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Abstract

Resumen El duelo forma parte de la vida. Perder a alguien coloca al individuo en una si-tuación de transición y cambio en la relación consigo mismo, con los fallecidos y con el mundo que le rodea. La continuidad de vínculos entre el doliente y la persona fallecida se manifiesta a través de conversaciones, de sueños y con la creación de un repertorio de objetos de marcado carácter significativo para el doliente. Se han revisado los estudios precedentes relativos a la continuidad de vínculos, observán-dose una aún escasa atención a la investigación sobre los síntomas de duelo y el crecimiento postraumático para comprender el ajuste de duelo. Como resultado, proponemos la necesidad de analizar la relación entre ansiedad, síntomas de la aflicción y la continuidad de vínculos, con el objetivo de avanzar hacia un mejor entendimiento del duelo en perspectiva contemporánea. Palabras clave: duelo, luto, continuidad de vínculos.
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CONTINUING BONDS AND GRIEF: NEW PERSPECTIVES
Alfonso Miguel
gaRCía HeRnández
1, Martín
RodRíguez álvaRo
2,
Pedro Ruymán
bRito bRito
3, Julián
PeyRolón JiMénez
4
1. Profesor titular. Departamento de Enfermería. Universidad de La Laguna. Islas Canarias.
España*
2. Gerencia del Área de Salud de La Palma. Servicio Canario de Salud, La Palma, España*
3. Unidad de Formación e investigación en cuidados. Gerencia de Atención Primaria. Servicio
Canario de Salud, Tenerife. España*
4. Servicio Canario de Salud, Tenerife. España
Resumen
El duelo forma parte de la vida. Perder a alguien coloca al individuo en una si-
tuación de transición y cambio en la relación consigo mismo, con los fallecidos y
con el mundo que le rodea. La continuidad de vínculos entre el doliente y la perso-
na fallecida se manifiesta a través de conversaciones, de sueños y con la creación de
un repertorio de objetos de marcado carácter significativo para el doliente. Se han
revisado los estudios precedentes relativos a la continuidad de vínculos, observán-
dose una aún escasa atención a la investigación sobre los síntomas de duelo y el
crecimiento postraumático para comprender el ajuste de duelo. Como resultado,
proponemos la necesidad de analizar la relación entre ansiedad, síntomas de la
aflicción y la continuidad de vínculos, con el objetivo de avanzar hacia un mejor
entendimiento del duelo en perspectiva contemporánea.
Palabras clave: duelo, luto, continuidad de vínculos.
Summary
Grief is part of everyone’s life. The loss of a loved one places the individual in a
situation of transition and change in the relationship with himself, with the decea-
sed and with the world around him. The continuing bonds between the mourner
* Grupo de investigación. Universidad de La Laguna «Cuidados al final de la vida (CUFINVIDA)».
Tenerife. España
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and the deceased is manifested through conversations, dreams and a repertoire of
objects of significant character for the mourner. By examining previous studies
regarding continuing bonds, that payed little attention to research on grief symp-
toms and posttraumatic growth to understand grief adjustment, this paper argues
the pertinence of analyze the relationship between anxiety, symptoms of affliction
and the continuing bonds for a better understanding of grief in a contemporary
perspective.
Key words: Grief, mourning, Continuing Bonds.
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«Creo que su presencia se desliza suavemente entre nosotros
“poco a poco” en cada cosa que hacemos, y que nos susurra
palabras de consuelo y amor, desde la tranquilidad de su estado,
en ese espacio intangible de las presencias».
Alfonso
gaRCía
, Lecho de vida, 2005, p. 56.
Introducción
¿Por qué seguimos conectados con nuestros seres queridos? ¿Por qué lloramos y
rechazamos lo desconocido? ¿Por qué lo bello es tan importante para nosotros?
Una explicación plausible es que lo hacemos precisamente porque ello supone «una
guía para nosotros, una garantía de que la vida no es una sucesión de acontecimien-
tos aleatorios, un caos carente de sentido, ya que tiene su propio orden y su propio
significado. Es un canon al que podemos hacer referencia. Lo que nos hace autén-
ticamente humanos y constituye la base de la civilización en el sentido más amplio
de la palabra» (Ferrucci, 2009, p. 217).
El concepto de continuidad de vínculos aparece por primera vez en 1996, des-
crito por los autores Klass, Silverman y Nickman, en el título de su libro, Conti-
nuing Bonds: New Understandings of Grief, donde se aborda el duelo desde el
punto de vista psicológico y se desafía el modelo popular que requiere que el duelo
hay que «dejarlo ir», entendido como separarse del difunto.
Hasta el siglo
xx
, mantener un vínculo con el fallecido se considera una parte
normal del proceso de duelo en la sociedad occidental. Por el contrario, en el siglo
xx
prevalece la opinión de que el duelo exitoso requiere que los afligidos se separen
emocionalmente del difunto. Sigmund Freud, a pesar de que al analizar lo que es-
cribe en relación con sus propias pérdidas entiende que la aflicción no es un proce-
so que resultara en cortar viejos apegos, publica en 1917 su obra Mourning and
Melancholia, teoría que adquiere vida propia y contribuye a afianzar la idea de que
los dolientes deben dejar atrás el pasado, lo que ha llevado a que esta práctica aún
se perpetúe en pleno siglo
xxi
.
Muchos profesionales observaron que los dolientes a menudo desarrollan una
representación interna del difunto internalizando las actitudes, el comportamiento
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y los valores asociados con el mismo. Ven esto como un paso en el proceso que
eventualmente lleva al doliente a separarse del difunto y seguir adelante. El psiquia-
tra John Bowlby (1969, 1973 y 1980) escribe que una discusión sobre el duelo sin
identificación, es decir, sin encontrar un lugar para el difunto en el sentido de uno
mismo, parecería Hamlet sin príncipe. Al igual que la mayoría de los observadores
del proceso de duelo, era consciente, en un momento en que la mayoría de los
profesionales basaban su trabajo en la práctica clínica, de las formas en que los do-
lientes se identificaban con el difunto, pero concluyó que, cuando el apego es pro-
minente, parece ser indicativo de psicopatología. La gente que recurría a ellos tanía
graves problemas emocionales, muchos de los cuales derivaban de las conexiones
con los difuntos, que estaban fuera de la conciencia de los deudos. Conexiones
centradas en las consecuencias negativas de la relación y que anclaban la vida actual
de los deudos en el pasado. El clínico-investigador posteriormente generaliza las
investigaciones a la población de deudos, la mayoría de los cuales tenía una expe-
riencia diferente.
Los investigadores Dennis Klass y Tony Walter (2001) sostienen que esta visión
del dolor, en la que los muertos fueron prohibidos en las vidas de aquellos que so-
brevivieron, ganó popularidad a medida que el interés en la vida después de la
muerte decayó en la sociedad occidental. La creciente influencia de la cosmovisión
científica en el siglo
xx
llevó a que la muerte fuera vista como un fracaso o un acci-
dente médico más que como una parte inevitable de la condición humana. El mé-
dico George Lundberg (2001) escribe sobre las dificultades causadas por las expec-
tativas, tanto de los médicos como de aquellos a quienes sirven, de que pueden
mantener a raya la muerte en lugar de aceptarla como natural e inevitable.
El enfoque occidental del siglo
xx
sobre la conducta humana que valora la indi-
vidualidad y la autonomía también respalda este enfoque en el desapego. El desa-
rrollo de Bowlby de la teoría del comportamiento de apego en los niños se centra
en el individuo y cómo puede satisfacer sus necesidades. Como esta teoría se aplica
posteriormente a la teoría del duelo, los aspectos interactivos y relacionales del
proceso no se explican con claridad. En el modelo «dejar ir», se aplica una lente
lineal, como si una experiencia pudiera conducir a un resultado, y así es como a
menudo se aplicaba la teoría del apego. Sin embargo, el psicólogo Jerome Bruner
(1986) señala que rara vez se puede poner a las personas en un modelo simple de
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causa y efecto. Simplemente hay demasiadas variables intermedias que reflejan la
complejidad de la vida real. En un modelo lineal, el duelo se ve como una condición
psicológica o una enfermedad de la que las personas podrían recuperarse con el
tratamiento adecuado. De hecho, el duelo no desaparece, pero es una parte difícil
y esperada del ciclo de vida normal; es un período de pérdida, de cambio y transi-
ción en la forma en que los deudos se relacionan consigo mismos, con los fallecidos
y con el mundo que los rodea.
A comienzos del siglo
xxi
, los puntos de vista sobre el duelo continúan evolucio-
nando. Cada vez se reconoce más la complejidad de la condición humana y la im-
portancia de las relaciones en las vidas de las personas. Las personas ahora recono-
cen que el objetivo del desarrollo no es la independencia sino la interdependencia.
Las relaciones con otros, vivos o muertos, enmarcan el sentido de uno mismo y
cómo uno vive. Apreciamos cada vez más que existe continuidad entre el pasado y
el presente. Sin un sentido del pasado y una comprensión de su lugar en la vida de
las personas, es difícil avanzar.
Diferentes expresiones para la construcción de la continuidad
de vínculos
Es importante, no solo para el individuo sino también para la comunidad, en-
contrar la forma de relacionarse con el difunto. Así como la vida personal de un
individuo se ve perturbada de manera profunda por una muerte, también ocurre lo
mismo con el mundo social en general. El ritual puede jugar un papel importante
en la búsqueda de un lugar para los muertos en el mundo reconstituido de los afli-
gidos y la comunidad. En muchas culturas, las creencias religiosas y las opiniones
sobre la vida después de la muerte rigen la experiencia de la relación.
La comprensión de la naturaleza de la continuidad de vínculos presupone un co-
nocimiento específico del difunto, ya sea él o ella una persona joven, una persona
mayor, un padre, un niño, un amigo o un miembro de la familia extensa. Todos estos
roles reflejan la relación entre el doliente y el difunto. ¿Qué perdió el doliente? ¿En
base a qué está construyendo la continuidad de vínculos? ¿Qué papel jugó el fallecido
en la vida del doliente? ¿ Y en la vida de la comunidad? ¿Cómo contribuyó él o ella?
¿Qué faltará? Todos estos problemas afectan a dicha continuidad de vínculos.
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El desarrollo de un vínculo es consciente, dinámico y cambiante. Las creencias
de los deudos pueden afectar en la forma en que incorporan a los difuntos en sus
vidas.
Por ejemplo, construir una nueva relación con el difunto a través de conversa-
ciones con él, ubicándolo (generalmente en el cielo), experimentando su presencia
en sus sueños (García-Hernández, 2005 y 2010), visitando la tumba, sintiendo su
presencia y participando en los rituales de luto.
Los investigadores Claude Normand, Phyllis Silverman y Steven Nickman
(1996, p. 93) descubren que con el tiempo los hijos de padres fallecidos desarrollan
una conexión con ellos que describen como «convertirse en el legado vivo de sus
padres», emulándoles de maneras que creen que les habrían complacido, lo cual
confirma la tesis del trabajador social Lily Pincus (1976) de que los dolientes se
identifican con los fallecidos y adoptan aspectos del comportamiento del difunto y
sienten que se ha convertido en parte de su identidad actual. El duelo nunca se
termina, en la forma en que el afligido se relaciona con los fallecidos a medida que
se desarrollan durante el ciclo de vida, ya sean dolientes jóvenes o viejos. Sin em-
bargo, aún en nuestros días y en no pocas culturas, sigue faltando un lenguaje
apropiado para describir el duelo como parte de este ciclo. Las personas necesitan
dejar de pensar que el dolor está completamente presente o ausente. Rara vez refie-
ren que «lo superan», y nunca encuentran el «cierre». El concepto «continuidad de
vínculos» es, por tanto, una magnífica contribución a un nuevo idioma que refleja
una nueva comprensión de este proceso.
La continuidad de vínculos no significa que las personas vivan en el pasado. La
naturaleza misma de la vida cotidiana de los dolientes cambia con la muerte. Los
fallecidos están presentes y ausentes, y no se puede ignorar este hecho y la tensión
que ello crea en el proceso de duelo. El vínculo cambia y toma nuevas formas en el
tiempo, pero la conexión siempre está ahí. Los deudos pueden necesitar ayuda de
sus redes de apoyo para mantener vivos sus vínculos o para permitir que el difunto
descanse, de modo que las conexiones con los muertos deben ser legitimadas. La
gente necesita hablar sobre el difunto, participar en rituales conmemorativos y
comprender que su luto es un proceso evolutivo, no estático. En palabras de un
rabino del siglo
xix
, Samuel David Luzzatto, «la memoria sostiene al hombre en el
mundo de la vida» (1970, p. 318).
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La experiencia de la continuidad de vínculos
La continuidad de lazos da consuelo y ayuda a dar una visión duradera del mun-
do, de modo que la construcción y el mantenimiento de estos lazos «interiores» y
«exteriores» sirven de cura para el individuo y la comunidad y les permiten no
solo aceptar la muerte y asumirla sino, más aún, ordenarla, integrándola en su sis-
tema cultural, al ubicarla en todas partes. Esto no deja de ser la mejor manera de
dominarla, imitarla ritualmente en la iniciación y trascenderla gracias a un juego
apropiado y complejo de símbolos personales (Klass, 2001; Field, Gao y Paderna,
2005; García et al., 2016). De este modo, el proceso de reconstrucción de la vida
tras la pérdida es una conversación real entre el dolor por la muerte y los lazos que
les mantienen unidos a la pérdida.
Tal como plantea Sloterdijh (2004), el duelo es visto, más allá de una praxis re-
ligioso-cultural o de una tradición instauradora de memoria, como un sentido que
alcanza una dimensión esferológica. El recuerdo de los muertos y el duelo liberan
procesos creadores de esferas, espacios de proximidad, donde puede rehacerse la
esfera psíquica rota por la desaparición del otro, restaurando, simbólica y emocio-
nalmente, la íntima burbuja de coexistencia, que en los dolientes lleva a la construc-
ción de un mito que incorpora causalidad y continuidad de vínculos con el ser
querido fallecido.
Así que el verdadero trabajo de duelo, considerado desde el punto de vista psico-
histórico, no significa en principio otra cosa que el esfuerzo de los supervivientes
por colocar a sus muertos en un círculo de proximidad y paz ampliado, sacándolos
del ámbito de proximidad y alianza más íntimo. Todo, desde el esfuerzo psíquico
por llegar a un compromiso entre la preocupación por la separación definitiva de
los muertos y el deseo de mantenerlos en otra forma de proximidad, pero en un
«allí», en una burbuja mayor que abarca presentes y ausentes.
El fallecido está indeleblemente unido por los años a los lugares y los objetos en
la memoria, y el hecho de realojarlo en estos lugares contribuye a la transferencia
de dolor sentido en significados, que repercute en ellos y beneficia su «recupera-
ción». Tras la muerte, el espacio forma una unidad profunda con un tiempo despo-
jado de las prerrogativas temporales cambio, discontinuidad e irreversibilidad, ad-
quiriendo propiedades espaciales.
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El tiempo construye la dimensión real de la memoria de la pérdida, de manera
que la experiencia vivida y rememorada es idéntica al espacio: haciéndose visible
«sinestésicamente», siendo percibido y experimentado como una de las dimensio-
nes del espacio que coincide con los términos generales de extensión de la existencia
y la continuidad de vínculos. De esta manera, lo vivido por el doliente no se integra
en un esquema oposicional, linealmente antitético, de autenticidad temporal –o
interioridad– e inautenticidad espacial –o exterioridad–, sino que se incluye como
«reactivo» en el marco de una representación espacio-temporal. Espacio y tiempo
se comportan como «formas trascendentales», en el sentido referido por Kant
(2007), al formar parte del mismo movimiento destinal, que es un movimiento en
perspectiva, una «acción mediante la cual el campo visual abre un camino que la
mirada recorre para llegar a la profundidad» (Marramao, 2009, p. 103).
La conservación de espacios que pertenecieron al fallecido, su mantenimiento
dentro de un orden, cual «espacios momificados», es frecuente, aunque los hom-
bres, al principio, dudan más que las mujeres en conservarlos intactos y, en muchas
ocasiones, cuando dichas habitaciones esperaban un hijo que no llegó a nacer, son
los hombres los que los transforman antes del regreso de su pareja a casa, pues con-
sideran que preservarlos en el tiempo causa un dolor innecesario.
Por ejemplo, tras la pérdida de un hijo, aparecen como espacios inalterados,
mantenidos como si esperasen la llegada o el reencuentro, pues en ellos tiempo,
movimiento y cambio son inexistentes: «Su cuarto de pronto quedó tal como él lo
dejó», como una foto finish (Barthes, 2001).
El papel mediador de la continuidad de vínculos
Aunque las investigaciones cualitativas explican con mayor frecuencia que mante-
ner una continuidad de vínculos con el ser querido fallecido es reconfortante y signi-
ficativo (Klass, Silverman y Nickman, 1996), los estudios cuantitativos han manifes-
tado resultados equívocos para la continuidad de vínculos; en todo caso, se asocia con
una sintomatología relacionada con el duelo más grave (Stroebe y Schut, 2005).
Estos hallazgos aparentemente discrepantes entre los enfoques cualitativos y los
cuantitativos hacia la adaptabilidad de la continuidad de vínculos pueden ser parcial-
mente atribuibles a un enfoque virtualmente exclusivo. En gran parte de la literatu-
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ra cuantitativa se califica en qué medida los familiares hacen uso de diferentes tipos
de continuidad de vínculos y la relación con medidas estandarizadas de ajuste rela-
cionadas con el duelo, en los que no se pregunta acerca de la efectividad de los mis-
mos para enfrentar el duelo. Por otro lado, en la literatura cualitativa sobre la con-
tinuidad de vínculos, abordada principalmente desde enfoques centrados en los
relatos narrativos de los individuos, se refiere la efectividad en la regulación del
afecto para sobrellevar el duelo, y es parte integral de las conclusiones extraídas so-
bre cómo se adaptan los individuos en su proceso de duelo. Un argumento al que se
suma la importancia de incluir una evaluación de la efectividad de esta conexión o
continuidad de lazos y de la capacidad de adaptación a la misma (Field et al., 2013).
Por lo tanto, la continuidad de vínculos es una relación interna continua con la
persona fallecida por parte de la persona en duelo (Klass et al., 1996; Field et al.,
2003; Hussein y Oyebode, 2009; Yu et al., 2016; García, 2017) en la que los deu-
dos pueden hablar o soñar con el difunto, guardar sus pertenencias o tener una
sensación de influencia continua (Klass et al., 1996; García, 2008 y 2010; García
et al., 2016). Recientemente, los investigadores encontraron que la continuidad de
vínculos no es un concepto unidimensional y proponen una clasificación bidimen-
sional: externalizados e internalizados (Field y Filanosky, 2010), donde la conti-
nuidad de vínculos externalizada implica ilusiones y alucinaciones referidas al di-
funto, mientras que la continuidad de vínculos internalizada implica el uso del
difunto como un punto de referencia valioso en la toma de decisiones, el modelo y
el legado (Field y Filanosky, 2010; Field et al., 2013; De Luca et al., 2016).
Luces y sombras de las investigaciones en torno al apego, el duelo
y la continuidad de vínculos
La muerte de un ser querido interrumpe los intereses que previamente había esta-
blecido el individuo con él, sus metas y expectativas, de modo que plantea un desafío
significativo a su existencia, a su estructura y al sentido de su identidad. El crecimien-
to personal en el proceso de duelo busca recolocar con éxito estos desafíos y emerge
con un sentido de revisión de sí mismo en el mundo (Tedeschi y Calhoun, 2004).
El énfasis en el estudio del entendimiento del cese de los síntomas de angustia
como único indicador del éxito en el resultado de los eventos estresantes en la vida
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ha cambiado en los últimos años en la literatura del estrés y el afrontamiento, el
trauma y el duelo. También la atención prestada ha sufrido modificaciones al in-
cluir el enfoque de cambios positivos, o crecimiento personal, como resultado de la
capacidad de éxito para abordar nuevos retos tras la pérdida.
El crecimiento postraumático se refiere al cambio psicológico positivo experi-
mentado como resultado de la lucha con circunstancias de vida altamente desafian-
tes. Los investigadores han encontrado que eventos traumáticos, incluido el duelo,
pueden conducir a un crecimiento postraumático (Tedeschi y Calhoun, 2004), de
modo que para comprender el ajuste de duelo se deben explorar dicho crecimiento
y los síntomas de duelo.
La teoría del apego se ha convertido en uno de los principales paradigmas para
comprender el ajuste del duelo (Meier et al., 2013), pero sigue necesitando de una
investigación más matizada que incluya nuevas variables relacionadas con ella. Por
ello, la aparición de los estudios en torno a la continuidad de vínculos puede expli-
car, en parte, los problemas de apego al duelo (Field, 2005 y 2006), y el ajuste que
los mismos propician en determinadas culturas abre un área de investigación im-
portante para dicho entendimiento.
El apego es la propensión de los seres humanos a establecer fuertes vínculos
afectivos con determinados individuos (Bowlby, 1977), categorizados como: segu-
ro, ansioso-ambivalente y evitativo por Hazan y Shaver (1987) con cuatro proto-
tipos: seguro, preocupado, temeroso y evitativo, de los que se descarta evitativo
(Bartholomew y Horowitz, 1991).
Los investigadores llegan a un consenso sobre la evaluación del apego a través de
dos dimensiones: ansiedad de apego y evitación de apego (Fraley y Shaver, 2000;
Fraley y Spieker, 2003), que explican la forma en que la gente llora, y si es adapta-
tiva a largo plazo, se puede entender en parte como una función de sus historias de
apego (Bowlby, 1980).
La dimensión de la ansiedad en quienes perdieron a sus parejas es la preocupa-
ción de que no estarán disponibles cuando les necesiten y puedan confiar en los
demás como una base segura (Fraley y Shaver, 2000; Mikulincer et al., 2002). Por
lo tanto, los investigadores asumen que la ansiedad por el apego puede producir
respuestas de duelo desadaptadas después de la pérdida (Bowlby, 1980).
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La investigación apoya la relación positiva entre ansiedad de apego y síntomas de
duelo (Field y Sundin, 2001; Wayment y Vierthaler, 2002; Fraley y Bonanno,
2004; Boelen y Klugkist, 2011; Ho et al., 2013; Meier et al., 2013; Currier et al.,
2015), mientras que pocos estudios examinan la asociación entre la ansiedad de
apego y el crecimiento postraumático. Por otra parte, los estudios en traumas
muestran que la ansiedad de apego se relaciona positivamente con el crecimiento
postraumático (Dekel, 2007; Arikan y Karanci, 2012), lo que hace razonable su-
poner que la ansiedad por el apego va a predecir tanto los síntomas de duelo como
el crecimiento postraumático, cuestión que hasta el momento pocos estudios han
examinado como mecanismo responsable de estas asociaciones.
La dimensión de evitación es la cantidad de autonomía y la distancia emocional
que los dolientes mantienen respecto de sus seres queridos fallecidos y cómo se
vuelven autosuficientes (Fraley y Shaver, 2000; Mikulincer et al., 2002). Por lo
tanto, los investigadores asumen que los altos niveles de evitación del apego pueden
representar resiliencia en el corto plazo, pero que conduce a mayores dificultades
de afrontamiento y deficiencias en el funcionamiento a largo plazo (Bowlby, 1980;
Wijngaards-de Meij et al., 2007). Aunque algunos estudios argumentan que la evi-
tación del apego es una estrategia adaptativa para regular el sentimiento y el com-
portamiento (Fraley y Bonanno, 2004; Ho et al., 2013; Meier et al., 2013). No
hay consenso con respecto a la relación entre la evitación de apego y los síntomas
de duelo, ya que algunos autores sostienen que la evitación del apego es un factor
de riesgo del ajuste de duelo inadaptado (Shear et al., 2007 y 2014; Field y Filanos-
ky, 2010; Boelen y Klugkist, 2011; Currier et al., 2015).
La relación entre la evitación del apego y el crecimiento postraumático revela,
por lo tanto, resultados contradictorios en los pocos estudios relacionados. Un es-
tudio muestra que un mayor nivel de evitación del apego contribuyó positivamen-
te al crecimiento postraumático entre las esposas de los prisioneros de guerra (De-
kel, 2007), mientras que también se da una alta evitación de apego con menor
cantidad de crecimiento postraumático entre hermanos adultos dolientes (Cohen y
Katz, 2015). La inconsistencia entre los hallazgos sobre la relación entre la evita-
ción del apego y el ajuste del duelo, es decir, entre los síntomas del duelo y el cre-
cimiento postraumático puede deberse a una comprensión diferente del concepto
de apego.
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Conclusión y reflexiones finales
No se han estudiado suficientemente los síntomas de duelo y el crecimiento
postraumático para comprender el ajuste de duelo, y si a ello sumamos la inestabi-
lidad de los resultados, que puede ser debida a que los mecanismos subyacentes son
desconocidos, nos encontramos frente a un área aún por explorar de una variable
importante que podría explicar ese mecanismo: «la continuidad de vínculos» (Field
et al., 2005; Field, 2006). Esto nos puede acercar a las nuevas preguntas: ¿la ansie-
dad por el apego puede predecir positivamente los síntomas de duelo y el creci-
miento postraumático?; ¿la prevención de apego puede predecir positivamente los
síntomas de duelo y negativamente el crecimiento postraumático?; ¿la relación
entre ansiedad de apego y los síntomas de aflicción está mediada por la continuidad
de vínculos (externalizados) y la relación entre la ansiedad de apego y el crecimien-
to postraumático está mediada por la continuidad de vínculos (internalizados)?, y
¿la relación entre la evitación de apego y los síntomas de duelo está mediada por la
continuidad de vínculos (externalizados) pero la relación entre evitación de apego
y crecimiento postraumático no está mediada por la continuidad de vínculos (inter-
nalizados)? Preguntas que es necesario responder para acercarnos al complejo mun-
do de las pérdidas y el duelo.
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Universidad de La Laguna. Islas Canarias. España
almigar@ull.edu.es
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... De este modo, el proceso de reconstrucción de la vida tras la pérdida es una conversación real entre el dolor por la muerte y los lazos que mantienen unido al doliente con quien han perdido. Es una relación interna, continua, con la persona fallecida por parte de la persona en duelo (Klass et al., 1996;Field et al., 2003;Hussein y Oyebode, 2009;Yu et al., 2016;García, , 2018 en la que los deudos pueden hablar o soñar con el difunto, guardar sus pertenencias o tener una sensación de influencia continua (Klass et al., 1996;García, , 2010García et al., 2016García et al., , 2018 . El duelo es un factor estresante frecuente en la vida de todas las personas. ...
... De este modo, el proceso de reconstrucción de la vida tras la pérdida es una conversación real entre el dolor por la muerte y los lazos que mantienen unido al doliente con quien han perdido. Es una relación interna, continua, con la persona fallecida por parte de la persona en duelo (Klass et al., 1996;Field et al., 2003;Hussein y Oyebode, 2009;Yu et al., 2016;García, , 2018 en la que los deudos pueden hablar o soñar con el difunto, guardar sus pertenencias o tener una sensación de influencia continua (Klass et al., 1996;García, , 2010García et al., 2016García et al., , 2018 . El duelo es un factor estresante frecuente en la vida de todas las personas. ...
... (1974: 37-38) "ahead of print" (antes de imprimir), "article in progress" (artículo en progreso), "article in press" (artículo en prensa), "online ahead of print" (en línea antes de imprimir) o "online first" (en línea ! Currier et al., 2015;García et al., 2018) . Un nivel en el que se incluyen las representaciones internas relacionadas con los recuerdos, que posibilitan evocar sentimientos de conexión con el difunto mediante el recuerdo o la reflexión (Harper et al. 2011;García et al., 2018) . ...
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El duelo es un proceso de adaptación natural y autolimitado a una nueva realidad que surge tras una pérdida significativa, real o percibida, con un amplio abanico de manifestaciones que producen un impacto en la salud del doliente. Las investigaciones en torno al duelo, han modificado el modo de entender sus procesos, con lo que su clasificación ha variado drásticamente. Los diferentes tipos de duelo pueden agruparse en dos grandes categorías: duelo adaptativo y duelo no adaptativo, incluyendo en este último conjunto un conglomerado de procesos que incluyen el duelo traumático, el duelo complicado y el duelo espiritual. La literatura especializada, recoge diferentes escalas e instrumentos de medida que ayudan a evaluar el curso y el riesgo de complicaciones en el transcurso del duelo. Cada vez son más numerosas las investigaciones asociadas a la continuidad de vínculos, siendo necesaria una evaluación de la efectividad de esta conexión y de su capacidad de adaptación.
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Este libro responde a la necesidad de hablar de la muerte con niños y niñas; a partir de una justificación de por qué es importante hacerlo y de consideraciones respecto de cómo se construye el concepto de muerte en la infancia, se presenta una estrategia concreta para hacerlo a través de conversaciones y se proponen textos de literatura infantil y relatos bíblicos que permiten llevar hablar sobre el tema.
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El presente trabajo se engloba en la investigación cualitativa, desde el paradigma hermenéutico-fenomenológico. Realizado desde un análisis narrativo de los textos y las conversaciones compartidas con Benito a lo largo de los últimos años, incorpora y analiza los textos escritos y relatados como testimonios, en términos de experiencias sentidas, manifestadas y vividas, de modo que sitúa a las categorías explicativas en un marco más amplio que se haya inserto en la continuidad de vínculos con el hijo fallecido. El camino del duelo que nos acerca Benito profundiza, por un lado, en las ideas asociadas al sinsentido y el dolor por la ausencia del hijo fallecido, y por otro transita entre el plano de vivir, recordar, trascender y realizar determinadas prácticas socioculturales que le permiten seguir conectado con su hijo Josué, fallecido a consecuencia de un accidente de tráfico. Todo en un escenario en el que las narrativas revelan la naturaleza de los encuentros de conexión y de interacción.
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Este estudio cualitativo de enfoque fenomenológico se engloba en las investigaciones del duelo sobre autonarrativas, y en particular en torno a la continuidad de vínculos que mantienen madres y padres con sus hijos fallecidos. Partimos de un modelo de entendimiento social del duelo y exploramos cómo la continuidad de vínculos puede implicar aferrarse a la memoria del difunto a través del consuelo, desde el análisis de los procesos narrativos por los cuales transitan los dolientes, que les sirven para apropiarse y enlazar sus significados personales, que complementan y refuerzan en el seno del grupo cultural al que pertenecen. Muchas madres y padres además de estar apoyados en su fe, lo están por las conexiones que establecen con quienes comparten el dolor por la pérdida y con quienes desarrollan rituales y reconstruyen nuevas narrativas socioculturales, las cuales les ayudan a mantener la continuidad de vínculos con sus hijos fallecidos, al integrar ese vínculo en la realidad social de su comunidad a medida que avanzan en sus “nuevas” vidas.
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This qualitative study, with a phenomenological focus, explores the use of objects that evoke memories held by mothers and fathers mourning the death of their children. The objects that facilitate a closeness to the children who are no longer there. In this analysis of these objects, we pay particular attention to understanding their description and to the meaning that they have for mothers and fathers, revealing the existence of a repertoire of objects that connects parents with mourning through a daily spatial link, which is, on occasion, a relationship charged with creative and dynamic meaning. As such, these objects, together with physical spaces, are reserved or created by parents who incorporate them into their lives, defining them as spaces of existence, presence or absence, making them shared, liveable places. The continuity of living in the spaces that a loved one once occupied becomes an experience of reinhabiting, of reconstructing the environment. An experience of newly adopting a space and being able to do things there that define and determine it.
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Three studies explored the effects of subliminal threat on the activation of representations of attachment figures. This accessibility was measured in a lexical decision task and a Stroop task following threat-or neutral-word primes, and was compared with the accessibility of representations of other close persons, known but not close persons, and unknown persons. Participants also reported on their attachment style. Threat primes led to increased accessibility of representations of attachment figures. This effect was specific to attachment figures and was replicated across tasks and experiments. Attachment anxiety heightened accessibility of representations of attachment figures even in neutral contexts, whereas attachment avoidance inhibited this activation when the threat prime was the word separation. These effects were not explained by trait anxiety. The discussion focuses on the dynamics of attachment-system activation in adulthood.
Article
Preface PART 1: TWO NATURAL KINDS 1. Approaching the Literary 2. Two Modes of Thought 3. Possible Castles PART 2: LANGUAGE AND REALITY 4. The Transactional Self 5. The Inspiration of Vygotsky 6. Psychological Reality 7. Nelson Goodman's Worlds 8. Thought and Emotion PART 3: ACTING IN CONSTRUCTED WORLDS 9. The Language of Education 10. Developmental Theory as Culture Afterword Appendix: A Reader's Retelling of "Clay" by James Joyce Notes Credits Index
Article
The current study aims to examine mechanisms underlying the impact of attachment dimensions on bereavement adjustment. Bereaved mainland Chinese participants (N = 247) completed anonymous,retrospective, self-report surveys assessing attachment dimensions, continuing bonds (CB), grief symptoms and posttraumatic growth (PTG). Results demonstrated that attachment anxiety predicted grief symptoms via externalized CB and predicted PTG via internalized CB at the same time, whereas attachment avoidance positively predicted grief symptoms via externalized CB but negatively predicted PTG directly. Findings suggested that individuals with a high level of attachment anxiety could both suffer from grief and obtain posttraumatic growth after loss, but it depended on which kind of CB they used. By contrast, attachment avoidance was associated with a heightened risk of maladaptive bereavement adjustment. Future grief therapy may encourage the bereaved to establish CB with the deceased and gradually shift from externalized CB to internalized CB.
Article
The authors review the theory of romantic, or pair-bond, attachment as it was originally formulated by C. Hazan and P. R. Shaver in 1987 and describe how it has evolved over more than a decade. In addition, they discuss 5 issues related to the theory that need further clarification: (a) the nature of attachment relationships, (b) the evolution and function of attachment in adulthood, (c) models of individual differences in attachment, (d) continuity and change in attachment security, and (e) the integration of attachment, sex, and caregiving. In discussing these issues, they provide leads for future research and outline a more complete theory of romantic attachment.
Article
This article describes the concept of posttraumatic growth, its conceptual foundations, and supporting empirical evidence. Posttraumatic growth is the experience of positive change that occurs as a result of the struggle with highly challenging life crises. It is manifested in a variety of ways, including an increased appreciation for life in general, more meaningful interpersonal relationships, an increased sense of personal strength, changed priorities, and a richer existential and spiritual life. Although the term is new, the idea that great good can come from great suffering is ancient. We propose a model for understanding the process of posttraumatic growth in which individual characteristics, support and disclosure, and more centrally, significant cognitive processing involving cognitive structures threatened or nullified by the traumatic events, play an important role. It is also suggested that posttraumatic growth mutually interacts with life wisdom and the development of the life narrative, and that it is an on-going process, not a static outcome.
Article
This study examined the relationship between attachment style, coping flexibility, military/non-military cause of death, levels of grief reactions and posttraumatic growth (PTG), in 150 bereaved adult siblings in Israel. Insecurely attached participants, 72% of the sample, reported more grief and less PTG than did securely attached ones. Highly avoidant individuals exhibited the least amount of PTG. Securely attached siblings were more flexible and flexibly coping participants reported less grief and higher PTG. Cause of death was not related to grief and PTG. Discussion of these findings yields conditions enabling PTG after a sibling loss.