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Diáspora Judía, Diáspora Israeelí y niveles de convivialidad

Authors:

Abstract

This article aims to reflect on the type, nature and intensity of the relationships that exist between Israeli migrants residing in Mexico and the local Jewish community in light of the concept of ‘conviviality’. For this, it offers a brief review of the academic literature on the concept of ‘conviviality’ as an analytical tool; describes some elements that characterize the Jewish-Mexican community, and reveals findings obtained in a recent doctoral thesis about the Israeli migration to the country. From there, the circumstances that contrib- ute or dismiss the ‘conviviality’ between the parties are showed, analyzing the Jewish/ Israeli diaspora relations and raising some reflections in order to propose an alternative view.
2 · COACT International Journal · 1 · Tikun Olam
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JUDIT BOKSER LIWERANT
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Universidad Hebraica, México
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David Yellin College, Israel
TOVA HARTMAN
Ono Academic College, Israel
TAMARA KOLANGUI
Universidad Anáhuac, México
TAMAR SHUALI
Universidad Católica de Valencia, España
HELLE THORNING
ACT Center, Columbia University,
Estados Unidos de América
COACT
International
Journal
comprender · actuar · trascender
COAC T
COACT International Journal Año No. 1 No. 1, octubre 2018, es una publicación electrónica anual editada por el Instituto de Educación Uni-
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20 · COACT International Journal · 1 · Tikun Olam
Diáspora judía, diáspora
israelí y niveles de
convivialidad
Dra. Perla Aizencang , UNAM
Abstract
El presente artículo se propone reexionar
acerca del tipo, la naturaleza e intensidad
de las relaciones que existen entre los mi-
grantes israelíes que residen en México y la
comunidad judía local a la luz del concepto
de ‘convivialidad’. Para ello, ofrece una breve
revisión de la literatura académica sobre el
concepto de ‘convivialidad’ como herramien-
ta analítica; presenta algunos elementos que
caracterizan a la comunidad judeo-mexica-
na, y revela hallazgos obtenidos en una re-
ciente tesis doctoral acerca de la migración
israelí al país. A partir de allí, se revisan las
circunstancias que contribuyen o desestiman
la ‘convivialidad’ entre las partes, analizando
las relaciones diáspora judía/diáspora israelí
y elevando algunas reexiones con el objeto
de proponer una mirada alternativa.
This article aims to reect on the type, nature
and intensity of the relationships that exist
between Israeli migrants residing in Mexico
and the local Jewish community in light of the
concept of ‘conviviality’. For this, it offers a
brief review of the academic literature on the
concept of ‘conviviality’ as an analytical tool;
describes some elements that characterize
the Jewish-Mexican community, and reveals
ndings obtained in a recent doctoral thesis
about the Israeli migration to the country.
From there, the circumstances that contrib-
ute or dismiss the ‘conviviality’ between the
parties are showed, analyzing the Jewish/
Israeli diaspora relations and raising some
reections in order to propose an alternative
view.
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Introducción
n febrero de 2018, y en el marco de las celebraciones de los 70 años del Estado de Israel,
voluntarios del Keren Kayemet LeIsrael (KKL) en México circularon en las redes sociales la
siguiente pregunta: “¿Qué te vincula con Israel?”. Entre las respuestas recibidas destacan:
• “…mi amor por el pueblo judío, su historia, sus lugares sagrados”;
• “…su cultura, gastronomía, historia, religión”;
• “…el lugar, la gente, nuestras raíces, nuestra identidad”;
• “…orgullo y admiración por un pueblo;
• “…su gente, su impresionante resiliencia”;
• “…seguridad, cobijo, arraigo”;
• “…sionismo, tradición, pertenencia, trascendencia”;
• “…punto de partida y mi punto de referencia”
Israel es motivo de orgullo para muchos de los judíos mexicanos. Es ampliamente re-
conocido por su labor humanitaria, sus adelantos académicos y tecnológicos, su capacidad
emprendedora y los variados logros que le han permitido, en pocas décadas, convertirse en
un país fuerte, moderno y desarrollado.
Las respuestas a la pequeña encuesta no sorprenden. Los judíos mexicanos han ma-
nifestado de variadas maneras ser muy sionistas y allegados al país. Muestra de ello son los
contenidos en la currícula escolar, en un sistema educativo el cual alberga a más del 90% de
los niños judíos en edad escolar (Avni, Bokser Liwerant, & Fainstein, 2011); los altos porcen-
tajes de jóvenes que llegan a Israel anualmente, cual rito de paso, en los diferentes proyectos
de MASA (Bokser Liwerant, 2016) y su alta sensibilidad para con las necesidades del Estado el
cual, de diversas maneras, recurre al apoyo de las diásporas judías del mundo. Sin embargo,
la conexión con Israel no signica necesariamente conexión con la gente de Israel. De hecho,
en la actualidad residen en México alrededor de 3,000 israelíes los cuales, en su mayoría,
declaran no sentirse parte integral de la comunidad judía local aunque muchos de ellos se
encuentren aliados a alguna o a varias de sus organizaciones y sean, en la práctica, consu-
midores de los servicios que la comunidad ofrece.
El presente artículo se propone reexionar acerca del tipo, la naturaleza e intensidad de
las relaciones que existen entre los migrantes israelíes que residen en México y la comunidad
judía local a la luz del concepto de ‘convivialidad’. Para ello ofreceré, a continuación, una breve
introducción al concepto de ‘convivialidad’, presentaré algunos elementos que caracterizan a
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
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Agradezco especialmente a la Sra. Paty Saltiel, presidenta del KKL en México, por haber compartido conmigo los resul-
tados de esta pequeña encuesta aún antes de haber sido procesados.
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Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
la comunidad judeo-mexicana, y revelaré hallazgos obtenidos en mi tesis doctoral acerca de la
población israelí que reside en México. A partir de allí analizaré las relaciones diáspora judía/
diáspora israelí y elevaré algunas reexiones con el objeto de proponer una mirada alternativa.
¿Aquénosreferimoscon‘convivialidad’?
En tiempos de migraciones transnacionales y gran movilidad, el término ‘convivialidad’,
derivado del latin convivere —vivir juntos o convivir—, se ha convertido en un concepto en de-
sarrollo, el cual ha recibido diversas acepciones que van desde la coexistencia de individuos o
grupos que no mantienen mayor contacto entre sí; de individuos que mínimamente conviven e
interactúan y hasta aquellos que se vinculan comprometiéndose emocionalmente con aquella
interacción (Morawska, 2014, p. 358). Del inglés, ‘conviviality’ or ‘living together’, la literatura
académica trata el concepto como alternativa a las nociones de cohesión, inclusión o integra-
ción (Nowicka & Vertovec, 2013, p. 350)
La diversidad de perspectivas alrededor de la ‘convivialidad’ abarca desde quienes con-
ciben las relaciones sociales en términos de interdependencia como base de la mera existencia
humana (Boisvert, 2010); quien promueve la necesidad de experimentar una vida compartida
(‘experiencing life together’) en lugar de vivir lado a lado al interior de una sociedad pluralista
(Arizpe, 1998), quien concibe la convivialidad como proceso de cohabitación e interacción
(Gilroy, 2004) y quienes utilizan el término para señalar relaciones afectivas de coexistencia
y acomodación (Wise & Velayutham, 2014, p. 407). Para estos últimos, la ‘convivialidad’ es
concebida como una atmósfera, íntimamente relacionada al sentido de devenir (becoming), y
el devenir ocurre inter-subjetivamente. A ellos se suma quien plantea la ‘convivialidad’ como un
estado de conciencia principalmente en oposición a quienes observan las relaciones interper-
sonales a través de categorizaciones jas y reicadas (Hattam & Zembylas, 2010).
Centrados en los debates acerca del multiculturalismo como un conjunto de ideas cívi-
co-políticas y ocupados en los acuerdos legales e institucionales que se derivan del mismo, los
cientistas sociales han dedicado poca atención al fenómeno de la ‘convivialidad’ concebida y
practicada por los individuos en sus vidas cotidianas. Esto generó un vacío, siendo necesario
un compromiso tanto de reexión teórica como de investigación empírica para abordar y com-
prender el desafío que implica “vivir con las diferencias” (Morawska, 2014, p.358) A pesar de
los diversos enfoques, los estudiosos de la ‘convivialidad’ han orientado el análisis al mundo
de lo mundano. Es en el contexto de la vida cotidiana donde la misma debe ser observada
(Boisvert, 2010, p.61).
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La ‘convivialidad’ se vislumbra cada vez más como una preocupación normativa, en el
intento de ver de qué manera lograr espacios interactivos o, en otros términos, de qué ma-
nera podrían los espacios convertirse en más convivibles a través de las prácticas y rutinas
cotidianas de los individuos que los habitan (Nowicka & Vertovec, 2013, p. 350). El concepto
mismo acarrea una connotación normativa e idealista al suponer la existencia de un contexto
o entorno social óptimo. Y como bien señalara Erickson, la ‘convivència’ como aspiración a
menudo normativa, no existe en el vacío (Erickson, 2011). Efectivamente, diversos autores se
centran en la interacción cotidiana entre las personas de diferentes orígenes y antecedentes,
sin perder de vista el contexto mayor en el cual esas interacciones acontecen: los discursos
públicos, los marcos institucionales y las condiciones materiales las cuales pueden fomentar o
impedir la convivialidad.
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
¿Qué características contextuales, proyectos y tácticas cotidianas están implicados en
el proceso de constituir lo que Bauman llamara ‘el arte de negociar signicados compartidos’?
(Bauman, 2003, p. 32). Junto a los aspectos subjetivos, —los cuales involucran las capacida-
des interpersonales y culturales como así también las intuiciones y prácticas que moldean la
disposición natural de los sujetos a abrirse hacia los otros/los demás— la ‘convivialidad’ com-
promete otras dimensiones, entre ellas, las materiales, estructurales y espaciales. En otros tér-
minos, la misma involucra disposiciones, hábitos, espacios y prácticas. Algunos hasta reeren
la existencia de un ‘habitus intercultural’ que pretende capturar la formación de hábitos, dis-
posiciones y prácticas que llevan a una coexistencia entre culturas (Wise & Velayutham, 2014,
pp. 408, 424). El concepto de ‘habitus’, retomado de los trabajos de Bourdieu, nos recuerda
que existen fuerzas mayores que interactúan al interior del contexto: las de clase social, estruc-
tura, campo social y la distribución de diferentes formas de capital (Bourdieu, 1986). En esta
línea, Freitag destaca la importancia de la clase social para la experiencia de ‘convivialidad’
(Freitag, 2014), mientras que Morawska, remarca la centralidad del género (Morawska, 2014).
Dentro de la producción académica presentada en este marco de manera sucinta o
simplicada, destacan las propuestas de abordar el concepto de ‘convivialidad’ como una he-
rramienta analítica con la cual capturar o aprehender el ‘vivir juntos’ del día a día (the everyday
‘living together’) (Rabo, 2011); o explorar los caminos o condiciones a partir de las cuales los
individuos crean de manera constructiva modos de intimar, de acercarse, de convivir…. del
inglés ‘togetherness’ o ‘being together’ (Nowicka & Vertovec, 2013, p. 342). En esta dirección
Morawska, propone referirse a la ‘convivialidad’ no en términos absolutos de presencia o au-
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Responsables del número especial del “European Journal of Cultural Studies”, Vol. 17, 2014, dedicado a la discusión en
torno a la ‘convivialidad’.
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Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
En resumen, existen condiciones que contribuyen a la emergencia de ‘convivialidad’
entendida como un conjunto de orientaciones y prácticas que inuencian las vidas de las per-
sonas. A n de demostrar cómo y por qué un determinado fenómeno social se desenvuelve
en una cierta dirección y asume características especícas, el sociólogo/historiador identica
el conjunto de circunstancias que dan forma a dichos desarrollos (Morawska, 2014, p.358). Y
es a partir de dichas circunstancias que me propongo analizar la mayor o menor convivialidad
manifestada en las relaciones entre los migrantes israelíes que residen en la ciudad de México
y la comunidad judeo mexicana, quien en términos de Lev Ari fungiría como el ‘proximal host’
de esta migración (Lev Ari, 2013).
La comunidad judía mexicana responde a lo que la literatura dene como una ‘diáspora
étnica’. Las diásporas étnicas mantienen lazos emocionales fuertes con su país de origen (ho-
meland). Los miembros de la diáspora comparten y conocen el legado histórico de su patria;
preservan sus mitos, comúnmente comprenden y hasta hablan el lenguaje y demuestran un
alto grado de identicación y solidaridad (Sheffer & Toledano, 2006).
Se trata de una comunidad compleja y multifacética constituida por alrededor de 40,000
personas. Creada a comienzos del siglo XX, bajo la voluntad de integración sin fusión y asi-
milación, la comunidad se estableció a partir de las diferencias étnicas, religiosas y culturales.
Ella representa un caso paradigmático en donde se entremezclan la etnicidad, la pertenencia
nacional y la ciudadanía. A diferencia de Argentina, por ejemplo, en donde la migración fue la
base para la construcción de una sociedad civil multi-étnica, los judíos en México desarrollaron
su vida comunitaria como un enclave social (Bokser Liwerant, 2008, p.9).
sencia de la misma sino en términos relativos, de grados. Desde este enfoque se piensa la
‘convivialidad’ como un continuo de concepciones y prácticas que se despliegan y van desde
un extremo mínimo de convivencia, sin o sin mucho intercambio interpersonal, a otro extremo
de intensa interacción y de recíproco enriquecimiento entre las partes que lo componen. Des-
de esta mirada, la ‘convivialidad’ es concebida como un proceso en desarrollo y no una entidad
ja en el tiempo. Ambos, los actores y su entorno social, se encuentran en proceso de continuo
devenir (becoming). Por lo tanto, formas y contenidos se encuentran en continuo cambio y
nunca completamente determinados.
Elementos que caracterizan a la Comunidad Judeo-Mexicana
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Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
La diversidad en las procedencias y el pasado de los inmigrantes derivó en la forma-
ción de cuatro sectores comunitarios que se mantienen a la fecha: ashkenazí (provenientes
de Europa Oriental y Occidental), sefaradí (Grecia, Turquía, España, Bulgaria y Portugal),
halebi (Alepo, Siria; Líbano y Egipto) y shami (Damasco, Siria; Líbano). Dos de los elementos
que caracterizan a gran parte de la comunidad judía local, son la diferenciación interna y el
relativo bajo nivel de interacción con el entorno, es decir, con el mexicano no judío ó la socie-
dad nacional. Siguiendo a Bokser Liwerant, la comunidad organizada constituyó un espacio
territorial-ecológico pero también un ordenamiento institucional —estructuras y canales de co-
municación e interacción—, y de un modo amplio, un espacio que devino fuente de identidad,
generando signicados y contenidos que pautarían la condición judía en el país. Como tal,
orientó, ordenó y reguló aspectos centrales de la vida de sus miembros y devino ámbito de nor-
matividad colectiva a través de una amplia red de espacios no sólo de ayuda mutua y sociales,
sino también religiosos, culturales y sobre todo educativos, que reejaron la propia diversidad
interna judía tanto sectorial como ideológica. Por su perl organizativo, la comunidad judía
mexicana fue denida en término de “comunidad de comunidades” (Bokser Liwerant, 2008b).
La alta densidad institucional que la caracteriza se reeja en la existencia de un espectro va-
riado de instituciones sectoriales, funcionales y de representación que, en términos de Breton,
la convierten en una comunidad con “plenitud institucional”, o “institutional completeness” (Bre-
ton, 1964).
Desde una perspectiva comparativa, la comunidad cuenta con un alto nivel de aliación
y de participación. La adscripción se da, por lo regular, de acuerdo con la pertenencia sub-ét-
nica y el nivel de religiosidad. Además, se identica por ser una de las más tradicionalistas y
cohesivas en la diáspora contemporánea. Dos indicadores interesantes son la baja incidencia
de casamientos exogámicos y la concentración residencial como patrón de convivencia co-
munitaria (Avni et al., 2011). Frente a otras colectividades judías en países occidentales, la
concentración residencial de la comunidad judeo-mexicana es excepcionalmente fuerte. Ello
expresa características socio-económicas espaciales de la sociedad nacional así como ten-
dencias gregarias de la comunidad –servicios educativos, religiosos y convivencia social—.
Es de destacar que en México, la comunidad judía se constituyó como comunidad et-
no-nacional y no necesariamente religiosa. La idea sionista y el Estado de Israel han asumido
el papel de ejes de articulación y estructuración de la vida colectiva (Bokser Liwerant, 2005,
p.1) además de fungir como fuente de legitimación (Bokser Liwerant, 2000, pp. 187-204). Esta
centralidad compete tanto al ámbito ideológico como al práctico y ha incidido en la construcción
de valores compartidos e interacciones que han conducido a denir modalidades asociativas
Característico de la comunidad judeo-mexicana y señal de diferenciación respecto a otras comunidades judías lati-
noamericanas es que los judíos en México han mantenido fuertemente la práctica del matrimonio endogámico como
un medio de continuidad. Una de las consecuencias de las prácticas endogámicas es el notablemente bajo índice de
asimilación. (Hamui, 2006).
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Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
y mundos de signicado (Avni et al., 2011, p.596). De aquí que la idea sionista y el Estado de
Israel se convirtieron en ejes centrales alrededor de los cuales se construyó la identidad y una
vida judía comunitaria estructurada y desarrollada (Bokser Liwerant, 2008b, p.87). La identidad
sionista fue considerada entonces como un modo o vía de continuidad judía (Bokser Liwerant,
2008b, p.10).
En resumen, México le ofrece al migrante israelí una comunidad singular, con un nivel
de cohesión comunitaria excepcionalmente fuerte, sin los síntomas crecientes de erosión de-
mográca y de identidad, como sucede en otras comunidades de Europa y los Estados Unidos.
La comunidad judía local, en su dimensión organizativa e identitaria, constituye un referente
central para la migración de israelíes a México. La existencia de una comunidad judía fuerte
y desarrollada opera como un polo de atracción; ésta le ofrece al migrante la posibilidad de
integrarse a un ámbito institucionalizado, de establecer contactos al interior de una vasta red
de relaciones y de gozar de un cierto grado de solidaridad y de interconectividad al permitirle
ser parte de una estructura aglutinadora aunque no siempre incluyente.
DatossociodemográcosydeincorporacióndelapoblaciónisraelíenMéxico
Se estima que en la actualidad residen en México alrededor de 3,000 personas con
ciudadanía israelí. Este número es difícil de especicar ya que no existe registro alguno, ni
por parte de la Embajada o del Consulado de Israel, ni por el Comité Central, organismo que
representa a las organizaciones de la comunidad judía mexicana. Esta población es heterogé-
nea, vista desde diferentes parámetros: estatus migratorio, ocupación, nivel de ingresos, lugar
de residencia, procedencia regional, tiempo de residencia en el país, extracción social original
como así también nivel de religiosidad y origen sub-étnico.
Con el objeto de caracterizar a esta población y ofrecer algunos datos relativos a su
incorporación en la sociedad local, presentaré algunos indicadores socio-económico-demográ-
cos recolectados en mi investigación doctoral (Aizencang, 2016). El universo de estudio es-
tuvo conformado por israelíes migrantes de procedencia judía, que residían en México desde
hace por lo menos tres años al momento de la investigación, y que han determinado su lugar
de residencia en la Ciudad de México y sus alrededores (Estado de México). De la población
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DellaPergola S. & Lerner S., 1995 (p. 97).
Dichos datos son el producto de una encuesta realizada en línea el cual contó con cerca de 300 respuestas y del proce-
samiento de 30 entrevistas en profundidad.
La denición de ‘migrante israelí’ rerió a tres subgrupos: los migrantes ‘lineares’ -aquellos israelíes nacidos en Israel y
migrados a México; los migrantes ‘recurrentes o reincidentes’ -aquellos que nacieron en otros países, migraron a Israel,
obtuvieron la ciudadanía y residieron por lo menos 10 años en el país antes de volver a migrar; y los ‘migrantes retorna-
dos’ -mexicanos de nacimiento que obtuvieron la ciudadanía israelí y luego de residir varios años en Israel
decidieron regresar a México.
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encuestada el 55% son mujeres mientras que el 45% son hombres. El 86% reporta estar ca-
sado y el resto se divide en partes iguales entre divorciados/separado; solteros/viudos. Cerca
del 50% formó una familia con un compañero mexicano, la cuarta parte con israelíes y la otra
cuarta parte con migrantes procedentes de otros países. Asimismo, el 93% de los encuestados
han formado familia con una pareja de origen judío y sólo el 4% con una no judía o de origen
mixto. En su gran mayoría, los israelíes que residen en México son padres de familia. Se trata
del 93% de los encuestados, con un promedio de tres hijos cada uno. El 52% de los hijos son
nacidos en México; el 39% en Israel y un pequeño porcentaje en otros países. Actualmente la
mayor parte de los hijos reside en México, seguido por Israel, Estados Unidos y Europa.
En relación con su estatus legal, el 47% de los israelíes encuestados posee ciudadanía
mexicana, el 30% residencia permanente y 19% residencia temporaria. Estos datos son un
primer indicador del compromiso que tiene esta población migrante con la sociedad receptora
y su grado de incorporación. Asimismo, el 20% de la población israelí que reside en México
cuenta con otras nacionalidades.
La edad promedio del migrante israelí al arribar a México fue de 28 años, dato que
coincide con la edad migratoria de israelíes en Europa (Lev Ari, 2013). Por su parte, más de
la mitad de la población encuestada (55%) tiene experiencia migratoria previa. El 37% reportó
dos migraciones, el 9% tres migraciones y otro 9% cuatro migraciones o más.
De la población encuestada, menos del 2% llegó a México durante los años 50, 5% en
la década de los 60, 13% en la de los 70, 23% en la de los 80, 12% en la de los 90 y el 45%
después del año 2000. Es decir, el 57% de la población encuestada llegó a México a partir de la
década de los 90, lo cual condice con el proceso de globalización y el consecuente incremento
en la movilidad geográca a nivel mundial.
En relación con el manejo de la lengua, más del 63% de los encuestados reporta un
excelente manejo del español. Sumado al 27% de un buen manejo del idioma arribamos a un
90% lo cual representa otro excelente indicador del grado de incorporación a la sociedad local.
Para el 59% de los encuestados el español constituye el idioma principal que se habla en los
hogares, seguido del hebreo (37%). Esto es lógico si tomamos en cuenta que la mitad de la
población israelí ha contraído matrimonio con un/una mexicano(a) y a que sus hijos son naci-
dos en México.
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
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En el caso de los israelíes en México, la tasa de matrimonios mixtos se asemeja a la de la población judía local (7.4%),
dato interesante cuando se compara con lo que acontece en los Estados Unidos, en donde el porcentaje de Israelíes ca-
sados con parejas judías es menor (el 75%). En Europa, por su parte, el 50% de los israelíes encuestados tiene parejas
no judías. (Dimerstein & Kaplan, 2017).
La obtención de la ciudadanía es un hito que señala la integración del migrante en la sociedad receptora. (Bartram,
Poros & Monforte, 2014 p. 84).
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Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
La distribución de los migrantes en el espacio geográco urbano indica que la gran ma-
yoría se concentra en la zona Este de la ciudad: el 36% reside en Interlomas, el 17% en Bos-
ques de las Lomas, el 15 % en Tecamachalco y el 14% en Polanco. Esta distribución responde
a la concentración urbana que caracteriza a la población judía mexicana, localización que
concentra la mayor parte de servicios comunitarios, entre ellos escuelas, sinagogas y centros
comunitarios. El 60% de los israelíes encuestados son propietarios de sus viviendas, siendo la
posesión de propiedad otro indicador importante de incorporación a la sociedad local.
Del total de la población israelí encuestada, el 71% labora. Entre ellos, el 30% se dedica
al comercio, el 21% a la educación; un 12% en el sector de servicios, el 7% en la industria, 6%
en tecnología, otro 6% en el rubro de nanzas y 4% a seguridad. Consultados acerca del lugar
o cargo que ocupan en su actividad laboral, el 30% reporta ser patrón o empresario, un 30% ser
directivo o gerente y solo un 22% ser empleado o asalariado. Además, un 18% es trabajador
por cuenta propia.
Los niveles de segregación de la población israelí que reside en México son relativa-
mente bajos. Los datos indican que el 88% de los encuestados mantiene relaciones con mexi-
canos de origen judío y un 52% con mexicanos no judíos.
En resumen, si tomamos varios indicadores objetivos que permiten evaluar la incorpo-
ración de la migración israelí a la sociedad receptora, nos encontramos frente a una población
incorporada. La comunidad judeo-mexicana constituye una gran puerta de entrada a la socie-
dad local y un canal privilegiado de incorporación. Esto se plasma en las relaciones sociales,
comunitarias, culturales y prácticas religiosa sin desmerecer por ello el canal de incorporación
que para algunos representó en lo laboral.
La relación cercana del migrante con la comunidad judía local se vislumbra en las prác-
ticas cotidianas: El 66% de los israelíes que residen en México participa de actividades profe-
sionales, culturales, sociales o deportivas en alguna institución judía local. El 64% reporta ser
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Según el estudio realizado por Rebhun y Lev Ari la distribución geográca de los israelíes americanos también se aseme-
ja a la de las población judía del lugar (Rebhun U. & Lev Ari L, 2010, p. 52).
Turismo, publicidad y servicios de salud como la odontología , la medicina alternativa y el psicoanálisis.
Entre aquellos que no trabajan destaca el lugar de las mujeres. Esta realidad es similar a la que acontece con la poca
participación de las mujeres israelíes en el mercado laboral de los Estados Unidos. Aquellas que trabajan lo hacen de
forma parcial (Gold & Phillips, 1996).
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COACT International Journal · 1 · Tikun Olam · 29
socio de alguna comunidad; el 65% acude a la sinagoga, el 59% es miembro del Centro De-
portivo Israelita, el 41% tiene relación con alguna institución educativa judía y el 27% asiste a
alguno de los centros comunitarios. La sinagoga y el Centro Deportivo Israelita constituyen las
organizaciones de penetración a la comunidad por excelencia, seguidas por las instituciones
educativas de la red.
De los israelíes consultados, el 45% dice sentirse integrado a la comunidad judía local
en gran medida y un 29% en cierta medida. Aún así, si bien los datos duros denotan signos
objetivos de incorporación a los espacios comunitarios, la experiencia subjetiva de los israelíes
migrantes, transmitida en las entrevistas en profundidad, señala una percepción de extrañeza
y marginación. Desde la subjetividad, las voces de los entrevistados expresan nostalgia por el
tipo y la calidad de las relaciones interpersonales establecidas de su país de origen, las cua-
les no consiguen reproducir en el lugar de residencia actual. Las experiencias subjetivas dan
cuenta de la compleja intersección entre la concreta dicultad de lograr vínculos más íntimos
por un lado y la idealización de patrones más informales de sociabilidad, una cuestión que sur-
ge también en otras investigaciones sobre israelíes que residen en en el exterior (Dimerstein &
Kaplan, 2017; Harris, 2009; Stauber, 2017; Tzadik, 2013).
Diáspora judía, diáspora israelí: niveles de convivialidad entre las mismas
Por su origen étnico y nacional, los migrantes israelíes se encuentran supuestamente
en un lugar privilegiado dado que cuentan con el potencial de pertenecer a una doble diáspora:
en su calidad de judíos, engrosan las las de la diáspora judía local, mientras que en su movi-
lidad, se suman a la comunidad israelí que reside en el exterior formando una diáspora israelí
en el lugar de residencia. Ambas diásporas, la judía y la israelí, comparten un origen común
como así también un legado: la misma idea de homeland, real o virtual (Ben Rafael & Stern-
berg, 2009). Sin embargo, a pesar de su doble condición diaspórica, los israelíes que residen
en México no constituyen una diáspora israelí en sí misma ni se incorporan a la diáspora judía
del lugar, por lo menos no así desde su experiencia subjetiva. Conviven con/dentro de ella,
pero no necesariamente se sienten parte de la misma. Revisaremos, brevemente, estos dos
argumentos antes de centrar el análisis en los niveles de convivialidad.
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
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Los datos obtenidos surgen de las respuestas de los entrevistados y no de las propias instituciones. De tal manera que
no contamos con el número real de israelíes aliados a las diferentes comunidades.
En América Latina la comunidad organizada es un eje central que conforma la vida colectiva. Mientras que en Israel la
asistencia a la sinagoga denota cercanía a la religión, en la diáspora la sinagoga representa para muchos un lugar de
encuentro comunitario y cultural y una vía de incorporación a la sociedad local.
Siguiendo a Ben Rafael, en la era transnacional la noción de diáspora ya no sólo describe el mero hecho de la dispersión
sino que apunta a un todo estructurado, donde los diferentes componentes interactúan a pesar de su dispersión (Ben
Rafael & Sternberg, 2009, p. 4). En esta perspectiva, diáspora israelí y diáspora judía serían parte de una estructura
mayor: una diáspora judía transnacional.
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30 · COACT International Journal · 1 · Tikun Olam
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
I. Los israelíes que residen en México no constituyen una diaspora israelí como tal
Si partimos de la denición de ‘diáspora’ propuesta por Connor, “…ese segmento de un
pueblo que vive fuera de la patria…” (1986:16) señalaríamos que existe una diáspora israelí
en México. No obstante, retomando a Safran (1991), Tololyan (1996), Cohen (1997), Sheffer
(2003), Brubaker (2005) entre otros, una de las condiciones básicas e indispensables para
la conformación de una diáspora es el mantenimiento de límites y la conservación del grupo
como así también la preservación de una identidad distintiva frente a la sociedad receptora.
Asimismo, la conformación de una diáspora require de ciertos niveles de movilización como
así también de organización e institucionalización de los intercambios entre los integrantes de
la misma (Sokefeld, 2006). Dicho esto, los israelíes que residen en México no constituyen una
diáspora como tal. No cuentan con organización o institución alguna que los convoque y/o los
represente ni tampoco con redes sociales desarrolladas. En su mayoría, sostienen intercam-
bios al interior de grupos informales, encuentros que no trascienden el pequeño evento social
y/o familiar.
Diferente es la situación en otros destinos migratorios. En Europa, por ejemplo, existen
marcos comunitarios de hebreoparlantes en 24 de los 27 países encuestados (Dimerstein &
Kaplan, 2017). La presencia israelí es destacada en diversas ciudades, con variados niveles
de participación y de organización tanto real como virtual, entre ellas Londres (Hart, 2004),
Berlín (Stauber, 2017) o Bélgica, ciudad en la cual los israelíes constituyen verdaderas ‘burbu-
jas sociales’ (Tzadik, 2013).. Los variados intentos de organización llevaron a la creación del
Israeli House en Paris, The Israeli Table en Berlín, The Business Club en Londres y Ha Bait
Ha Israeli en Bélgica, entre otros. Por su parte, en las principales ciudades de Canadá, los
israelíes constituyen enclaves, los cuales ofrecen actividades culturales y políticas, servicios
religiosos, y redes tanto sociales como laborales (Gold & Hart, 2013). Muchos de ellos se en-
cuentran organizados y en muchos casos hasta segregados (Harris, 2009; Schoenfeld, Shafr
& Weinfeld, 2006). De manera similar, en varias ciudades de los Estados Unidos, los israelíes
disfrutan de los benecios que les otorga un relativo grado de organización tanto social y cul-
tural como laboral y profesional (Gold, 2002; Rebhun & Lev Ari, 2010; Rubin & Rubin, 2014).
Varias son las razones que podrían explicar la falta de organización de la población
israelí que reside en México, entre ellas, la falta de masa crítica y la heterogeneidad de la po-
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Es de señalar que algunos intentos de convocar a los israelíes que residen en México se han dado de la mano de grupos
religiosos: Shuba Israel, dirigido por el Rab. Ben Hamu (comunidad sefaradi) y Beit Jabad (comunidad ashkenazi de
corte transnacional) con representación en diferentes puntos.
En Londres, por ejemplo, circula un periódico en línea, el ‘Alondon’ (www.alondon.net),
al cual se accede en hebreo o en inglés; con enlaces a redes sociales, a foros y blogs además de enlaces a medios de
comunicación israelíes e ingleses.
En Berlín, el periódico en hebreo mantiene a los israelíes conectados, ofrece servicios, información sobre eventos y enla-
ces a las comunidades en línea (www.israelisinberlin.de).
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COACT International Journal · 1 · Tikun Olam · 31
De manera natural sería dable suponer que la comunidad judía constituiría el ‘proximal
host’ de la migración israelí en los diferentes destinos migratorios. Este concepto, utilizado por
Mittelberg & Waters (1992) y retomado por Lev Ari (2008, 2013), reere a aquel grupo al cual
la sociedad local muy probablemente atribuya la tarea de absorver a los migrantes en vistas
a su origen nacional, su apariencia y lenguaje; tanto como a la percepción que los allegados
tienen de si mismos y a su predisposición a incorprarse, como así también a la disposición a
aceptarlos por parte del grupo cuyas características propias son las mas cercanas a ellos. En
el caso de México, la comunidad judía –la cual por su origen étnico, por su religión y por su
lenguaje conformaría de manera natural el ‘proximal host’ de esta migración, no constituye
para muchos de los migrantes israelíes el colchón de amortiguación y para otros lo constituye
de forma relativa.
Habiendo desarrollado brevemente los dos argumentos revisaremos, a continuación, al-
gunas circunstancias que contribuyen o desestiman la ‘convivialidad’ entre la migración israelí
y la comunidad judía local. Con nes netamente analíticos, haré una distinción entre dos nive-
les, los cuales en la práctica se encuentran íntimamente relacionados y se inuencian mutua-
mente: el de los aspectos interpersonales y las interacciones entre los individuos —nivel que
reere a la disposiciones, hábitos, prácticas—y el del contexto mayor al interior del cual esas
interacciones acontecen: los marcos institucionales, los discursos públicos y las condiciones
materiales las cuales fomentan ó impiden la ‘convivialidad’.
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
El primer nivel, el de la vida social, ha sido reportado por los israelíes encuestados
como el área de mayor dicultad en el proceso de incorporación a la sociedad judeo-mexicana.
Si observamos los datos obtenidos en la encuesta, la vida social aparece como la variable más
resentida.
blación en cuestión. Las diferencias culturales son importantes y explican de alguna manera la
ausencia de entidad u organización que los reúna y los represente. Algunos israelíes mantienen
distancia de sus connacionales y hasta preeren no ser identicados como tal.De igual manera,
la falta de organización podría estar relacionada a la importante densidad asociativa e institucio-
nal de la comunidad judeo-mexicana, la cual ofrece respuesta a las necesidades sociales y de
incorporación de los israelíes migrantes, desestimando así la necesidad de organizarse como
grupo particular.
II. Desde la experiencia subjetiva, parte de la población israelí que reside en México no
se siente incorporada a la diáspora judía del lugar
32 · COACT International Journal · 1 · Tikun Olam
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
El discurso de los entrevistados señala las diferencias en las formas de pensar y de
actuar, los intereses y los valores distantes y la brecha existente en cuestiones de mentalidad
como factores que explican la lejanía. La comunidad judeo-mexicana es percibida por parte
de la población israelí como cerrada, conservadora, prejuiciosa, guiada básicamente por
valores materiales. Por su parte, la judeidad local le atribuye a los israelíes falta de sostica-
ción en sus formas de convivencia social; estilos de relacionamiento toscos y agresivos, una
modalidad de relación interpersonal confrontativa y hasta un cuestionamiento respecto a las
normas y principios que guían el desempeño de sus actividades económicas. De facto, tanto
israelíes como judíos mexicanos constituyen poblaciones altamente heterogéneas. Uno y otro
grupo tienden a homogeneizar, totalizar y generalizar en su representación del “otro”; uno y
otro grupo internalizan preconceptos y estereotipos los cuales tiñen las interacciones y deter-
minan en gran medida tanto las disposiciones como las prácticas.
Aún habiendo establecido relaciones sociales objetivas con individuos que comparten
el ámbito laboral o institucional, varios de los israelíes que residen en México perciben lejanía
y desconexión; extrañeza y nostalgia. Algunas de las expresiones recabadas denotan no solo
una identidad israelí rechazada o excluida sino también el contenido de clase que existe y se
percibe al interior de las relaciones interpersonales. Ciertamente, las dimensiones étnicas y
religiosas interactúan con la condición socio-económica. La estraticación social opera como
marco interactuante con otros ejes de diferenciación ya sea estimulando la integración o refor-
zando la exclusión social.
Es de señalar que las barreras sociales que describen los israelíes en su interacción
con la población local no son exclusivas de aquellos que residen en México sino que han sido
documentadas por sus padres en otras localidades migratorias, entre ellas algunas ciudades
en Canadá, Bélgica, Francia, Alemania y Gran Bretaña (Hart, 2004; Harris, 2009; Ilani 2018;
• Realización Personal
• Progreso económico
• Oportunidades laborales
y profesionales
• Calidad de Vida
• Vida Social
En gran
medida
• 38%
• 56%
• 43%
• 39%
• 30%
En cierta
medida
• 40%
• 37%
• 40%
• 46%
• 36%
Escasa o
ninguna medida
• 22%
• 7%
• 17%
• 5%
• 34%
Cambios producidos por la migración en diferentes aspectos
de la vida del migrante (Aizencang, 2016)
COACT International Journal · 1 · Tikun Olam · 33
Lev Ari, 2008, 2013; Stauber, 2017; Tzadik, 2013; entre otros). Asimismo, uno de los fenóme-
nos más sorprendentes que caracterizan a las comunidades de israelíes en el exterior es la
separación entre ellos y las comunidades judías veteranas (Ilani, 2008).
La mayor parte de migrantes israelíes entrevistados en Europa destacan su calidad de
vida (88%), el acceso a la cultura (78%) y la posibilidad de ofrecerles a sus hijos educación
de alto nivel (83%). Sin embargo, entre los temas que menos los satisfacen se encuentra su
situación social (51%) (Dimerstein & Kaplan, 2017). Los israelíes entran en contacto con las
comunidades judías locales, pero de una manera muy particular: como consumidores particu-
lares de eventos y servicios que responden a sus necesidades y no como activos miembros
participantes en la vida comunitaria. Entretanto, muchos de ellos tienden a relacionarse prime-
ramente con otros israelíes y varios otros, en especial los más jóvenes, se asimilan entre la
población no judía local (Lev Ari 2013:218).
Este sentimiento de no pertenencia a las comunidades judías locales posee una dialéc-
tica propia: Los israelíes se sienten diferentes y poco acogidos en las sociedades receptoras.
Observan con extrañeza las costumbres de los judíos del lugar. Mientras que ellos se denen
en su mayoría como seculares, muchas de las comunidades judías en la diáspora se congre-
gan alrededor de las sinagogas y comunidades. Las diferencias culturales y de mentalidad
afectan, indudablemente, los modos de relacionarse generando barreras de comunicación,
las cuales son difíciles de abordar sin los marcos institucionales y los canales propicios para
incentivar prácticas compartidas.
Observemos a continuación el segundo nivel señalado: el del contexto al interior del
cual acontecen las interacciones; es decir, los marcos institucionales, los discursos públicos
y las condiciones materiales las cuales fomentan ó impiden la ‘convivialidad’. Hasta la fecha
no se han desarrollado al interior de la comunidad judeo-mexicana condiciones materiales ni
marcos institucionales que promuevan la ‘convivialidad’ entre la diaspora judía y la población
israelí que reside en México. Ninguna comunidad se ha expresado públicamente en relación
con la existencia de población israelí en el lugar ni ha creado ámbito o estructura alguna para
darles cabida como grupo. El mismo Centro Deportivo Israelita, institución intercomunitaria por
excelencia, no se ha hecho eco de este vacío. Ésto, a diferencia de otras comunidades judías,
como por ejemplo. en Bruselas o en Vancouver, las cuales han convocado públicamente a la
migración israelí a incorporarse a sus las. En Vancouver, más especícamente, la creación
del Israel Affairs Liason fue una iniciativa de la comunidad judía (JCC Association) en esa di-
rección (Harris, 2009). Por su parte, la actitud de las comunidades judías americanas frente a
la migración israelí ha ido cambiando con el tiempo, —desde una mirada condenatoria hasta
la aceptación—y desde la década de los 90 fue ganando reconocimiento y desarrollado víncu-
los locales (Gold, 2002; Gold and Phillips, 1996). En la actualidad, no sólo no es considerada
marginal sino parte integral de varias de las comunidades judías del lugar (Lev Ari, 2008).
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
34 · COACT International Journal · 1 · Tikun Olam
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
En el caso de México, la falta de convocatoria trasciende la brecha del lenguaje, dado
que gran parte de la comunidad judeo-mexicana posee un manejo –aunque por lo menos bá-
sico– del idioma hebreo. En términos de disposiciones y prácticas, se trataría de una evasión/
evitación ó falta de disposición comunitaria a generar prácticas, las cuales determinarían la
creación de espacios compartidos. Ciertamente la falta de organización por parte de los israe-
líes que residen en el lugar atenta contra los intentos de ‘convivialidad’ aunque esta carencia
no constituye una variable ni explicativa ni determinante. Es de suponer que si la población
israelí contara con algún organismo o entidad que los convoque y los represente, la interacción
entre grupos o instituciones sería más viable o uída. Más aún, si generara algún tipo de es-
tructura u organización propia podría incluso participar de la vida comunitaria dejando su huella
como grupo particular.
Si retomamos el concepto de ‘convivialidad’ como herramienta analítica con la cual
capturar o aprehender el ‘vivir juntos’ del día a día e imaginamos un contínuo de concepcio-
nes y prácticas que se despliegan desde un extremo mínimo de convivencia a otro extremo
de intensa interacción y de recíproco enriquecimiento entre las partes, ubicaremos a las rela-
ciones diáspora judía-diáspora israelí en México en los niveles de mínima interacción sin por
ello remarcar que concebimos la ‘convivialidad’ como un proceso en desarrollo y no como una
entidad ja en el tiempo. Como fuera anteriormente señalado, ambos –actores y su entorno
social–, se encuentran en proceso de continuo devenir. Formas y contenidos se hallan en con-
tinuo cambio y nunca completamente determinados.
A modo de conclusión
La literatura académica nos enseña que el nivel de satisfacción del individuo predice
de manera fehaciente el sentimiento de pertenencia al contexto de recepción, o dicho en otros
términos, que existe una estrecha relación entre los niveles de satisfacción del migrante y su
sentimiento de pertenencia al lugar. Aquellos que expresan altos niveles de satisfacción per-
sonal son los más propensos a naturalizarse y permanecer en el país (Amit & Bar Lev, 2014).
Si bien es cierto que un porcentaje importante de los migrantes israelíes que llegan a México
decide permanecer en el país, su sentido de satisfacción no se deriva necesariamente de sus
expectativas en relación a la vida social ni de su sentimiento de incorporación a la comunidad
judeo-mexicana.
Para muchos de los migrantes la comunidad ha representado un espacio generador de
oportunidades. La misma ha facilitado su integración en un ámbito institucionalizado, el cual
ofrece una vasta red de relaciones y una amplia plataforma de actividades. Aún así, mientras
que por momentos los israelíes son considerados parte del mismo peoplehood, otras veces son
tratados como extranjeros, ajenos al lugar. Así, la comunidad ofrece ciertos niveles de solidaridad
e interconectividad que brinda una estructura convocante, aunque no siempre inclusiva.
COACT International Journal · 1 · Tikun Olam · 35
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
El presente artículo no pretendió introducir el concepto de ‘convivialidad’ como una di-
mensión prescriptiva o normativa sino exponer el diagnóstico que deriva de una mirada crítica.
Ha intentado simplemente describir una situación de reducida interacción entre una población
migrante determinada –la población israelí que reside en México– y una población migrante
mayor –la diáspora judía local—la cual se estableció en el país hace ya décadas atrás. Aun-
que distantes y marcadamente diferentes, se trata de dos diásporas que en algunos aspectos
e intereses se entrelazan e intersectan, como partes constitutivas de una gran diáspora judía
transnacional.
Si bien es cierto que la ‘convivialidad’ no puede ser forzada, puede ser estimulada a través
de actividades y prácticas rutinarias en lugares y espacios apropiados. Los ámbitos físicos, espa-
cios de conviviencia y encuentros, modulan e inuencian las relaciones interpersonales, creando
un terreno fértil para el desarrollo de redes de soporte mutuo (Nowicka & Vertovec 2014, 352).
Aún así, discursos, espacios óptimos y condiciones materiales por sí mismas no son sucientes
para producir ‘convivialidad’. En algunos casos serían necesarios los llamados ‘posibilitadores
transversales’ (‘transversal enablers’), individuos, por lo general carismáticos, que fungen como
catalizadores, entretejiendo conexiones y creando las oportunidades para la producción de con-
anza entre las diferentes partes, dando la sensación de bienvenida a los incorporados (Wise &
Velayutham, 2014). Este tipo de dinámicas podrían generar prácticas que repercutirían a largo
plazo sobre las disposiciones de las personas a interactuar, convivir, compartir.
Cabría preguntarnos de qué manera podrían los espacios convertirse en más convivi-
bles a través de las prácticas y rutinas cotidianas de los individuos que los habitan, partiendo
del supuesto que la experiencia de la ‘convivialidad’ es central para construir comunidad. La
creación de comunidad supone esfuerzo y laboro, no sólo por la dicultad que implica cons-
truir a través de las diferencias sino porque se trata una actividad productiva, transaccional y
acumulativa (Noble, 2009:53, cited in Wise & Velayutham, 2014, p. 408). Indudablemente, el
desarrollo de cierta empatía y la celebración de las diferencias son dos ingredientes sustancia-
les para comenzar a transitar el camino hacia un objetivo compartido.
Una sabia recomendación cierra el interesante documento elaborado sobre la migración
de israelíes al continente europeo (Dimerstein & Kaplan, 2017). No se trata de que las comu-
nidades judías incorporen y adopten a las israelíes en su interior, pues son más las diferencias
que los puntos que poseen en común, sino de encontrar un espacio común, aquella intersec-
ción que les permita a ambas diásporas nutrirse mutuamente.
36 · COACT International Journal · 1 · Tikun Olam
Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
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Diáspora judía, diáspora israelí y niveles de convivialidad
comprender · actuar · trascender
COAC T
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Article
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This paper analyzes educational trips as part of the cultural and institutional practices for which Israel is conceived to be a site for the symbolic encoding of meanings and the formation of a sense of belonging, while the awareness of an interconnected Jewish world is strengthened. It does so from the regional perspective of Latin American Jewish communities. The relationship between world Jewish communities and Israel can be conceptually approached as spanning diverse meaning systems, which in turn leads to varied structures of relations between them that build differentiated, modified and strong links with Israel. These relations evolve and manifest along a national axis that interacts with transnational ideational motives. It is in this context that the growing visibility and prominence of youth trips rouses the need for a systematic discussion on their role, scope and reach. Educational trips may be conceptualized as a praxis that reveals the unique convergence of a longstanding modern nationalism and the growing practical and conceptual presence of transnationalism in the Jewish world, thus showcasing the changing place and role held by the idea of a Jewish center or Homeland as a guarantee for the continuity of the Diaspora. By looking at the different youth trips as part of the educational system and organizational order of Jewish life, this article sheds light on the significance that factors such as institutional density, social capital and communal legacy have on the nature and scope of these trips, their character, time extent and goals. It incorporates a regional perspective in order to examine the varying array of youth trips amidst an increasingly interconnected Jewish world. For this purpose, several characteristics of Jewish life in Latin America are underscored in a comparative perspective; highlighting the role Zionism and Israel have played as identity referents and community builders, in order to approach the differentiated nature of the trips. The related cognitive and existential dimensions associated with the trips’ experiences are central factors in the socializing process of youth. Israel becomes the territorial and symbolic space in which strong and durable collective bonds are expected to develop, though the goals and natures of the various trips themselves may vary. Este artículo analiza los viajes educativos como parte de las prácticas culturales e institucionales por las cuales Israel es concebido como un sitio para la codificación simbólica de sentidos y la formación de un sentido de pertenencia, a la vez que la conciencia de un mundo judío interconectado se fortalece. Esto se realiza a través de la perspectiva regional de las comunidades judías latinoamericanas. La relación entre las comunidades judías globales e Israel pueden ser abordadas como diversos sistemas de significados en expansión, lo que, en cambio, lleva a estructuras de relaciones variadas entre ellas que construyen vínculos fuertes, diferenciados y modificados con Israel. Estas relaciones de desenvuelven y manifiestan a lo largo de un eje nacional que interactúa con motivos ideacionales transnacionales. Es en este contexto que la visibilidad creciente y la prominencia de los viajes juveniles genera la necesidad por una discusión sistemática sobre su papel y alcances. Los viajes educativos pueden ser conceptualizados como una praxis que revela una convergencia única entre un antiguo nacionalismo moderno y la presencia práctica y conceptual creciente del transnacionalismo en el mundo judío; en consecuencia, muestran el papel cambiante de la idea de un centro o patria judía como una garantía de la continuidad de la diáspora. Observando los distintos viajes juveniles como parte de un sistema educativo y organizacional de la vida judía, este artículo analiza la importancia que factores como la densidad institucional, el capital social y el legado comunitario tienen en la naturaleza y alcance de estos viajes, su carácter, temporalidad y objetivos. Incorpora, a su vez, una perspectiva regional con el objetivo de examinar los diversos viajes juveniles dentro de un mundo judío crecientemente interconectado. Para ello, varias de las características de la vida judía en América Latina se subrayan en una perspectiva comparativa, resaltando el rol que el sionismo e Israel han jugado como referentes identitarios y constructores comunitarios, a fin de tener un acercamiento diferenciado a los viajes. Tanto las dimensiones cognitivas y existenciales asociadas con la experiencia de los viajes son factores centrales en los procesos de sociabilización de la juventud. Israel se convierte en el espacio territorial y simbólico en el cual se espera que se desarrollen vínculos fuertes y duraderos, aunque los objetivos y la naturaleza de los viajes puede variar.
Chapter
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El capítulo examina el impacto de la Guerra de los Seis Días sobre la comunidad judía de México, a partir de dos ejes fundamentales: 1) su influencia sobre el ámbito organizativo e institucional de la comunidad, la redefinición de espacios, así como el lugar y el papel de viejos y nuevos actores políticos. 2) su impacto sobre las interacciones de la comunidad con la sociedad general en el ámbito de las representaciones sociales y las fuentes de legitimación. Mientras que en el primero de los ámbitos, se demuestran las modificaciones sustantivas sobre los patrones de organización y acción, en el segundo se arroja luz sobre la mayor dificultad y lentitud de los cambios. The chapter examines the impact of the Six-Day War on the Jewish community in Mexico based on two main factors: 1) Its impact on the organizational and institutional spheres of the community, the redefinition of spaces, as well as the place and role of old and new political actors. 2) Its impact on the interactions between the community and the general society in the context of social representations and sources of legitimacy. While in the first of these factors, substantive changes in the patterns of organization and action are evinced, in the second one the greater difficulty and slowness of changes are explained.
Chapter
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El capítulo estudia las convergencias y divergencias entre los grupos comunitarios libanés y judío en México, de frente a la sociedad nacional. Se examinan las dinámicas e interacciones entre la sociedad mexicana y estas minorías, condicionadas por los propios procesos de construcción de sus identidades colectivas particulares así como de la propia identidad etno-cultural nacional y las políticas migratorias del país receptor. De igual manera, se aborda el papel que en las esferas políticas, económicas y culturales nacionales han tenido uno y otro grupo, y cómo ello ha impactado e influido en la creación y recreación de nuevas perspectivas y actitudes identitarias hacia la vida nacional, y de la sociedad nacional hacia los grupos mismos. The article analyzes the convergences and divergences between Lebanese and Jewish minorities in Mexico vis-à-vis the national society. It examines the dynamics and interactions with Mexican society, conditioned by the very processes of construction of their particular collective identities as well as their perception as legitimate components of the national ethno-cultural identity itself. It addresses their representation along migration policies of the recipient country as well as the place both groups had in the national political, economic and cultural spheres, and the consequent mutual impact on the changing patterns of conception and configuration of particular collective group identities and national belonging.
Chapter
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El capítulo analiza tres iniciativas de innovación educativa en el seno de la red escolar judía y en el marco académico nacional. El Programa Tarbut-Jerusalem; el Programa de Especialización en Estudios Judaicos, en la Universidad Ibeoamericana y la Universidad Hebraica pueden son vistos como modelos subsecuentes y complementarios, que dan cuenta del carácter transnacional del mundo cultural y educativo judío. Al tiempo que este universo se ha visto condicionado por circunstancias locales, refleja y modela el común denominador y las posibilidades de interacción global que en los casos estudiados han encontrado en Israel su referente principal. El análisis explora la educación como ámbito de expresión de las identidades originaria así como de las respuestas a las necesidades cambiantes de la comunidad judía y el modo como las tradiciones culturales condicionaron los márgenes de la adecuación, la innovación y la creación. Un amplio y diversificado mapa pedagógico e institucional devino el ámbito privilegiado para construir continuidad y da cuenta de la diversidad de los modelos estudiados, sus alcances, logros y debilidades tanto en el nivel de los actores, en el de los marcos institucionales y en el de la relación comunidad/sociedad en su conjunto.
Book
This book is concerned with the American Israelis. It is a scientific study based on analysis of comprehensive and up-to-date information about the emigration of Israelis to the United States, the émigrés’ acculturation and their social and economic integration, and their patterns of Jewish identification, including relations with the State of Israel. Using different and complementary sources and applying research approaches from the domain of the social sciences, we trace the migrants throughout the formative period of the American Israeli community as it has settled in and developed over the past twenty-five years. The main area of interest in our study is the presentation and analysis of empirical findings. However, we also discuss the implications of the findings for both Israeli society and American Jewry, and how both are reacting in view of the challenge of maintaining strength and continuity under conditions of heightened international migration. Accordingly, the Discussion of this book offers several ruminations on public policy and community planning.