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LOS AGROCOMBUSTIBLES: ¿SÓLO CANTO DE SIRENAS? ANÁLISIS DE LOS IMPACTOS AMBIENTALES Y SOCIALES PARA EL CASO COLOMBIANO

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Abstract

1. Introducción La crisis de abastecimiento de energía fósil y el calentamiento global ponen en el derrotero de las políticas internacionales y nacionales la promoción de energías alternativas dentro de las que se destacan los agrocombustibles. En el 2003, por ejemplo, la Unión Europea (UE) publicó una directiva 2 que establecía que para el año 2005 el 2% de toda la energía usada en el sector del transporte tenía que derivar de biocarburantes. En el 2010, ésta debería incrementarse al 5.5%. Para Colombia, esta opción es parte central de la estrategia de política energética y para ello ha adecuado su marco legal abriendo el camino a la producción de combustibles de origen agrícola. La ley 693/2001 estipula que la gasolina colombiana deberá tener un 10% de etanol en 2009 y alcanzar gradualmente una proporción del 25% en los próximos 15 ó 20 años. La Ley 788/2002 (de Reforma Tributaria), introduce exenciones de IVA, Impuesto Global y Sobretasa al componente de alcohol de los combustibles oxigenados. La ley 939/2004 estimula la producción de biodiesel hasta en un 5% para este tipo de motores. El argumento principal que justifica las políticas a favor de los agrocombustibles a nivel mundial, aunque se centra en aspectos ambientales, incluye también aspectos socio-económicos. Dentro de los primeros se resalta el hecho de que no aumentaría la concentración de CO 2 en la atmósfera, ya que el CO 2 que se desprende en la fase de combustión es el que se ha absorbido en la fase de crecimiento de las plantas gracias a la fotosíntesis. Además, el reemplazo de cierta cantidad de combustibles fósiles por el uso de biocarburantes resolvería parte del problema de escasez de fuentes energéticas y de dependencia de las mismas (Russi, 2007). En términos sociales, la Comisaría de Agricultura y Desarrollo Rural de la UE señalaba: "las materias primas para la producción de biocarburantes proporcionan también en potencia una nueva salida para los agricultores europeos, permitiendo ahora convertirse en verdaderos empresarios". Argumentos similares son usados por el gobierno colombiano. En la página web del Ministerio de Agricultura se plantean los siguientes beneficios al producir biocombustibles para el país: i) proteger las reservas de petróleo colombiano y disminuir la dependencia del uso de combustibles fósiles; ii) beneficiar el ambiente por el carácter biodegradable de los mismos; y, iii) desarrollo agrícola a través de la generación de empleos y la diversificación de cultivos, reduciendo además la importación de combustibles con un ahorro anual para el país de 500 millones de dólares (Minagricultura, s.f.). Todo parece ser "canto de sirenas". Sin embargo, presentar a los agrocombustibles como la "varita mágica" que resuelve todos los problemas puede resultar un discurso peligroso y 1 Profesor Titular Universidad del Valle, Cali, Colombia. Master y PhD en Ciencias Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (España).
1
LOS AGROCOMBUSTIBLES: ¿SÓLO CANTO DE SIRENAS?
ANÁLISIS DE LOS IMPACTOS AMBIENTALES Y SOCIALES PARA EL CASO
COLOMBIANO
Por: Mario Alejandro Pérez-Rincón1
1. Introducción
La crisis de abastecimiento de energía fósil y el calentamiento global ponen en el derrotero de las
políticas internacionales y nacionales la promoción de energías alternativas dentro de las que se
destacan los agrocombustibles. En el 2003, por ejemplo, la Unión Europea (UE) publicó una
directiva2 que establecía que para el año 2005 el 2% de toda la energía usada en el sector del
transporte tenía que derivar de biocarburantes. En el 2010, ésta debería incrementarse al 5.5%.
Para Colombia, esta opción es parte central de la estrategia de política energética y para ello ha
adecuado su marco legal abriendo el camino a la producción de combustibles de origen agrícola.
La ley 693/2001 estipula que la gasolina colombiana deberá tener un 10% de etanol en 2009 y
alcanzar gradualmente una proporción del 25% en los próximos 15 ó 20 años. La Ley 788/2002
(de Reforma Tributaria), introduce exenciones de IVA, Impuesto Global y Sobretasa al
componente de alcohol de los combustibles oxigenados. La ley 939/2004 estimula la producción
de biodiesel hasta en un 5% para este tipo de motores.
El argumento principal que justifica las políticas a favor de los agrocombustibles a nivel mundial,
aunque se centra en aspectos ambientales, incluye también aspectos socio-económicos. Dentro de
los primeros se resalta el hecho de que no aumentaría la concentración de CO2 en la atmósfera, ya
que el CO2 que se desprende en la fase de combustión es el que se ha absorbido en la fase de
crecimiento de las plantas gracias a la fotosíntesis. Además, el reemplazo de cierta cantidad de
combustibles fósiles por el uso de biocarburantes resolvería parte del problema de escasez de
fuentes energéticas y de dependencia de las mismas (Russi, 2007). En términos sociales, la
Comisaría de Agricultura y Desarrollo Rural de la UE señalaba: “las materias primas para la
producción de biocarburantes proporcionan también en potencia una nueva salida para los
agricultores europeos, permitiendo ahora convertirse en verdaderos empresarios”.
Argumentos similares son usados por el gobierno colombiano. En la página web del Ministerio
de Agricultura se plantean los siguientes beneficios al producir biocombustibles para el país: i)
proteger las reservas de petróleo colombiano y disminuir la dependencia del uso de combustibles
fósiles; ii) beneficiar el ambiente por el carácter biodegradable de los mismos; y, iii) desarrollo
agrícola a través de la generación de empleos y la diversificación de cultivos, reduciendo además
la importación de combustibles con un ahorro anual para el país de 500 millones de dólares
(Minagricultura, s.f.).
Todo parece ser “canto de sirenas”. Sin embargo, presentar a los agrocombustibles como la
“varita mágica” que resuelve todos los problemas puede resultar un discurso peligroso y
1 Profesor Titular Universidad del Valle, Cali, Colombia. Master y PhD en Ciencias Ambientales de la Universidad Autónoma de
Barcelona (España). E-mail: mario.perez@correounivalle.edu.co.
2 Council Directive 2003/30/EC del Parlamento Europeo y el Concejo del 8 de Mayo de 2003, The promotion of the use of
biofuels or other renewable fuels for transport.
2
engañoso. Diferentes estudios realizados a nivel internacional y nacional han señalado los riesgos
de esta alternativa (Pimentel y Patzek, 2005; Russi, 2007; ETC Group; HREV-CBC, 2006;
HRW-Diócesis de Quibdo, 2004; Pérez, 2007). Estas opciones, a pesar de estar basadas en el uso
y explotación de recursos naturales de carácter renovable, conllevan también importantes
implicaciones ambientales y sociales en varios aspectos: ampliación de la frontera agrícola a
costa de importantes áreas boscosas tropicales; incremento de la demanda de agua y alteración de
los regimenes hidrológicos en cuencas con importantes situaciones de estrés hídrico;
contaminación del suelo y el agua con el uso exagerado de insumos agroquímicos para aumentar
la productividad; impulso a patrones de desarrollo agrícola que además de ser energéticamente
ineficientes (bajo balance energético output/input) (Cussó et al, 2006; Pimentel, 1996), ponen en
riesgo la seguridad alimentaria e incrementan la pobreza al presionar al alza los precios de los
bienes básicos y generarse un desplazamiento de la producción de alimentos por la producción
para biocombustibles.
Por estas razones, tratar de identificar los impactos ambientales y sociales de la producción de
agrocombustibles para la economía colombiana resulta una necesidad imperiosa si se quiere
evitar entrar en el juego de la insostenibilidad y del desmesurado costo socio-ecológico. Así, este
escrito pretende avanzar en la identificación y evaluación de los impactos ambientales y sociales
de la producción de agrocombustibles para la economía nacional desde la perspectiva de la
Economía Ecológica. Una evaluación rigurosa de estos impactos dará elementos para
reconsiderar esta estrategia por parte del gobierno nacional, así como brindará información a los
movimientos sociales para que no se dejen encantar con estos “cantos de sirena” y traten de
desmontar los planes a gran escala como una estrategia inadecuada que pretende, como señala
Russi (2007), “matar muchos pájaros de un solo tiro: altos precios del petróleo, cambio climático,
seguridad energética y contaminación urbana”.
2. ¿Qué son los agrocombustibles?
Los agrocombustibles son cualquier tipo de combustible líquido, sólido o gaseoso, proveniente de
la biomasa vegetal. Este término incluye principalmente dos tipos de combustibles: el Bioetanol
(o alcohol carburante) y el Biodiesel.
El bioetanol, o alcohol carburante, se define como compuesto orgánico líquido, de naturaleza
diferente a los hidrocarburos derivados de petróleo, gas natural o carbón, que tiene en su
molécula un grupo hidroxilo (OH) enlazado a un átomo de carbono. La norma colombiana NTC
5308 define alcohol carburante como etanol anhidro obtenido a partir de la biomasa, con un
contenido de agua inferior a 0.7% en volumen (Minagricultura, s.f.). El bioetanol es obtenido a
través de un proceso de fermentación y destilación de plantas ricas en azúcar (caña de azúcar,
remolacha), cereales (maíz, cebada) o madera (biocarburantes de segunda generación). Éste
substituye a la gasolina. Por su parte, el biodiesel es un combustible para motores diesel, que se
obtiene con un proceso llamado transesterificación a partir de semillas oleaginosas (palma
aceitera, colza, girasol, soya, etc.). Substituye al diesel o el llamado ACPM en Colombia.
La producción de este tipo de combustibles tiene dos grandes ciclos: el ciclo agrícola, el cual
corresponde a la siembra, cultivo y cosecha de la planta, y el ciclo industrial o de transformación
de la materia prima en etanol o biodiesel. Así, siendo esta una actividad de tipo agroindustrial, los
impactos ambientales y sociales de estas opciones energéticas pasan por ambos ciclos de vida. De
3
tal manera, para su evaluación es necesario abordar el uso de las diferentes funciones ambientales
y sus respectivos impactos a lo largo de ambos procesos de producción (Gráfico 1).
Gráfico 1: Esquema agregado de actividades y procesos implicados en la producción de
etanol y biodiesel
Fuente: Propia con base en: Asocaña (s.f.); Fedepalma (s.f.); Ciemat (2005).
3. Impactos ambientales y sociales de la producción de agrocombustibles
Cuando se hace referencia a los impactos ambientales, estos pueden definirse como el efecto
positivo o negativo de las actividades antrópicas sobre la estructura y funcionamiento no solo de
los sistemas naturales sino también de aquellos transformados por la acción humana como por
ejemplo un campo de cultivo, un paisaje o una ciudad (Figueroa et al, 1998: 56). En el caso del
efecto propiamente sobre el medio, éste se refiere a cualquier cambio en la dinámica o
condiciones del ambiente (ciclo del agua, estructura del suelo, calidad del aire, etc.),
independientemente de la valoración social que pueda existir sobre el mismo. Buena parte de los
efectos ambientales son fenómenos físicos, químicos y biológicos que se han producido
históricamente como consecuencia de cualquier acción humana significativa sobre el medio
aunque nadie tuviera conciencia de su ocurrencia (Folchi, 2004: 4). Con base en estos criterios se
puede establecer que a escala local existen, solapados entre sí, tres órdenes de acciones sobre el
medio que acarrean efectos ambientales: las emisiones y descargas de elementos extraños
(contaminación), la extracción y uso de recursos y la transformación del paisaje.
Las acciones de la actividad económica afectan lo que se ha denominado en el lenguaje
especializado las funciones ambientales de la biosfera. En particular, se puede señalar que la
biosfera desempeña tres funciones esenciales: la función abastecedora, que provee recursos
Sistema de producción de agrocombustibles
Adecuación
de tierras
Abonado y
fertilización Siembra
Herbicida Cosecha Transporte
Molienda Mezcla Fermen-
tación
Destilación/
Deshidratación
VinazasEtanolTransporte
Alcohol
Producción
aceite vegetal Transeste-
rificación
Biodisel
Gliserina
Transporte
Subsistemas agrícolas y productivos
Cultivo
agrocom-
bustible (caña
o palma)
Producción
herbicidas
Producción
fertilizantes
Producción
maquinaria
Caña o
racimo
Agua, tierra,
otros RN
Transporte
Transformación a
etanol o biodisel
Etanol o
Biodisel
Transporte y
distribución
Uso final
1
2
Uso de funciones abastecedora y receptora del ambiente
4
naturales (renovables y no renovables) y energía a la sociedad. La función receptora, que permite
asimilar los residuos y desechos producidos por la actividad económica. Y la función de los
servicios ambientales que posibilita mantener los procesos naturales para conservar el
funcionamiento de la biosfera o el soporte de vida, y que además ofrece atractivos lúdicos a la
sociedad (Hauwermeiren, 1998 y Pearce y Turner, 1995). Cuando una o más de estas funciones
ambientales son afectadas aparece un problema ecológico, pues el ambiente deja de cumplir o lo
hace parcialmente con su papel ecosistémico, afectando también la sostenibilidad del desarrollo
de la sociedad.
Guiándonos por esa clasificación, el Cuadro 1 presenta un inventario de los principales impactos
ambientales sobre las diferentes funciones de la biosfera relacionados con la producción de
agrocombustibles. Igualmente, presenta la unidad de medida que se puede utilizar para valorar
tales impactos. Además, aunque en el campo social, el desarrollo, producción y comercialización
de combustibles de origen agrícola puede tener importantes efectos económicos como generación
de empleo, ingresos o contribuir a mejorar la balanza comercial de un país, también lleva
aparejado impactos socio-económicos negativos que regularmente no son tomados en cuenta,
pero que es necesario considerar para un balance más realista de la estrategia. Estos también son
presentados en el Cuadro 1.
Cuadro 1. Impactos ambientales y socio-económicos de los agrocombustibles
Problemas
Unidad de medida del
impacto
Funciones ambientales impactadas directamente
Aspectos
Socio-
económicos
Función
abastecedora
Función
receptora
Función
servicios
y soporte
A
M
B
I
E
N
T
A
L
E
S
Disminución zona
boscosa
Hectáreas sembradas zonas
boscosas
X
X
Consumo de agua
m3
X
Uso intensivo del suelo
Salinización
X
Contaminación hídrica
DBO5; SST
X
Contaminación
atmosférica
Emisiones (Ton/año) y
concentraciones (µg/m3)
CO2; CO; PM10; SO2
X
X
Calentamiento global
Emisiones de gases de efecto
invernadero (Ton/año)
Global Warming Potential
(GWP)
X
X
Balance energético
Output energético/
Input energético
X
X
X
Biodiversidad
(agrícola y de especies)
# de especies
Has cultivo X /Has cultivadas
totales
X
X
Afectación del paisaje
Cambio de paisajes
X
X
S
O
C
I
O
-
E
C
O
N
O
M
I
Precios de alimentos
$/unidad de consumo (azúcar,
panela, índice de precios
básicos de alimentos)
X
Seguridad alimentaria
Producción per cápita de
alimentos
Estabilidad en el tiempo ($)
Impacto en canasta familiar
($/canasta familiar)
Autosuficiencia alimentaria
Output energético per cápita
/Requerimientos nutricionales
X
Aumento costos
propietario vehículo
$/Km/galón/combustible
X
Dependencia
importación alimentos
Importación de alimentos (ton
y $)
X
Concentración de la
Has/propietario
X
5
C
O
S
propiedad
Salud pública
Índice de enfermedades
respiratorias
X
Derechos humanos
Desplazamiento y derechos
adquiridos
X
Mecánica automotriz
Duración del motor (años)
X
4. Evaluacion de impactos
Por razones de espacio y de objetivos, este artículo no pretende ser exhaustivo en la evaluación
de los impactos generados por la producción de agrocombustibles en el país (palma aceitera y
caña de azúcar), por lo cual se abordarán los que consideramos más significativos. Los impactos
ambientales analizados corresponden a: ahorro de energía y de gases efecto invernadero; presión
sobre zonas boscosas; usos del agua y del territorio. Dentro de los impactos sociales se analizarán
los relacionados con la seguridad alimentaria.
4.1 Impactos ambientales
Ahorro de energía y reducción de gases efecto invernadero
El principal argumento a favor de los agrocombustibles es que contribuirán al ahorro de energía
fósil y ayudarán a reducir la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera.
Para comprobar el primer punto, es necesario hacer el balance energético neto estableciendo la
relación output/input de energía expresada en Joules (o calorías), que permita apreciar cuánta
energía se genera (output) por cada input energético invertido en la producción de un bien a lo
largo de su ciclo de vida (ver Gráfico 1).
En la mayor parte de los balances energéticos se ha encontrado que la agricultura moderna ha
alterado la naturaleza de esta actividad. La agricultura pasó de apoyarse en un flujo de energía
renovable para transformarse en una actividad muy exigente en combustibles fósiles y recursos
no renovables. A este respecto, análisis detallados del ciclo de vida (ACV) de la producción de
agrocombustibles revelan que el ahorro de energía puede no ser tan alto como se piensa, e incluso
puede llegar a ser negativo según algunos autores para algunos tipos de cultivos. Esto se debe a
que la materia prima que se usa en la producción de agrocarburantes se obtiene mediante
agricultura intensiva, lo cual implica un alto uso de fertilizantes y pesticidas (basados en petróleo)
y maquinaria (que son producidas e impulsadas con derivados del petróleo), ya que con métodos
agrícolas menos intensivos la producción sería mucho menor y los requerimientos de tierra y
costos serían mucho más altos (Russi, 2007). Este proceso requiere, además, del uso de
combustibles fósiles (carbón y petróleo) tanto durante las fases de producción como en el
transporte desde y hacia las plantas de procesamiento.
Sobre el balance energético en los agrocombustibles hay todavía mucha discusión. En estudios
realizados sobre el ciclo de vida tanto del bioetanol como del biodiesel por Pimentel y Patzek
(2005) se concluye que en la producción de ambos biocarburantes, con los métodos de
procesamiento actual, se consume más energía de origen fósil de la que proporcionan
posteriormente durante su uso. Así, por cada unidad de energía gastada en energía fósil, el
retorno es 0,778 de energía de metanol de maíz; 0,688 unidades en etanol de switchgrass; 0,636
unidades de etanol de madera y el peor balance es el biodiesel de soya con 0,534 unidades de
biodiesel. Por su parte, Frondel y Peters (2007), en un trabajo basado en diferentes estudios
6
europeos, muestran que aunque hay un ahorro energético en el uso del biodiesel frente al diesel
convencional, el primero no es un sustituto perfecto. De hecho, solo 2/3 partes de energía fósil
puede ser ahorrada por este proceso de sustitución (idem, pág. 1679). Ello se explica porque el
valor calorífico del biodiesel (32.8 MJ/l) es menor en un 10% que el valor calorífico del diesel
convencional (35,7 MJ/l) [IEA, 1999]. Como consecuencia, solo 0.921 del diesel convencional es
necesario para el mismo rendimiento generado por un litro de biodiesel (idem, pág. 1678).
También, aunque otras investigaciones han arrojado resultados positivos en términos energéticos,
estos se disminuyen cuando el contenido de biocombustible es bajo dentro de la mezcla. Un
estudio realizado por los Departamentos de Agricultura y de Energía de los EEUU (1998),
encontró una eficiencia energética del 95%, cuando se reemplaza completamente el petróleo por
el biodiesel. Pero, cuando se le agrega un 20% de biodiesel (B20) al gasoil, el ahorro en el
consumo de petróleo es del 19% (idem, pág. v). Además, el mismo estudio considera que los
vacíos de información en el balance energético a lo largo del ACV es más la regla que la
excepción. Otro estudio realizado por el Centro de Investigaciones Energéticas (CIMAT) del
Ministerio del Medio Ambiente de España (2005), concluye que el uso de etanol derivado de
cereales permite ahorrar un 17% de energía primaria si se mezcla a la gasolina un 85% de etanol
(B85). El ahorro disminuye a un 0.28% si la mezcla de alcohol se reduce al 5% (B5) (Idem, pág.
64). Pero, igual que el estudio norteamericano, el trabajo tiene algunos vacíos de información que
pueden afectar los resultados. En particular, el análisis se circunscribe al territorio español,
quedan excluidos del análisis el uso de combustibles para la fabricación de maquinaria, así como
el análisis del gasto energético para la recuperación de los suelos. Estos aspectos subvaloran el
consumo energético del bioetanol. Además, este estudio señala que los mismos resultados
advierten que el proceso de obtención de los biocombustibles, especialmente en la etapa de
producción de la materia prima, puede y debe ser optimizado para mejorar el balance energético.
Por su parte, los datos presentados por el Ministerio de Agricultura de Colombia, Asocaña y
Fedepalma muestran un optimismo energético que requiere “beneficio de inventario” por el
propio carácter de los actores. Para la palma aceitera y la caña de azúcar la eficiencia energética
es de 6,6 y 8,3 respectivamente, muy por encima del resto de agrocombustibles, sin mostrar las
fuentes de investigación en que se basa esta información (Minagricultura, s.f.).
De todas maneras, la gran dispersión de los resultados, las limitaciones de las investigaciones en
términos de sus alcances, las etapas del proceso excluidas de los análisis, los límites geográficos
usados (excluyendo casi siempre la energía incorporada y los impactos ambientales trasladados a
otros países, como también el gasto energético en el transporte), la no inclusión de los efectos
producidos en recursos naturales tan importantes para el proceso productivo de los
agrocombustibles como el agua (contaminación y uso) y el suelo (pérdida de su calidad por la
agricultura intensiva), y las dificultades de obtener datos lo suficientemente sólidos, dejan duda
sobre la validez de los resultados de las estimaciones que arrojan un balance positivo de energía
asociada a la producción de agrocombustibles.
Por su parte, con respecto a la contaminación y a la producción de gases efecto invernadero
(GEI)3, estos biocombustibles aparecen como una opción "verde" global y local para reducir la
3 Incluyen: Vapor de Agua H2O; Dióxido de Carbono (CO2); Metano (CH4); Óxidos de Nitrógeno (NOx); Ozono (O3);
Cloroflourocarburos (artificiales).
7
contaminación atmosférica. Sin embargo, las ventajas en este aspecto son muy modestas cuando
la mezcla de bioetanol o biodiesel en la gasolina o en el diesel utilizada para los vehículos es
baja. Si se sustituyera el diesel con una mezcla de 5.75% de biodiesel (B5,75) -tal como intenta
establecer la UE-, los óxidos de nitrógeno (NOx) aumentarían de forma insignificante (2%) y el
monóxido de carbono (CO) y las partículas en suspensión (PS) disminuirían respectivamente en
solo 3% y 6% (Russi, 2007). Por su parte, el estudio realizado por los Departamentos de Energía
y de Agricultura de los EEUU (1998) concluye que el uso del biodiesel (B100) genera emisiones
netas de CO2 inferiores en más de un 78% a las producidas por el diesel tradicional, las que se
reducen al 15,7% cuando se usa la combinación B20. Para esta combinación, hay reducciones
moderadas en las principales emisiones contaminantes: el monóxido de carbono se reduce en
6.9% frente al emitido por el gasóleo, las partículas lo hacen en 4.9%, los óxidos de azufre en
1.6% y los hidrocarburos en 4,4%. Por contra, los óxidos de nitrógeno se incrementan en un 2,7%
respecto al uso del gasóleo. Igualmente, el estudio realizado por el CIMAT del Ministerio del
Medio Ambiente de España para el etanol producido a partir de cereales encuentra un ahorro de
90% y 4% en emisiones de CO2 cuando hay combinaciones de etanol en el combustible utilizado
en el transporte de 85% y 5% respectivamente. Para N2O, contrariamente, los incrementos son en
forma respectiva de 395% y 17,7%. El balance general arroja reducciones totales en los GEI de
70 y 3% para B85 y B5. Frondel y Peters (2007), con base en información originada en varios
estudios, encuentran reducciones de los GEI que van entre 41 y 78%. Reducciones similares
encuentra un estudio de la EPA4 (2002) y de Beer y Grant (2007).
Así, aunque hay importantes ventajas en la reducción de la contaminación ambiental en el uso de
agrocombustibles, estas se reducen cuando el contenido de este tipo de carburante es bajo dentro
del total del combustible utilizado, aspecto que precisamente es lo que caracteriza a esta
estrategia energética por las limitaciones técnicas y ambientales para usar combustibles 100%
agrícolas. Además, dado que estos resultados están íntimamente relacionados con los balances de
energía presentados antes, las limitaciones encontradas en los mismos respecto a la información,
afectan similarmente los resultados sobre la contaminación. De tal manera, se puede concluir
frente a estas modestas ventajas que los impactos de la producción a gran escala de
biocombustibles son enormes, sobre todo en lo relacionado a la competencia por el uso del
territorio (bosques y otros cultivos para la alimentación), agua y el impacto producido en la
seguridad alimentaria, aspectos que se miraran a continuación.
Competencia por la tierra: presión sobre zonas boscosas
Después de cinco décadas de actividad, la palma aceitera en el país es un cultivo en consolidación
ocupando un territorio de 301 mil has en 20065, con un crecimiento sostenido en los últimos diez
años tanto en el área sembrada (8,5% promedio anual) como en la producción de aceite (5,9%).
Por su parte, las exportaciones colombianas crecieron a una tasa anual de 18% y en la actualidad
representan el 34% de la producción de aceite de palma, frente a 11% en 1996, siendo un
producto cada vez más transable en el mercado internacional (DNP, 2007). Colombia en la
actualidad es el primer productor de América y el quinto en el mundo, pasando de producir 409
mil a 711 mil toneladas de aceite en los últimos diez años, con proyecciones al 2010 de 1,1
millón de toneladas en un área sembrada de 443 mil has. Sin embargo, aún se está muy lejos de
4 Environmental Protection Agency de los EEUU.
5 En 2005 ocupaba el sexto lugar en área sembrada en el país después del maíz, café, arroz, caña y plátano (Minagricultura, s.f.).
8
Cuadro 2. Superficie sembrada y proyectada con palma
aceitera para Colombia
Departamentos
Vocación
boscosa
Superficie
sembrada
2005 (has)
%
Áreas
proyectadas
Poca vocación boscosa (1)
Bolívar
1
3.560
1,5
X
Casanare
1
11.983
5,1
X
Cesar
1
32.669
13,8
X
Córdoba
1
0
-
X
Cundinamarca
1
3.189
1,3
La Guajira
1
328
0,1
X
Magdalena
1
28.683
12,1
X
Santander
1
45.842
19,3
X
Subtotal
126.254
53,3
Alguna riqueza boscosa (2)
Antioquia
2
354
0,1
X
Norte Santander
2
3.743
1,6
X
Subtotal
4.097
1,7
Mediana y gran riqueza boscosa (3 y 4)
Meta
3
74.950
31,6
X
Caquetá
4
385
0,2
X
Chocó
4
3.245
1,4
X
Nariño
4
28.000
11,8
X
Guaviare
4
0
X
Putumayo
4
0
X
Vichada
4
0
X
Subtotal
106.580
45,0
TOTAL
236.931
100,0
Fuente: Minagricultura y DNP (2007).
1/ Área boscosa menor al 25% del territorio; 2/ Área de bosques menor al 40% del
territorio; 3/ Área boscosa menor al 60% del territorio; 4/ Área de bosques mayor
al 80% del territorio del departamento.
Malasia e Indonesia, los mayores productores, con un total de 4,2 millones y 5,2 millones de has
de palma sembradas y una producción de 15,9 millones y 15,8 millones de toneladas,
respectivamente.
El imaginario económico creado por el gran volumen de transacciones de estos países que
comparten espacio tropical con nosotros, junto a un contexto donde las exportaciones mundiales
del aceite derivado de la palma han crecido en los últimos diez años a tasas promedio anuales de
10,5%, jalonadas por la crisis de los combustibles fósiles, han llevado al país a apostarle al
desarrollo a gran escala de este cultivo. Sin embargo, la misma experiencia internacional, no solo
de Indonesia y Malasia, sino también de Nigeria, Tailandia y Nueva Guinea, nos muestra que su
desarrollo se ha hecho a costa de tumbar bosques y selvas tropicales. Amigos de la Tierra publicó
un informe que mostraba que entre 1985 y 2000, las plantaciones palmeras en Malasia fueron
responsables de un 87% de la deforestación de este país. En Sumatra y Borneo (Indonesia) unos 4
millones de has de bosque se han
convertido en tierras de cultivo de
palma aceitera. Además, se programa
despejar 6 y 16,5 millones de has
adicionales en forma respectiva entre
Malasia e Indonesia para sembrar este
cultivo, casi todo dirigido a la
producción de biodiesel para satisfacer
la demanda de la UE (Mombiot,
2006)6.
En Colombia los departamentos con
mayor presencia de cultivo de palma
corresponden a Nariño, Meta,
Casanare, Santander, Cesar y
Magdalena. Estos concentran el 94%
del área sembrada del país (Cuadro 2).
Por su parte, Cenipalma y Corpoica
plantean que el potencial de expansión
del cultivo, según criterios
edafoclimáticos, es de 3,5 millones de
has, encontrándose el área potencial en
los mismos departamentos más
Antioquia, Bolívar, Córdoba, La
Guajira y Norte de Santander (DNP,
2007). Sin embargo, acorde a otros
planes de expansión que ya comienzan
a tener desarrollos específicos, existen
otras áreas de interés para los
6 En el Anexo 11 del Plan de Acción para la Biomasa de la Comisión Europea, se ha calculado que para alcanzar la cifra del
5.75% de agrocombustibles establecidos por la UE se necesitarían 17 millones de hectáreas, es decir, una quinta parte del suelo
agrícola europeo. Por ello la Comisión plantea la necesidad de importar buena parte de las materias primas de los países del Sur,
estimulando a estos países a sustituir cultivos de alimentos y zonas forestales tropicales por grandes monocultivos de oleaginosas,
palmeras o caña de azúcar.
9
palmicultores como son: la costa Pacífica del departamento de Nariño, Caquetá, Putumayo,
Chocó, Guaviare y Vichada7. Estos planes buscan reducir el grado de dispersión de los cultivos
que incrementan los costos de producción.
Precisamente, en el Cuadro 2 se puede apreciar paralelamente a la intensidad del cultivo por
departamentos, la vocación boscosa de los mismos. Así, se encuentra que aunque en la actualidad
los departamentos con menor vocación forestal son los que contribuyen con mayor área sembrada
de palma alcanzando las 126.254 has (53,3% del área sembrada en palma), la participación de los
departamentos de mediana y gran riqueza forestal contribuyen también de manera significativa
con un 45% del área sembrada (106.580 has). Pero no solo eso, los planes de expansión del
cultivo de palma aceitera se concentran en buena medida en los departamentos donde la mayor
parte del espacio territorial es ocupado por bosques. Con ello se puede decir que en forma similar
a los casos de Indonesia y Malasia, la expansión de este cultivo con miras a satisfacer al mercado
interno y externo de aceite, buena parte del mismo destinado a la producción de biodiesel,
ejercerá una gran presión sobre las reservas forestales y naturales del país, muchas de ellas
consideradas como patrimonio de la humanidad por su gran riqueza de biodiversidad.
Por su parte, el cultivo de caña de azúcar, dadas sus características y requerimientos de riqueza de
suelos y otras condiciones naturales, no parece ejercer en la actualidad mucha presión sobre los
territorios boscosos del país, aunque esto sí ocurrió en el pasado. La concentración de este cultivo
se desarrolla básicamente en la zona plana del valle del río Cauca, donde se ubica el 97% del área
sembrada.
Presión sobre el recurso hídrico y la frontera agrícola
En las diferentes evaluaciones ambientales que se han realizado sobre el cultivo de
agrocombustibles con base en el ciclo de vida (Departamento de Energía y Agricultura, 1998;
Ciemat, 2005; Frondel y Peters, 2007; Beer y Grant, 2007), poco se hace referencia a la presión
que se ejerce sobre el recurso hídrico en las zonas donde se siembran tales cultivos. En forma
contraria, algo se plantea sobre la competencia generada por territorio con otros usos (bosques y
otros cultivos).
En este contexto, los indicadores biofísicos usados por la sostenibilidad fuerte ayudan a
identificar la presión del subsistema económico sobre el ambiente. Para este caso se puede
trabajar con dos conceptos interrelacionados: la cantidad de tierra destinada a la siembra de estos
cultivos y la huella hídrica agrícola (HHA) [m3/año], que corresponde al volumen de agua usada
para producir la materia prima requerida para generar los agrocumbustibles; en Colombia la caña
de azúcar y la palma aceitera. La Huella Hídrica de los Agrocombustibles (HHAc), resulta de la
sumatoria de los Requerimientos de Agua de cada uno de estos cultivos (RAAc), dividido entre el
rendimiento respectivo de los mismos (ton/ha) y multiplicado por la producción (ton/año) de cada
uno de ellos (Chapagain y Hoekstra, 2004). Donde los RAAc son el resultado de parámetros
climáticos (evapotranspiración) y del Coeficiente de Absorción del Cultivo (Kc) (Allen et al,
7 En la zona del Urabá antioqueño y chocoano, las comunidades que están en la mira de grandes proyectos para sustituir los
bosques naturales por plantaciones de palma son: San José y las de los ríos Cacarica, Salaquí, Jiguamiandó y Cubaradó, Los
palmeros tienen proyectada la siembra de 200.000 hectáreas solamente en el Choco, lo que implica inversiones gigantescas en el
derribe del bosque, la siembra, las vías, las plantas extractoras y refinadoras para implantar los llamados “desiertos verdes”
(Molano, 2005).
10
1998). Con base en este concepto, se estimó la HHA de los cultivos que pueden ser destinados a
producir agrocombustibles con una proyección al año 2010. En el Gráfico 2 se aprecia esta
estimación incluyendo el territorio ocupado.
En términos de tierra, la
superficie sembrada en
cultivos con proyección
agrocombustible (caña de
azúcar, caña panelera y
palma africana) pasó de
318 mil has (7,4% del
total de tierras cultivadas)
en 1980 a 560 mil
(14,2%) en 2001, lo cual
representa una dinámica
de crecimiento del 2,1%
promedio anual. A partir
de 2002, donde comienza a proyectarse la política de agrocombustibles en Colombia y hasta
2006, la tierra sembrada se incrementa en 207 mil has, duplicándose su crecimiento al 4,4% anual
y alcanzando para ese año un total sembrado cercano a las 800 mil has (18% del total de tierras
cultivadas). Para el 2010, la proyección de tierras para estos cultivos alcanzará, acorde con el
Ministerio de Agricultura, las 921 mil has (20% del total), disminuyendo un poco su dinámica de
crecimiento al 3,5% anual. El efecto de esta expansión de los cultivos agrocombustibles, en
términos de costos de oportunidad, es la competencia por la tierra con respecto a otro tipo de
cultivos con perspectiva alimentaria. Así, por ejemplo un departamento como el Valle del Cauca
donde se concentra el 81% del cultivo azucarero, el cual ocupa el 48% del total de las cerca de
400 mil has sembradas allí, tiene que importar de otras regiones cerca del 90% de sus alimentos,
dado que el cultivo de los mismos ha sido desplazado por la caña de azúcar. Este proceso de
especialización es mucho más acentuado en el sur del departamento y en algunas cuencas
hidrográficas como la del río Bolo, donde el cultivo cañero ocupa el 95% de las tierras cultivadas.
Por su parte, con relación al agua, la huella hídrica de estos cultivos con perspectiva
agrocarburante, pasó de 3.1 a 5.9 Gm3 (2,1% de crecimiento promedio anual), entre 1980 y 2001
(Gráfico 2). Para el año 2006, la HHAc alcanzó un nivel de 8,7 Gm3 lo que significó más que la
duplicación de su crecimiento anual al pasar a 5,4%. En términos de proyecciones al 2010, la
HHAc alcanzará para este año un nivel de 10,6 Gm3 de consumo de agua, con un crecimiento de
4,6% anual, representando el 21,5% del total de agua consumida por la agricultura frente al 10%
de 1980. Esta situación muestra una creciente presión sobre el recurso hídrico por parte de los
cultivos con posibilidades agrocombustibles, situación que parece no crítica al compararla con la
disponibilidad de agua accesible a nivel nacional que alcanza 440 Gm3 anuales. Sin embargo,
dado que los procesos de especialización productiva en este tipo de cultivos se desarrollan, no
sobre todo un país, sino sobre regiones y zonas específicas con una determinada dotación de
recursos naturales, es sobre estos territorios donde se trasladan específicamente las cargas
ambientales de los procesos de especialización. Así, por ejemplo, en el caso del Valle del Cauca y
en determinadas cuencas hidrográficas al sur del departamento (p.e. río Bolo), con la extensión
del monocultivo cañero ya se ven situaciones importantes de estrés hídrico que afectan la
sostenibilidad del recurso, generando conflictos con otros usos como el consumo humano y el
Grá fico 2. Pre si ón a mb ien tal de los cu lti vos con pe rs pe cti va
agrocom bustible en Colom bia: 1980-2010 (agua y terr itorio )
-
200
400
600
800
1.000
1980 1984 1988 1992 1996 2000 2004 2008
Miles de h ectáreas
-
2,0
4,0
6,0
8,0
10,0
12,0
Gm3 de agua
Tier ra cul tiv ada (ha s) Huel la hídr ic a (G m3)
Fuente: Cálculos propios con base en Minagricultura. Incluye: caña de azúcar, panelera y palma.
11
caudal ecológico. El consumo de agua para el cultivo de caña de azúcar en el Valle del Cauca
(1,6 Gm3) ya ocupa el 25% del aporte departamental de agua al río Cauca y en la cuenca del río
Bolo, éste demanda más del 100% de la oferta hídrica del río teniendo que buscar fuentes alternas
superficiales y subterráneas, extendiendo la presión ambiental sobre otras regiones y recursos
(Pérez, 2007).
El carácter agua-intensivo de este
tipo de cultivos (Gráfico 3), hace que
cualquier proceso de especialización
agrícola dirigido a los mismos deba
considerar como estrategia
fundamental el desarrollo de Planes
de Manejo Integral del Recurso
Hídrico (PMIRH) que tengan en
cuenta las limitaciones ambientales
asociadas a la capacidad de soporte
de territorios, ecosistemas y recursos.
Bajo este panorama, la puesta en
marcha de proyectos agrícolas a gran
escala como estos debe considerar la capacidad de las funciones ambientales del recurso hídrico,
en un contexto donde las presiones del mercado externo y los grandes grupos económicos
nacionales y trasnacionales para apropiarse de un negocio que parece prospero, hacen que las
posibilidades de gobernabilidad y soberanía del estado para hacer respetar los límites ecológicos
se vean cada vez más disminuidas. La autoridad ambiental tiene allí un gran reto para, desde ya,
establecer señales claras para promover una gestión sostenible de una alternativa agro-energética
que tiene como uno de sus insumos principales al agua, tanto en su función abastecedora como
receptora. Sin embargo, las señales parecen contrarias a estos requerimientos: Ley Forestal, Ley
del Agua, desregularización estatal y pérdida de autonomía de los territorios comunales.
En este panorama se plantea que la capacidad potencial de siembra de palma aceitera en
Colombia es de 3,5 millones de hectáreas (DNP, 2007), sin considerar la capacidad de la oferta
hídrica para soportar este modelo agro-industrial-exportador, ni la demanda por agua de otros
sectores, incluyendo el caudal ecológico. La presión sobre el recurso hídrico, originada por esta
cantidad de hectáreas de palma proyectadas, alcanzaría los 48,8 Gm3 de agua. Ello significaría
más que duplicar el consumo total de agua actual de la agricultura (43,7 Gm3), teniendo un
crecimiento superior al 114% frente al agua consumida en 2005, sin incluir la dinámica de
crecimiento de los otros cultivos. De tal manera, sumando ambas cuantías se podría alcanzar una
demanda total de agua para uso agrícola cercana a los 95 Gm3, lo cual contribuiría a incrementar
el estrés hídrico en muchas de nuestras cuencas hidrográficas y los conflictos por el uso del agua.
Igualmente, en términos de territorio, y si no se produce desplazamiento de cultivos, la frontera
agrícola se vería casi duplicada alcanzando los 7,5 millones de has. Esta situación generaría
impactos ambientales adicionales en muchos aspectos.
Grá fico 3. Re que r imi en tos de agu a po r hec tár ea par a alg uno s
cultivos
-
2.000
4.000
6.000
8.000
10.000
12.000
Pal ma Cañ a Tomat es Ma íz Sorgo
m3/ha
Fuente: UNESCO-IHE (2004). Cálculos nuestros.
12
4.2 Impactos sociales
Seguridad alimentaria
Acorde a la FAO (1996), “existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo
momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer
sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida
activa y sana”. Esta definición fue aprobada en la Cumbre Mundial sobre Alimentación de la
FAO, siendo bastante aceptada como fundamento conceptual por diferentes organismos y
naciones. Dicha concepción de seguridad alimentaria involucra sus aspectos clásicos: la
disponibilidad de alimentos básicos, la estabilidad de los suministros y el acceso de todos a
dichos suministros, y agrega una noción de alimentación adaptada a lo que se llamaba
“utilización biológica de los alimentos”, relacionada con la salud y la nutrición de las personas, es
decir la capacidad que tiene cada organismo de asimilar los nutrientes ingeridos (FAO, 2000).
Aunque la definición anterior es ampliamente aceptada, el concepto de seguridad alimentaria
asume diferentes connotaciones según los parámetros que define el nuevo modelo de desarrollo,
donde se le da más preponderancia a la acción del mercado en relación con la del Estado. En los
países en desarrollo que han adoptado como modelo económico la vía del mercado, cada país
garantiza su acceso a los alimentos a través de mantener una capacidad para comprarlos, no
importa si son importados o producidos nacionalmente. En este sentido, el acopio físico al
interior de cada país para mantener reservas de alimentos deja de ser importante. En esta visión el
concepto pasa de la seguridad alimentaria a la autosolvencia alimentaria (Machado y Pinzón,
2002). En países desarrollados (UE, EEUU) se mantiene una política que privilegia las
producciones nacionales con el fin de garantizar la independencia alimentaria, en esta concepción
la actividad agrícola es estratégica y la sociedad paga por el costo que ello representa (Machado,
1998).
Existe un amplio y variado conjunto de indicadores para evaluar cuantitativa y cualitativamente
la seguridad alimentaria de un país. Ellos pueden referirse a la disponibilidad de alimentos: la
producción, las importaciones y las exportaciones de productos agrícolas y agroindustriales; o a
la estabilidad de la oferta: el funcionamiento de los mercados tanto nacionales como
internacionales; o a el acceso a los alimentos: pobreza, ingresos y empleo; y, a información
general sobre el consumo y el estado nutricional de las personas. Todos ellos son pertinentes en la
evaluación del estado de la alimentación y la vulnerabilidad de la población (Machado y Pinzón,
2002). Pero también, en el contexto del trabajo que estamos realizando, desde la economía
ecológica se pueden desarrollar nuevos indicadores que permiten identificar el nivel de
satisfacción de los requerimientos energéticos o calóricos de una población, posibilitando
conocer, además, si la economía está orientada a cumplir con este compromiso básico de
cualquier sociedad o tiene una perspectiva dirigida a satisfacer los requerimientos de materia
prima de la industria, incluyendo la perspectiva agroenergética.
En este caso particular se mirarán tres tipos de indicadores:
- Disponibilidad (oferta) total de alimentos: se observará la tendencia de la producción per cápita
de alimentos básicos de origen agrícola (ton). Ello permitirá apreciar si la producción de bienes
13
agrícolas con potencial energético ha afectado la disponibilidad de alimentos, utilizando además
las proyecciones del Ministerio de Agricultura hasta el 2010.
- La estabilidad en el tiempo de dicha disponibilidad, es decir el funcionamiento de los mercados,
tanto nacionales como internacionales. Acá se observará la evolución de los precios de los
principales productos asociados a la producción de biocarburantes. Hacemos referencia a: azúcar,
aceite y panela. Un cambio en los precios de estos bienes, los cuales son básicos dentro de la
canasta familiar, afecta el ingreso disponible para otros gastos alimenticios y de otro tipo,
teniendo repercusiones sobre la seguridad alimentaria.
-Afectación de los requerimientos energéticos o calóricos de las personas. Se apreciará la
evolución del output energético agrícola8 respecto a los requerimientos energéticos por persona.
Igualmente miraremos la tendencia del output energético dirigido a la alimentación humana y el
dirigido a la producción de materia prima para la industria.
Disponibilidad per cápita de alimentos
Este es un indicador de la dinámica del esfuerzo económico, y relaciona la producción de
alimentos básicos y la población. Su tendencia a lo largo del tiempo muestra la capacidad de un
país por esforzarse en la producción de alimentos en relación con el cambio demográfico. Se
define como la relación entre la producción y el número de habitantes (Machado y Pinzón, 2002):
PC = PA / PT (1)
Donde, PC = producción per cápita, PA = volumen de producción de alimentos (ton), PT =
población total. El índice mide la producción en toneladas por habitante, o puede expresarse en
kilogramos por persona (kg/persona).
Como se observa en el Gráfico 4, en Colombia la producción per cápita de alimentos de origen
agrícola ha tenido un comportamiento inestable a lo largo del periodo analizado, aunque con una
ligera tendencia al descenso. Se pueden
distinguir cuatro periodos. Una caída
importante en el primer quinquenio de
los ochenta hasta alcanzar los 390
kg/persona en 1985; un incremento en
los siguientes años estabilizándose
alrededor de 420 kg/persona hasta
1996; un descenso significativo en 1998
en donde alcanza el nivel más bajo de
371 kg. A partir de este año se produce
un continuo incremento estabilizándose
alrededor de 400 kg/persona en los años
transcurridos del presente del siglo. Las
proyecciones del Ministerio de
Agricultura al 2010 son optimistas
estimándose que para ese año alcanzará
los 458 kg por persona. El
8 Este trabajo solo incluye el análisis de las necesidades caloríficas de la población y no las proteínicas y de otro tipo. Igualmente,
está excluido de análisis el output energético de origen animal.
Gráf ico 4. Pr odu cció n p er cáp ita d e alim e nto s ag ríc olas
básicos (1980-2010)
y = -0,1814x + 423,28
350
370
390
410
430
450
470
1980
1982
1984
1986
1988
1990
1992
1994
1996
1998
2000
2002
2004
2006
2008
2010
Kg/persona
Fuente: Fuente: Minagricultura; FAOSTAT; DANE.
Incluye: cereales, hortalizas, frutales, oleaginosas y tubérculos.
14
comportamiento de la oferta de alimentos agrícolas básicos durante lo corrido del siglo parecería
indicar que la política de promoción de los agrocombustibles a partir de 2002 no estaría afectando
mucho la seguridad alimentaría vista desde este indicador. Hay que decir, sin embargo, que este
incremento no significa siempre que la población esté consumiendo más alimentos, pues buena
parte de ella puede irse al exterior vía exportaciones.
Comportamiento del precio de los alimentos
El incremento de los precios de los alimentos puede tener como consecuencia la reducción
relativa en la disponibilidad de bienes alimenticios. Un ejemplo reciente se vio con el precio del
maíz en EEUU que aumentó a su valor más alto en 10 años debido a la creciente demanda en ese
país de bioetanol derivado del maíz. México -principal importador de maíz de EEUU- resultó
especialmente afectado ya que la gente debió pagar hasta 30% más por uno de sus alimentos
básicos: la tortilla de maíz. Este fenómeno ya comienza a ser conocido con el término
“etanolinflación”9.
Para el caso particular colombiano, miraremos la evolución de los precios del azúcar y la panela
(etanol) y el aceite de palma (biodiesel). En el Gráfico 5 se puede apreciar el comportamiento de
estos precios en lo trascurrido del presente siglo. Así encontramos que en general ha habido una
tendencia al crecimiento de los precios de los tres productos analizados, tanto a nivel nacional
como internacional. En el caso particular del precio de la panela y el azúcar, su respectivo índice
pasó de un nivel de 61 y 73 en enero de 2000 a 119 y 106 respectivamente en julio de 2007,
significando ello crecimientos mensuales promedio de 1% y 0,5% para cada tipo de bien básico.
Ello, obviamente, debió haber golpeado la canasta familiar de los más pobres que son los que
destinan más recursos a la adquisición de este tipo de bienes.
Gráfico 5. Comportamiento de los precios nacionales e internacionales del azúcar,
la panela y el aceite de palma (2000-2007)
Indice de pr ecios al cons um idos: pane la y azúcar (2000-2007)
0,00
20,00
40,00
60,00
80,00
100,00
120,00
140,00
Ene-
00
Jul-
00
Ene-
01
Jul-
01
Ene-
02
Jul-
02
Ene-
03
Jul-
03
Ene-
04
Jul-
04
Ene-
05
Jul-
05
Ene-
06
Jul-
06
Ene-
07
Jul-
07
IPC p an el a IPC a z úc ar
Pre cios nacio nale s e in ter nacionales de l ace ite de palm a
200
250
300
350
400
450
500
550
2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006
US$/Ton
400
600
800
1.000
1.200
1.400
1.600
1.800
Miles de $/To n
Int er n ac io na l Do més t ic o
Fuente: Fedepalma (informes anuales), Asocaña (informes anuales); Minagricultura (varios años y 2006)
9 El precio internacional del maíz amarillo y del blanco pasó de US$ 88 y US$ 87/ton en 2000 a US$ 138 y US$ 151/ton
respectivamente en 2006.
15
Por su parte, el precio del aceite de palma también creció en el periodo analizado aunque un poco
más irregularmente. Mientras el precio internacional del aceite pasó de US$ 310 a US$ 506 por
tonelada entre 2000 y 2006 (9% de crecimiento anual), el precio a nivel nacional creció a un
ritmo un poco menor al pasar de $ 804 mil/ton a $ 1,12 millones/ton en el mismo periodo. Esto
representa un crecimiento anual de 5.6%. Además, se observa un importante descenso entre 2003
y 2005 del aceite palmícola en el mercado nacional al pasar de $ 1,56 millones por tonelada a $
1,1 millones. El menor crecimiento del precio local frente a los precios internacionales está
relacionado con la revaluación del peso y con la disminución de los aranceles dentro del Mercado
Andino y con Mercosur, que redujo la tasa de importación al aceite crudo de soya que compite
con el de palma, presionando los precios hacia abajo (Fedepalma, varios años).
En general, el comportamiento al alza de los precios de estos tres productos básicos de la canasta
familiar durante este siglo permite afirmar que la política de promoción de agrocombustibles a
nivel nacional e internacional ha generado un efecto negativo en la disponibilidad real de
alimentos a través de lo que se conoce como el efecto ingreso, el cual se ve disminuido en
términos relativos por el encarecimiento del precio de los productos básicos, disminuyendo
asimismo la capacidad de consumo. Este efecto tiene impactos importantes sobre la seguridad
alimentaria de la población, en especial de las familias de más bajos ingresos.
Afectación de los requerimientos energéticos de las personas
En la estimación del output
energético se ha considerado solo
el flujo de bienes agrícolas, sin
incluir las calorías de origen
animal10. En el Gráfico 6 se aprecia
el output energético per capita
generado por la actividad agrícola
colombiana con proyección al año
2010. La energía primaria de
origen agrícola se ha dividido en
dos componentes: la derivada de la
producción de alimentos básicos
que tiene como destino el
abastecimiento directo de las
necesidades calóricas humanas y
que se constituye en el componente
10 El valor energético por unidad de producto se ha realizado a partir de Moreiras et al (1996) y McCance y Widdowson´s (2002).
Para café se tomo a Duke (1983) y para paja y capacidad de combustión a Naredo y Campos (1980). La información sobre la
producción agrícola es de FAOSTAT y del Ministerio de Agricultura. La producción total de caña de azúcar y de palma africana
fue convertida respectivamente a azúcar y aceite, con base en coeficientes reportados por ASOCAÑA y FEDEPALMA. La
población se obtuvo del DANE. Las unidades que expresan el aporte energético corresponden a: 1 Kcal = 4184 Joules (J); 1 MJ =
106 J; 1 GJ = 109 J; 1 MGJ = 1015 J. El ser humano necesita en promedio consumir unas 2.400 kcalorías diarias, suponiendo una
actividad física moderada y un 10% de pérdidas asociadas al desperdicio y mal manejo de alimentos (Menchú, 2006). Esto
significa un requerimiento anual calórico de 3,67 Gj. El proceso para el cálculo del output energético es sencillo: los contenidos
energéticos (calorías o Joules por gramo) de cada alimento, se multiplican por la producción agrícola en toneladas de cada cultivo
y la suma de todos genera el output energético de la agricultura en un año dado.
Gr áf ico 6. Ene rg ía p rim ar ia p er cápit a re que ri da y pr odu cida
en Co lom bia (1980-2010)
1,50
2,00
2,50
3,00
3,50
4,00
1980
1982
1984
1986
1988
1990
1992
1994
1996
1998
2000
2002
2004
2006
2008
2010
GigaJoules/persona
Outp ut en ergétic o alimen tos básic os
Outp ut en ergétic o pr oduc tos ag roind ustr iales
Req ue rmie nt os hu man os en er gé tic os
Fuente: Minagricultura; FAOSTAT; DANE; Menchú (2006).
16
principal de la seguridad alimentaria de un país; y la energía primaria dirigida a abastecer de
materias primas a la industria. Igualmente, se presenta los requerimientos energéticos per cápita
al año para sostener una vida en forma saludable (Menchú, 2006; Naredo y Campos, 1980).
De esta gráfica resultan varios aspectos de interés para analizar el tema que nos ocupa: el
conflicto entre la producción de agrocombustibles y la seguridad alimentaria. Por un lado, se
observa una tendencia decreciente en el comportamiento del output energético per cápita de
productos alimenticios básicos a lo largo del periodo estudiado, al pasar de 2,7 Gj en 1980 a 2,2
Gj en 2006. Las proyecciones del Ministerio de Agricultura permiten una pequeña recuperación
hasta 2.4 Gj en 2010. Esta situación de por ya es preocupante pues la actividad económica
interna no está dirigida a satisfacer los requerimientos energéticos primarios de la población
colombiana. En segundo lugar, a partir del año 2000, hay una tendencia de la dinámica energética
primaria a producir más energía para satisfacer los requerimientos de la agroindustria. Este
énfasis se acentúa a partir de 2004 y las perspectivas del Ministerio de Agricultura al 2010 hacen
más redundante este sesgo energético. Así, mientras el output energético agroindustrial fue en
promedio de 1.75 Gj por persona entre 1980-2000, éste se incrementó a 1.81 Gj entre 2000-2004.
Para 2006 se alcanza un output de energía primaria de 2,34 Gj y las proyecciones del Ministerio
de Agricultura suponen obtener un nivel de energía para el uso agroindustrial de 2,78 Gj.
Este sesgo, resultado de la política de promoción de agrocombustibles en el plano nacional e
internacional y de los altos precios de las materias primas de origen agrícola para uso industrial,
genera un cambio estructural en la producción energética primaria agrícola. Acorde a las
perspectivas del Ministerio de Agricultura, en 2010 la generación de energía primaria agrícola
para la industria superará en cerca del 18% la energía producida para el consumo humano directo
(2,8 vs. 2,3 Gj por persona respectivamente). Esta situación hace que se mantenga el déficit
energético primario para suplir las necesidades calóricas por persona en un nivel promedio de 1,4
Gj en los últimos 11 años analizados, desde 2000 (ver Fig. 6). Este déficit en la generación de
energía primaria agrícola frente a las necesidades calóricas per cápita, es resuelto con energía de
procedencia animal y por las importaciones de alimentos, modelo que además de acentuar la
dependencia nutricional externa, genera altos impactos ambientales asociados al desarrollo
pecuario.
En este contexto, la estrategia de promover la producción y uso de agrocombustibles no ayuda a
solucionar el problema del déficit alimentario en términos calóricos de la población colombiana.
Por el contrario, se produce un sesgo hacia la producción agrícola con potencial de satisfacer las
necesidades energéticas de la movilidad. Este sesgo puede ser observado en la Figura 7, donde se
aprecia los claros efectos de la política de producción de agrocombustibles en Colombia, en el
sentido de apropiarse en forma creciente del output energético generado por la agricultura
nacional al pasar de un 33% en 1980 a 46,4% en 2006. En términos absolutos, esto significó un
incremento de 1.6 a 2,5 Gj por persona en el mismo periodo, para un crecimiento promedio anual
del 1.2%. Las perspectivas del Ministerio de Agricultura mantienen la misma tendencia hasta
llegar esta participación en 2010 a cerca del 50% (2,5 Gj/hab.) del total de energía primaria
generada por la agricultura colombiana.
Todos estos fenómenos afectan en forma importante la seguridad alimentaria, pues la generación
de calorías primarias agrícolas no está dirigida a satisfacer los requerimientos energéticos de la
población sino a satisfacer las demandas de la agroindustria y ahora las necesidades energéticas
17
del transporte. Ello valida la afirmación del escritor británico George Maniot al decir que: “En
una competencia entre su demanda por combustible y la demanda por alimentos de los pobres,
los conductores ganarían siempre” (citado por Bravo, 2006).
4. CONCLUSIONES
Hemos escuchado decir sin inmutación alguna a autoridades y “expertos”: el biodiesel y el
etanol son combustibles con impacto ambiental cero”. Frases de cajón que no son ciertas. El
proceso de transformación de la materia prima (caña, frutos de palma, maíz, soya, etc.) en
agrocombustibles implica el uso de las funciones ambientales (abastecedora y receptora) a lo
largo del ciclo de vida del producto final (etanol y biodiesel), tanto en su fase de producción
agrícola como de transformación, que hacen que los impactos ambientales y sociales se
extiendan en forma amplia a lo largo de una gran cadena productiva, impactando diferentes
vectores ambientales (tierra, agua, aire, biodiversidad, salud), diferentes grupos sociales
(pequeños agricultores, comunidades pobres, grupos vulnerables) y extendiéndose por
diferentes territorios nacionales y continentales, aspecto que se intensificará en la medida en
que estos combustibles de origen agrícola aumenten su transabilidad internacional.
Dada esta realidad, la producción y consumo de agrocombustibles no tienen un efecto neutro
sobre la sociedad y el ambiente. Afectan de diferente manera las funciones ambientales y a
los grupos sociales. Los impactos son amplios y se pueden destacar: afectación de zonas
boscosas; cambio en los consumos de agua para uso agrícola; uso intensivo del suelo;
contaminación hídrica y atmosférica; cambio en la producción de gases efecto invernadero;
cambio neto en el uso de energía fósil; afectación de la biodiversidad de especies y agrícola;
afectación del paisaje; efectos sobre la seguridad alimentaria; concentración de la propiedad;
efectos en la mecánica automotriz; cambio en los costos de sostenimiento y reparación de
vehículos, entre los principales.
Aunque el balance energético neto y el relacionado a la producción de GEI arrojan resultados
positivos para la producción de agrocombustibles al compararlos con los combustibles
fósiles, estos se reducen cuando el contenido de biocombustible es menor, como es lo
habitualmente usado a nivel mundial y en el caso colombiano. Además, los estudios
Gráf ico 7. Din ám ica d el out put en er gé tico de los cu ltivo s c on
pers pectiva agrocombustible: caña y palma (1980-2010)
25,0
30,0
35,0
40,0
45,0
50,0
55,0
1980
1982
1984
1986
1988
1990
1992
1994
1996
1998
2000
2002
2004
2006
2008
2010
Porcen taje ( %)
-
0,50
1,00
1,50
2,00
2,50
3,00
Gj/persona
Outp ut ene rgético perc ápita
Outp ut ene rgético agro combus tible/Outp ut ene rgético total
18
realizados tienen limitaciones en la información pues excluyen de la misma varios aspectos
importantes: el impacto generado sobre otros países, asociado a lo que se conoce como costo
ambiental trasladado de un territorio a otro para mantener sus niveles de consumo; costo
ambiental relacionado con el transporte; desestimación de efectos sobre el uso y
contaminación del agua y el suelo, tanto del propio proceso productivo como de los
subproductos generados (vinasa y glicerina), entre otros. Todo ello deja duda sobre la validez
de los resultados de las estimaciones que arrojan un balance positivo de energía asociada a la
producción de agrocombustibles.
La presión que el cultivo de palma africana, en particular, ejerce sobre las reservas forestales
y naturales del país se manifiesta en que los departamentos con mayor vocación boscosa
contribuyen actualmente con una parte importante del área sembrada, el 45% (107 mil has).
Pero, más aún, los planes de expansión del cultivo de palma aceitera se concentran en mayor
medida en los departamentos con mayor riqueza forestal, pudiendo seguir el modelo
desarrollado por Indonesia y Malasia, en donde la producción aceitera y de biodiesel se hace
a costa de reducir las áreas boscosas. El cultivo de caña de azúcar por su parte, ya tuvo en el
pasado ese efecto de desplazamiento de zonas de reserva forestal como puede corroborarse en
el departamento del Valle del Cauca entre los años 1940 y 1980.
La presión de los cultivos con perspectiva agrocombustible sobre el uso del territorio para la
actividad agrícola se manifiesta en la dinámica de crecimiento de su área sembrada, la cual se
acentúo a partir del establecimiento de la política agroenergética colombiana en 2002. El
crecimiento promedio anual de la tierra sembrada alcanzó el 4,4% hasta 2006. Para el año
2010, el Ministerio de Agricultura plantea cubrir con palma el 20% de las tierras cultivadas
en Colombia (921 mil has), lo cual implicará el desplazamiento de otros cultivos esenciales
para la alimentación básica colombiana, priorizando la producción de bioenergía para la
movilización vehicular por encima de la de comida para la población.
La estrategia de masificación de los cultivos agrocombustibles para ciertas partes del
territorio nacional significa intensificar la presión sobre el recurso hídrico en las cuencas
hidrográficas donde se desarrollan o piensan desarrollar tales cultivos, dado su carácter agua-
intensivo. Por tal razón, resulta fundamental diseñar Planes de Manejo Integral del Recurso
Hídrico que consideren la capacidad de soporte de un territorio y las restricciones ambientales
asociadas de los ecosistemas fluviales. La autoridad ambiental debe jugar un rol protagónico
en la exigencia de estrictos parámetros ambientales que respeten la capacidad de los
ecosistemas hídricos para el establecimiento a gran escala de este tipo de cultivos. Sin
embargo, su carácter estratégico como generador de divisas y captador de grandes capitales,
junto a su perfil latifundista, limita la gobernabilidad y soberanía de la autoridad ambiental, y
del estado en general, para ganar competitividad en los mercados nacionales e internacionales
a través de la externalización de las externalidades, siendo asumidas éstas por la población
nativa y los ecosistemas de las regiones agroenergéticas.
Para evaluar el conflicto generado entre la producción y consumo de agrocombustibles y la
seguridad alimentaria en Colombia se utilizaron tres tipos de indicadores: la disponibilidad de
alimentos, la estabilidad de la oferta, y el nivel de satisfacción de los requerimientos
calóricos de la población. En el primer punto se encuentra que aunque hay una tendencia
general a reducirse la disponibilidad per cápita de alimentos en ton, ésta tiene signos de
recuperación desde el 2000. Ello permitiría afirmar que la política de agrocombustibles que se
inició en 2002 no ha afectado la seguridad alimentaria vista bajo la lupa de este indicador. Sin
19
embargo, esto hay que tomarlo con beneficio de inventario porque parte de este crecimiento
puede haber enriquecido las exportaciones.
Con respecto a la estabilidad del mercado de alimentos, hay suficiente evidencia para
considerar que la política de promoción de agrocombustibles a nivel nacional e internacional
ha afectado la seguridad alimentaria en Colombia a través del alza de los precios de algunos
productos básicos de la canasta familiar asociados a la producción de biocombustibles
(azúcar, panela, aceite y maíz, aunque este último no se incluyó en el análisis). El impacto
sobre la seguridad alimentaria se produce a través del efecto ingreso, el cual desplaza la curva
de demanda hacia abajo disminuyendo el consumo de estos bienes o de otros bienes básicos
de la canasta familiar.
Frente a los requerimientos energéticos de la población se concluyen tres aspectos relevantes:
i) existe una tendencia decreciente en el comportamiento del output energético per cápita de
productos alimenticios básicos a lo largo del periodo estudiado, mostrando que la actividad
económica sacrifica la satisfacción de los requerimientos energéticos primarios de la
población colombiana por abastecer a la industria de materia prima. ii) Este sesgo energético
se acentúa a partir de 2002, como resultado de la política de promoción de agrocombustibles,
generando una situación en la que, a pesar del déficit energético para suplir de requerimientos
calóricos a la población, se intensifica la producción de energía primaria para satisfacer los
requerimientos industriales y ahora la demanda de combustibles de origen agrícola para el
transporte. Esta situación acentúa el modelo de dependencia nutricional de los aportes
energéticos de origen animal y de las importaciones, modelo que sacrifica el papel estratégico
que debe tener la alimentación para los países e incrementa los impactos ambientales por el
uso intensivo de los recursos naturales que caracteriza a la actividad pecuaria. iii) La
estrategia de promover la producción y uso de agrocombustibles, contrario a ayudar a
resolver el problema del déficit alimentario en términos calóricos, intensifica el sesgo hacia la
producción agrícola con potencial de satisfacer las necesidades energéticas de los sectores
industriales y ahora del transporte.
Bajo esta realidad se puede afirmar que en un escenario internacional y nacional de
inestabilidad de precios de parte de los productos básicos de la canasta familiar, en donde
existe una gran demanda de energía alternativa de origen agrícola por los altos precios del
petróleo, la seguridad alimentaria de la población resulta una de las sacrificadas en la
aplicación de la estrategia de promoción del sector agrocombustible en Colombia.
El balance que hemos desarrollado en este artículo nos muestra que en términos ambientales
y sociales, la producción y uso de agrocombustibles no es una solución neutra y que por el
contrario puede resultar peor el remedio que la enfermedad. Frente a las modestas ventajas
que presenta esta opción energética relacionadas con la reducción del consumo de energía
fósil y la disminución de los GEI, aspectos que además son cuestionados, las desventajas de
la producción a gran escala de biodiesel y etanol son enormes, sobre todo en lo relacionado a
la competencia por el uso del territorio (bosques y otros cultivos para la alimentación), agua y
el impacto producido en la seguridad alimentaria.
La política internacional y nacional de energía y combustibles está caracterizada por un
enfoque de oferta en donde la prioridad es mantener los niveles y patrones de consumo, para
lo cual es requerida una determinada cantidad de energía. El desarrollo económico y
tecnológico intentan abastecer, de diferente manera, estos requerimientos energéticos, sin
consideraciones ambientales ni sociales. Bajo este esquema, los biocarburantes aparecen
como la solución tecnológica que posibilitará mantener los niveles de consumo, “evadiendo
20
las restricciones ambientales”. Sin embargo, como ya se vio, presentarlo así no es sólo falso
sino también peligroso. Estas políticas no abordan el control de la demanda del consumo
energético como una alternativa que puede ayudar a resolver el conflicto entre energía y
desarrollo sostenible. Como lo señala Russi (2007), “los agrocombustibles no contribuirán a
la solución de los problemas energéticos, fomentando por el contrario un falso optimismo de
que hay una solución tecnológica para resolver el problema de nuestra excesiva dependencia
a los combustibles fósiles". La única forma posible de lograrlo es modificar nuestros patrones
de consumo con medidas de ahorro energético y de diversificación de fuentes de energía”.
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Article
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The water footprint concept has been developed in order to have an indicator of water use in relation to consumption of people. The water footprint of a country is defined as the volume of water needed for the production of the goods and services consumed by the inhabitants of the country. Closely linked to the water footprint concept is the virtual water concept. Virtual water is defined as the volume of water required to produce a commodity or service. International trade of commodities implies flows of virtual water over large distances. The water footprint of a nation can be assessed by taking the use of domestic water resources, subtract the virtual water flow that leaves the country and add the virtual water flow that enters the country. The internal water footprint of a nation is the volume of water used from domestic water resources to produce the goods and services consumed by the inhabitants of the country. The external water footprint of a country is the volume of water used in other countries to produce goods and services imported and consumed by the inhabitants of the country. The study aims to calculate the water footprint for each nation of the world for the period 1997-2001.
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Energy outputs from ethanol produced using corn, switchgrass, and wood biomass were each less than the respective fossil energy inputs. The same was true for producing biodiesel using soybeans and sunflower, however, the energy cost for producing soybean biodiesel was only slightly negative compared with ethanol production. Findings in terms of energy outputs compared with the energy inputs were: • Ethanol production using corn grain required 29% more fossil energy than the ethanol fuel produced. • Ethanol production using switchgrass required 50% more fossil energy than the ethanol fuel produced. • Ethanol production using wood biomass required 57% more fossil energy than the ethanol fuel produced. • Biodiesel production using soybean required 27% more fossil energy than the biodiesel fuel produced (Note, the energy yield from soy oil per hectare is far lower than the ethanol yield from corn). • Biodiesel production using sunflower required 118% more fossil energy than the biodiesel fuel produced.
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En los últimos dos años he hecho un incómodo descubrimiento. Como muchos expertos en medio ambiente, he estado tan ciego ante las restricciones que afectan a nuestro suministro de energía como mis adversarios lo han estado ante el cambio climático. Ahora me doy cuenta de que he abrigado una cierta creencia en la magia. En 2003, el biólogo Jeffrey Dukes calculaba que los combustibles fósiles que quemamos en un año se componen de materia orgánica "que contiene un 44 x 10 de los 18 gramos de carbono, que es más de 400 veces la productividad primaria neta de la biota actual del planeta"(1). Hablando claramente, esto significa que cada año usamos una cantidad por valor de cuatro siglos de plantas y animales. La idea de que sencillamente podemos reemplazar este legado fósil (y la extraordinaria densidad de energía que nos da) por energía ecológica es ciencia ficción. Simplemente no hay sustituto, pero se buscan sustitutos por todas partes. Hoy se están promoviendo en las conferencias climáticas en Montreal, por Estados (como el nuestro) que intentan evitar las duras decisiones que impone el cambio climático. Y al menos uno de ellos es peor que el combustible fósil al que reemplaza. La última vez que presté atención a los peligros de hacer combustible diesel a partir de aceites vegetales, me insultaron más aún de lo que lo habían hecho los partidarios de la guerra de Irak. Descubrí que los misioneros del biodiesel son tan enérgicos en su negativa como los ejecutivos de Exxon. Ahora puedo admitir que estaba equivocado en mi anterior columna. Pero no les va a gustar. Estaba equivocado porque subestimé el impacto destructivo de dicho combustible.
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The energy balance of the 1860–1870 agrarian system in a Catalan county (Spain) shows a 1.41 energy return on energy inputs. This positive figure was achieved despite the high intensive Mediterranean organic agriculture then practiced and its unavoidable dependence on the inefficient livestock bioconversion of biomass to obtain manure and traction. The key feature was the integration between agricultural, pasture and forest lands mainly by means of livestock breeding. The study of past socio-metabolic flows helps to highlight the two sides that have led to a lower energy performance of the agrarian systems in the 20th century: (1) the injection of external energy subsidies coming from fossil fuels; and (2) the functional disconnection between the different land covers inside the whole agrarian ecosystem. This disconnection has brought about a much more inefficient land use from an ecological point of view.
Article
Because carbon dioxide emissions from the combustion of a renewable fuel are not anthropogenic greenhouse gases, there are significant greenhouse gas benefits in using ethanol that is derived from sugar or wheat, especially from waste feedstock. However, if the ethanol is used as an additive (as in diesohol or petrohol) then some of these greenhouse gas benefits are lost because ethanol is less efficient as a fuel.The vapour pressure of petrohol is higher than that of either petrol or ethanol, so that it is unclear whether there are, or are not, air quality benefits associated with the use of ethanol.A measurement program that surveys a significant proportion of E10 alternative fuel vehicles should be undertaken, along with a parallel program to test the emission variations that result from the changes in the petrol. The performance of overseas models in relation to the Australian situation is unknown, and a combined modelling and measurement program is needed to determine its validity.
Article
Sumario: El desarrollo histórico de la economía del medio ambiente -- La economía circular -- La economía sustentable -- El nivel óptimo de la contaminación -- El logro de la contaminación óptima a través del mercado -- Tributación y contaminación óptima -- Estándares ambientales, impuestos y subvenciones -- Permisos de contaminación negociables -- Medición del daño ambiental (El valor económico total. Metodologías de valoración) -- Políticas de control de la contaminación en economías mixtas -- Políticas de control de la contaminación en economías de planificación centralizada -- Políticas frente a la contaminación global -- El descuento del futuro -- La etica ambiental -- Los recursos renovables -- La extinción de especies -- Los recursos no renovables -- Cómo cuantificar y cómo mitigar la escasez de recursos naturales -- Desarrollo, preservación y conservación -- Un estudio de caso: las zonas húmedas -- El medio ambiente y los países en desarrollo