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Urbanización y naturaleza en el delta

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Abstract

El presente artículo analiza en perspectiva histórica tres lapsos de la historia y transformación del delta del río Guayas, con el propósito de examinar las contradicciones e interdependencias entre su urbanismo y su contexto natural. El estudio se basa en la idea de que una lectura crítica de la transformación urbano-ecológica del territorio en perspectiva histórica, puede aportar un entendimiento de la ‘urbanización de la naturaleza’ al considerar no solo la ciudad sino otros sitios y ecologías vinculadas a ella, las luchas políticas que les dan forma, y el desarrollo desigual. El estudio trae a la discusión temas clave sobre el urbanismo de Guayaquil y su interacción con el complejo hidrográfico del río Guayas: la ecología de los asentamientos precolombinos, la interdependencia moderna entre la transformación urbana y las conquistas ecológicas en el territorio, y el efecto de la expansión neoliberal en producción de la naturaleza.
Urbanización y naturaleza en el delta. 3 episodios críticos de la transformación del delta del río Guayas (Ecuador)
Nelson Carofilis Cedeño
estudios del hábitat
| Vol. 16 (2) e044 DICIEMBRE 2018| ISSN 2422-6483
ur
l: https://revistas.unlp.edu.ar/habitat | FACULTAD DE ARQUITECTURA
Y URBANISMO. UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
Urbanización y naturaleza en el delta1. 3 episodios críticos
de la transformación del delta del río Guayas (Ecuador)
Urbanization and nature in the delta. 3 critical episodes of the
transformation of the Guayas river delta (Ecuador)
Nelson Carofilis Cedeño *
Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Universidad de Guayaquil, Ecuador
nelson.carofilisc@ug.edu.ec
nelson.carofilis@gmail.com
Fecha de envío: 07/09/2017| Fecha de aceptación: 01/11/2018 | Fecha de publicación: DICIEMBRE 2018
Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución- NoComercial
- CompartirIgual 4.0 Internacional.
1. Una versión preliminar del artículo fue publicada en las Actas de las 1as. Jornadas Científicas “Ríos urbanos: nuevas perspecti-
vas para el estudio, diseño y gestión de los territorios fluviales”. Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de La
Plata / Instituto de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de San Martín, 2 y 3 de noviembre de 2017. ISSN-e 2618-1975.
* Nelson Carofilis estudió arquitectura, diseño y planificación urbana en la Universidad de Cuenca (Ecuador) y obtuvo su Maestría
en Asentamientos Humanos en la Universidad de Leuven (Bélgica). En Ecuador, ha estado involucrado en proyectos de colabo-
ración inter-universitaria apoyados por el VLIR-UOS, vinculando a las universidades de Guayaquil y Cuenca con la KU Leuven.
Actualmente, se desempeña como docente, investigador independiente y contribuye al desarrollo del currículum de la Facultad
de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Guayaquil.
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estudios del hábitat
| Vol. 16 (2) e044 | Diciembre 2018 ISSN 2422-6483
Resumen
El presente artículo analiza en perspectiva histórica tres lapsos de la historia y transformación del
delta del río Guayas, con el propósito de examinar las contradicciones e interdependencias entre
su urbanismo y su ecología. El estudio se basa en la idea de que una lectura de la transformación
urbano-ecológica del territorio en perspectiva histórica, puede aportar un entendimiento de la ‘ur-
banización de la naturaleza’ al considerar no solo la ciudad sino otros sitios y ecologías vinculadas
a ella, las luchas políticas que les dan forma, y el desarrollo desigual. El estudio trae a la discusión
temas clave sobre el urbanismo de Guayaquil y su interacción con el complejo hidrográfico en la
cuenca del río Guayas: la ecología de los asentamientos precolombinos, la interdependencia mo-
derna entre la transformación urbana y el territorio del delta, y el efecto de la expansión neoliberal
en producción de la naturaleza.
Palabras clave: Urbanismo; Ecologías; Naturaleza; Transformación; Neoliberalismo
Abstract
The present article analyses in historical perspective, three lapses of the transformation of the Gua-
yas river delta in order to examine the contradictions and interdependencies between its urbanism
and ecology. The study is premised on the idea that a reading of urban-ecological transformation of
the territory can from historical perspective support an understanding of ‘urbanization of nature’ by
considering not only the city but other sites and ecologies linked to it, the political struggles that sha-
pe them and their uneven development. The study discusses key themes on Guayaquil’s urbanism
in its interaction with the hydrographical context of the Guayas river: the ecology of pre-columbian
settlement, the modern interdependency of urban transformation and the deltaic territory and the
effect of neoliberal expansion over the production of nature.
Indigenous settlement; Urbanism; Nature; Transformation; Neoliberalism
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Introducción
Asentada en las riveras del río Guayas, Guaya-
quil es la ciudad de mayor tamaño del Ecuador.
Se ubica en la zona intermareal donde la par-
te baja de la cuenca hidrográfica del Río Gua-
yas se extiende hacia el complejo estuario del
mismo nombre. Ambos (cuenca hidrográfica y
estero) componentes del delta del Río Guayas
son los sistemas más ricos en recursos hídricos
y marino costeros del pacífico sur. En los últi-
mos 200 años, Guayaquil experimentó un cre-
cimiento más rápido que el de otras ciudades
del Ecuador. Sobre todo en la segunda parte
del siglo XX Guayaquil se expandió sobre diver-
sos tipos de zonas (predominantemente bajas)
susceptibles a inundaciones, mediante rellenos
y el desarrollo incremental de infraestructura y
vivienda. Por la influencia salina de su entorno
y la dificultad para hallar fuentes durables de
agua dulce de calidad, Guayaquil viene con-
frontando problemas de larga duración para el
abastecimiento, tratamiento y distribución de
agua potable, pero también para el tratamiento
de las aguas servidas, y el drenaje originados
en diversas circunstancias que además impi-
dieron una mejor adaptación de la urbaniza-
ción a los procesos naturales y climáticos de su
contexto geográfico. A la luz de los pronósticos
regionales de cambio climático actuales y las
limitaciones para el manejo integrado del agua,
Guayaquil se ubica entre las ciudades más
amenazadas por inundaciones destructivas.
Estudios recientes sobre las posibles pérdidas
económicas por inundaciones, han expuesto
una contundente necesidad de implementar
medidas de adaptación en Guayaquil (Hallega-
te et al. 2013). A su vez, la adaptación ha abierto
una serie de cuestionamientos sobre las ma-
neras en que será preciso concebir y guiar el
crecimiento de la ciudad en mayor armonía con
los procesos naturales del delta. Hoy, esta pre-
gunta encuentra escasa reflexión en estudios
académicos locales vinculados a la planifica-
ción urbana, e incluso en estudios históricos; y
parece tener resonancia solo en aproximacio-
nes desde la ingeniería.
El presente trabajo sobre la historia de la trans-
formación de Guayaquil y su territorio busca
profundizar aquellos conocimientos que nos
permitirían examinar las contradicciones, in-
terdependencias y posibles adaptaciones en-
tre su urbanismo y su realidad geográfica. La
perspectiva histórica que adopta el artículo se
basa en varias ideas halladas bajo las rúbri-
cas de ‘ecologías del urbanismo’ y ‘urbanismo
ecológico’ representativas de una variedad de
posiciones y enfoques emergentes tanto en las
ciencias sociales como en las disciplinas vincu-
ladas al diseño y la planificación de ciudades.
Aunque los discursos urbano ambientales que
se articulan bajo estas rúbricas - con raíces en
diversos campos y disciplinas -, no están libres
de tensiones (Gandy, 2013:4), los enfoques his-
tóricos que emplean algunos proponentes en
su análisis urbano-ecológico resultan claves
para entender preguntas sobre lo que constitu-
ye lo ‘urbano’ en relación a concepciones cam-
biantes sobre el ‘ambiente’ a lo largo del tiempo
(Rademacher & Sivaramakrishnan 2013). La
perspectiva histórica opera como generadora
de narrativas que distinguen y confrontan ideas
entorno a la “urbanización de la naturaleza”
2
(Bruce, 2003:). Este artículo se basa en la idea
de que el estudio de la transformación ecológi-
ca del territorio en perspectiva histórica, puede
aportar un entendimiento de la ‘urbanización
de la naturaleza’ al considerar no solo la ciudad
sino otros sitios y ecologías vinculadas a ella,
las luchas políticas que les dan forma, y el de-
sarrollo desigual. Tomando prestado de la au-
tora Anne Whiston Spirn el concepto de ‘estruc-
tura profunda’ de la ciudad, el artículo asigna a
los enfoques históricos un papel importante en
ayudar a esclarecer las escalas temporales y
espaciales de la transformación de los lugares
en el tiempo, con sus ritmos geológicos, hidro-
lógicos y climáticos del paisaje (Spirn 2014).
Desde esta perspectiva, se examinan tres epi-
sodios de la historia (la transformación) del del-
ta para articular varios elementos en una lec-
tura más integrada y crítica sobre las historia
de las relaciones entre Guayaquil y su territorio,
2. Traducción del inglés de la expresión urbanization of
nature, y también referida como urban nature por los
autores Anne Rademacher, Sivaramakrishnan y Bruce
Braun.
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buscando hilar mejor las rupturas y posibles
adaptaciones entre su urbanismo y ecología.
Los asentamientos y hábitats elevados de la
cuenca del Río Guayas
Hasta la década de los 70, uno de los grandes
vacíos en la historia de la cuenca del río Gua-
yas tiene que ver con la existencia de un vasto
número de montículos artificiales extensamen-
te distribuidos, cuyos orígenes se remontan a
varios milenios atrás. Si bien, numerosos his-
toriadores y arqueólogos trataron el tema a lo
largo del siglo XX, sus teorías sobre la función
de los montículos no lograron todavía arribar a
síntesis satisfactorias, dando paso a interpre-
taciones erróneas sobre los (miles) de montí-
culos - encontrados además en otras regiones
del Ecuador (Guillaume-Gentil, 2013:543). A
mediados de los 60, la llegada de arqueólogos
extranjeros y de ciertos debates críticos resul-
tó en nuevas investigaciones sobre la natura-
leza de estas obras, cuyos hallazgos hasta la
actualidad replantean radicalmente los viejos
supuestos y son la base para nuevas interpre-
taciones sobre los patrones de asentamiento
y las estructuras de hábitat de la era prehispá-
nica. En esta sección se ponen en perspectiva
varios hallazgos pioneros y recientes que apor-
tan elementos para reconstruir una nueva inter-
pretación y valiosas lecciones sobre la manera
en que las “tolas” permitieron a los antiguos
pobladores del delta convivir con difíciles con-
diciones naturales.
Sobrevolando cerca de Guayaquil en 1965 el
geógrafo James Parsons observaba lo que pa-
recían ser antiguas estructuras precolombinas
en las tierras bajas e inundables del río Babaho-
yo. Varios patrones de largos montículos y pla-
taformas predominaban desde la altura, simi-
lares a los que había estudiado y mapeado en
Colombia. El descubrimiento de los montículos
- que llamó ‘campos estriados’
3
- sintéticamente
elaborado y publicado en 1969
4
arrojó luz sobre
la manera en que el asentamiento en las zonas
3. Traducción al español del inglés
ridged fields
.
4. El artículo fue publicado en 1969 en la revista
Ameri-
can Antiquity
, Vol. 34
inundables (próximas a Guayaquil) durante la
úfase arqueológica prehispánica (período de
Integración, 500 - 1470 a.p.). Los campos estria-
dos resultan de una antigua tecnología indíge-
na desarrollada en varios países del continente.
Construidos mediante labores manuales, per-
mitieron un manejo integrado de varios siste-
mas agrícolas - y marino-pesqueros en el caso
del delta del Guayas - además de la habitación
en zonas inundables tanto en los Andes como
en franjas costeras, subtropicales y amazóni-
cas. Se trata de montículos de tierra intercala-
dos con surcos de donde proviene el material
para la construcción y mantenimiento de los
montículos. Su diseño hace posible drenar el
exceso de agua e irrigar grandes extensiones
además enriqueciendo el suelo, y posibilitando
la creación de hábitats propicios para peces y
aves, e influenciando positivamente las condi-
ciones agro-climatológicas (Herrera, 2011:183).
En las cercanías de Guayaquil, Durán y Daule,
Parsons identificó al menos 1620 hectáreas de
campos elevados cuya mayor parte estaba to-
davía cubierta de grandes masas de bosque
secundario. Parsons acertó una gran ventaja
de los campos elevados en la parte baja de la
cuenca del Guayas: su interacción con las co-
rrientes oceánicas, mediada por el estero y su
red fluvial. Varios de sus sitios de estudio esta-
ban surcados por esteros menores pero aun
suficientes para dar soporte a la hipótesis de
que la dieta de los indígenas estaba fuertemen-
te suplementada con proteínas provenientes de
los mariscos. Además observó que los campos
estriados ocurren en yuxtaposición con otro
tipo de sitios elevados o plataformas (Parsons,
1969:5; Guillaume-Gentil, 2013:543) que atribu-
yó a la vivienda, motivos ceremoniales y otras
funciones incluidos los entierros. Esta distin-
ción y la variada diversidad de camellones, pla-
taformas o “tolas”
5
ha sido motivo de diversas
hipótesis desarrolladas durante el siglo XX por
investigadores locales y extranjeros, pero revi-
sadas más exhaustivamente por el arqueólo-
go y etnohistoriador Nicolás Guillaume-Gentil
5. Las tolas es el nombre con el que se conoce a los
montículos o plataformas encontrados en diversas re-
giones del Ecuador y se distinguen de otros como “ca-
mellones” utilizados para designar los montículos de los
campos elevados.
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(1993-2013) que extiende la indagación iniciada
por autores como Parsons hacia la historia ma-
terial y cultural, la funcionalidad y espacialidad
de las tolas. Distinguiéndolas claramente de
los sistemas agrícolas, como aquellos montí-
culos deliberadamente construidos para crear
en ellos vivienda, espacios públicos, privados,
templos y otras finalidades, las tolas investiga-
das en un área de 500 km2 de la cuenca alta
del Río Guayas por Guillaume-Gentil, muestran
un patrones y esquemas de organización espa-
cial propios que varían en sus escalas tempo-
rales y espaciales. La síntesis de sus estudios
prolongados por dos décadas describe la tran-
sición de varios ‘modelos’ o patrones de asen-
tamientos desde los establecidos sobre terra-
zas naturalmente elevadas en las cercanías de
cursos de agua, hacia los asentamientos en
tolas localizadas sobre zonas que drenan más
rápidamente, para después experimentar su-
cesivas variaciones en respuesta a nuevas ne-
cesidades cambiantes, desde unos 1600/1400
años antes de nuestra era, hasta después del
siglo XIII (Guillaume-Gentil, 2013:543). Los mo-
delos de asentamiento investigados incluyen
pueblos enteros, centros artesanales, residen-
cias de caciques, familias extendidas, con fun-
ciones políticas y ceremoniales. Sus épocas
de aparición nos permitirían pensar sobre los
cambios paralelos que las sociedades antiguas
experimentaron desde la ocupación por grupos
más o menos sedentarios, pasando por los cla-
nes o tribus, hasta la formación de los señoríos
o cacicazgos acompañados por el desarrollo
de conocimientos más avanzados sobre agri-
cultura y otras artes. Esto significa cronológi-
camente unos cinco mil años de historia de la
ocupación del territorio.
La extensión sobre la cual se estima que existen
campos elevados en la cuenca del río Guayas,
equivalente a 500.000 hectáreas, sería en tér-
minos muy generales unas diez veces la exten-
sión actual de la ciudad de Guayaquil (Delgado,
2002, citado por Herrera), los sistemas yuxta-
puestos de tolas y campos estriados sugieren
una doble característica de las estructuras de
hábitat de los grupos que habitaron el territorio
del delta en la era precolombina: estas tenían
la capacidad alimentar y acomodar una gran
cantidad de personas con relativa seguridad a
pesar de los excesos estacionales de agua; y
por su monumentalidad física, necesitarían de
una gran cantidad de personas para ser cons-
truidas (Parsons 1969:5; Herrera, 2011:183).
Las extraordinarias capacidades de los montí-
culos artificiales de la cuenca del Río Guayas
no forman parte de las literaturas arqueológi-
cas o geográficas locales y han salido a la luz
sólo en las últimas décadas, como comenta
Guillaume-Gentil: “un consenso reinaba en el
seno de los arqueólogos en cuanto a la función
[funeraria] de las tolas de la cuenca alta del
Guayas”. Algunas razones para esta interpre-
tación han sido aclaradas en relación con las
limitaciones materiales e intelectuales de las
investigaciones arqueológicas del último siglo
en el país. No obstante parece no haber una
explicación más específica sobre la pérdida del
rastro de los montículos artificiales. Algunos de
las primeros registros (mapas) de la república
como el de Teodoro Wolf (1872-1892), o las des-
cripciones de cronistas como el jesuita alemán
Joseph Kolberg (1870) concuerdan en describir
a las zonas húmedas de la cuenca del Guayas
a partir de densas y enmarañadas franjas de
selvas ‘incultas’
6
(Hidalgo, 1998:108). El traba-
jo de la historiadora María Luisa Laviana que
hace foco en el siglo XIX, es revelador acerca
de la importancia de la explotación forestal en
tiempos en que Guayaquil se destacaba como
astillero de la región del Pacífico, y se proyec-
taba hacia el futuro como tal. Estudios como
este dan cuenta de la abundancia de maderas
finas en la región característica de las centurias
anteriores, pero no hacen mención alguna so-
bre los campos estriados, montículos o tolas en
relación a las transformaciones de los recursos
naturales de Guayaquil (Laviana, 2002:428). Los
montículos o los campos elevados están prác-
ticamente ausentes de la historia republicana y
moderna de la cuenca del Guayas.
El resurgir de estos conocimientos en las úl-
timas décadas tampoco recibió mayor aten-
ción. En la década de los 80 colaboradores de
la Escuela Politécnica del Litoral construyeron
6. En varios mapas históricos encontrados durante la
presente investigación aparece reiteradamente el rótulo
de “selvas incultas y hasta hoy poco conocidas”
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campos estriados experimentales y demos-
traron que la productividad de los campos es-
triados puede ser alentadora. Podrían ser una
estrategia para reducir considerablemente las
pérdidas que ocasionan los eventos climáticos
extremos en la región, pero no ha existido el
apoyo necesario para incentivar la aplicación
de su tecnología (Herrera, 2011:183)
7
.
A pesar de considerarse como uno de los com-
plejos agro-económicos más importantes del
continente, el arrasamiento de los campos es-
triados - y aquí tendríamos que agregar de las
tolas - por la introducción de modelos moder-
nos de agricultura y pastoreo extensivos (siglo
XIX), el cultivo mecanizado de arroz (siglo XX),
la falta de un verdadero reconocimiento y los
procesos de urbanización constituyen una
profunda contradicción entre las formas con-
temporáneas de ocupación del territorio y sus
proceso naturales. En esta ruptura se originan
graves problemas de sedimentación que hoy
tienen sus ríos y que afectará cada vez más a
sus ciudades y asentamientos.
Los montículos artificiales - comentados usual-
mente en estudios sobre paisaje como la obra
de gentes social y políticamente sofisticadas -
podrían ser re-pensados más críticamente un
desarrollo invisibilizado. La antigua geografía
de la región que ahora se muestra como va-
cía de producción cultural o requiriendo ser
cultivada (selvas incultas), contrasta frente a la
abundancia de formas de conocimientos de-
sarrollados y aplicados durante miles de años.
Definitivamente, son la obra de observadores
de un mundo cuyo aprendizaje resultó en una
sensibilidad que excede a la que nuestras he-
rramientas nos han llevado a imaginar en el si-
glo XX.
La re-ocupación del complejo ecológico
de la costa y el estero Salado de Guayaquil
(1820-1940)
Casi un siglo y medio antes del descubrimien-
to de Parsons la naturaleza de la costa, repre-
7. El proyecto demostró rendimientos de hasta 12tn./ha
de yuca y 5.7tn./ha de maíz al año
sentada en mapas como ’selvas incultas’ sería
intensamente explotada en íntima vinculación
con la reorganización urbanística de Guayaquil
como puerto agro-exportador durante el apo-
geo del monocultivo cacaotero. Esta sección
examina la transformación ocurrida durante
la época que va desde 1820 hasta 1940 para
entender la interdependencia de ambos pro-
cesos de producción del espacio urbano y de
domesticación o conquista ecológica de la na-
turaleza (en última instancia la ‘urbanización de
la naturaleza’). Se incluyen sitios de la cuenca
(fuera de Guayaquil) para ampliar una visón de
las transformaciones ecológicas ocurridas en
una escala mayor, con impactos en los ecosis-
temas. Las fuentes revisadas incluyen estudios
de economía política y ecología política urbana
puestos de la mano con registros fotográficos y
mapas de la cuenca hidrográfica encontrados
en el Archivo Histórico del Guayas.
Con estas palabras, el historiador Guayaquile-
ño Julio Estrada describió en 1996 la posición
que disfrutaría Guayaquil en sus primeros tres
siglos y medio desde su fundación:
“Privilegio es de Guayaquil aquel
de tener un amplio y caudaloso
río al frente, y limpio y hondo bra-
zo de mar a sus espaldas. Porque
del Guayas se nutrió como puerto,
como astillero, como puerta de un
rico territorio; porque del Salado
aprovecha ahora para su comer-
cio de ultramar y para gozar de
refrescantes brisas y amplios ho-
rizontes”
En el siglo XIX la pequeña ciudad de Guayaquil
se ubicaba entre las orillas del río Guayas de las
del estero Salado, mediados por una ‘gran sa-
bana’, pantanos, salitres y manglares. A raíz del
boom cacaotero y su posterior crisis, entre 1820
y 1940 la urbanización empieza a extenderse
sobre estos espacios adyacentes. En la región,
extensas zonas de ‘selvas’ son taladas para
convertirse en plantaciones (monocultivos) de
cacao y la madera usada para la exportación
y el astillero. El boom cacaotero fue acompa-
ñado por la revolución liberal de 1895, que lle-
vó a la burguesía agro-exportadora costeña a
(Figura 1. Acuarela que r
modelo regular de asent
su fase de apogeo. Fuent
Rostain)
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desafiar a la hegemonía aristocrática de Quito,
logrando un mayor acceso al control del esta-
do y un poderío económico nunca antes visto
(Ref). Ya desde 1890, el cacao constituía casi la
totalidad de las exportaciones, así cuatro dé-
cadas más tarde, los monocultivos atrajeron
enfermedades tropicales del cacao
8
la pérdida
de las plantaciones cacaoteras sumió al país
entero en una crisis. El trabajo del geógrafo
Erik Swyngedouw es un material ejemplar para
entender una parte de este periodo en que la
ciudad se consolidó como el nexo entre el co-
mercio global y la producción y captura de ren-
tas en lo local, emergiendo como metrópolis y
experimentando complejos cambios en rela-
ción con el agua y los ríos de su región.
En Guayaquil, el capital resultante de la
agro-exportación hizo posible el control y la
domesticación del agua para sostener e impul-
sar el proceso de urbanización. No obstante
en un contexto geográfico con difícil acceso a
fuentes confiables de agua dulce esta domes-
ticación no llega a ser completa, y tiene mati-
ces particulares que marcaron características
esencialmente urbanas de Guayaquil desde
entonces hasta la actualidad. Swyngedouw
acierta que “la transformación de la naturaleza
por medio de la urbanización está embebida
de relaciones de poder. En ciudades con con-
diciones problemáticas de provisión de agua,
los mecanismos de exclusión de y acceso al
agua dejan estas relaciones al descubierto”
(Swyngedouw, 1995:22). Para entender estos
mecanismos en Guayaquil debe repararse en
la interacción de varios componentes. Primero,
los proyectos para el manejo del agua (infraes-
tructura) fueron antes que nada dependientes
de la renta generada del cacao, lo que requiere
de la captura de rentas logradas mediante la
creación de impuestos (leyes) a los exportado-
res. La distribución del agua (acceso), en cam-
bio, está ligada a la ‘geografía social de la ciu-
dad’. El poder social de los grupos dominantes
requiere que las obras municipales para exten-
sión y mejora de servicios genere captura de
rentas y revalorice ciertas propiedades priva-
8. la Escoba de Bruja y la Monilla son los nombres de las
dos enfermedades que afectaron al cacao en la costa
ecuatoriana a inicios del siglo XX.
das (Swyngedouw, 1995:22; Villavicencio & Ro-
jas, 1988:254). En adición, el crecimiento pobla-
cional de Guayaquil superaría constantemente
la capacidad de producción de agua por lo
que su comercialización con fines lucrativos se
mantendría como un suplemento. Ello conlleva
a que una nueva burguesía comerciante entre
a ejercer un rol importante en facilitar el acce-
so al agua. Un cuarto elemento concatenado
es la cualidad del espacio acuático como bien
público y natural asociado a los balnearios que
desaparecería después de los años de la crisis
y durante el resto del siglo XX (Estrada, 1996: ).
Al experimentar dificultades económicas para
expandir y mantener los sistemas de agua en
la época de crisis (sin rentas del cacao) Gua-
yaquil se convierte en una ‘ciudad con sed’ y
mientras que las haciendas que circundan la
ciudad empiezan a poblarse con migrantes ru-
rales las plantaciones cacaoteras que quedan
en abandono. Los migrantes irían en muchos
casos, de una hacienda a otra.
Las grandes haciendas en el campo y la ciu-
dad
Las grandes haciendas de la costa se con-
centraban en pocas manos, obligando a los
hacendados a contratar abundante mano de
obra para producir cacao e implementar cam-
pamentos para albergar a los trabajadores. La
demanda de trabajo asalariado y la promesa
de dignidad e independencia del nuevo orden
burgués de la costa atrajo una gran cantidad de
población de la sierra, cuyo sistema de produc-
ción tradicional estaba en crisis. Las propieda-
des cacaoteras tenían cientos de hectáreas de
extensión y una naturaleza tropical nada me-
nos que indómita, haciendo del trabajo de los
campesinos en las plantaciones una actividad
dramática. A inicios del siglo XX, algunas pro-
piedades ya tenían una proporción conside-
rable de su superficie plantada con cacao
9
y
disfrutaron de la proximidad de los abundantes
ríos de la región. La gran resistencia del cacao
al agua, hizo que las fuertes precipitaciones
9. Basado en la revisión de varios planos de las antiguas
haciendas cacaoteras disponibles en el Archivo Históri-
co del Guayas.
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no representaran un problema para el cultivo
y evitaron la necesidad de crear sistemas arti-
ficiales de riego
10
. Siendo los ríos la vía de co-
municación principal entre las haciendas y el
puerto de Guayaquil, el cacao apetecido por
los importadores, aquel de las tierras “aguas
arriba” del puerto, ganó la denominación que
lo caracteriza hasta hoy: “cacao arriba”.
Al entrar en crisis el cacao, miles de trabaja-
dores asalariados perdieron sus empleos y se
volcaron con sus ahorros hacia la florecien-
te metrópoli buscando oportunidades pero
también los beneficios que trajo la revolución
liberal, como las nuevas medidas políticas y
sociales en torno a la educación, o la benefi-
cencia. Lamentablemente Guayaquil carecía
de una oferta formal de vivienda y servicios
básicos para ellos; y sentía los efectos de la
inestabilidad por la crisis del cacao (Villavi-
cencio & Rojas, 1988:254). Entre 1880 y 1940
una gran franja de terrenos adquiridos por la
Municipalidad absorbieron el crecimiento de
la ciudad durante el boom del cacao como
durante su crisis e incluso décadas después.
Hasta el siglo XIX la ciudad estaba rodeada
por 5 grandes haciendas (Villavicencio y Rojas
1988:254). Al oeste de la ciudad el municipio
compró poco a poco varias propiedades que
mediaban entre la ciudad y el estero Salado
con el objetivo de vender o alquilar terrenos a
los migrantes, pero limitándose a comprar te-
rrenos de menor calidad en cursos de agua y
pantanos. El sitio se conoció como “la sabana
municipal”. La expansión espacial de la ciudad
y su control estaban entonces determinados
principalmente por la capacidad del municipio
de adquirir y ofertar tierras, y por la demanda
o existencia de nuevos residentes e inmigran-
tes. El éxito cacao y el proyecto de provisión de
agua, incidieron en el cambio de propietarios
de las tierras de la sabana municipal. Por una
parte Guayaquil se volvía un centro mercantil
y rentero importante que motivó la compra y
venta de algunas haciendas con fines especu-
lativos. Por otra, el Banco de Crédito Hipote-
cario adquirió una gran extensión de terrenos
10. Información obtenida mediante trabajo de campo
diálogos con productores que trabajaron en huertas ca-
caoteras de la provincia de Los Ríos.
pantanosos de la sabana, estimados entonces
como de poco valor. Cuando se propuso la
realización del primer proyecto de agua pota-
ble de la ciudad, el Banco aceptó financiarlo
a condición de que el Municipio compre los
terrenos. La venta se dio en 1878 de una su-
perficie era varias veces la de Guayaquil (Villa-
vicencio & Rojas; 1988:254). Entre las décadas
de 1930 y 1940, en que miles de campesinos
de las haciendas cacaoteras llegaron a la ciu-
dad, se dieron dos grandes transformaciones
en las modalidades de ocupación. En el cen-
tro, la burguesía buscaba apuntalar su inesta-
ble situación económica poniendo en alquiler
sus casas convenientemente subdivididas
para acoger a numerosas familias campesi-
nas e iniciando así los primeros ‘conventillos’
o ‘tugurios’. Las familias que no tuvieron esta
posibilidad, se instalaron en las tierras públi-
cas de la sabana municipal, particularmen-
te en las áreas de manglares. Guayaquil con
una población inferior a los 50.000 habitantes
hasta 1850, tenía 200.000 habitantes en 1944
y se enfrentaba a una creciente brecha entre
la demanda de servicios básicos y la oferta. El
sistema de agua potable que en entre 1928-
1932 se había expandido para cubrir el centro,
era insuficiente y seguiría estando siempre por
debajo de la demanda en Guayaquil (Swyn-
gedouw, 1995:22). En tales circunstancias, el
patrón de ocupación de la gran sabana estuvo
definido por la provisión selectiva de obras pú-
blicas y particularmente las relativas al agua,
en torno a ciertos espacios con el propósito
discrecional de revalorizar propiedades priva-
das (Villavicencio & Rojas, 1988:254). La ave-
nida 9 de Octubre, el eje central de la ciudad
que atravesaba perpendicularmente desde el
río Guayas hasta el estero Salado entonces
es uno de los principales espacios donde se
levantan los antiguos y nuevos símbolos del
poder financiero, rentero y mercantil, pero
también villas, hoteles, colegios, etc. A sus es-
paldas barrios populares, algunos formados
por asentamientos en las riveras, tuvieron que
luchar por largos periodos para tener acceso
a los servicios básicos y acceder al agua por
intermediación de comerciantes particulares.
Estas pautas del desarrollo espacial caracteri-
zaron al modo de asentamiento Guayaquileño
por décadas.
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Las dos orillas
A partir de la independencia (1830), la orilla ur-
bana del río Guayas (2.5 km aproximadamente,
lo que hoy se conoce como el Malecón) acogió
nuevas actividades además del puerto y los tra-
dicionales baños curativos
11
que la habían hecho
famosa. Balseros, balsas-vivienda, intercambio
de productos, y casetas de baño se incorpora-
ron de manera más o menos permanente a las
orillas y por lo tanto a la cara de la ciudad. Para
1840, sin servicios sanitarios, las orillas habían
perdido su encanto natural y cualidad de bal-
neario curativo. En el mismo año una trocha de
camino fue abierta extendiendo la calle 9 de Oc-
tubre (eje principal del centro de la ciudad) hasta
la orilla del estero Salado. En la otra orilla pobla-
da de frondosos manglares que por trescientos
años no se habían considerado seriamente, se
retiró un grupo de árboles para rellenar con cas-
cajo una pequeña playa de lodo. Según el relato
del historiador Julio Estrada, gracias al relleno,
los Guayaquileños pudieron tener nuevamente
un balneario, ya no clásico o curativo, sino de
descanso y esparcimiento. Los Baños del Estero
Salado se mantuvieron como espacio impor-
tante en la vida social de Guayaquil durante un
siglo. Serían clausurados en los años 60 cuando
las orillas del estero fueron completamente ocu-
padas por asentamientos populares sin servi-
cios básicos, repitiendo una historia algo similar
a la de las orillas del río Guayas.
La orilla urbana del río Guayas no tendría agua
potable por red hasta después de 1893 cuan-
do se implementó el primer proyecto público
de agua. Paulatinamente y mediante ordenan-
zas municipales, el cabildo consiguió remover
a todos los balseros, lográndolo por el año de
1910 (Estrada 1996:445). Reformar la orilla del
río Guayas fue entonces un anhelado proyecto
que se persiguió con afán y se consiguió en los
años 1930 con el denominado “muro del male-
cón”. El proyecto ganó 60 metros sobre la orilla
para crear un boulevard, sepultando una buena
parte de la playa que por cuatro siglos fue la
puerta de entrada a la ciudad.
11. En las crónicas recogidas por J. Estrada, las propie-
dades medicinales de los baños en las aguas del río se
atribuían al crecimiento abundante de la zarzaparrilla.
El déficit de agua ha ido agravándose a me-
dida que Guayaquil se convirtió en la ciudad
más poblada del país. A finales de los 80 llegó
a afectar al 50% de la población total de Gua-
yaquil. Hasta hoy el agua de Guayaquil es de
calidad deficiente y obliga a toda la población
a hervir el agua utilizando para esto gas licua-
do de petróleo de uso doméstico, o como al-
ternativa a comprar agua en bidones y una
variedad de otros métodos. Las poblaciones
más desatendidas de numerosas cooperativas
de vivienda todavía acceden al agua mediante
tanqueros. Ya en los años 90 el agua de tan-
queros era 400 veces más cara que el agua
potable provista por el servicio municipal (Swy-
ngedouw, 1995:22). Guayaquil presenta serias
deficiencias en su infraestructura para manejo
pluvial y sanitario, y se estima que más de la
mitad de las aguas negras de la ciudad se de-
vuelven al río Guayas sin tratamiento (Buldeo
Rai et al. 2016:357).
Una nueva conquista ecológica: los frentes
marinos
En la década de los noventa, dos fenómenos
globales se pusieron de manifiesto en el Ecua-
dor. Por un lado, el estado Ecuatoriano experi-
mentó reformas estructurales influenciadas
por la expansión del neoliberalismo, cambian-
do el papel del estado en el desarrollo con
dramáticos efectos para la población. Por otro,
hacia el final de la década de los 80 y en los
90 llegó a su máxima expansión la industria
camaronera global (principalmente en Asia,
Latinoamérica y El Caribe). En consecuencia, el
‘urbanismo neoliberal’ trastocó el paisaje urba-
no de Guayaquil al tiempo que el monocultivo
del camarón vio su mayor expansión y crisis
luego del fenómeno del Niño entre los años de
1997 y 2005. Esta sección examina las principa-
les transformaciones que sufrieron los frentes
marinos y bosques de manglar en el complejo
estuario del Río Guayas desde finales de los 90
hasta los años recientes y sus efectos sociales
y ambientales relacionados.
Como resultado de la implementación del mo-
delo de reajuste económico especialmente en
los gobiernos de 1992 y 1996 el Ecuador abrió
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las puertas para que los banqueros y la em-
presa privada ejerzan un papel de implemen-
tador gozando de mayores libertades financie-
ras. En el contexto de la ciudad, el urbanismo
asume cambios que básicamente difieren de
sus versiones anteriores en la desatención de
la calidad de vida (infraestructura de servicios
básicos, vivienda, salud, etc.), para pasar a un
modelo cuya administración está en manos
de empresas y fundaciones de derecho priva-
do y cuya intervención se basa en proyectos
puntuales (Allán, 2011:35). Desde 1998 Gua-
yaquil verá llegar por dos décadas una serie
de intervenciones sobre los frentes marinos y
otros espacios ‘emblemáticos’
12
de la ciudad
bajo la denominada “regeneración urbana”
(municipal) y la llegada de los mega proyectos
ecológicos (estatales). En ambos niveles el mo-
delo de intervención asigna un prominene rol
a organizaciones con características empre-
sariales (asociaciones público-privadas) que
ejecutan proyectos. El resultado de ambos ti-
pos de proyecto urbano es una nueva forma de
producción del espacio natural y público cuyo
principal efecto será la exclusión social y esta
íntimamente vinculado a la renovación de las
riveras (Allán, 2011:35; Carofilis, Peek & D’Auria,
2018:19). El estudio de estas intervenciones,
revela motivaciones ideológicas y políticas, en
reacción a la salida del movimiento populista
del cabildo de Guayaquil, por parte de las éli-
tes de derecha a finales de los años 80. En su
estudio sobre el surgimiento de la biopolítica y
la anatomopolítica en Guayaquil el sociólogo
Henrry Allán comenta: “las políticas municipa-
les implementadas a partir de 1992 deben ser
entendidas como un acto civilizatorio, en don-
de las élites de “buen apellido” educan a ese
pueblo sudoroso y descamisado en temas de
moral, buenas costumbres y respeto (Allán,
2011:35). La ‘recuperación del centro’ por las
élites locales significó en voz del antropólogo
Chris Garcés, ‘un destierro simbólico de lo anti-
social’ que comienza por el centro de la ciudad,
con la expulsión de músicos, artistas de la ca-
lle, vendedores ambulantes, mendigos, grupos
12. En Guayaquil los espacios emblemáticos priorizados
para regeneración son con frecuencia aquellos lugares
donde han vivido las élites o sus familias en tiempos an-
teriores, como explica el autor H. Allán.
GLBT, etc. pero se extiende a sectores popula-
res y riveras donde se implementa una limpieza
sociológica a la que se suman slogans sobre
‘la recuperación de las relaciones perdidas en-
tre la ciudad y el río’ (Delgado, 2013:17). Estos
proyectos operan mediante la organización es-
pacial y la arquitectura. En efecto es la época
de los frentes marinos renovados (malecones):
Malecón 2000, Malecón del Salado (2006), Ma-
lecón Santa Ana (2005-2007), La playita del
Guasmo (2004), entre otros, a la que se suma
en el año 2010 el mega proyecto Guayaquil
Ecológico, además de una serie de parques
acuáticos y vecinales. En cuanto al Estado,
mientras que en el siglo XX, el municipio hizo
compras especulativas de grandes terrenos,
en el Guayaquil del siglo XXI (que supera los
300km2 de extensión) el espacio se vuelve más
escaso y al gobierno le tocaría intervenir en es-
pacios ocupados. El mega proyecto Guayaquil
Ecológico liderado por el Ministerio de Vivienda
y Desarrollo Urbano y el Ministerio del Ambien-
te, aunque fue enarbolado bajo la noción del
Buen Vivir, propuso el desalojo en cerca de 40
km de la rivera y la creación de ‘el parque lineal
más grande del mundo’ (ANDES, 2013) para ‘re-
cuperar’ las orillas del estero Salado ocupadas
durante varias décadas por asentamientos po-
pulares. El reasentamiento - sin alternativas - a
un proyecto de micro viviendas en la periferia
norte de Guayaquil generó una diseminada dis-
puta que llevó a un número de organizaciones
comunitarias a desplegar acciones de resisten-
cia y protesta en reacción. En los espacios de la
rivera donde estas intervenciones se lograron
los efectos desencadenados fueron profundos
cambios en el empleo, las economías locales y
las interacciones sociales. Los nuevos frentes
marinos de la ciudad se han convertido en es-
pacios ambivalentes donde la ciudadanía con-
testa las formas de acceso y exclusión impues-
tas (Carofilis, Peek & D’Auria, 2018:19; Andrade;
2007:13).
En el mismo periodo (1992 en adelante) los
manglares que circundan grandes sectores
del centro y sur de Guayaquil y que se extien-
den hacia el sur del complejo estuario del río
Guayas experimentaron paralelamente una
notable conversión con la construcción de pis-
cinas camaroneras y consecuentes conflictos
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por el espacio acuático. El cultivo de camarón
en Latinoamérica guarda relación con el patrón
latifundista, lo que significa que la industria ca-
maronera está asociada a grupos bien estable-
cidos de propietarios de tierras relativamente
grandes (Bailey, 1988:14) que no obstante, con
complicidad de instituciones e incluso con in-
centivos financieros, se apropian de un espacio
acuático ya sea el manejado por comunidades,
el natural (manglares) o que está bajo la tute-
la del estado y por lo tanto, de un bien público
(Romero, 2014:24). La industria camaronera,
por su alta rentabilidad es apoyada internacio-
nal y localmente por instituciones financieras y
políticas interiores a pesar de que su despegue
desde los 70 ha significado las mayores pérdi-
das de manglar en la historia de la humanidad
y con ello la pérdida del principal sustento de
numerosas comunidades pesqueras que se
benefician de los productos del mar (Romero,
2014:24).
El cultivo del camarón en Ecuador y en el Gol-
fo de Guayaquil se inicia por el año de 1969,
su descubrimiento se atribuye al empresario
y pionero Jorge Kaiser de Santa Rosa (Provin-
cia de El Oro) quien revolucionó la producción
de camarón al desarrollar el primer cultivo en
cautiverio en la región. Para 1979 las áreas de
producción camaronera ya se había extendi-
do hacia el complejo estuario del Río Guayas
y su producción incrementó de 5000 toneladas
(equivalente a $56.9 millones de dólares) a más
de 100.000 toneladas en 1991 ($482 millones
de dólares) (Twilley et al. 2001:19). Para 1988
Ecuador era el primer productor de camarón
del continente. La superficie costera conver-
tida en piscinas camaroneras era de 60.000
hectáreas, varias veces superior al área de pro-
ducción de los países de la región (20 veces la
extensión de los cultivos en Brasil de la misma
época) (Bailey 1988). En los años 90, ampara-
do parcialmente en las reformas neoliberales
el sector bancario invierte en múltiples nego-
cios incluyendo la actividad camaronera que
también recibe apoyo financiero internacional
de las instituciones que promovieron políticas
neoliberales y se extiende por casi todos los
bordes costeros del Golfo, en islotes a lo largo
del estero Salado hacia el sur, y hacia el norte
las camaroneras llegaron hasta bordear con
Guayaquil y Duran. La apropiación del estuario
a costa de la destrucción del manglar, tiene pro-
cesos obscuros pero aún, el Estado juega un rol
central pues, en algún momento, intenta regu-
lar este proceso y crear derechos de propiedad
como en el caso ecuatoriano (March, 2013:142-
3 citado por Romero). Una de las acciones del
Estado ecuatoriano que demuestra el proceso
ya no de urbanización sino de privatización de
la naturaleza, fue la expedición en el año 2008
de un decreto ejecutivo (1391) que reformó el
reglamento de la Ley de Pesca buscando poner
fin a la ilegalidad en que se encontraba la ma-
yor parte de la industria camaronera (Machado,
2013: s/n). El decreto permitió a las industrias
establecidas (camaroneras construidas) has-
ta el año de 1999 en zonas no concesionadas
u ocupando áreas mayores a las concedidas,
legalizar sus industrias a cambio de reforestar
con manglar un área a determinarse por el Mi-
nisterio del Ambiente. El decreto no solo dejó en
la impunidad a quienes ocuparon ilegalmente
espacio del estuario para establecer industrias
de beneficio privado, sino que causó perjuicios
a las comunidades pesqueras de varios asen-
tamientos a lo largo del golfo que encontraron
agresiva competencia por el espacio del estua-
rio y problemas de violencia y exclusión del ac-
ceso a las zonas de pesca (Machado, 2013:s/n).
La actividad camaronera aunque es abierta-
mente celebrada en el Ecuador
13
, no genera
empleo significativamente, sin embargo inten-
sifica la contratación de guardiania privada, y
capta recursos públicos para el enriquecimien-
to privado. La actividad ha generado riquezas
para los banqueros a partir de las tasas de
interés, para los productores y para los expor-
tadores de Guayaquil utilizando el estero, arra-
sando manglares y contaminando el agua con
desechos orgánicos, fertilizantes, químicos y
antibióticos. La expansión camaronera es por
tanto la mayor amenaza para el ecosistema
13. Numerosas instituciones ecuatorianas celebran
la producción camaronera, incluyendo a la Asamblea
Constituyente del Ecuador que en Octubre del 2012 rin-
dió homenaje póstumo a J. Kaiser y el Municipio de San-
ta Rosa que en el 2002 lo nombró ciudadano noble. Para
mayor información ver: http://www.asambleanacional.
gob.ec/es/noticia/8276-asamblea-reconoce-santa-ro-
sa-como-pionero-en-el-cultivo
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manglar, uno de los ecosistemas más producti-
vos y diversos del planeta. El manglar estabiliza
la línea costera y genera nuevo suelo, además
disipa la energía de las olas gracias a sus raí-
ces y crea hábitats para aves, peces, acumula
sedimentos y detritos protegiendo los arrecifes
de coral y los fondos de algas marinas. Traba-
ja como un biofiltro del agua, del suelo y de la
sal, tiene usos medicinales y captura más dioxi-
do de carbono que las especies terrestres por
acumular carbono en sus sedimentos (Rome-
ro, 2014:24). La era de la re-apropriación de los
frentes marinos bajo la expansión neoliberal es
uno de los episodios más lacerantes de la his-
toria del delta del Guayas, y uno de sus desafíos
más preocupantes.
Conclusiones
Al mirar retrospectivamente los 3 lapsos de las
relaciones urbano-ecológicas en el delta del río
Guayas ha sido posible identificar temas que
invitan a una reflexión: 1) la ecología indígena
ancestral es rica en lecciones sobre el mane-
jo del suelo y la adaptación de las estructuras
de hábitat a condiciones húmedas difíciles. A la
vez, su presente destrucción expone las profun-
das distancias culturales y los reconocimientos
que están pendientes acerca de un compromi-
so más profundo con el conocimiento indígena.
Aquí es más precisamente donde la historia de
las relaciones entre el asentamiento y el agua,
muestra una verdadera ruptura que lógicamen-
te antecede con mucho al siglo XIX pero cuyos
orígenes tampoco están claros en las historias
locales. El estudio de esta ruptura puede ayu-
darnos a re-interpretar la tecnología indígena
pero sin borrar la ‘gramática de la naturaleza’
que crearon las gentes del pacífico, que sería
en palabras del Arturo Ecobar ‘la base cultu-
ral-ecológica’ y el modelo local de la utilización
de los recursos naturales (Escobar, 2009:435).
2). La sección tres desenmaraña el modo en
que es administrada una ciudad joven de rápi-
do crecimiento en condiciones problemáticas
para el abastecimiento de agua, al surgir la
crisis ecológica del cacao. La sección invita a
pensar sobre las consecuencias que pesan so-
bre una población que no está suficientemente
atendida en tiempos de crisis ambiental: bajo
la perspectiva de la necesidad de urbanizar, un
bien público como el agua entra en los ciclos
del capital y permanece en ellos para perjui-
cio de la población y de la calidad del espacio
urbano. 3) La sección 4 documenta dos fenó-
menos paralelos que se ponen de manifiesto
en el espacio acuático de los frentes marinos,
mostrando cómo la expansión del neoliberalis-
mo en el Ecuador altera espacios urbano eco-
lógicos conducentes a nuevas crisis ambienta-
les y culturales ínter-relacionadas. El intensivo
uso de recursos públicos canalizado hacia los
frentes marinos, que son captados por agen-
tes privados, tanto fundaciones, consultores y
profesionales del urbanismo (pero también so-
ciólogos, psicólogos) que operan detrás de la
regeneración implica el haber desaprovechado
una oportunidad irrepetible para re-pensar y
reconfigurar el espacio público, social y natural
de Guayaquil. La expansión de la industria ca-
maronera, antecedida por la entrada del agua
en los círculos del capital, expone su poderosa
influencia en la toma de decisiones de más alto
nivel, dejando en claro que las conversaciones
entre el urbanismo y la ecología en la cuenca
del Guayas necesitan un abordaje capaz de
comprometerse con una visión más abierta a
examinar los conflictos, las luchas políticas y
desigualdades que - excepto en pocos trabajos
- se encuentra sobre la región.
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Chapter
The Gulf of Guayaquil (3°S, 80°W) of the coastal province of Guayas, Ecuador, is the largest (12,000 km2) estuarine ecosystem on the Pacific coast of South America (Cucalón 1983). The Gulf has historically been defined by an outer and an inner estuary (Stevenson 1981). The outer estuary, referred to as the Gulf of Guayaquil, has a shelf boundary along the 81°W meridian with a distance of about 204 km at the mouth of the gulf. The boundary extends about 130 km inland to Puna Island (80°15’W) at the mouths of Morro and Jambeli channels. The inner estuary, referred to as the Guayas River estuary, can be classified as a tectonic estuary (Stevenson 1981) which extends about 74 km from its mouth at the northern shore of Puna Island to the tidal signature of the Guayas River (Fig. 17.1). To the northwest, a relatively large subestuary, known as the Salado, has freshwater input restricted to wastewater from the city of Guayaquil (population of 2.5 million) and to the southeast, the Churute subestuary is influenced by the Churute and Taura Rivers. More than 20 rivers, with a total watershed of 51,230 km2, discharge into the Gulf of Guayaquil (Fig. 17.1). The Guayas River, which forms at the confluence of the Babahoyo and Daule Rivers, has a drainage basin area of about 32,800 km2 (64% of total drainage basin) and is the major source of freshwater (20 km3 year−1; Stevenson 1981). The Taura and Churute River drain a watershed of 1,600 and 300 km2, respectively. Along the southeast coast, the Jubones and Arenillas Rivers contribute freshwater to the Gulf of Guayaquil and represent 4,830 km2 of watershed (9.4% of total). The depth of the Gulf of Guayaquil ranges from 183 m along the shelf to 18 m along the inner shoals. The depth of the Morro and Jamb eli channels at the inner boundary of the Gulf is 56 and 22 m, respectively, and depth in the Guayas River estuary averages about 9 m.
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Flood exposure is increasing in coastal cities owing to growing populations and assets, the changing climate, and subsidence. Here we provide a quantification of present and future flood losses in the 136 largest coastal cities. Using a new database of urban protection and different assumptions on adaptation, we account for existing and future flood defences. Average global flood losses in 2005 are estimated to be approximately US$6billion per year, increasing to US$52billion by 2050 with projected socio-economic change alone. With climate change and subsidence, present protection will need to be upgraded to avoid unacceptable losses of US$1trillion or more per year. Even if adaptation investments maintain constant flood probability, subsidence and sea-level rise will increase global flood losses to US$60-63billion per year in 2050. To maintain present flood risk, adaptation will need to reduce flood probabilities below present values. In this case, the magnitude of losses when floods do occur would increase, often by more than 50%, making it critical to also prepare for larger disasters than we experience today. The analysis identifies the cities that seem most vulnerable to these trends, that is, where the largest increase in losses can be expected.
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En este estado de la cuestión, reviso la literatura sobre la neoliberalización del medio ambiente para arrojar luz sobre los procesos mediante lo convierten en una nueva esfera de acumulación y circulación de capital. La privatización y la mercantilización son los dos procesos claves mediante los cuales se articula el proyecto neoliberal. Más allá de estos, la desregulación o la reregulación, así como la comercialización o la corporatización merecen ser singularizados. La Geografía Crítica parte de una posición privilegiada para entender estos procesos y analizar sus consecuencias sobre el mundo humano y no humano. A su vez puede y debe plantear alternativas válidas a los discursos y prácticas hegemónicas de gestión ambiental neoliberal: la Modernización Ecológica y el Ambientalismo de Mercado.
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A cooperative mangrove mapping project between the Ecuadorian Center for Remote Sensing (CLIRSEN) and the University of Delaware was begun in August 1982. The objectives of the project were to create historical maps of mangrove ecosystem extent and change, while transferring aerial photographic interpretation techniques to Ecuadorian personnel. The result of this cooperation was a series of three 125,000 scale maps of historical mangrove extent and change from 1966 to 1982 in the southern Gulf of Guayaquil. This multitemporal study showed a 16% decrease in mangrove extent and a 27% increase in shrimp pond development. If these rates of change prevail into the future, mangroves in Ecuador will reach parity with shrimp ponds in 1984 and completely disappear by mid-1990. Recognizing the significance of this loss to shellfish and fish production along the coast, Ecuadorian scientists at CLIRSEN have subsequently initiated a nationwide mangrove mapping program to create a historical base for future mangrove management strategies.
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Ecological urbanism aims to advance this goal. It weds the theory and practice of urban design and planning, as a means of adaptation, with the insights of ecology and other environmental disciplines. Ecological urbanism is critical to the future of the city: it provides a framework for addressing challenges that threaten humanity (climate change, environmental justice) while fulfilling human needs for health, safety, and welfare, meaning, and delight. This overview describes the roots of ecological urbanism, with an emphasis on the Anglo-American tradition, and identifies fundamental concepts and principles. The literature is vast, and a detailed review is impossible here (for more references, see Spirn 2012). This introduction provides historical context and a framework to guide more focused research and more comprehensive reviews of the literature and to advance the practice of ecological urbanism.
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Aerial reconnaissance and photography have established the existence of extensive tracts of ridged fields and planting platforms (bancos), apparently of pre-Columbian origin, in the overflow lands behind the natural levees of the Rio Guayas immediately north and east of Guayaquil, Ecuador. These vestiges of an ancient, labor-intensive agricultural system are similar in character to others that have been described in Bolivia, Colombia, and Surinam.
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The term ‘ecology’, which first emerged in relation to the biological sciences in the 19th century, has subsequently undergone a series of conceptual permutations in an urban context. Existing tensions around the definition of ‘the city’ as an object of analysis have become further complicated by the increasing deployment of ecological metaphors in urban design and related fields. It is suggested that the limitations of urban ecology, as a coherent approach for urban analysis or intervention, stem from the dynamic, interdependent and historically contested characteristics of urban nature and the ambiguous dimensions to ecology as a leitmotif for urban politics.