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Abstract and Figures

We present partial results obtained in an interdisciplinary research project focused on the human settlement of the Guadalajara province (Spain) during the Middle and Upper Palaeolithic. The excavation of the Peña Capón, Peña Cabra and Los Casares sites have shown outstanding evidence for investigating population dynamics and human-environment interactions in the interior territories of the Iberian Peninsula during the Late Pleistocene. Traditionally depicted as marginal and lacking own cultural developments, these territories have provided scarce and weak data for the Middle and –especially– Upper Paleolithic, and thus the proposed interpretations on the mentioned problems have been always flawed. However, our results enable us to confirm the cultural relevance of the region under study during Upper Pleniglacial times previously considered devoid of human occupation. Also, we are now able to contribute with solid data from inland Spain to the problem of the Neandertal demise in the Iberian Peninsula and southwest Europe.
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ne a n d e r t a l e s y Hu m a n o s m o d e r n o s
e n Gu a d a l a j a r a
Manuel ALCARAZCASTAÑO a,b, Javier ALCOLEAGONZÁLEZ a,
Gerd-Christian WENIGER b, Irene ÁLVAREZFIGUERAS,
Andión ARTEAGA, Javier BAENAPREYSLER c,
Rodrigo DE BALBÍNBEHRMANN b, Guillermo BUSTOSPÉREZ c,
Andrea CABALEIRO, Felipe CUARTERO c, Gloria CUENCABESCÓS f,
Alfonso VILA d, Daniel HERRERO, Martin KEHLe, Víctor LAMAS c,
Adara LÓPEZLÓPEZ a, José-Antonio LÓPEZSÁEZ g,
Elena MARINASDÍEZ a, Irene ORTIZc, Zulema PICAZO a,
Raquel PIQUÉ h, Estíbaliz POLO a, Marcos SÁEZMARTÍNEZ,
Irene SALINEROSÁNCHEZ, Jesús SÁNCHEZ i, Alicia VACA,
Juan VIZCAÍNOTRUEBA a, José YRAVEDRAi
a Área de Prehistoria, Universidad de Alcalá; b Neanderthal Museum (Alemania);
c Departamento de Prehistoria y Arqueología, Universidad Autónoma de Madrid;
d Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid; e Institute of Geography,
University of Cologne (Alemania); f Aragosaurus-IUCA-EIA. Departamento de Ciencias de la
Tierra, Universidad de Zaragoza; g Grupo de Arqueobiología, Instituto de Historia, CCHS CSIC,
Madrid; h Departamento de Prehistoria, Universidad Autónoma de Barcelona; i Departamento de
Prehistoria, Universidad Complutense de Madrid.
manuel.alcaraz@uah.es, javier.alcolea@uah.es
Resumen
Presentamos parte de los resultados de un proyecto de investigación interdisciplinar sobre el
poblamiento humano en la provincia de Guadalajara durante el Paleolítico Medio y el Superior.
Basados en la excavación de los yacimientos de Peña Capón, Peña Cabra y Los Casares, los datos
obtenidos presentan importantes implicaciones para la investigación de las dinámicas poblaciones
y la relación entre ocupación humana y variabilidad climática y ambiental en el interior de la
península ibérica durante el Pleistoceno Superior. Tradicionalmente consideradas marginales, las
regiones interiores peninsulares han aportado escasas evidencias relevantes para estas cronologías,
provocando así que las interpretaciones sobre los problemas aludidos sean altamente cuestionables.
Sin embargo, los resultados obtenidos nos permiten afirmar la entidad cultural de la región estudiada
durante momentos del Pleniglacial Superior antes considerados deshabitados, así como contribuir
con evidencias sólidas a la controversia del final de los Neandertales en la península ibérica.
Palabras clave
Paleolítico Medio, Paleolítico Superior, Neandertales, Humanos Modernos, península ibérica
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Boletín de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara (B.A.A.M.GU.)
nº 8 (2017), pp. 13-44
Summary
We present partial results obtained in an interdisciplinary research project focused on the human
settlement of the Guadalajara province (Spain) during the Middle and Upper Palaeolithic. e
excavation of the Peña Capón, Peña Cabra and Los Casares sites have shown outstanding evidence
for investigating population dynamics and human-environment interactions in the interior
territories of the Iberian Peninsula during the Late Pleistocene. Traditionally depicted as marginal
and lacking own cultural developments, these territories have provided scarce and weak data for the
Middle and –especially– Upper Paleolithic, and thus the proposed interpretations on the mentioned
problems have been always flawed. However, our results enable us to confirm the cultural relevance
of the region under study during Upper Pleniglacial times previously considered devoid of human
occupation. Also, we are now able to contribute with solid data from inland Spain to the problem
of the Neandertal demise in the Iberian Peninsula and southwest Europe.
Key words
Middle Palaeolithic, Upper Palaeolithic, Neandertals, Modern Humans, Iberian Peninsula
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Manuel Alcaraz-Castaño et alii
Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
1. INTRODUCCIÓN. EL PROBLEMA DEL POBLAMIENTO
PALEOLÍTICO RECIENTE DEL INTERIOR PENINSULAR1
El poblamiento humano del interior de la península ibérica durante la
Prehistoria más antigua presenta aún hoy más sombras que luces. A pesar de que
desde hace tiempo contamos en las dos mesetas con un número importante de
sitios del Paleolítico Inferior, entre los que destacan, entre otros, localidades como
Ambrona y Torralba (Soria) (Santonja y Pérez-González 2005), y especialmente los
yacimientos de la Sierra de Atapuerca (Burgos) (Bermúdez de Castro et al. 2004;
Mosquera et al. 2018), no ocurre lo mismo para el Paleolítico Medio y, sobre todo,
para el Superior. Al contrario que en otras regiones europeas, en la Meseta española
el registro arqueológico del Pleistoceno se va haciendo cada vez más escaso a medida
que avanzamos hacia cronologías más cercanas a nosotros. Esta tradicional escasez
de evidencias correspondientes al Paleolítico más reciente ha propiciado una visión
generalizada según la cual las altas tierras del interior ibérico representan un vasto
territorio marginal, desolado, y prácticamente deshabitado, en el que los grupos de
cazadores-recolectores asentados en las regiones litorales de la península rara vez se
adentraban.
Esta visión ha sido recurrente en la investigación española desde hace más de
un siglo (ver Delibes y Díez 2006). Ya desde comienzos del siglo XX, las voces más
relevantes del Paleolítico peninsular presumieron –más por falta de evidencias que
por resultados de investigaciones definidas– que durante las oscilaciones más frías
de la última glaciación la Meseta habría sido una región prácticamente deshabitada
(Breuil y Obermaier 1913: 15). El factor principal que explicaba esta interpretación
era ecológico: el rigor climático impuesto por la continentalidad y elevada altitud
de la Meseta, alejada de los propicios ecosistemas de las zonas costeras, habría
impedido el asentamiento de los grupos humanos durante las fases más rigurosas de
la última glaciación. En lo que se refiere al Paleolítico Superior, esto conllevaba que
desde la desaparición del Paleolítico Medio el interior peninsular habría quedado
prácticamente deshabitado hasta el comienzo de la retirada de los hielos, ya en
cronologías magdalenienses.
Hasta la primera década del siglo XXI, la idea del desierto mesetario durante
el Pleniglacial superior o Estadio Isotópico Marino (MIS) 2 (y parte del 3),
correspondiente a las fases iniciales y medias del Paleolítico Superior, ha sido
mantenida por un número elevado de investigadores, especialmente en lo
1 El presente artículo es el resultado de una conferencia impartida por Manuel Alcaraz-Castaño y José Javier
Alcolea-González el 26 de enero de 2017 en el Museo de Guadalajara. Sin embargo, el trabajo en el que se basó
dicha conferencia es el fruto de un amplio equipo interdisciplinar de profesionales y personal en formación, la
mayor parte de los cuales firman este texto.
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tocante a la sub-meseta Norte (Sauvet y Sauvet 1983; Davidson 1986; Straus
et al. 2000; Corchón 1997; Vaquero 2006). Sin embargo, lo cierto es que esta
interpretación ha presentado históricamente algunos datos que han cuestionado
sus fundamentos, llegando incluso a existir interpretaciones alternativas, aunque
efímeras, desde mediados del siglo pasado (ver Alcaraz-Castaño 2015, 2016).
Entre dichos datos discordantes podemos destacar los numerosos conjuntos de
industrias líticas bifaciales, presumiblemente solutrenses, descubiertos en el valle
del Manzanares madrileño en la década de 1920 (Alcaraz-Castaño et al. 2012b), el
descubrimiento de varios conjuntos de grafías rupestres de estilo pre-magdaleniense
en varias regiones interiores desde la década de 1980 (Alcolea-González y Balbín-
Behrmann 2013), o el conocimiento del yacimiento estratificado de Peña Capón
(Guadalajara), donde desde finales de los años 1990 se ha propuesto la existencia
de una secuencia de ocupación recurrente en momentos pleniglaciares (Alcolea-
González et al. 1997b).
La acumulación de datos que aconsejaba, de forma cada vez más evidente aunque
no sin problemas, revisar el modelo clásico sobre la despoblación mesetaria durante
el Pleniglacial superior, acabó conduciendo a algunos investigadores a formular
propuestas más elaboradas. Así, Straus et al. (2000), basándose en algunos trabajos
previos, articularon un modelo más argumentado que las asunciones anteriores, en el
que se tenían en cuenta las evidencias que acabamos de señalar. Las mesetas seguían
considerándose “tierra de nadie” durante el Pleniglacial superior, aunque ahora
se concedía una hipotética frecuentación esporádica y estacional de las regiones
interiores, que se limitaba en todo caso a algunos momentos del Solutrense. Se
hablaba así de “usos ocasionales o visitas efímeras a las partes menos oceánicas de la
Península durante el Último Máximo Glacial sensu lato” (Straus et al. 2000: 561).
El modelo mencionaba explícitamente sitios con niveles solutrenses como Olga
Grande y Cardina en el valle del Côa, Peña Capón en el Sistema Central, y El Sotillo
en el valle del Manzanares, además de los yacimientos gráficos pre-magdalenienses
de Domingo García, Siega Verde y el Côa. Sin embargo, la existencia de estos
sitios no era interpretada como la evidencia de una ocupación efectiva de estos
territorios, sino que, al considerarse escasos y de poca entidad arqueológica, se
entendían como el reflejo del paso de grupos humanos en tránsito a través de estas
regiones “menos favorecidas” (Straus et al. 2000: 562).
Desde nuestro punto de vista, a pesar de las incertidumbres que podían
planteársele desde su formulación, la interpretación de la Meseta como “área de
paso” durante buena parte del Paleolítico Superior presentaba cierta capacidad
explicativa para el registro arqueológico disponible a comienzos del siglo XXI,
pudiendo entenderse como la interpretación más conservadora de la evidencia
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Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
(Alcaraz-Castaño 2015). Conviene señalar en este sentido que recientes estudios
sobre las dinámicas de población y las adaptaciones al medio durante el Pleistoceno
superior en la península ibérica no han conseguido refutarlo (Schmidt et al. 2012),
o incluso lo han apoyado explícitamente (Burke et al. 2014: 44).
Por otro lado, desde finales del siglo XX la idea de una Meseta despoblada de
Humanos modernos hasta el Tardiglacial se ha apoyado también en las evidencias
disponibles sobre el final del Paleolítico Medio en el centro y sur peninsular, las
cuales desde comienzos de los años 1990 apoyaban la hipótesis de una pervivencia
tardía de contextos neandertales al sur del río Ebro (ver Zilhão 2006). La imagen
global resultante implicaba que mientras que en la franja norte de la península las
primeras industrias chatelperronienses y auriñacienses se habían asentado desde
circa 40-38 ka 14C BP, al sur del río Ebro los contextos musterienses perduraban
al menos 10.000 años más. Esto explicaría la ausencia de industrias transicionales
y de Auriñaciense en todo el interior peninsular, pues en esa época serían los
grupos con tecnología musteriense los que ocuparían el territorio. Así, siguiendo
el modelo mayoritario, tras la desaparición de los Neandertales, la Meseta quedaría
total o parcialmente despoblada, y únicamente sería repoblada de forma efectiva a
partir del Tardiglacial, ya en cronologías magdalenienses. En definitiva, la imagen
resultante es la de unas tierras mesetarias ecológicamente hostiles al desenvolvimiento
humano, y por tanto desprovistas de una historia cultural significativa durante al
menos 20.000 años.
2. PONIENDO A PRUEBA EL MODELO CLÁSICO. UN NUEVO
PROYECTO DE INVESTIGACIÓN EN GUADALAJARA
En la última década, los datos que han venido anunciado la necesidad de replantear
las interpretaciones reseñadas en el epígrafe anterior han seguido acumulándose.
En lo que se refiere al Paleolítico Superior, la excavación y estudio de Las Delicias,
el primer yacimiento solutrense del valle del Manzanares (Madrid) excavado con
metodología moderna y en posición estratigráfica bien definida, ha permitido
recuperar la idea de la existencia de un importante foco de ocupación humana
en torno al Último Máximo Glacial en el centro peninsular (Alcaraz-Castaño et
al. 2012b, 2017b). Como comentaremos posteriormente, la continuación de los
estudios sobre el registro arqueológico de Peña Capón ha incidido igualmente en
esta interpretación.
Por otro lado, la existencia de una pervivencia prolongada de poblaciones
neandertales en el centro (y sur) peninsular se ha visto fuertemente cuestionada en
los últimos 5 años. Las dataciones mediante Carbono 14 convencional obtenidas
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en 1990-1991 en el abrigo de Jarama VI (Valdesotos, Guadalajara), que situaban
el Musteriense de este abrigo entre c. 41 y 30 ka cal BP (Jordá, 2010: 105), han
sido recientemente desacreditadas por nuevas analíticas cronométricas. Así, tanto
las dataciones por 14C AMS sobre muestras óseas con marcas de corte y sometidas a
ultrafiltración (Wood et al., 2013), como aquellas obtenidas mediante luminiscencia
(post-IR IRSL) sobre los sedimentos de su relleno estratigráfico (Kehl et al., 2013),
han situado la ocupación musteriense de esta cavidad en fechas sensiblemente más
antiguas, entre 50 y 60 ka cal BP. Por lo tanto, y a falta de conocer los resultados
completos de las analíticas cronométricas realizadas en yacimientos como El
Cañaveral (Madrid) (Baena-Preysler et al., 2015), los datos actuales sugieren que
las poblaciones de Neandertales del centro peninsular podrían no haber pervivido
más allá de lo que lo hicieron en otras regiones del Suroeste europeo.
El hecho de que la re-datación de un único yacimiento (aunque influenciado
también por la discusión generada en otros sitios del sur peninsular) nos haya
llevado a replantear por completo un modelo con tantas implicaciones como el
de la pervivencia de Neandertales en el interior peninsular, nos ilustra sobre hasta
qué punto las teorías propuestas estaban basadas en evidencias ciertamente escasas
y endebles. En este sentido, una de las premisas que nos llevó a plantear un nuevo
proyecto de investigación sobre las dinámicas poblacionales objeto de discusión,
fue precisamente que cualquier modelo propuesto hasta ahora ha adolecido de una
importante deficiencia: la escasa cantidad y calidad de los datos arqueológicos,
geomorfológicos, cronométricos y paleoecológicos en los que se basaba (Alcaraz-
Castaño 2015). No sólo se conocían muy pocos yacimientos del Paleolítico
Medio y el Superior en la Meseta, sino que los datos relativos a sus estratigrafías
eran habitualmente fragmentarios, y carecían de actualización en relación con
las últimas técnicas de investigación geoarqueológicas y paleoecológicas. A este
respecto, algunos autores, entre los que nos encontramos los firmantes, han venido
señalando en los últimos años que la falta de datos sobre gran parte del Pleistoceno
Superior en esta región, y su corolario en forma de modelos que proclamaban
grandes fases de despoblamiento, podrían obedecer primordialmente a un déficit
investigador en la zona, exacerbado además por la tendencia histórica a focalizar
los estudios ibéricos sobre el Paleolítico Superior en las zonas costeras peninsulares,
habitualmente dotadas de un registro arqueológico más rico y accesible (Alcolea-
González y Balbín-Behrmann 2003; Delibes y Díez 2006; Cacho et al. 2010;
Aubry et al. 2012; Alcaraz-Castaño et al. 2013; Alcaraz-Castaño 2015).
Por lo tanto, sin negar que efectivamente pudieran existir períodos de
despoblamiento humano en amplias regiones de la Meseta durante el Pleistoceno
Superior, nuestra hipótesis de trabajo fundamental preveía que nuevas investigaciones
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Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
de campo podrían conducir a un replanteamiento de los modelos clásicos sobre las
dinámicas de población y el aprovechamiento del medio por parte de Neandertales
y Humanos modernos en las tierras interiores de la península ibérica. Esta hipótesis
se basaba además en nuestro conocimiento previo de una serie de estratigrafías en
Figura 1. A: Localización geográfica de los yacimientos de Peña Capón, Peña Cabra y Los
Casares. B: Localización de yacimientos paleolíticos en los valles del Sorbe y Jarama. 1: Jarama VI,
2: El Reno y El Cojo, 3: Los Torrejones, 4: Peña Cabra, 5: Peña Capón
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el norte de la provincia de Guadalajara que presentaban altas probabilidades de
ofrecer datos relevantes para las discusiones planteadas: los abrigos de Peña Capón
y Peña Cabra, en el valle del río Sorbe, y la cueva de Los Casares, en la cuenca
del río Linares (fig. 1). Todos ellos poseían depósitos sedimentarios excepcionales
que apenas habían ofrecido una mínima parte de su potencial información
arqueológica. A partir del análisis de estas estratigrafías planteamos un proyecto
de investigación interdisciplinar, dirigido por los tres primeros firmantes de este
artículo y financiado por la Agencia Ejecutiva de Investigación de la Comisión
Europea, con el título “Testing population hiatuses in the Late Pleistocene of Central
Iberia: a geoarchaeological approach”. Las preguntas que tratamos de resolver con
este proyecto se articularon en torno a varios objetivos subyacentes a nuestra
propuesta de intervención en los yacimientos señalados, que podrían reducirse a
dos fundamentales:
- La obtención de nuevos datos geoarqueológicos, paleoecológicos y
cronométricos aprovechando el potencial de los yacimientos seleccionados, con el
fin de paliar la escasez y mediocridad general de la información existente sobre el
período, y también con el de valorar la situación de la zona norte de Guadalajara
como una posible región clave para comprender las dinámicas poblacionales de
Neandertales y Humanos modernos en el interior peninsular.
- La profundización en el conocimiento de la evolución de las dinámicas de
poblamiento en el área de estudio en relación con los cambios climáticos y ambientales
del Pleistoceno Superior en la Meseta, contrastando las interpretaciones basadas
en el despoblamiento mesetario en el contexto del debate sobre dos problemas
fundamentales: la cuestionada pervivencia de las poblaciones neandertales en el
centro peninsular y la habitabilidad de la Meseta durante el Pleniglacial Superior.
3. NUEVOS Y NO TAN NUEVOS YACIMIENTOS PARA LA
DISCUSIÓN: PEÑA CABRA, PEÑA CAPÓN Y LOS CASARES
Los tres yacimientos seleccionados para el proyecto de investigación habían sido
ya objeto de trabajos previos por parte del equipo del Área de Prehistoria de la
Universidad de Alcalá. Fue a mediados de los años 90 del pasado siglo cuando
se acometieron las primeras intervenciones en los abrigos de Peña Cabra y Peña
Capón, arrojando resultados prometedores inmediatamente (Alcolea-González
et al. 1997b). Más recientemente, hemos realizado nuevos análisis industriales y
faunísticos en Peña Capón que han incidido en la importancia de su estratigrafía y
en la necesidad de plantear un nuevo proyecto de investigación (Alcaraz-Castaño et
al. 2012a, 2013). En cuanto a la cueva de Los Casares, aunque también fue objeto
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Manuel Alcaraz-Castaño et alii
Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
de intervenciones preliminares por parte del mismo equipo, éstas no afectaron
a su depósito arqueológico, centrándose exclusivamente en su contenido gráfico
rupestre (Balbín-Behrmann y Alcolea-González 1992, 1994; Alcolea-González
y Balbín-Behrmann 2003, 2013). Sintetizamos a continuación los pormenores
previos relativos a estos tres yacimientos paleolíticos.
El abrigo de Peña Cabra se localiza en el valle del río Sorbe, a orillas del pantano
de Beleña (Tamajón), al que domina desde un alto cantil calizo en el que se abre
con una orientación N-NW (figs. 1B y 2A). La primera y única intervención sobre
su depósito arqueológico se realizó en 1996 en el marco del proyecto “Poblamiento
Prehistórico Antiguo en el sector nororiental del Sistema Central”, financiado por
la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha y el
Centro de Experimentación del Ministerio de Fomento. La excavación, de pequeña
entidad y codirigida por uno de los firmantes del presente artículo (JJAG), puso al
descubierto un importante depósito pleistoceno con niveles ricos en industrias y
faunas del Paleolítico Medio. En su momento, y debido a la falta de presupuesto y
continuidad investigadora, únicamente se publicó la columna estratigráfica del sitio
y una selección de sus industrias (Alcolea-González et al. 1997b), sin profundizar
en otras analíticas.
El abrigo de Peña Capón se localiza a escasos 2 km al sur de Peña Cabra, con
el que comparte su litología calcárea y su orientación general al norte (figs. 1B
y 3A). No obstante, la historia de su investigación es muy diferente, ya que el
yacimiento, descubierto en 1970, fue objeto ese mismo año de una excavación
supuestamente sistemática por un equipo dirigido por J. Martínez Santa-Olalla.
Sin embargo, la intervención nunca fue publicada y los materiales y datos de la
Figura 2. A: Vista del abrigo de Peña Cabra desde el cauce embalsado del río Sorbe. B: Vista del
depósito sedimentario del abrigo al término de la intervención de junio de 2015.
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misma sólo pudieron ser recuperados en los años 90 del siglo pasado en el marco
del proyecto de investigación sobre el poblamiento prehistórico del Sistema Central
citado anteriormente. Con la ayuda de varios miembros del Grupo de Actividades
Espeleológicas de Madrid, se lograron recuperar los materiales arqueológicos y
la documentación gráfica de la intervención, hasta entonces dispersos en varias
colecciones privadas (Alcolea-González et al. 1997b: 209).
Una vez se tomó conciencia de la importancia de la colección arqueológica se
decidió emprender una excavación sistemática en el yacimiento, que se proyectó
para finales del año 1995. Sin embargo, dicha intervención no pudo llevarse a
término debido a la inundación del abrigo como consecuencia de la crecida
en el embalse de Beleña, que desde su construcción en 1982 afecta el entorno
inmediato del yacimiento. Esta desafortunada situación provocó que los materiales
e informaciones gráficas y orales que se poseían sobre la excavación no pudieran ser
contrastados con una intervención directa en el sitio. Así, y a pesar de las dudas que
suscitaba la posible selección previa de la colección arqueológica, se propuso una
asignación preliminar para ella, que, siempre según las informaciones del equipo
excavador original, podía subdividirse en función de la existencia de varios estratos
sedimentarios, identificándose provisionalmente varios conjuntos del Paleolítico
Medio y el Superior, incluyendo dos de innegable adscripción solutrense. Estas
propuestas se realizaron siempre de forma preliminar, a la espera de poder ser
contrastadas con un futuro acceso al depósito arqueológico (Alcolea-González et
al. 1997b: 211-216).
A pesar de que desde entonces no se había producido ninguna otra intervención
en Peña Capón, en 2011, y aprovechando la posibilidad de realizar algunas
dataciones radiocarbónicas sobre muestras de fauna del yacimiento, nos decidimos
a realizar un estudio más pormenorizado de las evidencias disponibles. Realizamos
un análisis tecnológico y tipológico completo de las industrias del nivel 3, hasta
entonces estudiadas someramente, que además pudieron situarse en una secuencia
cronológica con fechas, asumiendo la secuencia estratigráfica planteada por los datos
de la excavación antigua (fig. 3B) (Alcaraz-Castaño et al. 2013: 32). La datación
radiométrica confirmó la edad solutrense del nivel 2, poniendo también al descubierto
la cronología pre-solutrense de los dos niveles más antiguos conocidos en el abrigo,
lo que era una novedad sin precedentes en los territorios interiores de la península
ibérica. El más relevante de estos niveles (nivel 3), fue datado en c 23.9 ka cal BP, y
contenía una importante colección de faunas e industrias líticas, estas últimas definidas
como proto-solutrenses. Se trataba por tanto de la primera evidencia sólida de una
ocupación estable anterior al Solutrense Medio en el centro peninsular, enmarcada en
el MIS 2, por lo que podría corresponderse con un momento climático y ambiental
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Manuel Alcaraz-Castaño et alii
Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
Figura 3. A: Vista del abrigo de Peña Capón desde el pantano de Beleña. B: Industrias
características, dataciones cronométricas y secuencia estratigráfica de Peña Capón según los datos
y documentación de la excavación de 1970 (según Alcaraz-Castaño 2015: fig. 4).
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riguroso. Igualmente relevante resultó la datación del nivel subyacente (4), que arrojó
una datación radiocarbónica aún más antigua: c. 25.3 ka cal BP. Aunque las industrias
recuperadas en este nivel eran muy escasas y poco diagnósticas en términos culturales
(fig. 3B), su datación era la más antigua del Paleolítico Superior en la Meseta (Cacho
et al. 2010) y se correlacionaba asimismo con un momento climático para el que se
presuponía un desierto humano en la Meseta.
Nuestros trabajos previos con la colección de Peña Capón se completaron con
un análisis zooarqueológico y tafonómico (Yravedra et al. 2016) de las colecciones
de fauna provenientes de los niveles 2 (Solutrense) y 3 (Proto-solutrense), así como
con análisis isotópicos a partir del estudio de la apatita del esmalte dental de molares
de herbívoros (Yravedra et al. 2016). Se confirmó así que los grupos humanos que
ocuparon Peña Capón cazaron fundamentalmente équidos, cérvidos, cápridos y
lagomorfos, cuyas carcasas fueron enteramente introducidas y procesadas en el abrigo,
mientras que los restos de actividad de carnívoros sobre estas carcasas obedecían a
un acceso temprano, aunque secundario, a éstas. Todo esto sugería la posibilidad
de ocupaciones humanas de corta duración que permitían un rápido acceso de los
carnívoros a los restos de animales explotados y abandonados en el refugio rocoso
por los cazadores del Paleolítico Superior. Esto estaría en consonancia con el elevado
número de puntas líticas de proyectil abandonadas en los niveles solutrenses y
proto-solutrenses del yacimiento (Alcolea-González et al., 1997b; Alcaraz-Castaño
et al., 2013), lo que significaba que Peña Capón podría haber funcionado como
un campamento dedicado a tareas cinegéticas, donde las presas fueron procesadas
inmediatamente después de su captura en los alrededores del abrigo. Sin embargo, la
idea de que las ocupaciones registradas en el sitio fueron siempre de corta duración
chocaba con el alto porcentaje de útiles domésticos (especialmente raspadores)
localizados en ambos niveles analizados, así como con la aparente densidad y variedad
general de los conjuntos arqueológicos, que sugerían un carácter más complejo y
permanente de las ocupaciones. Asimismo, cualquier hipótesis sobre la funcionalidad
del yacimiento chocaba también con la inexistencia de una excavación extensiva en el
abrigo que permitiera identificar áreas de actividad.
En cuanto a los análisis isotópicos, sus resultados aplicados al estudio de
paleotemperaturas sugirieron que las ocupaciones proto-solutrenses y solutrenses de
Peña Capón ocurrieron durante eventos relativamente cálidos del MIS 2 (Yravedra
et al. 2016: 34), aunque la confirmación de estos resultados, así como la de los del
análisis zooarqueológicos, quedó pendiente de la realización de nuevas analíticas y
de una definición más precisa de la cronoestratigrafía del abrigo.
La cueva de Los Casares, localizada en la rama castellana del Sistema Ibérico,
cerca de Riba de Saelices (fig. 1A), es uno de los yacimientos clásicos del Paleolítico
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Manuel Alcaraz-Castaño et alii
Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
del centro peninsular. Conocida desde finales del XIX, es valorada por su contenido
arqueológico desde 1928, año del descubrimiento de su importante conjunto
de grabados y pinturas paleolíticas. El depósito pleistoceno de Los Casares,
mayoritariamente localizado en la sala conocida como ‘Seno A’, fue excavado en los
años 60 del siglo pasado, y en él se localizó un escaso conjunto industrial musteriense,
acompañado de un metacarpiano correspondiente a un individuo neandertal y
una importante colección faunística (Barandiarán 1973; Alcaraz-Castaño et al.
2015). No se plantearon entonces analíticas geoarqueológicas, paleoecológicas o
cronométricas, por lo que un nuevo acceso a su estratigrafía parecía deseable de
cara a aprovechar la información que pudiera encerrar.
Habida cuenta de lo expuesto anteriormente, es evidente que la selección de
los yacimientos obedecía a la potencialidad de los mismos para proveernos de
nuevas evidencias útiles para contribuir a resolver los problemas planteados en
el estudio del Pleistoceno Superior de la Meseta reseñados en el epígrafe anterior.
Para ello diseñamos una propuesta metodológica de aplicación a cada uno de los
yacimientos, que podemos resumir en los siguientes apartados:
- Realización de sondeos geoarqueológicos limitados, en módulos reducidos y
destinados principalmente al registro e interpretación crono-estratigráfica de los
depósitos sedimentarios.
- Análisis de micromorfología y sedimentología de alta resolución para
reconstruir los procesos de formación de los yacimientos y su estado de conservación
e integridad.
- Análisis tecnológicos, arqueozoológicos, tafonómicos y gráficos destinados a
analizar los comportamientos tecnológicos, económicos y simbólicos de los grupos
humanos.
- Análisis paleoecológicos (microfauna, palinología, antracología y fitolitos) a
fin de conocer la variabilidad climática y ambiental y las adaptaciones humanas a
la misma.
- Dataciones cronométricas (C14 AMS, OSL, U/) para conocer la cronología
de los episodios de ocupación humana en los yacimientos.
4. LAS INTERVENCIONES Y SUS RESULTADOS.
4.1. El abrigo de Peña Cabra
La intervención en el abrigo de Peña Cabra se verificó en el mes de junio de
2015, consistiendo en la excavación de los niveles fértiles musterienses en dos
cuadros (F8 y F13) no excavados durante la campaña de 1996, y en la limpieza y
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Boletín de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara (B.A.A.M.GU.)
nº 8 (2017), pp. 13-44
documentación de un perfil estratigráfico completo, situado en los cuadros C10
y C11 (fig. 4A). A pesar de lo limitado de la intervención, la aplicación estricta
del protocolo de investigación reseñado al final del epígrafe anterior ha permitido
obtener resultados preliminares muy satisfactorios (Alcaraz-Castaño et al. 2016).
Por una parte, el análisis micromorfológico nos informa de que el yacimiento,
inserto en un conjunto sedimentario fluvial, estratificado y sellado por la caída
de bloques de la visera del abrigo (fig.2B), y en el que los niveles con ocupación
humana están formados por una mezcla heterogénea de arenas, limos y gravas
fluviales, se encuentra en gran parte inalterado. Esta constatación, aún preliminar
y sujeta a revisión, de confirmarse sería clave para la interpretación arqueológica
de las evidencias obtenidas en la estratigrafía, pues permitiría aislarlas en unidades
cronológica y tafonómicamente significativas y garantizaría que las conclusiones a
las que se pueda llegar provienen de un depósito sin alteraciones postdeposicionales
importantes.
El análisis cronométrico y paleoecológico de los niveles arqueológicamente
fértiles ha proporcionado datos muy interesantes, si bien todavía no es definitivo
y se encuentra a la espera de la realización de nuevas fechas OSL. La datación
14C de los niveles 6 y 5 (los que muestran una mayor densidad de ocupación) los
sitúa provisionalmente en el MIS 3, y los análisis palinológicos y antracológicos
muestran la evolución desde un ambiente templado con abundante cobertura
arbórea, destacando la presencia frecuente de robles y encinas (Querqus sp.), en
el nivel 6, hasta un clima más frío con paisajes abiertos en el nivel 5, donde los
árboles dominantes son las coníferas (Pinus nigra) y se llegan a documentar especies
arbustivas típicas de ambientes más fríos (Artemisia).
Los niveles 5 y 6 han proporcionado una interesante colección lítica y faunística
(fig. 4B) Dentro de la primera se puede resaltar de manera preliminar la utilización
preferente de cuarcitas y cuarzos, y en menor medida sílex y cristal de roca, para
implementar estrategias de talla tanto discoides como levallois, entre las que destaca
un esquema operativo micro-levallois, relativamente bien representado, destinado
a la producción de elementos de pequeño tamaño, especialmente en el nivel 5.
Destaca además la alta presencia de material de consumo retocado. Por otro lado, el
espectro faunístico, estable a lo largo de la secuencia, incluye caballo, cabra, ciervo
y rebeco, cuyo análisis tafonómico preliminar denota su origen principalmente
antrópico. Esto último implica que los grupos neandertales que utilizaron el abrigo
de Peña Cabra explotaron varios nichos ecológicos diferentes, reflejo de la riqueza
y diversidad del entorno inmediato del asentamiento, a lo largo de un período
en el que el medio ambiente experimentó notables fluctuaciones, ilustrando la
adaptabilidad tecno-económica y la alta movilidad de dichos grupos.
27
Manuel Alcaraz-Castaño et alii
Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
4.2. La cueva de Los Casares
A día de hoy hemos acometido 2 intervenciones en la cueva de Los Casares
(fig. 5A), la primera en septiembre de 2014 y la segunda en mayo de 2015, ambas
sobre el depósito del Seno A (figs. 5B y 6A). Las excavaciones geoarqueológicas
han consistido en la apertura de c. 6 nuevos cuadros en módulo 1x1 m, así como
Figura 4. A: Planimetría de las excavaciones del abrigo de Peña Cabra. B: Industria lítica del nivel
5 de Peña Cabra. 1: Punta retocada (sílex), 2: Raedera (cuarzo), 3 y 4: Núcleos levallois (cuarcita),
5: Raedera con explotación del reverso para la obtención de lascas (sílex).
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Boletín de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara (B.A.A.M.GU.)
nº 8 (2017), pp. 13-44
en la rectificación y limpieza de un perfil estratigráfico significativo (3-R’ sur),
correspondiente la excavación previa de Barandiarán (fig. 5B).
En el caso de Los Casares, contamos ya con la mayor parte de sus resultados
(Alcaraz-Castaño et al. 2015, 2017a). Por una parte, hemos confirmado, con
mínimas variaciones, la estratigrafía general del yacimiento del Seno A planteada
por Barandiarán (1973). Esta refleja dos episodios generales de actividad humana
prehistórica en el interior de la cueva; uno de cronología postpaleolítica (niveles
a3 y a4) que, podría corresponder a incursiones humanas extendidas desde un
momento relativamente avanzado del Neolítico hasta inicios de la Edad del Bronce,
y otro relacionado directamente con la actividad de grupos neandertales (niveles
c1, c2 y c3) (fig. 6B).
El análisis micromorfológico realizado en diversas zonas del área excavada
nos ha permitido conocer el proceso de formación del depósito sedimentario,
y constatar su elevado grado de integridad, pudiéndose afirmar que el conjunto
del yacimiento se encuentra en posición primaria, salvo alteraciones post-
deposicionales muy localizadas (Alcaraz-Castaño et al. 2017a). Esta constatación
es de gran relevancia para asumir los resultados de las analíticas cronométricas
realizadas. Dichas analíticas consistieron en un programa de muestreo de los niveles
de ocupación humana para su datación mediante C14 AMS, así como en el intento
de datación por series de uranio del potente espeleotema (d0, fig. 6B) que servía
de separación entre los niveles musterienses y otros subyacentes ricos en fauna de
carnívoros y sin actividad humana documentada. Las dataciones radiocarbónicas
ofrecieron resultados coherentes con la secuencia estratigráfica en el cuadro 6V’,
donde una primera datación sobre carbón recogido en el nivel b arrojó una edad
de 5.575-5.302 cal BP (Col3698.1.1), lo cual fue interpretado como resultado de
la contaminación a partir de una fosa postpaleolítica (Alcaraz-Castaño et al. 2017a:
26). A pesar de la invalidez de esta muestra para datar el nivel b, su datación supone
una novedad importante, ya que anticipa la actividad humana postpaleolítica en la
cueva a fechas cercanas al Neolítico pleno, para el que además se tienen muy pocos
datos en esta región del interior peninsular.
En el mismo cuadro, un carbón localizado in situ bajo una escápula de cérvido
en el nivel c2, arrojó una edad de 44.899-42.175 cal BP (Col4208.1.1). Esta
segunda fecha resultó más significativa para nuestros objetivos, y resultó además
plenamente coherente con los resultados obtenidos en la datación por U/ de la
colada estalagmítica subyacente a los niveles con restos de ocupación musteriense.
La datación más reciente obtenida en dicha colada fue de 48.052 ± 187 BP (techo
nivel d0 en el cuadro 2O’), la cual proporcionó un terminus post quem coherente
con la datación radiométrica del nivel c2, y en definitiva permite acotar la presencia
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Manuel Alcaraz-Castaño et alii
Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
Figura 5. A: Vista de la boca de la cueva de Los Casares. B: Planimetría del Vestíbulo y el Seno A
de Los Casares, con indicación de las zonas excavadas en el Seno A.
neandertal en Los Casares entre aproximadamente 48 y 42 ka cal BP, fecha esta
última que marcaría provisionalmente su definitiva desaparición del registro
arqueológico de la cavidad (Alcaraz-Castaño et al. 2017a: 26).
Por otro lado, las evidencias combinadas provenientes del polen, los
microvertebrados y los fitolitos apuntan hacia el depósito del nivel c durante un
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Boletín de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara (B.A.A.M.GU.)
nº 8 (2017), pp. 13-44
Figura 6. A: Vista previa del Seno A antes de las excavaciones de 2014-15. B: Estratigrafía
actualizada del Seno A (perfil sur 3R’).
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Manuel Alcaraz-Castaño et alii
Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
episodio relativamente templado y húmedo dentro del MIS3. Los pólenes muestran
taxones como Tilia, Salix y Ulmus, así como robles de hoja caduca (Quercus Sp.),
mientras que entre los microvertebrados abundan taxones como Sciurus vulgaris,
Apodemus, Castor fiber o Arvicola sapidus, y los fitolitos muestran altos porcentajes
de especímenes de las familias de herbáceas Pooideae y Chloridoideae, datos todos
ellos que apuntan en la dirección de un ambiente cálido y húmedo, responsable
de un paisaje vegetal dominado por zonas boscosas jalonadas de praderas (Alcaraz-
Castaño et al. 2017a).
La combinación de los datos paleoecológicos con los cronométricos nos ha
permitido plantear como hipótesis más verosímil que el nivel c de Los Casares
pudo depositarse durante el Greenland Interstadial (GI) 11, que arranca hacía 43,3
ka BP. Estos datos, unidos a los provenientes del nivel superior b, donde se verifica
tanto la práctica desaparición de cualquier vestigio industrial musteriense como
la acumulación de evidencias paleoclimáticas que apuntan hacia su depósito en
un período mucho más frío y árido, nos conducen a hipotetizar que alguna de las
pulsaciones frías posteriores al GI 11 pudo ser un factor implicado en el abandono
no solo de las altas parameras en las que se sitúa la cavidad, sino de las tierras
interiores mesetarias, tal como de hecho apunta el registro cronométrico actual
(Alcaraz-Castaño et al. 2017a).
Ya en el plano del análisis del comportamiento tecno-económico de los grupos
neandertales que frecuentaron el interior de la cueva de Los Casares, nuestros
sondeos, unidos al reestudio de los lotes industriales faunísticos provenientes de
las excavaciones de Barandiarán, han arrojado también resultados interesantes
para comprender la funcionalidad del peculiar yacimiento cavernario del Seno A.
Por una parte, el análisis zooarqueológico y tafonómico de las faunas presentes
en los niveles musterienses nos muestran un heterogéneo repertorio de especies
fruto primordialmente de la actividad de carnívoros, siendo muy residuales las
pruebas de actividad humana sobre ellas, que además se concentran en un limitado
elenco de especies (Equus hydruntinus, Capra pyrenaica y, en menor medida,
Oryctolagus cuniculus) (Alcaraz-Castaño et al. 2017a: tabla 9). Por otro lado, el
análisis industrial nos pone en primer lugar en contacto con un conjunto lítico
muy escaso, de tan sólo 44 piezas, pero claramente relacionable con la tecnología
del Paleolítico Medio. Realizado mayoritariamente en sílex (72,7%), un alto
porcentaje de los restos estudiados (68,2%) corresponden a los últimos estadios
de la cadena operativa (consumo y abandono), mientras que los primeros de ellos
están completamente ausentes. Los soportes, salvo en un caso, son siempre lascas,
generalmente producidas mediante el método levallois en su variedad recurrente
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Boletín de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara (B.A.A.M.GU.)
nº 8 (2017), pp. 13-44
centrípeta. Entre los soportes retocados dominan ampliamente las raederas (Alcaraz-
Castaño et al. 2017a: 37-38).
Los datos combinados de faunas e industrias descartan la calificación de hábitat
para esta zona del yacimiento de la cueva de Los Casares. La pobreza del conjunto
lítico, la ausencia de las fases de inicio y producción de industrias líticas, y su
aparente independencia de los restos faunísticos que lo acompañan, apuntan hacia
su pertenencia a un área marginal del asentamiento, en la que la presencia humana
pudo deberse a incursiones episódicas y fugaces, quizá relacionadas con actividades
especializadas, realizadas desde otras áreas del hábitat, presumiblemente localizadas
en la zona semi-exterior de la cueva.
4.3. El abrigo de Peña Capón
La intervención en el abrigo de Peña Capón se limita por ahora a una campaña
de excavación conducida entre los meses de octubre y noviembre de 2015. Dicha
campaña aprovechó uno de los niveles más bajos del embalse de Beleña en la
última década, lo que dejó al descubierto el importante depósito sedimentario
del yacimiento (fig. 3A). A pesar de que los trabajos de análisis de las evidencias
recuperadas en Peña Capón se encuentran aún en curso, y en consecuencia no
poseemos todavía datos paleoecológicos, tecnológicos o cronométricos definitivos,
podemos caracterizar, siquiera brevemente, los trabajos de excavación y algunas
interpretaciones preliminares.
La excavación se efectuó sobre una superficie de 6 m2 en la zona central del
abrigo, lo que nos permitió documentar en extensión el teórico nivel solutrense
medio (2) detectado en las excavaciones de Martínez Santa-Olalla (fig. 7A), así
como realizar una columna estratigráfica de gran parte del depósito en uno de los
cuadros (fig. 7B). Dicha columna se utilizó, entre otras cosas, como guía para la
extracción de muestras de sedimento para análisis polínicos y micromorfológicos.
Un primer acercamiento preliminar a la sedimentología del yacimiento nos
muestra que su constitución parece responder a un proceso de sedimentación
fluvial rápida y de baja energía, que depositó estratos limo-arcillosos de coloración
beige clara, que aparecen a veces alterados con abundante materia orgánica fruto
de la actividad antrópica, adquiriendo entonces una tonalidad pardo-negruzca. El
yacimiento, a falta todavía de precisiones micromorfológicas, parece poco alterado
postdeposicionalmente, circunstancia apoyada provisionalmente por los datos
relativos a la orientación y dispersión de los restos arqueológicos.
El proceso de excavación nos ha permitido comprobar que la interpretación
estratigráfica genérica del yacimiento, basada en la existencia de 4 fases de ocupación
sucesivas y difereciadas, separadas por niveles estériles (fig. 3B), si bien no era
33
Manuel Alcaraz-Castaño et alii
Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
Figura 7. A: Vista final de la excavación de Peña Capón en la campaña de 2015. B: Detalle de la
estratigrafía documentada en el perfil oeste del cuadro 2B.
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Boletín de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara (B.A.A.M.GU.)
nº 8 (2017), pp. 13-44
básicamente errónea, sí suponía una simplificación de la realidad sedimentológica
del yacimiento. La excavación demuestra que no existen en realidad hiatos
arqueológicos entre esos 4 momentos de ocupación, ya que los niveles supuestamente
estériles contienen una moderada presencia de material arqueológico. En todo caso,
y siempre como observación preliminar, las mayores concentraciones de actividad
humana, quizá formando suelos de ocupación, parecen corresponderse con los
niveles oscuros ricos en materia orgánica, niveles que parecen encerrar una mayor
complejidad de lo esperado, por lo que en el futuro no es descartable que sean
subdivididos en unidades menores de rango arqueológico y/o sedimentológico,
conformando verdaderos palimpsestos.
La abundancia de restos de fauna, presumiblemente introducidos en el abrigo
por los cazadores paleolíticos, así como la alta presencia de puntas foliáceas
fragmentadas (fig. 8), y de un relevante número de lascas de reducción bifacial
correspondientes a las fases finales de adelgazamiento, apoyan la interpretación
del sitio como un campamento en el que tuvieron una especial importancia las
actividades relacionadas con la caza y el despiece de animales. No obstante, la
constatación de las potenciales dimensiones del yacimiento (más de 200 m2), la
alta presencia de material de consumo (especialmente raspadores), y lo reducido del
área excavada sistemáticamente impiden ser categóricos a este respecto, ya que no
podemos descartar la existencia de una variabilidad funcional interna en el propio
asentamiento. Por tanto, debemos esperar a la continuación de las excavaciones
para disponer de evidencias más sólidas y numerosas que permitan proponer teorías
más fundamentadas en este sentido.
5. CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS
Aunque buena parte de las investigaciones aquí presentadas se encuentran aún en
curso, resulta innegable que tanto los resultados ya obtenidos, como las perspectivas
que sugieren las inferencias preliminares aún en proceso de contrastación, permiten
ser optimistas en cuanto a la potencialidad de este proyecto de investigación
para resolver algunos de los problemas a los que se enfrenta actualmente nuestra
comunidad disciplinar.
La primera cuestión que merece ser destacada es la constatación de algo sospechado
desde hace tiempo: la región noroccidental de la provincia de Guadalajara, y en
concreto los valles altos de los ríos Sorbe y Jarama, amparados por las estribaciones
surorientales del Sistema Central, encierran un potencial excepcional para la
investigación del poblamiento de Neandertales y Humanos modernos en el interior
de la península ibérica. Los yacimientos de Pa Cabra y Peña Capón no solo
35
Manuel Alcaraz-Castaño et alii
Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
Figura 8. Puntas foliáceas bifaciales del nivel 2 de Peña Capón. Todas en sílex excepto la 5, en
cristal de roca, y abandonada durante el proceso de fabricación. Las piezas 4 y 6 provienen de la
excavación de 1970.
presentan evidencias sólidas para la reconstrucción del comportamiento de estos
grupos en las esferas tecnológica, socio-económica y simbólica, sino que además están
aportando numerosos y variados datos paleoambientales, de gran relevancia para la
reconstrucción de los nichos ecológicos del Pleistoceno superior regional, y en última
instancia para evaluar cómo la variabilidad de los mismos afectó a las estrategias de
subsistencia y dinámicas poblacionales de Neandertales y Humanos modernos.
36
Boletín de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara (B.A.A.M.GU.)
nº 8 (2017), pp. 13-44
Asimismo, es necesario destacar que precisamente en el período para el que
se ha venido aduciendo con más insistencia el modelo del despoblamiento del
interior peninsular, enmarcado por el Pleniglacial Superior o MIS 2, las evidencias
aportadas por la secuencia de Peña Capón resultan más determinantes. Y no solo
por la solidez de los datos que estamos obteniendo en sus niveles gravetienses,
proto-solutrenses y solutrenses, que proponen una ocupación recurrente y
compleja del abrigo, sino porque conocemos en la región otros yacimientos que
plantean la posible existencia de una ocupación organizada del territorio durante
estas cronologías. Así, en las cavidades de El Reno y el Cojo (Valdesotos), ubicadas
en el alto valle del Jarama a escasos 9 kilómetros de Peña Capón, se localizan
grafías de estilo pre-magdaleniense hipotéticamente relacionables con los contextos
excavados en Peña Capón (Alcolea-González et al. 1997a; Alcaraz-Castaño et al.
2013). En el mismo sentido, recientes investigaciones llevadas a cabo en la cueva
de Los Torrejones (Tamajón) han puesto al descubierto la posible cronología
superopaleolítica de algunos de los restos humanos localizados en el sitio (Pablos et
al. 2017), abriendo así la posibilidad de aumentar las evidencias correspondientes
a la ocupación humana de la región durante el MIS 2 (fig 1B).
Por último, resulta igualmente relevante que actualmente en Peña Capón
se localizan las dataciones cronométricas más antiguas para un contexto del
Paleolítico Superior en la Meseta. Aunque aún no estamos en condiciones de
resolver el problema que presenta la asignación crono-cultural del nivel 4 de la
secuencia de 1970, datado en c. 25.4 ka cal BP, podemos adelantar que las nuevas
excavaciones confirman la entidad arqueológica de niveles correspondientes a la
ocupación humana del abrigo en esas cronologías. De hecho, es posible que en
sucesivas campañas podamos documentar niveles arqueológicos aún más antiguos,
lo que abundaría en la excepcionalidad de Peña Capón como secuencia cultural
referente de la ocupación humana del interior de la península ibérica durante el
Paleolítico Superior, y especialmente durante sus fases menos conocidas.
Con estas perspectivas, resulta evidente la necesidad de continuar la
investigación en esta región, como de hecho estamos ya haciendo la mayor
parte del amplio equipo interdisciplinar que firma este artículo, junto a algunos
otros investigadores. Además de continuar la documentación en el abrigo de
Peña Capón y, en menor medida, en Peña Cabra, se abren ahora nuevas líneas
de investigación, centradas en la territorialidad y movilidad de los grupos de
Neandertales y Humanos modernos regionales, para lo cual ya hemos iniciado
una vía de análisis sobre estrategias de captación de materias primas.
En cuanto al problema de la supuesta pervivencia tardía de grupos neandertales
en el interior peninsular, las dataciones cronométricas obtenidas en los niveles
37
Manuel Alcaraz-Castaño et alii
Neandertales y Humanos modernos en Guadalajara
musterienses de Los Casares y Peña Cabra permiten apoyar provisionalmente
la hipótesis de que los contextos musterienses no pervivieron en las tierras
mesetarias más allá de la fecha en la que se encuentra asentada su desaparición
en la mayor parte de Europa, en torno al 40 ka cal BP (Higham et al. 2014). Las
dataciones obtenidas recientemente en el yacimiento musteriense de El Molino
(Segovia), que sitúan el nivel musteriense más reciente del abrigo en c. 41 ka cal
BP, vienen de nuevo a apoyar esta idea (Kehl et al. 2018). En todo caso, dada
la aún escasa cantidad de datos fiables con los que contamos para resolver esta
controversia, y considerando además que existen algunos indicios obtenidos en
el nivel superior de la secuencia pleistocena de Los Casares que podrían apuntar a
una cronología más reciente de 42 ka cal BP para la última presencia musteriense
en esta cavidad (Alcaraz-Castaño et al. 2017a), conviene no dar por cerrada la
discusión sobre una posible pervivencia tardía de Neandertales en el interior,
más teniendo en cuenta que dicha pervivencia parece constatada en algunos
yacimientos próximos a las costas del sur peninsular (Zilhão et al. 2017).
En todo caso, lo cierto es que actualmente no existen evidencias claras de ocupación
humana en las dos submesetas entre c. 41 ka cal BP y c. 25.4 ka cal BP, más allá de
algunos testimonios en la periferia mesetaria, que podrían remontarse en torno a 28 ka
cal BP (Cacho et al. 2010; Aubry et al. 2012; Alcaraz-Castaño 2015). Nos encontramos
así con un hiato arqueológico desarrollado en buena medida durante el MIS 3, que
por tanto no puede ser explicado en toda su extensión por factores paleoecológicos, y
cuya traducción en términos poblacionales reales debe seguir cuestionándose a partir
de nuevos proyectos de investigación. En nuestro caso, utilizamos como hipótesis
nula la existencia más o menos continuada de núcleos poblacionales en la región
objeto de estudio, y por tanto predecimos que tarde o temprano encontraremos
evidencias de ocupación humana en estas cronologías, cuya entidad e implicaciones
habrá que discutir. Que esta hipótesis pueda ser verificada o refutada, dependerá en
primer lugar de la cantidad y calidad de los proyectos de investigación que se pongan
en funcionamiento en los próximos años. Si dichos proyectos se llevan a término,
no cabe duda de que la provincia de Guadalajara continuará aportando evidencias
significativas que permitirán rellenar progresivamente los huecos que aún persisten
en el conocimiento de nuestro pasado paleolítico.
AGRADECIMIENTOS
Los autores desean expresar su más sincero agradecimiento al personal del
Museo de Guadalajara, y especialmente a Miguel Ángel Cuadrado Prieto, por su
invitación al ciclo de conferencias sobre Arqueología en Guadalajara y su agradable
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Boletín de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara (B.A.A.M.GU.)
nº 8 (2017), pp. 13-44
trato. Las investigaciones en Los Casares, Peña Capón y Peña Cabra han sido
autorizadas por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de la Junta de
Comunidades de Castilla-La Mancha, y en el caso de Los Casares han contado con
la colaboración del personal del Museo Comarcal de Molina. En las intervenciones
en Peña Capón y Peña Cabra hemos contado además con la autorización de la
Confederación Hidrográfica del Tajo y la colaboración logística del Grupo Especial
de Operaciones de la Policía Nacional (Guadalajara). Antonio Alcaina nos cedió
para su estudio las colecciones arqueológicas de Peña Capón que aún conservaba
de forma privada.
Gran parte de las investigaciones han sido financiadas a través de un proyecto
Marie Curie (IEF) dentro del Séptimo Programa Marco (FP7) de la Comisión
Europea (Identificador: 628179) así como por la Fundación Alemana de
Investigación (DFG) bajo el CRC 806 “Our Way to Europe”. También se ha
contado con financiación proveniente de los siguientes proyectos del Ministerio de
Economía y Competitividad financiados por la Agencia Estatal de Investigación
(AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER): HAR2013-48784-
C3-3-P, HAR2016-76760-C3-2-P, HAR2013-43701-P, CGL2012-38434-C03-
01 y HAR2017-82483-C3-3-P.
Manuel Alcaraz-Castaño disfruta de un contrato co-financiado por las Ayudas
para la Atracción de Talento Investigador de la Comunidad de Madrid (referencia
2016-T2/HUM-1251).
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Article
The interior of the Iberian Peninsula has orographic conditions that make this territory especially vulnerable to Quaternary climate oscillations and which actually could have made it decisive for Paleolithic human populations at critical points. For this reason, the information provided by paleon-tological sites is important for reconstructing climatic and environmental conditions during the Late Pleistocene and understanding how they influenced the species that inhabited them, including humans. Nevertheless, the archaeo-paleontological record is scarce in central Iberia for the Late Pleistocene. A central Iberian site that is key to addressing this issue is Cueva de los Torrejones, which was discovered and excavated during the nineties. Clues indicating the presence of Neandertal populations near the cave site were announced during prior field excavations, including Neandertal remains, Middle Paleolithic artifacts, and evidence of anthropic exploitation of faunal resources at the site. Here we report the new results from the recent excavations and research, including detailed studies on stratigraphy, micro-morphology, macro and microvertebrate paleontology, physical and molecular anthropology, taphonomy and zooarchaeology, and analysis of lithic and pottery remains. Our research has led to the detection of three Prehistoric chronologies recorded at the site. The oldest episode corresponds to between MIS 5 and MIS 4 in which the cave was used by carnivores. The second episode is represented by a faunal association dated to 30.0 ka cal BP and is indicative of cooler and more arid environmental conditions and, therefore, compatible with the worsening climate detected previously for MIS 3 in this area. The last episode corresponds to the Chalcolithic, directly dated to~5000 cal BP in which humans used the cavity for funerary purposes. The DNA analysis of the human remain was assigned to mtDNA haplogroup K, which was originated in the Near East and reached western Europe through the Neolithic expansion. Human occupation during the Paleolithic has been ruled out, including Paleolithic human remains and any kind of anthropic intervention on the Hermann’s tortoise and leopard as was previously proposed at the site.
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The late persistence in Southern Iberia of a Neandertal-associated Middle Paleolithic is supported by the archeological stratigraphy and the radiocarbon and luminescence dating of three newly excavated localities in the Mula basin of Murcia (Spain). At Cueva Antón, Mousterian layer I-k can be no more than 37,100 years-old. At La Boja, the basal Aurignacian can be no less than 36,500 years-old. The regional Middle-to-Upper Paleolithic transition process is thereby bounded to the first half of the 37th millennium Before Present, in agreement with evidence from Andalusia, Gibraltar and Portugal. This chronology represents a lag of minimally 3000 years with the rest of Europe, where that transition and the associated process of Neandertal/modern human admixture took place between 40,000 and 42,000 years ago. The lag implies the presence of an effective barrier to migration and diffusion across the Ebro river depression, which, based on available paleoenvironmental indicators, would at that time have represented a major biogeographical divide. In addition, (a) the Phlegraean Fields caldera explosion, which occurred 39,850 years ago, would have stalled the Neandertal/modern human admixture front because of the population sink it generated in Central and Eastern Europe, and (b) the long period of ameliorated climate that came soon after (Greenland Interstadial 8, during which forests underwent a marked expansion in Iberian regions south of 40°N) would have enhanced the “Ebro Frontier” effect. These findings have two broader paleoanthropological implications: firstly, that, below the Ebro, the archeological record made prior to 37,000 years ago must be attributed, in all its aspects and components, to the Neandertals (or their ancestors); secondly, that modern human emergence is best seen as an uneven, punctuated process during which long-lasting barriers to gene flow and cultural diffusion could have existed across rather short distances, with attendant consequences for ancient genetics and models of human population history.
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Introduction and objectives: Although the Iberian Peninsula is a key area for understanding the Middle to Upper Paleolithic transition and the demise of the Neandertals, valuable evidence for these debates remains scarce and problematic in its interior regions. Sparse data supporting a late Neandertal persistence in the Iberian interior have been recently refuted and hence new evidence is needed to build new models on the timing and causes of Neandertal disappearance in inland Iberia and the whole peninsula. In this study we provide new evidence from Los Casares, a cave located in the highlands of the Spanish Meseta, where a Neandertal-associated Middle Paleolithic site was discovered and first excavated in the 1960's. Our main objective is twofold: (1) provide an updated geoarcheological, paleoenvironmental and chronological framework for this site, and (2) discuss obtained results in the context of the time and nature of the last Neandertal presence in Iberia. Methods: We conducted new fieldwork in an interior chamber of Los Casares cave named 'Seno A'. Our methods included micromorphology, sedimentology, radiocarbon dating, Uranium/Thorium dating, palinology, microfaunal analysis, anthracology, phytolith analysis, archeozoology and lithic technology. Here we present results on site formation processes, paleoenvironment and the chronological setting of the Neandertal occupation at Los Casares cave-Seno A. Results and discussion: The sediment sequence reveals a mostly in situ archeological deposit containing evidence of both Neandertal activity and carnivore action in level c, dated to 44,899-42,175 calendar years ago. This occupation occurred during a warm and humid interval of Marine Isotopic Stage 3, probably correlating with Greenland Interstadial 11, representing one of the latest occurrences of Neandertals in the Iberian interior. However, overlying layer b records a deterioration of local environments, thus providing a plausible explanation for the abandonment of the site, and perhaps for the total disappearance of Neandertals of the highlands of inland Iberia during subsequent Greenland Stadials 11 or 10, or even Heinrich Stadial 4. Since layer b provided very few signs of human activity and no reliable chronometric results, and given the scarce chronostratigrapic evidence recorded so far for this period in interior Iberia, this can only be taken as a working hypothesis to be tested with future research. Meanwhile, 42,000 calendar years ago remains the most plausible date for the abandonment of interior Iberia by Neandertals, possibly due to climate deterioration. Currently, a later survival of this human species in Iberia is limited to the southern coasts.
Article
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Evidence of human activity and hominin remains are very scarce inland on the Iberian Peninsula. This fact raises the issue of the scarcity of evidence that Paleolithic Homo sapiens occupied this area outside of the littoral margins (Atlantic, Cantabrian, and Mediterranean coasts). Here, we comparatively describe a human right adult navicular bone recovered in the Cueva de los Torrejones site, located in the village of Tamajón (Guadalajara, Spain). This fossil was preliminarily established as belonging to Homo cf. neanderthalensis, due to the late Pleistocene faunal association, mainly because of the presence of Crocuta crocuta and Panthera pardus. The metrical and morphological study of the navicular T93-S3.27 from Cueva de los Torrejones clearly differentiates it from Neandertals and their ancestors, the hominins from Sima de los Huesos, allowing for this fossil to be taxonomically assigned with confidence as H. sapiens. The navicular from the Cueva de los Torrejones is absolutely and relatively medio-laterally narrow with a low wedging index as those of fossil and modern H. sapiens, and clearly different of Neandertals. The increased discoveries and publications of new naviculars belonging to genus Homo, together with the findings of P. pardus and C. crocuta in more recent chronologies in the Iberian Peninsula, are compatible with this reevaluation.We propose a probable chronology for this fossil between 12 and 15 ka and ca. 25 ka, based on the biostratigraphy and the oldest presence of H. sapiens in the Iberian Peninsula. This work confirms the human presence within the Iberian Peninsula during the Upper Paleolithic and reopens the question of the peopling of the inner Peninsula during this period.
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The article presents an updated state-of-the-art on the problem of the pre-Magdalenian Upper Paleolithic settlement of the central area of the Iberian Peninsula. A review of the last published data suggests that classic models depicting an unpopulated Spanish plateau during the Late Pleniglacial must be reassessed. We also offer the first impressions derived from ongoing fieldworks conducted at the Upper Paleolithic site of Peña Capón (Sorbe River valley, Guadalajara, Spain). The archeological sequence recorded in this rock shelter, which confirms previous data and interpretations, will enable us, for the first time in research history of this region, to propose interpretations on human-environment interactions during the Late Pleniglacial based on solid archeological, geological and ecological data. Thus, we will be able to contrast previous proposals based on the Paleolithic graphic expressions of interior Iberia, which first demanded the necessity of considering a richer human settlement of the Spanish plateau than traditionally thought.
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The currently most widely accepted model of population dynamics in Southwest Europe during the Last Glacial Maximum depicts the Iberian Peninsula as a human refugium. However, this refugium was generally thought to be limited to the coastal areas of Iberia, while the interior lands of the Spanish plateau were explicitly excluded as areas of significant human settlement. According to what we have termed the “crossing-area model,” these inner territories supposedly had no Solutrean settlements, only ephemeral visits corresponding to the passage of hunter-gatherers en route between the more favored coastal areas. In this paper we test the validity of this model in light of new data from several sites in Central Iberia, namely from the Madrid Basin and the southeastern foothills of the Central System mountain range. We conclude that the crossing-area model does not explain the current data and therefore should be reassessed. Consequently, we propose to open up new avenues of research aimed at approaching the central region of Iberia in its own cultural and ecological terms.
Article
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The recent excavations (2008–2009) conducted at the open-air site of Las Delicias, located in the Manzanares River valley (Madrid), have revealed new important data for the understanding of the human settlement of Central Iberia during Solutrean times. In this paper, we present a geomorphological and taphonomic study of the Pleistocene deposits of Las Delicias, a technological analysis focused on the bifacial lithic reduction processes documented at the site, new Optically Stimulated Luminescence dates, and new palynological data. Together with the existence of numerous Solutrean lithic assemblages from the early 20th century excavations of the Manzanares terraces, these new data highlight the importance of the Manzanares valley as a focus of Solutrean settlement, not only related to flint procurement but also to foraging activities. Moreover, they require reconsideration of Central Iberia as a virtually unpopulated region during the Late Pleniglacial (MIS 2), and of the associated idea of its cultural dependence on the coastal areas of the Iberian Peninsula. We propose new avenues of research aimed at approaching the central region of Iberia in its own cultural and ecological terms.
Article
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This first attempt to map the distributions of Upper Palaeolithic sites in the entire Iberian Peninsula, while fraught with the difficulties posed by uneven geomorphological contexts and research histories, has produced some clear results. The early Aurignacian and Chatelperronian are stricly restricted to northern Spain, while the Mousterian continued to exist in southern Spain and Portugal until at least 30,000 BP. Even the late Aurignacian is exceedingly rare throughout the Peninsula, suggesting a very low density of human population, with little real change in the Gravettian. With vast areas of northwestern Europe abandoned by humans, there was a genuine explosion of sites during the Last Glacial Maximum in the Solutrean period. This is true of all the peri-coastal regions: Vasco-Cantabria, Levantine Spain, Portugal, and especially Andalucia. Recent works shows that the interior was not entirely empty of human settlement, but this was thin and discontinuous compared with the favoured peripheral regions, with their more moderate climate, abundant resources and shelter. The pattern of site concentrations versus empty areas coincides with evidence of regionally distinctive Solutrean point styles; yet enough social contact was maintained to mitigate territorial and cultural fragmentation, as is attested by widespread, pan-Peninsular similarities in portable and rupestral art. Human population levels in 'favoured' areas within the Iberian refugium may have been relatively high, with restricted annual mobility in regions combining high local relief and access to marine resources. The Tardiglacial Magdalenian represents a period of (re-)conquest of the highlands - both mountains and mesetas - very much in line with what was occurring in other regions of western Europe. The situation stabilizes during the Epipalaeolithic, with some continued use of the interior uplands and heavy concentration on certain favoured coastal zones. These maps are certain to change rapidly with the increasing pace of survey and excavation (especially in the interior) in both Portugal and Spain, but we are confident that this first approximation will serve as a baseline for the testing of various hypotheses on the changing human settlement of Iberia between 40,000-10,000 BP.