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Uniendo a los socios: estrategias de designación de gabinetes en gobiernos de coalición presidenciales

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Las coaliciones surgieron en América Latina como un fenómeno político que atrajo el interés de la política comparada a la región durante la década de los 90. Veinte años después, la agenda de investigación sigue abierta, latente y pendiente de nuevas indagaciones, métodos, datos y conclusiones. Los últimos quince años han sido testigos de profundos cambios en las dinámicas políticas latinoamericanas. El "giro hacia la izquierda" puso nuevamente en debate el rol que cumplen los partidos políticos en la administración de los re-cursos públicos, especialmente aquellos actores que se han autodefinido como nuevos y fundantes de experiencias políticas innovadoras. Sabiendo esto de todas formas, dejamos en un segundo plano la cuestión de fondo que siempre preocupó a los analistas políticos: la gobernabilidad. Concretamente, la estabilidad de los sis-temas políticos, la eficacia y la eficiencia de la provisión de bienes públicos, y los procesos de toma de decisiones. ¿Qué rol ocupan las coaliciones en es-tos debates? La agenda de investigación sobre coaliciones en América Latina es transversal a todos los procesos políticos, ya sea como el objeto a explicar o bien como uno de los factores que inciden en otros procesos políticos. El fenómeno coalicional interviene en múltiples di-mensiones: el ejercicio del gobierno, los acuerdos ejecutivo-legislativo, la competencia electoral, la administración de los recursos públicos, las relaciones intergubernamentales entre niveles de gobierno, entre tantos otros. Con estos lentes como prisma, nos hemos propuesto retomar estos debates. Y lo hacemos desde el Grupo de Investigación "Coaliciones Políticas en América Latina", radicado en la Carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Los autores de estos aportes integramos dicho equipo, y frente a la invitación de los editores de esta revista, proponemos algunas líneas de investigación que pueden despertar el interés de otros colegas, analistas y estudiantes. Paula Clerici abre la discusión dando cuenta de la falta de consenso respecto a las fronteras que delimitan el concepto de coalición, sistematizando las ideas en torno a la presencia que las coaliciones ocupan en las investigaciones en política comparada y mostrando cómo estas pueden ser tanto objeto de estudio como elemento explicativo de otros fenómenos.
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Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
237
| COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
POLITICAL COALITIONS IN LATIN AMERICA
PAULA CLERICI / FACUNDO CRUZ / LARA GOYBURU / NATÁN SKIGIN / IN SEIRA / ADRIÁN ALBALA /
ANABELLA MOLINA
UNA AGENDA ABIERTA
Las coaliciones surgieron en América
Latina como un fenómeno político que
atrajo el interés de la política comparada
a la región durante la década de los 90.
Veinte años después, la agenda de inves-
tigación sigue abierta, latente y pendiente
de nuevas indagaciones, métodos, datos y
conclusiones.
Los últimos quince años han sido tes-
tigos de profundos cambios en las diná-
micas políticas latinoamericanas. El “giro
hacia la izquierda” puso nuevamente en
debate el rol que cumplen los partidos
políticos en la administración de los re-
cursos públicos, especialmente aquellos
actores que se han autodenido como
nuevos y fundantes de experiencias polí-
ticas innovadoras. Sabiendo esto de todas
formas, dejamos en un segundo plano la
cuestión de fondo que siempre preocupó
a los analistas políticos: la gobernabilidad.
Concretamente, la estabilidad de los sis-
temas políticos, la ecacia y la eciencia
de la provisión de bienes públicos, y los
procesos de toma de decisiones.
¿Qué rol ocupan las coaliciones en es-
tos debates? La agenda de investigación
sobre coaliciones en América Latina es
transversal a todos los procesos políticos,
ya sea como el objeto a explicar o bien
como uno de los factores que inciden en
otros procesos políticos. El fenómeno
coalicional interviene en múltiples di-
mensiones: el ejercicio del gobierno, los
acuerdos ejecutivo-legislativo, la compe-
tencia electoral, la administración de los
recursos públicos, las relaciones intergu-
bernamentales entre niveles de gobierno,
entre tantos otros.
Con estos lentes como prisma, nos
hemos propuesto retomar estos debates.
Y lo hacemos desde el Grupo de Investi-
gación “Coaliciones Políticas en América
Latina”, radicado en la Carrera de Ciencia
Política de la Universidad de Buenos Ai-
res (Argentina). Los autores de estos apor-
tes integramos dicho equipo, y frente a la
invitación de los editores de esta revista,
proponemos algunas líneas de investiga-
ción que pueden despertar el interés de
otros colegas, analistas y estudiantes.
Paula Clerici abre la discusión dando
cuenta de la falta de consenso respecto a
las fronteras que delimitan el concepto
de coalición, sistematizando las ideas en
torno a la presencia que las coaliciones
ocupan en las investigaciones en políti-
ca comparada y mostrando cómo estas
pueden ser tanto objeto de estudio como
elemento explicativo de otros fenómenos.
DOI: 10.18441/ibam.17.2017.64.237-266
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
238 Dentro del primer grupo, la contribu-
ción de Natan Sikgin e Iván Seira y el apor-
te de Adrián Albala se preguntan por los
recursos institucionales que tienen los pre-
sidentes para sostener las coaliciones de go-
bierno. Innovan a la hora de mirar más allá
de los cargos ministeriales desarrollando
dos índices que permiten capturar lo que
sucede con las segundas líneas y su impac-
to en el sostenimiento de la coalición de
gobierno. Por su parte, Albala hace foco en
cómo la existencia de mecanismos propios
a los sistemas presidenciales impacta en el
proceso de formación de coaliciones de go-
bierno, observando los efectos del timing
preelectoral y los acuerdos poselectorales,
ahí donde el Congreso es bicameral.
Por otra parte, las contribuciones de Fa-
cundo Cruz y Lara Goyburu, y de Anabella
Molina se encuentran entre los que entien-
den las coaliciones como factor explicativo
de otros fenómenos políticos. Molina parte
de entender los gabinetes como institucio-
nes “generizadas” que niegan una partici-
pación efectiva a las mujeres, y a partir de
la utilización de un índice de Poder de Gé-
nero compara su participación en los gabi-
netes de los gobiernos de coalición de los
países de la región andina. Cruz y Goyburu
cierran la sección ahondando sobre las rela-
ciones intergubernamentales de coordina-
ción, y proponen la integración de ambas
agendas de investigación, mostrando que
las coaliciones pueden afectar la provisión
de bienes públicos en Estados multinivel
allí donde las relaciones intergubernamen-
tales de coordinación no cuentan con un
alto grado de institucionalización.
Hechas las introducciones. El debate
sigue abierto.
P C
F C
L G
COALICIONES AL CUADRADO. LAS COALICIONES POLÍTICAS COMO
FENÓMENO A EXPLICAR Y COMO VARIABLE INDEPENDIENTE
La noción de coalición política remite
directamente a la idea de cooperación,
actores que agencian de manera coordi-
nada para lograr un determinado objetivo
dentro del sistema político. Puesto en estos
términos pareciera que poco queda fuera
del universo de una coalición. Sin embar-
go, actuar coordinadamente no supone un
evento aislado. Es, por el contrario, una
sucesión de prácticas rutinarias que, como
implica costos, se espera que el resultado
del esfuerzo colectivo sea superior a las ex-
pectativas de permanecer en solitario.
La conceptualización misma de coali-
ción no registra coincidencia entre los aca-
démicos. Una de las razones principales
del desacuerdo es la informalidad de cier-
tas instituciones que median en las coali-
ciones de geografías distintas a la europea,
y que generan en los estudiosos de la ma-
teria cierta reticencia a reconocer que ha-
blamos del mismo fenómeno. Dado que
estas líneas no buscan discutir conceptos,
se denen laxamente las fronteras de la
noción de coalición con el objetivo de
sistematizar ideas en torno a la presencia
que la coordinación entre actores ocupa
en las investigaciones en política compa-
rada, siendo tanto objeto de estudio como
elemento explicativo de otros fenómenos.
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
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Una coalición política es toda práctica
rutinaria de coordinación entre actores,
que implica costos y reparto de funciones
entre los integrantes para lograr una meta
compartida. Esta noción supone una ne-
gociación, un acuerdo, un compromiso,
benecios para los integrantes y como
todo castillo de naipes, un riesgo para
cada una de las partes y para el conjunto
cuando existe posibilidad de defección de
una de ellas individualmente. Así, la no-
ción clásica de institución se hace presen-
te ya sea formal o informalmente.
Coalición como fenómeno
Existen dos interrogantes frente a un fe-
nómeno abordado por primera vez: qué
es y por qué ocurre. Son estas cuestiones
que abordan los trabajos sobre coaliciones
considerados clásicos que miraron patro-
nes regulares de comportamiento formal
en sistemas como los parlamentarios, los
que por su propia naturaleza vuelven más
frecuente su presencia. A grandes rasgos,
las coaliciones de gobierno se construyen
cuando al partido que obtiene la plurali-
dad de bancas en una elección no le alcan-
za para formar y sostener un gobierno. Los
estudios de los años 60 y 70 del siglo pa-
sado señalan la búsqueda de cargos como
incentivo para que actores partidarios, en
este caso, trabajen juntos: acuerdan un
programa de gobierno, reparten cargos
y funciones, delinean políticas públicas
concretas, sientan posiciones acerca de
política exterior, sopesan ganadores y per-
dedores como resultante de sus acciones.
Las preguntas en torno a la conve-
niencia de un determinado tamaño de
las coaliciones fueron cobrando relevan-
cia desde la perspectiva racionalista. Con
estos anteojos, la mejor manera de lograr
un objetivo es aquella que cuesta menos,
es decir, la que menos pérdidas ocasiona
en el transcurso. Así, cuantos menos in-
tegrantes formen una coalición, más be-
necios obtiene cada uno, especialmente,
cargos y recursos. Esto, sin embargo, con-
lleva el peligro de tener las bancas justas
para sostener el gobierno y ante una even-
tual salida de un miembro, el riesgo de la
caída entra en latencia.
Muchos autores encontraron que la
búsqueda de determinado tipo de po-
líticas hace más factible que los actores
formen una coalición y esto, generalmen-
te, ocurre porque tienen coincidencias
ideológicas, sus cosmovisiones y valores
son lo sucientemente cercanos para lle-
varlos a acordar objetivos de gobierno y
abordar los problemas cotidianos que ello
supone porque disminuye los costos de
transacción. Los partidos ubicados en la
mediana del continuo izquierda-derecha
tienen mayor posibilidad de integrar una
coalición, y los gobiernos minoritarios de
sostenerse cuanto más grande es la dife-
rencia ideológica entre los partidos de la
oposición. Porque coaliciones también
existen en el arco opositor.
Con la vuelta al estudio de las insti-
tuciones en los años 80, gran parte de la
literatura analiza cómo estas estructuran el
proceso de formación de coaliciones. In-
faltables son las referencias a los sistemas
de partidos y los sistemas electorales, una
relación endógena donde ambos se rede-
nen mutuamente. Resultante de ambos
es una determinada posibilidad de obtener
bancas y chances de formar gobierno. Pero
en el paso previo, las coaliciones o pactos
electorales resultaron un fenómeno cada
vez más frecuente. La probabilidad de for-
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
240 mación de coaliciones para competir en la
elección es inversamente proporcional a
la estructura de oportunidades electorales
de cada uno de los competidores. Y esto
está en parte denido por las reglas que
regulan la elección: magnitud de distrito,
fórmula electoral, umbrales, tipo de lista,
calendarios de los distintos niveles pegados
o desdoblados. Otros argumentos señalan
que las coaliciones se forman para compe-
tir dentro de un marco de alta volatilidad
electoral o en sistemas de partidos frag-
mentados y/o desnacionalizados.
Todos estos elementos se aplican a los
sistemas presidenciales, con la particulari-
dad de que, aunque las coaliciones electo-
rales no implican coaliciones de gobierno
y el mandato del ejecutivo no depende de
una mayoría legislativa que lo sostenga, es
fundamental que el presidente cuente con
un contingente en el Congreso que aprue-
be sus proyectos de ley. Por este motivo,
presidentes minoritarios buscan coalicio-
nar. En este tipo de diseños se ponen en
juego otros factores relacionados con las
prerrogativas del presidente y del congreso
que regulan y balancean la relación entre
ambos. Las posibilidades de formación
de coaliciones varían según el control del
ejecutivo de un contingente legislativo, las
facultades del primero para inuir en el
proceso parlamentario, la fragmentación y
polarización de la(s) cámara(s), el distinto
grado de formalidad en la institucionaliza-
ción de los partidos y el sistema en su con-
junto, la cohesión y disciplina partidarias.
Con qué partidos se coordinan otros
partidos, cómo forman el gabinete, quién
toma las decisiones, bajo qué condiciones
es más probable que la coalición sobrevi-
va son cuestiones que cruzan la literatura
sobre coaliciones a través de los continen-
tes y sus diseños institucionales. Pero, las
consideraciones se multiplican cuando
en el análisis juega la relación entre are-
nas electorales y de gobierno. El estudio
de las dinámicas políticas subnacionales
ha adquirido enorme relevancia en los
años recientes, no solo para dar cuenta
de la disparidad de relaciones, regímenes
y diseños dentro de cada país sino, fun-
damentalmente, para comprender cómo
funciona el nivel superior del Estado en
épocas donde incluso países unitarios han
atravesado procesos de descentralización.
En casi la totalidad del globo existen es-
cenarios multinivel donde los partidos
realizan cálculos estratégicos para atender
múltiples tableros de juego.
No es menor conocer sobre qué nivel
del partido recae la decisión de formar
una coalición con determinados socios.
Puede ocurrir que sea el partido nacio-
nal quien delinea una estrategia aliancista
para las diferentes arenas de competencia
o, por el contrario, son los partidos sub-
nacionales los que de manera autónoma
están habilitados para tomar dichas deci-
siones atendiendo dinámicas partidarias y
coyunturas locales. De esta forma, es el
marco regulatorio el que puede permitir
que los partidos posean una organización
tendiente a la nacionalización o a la terri-
torialización. Si bien la normativa electo-
ral es la condición de posibilidad de que
los partidos tengan un funcionamiento
más nacionalizado o territorializado, no
permite comprender por qué ante reglas
parecidas los partidos se coordinan de
modo diferente.
Estudiar las coaliciones multinivel im-
plica entonces analizar la integración de
los partidos con sus vínculos formales e
informales entre sus élites y dinámicas
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organizacionales de manera vertical entre
los distintos niveles (nacional, provincial
y municipal) y horizontal entre las unida-
des subnacionales. No solamente partici-
pan en esta dinámica los partidos extendi-
dos territorialmente, sino que también los
locales entran en el radar de los grandes
cuando piensan el armado de coaliciones.
En este marco adquiere relevancia el con-
cepto de congruencia de las coaliciones, es
decir, qué tan parecida es la composición
partidaria de las coaliciones entre juegos
electorales. Una coalición congruente es
aquella en la cual los partidos aliados en
una categoría de cargo no compiten entre
sí en las elecciones para otros cargos.
En una investigación, todas las pregun-
tas que permiten analizar una coalición,
del tipo que sea, permiten ubicarla como
variable dependiente u objeto de estudio.
Pero esta es solo una de las formas de estu-
diar coaliciones. Cada vez de manera más
frecuente los investigadores consideran la
coordinación de actores como elementos
que inuyen sobre otros fenómenos.
Coalición como variable explicativa
Dado lo anterior, es innegable que el ac-
tuar coordinadamente inuye sobre la po-
sibilidad de obtener determinados resulta-
dos, que se suponen diferentes a los que se
logran cuando la agencia se realiza separa-
damente. En estos términos, las estrategias
que los partidos denen para encarar una
elección condicionan las acciones de los in-
dividuos una vez en los cargos por los que
fueron elegidos mediante dicha contienda.
Por ejemplo, en el ámbito legislativo los
escaños son asumidos luego de un proceso
electoral en el que los partidos compiten
bajo cierta regulación. Además de adaptar
sus estrategias a un determinado sistema
electoral, los partidos toman decisiones
respecto de la conveniencia de participar
de la elección junto a otros partidos pre-
sentando candidatos de manera conjunta.
Paralelamente, deben obtener fondos para
nanciar la campaña y establecer mensajes
para atraer votantes que se evalúan y rede-
nen de manera constante. Estos frentes
se multiplican por la cantidad de catego-
rías de cargos que se eligen en la elección
y según la cantidad de distritos donde el
partido compite.
Cada una de las decisiones estratégi-
cas tomadas durante la elección otorga a
los legisladores determinado espacio para
su comportamiento en el Parlamento.
Más que señalar cómo se espera que ac-
túen, son más bien fronteras dentro de
las cuales se mueven. Cabe pensar en una
relación dialógica entre la construcción
de coaliciones en base a los resultados de
la elección anterior y la coordinación de
los partidos en la toma de decisiones hoy
anticipando los resultados de la siguiente
contienda en las urnas.
Los estudios sobre la relación entre el
ámbito electoral y el legislativo se inician
con los modelos de conexión electoral de-
sarrollados a partir del estudio del congre-
so norteamericano en la década del 70. La
idea central es que los legisladores están en
sintonía con las preferencias del electorado
y sus posiciones acerca de política públi-
ca son consistentes con ellas. La cercanía
de una elección lleva a los legisladores a
apoyar determinadas iniciativas por las
que tendrán rédito ante el electorado o a
oponerse a otras para evitar ser penalizados
en las urnas. De esta forma, se comportan
como creen que su electorado espera como
una forma de ganarse su voto en el futuro.
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
242 En esta conexión electoral se ha estu-
diado el gobierno dividido como resulta-
do de determinadas coaliciones electora-
les, lo que puede afectar, por un lado, la
supervivencia del presidente. La capaci-
dad de controlar una coalición legislativa
resulta un factor central para estudiar el
éxito del presidente en su incidencia par-
lamentaria. Y aquí se despliega gran par-
te de la literatura sobre coaliciones como
variable dependiente, es decir, coaliciones
que llevan a estudiar otras coaliciones.
Cuando la pregunta se posiciona sobre
los legisladores ocialistas para indagar en
los elementos que explican por qué apoyan
las iniciativas del presidente, además de
aparecer la lealtad partidaria o la ideología,
la congruencia coalicional del partido del
diputado en el momento electoral puede
inuir en la posibilidad de apoyo a las ini-
ciativas del presidente en comisión. Se ha
encontrado que la disidencia respecto de la
posición mayoritaria del ocialismo puede
responder a la conexión electoral que situó
a los diputados en sus bancas. La proba-
bilidad de proponer modicaciones al
proyecto del presidente podría aumentan
cuando en la elección pasada el ocialismo
realizó coaliciones poco congruentes.
Las coaliciones legislativas explican,
asimismo, procesos tan relevantes como
reformas electorales. La posibilidad de
modicar el esquema de ganadores y per-
dedores con un cambio de reglas en la for-
ma de elegir cargos públicos es producto
de una negociación partidaria que genera,
además, eventuales nuevos incentivos de
coordinación electoral y posteriores con-
secuencias de dicha conexión.
Menos estudiadas en términos de
coaliciones políticas son las relaciones
intergubernamentales que determinan la
aplicación de políticas públicas en Esta-
dos federales o descentralizados. Recono-
ciendo la enorme diferencia que separa
estos dos diseños, en los últimos treinta
años la mayor parte de los países unitarios
atravesaron algún tipo de reforma –con
distinto grado de intensidad– tendiente
a descentralizar competencias hacia las
subunidades territoriales. Cada vez más,
los estudios sobre federalismo han incor-
porado países no federales descentraliza-
dos como casos comparables. Allí donde
existe algún tipo de esquema de autono-
mías entre los niveles de gobierno para la
toma de ciertas decisiones, combinación
de autogobierno y regímenes concurren-
tes, o implementación local de políticas
nacionales, existen mecanismos para ad-
ministrar las diferencias entre los niveles.
Los arreglos intergubernamentales
consisten en un conjunto de interacciones
entre unidades territoriales en los que, si
bien hay dominio del poder ejecutivo na-
cional, existe acuerdo entre los estudiosos
del tema en que el tipo de relación insti-
tucional es producto de procesos como
la desnacionalización del sistema de par-
tidos, el tipo de descentralización impe-
rante y el margen de autonomía de las
identidades locales. Más allá de la cadena
de causalidad, los arreglos interguberna-
mentales aparecen en la literatura como
un tipo de coalición que explica formas
de implementación de política pública,
por lo general, tematizadas. Al estudiarse
la coalición intergubernamental se pone
el foco en dos aspectos, el arreglo de ma-
yorías entre los ejecutivos de los distintos
niveles que la integran, y el grado de ins-
titucionalización de la coalición, a partir
de elementos como la autonomía orga-
nizacional, la periodicidad de las reunio-
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nes, la formalidad en la regla de decisión
y el presupuesto. El aspecto donde parece
no haber acuerdo entre los investigadores
de las coaliciones intergubernamentales
es en lo concerniente a bajo cuáles de las
condiciones anteriores se implementan
de manera exitosa las políticas públicas,
si la coincidencia de colores partidarios
compensa la falta de institucionalización
o viceversa. Esta agenda se encuentra
muy poco desarrollada en América Lati-
na por lo que representa un desafío para
los académicos.
Coaliciones informales entre ejecuti-
vos subnacionales y en relación al ejecuti-
vo nacional también son utilizadas como
variable explicativa de la distribución s-
cal, especialmente, de los fondos discre-
cionales tendentes a lograr los votos en el
órgano legislativo central. Un ejemplo de
esto es el pork. En estos estudios, muchos
de los cuales toman casos de países federa-
les, aparece la relación encadenada entre
distintos tipos de coaliciones donde in-
tervienen los gobernadores en coaliciones
informales en una coordinación que se
evidencia formalmente en las coaliciones
legislativas y cuya contraprestación puede
rastrearse en la distribución scal.
Adicionalmente, hay quienes estudian
las redes de empresarios, organizaciones
de la sociedad civil, sindicatos e iglesias
como coaliciones informales que in-
uencian la política pública en términos
generales apelando a canales informales
de relaciones personales o de contactos
esporádicos pero sostenidos con represen-
tantes, pero también formales en aquellos
lugares donde el lobby está regulado.
Nada de esto es nuevo ni original,
la Ciencia Política viene analizando la
coordinación entre actores desde su auge
cientíco luego de la segunda posguerra.
Sin embargo, no siempre la noción de
coalición está asociada a estos fenómenos
cuando carecen de mecanismos institu-
cionalizados de relaciones. Coaliciones y
más coaliciones, este es el planteo.
P C
UNIENDO A LOS SOCIOS: ESTRATEGIAS DE DESIGNACIÓN DE
GABINETES EN GOBIERNOS DE COALICIÓN PRESIDENCIALES
La reciente literatura politológica sobre
coaliciones tendió a concentrarse de for-
ma prácticamente exclusiva en los meca-
nismos a través de los cuales los jefes de
Estado designan a sus más estrechos co-
laboradores formales, los ministros. Así,
varios estudios evaluaron las considera-
ciones estratégicas y los incentivos de los
mandatarios a la hora de designar a los
funcionarios de primera línea.
Sin embargo, estudiar las segundas
líneas de funcionarios –como los vice-
ministros, secretarios o subsecretarios,
según el nombre que reciban en cada
país– es relevante por varias razones.
Primero, su designación suele responder
a consideraciones tan estratégicas como
las de los ministros. Segundo, amplía el
conocimiento acerca del funcionamiento
de la administración pública, ya que im-
plica comprender más profundamente el
funcionamiento al interior de cada una
de las carteras. Tercero, permite examinar
de forma más abarcadora la relación en-
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
244 tre los socios de la coalición, y entre el
poder ejecutivo y el legislativo.
Para ello, propondremos dos índices:
en primer lugar, el de coalescencia amplia-
da incorpora, al clásico índice desarrolla-
do por Amorim Neto que solo observa los
ministros, el estudio de las designaciones
de cargos de segundas líneas. En segundo
término, el índice de congruencia minis-
terial, que intenta dar cuenta de la rela-
ción vertical entre los partidos integrantes
de la coalición en la esfera ejecutiva, den-
tro de cada uno de los ministerios.
¿Importan los funcionarios de
segunda línea?
Uno de los principales argumentos sobre
el cual esbozaremos nuestra hipótesis es
el sostenido por Amorim Neto, quien
desarrolló un indicador de coalescencia
en el que mide la relación entre la desig-
nación de ministros de los partidos que
conforman el gabinete y la proporción
de bancas legislativas que ostentan. Este
indicador intenta capturar el resultado de
la interacción estratégica entre los parti-
dos y su fuerza legislativa. Pese a su gran
utilidad, un problema del índice consis-
te en que toma en cuenta únicamente a
los ministros designados, pero no a las
segundas líneas, también nombradas por
los presidentes y usualmente sometidas
al juego estratégico entre organizaciones
que moldea la morfología de la coalición.
Si un presidente elige ejecutar sus po-
líticas de gobierno utilizando los canales
legislativos, los dirigentes de los parti-
dos que integran la coalición tendrán
más posibilidades de formar parte del
gabinete en tanto el primer mandatario
necesitará garantizarse apoyo legislativo.
Caso contrario, si los presidentes eligen
gobernar por decreto, pueden elegir en
mayor medida personas de su conanza
o a tecnócratas.
Así también, intentaremos dar cuenta
de la causa que explica el tipo de estra-
tegia seleccionada por el presidente para
la designación de su gabinete. Amorim
Neto provee evidencia empírica para
armar que los presidentes de ideolo-
gía moderada y cuyos partidos tienen la
mayoría simple dentro de la coalición
tienden a utilizar los canales legislativos
para la implementación de las políticas
deseadas y, por ende, a designar gabinetes
que ayuden a que las leyes impulsadas por
el ejecutivo sean sancionadas. Para ello,
deberán conformar gabinetes de mayo-
ría en función de la cantidad de escaños
necesarios. Siguiendo este argumento,
propondremos que el tipo de estrategia
que utiliza el presidente para imponer su
agenda explica los mecanismos a través de
los cuales designa su gabinete. Presiden-
tes en coalición que pretendan gobernar
por vías legislativas presentarán gabinetes
más coalescentes, en tanto aquellos cuya
intención sea darle la espalda al Congreso
con la intención de gobernar por decreto,
presentarán conguraciones menos coa-
lescentes, con colaboradores de su más
íntima conanza.
Reconceptualizando las coaliciones
de gobierno: congruencia ministe-
rial y coalescencia ampliada
Para incorporar a los funcionarios de
segunda línea al análisis sobre las estra-
tegias de designación de gabinetes, desa-
rrollamos dos índices que permiten apre-
ciar tanto la distribución de poder entre
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COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
245
los partidos políticos al interior de cada
una de las carteras como la proporciona-
lidad con la que asignan los presidentes
a ministros y secretarios en función del
peso legislativo de las fuerzas a las que
pertenecen.
El primero, al que llamaremos de con-
gruencia ministerial, implica observar el
balance de poder interpartidario al inte-
rior de cada uno de los ministerios y pro-
cura evaluar la cantidad de funcionarios
de segundas líneas que pertenecen al mis-
mo partido que el titular de la cartera de
la que dependen. Este indicador depende
de dos aspectos: a) de la cantidad de car-
gos de segundas líneas existentes y b) de la
cantidad de funcionarios de segunda línea
que pertenezcan al mismo partido que el
ministro de la cartera. La construcción
del indicador conlleva dos etapas. La pri-
mera consiste en promediar la cantidad
de viceministros del mismo partido que
el ministro. La segunda, en extender este
procedimiento al conjunto de los minis-
terios para luego obtener la media. Esto
se reeja en
, donde:
es igual a la cantidad de ministerios de
un país determinado en un momento
dado,
es la cantidad de (sub)secretarios que
pertenecen al mismo partido que el
ministro
es la cantidad total de (sub)secretarios
en la cartera ministerial .
El indicador de congruencia minis-
terial varía entonces entre 0 y 1. Cuan-
to más congruente es la distribución de
poder al interior del ministerio, esto es,
cuanto menos distribuido entre los so-
cios partidarios esté el poder dentro de
las carteras, el indicador tendrá valores
más altos. El valor de 1 indica que todos
los viceministros de todos los ministerios
pertenecen al mismo partido que el mi-
nistro. Por el contrario, 0 indica perfecta
incongruencia en el sentido explicado:
ningún viceministro está identicado con
el mismo partido que su jefe político.
El índice de coalescencia ampliada
se basa en el índice de coalescencia de
Amorim Neto, pero incorpora a los fun-
cionarios de segunda línea. De esta ma-
nera, otorga una noción más precisa de la
medida de poder real de cada uno de los
partidos en el gabinete y del grado en que
ese poder se ajusta a su peso legislativo.
La tasa de coalescencia ampliada eva-
lúa la desviación de proporcionalidad en-
tre escaños y votos que una elección pro-
duce, reemplazando aquí escaños y votos
por ministros y viceministros, de un lado,
y bancas legislativas, del otro. La fórmula
del índice propuesto es la siguiente:
,
donde:
es el porcentaje de ministros que el
partido recibe en el gabinete;
es el porcentaje de bancas legislativas
del partido sobre el total de las bancas
legislativas de los partidos que confor-
man el gabinete;
es el ponderador de los ministros;
es el ponderador de los viceministros.
La tasa de coalescencia varía entre 0
(absoluta desproporción entre la proce-
dencia partidaria de los ministros y las
bancas legislativas de sus fuerzas) y 1 (per-
fecta correspondencia entre la distribu-
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
246 ción de ministerios y el peso legislativo de
sus partidos). Si todos los ministros fueran
independientes, el índice arrojaría un va-
lor de 0,5, por lo que si ese fuera el caso
debería asignarse directamente el cero.
Este índice implica asimismo asig-
narle un peso a los ministros y otro a los
secretarios. En la conformación y distri-
bución de los gabinetes en gobiernos de
coalición, los ministros son los cargos más
codiciados, de mayor relevancia política y
los primeros en repartirse. En tanto, los
funcionarios que le siguen en el orden
jerárquico son los puestos a repartirse in-
mediatamente después de haberse desig-
nado los ministros, estos cargos forman
parte de la negociación entre los partidos
que conforman la coalición. Siguiendo
este planteo, le asignaremos a un 0,7; es
decir, diremos que los ministros tendrán
una importancia del 70% en el gabine-
te, reservándose los viceministros el 30%
restante, puesto que aquellos constituyen
la cara más visible de las carteras, con ma-
yores poderes y atribuciones, motivos por
los cuales los académicos se han enfoca-
do en ellos. No obstante, es importante
reconocer a los secretarios, cuyos nom-
bramientos también suelen obedecer a
razones políticas y que suelen ser más −en
términos de cantidad− que los ministros.
De allí la centralidad de examinar el rol
que desempeñan dentro de los gabinetes
de coalición: el botín que se reparte es
mayor al estudiado hasta el momento por
la literatura tradicional sobre coaliciones.
Consideramos que un nivel alto de
coalescencia es indicado por un valor del
índice por arriba de 0,80, lo que indica-
ría un fuerte grado de proporcionalidad
entre el tamaño legislativo de los partidos
de la coalición y sus puestos en el gabine-
te. Por debajo de ese valor y por encima
de 0,60, calicaremos al gabinete como
de coalescencia media, mientras que por
debajo sostendremos que se trata de una
coalescencia baja. El motivo reside en que
nuestro análisis se enfoca en gobiernos de
coalición, por lo que es esperable que los
valores tiendan a ser relativamente altos
debido a que usualmente existe un trade-
o entre apoyo legislativo y puestos en
el gabinete. Persiguiendo una estrategia
legislativa ordinaria u optando por la vía
unilateral, los presidentes usualmente de-
sean contar con contingentes legislativos
que les permitan pasar leyes o defender
sus decretos. Por tanto, sería esperable ob-
tener valores por encima de 0,6 para ga-
binetes de coalición, donde el presidente
habrá intercambiado cargos propios del
ejecutivo en función a las distribuciones
de las fuerzas parlamentarias.
La decisión de incluir a los funciona-
rios de segunda línea aumenta el núme-
ro de cargos que el presidente tiene para
intercambiar por apoyo legislativo. Esto
otorga un mayor margen de alternativas
para que los presidentes puedan perseguir
sus estrategias preferidas. Los argumentos
citados nos permiten armar que aquellos
gabinetes con índice de coalescencia am-
pliada menores a 0,6, son gabinetes con
niveles bajos de coalescencia ampliada.
El segundo de los índices propuestos
es el de congruencia. Para ponderar los
resultados obtenidos, se consideran las
relaciones horizontales hacia el interior
de cada una de las carteras ministeriales.
Encontramos un alto nivel de congruen-
cia cuando el indicador arroja valores por
encima de 0,40, debido a que indica que
buena parte de los viceministros pertene-
cen al mismo partido que sus respectivos
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
247
ministros, mientras que un nivel medio se
sitúa entre 0,20 y aquel valor. Por debajo
de este nivel consideraremos que se trata
de un bajo nivel de congruencia ministe-
rial, esto es, que hay un mayor nivel de in-
tegración vertical en el sentido de que los
partidos de los ministros y viceministros
están “más cruzados”: el ministro del par-
tido A tiene un viceministro del partido B.
El establecimiento de los cortes reside
en que, dado que los casos de estudio son
coaliciones de gobierno, alcanzar un nivel
de congruencia de 1 indicaría un fuerte
nivel de autonomía e independencia de
cada uno de los ministros para designar
a sus inmediatos colaboradores. Si los se-
cretarios son comprendidos, al igual que
los ministros, como recompensas para los
partidos que integran la coalición, su dis-
tribución debería obedecer a las estrate-
gias de gobierno, y a la discrecionalidad
de cada uno de los ministros. Es por ello
que un gabinete con valores por encima
de 0,40 da cuenta de carteras ministeria-
les donde buena parte de los funcionarios
de segunda línea coinciden en su alia-
ción partidaria con el ministro. Esto indi-
ca que esas carteras los ministros cuentan
con mayor capacidad para negociar sus
propios colaboradores.
Nuestra expectativa teórica indica que,
ceteris paribus, los presidentes que gobier-
nan con el Congreso, esto es, que des-
pliegan una estrategia legislativa clásica,
deberían tener mayores niveles de coales-
cencia (más proporcionalidad) y menos
congruencia (poder más disperso en los
ministerios) porque necesitan mayorías
legislativas, lo cual puede alcanzarse me-
diante la distribución de cargos a cambio
de apoyo legislativo. Por el contrario, los
presidentes que hacen un uso extensivo
del decreto deberían tener menor coales-
cencia (menos proporcionalidad) y mayor
congruencia (poder más concentrado en
cada uno de los ministerios) porque no ne-
cesitan el apoyo de una mayoría. En este
caso, al no precisar una mayoría legislativa,
los presidentes deberían contar con mayor
libertad para nombrar a sus ministros. Es
probable, por tanto, que estos respondan
directamente al presidente y sean, por lo
general, sus más íntimos colaboradores. A
su vez, bajo esta lógica, los titulares de las
carteras tendrán mayor libertad para es-
coger sus subsecretarios o asesores, ya que
cuentan con apoyo del presidente. Así, de-
bemos esperar gabinetes más congruentes
bajo estrategias legislativas decretistas. Esto
a su vez reduce los costos de transacción
producto de la negociación con otros par-
tidos y aumenta la coherencia en la ejecu-
ción de las políticas públicas.
Conclusiones
La designación de funcionarios represen-
ta una herramienta esencial de la estrate-
gia política de los presidentes y uno de los
poderes unilaterales fundamentales de los
ejecutivos en sistemas presidenciales. El
poder de formar gabinetes que ellos osten-
tan es clave no únicamente para controlar
la agenda, sino también para enfrentar las
vicisitudes del contexto y poder garanti-
zar la gobernabilidad y la estabilidad.
Dado que en las últimas décadas los
sistemas latinoamericanos sufrieron una
creciente fragmentación, los gobiernos
de coalición dejaron de ser un fenómeno
excepcional, por lo que comenzaron a ser
estudiados con mayor sistematicidad. La
principal contribución de este trabajo ra-
dica en la incorporación al análisis de los
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
248 gabinetes bajo gobiernos de coalición pre-
sidenciales de los funcionarios de segunda
línea, evaluándolos a la luz de dos dimen-
siones. La primera es el nivel de congruen-
cia ministerial, a través del cual se intenta
capturar el grado en que los viceministros
pertenecen al mismo partido que el titular
de la cartera a la que pertenecen. Una for-
ma alternativa de ver este indicador es con-
siderarlo una medida de la distribución del
poder al interior de cada uno de los minis-
terios. Así, cuanto más distribuido esté el
poder −cuanto menor sea la proporción de
segundas líneas que pertenezcan al mismo
partido que los ministros−, más bajo será el
nivel de congruencia ministerial.
La segunda dimensión intenta captu-
rar el balance de fuerzas al interior de la
coalición y, en particular, en qué medida
la distribución de las carteras obedece al
peso legislativo −la cantidad de bancas en
el Congreso− de cada uno de los partidos
que integran la coalición gobernante. Ex-
tendiendo el índice propuesto por Amo-
rim Neto, proponemos aquí una tasa de
coalescencia ampliada en la que se pon-
dera la cantidad de ministerios y vicemi-
nisterios que cada partido de la coalición
obtiene por su relevancia institucional.
Como mencionamos, creemos que
las estrategias legislativas determinan la
morfología de los gabinetes en coalicio-
nes de gobierno. Tenemos la presunción
que, ceteris paribus, a mayores niveles de
coalescencia ampliada, menores niveles
de congruencia, y viceversa. Esta relación
permitirá establecer una tipología de ga-
binetes en función a las motivaciones le-
gislativas que persigue el presidente.
N S
I S
DETERMINANTS FOR COALITION FORMATION UNDER PRESIDENTIALISM:
TIMING AND BICAMERALISM
Coalition theories have registered, in re-
cent years, huge updates for the under-
standing of the phenomenon. However,
most of this literature has focused on
coalitions under parliamentary systems.
Moreover, most of the literature dealing
with coalitions under presidential regimes
limit themselves to reproducing and im-
porting models from parliamentary litera-
ture, without considering the particulari-
ties of presidentialism.
We may, thus, highlight three main
features of presidentialism. First, the main
particularity of presidentialism is the “win-
ner takes all” principle. is states that the
election determines a clear winner: the one
who won the election. is feature makes
any surprise almost impossible for identi-
fying the president-elect. ere are some
exceptions, for example Bolivia used to
have a system that could lead to “surpris-
es”. Indeed until 2008, when no candidate
reached the absolute majority, a run o
used to take place at the parliament lead-
ing to parliamentary bargains. On dier-
ent occasions, the president-elect was not
the one who arrived rst at the popular
election. is is quite dierent from most
parliamentary regimes in which the identi-
cation of a clear winner may be more dif-
cult. See the example of Belgium in 2011-
2012, where negotiations lasted almost a
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
249
year and a half, during which the country
had no formal government. is diculty
in forming a government, as happened re-
cently again in Belgium (2015), but also in
UK (2010), Ireland (2016), Spain (2016),
Italy (2013) or Greece (2014-2015).
e second particularity of presiden-
tialism is the xed principle of the presi-
dential mandate. is implies that both
the inauguration and the conclusion of the
presidential mandate are settled by the con-
stitution. is means that by the day of the
inauguration of the presidency the presi-
dent must have formed his government.
Moreover, the termination of the mandate
should not, theoretically, be dependent on
majority (re)alignment at the congress. Re-
cent events in Brazil have shown that this
principle is not so deterministic: a presi-
dent might be impeached for political and
opportunistic motivations.
Finally, bicameral congresses under
presidentialism used to be symmetric, i.e.
both chambers use to have the same pow-
ers and attributes. is is quite dierent
from parliamentary regimes, where most
of the higher chambers –except in Italy–
have a mere consultative role. us how
do these features impact on the formation
process of coalition cabinets under presi-
dentialism?
An earlier formation
e rst principle exposed above, stated
that elections under presidential regimes
proceed to the clear selection of a winner.
is contrasts with the function of elec-
tion under presidential regimes, where
the elections consists in a “photograph”
that depicts the strength of each party or
coalition in parliament in order to deter-
mine which will have a majority for form-
ing a government. Figure 1 resumes this
dierence between the two processes.
Following this scheme, coalition
agreements under parliamentary regimes
should occur once the balance of power
Figure 1: Election processes in parliamentary regimes/ presidential regimes
Source: Created by the author.
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
250 is known among all actors, that is at after
the election. Recent studies actually con-
rm this statement. Indeed Mikhail Chi-
ru has found that pre-electoral coalitions
under parliamentary regimes, constitutes a
clear minority of the cases: only 30% of all
coalitions have formed before the election.
is rate is quite low indeed and states a
potential problem of identiability and
representativity of the vote. Indeed, under
multiparty parliamentary regimes most
voters do not know which government
they are voting for. Moreover, the later
composition of these governments raises
the question of their responsiveness. For
instance, after the 2010 elections in UK,
would a LibDem voter have been pleased
to see his party forming a Conservative-led
government?
What about presidential regimes?
In order to answer this question, I se-
lected every coalition formed under the
Latin American presidential regimes since
the third wave of democratization, which
started in 1979. I found, thus, that 30
out of 134 newly formed cabinets were
coalition cabinets. I follow Matas’ def-
inition of coalition cabinets as cabinets
that presuppose the presence of distinct
political forces within the cabinet, each
counting with the corresponding support
of all the respective members of congress.
is participation has to proceed from
an inter-party agreement. at is, a co-
alition government is rst and foremost
the result of a negotiation between two
or more parties, one which requires suf-
cient strength and mutual commitment
on a broad list of topics at dierent levels
(mostly at the executive and legislative
levels). en I classied them regarding
their inception, that is whether the coa-
lition agreement was passed before (at a
t-1 timing), or after the election of the
president (t+1). e results are exposed in
Table 1.
Table 1: Coalition cabinets in Latin American Presidential Polities
Country (N) President Mandate Earliness
Argentina (2) De la Rúa 1999-2001** 1
Macri 2015-… 1
Brazil (7)
Sarney 1985-1990 1
Cardoso I 1995-1999 1*
Cardoso II 1999-2003 1
Lula I 2003-2007 1
Lula II 2007-2011 1*
Rousse I 2011-2014 1*
Rousse II 2015-2016** 1
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
251
Bolivia (5)
Paz Estensorro 1985-1989 0
Paz Zamora 1989-1992 1
Sánchez de Losada 1992-1997 1*
Banzer 1997-2002** 1
Sánchez de Losada 2002-2004** 1*
Chile (6)
Aylwin 1990-1994 1
Frei 1994-2000 1
Lagos 2000-2006 1
Bachelet 2006- 2010 1
Piñera 2010-2014 1*
Bachelet II 2014 -… 1
Colombia (5)
Pastrana 1998-2002 1*
Uribe I 2002-2006 1
Uribe II 2006-2010 1
Santos I 2010-2014 1
Santos II 2014-… 1
Ecuador (2) Borja 1988-1992 1
Gutiérrez 2003-2005** 1
Uruguay (3)
Lacalle 1990-1995 0
Sanguinetti II 1995-2000 0
Battle 2000-2005 1
Total = 30 - - 1= 90% (27/30)
Notes: * Coalition that registered a posterior enlargement;** presidents who could not
nish their mandate. Source: Created by the author.
e ndings are quite clear and con-
trast with what occurs under parliamentary
regimes. Indeed, the data shows that 90%
(27/30) of every coalition cabinet formed
in the region followed a pre-electoral incep-
tion. In other words, voters actually voted
for identied coalitions, knowing which
government they were voting for. is sen-
tence should, however, be nuanced as some
president-elect had to proceed to a coali-
tion enlargement after the election (the
cases with an asterisk). Nevertheless even
those cases had a pre-electoral inception,
that is to say that the newcomers joined an
already identied “core” coalition.
is interesting nding demonstrates,
that coalitions under presidential regimes
are more identiable and predictable than
those under parliamentary regimes, which
tend to form after the elections. is nd-
ing may lead scholars to test whether co-
alitions under presidential regimes are, or
are not, more responsible and account-
able than parliamentary regimes’ ones.
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
252 The bicameral condition
I stated above that bicameral congresses un-
der presidential regimes used to be symmet-
ric, that is to say that the two houses (House
of Deputies and the Senate) used to share
similar attributes and powers. us, I can
assume that in order to ensure his govern-
ability, a president-elect under a bicameral
polity, would prefer to enjoy a bicameral
majority rather than a partial majority (at
only one chamber) or no majority.
In the meantime, I have stated also the
principle of presidential mandate xity.
As a matter of fact, the presidential man-
date’s principle of xity not only concerns
the end of the mandate but also the be-
ginning. us, the process of cabinet
formation under a presidential congura-
tion is limited in time, running from the
proclamation of the result of the election
to the inauguration day, generally xed
by the constitution. is feature suppos-
es that the president will have formed his
cabinet by inauguration day.
Before proceeding to the analysis of
the potential eects of bicameralism upon
coalition cabinets, it is worth empirically
identifying the relevance/ triviality of this
study. As a matter of fact, bicameralism
is not a trivial condition for Latin Amer-
ican presidential polities. Indeed, 50% of
all Latin American countries (9/18) have
a bicameral congress. Moreover, among
the coalition cabinets exposed above, the
huge majority (28/30) were held under a
constitutional framework with congress-
es containing two houses. at is to say
that, except for the Ecuadorian cases,
every coalition cabinets in Latin America,
since 1980, faced the question of bicam-
eralism.
erefore, in order to determine how
the combination of those two features
(bicameralism + xed mandate) may af-
fect the coalition formation process, I
compared the parliamentary strength of
the coalitions after the election (hereafter
E.D, for “election day”) of the president,
with their strength the day of the inaugu-
ration of the presidents’ mandates (here-
after I.D for “Inauguration Day”).
We may, thus, theoretically, expect
that those presidents-elect who could not
get a bicameral majority the day of their
election would seek to enlarge their par-
liamentary support including newcomers
to their electoral alliance.
Moreover, the length between E.D
and I.D may vary from one constitution
to another, especially since more and
more countries have recently introduced
the principle of ballottage into their elec-
toral law, to provide a greater legitimacy
to the president-elect. is introduces, in
turn, a reduction of the lapse between the
second turn and I.D. us we can ration-
ally expect that a longer length between
E.D and I.D would increase up the prob-
ability for achieving an agreement lead-
ing to the inclusion of a newcomer into
the electoral alliance. Indeed, the longer a
president-elect has to negotiate, the great-
er the chance that he must settle eventual
disagreements and, so, reaching a conver-
gence among the interests of the dierent
actors. Conversely, the less time he has,
the lower the probability to resolve dis-
crepancies.
us, I present in Graph 1 the con-
stitutional lapse between E.D, and I.D,
including the eventuality of a ballottage.
It shows a signicant variation across the
cases, presidents-elect have thus, from
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
253
two weeks (Argentina and Bolivia in case
of run-o), to ve months (Uruguay if
the election did not need a second turn),
to form their cabinets.
Graph 1: Lapse between E.D/ I.D
Note: I indicate in black the lapse between the rst, or unique, election round and the in-
auguration of the mandate. I indicate in grey the lapse between the second election round
and the assumption. Source: Created by the author from national constitutions
Results and findings
I expose in Table 2 the 28 presidents-elect
of the sample, comparing their legislative
strength at E.D with the one they got
at I.D. I simplied the operationaliza-
tion of the legislative strength into three
possibilities, whether the president-elect
got: i) no majority at all (marked 0); ii)
a legislative majority in one House (de-
noted 1); and, iii) a bicameral majority
(denoted 2). For illustration, I also in-
cluded the earliness dimension of the
agreement.
Table 2: Comparison of the bicameral majorities at E.D and I.D
President Earliness Majority E.D Majority I.D
De la Rúa 1 0 0
Macri 1 1 1
Sarney 1 2 2
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
254 Cardoso I 1 1 2
Cardoso II 1 2 2
Lula I 1 0 0
Lula II 1 0 2
Rousse I 1 1 2
Rousse II 1 2 2
Paz Estensorro 0 0 2
Paz Zamora 1 2 2
Sánchez de Losada 1 1 2
Banzer 1 2 2
Sánchez de Losada II 1 2 2
Aylwin 1 1 1*
Frei 1 1 1*
Lagos 1 1 1*
Bachelet 1 1 1
Piñera 1 0 1
Bachelet II 1 2 2
Pastrana 1 0 2
Uribe I 1 2 2
Uribe II 1 2 2
Santos I 1 2 2
Santos II 1 1 1
Lacalle 0 0 2
Sanguinetti II 0 0 2
Batlle 1 2 2
--
0 = 28.58% 0 = 7.14%
1 = 32.14% 1= 25%
2= 39.28% 2= 67.86%
Source: Created by the author.
e data indicates a clear conrmation
of the hypothesis. Indeed, only 39.28%
(11/28) of the presidents-elect got a bi-
cameral majority (2), at E.D. Nevertheless,
the rate raises at 67.86% (19/28) at I.D,
indicating that 8 presidents-elect proceed-
ed to open negotiations with other parties
in order to form a coalition or enlarge their
electoral coalition. In other words, 8 presi-
dents-elect that could not obtain a bicam-
eral majority through the election, decided
to include new members before the inau-
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
255
guration of their mandate, in order to get a
bicameral majority. Conversely, the rate of
minority coalitions (fully or partially) fell
from 60,72% ( 0= 28.58% + 1= 32.14%)
to 32,14% (7.14% +25%).
Additionally, among the presidents
who failed to obtain bicameral majorities,
the rst three Chilean presidents since the
return of democracy (Aylwin, Frei and
Lagos), had to deal with a particular con-
stitutional feature inherited from the Pi-
nochet rule: the existence of 9 designated
senators, mostly from the military forc-
es, who prevented the government from
reaching a majority in the Senate.
On the other hand, the data shows that
bicameralism has been a central feature for
presidents-elect that could not reach a bi-
cameral majority while running alone. In-
deed, among the three cases that ran alone at
E.D, all of them negotiated the achievement
of a bicameral majority with new partners.
Furthermore, the length hypothesis
is only partially veried. e cases pre-
senting the longer length between E.D
and I.D –Uruguay and Brazil– present,
indeed, a high rate of enlargement and
only one president-elect who could not
achieve a bicameral majority (Lula I).
However, among the polities presenting
the shortest length between E.D and
I.D, we can distinguish Bolivian presi-
dents-elect who have always managed to
obtain a bicameral majority. In turn, Ar-
gentine presidents, who led coalition cab-
inets, have never enjoyed majorities in the
two houses. erefore, the timing condi-
tion should deserve further attention.
Conclusion
In this work I have highlighted the neces-
sity to adapt the study of coalition cabinets
under presidential regimes including the
particularities of such regimes. Indeed, I
showed that presidentialism has a critical
impact on the timing of the coalition for-
mation process. Moreover, bicameralism
appears, also, as a central feature among
the presidents-elect. ese elements may,
in turn, open a new eld of studies lead-
ing scholars to focus on the particularities
of these regimes, and their potential impact
on the coalition process and governance.
For instance, no study has ever considered
the role of the vice-president. However,
vice-presidents may have a key role, espe-
cially when considering that in some cases
(e.g. Argentina, Uruguay, and Venezuela)
they are also the chairs of the upper house.
A A
JUNTOS Y ORGANIZADOS. COALICIONES Y COORDINACIÓN POLÍTICA
EN SISTEMAS MULTINIVEL
El retorno a la democracia de nales
de la década del 70 y comienzos del
80 planteó una serie de desafíos para
los líderes políticos de América Latina.
En primer lugar, consolidar regímenes
políticos amplios, inclusivos y sólidos
que impidieran la salida abrupta de mi-
litares de sus cuarteles. En segundo lu-
gar, fortalecer las instituciones políticas
para aceitar los mecanismos de toma de
decisiones. En tercer lugar, gobernar y
alternar.
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
256 La resolución de los primeros dos desa-
fíos contribuyó a fortalecer el tercero. Pero
ahí no terminó la historia. Los actores po-
líticos ingresaron en la década del 90 con
una nueva pesadilla en puerta: la fragmen-
tación política. Si Juan Linz tenía razón,
entonces el terror estaba a la vuelta de la
esquina de los presidencialismos latinoa-
mericanos.
¿Cómo lo enfrentaron? A través de dos
herramientas que la literatura especializada
ha mantenido separadas, pero que consi-
deramos están rmemente conectadas: la
construcción de coaliciones y la coordina-
ción política. Entremos en detalle.
Las coaliciones como fórmula
política
Los primeros trabajos especializados
sobre las coaliciones en sistemas presi-
denciales encontraron importantes di-
ferencias conceptuales para alcanzar una
denición de coalición. Esto se debió,
mayormente, a la necesidad de partir de
teorías que se habían originado y desa-
rrollado para estudiar las coaliciones en
diseños parlamentarios de gobierno ca-
racterizados, entre otros aspectos, por
contar con uno (Parlamento) y no con
dos agentes del electorado (Congreso y
presidencia). La ausencia de elementos
teóricos para estudiar las coaliciones
presidenciales obligó a los especialistas a
cubrir ese vacío con aportes “europeos”,
algo que, si bien resultó una estrategia
inicial necesaria para analizar el fenóme-
no, derivó en cierta falta de consenso ge-
neral para indagar sobre el mismo.
La base sobre la que se asentaron es-
tos estudios pioneros sobre las coaliciones
se apoyan en tres elementos centrales: 1)
son acuerdos políticos entre partidos 2)
que buscan alcanzar objetivos comunes
y 3) que tienen ciertas características o
elementos similares (metas, organización,
ideología, plataforma electoral, programa
de gobierno, etc.) que los llevan a alcanzar
esos acuerdos.
Sin embargo, estos primeros aportes
estuvieron centrados exclusivamente en el
estudio de las dinámicas parlamentarias de
formación de gobiernos. Para comenzar a
investigar el fenómeno en sistemas presi-
denciales hubo que realizar algunos ajustes
teóricos y conceptuales, derivados de las
particularidades propias de los sistemas po-
líticos e institucionales de América Latina.
Los primeros investigadores que se
abocaron a precisar el nuevo fenómeno
coalicional regional plantearon sus pro-
pias deniciones, marcando qué entraba
dentro del concepto y qué quedaba fuera.
Denir y caracterizar al animal, pero con
escaso consenso académico inicial. Para
zanjar esas diferencias, Daniel Chasquet-
ti, en su libro Democracia, presidencialismo
y partidos políticos en América Latina:
Evaluando la ‘difícil combinación, publica-
do el año 2008, retomó a Kare Strom para
entender a una coalición como i) un con-
junto de partidos políticos que, ii) acuer-
dan perseguir metas comunes, iii) reúnen
recursos para concretarlas y iv) distribuyen
los benecios del cumplimiento de esas
metas. Hay, entonces, reparto de costos,
funciones y roles para cada uno.
Esta denición mínima y operativa
nos permite considerar que las coaliciones
pueden tener distintas dimensiones de es-
tudio: de acuerdo a los cargos públicos por
los que se compite (ejecutivo o legislativo),
la arena en donde las observamos (electo-
ral, de gobierno o legislativas), los objeti-
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
257
vos que se jan (ganar elecciones, formar
gobierno, implementar políticas públicas,
resolver crisis gubernamentales, lograr apo-
yos legislativos o ampliar el apoyo social) y
el nivel político del sistema (nacional, pro-
vincial/estatal o departamental/local).
Pero, ¿por qué resulta necesaria la
construcción de coaliciones políticas? Es-
tos acuerdos entre partidos son esenciales
para contrarrestar un doble proceso políti-
co que ha impactado en la gobernabilidad
de diversos países en América Latina. En
primer lugar, los sistemas políticos regio-
nales han evolucionado desde el clásico
bipartidismo estable hacia sistemas más
fragmentados y con diversos actores con
presencia institucional. Esta situación ha
generado desafíos para aquellos presiden-
tes que han accedido a sus cargos con apo-
yos legislativos minoritarios.
En segundo lugar, y a la par de la
fragmentación partidaria, la región se ha
acercado hacia sistemas más desnacionali-
zados: esto es, los patrones de competen-
cia partidaria han adquirido componentes
provinciales o locales, haciendo que cada
uno de los distritos que componen un
Estado tenga características propias y dis-
tintivas tanto de otros distritos como del
nivel de competencia nacional. De esta
forma, hay diferencias entre los sistemas
partidarios subnacionales y el nacional,
principalmente en su formato y en su
dinámica competitiva. En este escenario,
los partidos políticos dirigen su atención
hacia el nivel provincial o local de la com-
petencia partidaria, contribuyendo a real-
zar los clivajes regionales, provinciales o
locales. Los niveles subnacionales de com-
petencia resultan ser más atractivo que el
nivel nacional para los actores y, por ende,
la política partidaria se “territorializa”.
América Latina, entonces, se fragmen-
ta y sus partes se diferencian. Cóctel ries-
goso, que aumenta su intensidad si tene-
mos en cuenta que los sistemas políticos
han adquirido una dinámica multinivel.
En otras palabras, siguiendo la denición
de Tomáš Došek y Flavia Freidenberg en
su artículo publicado el 2013 “La con-
gruencia de los partidos y los sistemas de
partidos multinivel en América Latina:
conceptualización y evaluación de algunas
herramientas de medición1, 1) los parti-
dos políticos compiten en distintos niveles
y distritos en el territorio, 2) los electores
cuentan con varios votos para 3) elegir
entre distintos contendientes para 4) dis-
tintos cargos públicos y 5) mediados por
diferentes tipos de reglas electorales.
De esta manera, los procesos de frag-
mentación combinados con la desnacio-
nalización generan riesgos potenciales para
los gobernantes. Tomemos, por ejemplo,
dos arenas donde indagar al respecto. Tan-
to para acceder a los cargos públicos en
juego (arena electoral) como para para to-
mar decisiones políticas e implementar po-
líticas públicas (arena de gobierno) resulta
necesario la construcción de coaliciones.
En un escenario de fragmentación partida-
ria, diferenciación regional de los patrones
de competencia y dicultad para integrar
verticalmente y horizontalmente distintos
actores políticos, el desafío para los parti-
dos políticos pasa por acordar, construir y
mantener coaliciones sólidas y duraderas.
Las coaliciones son la fórmula políti-
ca contra la fragmentación partidaria y el
remedio a la diversidad de colores. Este
proceso de construcción requiere de un
1 En: Politai. Revista de Ciencia Política, año 4,
segundo semestre, nº 7, pp. 161-178.
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
258 alto grado de coordinación política. En
lo que respecta a la arena electoral, po-
demos retomar y adaptar la denición
de coalición esbozada anteriormente: son
acuerdos electorales entre partidos políti-
cos para competir en múltiples niveles del
sistema político por diversos cargos pú-
blicos en juego y mediados por distintos
sistemas electorales. Las coaliciones, en la
dimensión electoral de análisis, pueden
estar integradas por distintos actores en
cada distrito o nivel, pero que (en algunos
de ellos o en todos) acuerdan competir
conjuntamente en un determinado nivel
del sistema político. Estos acuerdos, a su
vez, tienen tantos niveles como existan en
el sistema político: tenemos una coalición
nacional que ocia como paraguas en
todo el territorio de distintas coaliciones
subnacionales (provinciales/estatales y de-
partamentales/locales) que se construyen
en cada unidad política que conforma un
Estado.
En lo que respecta a la arena de gobier-
no, nos tenemos que conectar con otra
agenda de investigación.
Las relaciones interguberna-
mentales (RIG) y la coordinación
intergubernamental
Si en los sistemas políticos multinivel
aumentan las chances de fragmentación
y diferenciación partidaria, pero son las
coaliciones su remedio, otra parte de la
literatura también ha dado cuenta de la
posibilidad de fragmentación en el acceso
a los bienes públicos. Ya O’Donnell lla-
mó la atención sobre este punto cuando
hablaba de las “zonas marrones” en los
países protagonistas de la Tercer Ola de
Democratización.
La dimensión electoral impacta en la
de gobierno. Porque si los que ganan en
distintos niveles y distintos distritos no
son los mismos, entonces surge la nece-
sidad de coordinación política. Para llevar
adelante el ciclo de políticas públicas que
implique equidad territorial de acceso al
bienestar ciudadano es necesario que se
den relaciones intergubernamentales de
coordinación entre los diferentes nive-
les de gobierno. Estas pueden estar o no
institucionalizadas: donde no lo están, es
la agenda de coaliciones la que ayuda a
capturar estos procesos de coordinación,
que de otro modo no podrían ser com-
prendidos.
La literatura sobre las RIG y la coor-
dinación intergubernamental en sistemas
multinivel es amplia, aunque fundamen-
talmente de corte europeo. Uno de los
primeros en conceptualizar las RIG fue
William Anderson en 1960 en su libro
Intergovernmental Relations in Review.
Estas son todas las actividades e inte-
racciones que se dan entre unidades de
gobierno de todo tipo y nivel dentro de
los sistemas multinivel, y que permiten
capturar la forma concreta en que el Esta-
do se articula territorialmente para llevar
a cabo sus funciones. Son, además, una
dimensión omnipresente y a veces subes-
timada de este tipo de Estados, pero sin
embargo parte integral y signicante de
cualquiera de ellos.
Las RIG pueden adoptar dos formas,
que no son mutuamente excluyentes.
Pueden ser RIG de cooperación, allí don-
de la distribución del poder y la autori-
dad entre el nivel nacional y subnacional
se encuentran superpuestas. Pero también
pueden ser RIG de competencia cuando
ambos niveles son soberanos e iguales
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
259
en sus esferas respectivas y en sus capa-
cidades para diseñar e implementar polí-
tica pública, y cuando cada uno de ellos
cuenta con los medios y recursos para im-
plementar la mayor parte de las políticas
sin interferencia del otro nivel. Ronald L
Watts realiza esta distinción en su libro
Comparing federal systems in the 1990s,
publicado en 1996.
Cuando las RIG adoptan una forma
cooperativa debido a la superposición de
funciones hablamos de coordinación in-
tergubernamental. Existen dos dimensio-
nes. Una dimensión vertical en donde la
coordinación se da entre el gobierno cen-
tral y los gobiernos subnacionales, y una
dimensión horizontal, en donde lo que
observamos son las relaciones entre los
gobiernos subnacionales entre sí. Esta di-
mensión horizontal ha sido menos explo-
rada por la literatura, concentrándose casi
exclusivamente en el ámbito legislativo
nacional. Pero, ¿cuáles son los desafíos de
coordinación para ambas dimensiones?
Si en la perspectiva vertical se asume
que solo se alcanzaran mayores niveles de
coordinación cuando el gobierno central
puede transferir recursos y liderazgo, en la
perspectiva horizontal son los problemas
de coordinación entre unidades subnacio-
nales, y de estas con el gobierno central,
los que impiden mayores niveles de coor-
dinación. Para esta literatura entonces,
la centralización del ciclo de las políticas
públicas está enraizada en la incapacidad
de los gobiernos subnacionales para uni-
car posiciones contrarias a las federales
y coordinar políticas sin la intervención
central. En otras palabras, la construcción
de coaliciones subnacionales horizontales
en la arena gubernamental es más difícil
de alcanzar sin un centro nacional.
Esto último se vincula con la canti-
dad de áreas de decisión superpuestas
que existan entre el gobierno central y
los subnacionales. Allí donde existan
una cantidad importante de responsa-
bilidades compartidas, los especialistas
apuntan que los mecanismos de coordi-
nación deberían estar altamente institu-
cionalizados y se debería por tanto asistir
a mayores niveles de coordinación. Pero
acá es donde la realidad regional choca
con la teoría: la experiencia en Améri-
ca Latina muestra que estos niveles de
coordinación aumentan cuando existe
congruencia y homogeneidad de las coa-
liciones, y que estas tienen impacto tan-
to en la distribución de recursos como
en la dinámica del diseño y la implemen-
tación de políticas públicas que hacen al
ejercicio del gobierno.
A nuestro juego nos llamaron. Son las
coaliciones, entonces, las que permiten
capturar los niveles de coordinación in-
tergubernamental allí donde existen dé-
cit institucional. La capacidad para coor-
dinar actores y esfuerzos a nivel nacional
y subnacional entonces estará dada por la
extensión territorial de estos acuerdos y
serán estas las que garantizarán (o no) el
acceso igualitario en todo el territorio a
los bienes públicos.
En denitiva, que los actores se junten
y coordinen cumple con dos funciones
políticas especícas en la administración
de los Estados latinoamericanos: resolu-
ción de conictos entre niveles de gobier-
no (horizontal y vertical), y actuar como
un medio de adaptación a circunstancias
cambiantes.
F C
L G
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
260 COALICIONES Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA DE LAS MUJERES:
LOS PAÍSES ANDINOS
En los últimos quince años ha crecido
sostenidamente la participación política
de las mujeres mundialmente. Este creci-
miento se ha observado más sistemática-
mente en los cuerpos legislativos, donde
el promedio mundial del porcentaje de
asientos ocupados por mujeres se incre-
mentó de un 13% en 2000 a un 18% en
2010 y un 22% en 2016. En el ámbito
ejecutivo, de las 72 líderes nacionales
(presidentas o primeras ministras) que
ejercieron como primeras mandatarias,
un 18% lo hizo en las tres décadas pre-
vias a 1990, un 24% durante esa década,
otro 24% en la siguiente, y en lo que va
de la década del 2010, el restante 35%.
Esto constituye, en relación con sus pares
varones y según datos de 2015, alrededor
del 7% de los jefes de Estado y Gobierno.
Asimismo, las mujeres representan en la
actualidad cerca del 18% de los ministros
de todo el mundo.
Dentro de esta realidad, América La-
tina constituye un caso especial. Actual-
mente ocupa el segundo puesto, detrás
de los países nórdicos, en el ranking del
promedio de porcentajes de asientos le-
gislativos por región, con un 27,7%,
considerablemente superior al promedio
mundial del 22,8%, y duplicando el por-
centaje regional alcanzado en 1997 del
12,9%. Además, un 15% de las líderes
mencionadas han pertenecido o pertene-
cen a esta región. En cuanto a su presen-
cia en los gabinetes, en 2003 el 18% de
los ministros eran mujeres, mientras que
el promedio global era del 12%.
A pesar de esta situación, en Amé-
rica Latina los gabinetes pueden ser
considerados instituciones generizadas,
lo que signica que operan de tal for-
ma que niegan sistemáticamente a las
mujeres una equitativa oportunidad
para participar. Esto puede armarse a
partir de observar que las mujeres reci-
ben cargos asociados a cuestiones con-
sideradas “femeninas” y los hombres, a
cuestiones “masculinas”. Por ejemplo,
las carteras Niñez y Familia y Asuntos
de la Mujer son abrumadoramente ocu-
padas por ministras, en tanto que otras
carteras más poderosas, como Salud o
Educación, también son ocupadas en
gran número, pero en menor medida,
por mujeres. Además observamos poca
presencia femenina en carteras de alto
prestigio e inuencia, como Economía o
Defensa. Asimismo, los ministerios aso-
ciados a cuestiones masculinas tienden
a ofrecer mayor potencial para la movi-
lidad ascendente. Muchos ministros de
Economía, Finanzas o Relaciones In-
ternacionales ha tenido roles centrales
en la política de sus respectivos países.
Finalmente, otro proceso ampliamente
observado es que las mujeres tienen que
estar mejor calicadas y gozar de mayor
experiencia que los hombres para recibir
las mismas nominaciones.
Todo ello sugiere la necesidad de su-
mergirse en estudios más profundos so-
bre la participación femenina en los ga-
binetes. Estos ocupan un rol central en
la política en tanto que, cada vez que los
presidentes realizan un nombramiento,
están dando una señal al sistema político
de cuáles son los intereses que están dis-
puestos a complacer, cómo esperan poder
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
261
ejercer el poder ejecutivo y cómo planean
relacionarse con las demás ramas de go-
bierno, especialmente la legislativa.
En forma paralela al proceso ante-
riormente descripto, se viene producien-
do en América Latina otro proceso: una
mayor frecuencia de gobiernos de coa-
lición. Desde el año 2000 en adelante,
todos los países de América del Sur, con
la excepción de Ecuador y Venezuela,
han tenido por lo menos un gobierno de
coalición, y en algunos casos como Chile
o Brasil, más de uno.
Con el crecimiento de estos dos proce-
sos, parece legítimo comenzar a pregun-
tarse cómo se articulan con la congura-
ción política de la región, de qué manera
la formación de coaliciones inuye sobre
la participación política de las mujeres, y,
por qué no, si una mayor participación
política de las mujeres tiene algún efecto
en la formación de las coaliciones.
Parece más sencillo y urgente respon-
der a la segunda pregunta. En primer
lugar, porque debemos reconocer la im-
portancia de la representación de las mu-
jeres en los gabinetes debido al costo que
ha tenido –y aún tiene– para la demo-
cracia el hecho de excluir a la mitad de
los ciudadanos de los más altos niveles
de la toma decisiones, y además, porque
las posiciones en el gabinete son frecuen-
temente un importante grupo de reclu-
tamiento para los jefes ejecutivos. Asi-
mismo, en tanto que en América Latina
los presidentes tienen un rol central en
la política, porque poseen amplios pode-
res, especialmente en su relación con los
cuerpos legislativos y en el nombramien-
to y remoción de sus gabinetes, se hace
vital el estudio de la participación de las
mujeres en las ramas ejecutivas.
Para responder a esta pregunta, una
rápida mirada por los gabinetes de coa-
lición nos permitirá observar que el en-
cuentro de ambos procesos es problemá-
tico. Ambos parecen ir en direcciones
diferentes. Para ello, primero nos enfo-
caremos exclusivamente en el estudio de
los ministerios.
En la actualidad hay una amplia di-
versidad en la participación femenina en
los gabinetes del mundo. Mientras que
en algunos lugares han llegado a supe-
rar la paridad de género, como en los
caso de Finlandia, Noruega y Suecia, en
otros países solo poseen una ministra, y
en algunos casos ninguna. Para observar
con mayor precisión este fenómeno, he
tomado de la literatura que estudia el
tema, el índice Puntaje de Poder de Gé-
nero, en adelante GPS, por sus siglas en
inglés (Gender Power Score) elaborado
por Krook y O’Brien en su artículo “All
the Presidents Men? e appointment
of Female Cabinet Minister”, presentado
en la Midwest Political Science Associa-
tion National Conference el año 2013.
Este es en sí mismo novedoso porque
reconoce que un número creciente de
mujeres en los ministerios no necesaria-
mente implica una transformación hacia
gabinetes más equitativos y una mayor
distribución de poder. Para lo cual agre-
ga a la tipología más comúnmente uti-
lizada en algunos trabajos de gabinetes
masculinos”, “femeninos” y “neutrales”,
una nueva tipología basada en el pres-
tigio de las carteras, planteando la exis-
tencia de ministerios de alto, mediano y
bajo prestigio. Así, tiene en cuenta tres
variables en el acceso de las mujeres a
los gabinetes: el número, el género y el
prestigio.
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
262 La tipología sobre género se basa en la
premisa de que los patrones que prevale-
cen asignan una responsabilidad primaria
para las relaciones en la esfera pública a
los hombres y un rol central en la esfe-
ra privada a las mujeres. De tal forma,
los ministerios que caen en la categoría
masculina son aquellos relacionados con
dicha esfera: Agricultura, Ganado y Pes-
ca; Información y Comunicación; Cons-
trucción y Empleo Público, Servicios Co-
rreccionales, Policía, Defensa Nacional
y Militar; Seguridad Pública; Finanzas
y Economía; Relaciones Exteriores; In-
dustria y Comercio; Trabajo; Relaciones
Religiosas; Ciencia y Tecnología y Trans-
porte. En cambio otros ministerios como
Envejecimiento; Infancia y Familia; Edu-
cación; Cultura; Salud y Bienestar Social;
Asuntos de la Mujer y Juventud, entran
en la categoría femenina, porque se rela-
cionan con temas domésticos. Finalmen-
te, algunas carteras caen en la categoría de
neutrales porque no se asocian claramente
con ninguna de estas esferas: Servicio Ci-
vil; Personas Desplazadas y Expatriadas;
Energía; Ambiente y Recursos Naturales;
Infraestructura; Justicia; Asuntos de Mi-
norías; Relaciones Parlamentarias; Desa-
rrollo y Planeamiento Regional; Reforma;
Deportes y Turismo.
La tipología sobre prestigio es más no-
vedosa y menos utilizada en la literatura
sobre estudios de gabinete. Se basa en el
grado de contacto con el Congreso, la
cantidad de atención que reciben de los
medios, la medida en la cual pueden uti-
lizarse como un trampolín para el acceso
a otros puestos políticos, y su autoridad
relativa dentro del gabinete. Todo ello
congura nociones relacionadas con un
gabinete “interior” y uno “exterior”. Den-
tro de la categoría de alto prestigio pode-
mos encontrar carteras entendidas como
del gabinete interior: Defensa Nacional
y Militar; Seguridad Pública; Finanzas y
Economía; Relaciones Exteriores; Inte-
rior; Gobierno; y Asuntos Internos. En la
categoría de mediano prestigio encontra-
mos: Agricultura, Ganado y Pesca; Servi-
cio Civil; Comunicación e Información;
Construcción y Empleo Público; Educa-
ción; Energía; Recursos Naturales y Am-
biente; Salud y Bienestar Social; Infraes-
tructura; Industria y Comercio; Justicia;
Trabajo; Desarrollo y Planeamiento; Re-
laciones Parlamentarias; Empleo Público
y Trasporte. Y nalmente en la categoría
de bajo prestigio, encontramos carteras
que, si bien cubren temas cruciales, son
consideradas poco importantes desde el
punto de vista de la inuencia política:
Envejecimiento; Infancia y Familia; Cul-
tura; Personas Desplazadas y Expatriadas;
Asuntos de Minorías; Reforma; Ciencia y
Tecnología; Deportes; Turismo; Asuntos
de la Mujer y Juventud.
Para ponderar estas tres variables, el
índice se construye de la siguiente mane-
ra. En primer lugar determina los porcen-
tajes que ocupan las mujeres dentro de la
totalidad de los gabinetes de cada tipolo-
gía. Por ejemplo, en el caso del gabinete
nlandés, las mujeres ocupan un 50% del
gabinete masculino, un 100% del neutral
y un 60% del femenino. Además un 0%
de los gabinetes de alto prestigio, un 86%
de los de mediano prestigio y un 0% de
los de bajo prestigio. Finalmente ocupan
un 64% de todo el gabinete. A partir de
estos datos se realiza el siguiente cálculo:
(3 x 0,5 + 2 x 1 + 1 x 0,6 +3 x 0 + 2 X
0,86 + 1 x 0) x 64= 3,67
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
263
El primer número de cada término
del cálculo representa el puntaje otor-
gado a cada tipología: a los gabinetes
masculinos se le otorga 3 puntos, a los
neutrales 2, y a los femeninos 1. De igual
modo se da 3 puntos a los de alto pres-
tigio, 2 a los de mediano y 1 a los de
bajo. Así, y dado que el segundo número
representa los porcentajes de participa-
ción femenina, se obtiene, para el caso
de Finlandia, un GPS de 3,67.
Ahora si aplicamos esto a los go-
biernos de coalición que ha habido en
los países de la región Andina (Bolivia,
Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela)
desde el año 2000 hasta el 2008 y los
comparamos con los gobiernos inmedia-
tamente anteriores o posteriores de los
mismos, que no hayan sido gobiernos de
coalición, obtenemos los resultados que
se muestran en la Tabla 1.
Los casos de gobiernos de coalición
que ha habido en los países de la región
Andina desde el año 2000 hasta el 2008,
según la literatura especializada son: en
Bolivia, el segundo gobierno de Gon-
zalo Sánchez de Lozada (2002-2003),
en Colombia, el segundo gobierno del
presidente Álvaro Uribe (2006-2010), y
en Perú los tres primero años del pre-
sidente Alejandro Toledo (2001-2004).
Como ya mencionamos, en Ecuador y
Venezuela no ha habido gobiernos de
coalición. Elijo para esta comparación
los gobiernos inmediatamente anterio-
res o posteriores, porque de esta forma
puede mantenerse la mayor cantidad de
variables constantes. Estos son: el go-
bierno de Alan García (posterior al de
Toledo), el de Evo Morales (posterior a
Sánchez de Lozada), el primer gobier-
no de Álvaro Uribe (inmediatamente
anterior a su reelección mediante una
coalición) y el gobierno de Juan Manuel
Santos (posterior al segundo de Uribe).
Los gobiernos inmediatamente anterio-
res de los casos de Alejandro Toledo y
Gonzalo Sánchez de Lozada son casos
de vicepresidentes que asumieron tras la
renuncia o muerte de su antecesor, por
lo que no voy a considerarlos dado que
tienen otras implicancias para la forma-
ción de gabinetes.
Como podemos observar, en todos los
casos presentados los gabinetes de los go-
biernos de coalición presentan un Pun-
taje de Poder de Género (GPS) mucho
menor con respecto al gobierno unica-
do inmediatamente anterior o posterior.
Es decir, en todos los casos se ha podido
visualizar una menor participación efec-
tiva de las mujeres, ponderada por gé-
nero y prestigio. Asimismo, en términos
globales, el único gobierno de coalición
que supera a algún gobierno que no es
de coalición es el segundo gobierno de
Álvaro Uribe. Cabe remarcar aquí que el
gobierno del mismo presidente que no es
de coalición lleva el puntaje más alto de
toda la muestra.
El mecanismo subyacente que podría
explicar esto es que, en los gobiernos de
coalición las carteras ministeriales son
distribuidas entre múltiples partidos,
ello reduce el número de ministerios
disponible para cualquier partido, por
lo cual esta escasez puede incrementar
la probabilidad de que los hombres sean
designados y se recorte la posibilidad de
balancear las nominaciones.
Otro rasgo que puede observarse es la
mayor participación de las mujeres tanto
en los gabinetes considerados femeninos
como de bajo prestigio en los gobiernos
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266
264
de coalición. Así, podría armarse que,
cuanto menor espacio político encontra-
mos para la distribución de carteras, más
se respetan y reproducen asignaciones
relacionadas con roles tradicionales de
género, y menor prestigio para las mu-
jeres. En este sentido podemos observar
que en todos los gobiernos de coalición,
la participación de las mujeres en los ga-
binetes de bajo prestigio es del 100%.
¿Signica esto que en la búsqueda de
alcanzar una mayor participación polí-
tica de las mujeres, y en debates más
actuales, en la búsqueda de alcanzar la
Tabla 1: GPS por país
Gobierno Total
Participación gabinete por
género
Participación gabinete por
prestigio GPS Coalición
Masc. Neutral Fem. Alto Mediano Bajo
Alejandro
Toledo  
0,09
Mujeres 7,1% 0,0% 0,0% 34,3% 0,0% 0,3% 100,0%
Hombres 92,9% 100,0% 100,0% 65,7% 100,0% 99,7% 0,0%
Alan García
0,9Mujeres 28,3% 28,1% 29,8% 26,6% 12,5% 29,5% 78,7% No
Hombres 71,7% 71,9% 70,2% 73,4% 87,5% 70,5% 21,3%
G. Sánchez
de Lozada  
0,16
Mujeres 9,5% 0,0% 26,6% 37,8% 0,0% 5,5% 100,0%
Hombres 90,5% 100,0% 73,4% 62,2% 100,0% 94,5% 0,0%
Evo Morales
0,37Mujeres 18,7% 22,6% 13,7% 22,2% 19,6% 19,2% 0,0% No
Hombres 81,3% 77,4% 86,3% 77,8% 80,4% 80,8% 100,0%
Álvaro Uribe
2,68
No
Mujeres 40,0% 31,8% 33,3% 66,7% 41,0% 33,3% 100,0%
Hombres 60,0% 68,2% 66,7% 33,3% 59,0% 66,7% 0,0%
Álvaro Uribe
0,62
Mujeres 23,2% 14,6% 0,0% 66,6% 0,1% 22,2% 100,0%
Hombres 76,8% 85,4% 100,0% 33,4% 99,9% 77,8% 0,0%
Juan Manuel
Santos  
1,2
Mujeres 30,0% 17,0% 25,0% 71,5% 25,0% 25,0% 100,0% No
Hombres 70,0% 83,0% 75,0% 28,5% 75,0% 75,0% 0,0%
Fuente: Elaboración propia.
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COALICIONES POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA
265
paridad, debemos desalentar la forma-
ción de coaliciones entre los partidos?
Lejos estoy de esa interpretación. Las
coaliciones políticas son un recurso fre-
cuentemente utilizado por los partidos
y esencial para alcanzar mayorías que
permitan mayor gobernabilidad y es-
tabilidad. Por lo que se hace necesario
no solo continuar pensado alternativas
que permitan “desgenerizar” las insti-
tuciones en general y los gabinetes en
particular, poniendo en agenda la ne-
cesidad de alcanzar la paridad en todas
las ramas de las instituciones políticas,
sino que además debemos pensar estra-
tegias de inclusión y participación fren-
te a conguraciones especícas que las
dicultan.
A M
AUTORES
P C, Grupo de Investigación
en Ciencia Política (GICP) “Coaliciones
políticas en América Latina: análisis en
perspectiva multinivel”, Universidad de
Buenos Aires, paduis@gmail.com, es doc-
tora en Ciencia Política. Profesora e in-
vestigadora en la Universidad de Buenos
Aires y la Universidad Torcuato Di Tella.
F C, GICP “Coaliciones
políticas en América Latina: análisis en
perspectiva multinivel”, Universidad de
Buenos Aires, cruzfacu@gmail.com, es
magíster en Análisis, Derecho y Gestión
Electoral por la Universidad Nacional de
San Martín, doctorando en Ciencia Polí-
tica por la misma casa y licenciado en Go-
bierno y Relaciones Internacionales por
la Universidad Argentina de la Empresa.
Docente e investigador de la Universidad
de Buenos Aires.
L G, GICP “Coaliciones
políticas en América Latina: análisis en
perspectiva multinivel”, Universidad de
Buenos Aires, mlgoyburu@gmail.com, es
magíster en Ciencia Política por la Uni-
versidad Torcuato Di Tella, doctoranda
en Ciencias Sociales por la Universidad
de Buenos Aires y licenciada en Ciencia
Política por la misma casa. Docente e in-
vestigadora en la Universidad de Buenos
Aires.
N S, Universidad de Buenos
Aires/Universidad Torcuato Di Tella/
Consejo Nacional de Investigaciones
Cientícas y Técnicas, nskigin@mail.
utdt.edu, es licenciado en Ciencia Política
por la Universidad de Buenos Aires. Cur-
sa una maestría en Ciencia Política por la
Universidad Torcuato Di Tella. Docente
de Sociología Política en la Universidad
de Buenos Aires.
I S, Universidad de Buenos Aires/
Universidad Nacional de San Martín, iv.
seira@gmail.com, es licenciado en Cien-
cia Política por la Universidad de Buenos
Aires. Cursa una maestría en Análisis,
Derecho y Gestión Electoral por la Uni-
versidad de San Martín.
A A, Universidade de São
Paulo, adrian.albala@gmail.com, is a post-
doctoral fellow at University of São Paulo
Iberoamericana, XVI, 61 (2016), 237-266 CLERICI / CRUZ / GOYBURU / SKIGIN / SEIRA / ALBALA / MOLINA
266 with a Research Grant from the Fundação
de Amparo a Pesquisa do Estado de São
Paulo (FAPESP: grant 2013/5093-7).
A M, Universidad de Buenos
Aires / Universidad Torcuato Di Tella, ana-
bella.anilom@gmail.com, es licenciada en
Ciencia Política, auxiliar docente en el Se-
minario Federalismo y Descentralización, y
miembro del GICP “Coaliciones Políticas
en América Latina: análisis en perspectiva
multinivel” (Universidad de Buenos Aires).
Cursa una maestría en Ciencia Política en
la Universidad Torcuato Di Tella.
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anabella.anilom@gmail.com, es licenciada en Ciencia Política, auxiliar docente en el Seminario Federalismo y Descentralización, y miembro del GICP "Coaliciones Políticas en América Latina: análisis en perspectiva multinivel
  • Anabella Molina
Anabella Molina, Universidad de Buenos Aires / Universidad Torcuato Di Tella, anabella.anilom@gmail.com, es licenciada en Ciencia Política, auxiliar docente en el Seminario Federalismo y Descentralización, y miembro del GICP "Coaliciones Políticas en América Latina: análisis en perspectiva multinivel" (Universidad de Buenos Aires).