómo es posible que Sima Qian, que describió vivamente
las hileras de condenados con la cabeza rapada y pintada de rojo que transitaban por
China, no recogiera nada del inmenso espectáculo que debía ser esta excavación? Lo
más probable es que lo hiciera y que el texto original contuviera una descripción,
pero que la dinastía que sucedió a los Qin, la dinastía Han, hiciera censurar el
fragmento en que aparecía el ejército subterráneo, por temor al retorno de Qin
Shihuangdi: un silencio temeroso habría sepultado casi de inmediato la memoria del
ejército de sombras con que el temido emperador debía reinar desde el más allá. No
hay duda que los Han manipularon en otros apartados el texto original del historiador.
A fin de cuentas, en una época en que el papel aún no existía, y en que del libro de
Sima Qian sólo se hicieron dos copias - y una se destruyó -, el texto era muy fácil de
manipular.
Los sucesores inmediatos de Qin Shihuang, los que dirigieron las rebeliones que
acabaron entronizando a los Han, debían saber algo del ejército enterrado, dado que los
condenados que lo construyeron se sumaron en gran parte a sus filas durante el caos
que siguió a la muerte del emperador. Sin duda por ello pudieron saquear las fosas.
Pero el mismo saqueo, en tanto que desmintió que allí hubieran riquezas enterradas,
contribuyó a borrar su memoria.
Algo quedó, sin embargo en la memoria popular. Los terrenos donde ahora se
alza el imponente museo de Lintong que alberga los guerreros tenían ya un nombre que
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ahora resulta sugerente, Campo de los Espíritus, debido a los fragmentos de cuerpos de
arcilla que habían ido emergiendo del subsuelo cada vez que éste se manipulaba: al
menos cinco tumbas Han del siglo II dC y veinte tumbas Ming del siglo XV han
aparecido insertadas entre las filas de guerreros.
Ya en época moderna, cuando empezaron a perforarse cada vez más pozos,
aparecían de vez en cuando fragmentos de manos, puntas de flecha, restos de tejas y
ladrillos. Alguna vez había incluso aparecido alguna cabeza o algún cuerpo casi entero.
El destino de las piezas, consideradas espíritus, dependía del talante del que los
encontraba, ya que tanto podían acabar azotadas por obstruir el pozo, como acabar
sentadas en un oscuro templo: éste parece haber sido el destino de dos guerreros
desenterrados en 1956 y que desaparecerían después, junto con los demás dioses varios,
en las vorágines sucesivas del Gran Salto Hacia delante y la Revolución Cultural. Tres
arqueros arrodillados, desenterrados en 1962 y en excelente condición, no lograron
tampoco suscitar un gran interés: el país estaba demasiado inmerso en la destrucción
del mundo antiguo para hacer excepciones. La simpatía de Mao por el Primer
Emperador - del que se consideraba digno sucesor tanto por la unificación de China
como por la persecución entablada contra funcionarios y confucianos - le había hecho
firmar un decreto protegiendo la zona en 1961: pero la disposición sólo afectaba al
túmulo visible, ya que nada permitía sospechar que el complejo funerario se extendía
varios kilómetros alrededor. Algunas prospecciones dieron acceso a las tumbas de los
mozos de cuadra, y los restos dispersos de cerámica Qin justificaron la creación de un
pequeño museo local en Lintong, el pueblecito donde poco después se hallaría la tumba.
Un día de primavera de 1974 un colectivo de campesinos en el que iban los
hermanos Yang, tropezó, a poco de empezar a taladrar un pozo, con una capa de tierra
de dureza inusitada: acababan de topar con uno de los muros que separan los
corredores donde se alinean los guerreros del emperador. Al día siguiente dieron con lo
que parecía el cuello de una vasija, en realidad el cuello de uno de los soldados.
Todavía cavaron un día más hasta que extrajeron primero un cuerpo entero, para llegar
después a una cámara subterránea. En aquel momento decidieron alertar a las
autoridades locales, que emprendieron inmediatamente una prospección arqueológica:
el primero en darse cuenta de la importancia del hallazgo fue el director Zhao del
pequeño museo local de Lintong, familiarizado desde hacía años con los restos de los
Qin. Los resultados de los análisis en laboratorios tardaron un par de meses en
verificarse, pero dejaron boquiabierto al país y entusiasmaron a Mao. Y esta vez, en
1974, el momento era políticamente correcto, y el descubrimiento se convirtió en una
primera noticia mundial y en un reclamo turístico de primera magnitud para el que no
se escatimaron recursos: desde entonces, los descubrimientos se suceden
incansablemente año tras año. De hecho se tardará muchísimo más en excavar su
tumba que los 36 años que se tardó en construirla. A partir del descubrimiento de las
fosas 1, 2 y 3, los descubrimientos se sucedieron uno tras otro hasta que se optó por
frenar el ritmo para tratar de preservar el color.
Cronologia
1961: Mao declara el montículo de la tumba de Qin Shihuang di Reliquia Cultural
Nacional
1973: Primeras prospecciones en la zona de las fosas de los mozos de cuadra
1974: los hermanos Yang descubren la fosa nº1 al excavar un pozo. El director Zhao
del museo local de Lintong comprende la importancia del hallazgo y da la alerta
nacional de los guerreros de Xi'an
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1979: se abre al público el Museo de los guerreros de terracota y se prosiguen las
excavaciones de las fosas 1, 2 y 3 in situ
1979: se descubre la fosa de los carros de bronce
1998: se descubre la fosa de las armaduras
1999: se descubre la fosa de los acróbatas
2000: se descubre la fosa de los funcionarios
2003: se descubre la fosa de los animales acuáticos
2010: se abre el parque Lishan Yuan del Mausoleo de Qin Shihuang
2011: se abren al público las fosas in situ de los acróbatas y los funcionarios
La caballería
Los caballos habían atravesado ya un largo período de adaptación antes de llegar
a la época del imperio. Originarios de Asia Central, estaban ya en China desde el
principio de su historia escrita, y no tardaron en ser parte esencial del ejército, donde se
usaban básicamente para tirar de los carros de guerra. Su asociación con el poder
militar fue clara desde el primer momento y ello no tardó en asegurarles un lugar
preeminente en los sacrificios funerarios: en una tumba del siglo VI aC, la de duque Qi
Jinggong, se sacrificaron 600 de ellos.
Sin embargo, inicialmente su capacidad de tiro era limitada porque iban
enganchados al carro con el arnés de collar y cincha - el mismo que seguirá vigente en
occidente hasta bien entrada la edad media - con el cual un pequeño esfuerzo ahogaba a
los caballos. Fue en el siglo III aC, el mismo que vio nacer el primer imperio, cuando
los chinos inventaron el arnés de tirante, con el que la carga descansa sobre el pecho y
las clavículas y no sobre el cuello. La caballería jua partir de entonces un papel
crucial en las guerras que condujeron a la unificación del imperio, aunque conservó un
papel básico de soporte a los carros de combate y a la infantería.
Como en todo lo demás, Qin aprovechó inmediatamente esta innovación técnica,
y sus carros, cuyos caballos estaban ahora enganchados con arneses de tirante, podían
llevar más peso y avanzar más rápido que los de los demás reinos. En las fosas tanto nº
1 como nº 2 los caballos aparecen básicamente tirando de los carros, pero en la fosa 2
hay tres largas hileras de caballería con sus correspondientes jinetes: sus armaduras son
más ligeras, sin hombreras y cubren sólo hasta la cintura para facilitar la movilidad y
reducir el peso. Los hallazgos en la fosa de las armaduras indican que había ya
armaduras específicas para caballos, algo que los textos no recogerán hasta varios
siglos después cuando este tipo de protección al caballo esté ya mucho más
generalizada.
El contacto creciente - y progresivamente violento - con los nómadas montados
del norte dio un papel cada vez mayor a la caballería montada, en detrimento de los
carros de combate, aunque las tropas chinas, formadas por campesinos movilizados,
difícilmente podían competir en este campo con los habilísimos jinetes nómadas.
Pero la caballería había iniciado ya su andadura y con los Han se convertiría en
un cuerpo clave del ejército. Fue con los Han cuando las ballestas empezaron a
dispararse a lomo de caballo, algo que traería consigo un entrenamiento cada vez más
intenso del cuerpo de caballería. El toque decisivo lo dará en el siglo III dC el invento
del estribo que permitirá disparar de espalda y agilizará enormemente todos los
movimientos.
Los abundantes tratados militares de finales de los Reinos Combatientes, como el
de Sun Bin (m. 316 aC) reservan a la caballería un papel de avanzadilla, que se lanzaba
sobre el enemigo para destruirle las reservas de suministros, los depósitos de granos, o
las líneas de comunicación, y sobre todo para dar golpes sorpresa en puntos
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inesperados. Su papel era más esencial en terreno montañoso, donde los carros se
movían con mayor dificultad.
La fosa 2
La fosa nº2, en forma de L, y con una área de 6.000 m2, alberga una formación
táctica específica, la que los textos de la época denominan "Despliegue Concéntrico".
La fosa nº2 es una muestra de los cambios que afectaban al ejército chino en los
albores del imperio: permanecen los carros de combate, que venían de otra época - pero
que eran ahora mucho más eficaces por los cambios introducidos en el enganche de los
caballos -; la caballería está empezando a tener el protagonismo que caracterizará los
sucesivos ejércitos chinos a partir de los Han; y los arqueros de ballesta aparecen ya
como un cuerpo de élite que se mantendrá a lo largo de toda la historia de los imperios
chinos.
Así como en la fosa nº1 hay un gran despliegue de infantería, la fosa nº2 está
ocupada por cuerpos más especializados. Una formación compacta de ocho filas acoge
a 64 carros enjaezados todos ellos a cuatro caballos (en total, 356 ejemplares ) y
maniobrados por tres guerreros. Estos carros son parecidos, aunque no iguales, a los de
la fosa nº1. Otro grupo de tres filas combina carros y caballos con infantería armada.
Este grupo de carros podría haber sido de otro tipo, ya que no todos los carros estaban
necesariamente preparados para entrar en combate. A lo largo del período de los
Reinos Combatientes los carros habían ido perdiendo protagonismo, aunque todavía
tenían un papel en las batallas. Pero además, la característica misma de las guerras - de
larga duración, a larga distancia, con centenares de miles de personas movilizadas y
orientadas a ocupar territorios - planteaba de forma aguda el problema de los
suministros. En época de Qin Shihuang, los ejércitos tenían ya básicamente cuatro
componentes: carros de combate, infantería, caballería y carros de apoyo con
suministros.
Las últimas tres filas, con un total de 108 caballos con sus correspondientes
jinetes apuntan ya al creciente papel que tendrá la caballería en tiempos venideros. En
estas filas los carros son más pequeños y más ligeros y llevan sólo dos pasajeros en
lugar de los tres habituales en todos los demás tipos de carros. Estos carros parecen
actuar de acuerdo con la caballería y serían más ligeros para poder coordinar sus
movimientos con los de ésta.
El cuerpo de jinetes se complementa con un espacio adyacente destinado a los
arqueros: cuatro filas de ellos en líneas de a dos - 80 en total - aparecen arrodillados,
prestos a disparar sus ballestas, y flanqueados en tres de sus lados por otras tres hileras
compactas de arqueros de pie.
Los trajes de los arqueros difieren sensiblemente de los de la fosa nº1, y se
caracterizan por las túnicas cortas, para facilitar sus movimientos, y los pantalones.
Unas cuantas décadas antes, el rey Wuling de Zhao había protagonizado una célebre
polémica al introducir los pantalones - una vestimenta propia de los nómadas del norte
- en su ejército. La medida indignó a los tradicionalistas y los agrios términos en que se
desarrolló la discusión ilustran de forma ejemplar las dificultades de los
modernizadores para abrirse paso ante la airada resistencia del Antiguo Régimen. Los
arqueros de esta fosa están equipados con los famosos pantalones Hu, el nombre
genérico dado a los bárbaros del norte.
Algunos de los oficiales de la fosa 2 se han podido recomponer en su totalidad.
Tal es el caso del llamado "general" - uno de los 8 que se han desenterrado -, que
destaca por su altura, 1,96, su elaborada vestimenta, con múltiples lazos en el pectoral
y un pañuelo, sin duda de color, anudado al cuello, y el complicado peinado que
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caracteriza a todos los oficiales de mayor rango. Sus manos, colocadas al frente una
sobre otra, parecen apoyarse en una espada, que ha desaparecido. Su armadura, mucho
más ligera que la de los soldados de a pie, desciende en forma de delantal sobre una
doble túnica. Sus zapatos, como los de los demás generales, tienen la punta encorvada
hacia arriba. Su espalda, como la de todos los generales, estaba también profusamente
adornada y carecía de protección alguna, ya que era impensable que pudiera retirarse.
Su armamento, incluso teniendo en cuenta la espada desaparecida, no era lo más
destacado de su figura: al igual que los demás oficiales que aparecen en las distintas
fosas, no iba más armado que los restantes guerreros de terracota, más bien menos. Lo
cierto es que en el ejército de Qin Shihuang, los soldados necesitaban más las armas
que los oficiales. Teniendo en cuenta que subían de rango en función de las cabezas
cortadas personalmente al enemigo - por una cabeza, un rango más, por dos cabezas,
dos rangos - tenían el máximo interés en tener su armamento a punto y a mano. Los
oficiales, en cambio, subían de rango en función de las cabezas cortadas por sus
subordinados: lo determinante era su capacidad de dirigirlos.
La intensa concentración de carros y arqueros en esta fosa ha hecho pensar que
contenía básicamente las tropas de reserva que, situadas en el flanco del grueso del
ejército contenido en la fosa 1, podían proporcionar refuerzos o lanzar un ataque
suplementario. Todos los carros eran vehículos de dos ruedas, tirados cada uno por
cuatro caballos, e iban provistos de riendas y del atelaje correspondiente. Generalmente
los carros estaban atendidos por tres personas, una de las cuales era el conductor, con
sus manos hacia adelante como para aguantar las riendas.
Los caballos parecen hechos todos con el mismo patrón y apenas hay
diferencias entre ellos: todos son del tipo de caballo pequeño propio de la estepa, el
caballo de Przewalski. La caballería estaba empezando a implantarse en el mundo
chino y ello implicaba una dependencia cada vez mayor de las importaciones de
caballos de la estepa: los caballos nunca tuvieron el forraje y el espacio necesario para
prosperar en el territorio chino. La gran muralla articulada por el primer emperador
trazó una divisoria con el mundo de la estepa, pero los mercados de caballos y sedas se
multiplicaron a su alrededor para cubrir el comercio creciente entre nómadas y chinos.
Los caballos no llevan estribos, ya que estos no se inventaron hasta el siglo III dC. pero
sí llevan una silla pequeña, sostenida por una cincha. Las sillas Qin parecen haber sido
de madera, recubiertas con cuero. Ninguno de los caballos lleva armadura, aunque otra
fosa, la de las armaduras, contiene placas de gran tamaño, obviamente destinadas a
caballos y no a personas.
Aunque la fosa nº 2 también fue saqueada e incendiada, la destrucción fue
menor que en la fosa nº1. Aquí los saqueadores parecían disponer de información
fidedigna, ya que practicaron un único y estrecho agujero en el techo por el que
desvalijar a los guerreros de sus armas, y la destrucción subsiguiente fue menor que en
la fosa nº1. En algunos casos se han podido reconstruir las bandas cruzadas por la
espalda que sostenían las armaduras de los conductores de carros: sus intrincados
dibujos geométricos siguen los patrones de los bordados conservados de época Qin.
Los arqueros
En la sección norte de la fosa 2 se encuentra un escuadrón de 332 arqueros,
arrodillados y preparados para disparar sus ballestas. Éstas eran armas temibles, cuyo
mecanismo intrincado les proporcionaba enorme potencia y largo alcance. Eran unas
piezas enormes, provistas de un gatillo con tres piezas móviles montadas sobre dos ejes
de bronce. La ballesta, como el uso mismo de la infantería, era también una innovación
de los Reinos Combatientes, y su uso requería un largo entrenamiento, tanto para
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tensar la cuerda como para resistir la vibración ocasionada por el disparo. Una vez
disparadas, las flechas podían recorrer una distancia de 400 metros metros con fuerza
suficiente para penetrar en una armadura.
Las ballestas se utilizaban en China desde muy antiguo, pero el disparador
metálico parece haberse inventado en época de Confucio, en el siglo V aC. De esta
época se han encontrado ya ballestas con disparador de bronce situadas en tumbas
varias a lo largo de la geografía china. Aunque probablemente se inventó en el reino de
Chu, al sur del Yangzi, los ejércitos de los Reinos Combatientes no tardaron en
adoptarla uno tras otro. En los siglos IV y III aC las ballestas aparecen ya mencionadas
en los textos: el más famoso de los tratados chinos sobre la guerra, El arte de la guerra
de Sunzi (escrito probablemente en el siglo IV aC) hablará ya tanto de las características
técnicas de las ballestas como de su uso militar.
Como todos los demás reinos, el reino de Qin adoptó la ballesta, pero además la
convirtió en el arma estrella de su ejército. Una obra del 239 aC, o sea anterior al
imperio, Anales de Primaveras y Otoños del maestro Lu - se trata de Lü Buwei, el
mercader más importante del reino de Qin y un personaje decisivo en la temprana
juventud del primer emperador - muestra ya una admiración sin reservas por el
intrincado mecanismo de la ballesta, llegando a afirmar que es un mecanismo tan
preciso que si estuviera desplazado más de lo que ocupa un grano de arroz ya no
funcionaría. La capacidad de producir en masa estos delicados mecanismos de precisión
es una de las maravillas tecnológicas de la antigua China.
Con la instauración del imperio, el uso de las ballestas aumentó
exponencialmente. En las fosas de los guerreros de terracota se han encontrado restos
del mecanismo disparador de bronce: las estructuras de madera en las que estaban
insertados no tardaron en pudrirse. Durante el que sería su último viaje, Qin Shihuang
se acercó al mar y decidió mandar un batallón armado con ballestas para luchar contra
los monstruos marinos, mientras él mismo se armaba con una ballesta para estar
prevenido. Una ristra de ballestas se colocó en el interior de su tumba, preparadas para
disparar automáticamente contra quienes osaran violarla. Cuando la dinastía empezó a
tambalearse, el hijo y sucesor de Qin Shihuang, Ershi, reclutó en el 209 aC a 50.000
hombres de los más capaces y los hizo entrenar con las ballestas para defender la capital,
Xianyang.
Con la dinastía Han (206 aC-220 dC) la ballesta - con un mecanismo idéntico al
de la dinastía Qin - se convirtió definitivamente en el arma del imperio. Se publicaron
entonces varios manuales sobre ballestas, de los cuales sólo conservamos los títulos, y
los arqueros se entrenaron para poder disparar montados a caballo en las interminables
guerras de caballería que los enfrontaron a los nómadas del norte, maestros indiscutibles
en el arte de cabalgar. En tiempos del emperador Han Wendi (177 aC) nos consta que
los arsenales del imperio contenían centenares de miles de ballestas.
El uso de las ballestas convirtió a los arquero en el cuerpo especializado del
ejército, en su tropa de elite. En uno de los corredores de la fosa 2 hay 40 de ellos
alineados en filas de a dos, protegidos por una armadura que les cubre completamente
los hombros, arrodillados, con las manos dispuestas para disparar. La flexión del pie
derecho deja ver la suela, cuidadosamente tachonada para favorecer la estabilidad del
guerrero. Las técnicas de conservación han permitido preservar en algunos de los los
pigmentos originales, que son claramente visibles en partes de armadura, con tiras rojas
uniendo las diversas plaquetas, en sus manos y rostros, pintados de color carne , y en
sus zapatos pintados de marrón oscuro con los bordes a menudo ribeteados en
bermellón, violeta o verde y abrochados con cintas naranjas o violetas. En general hay
una tendencia hacia fuertes contrastes cromáticos. La laca de base y los subsiguientes
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pigmentos aplicados encima se han conservado también en parte de sus rostros,
confiriéndoles ocasionalmente una apariencia que evoca la del Fantasma de la Ópera.
La meticulosísima restauración - en la que están participando técnicos chinos y
alemanes -, ha traído también algunas sorpresas: uno de los arqueros ha resultado tener
la cara verde, a juego con sus pantalones del mismo color.
Preparados para la batalla
En el suelo de las fosas yacían decenas de miles de armas, que cubrían todo el
espectro de las armas utilizadas por los Qin, arcos, hachas de mango largo, ballestas,y
espadas. Las espadas de doble filo, hechas con una aleación compleja y recubiertas con
óxido de cromo una técnica que en Europa no se utilizará hasta el siglo XVIII
conservan aún hoy día una agudeza temible. Su longitud, de 91 cms las convierte en las
más largas del mundo de su época: en este mismo momento, las fabricadas en el
mundo Mediterráneo medían una media de 68 cms. Las espadas aparecen con
frecuencia en las tumbas del período de los Reinos Combatientes, y son prueba de los
cambios profundos que se estaban produciendo en el ejército, con un aumento creciente
de la infantería y de los combates cuerpo a cuerpo.
Las hachas de mango largo, las ge, el arma por antonomasia de los ejércitos
aristocráticos anteriores, se complementaban ahora con una punta de lanza que las
convertía en armas de largo alcance. Todas eran armas auténticas: la altura real de los
guerreros parece estar hecha a medida para poderlas sustentar. Y había decenas de
miles de ellas: robarlas puede haber sido una motivación convincente para los ejércitos
que, tras la caída de los Qin, se disputaron el imperio. De estas hachas de mango largo
se conserva sólo la parte metálica, ya que la madera se ha desintegrado. Estas piezas de
bronce, intensamente afiladas, están espléndidamente bien hechas, incluso para
standares actuales. La supervisión técnica era estricta: en una de ellas, encontrada en la
fosa 1 aparecen grabados 16 caracteres chinos que indican que se realizó bajo la
supervisión del canciller Lü Buwei. La inscripción no deja de ser peculiar ya que el tal
Lu Buwei que había sido el canciller del joven príncipe Zheng, el futuro Qin Shihuang,
se vio envuelto en 235 aC en un escándalo que implicaba también a la madre del joven
rey, y tras ser exiliado fue conminado a cometer suicidio. Por otra parte, la inscripción
plantea el interrogante de cuántas de estas armas fueron reutilizadas y cuántas
fabricadas expresamente para el ejército de terracota.
Las flechas, de las que se han encontrado múltiples restos en el suelo de las fosas,
tenían cabeza piramidal con tres bordes muy afilados. Sus fustes eran también de
bronce, de sección redonda, y fueron fabricados separadamente y soldados después a
las puntas de flecha.
Sorprendentemente, es un ejército que no lleva escudos aunque sabemos por las
fuentes escritas que éstos eran parte del equipo habitual de los ejércitos de la época.
Quizás con ello se buscase destacar que era una fuerza de ataque y no un ejército
defensivo, o quizás con ello se subrayase que eran invencibles.
La conservación del color.
La policromía inicial de los guerreros obedecía a un simbolismo, que hoy por
hoy se nos escapa: pero conviene recordar que en la antigua China toda la escultura
tenía un marcado carácter simbólico-religioso.
Hoy en día sabemos seguro que todos los guerreros estaban pintados de pies a
cabeza. Las partes visibles del cuerpo seguían criterios realistas: negro el pelo, rosa
pálido la cara y casi blancas las manos.
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Pero los trajes debían tener connotaciones simbólicas. Aunque los
proporcionaran ellos mismos, las ropas de los campesinos eran tan escasas como
uniformes: eran telas de cáñamo de color beige. Hoy por hoy lo único que podemos
asegurar es que a más rango más color.
Lo que es seguro es que el negro debía ser un color destacado, porque era el
color de la dinastía Qin. Qin Shihuang era adepto, como todos los de su tiempo, al
sistema de Cosmología Correlativa basado en las cinco fases - madera, fuego, metal,
agua y tierra - vinculadas a las cinco direcciones - este, sur, oeste, norte, y centro -, a
los cinco colores - azul, rojo, blanco, negro y amarillo -, a cinco números, a cinco
sabores, y así sucesivamente hasta englobarlo todo. Cada dinastía se ponía bajo el
auspicio de un color y Qin Shihuang decidió ampararse bajo el auspicio del agua,
asociado al color negro y al número seis. Para potenciar esta elección, y en palabras de
Sima Qian, el Primer emperador estipuló que los trajes, los colgantes de pieles, los
estandartes de plumas y las banderas fuesen todos negros. Y dado que el patrón era el
seis, las tabletas de bambú y los tocados de ceremonia tenían todos seis pulgadas, los
carros tenían seis pies, seis pies hacían un paso y el tiro de los carruajes era de seis
caballos. Incluso cambió el nombre de los chinos que ahora pasaron a denominarse
cabezas negras. En este contexto, no es aventurado suponer que el negro debía ocupar
un lugar destacado en la gama cromática de los guerreros de Xi'an.
Parte de los colores se fueron apagando con el paso del tiempo, pero el
problema grave no vino de aquí, aunque es frecuente que el aglutinante orgánico de los
pigmentos se haya disuelto. Lo desesperante era que la pintura de los guerreros se
había desenganchado y a menudo transferido a la tierra de loess que los rodeaba. Y aún
peor, cuando lo conservaban, al contacto con el aire desaparecía en pocas horas, a
veces en cuestión de minutos. El problema era tan grave que en 1989 frenó seriamente
el ritmo de las excavaciones.
Hoy en día, con ayuda de un laboratorio de Munich, se ha conseguido
identificar la causa del desastre: el color se desprende tan fácilmente porque se aplicó
una capa de laca entre la terracota y los pigmentos. Aunque la laca es en sí misma muy
resistente, es probable que por razones económicas se hubiese añadido algo a la laca,
ya que para cubrir todo el ejército se hubiesen necesitado 200.000 árboles de laca. El
problema es que en cuanto la humedad ambiental desciende por debajo de 84 la laca se
cuartea, arquea y desaparece en pocos minutos: o sea que para preservar los pigmentos
hay que empezar por estabilizar la capa de laca.
El rojo, obtenido del cinabrio era el más corriente. El azul y el verde se obtenían
respectivamente de la azurita y la malaquita. El amarillo y los ocres los proporcionaba
la misma tierra de loess y el blanco se hacía con hueso. Pero la paleta de colores no se
acababa aquí. La completaban el azul Han y el rpura Han, también llamados azul y
púrpura de China, hechos con pigmentos artificiales. En un inicio se creyó hallar una
similitud con el azul egipcio, otro pigmento artificial, utilizado éste en las tumbas
faraónicas. Pero un análisis químico exhaustivo ha revelado la total independencia
entre ambos pigmentos. Con más de un milenio de diferencia, ambos imperios tuvieron
que hacer frente al mismo problema: ambos tenían acceso al mejor pigmento azul de
todos los tiempos, el lapislázuli. Pero éste sólo se encuentra en las recónditas montañas
de Afganistan y su coste - aunque en Egipto llegara a adornar todo el tocado de
Tutankamon - era prohibitivo. De ahí que ambos imperios lograsen sintetizar un nuevo
pigmento artificial. El aglutinante de los pigmentos no ha podido ser identificado
aunque la técnica utilizada proporciona alguna pista. Encima de la terracota se pusieron
una o dos capas de laca, pero los pigmentos se aplicaron siempre en una sola capa de
considerable grosor, ya que ello permitía reproducir la textura del fragmento pintado,
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como por ejemplo el tipo de tela. El grosor de la capa de pigmentos ha obligado a
descartar los aglutinantes más frecuentes en aquella época, como la cola animal, la
resina vegetal o los huevos. Actualmente se trabaja con la hipótesis de que el
aglutinante era una mezcla de varios de estos componentes a los que habría que añadir
la caseína.
La fosa 3
La fosa 3 que es la que albergaba el mando del ejército, es la única que ha sido
completamente excavada, y la única que no fue destruida por el fuego. Su área, menor
que las de las otras dos, tiene forma de U, con dos lados laterales más largos y uno
central más estrecho y ocupa 520 m2. En ella se encuentran 68 guerreros, dispuestos a
ambos lados, que protegen un carro - del que solo quedan las huellas en el suelo -
tirado por cuatro caballos y sin duda reservado al comandante en jefe de todo el
ejército. La fosa alberga una gran cantidad de oficiales de alto rango, con su tocado
característico de tableta plana, y una formación apretada de 24 lanceros para proteger
el conjunto. En un lado de la fosa hay también restos de un ciervo, probablemente
procedentes de un sacrificio ritual: antes de empezar una batalla el comandante en jefe
del ejército ofrecía siempre un sacrificio para adivinar su desenlace.
A diferencia de las otras dos fosas, los solados no están orientados hacia el este
sino alineados a ambos lados contra la pared, dejando entre ellos un pasadizo que
desemboca en el carro central: se trata sin duda de una guardia de honor que espera a
alguien procedente de la dirección en que se encuentra el montículo funerario del
emperador. Se han adelantado varias hipótesis: la de que esperaran al emperador
mismo, o la de que el alto comandante del ejército esté él mismo enterrado en una de
las fosas adyacentes, aún sin excavar. Tiempo al tiempo, pero conviene recordar que el
imperio Qin estaba altamente militarizado, y que el emperador era indiscutiblemente su
comandante en jefe.
En las restantes fosas se han encontrado pruebas inequívocas de la importancia
de las armas en el nuevo imperio. Pero este armamento no era exclusivo de los Qin,
aunque allí se fabricase a una escala industrial sin precedentes: su victoria sobre los
restantes reinos se deb ante todo a su capacidad organizativa. Fomentaron la
agricultura y potenciaron una administración racional: con ello pudieron sustentar un
ejército profesional capaz de marchar como un solo hombre. Esta es la innovación
principal que transmite la fosa nº1. Comparada con ella, la fosa nº3 revela la
importancia decisiva de la planificación y estrategia militar. A fin de cuentas el lema
del nuevo imperio era Enriquecer el país y fortalecer el ejército.
El tamaño mismo del ejército Qin obligaba a una manipulación estricta. Por lo
que sabemos, las tropas procedían de tres orígenes diversos. En primer lugar estaba la
conscripción forzosa que obligaba a todos los hombres entre 15 y 565 años a servir un
año en el ejército: éstos formaban el grueso del ejército. Una de las innovaciones
importantes de los Han, la dinastía que derrocó y substituyó a los Qin, fue diversificar
las obligaciones ligadas a este mes anual de servicio obligatorio: transportar granos,
telas, e incluso sal y hierro serán a partir de entonces servicios más frecuentes,
juntamente con la reparación de puentes, carreteras y canales. En segundo lugar
estaban los convictos, una mezcolanza de criminales condenados, personas desplazadas
por motivos económicos y gentes procedentes de minorías nacionales recién
conquistadas. Ocasionalmente, también los mercaderes, mal vistos por el centralizador
imperio Qin, iban a engrosar el grupo de los convictos: éstos acabaron siendo más de
un par de millones que había que trasladar en conducción militar estricta a través del
territorio y que se destinaban tanto a la guerra como a los trabajos forzados. La
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cantidad de conscriptos disponibles una vez terminadas las guerras de conquista
explica en gran parte el frenesí de obra pública acometida por el Primer Emperador: el
palacio de A Fang, el mausoleo, la reordenación de Xianyang, la gran muralla, el
camino recto y la red general de carreteras. Y finalmente en tercer lugar estaban las
tropas de élite, como los arqueros, que se elegían entre los hombres más fuertes del
imperio y se sometían a un duro entrenamiento. Ordenar y maniobrar toda esta tropa
era un problema logístico de primera categoría, y por ello la fosa 3 está reppleta de
oficiales de alto rango.
Sus competencias no eran sólo estrictamente militares. El general más importante
del imperio, Meng Tian, que al final fue obligado a cometer suicidio como casi todas
las personalidades eminentes del imperio, debió su fama y honores no sólo a sus
repetidas victorias sobre los xiongnu, los nómadas del norte, sino también a la
construcción del Camino Recto, una carretera de 800 km que unía la capital Xianyang
con el límite norte del imperio tras cruzar el desierto de Ordos. Ciertamente era una
carretera que favorecía los desplazamientos internos, pero era ante todo una vía para
facilitar los movimientos de tropas. La ingeniería era ya un elemento importante en la
dirección del ejército Qin.
La manutención de todas estas masas en movimiento obligaba también a
consideraciones económicas: la unificación de pesos y medidas decretada por Qin
Shihuang al principio mismo del imperio, no sólo garantizaba la unidad territorial sino
también el reparto de raciones equitativas entre soldados y convictos. Cómo acumular,
transportar y repartir tantas provisiones hacía de la economía otra competencia
importante de la cúpula militar.
El ejército era también el bastión del nuevo orden social. De la misma manera en
que la infantería formada por campesinos conscriptos constituía ahora el grueso del
ejército, desplazando con ello los grandes carros aristocráticos de períodos anteriores,
también la dirección del ejército cambió. La nobleza local fue implacablemente
destruida y arrancada de su territorio: 120.000 familias nobles fueron trasladadas a
Xianyang por este procedimiento. El ejército dejó de estar dirigido por la aristocracia y
quedó en manos de las mentes más bien preparadas del imperio: el liderazgo de un
ingeniero de la talla de Meng Tian es buena prueba de ello. Por ello no es de extrañar
que se reservara toda una fosa a la cúpula militar: era una de las enseñas básicas de la
modernidad y renovación del nuevo imperio. Un imperio unificado era en China una
organización política sin precedentes y en un estado tan altamente militarizado el
estado estaba encargado no sólo de conquistar vastos territorios, sino también de
administrarlos satisfactoriamente. Todos los estados de los Reinos Combatientes
estaban organizados para la guerra, pero sólo Qin podía exhibir una centralización del
poder tan estricta, protegida e indiscutida como la que aparece en la fosa nº3.
Otras fosas exteriores al Mausoleo
Bastante lejos de allí, a unos 3 km al nordeste del Mausoleo, se descubrió otra
fosa, la K0007, con un estanque rectangular de 60 metros de largo y un metro de
ancho, que en su día debió contener agua, y 46 animales acuáticos de tamaño natural:
20 cisnes, unos nadando y otros mirando el agua desde distintas posiciones, 40 gansos
y 6 grullas. Hechos en bronce, y no en arcilla, pero realizados con moldes, varios de
ellos conservaban todavía sus plumas pintadas y se movían con total naturalidad en su
parque acuático. Con sus cuellos moldeados siempre de forma diferente, uno pescando
un pez y otro atrapando un gusano con su cuello arqueado en forma de S, no hay dos
que sean iguales. Cerca de ellos había 15 estatuas de terracota, vestidos con túnicas
acolchadas y tocados con un sencillo gorro que cubre un moño atado a la base del
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cráneo. Unos están en cuclillas y otros sentados con las piernas estiradas y el cuerpo
ligeramente inclinado hacia delante. Todos parecen tañer instrumentos - hoy
desaparecidos -, al son de cuya música bailaban los animales.
Éste no es el único hallazgo relacionado con la música. En el interior del recinto
del Mausoleo, entre las murallas interior y exterior una gran estructura ha sido
identificada como Sala de los Banquetes. En ella se encontró una campana de bronce
con dibujos incrustados en oro y con la inscripción Yue Fu, Departamento de Música.
Y no se puede descartar que el Mausoleo mismo contenga un apartado dedicado a la
música, considerada esencial para comunicar al muerto con sus antepasados. La
tradición de enterrar a dignatarios difuntos con orquestas completa se remonta ya a los
reyes Shang, a finales del segundo milenio. Prueba de que era una tradición que se
mantenía viva en el período de los Reinos Combatientes es la tumba del marqués Yi de
Zheng, enterrado en 433 aC con 7.000 objetos de bronce. Entre ellos destacan dos
conjuntos de "música suspendida", es decir con instrumentos musicales colgados de un
marco y tocados por percusión. Uno de ellos, 65 campanas de a dos tonos cada una -
similares a la desenterrada en la Sala de los Banquetes de Qin Shihuang - y cubriendo
un rango de 5 octavas. El otro, una orquesta de 32 piedras musicales. Junto con ellos,
múltiples órganos de boca, cítaras y flautas transversas. Al lado de su tumba, otra fosa
cercana - probablemente la de su mujer - contenía también 36 campanas de bronce y
otros muchos instrumentos musicales.
El Mausoleo del primer emperador tiene que contener más música. Puede que la
robaran, ya que el bronce es muy reutilizable y desaparece rápido, o pueda que
aparezca el día en que se excave su mausoleo.
Otro grupo de fosas situadas al exterior de las murallas del Mausoleo, fueron
excavadas mucho antes que las demás. En 1972-73, antes por lo tanto, que los
hermanos Yang dieran con la fosa nº1 y convirtieran el pequeño pueblo de Lintong en
una atracción mundial, se identificaron un grupo de más de 100 fosas de sacrificios a
unos 300 mts de distancia de la muralla exterior, cerca de su esquina sudeste, en el
también pequeño pueblo de Sangjiao. Cinco de las fosas se excavaron inmediatamente
y 46 más en los tres años siguientes. En todas ellas había una estatua de terracota de un
mozo de cuadra, sentado en cuclillas y con el pelo recogido en un moño en la nuca.
Son figuras menores que las de los guerreros de terracota, de 68 cm. de altura. En
frente de ellos había los restos de un caballo, que probablemente fue introducido ya
muerto en la fosa. Cerca del caballo había restos de heno y una lámpara para iluminarlo
y cerca del mozo había recipientes para agua, otra lámpara y los instrumentos
necesarios para herrar al caballo. Estas eran las fosas con los establos imperiales.
También antes de 1974 se localizó un yacimiento al noroeste de la muralla
exterior del mausoleo, en el pueblo de Zhenzhuang. La fosa contiene abundantes
martillos y cinceles de hierro acomo piedras a medio tallar. La excavación se ha
completado con el hallazgo de esposas y collares, también de hierro, y ha permitido
identificar el lugar como el taller central para la construcción de la tumba, y a sus
trabajadores como los condenados que citan los textos. La fosa está flanqueada, al
norte, por el área que albergaba las viviendas de los condenados y artesanos, y, al sur
por las tumbas de los condenados, algunos de los cuales fueron enterrados con su
identificación encima. Se ha recuperado un total de unos 100 individuos, hombres entre
30 y 50 años de edad, algunos de los cuales habían muerto de forma violenta.
Un poco al sur de las fosas de los establos se encuentran, aún sin excavar, un
nutrido grupo de lo que parecen ser tumbas de acompañamiento. Ya en el siglo XXI se
han realizado multitud de prospecciones que han permitido identificar unas 600 fosas.
21
Las excavaciones progresan lentamente para poder estudiar minuciosamente la
estratigrafýa y preservar en la medida de lo posible, los colores originales.
Capítulo 2. El mausoleo del emperador
La gran crónica china que constituye la fuente esencial para el imperio Qin, Las
Memorias Históricas de Sima Qian, escrita en el siglo II, no menciona para nada las
fosas de los guerreros, pero da una descripción pormenorizada del túmulo funerario,
aún sin excavar:
Shihuang había iniciado la perforación y preparación del monte Li desde
principios de su reinado, y, una vez poseyó todo lo que hay bajo el cielo, hizo venir a
más de setecientos mil condenados a trabajos forzados procedentes de todo el imperio.
Perforaron la tierra hasta encontrar tres fuentes de agua y lo recubrieron todo de
cobre. Una vez colocado el sarcófago trajeron palacios, pabellones, edificios
gubernamentales, artículos refinados, joyas y objetos raros y los enterraron allí hasta
que quedó llenó del todo. Se ordenó a los artesanos que fabricaran ballestas
automáticas para que, si alguien perforaba y se acercaba, se disparasen
inmediatamente. Se utilizó mercurio para configurar los cien ríos, el rio Yangzi, el río
Amarillo y el mar, disponiendo que circulasen mecánicamente y se comunicasen entre
ellos. Arriba se representaron los signos del cielo y, abajo, la configuración
geográfica. Se hicieron antorchas con grasa de pescado, calculando que pasaróa
mucho tiempo antes que se apagaran.
Según este texto, el joven príncipe Zheng del reino de Qin habría empezado a
planear su tumba a los 13 años, cuando accedió al trono del reino en 246 aC, pero no
inició las obras hasta el 211 aC cuando terminó la conquista de China y se proclamó
emperador. Es un largo lapso de tiempo, sin duda exagerado, pero sugiere bien el largo
período de preparación que fue necesario para planear la estructura del conjunto y
reunir los hombres y materiales necesarios para llevarlo a cabo. El número de
condenados, 700.000, es ingente, pero hay que tener en cuenta que se utilizaron a la
vez para construir el enorme palacio de Epang, en las afueras de la capital, Xianyang,
del que sólo han quedado restos de las murallas exteriores. Y no todos eran
condenados: en las fosas donde los enterraron, a las afueras del mausoleo, varios de
ellos constan con su nombre, su lugar de origen y su rango: eran prisioneros de los
reinos recién conquistados.
El complejo funerario se situó a unos 30 km de la capital Xianyang, en una
llanura que cumplía todos los requisitos de la geomancia, fengshui. Sus 57 km2
(equivalentes a la mitad de la superficie de la Barcelona actual) estaban protegidos al
sur por el poder de la tierra , el monte Li, y al norte por el poder del agua, el río Wei.
El centro del complejo funerario era el mausoleo, en el que un túmulo funerario
de 515 m de norte a sur y 485 de este a oeste (hoy reducidos a 350 por 345) recubría
una cámara funeraria excavada a más de 30 metros bajo tierra. La altura del túmulo
tabién parece haberse reducido con el paso de los siglos: habría pasado de los 165 m
iniciales a los 115 actuales. Aunque se suele atribuir esta reducción a la erosión, no se
puede descartar que algunas de las paredes interiores en tierra apisonada hayan cedido.
22
Dentro de la tumba, probablemente compartimentada en varios recintos, como es
habitual en otras tumbas de épocas anteriores, se acumularon multitud de objetos
preciosos sobre una base que simulaba los grandes ríos de China y bajo una cúpula en
la que se reproducía el cielo, todo ello veteado de mercurio. El túmulo n no se ha
excavado, pero las mediciones de mercurio a los que se le ha sometido en 1980 y
2003 han revelado una acumulación de mercurio en su centro diez veces superior a la
del terreno circundante: ello prueba tanto la veracidad de la descripción de Sima Qian
como la permanencia de una estructura interna que ni se ha hundido ni ha sido
saqueada. Estudios hidrológicos realizados en los años 1998 y 2000 han demostrado
también que la inundación de la cámara se evitó con la construcción de un dique
subterráneo que desvió las aguas y que hoy en día sigue funcionando correctamente.
Las medidas del dique corroboran la necesidad largos años de preparación para el
Mausoleo: 1.300 m de longitud y una profundidad que en algunos trechos llega a los 39
m, todo ello conectado a un canal de descarga de medio km de longitud.
El mausoleo estaba rodeado por dos recintos amurallados concéntricos que
encerraban, en superficie, edificios para el culto: todo ello ardió irremediablemente con
la caída de los Qin, ya que no sólo se trataba de un saqueo sino de destruir el universo
de los vencidos y eliminar su poder sobre los vivos. Y eso que las murallas eran
imponentes: con 3.870 m de perímetro la exterior y 6.318 la exterior, se alzaban a una
altura de 30 m y tenían una anchura que variaba entre los 16 y los 32 m, siempre
realizadas con capas extremadamente compactadas de 5 o 6 cm. Éste es el mismo tipo
de muralla que se levantó para marcar los límites norte del imperio y que enlazó con
las murallas pre-existentes de los antiguos reinos: la que más adelante se denominó la
Gran Muralla. Por otra parte, la doble muralla cumplía una función relevante:
proporcionaba al conjunto el status de ciudad y la convertía en una réplica de la capital.
En el interior de la primeras muralla se encuentra el túmulo funerario rodeado
por multitud de fosas que contienen elementos de primera necesidad, como los carros
de bronce del emperador o los funcionarios necesarios para administrar todo el
conjunto funerario, así como salas destinadas al ritual: la Qindian, Sala de Reposo,
situada a tocar del túmulo y destinada probablemente a acoger temporalmente el
sarcófago del Emperador antes de proceder a su entierro, y la Biandian, la Sala lateral,
destinada probablemente a alojar los valiosos objetos litúrgicos necesarios para el culto
al emperador.
El texto de Sima Qian exime a Qin Shihuang de haber enterrado víctimas
humanas, pero asegura que hay muchas y las atribuye a su sucesor, Ershi, el segundo y
breve emperador de la dinastía Qin:
Ershi dijo: "No conviene que se deje marchar a las mujeres del anterior
emperador que no hayan tenido hijos", y ordenó que todas ellas lo acompañasen en la
muerte: murieron en gran número. Cuando ya estaban enterradas, alguien opinó que
los obreros y artesanos que habían fabricado las máquinas y las habían enterrado
sabían demasiadas cosas, y que el gran valor de lo que se había enterrado no tardaría
en difundirse. En cuanto hubieron terminado la gran ceremonia y el entierro, se cerró
la vía subterránea central de acceso al sepulcro, se bajó la puerta exterior de esta via
y se encerraron dentro todos los artesanos y obreros que habían trabajado en la
tumba: no salieron nunca más. Encima se plantaron hierba y árboles para que
pareciese una montaña.
En el interior del primer recinto amurallado se ha encontrado también una gran
fosa con restos humanos. Muchos de ellos son de mujeres, por ello se la suele
denominar la Fosa de las Concubinas. En cualquier caso, son las únicas figuras
femeninas de todo el complejo funerario: las tumbas posteriores de los Han se llenaran
23
de figurillas femeninas bailando, cocinando, o llevando flores, pero en el mundo
extremadamente militar y masculino de Qin Shihuang, las mujeres no tenían la menor
cabida ritual.
Las fosas excavadas en el primer recinto: las cuádrigas
Después de los guerreros, el mayor descubrimiento hasta el momento fueron dos
carros de bronce, guiados cada uno por cuatro caballos, a mitad de tamaño natural, que
habían sido enterrados a 20 m al oeste del túmulo funerario. Exquisitamente trabajados,
las vigas de madera que los recubrían se pudrieron y cayeron sobre ellos partiéndolos
en miles de trizas: 3.000 el carro delantero y 1.500 el de detrás. Los caballos, de un
grosor muy superior a las finísimas filigranas de los carros, permanecieron casi intactos.
Para proteger los restos, se trasladaron junto con la tierra que los cubría. Una vez in
situ se cortó el bloque, que pesaba 8 toneladas, en cuatro partes que se trabajaron
separadamente: dos contenían los caballos y dos los carros.
Un equipo de 30 arqueólogos tardó dos años en recomponer el carro de atrás y
ocho el de delante - a los caballos se les repararon incluso las herraduras - pero valió la
pena. La elegancia de sus proporciones, el contraste cromático entre la blancura de los
caballos y el oro y plata incrustados en sus bridas, riendas y correajes, los delicados
dibujos en las paredes de los carros: todo el conjunto es una obra de arte de primera
magnitud. Es además una pieza arqueológica de valor incomparable por la información
que aporta sobre los carruajes de la antigua China: solo el carro trasero se hizo con
1.742 piezas de hierro colado fundido en moldes de arcilla, 988 piezas de plata y 732
de oro.
El carro delantero era la escolta del posterior, y en consecuencia su conductor -
en actitud vigilante y de pie - va equipado con una larga espada Qin, una ballesta
imponente, un carcaj con 12 flechas y un escudo. Una sombrilla , inverosímil por lo
delicada y realista - puede abrirse, cerrarse e inclinarse en todas las direcciones - lo
protege de las inclemencias del tiempo. La barra que sostiene la sombrilla,
profusamente decorada con dibujos incrustados en oro y plata, es una obra de arte en sí
misma. A juzgar por su tocado, el conductor es un funcionario de alto rango, algo que
corroboran también los múltiples pliegues de su ropaje. Las cabezas de los caballos,
ligeramente inclinadas en posiciones distintas, dan movimiento al conjunto. En el suelo
de la fosa se encontraron también restos de heno verdadero para contener la
impaciencia de los caballos. En las fosas de los establos, mozos de arcilla vigilaban
esqueletos de caballos: en todo este conjunto funerario las neas divisorias entre la
vida y la muerte se difuminan.
El segundo carruaje lleva enganchada una cabina exquisita, recubierta por un
toldo de grandes dimensiones que cubre también al conductor - que va sentado - y
protege las ruedas del carro. Delicadamente pintado, el toldo está sostenido por 36
varillas y aunque mide 2 metros cuadrados tiene sólo 2 mm de espesor: de ahí la
sensación etérea que produce. Una intrincada celosía de bronce proporciona luz
delantera a la cabina, mientras dos pequeñas ventanas a los lados le permitían mirar sin
ser visto. A diferencia de la tradición occidental en la que el rey - tanto en la antigua
Roma como en la Europa medieval y moderna - se mostraba a menudo en público, el
emperador chino basó siempre su status en la invisibilidad. Dentro de la cabina, un
cofre de bronce simulando cuero permitía ordenar los efectos personales. Las paredes
del carruaje están pintadas con un fondo blanco, el color del oeste, hacia donde están
orientados ambos carros. Sobre él destacan escenas de inmortales moviéndose entre las
nubes: es el primer ejemplo conocido de bronce pintado.
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Los carros proporcionan una información exhaustiva sobre las formas de
enganche. Los caballos llevan el arnés de collera inventado en China en aquel m ismo
siglo IIIaC, y su bocado es impecable hasta el más mínimo detalle. Una cincha cubierta
de oro y plata conectaba los dos caballos del interior con sus dos compañeros
exteriores para evitar que las trayectorias de ambos pares se encabalgaran.
Ambos carruajes parecían estar esperando que el emperador emergiera de su
tumba para realizar alguna de sus visitas de inspección habituales por su recién
adquirido imperio: las medidas del carruaje permitían que una persona se echara en su
interior. Qin Shihuang se desplazaba en un carro como éste cuando la muerte le
sorprendió durante una de sus visitas al este de China: para retrasar la peligrosa noticia
de su muerte, sus eunucos le trajeron en secreto de vuelta a Xianyang llenando el carro
de pecado para que su hedor disimulara la del cadáver imperial.
Los caballos en época Qin
La caballería se generalizó en China en los siglos anteriores al cambio de era, a
partir de los Reinos Combatientes. China era una civilización intensamente agraria y
los animales que los campesinos utilizaban en sus campos eran los bueyes. Pero los
crecientes contactos con los nómadas del norte, que crecían a lomos de sus caballos, y
a menudo atacaban China montados en ellos, fueron introduciendo gradualmente la
caballería montada. Los caballos entraron en el ejército para arrastrar los carros: el
arnés de collera inventado por los chinos los habilitaba para acarrear vehículos
muchísimo más pesados que sus contemporáneos romanos. Pero los carros servían ante
todo en terrenos llanos y las conquistas de los Qin les llevaban por terrenos de todo
tipo: es por ello que el ejército de terracota combina carros con caballería montada,
más apta para terrenos más irregulares.
La posición geográfica del reino de Qin, situado en el lejano oeste del mundo
chino, muy cerca del mundo de los nómadas, hizo que sus habitantes fueran famosos
por su dominio de los caballos: en el siglo VI aC ya había alLos caballos de los Qin
eran los pequeños caballos de la estepa, aunque es posible que algunos pura sangre de
Ferghana - los caballos por los que los Han se lanzarían a la conquista de Asia Central
- hubieran llegado ya al valle del rio Wei: Li Si, el primer ministro del Primer
Emperador parece aludir a ellos en uno de sus alegatos a favor de abrir el reino de Qin
a los productos extranjeros.
La escasez de pastos impedía la proliferación de los caballos en las llanuras
agrícolas chinas y por ello su uso estuvo siempre restringido a los funcionarios del
gobierno y a los militares. Los caballos eran un símbolo de status, como lo eran los
jarros de bronce y las concubinas: por ello se enterraban a menudo con sus amos.
Los funcionarios en el imperio Qin
Una vez conquistado el imperio Qin Shihuang di tenía dos propósitos claros:
enriquecerlo para que fuera sostenible y unificarlo para que fuese centralizable. Ya
antes de la conquista, Li Si, el que sin duda sería el cerebro gris del nuevo imperio,
convenció al joven príncipe Zheng de que los señores feudales estaban tan acabados
que con menos esfuerzo del que se requiere para barrer cenizas podía instaurar el
imperio y unificar todo el territorio.
Pero destruir el antiguo orden feudal, en el que impuestos y ejércitos estaban
mediatizados por la nobleza y el rey era a duras penas una figura ritual, no era tarea
fácil: Europa tardó mil años en conseguirlo. En China el proceso avanzó con las
conquistas de nuevos estados: los territorios nuevamente adquiridos se ponían bajo
dependencia directa del rey, que nombraba a los que debían administrarlos. Este
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sistema, facilitado por la unificación de la escritura, es el que se aplicó a todo el
territorio.
Una vez proclamado emperador, Qin Shihuang di procedió inmediatamente a la
reorganización administrativa del imperio, eliminando los feudos anteriores y
implantando treinta seis provincias, bajo administración directa de un triunvirato
formado por el gobernador civil, el gobernador militar y el inspector imperial. Las
provincias fueron subdivididas en más de mil distritos, y encontrar gente adecuada para
gobernar a todos estos niveles se convirtió en una preocupación central para el estado.
La carrera de funcionario estaba abierta a todo el mundo con alguna excepción:
ni shamanes ni mercaderes podían entrar en ella. Los funcionarios se reclutaban
básicamente por recomendación, un método harto eficaz, en tanto que hacía
responsables a los recomendadores de los éxitos y fracasos de sus recomendados.
Desde el primer momento se procuró que los funcionarios procedieran de todas las
partes del imperio aunque un sistema de cuotas no llegaría a institucionalizarse hasta el
cambio de era. Ya en su inicio se intentó controlar la capacidad real de los aspirantes
con algún tipo de examen, aunque esta práctica, que se convertiría en una de las piezas
más notables de la civilización china, no empezó a institucionalizarse hasta algunos
siglos más tarde. En cualquier caso, las posiciones obtenidas no eran hereditarias y por
tanto la aristocracia, tal como había existido antes en China y como seguiría siendo
habitual en Europa, no pudo cristalizar nunca más. Para consolidar el control del estado
sobre la aristocracia, todas las familias nobles de los reinos conquistados se trasladaron
a Xianyang: una hilera de 120.000 familias deambuló durante meses por las flamantes
carreteras del nuevo imperio.
Los funcionarios estaban divididos en 20 grados, igual que en el ejército y su
rango se traducía en mayores o menores estipendios, pagados parte en grano, parte en
sedas y parte en metálico, y en el color de las cintas que estaban autorizados a llevar.
No sabemos cuál era su número, pero con los Han que sustiyeron a los Qin pero
adoptaron todo su sistema administrativo, eran unos 120.000.
La administración no se ejercía de forma uniforme sobre todo el imperio. Era
mucho más intensa en la región del norte, la del río Amarillo, donde habían estado
durante los Reinos Combatientes los llamados Reinos del centro: allí la población ya
estaba acostumbrada a estar organizada y el suelo, altamente productivo, facilitaba la
regularidad de los impuestos. En otras zonas, como el noroeste y el suroeste, la
población era mucho más dispersa y los nuevos funcionarios se encontraron inmersos
en poblaciones aún no asimiladas. En cualquier caso, la administración no llegó nunca,
ni con los Qin ni con ningún imperio chino hasta llegar al siglo XX, más allá del nivel
administrativo del condado, el último al que el estado central proveía de funcionarios.
Por debajo de este nivel estaban los pueblos, grandes o pequeños, donde vivía el 95%
de la población china. Allí tanto la recolección de impuestos como la leva - para el
ejército o para trabajos obligatorios - corrían a cargo de la comunidad, organizada en el
sistema de responsabilidad compartida, por el que toda una comunidad debía garantizar
el cumplimiento de las obligaciones de sus miembros y sufrir las consecuencias en caso
de incumplimiento.
Por encima de todos estaba la ley: los confucianos habían propugnado que el
buen funcionamiento del estado dependía de la virtud alcanzada por sus gobernantes y
habían potenciado la educación como método para lograrlo. Los legistas en cambio - y
fueron ellos quienes articularon el imperio Qin, propugnaban un funcionamiento
basado en leyes objetivas y públicas, que no dependiera de la virtud de los gobernantes
y que se basara en el temor a los castigos. Lo importante de los funcionarios no era que
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fueran virtuosos sino que supieran bien la ley y castigaran implacablemente a quienes
incumplieran sus preceptos.
Los confucianos, que ya en la dinastía Han fueron quienes escribieron la historia,
denigraron a los Qin por su uso abusivo de la ley. Sima Qian calificó el nuevo sistema
como uno de una dureza tenaz y una violencia profunda, con todos los asuntos
decididos según la ley, con castigos y opresiones sin ninguna bondad ni benevolencia.
Pero con el paso de los siglos, el conocimiento que se tiene del Primer Emperador y de
su breve dinastía es cada vez más matizado, alejándose de los durísimos clichés que los
confucianos le habían asignado: la comparación entre código de los Qin - recuperado
en una tumba - y el de sus sucesores los Han, muestra sin lugar a dudas que éstos
fueron más sus continuadores que sus destructores.
La fosa de los funcionarios
También en el recinto interior se encuentra la fosa de los funcionarios. Cuando
los encontraron habían caído todos de bruce y estaban en perfecta hilera con sus caras
hundidas en el fango. La fosa contiene 8 figuras de terracota de tamaño natural con las
manos dentro de las mangas, como si estuviesen esperando órdenes y un sombrero de
ala central plana que indica su rango. De su cintura penden los instrumentos de su
oficio: un cuchillo curvo afilado, para alisar las tabletas de bambú o madera en que
iban a escribir, y una piedra para afilarlo. En la tumba hay también cuatro grandes
hachas de bronce con mangos largos de madera, un distintivo que identificaba los
funcionarios de bajo rango encargados de los castigos. Cuatro conductores están
esperando sus órdenes para salir a aplicarlas. Cerca de ellos quedan las huellas de un
carro, hoy desparecido. En la misma fosa hay también los esqueletos de 20 caballos,
que fueron enterrados vivos: su misión parece haber sido conducir el carro.
Las fosas del recinto intermedio: la fosa de los acróbatas
La fosa se los acróbatas se encuentra en el espacio comprendido entre las dos
murallas del mausoleo. Se trata de una fosa de 700 m2, dividida en tres corredores: su
estructura es parecida, en más pequeña, a la de la fosa nº1. Pero las 11 figuras
encontradas en ella no guardan relación alguna con las de los guerreros de terracota.
Vestidas sólo con una falda corta, y desnudos de cintura para arriba, su musculatura y
sus gestos los han identificado como acróbatas, quizás realizando un ejercicio de artes
marciales como los que se describen en un manual de gimnasia y ejercicios de
respiración hallado en la tumba 3 de Mawangdui, del 168 aC, algo posterior por tanto a
la del primer emperador. A diferencia de los guerreros y de las restantes figuras que
aparecen en fosas adyacentes - funcionarios, mozos de cuadra - los acróbatas son las
únicas figuras del mausoleo que están en movimiento. Algunas tienen una altura
imponente: la más alta de ellas mide 2,2 m y no tiene cabeza: se calcula que si se le
añadiera mediría 2,5 m. Las figuras se encontraron en pésimo estado y han podido ser
reconstruidas sólo parcialmente.
La fosa de las armaduras
La fosa de las armaduras, situada también entre las dos murallas, fue sin duda un
descubrimiento desconcertante. En ella había miles de pequeñas placas de piedra
calcárea unidas de vez en cuando por cables de cobre corroído: eran los recambios para
las armaduras de los guerreros, los restos desordenados de 150 armaduras y de 50
cascos. Las piezas, todas pulidas y perforadas, eran de formas distintas para adoptarse
al casco, el pectoral, los hombros o la cadera: cada una de las armaduras consistía en
600 piezas Probablemente estaban montadas en maniquíes de madera pero no se ha
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encontrado ni rastro de ellos. Lo seguro es que son armaduras que nadie podía llevar:
su peso es tan grade, 18 kg cada armadura una vez montadas, que ninguna figura de
terracota podría aguantarlo, ni tampoco desde luego ningún soldado real, cuya
armadura estaba hecha de placas de cuero laqueado. Lo cierto es que tampoco nadie las
querría llevar: las finísimas placas de piedra caliza son totalmente quebradizas y no
resistirían ni un empujón. Algunas de las placas, de tamaño superior, eran piezas de
una armadura de caballo, algo absolutamente sorprendente ya que las armaduras de
caballo no se utilizaron en China hasta casi medio milenio más tarde.
El museo de los guerreros de terracota
Las fosas de los guerreros de terracota forman parte del Museo de Qin Shihuang,
establecido en 2009. El nuevo museo está dividido en dos partes diferenciadas: el
Museo de los Guerreros y Caballos Qin, y el recién construido Parque Lishan del
Mausoleo de Qin Shihuang. El nuevo complejo museístico está a 37 km al este de
Xi'an, una ciudad en cuya cercanía se ubicaron sucesivamente la capital de los Qin,
Xianyang, y posteriormente la de los Han y los Tang, Chang'an. Se puede llegar a la
zona de los museos con autobuses que salen tanto del centro de Xi'an como
directamente desde el aeropuerto o la estación central de tren.
Este museo ha evolucionado a partir del que antes era el pequeño museo de
Lintong, situado todavía en esta pequeña ciudad, que hoy queda a unos 5 km. del
museo de Qin Shihuang. Fue a este pequeño museo donde empezaron a confluir los
restos arqueológicos Qin que se iban desenterrando ya en los años 60. Fue por su
familiaridad con las piezas Qin que el que era su director en 1974 pudo identificar
inmediatamente los guerreros que unos campesinos de la zona estaban empezado a
desenterrar mientras excavaban un pozo. Hoy en día el museo de Lintong tiene 3 salas
de exposición, la segunda de las cuales está dividida en dos partes, una reservada a
objetos de la dinastía Zhou (1046-221 aC) y la otra a objetos Qin procedentes de la
antigua capital Qin, Xianyang, ubicada en las cercanías del actual Xi'an, e incluso
algunos de la zona del Mausoleo. La tercera sala alberga centenares de piezas de la
dinastía Tang (618-907) entre las que destacan importantes piezas budistas.
El Museo de los Guerreros y Caballos Qin proporciona acceso a las tres fosas
de guerreros mediante unos pasillos elevados construidos a su alrededor, permitiendo
una espléndida visión del conjunto. En salas adyacentes se encuentran múltiples piezas
arquitectónicas recuperadas, como tejas exquisitamente decoradas y fragmentos de las
tuberías que drenaban el conjunto. También allí se pueden admirar la campana de
bronce incrustada en oro hallada en la Sala de los Banquetes, y observar en detalle las
armas recuperadas de las grandes fosas de los guerreros. Este museo está a 1,5 km del
recién abierto Museo del parque y ambos están conectados por un autobús.
El parque Lishan del Mausoleo de Qin Shihuang se abral público en 2010.
Contiene el túmulo de la tumba del emperador y varios museos abiertos sobre las fosas
que se descubrieron después: la fosa de los carros de bronce, abundantemente
documentada; la fosa de las armaduras de piedra, con una armadura y un casco
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reconstruidos; la fosa de los acróbatas, con las figuras sostenidas por soportes de
madera; y la fosa de los funcionarios, donde también puede verse el mayor trípode de
bronce encontrado en toda la excavación, una pieza de 212 kg y 61 cm de altura. En los
tres últimos se pueden ver simultáneamente las piezas recuperadas y la excavación
arqueológica en curso. En la fosa de los funcionarios, Los restos de las dos murallas,
interior y exterior, están también señalizados, pero la excavación de la tumba imperial
que se encuentra bajo el túmulo no se pondrá en marcha hasta que los problemas
técnicos relacionados con la conservación de las piezas y del conjunto puedan
resolverse.
Bibliografía
CIARLA, Roberto (ed) (2005) The Eternal Army, the terracota soldiers of the First
Chinese Emperor, Vercelli, White Star Publishers
Es un libro tanto de arte - por sus espléndidas ilustraciones - como de
arqueología - por el detalle con que se comentan las piezas. Está muy al día
tanto de los últimos descubrimientos como de las dificultades con que tropieza
la restauración.
FOLCH, Dolors (1991) La fundació de l'imperi xinès, Barcelona, Empúries
Es la traducción de los dos principales capítulos de las Memorias Históricas de
Sima Qian dedicados a la dinastía Qin: el de Qin Shuhuang di y el de su primer
ministro, Li Si. El capítulo de Qin Shuhuang contiene la única información
disponible sobre la tumba del Primer Emperador.
LEDDEROSE, Lothar (2000) Ten Thousand things, Module and Mass Production in
Chinese Art, Princeton, Princeton University Press
Es un libro que analiza diferentes modelos de producción modular y en masa en
el arte chino. Además de la introducción, el capítulo 3 dedicado a "A Magic
Army for the emperor" contiene una análisis valioso sobre la forma en que se
fabricaron los guerreros y las consecuencias que pueden sacarse de ello
LYONS, Manuel (2010) National Geographic China's Ghost Army Terracotta Warriors,
https://www.youtube.com/watch?v=j-1IcaeuGnw
Este vídeo de You Tube tiene una gran solvencia académica y proporciona tanto
conocimientos generales sobre las fosas de los guerreros y el mausoleo como
detalles muy interesantes relacionados con el problema de la restauración del
color de los guerreros de terracota
MAN, John (2008) The terracota army. China's first emperor and the birth of a nation,
Cambridge MA, Da Capo press
Éste es un libro de divulgación, bien escrito, ameno y muy bien informado. El
libro sigue la secuencia cronológica de los descubrimientos y se articula en
torno del viaje del autor proporcionando también con ello información sobre la
China contemporánea
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PALUDAN, Ann (2006) Chinese Sculpture. A great tradition, Chicago, Serindia
Publications
La autora es en este momento la principal figura académica sobre la escultura
china, algo muy poco estudiado de forma global hasta el presente. El segundo
capítulo, "Terracota armies and the world below ground", permite contrastar la
tumba del Primer Emperador con las de los emperadores Han que le sucedieron
PORTAL, Jane, (ed) The First Emperor. China's terracota army, London, The British
Museum Press
Es un libro publicado para acompañar la exposición sobre el Primer Emperador
que se hizo en el British Museum. El libro tiene excelentes ilustraciones y los
colaboradores de los distintos capítulos son figuras académicas de primera fila
como Michael Loewe y Jessica Rawson.
RAWSON, Jessica (2002) "The Power of Images: the model universe of the First
Emperor and its legacy", Historical Research, vo. 75, nº188, pp. 123-154
Este artículo, escrito por una de las mayores autoridades en historia antigua de
China, llama la atención sobre la función de las imágenes contenidas en las
tumbas y el poder real que se les atribuía en la civilización china
SAUNDERS et al. (2006) The Object in Context. Corssing Conservation Boundaries,
London, the International Institute for Conservation of Historical and Artistic Works
Dos capítulos de este libro son de especial interés: el de Sandra Bucher et al.
"Stone armour 2.200 years ago: eraly mass production methods in China", y el
de Catharina Blänsdorf et al. "A colourful world for the Emperor's soul: the
polychromy of the terracota sculptures at Qin Shuhuang's burial complex".
WU Yongqi et al. (2001) The Polychromy of Antique sculptures and the Terracota
Army of the First Chinese emperor, Arbeitshefte des Bayerischen Landesamtes für
Denkmalplege, Band 111
Éste es el libro principal para entender la problemática de la conservación de la
policramía en las estatuas de terracota. De especial interés es el capítulo de
Cristina Thieme "Paint layers and pigments on the Terracota Army: A
comparison with other cultures of antiquity".
Dolors Folch
National Geographic. Arqueología.
Barcelona, RBA, 2017
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The Polychromy of Antique sculptures and the Terracota Army of the First Chinese emperor, Arbeitshefte des Bayerischen Landesamtes für Denkmalplege
  • Wu Yongqi
WU Yongqi et al. (2001) The Polychromy of Antique sculptures and the Terracota Army of the First Chinese emperor, Arbeitshefte des Bayerischen Landesamtes für Denkmalplege, Band 111